HOLA, MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS :D ME ALEGRA MUCHO QUE ESTA HISTORIA LES ESTÉ AGRADANDO

CAPITULO 4

Bien, lo había hecho, ahora solo tenía que soportar las miradas asombradas de todas las personas allí presente, pero por sobre todo debía soportar las miradas de sus padres. Nunca en toda su vida había sentido aquel temor que todos sus amigos profesaban cuando su padre los observaba atentamente como lo estaba haciendo ahora, Honey siempre pensó que estaban exagerando y que aquel miedo solo era causado por la fama que su padre traía de bastantes años anteriores, pero ahora, oh ahora sí que los entendía completamente; aquellos ojos negros parecían estar buscando sus propios ojos para seguramente, leerle la mente cosa que en aquellos momentos sería sumamente fácil.

Pero había otro par de ojos que no dejaban de mirarla, unos ojos que eran igual a los suyos. Los ojos de su madre.

Honey se quedó de piedra al comprobar que la mirada de Hermione Granger se encontraba enfocada en ella, examinándola al igual que su padre pero sin poder esconder el desconcierto en su rostro, y era obvio que todos los presentes pensaban lo mismo que ella en esos instantes.

¿Por qué mierda no cambió su aspecto? ¿Cómo se les fue a pasar aquel detalle tan pequeño pero tan importante? Ahora ella era una Hermione de pelo negro, todos su tíos se lo habían dicho desde antes de poder hablar correctamente, siempre había vivido con esa estampa pero ahora ella podía comprobar con sus propios ojos que nadie había estado exagerando. Una cosa era ver las fotografías que tan celosamente ella guardaba en su libreta y otra cosa muy distinta era poder apreciarlo en vivo y en directo.

Eran iguales, tan iguales que hasta daba miedo.

-¿Has dicho…Burton?-

La voz aguda del profesor Flitwick la sacó de sus pensamientos, aparentemente ahora ella era el centro de atención, bueno ella y su madre.

-S…si señor-dijo ella intentando no mirar a sus padres-Mi apellido es Burton-

Esperaba que aquella mentira se la tragaran, porque su voz le había fallado enormemente al flaquear de esa forma, pero Honey no podía estar tranquila. A menos de un metro de distancia estaba aquella mujer que nunca logró conocer, la mujer que le dio la vida y de la cual no sabía absolutamente nada ¿Cómo se supone que debía actuar? "Manteniendo la calma y mostrando total indiferencia" seguramente eso le hubiera respondido su padre y quizás ella le hubiera hecho caso, pero lamentablemente ahora su cerebro no estaba trabajando muy bien. Pero esperaba no cometer una estupidez, ya con la idiotez de esta mañana estaba más de satisfecha.

Ni siquiera pudo practicar la mentira con su madrina y con el cuadro de Dumbledore porque en el mismo instante que iban a empezar, la puerta de su madrina sonó y a través de ella se pudo escuchar la voz de la profesora Sinistra. Solo habían concordado en una cosa, ella era la ahijada que se iba a quedar por un tiempo indefinido

-¿Y si preguntan por el nombre?-había preguntado el hombre en el lienzo

-Burton-exclamó la chica-Mi nombre será Honey Burton-

Fue el primer nombre que se le vino a la cabeza ya que aquella tarde, Teddy y ella iban a pasarla viendo películas de aquel director muggle que tanto los fascinaba, si es que su padre dejaba entrar a Teddy claro está.

-Bien, será Burton… ¿Tu casa es?-

-Gryffindor-le respondió a la mujer

La mujer sonrió y le indicó donde permanecer hasta que ella la llamara para presentarlos a todos. Pero solo cuando Dumbledore le dijo que en aquella sala estaba su madre fue que sus nervios comenzaron a traicionarla ¿Por qué la había llamado? Oh claro, Gryffindor y ella sabía por su tía Ginny que su madre, al igual que ella, era la prefecta, así que…

-La señorita Granger te mostrará la sala común de Gryffindor querida-

-¿Ah? Oh si…la sala común, claro-

Su madre debía indicarle cada una de las reglas y demás cosas que supuestamente ella no sabía.

