¡Bienvenido seas lector! Antes de iniciar con la historia agradecería que leyeras la siguiente advertencia. En este capítulo se tratarán dos historias paralelamente, la de las hermanas y la de los anarquistas, para ello he separado los sucesos e indico dónde ocurre cada cosa. Lo particular de este capítulo es que la última línea (o líneas) se corresponden a lo que iniciaría y enlazaría cada parte, espero que esto no sea demasiado confuso. Dicho esto sólo tengo una cosa que añadir: Ninguno de los personajes aquí mencionados me pertenece. Espero que disfrutéis de la historia.
[Isla]
Bajo la bóveda celestial iluminada por titilantes estrellas, dos personas muy distintas estaban a punto de formar parte de una historia jamás antes contada; eran las doce de la noche y el sepulcral silencio inundaba las calles de Ufeyn, una pequeña ciudad situada al este de la Isla. Las casas mantenían las luces apagadas y los niños dormían sin temor a nada bajo la atención de los ancianos mientras los adultos, junto a los jóvenes rebeldes, planeaban una ofensiva.
-Charlotte, no podemos esperar más.
-Esperate, todavía no es la hora.
Un grupo de quince personas se habían reunido junto a un viejo quinqué, todos estaban atentos al walkie que la rubia tenía entre las manos y que únicamente captaba la estática del canal 2.5.7.
-Aquí Ka, estamos recibiendo señales desde Kahluula.
-Recibido. Dejad que avancen hasta la playa, nuestro contacto ha dicho que una vez desembarquen formarán tres equipos e irán avanzando...- La estática se interpuso entre los dos interlocutores y Charlotte golpeo el aparato.-¿Ka?
-Aquí estoy.
-Vale, estate atento a mis palabras.
[Arkham]
-No aceptes copas de desconocidos ni bebas alcohol, recuerda que eres mi responsabilidad.
Anna había dejado de atender a mitad del monólogo. Su hermana empezaba a parecer su madre y se resistía a creer que aquella fiesta iba a ser tan peligrosa como Elsa la había pintado ¿Qué tenía de malo un poco de alcohol? Ella era lo suficientemente mayor como para saber dónde estaba su límite sin la necesidad de tener que escuchar aquella pesadilla.
-¿Me has entendido?
-Que sí.
-¿Qué he dicho?
-Nada de alcohol, nada de desconocidos y nada de...
-Chicos.
-Eso, nada de chicos.
Elsa suspiró. Sabía de sobras que su hermana le había escuchado a medias pero no podía hacer más, sobre todo porqué las palabras de Kristoff sobre su actitud todavía resonaban en su cabeza como un eco lejano. Debía confiar en ella, ya no era tan niña.
-Pues vamos.
Sin hacerse de rogar demasiado, Anna subió al coche de la rubia y se acomodó en el mullido asiento delantero mientras Elsa arrancaba. Se le hacía extraño asistir a un evento como ese junto a la "Reina de Hielo", no porqué fuera su hermana sino por la reputación que tenía la rubia platino entre los alumnos y sus compañeros.
-Oye, Elsa.
-¿Si?
-¿Por qué has decidido invitarme?
La rubia, centrada en la carretera, observó el rostro infantil, y enrojecido por el frío, de su hermana.
-¿La verdad? Ya que pensabas ir, lo mínimo que podía hacer era acompañarte y estar por ti.
-Entiendo...- Murmuró Anna- ¿Pero eso no dañará tu reputación?
-¿Eh?
-Ya sabes, ese rollo de la "Ice queen".
-Ah, eso... ¿Sabes de dónde viene?- Elsa aprovechó un semáforo para mirar a la menor de forma seca y luego dejó escapar una carcajada al ver que su hermana no tenía ni idea.- En la carrera siempre he sido muy solitaria, me gusta hacerlo todo por mi misma. Además, parece ser que a ojos de mis compañeros soy extremadamente rigurosa y disciplinada con mis quehaceres; hace un tiempo me juntaron con un muchacho para hacer un proyecto de Economía y al parecer, le asusté por mi forma tan seca de ser. Él me empezó a llamar "Iron lady".
El título de Iron lady ofendió a algunos compañeros que, despreciando la actuación de Thatcher, decidieron llamarme "la mujer de hielo". De ahí pasé a ser "Ice queen" por mi relación con la nobleza.
Anna asintió y poco después se sumió en el más profundo silencio para meditar sobre esa historia. No le parecía lógico que los compañeros de su hermana la tratasen de esa forma tan peyorativa sin ni siquiera intentar conocer el cálido interior que aguardaba en ella; Elsa siempre había sido una buena hermana, cortés, bondadosa, juguetona y cariñosa, y aunque hubieran pasado muchos años separadas por algo que desconocía, siempre había aguardado el momento en el que ella volviera a mostrar sus sentimientos y dejase de reprimirlos.
