Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 2:
Kagome barrió la habitación con la vista, buscando en ella algún tipo de conexión o curiosidad departe de sus compañeros. Pero ninguno de ellos parecía prestarle atención, tampoco la interrogaron acerca de su extraña visita al bosque en busca de las hierbas medicinales con las que nunca regresó. La inquietud que yacía en su interior se hizo cada vez más fragmentada hasta que se decidió por aclararse la garganta para dar una iniciativa de charla.
- Hoy fue un día bastante soleado no lo creen? Me refiero a que para ser….- Nada. Ninguno de ellos parecía reaccionar ante sus vocablos, simplemente apartaban la vista e ignoraban sus acotaciones. – Sucedió algo? Los noto muy callados.- Intervino finalmente la jovencita con ademán de prosperar.
- Haz estado viéndote con Bankotsu en estos últimos días?- Las palabras directas de la exterminadora la hicieron palidecer. Tratando de digerir aquella ofensa recibida, Kagome miró a Inuyasha directamente a los ojos, comprendiendo el origen de aquel reservado silencio.
- Oh, por favor. No en el sentido que ustedes piensan! De verdad se han dejado llevar por las palabras de Inuyasha?- Sango apretó los ojos con fuerza y le repitió la frase.
- Solo contéstanos Kagome. Haz estado viéndote con Bankotsu en estos últimos días?- Ella tragó saliva con ahogo y asintió con la cabeza.
- Yo… quería hablarles de eso, logré llegar a un trato con él. No hubo necesidad de…- Pero su camarada la interrumpió con brusquedad.
- Sabes el riesgo que corría tu vida? Por qué nunca nos lo dijiste? Acaso ya no podemos confiar en ti? Él es muy peligroso Kagome!- La joven sacerdotisa la observó afligida mientras que el monje colocaba una mano en su espalda para hacer el esfuerzo por tranquilizarla.
- Vamos Sango, seguramente la señorita Kagome tendrá una buena justificación a sus actos. Debemos dejarla continuar con su parte por ahora. Después de todo, ella se encuentra sana y salva a pesar de los riesgos.- Una pequeña sonrisa salió de la comisura de sus labios, Miroku siempre tendría la defensiva tratándose de ella y se colocaría, a la vez, en un punto neutro entre ambas. Kagome se agradeció mentalmente el tenerlo como su compañero y prosiguió con su acotación.
- Lo lamento, sé que debí contarles al respecto. Pero supe que si lo hacía, muchos de ustedes no aceptarían una discusión por su parte. Hablé con Bankotsu y llegamos a un acuerdo.- Se dio una bocanada de aire en buena forma y continuó. – El me dará los fragmentos que lleva consigo y a cambio de eso, le otorgué regresarlo a la vida con la ayuda de la señora Atsuko. Al igual que lo hizo con Kohaku.-
- Eso es una tontería, es obvio que cuando lo regreses a la vida el hará el intento por arrebatarte los fragmentos. Será el mismo imbécil resucitado.- Intervino Inuyasha recostándose sobre el suelo, sosteniéndose la cabeza con la palma de su mano.
- Te equivocas.- Lo contradijo Miroku. – La señora Atsuko logró resucitar a Kohaku fácilmente y extraer su fragmento porque a pesar de las desgracias que él había provocado, su alma era bondadosa y pura y sentía un gran arrepentimiento hacia aquellos actos. En cambio, Bankotsu es un asesino por naturaleza y tendrá que realizar algunas pruebas para demostrar que es digno de ser resucitado. Eso incluye cambiar su manera de ver las cosas y su mismísima personalidad.-
- Pero… si no llegase a demostrar que es digno de ser resucitado?- Preguntó Shippo con interés.
- Entonces su misma alma será consumida por su odio y no habrá vuelta atrás. Después de todo la señorita Kagome hizo una buena negociación. Esto depende únicamente de la fuerza de voluntad que Bankotsu tenga en su interior.- El resto hizo una pausa y guardó silencio para observar el rostro de la muchacha.
