HOLA :3 NO TENGO MUCHO QUE DECIR, SOLO…ESPERO QUE LES GUSTE ESTE CAP
CAPITULO 27
Hermione caminaba rápidamente a su siguiente clase del día, a diferencia del resto de sus amigos, ella tenía Runas antiguas junto a Luna y Honey mientras los demás podían descansar un poco antes de la tortura que significaban las clases con Perfitt. Se encontraría con sus amigas en el salón, su estómago había decidido que era hora de devolver lo poco que había recibido aquella mañana y ahora lo único que se albergaba en él era un poco de agua y una poción contra los mareos. Sus tres meses la estaban matando de una manera muy dolorosa, casi todo le daba asco y lo poco que lograba comer lo devolvía casi inmediatamente, sin contar que ya no podía caminar tranquila por los pasillos sin ese temor constante de encontrarse con Snape en cada vuelta de la esquina con alguno de sus planes para que ella se deshiciera de su hijo. Aquel estrés debía estar afectando aún más su condición, pero no podía evitarlo, él podría llegar en cualquier momento e intentar algo contra el bebé y en las condiciones en las cuales se encontraba, ella no podría hacer mucho
-Solo hasta Junio, luego me iré del castillo y nunca más me encontrará-Dijo mientras abrazaba uno de sus libros y mantenía agarrada su varita-Harry no dejará que él se acerque-
Dobló en una esquina y subió por las escaleras, todavía tenía suficiente tiempo pero a ella nunca le había gustado ser de esas alumnas que llegaban justamente a la hora, prefería llegar un poco antes y ordenar los materiales que iban a ser necesarios para esa clase, así no se desconcentraba en plena lección sacando sus útiles escolares; además Runas era una materia que requería toda su atención, con tantos símbolos y significados, perder un minuto de la clase era perder aquella materia
-¡Hermione! ¡Hermione espera!-
La castaña se volteó al escuchar aquella voz y sonrió cuando el prefecto de Hufflepuff llegó a su lado un poco cansado por la pequeña carrera que había realizado
-Qué bueno…que te alcanzo...-Jadeó el chico mientras apoyaba sus manos en las rodillas intentando ayudar a su respiración-Pensé que ya habías llegado a tu salón-
-No, tuve un pequeño problema pero ya todo está bien-Ayudó al joven dándole unas palmaditas en la espalda-¿Estas mejor?-
-Si…si, solo necesitaba un pequeño…descanso-Él se enderezó y le sonrió a su compañera de labores-McGonagall te necesita, es urgente, te espera en su despacho-
-Pero tengo clases-
-Lo siento, pero son ordenes de ella, si quieres puedo explicarle al profesor porque faltaste-
-No, déjalo así, tú también tienes tus clases y te desviaste del camino solo por esto-Ella sonrió-Yo después iré a hablar con el profesor, ahora será mejor que vaya con McGonagall, debe ser realmente importante si quiere verme en horario de clases-
El Hufflepuff le dio un dulce que traía en uno de los bolsillos de su túnica y le deseó buena suerte. Ella tomó una gran bocanada de aire y cambió su rumbo. Debía ser optimista, a diferencia de los demás alumnos del colegio ella poseía una gran ventaja, era la favorita de McGonagall así que aquel llamado no debía significarse algo de mucha importancia ¿O sí? Quizás solo quería darle algunas nuevas indicaciones y cambiar algunas rondas o hablarle sobre su acreditación como aprendiz en pociones, ambas debían hacer un viaje al ministerio para validar aquello, había que pedir una cita y validar la hora antes de hacer todo aquello, todo ese trámite iba a demorar aproximadamente unos dos a tres días.
Llegó hasta la gárgola y se dejó llevar por las escaleras hasta el despacho de su antigua jefa de casa y esperó pacientemente a que la puerta se abriera. Miró la punta de sus zapatos por un tiempo indeterminado hasta que la puerta que la mantenía en pie fue abierta y su cuerpo perdió el equilibrio que le ofrecía aquel punto
-Tenga más cuidado Granger-
Aquella voz la hizo temblar de miedo, pero sentir su espalda recostada sobre su pecho y el calor de su mano envolver su muñeca la hizo estremecer, no necesariamente por el temor que ahora le tenía a su profesor de DCAO
-Pro…profesor Snape-
-La directora la está esperando, será mejor que quite esa cara de idiota, al parecer su amigo Weasley le está pegando algunas de sus costumbres-
-Quizás si me soltara-Se defendió-Podría ir donde ella-
Él la soltó y la hizo voltearse para quedar frente a frente. Los ojos de ella estaban cargados de furia y aquella expresión asesina más que intimidarlo lograban hacerlo sentir como la más grande escoria del planeta, si tan solo fuera un poco más valiente y no se hubiera dejado llevar por sus inseguridades, ninguno de los dos estaría sufriendo en estos momentos
-Con permiso-Dijo su castaña mientras pasaba a su lado y dejaba la estela de su fragancia a cada paso.
La extrañaba, necesitaba volver a tenerla entre sus brazos y ver su sonrisa cada mañana, enojarse y a los cinco minutos estar una vez más como dos tontos sentimentales sentados en el sillón de su despacho compartiendo el aire a través de sus bocas. Ya no aguantaba estar lejos y si aquello no funcionaba, él iría a lanzarse de la torre de astronomía con gusto.
Sintió un gran alivio cuando cerró la puerta, la barrera que se formaba entre ambos lograba mantenerla en relativa paz aun cuando aún la mirada preocupada de McGonagall hacía acto de presencia en aquel momento
-¿Todo bien señorita Granger?-Dijo su ex jefa de casa al notar su nerviosismo
-Si-Mintió automáticamente-Solo estoy un poco preocupada, ya sabe, no me gusta estar ausente en una clase-
-Lo sé y lo lamento mucho, pero no podía esperar para comunicarte lo siguiente, tome asiento por favor-
Ella obedeció y agradeció cuando la Directora le sirvió un poco de té y unas galletas, aquello serviría para afianzar su estómago y quitarse el nerviosismo que tenía en su organismo
-Creo que viste al profesor Snape salir de mi despacho antes de entrar ¿No es cierto?-
-Sí, si lo vi-"Por eso estoy así" pensó-¿Porque?-
-Él vino a hablarme de un tema importante que los involucra-
Aquellas palabras lograron congelar el corazón de la joven Gryffindor, Snape nunca iría a hablar con McGonagall sobre su relación, él más que nadie insistía en el secretismo hasta que ella termina su educación, además, si ese fuera el caso él nunca hubiera salido tan calmado de aquel despacho, McGonagall como mínimo, lo castraría. Pero entonces ¿Por qué sentía que su Directora sabía algo que ella ignoraba completamente?
