Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 12:
- Necesitas más impulso en tus ataques, tienes que estar atento a cada balanceo de tu oponente.-
- Vamos, para que necesito mis puños cuando quiero portar un arma como todos ustedes?-
- Cuando estés en aprietos las únicas armas que tendrás serán tus manos. En la guerra todo es válido. Comienza otra vez.- Lo regañó el hombre concediéndole un revés para que su aprendiz lo evada.
- Tendré mi propio ejército de hombres, trabajaremos para los señores y viviremos como soberanos.- Se dijo a sí mismo el muchacho. – Y todos los ricos bastardos sabrán de nosotros.-
El pasado embadurnó su inconsciente de recuerdos durante horas en un sueño que parecía ser eterno. Se reincorporó en el suelo y miró a su alrededor, su compañera estaba sentada al borde del arroyo con la parte inferior de sus piernas dentro del agua. Sus zapatos y medias estaban a un lado y parecía estar refrescándose sin problema alguno. Ladeó un poco la cabeza y dirigió su vista hacia donde se encontraba Bankotsu, tenía una expresión pasiva en el rostro, la cabellera brillante, sin un rastro de tierra y la ropa limpia.
- Creí que estabas hibernando.- Le dijo manifestando una sonrisa que le curvaba los labios. El guardó silencio y rodó los ojos con las mejillas teñidas de rojo. La muchacha se puso de pie y se depositó a un lado de rodillas. – Quítate eso.- Le dijo señalando su atuendo.
- Qué?- El rostro de Bankotsu tomó el tono de sus mejillas.
- Deja de pensar en cosas equivocadas, tienes una herida en el pecho. No es nada grave pero sino la limpio podría infectarse.-
- Ah, claro. La herida.- Dijo como si se acordara de repente. Se quitó la camisa y dejó que ella se encargara. El líquido que utilizaba le provocaba ardor repetidas veces y no pudo evitar soltar varios quejidos. Luego la recubrió con una venda y la sujetó con una extraña cinta. La observó atentamente, los rasguños de su rostro apenas podían percibirse y solo quedaban algunos moretones en su brazo. Recordó su rostro lleno de lágrimas y oculto en su pecho, su amarga expresión, su llanto, sus facciones contraídas. El lado de Kagome que jamás había visto, y ahora una sonrisa campal en sus labios y un gesto resplandeciente en su rostro. Se preguntó cuántas más facetas tendría, cuantas otras caras le quedarían por conocer de ella. Se preguntó si el también las tenía y si ella las habría visto alguna vez.
- Gracias.- Aquello lo sacó de sus pensamientos. El se volvió al instante.
- Me debes una.- Le dijo desperezándose con tranquilidad y poniéndose de pie. - Bien basta de descansos, debemos continuar antes de que caiga la noche.-
Ambos se volvieron a adentrar en el camino de tierra, ella no dejaba de hablarle a su compañero. Sea cual sea el tema de conversación el siempre estaba atento a las facciones y gestos de la muchacha, como si de repente hubiera resurgido en él un poder perceptivo único. Se sentía extrañamente conmovido ante tanto encanto. Sacudió la cabeza, No. Tenía que centrarse en lo importante.
- Que fue lo que te dijo el de la aldea?- Dijo él interrumpiendo su relato de vaya a saber qué cosa. Ella lo observó y cambió su expresión al oír la manera despectiva que tenía para referirse a Daika. – El te dijo algo importante, no es así?-
- Lo hizo.- Respondió– Me dijo algunas cosas sobre aquel hombre, Kiyoshi.-
- Y no me lo dijiste porque…- Quiso saber él aguardando a una buena excusa por parte de su compañera.
- Porque lo único que hacías era decirme que era esa clase de mujeres que salía a divertirse en situaciones importantes.- El tomó una bocanada de aire y aguardó a que continuara sin perder la paciencia. – Me dijo que ese hombre les había arrebatado casi todos sus víveres y gracias a eso la aldea quedó casi despoblada y apenas podían abastecerse. Que sería peligroso entrometernos en aquel palacio.-
- Sabes que te estás metiendo en un asunto delicado y aún así no me dices nada? Aquellos hombres que vinieron por ti no eran nada más y nada menos que los suyos.-
- Qué?- Kagome abrió los ojos desmesuradamente.
- Demonios, ese canalla está tratando de deshacerse de nosotros.- Se apretó el puente de la nariz enardecido. Luego hubo silencio.
Cuando quisieron darse cuenta ambos se vieron envueltos en las tinieblas de la noche, la espesura del bosque los envolvió y para evitar extravíos decidieron detenerse allí. Esta vez había un silencio sepulcral. Los troncos de aspecto sombrío cubrían el cielo sobre sus cabezas, Bankotsu confeccionó una diminuta fogata a un lado de ellos. Kagome se sentó sobre la hierba y alzó la cabeza, pudo observar las estrellas entre los pequeños recovecos sin cubrir por los arboles.
