PORQUE ALGUIEN ME PUSO FECHA LIMITE, ME TIENEN OTRA VEZ…YAZMIN SNAPE NUNCA DIGAS QUE NO HICE ALGO POR TI
CAPITULO 12
La sala común de Gryffindor estaba más alborotada que de costumbre, los típicos murmullos que la sala guardaba entre sus paredes parecían salir hacia el exterior, el bullicio ya no se aguantaba y eso le brindaba la confianza necesaria al equipo de quidditch de los leones. Era el partido inaugurar, ese en el cual todas las casas esperan con entusiasmo ya que con ese juego, ya se empezaban con las especulaciones sobre qué casa ganaría el próximo torneo. El equipo se mostraba determinado, el flamante capitán había hecho un discurso que no solo motivó a los jugadores, todos los alumnos de Gryffindor se habían quedado en silencio escuchando las palabras de Harry Potter y aunque este no era muy adepto a ser el centro de atención, el chico que vivió dos veces demostró porque pudo liderar una parte importante del ejercito de Dumbledore y posteriormente, convertirse en el jefe del departamento de aurores. Para cuando el ojiverde dejó de hablar, los aplausos no se hicieron esperar y los gritos de "¡ARRIBA GRYFFINDOR!" "¡VAMOS LEONES!" resonaron tan fuerte que Honey tuvo que taparse los oídos.
Un nuevo grito hizo vibrar las paredes y entre aplausos y vítores todos los Gryffindor abandonaron la sala común rumbo al campo, a excepción de cierta pelinegra que salió rumbo a las mazmorras.
Honey suspiró derrotada, siempre quiso ver jugar a su tío Harry ya que sus tíos George y Neville le contaban historias sobre el buscador más joven de los últimos cien años. Ella escuchaba maravillada de como su querido tío a sus once años había atrapado la snicht dorada en su partido inaugurar ¡Y NADA MENOS TENIENDO DE CONTRINCANTE A SLYTHERIN!, también recordaba con preocupación esa historia donde los dementores (Unas criaturas espeluznantes de las cuales sabia su existencia por las clases de su padre) lograron derribarlo de su escoba, magnifica y ahora de colección, Nimbus 2000. Ella sabía que su tío era un gran jugador, un ex capitán y campeón de la copa de quidditch en su quinto año si mal no recordaba, debía ser un crimen no verlo jugar.
Siguió avanzando hasta llegar a la fría escalera que descendía hasta las mazmorras donde su padre era amo y señor.
Un escalofrió recorrió su espalda al notar que aquella parte del castillo estaba demasiado silenciosa para su gusto, aun cuando ella se quedaba las primeras semanas del verano en el despacho de su padre, aquel lugar nunca estaba en silencio ya que ella se encargaba de animarlo con su música (o como decía Severus, con su "intento" de música) las voces de sus artistas favoritos y las notas de aquellos instrumentos llenaban el vacío que se alojaba luego de la partida de los estudiantes. Pero ahora no habían estudiantes, así como tampoco estaba su música para alegrar aquel tétrico lugar y por si fuera poco, tampoco estaba ese molesto de Pevees pero si, el horrible Barón Sanguinario que pasó a través de ella, generando una sensación mucho peor de la cual ya sentía.
