Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 7:

El mediodía había recaído en las montañas. El cielo despejado esclarecía el camino y el sol embadurnaba todo con sus cálidos rayos. Bankotsu se volvió hacia su acompañante. El encanto del día se reflejaba en aquellos lapsos, cuando la brisa embadurnaba los cabellos de la joven miko y los retorcía de una manera arrulladora. Ella se volvió inmediatamente y le otorgó una sonrisa a la que solo pudo responder con una mueca de desagrado forzosa.

- No es divertido?- Inmutó sin dejar de dar grandes zancadas al caminar, casi con felicidad.
- El que?-
- El viaje, ya sabes. A pesar de tener peleas constantes es agradable pasar el rato juntos, no?-

El no respondió, se limitó a observarla algo pasmado. Se veía como un infante con la emoción del primer paseo. La sonrisa de oreja a oreja, los pómulos marcados y los ojos bien abiertos. Era simplemente adorable.

Kagome inhaló aire una vez más con energía. Aquellas eran montañas medias por lo tanto la cantidad de oxigeno en el aire no influiría demasiado en sus planes, sin embargo, había que estar preparados para un cambio de meteorología tan brusco como los que se presentaban allí.

- Después de todo el caminar por aquí no fue tan tortuoso como nos lo dijo Ritsuka, no es así?- Agregó. – Nada como el aire puro de las montañas.-

Bankotsu le devolvió un gruñido. Se sentía terrible, las náuseas comenzaron a presentarse a medida que ascendían y su vanidad no le permitía bajo ningún motivo detenerse. De ser necesario vomitaría a mitad de andar, pero mientras tanto mantendría la boca cerrada.

Por unos instantes perdió de vista a la muchacha y se sintió algo más aliviado. A su parecer, Banryuu se hacía cada vez más pesada y la irritante voz de Kagome lo estaba volviendo loco desde que salieron. Por ahora lo único que podía hacer era hallar un buen lugar en donde pasar el resto del día antes de que cayera la noche.

- Que te parece este lugar? Creo que es perfecto! – Vociferó ella acercándose, aplastando sus ilusiones. Pareciendo haber leído su mente.

La caverna era bastante aceptable, no parecía albergar mucha humedad y tenía suficiente espacio para ambos. No podía quejarse, de hecho había sido un buen hallazgo por parte de su compañera. Aun así solo se limitó a encogerse de hombros con un "no está mal" algo grosero. Depositaron todas sus cosas allí y esta vez Kagome se dedicó a la cena. Un par de recipientes de sopa instantánea y una tetera hirviendo agua en una hornalla portátil, las cuales habían sobrevivido de pura suerte. El joven mercenario degustaba aquello con deleite, sin embargo las secuelas de las nauseas aún se manifestaban en su interior.

- Te sientes bien? Tu rostro no tiene buen aspecto.- Lo interrogó volviéndose a observar la palidez en su semblante.

- Estás llamándome deslucido o feo?-

Ella intervino rápidamente.

-No, por supuesto que no! Es solo que..-

- Porque yo no hago comentarios acerca de tu repulsivo rostro.-

Ella guardó silencio. De ser posible, deseó dormirse de inmediato.

El ambiente no estuvo a favor, a la mañana siguiente sufrieron las consecuencias de los cambios de precipitaciones que se producían en las montañas y una tormenta perpetua los envolvió durante dos largos días. La convivencia tampoco parecía salir a flote y las cosas evolucionaban tal y como era de esperarse, imponiendo al mal tiempo mala cara. El tercer día llegó acarreando la mejoría del clima, hasta entonces ninguno de los dos inmutó un vocablo.

Resueltos a realizar su última estadía allí, Kagome y Bankotsu descendieron a la parte baja de las montañas por la mañana para recoger víveres y algunas especias. Luego marcharían hacia el otro lado de los macizos.

- Rápido, rápido Kagome, Bankotsu no esperará por ti.- se dijo la muchacha apresurando la marcha hacia el río más próximo.

Tenía que admitirlo, las actitudes de Bankotsu como acompañante eran desastrosas. Casi siempre se daba el gusto de sobrarla o avergonzarla, era verdaderamente la representación de la insolencia y la inmadurez, posiblemente debido a aquellas crianzas realizadas en el pasado. -Me encantaría conocer a aquel maestro suyo y recriminarle todas las malas enseñanzas- Pensó para sí misma.

Conseguir agua era fundamental para lo que quedaba de la caminata. Mientras que él se encargase de la comida el resto solo dependía de ella. Provista con un par de vasos térmicos enfundados, la muchacha descendió con rapidez y entusiasmo, en varias ocasiones, maldiciendo a su compañero, quien permanecía indiferente de todo esfuerzo que ella estaba haciendo.

