Disclaimer: How To Train Your Dragon, así como sus personajes, no me pertenecen. Son de DreamWorks y Cressida Cowell.
El calor de la fragua parecía insoportable, al menos para el vikingo promedio. Las bajas temperaturas que traían la noche, no eran rivales para el fuego que salía del lugar.
Toothless se paseaba por las afueras del lugar, volteando a ratos, esperando por la salida de su jinete. Desde que bajó del barco se había encerrado a trabajar. El dragón sabía qué era lo que hacía y para quién, por eso no le molestaba montar guardia a los alrededores. Buscó algún indicio de presencia humana, mas solo encontró a seis terribles terror jugando.
―¡Toothless!
El Night Fury ladeó la cabeza, con un ligero gruñido manifestó su confusión. Se acercó cuidadosamente a una pared con ventana. Un gorjeo de burla brotó de sus fauces; el castaño se encontraba a oscuras, el fuego se había consumido por una ventisca helada.
―¡Oh, por todos los Dioses! ¡Toothless!
Asomando un poco más la cabeza por la ventana, el dragón soltó una pequeña llamarada de plasma, produciendo el fuego tan necesario para la herrería. El castaño suspiró y sonrió a su amigo en un gesto de agradecimiento. Continuó con la labor de martillar el material, el cual brillaba abrasadoramente.
El metal traído de Mema era brillante y ligero, fácilmente maleable. Aunque le molestara admitirlo, también resultó ser más resistente. Cosa que lo alegró secretamente, ya que así no tendría que hacerle el mismo regalo cada año a Astrid. No porque le molestara, sino que ella merecía mejores obsequios.
―¿Qué te parece, amigo? ―preguntó Hiccup después de sumergir el metal en agua―. ¿Estupendas, eh? ―mostró el resultado final a su dragón, quien hizo un amago de sonrisa.
No era costumbre suya vanagloriarse, pero solía poner especial esmero en los trabajos que estaban destinados para Astrid; calentando, puliendo, y martillando con precisión y concentración al máximo. Incluso los bocetos debían estar perfectos. Él no iniciaba un regalo para la chica sin tener todo cuidadosamente planeado.
La primera parte del regalo (y del plan, por qué no) estaba terminada. Dejó unas cuantas varillas en la mesa de trabajo. Metió con cuidado los bocetos del regalo en su morral y sacó otros para esparcirlos descuidadamente por su escritorio. Cuando hubo secado las piezas de metal, las envolvió en un pañuelo verde (una de sus viejas y desgastadas playeras), y con sumo cuidado las ocultó en la bolsa.
―Hora de irnos, amigo.
Como respuesta, Toothless se alejó de la ventana para recibirlo en la salida del lugar. Hiccup, al salir, acarició detrás de las orejas del dragón, ganándose una mirada de cariño y agradecimiento.
Caminaron tranquilamente por la aldea, siendo resguardados por las sombras que confería la noche, dirigiéndose hasta la casa más grande del lugar.
•••
―Buenos días, milady.
Astrid dejó de acariciar las escamas de su dragón para encarar a su interlocutor. Sonrió con suavidad hacia el jinete, quien se acercaba a paso lento hacía ella.
―Hola, chico importante ―respondió juguetonamente―. ¿Qué te trae por aquí?
La chica colocó las manos en su cadera y miró desafiante al castaño, buscando intimidarlo. Sin inmutarse, Hiccup se acercó al Deadly Nadder, quien descansaba en el establo de los Hofferson. El dragón se dejó acariciar por las manos del muchacho, disfrutando del contacto.
―Sería una lástima no dejar descansar a Stormfly, se ve exhausta ―comentó distraídamente.
―¿A qué te refieres? ―Astrid se cruzó de brazos, exigiendo una respuesta.
―Nada en particular ―respondió Hiccup mientras se acercaba a su dragón ―. A Toothless no le importaría que fuéramos los dos, ¿sabes?
Hiccup podría jurar que, en ese momento, con los primeros rayos del sol cayendo sobre Berk, Astrid se veía aún más hermosa. El azul de sus ojos, más claro que el cielo matutino, lo invitaba a perderse en la mirada cariñosa de la chica.
―¿Y qué estamos esperando? ―preguntó con emoción, y, regalándole un puñetazo amistoso, montó de un brinco al Nigth Fury.
