CAPITULO V

Era jueves por la mañana, estaba lloviznando como casi todos los días al amanecer y pronto llegaría el invierno. No sabía por qué, pero esos eran los días que más ansiaba del año. Tal vez, era que el ambiente se parecía al de una época en la que fue verdaderamente feliz. Recodaba a sus padres y tíos, él y su prima comiendo en un restaurant en Londres, patinando todos juntos, muchas risas y un centenar de fotos. Hasta que una tarde él y su madre presenciaron la infidelidad de su padre. Ya hacían 10 años desde eso y todavía le dolía el corazón. Todavía estaba herido y lo había marcado. Recordó que se hizo tantas preguntas: ¿Tendré la culpa? ¿Por qué su mamá no perdonaba a su papá? Pensaba que era fácil como cuando peleas con alguien por un juguete, lloras, pataleas y luego siguen jugando como si nada hubiese pasado. Pero con el tiempo aprendería que era mucho más complicado que eso. Recordó que su madre Eleonor Baker, prefirió después de pasar el divorcio irse a vivir a España con él por una buena temporada pues el padre del muchacho prácticamente había dejado a su hijo en el olvido por ir detrás de la nueva falda. Eleonor viendo que su hijo había entrado como en un estado depresivo, tomó la decisión de irse al país hispano, a la casa de una prima quien vivía sola. Dos años fue el tiempo de estadía, dos años duros en la que su identidad se había visto afectada, pero también de aprender a conocerse, de superar sus inseguridades y fue ella quien lo ayudó y por lo cual creció una amistad tan fuerte con su madre. Terry se hizo fan de Alejandro Sanz, aprendió a tocar guitarra estilo flamenco y tomó clases de baile animado por su mamá en especial salsa y tango. Claro, esas cosas nadie tendría que saberlo, solo ellos.

El trato con su padre estaba muy lejos de ser bueno, de hecho el único tema de conversación era la Universidad y este en pro de mantener una relación con su hijo, realizó todos los contactos convenientes para que entrara a la tan reconocida casa de estudio y así de algún modo ganarse la confianza de su hijo por el tiempo que había estado ausente. Al llegar a Leeds, pudo haber compartido casa con su prima Karen pero prefirió optar por una de las 18 residencias que ofrecía la Universidad de Leeds.

En lo personal, aunque se mostraba altivo y arrogante, era solo una barrera que se había erigido para no salir lastimado. Una sola vez había conocido lo que él llamaba amor que fue más parecido a la ilusión de por fin poder sentirse a gusto, con Susana su novia de la escuela, hasta que llegaron a la Universidad y todo amor desapareció, sumido en la tristeza, le dio rienda suelta a la bebida hasta que Karen tuvo que sacarlo de una disco vuelto leña. Hasta ese día, decidió no volver a beber hasta perder el conocimiento y también nunca más ir detrás de una mujer. El conocía su físico y sus ojos profundos, los tiempos de baja estima habían pasado y se aprovecharía de eso.

Ahhhh bostezó… -ya tengo que salir de aquí- se dijo Terry.

-El juego estuvo de lo mejor ayer, ¡gracias Neil!- dijo a viva voz.

Se colocó frente a la ventana que daba al campus para realizar sus ejercicios diarios por 30minutos, pero al mirar a través de los cristales, recordó haber visto unos ojos tan verdes como ese jardín, vivos, brillantes, luego recordó el beso de la mano, lo había hecho como burlándose de ella o como una manera de ver como reaccionaba ella y él fue quien reaccionó y se derritió, las miradas y el juego de palabras hacían la situación un poco exasperante pero muy divertida. Se le parecía un poco a Susana, rubia y delgada, pero con cara de Inocencia y lengua picante, tenía que reconocer que estaba a la expectativa de algo que no supo darle nombre y deseó volver a verla.

Miró el reloj que estaba encima de la mesa de noche y salió disparado al cuarto de baño, eran las 6:35am tendría que apurarse sino quería llegar tarde a clases.

Estaba cursando derecho y aunque faltaba todavía 2meses para el fin de año sabía que le quedaba 1mes para disfrutar, ya después se encerraría en su cuarto con un montón de café y Red Bulls para sumergirse de lleno en los libros y salir bien en todos los exámenes. No en vano, quería darle el orgullo a su madre de ser uno de los mejores abogados y para eso debía estudiar duro.

-Candy, ¿qué tal? Mira aquí está el trabajo- dijo Tomas

-Ok, bien me gusta la portada. ¿Y revisaste bien que no tuviese errores ortográficos?, soy muy maniática con eso aunque bueno aquí la gramática es totalmente diferente a la que estoy acostumbrada y como todavía no la domino muy bien no quisiera pasar una pena con la profesora.

