"C`mon baby, light my fire"

(Vamos nena, enciende mi fuego)

The DOORS

—Hola. Lamento no haber podido llegar antes, pero hoy tuve un día bastante pesado en el trabajo. Tengo un terrible dolor de cabeza que no me puedo quitar y la espalda está matándome. Creo que simplemente hoy no debí haberme levantado de la cama. El turno empezó bastante temprano, sabes que teníamos programada la prueba de reactivación de la Unidad Cero, y a pesar de que todos nos estábamos comiendo hasta las uñas de los pies durante los preparativos, a final de cuentas todo salió mucho mejor de lo esperado. Seguramente te dará gusto saber que tu adorada Rei por fin pudo activar a ese monstruo sin que intentara asesinarnos a todos, parece que esa muchachita no será tan inútil como pensé en un principio. De cualquier modo, no hubo mucho tiempo para festejar, pues casi enseguida que se logró activar a Cero recibimos el reporte del avistamiento del Sexto Ángel, al cual MAGI designó como Ramiel. ¡Vaya nombrecito! ¿No crees? Me han dicho que significa "Trueno de Dios" ó algo por el estilo, pero en realidad no puse mucha atención al archivo de descripción, aunque el nombre me pareció bastante adecuado. El bicho malnacido acabó con nosotros sin siquiera darnos la oportunidad de pelear. En cuanto despaché al Eva 01 lo fulminó con su rayo acelerador de partículas apenas cuando se asomó a la superficie. El gritó que le arrancó al pobre Shinji aún me zumba en los oídos, fue algo horrible, espeluznante y lo peor del caso es que nada pudimos hacer por ayudar. Claro que lo saqué de ahí en el acto, pero para entonces ya era muy tarde y el daño ya estaba hecho. El piloto sobrevivió por obra de un milagro, nada menos que eso, sus signos estaban bastante débiles y se tuvo que desviar toda la energía al sistema de soporte vital para poder darle masaje cardíaco mediante el dispositivo instalado en sus trajes de conexión. Y tú que decías que ese artefacto se veía como si tuvieras senos de anciana. Y no dudo que luego me dirás que a ti se te pudo haber ocurrido un diseño mejor, ¿cierto, sabihondo? El asunto es que tuve que bajar enseguida para supervisar las labores de rescate de nuestro buen amigo, por lo que la Cápsula de Inserción fue expulsada manualmente y la válvula de emergencia para drenar el LCL fue activada justo después. Debiste haberlo visto, todos quedamos boquiabiertos al ver que solamente salían chorros de vapor en lugar de ese líquido color orín al que penosamente ya estamos tan acostumbrados. Cuando la escotilla de la cabina se abrió pudimos comprobar lo mal que quedó nuestro compañero, que tuvo que ser trasladado de emergencia a un tanque de soporte vital. Justamente acabo de dejarlo ahí, enlatado como sardina mientras las máquinas médicas se encargan de reparar sus tejidos severamente dañados. Lo que se me ha dicho acerca de su estado es que es grave, pero estable y ya se encuentra fuera de peligro, gracias al Cielo. Aparentemente pudo haber sido mucho peor, de no ser por la protección que le brindó su traje especial, las propiedades del LCL y los mecanismos de emergencia dispuestos en las cabinas de los Evas. Tendrás que admitir que fue un gran acierto de parte de Rikko y del Comandante Ikari incluir tantas medidas precautorias a la hora de construir sus armatostes, de no haber sido así, Shinji ó cualquier otro desafortunado que hubiera estado allí dentro se hubiera cocinado como langosta. Te digo todo esto para que puedas comprender lo que me impidió estar aquí, a tu lado, en cuanto me enteré de tu... situación, y que en ese caso puedas disculparme. ¡No puedo creer nuestra suerte! ¡Pasaron tantas cosas terribles, todo se juntó en un solo rato y no tuve ni juicio ni capacidad de reacción! Además, es la primera vez que uno de esos monstruos nos derrota y lo hizo en tan poco tiempo que confieso que mi orgullo está bastante lastimado también. Me siento un poco culpable por enfadarme por algo tan trivial, aparte del hecho de que mientras rescatábamos a Shinji no podía pensar en otra cosa que no fuera en ti, y en venir a tu lado lo más pronto posible. Y ahora que estoy aquí no puedo dejar de preocuparme por como está Shinji. Ya nos conoces a las mujeres, somos bastante indecisas y nos toma algo de tiempo aclarar nuestros pensamientos. Te darás cuenta, entonces, de lo mucho que te necesitamos y cómo las cosas se fueron rápidamente al diablo sin ti alrededor, aún cuando sólo te la pases haciéndote el estúpido la mayor parte del tiempo. Es por eso que debes recuperarte cuanto antes, para que puedas impedir que algo como esto vuelva a suceder. Sé que puedes escucharme, de alguna forma, y que mis palabras, junto con tu fuerza y terquedad, podrán ayudar a traerte de regreso...