-Señorita Granger, por favor, lleve a la señorita Burton hacia la sala común e indíquele las reglas, mañana le indicará la ubicación de los salones-

-Sí, profesora McGonagall-respondió la castaña automáticamente-Sígueme por favor-

Ella tardó 2 segundos en darse cuenta que su madre le estaba hablando a ella, 3 segundos más en mover su pierna derecha y otros 3 segundos en coordinar una caminata normal, Honey estaba totalmente nerviosa

-Otra cosa, señorita Granger, quiero que vuelva una vez que le muestre la sala común-dijo Minerva cuando vio a ambas jóvenes cerca de la puerta-Tengo que hablar un asunto importante con usted-

-Como diga directora-

Los profesores las vieron salir juntas por la gran puerta y una vez que escucharon que la escalera de mármol había dejado de girar, indicando que ambas se encontraban ya en los pasillos, soltaron un gran suspiro al unísono.

¡AHORA TENIAN DOS HERMIONE GRANGER!

Pero la mente de un hombre estaba pensando en otras cosas, cosas más importantes como por ejemplo, la gran barrera de oclumancia que tenía esa chica.

Algo allí olía a gato encerrado y él se encargaría de averiguarlo.

-Si ya dejaron de desperdiciar el aire, les recuerdo que estábamos en una reunión importante-dijo McGonagall llamando la atención de todo el personal-Bien ¿En que nos quedamos?...-

Hermione avanzada rápidamente por los pasillos de Hogwarts seguida por aquella chica de cabello oscuro; la castaña todavía no podía quitarse de la cabeza la primera impresión que tuvo al verla, sus facciones, el color de sus ojos, su casa…era iguales. Pero lo que más miedo le causó al ver a la joven fue que aquella presión en su pecho se hizo más fuerte, al punto que pensó que se iba a desmayar por la falta de aire que sentía.

Nadie podía negar que todo aquello era muy extraño…muy, muy extraño. Y a ella no le gustaban mucho las extravagancias.

Siguió avanzando por los corredores sintiendo la presencia de la otra joven muy cerca de ella hasta que llegaron al retrato de la Dama Gorda, la entrada de la sala común de Gryffindor en el séptimo piso de la torre.

-Buenos días-saludó Hermione al cuadro-¿Podría dejarnos pasar? Ella es nueva y debo enseñarle la sala-

-¿Contraseña?-dijo la Dama Gorda

-La directora no me ha dicho ninguna contraseña-

-Lo siento querida, no puedo dejarlas pasar-

-Pero…-

-Caramelos de limón-dijo Honey detrás de Hermione

-Correcto-

El cuadro se hizo a un lado y las dejó pasar

-Vi la contraseña en uno de los papeles que mi madrina tenía sobre su mesa-respondió la pelinegra-Era esta o pie de limón-

-Probablemente, esa sea la de Slytherin-dijo Hermione entrando junto a ella

-Quizás…pero no duraría mucho, la cambiarían en cuanto tuvieran la oportunidad-

Hermione rió, claro que la cambiarían, Severus sería el primero en tener una petición para que aquello sucediera porque como todo buen Slytherin, a ellos les gustaban las cosas un poco más "elegantes" y aquella contraseña obviamente, no pintaba para nada con aquella descripción.

Los ojos de Honey brillaron al escuchar la risa de su madre, era algo tan…puro, tan limpio que por unos minutos maldijo a su padre por no permitirle hurgar en su pensadero, lugar donde obviamente estaban los recuerdos de ella, recuerdos hermosos que sin lugar a dudas, contenían aquel dulce y tranquilizador sonido. Honey lo iba a atesorar como su recuerdo más feliz, estaba tan contenta que hasta podía convocar a su patronus allí mismo.

