HOLO :3 XERXES SENSUALONA VUELVE A CUMPLIR SUS PROMESAS (?) ASI QUE BAJEN ESAS VARITAS QUE NO LES SIRVEN DE NADA

CAPITULO 11

La ultimas semanas de Septiembre pasaron demasiado rápido, de un momento a otro las apacibles tardes en la sala común formaron parte del pasado y las reuniones en la biblioteca para estudiar el tema que entraba en el próximo examen era pan de cada día. Comenzaban los exámenes ¿Qué estudiante no iba a estar preocupado por aquellas fechas? Honey suspiró, obviamente aquel espécimen que ahora babeaba sobre su libro de "Historia de la Magia". Todavía no podía creer que aquel pelirrojo fuera uno de los hermanos de su tía Ginny y tampoco podía creer que durante diecisiete años todos los Weasley ocultaran su existencia; ni siquiera Victorie que era su sobrina (su primera sobrina) sabia de la existencia de aquel tío…su tío Ron.

Aunque ahora mirándolo bien…no le importaba mucho si la existencia de ese sujeto seguía perdida para siempre. Pero…algo rondaba por la cabeza de Honey, algo que no lograba encajar en todo ese puzzle que rondaba en torno a la muerte de su madre y el nacimiento de su mellizo y ella, por más que intentaba encontrar un lugar para Ronald Weasley, no lograba posicionarlo en su tablero

"-Nunca digas que un peón es inservible Honey-dijo Severus moviendo una de aquellas piezas de ajedrez mágico-Hasta el más insignificante puede…derrotar rey si sabe moverse-

El peón negro que era comandado por la voz de su padre golpeó la pieza blanca que eran dirigidas por la joven Gryffindor, partiéndola en dos ante la mirada indignada de ella

-Eso es de barbaros-señaló la joven al ver su pobre rey-¿Cómo puede gustarte este juego papá?-

-Así es la guerra-

Los ojos de Severus se oscurecieron y miraron más allá de la figura de su hija, perdiéndose entre las grietas de su despacho, aunque aquello era un inofensivo juego las guerras que él cargaba en su cuerpo no lo eran y su hija debía aprender de una u otra manera que la vida no era como aquellos cuentos de hadas que él solía leerle antes de mandarla a la cama…bueno, Honey ya lo sabía en parte, la vida le había arrebatado a su madre y hermano a muy temprana edad

-Pero no todo en la vida es guerra papá-dijo la joven de cabellos negros acercándose a él y librándolo de aquel hechizo-Gracias-

-¿Por?-

-Por todo-dijo ella, tocando la vieja cicatriz de su padre-Un peón puede derrotar al rey pero… ¿Qué otro hombre puede derrotar a la muerte? Solo tu papá-"

Su padre siempre le recordaba aquella lección y de una forma dolorosa, jamás pudo derrotarlo en aquel juego pero ¿Cómo lograrlo? Aquel hombre vivió dos guerras y engañó en más de una oportunidad a Lord Voldemort, obviamente en un juego táctico sus posibilidades de lograr una victoria contra él eran equivalentes al cero porciento…pero considerando a este peón…ni siquiera sabía porque estaba en su tablero de juego.

Dejó de divagar cuando sintió que algo impactaba contra su cabello. Se volteó para lograr encontrar a su atacante pero no tuvo que poner mucho esfuerzo, ya que el rostro avergonzado de Draco Malfoy lo delataba por sí solo. Ella abrió la nota esperando encontrar algún insulto dirigido a su persona (No importaba si en su tiempo si tío Draco era un tipo verdaderamente genial con ella, él era un Malfoy y nunca, en todo el tiempo que lo conocía logró llevarse bien con sus otros tíos por el mero hecho de ser unos Gryffindor's, aunque, ella siempre sospechó que había otras razones pero nunca quiso abordar más aquel tema) pero grande fue su sorpresa al encontrar un dibujo sobre Ron y una pequeña frase que a Honey la hizo reír

"¿Besando tu libro Weasley? Pobre, de seguro sus páginas están llorando, por eso tanta agua sale de ellas"

Efectivamente, Ron dormía sobre su libro con los labios pegados a las hojas como si en verdad estuviera besando aquel ejemplar y obviamente aquellas lágrimas a las cuales Draco se refería eran aquellas asquerosas babas que el pelirrojo estaba regalando de tan buena gana.

