Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 4:

En uno de los extremos de las arboledas pudo divisar una bajada plena que desembocaba a las praderas, pero los arbustos entorpecieron su marcha y una raíz sobresaliente la hizo estrellarse en mitad de camino. Como un efecto dominó, el muchacho chocó con ella y ambos rodaron colina abajo continuando con el forcejeo para apoderarse de los fragmentos. Kagome llegó a pensar que aquel tortuoso ritmo no acabaría nunca, justo cuando el golpe de colisión final le avisó que ambos cuerpos se toparon con una superficie medianamente plana. El golpe no fue tan duro, comparado con el método de llegada y Bankotsu pareció serenarse. Se miraron a los ojos detenidamente, como si no comprendieran la situación, y guardaron silencio.

- Es imposible negociar algo limpio contigo, verdad?- resopló ella en una súplica. El joven mercenario suspiró casi dándose por vencido y se puso de pie en el mismo instante en que sacudía sus ropas. Se irguió de hombros y la observó de soslayo.

- Mañana por la mañana partiremos, asegúrate de no olvidar nada.-


La frescura de la mañana era incomparable con respecto al Tokio actual, las aves graznaban a lo alto y los únicos sonidos que realmente predominaban eran los del bosque. Aquellos paraísos artificiales en los que Kagome había crecido eran casi tan reales como los de la era feudal, pero nunca tan bellos y puros. La joven miko le dio un último vistazo al cielo y volvió su rostro a sus camaradas.

- Estas segura de esto Kagome? Aún puedes quedarte, podríamos enviar…-

- Estoy muy segura. Además no será demasiado.- le dijo a la exterminadora en un tono sereno, concluyendo la conversación. – Iré por mis cosas, Bankotsu estará esperando cerca de las praderas.-

- Iré contigo, por si acaso.- Intervino Inuyasha tomando una reacción diferente a lo usual.

La muchacha se cargó la mochila al hombro sin darle mucha importancia, tratando de descifrar que tipo de palabrerío o sermón le daría esta vez. El trayecto no duró mucho, las praderas se encontraban a un par de kilómetros solamente y el momento difícil emergió cuando ella acordó despedirse.

- Que crees que estás haciendo?- Inuyasha frunció el ceño.

- Me resultaba extraño que no dijeras nada al respecto. Acaso estabas aguardando a que yo dé la iniciativa de cambiar de opinión y quedarme? -

- La verdad es que no creí que fueses tan estúpida como para exponerte de esa manera. No sabemos que es lo que Bankotsu pretende realmente contigo!- La furia brotaba de sus párpado al verla directamente a los ojos, mientras que Kagome se giraba dándole la espalda. - Si vas con él...-

Ella frunció el ceño molesta, con los dientes apretados y la rabia que se acrecentaba en sus entrañas. Aquellos inútiles berrinches de inmadurez solo entorpecían su camino y no era una buena ocasión para malas jugadas, luego habría tiempo para discutir. Era de esperarse que Inuyasha dejase lo mejor para lo último. Ahora simplemente la observaba de soslayo mientras se alejaba y comenzaba a caminar en sentido contrario dando grandes zancadas. El muchacho de grandes ojos azules y larga trenza observaba aquella escena con el ceño fruncido.

- Vaya que ese híbrido es de actitud posesiva.- Le dijo al mismo tiempo en que se percataba del sobresalto de la miko. - Estuviste espiándonos?-

- Solo estaba a unos pasos, además sus quejas se oyeron en todo el bosque.- Kagome hundió los parpados entre sus dedos avergonzada. - Él no es nada mío.- finalizó tajante, poniéndose en marcha hacia su destino.

La marcha fue abrumadora y silenciosa, en varias ocasiones Kagome se volvía hacia él para asegurarse de que siguiera allí o simplemente no tratase de aniquilarla, ya que no había tenido buenos recuerdos al confiar en Bankotsu. Otro acto algo sorprendente fue el verlo caminar durante horas con su alabarda por encima del hombro y no emitir ni un solo quejido, ni siquiera optar por el hecho de detenerse. A pesar de ser tan solo un muchacho el liderazgo le sentaba perfecto. A medida que avanzaban el camino se volvía cada vez más oscuro y dificultoso, por lo que Kagome decidió hacer una parada antes de extraviarse.

