CAPITULO 9
La historia de un amor marchito
Mientras Caliburn se encontraba en el jardín, Bors siguiendo su consejo hablo con los demás, al estar al tanto de sus temores llegaron a la misma conclusión…no debían permitir que Morgan o sus criaturas se acercaran, pero también era necesario ser prudentes para no alertar a los erizos, fue así que Percival se ofreció como guardaespaldas de Amy; comprometiéndose a mantener una discreta vigilancia cosa que ambos caballeros aceptaron haciéndose cargo de todo lo competente a la administración para relevarla un poco de sus deberes.
Amy regresaba con un canasto de rosas, las cuales tenía la intención de poner en los floreros de su habitación. Pero normalmente caminaba acompañada de Anna o cualquier otro servidor, no tardo demasiado en perderse; reviso cuarto tras cuarto tratando de orientarse cuando de repente, en uno de ellos contemplo algo increíble: El vestido de bodas más hermoso, brillaba con el reflejo del sol a través de las ventanas…discreto y la vez sofisticado, era tan espectacular que no pudo evitar acercarse más y tocarlo, la tela era suave y parecía haber sido confeccionada por el artesano más hábil de la tierra:
-¿Qué hace aquí mi lady?- escucho a una voz detrás.
-S-Sir Percival, ¿Es su habitación?, L-lo lamento es que me extravié y…
-Descuide, no hay problema- contesto la felina.
-Perdón el atrevimiento, pero ese vestido…
-Mi vestido de boda- hablo sin dejarla terminar.
-¿Es casada?
-No, por desgracia no llegue al altar.
-Lo siento- dijo Amy con tristeza- no debí…
-No se preocupe.
-¿Por qué lo conserva?
-Me recuerda una promesa.
-Puedo…saber.
Percival la miro seria por un instante y después hablo:
-Fue hace algunos años, mi hermano Robert y mi prometido murieron en batalla, jure que su sacrificio no sería en vano.
-Ya veo, traje algunas rosas del jardín, ¿Le gustaría que dejara algunas en su dormitorio?
-Adelante.
-Gracias- contesto la eriza caminando hacia uno de los floreros, esa acción trajo nuevamente recuerdos, los de aquel amor perdido.
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Poco después de su investidura, se habían unido más guerreros a la mesa redonda; un equidna llamado Gawaiin y esa tarde recibirían a 2 más, caballeros investidos en las regiones escocesas y que habían probado su valía como errantes:
-Más hermanos guerreros, estoy ansioso de conocerlos- hablo Gawaiin.
-Yo no confiaría mucho en su reputación, después de todo no sirven a un rey, más bien suenan como holgazanes- dijo Lancelot con su pose acostumbrada.
-Si su Majestad confía en ellos nosotros también, pero en algo estoy de acuerdo, la reputación es engañosa- menciono Lamorack.
-Creo que no hacemos bien siendo prejuiciosos, nos parezca o no, son compañeros ahora, tal como lo dijo Gawaiin- concluyo Percival.
-Por cierto, ¿Cómo dijeron que se llamaban?
-Sir Bors de Ganis y Sir Galahad- contesto Lamorack.
-Oh sí, creo que ese tal de Ganis y tu familia tienen historia ¿No?
-Mi padre buscaba establecer alianzas con todo noble que conocía, hace mucho pretendía que mi hermana se desposara con el hijo del Barón Olaf.
-Una boda…sí que era serio.
-Pasado- interrumpió la felina- ahora todo es distinto.
Las trompetas anunciaron la entrada de Arturo y los caballeros se alinearon frente a su rey:
-Mis leales guerreros, hoy 2 hermanos más se unen a esta cofradía y deseo ser quien los presente ¡Adelante!
Seguidamente aparecieron un lobo gris y un erizo plateado.
-Soy Sir Bors de Ganis, caballero de la luna, servidor del rey Arturo- dijo alzando su espada.
-Soy Sir Galahad, caballero de la flecha mortal, servidor del rey Arturo- del mismo modo haciendo saludo militar.
