Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi no recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 6:

El viento resoplaba a través de las finas puertas corredizas de la habitación -probablemente estaríamos muriendo de hipotermia allí afuera.- insinuó la joven miko observando desde adentro. Bankotsu simplemente hizo un gesto de desaprobación, le dio otro bocado a su estofado y dejó a un lado la diminuta cazuela.

- Gracias por permitirnos pasar la noche aquí, es muy amable de tu parte.- Gratificó una vez más ella. La propietaria hizo un gesto de negación con la cabeza.

- Por favor, no me lo agradezcas! Sería un acto inhumano el dejarlos a la intemperie, sobre todo con este frío.- Bankotsu soltó una carcajada reprimida y la muchacha se volvió directamente hacia él. – Y que hay de ti, no hablas mucho, no es así?-

- Con que.. un acto inhumano eh?- Inmutó cruzándose de brazos. – Que es lo que puedes saber acerca de actos inhumanos mujer?-

- Por supuesto que el hecho de albergar a un condenado sería considerado algo poco moralista. Pero tampoco es que me hayas hablado acerca de ti, no es así?-... – Y por cierto.. mi nombre es Ritsuka.-

- Como es que…-

- Las marcas en tu rostro, tu arma e incluso aquella frívola mirada hablan por si mismos muchacho.- Ella no descartó ni un solo detalle, bastante minuciosa y especulativamente.

– Entonces… cual es el destino que tienen en mente forasteros?- Bankotsu trató de advertirle a Kagome antes de que dijese la respuesta pero ella ya había manifestado, "Kasugai, es el lugar a donde vamos." Al mencionar aquello sus problemáticas dieron un giro inesperado y las facciones de Ritsuka se endurecieron. Hubo silencio, durante una larga fracción de tiempo.

- Pero… por qué no me sorprende que se dirijan hacia el poblado más peligroso de toda la región?- Acotó en un ademán por ironizar su frase. – Ignoro el motivo por el que decidan ir hacia allí pero… por favor Kagome, ten mucho cuidado.- El mercenario se puso de pie de manera brusca y desapareció de la sala. El tratar de advertirle algo a aquella despistada muchacha era como hacer el esfuerzo por hacerle ocultar la verdad a un niño de cinco años. Ritsuka se volvió hacia ella, - Acaso dije algo malo?-

El viento desvirtuaba su rumbo y bajaba la intensidad, pero a pesar de aquello, el frío inundaba el paisaje nocturno. Mientras que mantenía el brazo extendido arrancando los hierbajos de la tierra, la otra mitad de su cuerpo descansaba sobre el piso de madera, eso solía tranquilizarlo más de lo habitual, pero aun así su mente no podía permanecer inactiva. Todo a su alrededor parecía estar desmoronándose cada vez que ella se acercaba, interfería en sus planes y acababa arruinándolo todo. Incluso llego a pensar que lo estaría haciendo a propósito.
Sacudió un par de mechones de su alborotado cabello y se echó hacia atrás para dejar que el viento azotara su rostro.

- Oye, estuve buscándote por todas partes. Te encuentras bien?- Allí estaba ella una vez más, con el rostro intranquilo y la sonrisa demarcada de oreja a oreja. Se acomodó a un lado y atrajo las mangas de su uniforme para sí misma, tiritando de frío.

- Por qué estas contándole a cualquier persona hacia donde nos dirigimos? No eres muy brillante, no es así?- Resopló entre dientes con la rabia reprimida.

- Eso es porque el comentario que ha hecho acerca de Kasugai? Qué es lo que hay ahí de comprometido?-

- Ya deja de ser tan molesta.-

- Tranquilo, solo quería ayudar. Por qué siempre que trato de contribuir simplemente me apartas?-

– Solo espero que este maldito proceso se acabe rápido. Lo único que quiero es regresar a mi antigua vida.- Las palabras cayeron como un balde de agua helada.