-No te conocen. Si se esforzasen minimamente por conocerte sabrían que eres perfecta.
Elsa se echó a reír.
-Ojalá lo fuera. Estoy llena de errores, ya sabes, soy humana aunque no lo parezca.
-Pero igualmente, eres un amor. Siempre me has tratado bien.
-Sabes que eso no es cierto...
-Se que me abandonaste pero no te lo echo en cara, cuando estes preparada ya me lo contarás.
Poco a poco el coche fue disminuyendo la velocidad, estaban llegando a su destino después de haberse cruzado medio campus.
Ambas bajaron del coche y una ráfaga de aire helador golpeó contra el rostro de la rubia transportando olores y recuerdos de hacía mucho tiempo.
[Isla]
Sus hombres se habían armado con machetes y pistolas antiguas. Es cierto, su armas eran precarias, mas en su corazón portaban un espíritu combativo que nunca antes habían sentido; los Abahua habían infringido la amnistía que habían firmado temporalmente a fin de que ambos países pudieran recuperarse por un tiempo, se negaban a abandonar la tierra en manos de anarquistas y, aunque hacía años que no les atacaban, habían decidido jugársela a todo o nada. Si la Isla ganaba por fin podría romper aquellos papeles y tratar de liberar al resto de países que se habían sumido en la esclavitud pero, si perdían, la monarquía se volvería más fuerte y todo por lo que habían luchado se iría al traste.
Charlotte hizo un par de señales a sus compañeros y el grupo se disolvió entre los escombros de la ciudad de Beelí, la ciudad arrasada en la primera guerra civil por la independencia de la Isla; todo había pasado muy rápido, combatieron durante casi un año contra el Imperio y obtuvieron una victoria pírrica. Por ventura, casi al mismo tiempo de acabar la guerra, aparecieron aliados, hombres solidarizados con la causa que se comprometieron a ayudar repartiendo alimentos. Charlotte hizo un gesto y todos se separaron a fin de cubrir más terreno y estar a punto para cuándo las trampas se activasen. Tan solo debían ser pacientes.
-Vamos.
[Arkham]
-¡Traga, traga, traga, traga!
Un corrillo de muchachos se habían amontonado alrededor de Elsa, ahora conocida como "la rubia de política con más cojones que la mitad de tíos de aquí", por estar tumbada sobre la barra improvisada y con un embudo en la boca mientras le soltaban alcohol a mansalva. ¿Cómo había acabado ahí? Kristoff le había retado al reto de los chupitos, un reto que consistía en ver quién aguantaba más con el chupito de absenta y tabasco en la boca, y con el subidón del momento, había acabado aceptando el reto de la casa.
-¡Vamos Elsa! ¡Con dos cojones!-Kristoff animaba a su prima mientras esta, concentrada en su quehacer, sentía la cerveza correr por su garganta y derramarse por la comisura de sus labios, recorrer su mentón y caer sobre su camiseta.
-¡Eso, eso! ¡Has de dejar a los de política en buena posición!- Esta vez fue Mérida quien le animó a continuar aún cuando la cerveza cada vez se derramaba más sobre ella.
Finalmente la muchacha no pudo más e hizo una señal para que parasen de echarle aquel infernal líquido que empezaba a sentar le como una patada en la boca del estómago. Al hacerlo todo el mundo empezó a chillar y el chico que servía en la barra intentó calmarlos para decir el resultado del reto.
-Miss...
-Arandelle.
-¡Miss Arandelle ha logrado superar la anterior marca con cuatro litro y medio!- Todos vitorearon mientras el chaval le daba un par de palmaditas y le agradeció a la rubia haber participado.
-Gracias a ti.
Sin pensárselo demasiado y presa del alcohol, Elsa se quitó la camiseta mojada y se quedó en sujetador. Mientras tanto, Mérida se quitaba la camisa que llevaba atada a la cintura y se la prestaba para que se tapase un poco.
-Por cierto, ¿Dónde está Anna?-Kristoff fue el primero en preguntar.
-Con Ariel.
-Siento contradecirte pero Ariel está ahí.-Mérida señaló a una pareja que bailaba en medio de la pista.
-¡Oh, joder! Tengo que encontrarla, mi madre me mata como le pase algo.
-¿A quién?- Una voz dulzona sorprendió a los tres muchachos preocupados.
-A ti, Anna, cómo no te encuentre mamá me mata.
Todos se quedaron en silencio mientras la pelirroja, atónita, parpadeó a la espera de una respuesta. De repente Kristoff se echó a reír.
-Dios, que mal vas.
-Ya ves.- Contestó Mérida mientras pasaba su brazo derecho por detrás de la rubia.
