Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 15:
- Aiko, Shimoda, Banryuu.- Kagome sostuvo entre sus manos aquellas pequeñas notas que contenían las palabras clave de su búsqueda. – Aiko, Shimoda, Banryuu.- Volvió a repetirse mientras que apretaba los ojos con fuerza, como queriendo sacar una conclusión al exprimir sus cualidades. Aiko sin duda alguna era un nombre de mujer. Pero jamás había oído a Bankotsu hablar de una mujer cercana, ni siquiera de su misma madre. Seguramente el no llegó a conocerla. "-No perdí a mi familia en las guerras, ellos jamás me quisieron.- - Kiyoshi fue mi mentor y también la única persona con la que me he criado.-" El había sido un abandonado desde un principio, un huérfano desde pequeño. Pero si aquel hombre era quien se había encargado de la crianza de Bankotsu, por qué es que ahora estaba tan interesado en deshacerse de él? También estaba Shimoda, pero aquella palabra no le pareció familiar en lo absoluto, de manera que tendría que averiguarlo por su cuenta. Y Banryuu, seguramente se trataba del origen de aquella alabarda.
Kagome sintió una corazonada, su intuición le decía que aquellos tres vocablos estaban comunicados, tenían una familiarización.
Se puso de pie, se vistió correctamente y deslizó la puerta corrediza que daba hacia el pasillo. Un hombre robusto con una armadura de combate descansaba el peso de su cuerpo junto al marco de la puerta.
- A donde crees que vas?- Exclamó propulsándola hacia el interior de la recámara.
- Oiga, Yo solo quiero salir…-
- Salir? Creo que te estás tomando el hecho de que eres una prisionera con mucha libertad.- La interrumpió el hombre cerrándole el paso. – Déjame demostrarte cómo funcionan las cosas aquí.- La encerró entre dos muros, colocando la mano derecha sobre una de las paredes para dejar reposar el resto del cuerpo. Ella pudo sentir el tacto de los dedos de la otra mano rozarle con el cuello. Tragó saliva y lo miró directamente a los ojos, no dejaría que el miedo se apoderara de su cuerpo. En un abrir y cerrar de ojos la puerta corrediza se abrió adentrando un haz de luz en la habitación, la figura de su compañero se encontraba de pie junto al marco de la entrada. Observándolo todo.
- Pero si llegué para el gran acto final! Dime... que harás luego? Déjame adivinar, la parte en la que impones tu fuerza ante ella.- Le dijo Bankotsu sin mover un músculo de su lugar, como deleitado con lo que estaba observando. El hombre se volvió hacia él, sonrió entre dientes y miró a Kagome de soslayo.
- Tú si sabes muchacho, que tal si nos das un poco de privacidad entonces?- Las facciones del mercenario cambiaron ante la respuesta, Kagome lo observó con atención. Era como si el antiguo Bankotsu se presentara otra vez ante ellos, con aquella mirada frívola característica y la sonrisa en los labios. Se acercó hacia el soldado y sujetó del cuello descubierto y lo elevó por encima de su cabeza. Éste lo observaba con desesperación, tratando de zafarse de su agarre y de llenarse de aire los pulmones.
- Creo que no estás comprendiendo muy bien. Tal vez debería explicarte cómo funcionan las cosas aquí.- Con el mismo brazo con que lo sostenía lo aventó hacia el otro extremo de la habitación, se encaminó a su lado y embistió algunos puñetazos. Primero en su rostro, luego en el estómago y otra vez en la cara.
- Me aseguraré de decapitar a cualquier imbécil que le ponga un dedo encima. Eso tenlo por seguro.- El moreno se sacudió la camisa y escoltó a Kagome hacia afuera, antes de salir se volvió hacia el hombre que hacía el esfuerzo por ponerse de pie. – Y la próxima vez trata de no escupirme. Es asqueroso.- Ambos dejaron la habitación y se encaminaron hacia el salón principal.
- Debería agradecerte?- Le cuestionó ella algo confusa.
- Deberías.- Le respondió con los labios curvados. A medida que caminaban ella se concentraba en sus facciones. Cuanto tiempo hacía que no lo veía sonreír verdaderamente? Cuánto tiempo más transcurriría sin poder besarlo o apegarse a él mientras caminaran? Pensarlo la aborrecía.
El muchacho chasqueó los dedos delante de su rostro para hacerla volver en sí.
- Me estás escuchando?-
-Mhm?- Ella se volvió algo atontada como si el sueño aún se apoderara de sus sentidos.
- En breve iremos con una curandera o algo por el estilo, el anciano quiere asegurarse de que en verdad eres una sacerdotisa y todo eso.-
- El vendrá con nosotros?- Bankotsu arqueó una ceja.
- Dijo que tenía cosas que hacer, pero enviaría algunos de sus hombres con nosotros.- Y exhaló un suspiro. – Qué es lo que tienes entre manos?-
El tiempo para partir finalmente cayó sobre ellos, Kiyoshi se despidió de su antiguo alumno y lo observó alejarse junto con sus hombres.