- De que estas… hablando?- Quiso saber ella, tratando de garantizar el fallo de sus sentidos. Bankotsu la observó con desprecio. Sus facciones se ablandaron y su mirada se volvió igual de arrogante que la primera vez en que lo había visto. – Ya baja de las nubes miko.-

La sacerdotisa exhaló profundo y se giró sobre sus talones para desaparecer del corredor. Ritsuka aguardó unos momentos más y salió de detrás de las puertas corredizas. Carecía del don inmutable de la paciencia, y aquel era un lujo que no había que desaprovechar en momentos como ese.

- No te han dicho que es de mala educación oír charlas ajenas?-

Ella suspiró.

- Hace unos momentos me habló acerca de su viaje…-

- No me extrañaría si llegase a relatarte acerca de su niñez.-

- De hecho se veía muy entusiasmada, realmente está poniendo toda su fuerza en ti.- En claro estaba que Bankotsu no tenía interés alguno en ella, pero debido a aquellos vocablos, no pudo evitar sorprenderse. – Qué es lo que te toca a ti entonces?- Agregó con algo de contrariedad.

- Eso no es algo que te interese.-


- La leña debe serles de ayuda para cuando sobrepasen las montañas, hasta entonces traten de no agotarla.- Ritsuka le entregó a Bankotsu la gran cantidad de troncos cortados y se volvió hacia él. – Las montañas pueden ser un lugar de lo más solitario y afable al mismo tiempo. Deben mantenerse tan unificados como les sea posible.-

- De verdad te lo agradecemos Ritsuka, si que nos has plagado de obsequios!- … - Cuídate mucho.- Kagome le otorgó un cálido abrazo y los ojos de la otra muchacha se clavaron en los de Bankotsu.

- Mucha suerte.-

Luego de medio día de viaje y de alejarse lo suficiente del camino decidieron acampar en un claro cercano al bosque. Antes de caer el sol se dividieron para recoger algo de comida y más leña para el fuego, de lo contrario no recolectarían la suficiente para cuando llegasen a las montañas. Ninguno de ellos dos cruzó palabra hasta entonces, ni una disputa, ni una queja, incluso trataban de evitar miradas innecesarias.

- Creo que con estas serán suficientes.- Kagome dejó caer al menos unas diez setas en el suelo. Bankotsu incrustó tres partes de pescado en varillas similares y las dejó a un lado, se acercó hacia ella y aplastó una gran cantidad de setas con la planta del pie.

- Qué estás haciendo? Tienes una idea de lo laborioso que fue recolectarlas?-

- Estas son venenosas, de ser ingeridas habrías muerto pasados los tres minutos.- Prosiguió sin despegar los ojos del pescado, colocando las varillas en vertical, cercanas a la fogata. – Pero ya que tardaste tanto en recolectarlas, adelante. Eres libre de probar las que se te antojen.- Ella apretó los dientes.

- Solo quería ayudar.-

- Puedes sentarte aquí y observar como termina de cocinarse la cena.-

La pésima convivencia destacaba por sobre todas las cosas, y el empeño de parte de Bankotsu era completamente nulo. Aquellos comentarios solo hacían rabiarle la sangre a su compañera, por más realistas que fueran. Tratando de demostrar algo más de madurez y seriedad, Kagome hizo caso a sus palabras y se asentó sobre la hierba abrazándose las piernas. En que maraña de problemas se había metido? Estaba hambrienta, exhausta y hacía varios días que no se daba un baño. Jamás creyó extrañar tanto su hogar. Pero el actuar de una manera tan negativa no era su costumbre, no estaría siendo justa con ella misma. Sin importar como ella se había comprometido en ayudar a su desquiciado compañero.

- Vaya, está delicioso! Creo que un día de estos deberás demostrarle tus habilidades a mi familia.- Exclamó dándole un bocado al pescado más cercano. Bankotsu arqueó una ceja algo extrañado.