Tocó la puerta de roble negro y esperó pacientemente a que su padre la abriera temblando aun a causa de ese fantasma tan desagradable que nada tenía que ver con el simpático de Nick casi decapitado
-Pase-dijo su padre con un tono que ella sabía muy bien lo que significaba-Vaya, tal parece que la señorita Burton ha decidió aparecer, llega cinco minutos tarde-sí, estaba molesto-Cinco puntos menos Burton-
-Pero señor…-
-No discuta-
Honey apretó las manos, su padre era tan injusto ¿Por qué nunca se había dado cuenta? Claro que ella nunca tuvo privilegios solo por ser su hija y de vez en cuando él la castigaba o reprendía cuando hacia algunas de sus travesuras pero ahora ¡AHORA SE PASABA! Algunas veces llegaba a creer que en este tiempo su padre tenía cierta manía con ella; con razón sus amigos lo apodaban "El murciélago de las mazmorras" si algunas veces lo parecía
-Como le dije en la biblioteca señorita Burton, hoy cortará las lenguas de un lote de sapos cornudos que llegaron hace dos días-dijo el hombre avanzando hacia una repisa donde descansaban las dagas de plata que la joven iba a utilizar para su labor-Gracias a usted me ahorré la molestia de hacerlo personalmente-
-Entonces…¿Me castigó solo porque a usted le dio flojera hacer este trabajo? ¿Y dónde está Draco? ¡ÉL FUE QUIEN ME LANZÓ AQUELLAS CARTAS, ESTO ES INJUSTO!-
-Ante todo Burton, no me hable en ese tono-siseó su padre-En segundo lugar no cuestione mi autoridad como profesor, ya he hablado con el señor Malfoy-
-Oh si, genial, con él habla pero yo soy castigada ¡ESTO ES DISCRIMINACIÓN!-repuso Honey
-¡CALLESE BURTON!-Exclamó golpeando la mesa.
Honey hizo caso y bajó la cabeza, su padre nunca le había hablado así de fuerte y tampoco había reaccionado así de violento delante de ella, quizás había escuchado uno que otro comentario de sus amigos pero nunca pensó que eso fuera posible, quizás algún sarcasmo, quizás la ironía, pero nunca…nunca esto.
Era extraño.
Un dolor en el pecho logró que su mano se destensara y su enojo se disipara. Por alguna extraña razón, Severus Snape se sentía como la mierda más grande del mundo por entristecer a aquella muchacha que se asemejaba bastante a la castaña de ojos maleados que lo habia vuelto un loco enamorado, pero aquello no podía ser, él no sentía empatía por ningún otro alumno más que por Hermione Granger ¿Quizás su mente estaba fallando? Él sabía perfectamente que Burton y Hermione no eran iguales ¡ÉL MAS QUE NADIE CONOCIA EL CUERPO DE LA PREFECTA PERFECTA DE GRYFFINDOR! Y bastaba con mirar a esa joven para saber que esas dos eran como el agua y el aceite.
Hermione era callada y respetuosa, mientras esta muchacha era una parlanchina que no lograba controlar su boca aunque su inteligencia era bastante similar al igual que las pequeñas manías que ambas jóvenes de ojos maleados compartían…Pero Burton era una insolente, una chica demasiado explosiva y…rara, no al grado de Lovegood, pero aquella muchacha que ahora estaba frente a él con la cabeza agachada le generaba una extraña sensación.
Suspiró y fue hasta su armario para buscar los susodichos bichos a los cuales Burton debía sacarle la lengua, sonrió, aquellos anfibios le recordaron bastante a la vieja cara de sapo que los centauros se encargaron de "hacer feliz" cuando Hermione estaba en quinto año. Aquella piel rosada y ojos demasiados grandes para una criatura que a lo más tenia quince centímetros de longitud, pero él sabía demasiado bien que los mejores venenos se guardaban en frascos pequeños y esas criaturas de aspecto tan patético y desagradable eran un raro y exótico ingrediente para la elaboración de pociones de alto rango, pociones que Hermione necesitaba si quería sacar su maestría
-Aquí tiene Burton-le dijo con malicia-Son veinte especímenes, quiero las lenguas y las glándulas de veneno que se encuentran almacenadas cerca de su cloaca-
Dejó la caja frente a la chica con un firme movimiento de varita, y con paso decidido, llegó hasta la Gryffindor de cabellos negros que en esos momentos sacaba al primer bicho para disponerse a comenzar con su castigo
-¿Qué cree que hace?-
-¿Quizás empezar con mi tarea?-dijo ella con obviedad-Creo que para eso me citó, señor-
-Los sapos que usted va a despellejar no son cualquier criatura Burton, aquellas criaturas son muy raras de encontrar y por ende, un solo error en su corte y los galeones invertidos en ellos se irán a la basura-
-Entonces… ¿Por qué no lo hace usted y nos ahorramos de ese problema?-
-Yo no soy el castigado Burton-
-¿Y porque no me enseña?-dijo ella con soberbia
Aunque en realidad, Honey no necesitaba de aquella pequeña clase para tratar con esos sapos de aspecto tan singular, ella aprendió a manejarlos a los diez años luego de insistirle todo un día a su padre; según él, ella era muy pequeña para manejar ingredientes tan delicados y caros, hasta puso de excusa que ni siquiera se utilizaban en las clases de séptimo y en los TIMOS, pero eso no la iba a detener, ella era Honey Eileen Snape, ella era su hija, su niñita, una seudo Slytherin que sabía conseguir lo que quería con su padre.
