Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 8:
Kagome lo observó desconcertada y sacudió su brazo.
- Te encuentras bien?- Lo interrogó algo impacientada.
Sus labios se curvaron levemente, colocó el dedo índice en la cúspide de la nariz de la joven y reprimió una carcajada. "Idiota, si lo haces jamás te lo perdonará" pero su conciencia tuvo un voto insignificante. En una fracción de segundo colocó ambas manos alrededor de su rostro y acarició sus mejillas. Tenía la piel más suave que había acariciado jamás. Sin darle tiempo a responder depositó un beso en sus gélidos labios. El corazón de la miko se paralizó en ese intervalo.
Bankotsu despegó unos milímetros sus labios de los de ella y sonrió socarronamente. Fue solo cuestión de tiempo para que se desplomara en el aire y cayera sobre su compañera.
Con el corazón agitado y las pulsaciones fuera de lugar Kagome se volvió hacia él y plantó una mano sobre su frente. Tenía las mejillas enrojecidas y el rostro hirviendo de fiebre. Probablemente a causa de salir al exterior sin su camisa. La muchacha exhaló aborrecida y lo asistió de inmediato.
- Eres un genio cuando se trata de salir de situaciones incómodas.- Le replicó a su compañero mientras yacía inconsciente en el suelo.
Aquello había sido solo una pequeña etapa de las consecuencias, el resto de la noche fue un tormento. De vez en cuando la miko debía remojar paños con agua helada sobre su frente para disminuir la temperatura de la fiebre. Si llegaba a concebir el sueño, despertarlo para que dejase de estremecerse entre palabras sin sentido y volver a colocar compresas.
El amanecer cayó inesperadamente, cuando el fastidioso chirrido de las aves la despertó de su única hora de sueño.
- Silencio detestables pájaros, quiero descansar!- Se quejó en voz alta rascándose la cabeza.
- Alguien se despertó con un humor agradable.-
Las quejas de su acompañante lo despertaron en un santiamén. El mercenario se restregó los ojos y se estudió atentamente. Tenía el rostro a una temperatura bastante lúcida y la camisa puesta. Kagome vestía con su uniforme habitual.
- Así es, no creo haber sido yo la que armó una escena no agradable y cayó hirviendo de fiebre sobre su compañero.- Le recriminó de mala manera. Su interlocutor se rascó la cabeza.
- Eso fue lo que paso? Vaya, lo último que recuerdo fue que estábamos hablando de aquella mujer, Kikyo.- Ella guardó silencio durante unos instantes.
- Por supuesto, ahora me dices que no puedes acordarte de nada.- Ironizó.
- Hay algo más que deba recordar?-
Kagome se sonrojó avergonzada y negó con la cabeza. Bankotsu no parecía estar fingiendo. Habría hecho eso inconscientemente? Sacudió la cabeza para disipar aquel recuerdo de su mente. Lo mejor que podía hacer era acallar como si nada hubiese sucedido, y si él no hacía memoria entonces no habría problema.
El mercenario reposó una mano sobre su hombro y realizó varios estiramientos antes de ponerse de pie.
- El que no hayas descansado me tiene sin cuidado. Lamento informarte que continuaremos con el viaje.- En efecto, seguía siendo el mismo de siempre, altanero e impulsivo. La muchacha suspiró aliviada, el tener que cargar con ese tipo de problemas internos sería muy tortuoso.
Levantaron campamento y en unos minutos estuvieron otra vez dentro de la marcha. En varias ocasiones hicieron pequeños intervalos para cargar agua o recoger alimentos, o simplemente ir al baño. El silencio era sepulcral, en varias ocasiones Bankotsu se volvía hacia ella para asegurarse de que continuase caminando detrás de él. Al cruzar miradas Kagome giraba la cabeza como un acto reflejo y dirigía su vista hacia el cielo o el paisaje a su alrededor. A pesar de que él no logre recordarlo le era difícil permanecer con el mismo trato, no porque no llegase a creerle, sino porque le resultaba una situación incómoda.
Las gigantescas masas de roca embellecían el paisaje a su alrededor con su diversidad de tonalidad y colores. Alguna que otra vivienda hecha de adobe reaparecía en ocasiones. La resonancia del eco a causa de los sonidos silvestres, como el murmullo de los árboles, era lo único que podía oírse. El silencio de las montañas era macabro. A medida que el par avanzaba las nubes se disipaban y el paisaje se esclarecía, la vegetación se modificaba y el ganado asomaba pastando. También lograban vislumbrarse pequeños santuarios con sus cruces alzadas en la cúspide de los mismos y envolviéndolas, un racimo de flores. Las creencias eran una de las pocas cosas que habían perdurado con los años.