- Creo que será mejor detenernos, hemos estado andando todo el día.- Bankotsu profanó un gesto de indiferencia con la cabeza y apenas lograron establecerse en un lugar se dedicó a construir una pequeña fogata.

- Creo que si hubiéramos continuado el camino me habría extraviado, mañana continuaremos sin problemas.- El soltó una carcajada reprimida.

- No eres muy inteligente, no es así? Me refiero a que para ser una guía no estas muy orientada.-

- Entonces ese es mi único labor aquí? Ser tu guía? Discúlpame si no conozco las constelaciones como para orientarnos en el trayecto.- trató de defenderse ella de brazos cruzados.

- Acaso viniste por algo más? En que otra cosa contribuirás conmigo?- La muchacha guardó silencio. – Yo… no sé exactamente como, pero haré todo lo posible por contribuir.- El joven mercenario la miró con menosprecio y descortesía sin vislumbrar el hecho de sus buenos actos.

- Creo que deberías preocuparte más en salvar tu propio pellejo.- Le aseveró dándole la espalda para tratar de conciliar el sueño.

A primera hora de la mañana siguiente, ambos tomaron su ruta fija con más claridad y luego de varias horas más se encontraron a tan solo algunos kilómetros de la pequeña y humilde morada de la señora Atsuko. Bankotsu arrastraba los pies con descaro, desfilando detrás la joven sacerdotisa y preguntándose en que parte de su diminuto ser tenía abarrotadas las energías, sin mencionar el hecho de que ella no tenía que cargar con una gigantesca alabarda.

- Espero que esta anciana cumpla con su trabajo correctamente o me encargaré de cortar su cuello para cuando llegue.- Aseveró el joven con mala jurisdicción en sus palabras.

- La señora Atsuko es una de las mejores, ella misma fue quien retiró el fragmento del cuerpo de Kohaku.- Le respondió ella algo entusiasmada por aquel talento.

- Por qué no se lo encargaron a aquella sacerdotisa llamada Kikyo? Hubiera sido menos trabajoso.- Hubo silencio.

- Ella falleció en la batalla del monte de las ánimas y el fragmento que la mantenía con vida fue unido a los demás.- El la observó durante unos instantes, tenía el rostro triste y compenetrado en un recuerdo, probablemente el recuerdo de aquella vida pasada, la mujer en la que había reencarnado. Un par de lágrimas se acumularon en sus ojos, pero jamás brotaron hacia sus mejillas, tenía las facciones cansadas y endurecidas, y parecía no querer rendirse ante la debilidad.

- Mira eso, solo nos quedan unos pocos metros!- Agregó nuevamente con el rostro lleno de regocijo, señalando en dirección hacia una espaciosa casa en medio de lo que parecía florecer como una aldea. Los recuerdos instantáneos llegaron a invadirla. El rostro de Kohaku sonriendo una vez más, las lágrimas de Sango y el alivio que se llevaron todos al ver la positividad del asunto.

Fue entonces cuando se volvió hacia su acompañante, parecía estar desligado de cualquier tipo de acto que sucediese en la realidad. Tenía la misma expresión endurecida de siempre y llevaba consigo a su fiel arma, indispensable. Para sacarla de sus reflexiones, una voz arrulladora se aclaró la garganta, y en un santiamén se vieron varados delante de una menuda anciana de cabellos grisáceos con una sonrisa a medias en su rostro.

- Señora Atsuko vaya, que gusto verla!- La saludó cordialmente la jovencita, con una exquisita muestra de afecto en sus vocablos.

- También es un halago el que te acuerdes de mí muchachita, y veo que trajiste al joven del que tanto me hablaste.- Las mejillas de Kagome se sonrojaron, temiendo que Bankotsu haya malinterpretado aquel último comentario acerca de él.

- Vaya que no tienes modales pequeño sinvergüenza, deberías acostumbrarte a saludar cuando alguien te recibe.- Lo regañó la mujer, estudiándolo de pies a cabeza con los brazos cruzados. Bankotsu emitió un gruñido y optó por guardarse los comentarios inapropiados para después, luego de observar la intervención de la miko.