El río fluía a tan solo unos pasos de distancia, aquellas eran épocas de crecidas y tendría que tener sumo cuidado. Cargó el primer vaso atentamente, el agua estaba helada a su tacto. Entonces todo fue muy fugaz, una fuerza desconocida la empujó hacia las profundidades del caudal, difícilmente llegó a voltearse para ver el rostro de su agresor. La corriente fluía con una violencia impresionante por lo que sus clases de natación se vieron inútiles en aquella situación. El agua se adentró en el acceso a su garganta con brutalidad y sintió que ya no podría hacer nada más.

- Hey, ya es hora de irnos. No hagas que me ponga fastidioso.- Vociferó Bankotsu a distancia buscando a su compañera. Tenía ambos brazos cargados con especias y alimentos para el resto de los días.

Esta vez a sus náuseas, se le sumó un dolor en el pecho probablemente provocado por su falta de tacto en situaciones problemáticas como la última. Las peleas más frecuentadas por ellos siempre eran a causa de él.

- Es solo para que se mantenga al régimen y le quede claro que ninguno de nosotros vino para hacer amigos.- Aunque creyó encontrar una buena justificación a sus actos, el solo hecho de pensarlo le pareció una excusa de lo más patética. – Mientras la mantenga alejada ella no interferirá en mi vida.-

Luego de la tercera llamada aceleró su búsqueda algo más despierto y al llegar a las orillas del río reparó en uno de los vasos térmicos volcados en el suelo. Se giró sobre sus talones y buscó a la muchacha por todas partes. Detrás de las rocas una persona permanecía oculta, pero antes de ir tras ésta desfiló en dirección a la corriente y pudo localizarla.

- Kagome! Kagome!- Vociferó desesperadamente, deshaciéndose de la parte superior de su traje y de las cosas que tenía debajo de los brazos.

Su cuerpo permanecía inconsciente a flote, siendo arrastrado por el cauce torrencial. Sin pensarlo dos veces se arrojó hacia la corriente y braceó con todas sus fuerzas. El miedo le hervía la sangre y la alteración estuvo a punto de consumirlo. Como habría llegado hasta allí? A pesar de parecer una incapaz ella no sería tan torpe como para caerse por sí sola. De seguro estaba relacionado con la persona oculta detrás de las rocas. Sacudió la cabeza. No era tiempo de pensar en ello ahora. Se encontraba cada vez más próximo a ella. En una fracción de segundo la jaló del brazo y la sujetó de la cintura. Nadó hacia el exterior, a contracorriente y luego de unos minutos consiguió salir.

Apartó a Kagome hacia un lado y le proporcionó varias sacudidas. Nada, ella ni siquiera se inmutaba a responder. Trató de mantener la calma y recordar las enseñas llamadas "primeros auxilios" de los que le había platicado. Colocó ambas palmas sobre el pecho de su compañera y presionó repetidas veces durante unos minutos. Luego de reconsiderarlo varias veces atrapó la parte inferior de sus labios y la cúspide de su nariz. -Qué mas da chico, son solo los primeros auxilios- se repitió para sus adentros y colocó sus labios junto a los de ella para entregarle aire.


La caverna estaba oscura, fría y húmeda. Miró a su alrededor despavorida, estaba sola. Los labios le temblaban y aún habían quedado algunas secuelas de lo ocurrido en su mente. Bankotsu vociferando mientras que iba por ella, el agua que se adentraba en sus pulmones fugazmente, el miedo, la desesperación. Sintió frío, aún tenía las ropas húmedas a excepción de las medias y los zapatos. Probablemente él no se había atrevido a quitarle el resto de las prendas, a cambio había armado una fogata a su lado. Una nueva secuela había aparecido, el muchacho colocando ambas manos sobre su pecho y luego sus labios sobre los suyos. Al recordar aquello no pudo evitar avergonzarse –solo fueron primeros auxilios, calma.- se dijo a sí misma, riendo a causa de lo absurdo que sonaban sus pensamientos.

-Demonios, jamás creí que despertarías. Me estaba preocupando.- espetó Bankotsu irrumpiendo en la caverna. Tenía el torso al descubierto, consigo traía una multitud de alimentos y hierbas medicinales. Kagome se reincorporó en el suelo pasmada de haber oído esas palabras provenir del interior de Bankotsu, incluso llegó a pensar en que tal vez se encontraría enfermo.

- Por qué no tienes…-

- Aún no te has cambiado? Acaso quieres enfermarte y darme el doble de trabajo?- La interrumpió a regañadientes reparando la vista en la camisa que se encontraba a un lado de la muchacha.

- S-sí, lo siento, muchas gracias, enseguida me cambio.- Se limitó a responderle algo atónita.

