"Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto."

Pablo Neruda

"20 poemas de amor y una canción desesperada"

Cada vez que cerraba los ojos, a Kai le parecía volver a escuchar la atronadora detonación de la pistola, y ver el gesto contraído de su tío mientras caía al piso, con su sangre salpicándole el rostro. Habían pasado ya unos días desde ese entonces, desde que el Comandante Chuy, cabecilla de las Fuerzas Rebeldes había sido acorralado y muerto durante el enfrentamiento entre las valerosas tropas de las Naciones Unidas y el grupo de guerrilleros insurgentes. Por lo menos eso fue lo que dijeron en el noticiero de la tele, la noche de ese horrible día. Lo que habían omitido era la forma tan cobarde en que lo asesinaron, por la espalda, ó cómo fue que le tendieron la emboscada, sacrificando a tres batallones completos de soldados de infantería, más bien reclutas de infantería, unas 150 personas. Sumando a las que asesinó la guerrilla en su breve incursión al Geofrente, vendrían siendo en total unas 200 bajas, redondeando. Y para los comunicados oficiales, esa gente nunca existió.

Durante todo ese tiempo el joven se había mantenido parco y distante, cosa muy rara dado su explosivo y disparatado carácter. Sin embargo, para todos los que supieron del traumatizante suceso era bastante comprensible el estado en el que se había sumergido el muchacho, si bien nadie estaba seguro si alguna vez podría recuperarse del fuerte golpe anímico que había recibido. Cualquier intento de consuelo ó apoyo parecía hueco y estéril, dada la cerrazón emocional de Rivera, quien sólo asentía con la cabeza a todas las atenciones y muestras de solidaridad que le eran prodigadas. Y, pese a que era evidente la gran pena que lo invadía, nadie, nunca, lo había visto llorar ó manifestar de algún modo su malestar.

En esos momentos se encontraba sentado sobre el balcón de su apartamento, su sitio predilecto para meditar y reposar cada vez que deseaba estar solo. Había estado pasando mucho tiempo ahí últimamente. La noche caía dibujando el firmamento de hermosos tonos violáceos, obsequiando una bellísima estampa a cualquiera que se encontrara en el exterior, pero el jovencito no hacía caso alguno al paisaje, más ocupado en estar al teléfono con un cigarrillo encendido en la mano.

—Sí, buenas tardes— pronunció, encorvándose sobre su asiento, con la cabeza casi entre las rodillas, lo que le permitía estudiar a fondo los patrones de los mosaicos dispuestos sobre el piso de su amplio balcón, que de haber tenido un par de metros más en su extensión se le hubiera podido catalogar como "terraza" —Soy Kyle Rivera, Director de la División del Combate a Entidades de Destrucción Masiva, de las Naciones Unidas, ¿estoy hablando con el General Morris? Buen día, señor, el motivo de mi llamada es para solicitarle la información pertinente en cuanto a los trámites que debo realizar como el único pariente vivo de Antonio Rivera Madrigal para el reclamo y disposición de sus restos. Entiendo que usted fue el oficial a cargo de su ejecución… no, eso no fue una aprehensión, yo estuve ahí… llámelo como usted quiera, entonces, lo que yo quiero saber es… no, ya he hablado con el Almirante Perry… ¡el Comandante Sakano fue quien me refirió a usted! ¡Escúcheme bien! Puede que no lo parezca, pero tengo el poder para hacer que mañana mismo lo transfieran a asarse como pollo en algún punto perdido y polvoriento de Medio Oriente… ¿El General McKormick? ¿Cómo la mayonesa, en serio? No, aún no me comunico con él… le advierto que mi paciencia se está agotando, me han estado turnando de un monigote uniformado a otro sin que nadie pueda darme una respuesta clara… sí, está bien, aquí tengo con qué apuntar, dígame el maldito número…

La pequeña libreta donde tomaba sus apuntes estaba ya repleta de nombres y números tachados, los que escribía en ese momento se sumaban a aquella larga e infructuosa lista. Asimismo, la gran cantidad de colillas de cigarro aplastadas contra el cenicero sobre la mesita de jardín que empleaba de respaldo daban cuenta de cuanto tiempo había pasado en esos menesteres y de la desesperación que embargaba al muchacho.

Misato era testigo impasible del desgaste que iba sufriendo su joven protegido, asomándose discretamente a través de la puerta de cristal de su habitación que daba al mismo balcón donde se encontraba. Sólo podía imaginarse lo difícil y confuso que todo debía ser para el muchacho. Si bien se trataba de un despiadado asesino, el enemigo público número uno, el fenecido Comandante Chuy era también el hermano de su padre, el único vínculo que le quedaba con un pasado que cada vez se iba alejando más y más. Con gesto compungido, no tenía más remedio que admitir que no podía hacer gran cosa por ayudar a sacarlo de ese penoso trance, ni tampoco para levantarlo de aquél profundo bache anímico por el que atravesaba. Las ideas eran escasas y las opciones casi nulas. Si acaso, lo único que podría hacer era esperar a que el mismo paso del tiempo ayudara al muchacho a continuar adelante, y estar ahí para él cuando eso sucediera.

El timbre anunciando a alguien llamando a su puerta la sacó de sus elucubraciones. Sin estar esperando visita en esos momentos, Katsuragi se resolvió a develar la identidad de aquél desconocido visitante, dirigiéndose a la entrada de su departamento sólo para encontrarse con Shinji, quién aún conservaba el bronceado que había obtenido durante su excursión escolar.

—¡Válgame, Shinji!— dijo la mujer, un tanto molesta —¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? ¡Esta es tu casa, no necesitas timbrar! ¡Sólo usa tu llave para abrir la maldita puerta!

—Sí, bueno… lo que pasa… es que…— Ikari se veía mucho más contrariado y ansioso de lo habitual, y eso ya era bastante —Traje compañía… ó algo así…

El chiquillo se apartó entonces, para dejar ver la sigilosa estampa de Rei Ayanami, quien aguardaba atenta unos cuantos pasos detrás suyo.

—¡¿Rei?!— musitó la dueña de la casa, incrédula —Pero… ¿qué… demonios?

—No tengo idea qué es lo que quiere— le susurró entonces su inquilino, en un tono casi inaudible —Cuando salimos del cuartel sólo comenzó a seguirme, sin dirigirme la palabra un solo momento… para serte sincero, estoy algo asustado…

—Rei… querida…— dijo entonces Misato, tratando de reponerse de la impresión, esbozando una forzada sonrisa en el rostro, entre nerviosa y expectante —¡Qué… agradable… sorpresa! Eeeh… ¿Podemos… ayudarte… en algo?

"¿Y porqué cuernos tiene que hablarle como si fuera retrasada mental?" se lamentó Shinji en sus pensamientos, avergonzado por el comportamiento de su tutora. Hubiera querido salir corriendo a encerrarse en su cuarto, de no ser porqué también comía ansias por saber el motivo de la visita de Ayanami, fuera producto de su endeble estado mental ó cualquier otra cosa.

—Buenas tardes, Capitán Katsuragi— pronunció la jovencita con su melodiosa voz, tan calma y dulce a la vez, pero con el mismo semblante inexpresivo que la distinguía —Quisiera saber si su hijo adoptivo, Kai Katsuragi, se encuentra en casa en estos momentos… me gustaría hablar con él, de ser posible…

Los rostros de los ocupantes de la casa se volcaron entonces en una mueca de súbita sorpresa al mismo tiempo, con sus quijadas casi colgando como corbatas. Probablemente aquella era la primera vez que escuchaban hablar a Ayanami durante tanto tiempo, diciendo algo más que unas cuantas frases cortas espaciadas, y precisamente lo hacía para comunicarles sin más tapujos que buscaba a Kai. ¡A Kai, de entre todas las personas!

—Él… él…— trastabilló la belleza de largo cabello negro —Él está… en el balcón… por ahí… pasa, por favor… te acompañaré…

—Le agradezco mucho su atención— respondió la muchachita de ojos rojos y cabello azul, al introducirse al departamento, sin cambiar un ápice su distante expresión —Con permiso…

Con la misma gracia con que lo hubiera hecho una tradicional geisha, así fue como la visitante se despojó de sus zapatos en el recibidor de la casa y se puso las pantuflas destinada a la visita, siguiendo entonces a la aturdida capitana por el interior de su desordenada morada.

—¡¿Cómo que puede atenderme hasta el domingo, el muy cretino?!— vociferó Rivera al teléfono, fuera de sus casillas —¡Eso es en tres días, asno burócrata, y este asunto tiene que quedar resuelto YA! … Sí, ya veo que el señor está muy ocupado, ¿y cree que yo no? ¡Ya les dije quien soy yo, imbéciles! ¡No soy cualquier pelagatos que al que le puedan estar dando largas! ¡Soy el tipo que se encarga de salvarles sus tristes y hediondos traseros todos los días!... ¿Ah, sí? Esto es lo que voy a hacer, imbéciles: la próxima vez que un monstruo gigante de pacotilla se aparezca, listo para erradicar a la raza humana, le diré que tengo mi agenda llena y que he estado muy ocupado, que puedo hacer un espacio para mandarlo al infierno hasta dentro de una semana… ¡¿Eso les gustaría, bastardos, eso les gustaría?!... ¿Mañana, entonces? Eso está mejor… ¿A qué hora?... ¡Uy, qué considerado de su parte!... No, gracias, no necesito transportación, sé como llegar… de acuerdo, lo veré ahí entonces… hasta luego…

Una vez que dio por terminada la álgida conversación, apagó su teléfono y de inmediato se colocó ambas manos sobre el rostro, respirando profusamente como a través de una mascarilla. Intentaba a como diera lugar de no caer en el abismo de la desesperación, de no estallar y destrozar todo lo que se le pusiera enfrente. Aquello definitivamente hubiera sido lamentable, mucho más tomando en cuenta que lo primero que observó una vez que se descubrió la cara fue la encantadora imagen de Rei Ayanami acompañada de una afligida pero a la vez extrañamente confundida Misato. Ambas habían podido presenciar su discusión telefónica, por lo que habían esperado a su conclusión para poder unírsele en esa suerte de terraza que había improvisado como oficina.

—Di-disculpa la interrupción— pronunció Katsuragi, cauta y hasta temerosa por no irritar al joven, quien observaba a las recién llegadas con un gesto ajeno —Pe-pero… a Rei le gustaría poder hablar contigo… unos momentos…

La capitana pudo constatar el lastimoso estado del muchacho a su cuidado, ya que de haber transcurrido ese encuentro en otras circunstancias, el solo hecho de ver a Ayanami le hubiera bastado para ponerse a dar brincos de felicidad, ya no se diga de que fuera ella misma quien tuvo la iniciativa de visitarlo. En su lugar, Rivera solamente se limitó a alzar la vista sin levantarse de su asiento para observar a su inusual visitante, si bien pudo ver en sus ojos cierto brillo al contemplar a la jovencita.

—Hola, Rei— saludó entonces, haciendo una mueca desganada que aspiraba a pasar como una sonrisa —Te extrañé mucho… ¿por fin te dieron permiso para poder verme?

Antes de contestarle la muchacha hubo de mirar de reojo a la mujer que los acompañaba, dándole a entender que su presencia era un impedimento para atender los asuntos que había ido a tratar esa noche.

—Entonces… los dejaré solos, chicos— dijo la dueña de la casa, captando la indirecta que se le había enviado en forma de un incómodo silencio —Pónganse cómodos… si necesitan algo, estaré adentro…

"Y si se pone como loco, sólo grita y vendré de inmediato a ayudarte" susurró a modo de advertencia al oído de la joven antes de retirarse, aunque todavía aturdida por la impresión.

—Espero que estés consciente que esta pequeña visita hará que Misato descubra nuestra fachada— mencionó Kai en cuanto la susodicha se marchó —Y si ella lo sabe, entonces todos los demás también lo sabrán…

—He decidido ya no darle tanta importancia a eso… todos estos días que no pude verte… me hicieron comprender lo importante que eres para mí— reveló la recién llegada, frotándose los brazos con insistencia. Le apenaba mucho hablar tan abiertamente de sus sentimientos más íntimos —Por más que lo intenté, no pude terminar de leer ni uno solo de los libros que llevé al viaje, no conseguí concentrarme… no pude pensar en otra cosa más que en ti… fue algo frustrante…

—Lamento haberte arruinado la diversión con mi existencia— Rivera suspiró amargamente, recostándose sobre su asiento.

—Has estado fumando mucho últimamente— señaló la chica al atiborrado cenicero, una vez que se aseguró de que se encontraban solos, si bien estaba al tanto de que la capitana y Shinji se asomaban cómo podían a través del resquicio de la puerta.

—¿Qué? ¡Oh, lo dices por esto! ¡No, claro que no, ni siquiera es mío!— respondió Rivera apuradamente, saliendo de su estupor, arrojando sin más el recipiente lleno de cenizas fuera del balcón, sin importarle lo peligroso que eso pudiera llegar a ser para cualquier desprevenido transeúnte —¡Fumar es un hábito sucio y repugnante, además soy muy joven para hacerlo! ¡Todas esas colillas eran de Misato, lo juro!

—Está bien, no te apures… no pensaba recriminarte por hacerlo— enseguida aclaró su acompañante —Comprendo que encuentras que el fumar te ayuda a relajarte, y que has estado muy estresado durante todo este tiempo, no tienes por que avergonzarte…

"Tiré mi cenicero favorito por nada…" el muchacho entonces se lamentó mentalmente, si bien su rostro reflejaba un talante apacible.

—Te dejaron muy lastimada la cara— observó Rei, reparando en las múltiples contusiones, raspones y moretones que marcaban la cara de su compañero, secuelas de su breve encuentro con la guerrilla y las tropas de la O.N.U. —¿Te duele mucho?

—¿Estos rasguñitos?— enfatizó Kai, minimizando el daño sufrido —¡Naah, claro que no! ¡Debiste ver cómo quedaron todos los otros tipos!

—Me empezaba a preguntar porqué no fuiste a buscarme cuando regresamos del viaje, ó porqué no te había visto en todos estos días— continuó la joven de cabellera celeste, en tanto la noche estrellada caía sobre ellos —Luego me enteré de lo que sucedió y vine en cuanto pude…

—Lamento no haberte visto antes— se excusó su compañero —Pero aún no sabía si ya era seguro acercarme a ti, y sobre todo, no quería que me vieras en este estado… no creo que pueda ser muy buena compañía para cualquiera, con el humor que me cargo ahorita…

—¿Ya olvidaste lo que te dije hace tiempo? Me gustas más cuando eres sincero con tus sentimientos y te dejas de poses y alardes absurdos… justo como ahora… me parece que sólo entonces es cuando te permites bajar la guardia y me dejas ver quién realmente eres…

—Soy un chico rudo, no me puedo dar el lujo de tener sentimientos ó ser sensible… eso es más para tipos como Shinji, yo soy hombre de acción…

—No sé mucho de eso, pero me parece entonces que un "chico rudo", como el que describes, no se deprimiría tanto por la muerte de una persona, como lo estás tú…

—No… no lo haría… me has atrapado— confesó Kai, resignado pero a la vez aliviado de poder sincerarse con alguien —No cabe duda que soy un libro abierto para ti…

—Algo que he aprendido durante el tiempo que llevo aquí es que, si bien sufrimos mucho con las pérdidas, este mundo y esta vida siguen adelante… podemos escoger entre seguir el curso de nuestro camino ó quedarnos atrás y estancarnos en nuestro dolor… pero algo es certero: por mucho que sufras por perder a alguien, tu sufrimiento no puede traer a los muertos de regreso a la vida…

Rivera contempló a la jovencita frente a sí, esa vez no solo admirando su hermosa apariencia, si no la profundidad de sus pensamientos y, sobre todo, su buen juicio. Quedaba claro que lidiaba con una persona excepcional y estaba más convencido que nunca de la enorme suerte que era tener a alguien así a su lado. Hasta ahora se percataba que hubiera podido perderla para siempre, de haber aceptado la oferta de su tío de unirse a los rebeldes.

—Tienes toda la razón, y créeme cuando te digo que aquí arriba entiendo a la perfección todo lo que dices, no podría estar más de acuerdo contigo— le respondió al cabo de un rato, señalando su frente —Pero con todo, aquí, muy adentro…— dijo, ahora señalando a su corazón —…Aquí dentro, hay algo que me sigue oprimiendo… y no sé bien qué es lo que puede ser… porque en realidad, por muy injusta que me haya parecido su muerte, la verdad es que ni siquiera conocía a ese sujeto, fuera en realidad mi tío ó no… así que no puedo entender porque me encuentro de esta manera. En realidad, lo único que pude sentir al último por él fue pena y lástima… mucha lástima… todos hablan de la caída del máximo líder de la insurgencia y lo celebran como un triunfo para dar un paso más en la paz y unificación de la humanidad… pero yo solamente vi a un viejo cansado y solo, bastante solo. Fue igual que con Pitti, aquella horrible vez… Él aseguraba que vino para advertirme de algo, ó de alguien, que lo tenía muy asustado, a fin de cuentas no sé si eran delirios de una persona extenuada y acabada…

—Sus acciones fueron, sin asomo de duda, las de alguien desesperado y sin salida— observó Rei con voz serena —Me da la impresión que quizás, en algún punto, sabía que el final estaba cerca… y es por eso que quiso buscar lo que quedaba de su familia… tú… antes que sus días terminaran… quizás eso lo ayudó en su camino a lo que hay más allá.

—Tal vez… de cualquier modo, no es su muerte la causa principal de mi estado. Lo que pasa también es que… en estos momentos… me siento tan débil, impotente. Indefenso. Fui sólo un peón más en el juego de alguien, y eso me enfurece… pero también me aterra. El hecho de saber que a pesar de todo lo que puedo hacer, aún hay mucho que escapa de mi control me hace sentir expuesto al capricho de alguien más. Es algo que no puedo tolerar…porque me da mucho miedo…

—Es natural tener miedo de eso… en mayor ó menor medida, todas las personas estamos a merced de fuerzas que salen de nuestro alcance… la voluntad por perseverar ante esas duras circunstancias es lo que determina la fuerza de cada quién… te conozco, por eso sé que eres muy fuerte y tengo la seguridad que podrás superar la gravedad de este incidente… sólo necesitas de tiempo para que tus heridas sanen… y yo estaré aquí, contigo, para ayudarte a levantarte cuando eso suceda…

A partir de ese momento, las palabras sobraron entre ellos, mostrando sus gestos ser mucho más elocuentes para tal efecto. Sin más, Ayanami rodeó con sus brazos al joven a su lado, envolviéndole en un cálido abrazo que disipaba cualquier temor. Rivera, por su parte, la tomó también por la espalda, recargando su cabeza sobre su regazo, cerrando los ojos para concentrarse en la calma y seguridad que experimentaba con la cercanía física de aquella prodigiosa muchachita.

Por su parte, Shinji y Misato permanecían perplejos del otro lado de la puerta de cristal, habiéndose mantenido bien atentos al transcurrir de aquél insólito encuentro, hasta su melosa culminación. Y aunque no pudieron escuchar gran cosa de la apacible conversación entre aquellos chicos tan dispares, el tono con el que se había llevado a cabo era bastante evidente.

Había presente algo más, al observar a aquellos dos juntos. Sí, era muy extraño, impensable hasta aquél momento. Aún así, al verlos juntos, la paz que ambos irradiaban al estar unidos era casi contagiosa. Uno podía llegar a pensar que todo marchaba bien en el universo, si esos dos habían podido encontrar el amor el uno en el otro.

