Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 5:
Flash back
- Te dije que te quedaras quieto!- Le repitió la señora Atsuko a Bankotsu, tratando de continuar con su procedimiento.
La anciana había trazado un pequeño círculo blanco en el centro de la habitación, éste tenía varias marcas extrañas en su interior y algunas indescifrables palabras. Al terminar le hizo un gesto con la mano al muchacho obligándolo a fruncir el ceño, desentendido.
- Párate allí, rápido.- Le dijo de una vez por todas llevándolo a la rastra, sin dejarlo emitir una queja. Se posicionó delante de él y al arrodillarse extendió sus brazos para ver con claridad en su interior. Una luz cegadora iluminó aquella franja denominada por el círculo.
Cuando cerró sus párpados, Bankotsu pudo sentir como se proyectaban todos y cada uno de los recuerdos que habían sido parte de su joven vida. Sus trabajos como mercenario, sus luchas con enemigos, la formación del grupo de los siete guerreros. Las últimas facetas de aquella proyección comenzaban a aparecer, el tiempo corría en sentido contrario y las imágenes se hacían cada vez más borrosas. El llanto de un bebé podía oírse a lo lejos y luego una gigantesca llamarada que lo hizo sobresaltarse y abrir los ojos.
Kagome lo hoyó respirar con dificultad y la anciana decidió finalizar con su proceso. Se veía afligida y tenía los ojos cansados, luego de unos momentos le dictó a la muchacha una serie de nombres que había logrado hallar en las visiones. Les recitó unas palabras y se despidió de ellos.
Fin Flash Back.
El paso que hubo de la noche a la mañana pareció eterno, Bankotsu no había logrado dormir ni una hora, su uniforme se encontraba más sucio de lo habitual y los insectos revoloteaban en sus oídos innumerables veces. El desayuno se ausentó por la mañana a causa de sus estúpidas supersticiones de ahorrarse unos míseros trece minutos de caminata, el día traía consigo humedad y pesadez en el ambiente y la pequeña e insignificante sacerdotisa que caminaba delante suyo parecía encontrarse cada vez más lejos de su alcance. Se sentía abatido y derrotado ante lo que parecía ser un mal día para todos.
- Vamos.- Le replicó Kagome a lo lejos, - No querrás perderte antes de comenzar, o si?- desafiándolo para que acelerase el paso. La muchacha desdobló con cuidado una pequeña hoja de papel de su anotador y se detuvo para verificarla.
- Veamos, lo que hay en la lista…- achicó los ojos para tratar de descifrar su caligrafía, a pesar de ser tan aplicada en clases le era muy difícil seguir el paso del dictado de la señora Atsuko en aquellos momentos. – Kiyoshi, Aiko, Shimoda, Banryu.- Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, preguntándose que significarían aquellos extraños nombres y por qué se encontraba allí el de su alabarda.
- Qué significa esto?- El joven retiró de manera brusca el papel que mantenía los escritos y lo confeccionó al instante.
- Reconoces alguno de esos nombres, además del de tu espada?- Bankotsu respiró hondo y examinó una vez más la nota.
- Kiyoshi era un conocido mío, creo que es lo único que puedo reconocer. De donde sacaste esto?-
- La señora Atsuko me lo dio, son nombres que halló en tus visiones.- Sus palabras se apagaron por unos instantes. – Acaso no recuerdas que rol cumplía Kiyoshi en tu vida? Puede ser de mucha ayuda.-
- Por qué estas tan empeñada en entrometerte en esto? Ni siquiera tenías la obligación de venir hasta aquí! Solo me traes problemas.- Le dijo él de manera tajante.
No hubo respuesta alguna por parte suya, él continuó con la caminata y se adelantó sin vacilar. Kagome no quiso insistir y lo siguió. Marcharon durante el resto del día y una pequeña e insignificante porción de suelo cercano a una aldea era todo lo que habían hallado para pasar la noche. Desde entonces no habían cruzado palabra, el ambiente comenzaba a parecer más incómodo de lo normal y la joven miko sintió un remordimiento creciente en su interior.
Las primeras llamaradas se desprendían de la fogata y al parecer la cena no se presentaría aquella noche, Bankotsu hizo el esfuerzo por apelotonarse cerca de la hoguera mientras que Kagome permanecía al otro lado de ésta calentándose las manos.
- Sé que no te agrado, pero esto va más allá de eso. Solo vine para cumplir con mi trabajo y ayudarte a recobrar lo que te pertenece, esa es la única manera de que logre obtener los fragmentos de Shikón.- Soltó dispuesta a continuar. – Lo único que te estoy pidiendo es algo de contribución, y no te traeré más problemas.- Hubo silencio.
