Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.

Capítulo 18:

-Camina, camina. Me volveré anciano si tengo que seguir esperando!- Bankotsu avanzaba a paso ligero a través de los matorrales, derribando todo a su paso. El sol proyectaba sus rayos desde un punto cenital anunciando el mediodía. Aquellos haces de luz parecían francotiradores apostando a la suerte de quien quiera ser atrapado por sus balas, el calor que transmitían en aquel día sin una ventisca era insufrible. Kagome arrastraba los pies, sus fuerzas se habían devanecido, aproximadamente hacia unas tres horas atrás cuando el agua se había acabado.

- Está bien, claro. No tengas piedad de mí. En dónde quedó tu caballerosidad?- Se quejó apartando con las manos los hierbajos que interferían en su camino.

- En los últimos dos kilómetros. Pierdo la paciencia a menudo.-

Ella bufó en señal de desaprobación y se volvió hacia su rostro, tratando de hallar alguna respuesta. Su compañero guardaba silencio, pero sus facciones siempre lo delataban. Kagome se había acostumbrado a aquella rutina, cuando Bankotsu trataba de ocultar algo ella simplemente lo miraba a la cara, en una cuestión de segundos podía adivinarlo. Quizás se tratase de alguien muy expresivo o ella fuese muy observadora. Pero diera las vueltas que diese siempre se encontraba con la respuesta.
Y por lo visto, en aquellos momentos Bankotsu estaba sufriendo una crisis de nervios importante. Caminaba a paso ligero, estaba inquieto y cobraba venganza (hacia vaya a saberse quién) con todo lo que encontraba a su paso. Aún así, cada tanto ladeaba la cabeza y apoyaba sus manos contra la nuca tratando de camuflarse. Una persona de lo más testaruda.

- Quieres comer algo? podemos parar en la siguiente aldea a dar un tentempié.-

- La próxima aldea, por supuesto. La de tu amigo el cordial, Daika, no es así?- Le respondió con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

- Olvídalo. Nos detendremos más adelante.- Espetó ella para evitar una nueva discusión.

Aún así se detuvieron en la aldea de los Takeda, al parecer Bankotsu tenía tendencias masoquistas para volver su mente al pasado y magullarse reencarnando el hecho de ver el rostro de aquel mocoso otra vez. Qué más daba? Total, que el había insistido con detenerse allí. Luego no habría lugar para reclamos hacia ella.
Llegaron a la aldea en las últimas horas de la tarde, los habitantes no parecían mostrar cambio alguno acerca de lo ocurrido con Kiyoshi. Tal vez ninguno se haya enterado aún o tal vez les diera igual, aunque no era de creerse esa última opción. En fin, que los cambios no se realizaban de un día para el otro.
Fue bastante fácil para Kagome encontrar el pequeño mercado, su memoria fotográfica nunca fallaba. Todo se encontraba tal y como lo recordaba, la única diferencia, y este era un cambio bastante notorio, era que preveían de muchísima más mercadería. Por lo visto ellos si estaban al tanto de las buenas nuevas.
El dueño, el señor Takeda, silbaba una melodía al compás de su propio ritmo, y como si se acordara de repente y bajara al mundo real, se volvió hacia sus visitantes.

- Señorita! No puedo creer encontrarla otra vez sana y salva!- Se alivió el hombre haciendo algún que otro movimiento indescriptible y enérgico con las manos. A ambos lados de los ojos se le marcaban una conjunción arrugas al sonreír - Por favor, adelante. Hay mucho de qué hablar.- Los invitó cordialmente. Bankotsu no objetó nada y se adentró a la vivienda a través del estrecho pasillo.

Colocó agua de un recipiente para el té y tomó asiento frente a ellos en la pequeña mesa de la sala. Kagome alzó un poco la vista, todo se encontraba tal como lo recordaba, pulcro y ordenado. Bankotsu estudió el lugar con detalle y detenimiento.

