Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Capítulo 20:
El contorno de sus labios se curvó levemente, no en señal de felicidad, sino más bien de reproche. Sus ojos se movieron en múltiples direcciones, tratando de hallar una cura a aquella inestabilidad emocional. Ya no quedaban uñas que morderse ni arrugas que alisar para matar el tiempo. De repente Kagome se sintió como un acompañante que aguarda detrás del recinto médico a que le den los resultados. No podía soportarlo, hacía varios minutos que la señora Atsuko había desaparecido junto a Bankotsu del otro lado de la habitación. Tenía terminantemente prohibido el paso y no le habían platicado por qué razón lo apartaban así de ella. Quería respuestas y resultados a la brevedad o se volvería loca.
Fue entonces cuando la mujer de tez pálida asomo la cabeza por entre las cortinas, le dio una mirada rápida y volvió su vista hacia el interior del recinto. Hizo unos gestos con las manos y salió de éste acompañada del joven moreno.
-Y bien, que sucedió? Quiero saberlo todo!- Exclamó ella tratando de conservar su aliento. Bankotsu la miró con desentendimiento.
-A qué te refieres? Solo estábamos hablando.-
-Es en serio? Todo este tiempo solo estuvieron conversando?- Kagome torció los labios y respiró hondo. No sabía cómo reaccionar. La señora Atsuko colocó una mano sobre su hombro para serenarla.
-Tranquila, ahora es cuando procedemos a la etapa final. Vamos.-
Los tres se dirigieron a la sala principal. Allí se encontraban los mismos elementos que la última vez, dispuestos en el mismo orden: Un pequeño círculo blanco con marcas indescifrables en su interior. Bankotsu se colocó en el centro y esta vez la mujer le cedió su lugar a Kagome.
-Por más grandes que sean las tinieblas en su mente, si se trata de un corazón verdadero, este se rendirá ante la luz purificadora.- Objetó la mujer con el rostro fijo en ella. –Nadie más que tú puede encargarse de esto.-
Ambos se miraron a los ojos. El cuerpo de la muchacha se estremeció y su mente quedó completamente en blanco, como una hoja vacía. Levantó la cabeza y observó a Bankotsu una vez más. Cerró los ojos y respiró hondo aguardando aquel momento, el inicio solo se daría cuando ambos estuviesen realmente listos. El universo los observaba inertes, la tierra giraba de manera regular y el mundo entero seguía su curso, así debía ser.
Kagome extendió los brazos hacia él y comenzó a moverlos, despacio, siguiendo los diferentes sonidos que oía en su interior, como movida por un flujo de agua irregular y danzante. Una luz blanquecina envolvió todo el círculo. Había imágenes proyectadas que le parecieron constantes Deja Vú, recuerdos que el mismo guardaba dentro de su corazón. Sollozos de niños, voces irreconocibles, risas y llantos. Incluso sus antiguos camaradas se encontraban allí.
A pesar de reconocerlo como un destemplado y temerario guerrero, su alma estaba colmada de miedos que fueron arrastrados y tapados con otras sensaciones para que jamás llegasen a aflorar por fuera, pero aun así seguían carcomiéndolo por dentro. El temor a la soledad, al rechazo y al vacío. La vergüenza a vivir una mentira y descubrirla mucho después. El dolor y la rabia contenidos por no poder recuperar aquellos lazos que alguna vez pudo haber tenido, tales como una familia. Las mentiras que creyó y las que se dijo a sí mismo una y otra vez.
Preocupaciones humanas en su forma más cruda, ella pudo sentirlo todo. Las lágrimas no dejaban de nacer de sus párpados. El interior de Bankotsu había estado gritando todo ese tiempo de una manera cruel y sosegada. Su alma sufría constantemente y se estaba manifestando. La luz blanquecina se transformaba en tonos violáceos y rojizos. Enfrascado dentro de sí, el joven trató de hacerse a un lado, pero dos manos lo sujetaron con fuerza.
-Por favor, deja que todo el dolor se vaya, perdónate a ti mismo.- Le exclamó Kagome.
Lo abrazó con fuerza y sintió una energía ínfima recorriendo todo su cuerpo. La energía se movía alrededor de sus cuerpos y se entrelazaba al mismo tiempo, los mantenía unidos el uno al otro.
-Confiamos en ti Kagome, sabemos que puedes hacerlo!- Creyó oír ella.
Dejó de abrazar al mercenario, lo miró a los ojos y rompiendo con todas sus ataduras se decidió a retirar los fragmentos que lo habían mantenido con vida. La luz recuperó su tono albino y envolvió toda la estancia, como un estallido. Y luego, se desmoronó en el suelo.
Kagome despertó con el murmullo de voces familiares. El cabello le caía sobre los hombros y varios mechones se adherían a su frente empapada por el paño que le habían colocado. Con sumo cuidado lo retiró de su lugar y lo hizo a un lado para incorporarse en la litera. A su alrededor solo había un balde con agua y una ventana que daba hacia el exterior. Las sienes le dolían un poco al hacer movimientos bruscos.