-Bien…Honey, como prefecta debo indicarte algunas cosas ¿La profesora McGonagall te ha dicho algo sobre la escuela?-

-Solo lo básico-dijo ella con naturalidad "Como que es 1999"-Hay cuatro casas, varias asignaturas, toque de queda, se descuentan puntos…-"Donde papá es el rey"-Cosas como eso-

-Sí, bien, las cuatro casas son Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff, hay dos perfectos por cada casa, pero lamentablemente mi compañero no pudo venir, ya lo veras mañana-

Perfecto, Honey ya deseaba ver a su tío Harry, aquel hombre que siempre estuvo allí para cumplir cada uno de sus pequeños caprichos por conocer más sobre la mujer que ahora tenía enfrente, no importaba el miedo que sentía en aquellos momentos, sabía que teniendo a su tío a su lado, aquello sería más fácil de llevar

-En séptimo año se dan los E. X.T.A.S.I.S donde debes tomar asignaturas complementarias para luego ingresar a estudios más avanzados si así lo deseas…¿Qué asignaturas planeas tomar?-

-Pociones, Aritmancia, Herbologia, DCAO, Runas Antiguas, Encantamientos y Transformaciones…quiero ser auror-dijo la chica con las mejillas rojas

-¿En serio? Un amigo también desea lo mismo-respondió la castaña con una sonrisa en sus labios-Yo tomaré básicamente las mismas clases, solo debes sumarle Astronomía-

-¿También quieres ser auror?-preguntó esperanzada Honey, que su madre hubiera tenido los mismos sueños, era en cierta parte emocionante y triste a la vez, ahora entendía la alegría de su padre cuando ella, a sus 15 años le había comunicado su decisión de querer ser auror, cuando en realidad todos la veían como la sucesora de Severus en el puesto de profesora de pociones ya que el viejo Horace Slughorn solo estaba esperando a que apareciera alguien competente a quien dejarle la vacante

-En realidad no, no tengo realmente claro lo que quiero estudiar, por eso tomé la gran mayoría de las clases-

-Oh…ya veo-

-Pero creo que puede ser algo con pociones, abrir mi propia botica…me gusta mucho aquella asignatura-dijo Hermione con las mejillas rojas

"Y porque te gustaban mucho las clases de pociones, salí yo" pensó Honey

-Bien, dejémonos de pláticas, esta es nuestra sala común, es muy acogedora y generalmente la chimenea está encendida todo el año, nuestro fantasma de casa es Sir Nicolás, pero todos lo llamamos Nick casi decapitado, pronto te darás cuenta del porque lo llamamos así, por el momento desconozco a nuestro jefe de casa, antes de la guerra era tu madrina, pero ahora…bueno, lo sabremos mañana-Hermione le hizo un gesto para que la siguiera-El desayuno de sirve en el Gran Comedor, al igual que el almuerzo y la cena, nos sentamos por casa. Mañana podrás conocer al resto de los Gryffindor, son un poco ruidosos pero nada de qué alarmarse…que más…oh si, estas son las habitaciones de las chicas-dijo indicándole las puertas de roble-Son individuales, no como los cuartos de los chicos. Además ellos no pueden entrar a este lugar, está encantado-

-Entiendo-

-Pero nosotras si-indicó Hermione-Aunque no te lo recomiendo, pueden que estén jugando con alguna de sus bombas fétidas y créeme, no quieres oler eso-

-Gracias por el aviso-dijo Honey

-Creo que eso es todo, mañana te enseñaré lo que queda de castillo-

Hermione se quedó mirando a la joven una vez más, quien ahora le estaba devolviendo la mirada; por unos segundos sintió una calidez recorrer sus venas e inmediatamente un instinto protector empezó a aflorar, sacudió su cabeza ante aquella loca idea y se dijo a si misma que estaba loca

-Nos vemos mañana Honey-

-Hasta mañana Hermione-

La castaña bajó las escaleras del cuarto de las chicas y de inmediato se encaminó al despacho de la directora.

Mientras que en un cuarto insonorizado de la torre Gryffindor, una chica gritaba de alegría y se dejaba caer en la cama con una gran sonrisa en sus labios. Había hablado con su madre, una pequeña platica en la cual pudo conocer un poco de ella.

Tal vez aquel incidente con el giratiempo no era tan malo después de todo...

Hermione vio como la gran mayoría de los profesores bajaban por la escalera de mármol que conducía hacia la oficina de la directora, algunos iban un tanto colorados, otros un poco más serios, pero en cuanto lograron visualizar a Hermione todos colocaron la misma expresión.

Asombro.

