LP
.
.
.
3
.
.
.
Peridot despertó esa mañana como nueva, el que fuera sábado le había permitido tener un sueño ininterrumpido de dieciséis horas. Al parecer, una vez que dejabas que los sueños eróticos siguieran terminaban convirtiéndose en algo más, cómo una lucha de robots gigantes interestelares por ejemplo.
Se estiró al incorporarse y, luego de tender su cama, salió de la habitación hacia la cocina. Pearl le había hecho su propio espacio en su alacena. Tomó su cereal favorito y se sentó en la mesa del comedor, viendo a Pearl y Amethyst salir de su habitación peleando.
-Perri, dile a Pearl que no es un crimen comer de vez en cuando en la habitación- pidió Amethyst, mientras señalaba a su novia.
-Nunca dije que fuera un crimen, sólo no dejes migajas en toda la cama- pidió la pelirroja.
Peridot sólo las observó mientras masticaba el cereal. A veces no entendía cómo ellas habían terminado juntas, eran polos totalmente opuestos. Pearl era algo así como una maniática de la limpieza y el orden, quien consideraba como actividad favorita leer, principalmente libros científicos, y pasaba sus ratos de ocio limpiando la casa; mientras que Amethyst, ¡Oh, Amethyst!, era un desastre andante, podía vivir en una casa infestada de paquetes vacíos de comida por semanas, sus calificaciones en la escuela media, de no ser por Pearl, hubieran sido exorbitantemente bajas, su pasatiempo favorito eran los videojuegos y comer cualquier tipo de grasas trans sin importar siquiera fecha de caducidad.
A veces, incluso Peridot se preguntaba cómo era que se había enamorado de aquella chica de cabello actualmente teñido de un violeta grisáceo y ojos aceitunados; quizá había sido la forma en la que la hacía sonreír sin importar la situación, la forma en la que sabía cuándo necesitaba compañía, ya fuera para desahogarse o simplemente para no sentirse sola. Sí, quizá ese tipo de detalles habían tenido algo que ver. Y si así había sido con ella, una simple amiga, no tenía la más mínima idea de cómo sería con la chica de la que llevaba enamorada más de cuatro años.
Cuando Peridot volvió a la realidad, la pareja parecía ya haber arreglado sus diferencias. Mientras Pearl fue a preparar panqueques para el desayuno, Amethyst se sentó junto a Peridot en la mesa.
-Veo que dormiste bien, P-dot- Amethyst pasó el pulgar por debajo de los verdosos ojos de su amiga, suponía Peridot que las ojeras habían disminuido.
-Como un bebé- afirmó antes de empinar el plato para beberse la leche. Peridot se levantó de su lugar para lavar su plato, mientras Pearl estaba a pocos pasos suyos en la estufa.
-¿Tuviste algún problema para dormir?- preguntó Pearl, un poco insegura de querer entrar en ese terreno.
-No realmente, gracias por dejar que me quedara anoche- terminó de lavar y se secó las manos con el paño de cocina. –Creo que necesitaba estar lejos de mi familia siquiera una noche- se talló los hombros, hasta ese momento fue consciente de cuan estresada estaba de su casa.
-Cuando gustes, Peridot, sabes que esta también es tu casa- Pearl le dedicó una sincera sonrisa.
Peridot aún recordaba el tiempo en el que tuvo una enemistad no declarada con la pelirroja, estaba de más decir que Amethyst fue la manzana de la discordia. Ante el vergonzoso recuerdo desvió la mirada, dándose cuenta, gracias al reloj de cocina, que eran casi las doce del día.
-Bueno, debo irme, le prometí a mi madre hacer la despensa hoy- Pearl asintió, volteando el panqueque antes de que se quemara.
-Te veo el lunes, entonces- Alcanzó a oír antes de salir de la cocina. Amethyst entendió que se iba por lo que levantó la mano para "darle los cinco".
Peridot fue a su habitación y tomó su maleta.
-Las veo luego- gritó antes de cerrar la puerta de la entrada e ir hacia las escaleras.
Cuando llegó a la calle dejó salir un suspiro que llevaba varios segundos reteniendo. Cruzó la calle hacia su parada del autobús y, mientras esperaba, se puso los audífonos. Pero, antes de que siquiera pasara un minuto de la canción, su teléfono sonó, cortando la maravillosa canción. No tuvo otra opción mas que contestar.