―Andando, amigo ―ordenó el castaño una vez montado.
Astrid se afianzó al cuerpo masculino, recargando su peso en él. Se permitió disfrutar del aroma que desprendía el chico. Mentiría si dijera que no extrañó al castaño. Fue eso, precisamente, lo que la impulsó a abrazarse más a Hiccup. En respuesta, las manos del vikingo acariciaron sus dedos con ternura.
Hiccup se concentró en deleitarse con el aire golpeando su rostro, en el vuelo tranquilo y ligero de Toothless. Aun así, nada se comparaba con la sensación de los brazos de Astrid alrededor de su torso. Con el valor que le infundió el momento, acarició los delicados dedos femeninos. Memorizó la suavidad de las manos de la chica.
―Te extrañé…
Buscando amortiguar sus palabras, Astrid recargó la mejilla en el hombro del muchacho. Esperaba que el viento acallara la tristeza impregnada en su voz.
―Y yo a ti ―Hiccup ladeó la cabeza ligeramente, buscando un contacto más íntimo. Perdiéndose un momento en el cielo de sus ojos. Entrelazó sus dedos con los de ella, tratando de trasmitir su sentir ―. Mucho.
Aterrizaron en una diminuta isla al este de Berk. No había dragones, y la vegetación se limitaba a unos cuantos árboles. Hiccup bajó primero, y, ofreciéndole la mano a Astrid, le ayudó a desmontar.
―Hiccup, esto es… ―la chica quedó impresionada ante la hermosa vista que tenía en frente.
―Maravilloso, lo sé ―completó el muchacho, encaminándose a la piedra más cercana y grande para recargar la espalda en ella, sentándose en el verde césped del lugar.
―Sí, más o menos.
Astrid se acercó al muchacho, le dio un puñetazo ligero, sin fuerza ni ganas. Le sonrió y decidió subir a la piedra, tomando asiento en ésta. Observaron atentamente el horizonte. Los colores matutinos brillaban con intensidad, y algunos terribles terrores comenzaban a cantar a lo lejos.
―¿Qué es este lugar?
―Toothless y yo lo encontramos poco antes del viaje.
―¿Así, y qué nombre le dieron? ―miró a los ojos del chico, en un gesto que él encontró muy tierno.
―Aún no le hemos puesto uno. Como podrás ver, no hay dragones aquí ―las manos del chico señalaron los pequeños riscos aledaños.
―Sí, pero lo registrarás en el mapa, ¿cierto? ―comentó risueñamente.
―Por supuesto que sí ―rio brevemente el chico―. Justo ahora.
Hiccup sacó su preciada libreta del chaleco café. Sintió la suavidad del pelaje, no pudo evitar sonreír bobamente. Una vez en el césped, amplió el mapa que se escondía entre las hojas de papel. Astrid bajó de la piedra de un salto. Se acercó por detrás al chico, observando maravillada el trabajo que llevaba realizando. Quizá era sólo dos veces más grandes que el mapa normal de un berkiano, pero sabía que no tardaría en ampliarse.
―Bien, ¿qué nombre le ponemos? ―Hiccup agregó unos pequeños trazos al dibujo para luego mirarla expectante.
―¿En serio me estás preguntando a mí? ―Astrid arqueó una ceja mientras se sentaba a su lado.
―Claro que sí ―y ahí estaba, el movimiento de hombros ―. Toothless y yo queremos que tú bautices este lugar.
Astrid quedó perpleja. Hacia unos meses que el castaño y su dragón emprendieron viajes alrededor de Berk, saliendo en busca de nuevos lugares. Hasta el momento habían hallado acantilados, montículos de tierra, incluso pequeñas islas. Sin embargo, y no es que le molestara, ellos se encargaban de darles nombre; esta era la primera vez que solicitaban su opinión, su ayuda, que la hacían participe. Meditó unos segundos.
―Kaira ―musitó suavemente, con la vista perdida en el horizonte.
―¿Qué? ―Hiccup terminó de trazar las columnas rocosas en el mapa.
―Solo mira ―señaló hacia el frente con las manos.