Ella intentó no hacer caso a aquellas miradas y con una sonrisa en su rostro subió la escalera para poder hablar con su ex jefa de casa.

Aunque en un principio pensó que aquella llamada era para que ella cumpliera sus deberes como prefecta, todavía sentía que algo estaba mal, intuía que McGonagall conocía que ella le estaba escondiendo algo muy importante…bueno, ella y Snape.

Y verlo justamente ahora, en la sala de la directora hacia que aquel temor volviera hacer estragos en su sistema nervioso. Merlín…que no fuera lo que estuviera pensando…

-¿Y la señorita Burton?-dijo McGonagall sentada detrás de su escritorio sin apartar la mirada de un gran pergamino

-Se instaló en una de las habitaciones-respondió ella un tanto nerviosa

-Excelente. Ahora querida, quiero que tomes asiento-

Hermione tragó hondo y avanzó lentamente hasta el asiento que estaba libre, el asiento al lado de Severus

-Bien. Quería hablar seriamente con ustedes dos-

-¿Y qué asunto seria ese Minerva?-repuso Severus levantando una ceja

Él había estado barajando varias hipótesis desde el segundo en que ella permitió la retirada de los profesores pero la suya no. En cambio, le había ordenado sentarse al otro lado de su escritorio y que esperara a la señorita Granger. Su mente había pensado que tal vez era algo tan inocente como que ella le notificara la condición de salud de él (Ya que ella se había ofrecido voluntariamente para cuidarlo una vez que salió de San Mungo) hasta lo más extremo, que hubieran descubierto su relación.

Bueno, a él no le importaba que lo expulsaran del colegio, lo que en verdad le importaba era como se sentiría ella, Hermione nunca se perdonaría el no haber terminado el colegio, menos por una indiscreción.

Fue por eso que en cuanto la vio temblar suavemente, tomó su mano con mucho cuidado por debajo de la vista de Minerva, si era aquello, él asumiría toda la culpa, suplicaría si era necesario, todo con tal que Hermione cumpliera uno de sus sueños

-He estado pensado Severus-comenzó la mujer-Sobre la señorita Granger y sobre ti-

Ahora sentía un sudor frio recorrer su espalda, aquello no podía ser nada bueno

-¿Y qué seria ese asunto? La señorita Granger y yo no tenemos nada en común-

-Claro que lo tienen Severus-dijo la mujer mirando a ambos a través de aquellos lentes-Por algo ella te cuidó luego de la guerra-

-Mera cortesía-

-Si es así como quieres llamarlo-

Él entrecerró los ojos, podía dar por seguro que aquella bruja sabia más de lo que ambos querían que ella supiera ¿Y si él no fue lo suficientemente cuidadoso? ¿Y si Minerva los encontró besándose aquella tarde en la que ambos fueron a Londres Muggle? Todo aquello seria enteramente su culpa, única y exclusivamente suya

-Bien. Nos estamos desviando del tema-continuó la bruja-Hace unos meses me llegó una información que los involucra a ambos y es necesario que la tratemos en estos momentos-

El agarre de Hermione se intensificó en cuanto la directora los observó a ambos con severidad, Severus sabía lo que se avecinaba, sabía que ahora Hermione iba a comenzar a hiperventilar e intentar contener sus lágrimas, lamentablemente ahora él no podía hacer nada en estos momentos.

-Hace unos meses me llegó una carta con una solicitud de aprendiz en pociones de parte de la señorita Granger, en ella, Hermione te pide como profesor guía, no sé si quieres aceptarla-

Severus dejó escapar el aire que había estado conteniendo en sus pulmones en un gran suspiro que McGonagall tomó como uno de hastío, pero que estaba lejos de ser su verdadero significado.

-¿Tengo otra opción?-

-Puedes rechazarla-dijo McGonagall-Horace es un buen maestro y a fin de cuentas ahora tu eres el profesor de Defensa…-

-¿Por qué yo?-le preguntó a Hermione, aunque sabía la respuesta

-Porque usted es un gran maestro, me gustan sus clases…quisiera sacar mi maestría con usted, es decir…fue usted quien…-

-Si la acepto ¿Dejara aquel vomito verbal incoherente?-

Hermione arrugó el entrecejo y a él se le antojó besarla. Lamentablemente aquel no era el lugar indicado

-¿Y bien Severus? ¿Qué dices?-volvió a preguntar la mujer mayor

-Tomaré a Granger-dijo como si en verdad aquella situación le desagradara. Muy por el contrario, él estaba expectante.