-Puedes quedarte tranquila Candy, revisé todo. Además recuerda que hay opciones para revisar la ortografía.

-Si bueno vamos a entregarlo-

-Ok. Por cierto, ¿puedo sentarme junto a ti?

-Claro, como gustes-

Al salir de clases, iba caminando por la plaza de la universidad cuando se consigue a Anthony…

-Hey Anthony, ¿cómo estás? ¿Tú también estudias aquí?-

-Si así es. Pero en la Facultad de Economía. Por cierto quedé de almorzar con Karen, ¿La has visto?-

-Hoy no, ¡pero mira!, ahí vienen Annie y Patty, quizás ellas puedan decirte.

Hicieron los saludos correspondientes y ellas le dijeron a Anthony que estaba en el segundo café a mano izquierda después de la Biblioteca.

-Adiós Candy nos vemos en la tarde en el trabajo-

-Claro, buen provecho-

-Gracias-

Candy siguió su camino y decidió ir a curiosear por el mall de la Universidad.

Uhmmmm ese olor hace que se me vuelva agua la boca. Pensó Candy. Entraré a ver que consigo.

Se compró un gran pedazo de pastel de chocolate con cobertura de avellana y arequipe. Se sentó en una de las mesitas que había dentro de la pastelería y el sabor fue tan familiar que vino a su mente un recuerdo inolvidable…

Habían pronosticado lo que sería el último gran evento del año… un eclipse solar y se avistaría en Venezuela parcialmente. A María Blanco le encantaba compartir con su hija y cada vez que podía lo hacía. Preparó una cesta de comida y se fueron al Planetario de Maracaibo para contemplar dicho evento que se vería a eso de la 6am. Disfrutaron del momento y se quedaron hasta tarde recorriendo el lugar y Candy cuanto dulce vio, dulce que comió, ese siempre había sido su más grande vicio. Su madre se la pasó todo el día atrás de ella…

-Candy, cuídate-

-Candy te va a doler la barriga-

-Candy, no seas tan glotona-

-Candy, comer no es lo único que puedes hacer-

Palabras que le entraban por un oído y salían por el otro. Pero por supuesto todo acto lleva a una consecuencia. Llegando a su casa devolvió todo cuanto hartó. Fue tanto que se deshidrató para luego caer desmayada en los brazos de su madre y después pasar la noche en emergencias con mucha fiebre. Al finalizar la "jornada" se prometió nunca más volver a llegar a ese extremo. Esa fue la última vez que salieron juntas un año más tarde la situación sería a la inversa, su madre en sus brazos, muerta.

Probó un bocado y en honor a su madre se dijo:

-Me comeré solo la mitad-

Pero alguien estaba viéndola desde hace rato y cuando vio en la mano de ella semejante pedazo de pastel no pudo aguantar a pensar que saldría de allí y mientras ella estaba de espaldas él le soltó:

-fiuuuu vaya, vaya… parece que estas alimentando la solitaria jajaja

Ella no tenía que voltearse, sabía que era él.

-Esto es el colmo… ¿Dios mío o te lo llevas o te lo mando?-

-¿Es que acaso usted no tiene nada que hacer que no sea perseguir damiselas?-

-jajaja damiselas que no están en apuros. Aunque en este caso, tu único apuro sería comerte toda esa tajada de pastel jajaja

-además yo no persigo a nadie, dada la casualidad que estaba por aquí- dijo como quien no quiere la cosa -y es que pensándolo bien el nombre te queda de lo máximo combinan perfectamente-le sonrió de lado Terry.

Se le plantó de cerca y en silencio comenzó a recorrerla con la mirada sin ninguna vergüenza y pensó que nunca había visto una criatura más hermosa, tenía unas pequitas encantadoras y sus labios rosados y entreabiertos como queriendo decir palabras que no salían y que él esperaba para seguir torturándola o torturándose

-¿Que rayos es los que ves? ¿No es suficientemente grande la universidad como para que te quedes ahí parado?

-Tus pecas, parecen un ponqué con uvas pasas-dijo él bromista pero de repente sintió la imperiosa necesidad de tocarlas, saber si su piel se sentía tan sedosa como se veía

Ella lo veía… lela

El la veía… lelo

Se atrevió a tocar sus mejillas para luego darse cuenta de lo que estaba haciendo

-¿Qué dices?- Preguntó furiosa

-¿Qué haces? ¡Aléjate de mí!-

Y luego pasó algo que él no se esperaba…

En el rabiar de ella de que la había tocado en contra de su voluntad, burlándose y viendo que aún no había quitado la mano de su cara, le agarró su dedo índice y se lo echó hacia atrás con una fuerza intensa y sintió un clic

-¡Au! ¡Maldita sea Candy!-

-¡Ay perdón, perdón en serio no pensaba hacerte tan fuerte!