-Sus asesorías con él terminaron hace poco ¿No es así?-
-Si directora McGonagall-
-Para todos fue una sorpresa que Severus acortara su curso, pero según él, usted está más que preparada para la acreditación-La mujer comenzó a buscar un papel entre los cajones del escritorio-Él me entregó esto, es su citación para rendir el examen frente a los del ministerio, al parecer Snape tiene unos "Santos en la corte" que agilizaron el proceso-
Hermione leyó bastante asombrada lo que aquel pergamino tenia escrito, nunca pensó que su acreditación fuera a llegar de forma tan rápida y menos que Snape hiciera algunos contactos para que ella obtuviera su licencia lo antes posible. La citación estaba para el Lunes al mediodía en el subterráneo uno del Ministerio de Magia sala numero veinte
-Es este Lunes-Dijo la joven-Es muy pronto pero, estoy lista Directora-
-Me alegra saberlo-Respondió la mujer con una sonrisa
-¿Nos iremos el Domingo? Usted debe organizar varias cosas, ya sabe, debe dejar el colegio a cargo de otro profesor, rellenar todo ese papeleo y….-
-El profesor Snape te estará esperando a las seis de la tarde en este despacho para ir contigo-Dijo Minerva-Él me pidió acompañarte y yo acepté, después de todo, fue él quien te enseñó todo lo que sabes en pociones-
-¿El…el profesor Snape me acompañará?-No, él no podía ir ¡Merlín! Eso no era factible, si era porque debía ir un profesor de pociones Slughorn también era una opción válida-¿Porque?-
-Severus debe ir a buscar un pedido de ingredientes a Londres y otros a Francia este fin de semana-Explicó la bruja-Me propuso que usted lo acompañara en ese viaje y luego él la acompañaría mientras da su examen y espera los resultados-
-El profesor Slughorn podría ir con él-
-Sí, pero el viaje le servirá de preparación para su examen de certificación-
-Pero el profesor Snape….-
Minerva vio cómo su alumna juntaba sus manos y jugaba nerviosamente con el dobladillo de su falta, algo andaba mal entre esos dos pero Honey no había ido a hablar con ella sobre sus padres, sin embargo ella conocía bastante bien a esos dos para saber que de un momento a otro la relación que ambos mantenían se estaba quebrando
-¿Pasó algo entre ustedes?-Aun cuando Hermione descartara todas las respuesta que ella quería escuchar, ver a la chica de esa forma despertó su lado maternal-Antes parecían llevarse mejor-
-No ha pasado nada entre nosotros Directora-Respondió ella bajando la mirada-Y nunca nos llevamos mejor, solo me soportaba mientras era su aprendiz-
-Él parecía tenerle aprecio-Aquello pareció iluminar el rostro de la joven, aunque fueron unos escasos segundos
-Él solo siente aprecio por sí mismo-Ella vio como una de las manos de su alumna subía lentamente y se colocaba a la altura de su vientre en un gesto de protección-¿En verdad no hay otra alternativa?-
-Sería muy apresurado decirle a otro profesor, me temo que tendrás que ir con el profesor Snape-
-Ya veo…-Contestó la muchacha-¿Y porque el profesor no le avisó antes? Tengo trabajos que entregar y debo estudiar para los EXTASIS, un viaje así….-
-Yo hablaré con el resto de los profesores señorita Granger, no tiene de que preocuparse y, en cuanto a sus estudios, no creo que al profesor Snape le moleste que lleve unos cuantos libros-La mujer se levantó de su sillón y caminó hasta su pupila para quedar delante de ella sin aquel escritorio entre medio-Aprenderá mucho con él, no desperdicie esta oportunidad, nunca había visto a ese hombre exigir la compañía de un alumno-
-Solo quiere que alguien haga el trabajo sucio-
-Aun así-Dijo Minerva-Estará aquí puntualmente a las seis para ir con el profesor Snape por esos ingredientes y a validar su licencia de aprendiz de pociones, es una orden-
-Si directora McGonagall-Respondió la joven ante la sentencia que se le acababa de dictar-Con permiso, iré a empacar-
OoOoOoOoOoOoOoO
Faltaban aproximadamente treinta minutos y su maleta todavía no estaba lista, su ropa estaba esparcida en la cama y los libros apilados a un lado de la mesita de noche. Había estado debatiendo durante más de dos horas si hacer aquel viaje era correcto, por un lado era totalmente emocionante ir por nuevos ingredientes para pociones, siempre había un ingrediente que ella no conocía que alimentaba su sed de conocimiento, pero por otra parte…estar tanto tiempo sola con él la hacía entrar en un dilema. Quería odiarlo con cada fibra de su cuerpo y solo Merlín sabía lo mucho que lo estaba intentado pero por más que quería olvidar a su profesor, tanto su mente como su corazón evitaban que lograra su cometido.
Lo extrañaba, le dolía despertar sola en la cama y no tener aquel apoyo cada vez que leía por las tardes, ver su gesto de concentración y sus interminables quejas cada vez que estaba corrigiendo montañas de pergaminos, necesitaba sus abrazos, sus caricias, sus besos…aun cuando ella bien sabía que fueron falsos, su cuerpo todavía pedía de aquella droga.
