Ninguno de los personajes me pertenecen; espero que les agrade este capítulo.


-Por favor- Suplicó la pelirroja al caoba.
-¡Que no!- Respondió el muchacho mientras corrían.
-¿Por qué no?
-¿Por qué soy gay?
-Vamos, ¿qué te cuesta?, ya lo hiciste una vez.

Hans hizo rodar los ojos y suspiró. Los dos muchachos se habían quedado rezagados en la clase de educación física mientras trotaban por el campo de fútbol, el momento perfecto para que Anna abordase a Hans con su maravillosa idea; la pelirroja todo lo que su amigo debía hacer era acercarse a Aurora y comentarle casualmente que le iba a pedir salir, de esta forma podrían obligarla a mostrar cuál era el problema real que existía entre ella y Anna y que involucraba a Ariel.

-¿Y si la toma conmigo?
-Entonces sí dejaré de ser su amiga.
-Bueno, vale, pero que conste que lo hago para redimir me.
-Gracias-La pelirroja le sonrió y apretó el paso para dejarle atrás mientras corrían.
-¡Eh! ¿¡Así me lo pagas!?- Gritó Hans desde la lejanía.

Una vez la clase terminó y los alumnos se bañaron y cambiaron, Anna salió a esperar a Hans junto a Snöig y Aurora en los escalones del vestuario. La pecosa pelirroja aún desconocía por qué la rubia había decidido seguir a Snöig aún cuando existía una creciente tensión entre las dos muchachas, pero lejos de querer curiosear permitió que el silencio se instaurase entre las tres a excepción de los escasos comentarios por parte de la morena que intentaba normalizar la situación. Mas tras varios minutos infructuosos, el resultado fue lo que más ansío Anna, silencio.

-Ich sage.-Snöig incitó a Aurora a aclarar la situación con su amiga pero esta se limitó mirar a Snöig y negar con la cabeza. Su compañera suspiró y Anna observó a las dos sin saber qué esperar.-Warum nicht?

-Nur ich kann nicht- Aurora simplemente no podía explicarle las cosas. Aún no.

-Englishche, bitte- Tajante aunque tímida, la pelirroja pronunció aquellas palabras con dificultad al no tener ni idea de alemán.

-Así que algo aprendiste- Snöig sonrió y Aurora forzó una sonrisa.-A este paso podremos hablar alemán juntos.

-No creo que Hans tenga cerebro para eso.

En ese momento la puerta de los vestuarios masculinos se abrió de par en par y el mencionado apareció con la mochila en la espalda, acto seguido las muchachas se pusieron en pie y esperaron al compañero para salir todos juntos. Mientras subían las escaleras Anna fue echandole miradas a Westgaard pero él se limitó a hacer ver que no entendía lo que quería decir, e Irritada, Arandellle apresuró el paso y bufó como un gato malhumorado al ver como Hans le devolvía la jugarreta. Y hasta que la pelirroja no hubo salido del recinto, el caoba no rodeó a las dos muchachas por el cuello y las atrajo hacia él.

-¿Creeis que tengo alguna oportunidad con Anna?- Las palabras pronunciadas por adolescente dejó sin habla a las dos chicas. -¿Qué opinais?- La rubia sintiose muy afectada al saber sus intenciones y sin ser consciente dejó resbalar el asa de la mochila hasta el punto de desvanecerse de entre sus manos.- ¿Estás bien Aurora?
-S-sí, no es nada- La rubia apartó a Hans y recogió la mochila.

-¿Segura?

-Sí, sí, es sólo que últimamente estoy un poco torpe.- Nerviosa intentó recoger la mochila pero sus temblorosas manos fallaron al mantenerla firme entre ellas.-Oh, vaya… Creo que me deje algo en los vestuarios. Ahora vengo.

Westgaard comprendió al instante lo que sucedía pero mantuvo el rostro sereno y contuvo las ganas de reír ante aquella actuación tan pésima.

-Esta bien pero no tardes.

Tras aquello sólo dos muchachos quedaron en el pabellón y entre ellos el silencio reinaba. Ninguno quería decir nada, cada uno por sus motivos, pero al final la amistad que Snöig sentía hacia Aurora fue tan preponderante que tuvo que decirlo.

