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Lapis Lazuli; ese era el nombre de la chica que casi la viola en el departamento de sus sueños. Aunque, viéndola en ese momento, escuchando y tratando de no morir de aburrimiento con lo que su hermano decía, parecía difícil imaginar que tenía una expresión tan lasciva como se lo había mostrado aquel día. Falsas risas y palabras aburridas se oían en aquella mesa, dejándole en claro a la rubia que ambos estaban desesperados de irse, aunque no estaba segura si al mismo lugar.
Desvió la mirada de la castaña para tratar de concentrarse, por fin, en la chica que tenía en frente. Sapphire Lazuli. Era casi de su estatura, por muy pocos centímetros Peridot le ganaba, lo poco que le había escuchado era que era un par de años menor que ella y que apenas se graduaría de la preparatoria, de ahí en más estaba en blanco, no había escuchado la otra mitad de oraciones que, con molestia plasmada en su voz, se había obligado a decirle para no dejar morir la "conversación".
Peridot la miró detenidamente unos segundos. Su cabello rubio se ondulaba a mitad de su espalda, su piel era de un tono parecido al de su hermana, sus labios, carnosos y apetecibles, hacían que cualquiera en primera instancia se preguntara si eran tan suaves como se veían, su nariz era del tamaño justo para que su rostro se viera totalmente simétrico y un flequillo adornaba sus ojos azules que en ese momento la veían con tanta indiferencia que congelaba.
-Si vas a comerte a mi hermana con la mirada creo que lo mejor será que me vaya- Sapphire hizo un ademán de levantarse, pero Peridot le tomó del brazo. Si la chica se iba y su hermana la secundaba, Jasper haría de su vida un puto infierno.
-No lo hago, sólo… Me parece familiar, pero no recuerdo de dónde- mintió la rubia mayor, esperando que la más joven le creyera –por favor, quédate- suplicó. Sapphire lo meditó un momento.
-De acuerdo- Sapphire lo hizo, esta vez cruzándose de brazos con aquella misma expresión de insatisfacción con la que llegó –Voy a dejar esto en claro, no estoy interesada en ti, en lo absoluto, pero tu hermano persuadió a la mía de hacer esta tontería- Peridot dejó escapar una risilla, confundiendo a su cita.
-Qué coincidencia, a mí también me obligaron a venir a esta estupidez- Sapphire pareció sorprenderse un segundo y posteriormente le dedicó una sonrisa ladina.
-Peridot, ¿Cierto?- la ojiverde asintió, acomodándose en el asiento. Una agradable conversación fluyó durante quince minutos, hasta que Jasper y Lapis se levantaron de su sitio.
-Nos retiramos- Jasper posicionó su mano sobre la espalda de Lapis, quien pareció ignorarlo.
Los ojos azules de la chica se posaron sobre Peridot durante varios segundos y la rubia temió que la hubiese descubierto a pesar del disfraz. Sintió el sudor comenzar a formarse en su frente y su corazón comenzó a acelerarse.
-No llegues muy tarde a casa- Lapis despegó la vista de su persona para dirigirla a su hermana –Y no hagas cosas sucias con tu nuevo amigo- sonrió picara. Las mejillas de Sapphire se tornaron rojas por un instante.
Por otro lado Peridot suspiró por sus adentros, aliviada al no verse descubierta. Luego de que Sapphire le dedicara una mirada de molestia a su hermana vio a la pareja salir del local.
-Entonces…- ahora que el tema de conversación se había congelado y la idea de lo que haría su hermano con Lapis o, como ya se había acostumbrado a llamarla "la violadora del piso catorce", la dejaron en un incómodo estado que, sabía, compartía con Sapphire.
-Entonces…- repitió la oji-azul. –Espero que no estés pensando en llevarme a tu habitación también- soltó la chica como un chiste que, de no ser porque Peridot bebía su soda y comenzó a ahogarse, habría resultado hilarante.