- Tengo que agradecerles inmensamente lo que hicieron. No sólo lograron su cometido sino que libraron a toda esta región de la amenaza de aquellos lobos hambrientos de Kiyoshi. Daika y yo les estamos infinitamente agradecidos.- Exclamó el hombre rompiendo el corto lapso de silencio.

- La verdad es que fue bastante complejo, pero lo logramos. Estoy feliz al saber que no sólo hicimos un bien para nosotros mismos.- Le respondió la joven miko sonriente. La comunicación de su compañero se asemejaba a la de una lúgubre y húmeda pared de las profundidades de un pozo.

- Por supuesto que si! Hace unas horas Daika se dirigió al bosque, debe estar por llegar en cualquier momento. Mientras tanto cuéntenme un poco acerca de su inquietante experiencia.-

La conversación no se extendió demasiado, no hablaron acerca de los temas cruciales o personales pero destacaron las cosas importantes como la seguridad que resguardaba al palacio o los varios hombres que andaban merodeando antes de su llegada. En fin, que nada se les pasaba por alto. Y tal y como había predicho su padre, minutos después apareció Daika, cuando se disponían a tomar los últimos sorbos de té. Fue en esos instantes que la expresión de Bankotsu cambió por completo.

- Kagome! Vaya sorpresa! Me alegra ver que estés bien.- El muchacho de ojos color miel esbozó una sonrisa de tranquilidad. Ella no pudo evitar sonrojarse.

- Me alegra encontrarte otra vez.- Le respondió con un tono de voz acompasado.

- Sí, y a decir verdad ya nos íbamos. Ya sabes, tenemos un largo camino y es mejor no perder más tiempo.- Intervino el moreno jalando del brazo de su acompañante, con los ojos fijos en el joven.

- Se irán ahora? Ya anocheció y ahora que se deshicieron de Kiyoshi hay muchos más peligros acechando en el bosque.-

- Crees que no soy capaz de protegerla?- Espetó el mercenario subiendo el tono de voz. Kagome intervino entre medio de ambos antes de que la disputa se llevara a mayores.

- Yo creo que deberíamos quedarnos. Daika tiene razón, además es solo una noche. Sí?-

Bankotsu suspiró algo rendido con indignación, su silencio le otorgó la respuesta a la miko y luego de unos instantes hicieron los preparativos para la cena. Mientras que Daika preparaba la cena y su padre reacomodaba alguna que otra cosa en la sala, ellos dos descansaban a un lado de una de las puertas corredizas que daba al jardín trasero. Los Takeda tenían una regla de oro que implicaba que ningún invitado hiciera los labores de la casa, y ellos no eran una excepción.
Las primeras correntadas de viento comenzaban a sentirse y mecían las hojas de algunos arbustos perdidos entre los árboles. El canto de los pájaros ya no se oía, seguramente se encontraban escondidos en las profundidades de la oscuridad, dentro de sus pequeños nidos. Las luces de las luciérnagas iluminaban la noche.

- Lo siento, de verdad. Se que no querías quedarte, pero ambos se veían tan felices..-

- No te preocupes, me tiene sin cuidado. Solamente no quería perder tiempo.- Bankotsu no mostraba ni un ápice de preocupación en sus palabras o en su rostro. Simplemente cerró los ojos y se tendió sobre el suelo a oír el ruido que emitían los grillos. Kagome se puso de pie y lo dejó descansar.

El chico de tez pálida y ojos color miel retocaba los últimos detalles para la cena, se veía esmerado y atento, teniendo un extremo cuidado al realizar cada acción.

- Es una suerte que se me haya ocurrido traer pescado de más por si acaso.- Le dijo dirigiéndose a la muchacha que lo observaba desde no muy lejos.

- Lo siento, no queremos ser mucha molestia.-

- Qué dices! Yo mismo insistí en que se queden esta noche, además jamás serías una molestia en esta casa Kagome.-

- Muchas gracias.- Le respondió ella con una carcajada reprimida.