Astrid observó de reojo la sonrisa discreta que tenía el castaño. Soltó una risa breve y baja. Hiccup volteó a mirarla a los ojos, sonriéndole ampliamente. Deslizó la vista a la hoja de papel y se inclinó ligeramente para escribir con el carboncillo.
―Kaira será.
•••
Hiccup trazaba líneas y curvas en el cuero, procurando que fueran exactas y precisas. Tan concentrado en su labor que no escuchó el andar de la madera.
―¿Pero qué estás haciendo, muchacho?
El castaño saltó involuntariamente, giró la cabeza hacia el vikingo. Al comprobar que venía solo se permitió relajarse un momento.
―¿Gobber, qué haces aquí?
―Bueno, aquí trabajo ―respondió con aire tranquilo―. Y tenemos un encargo por hacer.
Hiccup miró hacia la esquina que señalaba el corpulento herrero. El metal brillaba, como burlándose de él y su mala suerte. Casi pudo escuchar la risa burlona de Nissa, la heredera de Mema. Isla a la que debería volver en un mes para cumplir con su palabra. Suspiró.
―Ya lo sé, Gobber. Me encargaré de ellas después ―el tono frustrado no pasó desapercibido para el hombre.
―Hiccup, tú sabes que suelo ser comprensivo, en especial en estas fechas ―el rubio sostuvo el cuero, permitiendo que el castaño terminara con los trazos―. Solo no olvides tus obligaciones.
―No te preocupes, no lo haré.
―Lo que trato de decir, Hiccup ―señaló hacia el cuero que cortaba con cuidado―. Es que esto no parece un regalo para…
―Silencio, Gobber ―las manos del castaño le impidieron seguir hablando―.A-Alguien podría escucharte.
―Pero si todos saben qué es lo que haces, muchacho ―soltó con frescura y obviedad el vikingo.
Hiccup suspiró y rodó los ojos, hastiado. Decidió que mañana comenzaría con el encargo de Mema. De momento tenía cosas más importantes y urgentes por hacer.
Toothles prefirió descansar en la fragua esa noche, vigilando desde la entrada. A su parecer, el pequeño Haddock (para él siempre sería pequeño) se estaba esforzando mucho con tres proyectos a la vez. Bueno, mañana cuatro, según le escuchó. Eso le dijo al vikingo de mano y pie de madera cuando éste se despedía.
―Ya casi, amigo ―escuchó que le decía su jinete.
Hiccup terminaba de coser las tiras de cuero café. Tarea relativamente sencilla en comparación de la que le llevó gran parte del día, hacer las marcas. El castaño se negaba a usar escamas de dragón, por lo que optó por marcarlas en el material traído de Mema. Mañana se encargaría de unir la parte delantera con la trasera, con la ayuda de las tiras que guardaba en el cajón de su escritorio.
Toothless abrió peligrosamente los ojos, observando las sombras nocturnas. Supo que debía estar alerta, al menos por la siguiente hora. Hiccup se había encerrado en el pequeño cuarto que Gobber le había cedido. Lugar donde colgaban algunos bocetos, donde el escritorio se atiborraba de proyectos extraños y novedosos. Más importante aún, lugar donde el castaño trabajaba en los avances que nadie más debía ver.
•••
Sentía la vista cansada, y ni la luz de tres velas parecía suficiente. Hiccup decidió bajar a la sala de estar. Con la ayuda de un disparo de Toothless, la enorme fogata comenzó a generar llamas, y luz, mucha luz. Tomó un poco de té de hierbas para contrarrestar la fatiga. Ocupó el asiento frente al fuego, y continuó con la tarea de coser. Cuidó que cada puntada fuera exacta y perfecta, cada cierto cruce de hilo y aguja se detenía a inspeccionar su avance. Pasaba los dedos entre el material, deleitándose con la suavidad.
Cuando se hubo cerciorado de que cada costura era firme y resistente, se permitió exhalar con alivio y felicidad. Una sonrisa boba apareció en su rostro, y no lo abandonó, al menos no hasta que hubo apagado el fuego, y colocado la cabeza en la almohada de su cama, listo para descansar un poco.
•••
Gobber tallaba la madera con maestría y destreza, enfatizando en el peso y grosor de cada pieza. Midiendo concienzudamente el largo de cada uno. Mentiría si decía que le parecía un trabajo pesado y detallado, ya que no era así. Él solo se encargaba de las piezas de madera. Órdenes del jefe Nils. El trabajo pesado se lo llevaría Hiccup. Chico que, por cierto, llegaría tarde, aparentemente.