Y con la misma fue a la carga otra vez

-Pero ni nos conocemos bien y siempre estás burlándote de mí, ¡me sacas de quicio!- Le gritó ella roja entre rabia y vergüenza.

-¡Creo que me fracturaste el dedo! ¡Maldita sea con que voy a escribir ahora!-

-¡Bueno para eso tienes dos manos por si una falla, tienes la otra!-

-¿No me digas que el niño de mami se va aponer a llorar ahora?-

-Buh buh me duele- se burlaba ella con voz quejosa y haciéndole gestos con las manos como si estuviera rascándose los ojos.

-¡Sacas la peor de mí Terrence Grandchester!-

-Para verte el dedo… Solo tengo que ponerlo de vuelta en su lugar…

-¡Ni loco dejo que tú lo hagas, ya hiciste suficiente con dejármelo inamovible!-

-¡Bueno te acompaño a la enfermería entonces!… aunque… ¿sabes qué? Pensándolo bien, ¡tú te lo buscaste!, ¡Que tengas una linda tarde!, Adiós.-

Terry no podía creer lo que ella había hecho. Sabía que pudo haberla llevado hasta el límite, solo que no estaba seguro de si ese era el límite o habría más. Reconoció que le fascinaba su modo de ser, sabía que se había pasado de la raya, pero era algo gratificante y le encantó que se diera a respetar a pesar de que la consecuencia en ese momento estaba hinchada. Se acomodó el dedo en su lugar no sin antes soltar un gruñido de dolor y se fue a la enfermería para que le entablillaran el dedo, tendría el dedo así por 2 semanas.

Candy llegó a su residencia apurada y abochornada, toda pensativa con lo que había sucedido, nunca antes había sido tan desconsiderada en dejar a una persona "en desgracia".

-¿Porque se comporta así conmigo? Yo no le he hecho nada.

-Se atrevió a tocarme, pero ¿qué le pasa a ese ser?-

-Tengo que admitir que me pone a la expectativa lo que va a decir. ¡Dios mío y esos ojazos!-

Sabía que en algún momento se lo encontraría en la Universidad y se sentía mal por él. No quería ser tan ordinaria, ¿qué pensará de mí?

Era la primera vez que usaba algo de defensa personal con una persona, hacía varios años atrás su madre le había hecho tomar clases, y las dos lo hicieron.

-Y ¿Por qué me tiene que preocupar lo que piense de mí? Él me buscó y me consiguió.

-¡Ash ya lo hice, no hay vuelta atrás!-

Se hizo algo de comer para almorzar, se bañó, vistió y se fue la heladería para empezar su primer día.

MÁS TARDE EN LA HELADERÍA…

-Hola otra vez Anthony. Estoy deseosa por empezar. Dame las instrucciones para comenzar de una vez.

-Llegas antes de la hora. ¡Genial, sigue a ese ritmo y tendrás a la jefa contenta!-

-Hablando de la jefa… ¿Cómo es ella? ¿Cómo se llama?-

-Se llama Flammy y puede parecer un poco caradura pero es una excelente persona-

-Si bueno, haré lo mejor posible no solo porque te estoy agradecida y no quiero fallarte sino también para mantener el trabajo-

-Estoy seguro… bueno… comencemos-

Después que le dio las instrucciones, mientras hacían los deberes, Anthony empezó a preguntarle algo sobre su familia…

-Cuando Terry te preguntó tu apellido, me pareció escuchar que dijiste… Andley, ¿cierto?-

-Si, así me apellido… Andley Blanco, ¿Por qué la pregunta?-

-Bueno, es que yo también me apellido Andley-

-¿En serio?, ¡que molleja de casualidad! Entonces eres Anthony Brower Andley, ¿Sí?-

-Así mismo-

-Candy… mi familia también vive en Londres y el apellido es de origen escocés. De hecho mi mamá y un tío mío son de allá. El resto de la familia nacimos en la capital.-

-Ahora que lo pienso… te pregunto: ¿No te parece demasiada coincidencia?- Andley, no es un apellido que se sigue llevando como tal, sino que aquí en Inglaterra se lleva como Andrew. Así que muy pocas familias son las que lo siguen llevando así.

-¿Podrías decirme como se llama tu papá?, por favor y disculpa si me estoy entrometiendo, es que realmente, siento algo aquí, alojado en mi corazón que no se describir…-

-Claro que puedo decirte somos amigos, aunque bastante recientes, pero tú me inspiras confianza. Se llama William Albert Andley, ¿te dice algo ese nombre?

-¡Dios mío, se me paran los pelos, así se llama mi tío! Creo que si mis sospechas son ciertas, tú y yo somos primos Candy.

-¿Que? Expresa una aturdida Candy.

CONTINUARÁ…