—¡¿Eso era todo?! ¡¿Sólo un simple abracito le bastó a ese menso para componerse?! ¡Eso pude haberlo hecho yo misma!— renegó entonces Katsuragi, mientras se apartaba de su escondrijo y estrujaba sus manos como lo haría un villano de película de espías —Si esa mosquita muerta cree que voy a permitir que lo aparte de mi lado así nada más, está muy equivocada… lucharé contra viento y marea y… y…— hizo una pausa entonces, cómo dándose cuenta de algo, para enseguida susurrar en voz baja, atónita, sujetándose el cabello —Oh… Dios… mío… ¿Pero qué estoy diciendo? ¡Me estoy olvidando de lo más importante! ¡Shinji! ¡¿Te das cuenta de las implicaciones de todo lo que acabamos de ver?!

En ese momento la mujer tomó por los hombros al joven Ikari, comenzando a sacudirlo hacia adelante y atrás en repetidas ocasiones con suma brusquedad, quien atrapado en medio de semejante marasmo apenas y si pudo responder dificultosamente:

—¡D-De l-lo ú-único q-que m-me d-doy c-cuenta e-es q-que s-serías u-una h-horrible s-suegra c-celosa d-de p-pesadilla-a-a!

—¡Eso es lo de menos!— contestó la perturbada dama, pasando del comentario hiriente —¿Qué no lo entiendes? Todo este tiempo… todo este tiempo, todos pensábamos que el pobre zoquete estaba chiflado, que sólo estaba inventando todo para llamar la atención… ¡y resulta que estaba diciendo la verdad! ¡Rei y Kai! ¡Los dos son…! ¡No lo puedo creer! ¡Aaay! ¡No lo puedo creer!

Misato salió entonces de la habitación como alma que lleva el diablo, enfilándose en dirección a su teléfono, sin dejar de vociferar y manotear frenéticamente como poseída:

—¡Ritsuko! ¡Ritsuko tiene que saber esto! ¡Todos tienen que saberlo! ¡Es tan loco e inesperado, seguro que nadie me va a creer! ¡Rayos! ¡Debí haber tomado fotografías ó algo, me van a exigir pruebas! ¡Qué estúpida soy! ¡Aaay! ¡Demonios, demonios!

Así que, mientras que la capitana Katsuragi se transformaba en una emocionada quinceañera, lista para esparcir una bomba de chisme entre todos sus conocidos y amistades, Shinji reanudaba sus labores de vigilancia con sumo sigilo y discreción. Apenas con el rabillo del ojo podía distinguir las siluetas de sus compañeros, aún fundidas en tierna estrechez. En cierto modo, entendía la reacción que aquél disparatado romance provocaba en su tutora y en todos aquellos que se enterarían después por medio de ella. Pero a él, que no tenía tanto tiempo de conocerlos, aquella situación le producía algo completamente distinto. Casi podía saborearlo en la punta de la lengua, sin quitarles la mirada de encima, preguntándose hasta cuando se cansarían y se soltarían. Lo que sentía en esos momentos, debía admitirlo, era envidia.

La mañana era fresca, mientras el astro rey iluminaba todo desde lo alto del firmamento, cobrando su calor más fuerza a medida del paso del tiempo. Los pajarillos hacían uso de sus cánticos matutinos, mientras las chicharras hacen notar su presencia en el ambiente, con su característico sonido. Las nubes se paseaban cándidamente de aquí a allá, dejándose mecer por los caprichos del viento; en fin, que era una hermosa mañana y Shinji se lamentaba el no poder disfrutarla, al estar atrapado dentro del hangar que servía de mesa de autopsia para el Cuarto Ángel, el que Tatsunoko Corporation había edificado en torno al cadáver de dicha criatura en cuanto las Naciones Unidas liberaron repentinamente los fondos para tal efecto que habían tenido congelados durante semanas de incertidumbre.

El joven Ikari y su clase no tenían clases aquella apacible mañana, sino hasta la tarde, cuando acudirían a hacer deportes. De tal suerte, no tenía absolutamente nada que hacer durante ese lapso, por lo que tuvo que ofrecerse a acompañar a Misato y a Ritsuko hasta ese lugar, aunque sólo fuera por matar el tiempo.

Con el casco reglamentario sobre su cabeza, y con un vaso de café caliente en su mano, observaba distraídamente a todos lados, sin interesarse en nada; seguía a Misato y a Ritsuko de un lado a otro, conforme ellas se desplazaban. La comidilla del día, tal como era de esperarse, era el romance confirmado entre Rei Ayanami y Kai Rivera. Nadie hablaba de otra cosa en aquellos momentos, incluso en ese lugar de afanosa investigación.

—Rei Ayanami. 14 años. El "Primer Niño" encontrado por el Instituto Marduk, encargado de la selección de pilotos para los Evangelion. Pasó toda su vida recluida en un convento católico en una provincia de América. No sabemos otra cosa de ella, más que eso— decía la Doctora Akagi, con su tableta electrónica en mano mientras se paseaba por los pasillos de aquella improvisada instalación, supervisando los trabajos, seguida por Katsuragi y Shinji Ikari —Al estar incomunicada del mundo exterior durante tanto tiempo, es como si no hubiera existido hasta hace un año, cuando fue escogida por Marduk...

—No puedo creer que Kai se haya podido enamorar de alguien así— pronunció Misato mientras en su rostro se asomaba uno de sus característicos pucheros, que siempre hacía cuando algo le disgustaba —Esa muchacha me da muy mala espina, no creo que le convenga estar con esa clase de chica…

—¡Quién lo iba a decir! ¡La abuelita Katsuragi está celosa! ¡Ce-lo-sa!— se mofó su compañera, señalándola —Aunque si me lo preguntas, yo diría que es completamente al revés: una chica lista como Rei se merece algo mejor que ese adefesio de Rivera… supongo que debe estar desesperada, no puedo creer que se conforme con tan poca cosa…

—¡Ya déjalo en paz, ó harás que me enoje!— reclamó la mujer de cabellera negra, encarándola —¡Admite que tengo razón en que no podemos confiarle un puesto tan importante a alguien de quien sabemos tan poco! ¡Ya no se hable siquiera de un dulce, apuesto, inteligente, simpático y tierno muchachito que es como el sol!

—Si vuelves a decir algo como eso, juro que vomitaré—acotó Akagi, con el estómago efectivamente revuelto a causa de la palabrería cursi de su amiga —Me sorprende como todo esto ha sacado lo peor en ti, incluido ese horrible complejo de mamá gallina que traes a cuestas… ¿ó acaso debería decir: "mamá Godzilla"?

El café que estaba bebiendo Shinji en aquellos momentos salió expulsado a través de sus fosas nasales, en su intento por no ahogarse de la súbita risa que le invadió.

—¡Eso no fue amable!— pronunció molesta la capitana, sin hacer el intento por auxiliar a su pupilo, que se convulsionaba, sofocándose —¡Di todo lo que quieras, el punto aquí es que hay algo muy raro en Rei, y tú lo sabes! ¡Sólo recuerda lo que pasó aquella última vez que se subió al Prototipo Cero! ¡Casi morimos aquella vez, en ese espantoso accidente, y nunca hemos sabido qué fue lo que lo provocó!

La Doctora Akagi calló por unos momentos, ya fuera que estuviera reflexionando en las palabras de su compañera ó porque se encontraba más ocupada concentrándose en la tarea que llevaba a cabo en ese instante, revisando varias especificaciones en su tableta.

—Puede que tengas un poquito de razón— dijo al último, sin despegar la mirada del dispositivo en sus manos —Hasta ahora, todas nuestras hipótesis apuntan a que la causa más probable del fallido resultado de ese experimento fue la inestabilidad mental del piloto.

—¿Inestabilidad mental? ¿De Rei?— musitó Misato, sarcástica, poniendo ambas manos sobre sus mejillas, lo que hizo salir aun más sus carnosos labios —¿En seriooo?

—Provocada, no me queda la menor duda, por el incesante acoso de un maniático pervertido que alojas bajo tu techo…

—¡Eso no es justo! ¡Y además, es completamente falso!— arguyó enseguida la mujer con rango militar —¡Shinji ni siquiera estaba en la ciudad en ese entonces!

—Sabes bien que ella se está refiriendo a Kai, ¿cierto?— inquirió Ikari, detrás de ella, arqueando una ceja mientras el vasito de unicel que había contenido su café era destrozado en la palma de su mano —¿Ó sólo te haces la tonta?

—¡Oh, ya veo! En ese caso… sí, reconozco que puede existir esa posibilidad…

Misato entonces se colocó en pose reflexiva, poniendo una mano sobre la cintura y la otra debajo de la barbilla, que acariciaba insistentemente como si quisiera desentrañar un gran misterio.

—Una muestra más del ridículo humor de los Katsuragi, Shinji— expuso Ritsuko, sin detener sus pasos —No te preocupes, quizás te cueste un poco de trabajo los primeros meses, pero terminarás por acostumbrarte e ignorarlos, igual que lo hacemos todos los demás…

—Y hablando de eso, todos en este lugar parecen estar de muy buen ánimo, estos últimos días— señaló la capitana, dándole alcance —Incluso creo que pude ver al Subcomandante Fuyutski sonreír ó lo que sea que fuera esa cosa en sus arrugados labios…

—¡Por supuesto! ¡Tenemos motivos de sobra para estarlo!— anunció la doctora, enseñando el buen talante al que su amiga se refería —Luego de angustiosos y largos días de incertidumbre, todos nuestros fondos por fin fueron descongelados y podemos volver a trabajar con toda tranquilidad… la estabilidad laboral es uno de los factores que mayor incide en el desempeño de los empleados de cualquier empresa u organismo secreto como este… además, ver la cara que puso Rivera cuando se enteró que NERV seguiría a cargo de las operaciones contra los ángeles fue invaluable… me hubiera encantado tener una cámara disponible en ese entonces, fue uno de esos momentos que necesitan ser inmortalizados…

—Dices eso porque no tuviste que soportar el berrinche que hizo... me parece que ese es uno de los asuntos que quería tratar hoy con el Delegado de la O.N.U. en Japón, pero tal parece que es caso cerrado, a mi entender…

—¡Tienes toda la razón! Sin embargo, es divertido ver como se retuerce y se arrastra, buscando algo que ya nunca podrá ser… si dejara de ser tan imbécil, y se enfocara en su trabajo, sería otra cosa. Sólo observa este dispositivo de conservación que me ayudó a diseñar. Confieso que su simpleza y efectividad son producto de un genio…

—¡Me haces sentir tan orgullosa!— dijo Misato, fingiendo que se enjuagaba una lágrima.

—Con este aparato el estudio de los ángeles podrá dar un gran avance… en estos precisos momentos estamos obteniendo una gran cantidad de datos como nunca antes, ni siquiera desde el descubrimiento de estas criaturas, poco antes del Segundo Impacto…

Justo en esos momentos pasaban a un costado de donde la parte principal del cuerpo del monstruo era desmantelada en pedazos que pudieran caber dentro de la "Hielera Akagivera-Riverakagi" para su conservación ó desecho, según fuera el caso. Aún después de haber transcurrido tantos días desde que había dispuesto de él, el joven Ikari aún sentía unos helados escalofríos sobre el espinazo cada vez que pasaba cerca de aquellos restos. Aún conservaba el recuerdo vívido, y por demás doloroso, de aquellos tentáculos incrustados sobre su costado.

—Claro que nada de esto hubiera sido posible si nuestro pequeño amigo Shinji, aquí presente, no se hubiera dado a la tarea de conseguirnos estas muestras tan valiosas— acotó entonces la Doctora Akagi, haciendo una especie de intento por felicitar al chiquillo por un trabajo bien hecho —Con excepción del Núcleo, todos los demás componentes no muestran daño alguno, es un ejemplar casi perfecto. Todos aquí tenemos que estar muy agradecidos contigo, muchacho…

—No fue nada, en serio— carraspeó enseguida el chiquillo, apenado por la súbita atención de la que era objeto —Sólo estaba haciendo mi trabajo lo mejor que podía…

—¿Y qué sabemos de nuevo con respecto a las criaturas?— inquirió la Capitán Katsuragi, tratando de no recordar el penoso accionar de su pupilo en dicha batalla, que posteriormente provocó un desaguisado entre ambos.

—Echa un vistazo por ti misma— instó la científica, una vez que arribaron a su estación de trabajo, desplegando una gráfica en el monitor ahí dispuesto —Este es el patrón de ondas inherentes del ángel…

—¡Guau! Esto quiere decir que… que…— pronunció Misato luego de un sesudo análisis de la imagen, durante el cual no despegó su acuciosa vista de la pantalla —¿Qué es exactamente lo que quiere decir?

—Aún cuando los elementos constituyentes son radicalmente distintos— aclaró la mujer de corto cabello rubio, una vez que soltó un hondo suspiro de resignación —El acomodo y las coordenadas de estas señales son casi idénticos a los genes del ser humano. De hecho, hemos calculado que esta semejanza es del 99.89%... claro que aún tenemos muchas más pruebas por hacer, nuestro viaje por las entrañas de estos seres recién está comenzando.

—¡Sorprendente!— exclamaron a la par Shinji y su tutora, la misma expresión de asombro dibujada en el rostro de ambos.

—Mientras más aprendemos, más misterios nos encontramos— expuso Akagi como si estuviera dando cátedra en alguna escuela —Por ejemplo, también hemos encontrado que los ángeles están compuestos de materia, como nosotros, pero sus componentes tienen propiedades tanto de ondas como partículas, justo como la luz… el problema principal radica en comprender como funciona su fuente de energía, ya sea que se genere internamente ó la obtengan de algún otro lado…

Entusiasmada como una niña, igual que se ponía siempre que hablaba de su trabajo, Ritsuko comenzó a divagar cada vez más en su parloteo teórico, sumergiéndose en las profundidades de lo que el conocimiento humano aún tenía por descifrar, con lo que consiguió perder el interés del muchacho que las acompañaba. No entendía gran cosa de todos los tecnicismos científicos a los que se referían, salvo uno ó tres conceptos que trataban, nada en especial. En su lugar, su atención comenzó a ser atraída por las maniobras que realizaban los técnicos cada vez que lograban separar una pieza del monstruo, el cual poco a poco iba perdiendo su forma original para devenir en un montón de cubos de hielo que bien pudieron haber servido para refrigerar un enorme vaso de coctel del tamaño de una cisterna de agua.

En aquellos instantes una pesada grúa transportaba un enorme bloque de material rojizo, que seguramente en mejores tiempos había formado parte del Núcleo del gigante derrotado. El jefe de ingenieros responsable de la operación se encargaba de coordinar los trabajos, mandando constantemente señales por radio al operador de la maquinaria que depositaba en el piso su masiva carga.

—¡Así quedó perfecto! ¡Suéltalo!

El fragmento transportado era del tamaño de un automóvil compacto y su manejo requería de cuidados minuciosos. No obstante, la maniobra terminaba justo a tiempo para que una pequeña comitiva encabezada por Gendo Ikari arribara al sitio para poder contemplar aquella preciada muestra más de cerca.

—Esta pieza formaba parte del Núcleo, ¿no es así?— observó el Profesor Fuyutski, mientras que él y varios más aprovechaban la oportunidad para palpar el material frente a ellos con sus propias manos, como un montón de niños curiosos que se detienen a picotear con un palo el cadáver de una rata en su camino —¿Cuál es el estado del resto?

—La degradación está muy avanzada en todas las otras partes, ya no son adecuadas para estudios posteriores— informó en el acto el jefe de ingenieros.

—Con esto bastará, dispongan de todo lo demás— indicó enseguida el Comandante Ikari, volviéndose a poner en pie luego de haberse puesto en cuclillas para acercarse a la muestra.

Unas cuantas decenas de metros detrás de él, su único hijo lo vigilaba con sumo sigilo, como expectante. Ya había transcurrido más de un mes desde su llegada a Tokio 3 y su padre permanecía como el mismo enigma que siempre le había representado desde mucho antes que volviera a tener noticias de él. Por su parte, ocupado en sus propios asuntos como se encontraba, Gendo no disponía de tiempo para ponerse a revisar los alrededores para buscar caras familiares, por lo que no reparó en la presencia de su vástago cuando el reducido grupo de personas que lo seguía a través de aquél complejo reanudaba su marcha. Sin embargo, Rei Ayanami, quien iba muy cerca a su lado, sí alcanzó a divisar a Shinji a la distancia. Sus miradas una vez más se cruzaban, sin que por esto ocurriera cualquier clase de reacción en la ecuánime muchachita de pupilas rojas. Luego de aquél fugaz encuentro, la joven volvió la vista al frente conforme se iba alejando, junto con el grupo del que formaba parte, como si nada hubiera pasado. El piloto del Eva 01 permaneció de pie en su lugar, impávido, viéndolos partir con su mirada perdida en el abismo de la nada.

—"¡Oh, padre! ¿Por qué eres tan frío conmigo?"— dijo entonces la Capitán Katsuragi, emergiendo a su lado de improviso, imitando el tono parco y desganado de la voz de su protegido, a la vez que ejecutaba movimientos sumamente exagerados, como si estuviera realizando una danza interpretativa —"¿Qué debo hacer para que te des cuenta de que existo, padre? ¡Mírame, por favor! ¡Pégame, maltrátame, pero no me ignores!"

—¡Cómo fastidias!— reclamó enseguida el apenado muchacho, molesto por saberse atrapado y por la burla de la que era objeto —¡Eres como una niña chiquita, a veces no sé como puedo soportarte!

—¡Ja, ja, ja! ¡Eso es porque soy muy bonita, zonzo!— contestó Misato en medio del estruendo que provocaban sus frenéticas carcajadas —¡Eso me da pase libre para burlarme de un ñoño como tú las veces que se me antoje!

—¡En ese caso, será mejor irme a la escuela de una vez! ¡De cualquier modo, ya me estaba aburriendo en este lugar!— sentenció el despechado chiquillo, tomando sus pertenencias para luego darle la espalda a la risueña mujer —¡Sólo espero que para en la noche ya se te haya quitado lo simplona!

—Será mejor que te sientes, Shinji— le indicó Ritsuko, mientras se despedía de él agitando su mano —Yo llevo más de diez años esperando a que eso suceda, y hasta ahora, nada…

—"¡Misato-san, qué cruel eres!"— prosiguió Katsuragi ejecutando su mofa, ignorando a ambos mientras continuaba interpretando el papel del sufrido joven Ikari —"¡Date cuenta que yo también tengo sentimientos! ¡Por favor, no cortes mis alas, déjame volar! ¡Deseo expresarme!..."

El edificio sede de la delegación de las Naciones Unidas en Japón era una construcción gris y adusta que se ubicaba en el centro de la populosa ciudad de Tokio 2, que albergaba también a los otros poderes de la nación asiática, como su Parlamento ó el nuevo Palacio Imperial. A diferencia de su hermana menor, aquella urbe era un pujante centro poblacional e industrial, la metrópoli más poblada del país en aquél entonces. Uno no podría imaginarse que se encontraba tan solo a media hora de camino de la otra Tokio, destino predilecto de cuanto monstruo gigante se apareciera en aquellas latitudes.

Aquella ciudad contaba con una de las tasas de empleo más altas del planeta, lo que hacía también que sus indicadores de bienestar estuvieran colocados muy por encima de la media de otros grandes centros urbanos. En Tokio 2 todos los habitantes tenían una tarea y rol específicos que desempeñar, fuera en los diversos complejos industriales a lo largo de su periferia, ó en los altos rascacielos que se levantaban en el centro ó dentro de los aparatos de gobierno que operaban en su interior. Sus incontables y prestigiosos centros educativos, médicos y de entretenimiento se encargaban de mantener muy ocupados a sus habitantes y visitantes por igual.

De cualquier manera, aún en esa frenética y bulliciosa metrópoli, de cuando en cuando uno podía toparse con algún desadaptado que se abocara en sólo en quejarse y ver los aspectos negativos de la vida, como era el caso del joven Doctor Rivera, que yacía acomodado sobre un esponjoso sillón ubicado en la sala de espera de la oficina del Delegado de la O.N.U. en aquél país. Su cita llevaba ya más de tres horas y media de retraso para entonces y no podía ver algún indicio de que la situación fuera a cambiar prontamente. Todos los periódicos y revistas habían sido ya leídos en su totalidad, algunos de ellos hasta dos veces, todos los crucigramas disponibles habían quedado ya resueltos y la batería de su celular estaba ya completamente consumida debido al uso ininterrumpido de sus aplicaciones multimedia. En síntesis, el muchacho era víctima de un terrible sopor y aburrimiento que encontraba difícil sacudirse.

