Antes de proceder con el capitulo quería disculparme por la intrrminable espera,

pero es que me ha sido imposible ponerme antes con él; siento que os debo una

explicación, por mínima que sea, así que ahí va: por motivos personales a inicio de año me vi en la obligacion de encontrar un trabajo de 24 horas, pero, por desgracia, en el trabajo hubo problemas y me subieron a 35 horas. Eso, sumado a mis estudios, me han impedido avanzar con la historia y apagaron mi creatividad pero hoy, despues de mucho, he decidido subir un capitulo que tenía a medias.


El único rastro de vida en el local lo formaban una tarjeta de crédito y polvo blanco a su alredor.

La semana de examenes era la única fecha en la que nadie visitaba el santuario, no tenían tiempo físico para ello, y por eso Elsa había aprovechado para tomar speed por las noches a solas sin que nadie le echase la bronca por utilizar drogas para sobrevivir y mantener sus cualificaciones. Mas como toda droga, una vez el efecto energético pasa, la sensación de cansancio aumenta hasta el punto de necesitar más si quieres seguir con el ritmo, de ahí que la platinada se viera metida en un círculo vicioso que no iba a poder dejar hasta acabar examenes.

Sus manos empezaron a temblar del cansancio y unas gotas de sudor frío descendieron por su rostro mientras la estilográfica rasgaba el papel. Sus orbes, centrados en el texto, brillaban con luz propia al tiempo que su corazón, con un ritmo acelerado, le dictaminaba cuan rápido tenía que escribir. Sentía que el tiempo no existía mientras sintiera euforia, se veía invencible y rápida como un felino, mas por desventura, después de casi una semana de consumo, el cansancio que aparecía era temible. Por eso, casi a las dos de la tarde, estaba sudando pese a que la temperatura de la clase era baja.

La voz del profesor advirtiendo que sólo quedaban cinco minutos le distrajo, estaba a mitad de la pregunta final y todavía tenía muchas cosas que decir si quería ser la mejor. Su muñeca continuó moviendose junto a su mano desenfrenada hasta que el tiempo expiró. Junto a un suspiro la Arandelle se puso en pie y entregó las siete hojas que había rellenado, preguntó por el día de las notas y salió de la clase en dirección al local. Una vez allí planeaba limpiar todo y volver a casa para dormir, pues aunque le quedaban trabajos por hacer no iba a necesitar más anfetaminas.

-x-

Tumbada boca arriba, con sus manos reposando sobre el abdomen, sentía el cansancio invadirle. Estaba despierta pero fatigada, dandole vueltas a la pelea con Anna una y otra vez, repitiendo estúpidos argumentos en su cabeza cuando una idea le asalto. Su machacada mente creía que su hermana había defendido al muchacho porqué ya existía algo entre ellos, algo tan profundo y vinculante que le dio rabia. Ella había perdido muchos años de su vida por una estúpida adicción y ahora no estaba dispuesta a aceptar que Anna se fuera de su lado por estar con ese niñato de sonrisa perfecta. Era injusto para ella que arruinasen la relación entre ambas ahora que todo iba tan bien, sobre todo en cuanto a la posibilidad de mantener el reinado. Sus manos se deslizaron hasta la cama y apretó las sabanas con rabia hasta que sus nudillos se pusieron blancos de la presión y se vio obligada a soltarlas.

-x-

Alguien aporreó la puerta con fuerza interrumpiendo el estudio de Anna. Quien quiera que fuera lo hacía con tal violencia que los golpes eran audibles incluso por encima de la música que tenía puesta para concentrarse. La pelirroja paro la música y comprobó la hora extrañada. Era medio día y además no había nadie lo suficientemente cabreado con ella como para llamar así. Curiosa, Anna se alzo de la silla y se acercó hacia la puerta.

-¿Anna? ¿Anna Arandelle?