Kagome observaba todo minuciosamente, de haberse encontrado en su época seguramente estaría de pie frente a una extensa ruta, alguna que otra fábrica de revestimientos y adoquines, y múltiples señales de tránsito. Sí, todo aquello era un paisaje virgen para sus ojos. Todo le traía una añorada nostalgia.
El transcurso del día fue plenamente dedicado a la caminata, luego de tantos intervalos no podían darse el gusto de realizar más escalas, por lo menos no hasta llegar al próximo poblado, que por cierto, se encontraba a varios kilómetros de distancia.
- Sucede algo? Estas muy silenciosa.- Quiso saber Bankotsu rompiendo con el silencio al que tanto se habían acostumbrado.
- Tiene algo de malo?- Espetó tajantemente.
El la miró de soslayo y negó con la cabeza. Aquellas fueron todas las palabras que se cruzaron entre ellos dos.
Al ponerse el sol optaron por hacer una parada y acampar una vez que hubieron descendido por completo de las montañas. La noche parecía acarrear más frío y soledad de lo normal. Kagome tiritaba de pies a cabeza delante de la fogata y aun así a penas se inmutó a quejarse. Su compañero clavó los ojos en ella y palpó la mano con la suya, estaba amoratada a causa del frío.
- Estás helada.- le dijo casi en un regaño
La pelinegra se apartó al instante.
- No te preocupes, fue solo una ventisca.-
- No fue preocupación, simplemente un comentario.-
Ella asintió con la cabeza en un ademán de no darle importancia.
- Estás ignorándome constantemente por alguna razón en especial?- Agregó su interlocutor algo disgustado, sin dejar de verla a los ojos.
- No lo hago, es solo que estaba un poco pensativa.- Contestó. – Como sea, no le des importancia.- Se giró dándole la espalda y se acostó en el árido suelo para poder conciliar el sueño.
- Vamos, ten más disimulo.- Se decía a sí misma. No quería en lo absoluto auto delatarse, por lo tanto trataba de ser lo más espontánea y natural posible. Pero era absurdo, como ver a los ojos sin sentirse avergonzada a una persona que la había besado tan repentinamente? Tal vez aquellos eran simples pensamientos de su mente inocente. Tal vez lo hizo por hacer, sin sentir necesariamente algo hacia ella. Después de todo se trataba de Bankotsu, un mercenario que veía a las mujeres como un trofeo, alguien incapaz de pedir permiso para realizar una acción como aquella. O tal vez solo haya sido un malentendido y lo haya hecho con la menor intención, inconscientemente. Sí, de eso se trataba. Incluso se refería a sus facciones como "un repulsivo rostro". - Cualquier inepto podría descubrir cuando hay atracción y cuando no. Y este no es el caso.- Esa reflexión había quedado estancada en su mente.
El sol reapareció encaminando a la mañana, despilfarró las tinieblas de la noche y atrajo el canto de los pájaros anunciando un nuevo día. Kagome se desperezó estirando los brazos, enderezó la espalda y se restregó los ojos adaptándose a la luz matutina. Bankotsu aún permanecía dormido.
- Bankotsu…- Lo llamó con voluntad.
La muchacha se acercó con cautela, pellizcó su brazo y lo sacudió ligeramente. El mercenario abrió los ojos, jaló de la camisa de su compañera y la asió contra el suelo quedando arriba de ella con un brazo asegurado en su cuello. Ella lo observó petrificada.
- Por esto es que siempre te despiertas antes?
- Como podía saber que eras tú? Agradece que no tenía a Banryuu en mis manos.- Le dijo poniéndose de pie con la voz adormecida.
- Lo tomaré como una disculpa. Que tal si nos vamos ya?- Su voz sonaba enérgica y concisa.
Bankotsu la observó con el ceño fruncido. Sonaba igual de recia y habladora que siempre. A que estaba jugando entonces? Iba a fingir que nada había ocurrido luego de estar un día entero sin emitir un vocablo? Tal vez aquella no fue la reacción que esperó obtener de ella desde un principio.
Sacudió sus ropas, montó a Banryuu sobre su hombro y caminó detrás de su compañera.
- Mujeres.- Resopló a regañadientes.
Los prados rellenos de flores y arboledas aparecían dejando atrás el panorama montañoso. El mercenario inhaló el aire distintivo que únicamente gozaban las llanuras, se sentía muchísimo mejor que en los altiplanos. Estar a una altura tan elevada no le sentaba para nada bien. El solo hecho de pensar en el regreso lo hacía estremecerse.
- A cuanto estamos de la aldea más cercana?- preguntó la miko dando grandes zancadas, volviéndose hacia él.