- Él es algo silencioso, bastante diría yo. Eso es todo.- Agregó rascándose la cabeza. – Por cierto, ya me he decidido acerca de esto. Me refiero a que estoy dispuesta a ayudarlo en lo que sea necesario en tanto obtenga los fragmentos.- Bankotsu abrió los ojos con sorpresa, aquella parte del proceso no se la habían comentado, de hecho no le habían comentado acerca de nada.

- Qué? A que se refiere con eso anciana?- Se adelantó el mercenario algo alterado. La miko se arrodilló a un lado de la mujer y el la imitó para oír claramente.

- Verás, la única manera de extraer ese fragmento es purificándolo de tu cuerpo, pero para que esto ocurra debes estar forjado adecuadamente. No cualquiera puede recibir el don de la vida otra vez, por eso es que se realiza este proceso.- Le explicó la señora Atsuko con detenimiento. – El transcurso de este procedimiento es tanto físico como mental y necesitarás de la ayuda de Kagome para tu preparación.-

- Por qué debe hacerlo ella? Acaso no confían en mis propias habilidades?- Se disgustó él erguido de hombros.

- Kagome no hará las cosas por ti, simplemente tómala como una guía espiritual, alguien que te reafirmará el camino en tus actos.- El muchacho soltó una risita.

- Claro, me consiguieron una niña que me servirá como un ejemplo a seguir. Pues entonces olvídelo anciana, yo no seré utilizado por ella. No harán cambiar mi manera de reflexionar las cosas.- Estaba indignado, habían dañado su orgullo y lo habrían tratado de utilizar como uno de sus perros. – No puedo creer que vine hasta aquí por esto.- Sin decir más se hizo a un lado de ambas y salió de la cabaña con las intenciones de regresar por donde vino, pero una llovizna torrencial se había desatado, y a pesar de que su vanidad era mucho más fuerte que eso, Kagome no lo dejó marcharse hasta el día siguiente.

- Mañana por la mañana te irás sin problemas, no hay necesidad de ser tan obstinado!-Le reprochó jalándolo del brazo, haciendo que se adentre por la fuerza en la vivienda. – Vamos, te diré en donde dormirás.- Sin reprocharle mucho la siguió a través de los corredores de la morada observando todo a su paso. Un par de salas vacías y alguna que otra pintura eran lo que complementaban el solitario hogar.

- Para que querría una casa así alguien como esta mujer? No creo que necesite tanto espacio.-

- Lo que sucede es que la señora Atsuko solía vivir con su esposo y sus dos hijos, pero ellos fallecieron en una de las guerras civiles que se produjeron hace algunos años.- Le explicó la muchacha volviéndose hacia él. – Le fue muy difícil superar la pérdida y aun así continua con su sentido del humor tan alto y sus ganas de seguir adelante.-

- Bien, aquí la tienes, tu habitación momentánea.- Le dijo deteniéndose en una de las recámaras. Bankotsu clavó sus ojos en ella para esperar algún tipo de respuesta que Kagome no supo interpretar. Tenía la mirada perdida en sus ojos y el rostro apacible pero algo inquieto al mismo tiempo. Ella no tardó mucho en teñir su rostro de un color rojizo y su corazón comenzó a palpitar alocadamente. Aquel tipo de acciones que él realizaba la sacaban de sus casillas. Finalmente el muchacho giró su cabeza en dirección descendente e hizo una mueca de disgusto.

- Podrías soltarme ya?- La joven miko dio un respingo al notar que su mano aún sostenía el brazo de Bankotsu y se deshizo de él rápidamente.

- Lo siento, que torpe! Q-Que descanses, mi habitación está aquí en frente por si-

- Llegase a sentirme solo?- Se burló él con el ceño fruncido, volviéndose a la figura de Kagome.

- Mph, olvídalo. Solo trata de no molestar a la señora Atsuko.- Le respondió disgustada, aún con el rostro acalorado.