-¿Mal? ¿Qué me perdí?- Anna se acercó a Elsa, Mérida retiró el brazo y, la menor, al irle a abrazar y se dio cuenta de que apestaba a alcohol rancio y sudor.-¡Elsa! ¿Qué has hecho?
-Relax-La mayor abrazó con fuerza a la menor y le plantó un beso en la frente.-Estoy bien, esto no es nada.
-Demuéstramelo.
La hermana rubia se zafó de su compañera pelirroja y echó a andar en línea recta sin desviarse ni un centímetro del camino. Por desgracia su hermana no le tomó en serio y la arrastró hacia afuera en un intento por hacerla caminar y quemar el alcohol que tenía en la sangre y que rápidamente aumentaría.
-Ven, vamos afuera.
-Vale pero estoy bien.
[Isla]
Las palabras de su compañero resonaron en su cabeza, no se creía que Wolfgenstein se hubiera tenido que quedar atrás con lo herido que estaba. Suspiró. Al menos había podido rescatar al pequeño grupo que habían quedado atrapado el edificio religioso de Beelí, de no haber llegado a tiempo todos hubieran muerto y no hubiera podido fin a uno de los múltiples ataques que estaban sufriendo.
-¿Wolf, me oyes?-La estática respondió.-¿Wolf?
Los guerrilleros se encontraban reunidos en una casa abandonada, escondidos entre la oscuridad, pendientes del movimiento que había en la calle. Todavía quedaban unos pocos soldados que intentaban recuperar la ciudad sin darse por vencidos.
-Aquí Wolf, hace un rato he visto pasar a dos hombres armados. Voy a apagar los walkies.
-Wolf, no hagas ninguna tontería.
Aquella noche era una noche preciosa para morir.
[Arkham]
Tumbada en la arena junto a una botella de agua, Elsa reposaba después de haber vomitado todo el alcohol y la comida que había ingerido en las ultimas seis horas. Su boca le sabía a ácido, a vomitado para ser exactos, todo le daba vueltas y lo último que quería era tener que moverse para volver a casa. Quería morirse ahí mismo.
-Vaya ejemplo me estas dando...
Elsa no dijo nada, le costaba articular las palabras tanto por la vergüenza que sentía como por el asco que le daba abrir la boca y sentir el sabor de la cerveza.
-¿Desde cuándo eres así?
La inerte movió la cabeza y miró hacia la figura borrosa y doble que se movía aun estando sentada, parpadeó y volvió a mirar a las estrellas. Aquella era una pregunta ideal ¿En qué momento había caído bajo las garras del alcohol? Había peleado durante años para evitar volver a caer en sus crueles zarpas pero ahí estaba, tumbada en la arena, moribunda, sedienta y con ardor estomacal.
-¿Vas a contestarme?
La mayor se frotó los ojos y dejo que el viento le acariciase lentamente el rostro.
-Siempre he pensado que no debí nacer.
-¿¡Qué!?
-Sh, no chilles.- Elsa cerró los ojos y disfruto del olor del mar.-¿Nunca has tenido la sensación de que sobras? Yo sí, siempre he pensado que soy la oveja negra de la familia.
-Elsa...
-Sh, deja que te lo explique.
Antes de que nos separasen, sobre los quince años, tuve una crisis existencial; Mi pasión, como bien sabes, siempre ha sido refugiarme entre libros y aprender de ellos. Por eso, cuándo llego a mis manos un viejo libro escrito por un filósofo francés, decidí leerlo sin ser consciente de hasta dónde me iba a llevar sus reflexiones existencialistas. Bajo su punto de vista empecé a comprender la existencia como una contingencia, estar ahí simplemente. Un sinsentido que se acentúa cada vez que intentas comprender un poco más.
Acudiendo a la razón íntegra construí mi castillo de naipes, lancé al aire sin prueba alguna un razonamiento que me pareció impecable y que en consecuencia, me permitió afirmar una visión negativa de la vida; ¿Qué sabemos nosotros del mundo que nos rodea? Me preguntaba una y otra vez al compararme con un grano de arena en medio del desierto. Nada, por supuesto. Nuestros sentidos son absurdamente escasos, vemos todo a través de unos órganos sensoriales simples que no nos permiten desentrañar el complejo universo. Ahí me perdí.
El alcohol y la fiesta fue un recurso muy valioso para la superación de este pensamiento, me dejé llevar por las juergas y el oscuro mundo que se me ofrecía. Nuestros padres lo permitieron. Hacían la vista gorda mientras yo respondiera positivamente a todas mis tareas como princesa pero, como todo, un día me pasé y fui el escándalo del reino.
-¿Fue por eso? ¿Me abandonaste por tu crisis?
-Sí, lo siento. Me deprimí y no supe salir de este espiral.
En ese instante, una cálida mano amiga se posó sobre la mejilla de Elsa y le acarició. Anna sentía lástima por su hermana y todo por lo que había sufrido en soledad, se lamentaba por haber sido demasiado pequeña por aquella época y por no haber podido hacer nada.
