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Cuando Peridot suele tener un conflicto interno que no sabe resolver y necesita un consejo, suele acudir con Amethyst; cuando no quiere responder preguntas innecesarias, acude a Pearl. Ambas eran buenas apoyándola en esa área desconocida que era la socialización humana, pero en ese momento dudaba que alguna tuviera respuesta a la situación que tenía en frente, así que, aunque todo su cuerpo le pedía hacerlo, ella era testaruda y se abstenía.
En su lugar, pasó tres días examinando los datos y creando algoritmos mentales, que no dudó plasmar en papel, que pudiesen serle útiles para resolver su situación. Pero todo terminó siendo inútil y en vano. Al final, mandó todo al carajo y decidió, por primera vez en su vida, dejar que pasara lo que tuviera que pasar. Mientras tanto, trataría de disfrutar sus días de calma tanto como pudiese hasta que "la tormenta" Lazuli decidiera hacer su movimiento. Aun quería dudar que lo haría.
Y ahí estaba ella ahora, masticando su desayuno sin ganas de ir a la universidad, desviando su atención del plato unos segundos para mirar discretamente a su hermano mayor, él también desayunaba aunque su plato estaba lleno de cosas totalmente diferentes, la mayoría repleta de carbohidratos, pero estaba casi intacto y él parecía incapaz de despegar la mirada del celular, con un semblante de angustia que pocas veces tenía. Parecía estar esperando algo importante.
Peridot hizo memoria. Hasta donde llegaba su conocimiento del círculo social de Jasper, ningún amigo importante se había accidentado y dado a parar al hospital, las calificaciones en sí no era una preocupación para él y su programa favorito acababa de sacar nuevos episodios esa misma semana. Pero aquel apego que tenía a su teléfono con la expresión de un estreñido la llevaba desde hace varios días.
Decidida a volver a ignorarlo como hasta ese momento, volvió a posar sus verdosos ojos en su plato casi terminado. Unos segundos después su teléfono sonó y el tono le hizo saber que se trataba de un mensaje. Era Sapphire.
A pesar de ser la hermana de Lapis, no le molestaba en absoluto intercambiar algunos mensajes ocasionales de vez en cuando desde su cita; esta vez, Sapphire le había enviado una foto de ella en la pista de hielo de la ciudad. Peridot casi escupe su cereal cuando vio, como fondo de la imagen, el momento preciso en el que una desconocida se cayó de la forma más graciosa posible a mitad de la pista. Sin que se diera cuenta, su hermano miró de reojo la pantalla de su teléfono con curiosidad y, acto seguido, lo tenía sujeta de los hombros firmemente con la expresión que, estaba segura, tuvo Newton cuando descubrió la gravedad.
-¡Eso es!- su grito le corroboró que había tenido una buena idea, de esas que rara vez cruzaban su diminuto cerebro –Tienes que pedirle a su hermana una cita- la rubia ceja se enarcó sin entender de qué hablaba –A la hermana de Lapis, pídele que me consiga una cita con Lapis- exigió.
-¿Por qué debería?- Peridot se sacudió, logrando librarse de los gruesos dedos que la sostenían de los hombros.
-¡Porque Lapis lleva días sin responder a mis mensajes!- Peridot se preguntó por un momento si su hermano alguna vez había lucido más patético.
Se habría burlado hasta que Jasper le dejara el ojo morado, de no ser porque el pensar en Lapis Lazuli no la dejaba pensar con claridad y cualquier sentimiento o emoción que pudiese sentir con ella siquiera en su mente, se distorsionaba hasta parecer irreconocible y todo se limitaba a pánico y terror ¡Más con la amenaza que le había dado el fin de semana pasado! Había tratado de evitar pensar en ello tanto como podía hasta que su hermano se lo acababa de recordar nuevamente.
-Insisto, ¿Por qué debería?-.