Misato Katsuragi tuvo que hacer una pausa obligada entonces, sintiendo como la voz se le quebraba y las lágrimas comenzaban a anegar su vista mientras sostenía la inerme mano de Kai Rivera entre las suyas. El convaleciente muchacho se encontraba postrado en una cama de hospital, con múltiples vendajes sobre su castigada humanidad y conectado a varias sondas y aparatos que le suministraban medicamento y monitoreaban sus erráticos signos vitales. El último diagnóstico acerca de la condición del joven es que había entrado a un estado comatoso del que no se tenía certeza cuando saldría, como casi siempre ocurre en esos casos. Podría ser solo cuestión de horas ó días, aunque también pudiera ser que tardara varios meses, años inclusive.

—Estoy muy arrepentida— continuó la mujer, sentada a un lado de la cama, tratando de recuperar su entereza, a sabiendas que no solucionaría nada si se rendía a la desesperación y daba rienda suelta a su llanto —Arrepentida por todas las cosas que te dije anoche, cuando estaba tan molesta contigo... ahora que lo veo con más calma, creo que exageré en algunas cosas, y cuando pienso que ésa bien pudo haber sido nuestra última conversación... bueno, no sé que es lo que hubiera pasado conmigo, en ese caso... es tan fácil acostumbrarnos a la presencia de las otras personas en nuestra vida, casi damos por sentado que siempre estarán ahí... así que muchas veces olvido lo vulnerable que eres, en este mundo lleno de personas que te odian a más no poder y no tienen otra cosa mejor qué hacer que planear las formas más absurdas de acabar contigo. Había llegado a olvidar la bendición que es cada día que puedo pasar a tu lado, sobre todo por que este mundo cruel ha intentado matarte desde el momento en que naciste. Es por eso que tengo que disculparme en este momento y admitir que me equivoqué. Prometo que cuando despiertes te lo compensaré de la mejor manera que se me ocurra. Aún así, el que hayas perseverado ante tantas adversidades, incluso peores que esta, me da confianza suficiente para saber que al final vencerás y te recuperarás. Y cuando lo hagas, ahí estaré esperándote, como siempre, lista para que podamos continuar nuestro viaje juntos. Mientras tanto puedes descansar y recuperar tus fuerzas, ten por seguro que cuando te decidas a volver ya nos habremos ocupado de este infeliz, así que no te preocupes por nada más... es por eso que me tengo que ir ahora, pero volveré una vez que hayamos logrado deshacernos de este monigote, y entonces me quedaré el tiempo que sea necesario, esperando tu regreso...

Misato se levantó entonces, y luego de depositar un afectuoso beso en la fría mejilla del muchacho se retiró de aquél cuarto, dando un último vistazo a la expresión inconsciente de Rivera, en busca de cualquier indicio de respuesta.

—¡Oh, tonta de mí!— pronunció, simulando sorpresa —¡Dejé caer mi bolígrafo! Supongo que ahora deberé agacharme para recogerlo...