-Me alegro de escuchar aquello, ahora quiero que arreglen sus horarios, querida, toma esto-La directora le tendió un pequeño pergamino-Es tu horario escolar, quiero que lo revises y compatibilices tus clases normales con las privadas que tendrás de ahora en adelante, deberán conversar ahora sobre aquello-

-Muchas gracias-dijo Hermione con una pequeña sonrisa en su rostro-A ambos-

-No me lo agradezca Granger, solo espero que pueda seguirme el ritmo en las clases, no voy a tener una consideración especial con usted-

-Eso espero Severus, eso espero-dijo Minerva escaneándolo con la mirada-Ahora por favor vayan a arreglar sus horarios y Severus, quiero el resto de tu planificación en una semana ¿Entendido?-

-Claro, directora-respondió él-señorita Granger, si fuera tan amable de acompañarme a mi despacho-

-Claro, con permiso profesora-

Severus le abrió la puerta y un vez que la chica bajó las escaleras, él se dispuso a seguirla no sin antes despedirse de la mujer con una inclinación de la cabeza. Ella no le prestó mayor atención y siguió revisando los pergaminos que tenía frente a sus ojos, pero una vez que lo vio salir de su campo visual, dejó escapar un gran suspiro. Minerva McGonagall todavía no podía asimilar que iba a permitir que un profesor se metiera con una alumna (Con su mejor alumna por Merlín santo) frente a sus narices

-La guerra me ha afectado demasiado-dijo ella acomodándose en su silla mientras escribía una carta-Pero ya no hay marcha atrás-

Mientras tanto, una pareja bajaba hacia las mazmorras en completo silencio, todavía estaban conmocionados con la conversación que mantuvieron con la directora, por un momento ambos pensaron que los habían descubiertos, que todo aquello era el fin de su relación…pero gracias a Circé, solo fueron invenciones de su mente. La paranoia de Hermione esta mañana se estaba haciendo contagiosa.

Severus volvió a abrirle la puerta a Hermione una vez que estuvieron frente a la puerta de su despacho, ella sonrió cuando vio aquel lugar, le traía tantos recuerdos que era imposible esbozar aquella mueca que últimamente predominaba en su rostro siempre y cuando estuviera Severus a su lado

-Nos llevamos un susto de muerte hace unos instantes ¿No es sí?-

-Ni que lo digas-dijo ella sentándose cerca de la chimenea-Por un momento pensé que McGonagall nos había pillado-

-Me iba a echar toda la culpa-respondió Severus con tranquilidad

-Pero…-

-Me importa una mierda si quedo sin trabajo, podría hacer una botica y me iría bien a fin de cuentas. Pero tú debes terminar tus estudios-

Hermione se aferró a su pecho y dejó escapar un largo suspiro. Aquello era una de las muchas cosas que amaba de Severus, la seguridad que él le trasmitía.

Pero aun entre sus brazos, seguía con aquella presión en su pecho, una que se había intensificado solo con ver a la joven ahijada de McGonagall. Tanta era aquella tensión que sentía que no pudo reprimir un largo suspiro contra el pecho de él

-¿Y ahora qué pasa?-

-Es aquella chica-dijo Hermione-¿No se te hace un poco raro que ella parezca tanto a mí?-

-Sí, es raro ¿Qué pensaste en cuanto la viste?-

-Que me estaba observando en un espejo ¿Y tú?-

-Que tu padre se divirtió mucho en una de esas conferencias de odontólogos ¡Auch!-dijo él cuando ella lo golpeó en el estomago

-No estoy para bromas Snape-

-Para mí suena muy razonable-

Ella resopló y le dio la espalda sumamente enojada

-Lo lamento-dijo él acercándose muy lentamente al cuerpo de la castaña

-No, yo lo siento. Sé que solo intentabas bromear-

Severus le sonrió y volvió a sostenerla entre sus brazos, a él le encantaba tenerla así y si fuera posible la tendría así para siempre…Aunque por ahora, su realidad dictaba otras cosas.