—Nuevamente le pedimos una disculpa, señor, al parecer la conferencia de emergencia que sostiene el Delegado vía telefónica se demorará un poco más— se excusaba con él por enésima vez una atractiva secretaria de cabello castaño ondulado —Si lo prefiere, puedo reprogramar su cita para una fecha más cercana ó…

—Le agradezco sus atenciones, señorita, pero creo que prefiero esperar para que el señor Yamazaki pueda atenderme hoy mismo— respondió enseguida el hastiado adolescente, sin dejar oportunidad a que su encuentro con aquél funcionario fuera aplazado, consciente de que lo estaba evitando.

—En ese caso, ¿puedo hacer algo más por usted, mientras espera? ¿Quisiera más café, algún bocadillo, otra revista?

—Se me ocurren un montón de cosas que pudieras hacer por mí, pero me temo que cualquiera de ellas nos metería en problemas a los dos, preciosa— pronunció Kai en tono socarrón mientras le guiñaba un ojo a aquella mujer que le aventajaba unos cuantos años, y a la que sin embargo logró ruborizar por completo —De momento sólo quisiera un vaso con agua para tomarme una aspirina, si no es mucha molestia…

La aturdida oficinista ya no pudo contestarle verbalmente, únicamente se limitó a asentir con la cabeza mientras se marchaba a toda prisa con el rostro completamente encendido, ante la complacencia criminal del chiquillo de ojos verdes, quien no le despegó la mirada durante todo su trayecto, lo que la puso aún más nerviosa. Aquél cándido gesto era lo más entretenido que había hecho durante el transcurso de todo el día, lo que sin duda lo había orillado a cometer aquella grosera indiscreción.

"I like big butts and I can not lie

You other brothers can't deny

That when a girl walks in with an itty bitty waist…"

La cantaleta mental del chiquillo, que era ejecutada mientras contemplaba las espaldas de aquella empleada gubernamental fue súbitamente interrumpida, cuando una persona que iba pasando lo abordó al reconocerlo:

—¡Doctor Rivera! ¡Qué agradable sorpresa poder encontrarlo de nuevo!

—¡Ingeniero Nishizawa!— exclamó el jovencito al reconocer al recién llegado, poniéndose en pie para que éste lo saludara de manos efusivamente —¡Tantos años sin verlo! ¿Qué cuenta de nuevo el apasionante campo de las fuentes de energía alterna?

—¡Está mejor que nunca, a decir verdad!— contestó su acompañante, quien tomaba asiento a su lado —Hoy en día todo mundo está necesitado de formas más baratas y eficientes de generación eléctrica, y me enorgullece decir que nuestra empresa es líder en ese aspecto… ¡los accionistas no paramos de contar las ganancias, vivimos la mejor de nuestras épocas!

—Me alegra escuchar eso, lo tendré en cuenta si es que acaso alguna vez me llego a quedar sin trabajo, ¡ja, ja, ja!— contestó Rivera de buena gana, agradecido por la oportuna distracción —¡Espero que para entonces tengan vacante la plaza de presidente ejecutivo!

—A decir verdad, fue un golpe de suerte haberme topado con usted, justo ahora— repuso el sujeto, comenzando a sacar varias carpetas de su portafolio para poder mostrarlas —Sobre todo porque estaba pensando contactarlo próximamente… no puedo entrar mucho en detalles en estos momentos, pero me gustaría que pudiéramos concertar una cita para poder vernos posteriormente con mucha más calma. Quisiera hablar con usted acerca de un proyecto que estamos gestando junto con el gobierno japonés, que nos permitirá incursionar directamente en su campo de acción: el combate a entidades de destrucción masiva. El nombre clave, de momento, es Jet Alone…

—¡Oh, así que hay más personas interesadas en jugar con muñecas gigantes! Espero que tengan cuidado para que Gendo Ikari no se entere, ó se pondrá muy celoso. Saben bien lo caprichudo que puede ser la mayor parte del tiempo.

—Por fortuna, aún hay muchas personas en este país que no estamos muy conformes con la manera en la que Gendo Ikari está manejando todo este asunto de NERV y los ángeles, actuando como si fuera de facto el dueño de todo Japón… usted incluido, por supuesto… es por que eso deberíamos unir esfuerzos y voluntades para ponerle un alto a ese fantoche. Además, no necesito decirle que hay muy buen dinero de por medio en este negocio…

Nishizawa se interrumpió a si mismo cuando la recepcionista del delegado regresaba con la bebida de Rivera, la cual depositó silenciosamente en sus manos y se alejó sin atreverse a levantar un solo momento el rostro. Fue entonces que Kai palpó con la punta de sus dedos un pequeño papel doblado en la base del vasito de unicel que se le había traído con agua muy fría, la cual utilizó para ingerir su medicamento, excusándose de momento con su interlocutor. Mientras daba un gran sorbo al contenido del recipiente, se las arregló para leer discretamente el mensaje del papelito escondido: "Te espero en cinco minutos en el baño de empleados. Rumiko" Aquella sugerente misiva iba apostillada con un beso, estampado gracias al brillante carmesí del labial que usaba su autora, además de varios corazoncitos dibujados en varios caracteres. "Parece que ya encontré una forma más provechosa del matar el tiempo" pensó satisfecho el jovenzuelo, gratamente sorprendido por el inesperado devenir de su chanza.

—Es usted un hombre de amplia visión, Ingeniero, siempre se lo he dicho— pronunció Rivera mientras buscaba la forma de deshacerse de él —Y por supuesto que estoy interesado en participar en cualquier cosa que tenga el propósito de exasperar al señor Ikari, además que los ingresos extra siempre son bienvenidos… este es el número de mi teléfono celular y el de mi oficina. Ahí le atenderá mi secretaria, Misato Katsuragi, quien podrá decirle cuando tengo un espacio disponible para reunirnos— continuó diciendo mientras apuntaba de forma presurosa los números en otro pedazo de papel y se lo entregaba al tiempo que se ponía en pie —Ahora, si me disculpa, necesito hacer uso del tocador. El llamado de la Naturaleza, usted sabe…

—Un placer como siempre, Doctor Rivera, espere pronto mi llamada— se despidió entonces su acompañante en tanto el muchacho se enfilaba al baño de empleados de aquél piso, ansioso como un cazador al acecho.

"¿Qué pasará, qué misterios habrá?

¡Puede ser mi gran noche!

Y al despertar, ya mi vida sabrá

algo que no conoce…"

Canturreaba el joven, emocionado, en tanto se aproximaba al punto de encuentro unilateralmente convenido, pero al que no tenía objeción alguna en acudir. Sus cinco sentidos ya comenzaban a deleitarse con la bien provista anatomía de Rumiko aún ya antes de tenerla frente a frente.

En esas estaba, casi frotándose las manos, listo para embarcarse a la aventura, cuando su celular timbró, avisándole que tenía un mensaje en su buzón de entrada. Sus ánimos cambiaron radicalmente al ver quien se lo enviaba: Rei.

"Me encuentro pensando en ti y en lo mucho que quisiera estar a tu lado. Espero podamos vernos pronto…"

Aquél era el primer gesto de ese tipo que la muchachita tenía para con él ó cualquier otra persona, lo que le demostraba al chiquillo que efectivamente ya no le importaba guardar las apariencias y ocultar su relación a los demás. Y por lo demás,resultaba bastante inoportuno, pues bien pudo haber llegado unos veinte minutos después y entonces, aún cuando tuviera un fuerte cargo de conciencia, por lo menos no tendría el dilema moral que se le presentaba en esos momentos para escoger su rumbo de acción.

"Al fin y al cabo, ¿qué es una canita al aire? Como reza el viejo adagio: ojos que no ven, corazón que no siente…" pensaba Kai, contrariado, sin atinarse a mover de su sitio, donde al parecer había quedado congelado "Además, todos los hombres somos iguales, y eso todo mundo lo sabe, ¿cierto? ¿Cierto? No creo que Rei esté esperando fidelidad al ciento por ciento, ¿verdad? ¡Maldita sea! ¿Por qué Rumiko tenía que estar tan buenísima?"

Motivado por esos y muchos otros argumentos que justificaban su proceder, hubo un momento en que Rivera tuvo el impulso de seguir adelante, a solo unos pasos de poder abrir la puerta de aquél baño, donde le esperaba un muy buen rato placentero. Pero entonces, una vez más, sus ojos se dirigieron a la pantalla de su dispositivo móvil, donde le pareció ver reflejado el dulce rostro de Ayanami en aquellos caracteres que le había dedicado. En ese instante, tragando saliva, Kai Rivera supo qué era lo que tenía que hacer, con su mano sobre el pomo de la puerta.

Casi sin proponérselo, Rumiko había cumplido la encomienda que su jefe le había hecho previamente: deshacerse de aquél persistente joven como pudiera. El chiquillo abandonaba el edificio apresuradamente, con un nudo en la garganta, pero con la conciencia limpia y tranquila. Lo único que había sufrido daño era su orgullo propio, pues a su entender, quedaría como un cobarde a los ojos de aquella mujercita de tan buen ver, que se quedaría esperándolo en aquél baño por un buen rato más.

—¡Pero ni crean que así se van a deshacer de mí!— sentenció el muchacho una vez que estuvo en la explanada ubicada a la entrada del recinto gubernamental, señalando como un loco hacia el ingreso —¡Yo volveré!

El calor de la despedida del sol, poco antes del ocaso, envuelve a los infantes en sus actividades deportivas. La temperatura ambiente en esos momentos era la idónea para su óptimo rendimiento físico, libres ya de los crueles rayos solares del ardiente mediodía y con suficiente luz solar como para no requerir cualquier tipo de iluminación artificial.

Dados los pocos alumnos que asistían a la escuela donde los pilotos Eva cursaban sus estudios, se hubo de disponer que todos los grupos de un mismo grado tomaran su clase de educación física el mismo día, para el máximo aprovechamiento de las instalaciones deportivas. Ese viernes por la tarde tocaba el turno al segundo grado, por lo que Shinji corría en esos momentos al lado de varios chicos que tan sólo había visto pasar por el corredor. El juntar a todos los estudiantes del mismo grado había hecho un grupo mucho más nutrido, lo que ocasionaba que el ejercicio fuera mucho más entretenido y competitivo. La indicación también consistía en separar a los estudiantes por sexo: las muchachas en la piscina y los chicos en la cancha de basquetbol y pista de atletismo. Por iniciativa de los mismos chiquillos, se había organizado una suerte de torneo relámpago en donde equipos de tres personas competían entre sí mediante el clásico sistema de retas, es decir, el perdedor dejaba su lugar a un nuevo retador, que podría convertirse en el equipo a vencer ó bien dejar su lugar a otro contendiente más.

—¡Pásala, aquí!

—¡Estoy libre!

—¡Tira!

—¡Tapen a ese infeliz!

Los gritos y conmoción propios de la competencia acompañaban a Shinji Ikari mientras él y los demás integrantes de su tercia, Toji y Kensuke, aguardaban su turno para jugar, sentados sobre el fresco césped al lado de la cancha de concreto. En lugar de analizar a sus posibles rivales, al igual que casi todos los otros retadores los jovencitos se avocaban mejor en contemplar las siluetas de sus compañeras en traje de baño, las cuales les eran visibles gracias a que la piscina estaba ubicada en la parte superior de la pequeña ladera donde reposaban cómodamente.

—¡Oigan, cuidado!— advertía una de las jovencitas enfundadas en el traje de baño azul marino, de uso reglamentario en las instalaciones escolares, mientras se asomaba a través del enrejado que delimitaba el espacio destinado para la alberca —¡Ese pervertido de Suzuhara no deja de mirar hacia acá!

Si bien decía aquello como medida precautoria, lo cierto es que al saberse observadas las muchachitas aprovechaban la menor excusa para poder pasearse y asomarse por aquella cerca, convirtiéndola en una suerte de pasarela que les permitía exhibir sus atributos físicos a sus compañeros, en busca de una posible pareja, iniciándose así en el complejo sistema de cortejo y apareamiento humano. Sobra decir que las mejores dotadas eran quienes más se pavoneaban a los ojos de los ávidos jovencitos, que las veían pasar como una jauría de lobos hambrientos. Aquellas que no estaban tan bien provistas, ó que eran más recatadas, se mantenían al margen de todo ese asunto.

—¡Ojalá nos dejaran usar la piscina a los chicos y a las chicas al mismo tiempo!— exclamaba Toji, absorto por el desfile de carne que se estaba llevando a cabo —¡Con lo buenas que están varias compañeras!

—¡Oye, Ikari!— pronunció Kensuke con suma suspicacia, dándole un codazo a Suzuhara para ponerlo al tanto de la reacción de su amigo —¿Qué tanto es lo que estás viendo allá arriba, viejo?

—Eh... nada...— contestó enseguida el susodicho, alzando los brazos delante de sí, al mismo tiempo que su cara tomaba un color rojizo.

En ese preciso instante, a través de la alambrada se podía observar a Ayanami incorporarse y dirigirse hacia la alberca, ajustándose su vestimenta por detrás. Tanto Suzuhara cómo Aida, al verla, no les costó bastante trabajo dilucidar la identidad de la jovencita a la cual su compañero había seleccionado para contemplar hasta el cansancio.

—De seguro que no estabas espiando a Ayanami, ¿verdad?— dijo Toji, con cierto dejo de malicia en su tono de voz.

—Ó mirando las largas piernas de Ayanami— continuó Aida en un tono meloso, con una expresión por demás lasciva en su rostro.

—Ó los pechos de Ayanami— siguió Suzuhara, imitando a su amigo en la expresión, remojándose los labios con la lengua.

—Ó el firme traserito de Ayanami— concluyeron los dos, dibujando en el aire una suculenta silueta femenina.

—¡No, ya se los dije, no es nada de eso!— se excusaba el acorralado chiquillo cada vez, rojo como una señal de tránsito.

—¡Ay, por favor! ¡¿Quieres ya dejar de hacerte el santurrón?!— exclamó Toji a viva voz, señalándolo acusadoramente —¡No puedes engañarnos! ¡Reconozco esa mirada lujuriosa en cualquier parte! ¡Es la misma que veo en el espejo todos los días!

—Sólo me estaba preguntando porqué siempre se la pasa sola— confesó Shinji en última instancia, con voz lastimosa y mirando hacia el piso.

—Ahora que lo mencionas, no ha tenido un solo amigo desde que la transfirieron— mencionó Kensuke —Y eso ya fue hace bastante tiempo…

—Eso es porque aleja a todo mundo— contestó Suzuhara mientras se incorporaban, al haber llegado su turno para jugar —Lo más cercano que la pobrecita tiene a un amigo es ese loco idiota de Katsuragi, es el único que se ha interesado por ella, pero ya sabes como le ha ido en todos sus intentos… si me lo preguntas, esa muchacha simplemente no tiene personalidad, pero sí muy mal carácter…

Ikari y Aida seguían la táctica de su equipo al pie de la letra, la cual se limitaba a que ambos permanecieran de pie fuera del área de tiro, sin hacer nada, libres de toda cobertura, en tanto Toji se las ingeniaba para lidiar con sus tres adversarios a la vez, reteniendo el balón lo más que podía. Su altura y robusta complexión le daban cierta ventaja en el juego, haciéndole pasar un muy mal rato a cualquiera que quisiera arrebatarle la pelota.

—Ya que los dos son pilotos de Evangelion, me supongo que tú conoces a esa chica mejor que cualquiera de nosotros— comentó casualmente el joven que usaba anteojos, retomando el hilo de su anterior conversación —Admito que sería muy buen prospecto, si acaso hablara un poco más y no diera tanto miedo… ¡qué envidia me das, hermano! ¡En tu trabajo tienes la oportunidad de estar con las nenas más preciosas que me haya tocado ver!

—Supongo que cualquiera pensaría eso, ¿cierto?— expuso Shinji, meditabundo; en lugar de estar en medio de un juego, ambos parecían estar en una amena charla de café —Pero la verdad es que apenas si nos dirigimos la palabra… es algo frustrante, porque en serio que me gustaría conocerla un poco más, creo que podríamos llevarnos bastante bien…

—¡Atento, Shinji!— lo interrumpió Suzuhara de súbito, arrojándole la bola de un rápido movimiento —¡Es tuya, atrápala!

Carente de toda clase de reflejos, mucho más al sorprendérsele de esa manera, el único contacto que tuvo Ikari con el balón fue cuando éste se estrelló sobre su rostro con toda la fuerza del impulso que llevaba, fulminándolo en el acto. El incauto chiquillo se derribó en el piso en tanto el esférico, al rebotar en su cara, realizaba una sorprendente parábola que lo llevó a encestarse limpiamente en el aro que custodiaban ambos equipos, para la grata impresión de todos los espectadores.

—¡Eso no cuenta, es violación!— espetó uno de sus contrincantes, cuyo reclamo no se hizo esperar, en tanto el público se ponía en pie, ovacionando aquella hazaña.

—¡¿Qué?! ¡¿Acaso eres estúpido?!— Toji hizo su parte, defendiendo los valiosos puntos obtenidos por aquél fenomenal enceste —¡Por supuesto que es una anotación válida! ¡Justo ayer acabo de ver un partido de la NBA donde hicieron lo mismo!

—¡Seguro que lo soñaste, cretino mentiroso!

—¿A quién llamas mentiroso, maricón?

—Oigan… chicos…— masculló Kensuke, poniéndose en cuclillas para examinar mejor el estado de su compañero en el piso —Shinji no se despierta… y creo que le está saliendo demasiada sangre de la nariz… ¿creen que deberíamos llevarlo a la enfermería?

Ni bien había terminado de decir aquello cuando todos los presentes, con excepción suya y del inconsciente muchacho, habían puesto ya pies en polvorosa. Algunos para pedir auxilio a sus profesores, otros, la gran mayoría, para aprovechar el incidente y terminar temprano sus labores habituales. Toji ya se encontraba a la entrada de los vestidores, listo para evadir cualquier responsabilidad que se le pudiera imputar por aquél penoso percance.

—Malditos imbéciles— musitó Shinji dentro de la cabina del Eva 01, sujetándose una vez más su adolorida nariz para volver a cerciorarse que no tenía nada roto ó que el tabique se le haya desviado.

A casi un día de ocurrido el accidente, su hinchado rostro aún le continuaba doliendo, pese a los anti-inflamatorios que se le habían recetado. Aquello, por supuesto, y a entender de sus superiores, no ameritaba a que se le otorgara una incapacidad que le permitiera ausentarse de las soporíferas pruebas de sincronía que tenía que realizar puntualmente todos los días. Tales procedimientos podían ser un verdadero fastidio, donde había llegado a estar varias horas dentro de su robot sin hacer otra cosa más que estar sentado mientras el personal científico realizaba sus estudios y recopilaba datos, por lo que era comprensible que quisiera evitarlos en la medida de lo posible.

—Sólo espero que hoy no tarden tanto en obtener sus dichosas lecturas— suspiró el alicaído jovencito, quien en esos momentos pensaba si es que acaso alguna vez se le permitiría subir con su reproductor musical para hacer más amena su larga espera.

Sin embargo, esos largos lapsos de ocio y tedio le habían servido para acostumbrarse con todas las funciones del instrumental del que disponía en su cabina. De tal modo, había descubierto la manera en la que podía usar las cámaras dispuestas al exterior del Eva para inspeccionar más de cerca los alrededores utilizando su potente aumento y alta resolución, justo como lo hacía en esos momentos para vigilar secretamente a Rei Ayanami, quien estaba al otro extremo de aquella enorme sala de pruebas, ultimando detalles para abordar su Evangelion, la así llamada Unidad Cero.