- A unas cuantas horas, probablemente lleguemos al atardecer.-
- Genial, entonces prepararé una deliciosa cena! Es una lástima no tener la presencia del monje Miroku, pero supongo que tendré que utilizar mis encantos.- Le respondió sin desalentarse.
Bankotsu ladeó la cabeza.
- Encantos?- Ella lo observó cruzada de brazos con el rostro crispado de rabia.
- Lo siento, había olvidado que mi "horroroso rostro" estaba entrometido. Por qué no haces el intento? Seguramente nos conseguirás un techo en donde pasar la noche con ese aspecto de asesino en serie.- Espetó amargada.
Tal y como lo habían calculado, el siguiente y último pueblo antes de Kiyoshi se vislumbró al alzarse el atardecer. Kagome yacía atónita. Estaba desacordemente habitado y alrededor de las viviendas se alzaban múltiples comercios abandonados. Parecía más bien una especie de metrópolis desertada. Los aldeanos entraban y salían montados a caballo con alguna que otra carga, un par de mujeres de avanzada edad hacían las últimas compras del día. A pesar de encontrarse algo deshabitado, la guerra civil no parecía haberlos afectado. Las viviendas parecían estar abandonadas por cuenta propia y no por destrucción o derrumbes provocados por monstruos. Bankotsu hizo su primera jugada.
- Iré a desperdigar mis encantos. Puedes agradecérmelo más tarde.- Expresó de manera espontánea alejándose de ella. Antes de que pudiese volverse a responderle el mercenario se había mezclado con la multitud.
- Vaya ayuda!- Vociferó al viento.
Kagome avanzó a tientas entre el gentío tratando de hallar algún que otro alimento esencial para la cena En aquella aldea no parecía haber un punto intermedio, había infinidad de jóvenes y ancianos, pero ni una sola familia. Luego de interrogar a una de las pocas mujeres que habían quedado rondando por las calles de la aldea reparó en un negocio caracterizado en la compra y venta de frutas y verduras. Alimentos de diversos matices y aromas podían apreciarse en su interior. El vendedor, un hombre canoso de avanzada edad, la saludó amablemente y le dio un par de consejos para llevar determinados vegetales. Cuales se encontraban en mejor estado, cuales eran los más calificados para consumir en aquella época del año, cuales se cocinaban más rápido, etc. De todas formas era muy buena cocinando y se saltó varias explicaciones dándolas por aprendidas.
-Disculpe pero hay algo que me está dando vueltas en la cabeza desde hace rato. Es mi imaginación o este pueblo se encuentra sin una sola familia?.- Espetó de repente. Las facciones del hombre se endurecieron.
- Hemos vivido de esta manera durante mucho tiempo, antes este pueblo solía ser verdaderamente apacible e ideal para las familias. Antes de que el ejército irrumpiera.- Ella abrió los ojos algo perturbada y oyó atentamente.
– Las tropas de Kiyoshi irrumpieron por primera vez prometiéndonos seguridad y resguardo a cambio de la mitad de nuestros víveres, pero con el tiempo se hicieron amos y señores de casi toda nuestra producción. Muchas personas perdieron la oportunidad de alimentar a sus familias y tuvieron que marcharse. Los únicos que quedamos aquí somos los ancianos que no tenemos otro lugar a donde ir y los jóvenes adultos capaces de abastecerse por sí solos. Cuando forman familia se marchan.-
- Eso es terrible!- Luego de guardar silencio durante unos segundos, tratando de procesar la información conocida, volvió a hablar. – Acaso dijo Kiyoshi?- El hombre asintió.
- Es justamente la persona a la que estamos buscando… tal vez-
- Lo siento muchacha, pero no creo que estas sean las instancias adecuadas para hablar de esto.- La interrumpió algo reservado.
- Tiene razón, discúlpeme. De todas maneras ya me iba.-
- Podría pasarse mañana por la mañana, me gustaría ayudarla en lo que me sea posible.- Ella asintió enérgicamente y se encaminó hacia el exterior de la tienda.
- Está bien, aquí estaré. Muchas gracias!-
- Entonces… por qué es que estás tan interesada en quedarte un día más?- la interrogó su compañero mientras que le daba un bocado al apetitoso estofado. La noche era helada y la comida casera caliente venía en un excelente momento.
- Tú solo preocúpate por encontrar un lugar para pasar la noche carismado.- Bankotsu la observó de soslayo y se volvió hacia su cena.
- Descuida, mañana dormiremos como reyes. No pongas en duda a mis encantos.- le dijo orgulloso tratando de animarla.
Había olvidado que subí el sábado, creía que era el jueves xd. De todas maneras acá les dejo el capítulo ocho, espero lo hayan disfrutado! Muchísimas gracias por los comentarios, hasta el próximo cap!