Llevaba horas despierto dentro de las sábanas, pero el hecho de pensar en el larguísimo viaje que tenía por delante le daba ganas de continuar allí. Los ruidos de la señora Atsuko terminaron de despabilarlo y se puso de pie de un salto para tomar marcha en el asunto. Salió a regañadientes de la habitación y mientras que se colocaba la camisa vio a su compañera de viaje aún durmiente. Sin desaprovechar la oportunidad de espantarla se adentró en la recámara y se acercó hacia ella.

Quedó impactado al observar tanta serenidad junta, Bankotsu habría podido jurar que parecía un ángel cuando dormía. Evidentemente se había acostumbrado a verla con aquella expresión severa que utilizaba para regañarlo, pero a decir verdad Kagome siempre había llevado una expresión angelical consigo, y esta era la primera vez en que se daba cuenta, mientras dormía. Le dio algo de lástima despertarla, perdería toda su despreocupación y estaría molestándolo insistentemente para que se quedase. De manera que se incorporó nuevamente y salió del cuarto.

Detrás de él la voz de la anciana lo hizo detenerse.

- Ella se veía tan feliz de poder ayudarte, me dijo que haría lo necesario por hacer que salgas adelante.-

- Es una lástima.- Prosiguió Bankotsu.

- Le diré… que finalmente su compañero resultó ser un cobarde. Que tenía miedo de meter las narices en territorio desconocido.- Pero entonces se volvió bruscamente y clavó los ojos furiosos en la mujer que yacía en frente suyo.

- He vivido toda mi vida metiendo las narices en lugares equívocos y he perdido a todos mis camaradas por estupideces así. Le aseguro que guarde silencio si no sabe de qué está hablando señora.- Le dijo casi en un respiro apretado con la rabia incontenida.

- Se perfectamente quien eres Bankotsu y conozco tanto tu vida que podrías llegar a espantarte. Sabes a que me refiero cuando hablo de un territorio desconocido, y no es justamente un campo de batalla normal.- Esta vez fue ella quien clavó sus arrugados párpados en él. – Solo asegúrate de demostrarle a tus camaradas que sí supiste rearmar tu vida.- Finalizó dándose la vuelta, dejándolo solo consigo mismo y otras miles de preguntas.

Lo que restó de la mañana fue un simple tramo y Kagome finalmente había logrado despertar de su eterno sueño. Luego de desperezarse y calzarse el uniforme atravesó la puerta corrediza y asomó la cabeza por la habitación contigua. Se encontraba completamente vacía y solitaria.

- Vaya, se fue muy rápido.- Se dijo a sí misma con pesadumbre, volviéndose hacia el corredor. Su cuerpo chocó bruscamente al voltearse y rápidamente la sostuvieron de los hombros para que lograse mantener el equilibrio.

- Has estado tomando sake a escondidas? Ya deja de tambalearte.- Su memoria hizo aquella voz varonil completamente reconocible y al observarlo pudo comprobar que Bankotsu aún permanecía allí. Trató de ocultar rápidamente la sonrisa que curvó sus labios y se mantuvo indiferente.

- Aún no te has ido?- El frunció el ceño.

- Quieres que lo haga? Porque entonces habríamos venido aquí por nada.-

- Te refieres a que.. has decidi- Bankotsu negó con la cabeza.

- No pienses que lo hago por ti, lo hago por mis camaradas.- Kagome lo observó sin comprender la situación. – Y bien, que estás esperando? A que se te olvidé otra vez la ruta? Tenemos trabajo que hacer!- La regañó una vez más con una de las manos cubriéndole la cara.

Finalmente la Señora Atsuko les platicó acerca de las cuatro pruebas que debería realizar, al principio sería fácil en cuanto al reto físico pero ambos tendrían que ingeniárselas para sobrevivir sin una sola provisión de por medio. Entrenándose día a día mentalmente y siguiendo las instrucciones al pie de la letra. Y luego de almorzar partieron hacia sus destinos.


UF, que les puedo decir? Amé escribir este capítulo. De hecho creo que ahora están conociéndose como se debe y el resto se los dirán los otros capítulos! Muchas gracias por dejar reviews y nos vemos la próxima semana!