Los golpes cesaron brevemente y el silencio inundó la estancia mientras la pelirroja se paraba por completo a pensar. ¿Se habría metido en un lío sin saberlo?. La pecosa retrocedió uno pasos y al otro lado de la puerta alguien salió a ver que pasaba. Y entre murmullos, cogiendo fragmentos sueltos de la conversación, comprendió que la persona que había al otro lado no tenía malas intenciones sino que estaba alterada.

-¿Qué ocurre?-Un muchacho de tez blancuzca, cabello negro y aspecto nervioso se giró hacia Anna.

-¿Sabes algo de Elsa?

Desde la pelea que la pelirroja no

sabía nada de su hermana e incluso se había negado a ir a verla aún cuando Kristoff se lo había pedido.

-No ¿Por?

-¿Puedo pasar?

Anna dudo unos instantes antes de dejar pasar a Eugene y cerrar la puerta tras ella.

-¿Qué ocurre?

-Es Elsa, he estado llamandola todo el día y no la encuentro.

-¿Y qué tiene eso de raro?

El rostro de Eugene se ensombreció y sus manos temblaron ligeramente.

-¿Sabes cómo aprueba los examenes?

Anna se encogió de hombros y mostro indiferencia por el tema.

-Ni lo se ni me interesa.

-Anna...- Eugene colocó la izquierda sobre el hombro de la menor.-Tu hermana toma speed. Cuando inició la carrera empezó a tomar anfetas y nosotros le convencimos para que lo dejase. Por desgracia parece parece ser que se ha visto abrumada y lo ha vuelto a hacer.- Anna se alarmó ante la noticia y Eugene continuó explicandole la gravedad del caso.- A tu hermana le dan paranoias después de drogarse así que nos costó muchísimo ayudarle, por no mencionar lo agresiva que se pone... Lo peor es que hemos encontrado restos de anfetaminas en el local y Mérida y yo creemos que cualquier cosa, por pequeña que sea y poco que le haya molestado, ahora la tendrá como loca.

-x-

Cuando Anna abrió la puerta del apartamento de Elsa, la estancia estaba en completa oscuridad.

La habitación adquirió vida propia en cuanto las luces desvelaron el mal estado del lugar; restos de comida en descomposición decoraban la mesa de centro mientras que las prendas de vestir de su hermana embellecían el perturbador paisaje que se pintaba por si solo. Nerviosa por lo que veía, Anna empezó a sentir como una sensación de incomprensió se apoderaba de ella. Era como escuchar por primera vez el cuarteto de cuerda n3 de Schöenberg y creer que se está escuchando un batiburrillo de notas sin ton ni son.

Cuidadosa de no hacer mucho ruido, Anna cerró la puerta y trató de respirar profundamente mientras en su interior la incertidumbre aumentaba tal y como la partitura del vienés mandaba a interpretar. En su cabeza podía escuchar la violencia con la que el violín interpretaba las subidas de tono, al mismo tiempo su estómago se compungía.

-¿Elsa?- Anna se adentró hasta el centro de la estancia mientras la sensación iba in crescendo y el cuarteto de cuerda que había en su mente producía un cambio brusco en la incierta melodía, era como escuchar una amalgama de instrumentos que apenas se ponen de acuerdo para crear el caos.-¿Elsa?

La muchacha viró sobre sus talones al escuchar agua procedente del baño, mas como si aquella imagen del cuarto no fuera suficiente, sus zapatos fueron a dar con un pequeño charco de agua salpicado de sangre.

En aquel momento las notas musicales se le atragantaron e ideas horribles sobre su hermana se pasaron por su mente.

-¿Anna?

La imágen de Elsa en ese instante fue tan chocante como ver un cuadro de Pollock y saber lo bien considerado que está. Su hermana estaba pálida y el maquillaje, de a saber cuantos días, se había movido por todo el lienzo que era su tez. El rimel se había deslizado por sus mejillas junto a lágrimas ahora secas y las sombras también se habían aventurado a ir más allá de donde debieran, pintaban parte de su cráneo mientras que un pequeño hilo de sangre chorreaba por su nariz hasta ir a dar con sus labios. Anna estaba anonadada, sobre todo porque su vestimenta no era mucho mejor sino que estaba arrugada y la paleta de colores mal combinada.