Ella se volvió a dirigir su mirada hacia Draco y con un ágil movimiento, le mostró su señal de aprobación por aquel dibujo, cosa que desconcertó al Slytherin. Honey le regaló una sonrisa que logró ruborizar al rubio y luego de unos segundos Draco le había lanzado otra nota

"Vaya ¿Quién diría que hay una Gryffindor con sentido del humor? Dime Burton ¿Tienes planes para este sábado?"

Los ojos maleados de Honey se abrieron de forma cómica. Aquello fue demasiado directo…demasiado Malfoy ¿Qué más esperaba? ¡ERA DRACO MALFOY! Y él siempre había sido así con las mujeres.

Otra nota voladora impactó contra sus rizos

"Vamos, tu y yo, en el partido de Gryffindor contra Hufflepuff no, lo pienses mucho. Oportunidad única Burton"

Honey no podía pensar muy bien, no, aquello no podía estar pasando ¿Por qué justo a ella? ¿Por qué Merlín le haca esto? Era Draco, su tío Draco Malfoy, el padre de Scorpius ¿Acaso no bastaba con tener al odioso de Ronald Weasley rondando? Al aparecer no. Suspiró y volvió a ver la nota, quizás había una trampa a fin de cuentas Draco era un Slytherin y uno proveniente de una larga línea de ellos, pero por más que releía esa nota no lograba encontrar la trampa

-¿Pasa algo?-dijo Hermione

-¿Eh? Oh no…na…nada-mintió Honey guardando la nota-Solo eh…estaba distraída-

-Eso ya lo noté-

Una nueva nota volvió a caer en la mesa ocupada por los Gryffindor y esta vez fue Hermione quien tomó aquella misiva y la abrió

"¿Si o no? Vamos, nunca más volverás a tener una oportunidad como esta. ¿Es una cita?"

Hermione abrió mucho sus ojos maleados y al igual que Honey, releyó muchas veces aquella nota mientras su hija bajaba la frente.

Honey no estaba acostumbrada al acoso por parte de los hombres, si, tenía amigos dentro de su casa y también algunos Ravenclaw, Hufflepuff y por sobre todo Slytherin que la veían como una igual al ser la hija de su jefe de casa, pero ninguno de ellos se osaba a dar otro paso porque ninguno quería subir la perdida de sus miembros, era más que sabido que el tenebroso profesor Snape castraría y desayunaría los testículos de quien osara tocar a su hija.

Aunque Teddy logró sobrevivir…al menos hasta ahora.

Por eso no sabía cómo actuar ante aquella situación y mucho menos cuando las dos personas que ahora estaban coqueteando con ella eran tan…"Especiales"

-La biblioteca no es una zona de guerra-

Ambas Gryffindor dejaron lo que estaban haciendo para voltearse a ver al poseedor de aquella profunda voz, aunque no hacía falta hacer eso porque la voz de Severus Snape era inconfundible para ambas

-¿Y bien? Alguna de ustedes me puede explicar porque el señor Malfoy ha estado lanzando papeles en medio de este salón de estudio-

-¿Y si mejor le pregunta a él?-dijo Honey

Severus frunció el ceño peligrosamente ante aquella respuesta, esa mocosa siempre respondiéndole de forma altanera

-Honey…-susurró Hermione tomándola del brazo y dejando caer la última nota que Draco había lanzado, gesto que no pasó desapercibido ante los ojos del ex mortifago

Severus tomó aquel pedazo de pergamino en el aire y lo leyó rápidamente antes de volver a fijar sus oscuros ojos en ambas Gryffindor's. Honey sabía lo que venía, su padre iba a pegar el grito en el cielo…eso iba a pasar y probablemente castraría a su tío Draco imposibilitando la existencia del pequeño Scorpius…

Iba a correr sangre porque Draco Malfoy queria tocar a su pequeña niña

-Vaya ¿Quién lo diría? Malfoy y Granger ¿Acaso ya se cansó de Weasley?-dijo su padre con saña-Deje sus asuntos amorosos de lado señorita Granger y póngase a estudiar-