-¿Hola?- Esperó unos segundos y, justo como lo pensó, su hermano gritó del otro lado de la línea.
-¡Pequeña enana! ¿Sigues en casa de la otra nerd?- preguntó entusiasmado.
-Acabo de salir- respondió con la poca calma que tenía.
-Pasaré por ti en cinco minutos, tenemos una cita-
-¿Tenemos? ¿Por qué lo dices en plural?- preguntó confundida, no tenía ni veinticuatro horas fuera de su casa, ¿Qué se había perdido?
-Bueno, gracias a ti, ratón de biblioteca, no logré llegar muy lejos con una super chica- su voz sonaba sutilmente molesta –Pero, tu genial hermano logró conseguir una cita doble con ella y su hermana, obviamente necesito que distraigas a la hermana mientras… nos escapamos- Peridot sabía cómo terminaría todo.
-Tendrás que conseguirte a alguien más, no tengo el traje conmigo-
-Tu hermano es inteligente también y lo trae- la voz del mayor sonó justo cuando aparcó al lado de ella, palmeando el lado del asiento donde estaba su ropa.
-Te odio, Jasper- Peridot no tuvo más opción que subir al auto, pues sabía cómo terminaría si no lo hacía.
Debía admitirlo, le gustaba disfrazarse de chico, era fácil y le quedaba quizá mejor que ser una subdesarrollada fémina. Pero no podía disfrutarlo si era para que su hermano consiguiera chicas. Aún no terminaba de entender cómo demonios funcionaba esa estrategia.
Llegaron al restaurante donde habían quedado con las hermanas cuarenta minutos antes, para que Peridot fuera al baño a vestirse. Ya sabía que debía ir al de chicos pues, cuando intentó cambiarse en el de chicas, una señora la sacó diciéndole "pervertido" una y otra vez. Ella quiso interpretarlo como una señal del destino que le decía que debía parar con eso, pero su hermano prefirió interpretarlo como que el baño de chicas ya no era una opción.
Se quitó la mayoría de lo que traía puesto. Primero se puso una faja que apretara lo poco que tenía, haciéndola verse totalmente plana, luego se puso unos pantalones de chico y su camisa de videojuegos favorita, cambió sus lentes por unos de fondo de botella y maquilló sutilmente su rostro para verse menos femenina. Sí, el maquillaje podía hacer eso. Cuando salió del cubículo, tenía quince minutos para peinarse apropiadamente y salir hacia donde estaba su hermano quien, al verlo, alzó su pulgar en aprobación.
Le dejaron la maleta de ropa a su leal amigo tras la barra, pues no era la primera vez que su hermano iba ahí con alguna doble cita en manos, y se sentaron en una de las mesas de la segunda planta, uno frente al otro, a esperar.
-Así que, ¿Qué te llamó la atención de esta?- preguntó tratando de no caer en un incómodo silencio los minutos que quedaban.
-Es… diferente a la mayoría, es sólo un par de años mayor que yo, pero… Es tan…- la expresión en el rostro de su hermano la hizo dudar si había tenido una erección en ese segundo, prefirió no preguntar –Cómo sea, tuve que hacer uso de todo mi repertorio para conseguir esta cita, no lo vayas a arruinar- amenazó Jasper, apuntándolo con el pulgar para enfatizar su amenaza.
-Ok, ok- no existía otra respuesta.
-Mira ahí está- Jasper señaló con la mirada las escaleras que quedaban a espaldas de Peridot –la rubia es su hermana- susurró.
Peridot volteó sutilmente, para no verse tan obvia, pero una vez que clavó los ojos en la cita de su hermano simplemente le fue casi imposible quitárselos de encima. Ese cabello castaño, los ojos azules, la piel tostada… ¡Esa era la chica del departamento!
Bueno, chicos, aquí está el siguiente capítulo, disfrútenlo.
Mañana regreso a clases, así que puede que tarde un tiempo en publicar el siguiente capítulo. Deseenme suerte, la voy a necesitar TuT
Disclaimer: Los personajes de Steven Universe no me pertenecen, son de Rebecca Sugar.
Hasta pronto.