- Te acompañaré de vuelta hasta la aldea del mercader, te quedarás allí hasta que resuelva las cosas.- Kagome lo observó perpleja.
- Olvídalo. Contigo vine y contigo me voy.-
- No sé si estés entendiéndome. No fue una pregunta, más bien fue una orden.-
- No vine aquí a recibir órdenes tuyas. Estoy aquí por decisión propia.-
- Ya deja de meter tus narices en todo. No sabes a lo que te enfrentas.-
- No vas a hacerme cambiar de opinión.- Kagome apartó su vista. El se agachó hasta la altura de sus ojos fastidiado, jaló de su pañoleta roja y la obligó a mirarlo.
- Por cuánto tiempo más vas a hacerte la valiente? Solo eres una llorona, detesto a las mujeres como tú.- Le dijo soltándola de modo desafiante.
- Vaya, llorona, eso es algo nuevo. Pero es preferible a que ser un farsante y un cobarde.-
El muchacho sonrió con ironía. Necesitaba herirlo en donde más le dolía, en su punto de sostén, en su ego. Estaba colmada de sus actitudes de crío y de sus afanes por querer sobrepasarla en todo. Era algo que ella simplemente abominaba.
- Qué sucede, ya no te quedan ganas de besarme y secarme las lágrimas?- Le dijo haciendo chocar el dedo índice en su pecho.
Ella se había percatado de aquel beso, de aquellas caricias en su mejilla y posiblemente de aquellas palabras que había desprendido de su interior. No había necesidad de mentir o negarle aquello ocurrido, tampoco es que pudiese hacerlo, su rostro había enrojecido de tal manera que lo inculpaba solo. Se sintió sofocado, con la respiración cortada y las ideas deshilvanadas. En un santiamén la atrajo hacia él jalando de su brazo, le acarició el cuello y la besó. Era una sensación única, muy diferente a los tratos que tenía con otras mujeres, como si ella misma le permitiera acercarse. Kagome se apartó de su lado y lo observó desesperada sin saber cómo reaccionar, tenía las pulsaciones por el cielo y las sienes le ardían. De alguna manera había logrado provocarlo. Sus ojos se clavaron en los de su compañero, ambas miradas permanecieron sostenidas, parecía una batalla campal sin ganadores. Bankotsu todavía tenía la mano en su nuca.
- Aún tengo ganas de besarte.- Le susurró al oído curvando sus labios.
Se acercó hacia su rostro y volvió a besarla, sintió en ella calidez real, tranquilidad. El desasosiego que había estado experimentando aquellos últimos tiempos había desaparecido por completo. Le levantó el pelo y le besó el lóbulo de la oreja. Luego la miró fijamente a los ojos, pudo ver su rostro reflejado en ellos. "Deja de hacer eso" "Ya basta, es suficiente" podría haberle dicho de tener palabras con qué sustentarlo, pero no existían. Ella tenía ese –algo- inexplicable que lo volvía loco y hubiera dado cualquier cosa por saber de qué se trataba.
Kagome no inmutaba palabra, se quedaba inmóvil tratando de comprender la situación y observaba como una espectadora. Que estaba haciendo su compañero? De qué odio incontenible hablaba siempre si ahora estaba besándola como nunca? Tal vez aquello era un sueño, una especie de fantasía. No, definitivamente no se trataba de un sueño.
El muchacho la estrechó entre sus brazos y volvió a besarla. Cerró los ojos, su lengua se entrelazó con la suya, pudo sentir aquella electricidad correr por su interior.
El corazón de Kagome latía alocadamente, no había imaginado que correspondería a sus besos, que desprendería risas ante el roce de su piel o que el acariciaría su cabello y aspiraría su fragancia de tal manera. Parecía una especie de alabanza. A penas logró percatarse de que su compañero estaba encima de ella, con el peso del cuerpo sobre ambos brazos para no dañarla.
- Detente.- Le suplicó ella con la voz entrecortada.
El la silenció volviendo hacia sus dulces y atrayentes labios, delineándolos con la yema de los dedos y luego con su lengua. Se sintió fuera de sus cavilaciones, dentro de otra realidad mucho más sugestiva. Se apartó de sus labios y comenzó a desatar la pañoleta roja que usaba habitualmente.
- Acéptalo de una buena vez. Deseas esto.- Susurró él.