-Pero señor…-

-Diez puntos menos para Gryffindor-

El cerebro de Honey trabajó a una velocidad realmente rápida solo para asimilar aquella pequeña frase que su padre había soltado con mucha naturalidad ¿Acaso su madres estuvo con semejante idiota? No, eso no podía ser ¿O sí? Habían demaciadas cosas que ella desconocía, pero no podía quedarse así

-Esa nota no era de ella, es mía-dijo Honey-Draco me las lanzaba a mí, no a Hermione-

-¿Quitándole el novio tan rápido a su amiga Burton?-le respondió su padre

-Malfoy no es…-

-Diez puntos menos-

-¿Y es porque?-

-Por dejar que le quitara puntos a su compañera de casa y por lanzarse idioteces con el señor Malfoy-

-Pero si él me las lanzaba, yo no…-

-No me interesa-la censuró-Las recibió y eso la hace tan culpable como a él-

-¿Y porque no le quita puntos a él? Oh sí, porque él es un Slytherin-le respondió Honey

-No cuestione mis métodos Burton-

-¡ENTONCES SEA JUSTO!-

-Castigada el sábado-cortó Severus-Pasará la tarde conmigo cortando lenguas de sapos, quizás y así aprenda a controlar la suya Burton-

Honey le iba a responder a su padre, pero la mano de Hermione en su hombro la hizo callar justo a tiempo. Ella quería a su padre, era algunas veces era un verdadero cabrón y en este tiempo…era mil veces peor ¿O quizás siempre fue así y ella no se dio cuenta? Quizás y sus amigos tenían razón, su padre era un gran bastardo. Bufó audiblemente cuando lo vio desaparecer y mucho más alto cuando vio aparecer a la profezorra quien -iba con el único objetivo de pegarse al brazo de su padre

-Puta vida-regañó Honey golpeando con fuerza su libro de Herbologia contra la mesa.

Severus suspiró audiblemente cuando entró a su despacho y logró cerrar la puerta, aquella zorra era peor que una peste, en cualquier momento iba a hechizar aquellas manos tan escurridizas y las ibas a colgar en algún muro del colegio, a ver si esa tipeja dejaba de manosearlo como si fuera suyo.

Se despojó de su capa y levita y avanzo hacia el baño. Se sentía sucio con tan solo recordar el tacto de aquella mujer sobre su cuerpo, era una sensación que lo quemaba por dentro, hervía su sangre pero no de una forma agradable, no de aquella manera que lograba Hermione con tan solo recostar su cabeza en su hombro. Su sangre hervía de deseos por golpearla, maldecirla pero no podía, solo porque por muy zorra que fuera Amelie Perfitt seguía siendo una mujer, y él no golpeaba mujeres. Aunque esta merecía una caricia, con una silla, en la cara.

Volvió a suspirar mientras ambas manos rascaban con desesperación su cabeza buscando despejarse un poco. Podía sentir el toque de esa zorra por todo su cuerpo, por unos segundos llevó a pensar que su colega de Transformaciones estaba emparentada con los pulpos, de otra forma no se explicaba cómo logró tocarlo en tantas partes

-Maldita mujer-dijo él sacándose el resto de ropa y metiéndose bajo la cascada de agua caliente, porque solo aquella sacaba las infecciones

"Él quería ir derecho a su despacho y terminar de embotellar una poción y empezar con el segundo lote antes de que Hermione llegara, quería estar solo para pensar y relajarse. Sinceramente por unos momentos tuvo la idea de maldecir a Draco por intentar salir con su castaña. Aquel mocoso era igual que su padre y lo único que esperaba era que tuviera una hija, para que sintiera aquellos celos enfermizos y pagara de una vez todos sus deslices de estudiante.

Pero claro, él era un Malfoy así que era de esperarse que en unos años más otro rubio desteñido hiciera de las suyas entre aquellas paredes.

-Snape-dijo una voz demasiado dulce, tanto que llegaba a dar diabetes.

Por eso él odiaba los dulces

-¿Qué quiere ahora Perfitt?-dijo con fastidio

La joven bruja jefa de los leones tomó su brazo y como de costumbre, lo posicionó entre aquellos descomunales senos. Severus tembló, no de excitación sino de asco porque eso era lo que le acusaba aquella mujer de ojos grises.