Iba ataviada en su ajustado traje de conexión color blanco, muy parecido al suyo pero con varias modificaciones específicas para la silueta femenina. Gracias al uso de dicha vestimenta y del color con el que estaba teñida el joven fisgón podía apreciar la estupenda estampa que obsequiaba el grácil cuerpo de la muchachita, núbil y esbelto. Desde que la había visto por vez primera Rei le había parecido bastante atractiva, pero era hasta esos últimos días que no se la podía sacar de la cabeza, convirtiéndosele en una suerte de obsesión. Todo en ella le resultaba enigmático, interesante, desde sus peculiares características físicas hasta su esquivo carácter. Pero también había en ella algo que le resultaba difícil explicar, vagamente familiar. Le frustraba mucho no poder precisar qué era lo que le hacía sentirse de esa forma. La clase de sensación que uno experimenta cuando se está seguro que ya se conocía antes a una persona que recién se acaba de conocer, sólo que se es incapaz de recordar dónde se había visto antes aquél rostro.

Con el auxilio de sus cámaras de video y monitores, Shinji casi podía contar las escasas pecas y lunares en el sereno rostro de Ayanami, por lo que pudo percatarse en primera instancia del súbito cambio que operó en ella. Al parecer, algo había llamado poderosamente su atención, lo que la hizo desentenderse de lo que fuera que estuviera haciendo previamente para incorporarse de inmediato. Al alejar un poco la imagen, buscando saber qué era lo que podía interesar tanto a aquella indolente jovencita, un hueco se formó en su estómago al ver a su padre acudiendo a su encuentro.

La ansiosa muchacha que estaba en esos momentos delante de Gendo Ikari era completamente distinta a la que había estado observando hasta entonces: sus gestos y ademanes eran vivaces, un entusiasmo inusitado se le notaba a flor de piel y sus labios no dejaban de moverse, enfrascada al parecer en una animada conversación. Su pasmada mirada pasaba de un lado a otro, observando igualmente la expresión casual, afable, en el rostro cuadrado de su padre, en lugar de aquella adusta máscara digna de una roca que siempre mostraba a todo mundo. El colmo fue cuando ambos se quedaron callados, para solamente estarse viendo entre sí con una sonrisita cándida y dedicándose el uno al otro unos empalagosos ojos de borrego.

No era la primera vez que el joven Ikari veía un gesto de ese tipo en Ayanami, pero cuando lo había hecho la chiquilla estaba en compañía de Kai, su ya confirmada pareja para entonces. Pero en ese caso, el que le prodigara el mismo trato al desvergonzado de su padre, a espaldas de su incauto compañero de cuerto, no hablaba muy bien de ella. Ni mucho menos de ese otro infeliz viejo rabo verde con el que compartía apellido. No era que le molestara el engaño que a su entender estaba sufriendo Rivera, inclusive la noción de que el pobre imbécil ni enterado estuviera de las andanzas de aquella casquivana jovencita le hubiera parecido sumamente hilarante, de no ser porque su desliz era precisamente con aquél hombre severo y cruel que ni siquiera recordaba que ese día era el cumpleaños de su único hijo. Pero que aún así, tenía toda la desfachatez de coquetear impúdicamente con una chiquilla a la que le llevaba tantos años, a la vista de todos. Su sangre parecía hervir dentro de sus venas, incapaz de contenerse para espetar sin más:

—¡Pero… qué… hijos de puta!

—¿Dijiste algo, Shinji?— preguntó enseguida Misato a través del comunicador en la cabina del piloto —¿Qué es lo que ocurre?

—N-no, no pasa nada…— respondió Ikari en el acto, nervioso por haber sido sorprendido durante su exabrupto —Estornudé… eso fue todo…

—De acuerdo… aguanta sólo un poco más, ya casi terminamos aquí…

—Está bien… gracias…

—Qué curiosa manera de estornudar— observó la Doctora Akagi, en la sala de controles, una vez que se cortó el enlace con la cabina del piloto —Hubiera jurado que escuché maldecir a ese muchacho…

—Es un hervidero de hormonas, seguramente ya le está llegando la pubertad— comentó Katsuragi, recargándose cómodamente sobre su asiento —Es bueno que se desahogue de cuando en cuando, hay veces que pienso que es una olla de presión a punto de estallar…

—Y hablando de eso, ¿ya está todo listo para esta noche? Si necesitas que lleve algo, avísame con tiempo, no quiero llegar y encontrar que no hay nada para cenar y terminar en una pizzería, como sucedió la última vez que organizaste una reunión…

—¡Despreocúpese, doctora! ¡Puedo asegurarle que le espera todo un banquete en la residencia Katsuragi! ¡No reparé en gastos!

—Cuando dices eso, más dudas tengo… ¿estás seguro que ya tienes todo cubierto?

—¡Por supuesto! ¡Kai me está ayudando con los otros detalles, no hay nada que pueda salir mal! ¡Confía en nosotros!

—Seguramente que aún sigue montando guardia en la casa del delegado, el muy idiota, ¿no es así? ¿Cómo esperas que tenga todo a tiempo, entonces?

—Tengo su palabra, y eso me basta…

—A veces me gustaría ser tan ingenua como tú, Misato, en serio que sí…

Justo entonces el Doctor Rivera se encontraba apostado a la entrada de la fastuosa residencia donde habitaba Kazuo Yamasaki, el funcionario público con el que tanto ahínco quería entrevistarse, y el cual le continuaba dando largas. Resuelto a no dejarse vencer, el muchacho había decidido quedarse todo el día a la entrada de su vivienda, a las afueras de Tokio 2, listo para abordarlo en cuando se decidiera a aparecer. Llevaba la mayor parte del día en eso, y conforme se acercaba el crepúsculo su determinación también comenzaba a desvanecerse. La única compañía que tenía en esos momentos era un enorme y corpulento guardia de seguridad afroamericano que custodiaba el ingreso como todo un cancerbero.

—¡Vaya vista la que tiene el delegado en este lugar!— comentaba al aire el jovencito, queriendo entablar comunicación con su acompañante por el solo hecho de alejar el tedio que hacía presa de él —¿Sabes si los terrenos por aquí son muy costosos? ¡Apuesto a que la plusvalía debe estar por los cielos!

El empleado de tez oscurecida permanecía cruzado de brazos, tan largo como era, y sin cambiar un ápice su vetusto semblante de pocos amigos. Kai se veía reflejado bastante empequeñecido en sus lentes oscuros siempre que le dirigía la palabra.

—¡Aunque para vistas, ninguna como la de ese bombón que tiene el delegado de secretaria! ¿Acaso alguna vez la has visto? ¡Dios, qué mujer! Rumiko, creo que se llama… ¿La conoces? Es una de las tipas más buenas que he visto… ¡y eso que tengo cable!

Al igual que durante todo el transcurso de aquél día, el robusto individuo no dio pie a conversación alguna, limitándose a fustigar al jovencito con sus hoscos ademanes, que le hacían ver que no era bienvenido en ese lugar.

—¡Qué cosas digo! Seguramente que alguien de tu… eeeh… talla, debe tener muchos problemas para conseguir pollitas en este país… ¡Apuesto a que todas estas japonesitas tienen miedo de que las termines partiendo en dos! ¡Ja, ja… ja!

Una vez más, Rivera se encontraba a si mismo parloteando solo como un estúpido, sin provocar cualquier reacción en su acompañante, por mucho que lo intentara.

—¿Sabes? Me recuerdas mucho a un actor, probablemente te lo han dicho ya muchas veces… eres como ese tipo, que salió en esa película… ¿sí sabes de cuál estoy hablando, cierto? Me refiero a ese sujeto grande, que hacía esa cosa… ¿cómo es que se llamaba? Solamente tienes que decir: "Take my hand, boss…" ¿Aún no te acuerdas? No importa, lo que estoy pensando es que tu voz debe sonar como a la de Darth Vader, imponente y profunda, mostrándole a todos los demás lo cabrón que eres… ¿te gusta cantar a capela, de casualidad? ¡A mí me gusta mucho la música! ¿Y a quién no? ¿Qué te parece si hacemos un dueto, eh? ¡Yo comienzo, sigue el ritmo!

El chiquillo empezó entonces a chasquear los dedos repetidamente, para luego comenzar a canturrear con timbre afeminado:

"Hit the road Jack and don't you come back no more, no more, no more, no more!

Hit the road Jack and don't you come back no more!"

—¡Amigo, es tu parte! Se supone que debes decir: "What you say?"

Fiel a su costumbre, el fornido sujeto no dio pie alguno a cualquier intento de fraternización de parte de aquél singular jovenzuelo. Si acaso, sólo se limitó a entreverlo con desdén, deslizando un poco sus gafas oscuras sobre su nariz para que pudiera apreciarse en plenitud su gesto de reproche. Sólo eso bastó para que Kai desistiera de cualquier otra tentativa por hacer más llevadera su larga, y posiblemente, infructuosa espera. Rendido, y cansado, alzó su vista al cielo, para lanzar un lastimero quejido:

—Diablos… tengo sed….

A lo lejos, en aquella zona boscosa, dada la tranquilidad imperante podía escucharse nítidamente el aullido de un lobo, ó quizás de un perro muy grande.

Anochecía, y en la casa de los Katsuragi un suntuoso ágape era preparado a los afortunados convidados, que a saber, sólo eran tres personas hasta ese entonces. La Doctora Akagi, la Capitán Katsuragi y Shinji Ikari estaban ya sentados a la mesa del banquete, listos para degustar los exóticos manjares que se les habían preparado en aquella ocasión.

Sin imaginarse que aquella extraña reunión era en su honor, Shinji servía y acomodaba los platos de las mujeres con las que departía, tomando entonces una olla donde se había preparado una especie de picante guisado que aún burbujeaba en su interior.

—¡¿Qué rayos es esto?!— exclamó Ristuko horrorizada, al ver la consistencia y estado de aquél viscoso fluido que Shinji vertía sobre su plato, compartiendo su suspicacia con respecto de aquél singular platillo.

—¡Es curry!— se apuró a contestar Misato —¡Será mejor que te apures a probarlo, antes que se acabe! ¡Modestia y aparte, me quedó delicioso!

—¿Delicioso? ¿De qué estás hablando, mujer? ¡Es curry instantáneo!— dijo entonces Akagi, analizando muy de cerca las propiedades de la sustancia en su plato, antes de siquiera atreverse a llevarlo a su boca —Ó por lo menos creo que fue curry instantáneo en algún punto, antes de que lo arruinaras…

—¡Le recuerdo que es usted una invitada en esta casa, doctora!— repuso la dama de cabellera oscura —¡Lo más educado es no quejarse y guardarse sus comentarios!

—Hubiera preferido terminar en la pizzería— suspiró entonces su compañera, abatida.

Cuando Ikari hizo el intento por servir el plato de su tutora, ésta lo detuvo alzando la mano, para luego deslizar sobre la mesa un recipiente de sopa instantánea sabor a curry que recién había preparado.

—¡Tadáan!— anunció la capitana, bastante orgullosa de sí misma, mostrando el envase como si se tratara de algún costoso trofeo —¡Voy a querer que me sirvas esa delicia justo aquí! ¡Y más te vale no ser tacaño con mi porción!

—No estarás hablando en serio— mencionó el joven, asqueado con la repugnante combinación que lo estaban obligando a realizar.

—¡Ya dejen de ser tan delicados! ¡Si lo probaran, sabrían de lo que hablo, es un platillo suculento!— una vez que le habían servido su ración, Misato se ocupó en preparar aquél inusual guiso como a ella le gustaba, cuidándose de mezclar muy bien ambos componentes para que la consistencia fuera la adecuada y el sabor rindiera al máximo —Jamás podrían obtener algo así con una simple sopa de fideos con sabor a curry… mi secreto es sólo agregar la mitad de agua caliente al vaso de sopa, así la mezcla queda perfecta… ¡es todo un agasajo al paladar!

Aún cuando la dueña de la casa llevaba un rato engullendo sus alimentos, los invitados a la cena no estaban muy seguros de unírsele. Todo lo que estaba dispuesto en esa mesa para su consumo era precocinado, por lo que no podía esperarse encontrar buenos sabores en todo eso, y por si no fuera suficiente, aquellos alimentos tenían una sospechosa apariencia que los hacía desconfiar de su buen estado. El que la mascota de la casa, el pingüino Pen-Pen, ni siquiera se asomara a ver el interior de su plato, donde se le había colocado una generosa porción de esa comida, tampoco era un buen signo. Sin embargo, al verse imposibilitados de buscar en aquella casa alguna otra fuente de alimentación, al final hubieron de resignarse y pronunciar el tradicional lema japonés: "Itadakimasu!", anunciando que comenzaban a comer.

—Entonces, Misato…— pronunció entre dientes Ritsuko, una vez que había ingerido un pequeño bocado del contenido de su plato, tratando de no conservar aquél horrible sabor en su boca —¿Tú cocinaste todo esto? ¿No hay algo que tú no hayas hecho?

—¡Nop! ¡Lo hice todo yo solita, sin ninguna ayuda!— confesó Katsuragi con gesto complacido —¡No tienen que agradecerme, por cierto! ¡Lo hice con mucho cariño!

—La próxima vez, invítame a cenar cuando sea el turno de Shinji de cocinar— propuso luego Akagi, rehusándose a comer más de aquél pastoso amasijo —Sólo para probar otro tipo de sazón… me cuesta trabajo creer que eres incapaz de cocinar incluso comida instantánea…

—¡Grosera!— le contestó su amiga, mostrándole toda la extensión de su lengua en señal de infantil repudio.

—Espero que por lo menos pueda quitarme el mal sabor de boca con el pastel…

—¿Eh? ¿Cuál pastel?— interrogó entonces Shinji, mirando confundido hacia todas partes. Si es que había algo más para comer, estaba bastante seguro que él quería un poco, antes de seguir arriesgándose a una severa intoxicación alimenticia.

La anfitriona hubo de darle un fuerte, pero discreto puntapié por debajo de la mesa a su convidada. Eso y la fulminante expresión en su rostro le hicieron ver a la mujer de cabellera rubia el grave error que había estado a punto de cometer, lo que de inmediato quiso enmendar, al pronunciar vagamente para desviar el tema:

—Este… por cierto, Shinji… si yo estuviera en tu lugar, consideraría muy seriamente el cambiarme de casa. Te lo digo yo, no permitas que una compañera de cuarto mal portada y mimada te arruine la vida…

—A decir verdad, ya me he acostumbrado a sus modos— repuso el joven Ikari, extrañado por la actitud de Akagi.

—Él tiene mucha razón, doctora— añadió Misato, abriendo una lata de cerveza —No subestime la capacidad de adaptación del ser humano a su medio ambiente. Además, si Shinji llegara a mudarse, tendría que hacer montañas de papeleo… por si no lo sabía, esos perezosos de recursos humanos apenas le acaban de entregar su nueva tarjeta de identificación oficial…

Las palabras de su anfitriona parecieron despertar un recuerdo enterrado en la psique de Ritsuko, pues en el acto peló los ojos y cuanto antes se dio a la tarea de hurgar en las profundidades de su bolso, como buscando algo que había olvidado.

—A própósito, Shinji, tengo un favor que pedirte— dijo la oficial científica, casi metiendo la cara completa en las fauces de su accesorio.

—¿A mí?— preguntó incrédulo el jovencito. Aquella era la primera ocasión que trataba a Akagi fuera del ámbito laboral, por lo que se le antojaba difícil que ya le tuviera la confianza suficiente como para pedir su ayuda en cualquier cosa.

—Esta es la nueva tarjeta de ingreso de Rei Ayanami— señaló una vez que por fin pudo ubicar y sustraer de su bolsa la susodicha mica. Era una nueva tarjeta de identificación, otra de las reformas de la seguridad interna, consecuentes de la breve intromisión guerrillera al Geofrente —Siempre me encargan que me ocupe de los asuntos de esa muchacha, y a decir verdad a veces puede ser un completo fastidio… todo el tiempo estoy muy ocupada con mi trabajo, así que con tantas cosas en la cabeza simplemente olvidé dársela… no quisiera tener que molestarte, pero, ¿podrías ser tan amable de entregársela mañana? Sé que su departamento te queda de paso en el camino al cuartel, y me ayudaría muchísimo que pudieras hacer esto por mí…

—C-claro… por mí, no hay problema— asintió Shinji, casi en automático, apenas cuando escuchó que era algo concerniente a Ayanami, aquella muchachita que en últimas fechas le estaba quitando el sueño, para bien ó para mal.

Ambas féminas tomaron nota del prolongado lapso de tiempo en que el joven Ikari miraba detenidamente el retrato de su compañera piloto en el pedazo de plástico que sostenía frente a su rostro, casi pegándoselo a la nariz.

—Rei es muy hermosa, ¿no es así?— inquirió Misato entonces, suspicaz, con voz susurrante, cómplice.

—Sí, lo es— contestó de inmediato el aletargado muchacho, dándose cuenta de su error hasta que ya fue muy tarde para enmendarlo, pese al repertorio de excusas que desplegó luego, con el rostro enrojecido —¡No, espera, no quise decir eso! ¡Lo que pasa es que yo…! ¡Es que tú…! ¡Vamos, ya sabes, no es como si yo…!

—¡Mírate nada más! ¡Estás todo ruborizado, hasta pareces un camarón! ¡Eres tan cómico! ¡Ja, ja, ja!— advirtió Katsuragi en uno de sus muy frecuentes ataques de risa, los cuales era común que fueran a costillas de su joven inquilino —¡Debes estar muy agradecido con Rikko, por fin te está dando la excusa perfecta para poder ir al departamento de Rei! Es más, incluso podría decirse que ella es la que te está haciendo el favor a ti, y no al revés…

—¿Podrías pasar un solo día sin dejar de molestarme?— suspiró Shinji, abatido —¿Ó es que acaso es mucho pedir?

—¡Pero es que es muy divertido!— admitió la dueña de la casa —Eres tan temperamental, es como si tuvieras un letrero pegado a tus espaldas: "búrlense de mí, por favor"…

—Me recuerdas a Misato cuando estábamos en la escuela— pronunció la mujer de cabello rubio —"Katsuragi-kaboom", así es como la llamábamos… recuerdo aquella vez que…

—¡Eso ya es historia antigua, Doctora Akagi!— exclamó enseguida la susodicha, con cara de pocos amigos —¡A nadie le interesa escucharlo!

—¿Lo ves? ¡A eso me refiero!— su compañera señaló entonces a su rostro encendido y el puchero de disgusto que había en él —¡"Kaboom"!

—Lo que pasa es que me parece muy raro que sepa tan poco acerca de Ayanami, a pesar de que también es una piloto como yo— terció el joven Ikari, al no querer verse inmiscuido en los pleitos entre esas mujeres —Eso es todo, no es que tenga algún interés oculto por ella…

—A pesar de todo, es una buena muchacha. Es sólo que…— Ritsuko tuvo que acomodar su cabello, que comenzaba a estorbarle, mientras elegía cautelosamente sus palabras —Bueno, es muy parecida a tu padre… no les gusta mucho…

—¿No les gusta mucho, qué?— preguntaron sus acompañantes a la par, al cabo de unos momentos en que se había quedado en un reflexivo silencio.

—Vivir…

—Sólo trata de que Kai no se dé cuenta de lo que sientes secretamente por esa jovencita— le dijo Misato a su pupilo luego de un buen rato que todos permanecieron callados, una vez que terminó de darle un gran trago a su bebida —Ó las cosas podrían ponerse muy feas por aquí, te lo garantizo… ¡Oh, Ritsuko! ¿Qué te parece? ¡Estamos presenciando el nacimiento de un apasionante triángulo amoroso! Me pregunto quién será el afortunado caballero que termine quedándose con el corazón de la protagonista… ¡Oh, la tragedia, la pasión desbordante! Y pensar que todo esto pudo haberse evitado si es que le hubieras pedido a Kai que entregara esa tarjeta por ti… pero conociéndote, seguramente calculaste que todo esto sería mucho más interesante, ¿no es así?