Suspiró mientras sus ojos se concentraban en el reloj, veinte minutos antes de partir ¿Debería llevar aquel vestido azul oscuro que a él le gustaba? Quizás…era cómodo y aun le quedaba bien, su vientre todavía no daba señales de que una nueva vida crecía dentro de ella, así que iba a aprovechar mientras pudiera. Tomó un par de pantalones y los dobló con cuidado, revisó sus blusas y algunas poleras hasta que decidió por unas un poco más holgadas ¿Le gustarían? A él siempre le había agradado abrazarla por la cintura y meter sus manos por debajo de la tela, tal vez aquello ayudaría. Quince minutos, debía apurarse, pero todavía no se decidía por la ropa interior que debía empacar ¿Le ayudaría a abrocharse el sujetador como antaño? ¿Le pediría que durmiera sin ella al igual que antes? Él siempre le pasaba una de sus camisas para ir a la cama y le gustaba ver como la abotonaba lentamente, aun cuando ella se moría de pena al sentirse tan expuesta ante su mirada…quizás debía empacar otra cosa, tal vez unos tantos abrigos, el invierno se estaba retirando pero el aire todavía estaba bastante gélido, posiblemente él la cubriría con su capa así que podría empacar los abrigos más delgados y pegarse a él con la excusa de estar congelándose, no podía negarle ese capricho, a fin de cuentas ella estaba…
-Merlín ¿Qué estaba pensando?-Se recriminó sacando cada una de las prendas de la maleta ¿Por qué pensaba en él cuando se lo había prohibido tajantemente? Aquel viaje era por asuntos meramente profesionales, no debía equivocarse, atrás habían quedado los tiempos en los cuales ellos se marchaban para algo más que aprender, ella ya no debía pensar en él como hombre, él solo era su temible profesor.
Diez minutos y su maleta seguía vacía, si no quería tener a McGonagall en su cuarto cuando el reloj marcara las seis debía darse prisa.
Tomó ropa cómoda y la metió en la maleta, algunos jeans y blusas, unos tantos sweaters que la señora Weasley le había tejido a lo largo de los años junto con unos abrigos que su madre le había comprado; en un pequeño compartimiento puso su ropa interior, ninguna pieza combinaba pero daba igual, él no iba a mirarla, eso lo daba por sentado. Metió algunos libros de Runas y de Aritmancia como tenía marcado en su calendario, adicionalmente llevó unos de pociones solo para repasar antes de su examen. Sacó sus artículos personales del baño y los dejó en un pequeño bolso de mano al principio de su maleta.
Estaba lista, y el reloj marcaba cinco minutos para las seis de la tarde, si quería llegar a la hora debía irse en ese preciso instante.
Cerró la maleta y avanzó hasta su pequeño tocador para tomar la carta que le había escrito a Ginny, no decía mucho, a fin de cuentas si sus amigos sabían con quien se iba, saldrían del castillo y los buscarían por toda Inglaterra. Podía confiar en Ginny, la pelirroja siempre supo guardar sus secretos y no dudaba que podía con este. Guardó la carta en uno de sus bolsillos y cuando su vista se levantó, el espejo reflejó una tela azul sobre la cama. Hermione metió varios segundos antes de avanzar hasta la cama y guardar su vestido
-Tonta-Se reclamó mientras cerraba con llave la puerta de su habitación y avanzaba hasta el cuarto de su amiga pelirroja-¿En qué piensas Hermione Granger?-
Ya no servía mucho lamentarse, si quería llegar a tiempo debía apurar el paso.
Ambos maestros miraban distintas direcciones mientras el reloj que estaba colgado en la pared del despacho tocaba las campanadas correspondientes a la hora que sus manecillas marcaban, Hermione debía estar por llegar, o eso era lo que los dos esperaban, Severus estaba seguro, su castaña no quería hacer ese viaje o al menos no con él como acompañante y Minerva tenía miedo de que su imposición le hubiera causado un malestar a la joven afectando a las criaturas que estaban en su vientre
-Parecen almas en penas-
-¿Algún otro comentario Albus?-Dijo de mala gana el profesor
-No debes estar tan a la defensiva hijo, con esa cara a la señorita Granger no querrá acompañarte a ese viaje-
-Quiera o no, ella vendrá-
-Albus tiene razón Severus-Intervino la actual directora-Quizás si fueras un poco más amable con la señorita Granger, ella hubiera aceptado venir a este viaje-
-Le hice un favor Minerva, debería estar agradecida-
-Y ella te hace otro favor acompañándote-Le recordó-Deberías tener en cuenta los pensamientos de ella antes de actuar de forma tan precipitada, la chica está en último año y sabes perfectamente lo mucho que le importan sus estudios, así que creo conveniente que le des unas asesorías-
-Ella no es la única que tiene cosas que hacer los fines de semana-
Minerva iba a responderle con unas cuentas verdades cuando la puerta de su oficina se abrió y ante ellos apareció la joven de la cual estaban hablando, sus mejillas estaban teñidas de rojo y su cabello estaba más esponjado que de costumbre
-Lamento la tardanza, pero estuve adelantando un poco de tarea y no me di cuenta de la hora-
-Tres minutos Granger, lo esperaría de Potter o de alguno de los Weasley pero no de usted-Dijo Snape-Andando, no la esperaré ni un minuto más-
-Pero…-
-Será mejor que le haga caso señorita Granger-Dijo el cuadro de Dumbledore-Severus ha estado esperando su llegada impacientemente-
Ella miró en dirección a la chimenea, lugar donde su imponente profesor la miraba de mala manera con los brazos cruzados a la altura de su pecho. Conocía perfectamente esa mirada, alguien estaba bastante cansado de esperar pero ella no le daría en el gusto, al menos no en ese instante
-Granger no tengo todo el día-
-Ya voy señor-Dijo ella avanzando lentamente hacia la chimenea-Solo quiero despedirme de la directora-
-Innecesario, ella estará aquí cuando volvamos-Replicó él dando unos pasos hasta quedar frente a la Gryffindor-Andando-Ordenó tomándola de la muñeca y arrastrándola suavemente hasta la chimenea
-Suélteme…-
-Adiós Minerva-Dijo él antes de arrojar un puñado de polvos flu y desaparecer entre las llamas verdes
-¿Qué crees que pasó entre ellos?-Preguntó Albus bastante curioso-¿Honey te ha mencionado algo al respecto?-
-Se lo mismo que tu Albus y lamentablemente, Honey no ha tenido la oportunidad de venir a hablar conmigo sobre lo sucedido, ha estado bastante ocupada con Harry y la señorita Weasley-La mujer se sentó y se quitó los lentes para masajear el puente de la nariz-Solo espero que esos dos solucionen sus problemas-
-El perdón y el olvido son cosas bastantes difíciles de conseguir querida Minerva-Dijo Albus antes de irse del cuadro.