-Debo retirarme, muéstrenles lo que necesitan saber- dijo el rey saliendo del salón.
Una vez fuera, el semblante y actitud de los nuevos se relajó.
-Vaya, pensé que tendría que seguir así toda la vida- soltó el lobo.
-Bors por favor, no hables así.
.Tranquilo amigo, ya se fue su Majestad, ¿Por qué tan serio?
-Yo soy así y lo sabes…
-Ejem…- interrumpió Lancelot- si terminaron de actuar como bufones: Soy Sir Lancelot, mano derecha de su Majestad.
-Yo soy Sir Gawaiin.
-Soy Sir Percival de Gales.
-Yo soy su hermano, Sir Lamorack de Gales.
-Bueno, nosotros ya nos presentamos: soy Bors y mi hermano aquí presente es Albert.
-¡Bors!, estamos frente a caballeros, es una falta de respeto.
-Exacto, en la mesa redonda solo valen los nombres de batalla, es su primera lección- hablo Lancelot serio.
-En ese caso no está prohibido mostrar nuestros rostros ¿Cierto?, después de todo, ahora somos compañeros de armas- dijo el lobo levantándose el yelmo.
Los demás, poco a poco se descubrieron hasta que la última fue Percival, al hacerlo tanto Bors como Galahad no le quitaban la vista de encima.
-¿Algún problema?- dijo la felina.
-Claro que no, solo nos sorprendió ver a tan hermosa dama entre tanto hombre de guerra, ¿No Sir Galahad?
-Si- contesto un poco esquivo.
-Tenga cuidado señor, es mi hermana a quien se dirige.
-Tranquilo Sir Lamorack- contesto Bors.
-Está bien Lamorack, no necesito guardaespaldas y lo sabes…agradezco el cumplido Sir Bors.
-Bien síganme, les mostraremos el castillo- termino Lancelot.
Una vez terminado el recorrido, fueron a sus respectivas habitaciones:
-Qué lugar, no cabe duda que Camelot es un gran reino.
-Pero no iniciaste con buenas migas…
-Oh por favor Albert, no soporto la formalidad y lo sabes.
-Pero somos caballeros y tu un noble, no se ve bien digas lo que digas.
-Ya hermano, no me sermonees, ¿Qué te parece si vamos por algunas flores?, sabes el día que es ¿No?
-Vamos…necesito relajarme después de este "maravilloso" día uno.
Llegaron a los jardines, buscaron flores de distintos tamaños y formas.
-Sí que estos arbustos necesitan trabajo, no tienen un buen jardinero.
-Nada se compara a lo que hacía Lady Reyla.
-Extraño mi casa…y al viejo James.
-Yo también, creo que será suficiente.
Fueron al riachuelo cercano a la ciudadela, construyeron una pequeña balsa y en ella depositaron las flores.
-¿Qué hacen aquí?- escucharon una voz conocida.
-Sir Percival, ¿Qué tal?
-Hice una pregunta…
-Una vieja tradición de nuestra tierra natal…para conmemorar a los muertos.
-¿Muertos?
-Si vera, nuestros padres cumplen un aniversario más de su partida.
-Mis condolencias.
-Lo agradecemos, ¿Quiere unírsenos?
-No yo…
-Sería un honor- hablo Galahad por primera vez.
-Si lo desean.
Cuando todo estuvo listo, empujaron la balsa y la corriente se la llevo, cuando la perdieron de vista fue momento de regresar.
-¿Y que hace por aquí?- continuo el lobo.
-Es mi turno de vigilar la zona.
-Entiendo, discúlpeme por lo anterior, no desee ser grosero.
-Descuide, no lo fue, de verdad.
-¿Puedo preguntar su nombre real?
-Puede…no estamos en la mesa redonda, soy Johanne.
-¿Johanne?, ¿La hija de Lord Pellinore?
-Así es y yo también lo recuerdo Barón Bors, fue hace tanto…
-Éramos unos niños, por eso su rostro se me hacía tan familiar, y supongo que Lamorack es el pequeño Robert ¿No es verdad?
-Tiene razón.