- Señor, en verdad los dejará marcharse sin confirmarlo por su cuenta?-
- Por supuesto que la muchacha es una sacerdotisa, eso lo supe desde el primer momento en que la vi.- Asestó el hombre con la mirada fija en el grupo que se alejaba. – Quiero adelantarme a saber cuál será su siguiente paso.-
El Bosque espeso era un camino de lo más reconocido para Kagome, las ramificaciones, la hierba hiriente, los pinches, todo en su lugar le era más que familiar, la diferencia era que entonces acarreaban con otros cuatro intrusos. El paso era ligero y pronto se acercaban a los poblados más cercanos al norte de los territorios de Kyoshi. Un hombre de mediana estatura iba a la cabeza del grupo como guía, detrás de él iba su acompañante, luego venían Bankotsu y Kagome y finalmente otros dos hombres. Era tal y como el muchacho había especulado "Nos tienen bajo una perfecta custodia"
Ella lo observaba de pies a cabeza, su cara de concentración, las pequeñas arrugas que se le formaban en el entrecejo, sus pómulos, la comisura de sus labios, su nuca. Todos sus sentidos se concentraban para estudiarlo. Se preguntó si el amor hacía de una persona alguien más perceptivo, aquello era realmente maravilloso!
Bankotsu le dio un leve puntapié para bajarla a la realidad. Finalmente habían llegado a la primera aldea, a pesar de no ser el objetivo de ellos, Kagome pensó que recabaría bastante información allí. Solo necesitaba un método de distracción natural, algo que llamara la atención lo suficiente como para darle el paso a su investigación.
El grito ahogado de las mujeres se oyó segundos más tarde, en efecto, un monstruo ciempiés gigantesco se impulsó hacia la aldea destruyéndolo todo a su paso. Derribó a un par de hombres con los que venían e hizo al grupo dividirse. Bankotsu y los dos soldados por un lado y Kagome por otro. Totalmente concentrados en el exterminio del ser demoníaco, los hombres y Bankotsu prosiguieron con la labor de deshacerse de él.
Movida por su interés, Kagome se encaminó hacia los lugares más seguros y recónditos del poblado hasta adentrarse en una especie de tienda. La aldea era tan extensa que en aquel otro extremo a penas parecían percatarse de que un monstruo estaba atacando una parte de sus tierras. El encargado, un hombre no muy mayor con la mirada tranquila, la observó y le dio la bienvenida.
- Buenos días, podría hacerle una pregunta?- Le dijo con la voz algo entre cortada. El hombre asintió rápidamente.
- Acaso sabe algo de Shimoda? Me refiero a si es un nombre propio o un reino, o simplemente una person..- Pero antes de que ella pudiese terminar la frase el hombre negó rotundamente con la cabeza. Ella le dio las gracias, suspiró y se dio media vuelta hacia el umbral de la tienda.
- Shimoda, eh?- Una voz algo apagada resonó a sus espaldas. La muchacha se giró sobre sus talones, un hombre de anciana edad la observaba directamente a los ojos. – Déjame decirte niña, que yo fui uno de los sobrevivientes de la tragedia ocurrida en Shimoda.-
- Tragedia?- Ella se encaminó rápidamente hacia el anciano. – A que se refiere?-
- Shimoda era uno de los pueblos productores de armas para las grandes tropas más importante. De hecho los herreros y confeccionadores de allí éramos los más reconocidos por nuestra excelente labor.- Le dijo con aires nostálgicos, casi caldeándose el cuerpo con los recuerdos. Kagome podría haber jurado que aquel hombre se aguantaba las lágrimas. – Trabajábamos para varias filas de tropas de diferentes señores feudales, pero un día ocurrió el accidente.
El fuego consumió todas las viviendas y parte del bosque. Decenas de personas ardieron ante la vía sin escapatoria, todos ellos. Pero todos supimos que los accidentes no se propagaban tan fácilmente, y por esa razón no debían dejarnos con vida. Conocíamos a los verdaderos culpables.- El hombre hizo una pausa, la historia le estaba helando la sangre mientras que ponía atención a todas las acciones que realizaba el hombre.
- Usted… fue un sobreviviente? Pero por qué ocurrió eso? Quien haría algo así y con qué fin?-
- Kiyoshi. Ellos no querían que nosotros hagamos armamento para otras filas. Solo lo querían para sus propios fines. Al rehusarse nuestro jefe, inmediatamente fue asesinado y se ordenó quemar toda la aldea. Si no podíamos pertenecerles solo a ellos, no le perteneceríamos a nadie.- El hombre tragó saliva. – Por qué estás tan interesada en esto?-
- Yo… creo conocer a un sobreviviente también.-
El anciano tosió varias veces.