Hermione tosió un par de veces antes de que la nube de ceniza se disipara por completo, la chimenea de aquel lugar debía ser limpiada con urgencia
-Lo lamento, debí limpiar mejor esta cosa-
Los brazos de su profesor la rodearon con fuerza medida mientras los sacaba a ambos de la chimenea, se había olvidado de lo alto que era y de lo fácil que siempre había sido para él cargarla, daba gracias a todos los dioses que su rostro estuviera escondido entre los pliegues de su levita, de otra forma Snape le hubiera visto sonreír ante aquella acción y ella no podía permitirse aquellas debilidades o al menos, no en público.
Su cuerpo reconoció aquel calor que le fue negado por tanto tiempo e inevitablemente lo acercó aún más contra el propio para tal vez, demostrarle a ella lo mucho que deseaba tenerla así para toda la vida. El estar así con Hermione le recordaba porque vivir era algo valioso, le daba esperanza y una razón para abrir los ojos cada mañana…y pronto habría otra persona (O quizás dos, aún no creía completamente en ese sueño pero…pero la idea de ser padre de aquellos dos jóvenes le había agradado) por la cual abriría los ojos cada día.
Sus manos pasearon lentamente por su espalda mientras su nariz recorría aquella cabellera castaña que siempre desprendía aquel dulce olor a miel que lo volvía loco, sintió como ella tembló ante aquella acción y supo que iba por buen camino. Sus manos se detuvieron al final de su columna y su nariz había hecho el recorrido hasta llegar a su cuello, quería dejar un beso en aquella zona donde el pulso era más evidente pero la joven se alejó inmediatamente cuando adivinó sus intenciones.
-Merlín, cuanto te extraño-Dijo contra su oído mientras la sostenía contra su cuerpo con más fuerza, solo para que ella no huyera otra vez
-¿Me extrañas a mi…o extrañas a mi cuerpo?-
-A ti-Respondió serio-Nunca te usé Hermione-
-No te creo-Dijo apartándose de él y apartando la mirada de sus ojos, solo para darse cuenta de una vez que se encontraban en la casa de ambos-¿Por qué estamos aquí?-
-Nos quedaremos aquí mientras estamos fuera del castillo, es nuestra casa a fin de cuentas ¿Dónde pretendías que nos quedáramos?-
-Su casa quera decir, yo ya no tengo nada en común con usted profesor-Atacó la joven resaltando el título del hombre
"Y ella ha vuelto a la formalidad" Pensó
-Se equivoca en eso señorita Granger-Respondió de la misma forma fría y cortante que ella había utilizado-Hay alguien dentro suyo que nos une-
El frio de su mirada fue peor que un Avada, los ojos de Hermione perdieron en menos de un segundo aquel brillo que habían logrado mantener. Ella sacó su varita y no dudó en apuntarlo directamente al pecho mientras su otra mano protegía su vientre de la vista de él, parecía una verdadera leona protegiendo a sus cachorros del ataque de un predador
-No te atreva a nombrar a MI hijo-Siseó-Usted no tiene nada que ver con él-
-Es NUESTRO-Corrigió
-Usted quiere hacer algo peor que negarlo ¡Quiere matarlo!-
-Fue la idea más tonta que he tenido durante toda mi maldita existencia-Dijo avanzando hasta ella, no le importaba si la varita seguía apuntando directamente a su pecho, Hermione no se atrevería a lanzar algún hechizo en contra suya, aunque esa mirada…-Yo…lamento todo lo que dije acerca de querer abortar a ese niño-
-No volveré a caer en sus mentiras Snape-
-No estoy mintiendo-Respondió levantando sus manos en señal de paz
-Logró engañar a Voldemort y ya me mintió una vez ¿Me creé tan tonta para volver a entrar en sus trampas?-
-Nunca te he mentido-Dijo quedando frente a ella-Yo en verdad te amo-
Aquellas palabras lograron que la chica aflojara un poco el agarra que mantenía a su varita. Snape se percató como la comisura de sus labios se elevaba unos centímetros y sus ojos recuperaban aquel brillo, aunque claro, fueron unos instantes
-Voy a dormir-Dijo mientras guardaba su varita y avanzaba hasta la escalera
- Es temprano y no haz comido desde el almuerzo-
-Estoy cansada, además, no tengo hambre-Respondió desde el último peldaño-Y de todas formas, no comeré nada de lo que usted me ofrezca-
-Hermione…-
-Espero que su conciencia lo deje dormir profesor-Dijo antes de perderse en el segundo piso.
Ella cerró la puerta de la pequeña habitación con un potente hechizo de protección antes de bajar todas sus barreras, maldito sea Snape y su poder de alterar sus hormonas ¿Es que acaso su cuerpo no entendía que ella lo tenía que olvidar a como dé lugar? No debía responder ante su toque, a su simple presencia, pero claro, sus hormonas (sobre todo sus hormonas de embarazada) jugaban en su contra. Solo esperaba poder mantenerlas bajo control por el resto del viaje.
Con un movimiento de la varita, uno de los cuarto de invitados que nunca se había utilizado quedó completamente limpia. Nunca se había explicado porque compraron una casa con tantas habitaciones si siempre habían ocupado la principal mientras las otras tres acumulaban polvo, tal vez el destino se estaba burlando de ella…tantas habitaciones y él nunca habría querido un niño en ella para alegrar su hogar.