- No voy a preguntar nada acerca de su cometido, supongo que mi padre ya estuvo atosigándolos para eso. Pero me alegra que estés bien. Hiciste un buen trabajo.- Agregó sacando el pescado del fuego. En sus palabras de notaba una cierta calma y con la vista concentrada en la comida, sus mejillas se sonrojaron levemente.

La cena se sirvió minutos después. Un jugoso plato de filetes de pescado con varias hierbas y verduras. Los invitados lo deboraron con voracidad, a decir verdad desde el día anterior que no probaban un bocado, y saborear aquel manjar era vivir algo glorioso.

- Se te da muy bien cocinar, no es así Daika? Esto está buenísimo!- Lo alabó la muchacha acabándose el resto.

- Daika se encarga de la cocina desde muy pequeño, no por que vea la obligación. Pero a decir verdad me encantan todos y cada uno de los platos que prepara, así que tampoco me niego a que lo haga.- Le respondió el señor Takeda con una pequeña carcajada.

- Pues, déjame decirte que me he inspirado por nuestra invitada de honor para darle un gusto especial con alguna que otra hierba aromática.- Espetó el muchacho. Bankotsu rodó los ojos por la sala, no sabía por cuanto tiempo más continuaría soportando a aquel mocoso insufrible y sus estúpidos hábitos.

- Casi lo olvidaba, esta noche se dará una celebración en la aldea! Un poco de alimento y diversión para invitar la concentración de familias y niños. Qué les parece? Tienen ganas de echar un vistazo?- Las palabras del hombre sonaron con un humor excelente, casi como una súplica.

- Suena divertido! Que dices?- Dijo la muchacha dirigiéndose a Bankotsu. El simplemente ladeó la cabeza en señal de indiferencia.

Ella lo tomó como un sí de inmediato y luego de la cena se alistaron para salir. La celebración le recordó mucho a los festivales escolares que se realizaban en su instituto: varios puestos de comida, pequeñas luces iluminándolo todo, algún que otro juego típico, gente disfrutando de la noche. A pesar de ser una aldea que carecía de familias, podían verse varias recorriendo la aldea. Al parecer el festejo había logrado reunir a varias. Daika se detuvo en un puesto de juegos de adivinanzas y ganó un pequeño amuleto de la suerte que le entregó a Kagome. Bankotsu sentía un dolor estremecedor en el estómago, proveniente del desprecio que le tenía al muchacho mezclado con un dolor de cabeza terrible. Su día evolucionaba de mal en peor.

- Hey, me estas escuchando?- La voz de Kagome lo sacó de sus cavilaciones. - En qué mundo estas? estoy llamándote hace tiempo.-

- Yo.. solo estaba un poco pensativo.- Respondió el sin un ápice de importancia.

- Me refiero a algo que viene desde hoy. Estás ausente, como si tu cabeza se encontrara en otra parte. Por qué no prestas atención a nadie?- Quiso saber su compañera con el rostro lleno de preguntas que se habían labrado en su mente.

- Es que siempre tengo que estar atendiendo a tus necesidades?- Al pronunciar estas palabras el semblante de Kagome cambió por completo.

- Ya veo, así que soy solo una molestia para tí. Bien, puedes pasar el resto de la noche reflexionando.-

- Ve a pedirle atención a tu amigo Daika el perfecto, ustedes son tal para cual. Seguramente el sabrá como mantenerte distraída.- Soltó efusivamente su interlocutor con malhumor.

- Eso es lo que quieres? que me marche? Excelente.- Vociferó la joven miko con la voz entrecortada, ambos lograron llamar la atención de algunas personas que pasaban por allí con su discusión.