Lo hizo sin flexionar las piernas, mostrando intencionalmente sus bien formadas sentaderas, las cuales balanceaba coquetamente de un lado a otro.

Saabisu, saa-bi-su!— dijo de manera juguetona, haciendo referencia al fan service, un término empleado en medios visuales, como la animación ó historietas, con el que se denomina a todos aquellos elementos superfluos que no tienen otro propósito que el agasajo de la audiencia; en el presente caso se trataría de elementos con una connotación sexual, como un bonito trasero femenino.

Sin embargo, por muy atractiva que pudiera resultar aquella vista, no había alguien alrededor que pudiera apreciarla como era debido.

—Hm, eso hubiera bastado para que hicieras todo un escándalo, de haber estado en tus cabales... parece que estás más dormido de lo que pensé...

Por lo que al no obtenido señal alguna, Katsuragi recobró su postura y con sumo pesar tuvo que cerrar la puerta a sus espaldas.

Una vez fuera, no pudo evitar sobresaltarse cuando se topó de frente con Rei, quien aguardaba sentada en una hilera de butacas ubicadas en ese pasillo. La joven tenía cierto talante distinguido, con la espalda muy recta sobre el respaldo de su asiento, ambas manos colocadas sobre sus piernas bien cerradas y con la frente en alto. Uno de los aspectos que más molestaba a la capitana de Ayanami era que, en contraparte suya, todos sus gestos y ademanes los realizaba con suma discreción y propiedad, acaso como si siempre estuviera asistiendo a una gala de la nobleza europea. No obstante, en aquella ocasión Katsuragi pudo pasar de todas esas minucias que llegaban a exasperarla, para reparar en la mirada y semblante afligidos de la muchacha, muy parecidos a los que ella misma cargaba, por lo que no dudó de la sinceridad de dichos gestos. Cuando pasó junto a ella, la Primer Elegida inclinó la cabeza respetuosamente, tan formal como siempre procedía. Por otro lado, Misato detuvo su andar y se puso en cuclillas para poder quedar a la misma altura, para entonces sujetar sus manos afectuosamente entre las suyas.

—En este momento me necesitan con urgencia en el cuartel— le dijo a la confundida jovencita —Así que confío plenamente en ti para que cuides de Kai. Antes de irme, haré los arreglos necesarios para que se te permita el ingreso al cuarto y puedas recibir los informes médicos. Avísame cualquier cosa que suceda o que llegaran a necesitar, por favor.

—Así lo haré, Capitana— le respondió la chica de mirada escarlata, en ese tono susurrante en el que acostumbraba a hablar.

—Quizás te parezca una locura, pero sé que él puede escucharnos. Procura hablarle y hazle saber de tu presencia, se pondrá muy contento de tenerte a su lado. Ese muchacho te adora hasta el cansancio, y si escucha tu voz quizás podrás guiarlo de vuelta con nosotros.

—L-Lo intentaré, Capitana Katsuragi— contestó una ruborizada Rei, agachando la mirada, algo avergonzada —Le agradezco su confianza...

—Mantén tu celular encendido, y espera por más instrucciones... no sabemos qué rumbo pueda tomar la batalla que nos aguarda...

La piloto del Eva 00 asintió con un movimiento de testa, para que luego la mujer de larga cabellera negra pudiera retirarse con paso apresurado, ante la acuciosa vigilancia de su joven subordinada.

Una enorme figura irrumpe en la calma de la bahía de Tokio- 3, ensombreciendo algunos puntos de los muelles. Se trata de una simulación inflable de la Unidad 01, creada con los mismos materiales que un globo de desfile. Flota despreocupadamente por los aires, remolcada por un barco de la marina, hasta penetrar en el rango de 15 kilómetros de proximidad con el Sexto Ángel. Habiendo traspasado dicha frontera, con un tiro el monstruo hace pedazos a la simulación, reventándola en el aire. Semejante agresión a la detallada reproducción no pasa inadvertida, pues alguien más observa la escena con suma atención, desde su puesto de observación en el Geofrente.