-Necesito tu ayuda-ronroneó pegando su boca al oído de él, dándole una vista privilegiada a su gran escote

-Suélteme Perfitt-

-Solo es un favor entre colegas-le recalcó la mujer-Cinco minutos, necesito tu ayuda con unas pociones que requisé a unos alumnos de tercero-

-Pídale ayuda a Horace, él es el maestro de esa asignatura-dijo apartándose y avanzado rumbo a su despacho.

Pero esa mujer era una loca desquiciada y estaba empeñada en que él le brindara un poco de su tiempo.

-Porfavor Severus-dijo ella con un mohín-Sabes perfectamente que Slughorn no es tan bueno como tú…solo serán cinco minutos-

Y sin importar que estuvieran en medio de un pasillo o en presencia de estudiantes, las hábiles y resbaladizas manos de la jefa de Gryffindor se deslizaron por el pecho del jefe de Slytherin, tocando sin reparo cuanto podía.

Severus se quedó de piedra. Era asqueroso.

-Y sabes muy bien que aquel viejo no puede darme esto-Aquello fue el colmo

Cuando las manos de esa bruja tocaron su miembro sobre su ropa se alejó como si el fuego del infierno lo estuviera persiguiendo

-Vuelve a tocarme zorra y te aseguro que esa bonita sonrisa que tienes no volverá a ser la misma-dijo lleno de odio apretando su varita-De igual modo podrás decirle adiós a esos dos globos de mierda que tienes pegados en el pecho-

Y sin más se alejó de allí, dejando a una Amelie Perfitt asombrada y con el rostro desencajado."

Cerró la llave de la ducha y quemó aquellas ropas con un simple hechizo. Tenían la empalagosa esencia a rosas de esa puta y gracias, pero él odia esas flores.

Salió rumbo a su habitación con la toalla negra amarrada sueltamente en su cadera pero un pequeño nido de rizos castaños en su sillón le llamó la atención. Una pequeña sonrisa surcó su rostro y se acercó a ella con sigilo.

-Pensé que seguías en la biblioteca-

-Los ronquidos de Ron no me dejan estudiar-respondió secamente sin apartar su vista de su libro de Transformaciones avanzadas-Y mañana tengo examen con la profezorra Perfitt-

Él negó con la cabeza y tomó su rostro para darle un beso en la frente, gesto que avergonzó a la joven

-Vístete por favor-recalcó Hermione

-¿Acaso te pongo nerviosa Granger?-

Ella lo golpeó con su libro en el abdomen.

Honey dominaba a la perfección las clases de Pociones, Defensa y Encantamientos, las clases de Herbologia y Astronomía eran divertidas y muy estimulantes mientras que Historia de la Magia, Runas y Aritmancia necesariamente eran las materias donde ponía más atención, no porque no entendiera sus principios, al contrario era una alumna aventajada pero solo porque estudiaba todos los días. Pero su bestia negra era Transformaciones.

Desde pequeña aquella mujer que luego pasó a ser su profesora tenía una manía con ella y Honey sabía muy bien porque. No había que ser unos genios para saber que esa mujer tenía un tipo de obsesión mal sana hacia su padre y como él nunca le prestó atención decidió desquitarse con su hija. Pero aquella táctica no le servía más que para desahogarse, aunque este último año…ella necesitaba ese "Excepcional" en Transformaciones si quería ingresar a la academia de aurores...como odiaba a esa mujer, más aun cuando la vio pegarse a su padre de esa forma tan asquerosa y denígrate para cualquier mujer decente.

Ella sentía asco por esa mujer, no la quería cerca de su padre y tampoco en su futuro. Aunque este aun fuera incierto y ella era un pequeño espermatozoide que todavía habitaba en el cuerpo de su padre.

Dejó su libro en la mesita de noche y miró por la ventana.

Necesitaba hablar con alguien, pero en ese tiempo no tenía a nadie, ni a Victorie, ni a Teddy ¡POR MERLÍN! Ni siquiera contaba con el hombro de su padre para ponerse a llorar como quería en esos momentos.