- Ahora soy agradable? Que sucedió hace cinco minutos?-

- No servirá de nada el continuar peleando. Solo estoy tratando de dar todo de mí.- Confirmó sonriente. Fue entonces cuando el corazón le dio un estrujón hacia adentro y recordó las palabras que Ritsuka le había mencionado: "realmente está poniendo toda su fuerza en ti"

- Acaso ese maestro tuyo te enseño el arte de la cocina?- Oírla de nuevo lo devolvió al presente y no precisamente con vocablos que quisiese ecuchar.

- No digas tonterías. Trágate eso y duerme, mañana partiremos.-


La marcha era silenciosa, los sonidos silvestres predominaban en el ambiente. De vez en cuando podía oírse el goteo de la lluvia sobre las hojas de los cipreses, violentamente azotados contra el viento. Malhumorados a causa del temporal, Bankotsu y Kagome avanzaban a tientas en las resbaladizas profundidades del bosque. Ritsuka les había detallado minuciosamente el trayecto que deberían efectuar desde allí hasta las montañas, el resto sería un camino manejable. Sin embargo, la parte más acomplejada estaba al principio. Requerirían de varios elementos para subsistir y mantener la guardia arriba por sobre todas las cosas. El camino se hacía cada vez más sinuoso y desconocido, a decir verdad, sino fuese por la ayuda de esa muchacha, se habrían extraviado en un santiamén.

- Ya has pescado un resfrío, detengámonos en alguna parte para que no empeores.- Aquello le pareció a Bankotsu algo como una puesta a prueba.

- Me estás llamando debilucho?- Le respondió de mala gana sin dejar de tiritar.

- Desiste ya, esto no es un juego.-

- Silencio miko, yo se lo que hago.-

El muchacho logró agitarse en varias ocasiones, posiblemente a causa de su resfrío, pero eso no lo detuvo. La llovizna se hacía cada vez más efusiva y la brisa los helaba. Bankotsu mantuvo la vista adelante y la carne de gallina, y su orgullo lo llevó aún más allá. No fue demasiada la caminata hasta que lograse desplomarse en el suelo a causa de la cefalea.

Kagome corrió en su auxilio con la frase del "te lo dije" en la cabeza. Pasó uno de sus brazos por su hombro derecho y sostuvo con su mano la cadera de su compañero, mientras que con el otro brazo cargaba las provisiones que Ritsuka les había dado. Desesperada corrió en busca de un refugio y luego de varios minutos de indecisión reconoció una pequeña cueva a una acortada distancia. Recostó el cuerpo de su compañero con cuidado y colocó la palma de su mano en la frente del enfermo.

- Maldición, estás hirviendo.- Le dijo mientras que revolvía entre las cosas que tenía en su mochila. Le hacían falta hierbas de las más importantes. Siempre asumía olvidarse de algo. Siempre la intuición le fallaba. Cogió un pequeño frasco de vidrio y extrajo de él unas diminutas píldoras blancas, se las colocó en los labios e hizo un gesto con los dedos en ademán de que se las tragara.

- Qué es eso?- Inmutó él con las pocas energías que tenía.

- No las saborees, solo trágatelas. Te aliviarán un poco.- Se veía seria y concentrada en aquel medicamento, a decir verdad esta era una de las pocas veces en las que Bankotsu tenía la oportunidad de verla así.

- Resiste un poco más, iré por hierbas medicinales. Trata de mantenerte consciente!-

- Aguarda, no salgas, es m- La frase concluyó de manera tajante. Entonces todo se volvió oscuro.