Comenzó a separar algunos trozos de metal. Ocupado o no, Hiccup debía empezar a trabajar en las armas. Menos de un mes, y no llevaba ni una sola pieza. Acarició su rubio bigote, buscando una forma en la que pudiera ayudar al muchacho, sin embargo, dedujo que solo podía seguir separando el metal y tallando la madera.
―Hey, Gobber ―escuchó la voz risueña de su aprendiz―. ¿Cómo va todo?
Hiccup entró a paso alegre a la fragua, seguido por su leal dragón. Palmeó ligeramente el hombro del rubio, y continuó su trayecto hasta donde se encontraban trozos de metal. La sonrisa que traía desde que descendió del Night Fury, casi lo abandona en ese momento. Terminó el paseo.
―Pues parece que no tan bien como allá afuera, ¿eh? ―la mirada risueña del rudo vikingo desarmó por un momento al castaño.
―Sí, allá afuera es increíble.
La breve charla se agotó, en su lugar quedó el sonido del martillo chocando con el metal. Gobber se giró para felicitar a Hiccup por avanzar. Al menos hasta que descubrió que no era en las armas en lo que trabajaba.
―¿Pero qué crees que estás haciendo? ―sonó bastante indignado, por lo que el castaño fijó la mirada en él.
―Uhm, parte del regalo para ―se cercioró de que no hubiera nadie cerca, para bajar el tono ―, Astrid. Ya sabes.
Hiccup se encogió de hombros despreocupadamente. Tomó entre las manos las pequeñas formas de calavera y entró a su pequeña oficina, donde las limpió con una franela verde (otra playera vieja de él), las envolvió con cuidado, y resguardó en su morral.
Antes de la hora de comer, el jinete ya había avanzado gran parte en el proyecto de cuero. Aún no terminaba de coserlo, pero esperaba tener esa pieza lista para el anochecer. Dejó los trozos en su escritorio y decidió seguir con las varillas.
Después de unos cuantos pescados, Hiccup comenzó a trabajar el metal de Mema. Tuvo cuidado al momento de moldearlo, dando martillazos fuertes y continuos. Por suerte, Gobber le ayudó a sumergir las hojas de metal, para después dejarlas apiladas en un estante. Mañana se encargaría de afilarlas.
―¿Preparado para la reunión?
Hiccup se paralizó, soltando rápidamente la aguja e hilo. Gobber sonrió ante los movimientos nerviosos del chico.
―¡Oh, Dioses! ¡Lo olvidé por completo! ―balbuceó torpemente mientras se dirigía a su pequeño estudio.
―Vamos, muchacho, debes dar una buena impresión a las cabezas de los clanes.
―Lo sé, Gobber, lo sé.
Caminando de un lado a otro, Hiccup buscaba arreglar sus ropas. Limpiaba el sudor de su rostro con una camisa que encontró cerca.
―Vaya, nunca te había visto tan comprometido con este tipo de cosas ―comentó jocosamente, provocando un ligero sonrojo en su aprendiz.
―Sí, ya sabes cómo soy yo ―Hiccup remplazó la playera que traía puesta por una limpia―.Siempre queriendo quedar bien.
―Eso, o será que ―Gobber miró con sospecha hacía él―, no sé, ¿hay algún jefe de familia que quieras ganarte?
El rostro de Hiccup adquirió un tono rojo, comenzando a mover los brazos exageradamente y escupiendo excusas sin razón.
Una vez vestido con prendas limpias y el rostro libre de sudor, se encaminó hacía al gran salón, despidiéndose de Gobber con un ademan.
―¡Suerte con Hofferson!
Para cuando Toothless y su jinete se dirigían a la residencia Haddock, el muchacho había terminado de coser el cuero café. Al fin había unido la parte delantera con la trasera. Faltaban pequeños detalles, y Hiccup ansiaba que llegara el día. Después de unos cuantos años, al fin se sentía preparado para enfrentar a la rubia.
•••
Astrid Hofferson despertó más temprano de lo normal. Una parte de su subconsciente le indicó que, muy probablemente, Hiccup no aparecería esa mañana. No habría vuelo matutino juntos. Casi se permitió soltar un suspiro, pero decidió que ese sería un buen día.
