Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Entonces comenzó a correr, corrió con todas sus fuerzas, como si su vida dependiera de ello. No le importó si sus pulmones pedían auxilio ni el tener que desmoronarse al llegar, solo lograr su cometido. Hallar a Kagome y estrecharla entre sus brazos nuevamente, sentir su dulce fragancia, dejarse envolver por su calidez. No importaban los adversarios, no importaba el tiempo, el lucharía hasta el final, y gracias a Daika había podido reafirmar su expectativa.
Capítulo 19:
Bankotsu siguió corriendo. Las imágenes más alegóricas de su vida pasaron delante de sus ojos. Infinitamente creyó haberse encontrado en un agujero negro, engullido por las tinieblas más oscuras, sin salida posible. Pero conocer a Kagome había cambiado toda perspectiva en su vida.
Buscó a ciegas entre la multitud de gente, de un lado a otro, tratando de hallarla. Desesperado, con el sudor discurriendo por su frente. Entonces la vió.
Y su corazón dio un vuelco, y sintió como si sus pulmones colapsaran de repente.
Kagome corrió hacia desesperada al verlo desplomarse en el suelo. Se reclinó en el suelo y sostuvo la cabeza del muchacho entre sus manos con los ojos llenos de lágrimas
-Qué estás haciendo? Por qué estás así de golpeado?! – Lo regañó mientras que limpiaba sus mejillas con su mano libre. El sonrió triunfante como nunca, aún más que cuando vio caer a Kiyoshi.
-El amor me golpeó más fuerte que cualquier otra batalla hasta ahora. Que irónico.- Le respondió limpiándose la sangre de la mandíbula. El guerrero se reincorporó y la estrechó entre sus brazos durante unos minutos. – Me gustas como hueles. Siempre me ha gustado.- Le susurró al oído a la muchacha.
Daika los observó desde lejos con una media sonrisa en sus labios.
Amarse sin escrúpulos fue lo primero que hicieron tras aquella reconciliación. Sus labios se encontraron una y otra vez, como si se tratase de una batalla sin fin. Ella cerró los ojos suavemente y con la punta de su nariz rebuscó debajo de la oreja de su compañero, luego lo besó en el cuello y lo lamió despacio, con suavidad. Bankotsu le quitó lentamente la falda, la blusa, los zapatos y las medias, reparando en que jamás una mujer lo había vuelto tan loco como lo hacía ella. Besarla, acariciarla, sentirla tan de cerca lo hacía perder la cabeza, y aún más cuando ella tomaba el control.
La muchacha lo desvistió despacio, tomándose su tiempo, como si se tratase de un ritual. Le besó el pecho y el abdomen y se volvió hacia él. Sus miradas se encontraron. Profundas, directas y llenas de regocijo.
Se colocó en su regazo y permitió que el miembro del joven la penetrara. Una y otra vez, moviéndose de arriba abajo. Bankotsu la acariciaba y observaba con deleite la escena, la acercó a su oído y la oyó gemir repetidas veces. La besó para callarla y la penetró más enérgicamente hasta no poder más. Ambos cayeron rendidos en la litera, exhaustos y satisfechos. El la rodeó con sus brazos hasta quedar profundamente dormidos.
-Arriba, arriba dormilón. Los sinvergüenzas también madrugan!- Bankotsu abrió los ojos con dificultad y se restregó los párpados.
- Me doy cuenta, tengo un fiel ejemplo madrugador.- Le respondió incorporándose en la cama.
Kagome profanó una risa irónica y se volvió hacia la habitación. Ordenó las cosas y dobló las sábanas con cuidado para dejar todo en condiciones. Tomaron un desayuno ligero junto a Daika y su padre y se despidieron sin más, además de pedir disculpas por las molestias ocasionadas. Ellos simplemente respondieron con una sonrisa y con una invitación de reencuentro. A medida que se alejaban, las historias de ambos tomaban un rumbo distinto y dibujaban lo que parecía ser la etapa más difícil: las verdades, el destino y la purificación de un alma dispuesta a redimirse.
Estaban a solo unos kilómetros de llegar y la joven miko seguía sin saber cómo le comunicaría a sus amigos, y sobre todo a Inuyasha, lo que había sucedido. El miedo la hacía estremecerse, y aún tenían un asunto pendiente, el más importante de todos.
Al llegar a la aldea Sango fue la primera en salir disparada hacia su amiga, la abrazó y sacudió sus ropas algo andrajosas. Lo observó a Bankotsu detenidamente y pudo jurar que había algo distinto en su mirada, pero no supo discernir de qué se trataba. Miroku, Shippo y Kirara también se presentaron a recibirlos con alivio. Después de estar tantos días sin saber nada de aquellos dos, era lo mínimo que podían sentir.
-Te hemos echado de menos Kagome, no puedo creer que ustedes dos hayan vuelto sanos y salvos.- Exclamó la exterminadora con aires de extrañeza.
- A decir verdad yo no dudé nunca de las capacidades de la señorita. Pero siendo sincero me sorprende el trabajo que ha logrado con Bankotsu.- Agregó Miroku examinando al mercenario.
El moreno permaneció con los ojos abiertos en señal de desentendimiento. Cruzó los brazos y los colocó detrás de su nuca con aires tranquilizadores.