Bastó colocar un pequeño mohín y que sus ojos parecieran cristalinos para que Severus cayera ante los encantos de su hija. A los cinco minutos luego de aquello, Honey era guiada por las experimentadas manos de su padre y aprendía a sacar la glándula de veneno de aquel bicho de color blanco que anteriormente era de un llamativo rosa.
Pero ahora, volviendo a su presente, su padre no se mostraba muy convencido de enseñarle, más bien parecía irritado
-Desde la garganta hasta las patas traseras sin presionar demasiado. Cuando se tope con una capa gelatinosa debe introducir dos dedos y hurgar en el lugar hasta que dé con un saco membranoso, lo extrae con delicadeza. Si la coloración de aquel animal se vuelve blanca, es porque lo ha realizado correctamente Burton-
-¿Y las lenguas?-dijo abriendo la boca del animal
-¿Acaso no le enseñaron nada en esa escuelita francesa?-
-¿Acaso usted no estaba enseñándome a tratar estos delicados animales?-
-Si quiere aprender a tratar con cuidado a esas bestias, debe ir con el profesor Hagrid e inscribirse a la asignatura de Cuidado de criaturas mágicas-dijo en un siseo
-Del mismo modo, si quiero aprender sobre ingredientes de pociones, debería ir con el profesor Slughorn, no con usted-Una sonrisa pícara cruzó el rostro de la chica-¿O caso no me enseña porque usted no sabe?-
Sabía que luego iba a arrepentirse de esas palabras, si había algo que su padre no soportaba que le lastimaran (Además de su familia, claro está) era su orgullo, sobre todo su orgullo como pocionista.
Con un rápido movimiento, Severus le arrebató la daga y el sapo a la joven Burton quien lo miraba con una expresión que denotaba un desafío…y él siempre ganaba cualquier desafío que esos idiotas le impusieran. Abrió la boca de ese animal y estiró la lengua hasta que esta ya no dio más, para luego cortársela en un rápido y limpio movimiento de la mano. La lengua verde del sapo descansaba en el filo de la daga mientras su padre la giraba en círculos lentamente
-¿Decía, Burton?-dijo él con bastante burla-Escúcheme bien, niñata, antes de que usted llegara, YO era el maestro de pociones en este colegio, he sido pocionista desde mucho antes de que sus padres la planearan-
"Por mucho que lo pienso papá, no creo que Trey y yo fuéramos exactamente planeados, en realidad, yo creo que mamá y tu sacaron mal las cuentas"
-Pero ahora es mi profesor de Defensa-
-No me cuestione-dijo lanzando la lengua a un balde-Ahora ¡PONGASE A TRABAJAR!-
Ella suspiró cuando su padre le entregó de mala manera la daga que ahora tenía un pequeño hilito de baba. Era mejor empezar o él se iba a enojar, cosa que Honey no quería.