Nunca se había planteado la idea de ser madre aunque no podía negar que los niños siempre le habían agradado, al ser hija única siempre había envidiado se cierta forma la familia Weasley y había imaginado como hubiera sido su vida si sus padres hubiesen tenido otro hijo como lo habían planeado desde que ella tenía aproximadamente diez años; lastimosamente aquel bebé nunca llegó y su familia tuvo que deshacerse de la idea de ver a un Terrance Granger corretear por la consulta odontológica. Hermione quería tener a su bebé y darle el mismo amor que sus padres le dieron por tanto tiempo, quería verlo crecer, bríndale el calor de una familia, verlo corretear de un lado para el otro y luego dormir plácidamente en su cama, aunque le hubiera gustado tener otro hijo con Snape…aun cuando él no quisiese ni al primero.
Sacó su ropa y la puso en una cómoda que estaba pegada a la pared mientras sus libros iban a parar a su mesita de noche, terminó luego de diez minutos y decidió que era hora de un bocadillo, la señora Weasley le había enviado aquella mañana una bolsa con galletas caseras al igual que a todos, suerte que ella prefirió guárdalas en vez de acabar con ellas como lo habían hecho sus amigos, si no comía se desmayaría en ese mismo lugar. Llevó a su boca tres galletas y con eso se dio por satisfecha, una más y tendría que ir corriendo hacia el baño, y eso significaba toparse con Snape, cosa que quería evitar al precio que fuera.
Tomó su pijama y se vistió con rapidez, estar desnuda en aquella casa le causaba escalofríos por el simple hecho de saber que él estaba demasiado cerca para su conveniencia, se sentía observada aun cuando la habitación estaba bajo hechizos bastante poderosos. Pero una cosa era asegurar el lugar y otra muy distinta asegurar su mente y sus sentimientos, los hechizos no lograban ocultar aquello, no había forma de controlar todas las emociones que Snape hacía brotar en ella con algo tan burdo. Lo iba a superar, iba a tomar tiempo como todo en la vida pero lo lograría, tenía que hacerlo por su hijo que en esos momentos estaba en su vientre.
Sus manos tocaron lentamente el lugar donde crecía su hijo mientras estaba recostada en la cama, aunque todavía no se notaba a ella le gustaba recorrer aquella zona de su cuerpo, así le trasmitía cariño al pequeño y le demostraba que, aunque su padre no lo quería, para ella era el ser más importante del universo. Sus movimiento eran lentos y continuos mientras hablaba de cosas sin sentido, Hermione le hablaba al pequeño sobre todos sus amigos y de las travesuras que alguna vez cometieron, narraba sus vivencia de cuando era niña y salía de paseo con sus padres a algún lugar de Inglaterra o de Europa, sus sueños…sus esperanzas…su bebé sabía todo
-Y todavía nos falta tanto por vivir-Dijo abrazando su vientre-Tanto por hacer pequeño, toda una vida juntos, nosotros dos…-Sus ojos pesaban, el embarazo la agotaba de manera bestial, necesitaba dormir de una vez por todas.
Desde aquel terrible encuentro con Snape luego del partido, Hermione había asumido que nunca más volvería a tener a quien abrazar a la hora de ir a la cama, se había acostumbrado tanto a tenerlo a su lado que no tenerlo ahí junto a ella imposibilitaba que sus ojos se cerraran de una vez por todas. Había intentado abrazar su almohada, sus sabanas e inclusive un viejo libro que su padre le había regalado, pero nada servía para reconfortarla, hasta que una noche rodeó su vientre con ambas manos y con el calor que su hijo le brindaba poco a poco encontró la forma de entrar a un sueño un poco más tranquilo. Las pesadillas todavía la atacaban pero nada comparado a no tener aquella protección. Sus ojos se cerraron a los pocos minutos, pero su firme abrazo nunca cesó en su vientre, esa noche más que nunca debía cuidar del pequeño.
Sabía que esa noche ambos iban a dormir en habitaciones separadas, pero eso no le quitaba el dolor de saber que estaban tan cerca pero del mismo modo a un kilómetro de distancia, conseguir el perdón de Hermione no sería fácil pero haría hasta lo imposible para que ella lo aceptara una vez más en su vida, iba a demostrarle no solo con palabras, si no con acciones lo muy arrepentido que estaba por haber sido un maldito insensible y el cobarde más grande el mundo. Quería volver a ser una familia con su castaña, porque ella se había convertido en todo para él, su amiga, su compañera, confidente, amante, su esposa…la madre de sus hijos (Bueno, hijo hasta que no se confirmara lo contrario) No la iba a dejar escapar por su falta de madurez, debía ser de una vez por todas, un verdadero hombre.
Volvió a sacar la nota que le habían dado ese mismo día en la mañana, la hora estaba programada para las cuatro de la tarde…ahora solo debía entretener lo suficiente a Hermione para que no sospechara, tenía un pequeño plan, solo rogaba a Merlín para que funcionara.
Con pesar abrió la puerta de su habitación y se dejó caer en la cama, esa noche sería la más larga de toda su vida, pero tenía la esperanza que fuera la última en la cual encontraría su cama demasiado grande para él. Mañana Hermione volvería con él, mañana esa cama volvería a albergarlos como tantos otros días. Sus ojos se cerraron unos minutos recordando aquel sueño y lo devastado que se había sentido cuando su hijo le había revelado la cruda verdad; él no quería eso. Hermione iba a estar viva y formarían esa hermosa familia que ambos merecían.
Poco a poco el cansancio logró vencer a su mente y finalmente, Morfeo lo llevó con él.
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Hermione miraba el menú frente a ella intentando disimular su hambre, Snape la había invitado a almorzar mientras su pedido en la botica de Francia terminaba de ser arreglado. Aquella mañana su profesor había ido muy temprano a golpear su puerta y a decirle que su traslador estaría listo a las ocho veinte de la mañana, ella había regañado aun cuando durmió más de las horas recomendadas para una persona, pero el embarazo la había convertido en un persona amante de las largas siesta y de los despertares bastante entrados en mañana, sin embargo los regaños no tuvieron efectos en aquel hombre.