-Vaya, no importante en donde estés, siempre te llevas todo el crédito.- Le dijo a su compañera con una media sonrisa en sus labios. Kagome soltó una carcajada
- Eso no es cierto. Vamos, el hizo un buen trabajo.- Les respondió.
- Ya lo creo.- Inuyasha salía de la vivienda con la vista clavada en el muchacho.
Sin decir más golpeó su rostro de manera brusca. Bankotsu no dijo una palabra, se puso de pie y le devolvió el puñetazo.
-Qué demonios están haciendo?!- Quiso saber Sango tratando de frenar la pelea.
Inuyasha no respondió, simplemente golpeó una y otra vez a su oponente. Primero en el pómulo izquierdo, luego en el derecho y finalmente la mandíbula. Bankotsu se limpió la sangre y golpeó su estómago, sostuvo la cabellera del hanyou e imprimió sus nudillos contra el rostro de éste.
-Hiciste un muy buen trabajo ¿No es así Bankotsu? ¿Te gusta robarte a las mujeres ajenas?- Le dijo su oponente con los ojos crispados de furia. El resto del grupo miraba boquiabierto sin comprender la escena. Todos excepto Kagome, quien sufría una parálisis por los nervios.
-¿Mujeres ajenas? Que yo sepa Kagome no es nada tuyo. Ella misma lo mencionó luego de que la amenazaras.- Le respondió abalanzándose sobre él y golpeando su rostro. La cólera de Inuyasha crecía cada vez más. El solo hecho de ver su rostro lo hacía rabiar como nunca, y oler aquel aroma mezclado con el de Kagome le daba ganas de asesinarlo.
-¿Bankotsu? ¿Qué es todo esto, podrías explicármelo Kagome?- Dijo Sango, perpleja, a su amiga. Pero ella permanecía con los ojos clavados en aquellos dos.
-No tienes ningún derecho a tocarla, eso ni siquiera es de tu incumbencia!- El muchacho de cabellos plateados golpeó al moreno en el estómago, justo en el diafragma, un golpe decisivo. Este se arrodilló en el suelo por falta de oxígeno.
-Ni aunque quieras aniquilarme dejaré a Kagome. Ella está conmigo ahora.- Profirió Bankotsu respirando con dificultad.
Inuyasha desató toda su rabia sobre él, blandió a Colmillo Blanco y lo miró a los ojos. Jamás tendría que haberlo dejado con vida, hubiese sido mejor aniquilarlo en el instante o dejar que se pudra en aquella isla. Bankotsu apretó los ojos con fuerza y aguardó.
-Ya basta!- Kagome se abrazó al muchacho de ojos azules interfiriendo en la pelea. Inuyasha se detuvo, los gritos se detuvieron, el tiempo pareció detenerse. –Es suficiente de todo esto Inuyasha. Esta es mi decisión.-
Su interlocutor volvió a la realidad al oír sus palabras. La rabia se había acrecentado en su interior hacía bastante tiempo, y ahora casi lo llevaba a cometer atrocidades.
Enfundó su espada y volvió su vista hacia la joven miko.
-¿Esto es lo que quieres Kagome? ¿Así terminará todo?-
-No Inuyasha, esto ya había terminado hace tiempo.- Le respondió ella con los ojos llorosos. –Iremos con la señora Atsuko.- Agregó finalmente. –Es hora de terminar con esto.-
Los jóvenes se pusieron de pie y sacudieron sus ropas para desaparecer entre las profundidades del bosque.
A lo lejos pudieron divisar la vivienda, la cual según recordaban como amplia y reconfortante. La señora Atsuko los estaba esperando en la galería de adelante con una cálida sonrisa.
-Vaya que llegaron, no se tardaron ni un minuto más.- Dijo la anciana con alegría de recibirlos. –¿Por qué no pasan a tomar algo de té?-
Durante un rato estuvieron platicando acerca de todo lo que aquel viaje significó para ambos, descubrieron el significado de las palabras clave que les había encomendado la mujer y con ellas la verdad acerca de muchas circunstancias en su vida. Ayudaron a un pueblo entero sometido y de alguna forma restauraron la paz. Y lo más importante, regresaron con vida.
-Pero vaya, se saltearon la parte romántica de la historia. Creo que ustedes han convivido más que bien en estos días, ¿no es cierto?- Intervino la señora Atsuko entre carcajadas. El rostro de los jóvenes se tiñó de rojo.
–Esa fue una de las razones más importantes por las cuales debían de realizar juntos este proceso.- Añadió la mujer. –Bien, supongo que están aquí por la parte final.-
-Exactamente.- Respondió Bankotsu conteniendo el aliento.
Atsuko clavo sus ojos en el muchacho y asintió.
-Hagámoslo.-
Hola otra vez! La verdad es que no hay muchas excusas por mi ausencia, tuve muchos problemas con este fic, muchas veces traté de continuarlo pero mi computadora se llenó de virus y lo perdí todo. Me frustró mucho pero ahora lo estoy continuando. Sí, casi un año después.
No sé cómo disculparme con todos los lectores pero espero que pueda remediar un poco la perdida de comunicación.
Dentro de poco subiré el último capitulo. Muchas Gracias a todos por los reviews!
