LP

.

.

.

5

.

.

.

Los ruidos en el exterior, como autos cruzando la avenida a medias y altas velocidades y el característico sonido que solamente grandes aglomeraciones de personas podían causar al transitar en una calle eran los que impedían que el penetrante silencio que se producía dentro desquiciara a ambas.

Fue entonces que, como balde de agua fría que de pronto cae sin saber de dónde, Peridot cayó en cuenta de su situación actual; estaba en el mismo auto con la chica que la hacía estremecer, ni bien sabía si de pánico, hacia un rumbo desconocido para ella y del que, muy probablemente, no volvería sin ser perpetrada primero; si es que volvía. Su cuerpo se estremeció ante los pensamientos que surcaban su mente y las posibilidades que aparecían en su calculador cerebro se volvían infinitamente malas.

-Oye…- la voz de Lapis la tomó por sorpresa, haciéndola sacar un alarido que, por lo visto, extrañó a la conductora -¿Estás bien?- la rubia volteó a verla, clavándole los ojos mientras que Lapis sólo pudo voltear a verla una fracción de segundo y luego tuvo que devolver la vista al frente.

Peridot la recorrió con la mirada. ¿Cómo era posible que aquella mujer pudiese parecerle el peor mal de toda su existencia? Era una simple mujer que, a simple vista, de lo único que se le podía acusar era de ser sumamente atractiva. Entonces, ¿Por qué le hacía pensar que ser asaltada en medio de un callejón solitario a mitad de la noche era mil veces mejor que la situación en la que se encontraba? Porque para ella lo era. Para Peridot, la extraña sensación que le provocaba aquella malvada mujer era tan desconocido y desorientador que la aterraba.

Lapis volteó a verla fijamente e instintivamente la rubia examinó el exterior, preguntándose qué le había dado tal oportunidad de mirarla sin temor a sufrir un accidente vial; por lo visto, fue gracias a un semáforo en rojo.

-¿A d-dónde vamos?- Apenas recordó cómo hablar se atrevió a preguntar al notar la extraña ruta que habían tomado.

-A mi departamento, por supuesto- respondió con extremada calma mientras devolvió la vista al frente. Inmediatamente Peridot entró en pánico.

¿Y qué hace una persona en pánico? Estupideces, por supuesto. Estupideces como saltar del vehículo justamente cuando el semáforo volvió a la luz verde y correr, a pesar de las quejas de los demás conductores que no tardaron en demostrar al apretar el clackson, repetidas veces, al estar a punto de atropellarla y correr hacia el lugar conocido más cercano que se pueda encontrar.

Corrió al menos cinco cuadras antes de detenerse a falta de aire que, al entrar y salir tan rápido de su sistema, le hacía sentir que iba a morir en cualquier segundo. La maleta no ayudaba en absoluto y, mientras trata de recuperar la vida que se escapaba en cada bocanada de aire, se maldijo por saltarse tantas clases de educación física como pudo en la escuela secundaria, estando segura que de no haberlo hecho, para ese momento al menos sabría como respirar correctamente antes de que le doliera un costado. El auto de Lapis se detuvo con un molesto rechinido de llantas justo frente a ella a los pocos segundos y la castaña salió, con una expresión de molestia plasmada en todo el rostro.

-¿Por qué hiciste eso?- su tono le hizo saber que su expresión no era exagerada –Vuelve al auto ahora- ordenó.

-No- se oyó tan firme que hasta ella misma se sorprendió de su voz.

-¿No?- una de sus cejas azabache se enarcó. Por lo visto, no estaba acostumbrada a esa respuesta.

-No iré a ningún lugar contigo, eres una desconocida. Es más, ni siquiera sé por qué subí en primer lugar- apretó la correa de su mochila entre sus dedos, temerosa de lo que aquella mujer pudiera hacerle.

Lapis la miró unos segundos con una estupefacta expresión -Noto lo diferente que eres de tu hermano- al final le dio una extraña sonrisa que la molestó.

-No me compares con ese idiota- furiosa por el comentario, volvió a caminar en dirección contraria a la que había aparcado la castaña, ignorándola cuando la llamaba por su nombre al menos siete veces.

-¡Ey!- cuando la tomó del brazo por sorpresa, Peridot cayó en un indescriptible y desconocido pánico que la hizo soltarse a como diera lugar lo más pronto posible.

