Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 9:
Los rayos predominantes del sol de mediodía impactaban sobre la pálida piel de la miko que avanzaba a paso distinguido entre los pastizales. Cada tanto le daba un sorbo de agua a la botella que llevaba consigo bajo el brazo y se quitaba el sudor de la frente. Los cambios de temperatura constantes eran algo que la tenía fastidiada. La noche anterior habían tenido que improvisar una fogata para resguardarse del frío mientras que ahora se encontraba caminando en lo que parecía ser un día pleno de primavera. Así de desequilibrado era el clima en las montañas y en las regiones de su alrededor. Sumándole el hecho de que Bankotsu había desaparecido desde temprano, aquello la llevaba a pensar en cuales fueron los retorcidos pensamientos había tenido en el momento en que decidió ayudar a aquel fanfarrón.
Luego de unos minutos pudo divisar el cartel del pequeño mercado "Takeda", Kagome deslizó la cortina hacia un lado y se adentró en el. No había nadie excepto ella y el vendedor. Esta vez se encontró con un rostro diferente, un esbelto y delicado joven de facciones bonitas la saludó con amabilidad.
- Bienvenida señorita, hay algo en lo que pueda ayudarla?-
Tenía la voz de un anunciador de radio, suave y adormecedora, y su atención lo hacía verse aún más adulto. Aún así los mechones de cabello que le caían sobre la frente y la manera en que se expresaba debelaban que era un chico de no más de dieciocho años.
Kagome guardó silencio, estaba casi segura de que aquel era el mercado en donde se encontraba el hombre canoso, pero no había ni rastros de él.
- Disculpa, estaba buscando a un hombre algo más adulto que trabajaba aquí. Creo que me equivoqué de mercado.- Le dijo algo avergonzada encarando hacia la puerta de entrada.
- Oh, debes estar hablando de mi padre. El tuvo que salir y yo tomé su lugar. Pero debe estar por llegar en poco tiempo, si quieres puedes aguardar aquí. Nuestra casa está justo detrás del mercado.- Kagome negó rápidamente con la cabeza.
- Por favor, no quiero ser una molestia. Vendré en otra ocasión.- Le dijo encarando hacia la entrada algo abatida.
- Jamás he visto tu rostro por aquí, no creo que tengas otra ocasión de sobra para venir.- Le respondió mirándola a los ojos. Ella guardó silencio.
El muchacho la condujo hacia un pasillo algo angosto y deslizó una puerta corrediza en donde parecía comenzar la vivienda. No era muy grande pero tampoco era pequeña, una medida justa para dos personas, o al menos eso parecía verse a simple vista. Todo estaba ordenado y pulcramente limpio. El silencio reinaba en la sala principal.
- Toma asiento, te traeré un poco de té mientras que esperas.-
Kagome barrió la habitación con la mirada. Delante suyo había una pequeña mesilla de madera en la que reposaban dos diminutas muñecas hechas con ramas y hojas. Parecían amuletos de la suerte realizados por infantes. En la esquina izquierda de la sala había un futón perfectamente plegado para su uso y varias almohadillas. El chico no tardó en llegar acompañado de una bandeja que contenía dos tazas y una tetera.
- Disculpa si no me he presentado. Soy Daika Takeda, Ryuji Takeda es mi padre. Mantenemos este mercado familiar desde que tengo memoria.- Relataba el muchacho mientras que servía el té en los recipientes.
- Vaya, en verdad es un lindo nombre! Lamento no haber dicho mi nombre antes. Me llamo Kagome Higurashi, el señor Takeda parece un hombre muy amable y atento. A decir verdad, ambos lo parecen.- El rostro de Daika se sonrojó levemente ante el cumplido y soltó una risita.
- Kagome, que nombre más extraño. Me agrada.- El chico se apartó uno de los mechones de cabello del rostro. Tenía una tez pálida y sus ojos color miel refulgían en su fisonomía. – No es que sea de mi incumbencia pero.. Podría saber por qué razón viniste a hablar con mi padre?- Agregó finalmente.