-¿Q-qué haces aquí?- Elsa habló con voz temblorosa mientras miraba a través del espejo a Anna. La mayor mantenía el torso hacia adelante para que la sangre corría lentamente hasta caer sobre la pica y no manchase nada más.

-He venido a verte, esabamos asustados porque no dabas señales de vida y Eugene me dijo...

Los ojos de Elsa dejaron de brillar hasta tornarse de un azul hielo muerto que asustó a su hermana pequeña, Anna trago saliva y dio un paso hacia adelante en un intento de ayudar a la platinada.

-Estate quieta- La mano temblorosa de la menor se quedó estática en el aire intentando agarrar algo que jamás llegaría.-Quiero que te vayas de aquí.

-Pero...

-Nada de peros, Anna. Vete.

La pequeña retiró la mano y observó a su hermana limpiarse la sangre una vez más.

-¿Qué vas a hacer con eso?

-No es nada, es una hemorragia nasal.

La tristeza inundó el corazón de la pelirroja al ver como Elsa se envolvía en una coraza de hielo una vez más.

-¿Seguro que no ha sido otra cosa?- La rubia apretó con fuerza la pica hasta que sus nudillos se pusieron blancos de la presión ejercida y trató de contenerse mientras su hermana pequeña le hablaba.-Eugene me dijo.

-¡Basta! - Elsa empujó a Anna para salir golpeandola contra la pared en su huida.

-Elsa, por favor- Suplicó la pelirroja.

-¡No Anna, vete! ¡No puedes estar aquí!

-¿Me echas? ¿Así de simple?

Aquellas palabras despertaron algo más que rabia en la rubia con sindrome de abstinencia y descontrol sobre sí.

-¿Es que no lo ves?- Elsa se pasó el dorso de la mano por la nariz como si estuviera esnifando algo invisible.-Ahora mismo no puedo estar por nadie.

-Dejame que te ayude.

-¡No!

-¿Por qué?

-Porqué te haría daño.

-¿Más?

Ambas se quedaron en silencio mientras la platinada empezaba a sentirse cada vez más fatigada.

-Elsa, escuchame, necesitas ayuda para limpiarte por completo. Has saltado de una adicción a otra y tienes que dejarlo. Te estás matando por dentro y yo no concebiría vivir sin ti, suficiente tuve con ser separada de tu lado una vez...

La mayor se dejó caer en el sofá y se abrazó a sí misma; durante sus paranoías había sentido terror ante la idea de perder a su hermana en manos de Hans, pero ahora que Anna lo mencionaba quizás hubiera un peligro mayor. Sin pensarlo demasiado, Elsa se frotó los brazos y se encogió sobre sí al tiempo que temblaba ligeramente por el malestar que se había instaurado en su cuerpo.

-Anna por favor, dejame... Necesito estar sola.

-No voy a dejarte, no puedo. Te estás matando por intentar superar el nivel de los demás. Se que llevas mucho peso sobre tus espaldas pero seguro que puedes compartirlo conmigo, al fin y al cabo somos princesas las dos.

-¡No tengo otra forma! ¿¡De verdad crees que es tan fácil!?

La rubia empezó a balancearse con lentitud mientras la pelirroja se acercaba con timidez para sentarse a su lado.

-Si no mantengo la media no podré continuar aquí y si vuelvo sin el graduado padre no me permitirá ejercer con él. - Elsa dejo de abrazarse para llevarse las manos al rostro y echarse a llorar.- Nuestro reino se va a la mierda...

Anna abrazó a su hermana y la atrajo hacia sí en un intento por reconfortarla mientras sollozaba.

-Elsa por favor, no llores. Todo saldrá bien.