-¿Qué te pasa Albert?, estas muy callado.
-No es nada, después de todo no puedo hablar de esa reunión, no me encontraba en el castillo.
-Es verdad.
-¿Y ustedes son hermanos?
-Bueno, no de sangre, pero fuimos criados juntos.
-Entiendo.
-Soy Albert Finker, un placer Lady Johanne.
-El placer es mío…Albert.
Con el tiempo, los caballeros escoceses se ganaron el respeto y la confianza de todos, eran poco ortodoxos pero, guerreros fuertes y valerosos. Formaron un fuerte vínculo con los caballeros de Gales y con ello la cercanía causo lo inevitable:
-Johanne, quiero que sepas que me he enamorado de ti.
-Pero…Sir Bors yo.
-No me contestes ahora; sé que es repentino y que nuestro pasado es algo difícil de superar, pero ya no existen intereses políticos tras esto…eres una gran mujer: Valerosa, tierna…me harías el más feliz si me aceptaras.
Aquella confesión la desconcertó, más porque no correspondía a sus sentimientos pero no deseaba lastimarlo, ya que lo apreciaba como un amigo.
-Sir Percival.
-¿Sir Galahad?
-¿Desea practicar conmigo?, pienso que le sentaría bien.
-Desde luego.
Y así, en la campiña fuera de los muros comenzó el enfrentamiento. Percival y Galahad tenían estilos distintos de combatir, pero con habilidades terriblemente destructivas, debían emplearse a fondo ya que a pesar de ser solo una práctica tomaban el arte de la guerra muy seriamente.
Galahad con su poder telequinetico levanto cantidad de rocas que arrojo a su blanco, a lo cual Percival con velocidad esquivo y protegió con su espada para después lanzar llamaradas de fuego las cuales fueron contra restadas con una onda psíquica, se acercaba el atardecer y era momento de regresar:
-Es sorprendente la cantidad de fuerza de sus ataques, es admirable Sir Percival.
-No diga eso, también es poderoso, su habilidad es poco común…al igual que la piroquinecia.
-Pero es menos complicada de controlar, crear fuego con la mente, hablamos de dominar la materia misma.
-Quizá tenga razón- hablo la chica restándole importancia.
Lo que no había notado, es que la tierra estaba húmeda y reblandecida, al pisar la felina resbalo y comenzó a rodar cuesta abajo pero fue tomada justo a tiempo por el caballero:
-¡Trate de subir, no la soltare!
-Bien- de esa forma la chica comenzó a subir, aunque por alguna razón, la escena le parecía vagamente familiar.
-Gracias Sir Galahad- dijo incorporándose- fue una verdadera torpeza.
-Descuide, ¿Realmente se encuentra bien?
-Si- pero Galahad no dejaba de sostener sus manos.
-Ya puede soltarme, estoy bien.
-Dije que no lo haría- hablo de forma extraña.
-¿Sir Galahad?, Albert ¿Qué te pasa?
-No puedo más…lo sé, Sé que Bors te pretende.
-¿Y eso que importa?
-Es mi culpa, es por mí, si solo hubiera hablado…
-Albert, ¿Qué te ocurre?
- Me has olvidado, pero yo no a ti, anhele tanto volver a verte y ahora que estas tan cerca…
-Deja de hablar así, ¡Suéltame!- manoteo para lograr librarse de su agarre y correr de vuelta al castillo.
Reposo en el gran roble del jardín, todo aquello parecía tan irreal ¿Qué había pasado con su amigo y compañero?, ahora tenía más preguntas que respuestas:
-Johanne- escucho de nuevo la voz de Galahad.
Desenvaino y lo encaro con mirada furiosa.
-Si te acercas más…no tendré piedad.
-Pagare mi deuda, no lo recuerdas ¿Cierto?- contesto avanzando.
-¡ALBERT, TE LO ADVIERTO!- hablo Percival sin titubear.
-Cuando quieras… Johanne.
Aquella frase…sabía que la había escuchado antes, de repente, un recuerdo la sacudió:
"Esto no ha terminado, pagaras tu atrevimiento algún día…te lo juro"
-No es posible… ¿acaso tú?