Trenzó su cabello, como todos los días, pasando hábilmente los dedos entre las hebras doradas. Ajustó la delgada banda en su cabeza y miró su reflejo por un momento. No es que fuera vanidosa, pero debía cuidar su imagen de guerrera, y el espejo que le compró al mercader Johann era muy útil para su fin.
Bajó hacía el comedor, lista para desayunar, siendo recibida por las felicitaciones de sus padres. Disfrutó el pan horneado que su madre le preparó especialmente por su cumpleaños.
Al salir de su casa pudo sentir la inspección de su padre sobre ella, quien no dejó de lanzarle miradas significativas mientras saboreaba sus alimentos.
―¡Buenos días, chica! ―saludó alegremente mientras posaba un cesto con pollo frente a Stormfly.
El dragón azul gorjeó a modo de agradecimiento antes de devorar las piezas que Astrid eligió para ella.
Algunos aldeanos la saludaron, sus vecinos, específicamente. Otros cuantos se acercaban a felicitarle, alegando que era toda una señorita y debía estar ya próxima a contraer nupcias.
Astrid no pudo evitar rodar los ojos, adivinando que serían padres de algunos pretendientes. Claro que les interesaba unir a sus hijos con ella, heredera del clan Hofferson. ¿Por qué la molestaban con cosas así? Ella era hija de grandes vikingos, seguiría con el legado de su familia, era una guerrera. Lo había dejado claro muchas veces, aún después de los besos dados al hijo del jefe. No, Astrid no sería una esposa y mujer abnegada, ella sería recordada como la mejor doncella escudera. Suspiró con hastío, montando a Stormfly.
Juntas surcaron las nubes, quizá no era la misma altitud que la que disfrutaba cuando volaba con Hiccup y Toothless, pero sí era vigorizante.
―Abajo, linda ―ordenó con una caricia en el lomo del reptil.
Stormfly se lanzó en picada, dirigiéndose a enorme velocidad hacía el mar. Astrid podía sentir el viento agitando su cabello. No descendía a la velocidad de un Nigt Fury, pero podía apreciar la sensación de adrenalina y libertad.
Un ligero silbido captó la atención de jinete y dragón. Astrid sintió el corazón volcársele, reconocería ese sonido en cualquier lugar. Observó a la distancia, donde provenía el ruido. Una sonrisa inconsciente se formó en sus labios, mirando con cariño al jinete que se acercaba a enorme velocidad.
Hiccup pasó por delante de Stormfly, miró a Astrid con una sonrisa traviesa, instándola a seguirle en la pequeña carrera improvisada. La vena competitiva Hofferson la obligó a aceptar el reto al instante.
Ambos dragones volaban a gran velocidad, sorteando las posiciones. Subiendo y bajando entre las nubes, balanceándose de izquierda a derecha.
Astrid, cansada del silencio (y de que no la hubiera saludado siquiera) ordenó con un gesto a su dragón que redujera la distancia.
―Vamos, amigo ―indicó Hiccup al notar la cercanía de Stormfly.
Toothless aumentó el ritmo del vuelo (aprovechando las mejoras recientes en su montura), dejando atrás a una perpleja Astrid, quien no tardó en reponerse y seguir su trayecto.
Hiccup y Toothless aterrizaron en la diminuta isla, justo en el centro, donde la vegetación disminuía considerablemente. Era un claro pequeño, solo con el espacio suficiente para el aterrizaje del Night Fury. Desmontó tranquilamente de su dragón. Recargó parte de su peso en Toothlees, y observó a la distancia una pequeña mancha, la cual se acercaba lentamente hacía ellos.
―Buenos días, milady ―saludó cuando Stormfly hubo aterrizado.
―Buenos días ―Astrid bajó de un salto de su dragón, acercándose tranquilamente a Hiccup―. Esto es por hacerme seguirte ―murmuró después de darle un ligero puñetazo en el hombro.
La risa suave y ligera que él lanzó casi la hizo sonrojar.
―¿Y qué es ese traje tan ridículo? ―señaló entre risas las ropas de Hiccup.
―Oh, esto. No es nada, solo un pequeño invento mío.