La mayor se acurrucó en los brazos de la otra y se dejó querer por primera vez en mucho tiempo. La menor mientras tanto se dedicó a acariciarle la cabeza y morderse el labio para no decir algo que le hiciera llorar más.

-No lo se Anna, no lo se... Y para colmo no dejo de pensar en ti y Hans, ¿de verdad te irás con él?

La pecosa beso con ternura a la rubia y la abrazó con más fuerza para demostrarle que no se iría a ninguna parte.

-No voy a irme con él, se que no te gusta y puedo comprender por qué pero al menos aceptalo como amigo.

-¿Me prometes que no te iras?

-Te lo prometo.

Elsa se echó a llorar mientras reía y las paranoias empezaban a disiparse. Por desgracia aquella escena era tan extraña para Anna como lo era intentar comprender el Hiperión de Hölderlin, no sabía qué hacer o cómo tomarselo así que se separó ligeramente de su hermana y marcó el número de Eugene para avisarle de que la había encontrado.

Los benevolentes dioses ya no

esparcen

su generosidad sobre el orgulloso

indolente; Canto a la libertad. Hölderlin.

Aquellos versos del poema tomaron sentido en los siguientes minutos.

Anna veía a su orgullosa hermana murmurar cosas incomprensibles que se asemjaban a un soliloquio Ora hablaba tranquila ora lloraba, pero en ningún momento se deshizo del contacto con ella. Incluso había momentos en los que le miraba y sonreía para luego continuar meditando. Y aquello asustaba a Anna. La pequeña sabía que las drogas producían otros efectos en las personas, incluso en algunos casos esquizofrenia, pero no quería ni pensar en lo que iba a suceder de ahora en adelante.

-Un día más- Murmuró de repente Elsa.-Sólo un día más y estaré bien.

Anna apretó su mano y sonrió sin saber qué más hacer. Estaba triste por el cambio que su hermana había sufrito en tan poco tiempo pero estaba segura de que sus amigos sabrían qué hacer.

-Claro que sí, Elsa. Sólo un día más.- Anna miró el reloj de la pared, intacto y en su sitio, marcando la hora.-Y dentro de poco estarás en casa con papá y mamá.

Elsa apretó su mano y la miró a los ojos.

-No puedo ir, padre no debe saberlo.

-Pero Elsa...

-No, no, no. Si se entera me encerrará.

En aquel instante alguien llamó a la puerta y Anna se levantó para abrir. Al otro lado, para su sorpresa, se encontraba Kristoff vestido de deporte y con una pequeña bolsa de plástico en la mano.

-¿Dónde está?

Anna señaló hacia el sofá y el rubio corrió hasta ella, se arrodillo a su lado y sacó una botella de agua que tendió a la rubia para que se la bebiera. Elsa, obediente, abrió la botella y empezó a beber. Para Anna aquella preocupación por parte de Kristoff era tan real y vivida que le pareció tierna su forma de actuar.

-Elsa, reina, bebetelo todo. ¿Vale?

Elsa asintió y a Anna notó su corazón oprimirse ante la palabra reina, ella era la única que le llamaba así y se sentía fatal al escuchar como Kristoff lo pronunciaba con tanta dulzura. Sí, estaba celosa por no ser la única persona con quien se tratara cariñosamente pero lo que más le dolía era que Elsa pudiera quejarse de Hans pero ella no tuviera ningún derecho a quejarse de Kristoff por ser familia.

-Creo que será mejor que me vaya.

Sin pensar demasiado, dejandose llevar por los sentimientos, Anna se dirigió hacia la puerta cuando Kristoff le llamó y fue hacia ella mientras la rubia se terminaba el agua.

-Espera, necesitaré ayuda. Elsa no tardará mucho en dormirse y quisiera que me ayudaras a cambiarla y limpiarla.

-¿Espera, qué?- La pelirroja parpadeó sin comprender lo que el rubio le decía.