—Lo único que entró dentro de mis cálculos es que Rivera es un mocoso inútil y malcriado, bueno para nada, al que ni siquiera le confiaría el cuidado de una abeja en un frasco cerrado— confesó Akagi, poniéndose de mal humor con la sola mención de aquél muchacho mientras tamborileaba con los dedos sobre la mesa —¡Solamente ve la hora que es, por Dios! ¡Se supone que debió haber llegado hace más de una hora! Dime, ¿dónde está ese gañán incompetente?

—¡Relájate, no debe tardar!— Katsuragi se apresuró a excusar a su protegido, no queriendo darle tanta importancia a su retraso —Tan sólo está llegando elegantemente tarde, tampoco es para que te pongas como loca…

—No sabía que estábamos esperando a Kai— pese a lo mucho que las damas que lo acompañaban querían disimular, lo cierto es que Shinji comenzaba a sospechar lo que traían entre manos, lo que le ocasionaba una gran expectación y cierta ansiedad que podía sentir en la boca del estómago —¿Acaso es una ocasión especial?

El gesto contrariado en las caras de ambas fue la única respuesta que obtuvo, antes que fueran salvadas por el providencial arribo de Rivera a la casa, lo cual hacía casi arrastrándose, con la vista gacha y el cuerpo encorvado.

—¡Ay, pero qué día tan miserable!— expresó el muchacho en cuanto puso pie en su morada —¡Más de doce horas como gárgola al pie de una reja, para nada! Y creo que todo ese aire puro de montaña hizo que me hiperventilara… ¡Estoy molido! ¿Qué hay para cenar? ¿Algo rico?

El recién llegado tuvo que guardar silencio ante las inquisitivas miradas de las que era objeto por parte de los otros tres comensales, una vez que ya se había sentado cómodamente a la mesa en espera de sus alimentos.

—¡Uy, qué caras!— continuó al cabo de un momento de vacilación, observando el semblante severo de sus acompañantes —¿Quién se murió, ó qué? ¿Y esta rubia oxigenada que está haciendo aquí? Capitana Katsuragi, sabe bien que no me gusta ver tan noche a su amiguita porque al rato que me duerma tendré pesadillas… ¡Oh, pero miren cuántas exquisiteces! ¿Acaso se trata de una fiesta privada a la que no fui invitado?

—Te lo dije— sentenció Ritsuko, tajante, sin dejar de fustigar con la mirada al incauto chiquillo —Te dije que esto era lo que iba a pasar: al muy idiota se le olvidó todo…

—¿De qué cuernos habla este espantajo?— interrogó Rivera, molesto por la agresión.

—El cumpleaños de Shinji— pronunció Misato en el mismo tono firme que usaba su compañera y compartiendo su gesto facial, cruzada de brazos —¿Sí recuerdas que planeamos hacerle una fiesta sorpresa?

La expresión congelada de pavor que irrumpió entonces en el rostro del jovenzuelo fue toda la respuesta que pudieron necesitar para confirmas sus sospechas. No obstante, aún cuando estaba contra las cuerdas y con todas las evidencias en contra, el olvidadizo muchachito intentó salir avante a como diera lugar, tartamudeando mientras contestaba con dificultad, sin salir de su estupefacción:

—¡C-clarooo! ¡P-Pero por su-supuesto que sí lo recuerdooo! ¡Ja, ja, ja! ¡Ustedes fueron los que cayeron en mi trampa! ¡Es mi sorpresa de la fiesta sorpresa! ¿Qué les pareció, trío de ingenuos? ¿A qué no se lo esperaban, eeh? ¡Ja, ja, ja! ¡Deberían ver sus caras! ¡Cayeron, cayeron, lero lero!

El pétreo aspecto en las caras de sus acompañantes no cambió un solo ápice con su supuesta treta, sin que alguno de los presentes fuera lo suficientemente ingenuo como para caer en su evidente embuste. Sin embargo, Rivera se mostró lejos de querer darse por vencido, por lo que incluso tuvo el descaro para ponerse en pie e intentar amenizar la reunión a su manera, y así hacerles olvidar pronto su falla.

—¡En serio! ¿Cómo pudieron pensar que podría ser capaz de olvidar el cumpleaños de Shin-chan, mi gran amigazo del alma! ¡Cantemos todos en su honor, vamos! ¡Arriba esos ánimos, abajo el mal humor! ¡Ea!

"¡Es tu cumpleaños

Que seas muy feliz

Y todos te deseamos

Te crezca la nariz!

¡Abre tus regalos

Que seas muy feliz

Cumples catorce años

Pareces codorniz!"

Pese a la sonrisa que en esos momentos intentaba forzar en el rostro de su compañero de cuarto, jalando sus labios de la comisura hacia arriba, una vez que terminó de haber canturreado y bailoteado como todo un ridículo, lo cierto es que la furibunda mirada que el joven Ikari le dedicaba decía mucho más que cualquier insulto que pudiera pensar en esos incómodos instantes.

—¿A quién tratas de engañar, imbécil?— reclamó enseguida Akagi, harta de tener que aguantar sus tonterías —¡Es obvio que se te olvidó por completo lo que tenías que hacer! ¡Por una vez en la vida sé un hombre, y ten el valor para admitir que te equivocaste!

—Hmmm… ¡na-aaah! ¡Ya les dije que todo era parte mi plan!— dijo el acosado muchacho, sin soltar la boca de Shinji.

—Bien, en ese caso, espero que hayas traído el pastel que te pedí que recogieras— repuso Katsuragi sin dejar de lado su severa expresión —¿Y dónde están Toji y Kensuke, los amigos de Shinji? Dijiste que tú les avisarías de la fiesta y aún no han llegado… ¿sabes si les ocurrió algo?

—¡Ah, eso! Este… sí… todo eso está… abajo… ajá… lo que pasa es que… no quería arruinar la sorpresa de la fiesta sorpresa… así que… si me disculpan… tengo que irme… abajo… por todas esas cosas… que tú dijiste… vuelvo en un parpadeo…. ¡No se vayan! ¡Este reventón apenas empieza, se va a poner de locos! ¡Yujuuu, fiestaaa!

La forma tan apresurada en la que el distraído jovencito abandonó la casa les hizo saber a los demás que no había ni pastel ni amigos esperando abajo.

—No piensa volver, ¿cierto?— mencionó un muy decepcionado Shinji, cabizbajo, al cabo de un rato de espera. Su vaga ilusión de una cálida celebración en su honor se había diluido por completo, evaporándose tan rápido como Rivera abandonó el departamento. Estaba desencantado, pero a la vez resentido con ese torpe individuo que había arruinado todo con su negligente descuido.

—Lo dudo mucho— contestó Ritsuko, poniéndose en pie, alistándose para partir —Y si es que lo hace, volverá con otro acto estúpido y completamente improvisado, de pena ajena. Si me disculpan, se hace tarde y mañana temprano tengo un experimento por realizar… Shinji, pese a todo, te deseo un feliz cumpleaños. Quizás no fue lo que esperábamos, pero recuerda lo que te dije acerca de los malos compañeros de cuarto… aún no es muy tarde para que rectifiques, antes de que te sigan haciendo la vida imposible… además, estoy segura que el karma te lo compensará algún otro día, no te preocupes…

—No pasa nada— dijo secamente Ikari, levantándose también para despedir a su invitada, inclinando cortésmente la cabeza y la parte superior del cuerpo —A fin de cuentas, la intención es lo que cuenta y me da gusto que hayan recordado mi cumpleaños… muchas gracias por venir, doctora, que tenga muy buena noche…

—Aquí tienes tu obsequio— la oficial científica hizo entrega de un estuche rectangular, envuelto en papel lustre azul —A decir verdad, no tenía idea de qué regalarte, pero en la tienda que pregunté me aseguraron que este es el videojuego más popular entre los jovencitos hoy en día. Espero que sea de tu agrado…

—Le agradezco, no se hubiera molestado…

—¡Oh, ahora es mi turno!— irrumpió en escena una muy entusiasta Misato, cargando otro envoltorio de color morado —¡Toma mi regalo, seguro que te va a encantar! Ni siquiera te molestes en preguntarme en qué es, por que es un se-cre-to… ¡Está bien, tú ganas! ¡Es un nuevo reproductor musical! ¡Mucho más compacto, audífonos de alta definición y con una memoria más potente que la de la reliquia que siempre cargas a todas partes! Da pena verte con ese vejestorio tan desgastado, pero este bebé te ayudará a que luzcas mejor… ¡No, no agradezcas, sabes lo generosa que soy! ¡En serio que no fue nada!

—Bueno… pues entonces… gracias… supongo— masculló el agobiado muchacho, teniendo la sonriente carita de Katsuragi a solo un palmo de distancia.

El timbre de su celular llamando le consiguió algo de espacio, para que pudiera contestar al aparato. En primera instancia lo observó con suma extrañeza, pues era bastante raro que alguien le llamara. El número que apareció en la pantalla le resultó desconocido, por lo que hubo respondió cauteloso:

—¿Sí? ¿Diga?

—Hijo… soy yo— una voz grave y profunda, parca, se escuchó del otro lado de la línea.

—¿P-padre?— Shinji apenas si podía dar crédito a lo que escuchaba.

—Es correcto. Espero que aún no sea muy tarde para desearte un feliz cumpleaños… disculpa que no te haya hablado antes, pero mis tareas me mantuvieron muy ocupado, hasta este momento…

—¡N-No, claro que no! ¡No hay problema!— el muchacho era un amasijo de emociones en esos momentos, a punto de casi romper en llanto. ¡En verdad, en verdad lo había recordado! ¡Realmente significaba algo para él, aún cuando fuera muy en el fondo y casi nunca lo demostrara! —Es sólo que… no sé que decir… llegué a pensar que lo habías olvidado por completo… pero ahora… bueno, me hace feliz darme cuenta de mi error…

Aún cuando no hubieran querido inmiscuirse en la conversación, para sus dos acompañantes era evidente el estado en el que se encontraba, por lo que no pudieron evitar poner una mano en su corazón y soltar un hondo suspiro de entre alivio y ternura. Por lo menos el día terminaba bien para el desafortunado Shinji.

—Para serte sincero, por poco y lo olvido— le respondió su interlocutor —Fue mediante la oportuna intervención de Rivera que pude recordarlo. Fue ese intrépido y genial jovencito el que me llamó para avisarme que hoy era tu cumpleaños. ¡Qué tipazo es, ese Rivera! Si tan sólo pudiera ser tan listo y apuesto como él, seguramente no sería el lastimoso anciano decrépito, amargado y apestoso que soy…

Hasta antes de eso, la personificación del Comandante Gendo Ikari al habla había sido bastante convincente. Sin embargo, en un gesto notoriamente deliberado, el suplantador había dado claros indicios acerca de su verdadera identidad, la que Shinji desveló sin mayor demora al avanzar hasta la puerta como un toro furioso y abrirla abruptamente.

Detrás de ella se encontraba Kai, sujetando su celular y destornillándose de la risa. En cuanto lo vio frente a él lo señaló burlonamente, sin siquiera atinar a terminar con la llamada, prisionero de los violentos espasmos que lo sacudían cada vez que se carcajeaba.

—¡No puedo creerlo! ¡Ja, ja, ja! ¡Te la creíste todita, no puede ser! ¡Ja, ja, ja! ¡Tú… tú en realidad creíste… creíste… que ese papanatas miserable te llamaría para felicitarte! ¡Ja, ja, ja! ¡Pero qué ingenuo! ¡Ese infeliz sólo te llamaría si necesitara que le donaras un riñón ó algo por el estilo! ¡Debiste ver tu cara cuando abriste la puerta! ¡Aaay, no puedo más! ¡Me duele la panza, que alguien me detenga por favor! ¡No puedo parar de reír! "Descuida, Rivera, yo te salvaré…"— dijo, emulando una vez más la voz del comandante, para después volver a deshacerse en risotadas, abrazándolo confianzudamente del cuello —¡Es que… eres tan tonto! ¡Ja, ja, ja! ¡Se nota que no conoces, para nada, al cerdo de tu padre! ¡Aún tienes mucho por aprender durante tu estadía aquí, mi pequeño saltamontes!

—¡Eres… un… estúpido!— bramó la Doctora Akagi, y sin poder contenerse más sujetó su bolso como un martillo, descargando todo su peso sobre el cráneo de Kai, el cual se sacudió como lo hubiera hecho una pera loca.

—¡Óyeme! ¡¿A ti qué cuernos te pasa, loca desgraciada?!

—¡¿Qué rayos es lo que te pasa a ti, idiota redomado?!— intervino entonces una rabiosa Misato, recetando un poderoso coscorrón en la ya de por sí castigada cabeza del imprudente muchacho —¡¿No te bastó con haber arruinado la fiesta, encima tenías que hacer todo este circo?! ¡¿Dónde está tu dichoso pastel y los demás invitados?! ¡Tarado!

—¡Bah! ¿Un simple y aburrido pastel, dices?— respondió el chiquillo, acariciando la parte lastimada de su cráneo —¡Eso ya es anticuado, pasado de moda! ¡Mi amigo Shinji se merece algo mejor que eso! ¿Quién necesita un pastel rancio, cuándo puedes tener el postre que causa sensación en toda América? ¡Cupcakes!

Dicho esto sustrajo varias cajas con los mencionados pastelillos, de la bolsa de plástico que hasta ese momento nadie había advertido que llevaba consigo. La marca impresa en la bolsa y los empaques de cartón delataban su visita exprés a una tienda de conveniencia cercana, de esas que trabajan las veinticuatro horas de los siete días de la semana.

—¿Cómo les quedó el ojo? Mi mente sagaz y analítica concluyó que esta variedad de postre supera al pastel tradicional en varias categorías en un… este, digamos, veinte por ciento… ya que además puedes combinar a la vez una gran variedad de sabores y consistencias, quedando satisfecho incluso el gusto de los invitados más exigentes en un ciento por ciento. Además, compré los suficientes para poder formar los kanjis del nombre del festejado… ¡Contemplen!

Con una pasmosa agilidad y destreza, Rivera se abocó a acomodar sobre la mesa una gran cantidad de pastelillos para formar los símbolos japoneses que en su conjunto significaban "Shinji Ikari".

—Si quieren tomar fotos de esta obra maestra, ahora es cuando deberían sacar sus cámaras fotográficas— pronunció aquél joven maestro de la improvisación, hinchado de orgullo —Estas cosas son deliciosas, pueden escoger de entre todos los sabores y colores: aquí tengo de vainilla, chocolate, fresa, nuez, canela, plátano, manzana, naranja, cereza, zarzamora, limón, arándano, menta y mi favorito personal: ¡coca-cola!

—No puedo creer tu descaro— musitó Katsuragi, cubriéndose el avergonzado rostro con la mano —Justo cuando creo que ya no puedes caer más bajo, y entonces me sorprendes haciendo algo absurdo como esto…

—A mí me sorprende la gran variedad de sabores que puedes conseguir en una simple tiendita de conveniencia— confesó Ritsuko, revisando minuciosamente aquellos postres apilados —Pero bien pudiste haber traído de zanahoria, asno, también olvidaste que ese es mi sabor favorito…

—Era lo único que había y lo compré todo— dijo el joven entre dientes, para de inmediato rectificar, apurado —¡No, lo que quiero decir es que la zanahoria es un asco! ¡Guácala!

—Muy bien, chico cupcake, ¿qué hay de los demás?— interrogó la capitana, con los brazos cruzados en gesto de reproche —Toji y Kensuke sabían de esta fiesta, ¿cierto? ¿Dónde están ellos? No me vayas a decir que los traes en una de tus cajitas de pastelitos…

—¡Claro que no! ¡Daaah!— gesticuló Rivera, imitando sarcásticamente el espasmo de un paciente mental mientras se dirigía a la puerta —Para serles sincero, no creo que ese par de lerdos sean una buena compañía para el buen Shinji… la gente ya se acostumbró a verlos juntos, yendo a todas partes sin separarse jamás, y comienzan a hablar… ya saben… así que un tipo rudo como mi querido amigo necesita juntarse con personas de más categoría, que le hagan ver a todos los demás que este muchacho es de armas tomar y más les vale no meterse con él… ¡Así que es todo un honor para mí presentarles a los nuevos mejores amigos de Shinji: los Aoi Kaze Destroyers!

En cuanto terminó su dramática presentación abrió el umbral de la casa, para que de inmediato una veintena de desagradables, grotescos, y nada confiables rostros comenzaran a asomarse al interior de la vivienda, todos ellos pertenecientes a una pandilla nómada de motociclistas. La mayoría de aquellos individuos portaban cicatrices de violentas peleas, peinados con copetes bastante extravagantes, largas gabardinas y demás indumentaria de construcción, tales como cascos, cubre bocas, entre otros… además de cargar a cuestas una muy mala actitud.

—¡Oigan, este cabezón tenía razón!

—¡Aquí hay comida caliente, bebida y mujeres, qué bien!

—¡Este lugar es el paraíso, acampemos aquí un buen rato!

—¡Yo pido meterle mano a esa fogosa rubia primero!

—¡Esos polizontes nunca podrán encontrarnos aquí!

—¡Miren esto, amigos: montones de cerveza!

—¡En su incansable peregrinar nacional, desde la lejana prefectura de Miyazaki, estos valientes y soñadores muchachos harán pensar dos veces a cualquiera que quiera hacerle pasar un mal rato a nuestro querídisimo joven Ikari!— a pesar de que los vándalos ya se habían colado al interior del departamento, hurgando groseramente entre todos los rincones y pertenencias de sus habitantes, Rivera proseguía presentándolos como si se trataran de las más finísimas personas con las que jamás pudieran tratar —¡Estos nobles bosozoku, ó tribu violenta sobre ruedas, se niegan rotundamente a que sus tradiciones perezcan bajo el aplastante yugo de estos inhóspitos tiempos modernos, y al rodar por las carreteras de este honorable país enarbolan muy en alto los máximos ideales de libertad y coraje! ¡Qué emoción, qué envidia produce el poder trabar amistad con todos estos espíritus indomables!

En todo ese intervalo de tiempo Misato, Ritsuko y Shinji habían permanecido perplejos, casi en shock, sin poder moverse de la impresión. Se preguntaban qué cosa tenía en la cabeza aquél muchacho para que, en el colmo de toda estupidez concebible, le pareciera una buena idea llevar a una salvaje banda de motociclistas, que obviamente se había topado en la calle de camino a la tienda, hasta las entrañas de su propio hogar, de paso poniéndolos a todos ellos en inminente peligro. Mientras que el líder de la pandilla empezaba a rodear alevosamente con los brazos a las dos mujeres y todos los demás se encargaban de arrasar con las provisiones de comida y bebidas alcohólicas, el veredicto de los tres acompañantes de Kai fue contundente, unánime:

—¡PERO QUÉ IMBÉCIL ERES!

Ya estaba muy entrada la madrugada cuando por fin se habían podido deshacer de sus supuestos nuevos amigos, los "Aoi Kaze Destroyers" y la calma volvía a la residencia Katsuragi, por lo menos la suficiente como para intentar conciliar el sueño. Lo bueno de vivir en un país como el Japón de ese entonces, deshabitado y con una tasa delictiva que casi rayaba en cero, es que inclusive los más violentos criminales de esos rumbos resultaban ser bastante decentes, tanto como para negociar con ellos el dejarles los suministros en cerveza y comida instantánea de todo un mes, además de la mayor parte de los cupcakes, con tal de que abandonaran aquél lugar y nunca más regresaran.