-Aurora siente algo por Anna.- Snöig suspiró mientras masajeaba el puente nasal.
-Snöig... Yo no...
-Lo se Hans, eres un buen chico y dudo que pudieras saberlo. No te preocupes por ella, iré a buscarla.- Después de eso la morena salió en busca de la rubia y Westgaard se quedó en el lugar satisfecho por la sublime actuación que había llevado a cabo.


Anna sostenía un libro entre las manos cuando Ariel abrió la puerta y se quedó asombrada por lo que veía, pues la Arandelle no tenía pos costumbre leer y aún menos no apartar la vista del texto durante más de treinta minutos seguidos, por eso se asombró al comprobar lo concentrada que estaba la pecosa pelirroja que en verdad lo único que hacía era preguntarse una y otra vez qué veía su hermana de agradable en la historia de . Ariel cerró la puerta tras de sí y depositó la mochila a un lado en un intento por no estorbar a su compañera de cuarto.

-No me gusta- Comentó Anna en voz alta.
-¿Y por qué lo lees?
-Me lo regaló Elsa por nuestro "aniversario".
-¿Aniversario?
-Sí, le llamamos así al día en que volvimos a reunirnos después de pasar varios años separadas.

Ariel supuso que jamás llegaría a comprender los curiosos rituales de las dos hermanas así que simplemente pasó por el lado de Anna y se sentó en su propia cama, sacó el móvil del bolsillo del pantalón y empezó a hablar con Eric.

-Por cierto- Anna necesitaba una excusa para dejar de leer aquel libro y dijo lo primero que se le pasó por la cabeza.- Aurora ya no va a molestarte más.

Ariel desvió la mirada de la pantalla del móvil y miró con curiosidad a Anna cerrar el libro.

-Hans le ha dicho que me va a pedir para salir...

El teléfono de Anna vibró y la pantalla centelleó indicandole que tenía un nuevo mensaje. Ariel le hizo un gesto con la cabeza para que comprobase quién era y la pecosa se levantó del suelo a por el aparato, lo desbloqueó y leyó lo que habían enviado. Para su sorpresa era un mensaje de la susodicha preguntando por verle para hablar de algo urgentemente. La Arandelle suspiró pesadamente y cuando iba a bloquearlo le llegó otro mensaje citandola al atardecer en un parque cercano.

-Creo que no me voy a librar de ella tan fácilmente.
-¿Qué ha pasado esta vez?

Anna le explicó lo que había planeado con Hans y Ariel aguardó pacientemente hasta escuchar toda la historia y poder formarse algún tipo de juicio.

-Sois idiotas- Sentenció- No deberiais mentir así de descaradamente, se que Aurora se ha comportado mal pero creo que hay algún motivo para ello.
-Eso no justifica cómo te trata.
-Lo se, y tampoco quisiera justificarla, pero creo que deberías de escuchar lo que te quiere decir. Además en parte también es culpa tuya.
-¿Y qué querías que hiciera?- Replicó Anna al sentirse atacada.
-Podrías haber hablado con ella o acudido a Snöig, no creo que hubiera pasado nada malo si le hubieras parado los pies antes.
-Pero...

Ariel no quiso continuar con la discusión y se puso los auriculares, Anna en cambio empezó a sentirse como una niñata por su forma de actuar y decidió contestar al mensaje de Aurora.


Elsa estaba sentada en la terraza de un pequeño café esperando a Felipe cuando vio pasar a su hermana por el otro lado de la acera. Con cierta curiosidad bajó la mirada hacia el reloj de pulsera y comprobó la hora: las siete y media, un horario un poco extraño para la pelirroja teniendo en cuenta que la cena era a las ocho en punto. Volvió a alzar la mirada y se perdió en sus pensamientos sobre el francés que llegaba tarde o lo que iba a hacer de cenar. Mas inconscientemente se volvió en busca de su hermana y terminó por afirmarse a sí misma que dejaría de ir a aquel lugar si era una zona de paso para la menor. No quería que la tomase por la hermana controladora.

-¿Puedo sentarme aquí?

La platinada estaba tan perdida en su mundo interior que asintió con la cabeza sin fijarse en quién era la persona que se sentaba a su lado, incluso de no ser porque sintió cierto calor en su mano derecha hubiera seguido en esa especie de trance durante un rato más pero, al parpadear y centrarse en quién era, descubrió a un muchacho sonriente. El francés, Felipe, se había sentado a su lado y tocado la mano para llamar su atención.