Algunas veces la sola idea de no llegar a existir merodeaban por su cabeza y creaban las más horribles pesadillas, despertándola en medio de la noche envuelta en un charco de sudor y de lágrimas.

Ella podía arruinarlo todo con solo una acción.

Como la de esta tarde en la biblioteca mientras sus tíos buscaban sus libros de estudios y el próximo heredero Malfoy le coqueteaba por cartas. Quizás sus padres en estos momentos estaban en una pelea de pareja, quizás se estaban separando, quizás su padre iba a quedarse solo en el futuro. Quizás ella la había jodido monumentalmente.

Tomó su cabeza entre ambas manos intentando silenciar las voces que le recriminaban su culpa.

Pero no tuvo éxito.

Severus Snape observó una vez más la silueta de Hermione Granger agregando el ultimo ingrediente a la poción de agudeza visual y cuando el humo rojizo comenzó a salir, indicando que aquel brebaje se había completado con éxito, se acercó a ella

-Perfecto como siempre Granger-dijo él tomando un cucharon para llenar los frascos que luego enviaría a San Mungo

-Gracias-dijo la joven ayudándolo con la tarea

Eran las primeras palabras que intercambiaban en esas horas, las más de cinco que se enfrascaron terminando aquel encargo. Nunca hablaban en sus tutorías a no ser que ella necesitara algún consejo de su parte; ellos sabían mantener muy bien la distancia entre su relación como profesor-alumna y su relación como pareja, aquello nunca beneficiaba a Hermione, ella seguía siendo la sabelotodo de Gryffindor que sufría los ataques de la venenosa lengua de Snape. Todo parte de una careta, de su juego que volvía aquella relación prohibida mucho más emocionante; porque aunque Severus nunca decía "Lo siento" si lo demostraba cuando besaba con dulzura su frente o la abrazaba con suavidad mientras dormían en su cama.

-¿Terminó Granger?-

-Y casi-señaló ella

-Debemos ir a la lechuceria y mandar estos frascos. Van a ser las dos de la madrugada y usted mañana tiene clases Granger-

-Eso ya lo sé…ya lo sé-dijo ella terminando con aquel frasco-¿Por qué no empezaste antes de que yo llegara?-

-Tuve que poner a una zorra en su lugar-respondió secamente

Hermione reconoció aquel tomo de tristeza en la voz de su pareja y se acercó para abrazarlo y besar su barbilla

-Deberías hablar con McGonagall-

-¿Para qué? Ya la pondré en su lugar-

Ella frunció el ceño, algunas veces odiaba el orgullo Slytherin de Severus

-Vamos-dijo Severus guardando todas aquellas pociones en una pequeña maleta con un simple movimiento de varita-Luego usted señorita Granger se ira a la cama. Mañana tiene examen de Transformaciones y no querrá desaprobarlo-

-Merlín no lo permita-dijo entre risas la joven castaña

Ambos salieron rumbo a la lechuceria en completo silencio y a una distancia prudente; aun en la oscuridad de la noche no debían ser descuidados, cualquier alma podría verlos y quien sabía por dónde estuviera ese desgraciado de Pevees dando vueltas.

Hermione bostezo audiblemente y se refregó los ojos con su brazo, gesto que no pasó desapercibido por Severus

-Avancemos más rápido-

-Pero esas pociones son delicadas-

-Más delicado son tus estudios Hermione-la reprendió-No suspenderás Transformaciones por mi culpa y menos con esa tipa, no discutas sabelotodo-

Ella sonrió y tomó la mano de su pareja ante la atónica mirada que él le dedicaba

-Vamos Snape, avanza o suspenderá Transformaciones por tu culpa-

-Insolente-dijo con burla atrayéndola a sus labios

Fue un beso corto porque pronto escucharon una voz más que conocida y un pequeño hipo.

Minerva McGonagall siempre tuvo una debilidad especial por Hermione Granger, era su mejor alumna, una chica alegre, inteligente y dispuesta a dar todo por sus amigos como lo había demostrado al abandonar todo por seguir a su mejor amigo, el señor Harry Potter; así que no era de extrañar que ver a su hija llorando le revolvió una célula sensible a la anciana mujer. Los ojos maleados que eran tan parecidos a la joven de cabellos castaños ahora estaba enrojecidos de tanto llorar y los rizos normalmente alborotados estaban mil veces peor.