A varias horas de que su cumpleaños oficialmente hubiera terminado, podía decirlo con toda seguridad: había sido un asco, un completo desastre, uno de los peores días de su vida. Pesadamente, como si su cuerpo estuviera hecho de piedra, Shinji preparaba la colchoneta en la que dormía sobre el piso de su habitación compartida. Luego de tanto rato de angustiante tensión, tiempo durante el cual temió seriamente por su integridad física y la de sus acompañantes, toda su humanidad le exigía a gritos un descanso. Eso, además de los constantes punzones que estrujaban su cabeza.

No obstante su descanso debería esperar, aparentemente un poco más, ya que desde su lecho podía escuchar claramente toda la letanía de severas amonestaciones que la dueña de la casa aún seguía dando al Doctor Rivera, reprochándole sobre todo su descuido e imprudencia, aunque en un lenguaje un poquito más fuerte y folclórico.

Transcurrieron varios minutos, que parecieron eternos, para que finalmente Kai quedara libre de unirse a su compañero de cuarto en el interior de su recámara. Llegaba encogido, como perro con el rabo entre las patas, casi sin hacer ruido y despojado de todo rastro de su característico locuaz estado de ánimo. Los justos reclamos de su tutora le habían calado hondo y se encontraba sinceramente arrepentido por su actuar.

—Eh… hola, Shinji— saludó en voz baja al entrar —¿Aún no te duermes? Bien… le prometí a Misato que me disculparía contigo lo más pronto posible…

—¿O sea que si Misato no te obligara, no considerarías necesario disculparte?

—No… ¡bueno, claro que sí! ¿Qué te puedo decir? Lamento haber arruinado toda tu fiesta, te juro que esta mujercita puso todo su empeño para que saliera a la perfección. Su error fue encomendarme tareas tan importantes, así como he estado todos estos días… en mi defensa, puedo decir que hice todo lo que estuve a mi alcance para salvar la situación… pero tal parece que sólo arruiné las cosas… lo siento mucho… por lo de los motociclistas, los cupcakes rancios y esa llamada de broma de tu padre… ahora reconozco que fue algo cruel y fuera de lugar, pero en su momento me pareció que te alegraría el día… obviamente los dos no consideramos gracioso las mismas cosas…

—No, no te preocupes, todos necesitamos una buena risa de vez en cuando… sin importar si es a costa mía… además, sé muy bien por todo lo que has pasado y todas las preocupaciones que tienes encima. Está ese asunto de tu tío muerto, ese sanguinario matón que asesinó a más de 200 personas, muchos de ellos compañeros nuestros en NERV, antes que lo pudieran fulminar como a un perro… ni siquiera puedo imaginarme como debes sentirte al respecto… y por si eso no fuera suficiente, encima de eso tu novia tiene el descaro de estar de cariñosita y haciéndole ojos de borrego a mi padre, en frente de todos en el cuartel, cuando a ti ni siquiera te deja tomarla de la mano en público… me alegro mucho que no puedas escuchar todo lo que la gente cuchichea de ustedes tres a sus espaldas, algunos de esos comentarios son bastante ofensivos… así que es bastante entendible que una cosa tan insignificante como los arreglos para mi fiesta sorpresa ocuparan tan poco espacio en tu grandioso cerebro. Sólo puedo imaginarme lo abrumado, miserable y mortificado que debes sentirte en estos días, la verdad es que no me gustaría estar en tus zapatos. Así que pierde cuidado, no quedan resentimientos entre ambos… espero que pronto puedas solucionar todos esos difíciles problemas que agobian tu vida, si hay algo en lo que pueda ayudar no dudes en pedírmelo… ahora si me disculpas, estoy muy cansado y quisiera dormir, así que buenas noches… con tu permiso…

Aunque se decía dispuesto a entrar al mundo de los sueños, volteándose de lado y reposando su cabeza sobre su almohada, lo cierto es que al joven Ikari bien le hubiera gustado ponerse a dar brincos de felicidad en ese mismo instante. Había dejado enmudecido a Rivera, que se quedó petrificado en su lugar como ausente, y con ello se había cobrado casi todas las afrentas que le había hecho desde que se mudó a ese lugar. Le hubiera encantado restregárselo en la cara, pero de momento se conformaba con la satisfacción de saberse a mano. ¡Y de qué forma!

Por otra parte, sintiéndose sofocado, como si acaso le hubieran dado un fuerte golpe en la boca del estómago, Kai hubo de tomar asiento sobre su cama al sentir que las piernas le flaqueaban. Permaneció vario rato más, en absoluto silencio y sin mover un músculo, la mirada perdida en medio de la oscuridad de su cuarto. Cabe destacar que aquella era la primera ocasión en la que Shinji conciliaba el sueño mucho antes que él.

La fresca mañana de ese domingo 8 de Junio del año 2015 encontraba a Shinji Ikari caminando con paso ligero por la acera, pese al poco tiempo que pudo descansar de todo el ajetreo de la noche anterior. Se sentía extrañamente vigoroso, revitalizado, listo para iniciar con el pie derecho el nuevo día. Ni siquiera el hecho de andar por la parte más vieja y fea de la ciudad hacía mella en su renovado estado de ánimo. Los ruinosos y abandonados edificios del multifamiliar más antiguo de Tokio 3 vigilaban sus pasos, a la expectativa.

Entre toda esa grisácea monotonía y estructuras desvencijadas uniformes, al muchachito le costó algo de trabajo guiarse para encontrar el departamento donde se alojaba Rei Ayanami, presto para poder cumplir con el encargo de la Doctora Akagi. Lo alentaba el hecho de poder demostrar ser mucho más responsable que su compañero de cuarto, pero también tenía que admitir que le emocionaba un poco tratar más de cerca a esa esquiva jovencita, que sin embargo le parecía tan atractiva.

Dejando de lado el estado de abandono del complejo habitacional, lo que más llamó su atención al momento de llegar fue encontrar el nombre de su padre en la placa que había al frente de la puerta, identificando al dueño de la vivienda. ¿Qué tanto le daba esa chiquilla a ese desvergonzado hombre, que incluso había llegado al extremo de ponerle casa? La respuesta que imaginó hubiera recibido una clasificación no apta para menores de edad por cualquier concejo censor. De cualquier modo, una vez llegado el momento de la verdad, nervioso, tocó el timbre frente a él.

En vano lo realizó tres veces más, sin recibir alguna clase de respuesta desde el interior. Mientras esperaba se dio a la tarea de contemplar superficialmente la triste estructura del conjunto de departamentos donde residía su compañera, muy diferente al suyo. Estaba muy despintado, a no ser por los coloridos rayones que los vagos hicieron con pintura de aerosol. Grandes grietas se asomaban por todas las columnas y paredes. El edificio en sí revelaba el estado de sus ocupantes. De lejos, pudo escuchar claramente cómo alguien eructaba copiosamente en el piso de arriba, los constantes ladridos de un perro que salían de un punto perdido, la discusión de una pareja un poco más allá, la triste canción de una solterona que venía del departamento de atrás del patio y sin contar los incesantes martilleos de una carpintería cercana.

Movido por un fuerte impulso de premura, el joven posó su mano sobre la perilla de la puerta, como para asegurarse que estaba cerrada y nadie estuviera en casa. Su sobresalto fue mayúsculo, cuando al girar dicha manija la puerta se abrió frente a él. ¿Qué clase de idiota dejaba la puerta sin cerrar, en un barrio como ese? Probablemente la misma clase de idiota preciosa que pensaba que era buena idea sostener amoríos al mismo tiempo con un hombre mucho mayor que ella y un muchacho imbécil con marcados principios de esquizofrenia.

—Hm… disculpa la molestia, ¿hay alguien aquí?— Ikari se tuvo que anunciar entonces, pues la puerta había producido un fuerte rechinido al abrirse —¿Ayanami? ¿Estás ahí?

Nuevamente, nadie atendía a su llamado. Al asomar su cabeza por entre el espacio abierto del ingreso, pudo entrever la ausencia de personas en el interior de la vivienda.

—Ayanami, soy Ikari— pronunció nuevamente al aire, sin saber si acaso había alguien que lo escuchara —No sé si estás en casa, pero voy a entrar…

Había pensado que en última instancia lo mejor era cerciorarse que no hubiera nadie en casa, y de ser así dejar en un lugar visible la tarjeta que se le había encomendado entregar, y así podría marcharse de una vez por todas de aquél sitio tan deprimente.

El lugar era oscuro y sofocante, sin ventilación palpable. Las cortinas estaban completamente cerradas, y las luces apagadas, sin nada que iluminara todo aquello, que parecía una fosa macabra. Sin ninguna clase de adorno, ni un florero, cuadro ó algún otro ornamento, absolutamente nada. Difícil creer que una mujer vivía allí. Desde cierto punto de vista, se parecía un poco a su apartamento, cuando Misato no limpiaba, con la única diferencia de la ausencia de las latas de cerveza. Observó con cierto bochorno la ropa tendida sobre la cama, cayendo por fin en la cuenta que su ocupante estaba en la regadera. Eso explicaba aquel sonido que escuchaba desde que había comenzado su intrusión.

—¡Mierda!— soltó de improviso sin poder evitarlo, al caer en la cuenta del garrafal error que acababa de cometer. Lo que había perpetrado tenía un nombre muy claro: allanamiento de morada. Y hasta donde sabía, eso seguía siendo ilegal en su país, penado incluso con la prisión.

A sabiendas que aún era muy joven para ir a la cárcel, el jovencito entró en pánico y quiso salir corriendo antes que pudiera ser identificado. En su premura y desesperación se le vio bastante torpe y falto de delicadeza, por lo que no reparó en la presencia de Ayanami a sus espaldas hasta que dio media vuelta y chocó con ella con sumo estrépito, viendo así frustradas sus intenciones de cualquier escape posible.

La situación que devino entonces parecía extraída del más absurdo guión de una delirante comedia televisiva. Cuando estaba en la regadera Rei escuchó claramente los pasos de Ikari dentro de su apartamento. Sin haber terminado del todo su ducha hubo de interrumpirla, esto con el objeto de salir a reclamar la intrusión a su privacidad. Ni bien se pudo secar el cabello, se pasó una larga toalla de baño por encima del torso, que le cubría hasta el muslo y fue en tales condiciones que se decidió a encarar al atrevido invasor. Y fue así que ambos se vieron envueltos en tan penoso encontronazo. La fuerza del golpe mandó a la muchachita de espaldas planas contra el piso, aunque en un impulso instintivo quiso asirse de la camisa de Shinji para evitar la caída. Éste, aturdido, desorientado y muy asustado no pudo ser de mucha ayuda y en su lugar terminó siendo arrastrado al suelo por la fulminada jovencita. En su aparatosa caída la toalla de baño que cubría a Rei salió volando, perdiéndose entre la marejada de confusión que se sucedió.

Todo terminaba con el muchacho encima de la postrada Ayanami, sin alguna clase de indumentaria cubriendo su descubierta anatomía. Las funciones motrices y de lenguaje del cerebro del chiquillo se detuvieron por completo debido a la fuerte impresión que acababa de llevarse y por el rápido, confuso suceder de los acontecimientos. Durante el transcurso de los eternos segundos subsecuentes ninguno de los dos pronunció palabra alguna, sus miradas en fiero combate la una con la otra. El joven Ikari, preso de aquél profundo trance, no atinaba a reaccionar de forma alguna, embargado por la apabullante sensación de sostener entre su mano el incipiente seno izquierdo de su compañera, el cual era tan suave y cálido a su tacto. Al estar perdido en la profundidad de los ojos escarlata de la joven podía divisar con toda claridad su gesto apacible, sereno, sin señal de molestia alguna en él. Ello, y la visión de sus finos labios entreabiertos, fue considerado por el abrumado chiquillo como una invitación para acercarse aún más, casi un desafío para que lo hiciera.

"¡Nopuedesernopuedesernopuedeser! ¡Estoy encima de ella! ¡Está completamente desnuda y yo estoy encima de ella, tocándola! ¡Y a ella no le molesta! ¡No le molesta para nada! ¡Esto es... esto es como un sueño! ¡Ella es tan hermosa, tan atractiva y yo estoy tocándola! ¡Desnuda! ¡Muévete, imbécil, reacciona! ¡Ella te está esperando, no hagas que se arrepienta! ¡Haz algo, lo que sea! ¡Muéstrale que también eres un hombre!¡Pronto!"

Tales pensamientos eran los que impelían a Shinji a la acción expedita, en tanto comenzaba a acercar su rostro al de la linda muchachita, quien seguía enmudecida, abstraída. No los separaba más que unos cuantos centímetros de distancia, pero tan corto trayecto se le antojaba una lejanía al intoxicado chiquillo, quien ya comenzaba a sentir el aliento apacible de la joven en su cara, lo que lo alentaba aún más a continuar. En dicho estado, nada lo hubiera podido detener de cumplir su cometido, a no ser por una simple y llana palabra:

—Quítate— pronunció Rei sin mayor miramiento, en su acostumbrado tono carente de toda clase de emoción. No había en su voz ni reproche ni enojo. Quizás, únicamente la necesidad de contar nuevamente con su espacio personal irrestricto.

Roto el hechizo al haber escuchado semejante demanda, Ikari recuperó el sentido en el acto, saltando como felino en retirada, liberando a su presa cautiva. Había caído en la cuenta que muy probablemente malinterpretó la situación a su entera conveniencia, aceptando en un sentido erróneo las inciertas señales que mandaba Ayanami con su escaso lenguaje corporal y verbal.

—¡L-Lo siento, te juro por mi vida que no era mi intención!— dijo el muchacho precipitadamente, aterrado, retrocediendo como si la chica estuviera hecha de llamas, pegándose a la pared más cercana, la cual hubiera atravesado de haber podido, mientras que Rei se ponía en pie —¡Todo fue un accidente, un accidente, te lo digo! ¡Llamé varias veces, pero nadie me contestó, pero la puerta estaba abierta, entonces yo...!

—¿Entonces te metiste, así nada más?— interrogó la joven en tanto comenzaba a ponerse la ropa, aparentemente sin darle importancia a que el apenado muchachito siguiera frente a ella —¿El que nadie te responda cuando llamas a la puerta es justificante para que te metas a una casa, sin alguna clase de invitación?

Nunca como entonces Ikari se había puesto a pesar en la enorme importancia que tenían las emociones que se le daban a las palabras al momento de vocalizarlas para una comunicación efectiva. El tono mecánico de su compañera le pareció vago, confuso, pues al escucharla era incapaz de precisar si aquello había sido una pregunta retórica, ó una especie de bien disimulado sarcasmo ó es que en verdad ella desconocía lo que le estaba cuestionando.

—Eh... pues... este... no— respondió el chiquillo, atribulado —Claro que no... discúlpame...

—¿Qué es lo que quieres?— preguntó de nuevo la muchacha, a mansalva.

Shinji tragó saliva entonces. En medio de todo el caos y la confusión, su aturdida mente lo había hecho olvidar la razón por la que en primera instancia se encontraba en ese lugar y había tenido que sufrir todo ese embarazoso percance, lo que lo llevaba también a preguntarse a sí mismo: ¿Qué carajos estaba haciendo ahí? Tenía algo que ver con pezones... no, no... era acerca de pantaletas ó, ó...

—¡Tarjeta! ¡Una tarjeta!— exclamó aliviado, una vez que se pudo concentrar y dar con la respuesta que buscaba con tanto ahínco —¡Ritsuko! ¡La Doctora Akagi, ella me encargó que te entregara tu nueva tarjeta de identificación! ¡Esta tarjeta que tengo justo aquí!

En ese momento Shinji sacó de su bolsillo la mencionada mica y la mostró como si se tratara de un brillante trofeo, pues a su entender aquello justificaba su presencia y lo redimía ante sus ojos. Ó por lo menos dejaba de ser el maniático pervertido en el que había transmutado hasta hace poco.

—Entiendo, en ese caso, entrégamela— indicó Ayanami, mientras arrebataba el pedazo de plástico de las manos de Ikari cuando pasaba a su lado, ya que estuvo vestida y lista para salir. Una vez que alcanzó la puerta de su vivienda, volteó a su interior, donde aún permanecía su confundido compañero —Ahora puedes retirarte, ó quedarte, si es que lo prefieres... aunque debo advertirte que si buscas sustraer algo con valor material, hallarás muy poco de eso aquí. Por otra parte, si lo que te interesa es de un carácter sexual desviado, guardo mi ropa interior en el segundo cajón de aquella cómoda. Sólo trata de no llevarte toda ó de no dejarla impregnada de sustancias corporales, la tengo contada de aquí hasta el fin de semana y no deseo perder tiempo en lavarla ó tener que adquirir más antes de tiempo.

Una vez aclarado el punto, y sin mayor protocolo, la jovencita de cabellera celeste abandonó el lúgubre recinto, cerrando la puerta tras de sí y dejando a un estupefacto muchacho dentro de su apartamento, del que no atinó a salir hasta varios momentos después, una vez que más o menos había digerido todo lo que había sucedido.

Del lado opuesto de la ciudad, en la suntuosa zona de la periferia boscosa donde los magnates de las nuevas Tokios erigían sus magníficos palacios, el Delegado de las Naciones Unidas en Japón, Kazuo Yamasaki, se disponía a disfrutar de una agradable mañana en el club campestre del que era socio, bastante merecida por cierto, una vez que había concluido una semana laboral por demás extenuante. Habiéndola dejado ya atrás, sin mayores preocupaciones, en lo único en lo que pensaba en ese entonces era en el relajante juego de golf que le esperaba en un par de horas más. Con semblante complacido abordó la enorme camioneta blindada en la que lo transportaban, no sin antes comprobar por sí mismo que las condiciones climatológicas de aquél magnífico día eran las idóneas para llevar a cabo su actividad de esparcimiento predilecta.

La reja de la entrada dio paso a la salida del vehículo, dejando atrás la soberbia vista de su enorme mansión pero a la vez obsequiándole el grato paisaje del refulgente bosque que le aguardaba en su camino. Abetos y demás vegetación propia de la región salían a su paso, delimitado cuidadosamente con un espléndido camino adoquinado que lo conducía hasta la salida a la carretera más próxima. La majestuosidad de aquellos parajes naturales era fastuosa, y la paz que irradiaba cada rincón de aquella estampa era contagiosa. El refrescante verde oscuro predominante tapizaba ambos lados de la brecha, y dentro de él podía distinguir a la distancia varios ejemplares de la fauna autóctona. Aves de plumaje colorido se asomaban desde sus nidos, al igual que ardillas que escalaban ágilmente por los troncos de los árboles y conejos que raudos y presurosos se dirigían a su madriguera. Su sentido de la vista parecía agudizarse, embargado por la belleza natural, pues parecía ser capaz de distinguir el más tenue movimiento dentro del espeso follaje que lo flanqueaba.

Fue de tal manera que pudo advertir el violento estremeciemiento que producía un animal de gran tamaño, que al parecer tenía trazada una ruta directa que lo conducía a su encuentro, aplastando ramas y arbustos a su paso.

—¡Cuidado!— alcanzó a avisar a su chofer, para que pudiera evadir ese manchón que salió de un brinco de entre la maleza justo frente a su vehículo, tratándose probablemente de un cervatillo ó alguna clase de mono muy grande.

Las enormes ruedas del transporte giraron y frenaron con estrépito, quemando caucho, salvándose tan sólo a unos cuantos centímetros de arrollar a la imprudente criatura. Aunque cuando Yamazaki pudo discernir la especie a la que pertenecía aquél animal, que rodeó el vehículo para ponerse frente a él, su espanto subsecuente fue mayor al que hubiera tenido si acaso se hubiera topado con algún yeti u hombre de las nieves ó cualquier otra clase de bestia fantástica.

—¡Maldita sea! ¡Me lleva el diablo, no puede ser!— exclamó frenético, casi jalándose los cabellos —¡Es ese bastardo infeliz de Rivera!