Se dio vuelta para deshacer el agarre tan desesperadamente que, cuando lo logró, cayó de sentón, con el rostro contraido en una de las expresiones de terror más puras que había tenido en su vida. La castaña pareció sorprenderse al ver su rostro.

-Tú… ¿Me tienes miedo?- Lapis parecía arrepentida de su acción e inconscientemente se alejó un par de pasos, dándole el espacio que Peridot deseó desde el inicio.

-N-No…- intentó parecer serena a como diera lugar, a pesar de sospechar que si intentaba ponerse de pie sus piernas no la aguantarían -¿Debería?-.

Lapis no respondió, se quedó estática un momento hasta que pareció recuperar la compostura y dejó de verla para acomodarse el cabello que había terminado despeinándose en esos segundos, se puso sus gafas de sol oscuras cuando pareció notar que tenían audiencia no deseada.

-Mira…- la rubia tomó todo el coraje que poseía en su menudo cuerpo y se reincorporó, adquiriendo una postura de seguridad que sabía que pocas veces saldría a relucir –No sé de qué quieres hablar y no me interesa. Sólo sé que te quiero fuera de mi vida en este momento y para siempre- pisoteó un par de veces para darle énfasis a sus palabras.

Al notar que, por algún motivo, Lapis Lazuli no quería llamar la atención, iba a aprovechar al máximo la oportunidad para librarse de ella. No supo hacia dónde veían los ojos de la mujer durante varios segundos, hasta que la vio buscar algo en su bolso y sacar su celular. Un par de segundos después, una fotografía de su corpiño favorito se posó frente a sus ojos.

-¡Renny!- pensó tan alto que terminó gritándolo, se cubrió la boca con ambas manos, pero ya era tarde.

-¿Renny?- la ceja oscura se enarcó y dos segundos después, la burla se remarcó en una coqueta sonrisa –Vaya niñata que eres- volvió a guardar su teléfono sin borrar aquella estúpida sonrisa que comenzó a cabrear a Peridot –Supongo que lo quieres de vuelta- guardó silencio un momento, supuso la rubia, esperando respuesta –Bueno, si tanto deseas recuperarlo, ya sabes dónde encontrarme- se acercó nuevamente, se inclinó un poco para quedar a su altura y susurrar a su oído –Te estaré esperando, así que procura no demorar tanto, no soy alguien de mucha paciencia y podría terminar devolviéndolo a tu casa- antes de erguirse nuevamente, depositó un beso en la pálida mejilla.

Se alejó mientras Peridot se limpiaba el residuo de labial rojo que le había dejado marcado. Para cuando logró quitárselo, Lapis ya se había ido. Gruñó e hizo una rabieta tan grande que un niño de cinco años se quedaría estupefacto ante tal nivel, bufó y maldijo en voz baja, odiando cada vez más a aquella maldita mujer.

Quería que se fuera de su vida para siempre, sin posibilidad de volver a encontrarla ni por equivocación por la calle y olvidar su simple existencia por el resto de sus días. Pero sabía que debía ir a recuperar a Renny. Si aquella loca terminaba cumpliendo su palabra y llevándolo a su hogar... nada podría salir bien; si su madre lo recibía no quería imaginar las incomodas preguntas que iban a surgir, aunque eso sería mejor a la golpiza que le daría su hermano si se enteraba que algo pasó entre Lapis Lazuli y ella, tomando en cuenta el embobamiento que parecía tener por ella, incluso si había sido no consensuado, estaba segura que no volvería a caminar. Y no podía ni imaginar a su padre...

Pensó, mientras miraba al cielo, que seguramente el ente celestial que habitaba allá arriba debía estar riéndose a carcajadas en ese momento de su maldita mala suerte. Lapis la tenía entre la espada y la pared y, para ser honesta consigo misma, no sabía decir cuál de las opciones era peor.


Hola~!

Bien, sé que me he demorado bastante en esta continuación para lo corta que es. También sé que ya quieren saber si Lapis es una... acompañante y les prometo contestar eso pronto, pero no quiero dar spoilers por ahora.

En fin, los quiero, chic s. Y gracias por esperarme y tenerme infinita paciencia, no sé cómo lo hacen.

Disclaimer: Los personajes de Steven Universe no me pertenecen, son de Rebecca Sugar.

Hasta pronto.