- Creo que te debo una disculpa Kagome, es que hacer las cosas de una manera tan precipitada sin avisarnos… me preocupó bastante. Lo siento.- Dijo finalmente la exterminadora con un nudo en la garganta, recibiendo una sonrisa compasiva de su amiga. Quien se volvió hacia el muchacho mitad bestia, a la expectativa de una disculpa que saliera de sus labios.
- No voy a disculparme contigo, aún pienso que no debiste tomar esa decisión sola.- Le dijo el sin siquiera mirarla.
- Bien, entonces tampoco te gustará oír que accedí a ir con él.- Le respondió cruzándose de brazos.
- Qué? De qué estas hablando?-
- Anteriormente hablé con la señora Atsuko, quien me explicó acerca del desarrollo que Bankotsu debía llevar a cabo, y me dijo que él necesitaría una especie de "guía" en las semanas del proceso para ayudarlo con su cambio. Ya que lo más probable es que al principio se niegue a cambiar de parecer.- Esta información, con la ni siquiera el monje Miroku contaba, hizo sorprender a todos sus amigos. Una arriesgada propuesta de su parte.
- Bien, esta vez sí deliraste Kagome. No irás con él!- Vociferó el hanyou con descaro.
- Entonces dime, tú lo acompañaras como su guía? Con ese carácter?- Hubo silencio.
- Por supuesto que no! El no necesita de nadie como su "guía" el que tú vayas es algo muy arriesgado, además debe arreglárselas solo. No es así Miroku?- Se defendió él buscando la aprobación de su camarada, quien estudiaba la situación perplejo.
- Inuyasha tiene razón señorita, es demasiado arriesgado.- El hanyou hizo un gesto de triunfo antes de oírlo proseguir. – Pero aun así… es muy probable que Bankotsu no logre hacerlo solo y la única persona paciente y con suficiente dedicación en eso es usted señorita. Además, el no otorgarle ayuda sería enviarlo a una muerte segura e imagino que no hizo ese trato para salir beneficiada únicamente usted.- Ella asintió con la cabeza.
- Perfecto, creo que jamás te pondrás del lado prudente Miroku.- Resopló su compañero entre dientes.
- Dentro de dos días partiremos, antes de eso debo hacer una parada por mi casa. Mi madre debe estar preocupada.-
Finalmente el problema fue resuelto y a la mañana siguiente la muchacha se cargó la mochila en el hombro para partir a la época actual.
Las hierbas crecidas a causa del paso del tiempo le aguijoneaban los tobillos, por lo que tenía que tomarse la libertad de trotar dando varios saltos para llegar al pozo. Y como si se tratase de un juego, Kagome no pudo evitar reírse consigo misma y sentirse una niña del jardín de infantes una vez más.
Detrás de aquel pensamiento inocente e ingenuo se encontraba él, oculto detrás de varios arbustos para evitar ser visto. Bankotsu carecía de una observación plena, aguzando los sentidos y reparando en como su diminuta falda se movía al compás de sus brincos, detallando aquella sedosa melena que se revolvía con el viento, maldiciendo a sus impulsos adolescentes y apartando la vista con el resto de la prudencia que le quedaba. Fue entonces cuando salió de su escondite, reparando en que ella estaba a punto de cruzar la barrera de dividía ambas épocas. Como objetivo principal se enfocó en la perla que llevaba colgada del cuello y dando un respingo la llamó con soltura.
- Oye! Sacerdotisa, creo que se te cayó algo!- Ella giró la cabeza en sentido contrario y lo vio aproximarse. Tenía un cuaderno en su mano, muy probablemente se trataba del libro de trigonometría que tanto le había costado conseguir.
- Gracias.- Le respondió tajante. Lo observó extrañada, preguntándose en que clase de artimañas estaría metiéndose ahora, tratando de hallar la trampa o el juego sucio en aquel acto de buena condición. Pero su atención en aquello perdió interés al reparar en aquellas orbes azulinas que la miraban fijamente, como si tratasen de ver más allá de sus ojos y adentrarse en sus pensamientos. El silencio era sepulcral. El muchacho colocó el libro en sus manos y torció los labios para esbozar una especie de sonrisa.