- Tu padre me relató algunas cosas sobre una persona a la que estoy buscando, un tal Kiyoshi.- El rostro de Daika cambió su aspecto. Kagome se aclaró la garganta y continuó. -Me dijo que él se apropió de todos sus víveres y esa era la razón por la cual no lograban subsistir. Pero quería saber más sobre este tipo y vine hasta aquí.-
- Es extraño que una muchacha como tú esté buscándolo.- El tomó una bocanada de aire, se apretó el puente de la nariz y continuó. – Lo que te dijo mi padre es bastante cierto, y la verdad es que me gustaría creer que es solo esa la razón por la que no logramos subsistir.- Kagome arqueó una ceja. Aún había más?
- Akira Kiyoshi no solo se adueñó de casi todos nuestros víveres y nos tiene como a sus hormigas productoras, sino que también rompió con su pacto de resguardarnos. Sus hombres ya no merodean en la aldea para asegurarse de que este todo bajo control y gracias a ello hemos sufrido múltiples saqueos de aldeanos de otras aldeas o de simples ladrones que se hacen pasar por forasteros. Sin mencionar que estamos en un período de guerras y que solíamos ser un pueblo que se abastecía solo. Ahora no tenemos nada.-
- Eso es aterrador. Como es que este hombre llego hasta allí? Simplemente se instaló aquí?-
- Kiyoshi solía ser un mercenario que trabajaba para los terratenientes más peligrosos de la región. Ya sabes, esos de los que no se les escapa una, los traicioneros, los sanguinarios. Conoció estas tierras en uno de sus viajes, y entonces bum! Nos arrebató todo.- De su rostro brotaba aquella expresión de ira contenida, de esa que no es fácil de guardarse. Kagome lo escuchaba atenta sin musitar palabra.
Cada palabra que su interlocutor soltaba era desgarradora para ella. Pensó en Bankotsu, por supuesto que tenía a quien recriminarle ahora aquella crianza. Su problema sería al llegar, tal vez aquel hombre no los reciba con los brazos precisamente abiertos. Y que harían entonces? Por que ir hasta allí a ver a un asesino? Que dudas aclararía eso? Necesitaba recaudar más información.
- Claro que ahora es un hombre de edad mayor, pero aún así no se le escapa control alguno. Después de todo a medida que avanzan los años uno tiene más experiencia. Solo estamos esperando a que quede sepultado de una vez, si hay algo que se es que no es inmortal.- Dijo en tono de burla.
- Pero.. acaso no tiene familia o algo por el estilo? Porque podrían..-
- Se hacia dónde vas.- Le dijo antes de que terminara la frase. – No hay familiar que ocupe su puesto. El solo tenía una esposa de la que jamás se supo nada desde que desapareció. Algunas personas incluso decían que el mismo la aniquiló. El tipo es un demente.-
La historia sonaba descabellada por donde se la mirase y ellos iban a internarse allí, en la cuna del peligro. Kagome colocó una mano sobre su hombro para animarlo. – No te preocupes, todo va a solucionarse Daika.- El muchacho se sonrojó algo avergonzado y le otorgó una sonrisa. Era una sonrisa algo tranquilizadora y pacífica.
- Vaya pero si eres la muchacha de ayer. Veo que ya conoces a mi hijo.- El señor Takeda irrumpió en la sala, llevaba varias bolsas en las manos y tenía el rostro cansado. Kagome y Daika lo ayudaron a cargar con las cosas y guardarlas en su lugar. Se sentaron los tres en la sala y volvieron a servir té. Platicaron un poco más acerca del tema, ataron varios cabos sueltos en la conversación, pero nada importante, no lograron rescatar nada nuevo más que lo dicho.
- Lo que aún no comprendo es porque quieres meterte en una maraña tan grande como aquella. Creo que es demasiado para que lo lleves tu sola.- Concluyó finalmente El señor Takeda rascándose la parte de atrás de la cabeza.
- Descuide, no estoy sola, más bien estoy apoyando a alguien en esto.-
- Ya basta de tanta charla, tengo el estómago vacío. Que tal algo de comer?- Daika se rascó la cabeza, se desperezó de a poco y se puso de pie en busca de comida. Parecía un pequeño niño, era simplemente adorable. Kagome rechazó de buena manera la invitación de los Takeda explicándoles que tenía que ir en busca de su compañero. Ya era bastante tarde y Bankotsu probablemente había encontrado un lugar en donde pasar la noche. Daika se rehusó a dejarla ir sola y la acompañó a buscarlo.
