Había visitado lugares que para ella eran nuevos, aunque siempre había vivido allí. Nunca había entrado a la panadería del pueblo y es que jamás se había dado el tiempo de recorrer su propio hogar. Siempre, encerrada en aquella habitación de colores blancuzcos, con aquella enorme puerta cerrada en par, que le impedía salir.
Y ahora que ponía atención a las pintorescas casas de los aldeanos se daba cuenta de que el trabajo de ser reina no solo era estar sentada detrás de aquel escritorio de cedro, llenando papeles y leyendo las propuestas de sus socios mercantiles para mejorar el comercio en su pueblo. Desde hace algunas horas se había resignado al calor y hecho desaparecer su nevada personal.
Ambos caminaban mientras el sol parecía estarse poniendo y el cielo tomaba un color naranja con reflejos rosas.
-Creo que ya podemos regresar-dijo la rubia llamando la atención de Hans quien observaba el ocaso , el solo rió de lado.
-Vayamos, pero cuando entres por favor actúa sorprendida- los ojos azules de la rubia se detuvieron en la cara del pelirrojo, ella alzo una ceja mientras bufó delicadamente ante la petición. Caminaron juntos de regreso al palacio, en lapsos de tranquilo silencio y uno que otro comentario que rompía el hielo.
Ya en la explanada a punto de subir las escaleras para entrar a su hogar, una voz desde la lejanía se escuchaba gritando, repetitivamente el nombre de la reina. Se voltearon a ver algo extrañados y luego Elsa vio hacia el horizonte donde provenía aquella escandalosa voz.
-¿Olaf?-se pregunto mientras cerraba sus ojos con la esperanza de poder distinguirlo, no había duda, allí estaba corriendo apresurada mente con su característico y torpe trote. Llevaba algo en la mano y lo agitaba vivaz mente.
-Si, es tu muñeco de nieve-afirmo el pelirrojo con seriedad- ¿Y donde se supone que estaba?-preguntó el ojiverde con cierta curiosidad mientras veía a la misma dirección que su esposa en espera del pequeño muñeco de nieve.
Corriendo, a toda prisa y con el mayor de sus esfuerzos por no caer al piso desmayado por la falta de aire iba Olaf a toda prisa.
-Elsa-grito el muñeco a unos cuantos metros de ella, y cuando su distancia fue de algunos pasos, Olaf se detuvo, tomo una gran bocanada de aire- Feliz cumpleaños-dijo en medio de respiraciones largas y profundas
-Gracias, pero ¿Donde estabas?- y entonces el hombre de nieve le mostró lo que sostenía en su mano. Una corona, parecía algo deteriorada pero mantenía aquella piedra azul en el centro.
-Anna, dijo que debería ir con los Trolls por que habría mucha gente en el castillo y los podría asustar, a sí que fui con ellos y vine por que ya todos deben de haberse ido y por que es tu !Cumpleaños¡- dijo con un tono melodioso y escandaloso- A si, te traje ésto-tendió la corona a la reina
-Aún hay gente en el castillo, pero no creo que te tengan miedo-comentó Hans
-Gracias por haber traído mi corona, pero ahora entremos-dijo la rubia, intentando parecer amable y agradecida con la corona vieja, mientras se disponía a abrir la puerta. Cuando lo hizo esperaba que Anna gritara para felicitarla, pero no sucedió. Suspiro al recordar que deberían de estar todos en el salón principal.
-¿donde están todos?-se preguntó el muñeco de nieve observando a su alrededor, el castillo parecía no contener ni un alma.
-No lo se, deben de estar en el salón principal-
Los tres caminaron hasta donde creyeron que estarían los demás, pero al abrirlo se dieron cuenta que estaba vació. Se encontraba arreglado para la fiesta, pero vació. El rostro de Elsa parecía extrañado por la ausencia de las personas, Hans estaba a su lado y estaban a punto de entrar.