Varias imágenes comenzaron a proyectarse en su mente, las palabras de Jakotsu pidiendo ayuda eran oídas a lo lejos, la destrucción de Renkotsu y la masacre del monte de las ánimas volvía a presentarse. El rostro de Naraku otorgándole los fragmentos para rearmar su vida y al mismo tiempo sustrayéndolos para acabar con su trabajo. El rescate a tiempo de Inuyasha, la traición musitando sus palabras, la sangre corriendo por sus venas una vez más y el dolor punzante de la pérdida. Los gritos, el desgarro y la ingratitud apostados en un mismo y caótico recuerdo. De pronto, todo se desvaneció y eficazmente se rearmó el paisaje delante de sus ojos despertándolo de aquella tormentosa evocación vivida.

El rostro de su bella acompañante se encontraba delante de él, por supuesto ella siempre estaba allí luego de un mal rato. Tenía la cara cansada y los ojos enrojecidos pero su belleza permanecía intacta.

- Demonios, me he llevado un susto muy grande. No vuelvas a dormirte así.-

Bankotsu arqueó una ceja. Su piel no pudo evitar erizarse a causa del contacto recibido entre los finos dedos de la muchacha y su rostro. De donde había sacado tanta percepción de repente? Seguramente era a causa de la cefalea y estaría viendo pajarillos de colores dentro de instantes. Sí, tenía que ser eso.

- Lo siento, creo que suelo maldecir más tiempo cuando estás a mi lado.- Se disculpó con una pequeña sonrisa. Al parecer el enojo se había disipado de su humor.

Kagome conservó el frasco de vidrio y le entregó un poco de medicina dentro de él. Lo obligó a que se bebiera hasta la última gota y volvió a recostarle la cabeza sobre una de sus mantas. La tensión disminuyó luego de un par de horas, cuando su acompañante dejó de sentir el calor intenso a causa de la fiebre y las medicinas comenzaron a surtir efecto. A pesar de lidiar constantemente con los ataques de fiebre de su hermano menor se había llevado un buen susto. Tal vez porque se trataba de un remedio bastante casero e inadecuado, pero eficaz.

La noche se despidió dándole paso a la mañana, cuando pudo despegar finalmente los párpados se encontró con la grata sorpresa de tener a Kagome sentada a un lado suyo completamente dormida, aún con los ojos algo humedecidos y la respiración tranquila. El verla en aquellas circunstancias y no difundir serenidad hacia el interior de su ser sería un acto completamente inhumano, casi tanto como cometer aquellas atrocidades a las que le dedicó mucho tiempo.

- Tsk, en que demonios estoy pensando? Se ve tan débil y estúpida.- Se reiteró para sí con un golpe mental. Bankotsu rodó los ojos con desdén y pudo recordar con perfecta claridad todos los pensamientos que tuvo cuando estuvo afiebrado. Sus pómulos enrojecieron por completo y sus ojos se posaron una vez más en su compañera. Se aproximó hacia ella hasta quedar a unos pocos centímetros de distancia y acarició aquellas suaves y tersas mejillas que se encontraban siempre llamativas para su atención. La necesidad de aquello ni siquiera se comparaba con el simple hecho de analizar la ridiculez del asunto, sin mencionar que cuando ella despertase se llevaría un susto gigantesco. Con la yema de sus dedos delineó cuidadosamente los labios de la muchacha y continuó aproximándose para cerrar aquella barrera que los aislaba, teniendo su aliento prácticamente al asecho. Quien podría imaginarlo? Alguien como él, viéndose completamente rendido ante la necesidad de llevar a cabo una tortura como esa, pidiendo permiso para acercarse a una mujer, cuando toda su vida lo había echo de manera brusca y sin presentarles otra opción: a su modo. No, de ninguna manera, Jakotsu al menos no lo hubiese permitido. Siempre había dicho que las mujeres solo ocasionaban problemas. Tomó una bocanada de aire y bajó la cabeza, se sintió derrotado.

- En que demonios estoy pensando?-


Uff, que les pareció? Se me hizo muy emocionante escribirlo haha, espero que lo hayan disfrutado y muchas gracias a la lectora nueva que se añadió la semana pasada! Como siempre, espero poder actualizar con el siguiente en una semana.. nos vemos!