Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 2:
- Vamos Miroku, llevas así todo el día! Dijiste que teníamos algo importante de qué hablar.- Profanó el hanyou de manera irritable, ya que últimamente solía perder la paciencia con más facilidad que lo habitual.
Además, aquella discusión tan importante y misteriosa mencionada por su compañero siempre acababa siendo extendida para el momento más adecuado, y luego de un par de días de espera cualquiera podría salirse de sus casillas. Quizás no tanto como lo hizo Inuyasha, pero aun así la expectativa era inimaginable.
- Por supuesto que tenemos, por si no lo han notado Bankotsu lleva consigo tres de los últimos fragmentos de la perla y ayer lo dejamos irse sin más.- El rostro de su camarada se tiñó de blanco, había olvidado por completo aquel pequeño detalle y los últimos fragmentos de Shikón habían desaparecido delante de sus ojos.
- Demonios, esto nos retrasará aún más. De todas formas debemos ir por él, no tenemos otra opción.-
- Pero… aquellos fragmentos son los que mantienen a Bankotsu con vida. Por qué razón lo trajiste hacia aquí entonces?- Resopló la miko atenta a la conversación, mirando fijamente a Inuyasha.
- Kagome tiene razón Inuyasha, no tendría sentido arrebatarle los fragmentos luego de haberle salvado la vida.- Intervino Sango.
Hubo un minuto de silencio.
- Díganme que haremos entonces... dejar que huya con ellos? -
- Bien, te deseo suerte.- Le respondió de mala manera Kagome, poniéndose de pie y saliendo hacia el exterior de la cabaña. Sango, Miroku e Inuyasha la observaron desentendidos.
Desde afuera los observó con el rabillo del ojo y sin decir más retomo su camino algo amargada. Las palabras del muchacho sonaron ásperas y desalmadas, incluso algo despiadadas. Arrebatarle la vida a cualquier persona por el simple hecho de que contenga los fragmentos era un acto muy imprudente. Pero dentro se encontraba la verdad. Sin importar que Bankotsu viviese o no ellos necesitaban reunir a la perla otra vez para que no continuara causando estragos.
Kagome replicó infinitas obscenidades para sus adentros al mismo tiempo en que se adentraba en la espesura del bosque y dejaba de lado la pequeña choza. La marcha se había extendido demasiado y los rayos del sol comenzaron a colisionar justo en su frente, para cuando hubo pasado el mediodía. El calor allí era permanente e interminable y luego de un rato pudo sentir como su garganta comenzaba a secarse a causa de la falta de hidratación. Introduciéndose rápidamente por entre los arbustos, percibió el sonido de una cascada proveniente de las cercanías y corrió en su búsqueda. Introdujo ambas manos dentro de las aguas cristalinas y se humedeció el rostro con ímpetu para refrescarse.
-Que bien se siente luego de sufrir tanto el calor.-
Como una brusca interrupción, la voz impaciente de un grupo de hombres se vio cada vez más al acecho de la muchacha, pero el tiempo fue muy breve y le impidió actuar rápido. Luego de unos instantes Kagome tenía una muchedumbre de aproximadamente siete hombres acorralándola entre las calmas aguas del arroyo.
- Vaya, acaso no es peligroso que una pequeña muchachita como tú esté rondando por estos alrededores?- Con una mirada penetrante y altanera uno de ellos se aproximó curvando sus labios.
- Yo… no tengo dinero ni abarrotes y nada de comida, como podrán ver, así que por favor…-
– No te han dicho que hay ladrones en el bosque?- Volvió a profanar aquel hombre con el rostro perturbado interrumpiéndola.
- Es cierto, yo por ejemplo.-
Una voz varonil algo familiar para sus oídos se presentó en la escena. Kagome achicó los ojos y lo vio a lejos, Bankotsu dejaba reposar su cuerpo sobre una de las ramas del árbol más alto en el perímetro y con una sonrisa indecorosa en su rostro saltó a toda prisa depositándose a unos pocos centímetros de aquellos ladrones. Siempre con su fiel arma en una de sus manos.
- Vaya… que tal lo que trajo el viento. Otro muchachito despistado. Acaso sabes con quién te metes niño?- Indagó uno de los hombres sin dejar de estudiar su arma. Aquella pregunta le provocó el desprendimiento de una carcajada al moreno.
- Me encantaría saber que clase de idiota hace esas preguntas.-
En un segundo el cuerpo del hombre cayó sin vida en la tierra a causa de un sencillo movimiento con su alabarda, dejando perplejos a sus camaradas y observando con sarcasmo como uno a uno corrían despavoridos del lugar. La joven miko lo observó con pánico, incapaz de hacer algo por desprenderle la vista de encima. Pero esta era una mirada llena de terror y angustia, muy diferente a las demás. El muchacho la observaba y borraba de su rostro aquella desalmada sonrisa, aferrándose una vez más a Banryuu.