Honey Snape estaba llorando como una niña pequeña que se había perdido en el supermercado y cree que nunca va a encontrar a sus padres.

Pero esta vez Honey no estaba perdida en un supermercado, ella estaba atrapada en el pasado y si existía la posibilidad de nunca más ver a sus progenitores. Aquello no era un juego.

Los brazos de quien alguna vez fue la cabeza de la casa Gryffindor envolvieron el cuerpo de aquella joven de cabellera negra y descontrolada, sus sollozos eran silenciosos y continuos, intentando ocultar su vergüenza como alguna vez lo hizo su padre

-Honey-la llamó la mujer-Debes calmarte-

-No se callan-le reclamó la joven-Madrina, por favor detenga esas voces-

Minerva sintió que su anciano corazón se apretaba y se rompía al ser testigo de aquella escena

-Honey, solo tú puedes callarlas-

-Ellas me dicen que la culpa es mía…que mi padre va a quedarse solo, yo no quiero eso ¡NO QUIERO! Él no se lo merece-Las lágrimas brotaron con más fuerza-¡TODO POR UN TONTO DESEO! ¡TODO POR SACIAR UNA INUTIL CURIOSIDAD! ¡QUIZAS DEBIA QUEDARME ASÍ, SIN SABER NADA PORQUE EN TODO EL TIEMPO QUE LLEVO EN ESTE ESTUPIDO TIEMPO NO HE LOGRADO SABER NADA! ¡NADA!-

-No digas eso-dijo McGonagall

-Pero si es la verdad-dijo ella con las lágrimas en sus ojos-Este estúpido viaje no ha servido para nada…para nada…quiero volver, quiero estar con mi papá, quiero que él me abrace y diga que todo va a estar bien, quiero estar con mis amigos y no sentirme una intrusa, quiero estar con mi novio…quiero…quiero…-

Honey enmudeció al recordar aquel antiguo espejo que encontró en la sala de los Menesteres y recordó aquella imagen de su familia. Completa. Como siempre debió ser.

-Quiero volver a m tiempo-dijo la chica-Y sentir los brazos de mi madre y escuchar una vez más las palabras de mi hermano-

La chica se apartó de la mujer que en un futuro iba a ser nombrada como su madrina y limpió sus lágrimas.

Las voces se habían callado por arte de magia al recordar aquel objeto tan singular.

-¿Honey?-

-Lo…lo siento-dijo ella limpiando los restos de lágrimas-Es solo que…yo…me acordé de algo y…-

McGonagall apartó algunos risos del rostro de la hija de Severus y Hermione, sorprendiéndole gratamente que esa chica sacara la sensibilidad de su madre sin ni siquiera meterla presente día a día

-Este viaje no ha sido un desperdicio Honey-

-Lo sé, he podido conocer a mamá-

Y aunque ella no aceptaba aquella relación, no iba a interferir, no quería que esa joven no llegara a existir. Además si se cumplía lo que esa joven decía…no quería que Severus quedara solo, ya suficiente sufriría con la perdida de la joven castaña como para sumar la perdida de sus hijos

-Tu giratiempos lo he mandado con un amigo del ministerio-explicó McGonagall-Confió en él para arreglarlo-

-¿Cuánto se demorara?-

-No lo sabe, aquel objeto es un artefacto mágico delicado y el ministerio los ha estado requisando…podrían despedirlo si lo encuentran con uno en sus manos-

Honey bajó la cabeza, en este tiempo ella solo estaba trayendo problemas

-Pero él me aseguró que lo iba a reparar-

-Gracias-dijo la joven Gryffindor-Por todo…Yo…yo no sé…no quiero ser una molestia…y yo…eeee…lo…lo lamento mucho-

-No es una molestia para mi ayudarte Honey-dijo McGonagall con cariño-Ahora ven, voy a acompañarte a tu sala común-

-Debo ir a otro sitio antes-

La dura mirada de la directora se posó en ella pero ella no bajó sus ojos y le mantuvo hizo honor a su padre en ese duelo de determinaciones, a fin de cuentas ella era una Snape, las miradas estaban patentadas en su familia