Él no quería presumir, pero estaba muy orgulloso de su trabajo. El material utilizado le permitía estar protegido, pero sin afectar la velocidad de Toothles. Encima de la playera, el cuero cubría su torso entero (dejando los brazos únicamente con las mangas de lana verde), pero tenía apertura en la pelvis y piernas, utilizando solo las tiras de cuero en los costados (todo para un proyecto futuro). Soportó con diversión las burlas hacía su creación.
Astrid acunó suavemente las mejillas de Hiccup entre sus manos. Con la cercanía del gesto pudo apreciar a detalle las sinuosas ojeras que adornaban el rostro masculino.
―¿No has dormido bien? ―demandó en un tono preocupado―. Y todo por hacer eso, ¿verdad?
―Hemos tenido trabajo ―se excusó nerviosamente, evadiendo su mirada―. La isla de Mema ha hecho un encargo, y debo terminarlo pronto.
Astrid supo que ese no era un día común, sin lugar a dudas. Un latigazo de inseguridad le azoró fuertemente, ¿y si había olvidado su cumpleaños? Hiccup, en los años anteriores, se escabullía de ella hasta la fiesta sorpresa que le preparaba en el gran salón; los gemelos solían tratar de distraerla (sin éxito, claro está). En esta ocasión no.
Ahí estaba, de pie frente a ella, con una tranquilidad inusual en él, y con ropas totalmente diferentes. Ni siquiera la había felicitado. Eso no podía estar pasando, incluso Snotlout recordaba esa fecha.
―Astrid, yo ―Hiccup había tomado tímidamente sus manos, con la vista fija en el suelo―. Solo quería decirte que, pues, ya sabes…
Toothles golpeó suavemente la espalda del jinete, empujándole con la cabeza. Rompiendo el contacto entre sus manos, Hiccup giró hacía su dragón, quien le mostraba el morral que cargaba.
Astrid dejó las manos suspendidas por unos momentos, curiosa de lo que pasaba entre los amigos. Ignoró el ligero temblor de sus dedos y el golpeteo de su corazón.
―Yo… hice un regalo para ti ―de espaldas a ella, Hiccup comenzó a remover en el interior del morral. Un ligero destello le permitió ver unas brillantes hombreras.
El estómago le dio un vuelco al observar el obsequio que él sostenía entre las manos. Unido a las piezas de metal había algo más.
Se acercó lentamente a ella. Demasiado. Esquivando su mirada, extendió la prenda hacia delante, ofreciéndosela.
Astrid olvidó cómo respirar, incluso creyó que había perdido el habla.
Hiccup le estaba regalando el máximo símbolo de estatus. El cual solo Gothi podía utilizar. Las guerreras no usaban telas con peluche, jamás. Nunca. Mucho menos las aldeanas comunes. Solo Gothi, la curandera.
"Respira, Astrid, respira"
Soltó un ligero jadeó, anonadada.
―Hiccup…
―Lamento tanto no haberlo hecho antes ―Astrid le miró confundida, aunque él no la vio a ella ―. Es sólo qué…
Suspiró con pesadumbre. Se removió nerviosamente en su sitio, buscando las palabras adecuadas.
―Astrid, tú siempre has sido especial. Y yo, bueno, yo un desastre ―movió ligeramente las manos, en un ademán de señalarse ―. Eres hija de un gran guerrero. Eres Astrid, del clan Hofferson. No podía simplemente llegar y cortejarte, necesitaba ser digno de ti.
Astrid sintió una opresión en el pecho, ¿Hiccup indigno de ella? Un ligero sentimiento de ira la embargó. Tomó aire, lista para responder a las tonterías que balbuceaba. Las palabras se atoraron en su garganta.
―Creo que ahora lo soy, al menos un poco ―mantuvo el obsequio extendido hacía ella en una mano, pasando la otra entre los mechones cafés ―. Logré impresionar al jefe de Mema, pero más importante ―Hiccup le miró por unos momentos―: Obtuve el permiso y la autorización de tu padre.
―Hiccup yo…
―Sé que eres una guerrera, y no pretendo cambiar eso. Tampoco quiero presionarte a algo para lo que no estamos listos, prefiero esperar un tiempo para dar ese gran paso.