-No te disculpes por ello, mientras estés bien todo habrá valido la pena.
-Pero... No quiero volver a caer en el alcoholismo. Todos aquellos años de separación fueron un intento de rehabilitación, no sólo por el alcohol sino también por mi salud mental.
-¿Y cómo estás?
-¿Ahora?
-Sí.
-Hecha una mierda ¿Sabes? Es una bonita noche para morir.
-¡No digas estupideces!
-Sh, no chilles.
-Perdón... Es sólo que no me gusta que digas estas cosas.
-Es broma, ya sabes que mi humor es un poco negro...
[Isla]
-Que te jodan, Wolf. No vuelvas a bromear con tu muerte.
El herido se echó a reír mientras caminaba bajo los primeros rayos de sol en dirección al refugio improvisado que acababan de montar sus compañeros a las afueras de Beelí, miró al grupo, sonrió y alzó el rostro en busca de un poco de aire fresco que no oliera a pólvora.
Eran las siete de la mañana y por fin había cesado el ataque por parte de los invasores, la mayoría habían sido reducidos a cuerpos inertes y los pocos que habían sobrevivido había huido despavoridos sin rumbo fijo en busca de un salvavidas.
-Por fin vamos a poder descansar en paz.
La voz de uno de los compañeros de grupo resonó con fuerza en el espacio abierto que era la ciudad. Todos pensaban lo mismo, por fin iban a recivir la ayuda política que tanto necesitaban de sus compañeros pero nadie había dijo nada, ya se habían hecho ilusiones una vez y no querían volver a sentir el desgarrador dolor de pelear una eterna lucha.
-Sólo por un tiempo...
Todos miraron a Charlotte preguntandole con la mirada por el significado de aquellas palabras. La muchacha era un genio, les había comandado como ningún otro Riddle Hood lo había hecho en aquella eficaz ofensiva, había ofrecido nuevas esperanzas a las personas de perdida tierra y había escrito el inicio de una verdadera historia para ellos ¿Por qué iba a querer más? Ya eran libres ¿Qué tenía en mente ahora?
-Es posible que algunos de aquí no lo sepais pero llevo días lanzando mensajes contra la monarquía a través de señales piratas.
-¿Qué has hecho qué?
-¿Pensabais que esto iba a quedar así? Nuestra tierra es pequeña, apenas podríamos montar un ejercito de cien personas... Sin la protección de la amnistía estamos perdidos.
-¿¡Nuestra tierra!?- El mismo hombre que había hablado y expresado lo que más de uno pensaba volvió a hacerlo.-¡Tú no eres de aquí! ¿¡Por qué decides por nosotros!?
-Tranquilo Al- El herido se acercó al fornido hombre que pretendía intimidar a la mujer con su estatura y le colocó una mano en el brazo.
-Charlotte tiene razón, yo le he estado ayudando desde hace tiempo. Sabíamos que el Imperio no nos iba a dejar en paz y así ha sido, nos ha atacado ahora que tenían ejercito suficiente como para hacerlo. Las insurrecciones que se han ido dando a lo largo de todos estos años en el Imperio ya han sido apagadas, era lógico que tras ello vinieran contra nosotros...
-Él tiene razón- Murmuró una mujer bajita y de tez morena.-Ya fue un milagro que en su día firmasen la amnistía.
-Por eso empecé a lanzar mensajes en cuanto me enteré de que planeaban atacarnos- Charlotte se justificó ante el ahora calmado hombre.-Nuestra esperanza radica en conseguir a gente afín a nuestra ideología, lograr que ellos lleven a cabo lo mismo que ocurrió aquí en el 91 y ayudarnos entre nosotros.
-Exacto Al, teníamos poco tiempo y esto sólo ha sido el detonante. Dentro de pocos días algo de mayor embergadura ocurrirá y la atención se centrará en eso.
-Si todo va bien, mis compañeros mostrarán sus respetos a nuestra ideología y la prensa de mi país nos apoyará- Todos miraron a Charlotte sin querer mostrar la satisfacción que sentían ante aquellas palabras de ánimo, tener a dos tierras como aliados era mucho más de lo que jamás hubieran imaginado. -Con eso ganaremos muchísimos apoyos y centraremos el problema en otro punto, lo importante es que se olviden de la Isla y podamos re estructurar la estrategia.
Mientras hablaban el sol empezó a despuntar cada vez más, el cielo se cubrió de un manto anaranjado y decidieron que ya era hora de descansar de verdad.
Buenas a todos (otra vez), os escrivo al final de este capítulo para preguntaros si estaís interesados en algunos de los temas que he ido tratando y, de ser así, no me importaría ir recomendando libros al final de los capítulos o a través de Mp's.
Nos leemos!