- Kiyoshi.. fue mi mentor y también la única persona con la que me he criado.- Ella se volvió con detenimiento y lo oyó aclararse la garganta, casi arrepintiéndose de relatar esa faceta de su vida. Se acercó aún más para escuchar una probable historia que desencadenase aquel pasado pero el joven mercenario reprimía sus palabras. Tenía que hacerlo sentir comprendido, aunque sea solo un poco y lograr que se desenvolviese aún más.
- Debió ser difícil perderl-
- No perdí a mi familia en las guerras.- Se adelantó con enfado. – Ellos jamás me quisieron.- Las facciones de la muchacha se tensaron. – Crees que acaso… la señora Atsuko esté tratando de decirnos algo con esto?- trató de dispersarlo.
- Puede que debamos regresar a tus orígenes, tal vez debamos ir allí, tal vez todos estos nombres estén conectados…-
- No creo que sea la opción más factible.- Volvió a interrumpirla. – Recuerdas lo que soy, no es así?- Así es, estaban metiendo las narices en una zona bastante intensa. Si aquel hombre, el tal Kiyoshi le había enseñado todo lo que sabía a Bankotsu y su presente era aquel.. no podía tratarse de alguien de lo más amigable.
- No creo que tengamos otra opción.- Kagome sabía exactamente que así era, llegar al fondo de aquel asunto era algo aún más importante y no podían echarse hacia atrás de una manera tan abrupta.
- No tienes la necesidad de-
- Creo que puedo rearmar mis propias oraciones, y dije que no podemos echarnos hacia atrás. No comiences con cobardías.- Trató de burlarse ella de manera desafiante, por lo que él profanó una mueca de disgusto como respuesta precisa. Pero sus labios se curvaron al reconocer la valentía que podía llegar a tener alguien tan menudo e insignificante como lo era aquella mujer.
Las decisiones estaban tomadas, al día siguiente ambos partieron para encontrar al antiguo maestro y desenvolver aquella necesidad de revelar sus orígenes. Pero aun así, a pesar de viajar con tantas planeaciones y entusiasmo, el traslado era bastante extenso, lo que los conllevaría a tener dificultades para la llegada y quejas por doquier acerca de las caminatas.
- Me duele el estómago, creo que necesito comer algo o moriré de hambre.- Resoplaba Kagome.
- Deja de lloriquear, que sucedió con aquella plenitud para encontrar a Kiyoshi?-
- Desapareció luego de las primeras seis horas de viaje, tal vez si te hubieras detenido en alguna aldea cercana no tendría esta necesidad de almorzar algo.- Le respondió enfurecida oyendo el gruñir de su estómago. – Y que hay de ti? Acaso eres una especie de mutante que no requiere de alimentación?-
- Mi organismo no es similar al tuyo, el estar en constante movimiento y viaje me mantiene alejado de la necesidad de comer a cada momento.- Ella simplemente giró los ojos y se volvió hacia su alrededor. Los hierbajos poblaban el paisaje indiscriminadamente y las fauces del bosque podían observarse a lo lejos.
La vista que hasta aquel momento la había mantenido en pie comenzó a flaquear y sus ojos se cerraron al mismo tiempo en que su cuerpo se desplomaba en el suelo. A penas pudo oír las palabras de Bankotsu diciendo su nombre.
El placentero aroma a pescado asado envolvió todos sus sentidos y le permitió reincorporarse en el suelo y sentarse a un lado de lo que probablemente sería su próximo almuerzo. La jaqueca aún no cesaba pero la salvación se había puesto delante de sus ojos.
La figura de Bankotsu resurgió entre los arbustos y le otorgó una mirada de alivio inmediato. Lo único que pudo realizar ella como reacción fue desviar la mirada a causa de la vergüenza.
- Qué estas esperando? Cómete eso antes de que vuelvas a desmayarte, debilucha.- Le dijo mientras que se volvía hacia su rostro.
- Lamento esto… sé que dije que no te traería más problemas pero- Bankotsu introdujo una pieza del pescado en su boca y la hizo callar dando un suspiro.
- Te sienta mejor el silencio.- La miko hizo el esfuerzo por ingerir esa gran cantidad de comida y tragársela en un santiamén. Lo examinó silenciosa, quedándose enterrada en aquellas marcas que tenía su rostro, en su vestimenta y la apariencia que llevaba consigo algo extrañada.
- Representan la juventud.- Le dijo él sin quitarle la vista de encima a la hoguera, refiriéndose a aquel pequeño símbolo violáceo colocado en su frente. – Fue la denominación que tuve. El líder más joven de la banda de asesinos más grande.- De sus ojos no se desprendió ni un solo sentimiento pero la soledad lo corrompió más que nunca. Ya no tenía a fiel grupo de soldados ni un motivo exacto para subsistir, entonces, ¿que haría cuando todo llegase a su fin? Sacudió la cabeza, esa clase de cosas podrían esperar.