- Adiós.-
Con la yema de los dedos rozó su cuello y en un movimiento brusco desarraigó de un solo tirón el collar que contenía a la perla Shikón, empujándola hacia el pozo con su otro brazo y observando como desaparecía en la oscuridad sin emitir sonido alguno. Kagome cayó hacia el otro lado en un viaje más duradero de lo normal y luego de varios instantes estuvo en la superficie de lo que imaginó ser el templo de su actual vivienda, en Tokio.
- Demonios, no puede ser!- Se incorporó de un salto rápidamente para subir las escalerillas y volver a saltar hacia el interior del pozo sin obtener resultado eficiente. Con los nervios de punta y el corazón agitadísimo comenzó a escarbar entre la tierra y los hierbajos. Todos sus intentos por regresar fueron errados y luego de varios minutos de esfuerzo se volvió hacia el exterior exhausta.
Una vez más Bankotsu la había engañado con sus sucios trucos, otra vez tendría que ingeniárselas para resolver un problema bastante enmarañado. No pudo evitar sentirse algo estúpida, ya que ella misma reparó en el problema a penas lo vio aproximarse con aquel cuaderno. Pero que haría sino? Correr en sentido contrario y aguardar a ser capturada?
Atravesó la entrada de su hogar con aborrecimiento y saludó a su familia, subió las escaleras a regañadientes y se dio una refrescante ducha para armonizar su estado de ánimo.
- Cómo pude ser tan estúpida. Maldito Bankotsu.- Se dijo a sí misma con la pesadumbre de tener que recordar la expresión de aquel descarado muchacho al arrojarla como si se tratase de un saco de basura. – Necesito despejarme y respirar un poco.- Agregó sacudiendo la cabeza.
Se vistió con rapidez y en un santiamén estuvo caminando por las calles de la ciudad, con la única compañía de su mente y la firmeza de encontrar una solución a aquel inconveniente. El parque yacía solitario para ese entonces y tan solo quedaban unas pocas parejas que salían a deambular por sus alrededores. Kagome se depositó en una de las bancas más cercanas y colocándose las manos dentro de los bolsillos reparó en el cielo limpio de estrellas que pudo presenciar.
- Siento como si hubiese estado aquí durante cien años. Creo que ya me he acostumbrado a estar la mayor parte del tiempo en la época antigua.- El viento arrullador meció sus cabellos y dentro de sus reflexiones se halló camino de regreso hacia su hogar. Solo unas pocas luces quedaban encendidas a esas alturas y dentro de la amueblada sala su abuelo le daba un sorbo a una taza de té.
- Tu madre estaba preocupada, no salgas sin avisar Kagome.- La regañó algo distante de sus propias palabras, observando la expresión en su rostro.
-Lo siento.- Se disculpó ella fríamente, con el rostro algo terso. Su abuelo podía percibir perfectamente aquel cambio radical de aspecto y solo estaba aguardando a que ella se lo diera a conocer de una vez por todas. – Abuelo, quiero saber si realmente existe otro método de llegada hacia la otra época.- El anciano se acarició la barba y guardó silencio durante algunos segundos.
- Según las historias de nuestros antepasados, el pozo devorador de huesos fue creado a partir de una de las ramas del árbol sagrado y en adelante a permanecido años y años intacto. Antiguamente se creía que el árbol sagrado tenía un tipo especial de energía, algo inexplicable que iba mas allá de su tamaño colosal o su manera de perdurar durante tanto tiempo.- Ella permaneció en silencio y recordó la primera vez en que cruzó la barrera del tiempo, y la figura de Inuyasha tan única y apacible. Le dio las gracias a su abuelo y se dirigió exhausta hacia su alcoba.
El tiempo no había sido amable con ella, los constantes repiqueteos sobre su ventana de las avecillas que no habían logrado ocultarse de la tormenta la habían despertado en varias ocasiones. Buyo se cambiaba de lugar constantemente y sus pies le dolían a causa del peso extra que proporcionaba el gato. Sin mencionar que un domingo debía ser un día pleno de descanso.
