Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 14:
Los insectos revoloteaban incesantes y molestos por encima de su cabeza. Con el aleteo de sus zumbidos taladrándole los tímpanos, Kagome los apartaba furiosa de su alrededor. Bankotsu la observaba con impaciencia. Los restos de lluvia, la humedad y la caída de la noche hacían que el clima estuviese algo fastidioso para ambos.
- Podrías prestarme atención? Esto es más importante.-
La muchacha se volvió rascándose el tobillo. – Claro, lo siento. Continúa.-
- Lo cierto es que necesitamos recabar información, la mayor cantidad posible.- El se dio una pausa para esclarecerse la garganta, su compañera asentía algo confundida. - Kiyoshi envió a sus hombres de encubierto, de manera que no hay necesidad de que realicemos un ataque frontal desde afuera. Me refiero a que nos adentraremos en la vivienda como teníamos planeado cuando salimos.-
- Estas diciendo que entremos como visitantes? Nos aniquilarían apenas pongamos un pie dentro!- Exclamó ella frunciendo el entrecejo. Su interlocutor se puso un dedo en los labios para hacerle un ademán de que lo dejase continuar.
– No vendremos como acompañantes, más bien tú serás mi prisionera. Te llevaré como un trofeo para el viejo, demostrándole tus habilidades de percibir los fragmentos de Shikón. El no podrá resistirse, créeme. Afirmará que estoy de su lado y que gracias a mi descubrimiento se hará invencible.-
Kagome recabó la información en su mente, si bien era algo arriesgado era una de las pocas oportunidades que tenían, de hecho alguna otra los conduciría a la muerte. Pero el más minúsculo error podría costarles la vida en aquella farsa, y entonces lo recordó.
- Supongamos que tu plan marcha a la perfección, aún así cometiste un error. Que hay con los hombres de los que te deshiciste?- Bankotsu se cruzó de brazos.
- No creo que él nos pregunte en donde están los hombres que mandó a asesinarnos o por qué continuamos vivos. Y en caso de que lo hiciera le diré que no sabía que se trataban de sus hombres, creí que venían a secuestrarte por tu poder de percibir los fragmentos.- Ella arqueó una ceja. – Que tal, eh?-
- No muy convincente diría yo, pero es lo único que nos queda.-
Bankotsu se apretó el puente de la nariz. Estaba inquieto, su cabeza no le permitía realizar un buen ajuste de reflexiones. Temía que las cosas salieran mal, de que algo pudiera ocurrirle a Kagome, de que la opción de aniquilarlos a penas llegasen sea la primera que tomen. Respiró hondo y se llenó de aire los pulmones, tenía que mantener la calma, tenía que proteger a Kagome antes que todo. Ningún error estaba permitido. De lo único que estaba seguro era que Kiyoshi escondía algo y por esa razón trató de deshacerse de él lo antes posible. -Entonces solo bastaría con desenterrar el secreto, no?- pensó para sus adentros. Pero algo le decía que aquello era más que una simple confesión.
- Si intentas dejar tu mente en blanco y despreocuparte, por más difícil que sea.. veras que las cosas saldrán bien.- La miko estaba arrodillada a su lado, con una mano depositada en su hombro y una curva en los labios en ademán de sonrisa.
Bankotsu agitó su hombro bruscamente y desprendió la mano de la muchacha de su lado.
- De qué serviría despreocuparme en una situación como esta?-
- De qué serviría preocuparte? Acaso hará que pienses con más claridad?- La muchacha le dio la espalda y se acercó a la pequeña fogata que habían confeccionado un tiempo antes, era pequeña pero los acogía del frío si estaban a un lado de ella.
Bankotsu se volvió a verla, tenía la cara cansada y los ojos entristecidos. Su aspecto era como el de un pequeño niño sin nadie con quien jugar.
Entonces unas imágenes algo borrosas aparecieron en su mente. Un niño con los ojos llorosos aprieta los labios y frunce el entrecejo, parece molesto por alguna razón. Una mujer pálida, de ojos azules se acerca hacia él con una sonrisa en los labios, le extiende una mano y lo abraza con cariño.