Lentamente desabrochó los botones de la camisa y bajó hacia su cuello, deponiendo un recorrido húmedo de besos que volvía a subir hacia su boca. Kagome jadeaba sin aliento. Su temperatura corporal aumentaba al oírla. En un santiamén se deshizo de la parte superior del uniforme de la muchacha. Se quedó observándola detenidamente, como si tratara de grabar aquella imagen en su memoria. Su compañera se inclinó un poco y lo besó detrás de la oreja, ambos cayeron rendidos en el suelo, continuando con su ritual. Bankotsu le acarició la espalda descubierta y se deshizo de la última prenda, dejando la parte superior de su cuerpo al descubierto. Le besó las clavículas con dulzura. Tocó sus senos, los acarició, los saboreó, el contacto era maravilloso. Le besó el abdomen y nuevamente los labios. Desabotonó la falda mientras que ella se deshacía de su camisa de combate. Viéndose totalmente envuelta en sus sentimientos, Kagome trató de atrapar el verdadero eje del tiempo. Pero no logró hallar la línea que separaba los sueños de la realidad. Se sentía embriagada de una extraña sensación.
Bankotsu le acarició la planta de los pies y ascendió hacia sus piernas, las separó con delicadeza mientras que hundía el rostro en sus hebras sedosas. El pelo de la muchacha se derramó sobre su hombro y tembló al compás de su cuerpo.
Le besó el rostro para tranquilizarla y sonrió. Sin previo aviso penetró en ella al mismo tiempo en que se sumergía en su propio sueño. Kagome pudo sentir el dolor punzante dentro suyo, varios alaridos se desprendieron de sus cuerdas vocales. Bankotsu atrajo su cuerpo hacia el suyo y le acarició la cabellera para serenarla. Luego, como si hubiese apagado el interruptor de sus pensamientos, empezó a mover las caderas. Despacio, con precaución, después violentamente. Kagome cerró los ojos y se abandonó a sus movimientos, se aferró hacia el cuerpo del muchacho y enterró las uñas en su espalda, tratando de soportar el dolor intenso, gimiendo entre sollozos repetidas veces. Era una sensación horrible y placentera al mismo tiempo, estaba sumida en un mundo que era en su totalidad, un magma cálido, húmedo, diferente. Bankotsu derramó su calidez una y otra vez en su interior, ella se contrajo y la recibió con dulzura. Se encontraba en otro mundo distinto, extasiada en felicidad, preguntándose si aquel sentimiento fuerte y puro que abrigaba hacia él era mutuo.
Qué diablos sentía hacia el, por qué acababa de entregarse de tal manera sin presentar opresión alguna? De repente, el rostro de Inuyasha se apareció en su mente. Por qué? Por qué ahora? Se dijo al mismo tiempo en que recordaba aquel pequeño y débil lazo que los mantenía unidos, que a decir verdad, ella acababa de romper. Se cubrió el rostro con las manos y escondió sus lágrimas llorando en silencio. El muchacho se tendió en el suelo a su lado.
- Yo.. no sé qué hacer. No sé porqué… por qué es que me enamoré de ti.- Bankotsu abrió los ojos con desconcierto, enmudecido.
La abrazó con energía y se aferró a ella sintiendo como un sentimiento de abrigo se apoderaba de su alma. Todos y cada uno de sus sentidos se habían desprendido de la realidad en la que había estado viviendo. Su vida se vio reflejada en aquella frase, nadie jamás la había pronunciado refiriéndose a él. El hecho de que alguien llegase a quererlo, no, a amarlo, era algo fuera de lo común. Respiró hondo y cerró los ojos, sintiendo como ella lo invitaba a recordar, a hurgar en su dura infancia, en su niñez. Se encontró inmerso en un mundo lleno de melancolía y memorias efímeras.
- No dejes.. de amarme.- Le dijo con la voz entrecortada. – No vayas a dejar de amarme nunca.- Repitió otra vez.
El corazón de Kagome le dio un vuelco al oírlo. Aquella esperanza en su interior había crecido. Incluso en las más oscuras tinieblas había un pequeño haz de luz. Existía, aún se hallaba la posibilidad de poder salvarlo. Ahora tenía un motivo por el cual luchar.
Lo abrazó y depositó un beso en sus labios. El paso del tiempo era incierto y la luna ascendía en el cielo.
Ah, si que me gustó este capítulo. Son tan lindos, creo que ellos van creciendo cada vez más. Estoy contenta por los reviews que dejaron! Muchísimas gracias a todos los que me saludaron por mi cumpleaños y a los que se adentran cada día más en esta historia.
XXxxxFallen. Muchas gracias! Que aburrido estudiaaaar, pero cumplir en esta época también es medio aburrido. Todos están de vacaciones -.-
Yo nunca me metí en concursos pero desde los ocho años que mis profesoras de lengua me decían "te gusta escribir, eh?" y me daban más trabajos, yo las amaba. Voy a tratar con el traductor, lo había hecho hace mucho y era algo difícil pero tal vez encuentre algún fic bien escrito y se me haga mas fácil, gracias por el consejo!
Orkidea16 Jajaja, kagome a veces parece algo torpe y flojita. Es tan lindaaaaa(? Gracias por los saludos, no te preocupes por eso, mejor leerlo tarde que nunca jajaja.
ariadnek Los dos tienen una personalidad tan extraña.. jajaja. Son muy lindos, me encantan :D Muchas gracias por el saludo!