-Porque quiero volver a verla- Peridot rodó los ojos al ver los ojos miel suplicantes. La preocupación de que Lapis cumpliera su palabra y que fuera precisamente Jasper quien recibiera su… prenda, había crecido cuando se dio cuenta que el mayor estaba totalmente enganchado a la castaña como con ninguna otra mujer nunca jamás en su vida, ¿Qué rayos le había hecho a su hermano?
-Jasper, no voy a hacerlo- se negó, sabiendo que su hermano no se atrevería a golpearla por negarse, no le convenía; sólo insistiría hasta volverse insoportable y ella, en una rabieta, terminara aceptando.
Terminó su cereal, sin poder disfrutar el final de su desayuno porque su hermano la miró con aquella expresión de cachorro abandonado bajo la lluvia en todo momento. Se levantó, arrastrando la silla hacia atrás, dejó su plato en el lavabo y se fue directo a su habitación siendo seguida por el mayor.
Justo como había predicho, el siguiente par de días Jasper fue más insoportable de lo usual; la llevaba y traía del colegio mientras no paraba de repetir una y otra vez "Por favor", haciéndola pensar que ahorrarse el pasaje por el "aventón" no valía la pena, además de eso, en casa la acosaba cada que salía de su habitación, ya no podía ir al baño sin escuchar del otro lado de la puerta a su hermano repetir lo mismo, se colaba en su habitación cuando hacía su tarea y no se iba hasta que su madre lo obligaba salir.
Fue hasta el viernes que no pudo resistirlo más y le gritó mil y un insultos, la mayoría repetidos, hasta que finalizó el grosero discurso con un "está bien, maldito pedazo de idiota". Jasper pareció sólo escuchar las dos palabras que estuvo esperando todo ese tiempo pues le sonrió, la abrazó e incluso le besó la mejilla al menos tres veces antes de salir de ahí, dando saltos al obtener nuevamente la victoria. Peridot volvió a pensar que era el ser más patético del planeta mientras se limpiaba la saliva de la mejilla.
Vio la hora, faltaban treinta minutos para que dieran las cinco de la tarde. Marcó el número de Sapphire, recordando que para esa hora ya no estaría en la escuela. Escuchó tres bipeos antes que descolgaran.
-¿Hola?- Sapphire parecía extrañada de que la llamara y era entendible pues, por lo general, sólo texteaban.
-Hola- respondió al saludo –Ey, estaba pensando… me preguntaba si…- no sabía cómo plantearlo, se masajeó el cuello mientras trataba de pensar una excusa descente, pero terminó suspirando y siendo tan honesta con ella como cuando le reveló que era una chica –Necesito un enorme favor, ¿Puedes convencer a tu hermana de tener otra cita con mi hermano?- la escuchó soltar un largo "eh" y luego un silencio de varios segundos.
-No… creo lograr convencerla, es una cabeza dura- escuchó un reclamo al fondo y supo que la susodicha estaba ahí, quizá escuchándola.
-¿Ni una cita doble?- volvió a escuchar el mismo sonido y podía ver en su mente como Lapis negaba con la cabeza mientras Sapphire no sabía cómo decírselo. -No pretendo que se case con él por la fuerza, sólo quiero que le diga en la cara lo que siente para que entre en su pequeño cerebro y deje de molestarme- explicó. No la escuchó por poco más de un minuto.
-Vas a deberme una grande- escuchó el grito Lapis de fondo.
-Iremos al club "Full Moon" esta noche- le avisó.
-Perfecto- Peridot sonrió satisfecha, el club era el sitio ideal así, cuando lo rechazara, podría olvidarla con otra chica despistada que encontrara y volver a su rutina, en lugar de irse a llorar al rincón de su habitación el resto de la noche como prácticamente lo tenía visualizado.
-Eso va a costarte- su tono malicioso la hizo reír.
-Te lo pagaré, lo prometo- le dedicó una sutil risa antes de colgar, su hermano entró apenas lanzó el teléfono a su cama, por lo visto había escuchado desde el otro lado de la puerta.
-Eres el mejor error que mis padres cometieron- "elogió" mientas daba espectáculo de un "baile de la victoria".