Severus observaba atentamente a la joven de cabello rizado que trabajaba de espaldas a él, solo había pasado media hora pero Burton ya estaba por completar su castigo. Y, aunque no quería admitirlo, la chica si sabía trabajar con aquellas cosas, de los quince bichos que llevaba, los quince adoptaron la coloración albina luego de perder su glándula de veneno. Y él no le había enseñado.
Se recostó en su silla y frunció el ceño ¿Cómo esa niña podía hacer las cosas tan bien? No era tonto, en la cena Horace siempre hablaba maravillas de la joven que ahora estaba deslenguando al decimosexto sapo; aquel viejo barrigón comparaba las habilidades de Burton con las de Hermione o inclusive, con las de él ¡PERO QUE OSADIA! Aquella muchacha no podía ser tan buena en pociones, mucho menos superar a Hermione o si quiera, llegar a compararlo con él porque digan lo digan sobre su pasado, su presente o futuro, él fue, es y será el mejor pocionista de Gran Bretaña ¿Cómo una niña de diecisiete años iba a superarlo? Podía esperarlo de su castaña, ella era inteligente, bastante, pero le faltaba un poco más de práctica, quizás dos años más y seria su igual, pero aquella niña…
Un fuerte grito proveniente desde el exterior sobresaltó a los dos habitantes de las mazmorras quienes miraron con asombro la ventana que daba hacia el lago negro; en ese descuido, Honey pasó a cortar su mano y la sangre de la muchacha comenzó a manchar sus ropas claras
-Mierda-exclamó Honey soltando la daga y llevándose instintivamente la herida a la boca, cosa que Severus pasó
-¿Qué cree que hace Burton?-dijo Severus acercándose a ella y alejando la mano de la chica de sus labios-Recuerde que trató con veneno, si este llegara a ingresar a su cuerpo, la parálisis que obtendrá no será para nada bonita-
La chica lo miró con pena y asintió bajando la cabeza, tal parece que había dado en el clavo, la joven Gryffindor era tan orgullosa como él
-Déjeme ver-dijo él tomando la mano de la joven-Es bastante profunda, pero nada por lo que preocuparse-
Se levantó ya que estaba arrodillado y miró a la joven que seguía con la cabeza baja, el dolor en su pecho volvió con fuerza, era un sentimiento inexplicable que le revolvía todo su interior. No quería admitirlo pero, se había preocupado por aquel pequeño incidente…pero solo era esa preocupación que siente un profesor hacia sus alumnos, nada más. Él era su profesor, se supone que debía cuidar de ella y no dejar que se lastimara como lo hizo. Aquel corte era profundo y sangraba mucho…además corría el riesgo de que el veneno ingresara por aquella herida, ¿Cómo explicarle a Minerva que su ahijada estaba en la enfermería porque a él se le había ocurrido de castigo que se pusiera a degollar sapos venenosos?