-N-No, soy totalmente heterosexual- aseguró sin pensar, ni bien sabiendo si su afirmación era totalmente cierta.
-¿Eh?- demasiado tarde como para corregirse o pensar en otra excusa, Peridot reaccionó de su error -¿Qué estás tratando de decir?- la molestia en su tono le hacía pensar a la mayor lo que podría estar cruzando por su mente. Nada bueno.
Bien pudo decir que se había equivocado y lo que quería decir era "gay", decir que no era esa clase de chico o simplemente que no quería cuestionar el género o apariencia de su acompañante; pero lo único que estaba en su mente en ese momento era la verdad. Suspiro antes de soltarla.
-Lo que quiero decir es que… soy una chica- Sapphire la examinó detenidamente por unos segundos. Peridot sólo esperaba reproches en forma de preguntas.
-Y yo que creí que sólo eras afeminado- se burló seguida de una sutil carcajada.
-¡Ey!- gruñó la mayor.
-Me has estado engañando la última hora, no tienes derecho a quejarte- Sapphire se cruzó de brazos, riéndose, aunque se detuvo ante el mohín de Peridot –Bueno, si te hace sentir mejor- una pausa dramática antes de voltear alrededor y acercarse un poco más a su acompañante -yo no soy una chica-.
La estruendosa carcajada de Sapphire resonó en toda la planta alta del local aunque poco le importó porque, ¿Cómo no reírse a ese punto cuando Peridot palideció tanto?
-¿Realmente lo creíste?- delineó sus ojos con su dedo, borrando las lagrimillas que se le habían salido.
-Yo… ¡No!- su tono remarcaba duda.
-Tranquila, también soy una chica- sonrió una vez más, esta vez dejando pasar cualquier otra broma que podría hacer con respecto a la situación. –Ahora, ¿Me dirás que haces vestida así?- no sonaba molesta en lo absoluto, más bien intrigada.
Peridot comenzó a contar la historia, el cómo le era cómico disfrazarse hasta que su hermano la descubrió y la obligó a hacerlo para sus fines egoístas, la historia de la señora en el baño y como, sin pedirlo, consiguió el numero de un ligue de su hermano, ¿Hacía falta recalcar que nunca la llamó?
Desde ese punto la conversación volvió a fluir otra hora seguida, hasta que el teléfono de Sapphire sonó. Por lo visto sus padres la quería de vuelta lo más pronto posible. Ambas salieron del restaurante con calma. Cruzaron unas calles entre charlas y risas y, cuando el autobús de Sapphire se acercaba, Peridot le dio su número telefónico para mantenerse en contacto; se habían agradado mutuamente.
Cuando el autobús dobló en la esquina, la rubia siguió su camino hacia el centro comercial, recordando que su madre le había encargado las comprar.
Tomó un carrito de compras y comenzó a escoger entre lo que su madre había enlistado y lo que a ella le apetecía comprar. Durante su andar entre pasillo y pasillo, volvió a rememorar lo que había conocido de Sapphire ese día: tenía dieciocho años y vivía con sus padres, ese años se inscribiría en la universidad para el área de medicina y solía salir los fines de semana con su hermana mayor que, por lo que le dijo, compartía el mismo pasatiempo que su hermano, con la diferencia de que a la rubia le tocaba el papel de respaldo para evitar a los chicos que no le interesaban.
Por un segundo, Peridot se sintió confundida y deseosa de saber el motivo por el que, si Lapis era tan heterosexual como su hermana le dijo, estuvo a punto de tener sexo con ella, una chica, como lo más natural del mundo. Algo simplemente no embonaba. Sacudió la cabeza y volvió a la realidad cuando llegó la hora de pagar.