-Debemos organizar tu horario-dijo él

-Ya lo tengo todo cubierto. De Lunes a Sábado luego de la cena-

-Perfecto… ¿Y yo cuando corrijo los trabajos de los idiotas?-

-Luego de que me des mis indicaciones-respondió la castaña besando su mejilla

-Mmmmm, creo que me has perdido el respeto Granger-

-¿Crees?-dijo ella alzando una ceja-Nunca te he tenido respeto, de otra forma nunca te hubiera besado en sexto año-

-Pensé que aquello se debía a tu valor Gryffindor y a una pequeña cantidad de alcohol en tu cuerpo-

-Solo fue una cerveza de mantequilla-

-Arreglemos tus horarios Granger-respondió él, cambiando el tema y concentrándose en mantener las manos quietas.

Cerca de las nueve de la noche la castaña subió a su sala común, la directora le había pedido que se quedara en el castillo, a fin de cuentas ya estaba allí. Un elfo había ido a buscar sus cosas y a su mascota mientras ella planeaba sus clases con Snape, iba a tener todos los días después de la cena, una propuesta que el mismo Severus había hecho para la sorpresa de Hermione

-Tú quieres ser la mejor, te ayudaré en eso-le había respondido él

¿Cómo no iba a amarlo si cuando estaban juntos él era tan atento y cariñoso? Todavía no podía creer que fuera un bastardo dando clases y un hombre dulce con ella

-Hola-

Hermione dejó su camino hacia su cuarto de prefecta y observó a la chica que estaba sentada cerca de la chimenea

-Pensé que esta noche la iba a pasar sola-

-Bueno, ya que estaba aquí no vi una razón para irme, mañana ya es primero-dijo la castaña desde las escaleras

-Sí, ya mañana podré conocer a los demás-dijo Honey observando a la castaña con detenimiento-¿Cómo son tus amigos?-

Hermione entendió que la chica tenía miedo y se acercó a ella, conocía esa mirada, ella era igual cuando entró a Hogwarts, hasta que conoció a Harry, Ron y Neville, posteriormente a todos los Weasley y a Luna. Podía entender aquel temor y por eso, se sintió identificada con la joven de cabello negro

-Son unos chicos muy tranquilos-dijo ella sentándose a su lado-Mi mejor amigo, Harry, es capitán del equipo de quidditch de nuestra casa, es un chico bastante observador y siempre ha estado a mi lado, aun en el peor de los momentos, aunque algunas veces es un tanto irresponsable en cuanto a sus deberes escolares. Ginny, su novia, es la mejor cazadora del equipo y mi mejor amiga, es una gran chica y no duda dos veces en brindarte su ayuda si la necesitas, del mismo modo, piénsalo dos veces si quieres hacerla enojar-

Honey los conocía perfectamente, pero escuchar las opiniones de su madre sobre sus tíos, era algo único e irrepetible

-Luna es una chica de Ravenclaw y es muy…especial, en el buen sentido de la palabra, luego me entenderás-Claro, su tía Luna era única al igual que sus hijos-Neville es otro chico de nuestra casa y es muy tímido, pero un gran amigo y tiene un enorme corazón-El profesor Longbottom era, sin duda alguna, un hombre generoso y bondadoso, el mejor jefe de casa que a Honey le pudo haber tocado…sin contar que cuando su padre lo mirada atentamente ponía unas caras sumamente chistosas-Y luego está Ron, el otro prefecto-

¿Ron? ¿Qué Ron?

FELIZ NAVIDAD, ESTE ES MI REGALO

ESPERO QUE LO ESTEN PASANDO BIEN Y QUE ESTE CAP LES HAYA GUSTADO Y ME DEJEN SUS COMENTARIOS…ALIMENTEN MI MENTE ATURDIDA POR LOS DULCES DE NAVIDAD

MUCHAS GRACIAS POR AGREGAR A ALARMAS Y FAVORITOS DE IGUAL MANERA POR LEER ESTA LOCA HISTORIA.

UN BESASO DE NAVIDAD XERXES ELI