-Ni creas, este favor se paga- Jasper se detuvo y rodó los ojos, listo para escuchar su exigencia –Después de esta noche, no volveré a ayudarte a ligar, especialmente con "el traje"- Jasper parecía listo y dispuesto a replicar -¿Quieres que cancele?- apenas se abrieron los labios masculinos volvieron a cerrarse, gruñó y salió de la habitación dando pisotones.
Su hermano tenía la actitud de un crío con la mente de un viejo rabo verde, y esa combinación era una de las peores que existían. No culpaba a Lapis, ni a ninguna otra chica, por no querer volver a verlo después de su cita, ella también lo evitaría si pudiera.
Se lanzó sobre su cómoda cama, dejando salir el aire de sus pulmones y, con ello, la cólera que su hermano le había provocado desde que inició su berrinche. Sólo cedió porque sabía que era cuestión de horas antes de que le explotara la bilis y ella odiaba los hospitales.
Su teléfono vibró y estiró la mano para alcanzarlo del otro lado de la cama. Era otro mensaje de Sapphire.
"Nos vemos a las 7:30. ;)"
La sangre se le congeló. Ella no tenía contemplado ir; hasta donde había entendido, su hermano era el único que debía presentarse y ver a Lapis esa noche; Peridot no quería ir si existía esa posibilidad para ella también.
"¿Debo de?"
No pasaron ni cinco segundos que envió el mensaje cuando obtuvo contestación.
"Sí :("
Desde ahí, una discusión en textos que llevo más de diez minutos inició. Al final, Sapphire ganó y Peridot supo que Lapis no era la única "cabeza dura" en esa familia. Sólo esperaba no tener que enfrentarla esa noche.
Cuando vio la hora decidió bañarse antes que su hermano comenzara a apurarla. En media hora estuvo lista; vistiendo su playera favorita debajo de una camisa verde de cuadros, con unos pantalones cómodos y un par de tenis negros, se peinó lo mejor que pudo su rebelde cabellera y se acostó en su cama a jugar un rato en lo que su hermano terminaba de arreglarse. A las siete en punto estuvo listo, demasiado arreglado a su parecer. ¿Dónde había quedado su despreocupado y verdadero hermano?
Jasper condujo por veinte minutos. La rubia se extrañó que en todo el viaje no se atravesara a ningún otro conductor o se saltara altos o le gritara "inútiles" a cualquier figura de autoridad que se le atravesara. Llegaron al club un par de minutos antes de la hora acordada, saludó al guardia de la entrada, su viejo amigo, y se adentró sonriente. Peridot comenzaba a temer de y por él.
Se sentaron a esperar en la barra. Diez minutos después vieron al par de hermanas entrar; los ojos verdes pasaron del par a su hermano, quien se acomodó el cabello una vez más antes de caminar con aparente seguridad hacia la chica que hacía estremecer, de formas totalmente diferentes, a ambos.
Se encontraron a mitad del lugar, Jasper sonriendo y Lapis frunciendo el entrecejo mientras pretendía corresponder el gesto. Pasó de ver la cita a Sapphire, la llamó desde la barra, quién no dudó un segundo en ir con ella. Se sentaron a conversar tanto como les permitía la ensordecedora música del club. Sapphire bebió un par de tragos mientras, en gritos que apenas lograba escuchar, le contó sobre como terminó conversando con la chica del accidente en la pista de hielo, la había ayudado a salir del hielo y a detener el sangrado de su labio, del cómo se agradaron e intercambiaron números y ahora pasaban horas conversando por mensajes. Había una extraña química entre ellas dos.
Al final, convenció a Peridot de tomar un par de tragos, como pago por su favor, que tuvo que pasarse sin terminar escupiéndolos; ella y el alcohol no tenia afinidad. Cuando volvió a buscar a su hermano con la mirada, notó que este ya no estaba donde lo había dejado con Lapis, ni tampoco la castaña. El par dedujo que ambos habían tomado diferente camino y, muy probablemente, ya las habían abandonado a su suerte. Afortunadamente tenían un plan para esos momentos desde que sus respectivos hermanos las inmiscuyeron en sus andadas.