Kagome corrió sin rumbo fijo reteniendo las lágrimas, apretando los ojos con todas sus fuerzas. Ella había previsto esta escena desde el momento en el que Bankotsu decidió detenerse en la aldea. Tenía la visión de que si ellos se quedaban, este tipo de cosas podrían ocurrir, por eso mismo se mancilló internamente. "Nosotros nos deberíamos haber ido antes del anochecer, y aún así yo insistí en quedarnos. Soy una idiota." Pensó para sus adentros.
Pero seguramente Bankotsu también habría previsto aquello, también debía haber sabido que detenerse en aquel pueblo solo ocasionaría más problemas. Y aún así insistió. Acaso estaría buscando un pretexto para dejarla? Se habría aburrido de ella o simplemente se habría echado atrás en su misión? La muchacha sacudió la cabeza, los pensamientos llenos de pesimismo y más negatividad invadieron su mente. No era bueno sacar conclusiones tan rápido. Pero ninguna de ellas estaba descartada. "Dijiste que nunca más ibas a dejarme ir" Se repitió para sus adentros.

Rendida dejó descansar su cuerpo sobre la baranda de un pequeño puente, el murmullo del arroyo que discurría por debajo a penas podía oíse. El agua estaba en calma, serena.

- Sabes? siempre que me siento confundido o simplemente cansado vengo a este lugar y hago exactamente lo que tú.- La voz de Daika la hizo volverse. El muchacho la imitó y dejó descansar el peso de su cuerpo en la madera firme. - Hace que mi alma se tranquilice.- Kagome sonrió levemente.

- En estos instantes desearía ser un arroyo y dejar que mis emociones fluyan libremente, con suavidad.- Pronunció ella, eligiendo cuidadosamente cada palabra. - Sería algo maravilloso.-

- Eso no es algo imposible, solo tienes que dejar que tu corazón hable por sí solo. Y cada vez que se sienta oprimido.. liberarlo.- Esta vez ambos entrelazaron sus miradas.

- Cómo puedo hacerlo cuando la persona que permanece a mi lado me hace querer sentir algo totalmente diferente?.. Encerrada.- Aquella era más una reflexión personal que nada. Pero como un descuido la dijo en voz alta, a decir verdad no quería que Daika se enterase del estado en el que se encontraba.

Su interlocutor se aproximó un poco más a ella.

- Puedes hacerlo. Yo.. podría liberarte de esa opresión.- Le respondió. El color miel de sus ojos resplandecía con las luces de la aldea y le daban una tonalidad casi sublime a sus facciones. Parecía una pequeña figura hecha en porcelana. Kagome pudo haber jurado que jamás había visto a alguien con aquellas facciones. Entonces el rostro de Bankotsu se presentó en su mente, devolviéndola a la realidad.

- Lo siento Daika pero no me siento muy bien ahora, creo que regresaré para poder dormir un poco.- Le dijo tratando de llevar la conversación hacia otra parte y deshilvanar aquellas insinuaciones propias del muchacho.

- Está bien, te acompaño.- Pero él no pensaba darse por vencido, lucharía hasta el final por aquella muchacha. Total, que el día aún no acababa y ninguna posibilidad era descartada.

Kagome se dió un segundo golpe mental. En qué estaba pensando? Todos esos juegos de miradas y buenas acciones que su aparente amigo realizaba la estaban alejando cada vez más de lo que realmente era de importancia. Bankotsu. Y ahora el la había botado, con sus impertinencias sumadas a las de ella.
Cabizbaja pensó en que situación debía de encontrarse él ahora. Seguramente abrazado a alguna desconocida, pasándola de lo mejor. Y como si nada, recordó el obsequio de Daika. Seguramente se le había caído en el lugar de la discusión. Desesperada le comentó al muchacho, quien se ofreció a ir por el presente y regresárselo mientras que ella volvía a la choza.


Daika corría desesperado, el tiempo le daba una última oportunidad. Una última chance de hacer las cosas, repararlas y tratar de hacer llegar su mensaje. En dónde se encontraba? En donde habría perdido aquella bolsa? Se detuvo por unos momentos a recobrar aire faltante y al hacer un paneo rápido y detenerse en algo que llamó su atención, encontró al moreno de ojos azules recargado en la hierba húmeda.