-¿Qué tal estás?
-Comme ci comme ça et tu?
-¡Parfait Elsa! Votre prononciation est très bonne. Je sui bien, merci.

La platinada dejó escapar una suave risa ante tal muestra de exaltación y Felipe ensanchó su sonrisa al saber que había hecho reír a la muchacha. Aunque a Elsa no le gustase el mediterráneo debía aceptar que era un chico encantador al que quisiera tener siempre cerca.

-À ce rythme, vous n'avez pas besoin d'un enseignant.
-No digas eso Felipe- Elsa volvió a reír por la exageración el chico y sin querer colocó su diestra sobre el hombro del francés- Todavía me queda mucho por aprender.

Felipe miró directamente a los ojos a la rubia y dibujó una sonrisa ladina que la Arandelle le recordó a los pequeños zorros que dibujaba de pequeña con aspecto de seres inteligentes pero traviesos.

-Entonces quizás tenga mucho que enseñarte.

El rostro de Elsa enrojeció al malinterpretar las palabras de Felipe y el muchacho no hizo otra cosa que sonreír aún más ampliamente. Por suerte una camarera no tardó en llegar para preguntarles si querían pedir algo cortando así el momento incómodo para la platinada.

-¿Por dónde quieres empezar?- Preguntó Felipe tan rápido como la camarera se fue.
-Aún no tengo ni el nivel de principiantes así que estaría bien que me hicieras una pequeña introducción.
-Vale, a ver...- El muchacho abrió una libreta vieja que llevaba encima y le echó una ojeada a sus apuntes.- Supongo que los saludos y esas cosas ya te las sabes.
-Un poco.
-Pues iremos a los verbos mon cher. Podemos hacer una hora de verbos y luego me ayudas con el inglés.
-Por mi perfecto pero ¿qué necesitas exactamente?
-He de aprender a suavizar la erre e intentar aproximarme al lenguaje de tipo business.
-Vaya...- Elsa se sintió un poco abrumada por lo que el mediterráneo le pedía pero mantuvo la compostura para que no se diera cuenta de ello.-Eso nos llevará bastante.
-El tiempo no es problema, todavía hay tiempo hasta las vacaciones. Dos semanas si mal no recuerdo.
-Si pero a este paso tendremos que quedar casi cada día y se acercan los finales...
-No te preocupes, siempre podemos quedar vía Skype.

La camarera volvió a aparecer pero esta vez con las bebidas y una berlina que Elsa había pedido, después ambos chicos quisieron pagar y se enzarzaron en una discusión amigable que acabó ganando Felipe a cambio de que Elsa pagase la siguiente vez. La camarera, aburrida por tener que ver la discusión se cruzó de brazos hasta que hubo recibido el dinero y se fue murmurando algo en ruso que Elsa creyó entender como "Encima que pagan por ti...".


Aurora estaba sentada al borde de la fuente central del parque junto a dos muchachos de cabello bronde, una tono medio entre el rubio y el moreno, hablando pausadamente cuando Anna llegó al lugar acordado. De los dos, el más alto sostenía entre sus manos un paquete de pañuelos y el más pequeño parecía mirar a las musarañas. Anna sintiose incomoda ante la escena y trató de virar sobre sus talones, por desventura ya era demasiado tarde y la rubia le había visto y llamado por su apellido. Tímida, la pecosa se acercó al grupo de muchachos que guardaban cierto parecido con su amiga y ellos se abrieron como las aguas ante Moisés para dejarle paso poco antes de despedirse de Aurora con un "Au revoir" y dos besos.

-No sabía que hablabas francés- Anna intentó romper el hielo y calmar sus nervios antes de que se pusiera a balbucear incoherencias.
-Tengo ascendencia merovingia...- Ambas se quedaron calladas durante un rato hasta que Anna tomó la iniciativa y se sentó al lado de Aurora. -Ellos son primos lejanos, obviamente, Zacarías y Childerico.
-Entiendo...- La historia nunca había sido el punto fuerte de la pelirroja y lejos quedaba para ella la época medieval, o lo que es lo mismo, en aquel preciso momento era incapaz de recordar quienes habían sido los merovingios. Como mucho recordaba que aquella dinastía había "terminado" sobre el año ochocientos después de cristo.