En el camino a casa por su mente no dejó de rondar la idea de que "la violadora del piso catorce", era la chica en la que su hermano se había interesado. Un profundo malestar invadió su estómago cuando fue consciente de que, muy probablemente, en ese momento esos dos estarían en el departamento de la castaña, teniendo sexo en la misma habitación en la que casi lo hace con ella. Quiso vomitar.
Cuando finalmente llegó a casa, dejó las compras en la cocina y fue directo a su habitación. Encendió su consola y comenzó con el último juego que había comprado, no supo realmente cuanto estuvo jugando, pero cuando su madre la llamó para cenar, al fin fue capaz de despegarse de frente la pantalla.
Luego de ir al baño y lavarse las manos, se sentó en la mesa del comedor en el asiento frente a su hermano. No sabía ni quería saber cuándo había llegado pero, a juzgar por su cara de idiota, le había ido bien. Muy bien a su parecer.
Luego de comer la deliciosa lasaña que su madre había preparado, volvió a su habitación. Se quedó unas horas leyendo sobre robótica hasta que el efímero recuerdo de su ropa en el restaurante apareció en su mente. Se golpeó la frente, regañándose por olvidarlo.
Puso su alarma para poder ir a primera hora en la mañana por sus cosas y, por fin, decidió que el sueño ganaría la batalla que estaban librando desde un par de horas atrás.
Se puso su pijama y se acostó en su cama, segura de que si tenía de nuevo algún sueño con Lapis, no volvería a tener el mismo efecto en ella. El recordatorio de que su hermano ya se la había tirado le volvió a producir una extraña sensación en la boca del estómago, por suerte cayó dormida antes de que pudiera causarle insomnio. Pero eso no la libró de volverlo una pesadilla.
Las horas de sueño que tuvo fueron todo menos placenteras. Lapis volvió a ser la protagonista, besándola y tocándola de la misma forma que en el primer sueño pero, esta vez, su hermano aparecía de la nada y la castaña la dejaba de lado para poder estar con él… de forma sexual… ¡Frente a ella!
Despertó dos horas antes de que su alarma sonara, con la espalda hecha un doloroso nudo. Odió que en domingo, el único día en el que podía levantarse tan tarde como quisiera, tuvo que despertar peor de como se había ido a dormir. Para cuando se levantó de la cama, su madre ya estaba haciendo el desayuno. Se sentó en la mesa del comedor, sin la más mínima intención de decir porqué había "madrugado" ese día; eran pasadas las diez y media.
Salió de su casa luego de hacer rabietas por todo, incluso en la calle siguió haciéndolas. Subió y bajó del autobús molesta, entró al restaurante molesta y recibió sus cosas molesta, sin mencionar que el lado en el que cargaba la maleta le dolía a horrores.
-Hola, Peridot- la voz a sus espaldas la tomó por sorpresa, al punto en el que el dolor y todo a su alrededor dejó de existir.
Le pareció haber volteado en cámara lenta, deseando en lo más profundo de su ser haberse equivocado y que Lapis Lazuli no estuviera ahí. Pero lo estaba. Su cabello perfectamente peinado, su rostro con un sutil toque de maquillaje, un primaveral vestido suelto azul marino, adornado con un cinturón negro, zapatos de piso a combinación del vestido y un bolso de mano. Las mejillas de Peridot se chapearon del más intenso carmesí al pensar en lo linda que se veía vestida así.
-Me parece que tenemos que hablar- la idea de huir definitivamente cruzó por la mente de Peridot, pero para cuando su cuerpo reaccionó e intentó hacerlo, ya estaba sobre el deportivo de Lapis sin rumbo conocido.
¡Con un demonios, lo que le faltaba!
¡Adivinen quién volvió~! Me tomó más tiempo del que hubiese querido pero, finalmente, logré terminar y subir el siguiente capítulo. ¡Hurra! Pasen a dejar sus reviews mientras yo trato de escribir una continuación decente :3
Disclaimer: Los personajes de Steven Universe no me pertenecen, son de Rebecca Sugar.
Hasta pronto.