Recogió la camisa del suelo con rapidez, estaba algo sucia y ennegrecida pero bastante decente. El muchacho se dio media vuelta y caminó hacia el exterior de la cueva para darle el espacio necesario a su acompañante. Kagome se deshizo rápidamente de su uniforme del instituto y se vistió con la prenda prestada. El ancho era un par de talles más grande y el largo a duras penas llegaba a cubrirla, nada mal para un inconveniente de último momento.

Llamó al mercenario en un ademán de decir que había acabado y colocó sus ropas húmedas a un lado de la fogata. Se sentó junto a la hoguera y observó como él hacía lo mismo. Tenía una expresión destemplada en el rostro y las mejillas y la nariz enrojecidas a causa del frío, entonces algo en su interior la hizo sentirse culpable.

- Dime, no caíste sola a agua, no es así?- Ejecutó algo pensativo. Ella negó con la cabeza.

- Había alguien allí, no pude descifrar de quien se trataba pero… efectivamente alguien me aventó.-

Hubo unos momentos de silencio. Bankotsu tomó una bocanada de aire, suspiró y se rascó la cabeza tratando de no pensar en ello.

- Lo importante es que ya sobrepasaste ese momento aterrador así que no hay de que preocuparse por ahora.- Ella enmudeció. Bien, nada de aquello era normal en él, en donde demonios estaba el verdadero Bankotsu?

- Es gracioso, más allá de encontrarme casi inconsciente podía oír como me llamabas.- Una sonrisa inundó el rostro de la miko. Él la observó con desentendimiento. – Gritabas "Kagome, Kagome" parecías estar preocupado.-

- Por supuesto que lo estaba! Estuviste a punto de desaparecer de…- sus palabras se silenciaron y su rostro se embadurnó de un sonrojo leve. Ella soltó una carcajada reprimida.

- Es la primera vez que me llamas por mi nombre.-
- Lo dices como si se tratara de un gran logro.- respondió fanfarroneando.

De un instante a otro clavó su vista en ella. – Vaya, verdaderamente eres la rencarnación de aquella mujer llamada Kikyo.- le dijo pensando en voz alta, como si fuera un verdadero hallazgo.

Kagome bajó la vista. Aquello cambió las facciones de su semblante. Al percatarse, Bankotsu se mordió el labio inferior algo incómodo. Tal vez no era el mejor momento para hacer ese tipo de comentarios. Pero entonces la miko se volvió con total naturalidad.

- Eso es muy cierto, la verdad es que siento lástima por Inuyasha siempre que pienso en ella. La amaba descomunalmente.-

El mercenario la observó inerte, en sus palabras no parecía haber un solo rastro de sentimientos no correspondidos dolorosos. Claro que él no era un buen detallista, pero aquella muchacha era bastante demostrativa con sus emociones. Por qué lo estaba ocultando? Parecía estar realmente convencida de no tener sentimientos hacia aquel hanyou.

- Ese hanyou es un idiota, hacer lo imposible solo para reunirse con alguien que ya no está en este mundo. El solo hecho de escucharlo suena estúpido.- Se cruzó de piernas y proporcionó una actitud solemne para quedar conforme. Su compañera rió durante unos instantes y el arqueó una ceja.

- Eso es porque nunca has estado enamorado. Anda! Enamórate de alguien y observemos los resultados.- Le dijo dándole un empujoncito en el brazo con sus nudillos.

Bankotsu se quedó aturdido, prácticamente desconcertado, con los ojos abiertos. Sintió como su cabeza se alborotaba y comenzaba a dolerle. Aquella había sido la gota que rebalsó el vaso. Fue entonces cuando todos sus intentos por evitarla y alejarse de ella se vieron vencidos. Jamás podría volver a contener aquello que llevaba dentro. Un agudo dolor en el pecho penetró cada vez más en su interior, como si aquel golpecillo de nudillos dejase de ser una simple broma y se convirtiera en una estaca punzante. Se sintió rendido ante tanta simpleza e inocencia. Kagome lo observó desconcertada y sacudió su brazo levemente.

- Te encuentras bien?- Lo interrogó algo impacientada.

Sus labios se curvaron levemente, colocó el dedo índice en la cúspide de la nariz de la joven y reprimió una carcajada. "Idiota, si lo haces jamás te lo perdonará" pero su conciencia tuvo un voto insignificante. En una fracción de segundo colocó ambas manos alrededor del rostro de Kagome y acarició sus mejillas. Tenía la piel más suave que había acariciado jamás. Sin darle tiempo a responder depositó un beso en sus gélidos labios. El corazón de la miko se paralizó en ese intervalo.


Hola! Que les pareció el capitulo eh? Ahora que todas estaban deseando que llegara el tan esperado beso. Ahora que tengo una semana más de vacaciones voy a tener más tiempo de escribir los capítulos. Espero lo hayan disfrutado y la mejor bienvenida a la nueva lectora que se agregó! Saludos.
Cam