Lo había encontrado en la cocina terminando de preparar café y algunas tostadas para la mañana, se veía delicioso aunque claro, todo con hambre se lograba ver de esa forma, pero se negó a recibir todo aquello que él le ofrecía ya que no confiaba en que esa comida estuviera limpia de algún agente abortivo que acabara con la vida de su bebé, prefería pasar un poco de hambre (Ya que las galletas de la Señora Weasley debían ser racionadas) antes de recibir algo de él…pero ahora era distinto, él había insistido en que ella escogiera el lugar para que no tuviera ideas equivocadas y lograra comer en paz
-¿Qué vas a pedir?-Dijo a su lado. Ella había escogido el restaurant, pero él había elegido la mesa donde iban a sentarse
-Pasta y un té-Respondió mirando hacia otro lado, estaban demasiado cerca y eso la incomodaba
-Debes comer más-
-No quiero tener nauseas-
Severus dejó de insistir y llamó al camarero para pedir su almuerzo, siempre se asombraba del dominio que tenía de otras lenguas, ella sabía lo básico del francés así que logró entender un poco sobre lo que estaba hablando con el joven que estaba tomando su pedido.
Cinco minutos después en su mesa descansaban dos platos con abundante pasta acompañado con un trozo de carne con algunas especias suaves que no traerían problemas al delicado estomago de la Gryffindor, la sopa humeaba delicadamente esperando a que ambos decidieran atacar de una vez y las tazas que contenían el té estaban en un pequeño carrito al lado de la mesa.
Ambos comieron en silencio, ella sin apartar sus ojos del plato, él sin quitar sus ojos de cada uno de los movimientos de su compañera. La castaña se sentía nerviosa y esta vez sus hormonas comenzaron a jugar en contra de ella. Sus mejillas se coloreaban de un intenso rojo solo porque sentía la intensa mirada de su profesor, sus manos comenzaron a actuar torpemente y sus pies debajo de la mesa se movían de un lado para el otro intentando inútilmente, tranquilizarse. Él estuvo consiente de aquello y, de cierta forma, se alegró de que en esos momentos su castaña dejara de lado su máscara de frialdad y volviera a ser la joven que fue en un pasado, tímida, dulce, tierna…pero que podía ser la mujer más valiente del universo si se trataba de proteger a los suyos.
El almuerzo siguió así por algunos minutos, de vez en cuando la castaña se animaba a levantar la vista para encontrarse con los ojos oscuros de su profesor solo para olvidar como se realizaba la simple acción de comer, Severus levantaba una ceja y le regalaba aquella sonrisa burlona que solía utilizar para retarla en clases cosa que alteraba aún más su ya sobrestimulado cuerpo
-Espera-Dijo cuando vio que ella se estaba moviendo para ir por su té-Yo lo hago-
-No estoy enferma-
-Solo intento ser amable-Respondió mientras le entregaba la taza y un plato con un pastel-Se lo mucho que te gustan, tranquila, no te darán nauseas-
Él había ordenado un trozo de pie de limón solo para ella ¿Por qué en esos momentos era el hombre atento qué en el pasado aparentó ser? No debía creerle, su plan era volver a jugar con sus sentimientos para que ella creyera ciegamente en él y así poder atacar en el momento menos esperado
-No quiero, puede comérselo usted-
Snape no respondió, simplemente tomó la cuchara para postre y cortó el trozo de pie de limón en pedazos más pequeños, tomó uno y lo dejó en frente a los labios de Hermione
-Come-Ordenó-Solo es un poco, no deberías privarte de estas cosas-
Ella apartó el rostro cuando el cubierto rozó sus labios
-Ya le he dicho que no quiero-
-Hermione…-
Los dedos de él tomaron su rostro y la hicieron voltearse, volver a sentir la piel del otro los hizo estremecer de manera casi imperceptible para los demás, pero ellos habían vuelto a sentir esa descarga eléctrica agradable que solo se siente cuando la piel de la persona amada roza la propia. Los ojos de ambos se conectaron por escasos segundos pero ese tiempo fue más que suficiente para que los dos recordaran los viejos tiempos, él sonrió mientras las mejillas de ellas se teñían de rojo y sus labios dibujaban una sonrisa nervios; los dedos de Snape recorrieron su pómulo lentamente hasta llegar a su mentón, Hermione sintió como sus labios se secaron e involuntariamente se los humedeció con la lengua; Severus aprovechó aquella oportunidad y tomó un nuevo trozo de aquel dulce con la cuchara para colocarlo en sus labios. Esa vez tuvo suerte.
Él le dio de comer todo el pie de limón entre miradas nerviosas y sonrisas temerosas, aquello le dio confianza para acercarse más a ella, fue moviéndose lentamente hasta que los asientos de ambos quedaron unidos y sus rodillas se golpeaban por debajo de la mesa. Él tomó una servilleta y ella puso su mano en la rodilla de él, poco a poco se fueron acercando al otro, él para limpiar el poco merengue que había en sus labios, ella para facilitarle la labor hasta que de un minuto a otro sus alientos se mezclaban y su respiración trabajaba por normalizarse. Severus puso ambas manos en los muslos de Hermione y fue acortando aquellos escasos centímetros que había entre ellos, quería besarla, era lo que más deseaba en esos minutos, tanto tiempo lejos de su calor le estaba cobrando factura.
Sus labios rozaron los de ella suavemente, no fue un beso, solo una caricia, pero aquello bastó para robarle un suspiro a la castaña, sus ojos cerrados y el cabello suelto la hacían ver aún más hermosa de lo que era. Sus manos subieron lentamente mientras sus labios volvían a rozar los de su compañera intentando obtener algo más que suspiros, quería que ella respondiera a sus toques así que…
Ella sintió como los finos labios de él se presionaban contra los suyos, se movían lentamente buscando una respuesta mientras las manos presionaban sus muslos suavemente. Tembló completamente ante Severus, su cuerpo pedía a gritos volver a estar cerca de él, su corazón le dictaba devolver el beso pero su lado lógico…
-No-Dijo apartándolo bruscamente de su lado
-Pero…-Intentó retenerla tomando su mano y tirando de ella suavemente
-Suélteme Snape-
-Hermione…-
-Gritaré y armaré un escándalo si no lo hace-Advirtió-Y usted me conoce lo suficiente para saber que si soy capaz de hacerlo-
No quería arriesgarse a perder lo poco que había conseguido en ese almuerzo así que cedió ante el pequeño petitorio de su castaña y se apartó hasta quedar frente a frente. Ella tomó la taza de té y le lanzó un avada con su mirada, volvía a ser fría como el hielo, la calidez de hace unos momentos se había perdido y la tierna mujer frente a él se había convertido en aquella leona que estaba dispuesta a atacar por sus cachorros…y él era el invasor.