-Estoy bien-dijo la chica a sus espaldas-Ya dejará de sangrar, voy a terminar mi tarea-
-¿Está loca?-dijo tomando la mano herida-Debo limpiar y sanar esa herida Burton, de otra forma corre el riesgo de que el veneno ingrese a su cuerpo-
-Pero el castigo…-
-Eso puede esperar-
Ella levantó la cabeza y lo miró directamente a los ojos. Él pecho volvió a apretarse y por unos segundos, Severus pensó que en verdad se parecían a los ojos de Hermione, pero en ellos…en ellos podía ver cierta similitud con los suyos. La mirada de Burton era más fría que la mirada de su castaña, además, esta chica tenía el mismo pequeño lunar imperceptible que él tenía al lado de su lagrimal izquierdo…Algo muy curioso
-Quédese quieta mientras voy a buscar algo para limpiar eso-dijo caminando hacia su armario personal-Si escucho un solo movimiento de parte suya, agradecerá que el veneno esté en su torrente sanguíneo-
Honey descasó su mano en su pierna izquierda, poco le importaba manchar su ropa, estaba acostumbrada a que en ella hubiera pequeñas manchas de pintura, carboncillo o cualquier otra sustancia que usara para pintar. Una sonrisa surcó su rostro cuando vio a su padre buscar con desespero las pociones para tratar su herida, díctamo y alguna desinfectante sería la solución perfecta y ella podría terminar con su tarea
-La mano-ordenó él cuando ya tenía lo que necesitaba
Obedeció rápidamente y tendió su extremidad lastimada
-Esto va a doler un poco-dijo serio, destapando un vial que dentro contenía un líquido de color morado-Es…-
-Pocion desinfectante-lo cortó ella
-¿Acaso le pregunté Burton?-
-No, pero no debe tomarme por una idiota-ella frunció el ceño cuando el líquido corrió por su mano-Si conozco estas cosas-
Y como no hacerlo, cuando era una pequeña niña e iba a la casa de su tío Bill a jugar con Victorie y sus pequeños hermanos, ella siempre llegaba con sus rodillas lastimadas por alguna travesura que habían hecho en el patio de la casa. Era su padre quien suspiraba y la sentaba frente a la chimenea para curar sus heridas
"-Todo va a estar bien-
-Pero duele-dijo ella aguantando las lagrimas
-Entonces ¿Por qué corres si sabes que te vas a lastimar?-
-¿Y cómo quieres que juegue con Vic y Teddy si no corro?-
-Podrían jugar algo más seguro-recalcó él, poniendo díctamo sobre la herida-Quizás podrían pintar, a ti te gusta pintar-
-Sí, me gusta-dijo ella frunciendo su entrecejo nuevamente-Pero estábamos buscando nargles, la tía Luna nos dijo que ellos se esconde en cualquier parte y rompen todo. Hoy a la tía Fleur se le rompió un florero y el pequeño Louis se asustó-
-Quizás fue…-
-No papá, fueron los nargles-respondió con seguridad
Severus suspiró y terminó de vendar la rodilla de su hija para luego besar su frente y levantarla entre sus brazos
-Recuérdame decirle a la loca de tu tía Luna que deje de contarte esas extravagantes historias, tu imaginación es muy activa Honey-
-Pero ella me invitó a tomar el té mañana y yo quiero ir a verla…en su pancita tiene a sus bebes…a todo esto papá ¿Cómo se hacen los bebés?-
Él enrojeció"
-Listo-dijo Severus amarrando la venda en la mano de su alumna-Vaya ¿Quién diría que la señorita Burton sería tan valiente y no chillaría cuando el díctamo tocó su piel? En verdad me asombró-
-Cuando pequeña vivía con heridas y papá siempre me las curaba, creo que estoy acostumbrada-
-De pequeña, torpe-dijo alejándose de ella-Termine con eso Burton…y cinco puntos menos por su vocabulario-
-¿¡PERO PORQUE!?-
-¡NO ME GRITE!-
-¡NO ME GRITE USTED!-
-¡BURTON!-
-¡SNAPE!-
-¡VIENTE PUNTOS MENOS!-Sentenció-Luego de terminar con esos sapos, se encargará de ordenar los ingredientes de mi almacén, si me llega a faltar alguno…-
-Murciélago-masculló ella entre dientes
-¿Cómo dijo?-
-Nada que le interese-
-Quizás deba agradécele Burton, con todos los puntos que le he quitado y con todos los puntos que le quitaré, Slytherin ganará este año-
-La única forma en que puede ganar ¿No es así?-
-Luego de ordenar mi almacén se podrá a corregir los informes de primer año-sentenció mirándola fríamente-Y cinco puntos menos-
Tal parecía que hoy no iba a tener sábado. Y tampoco puntos en el reloj de Gryffindor.