-Voy a acompañarte de todas formas-

-Bien-

Honey y McGonagall caminaron en silencio hasta que escucharon las voces de dos personajes que conocían muy bien

-Vamos Snape, avanza o suspenderá Transformaciones por tu culpa-

-Insolente-dijo su padre con burla

Los colores en la cara de su madrina se fueron y Honey tuvo que reprimir una carcajada en un falso hipo

-Lumos-dijo McGonagall intentado recuperar su compostura habitual

Y Honey juró ver a su madre separándose rápidamente de los labios de su padre justo cuando su madrina los apuntaba con su punta de su varita

-¿Qué hacen a estas horas Severus? Ya sabes que el toque de queda empezó hace más de cuatro horas-

-Mis disculpas señora directora-dijo educadamente su padre-Con la señorita Granger nos dirigíamos a la lechuceria a enviar este lote de pociones de agudeza visual a San Mungo-

-¿Y no pudo hacerlo solo Snape? Es muy tarde y esa joven mañana tiene clases ¡Que inmoral e irresponsable de su parte!-

-Fue mi culpa-dijo Hermione-El profesor Snape me recalcó la hora pero, usted sabe cómo soy, no puedo dejar las cosas a medio hacer, tenía que terminar con aquella poción. Si hay alguien irresponsable aquí soy yo, profesora McGonagall-

Severus dibujó una pequeña mueca de suficiencia, era perfectamente sabido que Minerva sentía una debilidad hacia la joven Gryffindor de cabellos castaños y ella se aprovechaba de esa situación cuando se le tornaba conveniente

-Debe ser más responsable con sus estudios señorita Granger-dijo McGonagall

-Lo sé y lo lamento, no volverá a pasar-

-No quiero que estas asesorías con Severus le hagan olvidar sus otras materias, sé muy bien que es una excelente alumna pero no debe descuidarse en este, su último año-

-Lo lamento profesora McGonagall-

-Ahora vayan a enviar eso a San Mungo-dijo duramente-No pierdan otro minuto yo iré con la señorita Burton a la torre de Gryffindor-

-¿Qué te pasó Honey?-

-Oh no…es que…-la chica bajó la mirada y Hermione desistió, quizás se trataba de una situación familiar.

Pero ha Severus Snape aquello no le traía buena espina, y aquella estúpida presión en el pecho cuando estaba cerca de Burton volvió a ponerse justo sobre aquel órgano que bombeaba sangre.

Ambos vieron desaparecer a ambas mujeres entre las sombras del castillo y subieron hasta la lechuceria

-Muy Slytherin utilizar aquella debilidad que tiene Minerva hacia nuestro favor Granger-dijo Severus subiendo la escalera

-¿Tú crees que nos vio?-

-No…está tan ciega como tu amigo Potter-ella le golpeó el hombro.

Minerva McGonagall se asombró al estar dentro de la sala de los menesteres y encontrar al espejo de Oesed. Pero lo que más le asombró que aquella chica conociera la ubicación de aquel sitio.

Honey se sacó sus zapatos y permitió que sus pies sintieran la suave alfombra que la sala le proporcionaba; suspiró y se acercó al espejo para volver a observar aquella image que era el fiel relejo de su corazón

-Lo lamento-dijo ella ante su familia-Lo siento tanto…pero algunas veces es tan…-

-Pensé que eras una Gryffindor Honey-dijo la imagen de su padre-La casa donde habitan los valientes-

-Es difícil papá-dijo la joven

-Pero no imposible-

-¿Y si no puedo mamá?-

-Vamos Honey, demuestra tu fuerza-dijo Trey-Confió en tí-

-Te quiero Trey-dijo ella con las lágrimas a punto de salir de sus ojos

Y Minerva McGonagall entendió que aquello era una reunión familiar a la cual no estaba invitada.

BAJEN ESAS VARITAS! EL FIN DE SEMANA ESTUVE OCUPADA CON ASUNTOS DE SEGURIDAD NACIONAL

PERO NO ME TARDE TANTO…ESO CREO XD

COMO SIEMPRE, SU APOYO ES GENIAL, SIN USTEDES ESTO NO SEGUIRIA ;D

UN BESASO, XERXES ELI