HOLA, VOLVÍ LUEGO DE MATAR MUGGLES JAJA, NAG, ENSERIO, LUEGO DE UNAS VACACIONES HE LLEGADO A TERMINAR LO QUE EMPECÉ

CAPITULO 3

Aquella mañana debía ser igual a todas las otras, pero algo estaba mal. Ella lo sentía en aquella fuerte opresión en su pecho la cual no era causada por las caricias del hombre que en estos momentos besaba su hombro de forma suave luego de haberlo mordido de manera juguetona; ella soltó el aire de sus pulmones cuando volvió a sentir como aquellos dientes volvían a marcar su piel y soltó un gemido cuando la gruesa risa del hombre golpeó contra su cuello. Las manos de él rodearon su cintura y la atrajeron a su cuerpo, permitiendo percibir su calor y cada pedazo de piel del hombre. Hermione estaba más que acostumbrada a este tipo de despertar y siendo sinceras, era la mejor forma de empezar el día.

Pero por alguna extraña razón, no podía concentrase en las caricias que Severus le estaba proporcionando de tan buena gana, aquella presión en su pecho no la dejaba disfrutar plenamente de todas las maravillosas sensaciones que los labios de su amante le estaban obsequiando. Aquella opresión y aquel sentimiento de que algo malo estaba pasando la hicieron apartarse del hombre bruscamente

-¿Qué pasa?-dijo él acercándose a la castaña-¿Hice algo que te incomodó? ¿Te sientes mal?-

-No nada de eso-dijo Hermione cubriendo sus pechos con la sabana de la cama-Es solo que…olvídalo, es algo tonto-

-Granger…-dijo Severus tomando su rostro-Puedes confiar en mí-

Y aquello ella lo sabía, lo sabía aunque algunos seguían con aquella desconfianza generada por la incertidumbre y la actitud fría que era tan propia de él. Hermione había aprendido a confiar en Snape desde antes que le revelara que él debía matar a Albus, desde mucho antes de que él accediera a enseñarle las artes de la ocluamancia y Legeremenacia aquel año tan turbulento por órdenes del mismísimo director. Gracias a esa confianza, ahora ellos tenían una relación de lo más hermosa, oculta, sí, pero aquello le agregaba ese toque de adrenalina que los dos necesitaban. Ella por ser una Gryffindor y porque a los Gryffindor siempre les han gustado las aventuras peligrosas, demostrar su valentía y a él, porque como todo buen Slytherin le gustaba romper las reglas.

Y no había mejor forma que demostrar todo aquello en una relación profesor-alumna de ya casi 2 años.

Pero aun con todos esos antecedentes, Hermione se sentía un poco tonta al confesarle aquello a Severus, y aun sabiendo que estaba mal, volvió a negar con la cabeza

-Son solo cosas mías-

Él entrecerró los ojos y acercó sus labios a los de la chica

-No estarás cansándote de este viejo ¿Acaso es eso?-

-Claro que no-dijo ella rodeando su cuello con sus brazos para terminar con la maldita distancia-Son solo…cosas de mujeres-

-Joder, maldito síndrome pre menstrual-dijo Severus bajando por su cuello-Recuérdame no hacerte enojar en un par de días-

Ella volvió a reír cuando él acarició con cariño su abdomen plano, pero aquellas risas fueron cambiando rápidamente a gemidos ahogados cuando los labios de Severus decidieron descender hacia sus pechos, dejando rastros húmedos por donde estos habían pasado. Hermione se retorció bajo el cuerpo del pelinegro quien la aprisionó más contra el colchón y su cuerpo, tomando sus manos para colocarlas sobre la cabeza de la castaña para así poder seguir con su cometido

-Severus…para…ahora-dijo entre gemidos la joven, no era que aquello le desagradara, pero por esa presión en su pecho estaba creciendo

-No-respondió él como si nada, mientras sus labios tiraban de la suave piel del ombligo de la joven a la par que su lengua entraba y salía lentamente de este-En unos días te pondrás insoportable-

-En unos…días entraré a…joder…séptimo-jadeó

-Sin olvidar que tú eres un peligro público cuando andas en tus días-se jactó él volviendo a morder aquel pequeño orificio-Ahora calla y disfrutemos estos instantes-

Severus soltó sus manos y ella instintivamente las llevó a su cabello, jalándolo al mismo tiempo que levantaba sus caderas en busca de más contacto, quizás solo eran los nervioso por entrar a Hogwarts, todo los años sentía un temor horrible por hacer algo mal en cuanto entrara, si, debía ser eso, sumando a que ahora debía esconder su relación…solo debían ser los nervios…

Aunque aquello era algo más que los nervios que genera el nuevo año escolar.