Hermione acompañó al equipo de Gryffindor hasta la sala común y en un despiste de sus compañeros, subió rápidamente hasta su cuarto para poder ir hacia las profundidades de las mazmorras. No lo había visto en todo el día, ni siquiera finalizado el partido. Pensó que el castigo de Honey no sería tan largo, pero a ella tampoco la había visto durante todo el día…Debía hablar con él, quizás convencerlo de que no hiciera sus castigos tan duros y si las razones no funcionaban…siempre habían otras técnicas.
Se metió dentro de su chimenea y se alejó de la bulliciosa torre de Gryffindor para aparecer en el silencioso despacho del profesor Snape.
Salió de agujero en la pared y se sacudió las cenizas que quedaron atrapadas en sus ropas; observó la cama desecha y el cuerpo de su pareja tirado sin mucho cuidado en el colchón, sonrió, alguien debía estar cansado de descontar puntos. Se acercó a la cama y con mucho cuidado, retiró algunos mechones de su cabello negro de su rostro
-¿Pero qué…?-
-Hola-dijo Hermione tocando los pómulos del hombre-¿Fue un día pesado?-
-No tanto, solo me aburrí de restarle puntos a tu casa-
Hermione frunció el ceño y con su mano libre, pellizcó el hombro a Snape
-¡Auch! ¿Y eso porque?-
-¿Y lo preguntas?-
-Si ¿Qué hice yo ahora?-
-¿Cuántos puntos le quitaste a Honey?-
Severus hizo una cuenta rápida, aquella chica llegó a las doce y se había ido hace poco
-¿Unos ochenta puntos? ¿Quizás noventa?-
-¡SNAPE!-lo reprendió Hermione
-¡¿Qué?!-dijo él atrayéndola a la cama-Esa mocosa se lo buscó. No sabe controlar lo que hice, abusa del sarcasmo en algunas ocasiones-
-No sé a quién me recuerda eso-dijo ella entre risas al sentir las manos de Severus en su la parte baja de su espalda
-Ya, pero el punto es distinto. Yo soy su profesor, yo puedo abusar del sarcasmo-
-Y algunas veces abusas de tu autoridad-
-Nunca he escuchado que te quejaras-
Ella rió cuando las manos de Severus encontraron aquel punto entre sus costillas y comenzó a hacerle cosquillas, aquellas que sacaban sonoras carcajadas y que a él las encontraba hermosas
-A todo esto ¿Por qué, en nombre de los fundadores, hubo un grito tan fuerte en el partido?-
-¿Se escuchó?-
-Un poco más y se rompe el vidrio Granger-Ella volvió a reír
-Fue la mejor disputa para atrapar la snicht dorada, el buscador de Hufflepuff y Harry estuvieron muy peleados-
-¿Y el resultado…?-
-¿Acaso lo dudas? Setenta a ciento cincuenta, Gryffindor ganó-
-Debí suponerlo, los Gryffindor siempre tan ruidosos-
-Yo no soy ruidosa-
Snape volvió con su ataque de cosquillas y la risa de la joven llenó el lugar
-¿Vas a negar lo obvio?-
-Tramposo-
-Y conozco otra situación en la cual eres más ruidosa-
-¡SNA…!-Pero él la calló con un beso, uno al cual Hermione no pudo negarse
-Lo bueno es que, yo se la forma perfecta para callarte-
-¿La conoces?-
Él volvió a besarla.
Mientras que, detrás de la puerta de roble negro que conducía al despacho del temible profesor Snape, una chica de cabellos negros y totalmente desordenados sonreía luego de lo que acababa de escuchar.
Su padre podía ser un bastardo la mayoría de las veces, pero amaba a su madre…y también se olvidaba de colocar el hechizo muffliato, está vez ella lo iba a colocar y quizás, en el futuro le iba a cobrar aquella salvada.
YAZ ME DIJISTE EL DOMINGO…EL DOMINGO PARA EMPEZAR A ESCRIBIRLO XD
ESPERO QUE LES GUSTE, MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS Y AGREGADAS, SABEN QUE SIN SU APOYO ESTO ES IMPOSIBLE!
UN BESASO XERXES ELI
