Eddard I

Hacía más de tres semanas que estaban en camino a Desembarco del Rey, su destino la fortaleza Roja, aun recordaba la última vez que había ido a ese lugar veintiocho años atrás, sin duda jamás la olvidaría ya que esa sería la última vez que vería a su madre con vida. Ese recuerdo no pudo evitar obligarle a buscar a su bastardo con la mirada y decir para si:

- ¡Oh pobre muchacho! ¿Si tan solo supiera, lo que su simple existencia significaba?, ¡oh pobre niño de primavera ingenuo! -y se encontraba perdido de esa manera en sus pensamientos cuando, el rey lo alcanzo con su caballo y observando de igual manera al muchacho. Quien se encontraba en una amena charla con su hijo el príncipe Heredero dijo:

-Serán buenos amigos. ¿No lo crees, Ned? - al escuchar eso él dijo saliendo de su ensoñación:

-Seguramente lo serán, como tu yo y Rhaegar tiempo atrás.

Tras eso el rey profirió colérico:

- ¡No vuelvas a pronunciar ese nombre Targaryen en mi presencia, u olvidare la amistad que nos unió alguna vez!, creí que guardarías aun un poco de respeto al recuerdo de tu hermana, oh has olvidado como todo sucedió. Podríamos haber sido más que los primos lejanos que somos, estábamos destinados a ser hermanos, pero ese maldito Dragón no pudo contener sus garras la arrebato de mi la violo y asesino, por venganza, no soporto que le quitara su juguete. Como en el Stiag cuando éramos niños, nunca me dejo ganar. -eso provoco que en el semblante de lord Stark asomara una sonrisa y evocando recuerdos lejanos dijera:

-Yo tampoco podía, solo Lyanna, ella si que era buena en eso, tampoco era que me interesara mucho ese juego y admítelo a ti tampoco, nosotros éramos de aquellos niños que se pasaban el día en el patio de armas en cambio gastaba él su tiempo con la nariz metida en los libros.

-Eso es cierto, aun así, no comprendo como ella era tan buena en eso, el Stiag no era un juego para muchachas como ella. - respondió el rey cambiando de tema.

A lo que Ned respondió un poco consternado por lo dicho por su amigo:

-oh Robert por favor, quien te escuchara diría que para lo único que sirven las mujeres es para bailar, sentarse a coser y tener hijos, abre un poco tu mente.

-Es que acaso no lo hacen, mírame a mi tengo cuatro hijos y quince bastardos, ninguna de las mujeres con las que estado eran buenas en ese juego, algunas ni siquiera sabían nada de él. Por favor Ned no me vengas con patrañas.

Entonces tratando de justificarse Eddard dijo:

-Mi madre y mi tío jugaban durante horas cuando veníamos a la capital es normal que encontrara interés en ese juego, al fin y al cabo, todas las niñas quieren parecerse a sus madres. - al oír tales palabras Robert dijo hastiado:

-Otra vez hablando de ellos, si tanto afecto les tenías debiste haber tomado el trono cuando pudiste. Al final cabo tu tenías más derecho que yo. Además, no se te daría mal A lo que su mano respondió a la vez que entraban por las puertas de la ciudad zanjando el asunto:

-Sabes que gobernar jamás fue mi deseo Robert. Tu ganaste la guerra los Targaryen están muertos y ahora tu eres el rey. - entonces su amigo dijo con la mirada perdida en el horizonte.

-No todos Ned, una guerra se avecina puedo sentirlo en mis huesos. Ahora he de preguntarte ¿Cuándo llegue el momento contare con tu espada viejo amigo?

Así fue como a la vez que se abrían paso por las calles atestadas de personas su Mano dijo:

-Mi espada es suya su Gracia. - a la vez que en su mente una antigua promesa hecha a otro hombre hace años afloraba a su memoria.

-Es bueno escuchar eso amigo mío, apresuremos el paso me pica la nariz de tanto olor a mierda. -dijo entonces el rey un tanto fatigado de montar.

Al llegar a la Fortaleza Roja el Maestre Pycelle llego a su encuentro y dirigiéndose a los reyes dijo:

-Majestades, ha llegado un mercader de Lys, que insiste en presentarse a usted mi rey.

Al oír aquello la princesa Myrcella quien bajaba del carruaje detrás su madre acompañada de Sansa dijo:

-Podemos ir a verlo mama es que las telas Lyseñas son muy bonitas ¿podemos ir a verlas? -

-Claro que si mi niña, Ned trae a tus chicas también, pues has de venir conmigo así entenderás para que te necesito y como jamás me dejan descansar. -dijo el rey comenzando a caminar hacia el salón del trono.

En ese momento y viéndose arrastrada por las otras dos muchachas Arya dijo:

- ¡Pero yo no quiero ir, quiero ir al patio de armas con Jon y el príncipe Gendry!

Así fue como Sansa replico enojada tomándola fuertemente de la mano:

-Arya no hagas eso-y hubiera seguido hablando de no ser porque su padre dijo:

-Iras luego Arya lo prometo, ahora vamos no debemos tardar.

-De acuerdo. – respondió entonces resignada su hija. Provocando en la cara de su hermana una amplia sonrisa de satisfacción, a la vez que la instaba a apresurarse a llegar a la sala del trono.

Al llegar allí Pycelle proclamo:

-Os presento al Rey Robert Primero de su nombre Rey de los Siete Reinos, los Andalos, los Royhnar y los Primeros hombres. Rey en el Trono de Hierro y protector del Reino, a su esposa la Reina Cersei Baratheon y su hija la Princesa Myrcella Baratheon. – y luego de tomar un poco de aire prosiguió: -También os presento a la Mano del rey, Lord Eddard de la Casa Stark Señor de Invernalia y Guardian del Norte.

Ni bien oír esa proclama el hombre frente a ellos agacho su cabeza a la vez que casi imperceptiblemente obligaba a sus nudillos a volverse blancos por la presión ejercida en su palma al mismo tiempo que su esposa de pie a su lado hacía lo propio siendo imitada por sus cinco hijos a su costado y otro hombre que a Ned le pareció vagamente familiar.

Luego de eso el mercader presento a su familia, siendo ese el momento en que sus ojos se encontraron y su tez se volvió mortalmente pálida, ya que hace diecisiete años que no veía esas caras. La última vez fue cuando habían cambiado su color de pelo convirtiéndose el de ella en un rubio dorado y el de su marido en uno completamente negro, asiéndolo demasiado parecido a su bastardo para su gusto. Pero, al fin y al cabo, si no fuera por los ojos ellos serian dos gotas de agua; después de todo el muchacho iba religiosamente al peluquero cada tres meses por órdenes de él halla en el Norte.

Entonces fue en ese momento que el mercader dijo procurando que todos en la sala lo escuchen, caminando hacia él y estrechándolo sorpresivamente contra si a la vez que le dedicaba una amplia sonrisa dejado sorprendido al rey:

- ¡Mi querido Lord Stark, ¿Es solamente, así como saludas a un viejo amigo?!