Bankotsu se sentía completamente abatido, no había sido un buen día para él. Se la había pasado pensando en lo que ocurriría después, cuando llegasen y tuvieran que verle la cara a Inuyasha. Como reaccionaría Kagome? Acaso tendría sentimientos hacia aquel híbrido? De lo que estaba seguro era que se generaría una gran disputa y el no la dejaría ir si ella aún lo seguía queriendo a su lado. Pero si cambiaba de opinión... entonces no habría nada que hacer. A decir verdad todas las conclusiones que sacaba lo llevaban por mal camino. Incluso ahora, por una estupidez, la había alejado.
Se veía sumido únicamente en sus pensamientos, tanto que no notó la presencia de alguien acercándose hacia él.

Una vez que estuvo a pocos metros, Daika pudo observar el regalo de Kagome, al parecer se lo había olvidado y su compañero la tomó.

- Que buen aspecto luces esta noche.- Le dijo dirigiéndose hacia el muchacho que yacía inerte sobre el pasto verde.

- Cierra la boca niño bonito. Es algo que no te incumbe.- Se defendió Bankotsu.

- Que extraño, creí ser yo quien tuvo los brazos abiertos para Kagome.-

Entonces el semblante de su interlocutor cambió. Era lo único que faltaba, por supuesto. Al alejar a Kagome le había dado el paso al fastidioso muchacho que tanto se le insinuaba a ella.

- Bien, continúa pensando. Mientras me llevo esto, que por cierto no te pertenece.- Le dijo al mismo tiempo en que se acuclillaba para tomar el presente. Pero un brazo lo detuvo con fuerza.

- Voy a magullar cada parte de tu cuerpo si lo que buscas es acercarte a Kagome.- Le dijo asestándole un puñetazo en el mentón.

El chico se incorporporó de inmediato y se limpió la sangre de su herida. Ambos se propinaron varios golpes fallidos, a decir verdad el niño mimado peleaba muy bien para ser un simple campesino. Aún así no dejaba de ser un simple pleito entre muchachos, nada que conllevara fatalidades. Luego de poco tiempo ambos estaban exaustos pero sus impulsos nerviosos les impedían parar.

- Es suficiente. Ya para con todo esto Daika, no tienes chances de ganar.- Le advirtió Bankotsu de manera sincera, pues él no se estaba tomando la pelea enserio.

- No, no te lo perdonaré. Te dije que no le saques los ojos de encima o de lo contrario te la arrebataría. No puedo permitir que Kagome esté con un tipo como tú.- Vociferó poniéndose de pie como podía. Entonces comprendió.

El moreno se dejó golpear varias veces por su rival, como su merecido por haber cometido aquella estupidez y romper el corazón de Kagome sin necesidad alguna. Luego golpeó su pómulo izquierdo, su barbilla y una vez más la boca de su estómago, haciéndo que Daika caiga rendido, retorciéndose en el suelo en posición fetal.

- Ya lo comprendí a la perfección, creéme. No me interesa que pasado o presente esté viviendo, pero estoy seguro de que quiero a Kagome en mi futuro.- Le dijo el mercenario para luego correr hacia donde se encontraba ella.

Entonces comenzó a correr, corrió con todas sus fuerzas, como si su vida dependiera de ello. No le importó su sus pulmones pedían auxilio ni tener que desmoronarse al llegar, solo lograr su cometido. Hallar a Kagome y estrecharla entre sus brazos nuevamente, y sentir su dulce fragancia, y dejarse envolver por su calidez. No importaban los adversarios, no importaba el tiempo, el lucharía hasta el final, y gracias a Daika había podido reafirmar su espectativa.


Querían un capítulo largo? Ahí lo tienen! Y déjenme decirles que me siento muy inspirada, ya me puse en campaña con el 19. Tengo que agradecerles a todos de verdad por seguir el fic a pesar de todo y sobretodo a los que dejan review.
VanneeAndrea me causó mucha gracia tu comentario jajaja, gracias por seguirlo
Muchas gracias a todos y hasta dentro de unos días!