-FELICIDADES-grito Anna detrás de la rubia, el grito fue tan sorpresivo para la reina que se aferró a las ropas del pelirrojo
- Oh dios mio Anna estas loca-soltó con alivio al darse cuenta de que solo era su hermana menor, y se desprendió de las ropas del pelirrojo quien la veía con una risa burlona. La pelirroja se acerco a su hermana para darle un abrazo.
-Espero que esto te haya sorprendido- la rubia rió débilmente
-Si, y no sabes cuanto-
La fiesta había dado comienzo, los 12 cuñados de la reina bajaron para felicitarla. Aunque el alma de la fiesta fue nada más y nada menos que Olaf, los hermanos del pelirrojo estaban tan extrañados por la criatura que no evitaban tomar su nariz para poder observarla con detenimiento, o sus brazos hechos de ramas. Todos estaban distraídos con algo, sus hermanos con el muñeco de nieve, Anna, platicaba animadamente con Kristoff, quien solo la observaba con una amorosa mirada. Hans aprovecho todo aquello para ir con Elsa, quien estaba en la mesa de chocolates.
-La mayoría de los chocolates,de aquí fueron traídos desde las islas del sur-habló el ojiverde mientras se acercaba a la rubia
-¿Enserio? No me había dado cuenta-ella parecía algo desinteresada en saber la procedencia de lo que había comido, le bastaba con saber que su consistencia y sabor eran perfectos.
-Te has comido la mitad de los chocolates ,que había en la mesa ¿Y no te has dado cuenta?-
-No he comido tanto-alegó la joven reina frunciendo el ceño
-Elsa, yo...-
-Hans, realmente espero que lo que sea que fueras a decir no sea la palabra felicidades, la he escuchado hoy tantas veces, que si una vez más vuelvo a hacerlo tendré jaqueca-
-No lo diré ¿Pero si hubiera música bailarías conmigo?-
-Claro que no, hoy es mi cumpleaños y no haré algo que no me guste hacer-
-Pero ya bailaste antes conmigo-
-Eso se debió al poder de convencimiento de Ingrid-
La platica de ambos era amena, llevadera, agradable, se terminó extendiendo un poco. Cuando ambos vieron quedaban pocos hermanos de Hans en el salón.
-Iré a dormir, mañana debo levantarme temprano- Elsa se puso de pie, pues terminaron sentados en una sillas que estaban en el balcón, de uno de los ventanales.
-Es tarde, a si que haré lo mismo- contestó el mientras se levantaba y caminaba al mismo paso de Elsa. La rubia se dio cuenta de que los hermanos de Hans, o más bien, lo que aún estaban presentes. Tenían un comportamiento demasiado animado, estaban sentados pero parecía hablar, o gritar y reír efusiva mente.
-¿Tus hermanos están bien?-
-Si, solo están borrachos-respondió el pelirrojo con apatía ante el comportamiento de sus hermanos mientras salia del salón acompañado de la ojiazul- Pedí que les dieran Wisky- explicó
-Ya veo que el problema con la bebida es de familia-
-Claro que no, eso solo fue un vez-replico Hans
Y por fin, llegaron a su habitación, ambas camas estaban tendidas. Una al lado de la otra. Hans cerró la puerta detrás de el, la rubia deshacía su trenza con paciencia, dejando caer caballeo lacio quebrado por las ondas del peinado y una vez que soltó su cabello procedió a quitarse los zapatos. Hans no dejaba de observarla, y la reina se dio cuenta de aquello, a lo que respondió correspondiendo aquella verdosa y brillante mirada.
-¿Que sucede?,¿Por que me miras tanto?-ella sonrió nerviosa ante la penetrante mirada del ojiverde, que seguía sin apartarse de ella.
-Tu cabello-el pelirrojo camino hasta ella, y tono un poco del rubio cabello de la reina- Me gusta como se ve-la voz de Hans, resonaba cautivadora en sus oídos. La mano que sostenía el mecho de cabello lo soltó para llevarla a una mejilla de la ojiazul, quien lo veía acercar peligrosamente su rostro al de ella. La sensación de la cercanía era diferente a todas las anteriores, la rubia ansiaba que la cercanía terminará pronto y su deseo fue concedido.
Sus labios danzaban con con coordinación y dulzura, Se separaban para poder respirar, y nuevamente continuaban donde se habían quedado. Aunque eso paso a segundo plano cuando Hans comenzó a desamarrar el corsee de la rubia. Hans se sentía el hombre más feliz del mundo al tener en sus brazos a Elsa, y aunque no fuera muy notorio por el momento, no cabía duda que lo era.
Y así, después de un beso, las cosas fueron creciendo, hasta que consumaron su gran amor, bajo aquella luna de julio, claro que después de eso no fue necesaria una de las camas de la habitación.
Un año después...
Hans hacía cabalgar a Sitron a toda velocidad. Bajaba aquella montaña como si no estuviera lloviendo torreancialmente, era de día pero las nubes grises oscurecían el paisaje. Maldecía constantemente a su poco juicio, por dejarlo hacer semejante tontería, pero quien culpa a un padre primerizo por preocuparse si su hijo o hija tendrá o no poderes.
Y, eso era lo que había pasado, lo invadía el miedo por saber como tratar al pequeño heredero,si el tenia poderes, tenia miedo de ser sobreportector a tal grado de crear un problema de confianza en su primogénito, como fue el caso de Elsa.
Pero al no tener la mínima experiencia y al escuchar a Kristoff hablar sobre Pabbie, el anciano sabio Troll, que de inmediato pensó que sería una buena idea ir a verlo, pero no contaba con dos cosas, una la tormenta y dos que su hijo estaba a punto de nacer, lo ultimo fue por cortesía del troll.
El tiempo pasaba demasiado rápido para el pelirrojo, ansiaba llegar de una buena vez al palacio. Y una vez que lo hizo no esperó a que el cabello se detuviera y bajó de un brinco. Empapado, corría por los pasillos, apresurado buscaba a alguien que le dijera como había salido todo, pero parecía no haber nadie.
Subio a las habitaciones, donde Gerda salio de una, y Hans corrió hasta ella.
-¿Como esta ella?- estaba preocupado, y nervioso
-Esta bien, puede pasar Majestad- dijo la mujer con serenidad
-¿Y como salio todo? ¿Están bien?- las ansias lo carcomían vivo.
-Si, todo esta bien, entre-ella le hizo una señal para que entrara, con cuidado de no hacer mucho ruido doblo la perilla de la puerta y abrió. Elsa estaba recostada en la cama, y en sus brazos cargaba un pequeño bulto, el corazón de Hans se acelero a cada paso que daba. Elsa solo sonrió al darse cuenta que el pelirrojo estaba presente.
-¿Fue un niño o una niña?-pregunto impaciente
-Es una niña- lo ojos verdes del Rey se posaban en el pequeña recién nacida. Pequeña, regordeta y rosada. Con cabellos rojos y ojos azules, una perfecta mezcla de ambos.
-Es hermosa- musitó el - ¿Elsa, por que no estas en nuestra habitación?-preguntó con desconcierto al darse cuenta
-Digamos, que tu hija, será una niña difícil. Elsa congeló la habitación- dijo Anna mientras entraba para conocer a su sobrina.
-Entonces, será como su madre-Hans se acercó a la frente de Elsa y le dio un beso.
Fin
Gracias, gracias gracias, a todos, por leerme. Este es mi gran bebé y pues mi misión está completa. Y era hacer un fanfic que hiciera que ustedes escribieran historias Helsa y funciono *-*, son tan feliz. Gracias por sus comentarios, tiempo que invierten en leerlo y se que esperaban con ansias este capitulo. Esperó que les guste y pues los amo a todos.
Gracias por hacer de esto algo tan importante para mi. Y el éxito que tuvo se lo debo a ustedes.
Los amo.
Atte:Shirayuki