-Le he dado un sedante para que se duerma y relaje. Mañana cuando despierte se encontrará un poco mareada pero ya está, se le habrá pasado.

-¿Por qué has hecho eso?

-Es la única forma de calmarla, ¿has visto sus ojeras?, no ha dormido durante una semana como mínimo y el mono lo único que hace es empeorarlo. Necesita descansar. ¿Ahora me vas a ayudar o no?

Anna asintió y su cerebro procesó lo que el muchacho había querido decir, cambiarla y limpiarla implicaba desnudar a su hermana a la par que tocarla, ¿es que a caso no le daba vergüenza al chico? No, Anna no podía permitir que las curtidas y gruesas manos de Kristoff tocaran la delicada piel de Elsa.

-Ayudame a llevarla al cuarto, yo me encargo de limpiarla.

Kristoff asintió y se acercó a la rubia, le pidió que se pusiera en pie y la guió hasta la cama. Una vez allí Anna le pidió un balde de agua templada y una toalla del baño.

-¿Cómo te encuentras?- Preguntó la pelirroja.

-Más tranquila.

Anna sonrió y acarició el rostro de la rubia con delicadeza.

-Necesito que me ayudes, ¿puedes levantar los brazos?

Elsa asintió e hizo lo que Anna le pedía para facilitarle la tarea. Anna, por el contrario, empezó a desvestir con cuidado a su hermana mientras pensaba en lo fácil que era quitarle la ropa a otra persona. Y mientras lo hacía, una sutil sonrojez apareció en sus mejillas.

-¿Estas bien? Te has puesto roja.

La voz de Elsa rompió su tranquilidad, las manos le empezaron a temblar y de repente encontrose obserbando el firme busto de la rubia sin decoro.

-Eh... Sí, es sólo que...

Kristoff llamó a la puerta y la menor se sintió aliviada de que su primo lejano hubiera llegado a tiempo.

-x-

El sol reflejó en su rostro provocando que despertara del extraño sueño que estaba teniendo en el que ella era una especie de Ícaro que se abrasaba con el Sol. Perezosa, Elsa se frotó los ojos y se volteó para continuar durmiendo.

-¿Ya está despierta la bella durmiente?

Anna acababa de salir de la ducha y se encontraba frente a ella secandose el pelo y con un camisón rojo de seda y detalles de encaje.

-¿De dónde?

-Es tuyo, lo encontré entre tus pijamas.

-¿Por qué?

-Me pareció bonito.

Anna parecía tener una respuesta para todo así que no dijo nada más, simplemente cerró los ojos e intentó recordar lo que había sucedido el día anterior.

-Al final has dormido dos días seguidos. Kristoff te dio un relajante y después de que te quedaras dormida llegó Eugene con Mérida para ver cómo estabas. Limpiamos la casa entre todos, ordenamos las cosas y los chicos se fueron.

Elsa empezó a recordar y al hacerlo se llevó las manos al rostro. Anna la había visto drogada y en su peor momento, se moría de vergüenza.

-Kristoff y yo hemos estado cuidandote. ¿Puedo preguntarte algo?

Elsa hizo que sí con la cabeza y Anna se sentó a su lado.

-¿Qué hay entre vosotros?

-¿Eh?

-Kristoff y tú, se os ve muy bien juntos. Y el se ha preocupado muchísimo por ti.

-No hay nada, de verdad. ¿A qué viene eso?

-Nada...

Elsa observó el rostro de su hermana y empezó a reír al comprender porqué se comportaba así, pues la pequeña seguía dandole vueltas a lo que la rubia le había explicado sobre el beso.

-¿Sigues pensando que entre los dos hay algo?- Anna se asustó al ser pillada y su rostro se enrojeció con rapidez.- Anna... Tu rostro habla por si solo. Ven, sientate aquí.

La rubia continuaba fatigada pero todavía tenía algo de fuerzas para explicarle una vez más que no debía pensar en ello.