- Es suficiente de ti, te lo advertí claramente.- Le dijo mientras que avanzaba entre la tierra firme.
- Estas loco, en que demonios estabas pensando?.- Kagome daba imprudentes pasos hacia atrás.
- Estuvieron a punto de aniquilarte sacerdotisa, y aun así me llamas asesino?- La jovencita detuvo su marcha y afirmó sus pies sobre el suelo para mirarlo a los ojos.
- Y por qué viniste a salvarme entonces? Siempre te has calificado como tal, no veo razón para tus actos.-
- Vengo siguiendo a ese grupo de bastardos desde las afueras del bosque, ellos robaron mis provisiones!-
Con el rostro impaciente, Kagome se giró sobre sus talones y marchó en sentido contrario al mercenario, quien rápidamente la sostuvo del brazo y, en un movimiento brusco, la acorraló en uno de los árboles más cercanos. La cercanía entre ambos era inminente y una mueca de disgusto atravesó el rostro del joven líder, quien reflejaba en sus ojos azul celeste la penetrante mirada de la jovencita. Aquella despreciable contemplación que ella le dirigía constantemente lo hacía rabiar y le generaba unas insistentes ganas de arrebatársela de un simple movimiento con su espada. Sí, el odio que generaba aquella engendra en su interior era gigantesco y sin duda alguna se encargaría de borrar aquel gesto de desprecio.
- Descuida, mi Banryuu se encargará de borrar aquella detestable mueca en tu rostro.- Le dijo sosteniendo con mentón con su dedo pulgar, al mismo tiempo en que el filo de su alabarda rozaba con su cuello.
Y entonces pudo verlo, en sus ojos no se reflejaba el temor a la muerte ni mucho menos la cólera generada por el maltrato, sino la indiferencia. Aquella maldita sensación le carcomía el pecho, de que servía deshacerse de alguien sin mancillar el miedo en sus venas? Era como robar una migaja a medio morder. Entonces, con una extensa bocanada de aire para llenarse los pulmones, alejó su Banryuu y la observó por última vez.
- Creo que tu inteligencia te ha salvado niña.- Espetó el con una sonrisa altanera volviéndose hacia ella. Entonces los ojos de Kagome se abrieron con sorpresa y lo observaron marcharse.
Una vez de regreso a la aldea, la jovencita comenzó con la preparación de la cena y junto con la ayuda de Sango, la sirvieron para los presentes en la choza. Inuyasha la observaba extrañado mientras que saboreaba su guisado y el Monje Miroku no pudo evitar sentir curiosidad ante el misterio.
- En donde ha estado en estas horas señorita Kagome?- Ella sacudió la cabeza con energía.
- Rondando por aquí, fui hasta la cascada pero no hubo nada interesante.- Mintió tratando de ocultar la presencia de Bankotsu en la escena.
- Sin embargo… tus ropas están rasgadas, al parecer a causa de un corte y tienes tierra por todas partes del cuerpo.- Inquirió el hanyou mirándola de soslayo.
- Eso es porque resbalé y caí en una de las bajadas que tenía la cascada.-
- Deberías tener más cuidado. Además… la cantidad de bandidos que hay en esa dirección es bastante importante.-
- Lo haré.- Respondió tajantemente la miko para finalizar la charla.
La obstinación de Inuyasha la mantenía al tanto de sus acciones. Controlaba todos y cada uno de los movimientos de su compañera y llevaba a cabo la obligación de acompañarla a cualquier recoveco en donde se metiese. El día siguiente no tardó en llegar y por la mañana las cosas no habían cambiado mucho. Mientras que la anciana Kaede preparaba el fuego para un baño caliente, Shippo, Kohaku y Kirara recogían más leños, Sango y Miroku se encargaban del desayuno y Kagome recolectaba hierbas medicinales con la ayuda de Inuyasha.
No es que le molestase su presencia, a decir verdad hacía mucho tiempo que no se permitían pasar el rato juntos, pero sus intenciones no iban por un camino justo y sincero.
- Dime, a donde quieres llegar con todo esto?- El hanyou se volvió hacia ella sobresaltado.
- Pude olerlo, el aroma de Bankotsu estaba impregnado en toda tu ropa.- Ambas miradas colisionaron en una sola, sosteniendo la tensión.
- Muy bien, así es. Me crucé con el en el bosque, que hay con eso?- Por supuesto que no había nada de malo con eso, sin contar el hecho de que se trataba de un mortal y peligroso enemigo que había tratado de deshacerse de ella en varias ocasiones.
- Entonces es cierto? Encontraste al enemigo y no nos dijiste nada?-
- Entonces ahora soy una traidora?- Continuó ella ante su defensa.
- Estás protegiéndolo? Es por los fragmentos? Acaso te has vuelto loca? El no debería seguir con vida!-
- Muy bien, si es así entonces dame un fin razonable por el cual lo trajiste hasta aquí.- El silencio embargó el ambiente durante unos segundos. La verdadera incógnita había salido a la luz recitada por ella e Inuyasha se hizo esa pregunta mental para sí mismo.
- Fue porque no quisiste que su vida terminara allí entre las rocas, porque sentiste piedad hacia él.-
- Muy bien Kagome, continúa con tus intentos por salvar a la humanidad.- El muchacho se giró sobre sus talones indignado y caminó en sentido contrario para no oír aquel palabrerío. El solo pensarlo le traía desagradables recuerdos de sacrificios y matanzas en vano.
La jovencita giró su cabeza en sentido contrario y exhaló profundamente. Aquellas despiadadas actitudes que tenía Inuyasha la hacían rabiar. Su falta de tacto en las cosas había sido así desde siempre, pero esto era muy distinto y más delicado que una simple discusión. El graznar de las avecillas revoloteando por encima de su cabeza la despojaban un poco de sus malas vibras y con su trayectoria demarcada recolectaba todo tipo de hierbas que pudieran utilizarse para brebajes futuros. El bosque estaba más silencioso de lo habitual y la armonía permaneció en el ambiente durante unos instantes más, solo unos pocos.
A lo lejos, en la copa de un árbol, el cuerpo de un muchacho parecía descansar plácidamente, con una de sus piernas balanceándose en el aire y ambas manos detrás de la nuca. Ella achicó los ojos y observó una larga cabellera sujeta con una trenza perfectamente diferenciada. Cerró los ojos y sintió lástima por el, así como el deber de conseguir una forma de ayudarlo y evitar que su vida sea consumida junto con la perla. Con pesadumbre tomó una bocanada de aire y recogió los últimos restos de coníferas que había en el lugar para marcharse. Se puso de pie y volvió a girar el rostro en la dirección contraria por última vez pero él ya no estaba ahí.
- Vaya que eres observadora y entrometida.- Bankotsu se encontraba delante suyo, mirándola directamente a los ojos.
- Eres bastante perceptivo, felicidades.- Le respondió desalentada, teniendo suficiente con la conversación anterior. – Descuida, me iré rápido. No quise molest-
- Aborrezco a las mujeres como tú.- Apenas sorprendida por su intervención, Kagome lo observó colocando su brazo delante de ella en un movimiento brusco para detenerla. Obstruyéndole el paso y plantando una brutalidad personalizada en su rostro. -Ahora que lo mencionas... me han quedado cuentas pendientes contigo.-
Entonces, la joven se dio un golpe mental. La piedad era inexistente en él y ahora estaba más que segura de que acabaría con el trabajo de deshacerse de una vez por todas de ella. Y tal vez aquellas delirantes reflexiones acerca del cambio terminen allí junto con su vida. Arrugó los párpados con las facciones atormentadas y pronunció su última posible salida al triunfo.
- Sé como devolverte a la vida.- Luego de eso el silencio fue inminente. Bankotsu se detuvo a observarla y sacudió la cabeza en señal de negación.
- Eso no me interesa, puedo regresar a la vida cuantas veces quiera con estos fragmentos de Shikón. Por qué querría recibir tu consejo?- Kagome apretó los puños con fuerza tratando de encontrar una respuesta eficiente y que lo convenciera.
- Porque regresar a la vida sería algo más fiable que depender de un par de fragmentos, además tendrías que luchar constantemente por ellos, ya que muchos monstruos intervendrían para arrebatártelos.- el carraspeó y la miró con una sonrisa paradójica.
- Se supone que ustedes tienen la Perla, por qué no se deshicieron de mí cuando tuvieron la oportunidad?- Ella guardó silencio con frustración ya que tampoco sabía la respuesta concreta de la situación.
- Eso… no sería lo correcto. Conseguir una victoria fácil suciamente.-La risa reprimida del mercenario interrumpió su respuesta.
- Eres tan inocente. Todos ustedes…- Se aclaró la garganta y se dio media vuelta. – Me das lástima.-
Era bien claro que aquella conversación no había dado frutos, y tampoco lo haría en un abrir y cerrar de ojos. Era como enseñarle lenguaje a un pequeño bebé, pero Bankotsu era aún más obstinado y sus metas siempre se concentraban en vivir el presente. Rabiando para sus adentros, Kagome lo observó alejarse, haciendo el esfuerzo por combatir fuego contra fuego.
- De cualquier manera conseguiré reunir esa perla.- Fue entonces cuando él se detuvo en seco y rearmó aquella frase en su cabeza, y una devastadora idea cruzó su cabeza. La idea que había estado esperando conseguir por fin había llegado.
- Acepto.-
Oh! Las dejé con el suspenso. Me puso muy contenta ver que se volvieron a incorporar en el fic la verdad es que son las mejores lectoras! Gracias tamyinu26 por unirte y espero te guste :) Veamos en el siguiente capítulo que es lo que Bankotsu se trae entre manos para aceptar la propuesta de Kagome! Muchas gracias por leer, nos vemos la semana que viene con más