-Por fin despertaste muchachita!- La voz de Sango irrumpió en la habitación. Su amiga se acercó hacia ella con una sonrisa en los labios. Minutos más tarde se presentaron el Monje Miroku, Shippo, Kohaku y Kirara. La joven se sintió desconcertada.
-No lo recuerda verdad? Nosotros llegamos a mitad de la purificación. Hasta le dimos ánimos para que no perdiera la confianza en sí misma.- Le explicó Miroku.
-Así es, y estuviste durmiendo durante dos días enteros.- Añadió el pequeño Shippo.
-Yo... no sé qué decir. Gracias..- Respondió ella abrazándose a Sango con fuerza. - En dónde está Bankotsu?-
Sus compañeros se miraron entre ellos, se produjo un silencio sepulcral que duró solo unos instantes. El rostro de la muchacha cambió de semblante.
-Qué ocurre? Por qué no dicen nada?- Se apresuró a decirles.
-Verás Kagome, el…- La respuesta de Sango se silenció.
- El qué? Qué le sucedió?! Qué ha ocurrido luego?!- Miroku trató de tranquilizarla.
-Señorita será mejor que esté relajada por favor, ha sufrid-
-Me tiene sin cuidado mi sufrimiento! En donde demonios está Bankotsu?!- Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Kagome se puso de pie y salió de la recámara inmediatamente. Se sentía como si hubiese recibido un golpe fuerte en la cabeza y su mente se encontrara en estado de shock. Una explosión y se desmoronó en el suelo, esos eran todos sus recuerdos. Por más que tratase de esforzarse no lograba recordar que había sucedido después.
-El no pudo haber fallado, yo sentí esa conexión- Exclamó para sí misma desesperada, buscando por todas partes, tratando de recopilar datos.
Corrió hacia afuera de la choza sin darle importancia a nada más. Su llanto se hacía cada vez más fuerte. Ni siquiera se percató de que la señora Atsuko trataba de hablarle. Repetidas veces la jalaron del brazo. Instantes después desistió y se dio la vuelta.
Bankotsu estaba de pie frente a ella con una media sonrisa en los labios y la mirada serena.
-Yo también sentí esa conexión. Por qué la cara larga lindura?- Espetó el muchacho limpiando sus mejillas con la yema de los dedos.
Ella se quedó inmóvil. Era la primera vez que lo oía llamarla así, y la primera vez que se sentía más viva que nunca. Se abalanzó sobre él entre sollozos y besó sus labios una y otra vez hasta quedarse sin aliento. Pasado el reencuentro volvieron a adentrarse en la humilde vivienda. Allí le explicaron a Kagome lo que había sucedido.
El proceso había sido todo un éxito, Bankotsu había vuelto a la vida gracias a Kagome y la perla Shikón había vuelto a su forma original. La señora Atsuko terminó el trabajo y la joya fue destruida, incluso Inuyasha estuvo allí con ellos. Sin más preámbulos ni preocupaciones aguardaron a que su compañera despertara luego de su arduo trabajo.
Después de la cena se dieron un merecido descanso. Bankotsu salió a la galería para contemplar el cielo estrellado y respirar un poco de aire fresco. Una extraña sensación de serenidad lo invadió. El olor a tierra mojada, el chirrido de los grillos, el arrullador sonido del viento…
Inuyasha se encontraba allí de pie, en el otro extremo de la galería. Su rostro no reflejaba enojo ni angustia.
-Vaya, durante mucho solo pensé en aniquilarte, eras un sanguinario líder y un pésimo ser humano. No logro comprender esto del todo.- Le dijo al moreno exhalando el aire de sus pulmones. Bankotsu se volvió hacia él.
-Pues yo tampoco termino de comprenderlo. Pero tener esta segunda oportunidad es algo que no desperdiciaré. Y de eso estoy muy seguro.-
El silencio se adueñó del espacio. Ya no había palabras que expresar, pero finalmente el hanyou se volvió hacia su interlocutor.
-No creas que me estoy rindiendo ni nada por el estilo. Será mejor que no le saques los ojos de encima a Kagome... En cuanto la descuides será tu fin.-
El joven guerrero soltó una carcajada reprimida.
-Podría haber jurado oír esa misma frase en otra ocasión.-
Fin
Bueno mis queridas lectoras, llegamos al final de la historia. Espero la hayan disfrutado, se hayan emocionado, reído y llorado (no sé si tanto pero sería un halago).
Después de tiempo, esfuerzo y paciencia se logró. Terminar este fic significa mucho para mí.
Leer sus comentarios halagadores y con buenas vibras me llenó de inspiración, me dio ganas de escribir indefinidamente. Saber que escribo las historias y gracias a eso logro llegar a ustedes es algo que me pone muy contenta.
Muchas gracias de nuevo por todos los reviews y por seguirlo! No extrañen tanto a esta maravillosa pareja porque dentro de poco volveré con más BankotsuxKagome!
Saludos y hasta pronto!
Camila :)