De nuevo se instauró el silencio entre ambas pese a que el parque estaba repleto de gente llevando a cabo todo tipo de actividades, y aunque Anna se moría de ganas por quitarse de encima el remordimiento de lo que había hecho era incapaz de articular palabra. Pero a diferencia de ella, Aurora interpretaba ese silencio de otra forma, pues creía que Anna estaba esperando algún tipo de explicación por el mal trato hacia Ariel y los besos robados.

-Lo siento- Aurora inició la conversación y confesión disculpándose.-Aquel día que te besé pensé que tú me correspondías. Al principio tu falta de reacción me hizo dubitar pero cuando me devolviste el beso pensé "¡Wow! ¡Genial! ¡Le gusto!" y me emocione.
-Aurora yo…

-Espera- La rubia calló a Anna y prosiguió con su explicación.-Se que era un juego pero pensé que quizás fuera real. Después, cuando te volví a ver, te saludaba besándote y no parecías estar disgustada así que sobre entendí que había algo entre nosotras... Pero entonces me di cuenta de que tu trato hacia Ariel era completamente distinto al que tienes con nosotros y me celé.

Empecé a tener paranoias y cada día iba a peor hasta que se me fue de las manos.
La verdad es que sufro de TOC y obsesiones puras, pensamientos que se viven como si fuera una pesadilla y son realmente tortuosos por ir en contra de mis valores. Voy a terapia, claro, pero eso no es suficiente sin mi medicación.

Anna abrazó a Aurora en un arranque de compasión que terminó en lágrimas por parte de la rubia. La pelirroja desconocía ese problema psicológico y ahora se sentía como la persona más horrible del mundo por haberle pedido a Hans que forzase la situación entre ambas.

-Lo siento Aurora, jamás pensé que te pasara algo tan grave.

-Tranquila, no pasa nada, tengo un subtipo de TOC así que es normal que no se note. Yo no tengo rituales ni tampoco manifestaciones visuales, mis obsesiones aparecen como pensamientos intrusivos y no deseados.
Hace un tiempo deje el tratamiento porque me adormilaba y prácticamente dependía completamente de Snöig pero a cambio pagué un alto precio con el retorno de las obsesiones. Primero fue con pequeñas cosas, temía descontrolarme y rumiaba siempre lo mismo. Snöig sabía lo que me pasaba y procuraba ayudar a evitar el círculo vicioso en el que aparecen los pensamientos y al intentar neutralizarlos, dándole aún más vueltas porque crees que así resolverá el problema o llegarás una conclusión, vuelves a los pensamientos iniciales. La cosa es que apenas resultaba... Y poco a poco se empezó a extender a otros ámbitos hasta afectar a nuestra relación.

-Por eso parecías obsesionada con hablar en inglés...

-Exacto, mi intención era controlarlo todo para no sufrir ansiedad y obsesiones. Por suerte esta mañana Hans me dio el pequeño empujón que necesitaba para que te explicase todo esto. De no ser por él no hubiera tenido corazón para decirtelo.


Las luces del centro se encendieron para iluminar las calles con sus destellos provocando que las estrellas se apagaran a causa de la contaminación lumínica, mas nadie parecía darle gran importancia al hecho de que la bóveda celestial quedase velada por el amarillento fulgor de las bombillas. Ni siquiera los dos muchachos que miraban al cielo y señalaban constelaciones.

-¿Ves esas estrellas relucientes de ahí?- Felipe atrajo a Elsa hacia sí para señalarle con mayor facilidad los astros.- La más reluciente y blanca es Deneb, uno de los vértices del llamado Triángulo de verano, la otra es Albireo, una estrella doble. Si las unes con una cruz imaginaria, tomando como cruce esas pequeñas estrellas de allá , podrás ver Cygnus.

Parada en medio de una calle sin transitar, Elsa hizo un esfuerzo por imaginarse al cisne sin lograr ver nada más que puntos centelleantes en el cosmos.

-Déjame que te ayude.- Prosiguió Felipe al notar el esfuerzo de la rubia.- La cola del cisne, Deneb, se corresponde con el cabecero de la cruz, Albireo en cambio está en la cabeza del ave pero es el pie de la cruz.- Con el índice de la izquierda el muchacho le trazó las líneas en el aire que unían a los astros.- Las otras tres estrellas, Gamma, Delta y Epsilon, completan el asterismo de la cruz; la primera en el crucero y las otras en los extremos del travesaño y alas del ave, que vuela en dirección sur. ¿Lo ves ahora?