- Eso es imposible. Yo solo.. recuerdo a un pequeño, el estaba indefenso.- Los recuerdos comenzaban a aparecer en la mente del hombre, como si se trataran de piezas de un rompecabezas.- El hijo del general, lo recuerdo muy bien. Se lo llevaron junto con su arma, la que habían confeccionado par-
La conversación fue interrumpida abruptamente, el rostro de Bankotsu reapareció en el lugar. Parecía desesperado y sumido al mismo tiempo.
-Aquí esta! Vino a refugiarse aquí!- Vociferó hacia afuera con la mitad del cuerpo dentro del comercio. – Debemos irnos.- Ella asintió, se volvió hacia el hombre y le dio las gracias. El anciano miró al pelinegro a los ojos, recordando la esencia familiar que tenía. Kagome parecía permanecer en estado de trance, con los ojos clavados en un punto fijo del horizonte.
- Camina más deprisa, no podemos perder mucho tiempo.- Exclamó su compañero sosteniéndole la mano para apurarla. Ella no pudo evitar sonrojarse como si fuese una niña pequeña. Hacía cuanto que no se tomaban de las manos? A ella le pareció una eternidad.
Sacudió la cabeza, tenía que rearmar en su mente la cantidad de cosas que había recopilado en aquellos momentos previos. Nunca se había sentido tan cerca.
Pasaron por un par de poblados más, y finalmente a las afueras del último visitaron a la curandera. Una anciana algo quejumbrosa con afanes de supremacía. La miró de pies a cabeza, la sostuvo del mentón y le giró el rostro a ambos lados. Le echó una especie de polvo blanco por encima de la cabeza y extendió sus manos delante de ella, una aurora color rosácea envolvió a Kagome por completo.
- Esta niña no solo tiene las habilidades de una sacerdotisa. Ella es la reencarnación de la misma Kikyo.- La respuesta no la sorprendió en lo absoluto. Qué otro comentario podría esperarse? A decir verdad aquello era más como una costumbre. – Aunque a decir verdad la belleza de Kikyo no podía compararse con la de ella…- Bankotsu soltó una carcajada reprimida para sus adentros, pero ésta le llego a su compañera rápidamente.
- Creo que ya probaron lo que querían probar. Hemos terminado aquí.- Le dijo tajantemente al resto del grupo. Se puso de pie, sacudió sus ropas y fue la primera en salir hacia el exterior de la choza. – Viejas brujas…-
La trayectoria de vuelta fue sepulcral, ni el más mínimo murmullo del bosque podía oírse, simplemente los pasos que daban al avanzar, el crujir de las ramificaciones y las hojas y alguna que otra queja por los tropezones. Kagome ni siquiera levantó la cabeza para inmutar un suspiro, se sentía abatida psicológicamente. Llegaron a la vivienda poco después del anochecer, Kagome optó por omitir la cena con la excusa de haber perdido el apetito. Como iba a mirar a los ojos a aquel hombre que se deshizo de tanta gente inocente? Sabría Bankotsu algo de esto? Se encaminó hacia la el futón para meterse entre las sábanas, a decir verdad se sentía fastidiada. Entonces la detuvieron, la fuerza de un segundo la rodeo rápidamente, cerró la puerta corredera tras de sí y la obligó a volverse. El joven mercenario permanecía allí, riendo, observando como Kagome hacía el patético esfuerzo por soltarse.
- Qué es tan gracioso?-
- Dime que le hiciste a la verdadera Kagome y en donde está!- Le dijo mientras que se abalanzaba sobre ella y le cubría la cabeza, como si tratase de defender a un soldado herido.
- De qué estás hablando? Detente, van a oírnos!- Le dijo haciéndolo a un lado con ambas manos.
- Olvidas que eres mi prisionera? Puedo hacer lo que se me plazca contigo.- Le dijo en tono de burla susurrándole al oído.
- Créeme, no lo he olvidado.- Ella exhaló un suspiro recordando el riguroso día que habían pasado.
- Se que es difícil, también me es algo complicado, pero deberías controlar tus sentimientos.- El rostro de su oyente se tiñó de rojo al oírlo. – Tampoco he olvidado la manera en la que me veías.- El corazón casi le daba un vuelco. Trató de mantener la calma, se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
- Yo… no te estaba viendo.- Mintió con seguridad al recuperar el aliento. Bankotsu se acercó más a ella.
- En serio? Creí que estuviste haciéndolo todo el día.- Los vocablos se desprendían de sus cuerdas vocales en un susurro a medida que avanzaba hacia ella. De pronto comenzó a darle pequeñas caricias en la mejilla y a besar su cuello. – Yo sí estuve haciéndolo, es solo que soy más discreto.- Ella trataba de apartarse.
- Podrías serlo también ahora, después de todo...-
- Oblígame.-
Bueno, fue un largo proceso de regreso, pero aca estoy, trayéndoles este capítulo! Sepan disculparme, estuve mucho tiempo sin internet. Espero lo hayan disfrutado, la semana que viene vuelvo con más :)