Pero sus ideas se esfumaron en cuanto sintió la cálida lengua de su amante en su centro. Hermione se retorció y Severus no pudo evitar soltar una pequeña carcajada antes de volver a repetir su acción

-Mmmm desayuno de campeones-dijo previo de volver a atacar.

OoOoOoOoOoO

Hermione se había terminado de bañar cuando una lechuza moteada golpeó la ventana de la habitación, ella abrió la ventana y la pequeña ave entró desplegando sus hermosas alas hasta posarse sobre el escritorio que había en el cuarto.

Ella se encaminó hasta llegar a la pequeña ave y tomar con cuidado el pergamino que esta tenia atada en su pata, le acarició la cabeza y le tendió unos dulces que tenía para aquellas mensajeras y la vio salir por la ventana. Cuando la perdió de vista dejó la carta sobre el escritorio y terminó de vestirse para bajar a desayunar, un verdadero desayuno, no como los que tenía Severus cada mañana (No era que a ella le desagradara la idea, solo era la extraña sensación de sentirse tan vulnerable ante él que la inquietaba y la excitaba a la misma vez). Recogió su cabello y tomando la carta que la lechuza le había traído se encaminó hacia la planta baja.

Por la actitud del ave Hermione intuyó que quizás, aquella nota provenía del colegio, y al ver el sello supo que estaba en lo correcto ¿Pero porque le habían mandado aquella misiva? Ella ya había recibido su carta con la lista de materiales, su notificación como prefecta y premio anual ¿Qué otra cosa podía ser? Además ellos dos eran demasiado cuidadosos con su relación, ninguno de los dos quería afectar al otro; si aquello lo llegaban a descubrir antes de tiempo la carrera de Severus se iría a la basura, mientras que el futuro de Hermione le seguiría muy de cerca. Por eso pensaban esperar un año luego de que ella saliera de Hogwarts para recién hacer pública su relación, si ya llevaban 2 años así ¿Qué hacia un par más? Ambos concordaban que así era mucho más emocionante.

¿Entonces que era aquello que tenían que decirles con urgencia?

Desdobló la carta y se quedó estática en su lugar mientras leía con rapidez las líneas que la directora le había enviado y una vez terminada la lectura fue a buscar a su profesor de pociones a la cocina. Lo encontró leyendo un pergamino al mismo tiempo que movía su varita para terminar de preparar tostadas con mermelada de fresas para ambos, en cuanto la oyó, apartó sus ojos del mensaje y suspiró desganado

-¿También McGonagall te mandó a citar?-

-Sí, todos los profesores y los prefectos de Gryffindor debemos ir al castillo hoy-dijo la castaña arrugando la carta, adiós a las ultimas horas de paz y tranquilidad de las vacaciones

-Entiendo eso de llamar al profesorado, pero ¿A los prefectos?-

-Yo tampoco lo entiendo, pero creo que solo iré yo, Ron todavía está visitando a su hermano Charlie-

A Snape le causaba una gran dicha que ese pelirrojo no se presentara a aquella reunión, si ya de por si era malo tener que tratar mal a Hermione frente de todos, tratarla mal y que Weasley aprovechara esos momentos para acercarse a su castaña lo enfermaban de celos. Si, él era celoso, pero con un tipo como Weasley había que andar con mucho más cuidado de lo normal.

-¿Qué crees que quiera McGonagall?-

-Jodernos el día…espera eso ya lo hizo-retrucó Snape mordiendo una tostada intentando botar su enojo proporcionando energéticas mordiscadas

-Hablo enserio Severus-

-¿Qué otra cosa querrá?-dijo malhumorado-Si mandó a llamar a todos los profesores y a un par de prefectos es porque quiere discutir algo con nosotros-

Los ojos de la castaña se abrieron peligrosamente y un dejo de miedo volvió a aparecer en ellos, aquel mismo miedo que sintió antes de besar a Severus por primera vez. Él comprendió inmediatamente lo que escondían esos ojos y acercándose a ella, la abrazó con cuidado

-Solo nos debe de estar llamando para que nos quedemos en el colegio, ya sabes, hace unas semanas debí presentarme pero no le hice caso-

-¿Y porque a nosotros?-

-Quizás es para explicarles algunas nuevas reglas-dijo Snape pasando su mano por la espalda de la joven-A los otros prefectos los habrá llamado antes-

-Puede que tengas razón-se convenció la joven besando la mejilla del hombre antes de separarse para tomar una taza de té que él le había preparado-He estado paranoica desde la mañana-

-Malditas hormonas-dijo Severus antes de tomar su taza de café-Lo vuelvo a afirmar, eres un peligro público esos días-

Ella le sacó la lengua y tomó una de las tostadas que había en el plato para completar su desayuno.