Mientras Felipe le iba trazando las líneas, la imagen tornose nítida y Elsa quedó embelesada por la belleza de la constelación, pues aunque no había sido consciente al principio una nebulosa formaba el cuerpo del animal.

-Increible...

-Si esto te ha impresionado deberías de ver Albireo a través del telescopio, es preciosa.

El silencio muerto de las zona, acompañado por el leve siseo de la electricidad, era el único testigo del mágico momento que había creado el francés. Ninguno de los dos se atrevía a decir nada y, aunque ninguno de los dos era consciente, estaban conteniendo la respiración a causa de los nervios; tras acabar la cita para estudiar, Felipe había decidido acompañar a Elsa hasta su residencia en un intento por pasar más tiempo con ella, y mientras conversaban sobre temas metafísicos, habían terminado por hablar de astronomía y astrología.
Ahora, los dos a solas, temían lo que pudiere suceder a continuación, pues Elsa se sentía vulnerable y fácil de engatusar debido a la magia del momento y Felipe temía el rechazo de la platinada. Mas haciendo acopio de todo su valor el muchacho se enfrentó a la Arandelle y se acercó a ella peligrosamente.

-¿Elsa?- Una voz aguda y aniñada llamó la atención de los estáticos jóvenes que estaban a punto de besarse. -¿Eres tú?

El muchacho se apartó de la rubia con prisa y algo de vergüenza mientras que Elsa sintiose afortunada por evitar aquello.

-¿Anna? ¿Qué haces aquí?

Una mueca zorruna apareció en el rostro de la hermana mayor cuando descubrió que su hermana iba cogida de mano de una muchacha. Anna por el contrario se puso nerviosa y su rostro enrojeció al encontrarse con la mirada de Elsa.

-Venimos del parque porque... Bueno...- Anna no quería revelar la verdad pero tampoco deseaba que Elsa le malinterpretara.
-Hans le ha pedido para salir y ella no sabía qué hacer. Necesitaba hablar con alguien.- Terminó Aurora.

La mueca burlesca de Elsa se rompió en mil pedazos al recibir la buena nueva, no podía creer que aquel muchacho le hubiera mentido en la cara contándole todas aquellas mentiras sobre no tocar a Anna y ahora le pidiera para salir.

-Parece que ese tal Hans tiene buen gusto, son un par de hermanas muy bonitas.

Felipe remarcó el "bonitas" para que Elsa le prestara atención pero la muchacha estaba centrada en sus pensamientos. Ni siquiera advirtió que estaba apretando la mandíbula con tal fuerza que sus músculos faciales se tensaban notoriamente o que su hermana le miraba intrigada.

-Anna, ¿Podemos hablar en privado?

En aquel instante el mundo parose para limitarse a las dos hermanas y no al cuarteto que realmente eran.

-No, cualquier cosa que quieras decirme puedes hacerlo delante de todos.

-Anna por favor.

El rostro de la pecosa hablaba por si mismo forzando a Elsa a cambiar de idioma.

-Du kan ikke være med ham- La mayor hizo una pausa ínfima antes de proseguir.-Hay algo raro y desagradable en él, no puedes salir con él.
-¿Hva?
-Hans.
-Oh no... ¿Me estas pidiendo que no salga con él?

Aunque la conversación privada sólo la entendían los interlocutores, tanto Aurora como Felipe comprendieron que hablaban del compañero de clase de Anna y sintieron que no debían quedarse a ver la riña entre hermanas.

-Exacto.
-¿Con qué derecho?
-Soy tu hermana mayor y me preocupo por ti, ese muchacho parece bastante retorcido.
-¡Para!

El grito de la pequeña sobresalto a los espectadores provocando que Felipe interviniera.

-Chicas no creo que sea ni el sitio ni el momento. Elsa, deberíamos irnos.
-Anna, vamos.

Cada uno tiró de su amiga sin poder evitar que las Arandelle se miraran con rabia. Anna sentía que la mayor no tenía derecho alguno a actuar de esa forma por muy mal que le cayera Hans, Elsa simplemente se dejó llevar por la rabia del momento.