»Astrid, estoy harto de ver a otros vikingos cortejarte, pero tenía miedo de que tus padres no me aceptaran. Ahora que lo he conseguido, necesito saber qué quieres tú. Me interesa conocer tu respuesta, que me digas si me aceptas para compartir nuestros días.
»Esto, Astrid ―comentó alzando la prenda entre sus manos― es un símbolo. Te reconocerá como mi novia –si tú aceptas, claro-, pero seguirás siendo una vikinga libre, no quiero atarte a mí. Quiero que el tiempo nos deje acoplarnos para formar algo más. Quiero que seamos un equipo.
Astrid llevó ambas manos a sus labios, sellando sus palabras. Quiso llorar, no como la ocasión en que creyó muerto a Hiccup, sino de la alegría que comenzaba a consumirla. Hiccup le estaba dando su lugar. La reconocería como su pareja ante la aldea, pero no la forzaría a pasar como señorita comprometida. Ella tendría el símbolo máximo de Berk para una mujer vikinga.
"Tranquila, Astrid."
Observó con ternura la capucha que Hiccup le extendía. La cual solo la esposa del jefe (cargo para el que era el siguiente en línea) podía utilizar. La prenda que representaba la diferencia de niveles. Y él se la estaba obsequiando a ella, por su aniversario número dieciocho. Él le estaba proponiendo formalizar su relación. Ya no serían solo besos esporádicos y miradas cómplices. Ahora sería oficial. Astrid Hofferson en una relación oficial y formal con Hiccup Haddock, heredero al trono de Berk.
Una ligera corriente de aire meció sus cabellos, acariciando sus rostros. Astrid encontró mágico el momento. Ella no era cursi ni romántica, pero si alguien lograba sacar a relucir su lado más sensible, era él.
Ligeros destellos de luz solar se esparcieron por el claro. Kaira había sido un gran acierto.
Hiccup, ansioso por el prolongado silencio (o la falta de una respuesta, en realidad) se removió incomodo, agitando ligeramente la cabeza. Suspiró con resignación y, armándose de valor, miró directamente a los ojos azules.
―Feliz cumpleaños, Astrid.
Llegué a creer que nunca lo terminaría y que este capítulo no sería visto más que por mis ojos cansados frente a la computadora.
Bueno, me llevó más de lo que esperaba. La ventaja: es lo más largo que he escrito en mi vida (no, tarea escolares no cuentan). Sí que fue difícil.
¿Cumplió sus expectativas? ¿era lo que esperaban? ¿lo reedito?
¿El resultado? Ustedes juzguen.
Le he dado varias repasadas; aun así sé que me llevo alguno que otro error, coméntenmelo con confianza.
Aclaraciones:
Algo que llamó en extremo mi atención, fue el detalle de la capucha que le agregaron al look de Astrid. Más aún cuando vi a Valka con algo similar. Ya sé que es como muy fantasioso mi relato, pero hasta que no salga la tercera temporada de la serie, yo seguiré creyendo que fue así de cursi.
Si no respondí sus preguntas es porque esperaba que todas quedarán aclaradas con el final. Cualquier otra que lleguen a tener, con gusto la responderé.
Oficial queda concluido... oficialmente (: Como lo dije, 3 capítulos.
Por cierto, sólo para que lo sepan. Nils le hizo un pequeño favor a Stoick ;)
Realmente no sé qué más debería poner, es la primera vez que termino una historia de varios capítulos (y sólo son tres).
Ahh, tal vez que a veces acentúo "solo", aún no me quito del todo el uso de éste. (Sigo odiando a la RAE por eso).
Amm, en verdad no sé qué decir, espero que el final sea de su agrado, ya que sí me siento satisfecha de haber terminado, y no dejar votada la historia.
Y, pues, no queda más que agradecerles a todos los que se tomaron la molestia de comentar, seguir y favear este pequeño proyecto. ¡Muchísimas gracias! En verdad, me hicieron muy feliz.
También me motivaban para terminar pronto Oficial (ya que soy medio vaguetas).
Espero regresar un poco del tiempo que emplearon en mí.
A quienes no tienen cuenta: Yaz, Paolabaez, Kareth y quetza. Gracias.
Prometo responder pronto los reviews con cuenta.
Creo que es todo, por el momento.
¡Hasta la otra!