Quizás él tenía razón, estaba siendo una verdadera paranoica culpa de las malditas hormonas que preceden al periodo de cualquier mujer y a los nervios que sentía por volver al colegio. Pero Severus no podía decir que ella no tenía motivos para no estarlo. Ya de por si vivir juntos fue una experiencia un tanto peligrosa ese verano, los Weasley (sobre todo Ron) intentaban ir a visitarla muy seguido y le pedían que por favor que ella revelara donde estaba viviendo, pero Hermione había insistido que necesitaba tiempo a solas para reordenar su mente y superar la muerte de sus padres, cosa que su mejor amigo, Harry Potter entendió perfectamente, por lo cual, él la ayudó a convencer al clan pelirrojo que dejara de insistir sobre saber su ubicación. Ella se lo agradeció de sobremanera, porque en verdad necesitaba un poco de espacio. Luego estaba el hecho de llevar la relación a escondida le hacía tener un peso en su espalda, no es que le desagradaba la idea de que todo eso fuera prohibido, al contrario, a ambos les gustaba aquella dulce sensación de adrenalina por sus venas cada vez que se besaban en los pasillos a escondidas…pero la castaña necesitaba desahogarse con alguien…y ella empezaba a sospechar de que Harry sabía el porqué de tantos castigos en sexto año o el como conseguía los ingredientes para pociones mientras buscaban los horrocruxes...lo que finalmente la llevaba al último punto, tenía miedo de perder a sus amigos, que todos ellos la rechazaran por estar con un hombre que prácticamente toda su vida estudiantil los trató mal…

Eran muchas preocupaciones, pero todas ellas se iban a la basura cuando sentía los labios de él sobre los suyos. Como en esos instantes.

-Deja de preocuparte-dijo Severus tirando de su labio

-No estoy preocupada-

-Eres mala mentirosa Granger-

Ella rodó los ojos y volvió a besarlo

-No se me da mentir-dijo ella-¿Iras ahora?-

-Si-

-Bueno, yo iré en unos minutos-

-¿Vas a alguna parte?-

-No podemos llegar juntos Severus…y si, iré al callejón Diagon, debo comprar algunas cosas, me faltan unos libros-

-Pensé que ya los tenías todos-

-Sí, bueno, yo también-se excusó ella-Pero creo que mi libro de Transformaciones avanzadas se perdió-dijo con las mejillas rojas

Oh si, aquel libro. Severus sonrió con picardía recordando como las llamas de una chimenea encendida a causa de una fuerte lluvia de verano consumieron el texto de la joven una vez que él se lo quitó de las manos para luego tomar su cuerpo en el suelo de su casa.

Si, definitivamente le faltaba un libro.

-Te veré en el colegio-dijo él avanzando hacia la chimenea-No te entretengas en la librería-

-Solo serán 5 minutos-respondió ella, subiendo las escaleras

Severus negó con la cabeza antes de pronunciar su destino y aparecer en sus habitaciones privadas, en las mazmorras de Hogwarts. Observó todo a su alrededor y una pizca de nostalgia lo invadió, por mucho tiempo había considerado aquel lugar como un hogar, un sitio donde él podía decir "estaba tranquilo y en paz" sin contar claro está, a sus incompetentes alumnos y las ordenes que el viejo loco de Dumbledore. Pero ahora un sentimiento le estaba haciendo un nudo en el pecho, al igual que en la mañana.

Aquel lugar ya no lo sentía igual porque eso implicaba tener que separarse de Hermione y volver a todo ese cuento de mierda que tenían que montar para no tener problemas. Odiaba tener que hacer aquello, más aun saber que la tenía tan cerca y aun así, no podía tocarla.