Salieron del pequeño restaurant luego de que él pagara la cuenta, la joven Gryffindor caminaba a una distancia considerable de su maestro, estaba enojada tanto con él como consigo misma, había sido débil y aquello estaba prohibido, si mostraba fragilidad Snape seguiría con sus juegos hasta que su fuerza de voluntad acabara y en ese momento, la vida de su bebé correría bastante riesgo. No, ella debía alejarse de una vez por todas de él, solo eran unos días, luego volvería a Hogwarts donde esperaría pacientemente su graduación y luego se iría con Harry hasta que su bebé naciera para luego buscar su propio hogar y comenzar a formar una pequeña familia junto al pequeño que crecía en su vientre
-Se nos hace tarde, el dueño de la botica nos espera-Dijo el hombre detrás de ella-Debemos ir al lugar para aparecernos si queremos llegar a la hora-
-Como usted diga, señor-Respondió de forma fría-Quizás luego pueda ir a estudiar, el jueves tengo examen de Runas antiguas-
El no insistió en el tema y la joven Gryffindor agradeció de cierta forma el gesto, prefería el silencio en esos momentos antes que tener que escuchar aquella voz que siempre lograba descolocarla.
Fueron a un pequeño callejón y desaparecieron en conjunto. Aun cuando el viaje lograba revolverle el estómago a cualquiera (más cuando la persona estaba embarazada) Hermione se apartó rápidamente de Snape y cerró los ojos rogando a Merlín y a su cuerpo poder contener las ganas de vomitar que en ese momento se estaban haciendo presentes. Apoyó sus manos en la pared y tomó aire repetidas veces intentando calmar su estómago, intentaría convencer a Snape que se devolvieran con red flu, el traslador le había causado una reacción similar aquella mañana y ella prefería evitarse la ida al baño esta vez
-Esto te hará bien-
Snape le tendió un pequeño frasco y ella lo apartó con un manotazo
-Ya le dije que no recibiré nada de usted, déjeme sola-
-Hermione no seas tan inmadura, es una poción contra mareos que tenías en tu bolso-Abrió el recipiente y la tomó de la cintura delicadamente-No la he alterado, solo bebe un poco-
Ella volteó el rostro su suficiente para quedar frente a frente, los ojos de Snape mostraban la sinceridad de sus palabras, aquella mirada la convenció por esa vez y apartándose de su maestro, Hermione bebió un pequeño sorbo de la poción. El alivio fue casi instantáneo, debía asegurarse de tener una pequeña dotación mientras estaba de viaje
-Podemos hacer más una vez que lleguemos a casa-Ofreció Snape acercándose una vez más a ella y colocando su mano en la espalda de la joven para recorrer toda su extensión
-Gracias-Dijo de forma fría-Pero prefiero hacer aquello sola, no confío en usted-
-¿Qué puedo hacer para que vuelvas a ser la misma de antes?-
-¿Y qué quiere que haga profesor?-Se apartó-¿Quiere que vuelva a ser esa joven ingenua que velaba por usted cada noche desde finales de quinto año? ¿Quiere verme en su cama otra vez? ¿Desea ver mi cara de tonta enamorada luego de escuchar su falsas promesas?-
-Quiero verte feliz, a mi lado-
-Lamentablemente para usted, mi felicidad está con mi hijo-Ella apartó la mirada-Y si de verdad quiere verme feliz como dice, déjeme en paz, ya no lo necesito, soy lo suficientemente inteligente para saber que gente como usted nunca podrá formar una familia porque solo piensa en su propio bienestar-
-Si tan solo me dieras una oportunidad…-
-El boticario nos espera-Dijo para terminar la conversación.
Aquella botica francesa no era como ninguna botica Inglesa a la cual Hermione hubiera visitado en el pasado. La instancia estaba completamente iluminada con luz natural que el gran ventanal proporcionaba mientras que las repisas estaban debidamente aseguradas con un cristal lo suficiente oscuro para proteger los ingredientes de los rayos solares pero lo suficientemente claros para que el comprador lograra verlos a través del vidrio.
Ella paseaba por los largos pasillos viendo miles de ingredientes, algunos conocidos, otros de los cuales nunca había odio hablar, siempre había sido curiosa por naturaleza y por eso agradecía que los dueños pusieran pequeñas reseñas sobre el ingrediente y sus efectos
"Miel de ninfa:
Ingrediente sumamente difícil de conseguir, solo encontrado en bosques vírgenes y en manantiales sin contaminación. Las ninfas recolectan el polen de distintas plantas de los lugares en donde viven y elaboran esta miel con aspecto líquido y aroma refrescante. Se recomienda dar a niños y embarazadas ya que ayuda a desarrollar un correcto sistema nervioso e inmunológico…"
-El pedido está listo-
Nunca debía olvidar lo sigiloso que podía ser ese hombre, Snape bien podría matar a un anciano con problemas cardiacos por esa maldita costumbre
-Bien, creo que ya podemos irnos-Se alejó de él-Tal vez pueda avanzar con el tarea de Encantamientos y quizás con el informe de Transformaciones…-
-¿Estabas viendo Miel de Ninfa?-La cortó
-No, solo estaba…es que…hay muchos ingredientes interesantes en esta botica-
-Podrías estar viendo cualquier otro ingrediente, como bien dices, aquí hay una infinidad de ingredientes extraños-
-Me llamo la atención ¿Contento?-
Severus suspiró y con una seña de su mano, llamo a unos de los empleados del local
-¿Pero que estas…?-
-Haga funcionar su cerebro Granger-Dijo luego de hablarle al joven que lo estaba atendiendo-Compraré un poco de esa miel-
-Pero es muy cara-
-Es lo de menos-Respondió como si nada-Le hará bien a nuestro hijo-
Ella lo miró sorprendida mientras su corazón volvía a latir desenfrenadamente, él no debería hacer esas cosas, aquello no le ayudaba a olvidarlo y borrarlo una vez por todas de su sistema. Debía ser fuerte, recordar que él solo quería tenerla de vuelta para volver a jugar con sus sentimientos, él no era un buen hombre, él no merecía su amor, sus lágrimas, la familia que ella podría darle
-Ten-Dijo él colocando dos frascos en sus manos-Según el vendedor son tres gotas en la mañana y tres antes de dormir, te ayudaran a controlar los mareos y en cansancio-
-No deberías hacer esto-
-Claro que debo hacerlo-Sus ojos se clavaron en los de ella-Es mi deber-
-¿Entonces haces todo esto por deber?-
-Si amo a una persona, mi deber es protegerla ¿No lo crees?-
Hermione no respondió, simplemente salió de la botica sin dignarse a esperarlo.