—¡Señor Yamazaki, qué enorme sorpresa encontrarlo en este lugar!— pronunció el muchacho, resoplando sobre la ventanilla que estaba justo a su lado, a la que se aferraba como si fuera un adorno de peluche con ventosas, cuya superficie límpida profanaba con sus manos sudorosas y grasientas, además de su aliento entrecortado —Vine a la montaña para ejercitar mi condición física, pero tal parece que me perdí de algún modo que aún no me logro explicar... llevaba mucho rato dando vueltas sin poder ubicarme, hasta que escuché el motor de la camioneta... ¡Gracias al Cielo que usted pasara por aquí, me ha salvado sin duda alguna! ¡Es la providencia, lo que lo ha puesto en mi camino y no cualquier otro artilugio meticulosamente planeado para acecharlo en el momento preciso que usted pasara por aquí!... ¿Le importaría darme un aventón hasta la parada de autobús más próxima? ¡Sé muy bien que alguien tan noble como usted no podría negarse a ayudar a alguien en problemas!

—Maldición... maldición...— mascullaba sin descanso el abrumado funcionario, hundiendo el rostro entre sus manos, sabiéndose vencido, acorralado, y sin más opción que tener que lidiar con aquél mocoso insoportable al que había estado evitando tan celosamente los pasados días y que ahora mismo abordaba confianzudamente su vehículo, sin invitación expresa ni decoro alguno.

Nunca como entonces el trayecto hasta el Geofrente se le había hecho tan largo y sinuoso. Teniendo que tomar la misma ruta que su compañera, Shinji hubo de seguirle los pasos a la distancia, en absoluto silencio y cargando aún a cuestas el aplastante peso de la deshonra que acababa de cometer tan sólo unos minutos antes.

Hasta ese día, el caminar detrás de Ayanami sin pronunciar palabra no le había significado problema alguno, pues era una situación que había llegado a considerar inclusive como normal. Pero en esos penosos momentos, con la herida que le producía su vergüenza aún tan fresca, aquél silencio le parecía asfixiante, recriminante, como si acaso la callada muchachita le echara en cara su falta con lo que él tomaba como un marcado gesto de desprecio, que no indiferencia, que muy probablemente era de lo que en realidad se trataba.

—Por cierto— dijo con voz trémula, cuando descendían por una larga escalera eléctrica que los conducía a los niveles inferiores del cuartel, tratando de disipar todos esos aires de zozobra que lo aquejaban —Buena suerte con tu prueba de hoy, Ayanami...

—¿"Buena suerte"?— repitió la jovencita, como si acaso no comprendiera el significado de aquellas palabras —¿A qué te refieres con eso?

—Pues...— pronunció Ikari, confuso —Hoy harán ese experimento para la reactivación de la Unidad Cero, ¿no es así?

—Es correcto, pero aún sigo sin entender lo que quieres decir...

—Supe que la última vez que lo intentaron, las cosas se salieron de control y que pasaste un mal rato, que pudiste haber salido lastimada... ¿acaso no te da algo de miedo volver a subirte a un Eva, dado lo que pasó en esa ocasión? Fue por eso que quise desearte suerte, para que todo salga bien...

—La suerte no tiene nada que ver con eso— repuso fríamente la jovencita de mirada carmesí, quien durante todo el curso de la conversación en ningún solo momento volteó a ver a su acompañante —Tú eres el hijo del Comandante Ikari, ¿cierto?

—Es lo que dice mi acta de nacimiento— quiso responder en un tono de chanza, aunque no le salió como hubiera querido —Aunque últimamente estoy empezando a tener mis dudas...

—¿Eres su hijo... y aún así no puedes confiar en el trabajo de tu padre?

—¡Claro que no!— contestó enseguida el muchacho, sin asomo de duda —¡Habría que ser un completo estúpido como para poder confiar en un hombre sinvergüenza como él!

Lo último que supo Shinji de sí mismo fue que en un veloz movimiento, que apenas si había podido percibir, Rei se había dado la vuelta para voltearle el rostro de una fuerte bofetada, que había reverberado por todo el amplio espacio que los rodeaba. Tan pronto como lo habia hecho, la chiquilla recobró su posición original, dándole la espalda. Su adolorida mejilla inflamada era la única evidencia de que aquél súbito desplante, por parte de la persona más inexpresiva que conocía, efectivamente tuvo lugar, y no solamente lo había imaginado, como en un principio pensó.

Luego de varios minutos de tedioso trayecto, durante los cuales se había llevadoa cabo una improvisada audiencia en el interior de la camioneta del delagado, el resultado que ésta arrojaba era irrevocable:

—¡¿Improcedente.?!— pronunció Kai, incrédulo, citando las palabras del funcionario que lo acompañaba —¡A mí no me venga con ese cuento!

—Le aseguro que desconfiar de mis palabras, Doctor Rivera, no cambia el irrefutable hecho de que el aprobar su solicitud escapa totalmente a todas mis funciones. Puede investigarlo con sus contactos extranjeros, si es que lo prefiere— contestó su interlocutor, quien degustaba un vaso de whisky escocés bastante cargado —Pero permítame ahorrarle todo ese esfuerzo y serle completamente franco: no creo que haya alguien, aquí en Japón, que pueda darle una solución a su dilema... Antonio Rivera era el líder terrorista más buscado por todas las agencias de seguridad internacionales... la disposición de sus restos es un asunto muy delicado, que compete directamente al Consejo de Seguridad de la O.N.U. resolver... y la verdad sea dicha, ambos sabemos muy bien quién es el que en realidad toma todas las decisiones en ese órgano de gobierno...

—Lorenz— musitó el jovencito, con aire funesto. Cada vez que pronunciaba ese nombre sentía trepar un horrible escalofrío por toda su columna.

—Por muy frustrante que le resulte, lo más aconsejable que puede hacer es lidiar con la resignación y desentenderse de todo este espinoso asunto. Tenemos que comprender que hay muchas cosas en las que nos vemos envueltos que escapan a nuestro control, lamentablemente esta fue una de ellas; lo mejor es olvidarlo lo más pronto posile y no dejar que afecte el satisfactorio desempeño de nuestras labores... vuelva a su trabajo, Doctor Rivera, es lo único que queda...

—Qué gracioso que lo mencione, señor Delegado, porque en últimas fechas no tengo idea cuál sería la función que tengo que desempeñar, a raíz de este trabuco que ustedes y el señor Ikari armaron a mis espaldas, para sacarse de la chistera el dichoso convenio con NERV al cual ahora mi equipo y yo nos tenemos que apegar...

—Soy el primero en admitir que la redacción de dicho documento se realizó de una manera un tanto precipitada, lo que deja espacio a vaguedades y vacíos legales, pero ya estamos trabajando para corregir esas pequeñas inconsistencias y poder entregar un dictamen que satisfaga a todas las partes.

—¿Todas las partes? ¿Qué otras partes puede haber? ¡Aquí debe haber una sola parte: la nuestra! ¡Mi equipo de trabajo cumplió en tiempo y forma todos los objetivos trazados! La construcción de una unidad Evangelion mucho más eficiente que las desarrolladas previamente, a un costo mucho menor y en un plazo relativamente más corto. La terminación efectiva de las Entidades de Destrucción Masiva a las que se enfrente nuestro Eva en una situación de combate real... la División a mi cargo efectuó todas estas tareas sin la necesidad de que ni Ikari ni sus esbirros metieran las narices. A mi entender, de esta forma queda de manifiesto que una agencia inflada y con evidente sobrepeso, como NERV, está de más en tales circunstancias. Así que dígame, señor Yamazaki, ¿para qué demonios la necesitamos? ¡A mí se me hicieron promesas que no han sido cumplidas!

—Doctor Rivera, nadie duda de su extensa capacidad para encargarse de tales encomiendas, y a todos los que estamos inmiscuidos en estos asuntos de política internacional nos queda bastante claro que, dadas sus excepcionales habilidades, si acaso el tiempo y los futuros acontecimientos lo permitieran, usted está llamado a ser uno de los próximos líderes mundiales en los años por venir. Todos quisiéramos ver con ahínco hasta donde lo emcumbrarán sus dones como eminencia científica y como ser humano, y hasta qué grado de desarrollo podría llevar a la raza humana bajo su dirección. Pero tiene que entender que en estos momentos, por muy competente que haya demostrado ser, sería bastante prematuro y hasta ingenuo depositar tamaña responsabilidad en alguien tan joven como usted. De eso es lo que se trata todo: usted aún es muy joven, demasiado para el gusto de muchas de las personas que inciden en el entramado gubernamental del que formamos parte. En bastantes ocasiones ha manifestado adolecer de tacto y oficio político para conducirse, cosa que en contraparte Gendo Ikari tiene en demasía. Esa es la diferencia fundamental que existe entre ambos y que inclinó la balanza por el último. Y esas cualidades no las otorgan los estudios, sino los años y años de experiencia de los que usted carece. En conclusión, y para ponerlo en terminos más mundanos, aún es muy pronto y debe esperar por su turno al bat. Su momento llegará, mientras tanto confórmese con las cartas que tiene y con el hecho de saber que desde su posición actual aún puede mantener bien vigilado al señor Ikari.

—Gendo Ikari sabe portarse bien, sonreír, hablar bonito y moverle la colita a las personas influyentes, eso ya lo sé muy bien... pero creo que me ha confundido, señor delegado, yo en ningún momento dije que quería el puesto de ese fantoche... por mí, pueden asignar en esa silla a quien les pegue la gana, el punto que quiero que quede muy bien asentado es que de ninguna forma se puede consentir que algo tan importante como la seguridad del mundo entero se siga subrogando como hasta ahora. Ese deber es responsabilidad única y exlusiva del Estado, y no podemos permitir que un ente semi-privado, como el barril sin fondo que es NERV, continúe devorando el grueso del presupuesto mundial bajo esa excusa, para sabe qué fines... ¡Las cantidades de dinero que está gastando esta gente son absurdas! He observado un gran número de anomalías en el gasto corriente de estos tipos: compras a precios sobreinflados, contratos sin ninguna licitación previa, casi todos con empresas externas creadas de la noche a la mañana., cuyos representantes legales no son sino prestanombres de Ikari... ¡justo como lo que ocurre con Tatsunoko Corporation! ¿No les da ni tantita curiosidad de saber a dónde va a parar tanta plata?

—Nuevamente se está dejando llevar por antipatías personales, Doctor Rivera— acotó Yamazaki mientras se servía un buen trago más de licor, para poder soportar toda la tensión que se iba acumulando en sus nervios —Y créame cuando le digo que esas cosas son muy malas consejeras... si lo que aduce es un enriquecimiento ilícito por parte de Gendo Ikari, de una vez le digo que ese es un callejón sin salida. Hemos investigado a fondo todas sus posesiones y finanzas personales, y lo único que tiene es un pequeño fondo de inversión en un banco europeo, un par de departamentos en la parte vieja de la ciudad y un viejo automóvil que ya nunca usa. Estaría completamente limpio, de no ser porque dicho vehículo tiene una multa sin pagar por estacionarse en un área prohibida.

—¡Oh, eso está bien! ¿Así que todos podemos respirar aliviados y confiar plenamente en esa sabandija, sólo porque el tipo vive como un monje? ¡Si me lo preguntan, esa es una razón más para ponerse suspicaces con el paradero de tanto recurso desperdiciado por él! ¡Por lo que sabemos, con todo ese dinero bien podría estar armando un ejército entero para apoderarse del mundo ó algún disparate parecido!

—No necesitamos suspicacias, Doctor, sino pruebas contundentes... ¡Pruebas! Y es su trabajo estar bien atento a los movimientos de NERV para conseguirlas en su momento, y presentarlas directamente al Secretario General durante sus reuniones semestrales... de ahí en más, debe entender que es muy poco lo que un humilde servidor público de mi nivel puede hacer por ayudarle... solamente le ruego que trate de conducirse con más diligencia en el futuro. Cada vez que usted se ve inmiscuido en algún enredo, del tamaño que sea, mi oficina se sobresatura con tanto papeleo que queda para poder limpiar sus pasos... como aquella ocasión en la que...

Su disertación fue abruptamente interrumpida cuando observó un vehículo tipo jeep emerger desde una de las colinas que la carretera en la que transitaban bordeaba, descendiendo rápidamente por su pendiente para poder salirles al paso.

—¡¿Pero qué creen que están haciendo esos lunáticos?!— preguntó Yamazaki fuera de sí, tomando nota de la peligrosa maniobra que efectuban los tripulantes de dicho automotor, el cual no tardó en emparejarseles.

Cuando eso sucedió, tampoco le tomó mucho tiempo al funcionario público dilucidar la identidad ni los motivos de aquellas personas, una vez que comenzaron a asomarse por afuera de sus ventanillas, apuntándoles con armas largas de alto calibre.

—¡Ay, no! ¡No, no puede ser! ¡Mierda, mierda, mierda y mil veces mierda!— estalló el despavorido hombre, perdiendo toda clase de compostura al darse cuenta de la difícil situación en la que se encontraba —¡Puta madre, son ellos! ¡Esos buenos para nada me aseguraron que habían matado a todos los pulgosos simios socialistas que habían entrado al país! ¡Carajo, siempre me tienen que pasar estas cosas a mí!

Los múltiples impactos de bala que se abatieron sobre el vehículo blindado que abordaban daban buena cuenta de las intenciones hostiles de sus atacantes, así como también los sucesivos intentos por volcarlos al golpearlos de costado con su jeep, esto pese a las desesperadas maniobras que realizaba el conductor. A los tres, compañeros todos en el infortunio que el destino les hacía compartir, les quedaba bastante claro que no todas las fuerzas insurgentes del Frente de Liberación Mundial habían sido abatidas después de su fallida incursión en el Geofrente. Por lo menos una célula había sobrevido y logrado escapar, que era el grupo que precisamente en esos momentos buscaba acabar con ellos.

—¡Esto va por la memoria del Comandante Chuy, perros imperialistas!

—¡El 23 de Marzo no se olvida, hijos de perra!

—¡Mueran, enemigos de la humanidad libre!

—¡Rivera asesino traidor, te vas a morir, cabrón!

Gritaban los agresores en español, entre cada ráfaga de disparos que efectuaban, como si quisieran despejar cualquier duda que quedara con respecto a su afiliación. Uno de los proyectiles había dado en una de las llantas traseras de su vehículo, la cual reventó al instante y los hizo derrapar de lado a lado, haciéndoles reducir considerablemente su velocidad. Era evidente que de proseguir la emboscada de la manera que había estado ocurriendo, el blindaje con el que contaba la camioneta no los salvaría de volcarse y quedar a merced de los pistoleros que los asediaban.

—¡Lárgate de aquí, chiquillo idiota, es a ti al que buscan!— vociferaba el aterrorizado Yamazaki a su acompañante, empujándolo del rostro a la par que abría la puerta detrás de él, queriendo expulsarlo de su vehículo a como diera lugar —¡Aléjate, aléjate de mí! ¡Yo no me puedo morir, tengo familia! ¡Esposa, hijos, no puedo dejarlos solos! ¡Lárgate, es a ti al que quieren!

—¡Espera, imbécil! ¡Seguimos moviéndonos, me vas a matar!— decía el muchacho mientras forcejeaba con él, ya con medio cuerpo fuera de la desvencijada camioneta y aferrándose a su interior hasta con las uñas, observando desesperado como los hostiles a su lado sacaban un lanzagranadas y se aprestaban para usarlo —¡Deténte maldito estúpido, no sabes lo que haces! ¡Van a matarte de todos modos!

—¡Fuera, dije!— terminó diciendo el delegado, apoyándose con la espalda en su respaldo para asestarle una poderosa patada al joven en pleno rostro, lo que terminó por arrojarlo a la carretera a sus espaldas.

Lo más lamentable del caso fue que aquella no era la primera vez que aquél joven era aventado desde un vehículo en movimiento. Por tal razón, en cuanto dejó de sentir cualquier clase de resguardo, por reflejo adoptó una posición fetal y cubrió su cabeza con ambos brazos. La probabilidad de quebrarse todos los huesos era bastante alta, pero la meta era sobrevivir. Cómo muñeco de trapo a la deriva, su cuerpo fue dando tumbos en cuanto chocó con el pavimento, sin detenerse hasta caer en una ladera al lado del camino, politraumatizado e inconsciente.

Por otra parte, sin reparar en que uno de los ocupantes del vehículo que atacaban había sido desalojado a la fuerza, los guerrilleros descargaron su potente munición a quemarropa, haciendo estallar a la camioneta en una bola de fuego que la consumió por completo, matando a sus indefensos ocupantes en el acto. Los vestigios calcinados quedaron con las derretidas llantas apuntando hacia arriba, en tanto que los hostiles se daban a la huída en cuanto escucharon el lejano ulular de sirenas a la distancia, y las aspas de un helicóptero que se acercaba a su posición, sin saber que dejaban a su principal objetivo varios metros atrás, listo para que hubieran podido rematarlo en cualquier momento.

Ignorantes de momento de tales circunstancias, dentro del Geofrente no había razón por la cual las actividades diarias no pudieran seguir su curso programado, como era el caso de la reactivación de la Unidad Cero.

El gigantesco ente biomecánico se erigía tan alto como era por toda la inmensa cámara de pruebas en la que se encontraba. Compartía varias características físicas con sus hermanos menores, como las dimensiones colosales y la apariencia humanoide. Era en la parte superior del cuerpo donde más diferencias se encontraban, al estar desprovisto de los alerones verticales que salían de los hombros de las otras unidades Eva, además de la forma del casco que cubría su cabeza, pues era más parecido al de un policía antimotines que a las máscaras de demonio de los otros robots. En la careta que cubría su rostro había un único ojo, clavado justo a la mitad de su mecánica faz, muy parecido al lente de una cámara fotográfica. Todo ello en conjunto terminaba dándole una apariencia de un mítico cíclope ataviado con una armadura color ocre grisáceo, a la que ni siquiera se habían tomado la molestia de pintar. Una decisión prudente, al tratarse solamente de un prototipo, el cual sus creadores nunca estuvieron del todo seguros que alguna vez podría llegar a funcionar correctamente.

Correspondía a su joven piloto, Rei Ayanami, la Primer Elegida, demostrarle a todo mundo que activar aquella monstruosidad mecánica sin cualquier tipo de riesgo era posible. Instalada ya en la cabina en el interior, aguardaba a que llegara su momento para actuar, en tanto se completaban los numerosos preparativos que antecedían a la hora de la verdad.

Pese a lo que previamente le dijo a Shinji, una vez que estuvo confinada dentro del Eva, una sensación de ansiedad comenzó a invadirla sin que pudiera hacer algo por evitarlo. De manera irremediable, los amargos recuerdos de lo que ocurrió la última vez que estuvo en semejantes condiciones se apilaban uno detrás de otro en su consciente, menoscabando la tan preciada concentración que deseaba conservar. Debía confesarse a sí misma que le había dicho a su compañero sólo una media verdad. No es que desconfiara de las habilidades del Comandante Gendo Ikari para la construcción de aquél armatoste, sino más bien desconfiaba terriblemente de sus propias habilidades para pilotearlo y llevar a cabo las tareas que se le habían encomendado. La afligía sobremanera el que el estado de su corazón provocara que volviera a traicionarse a sí misma.

Intentando serenarse como podía, en aquellos instantes evocaba la memoria de una conversación sostenida con Kai hacía tiempo atrás, poco después de su primer combate en el Eva Z.

—¿Me dirás cómo lo lograste?— le preguntó ella, mientras ambos degustaban un cono de helado sentados sobre una banca de un solitario parque cercano a su domicilio —¿Cómo lograste mover un Eva en tu primer intento?