- Aún tenemos un largo camino, no es así?- El asintió.
- No te preocupes, nos detendremos en la próxima aldea.- Trató de suavizarla para luego guardar silencio. Lo único que quería oír entonces eran los arrulladores sonidos de la noche, la vista plena de las estrellas sobre su cabeza y el estremecedor contacto de su piel contra la hierba húmeda. La armonía no era un lujo que podía darse todos los días, no alguien como él. Pronto se vio envuelto en los brazos de Morfeo y todo lo que alguna vez lo mantuvo atado a la conciencia desapareció.
En aquella nueva mañana el sol irradiaba como nunca y las aves revoloteaban a su alrededor incesantemente. Por aquellas insignificantes razones era que detestaba el día y tenía preferencia por la noche. Indudablemente era el momento indicado para ponerse de pie y levantar su partida. Refregándose los ojos del cansancio llamó a la joven miko un par de veces sin obtener respuesta, miró a su alrededor y la buscó entre los arbustos. Nada. Recogió a Banryu con prisa y especuló las posibles ideas de que algún grupo de bandidos cercano se la haya llevado para cometer algún tipo de morbosidades y se golpeó a frente.
- Demonios, esa maldita niña solo trae problemas.-
Caminó por encima de los peñascos para tener una mejor vista, fue entonces cuando la encontró. Estaba a pocos metros de distancia, tenía el cabello húmedo y sus ropas descansaban sobre una de las rocas cercanas al arroyo. Todo su ser se estremeció al instante, la muchacha disfrutaba de su aseo con libertad, incluso alcanzó a reparar en como se le volvía la piel de gallina ante la leve correntada de aire. El rostro de Bankotsu enrojeció por completo y giró la cabeza para evitar dirigirle la mirada.
Caminó en dirección contraria con cautela para no llamar la atención y sin pretender realizar algún acto estúpido su cuerpo se desvaneció en el aire al pisotear en falso, cayó estrepitosamente delante de ella y sus ojos se abrieron desmesuradamente. La muchacha se adentró con rapidez en el arroyo maldiciendo una y otra vez, arrojándole con cualquier tipo de piedra que se encontrase a su alrededor. Él simplemente le dio la espalda y le arrojó sus ropas aún avergonzado.
- Qué estabas haciendo detrás de los arbustos? Estúpido pervertido!- Él se giró sobre sus talones con rabia.
- A quién le llamas pervertido m-
- Solo date la vuelta!- Vociferó ella interrumpiéndolo. Bankotsu le hizo caso y se cruzó de brazos aguardando a que terminara de colocarse el uniforme.
- Salí a buscarte porque supuse que, de lo contrario, traerías más molestias. No deberías estar tomando un baño justamente aquí, hay demasiados maleantes y depravados en estas regiones como para que te luzcas de esa manera.- La regaño entre dientes, tratando de justificar en parte sus acciones.
- Y no se te ocurrió llamarme desde lejos por si acaso?-
- Me habrías gritado de todas maneras.-
- Entonces preferiste mantenerte callado y quedarte en tu lugar para que yo pensara que me estabas espiando, no es así?-
Kagome se posicionó delante suyo arqueando una ceja, quedando a tan solo unos centímetros de distancia. Bankotsu la observó ruborizado y giró la cabeza guardando silencio en una señal de desprecio. Le resultaba casi inhumano creer que una fastidiosa sacerdotisa como lo era ella lo esté desafiando y sobreviva para contarlo, si se hubiese tratado de cualquier otra mujer seguramente ya habría desprendido su cabeza de su cuerpo.
- Qué estas esperando? Si te tardas demasiado no llegaremos jamás.- Increpó ella al mismo tiempo en que se alejaba dando grandes zancadas. El joven mercenario se puso de pie al instante, cargó a Banryuu en su hombro y la alcanzó enseguida.
- Y bien, ya vas a contarme acerca de ese tal Kiyoshi?-
– Kiyoshi fue quien me crio, si no fuera por él seguramente habría sido aplastado por los militares,- Luego hubo un tramo de silencio y Bankotsu descartó un suspiro. – … o por mi propia familia.-
Ah que lindo que esta fanfiction ahora, tiene varias cosas cambiadas, me gusta :D
Por otro lado, espero me disculpen por la tardanza, se me complicó escribirlo y tuve que rehacerlo más de una vez porque el word no me lo guardaba bien. Realmente discuten estos dos! Esperemos ver que pasa la próxima semana. Muchas gracias a todos por dejar reviews, saludos!
