Anna despertaba lentamente, y se sentaba en su cama para estirarse, había dormido perfectamente, vio un bulto moverse a su lado, aquel estaba todo tapado, ella solo sonrió y le retiro la sabana. Elsa al sentir que la sabana le fue arrebatada abrió los ojos de golpe y después de dedicarle una mirada divertida a su hermana creo un bulto de nieve al pie de la cama y empujo a Anna. Elsa estaba riendo muy fuerte, Anna aprovecho la nieve para aventarle una bola que le cayó en la cara. Carcajadas, era lo que se escuchaba en aquel cuarto.
-Ya basta-dijo Elsa en medio de risas y casi sin poder hablar, al escuchar que alguien tocaba la puerta
-Soy yo-dijo Gerda amablemente, al entrar pudo notar que ambas hermanas estaban jugando, también pudo notar que las sabanas estaban mojadas por la nieve-Hace mucho no las veía reír tanto, en especial a usted majestad-la mujer hablaba cariñosamente a ambas jóvenes
-Es bueno ver que Elsa tiene sus momentos de locura, no era bueno verla siempre tan estirada-dijo Anna, causando que Elsa la mirara
-Cierto, su majestad debe arreglarse. Hoy vendrá un antiguo consejero de su padre, al parecer para hablar con usted-anuncio la mujer
-claro, se me había olvidado, dígale a Hans que hoy se encargará del papeleo. Me voy-esa despedida fue dirigida a Anna quien solo le respondió con su mano.
La mañana pasó tranquila y Elsa estaba desesperada por la llegada de aquel hombre, se preguntaba el motivo de su visita y no dejaba de caminar en círculos en su estudio
-Me estas mareando- dijo Hans al ver de reojo a la reina, el estaba con el montón de papeleo-Por que no para que se calme, se pone a contestar la correspondencia- dijo señalando el montón de cartas arriba del escritorio.
-Ese en su trabajo de hoy-dijo Elsa para luego continuar con su danza que hacia evidente su nerviosismo, aparte la reina parecía algo cortante ese día con Hans, es que cuando intentaba hablarle recordaba aquella platica con Anna y un rubor extraño aparecía en sus mejillas, por eso prefirió evitarlo un poco ese día.
Para suerte de ambos llegó Kai, anunciando la llegada del esperado visitante. La reina aliso su falda antes de salir a recibirle.
-Su majestad, la reina Elsa de Arrendelle-anuncio Kai a la joven reina que entraba en el salón principal. El invitado era un hombre de tercera edad, que portaba un traje que representaba su nobleza, este hizo una ligera reverencia al ver a Elsa.
-Ah crecido mucho majestad-dijo el hombre
-Asi parece-dijo Elsa con su tono de amabilidad
-¿Que edad tiene actualmente?-pregunto el hombre
-veintidós,faltan menos de tres meses para que cumpla los veintitrés-Elsa no entendía por que tantas preguntas acerca de su edad.
-Eso me temía-dijo el hombre sacando de su saco una carta algo vieja- Tome, léala con calma es de su padre-dijo el hombre extendiéndole la carta.
Elsa parecia sorprendida y sus enormes ojos azules se entristecieron un poco, la abrió con mucho cuidado y comenzó a Leerla, cuando termino estaba sin palabras, no sabía como reaccionar, le dedico una mirada de desconcierto a aquel hombre, estaba segura que esa carta era de su padre era la misma letra y tenia el sello real.
-Parece que ya termino su majestad-dijo el observando las reacciones de Elsa
-Si, pero ¿Que es esto? ¿Que significa? ¿Po..por que ahora, por que mi padre no me lo dijo?-parecía vulnerable ante esa situación
-Le explicare todo con su debida calma. Cuando el rey despidió a la mayoría de sus sirvientes fue para protegerla, ese día el me dio ésto para que yo se la diera cuando usted fuera reina y si por alguna razón el no estaba a su lado. El quería que usted estuviera protegida, y fuera amada con todo y sus habilidades y es por eso que el esperaba que a esta edad usted estuviera mínimo comprometida, usted es la reina y el pensaba en que debería dar el ejemplo-
-Pero sigo sin entender-casi chillo ella- ¿Que es lo que tengo que hacer, casarme antes de cumplir los veintitrés?-pregunto ella asustada
-Su padre pensó en todo majestad, el hombre con el que usted se casé solo tendrá el titulo de Rey, pero solo usted se encargará de su gobierno y toda acción diplomática que haga el rey será supervisada por usted
-Eso no tiene sentido ¿Por que quería que me casara antes de cumplir los 23?-pregunto sin disimular su alteración
-Por que quería que estuviera protegida por alguien, que tuviera a alguien que la cuidara de cualquier imprevisto y que no se encontrará sola- las cosas que decía aquel hombre comenzaban a tener sentido, su padre fue un hombre sobreprotector y bueno, al no estar el es una medida que hubiera tomado para que sus hijas lo estuvieran.
-¿Y si no estoy de acuerdo?-pregunto ella casi con sarcasmo
-Pues el trono será pasado a la princesa y a su esposo si ella llegara a estar casada-respondió, aquella respuesta dejo a Elsa helada, literalmente
-Su majestad aún tiene tres meses, y una mujer tan bella como usted no le deben faltar pretendientes-dijo el hombre mientras se alistaba para retirarse
-Pero ¿Ya se va?-pregunto ella- no , espere-Elsa caminaba al lado de el intentando que se quedara estático pero no fue así, el siguió caminando- Pero ¿Donde dice que perderé el trono si no me caso?-el hombre metió su mano en su saco y saco una hoja- tome esto es del libro de leyes de Arrendelle es la última pagina-el anciano camino hasta la puerta donde lo esperaba su carruaje.
Elsa si embargo estaba frustrada, demasiado frustrada, enojada, tal vez nerviosa. Eso nuevamente se notaba, sus poderes, eran manifestados sutilmente. Cuando caminaba dejaba un rastro de nieve, parecía escarcha y la temperatura en el castillo comenzó a bajar. ¿Donde encontraría a un futuro Rey que estuviera de acuerdo con solo tener el titulo?.
Anna estaba en su habitación, pero pronto comenzó a sentir algo de frió, decidió ignorarlo hasta que su aliento fue visible, salio de golpe de su habitación buscando a su hermana por todas partes. Una vez que la vio sentada frente a ventana perdida en sus pensamientos supo que algo no estaba bien.
-¿que tienes?-pregunto Anna, Elsa solo suspiro y la miro
-nada que no pueda manejar-dijo autoritaria intentando hacer parecer como si no tuviera nada
-Entonces te diré lo que quería decirte anoche-dijo Anna sentándose a su lado- Ya que me dijiste y aceptaste que sientes algo por Hans, debo decirte que el día de la celebración, Olaf llevó algo a la cocina pensando que era sal, en realidad era veneno. Hans se dio cuenta, y por eso fue que te hizo comer los sandwiches, por eso el termino enfermando-
-Eso hizo ¿por mi?-pregunto la reina-¿Me salvo? parecía no creerlo, su corazón se aceleró un poco- ¿Y por que no me lo dijo?-pregunto ella viendo a Anna quien se reía pues la reina estaba bastante sonrojada.
-Pues, me imagino que sigue sin perder su orgullo-fue lo único que se le vino a la mente a la princesa. Elsa seguía tan sorprendida, parecía la buena y única noticia de todo el día.