Entonces ambos se pusieron en marcha, mientras tanto ella reflexionaba acerca de todo lo que escuchó sobre Kiyoshi. Sería mejor callar, hacer como si no hubiese oído nada, y decirlo en el momento adecuado. El sol ya se había escondido entre las montañas y la luz de la luna era la única fuente de luz en la aldea, sin mencionar la luz proveniente del fuego de las hogueras en algunas viviendas. El sonido ensordecedor del silencio era algo que podría volver loco a cualquiera, y algo que ambos detestaban. Aún así el ambiente estaba silencioso, cada uno de ellos parecía estar abstraído en sus pensamientos.
- Es muy amable de tu parte que quieras acompañarme, pero la verdad es que no tengo ni la menor idea de en donde pudo haberse metido este torpe. No quiero hacerte perder tiempo.- Dijo ella cortando tajantemente el silencio. Su acompañante negó con la cabeza.
- No te preocupes, en verdad me da gusto ser de ayuda. Además no dejaré que andes rondando sola por aquí.- Ella le dio las gracias nuevamente.
Claro, así daba gusto pasar el rato, era mucho mejor que estar al lado de alguien que vivía gritándole o llamándola inútil, o incluso tratándola como a un saco de estiércol. Pero la realidad era que no podía rendirse ahora, no estando tan cerca. Y ambos sacarían provecho de la situación, saldrían beneficiados.
A lo largo de la calle de tierra se extendía un desfiladero de viviendas, algunas con luz en el interior, pero la mayoría de ellas estaban a oscuras. Había una única vivienda más grande que las demás, de donde salían múltiples ruidos y carcajadas de hombres, de allí emanaba una luz más vívida que en las otras moradas y Kagome pudo deducir por instinto que Bankotsu se encontraría allí. Su acompañante la siguió sin objetar un vocablo y juntos se adentraron en el lugar.
Allí estaba el joven mercenario, sentado placenteramente junto a dos muchachas que no paraban de reír. A su lado había varios recipientes vacíos que pudieron llegar a contener alcohol, no, mejor dicho, que contuvieron alcohol. Daika siguió con la vista el trayecto de los ojos de Kagome, quien observaba perpleja.
Bankotsu se volvió hacia ella y su acompañante, un joven despampanante con cara bonita y ojos color miel. Aquello le heló la sangre, quien demonios era ese? Por qué ella aparecía a estas horas y con aquel maldito mocoso?
- Por qué no me sorprende que estés en un lugar como este? Anda, ya vamos.- Le dijo ella en tono de burla jalando de su camisa, pero el mercenario se hizo a un lado.
- Te decides a venir ahora luego de haber desaparecido durante todo el día y pretendes que vuelva contigo? Y quien es ese? Esto es lo importante que tenías que hacer para quedarte un día más?- Los ojos del joven parecían dos cuchillas que iban directamente hacia ella, quien recibía la respuesta atónita.
- Cuando desperté ya no estabas ahí. Y por qué estas diciéndome esto? Acaso quieres que lo malinterprete y piense que es una escena de celos?- Bankotsu se ruborizó por completo y sacudió la cabeza para serenarse. Tomó una bocanada de aire, se puso de pie junto con las muchachas y tomó a Banryuu. - Tenía cosas importantes que hacer.- Prosiguió ella tratando de hacerlo entrar en razón.
- Perfecto, también tengo cosas que hacer. Sin ti, claro.- Le respondió mientras que se marchaba tarareando una melodía.
Hola lectoras! La verdad es que pedir perdón por no escribir me queda corto en estos momentos. Estuve muchísimo tiempo sin subir un capitulo y ahora quiero volver a retomar porque detesto cuando me dejan una historia inconclusa y yo no quiero hacer eso con ustedes, sobre todo a las que se habían enganchado mucho con el fic. Además me agarró emoción y estoy escribiendo capítulos de un tirón. La verdad es que les pido mil perdones y acá está el capítulo nueve para todas las que lo deseen. La semana que viene les traigo el diez! Saludos a todaaaaaaaaas.