Era hora, faltaban cinco minutos para las cuatro y no quería llegar tarde a esa cita, esto le confirmaría a Hermione que en verdad estaba arrepentido y que haría lo que fuera para conseguir su perdón. Al salir del local camino directamente al lugar en el cual podrían aparecer y desaparecer sin el miedo a ser visto por los muggles, ella ya estaba ahí con su vista fija en la pared del frente y los brazos cruzados a la altura de su abdomen. La miró por segundos que parecieron eternos, Lucius alguna vez le comentó que las mujeres embarazadas desprendía cierto "aire" que las hacia lucir mil veces más hermosas de lo que eran, él nunca había notado ese esencia en Narcisa más allá de verle sonrisas fugaces en su labios que siempre realzan la belleza propia de cada mujer pero ahora…ahora podía decir con total seguridad que Hermione era la mujer más hermosa del universo
-¿Profesor?-
Él sacudió la cabeza
-Andando-
La tomó de la mano y la pegó a él como había hecho en su viaje anterior. Fue un viaje bastante más largo en comparación con el otro, y una vez que la castaña se hubiera separado de su profesor sus ojos no daban crédito a lo que tenía frente a ella
-¿En dónde…?-
-Larga historia-Dijo pasando su brazo por sus hombros y animándola a avanzar a la clínica-Más tarde la contaré pero ahora tenemos una cita-
-¿Tenemos una cita?-
-Digamos que…comencé a cobrar unos favores-
-¿Qué clase…?-
-Ya los estaba esperando-
El hombre frente a ellos debía tener unos cincuenta años, su cabello estaba medianamente poblado por canas y poseía una pequeña barriga que combinaba perfectamente con la sonrisa en su rostro
-Llegamos puntualmente Asriel-Dijo Severus estrechando la mano con el hombre
-Los padres acostumbran llegar media hora antes de la primera ecografía, los nervios los carcomen más cuando son primerizos-
"Primera ecografía" repitió una y mil veces su mente mientras el doctor y Severus la conducían por un pasillo hasta llegar a una sala donde ella supuso, era donde el medico realizaría su trabajo
-Disculpe ¿Me permite unos minutos con…-¿Cómo debía llamarlo?-mi acompañante?-
-Claro, yo prepararé todo mientras ustedes conversan-
Cuando la puerta se cerró, Hermione miro a Snape inmediatamente intentando encontrar una respuesta
-¿Qué quieres?-Preguntó de forma serena, aun cuando su mente y corazón se habían unido para hacer que algunas lágrimas brotaran de sus ojos-¿Por qué haces esto? Tú no lo quieres-
-Estoy arrepentido, ya te lo he dicho-
-No lo estás-Dijo ella-Solo quieres tenerme devuelta en tu cama-
-Quiero tenerte devuelta en mi vida-
-Si querías tenerme en tu vida, nunca debiste apartarme-
-Perdóname-
Aquella simple palabra logró congelar hasta su ultimo pensamiento, no sonaba falsa o forzada, su voz en verdad demostraba sinceridad y aquello la hacía dudar sobre creerle o no
-Yo…-
-Pasen-Dijo el hombre abriendo la puerta y rompiendo su burbuja personal-Vamos ¿Acaso no quieren ver a su bebé?-
Ella había soñado con aquello desde que supo la noticia, obviamente quería verlo pero…
Él tomó su mano y con la mirada le indicó que todo iba a estar bien, ella le devolvió el gesto entrelazando sus dedos sonriendo tímidamente.
Hermione se acomodó en la camilla mientras el doctor Asriel le hacía preguntas y anotaba en una tablilla sus respuestas. Severus permanecía a su lado observando atentamente cada uno de los movimientos del hombre y colocándose completamente tenso cuando este subió la blusa de su castaña
-Es un poco helado-Advirtió el hombre-Ahora relájate, veras que es una sensación agradable-
Ella intentó relajarse, pero la emoción jugaba en el mismo equipo, sus manos sudaban y su labio estaba en serio peligro de ser partido en dos si seguía mordiéndolo tan fuerte como en esos momentos estaba haciendo
-Tranquila-Susurró Severus a su oído-Si te muevas mucho no podremos verlo-
Sus ojos volvieron a conectarse por unos segundos y esta vez, ella le regaló una verdadera sonrisa
-Ahí están-Dijo el doctor
-¿Están?-Preguntaron ambos al mismo tiempo
-Sí, felicidades, son mellizos-Respondió apuntando a un sector del monitor-Tres meses aproximadamente ¿No es así Hermione?-
-Si…tres meses-Dijo con las lágrimas cayendo libremente por su rostro
-Mellizos-Susurró Snape mientras observaba la pantalla y recordaba su sueño-Mis hijos-
ME DEMORÉ LO SÉ, PERO TUVE SEMANAS UN POCO MOVIDAS, ADEMAS CUANDO HABIA LLEGADO LA INSPIRACION ¡BAM! MURIÓ ALAN Y YO: VALE VERGA LA VIDA :/
EN FIN…ESPERO QUE LES GUSTE, ESTAMOS CERCA DEL FINAL (VENDRA DRAMA?)
UN BESASO BIEN CALUROSO PORQUE AQUÍ HACE UN CALOR DE PUTAS
XERXES ELI