Pero hoy esa sensación era aún más fuerte, muchísimo más que en el periodo de guerra donde la vida de ambos corría serio peligro a cada segundo. Severus sentía que algo estaba mal en el ambiente pero no quería preocupar más a Hermione, no más de lo que ya estaba, así que decidió guardarse esa sensación para sí mismo y continuar como si nada estuviera pasando. Aunque debía admitir que aquella opresión se estaba haciendo más fuerte a cada momento.

Ya para cuando llegó a la oficina que ahora pertenecía a McGonagall creía que tenía plomo dentro de sus pulmones y ante la sorpresa de muchos de los profesores allí presente, Severus tomó asiento en uno de los sillones cercanos al escritorio. Hagrid lo observó preocupado y se acercó para saber exactamente qué le ocurría

-¿Se siente bien, profesor Snape?-

-Perfectamente-le respondió al semigigante-Solo no quiero interrumpir a los demás profesores-dijo desviando la mirada hacia la otra esquina donde estaban sus colegas

-Se le nota pálido-

-¿Enserio? No lo sabía-

Hagrid rodó los ojos y volvió hacia la otra esquina donde estaba el resto de profesores, Snape estaba bien, ese último comentario sarcástico lo había comprobado.

La puerta de la oficina volvió a abriese y por ella entró la nueva directora de Hogwarts, Minerva McGonagall siendo escoltada por la pequeña y delicada silueta de Hermione quien en sus manos sostenía un ejemplar recién comprado de Transformaciones avanzadas.

La chica le sonrió a todo el mundo y fue a ubicarse con los demás profesores, no sin antes guiñarle un ojo a Snape y levantarle una ceja en señal de que no se había tardado tanto como él predijo.

Era algo natural entre ellos dos, retarse con la mirada y ver quien cedía ante el otro. En este caso, él había perdido, pero que ella fuera su pareja no significaba que no recibiera una pequeña venganza después, uno que los dos disfrutarían.

-Me alegra de verlos a todos-dijo Minerva, sacando al hombre de sus pensamientos-Creo que ya era hora que los profesores hicieran su aparición-

Todos se quedaron mudos y las mejillas de unos cuantos se tiñeron de un rojo tan intenso como el cabello de los Weasley. Hermione sabía por una fuente demasiado confiable que todos los profesores debían de haber llegado al castillo hace una semana; ella sabía los motivos de Severus del porque no quiso ir, pero se le hacía sumamente chistoso ver a Sprout roja o a Slughorn desviando la mirada.

-Los he citado hoy por dos cosas importantes-siguió la mujer-Quiero presentarles al nuevo profesor de DCAO, Severus, por favor-

-¿Yo?-Dijo incrédulo y recuperando un poco el aire que el nudo en su pecho le estaba quitando

-Ahora que Tom Riddle está muerto, no veo el problema de que asumas ese puesto, siempre lo has querido ¿Acaso cambiaste de opinión? Porque hay un chico que…-

-Nada de eso-dijo rápidamente

-Excelente-

Hermione pudo ver como los labios de Snape se curvaban suavemente hacia arriba para formar una pequeña sonrisa. Conocía de sobra las ganas que él tenía de ser el maestro de aquella materia y ahora podía ejercer el cargo sin el temor de que a fin de año la maldición de aquel psicópata lo afectara.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la castaña, una llena de orgullo hacia el pelinegro.

-Y lo otro es porque debemos examinar sus planes anuales, así que es hora de que empecemos, Hagrid, el tuyo por favor…-

Fueron las horas más largas en la vida de Hermione, ella se quedó muy quieta y callada al otro lado del despacho mientras los profesores hablaban sobre los temas a tratar aquel año, excepto Severus quien había ido a la biblioteca a hacer una pequeña planificación para las primeras semanas…si tan solo ambos no se hubieran entretenido en otras cosas él no estaría en aquellos problemas de tiempo.

Quizás, solo quizás ella podía escabullirse de aquel lugar he ir hacia la biblioteca, puesto que lo único que había hecho durante esas horas era mirar el techo del lugar. No entendía para que la habían citado si hasta el momento parecía un cuadro en la pared. Suspiró resignada y se levantó de la silla donde estaba para así poder ir donde Severus, pero sus ideas se desvanecieron cuando él entró con un largo pergamino de casi 4 metros

-Aquí está mi planificación-dijo extendiéndolo hacia McGonagall

-Merlín Severus ¿Esto es solo las primeras semanas?-

-Los alumnos no han tenido una educación muy buena en aquella área durante años, creo Minerva, es mi deber ponerlos al día-muy disimuladamente miró hacia la castaña-Sobre todo a los alumnos de séptimo-

McGonagall asintió y leyendo el pergamino muy rápidamente lo dejó en la mesa junto a todos los demás.