Decidieron tomar el mismo taxi pero, antes de irse, Peridot le pidió un momento. Tenía que ir al baño a mojarse la cara pues el alcohol la había mareado. Sapphire prometió esperarla diez minutos y, si no aparecía luego de eso, ir a rescatar su inconsciente cuerpo del baño.
Cruzó la multitud, quienes la empujaban de vez en cuando al bailar mientras otras tantas veces parecían tratar de dejarla atrapada en medio de la pista. Al entrar el baño sus oídos sintieron un gran alivio cuando el ruido de la música disminuyó considerablemente, rezó para no terminar con sordera antes de salir del club. No volvería a entrar a ningún otro club por lo que le restaba de vida.
Se mojó la cara con el agua del grifo un par de veces mientras veía su reflejo en el espejo. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus pupilas dilatadas. ¿Tan poco aguantaba? No le sorprendía. Tomó una gran bocanada de aire al pensar en que tenía que enfrentarse una vez más al estresante ambiente que prevalecía afuera.
La puerta del baño se abrió de golpe y, cuando volteó a ver qué clase de chica había sido tan bestial, Lapis Lazuli entró dando grandes zancadas hasta donde estaba ella y la aprisionó contra el lavamanos antes de que pudiera siquiera pensar en huir.
Sin duda alguna, Peridot le tenía un extraño miedo a Lapis desde el día de su inusual primer encuentro, lo sabía y su mente se lo recordaba cada hora; por ello, cuando la vio acercándose sus manos sudaban, su pecho se agitaba, las piernas le temblaban y su mente perdía el sentido de la lógica de vista.
Lapis se le acercó tanto que su aliento chocaba contra su boca, hizo una mueca ante la inconfundible peste a alcohol cuando golpeó su nariz. Peridot se estremeció cuando la castaña depositó un beso en su boca. No fue pasional como el primero, esta vez sólo juntó sus labios sin aparente intención de intentar llegar más allá. Cuando Lapis se separó, lamió los labios de la rubia, antes de darle una sátira sonrisa que le provocó un cosquilleó en el vientre bajo.
-Cumplí tu pequeño capricho, ahora tienes que cumplir el mío- Peridot pensó que se refería al beso que acababa de darle pero, cuando las morenas manos dejaron la orilla del lavamanos para posarse en su cadera y pegarla a su cuerpo, se dio cuenta que no.
Intentó alejarse, pero estaba aprisionada y la frase "entre la espada y la pared", que llevaba repitiendo en su mente varios días, nunca había sonado más acertada. Lapis rosó sus labios nuevamente, pero esta vez con la nariz, descendió hasta pegarse al cuello de la rubia, inhaló profundamente y luego exhaló cerca de su oído, causándole cosquillas.
-Te espero mañana en el restaurante de la última vez, a la misma hora- rio –prometo no equivocarme de chica esta vez- Se separó de su cuerpo tan súbitamente como se había pegado a él, le guiñó y sonrió para luego irse.
Las piernas de Peridot no pudieron sostenerla y cayó de sentón cuando se volvieron gelatina. Su respiración era agitada y su mente daba más vueltas que cuando entró ahí.
Pasó cerca de un minuto en el suelo hasta que su cerebro hizo click. ¿Equivocarse?
Me siento satisfecha que este capítulo me tomara menos tiempo que el anterior. Para ser honesta me había quedado estancada en el final del capítulo cuatro pero, una vez hice el cinco (que quizá hubiera quedado mejor como un alargamiento del cuatro) fue que pude librarme por fin del bloqueo.
Ahora que sé como seguirá esto, trataré de no demorar tanto como la vez anterior. Y por si llegara a hacerlo, prometo avisar esta vez :B
Disclaimer: Los personajes de Steven Universe no me pertenecen, son de Rebecca Sugar.
Hasta pronto.