Se alisó la falda de su uniforme escolar por última vez y bajó las escaleras a toda prisa con la intención de no atrasarse en su camino al instituto. Le dio dos bocanadas a un par de bolas de arroz y se despidió de su familia. A diferencia de la noche anterior, el día se encontraba bastante agradable y soleado y los pocos charcos que quedaban en el jardín frontal del templo habían desaparecido.
Una ventisca escurridiza se encargó de volar varios de los apuntes que llevaba consigo, y fue entonces, al acuclillarse para levantarlos, cuando oyó extrañada el sonido de las hojas del árbol sagrado mecerse con el viento. Agudizó sus sentidos una vez más y sacudió la cabeza en un ademán por negarse, pero allí estaba ese sonido.
- Es como si me estuviese hablando.- se dijo a sí misma. – Como si… tratase de decirme algo.- El viento no era el mismo de antes y ahora parecía entenderse un claro significado que iba más allá del tamaño colosal o del tiempo en que perduraba aquel ser vivo.
La muchacha se hizo a un lado de sus apuntes y su mochila para acercarse con serenidad hacia la desgastada corteza. Colocó la palma de su mano en ella y cerró los ojos precavidamente, observando en su interior sus raíces y descendencias, el tiempo en el que hubo estado en pie y la cantidad de vidas que había llegado a observar. Fue entonces cuando reapareció en escena la imagen de un joven de cabellos plateados siendo sellado por un conjuro. Kagome sacudió la cabeza alterada y despegó sus párpados nuevamente, pero el paisaje había sido modificado.
Varios sonidos extraños provenían de su alrededor, dentro de una cantidad infinita de arbustos y árboles de todos tamaños. Su rostro se iluminó con regocijo y desprendida de su propósito se encontró feliz y alegre por estar de regreso. Entonces corrió a toda prisa en busca de Bankotsu y rogó por que aquellos fragmentos no se encontrasen en manos equivocadas.
- Lo mataré, si le hizo algo a la perla voy a matarlo!- Exclamó con tenacidad, dirigiéndose hacia el arroyo más cercano. Estaba casi segura de que lo encontraría allí, era su lugar fijo de descanso. Los pies le dolían a causa del forcejeo excesivo que estaba haciendo, pero aun así mantuvo su ritmo.
El sonido arrullador de las cascadas se hizo cada vez más cercano y el aroma a pasto húmedo le indicó que era el final de su recorrido. Bankotsu descansaba plácidamente sobre una de las rocas más cercanas al pequeño afluente que se formaba, estudiando todos los detalles de aquel insignificante objeto rosado que se bamboleaba entre sus manos. La joven miko apretó los puños con fuerza y se escondió detrás de unos arbustos. Tal vez, con un poco de suerte, el ruido del arroyo lograría distraerlo de algún movimiento que ella realizara. El joven introdujo la perla dentro de su camisa y tomando una bocanada de aire colocó sus manos detrás de la nuca. Entonces Kagome reconoció su oportunidad.
En una fracción de segundo se abalanzó sobre él y se aferró a su pecho con violencia para extraer la joya de su poder. Bankotsu hizo una mueca de desprecio en sus labios y con el uso de su fuerza la arrojó hacia el extremo opuesto.
- No me subestimes sacerdotisa, percibí tu presencia desde el momento en que te ocultaste detrás de las ramas.- Le aseveró con desdén. – Creí haberme deshecho de ti.- Kagome se puso de pie inmediatamente y alzó su brazo derecho enseñándole la Perla Shikón.
- Creo que me has subestimado bastante.- Le respondió para echarse a correr en el bosque, transformando el rostro del muchacho. La voz de Bankotsu resonaba contigua a sus oídos, pudo sentirla aproximarse cada vez más a ella. Pero aun así su fuerza de voluntad la hacía tomar la cabeza en aquella persecución mortal.
Disculpen por la tardanza! La verdad es que estuve demasiado ocupada durante estas semanas con los exámenes del colegio y no me daba a tiempo ni de escribir. Pero me estoy poniendo al día y ya tengo las cosas organizadas. Espero que hayan disfrutado del capítulo y en cuanto termine el siguiente lo subiré! Un beso a todas (:
