Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 17:

Antes de lograr algún movimiento, el mercenario se abalanzó sobre él haciéndolo rodar por el suelo. El arma cayó estrepitosamente en el suelo pero consiguió incorporarse en un santiamén.

- Jamás te lo perdonaré bastardo, acabas de cavar tu propia tumba!- Vociferó Bankotsu.

Con las facciones contraídas y los ojos llenos de rabia asestó varios golpes directos que fueron esquivados por su maestro. No se trataban de fallas o falta de coordinación, aquel hombre tenía una velocidad incomparable, era evidente su habilidad en la batalla a mano limpia.

- Tus piernas son jóvenes, pero si no las utilizas correctamente jamás lograrás el resultado deseado. Es una lástima que no puedas aplicar lo aprendido.- Le dijo mientras que le daba un derechazo limpio y eficaz en la barbilla. Bankotsu se tambaleó y en una fracción de segundos Kiyoshi golpeó la boca de su estómago. – La juventud no sirve de nada si no sabe usar la cabeza. Eres un pésimo estudiante.- Continuó diciéndole a medida que lo golpeaba, cada vez más duro.

- A qué has venido exactamente? A apoderarte de mis riquezas? A darme una paliza? O simplemente a quedar como un estúpido y ser asesinado?- Otro puñetazo fue dirigido a su torso. Bankotsu apretó los ojos con fuerza y escupió algo de sangre. Kagome permanecía inmóvil a causa del miedo.

- Quiero saber q-quien soy.- Le respondió poniéndose de pie con dificultad.

El rostro de su maestro tomó otro aspecto, era un aspecto siniestro. Parecía como si acabasen de abrirle una puerta a lo que sería el final de todo, la derrota de su oponente, física y mental.

- Quieres saber quién eres? Por supuesto, el día en que tengas algo de conciencia propia volverías por la verdad. La verdad es que creí que morirías sin que te importase en lo más mínimo, pero me parece bien que no te hayas tragado el cuento de la cigüeña.- Se acercó hacia Bankotsu hasta quedar a pocos milímetros y a pesar de recitarle aquellas palabras al oído, Kagome pudo escuchar perfectamente lo que le dijo.

- Yo asesiné a toda tu familia.- Le dijo con tranquilidad. – Me deshice de todo aquel inservible poblado de Shimoda que confeccionaba armamentos. Pero claro, no lo hice por gusto. Les ofrecí realizar armas únicamente para mis tropas y ellos se negaron. No me quedó otra opción más que eliminarlos.- Los ojos de Bankotsu se desplegaron como si algo hubiera impactado con fuerza sobre él. Su interlocutor jaló de su camisa de combate y lo alzó por encima de su cabeza para arrojarlo contra una columna. - Tu padre, el general, creyó poder conmigo pero solo resultó un montón de basura.- Le dijo mientras que golpeaba su rostro una y otra y otra vez.

- Ya basta! Por favor!- Los gritos de Kagome se hacían cada vez más fuertes. Mas soldados llegaron para sostenerla de ambos brazos y hacer de ella la espectadora de primera fila. – Fue suficiente, déjenlo! Van a matarlo!- Vociferaba entre sollozos.

- Qué sucede? Ya no puedes más? No quieres saber cómo termina la historia?- Le dijo al muchacho ladeando la cabeza. – Vamos, levántate!- Le dijo dándole un puntapié en las costillas. Lo levantó de la camisa y lo miró a los ojos. – Tu madre, Aiko, era una mujer bellísima. Fue una lástima, de no haber sido por que se rehusó a quedarse conmigo no la habría matado.- La visión de Bankotsu se nubló ante las lágrimas reprimidas de odio y fulgor. – Solo me quedaste tú y una magnífica alabarda que tu padre había confeccionado para que fueses un gran protector. Creo que me convenciste con aquella insignificante presencia. Ese fue el motivo por el cual te dejé con vida. El premio que me llevé.-

- Eres un maldito bastardo, y-yo nunca te lo perdonaré.-
Kiyoshi rió divertido.

- Que no me lo perdonarás? Eso ya lo veremos.- Le dijo abofeteando su rostro.

Las lágrimas de Kagome saltaban con violencia de sus ojos, aquello parecía un sueño, algo fuera de lo real. Sí, eso debía ser. Cerró los ojos con fuerza, para cerciorarse de que en cualquier momento volvería a despertar, pero el ruido del cuerpo de Bankotsu colapsando contra los muros era real. Todo aquello que estaba viviendo era real, una pesadilla real. Su corazón no podía resistirlo, un resplandor la envolvió con intensidad. Los soldados a su alrededor cayeron desplomados en el suelo y como si su vida dependiera de ello, corrió con todas sus fuerzas hacia las recámaras. Allí encontró a Banryuu. Con una fuerza inexistente logró llevarla a rastras hasta el salón principal y se hizo de un arco y flechas de algunos de los soldados caídos. Allí la batalla seguía librándose.