Las imágenes borrosas desaparecen y él vuelve al mundo real. Qué había sido esa comparación? Aquellas representaciones pictóricas, por más extrañas y anónimas que le parecieran, tenían algo de reconocible en su interior.
Kagome continuaba allí, con el rostro descansando en las rodillas y los brazos alrededor de sus piernas. Se puso de pie y caminó hacia ella, se depositó a su lado y la rodeó con los brazos.
- Es irónico.- Le espetó casi en un susurro. Ella se volvió. - Eres la única persona que me hace ver cosas fuera de la realidad, y la única que me trae devuelta a ella.-
Kagome levantó la cabeza con intrepidez, en el rostro del muchacho afloraban sensaciones extrañas y placenteras. Bankotsu soltó una pequeña risita, la besó una y otra vez, hasta quedarse sin aliento. La estrechó en sus brazos, recorrió una vez más cada parte de su cuerpo, la acarició, la mimó, la arrulló hasta quedarse dormida y la observó dormir plácidamente como un ángel.
Ambos se despojaron del privilegio de dormir a pierna suelta esta vez, amanecieron pronto y comenzaron a reafirmar el plan. Agregando y sacando algún que otro detalle cada tanto, desprendiéndolo y volviéndolo a unir. Finalmente partieron, con la idea firme en la cabeza y la precaución de no toparse con alguno de los hombres de Kiyoshi.
El lugar se asemejaba más a un palacio que a cualquier vivienda que hubiesen visto jamás. Un muro protector se alzaba sobre sus cabezas, coronado por un tejado volado de lo más elegante. Un par de hombres permanecían estáticos en la entrada, de no haberlos visto moverse, Kagome hubiera jurado que se trataban de estatuas.
Se detuvieron en la entrada, uno de los guardias tanteó a Bankotsu en un barrido de arriba hacia abajo con la vista. El traía consigo a Banryuu y con el brazo restante sostenía a Kagome de manera brusca.
- Qué se les ofrece?- Preguntó el primer guardia con mal carácter.
- Tengo asuntos pendientes con tu superior, de hecho tengo algo que mostrarle.- Le respondió el muchacho sin dejar de clavarle la mirada directo en los ojos. El segundo guardia contempló la alabarda. – No teman, no utilizaré a mi Banryuu.-
Las miradas de ambos se cruzaron durante unos instantes más. Kagome permanecía en silencio, sin inmutar palabra. La actuación en aquellos momentos era algo esencial. Dijeron algunas palabras más, pero ella no llegó a oírlas. Luego les abrieron paso hacia los adentros, siendo escoltados por uno de ellos. La puerta principal se abrió, la vivienda estaba sumamente aseada y prolija, con una decoración fina típica del período pre-guerra. A decir verdad Kagome se sentía transportada hacia otro lugar muy distinto, el aura que emanaba aquella vivienda le hacía pensar que se encontraban en una época de lo más pacífica, como si no quedaran rastros de la guerra.
- Muy irónico no lo crees? Es difícil creer que este sea el lugar de donde nacieron tantos asesinatos.- Le susurró su compañero al oído.
Kagome permaneció muda. El piso de tatami rechinaba por cada paso que daban, a decir verdad le era difícil creerlo. Tal vez se debía a causa de las películas, en las cuales el malvado se refugiaba en un lúgubre y grotesco recoveco a las afueras de la luz, cubierto de sombras. Pero allí estaban, en un encantador y amueblado hogar.
El hombre que los guiaba se detuvo delante de una puerta corredera, la abrió y la cerró rápidamente detrás de él. Unos instantes más tarde reapareció frente a ellos.
- El jefe está dispuesto a oírte, siempre cuando sea de su agrado.- Con aquella frase desapareció entre los vestíbulos. Bankotsu deslizó la puerta y se adentró en la habitación.
- Tú esperarás aquí.- Le ordenó al mismo tiempo en que entraba. La muchacha respiró hondo y bajó la cabeza. A decir verdad él sí se estaba metiendo en su personaje..
El joven mercenario se adentró en la habitación, era bastante más extensa de lo que aparentaba desde afuera. Tenía otra puerta corrediza que probablemente conducía al jardín. Le quedaban pocos recuerdos de aquel lugar, en donde se crió sus primeros años de vida.
Un hombre de mediana edad con varias canas en el cabello permanecía sentado en el centro del ala. Bankotsu dirigió su vista hacia él. Era su antiguo maestro, no podría haberlo reconocido mejor. Los años no habían sido generosos con él, sin mencionar el hecho de que probablemente su aptitud física no sea la misma de cuando solían entrenar juntos. –Vaya que envejecer es un problema- pensó para sus adentros
- Estaba preguntándome en qué momento nos volveríamos a ver Bankotsu.- Espetó el hombre con una media sonrisa en los labios, aquello dio a conocer las arrugas presentes que tenía en el rabillo del ojo. El muchacho tomó asiento delante suyo.
- Así es viejo, y te he traído buenas nuevas. Algo de lo que no te vas a arrepentir.- Le respondió mientras que movía hacia ambos lados su hombro izquierdo.
- Creo tener una idea, pero me gustaría oírlo todo.-
- Se trata de una mujer capaz de ver los fragmentos de la perla shikón. Es la única capaz de hacerlo. En estos momentos la traje conmigo.- Le informó con falso entusiasmo. El hombre se rascó la barbilla.
- Una mujer capaz de ver los fragmentos eh… vaya descubrimiento.- Hizo una pausa y se enderezó la espalda. – Ignoro las razones por las que ella haya accedido a colaborar contigo, pero me parece una magnífica idea. Luego de varios años has vuelto con un valioso trofeo.-
- En efecto, eres la persona a la que decidí confiarle todo viejo.-
Ambos charlaron durante un breve lapso de tiempo, simplemente de lo fundamental: las habilidades de Kagome, los fragmentos de Shikón y sus poderes. Ningún otro dato de sobra, ni más ni menos. Eso estaba bien por ahora, pensó Bankotsu.
Le Asignaron una habitación a cada uno, una en frente de la otra. Eran amplias y ventiladas, mucho mejor de lo que ella se imaginaba. A decir verdad, la primera impresión de "habitación" que se le vino a la mente fue la de calabozo, después de todo en una suposición ella estaba allí por la fuerza, en contra de su voluntad. De manera que debía ser tratada como prisionera. Pero Kiyoshi intervino en que sería más fácil tenerla vigilada de cerca que en los calabozos subterráneos llenos de fugas e imperfectos.
Más tarde se presentaron hacia el salón principal a recibir la cena. Un banquete servido se desplegaba en la mesa, mucho mejor que el pescado asado sin sabor que tuvieron que degustar en el camino. Durante la comida ninguno de los dos abrió la boca para emitir un vocablo, creyeron que aguardar a las preguntas sería lo mejor en un principio. Después de todo la curiosidad de entrada no era buena.
Luego del banquete se dirigieron directamente hacia sus habitaciones, la marcha era algo tensa e igual de silenciosa. Bankotsu ni siquiera le dirigía la mirada a su compañera, de manera que ella únicamente bajaba la cabeza. Tenían que averiguar cuanto antes de que se trataba todo ese teatro de bienvenida. Algo le traía mala espina.
Se adentró en su recámara y deslizó la puerta corrediza. Lo único que podía hacer de favorable en aquellos momentos era cerrar los ojos y mantenerse resguardada. Acababan de adentrarse en territorios peligrosos y desconocidos.
Uff, vaya semanita tuve.. bastante agitada! Mil disculpas por la tardanza pero acá llegué con el capítulo catorceee. Espero lo hayan disfrutado, ya me puse en marcha escribiendo el quince así que dentro de poco lo tenemos! Se que varios estan con la intriga de saber que va a pasar y si falta poco para el gran final, pero prefiero no adelantar nada y que saquen conclusiones solitos jiji. Saludos a todos los lectores y muchas gracias por seguir el ficcc