-Bien, después lo discutiremos. Ahora quisiera que todos conocieran a una nueva alumna-

-¿Nueva alumna?-preguntaron casi todos los profesores al mismo tiempo

-Sí, ella es mi ahijada, estará en el colegio hasta que sus padres lleguen-

-¿Pero no debería llegar al colegio como todos los otros alumnos?-dijo Severus, mientras la presión en su pecho se hacía cada vez más fuerte-Recuerda Minerva, no debemos tener preferencia con ningún alumno-

-Eso ya lo sé Severus-repuso la directora-Pero respondiendo a tu pregunta, ella se está alojando en el castillo porque no tiene otro familiar, se estaba quedando conmigo desde hace un mes-

-¿Cuánto años tiene?-preguntó Hagrid

-17, estará cursando séptimo-

-¿Y a qué casa fue sorteada Minerva?-preguntó Filius

-El sombrero la sorteó a Gryffindor, por eso he llamado a los prefectos, pero veo que solamente la señorita Granger atendió a mi llamado-

Ahora Hermione entendía el porqué de su llamado, solo debía mostrarle a la ahijada de McGonagall la torre y la sala común de Gryffindor, cumplir con sus labores de prefecta. Nada de qué preocuparse

-Bien ¿Y dónde está la joven?-dijo Horace

-Honey, querida, por favor entra-

Bien, aquello no podía ser tan malo, ella solo iría y se presentaría, no había de que preocuparse…A quien intentaba engañar, todo se estaba yendo a la mierda. Primero viajó al pasado, más de 17 años específicamente, cuando ella ni siquiera era un pequeño espermatozoide, luego su giratiempo se había roto dejándola estancada en aquel tiempo y ahora, para rematar, debía mostrase abiertamente hacia sus futuros maestros y por sobre todo, hacia sus padres.

Quizás en un momento pensó que era una buena idea, pero pensándolo mejor, ahora quería huir y un salto desde la torre de astronomía no sonaba como una idea tan mala.

¿Por qué tenía tanta mala suerte? ¿Por qué Merlín no se apiadaba de ella? Honey tenía miedo de que sus decisiones afectaran en su futuro…presente…pasado, bueno, que afectaran a una de las líneas del tiempo, y lo afectara de una manera negativa. Pero ya estaba allí y debía enfrentar lo que viniera. Solo esperaba que su madrina y Dumbledore arreglaran su giratiempo lo antes posible para así no seguir afectando aquel tiempo.

-Honey, querida, por favor entra-

Un escalofrió recorrió su espalda cuando la voz de McGonagall la llamó.

Oh mierda ¿Por qué ella tenía que tener tanta mala suerte?

-No puedes retrasar lo inevitable Honey-dijo Dumbledore desde las alturas

-Sí, sí podría ¿Por qué mandó a llamar a mi madre? La podría haber visto mañana en la cena. Así hubiera tenido un tiempo para acostumbrarme la idea-

-¿Tienes miedo?-

-Claro-respondió ella-Es decir, hola, el parecido es muy notorio ¿Qué les voy a decir?-

-Mi querida niña-dijo Dumbledore muy cariñosamente-Tanto tu madre como tu padre son personas muy valientes, no creo que seas una cobarde conociendo tus genes-

-No, no lo soy-respondió muy ofendida la joven

-Entonces ve y enfréntalos-

Honey suspiró y agradeció las palabras del cuadro. Ella era Honey Snape, hija del doble espía Severus Snape y de la bruja más inteligente de su generación Hermione Granger, ella no era una cobarde.

Abrió la puerta y entró a la oficina del director con paso decidido y sin mirar a nadie, tampoco prestando atención al murmullo que se estaba generando en la sala, pero ella tenía una leve impresión de que se trataban.

Avanzó hasta su madrina y luego se volteó para saludarlos a todos

-Un placer conocerlos-dijo ella-Mi nombre es Honey Burton y soy la nueva estudiante de Gryffindor-

Solo esperaba que aquel plan que habían trazado 10 minutos antes de que los profesores comenzaran a llegar funcionara, porque por la mirada que su padre le estaba regalando, aquello ya estaba empezando de una muy mala manera.

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