- Creo que ya conoces la historia, me parece perfecto que hayas decidido morir aquí.- Kiyoshi empuñó su espada una vez más y alzó su brazo derecho justo en el momento en que una flecha sagrada lo atravesaba. Bankotsu se volvió hacia Kagome inmediatamente, era una flecha idéntica a la que le había lanzado en la Isla Hijiri, con aquel intenso resplandor rosáceo.

- Quién demonios eres?- El rostro de Kiyoshi la observó con rabia mientras que se quitaba la flecha incrustada.

- Solo soy una simple mujer.- Le respondió a medida que empuñaba otra flecha. Bankotsu se aproximó hacia ella y empuñó a Banryuu.

- Te encuentras bien?-

- He tenido momentos peores.- Le dijo asiendo su alabarda y guiñándole un ojo. Los impulsos de su corazón eran aún más fuertes que su estado físico. Su orgullo, su honor, su familia e incluso Kagome no querrían que todo acabara así. Jamás había visto la rendición como opción.

- Oye, no esperes a que te dé el crédito por todo. Solo fuiste un simple mentor.- Le dijo aproximándose con rapidez.

- A quién más se lo darías sino? Tú eres el resultado de lo que yo coseché.- Le respondió su interlocutor dirigiéndole su espada con esmero.

Bankotsu esquivó su ataqué y profanó un ligero roce en el cuello de Kiyoshi para devolverlo. Su maestro, enfurecido, volvió a repetirlo con más fuerza, pero el mercenario se echó hacia atrás de un salto y colocó a Banryuu delante suyo. Una batalla de espadas se había librado en un santiamén.

- Le daría las gracias a mi Banryuu, mi mano derecha y mi fiel compañera.- Le dijo asiéndola una y otra vez. En sus manos, aquella gigantesca alabarda parecía tener el mismo peso que un pañuelo de fina seda. Entonces pudo distinguirlo a simple vista, a su maestro no se le daba bien la coordinación con la espada. A pesar de tener experiencia su visión no era de lo más fiable al tener una edad avanzada. De manera que comenzó a moverse en zigzag, dando grandes saltos con sus rodillas y siempre empuñando su arma. – Le daría las gracias a mis colegas de equipo, excelentes peleadores hasta el último momento.- El hombre se veía cansado, se le notaba en el rostro. Afloraba la impaciencia y la cólera por no poder llevarle la marcha. Bankotsu desgarró partes de su traje. – Y a quien más le daría las gracias sino a mi "simple mujer"? Me dio las fuerzas para aniquilarte de una vez por todas.- El muchacho se acuclilló y con una patada firme y un giro hizo tumbar a su oponente, la espada de su maestro voló lejos de su alcance. El mercenario colocó el filo de su alabarda en su cuello y lo miró con desprecio.

- Eso es, conviértete en un asesino, continúa con tu oficio. Seguramente es lo que tu padre hubiese querido.- Le dijo el hombre con una sonrisa despreciable. Él apretó los párpados y bajó su guardia.

- Solo eres basura.- El moreno lo dejó allí tendido y se volvió hacia Kagome, entonces una daga voló ágilmente y se depositó a un lado de su torso. Bankotsu cayó de rodillas al suelo soltando un alarido de dolor. El rostro de la miko se tiñó de blanco. Al otro lado, Kiyoshi sonreía de oreja a oreja.

- Jamás bajes la guardia muchacho. La inteligencia es más hábil.- Pronunció acercándose para dar el golpe final. Entonces Bankotsu sonrió de soslayo.

- Exacto.- Le respondió saltando en una fracción de segundo. – Banryuussen!- Vociferó asiendo su alabarda en el aire, haciendo que todo a su alrededor se desprendiera. No quedaron ni rastros de su antiguo mentor.

- Siempre he sido un buen actor.- Le dijo a Kagome volviéndose hacia ella, guardando la daga debajo de su brazo. Ella lloraba desconsoladamente.

- No vuelvas a hacer eso! Creí que... yo creí…- Él la estrechó en sus brazos con fuerza y depositó un beso en su frente.

- Todo ha terminado, ya estoy aquí. No voy a dejarte nunca.- Le dijo acariciándole el cabello para tranquilizarla. – Es hora de regresar.-

Kagome alzó la vista al cielo. El curso del tiempo había vuelto a su estado inicial, los pájaros habían recuperado su canto, los árboles volvían a danzar al compás del viento, el arroyo murmuraba una vez más. El mundo parecía haber vuelto a la normalidad, al menos así se sentía la joven miko. El pasado había quedado esclarecido, no podía borrarse, claro está. Pero ella lo daría todo por seguir adelante, por completar la fase final y poder encontrar la calma que tanto habían estado buscando.

Por supuesto que antes que nada tendrían que aclarar las cosas con Inuyasha.


Yeah, me pasé. Soy la peor, pero tiempo al tiempo. Dentro de unas horas subo el capítulo siguiente! Gracias por esperar tanto señoras señores!