—No tengo idea, a decir verdad— contestó Rivera, apurándose a comer su postre antes que se derritiera demasiado y perdiera su deliciosa consistencia —Ni siquiera había estado en el interior de una cabina antes de eso, así que no tenía cualquier clase de antecedente previo... no sabía que esperar, al momento de abordar... supongo que eso me ayudó a no tener tanto miedo, aquella ocasión sólo se limitaba a ver si podía hacerlo ó no, no había otras opciones...

—Entonces... ¿no hubo miedo? ¿Ni siquiera... un poco?

—El miedo siempre estará presente, es una condición natural del ser humano, me supongo... pero más que otra cosa, el miedo es una herramienta, un instrumento que nos mueve a la acción, ya sea para escapar de un peligro ó para enfrentarnos a él. Todo depende de cómo estés dispuesto a utilizarlo... piensa en cómo te sientes al conocer a alguien que nunca habías visto antes. No sabes absolutamente nada de esa persona, y la única referencia que tienes de ella es la apariencia que proyecta al exterior. En esos momentos no tienes forma de saber qué se oculta detrás de esa pantalla. Podría ser un maniático asesino... ó la mejor persona que jamás llegaras a conocer, quién sabe. El caso es que si permites que tu miedo a salir lastimada te haga alejarte desde un principio, dicho estado de incertidumbre no cambiará y nunca sabrás quién era realmente esa persona. Lo mismo pasa con los Evas. Esos cachivaches son muy parecidos a las personas, hasta podría decirse que poseen mente y personalidad propia. En síntesis: si no te abres con él, el Evangelion no se moverá. Si te abres a ellos, y te permites llegar a conocerlos, entonces podrás crear un vínculo. Y entonces pilotearlos podrá ser como el reencuentro con un viejo amigo... ó el añorado regreso a casa... ¡Joder, sólo escucha el montón de cursilerías que me haces decir!

—Lo haces parecer tan fácil... pero no creo que todos podamos enfrentar nuestros temores de la manera en que tú lo haces...

—Tal vez... pero si me dejas ser honesto contigo, el problema es que a veces pensar demasiado puede ser un verdadero problema. A veces, sólo a veces, lo que necesitamos es callar todas esas vocecitas en nuestra cabeza, despejar nuestra mente de toda interferencia, ya sea externa o interna, y dejarnos llevar... echarnos de cabeza al vacío y esperar alcanzar ese sitio al que queremos llegar...

—Qué curioso que lo menciones... fue exactamente lo que hice cuando me decidí a estar contigo: simplemente dejarme llevar por mis impulsos e ignorar toda clase de precaución ó sentido común, aún cuando lo más logico era salir corriendo...

—¡Oh, así que este es tu modo de querer molestarme! ¡Muy buen intento! Pero tienes una manchita de helado en el labio, déjame quitártela...

El muchacho lo hizo dándole un tierno beso, que puso fin a su charla y daba comienzo a una serie de caricias y demás muestras de cariño entre los dos.

Con la reconfortante sensación que evocaban aquellos dulces recuerdos, la jovencita se dispuso entonces a seguir el consejo de su pareja, buscando serenarse y despejar su mente. Su corazón en esos momentos seguía igual de perturbado y confundido que la primera vez que se subió a la Unidad Cero, puede que incluso más. Pero si en aquella ocasión su corazón fue lo que la traicionó, entonces ahora por fuerza debería buscar en un lugar más allá de su corazón para poder tener éxito donde antes había fracasado.

Para poder tranquilizarse y conseguir concentración total, hubo de emplear el único método efectivo que conocía para poder lograrlo. Así que, aunque no estuviera segura de si aún le estaba permitido hacerlo, juntó sus palmas y comenzó a orar en latín, con una voz muy baja, casi imperceptible, más por la fuerza de la costumbre impuesta que por su endeble fé y vacua devoción:

"Sálve Regína, Máter misericórdiae;

Vita, dulcédo, et spes nóstra, sálve.

Ad te clamámus, éxsules, fílii Evae.

Ad te suspirámus, geméntes et fléntes

in hac lacrimárum válle..."

"Dios te salve, Reina y Madre, Madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas..."

—Rei— la interrumpió entonces la profunda voz de Gendo Ikari, quien hacía uso del dispositivo interno de comunicación —¿Puedes escucharme?

—Sí— contestó la muchachita, fuerte y claro, alistándose para lo que se aproximaba.

—Ahora daremos comienzo al experimento de reactivación de la Unidad Cero.

—Sí...

—Inicien la conexión primaria— indicó el comandante, una vez que se aseguró que la piloto se encontraba lista para el procedimiento.

—Conecten el suministro principal de energía— ordenó a su vez la Doctora Akagi, desde su estación.

—El voltaje ha excedido el punto crítico— comunicó Maya, a su lado.

—Entendido. Conduzcan el formato a la segunda fase— respondió Ritsuko enseguida.

Por mucho que intentaran disimularlo, lo cierto es que todos en la sala de controles estaban al borde sus asientos, con las mandíbulas bien apretadas. Había algunos que incluso ya se estaban preparando para revivir una reproducción exacta de lo que había sucedido la última vez que se atrevieron a meterse con Cero.

—Conectando a la piloto con el Eva 00— anunció Shigeru Aoba, quien estaba listo para salir corriendo en el momento que escuchara la primer alarma.

—Abriendo todos los circuitos— dijo Maya, bien atenta a cualquier señal que llegara de su consola, para luego soltar con cierto dejo de alivio: —Las condiciones de los pulsos armónicos son óptimas...

—No existen problemas con la sincronización— expuso Shigeru a su vez, un poco más tranquilo que momentos atrás —Todos los enlaces nerviosos se han completado. Los dispositivos nerviosos centrales están funcionando...

—Revisando… no hay errores en las conexiones— pronunció por el altavoz una operadora anónima.

—Enterados. Comenzamos a acercarnos a la frontera absoluta— en esos instantes nada hubiera logrado que Maya despegara la vista del monitor en su estación, comenzando un conteo regresivo como si estuviera anunciando un despegue de cohete espacial —2.5, 1.7, 1.2, 1.0, 0.8, 0.6, 0.5, 0.4, 0.3, 0.2, 0.1... ¡Y aumentando! ¡Frontera superada! ¡La Unidad Cero se ha activado!

El anuncio de Ibuki fue como si unos cálidos rayos de sol atravesaran y dispersaran la gruesa nube de incertidumbre que se había cernido sobre todos los presentes, quienes por fin pudieron relajarse luego de los angustiosos pasajes que habían transcurrido desde que inició el experimento.

—Enterada— incluso la piloto no podía ocultar la satisfacción que impregnaba su tono monocorde —Doy inicio a la prueba de conexión…

Estaban en tales menesteres, cuando de improviso sonó el teléfono en el escritorio del Comandante Ikari. Debía tratarse de algo muy urgente, pues pocas eran las personas que tenían acceso a esa línea directa con el máximo líder de NERV. Aún así, el comandante no dio señas de contestar el llamado, y en cambio miró de soslayo al Profesor Fuyutski, a su lado como casi siempre.

—No soy tu maldito secretario, ¿sabes?— le recriminó molesto el hombre de cabellera canosa, al tiempo que se abalanzaba a contestar el aparato —Habla Fuyutski, diga... ¿en serio? ¡No puede ser! ¡¿Justo ahora?! ¿Y cómo fue que...? Oh, ahora entiendo... ¿Y qué hay con...? Ya veo... eso es algo bastante problemático... de momento, hagan lo posible por contener la escena para que no se haga del dominio público... sí, nosotros nos haremos cargo... por supuesto, envíaremos un equipo a la locación lo antes posible... así es, Ikari se comunicará con ustedes a la brevedad para girar las instrucciones pertinentes... con su permiso...

El viejo profesor hizo un profundo sonido gutural, el cual realizaba siempre que algo lo molestaba sobremanera, a la vez que colgaba lentamente el teléfono, acaso como si estuviera reflexionando profundamente sobre alguna cuestión apremiante.

—¿Y bien?— inquirió enseguida Ikari, cuya curiosidad había sido despertada al reparar en la reacción de su colega.

—Una célula sobreviviente del F.L.M. en Japón acaba de volar en pedazos la camioneta del Delegado Yamazaki, con él y su chofer dentro... en estos momentos, las Fuerzas de Auto Defensa del gobierno japonés se enfrentan a ellos...

—Eso es... bastante inesperado— pronunció Gendo, evidentemente sorprendido.

—Ni tanto— acotó Kozoh enseguida —Los reportes indican que Rivera iba a bordo de ese vehículo al momento del ataque...

—¿Y... acaso él está...? ¿El chiquillo está...?

—No sueñes. Los rescatistas lo encontraron policontundido a un lado de la carretera, aparentemente en un estado comatoso. Al parecer Yamazaki le salvó la vida, arrojándolo del vehículo en marcha. En estos momentos es trasladado al Hospital General de Tokio 3...

—Ese sujeto es más difícil de matar que una cucaracha rastrera— observó Ikari con sumo desgano, mientras reanudaba la vigilancia de la prueba que se llevaba a cabo en esos momentos —Avisen a Katsuragi y dejen que ella se haga cargo de todo el asunto... con un poco de suerte, ese cretino habrá sufrido un daño cerebral irreversible y dejará de ser la molesta piedra en mi zapato...

—Un objeto no identificado se aproxima a costas japonesas— anunció entonces Makoto Hyuga a través de los altavoces, interrumpiendo la charla entre los dirigentes —Es un Código Azul confirmado. Se trata del Sexto Ángel...

—¡El Sexto Ángel!— Fuyutski exclamó entonces, con sorna —¡Y nosotros con un piloto menos! ¡Vaya que es bastante oportuno! Apuesto que en estos momentos no te importaría tener alguna piedra en el zapato, ¿ó no, Ikari?

—Es irrelevante— masculló a secas el comandante —Tengo confianza en que nuestros pilotos podrán hacerse cargo de la situación... es hora de mostrarles a todos de nuevo que NERV puede encargarse de los ángeles sin ningún tipo de ayuda...

—¡¿No estarás pensando en utilizar a Cero, loco bastardo?!

—Por supuesto que no... aún no está listo para luchar— contestó Gendo, para luego ordenar con puño de hierro: —¡Interrumpan la prueba! ¡Todo personal, diríjanse a sus puestos de combate, nos encontramos en la primera fase de alerta! Doctora Akagi, ¿cuál es el estado de la Unidad Uno?

—Estará lista para la acción en 380 segundos, comandante— respondió Ritsuko de inmediato, para luego avocarse de lleno a la ejecución de tales preparativos.

—Asegúrense que la Capitana Katsuragi no se entere de lo de Rivera hasta que la batalla haya concluido— rectificó luego Ikari, instruyendo discretamente al Profesor Fuyutski a su lado —No podemos permitir que semejante distracción afecte su juicio durante el combate.

—Qué considerado de tu parte, Ikari— ironizó entonces el ajado profesor —¿Y qué hay de Rei? ¿A ella sí se lo dirás ó es que tampoco quieres que se distraiga?

Gendo pareció cavilar un poco en ese instante, permaneciendo impasible por unos cuantos momentos, para luego dirigirse al fin a la jovencita que estaba a bordo del Eva 00.

—Rei... de momento tenemos que dar por terminada la prueba— el hombre barbado añadió una pausa entonces a su comunicado, como si estuviera esperando por algo, pero finalmente sentenció lacónicamente: —Regresa...

—Sí, señor— asintió Ayanami, dentro de su cabina.

Pese a lo abrupto de su conclusión, la muchacha podía sentirse satisfecha de su desempeño durante todo el desarrollo del experimento del que había formado parte. Esta vez no hubo gritos de terror ni violentas sacudidas ni locura inenarrable. ¿Acaso finalmente había domado al monstruo que se supone debía dirigir? Era difícil afirmarlo, pero no había duda que ese día había dado el primer paso, y uno bastante grande, para lograr su consecución. Mención aparte merecía la ayuda que le había representado seguir los consejos de Kai, al que sin falta debería especialmente agradecer la próxima vez que lo pudiera ver.

De tal modo, al verse súbitamente liberada de todas las tensiones que hasta hace poco le aquejaran, mientras los sistemas de su robot gigante eran desconectados, Rei se daba el lujo de poder dejarse caer pesadamente sobre su asiento y soltar un hondo suspiro de alivio, el cual produjo una serie de burbujas a través del medio líquido en el que estaba inmersa.

Por su parte, Misato continuaba con sus infructuosos esfuerzos por comunicarse con el mencionado jovenzuelo y enterarlo de la apremiante situación en la que se encontraban. Cada vez que marcaba al teléfono móvil del muchacho, éste la mandaba directamente al correo de voz, indicándole que dicho aparato estaba apagado. Aún estaba molesta con él por el incidente de la noche anterior, por lo que su incapacidad de contactarlo exacerbaba aún más su enojo hacia con aquél muchacho, quien suponía que no contestaba a sus llamados por voluntad propia.

—¿Dónde cuernos se habrá metido ahora este tarado?— refunfuñaba la capitana con cada nuevo intento, apretando su celular con la misma fuerza con la que hubiera estrujado el pescuezo de su protegido de haberlo tenido a mano —¡Nunca está cuando se le necesita! ¡Más le vale tener una muy buena razón para tener su teléfono apagado, ó juro que yo misma lo cazaré como a una rata y lo sacaré del agujero en donde se le haya ocurrido meterse! Lo siento, Comandante Ikari, no he logrado comunicarme aún con el piloto de la Unidad Zeta...

La forma como moduló su colérico tono de voz hasta lograr el humilde timbre con el que se dirigió a su superior era, sin lugar a dudas, muestra innegable de cualidades histriónicas excepcionales, de lo que tomaron nota todos los que habían podido escucharla antes, durante el transcurso de sus efusivos berrinches.

—En ese caso, deberemos hacer frente a la amenaza en curso con nuestros propios recursos, Capitana Katsuragi— respondió Ikari, intentado no mirar hacia donde se encontraba el Profesor Fuyutski, quien lo observaba con deferencia, reparando también en lo buen actor que podía ser su compañero.

—Entendido, señor...

El Sexto Ángel sería el delirio de todo estudiante de geometría, del nivel que fuera. Se trataba de un descomunal octaedro de más de cien metros de altura total. Era un poliedro convexo regular de ocho caras y doce aristas, cuerpo volumétrico cuya superficie era reflejante como la de un espejo, y que flotaba grácilmente como cometa al viento por el espacio aéreo japonés, causando un silbido armónico casi musical cuando cortaba las corrientes de aire durante su desplazamiento. Dos piramides puestas una sobre la otra, compartiendo una misma base y cuyos bordes superiores apuntaban en direcciones opuestas, cuya forma relativamente sencilla resultaba ser una bendición para todos los encargados de analizar los datos que generaban su manifestación física, en contraste con las alucinantes apariencias tomadas por sus antecesores. Su sola presencia movilizaba a poblaciones enteras a su paso, que debían evacuar y tomar refugio de inmediato, acompañadas siempre por el funesto eco de las alarmas antiaéreas.

—El objetivo ha dejado Tonosowa— informó uno de los técnicos que monitoreaban el movimiento del enemigo —Será cuestión de minutos para que alcance nuestra posición si mantiene su curso y velocidad actuales.

—El Eva 01 comienza con los procedimientos para su lanzamiento— comunicó otro de esos empleados sin rostro a través de las bocinas —Liberando cerrojo primario...

—Cerrojo primario liberado— confirmó Shinji desde su cabina, casi suspirando.

Había pensado que su próximo combate sería al lado de Rivera, y aunque por un lado le aterraba tener que confiarle su seguridad a ese patán desequilibrado, por otra parte había albergado la esperanza que su responsabilidad disminuría al ser compartida por ambos. Pero como siempre, el idiota se había encargado de arruinar todo y volvía a dejarlo solo y sin respaldo. ¡Al demonio con él!

—Enterado. Liberando ahora el cerrojo secundario...

—El objetivo se encuentra sobre el Lago Ashino— notificó uno de los operadores, alertando de la proximidad de su blanco.

—La Unidad Uno está lista para el lanzamiento— dijo Maya entonces, como si quisiera tranquilizar a todos con aquella nueva.

Una sola indicación de la Capitana Katsuragi bastó para que el colosal artefacto humanoide fuera catapultado a través del laberinto de túneles por el que podría acceder a la superficie:

—¡Lanzamiento!

Así que mientras el Evangelion morado realizaba su recorrido por los túneles debajo de la ciudad, una vez más Misato utilizaba su celular para tratar de acceder a Rivera. Había llegado al punto en que su enfado comenzaba a dar paso a la preocupación por desconocer el paradero del joven, alentada por un extraño presentimiento que se manifestaba como una opresión que sentía en el pecho.

—¿Dónde estás? ¡Contesta, demonios!

El que esa ocasión pudiera escuchar el tono de marcado llegó a tranquilizarla de momento, sabiendo que el dispositivo móvil por fin había sido activado. En cuanto obtuvo el enlace todos sus temores se disiparon y enseguida pudo soltar sin más:

—¡Por fin te dignas a contestar! ¡¿Se puede saber dónde demonios estás?! ¡Aquí estamos en medio de una crisis, por si no lo sabías, cretino! ¡Así que mueve tu trasero, porque te quiero aquí lo antes posible, ó lo lamentarás! ¿Te quedó claro?

—¿Estoy... estoy hablando con algún familiar del Doctor Kai Rivera?— la voz desconocida que respondió del otro lado de la línea provocó un hueco en el estómago de la mujer, como si alguien le hubiera dado un fuerte golpe que la sofocara, lo que le impidió responderle al extraño, que continuaba: —El Doctor Rivera sufrió un grave percance y en este momento recibe los primeros auxilios de urgencia en una ambulancia que se dirige al Hospital General de Tokio 3. Tiene que trasladarse hasta ahí lo antes posible, necesitamos la historia clínica del paciente cuanto antes y además...

Los eventos sucesivos se precipitaron con suma rapidez, sin que la mujer con rango militar pudiera despabilarse para hacerles frente, con las rodillas flaqueándole y amenazando con tirarla al piso. Ni bien había podido digerir del todo aquella terrible noticia, habiéndose quedado congelada y sin habla, cuando de repente Shigeru advertía a todos, sumamente sobresaltado:

—¡Se ha detectado una reacción muy alta de energía en el blanco!

Además de eso, en los monitores que vigilaban el accionar de la criatura invasora se podía apreciar claramente como la entidad cambiaba su trayectoria, para tomar rumbo hacia el punto donde emergería la catapulta del Eva 01, al igual que había sucedido con Zeta en el combate anterior.

—¡Su espiral de energía se está incrementando y concentrando!— vociferó el joven oficial técnico, dando cuenta nuevamente del proceder de su enemigo.

—¡Se está preparando para atacar!— anunció Ritsuko, impotente para poder hacer algo para prevenirlo, salvo musitarle al piloto una sola indicación, bastante incierta y escueta además: —¡Esquívalo!

Shinji no pudo hacer caso de la advertencia, despojado del tiempo para poder lograrlo. En cuanto la plataforma que lo transportaba se detuvo al emerger a la superficie, todo ocurrió en fracciones de segundo. Apenas si pudo divisar un intenso resplandor delante suyo, causado por una descarga de energía que salió disparada en forma de haz luminoso desde una de las aristas de su enemigo flotador. La ráfaga deshizo limpiamente todo un edificio de veinte pisos delante de él, antes de impactarse de lleno sobre el pecho del desprevenido robot, cuyo piloto soltó un ensordecedor y profundo grito de agonía al verse prisionero en su cabina, la cual se había convertido en una enorme olla a presión con todo el líquido que lo embargaba alcanzando su punto de ebullición, amenazando con cocerlo como a un estofado de pollo.

El espantoso alarido del joven aún resonaba en los tímpanos de Misato Katsuragi, quien hasta entonces pudo volver a ubicarse y reaccionar a lo sucedido, aunque al igual que todos los que la rodeaban solamente pudo pronunciar horrorizada el nombre del muchacho, impotente de momento para poder ayudarlo:

—¡Shinji!