No pudo terminar, aprovechando la sorpresa la tomo entre sus brazos y poso sus labios con pasión contenida. La felina al sentir ese contacto, cuanto sentimiento era puesto sintió el impulso de corresponder y así lo hizo; sus rostros estaban sonrojados, Percival experimentaba distintas sensaciones: miedo, placer, no podía detenerse…no quería detenerse.
De esta forma, un sentimiento quedo al descubierto: un amor que había sido alimentado por años y que la distancia cultivara…Johanne no podía creer que se tratase del mismo que le había salvado hace tiempo y más aún que la recordara a pesar de todo, era muy feliz, por encontrar a tan honorable, valiente y gentil compañero:
-Hoy es el día- dijo el caballero con gran alegría.
-Albert.
-¿Si?
-¿De verdad quieres hacerlo?
-¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso tienes dudas?
-No, soy tan feliz a tu lado, eres la mayor bendición de mi vida- dijo tomando suavemente su rostro- pero no puedo evitar pensar… ¿Por qué?, me fuiste leal a pesar de no conocer tu nombre, de despreciarte por tu condición, de no recordarte hasta mucho después; sufriste por tanto tiempo y yo fui la causa de ese dolor ¿Aun así quieres estar a mi lado?
El erizo tomo las manos que se posaban en su rostro y dijo:
-Lo eres todo, nunca me lleve una mala impresión desde que te conocí, porque pude ver a la mujer que tengo ante mí, eso fue lo que me enamoro y lo que alimento mis esperanzas, te amé, te amo.
-Gracias…Querido- dijo Johanne con una sonrisa.
-Yo te agradezco…por aceptarme- respondió de la misma forma- Vamos, seguramente Bors ya tiene a Robert esperando en el salón.
-Si.
Fue ese día el de la gran propuesta, al escucharlos Lamorack dijo:
-Albert, mi padre era muy estricto en relación al linaje y yo como el Duque de Gales tengo la obligación de mantener las tradiciones de mi casa.
-Robert, por favor- suplico Johanne.
-¡SILENCIO!, este asunto es de hombres, guarda tu sitio.
Percival mantuvo la compostura.
-Lord Robert, estoy consciente de las tradiciones, pero no renunciare a la mujer que amo y ella es mía: me entrego su corazón y no mancillare algo tan hermoso con cobardía.
-Además, es el un Ganis por derecho propio: ese fue el deseo de mis padres y fue criado con honor, es todo un noble de corazón.
Robert esbozo una pequeña carcajada y después dijo:
-No es un misterio para mi hermana o ustedes que nunca estuve de acuerdo con el proceder de nuestro padre, aun así debo respeto a su memoria y al buen nombre que se me ha legado. Los conozco a ambos: Johanne, haz sido como una madre para mí y Albert, eres un hombre de principios; todo lo que busco es que mi familia sea feliz, ¿Prometes que lo lograras?- se dirigió a Galahad.
-¡Lo juro con mi vida!- contesto con una reverencia.
-Entonces no tengo más que darles mi bendición- dijo tomando la mano de su hermana y entregándola al caballero- espero ansioso la noticia de que la familia crezca.
-Yo igual estimado Lamorack, ya quiero ver a muchos niños llamarme"Tío Bors".
-¿Así que lo hizo?- hablo Gawaiin.
-Que ridículo…-secundo Lancelot.
-Bors, ¿Es acto tuyo?
-Tranquilo hermano, aquí todos somos familia ¿No crees?
Percival observaba a su prometido morir de la vergüenza y reclamar a Bors su proceder. Tal vez no había sido su ideal romántico, pero se sentía bien compartir ese momento con ellos; en ese instante se acercó a Albert y tomando su cuello lo beso con ternura, a lo cual el caballero correspondió al momento acercándola más a si, con la mirada complaciente de la mayoría:
-¿Te había dado las gracias por salvarme hace tiempo?- dijo Johanne al separarse.
-Dijiste que no me debías nada.
-Mentí- contesto y de nuevo besándolo.
