"Una buena taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta"
Rubén Dario
Café.
No era secreto de nadie que a ella le gustaba tomar café. Por algo era conocida como "El país del café", además de otras cosas.
Pero lo que nadie sabía era que a ÉL gustaba verla cuando lo hacía.
Durante las juntas de la U.N. (uno de los únicos lugares donde coincidían) podía verla rodando los ojos con fastidio cada vez que una pelea tenía lugar; más si era una disputa entre sus hermanos, sentados al lado de ella.
Observaba que, de cuando en cuando, dirigía miradas discretas a Alfred, que estaba demasiado ocupando peleando por alguna estupidez con su vecina o su antiguo tutor como para notarlo. También mordía a veces una pluma, le gruñía a Venezuela, y cabeceaba cuando Ludwig exponía; pero no importaba que actividad estuviera haciendo, siempre tenía una taza de café al lado.
Pero nunca se la tomaba inmediatamente, casi siempre esperaba unos minutos después de preparárselo.
Había aprendido a ver que estaba a punto de beber cuando sus cejas se alzaban y las comisuras de sus labios se crispaban ligeramente. Le encantaba como siempre se sonreía al momento de colocar sus labios en el borde de la taza, y también como suspiraba aliviada cuando el líquido marrón por fin tocaba sus labios.
A él por su parte le gustaba mucho el café, aunque no tan fuerte como el famoso expresso (cuyo sabor aún le escocía en la garganta), pero tampoco tan dulce como lo tomaban Rusia y su familia.
Aunque nunca lo admitiría ante nadie (ya sea por vergüenza o por orgullo), desde que una vez Alfred le había ofrecido una taza de café preparado por ella, (argumentando que era justo que el frío hombre lo probara), se había convertido en su favorito indiscutible.
Y ahora, al verla relamirse los labios satisfecha, no podía evitar preguntarse si también estos sabrían al café del que tanto gustaban…
Sí, es Suecia.
Colombia: Carolina Gabriela Fernández García
(De Himayura Hidekaz) Suecia: Berwald Oxientierna