—Objeto simulado destruido— se apresura a decir el operador Makoto Hyuga.

—El siguiente— ordena de inmediato Misato.

En el acto, de un túnel de las afueras de la ciudad emerge un tren militar, conducido a control remoto, cargando una docena de tanques, operados del mismo modo. Mientras sigue avanzando en línea recta, los tanques disparan sus cañones contra el enemigo, ubicado a un costado suyo, igualmente separados por unos 25 kilómetros, a lo mucho.

Los tiros son rebotados sin ningún problema por el campo A.T del coloso, respondiendo éste de nuevo con un tiro, obliterando en el acto al tren y toda su carga.

—Las doce unidades de artillería móvil han sido aniquiladas por el enemigo— vuelve a decir el operador al lado de Misato. Después de esto, se levanta al centro de la sala de estrategias, donde algunos jefes se han reunido, a decidir que es lo que se iba a hacer. Hyuga, teniendo la atención de todo mundo, comunica el resultado de las pruebas: —Según los datos que hemos podido extraer, el objetivo elimina automáticamente todo cuerpo extraño que penetre en su radio de alcance.

La militar se recarga pesadamente en su silla, mirando hacia el techo y suspirando profundo, balanceando un lápiz en sus dedos, descuidadamente.

—Y su cañón de partículas presenta un porcentaje de acierto del 100%— completa la información la mujer, sin soltar el lápiz o despegar la mirada del techo.— Y las Unidades Eva no pueden acercarse y luchar con él con su campo A.T activado, ¿verdad?

—En teoría— responde otro de sus subordinados —Pero tal parece que eso sólo se aplica con los Evangelions regulares. MAGI estima que la aleación especial con la que está construida la armadura del Eva Z resistiría el grueso de la descarga del acelerador de partículas del enemigo, sin comprometer seriamente su integridad estructural.

—¡Eso es una muy buena noticia!— pronunció la capitana con fingido entusiasmo, para de inmediato refutar con cara de pocos amigos: —Ó lo sería, si acaso estuviéramos en condiciones de usar la Unidad Zeta... Doctora Akagi, ¿ha habido algún avance con respecto a Zeta?

—Logramos conseguir el permiso de las Naciones Unidas para utilizarlo sin la intervención de Rivera, dada su presente indisposición— respondió Ritsuko a través de la radio, bastante ajetreada con las tareas de reconstrucción del Eva 01 como para estar presente en aquella junta —Con lo que no contábamos es que al maldito imbécil se le ocurrió que sería buena idea colocar un escáner genético para activar el sistema operativo de su Eva, asegurándose que nadie más que él pueda pilotearlo. Supongo que nunca se le ocurrió que algo podría pasarle y con eso terminaría fastidiándonos la existencia a todos los demás, pero claro, es mucho pedirle a ese cerdo ególatra que piense en alguien más que en sí mismo...

—Con eso será suficiente, gracias— repuso Misato entonces, cortando el enlace con la oficial científica — Así que desde este momento podemos descartar al Eva Z de todo cálculo... Por otra parte, ¿alguien puede decirme cómo está el campo A.T del enemigo?

—Está activo— contestó Hyuga en el acto —Ha desarrollado una gran capacidad para detectar cualquier cuerpo perceptible a su alcance y es lo suficientemente fuerte como para ser visible cuando algo intenta atravesar su estado de fase— mientras lo decía, el mismo monitor mostraba cómo el ángel evitaba los disparos de los tanques desplegando una barrera luminosa en forma de hexágono —Bombardearlo con cualquier clase de artillería sería tan útil como arrojarle palos y piedras...

La mujer con rango militar continúa con su abyecta reflexión, despegando por fin la vista del techo y dirigiéndola al centro de la habitación, sin ningún punto en especial, mientras se ponía nerviosamente el lápiz en la boca, despertando la imaginación de más de un hombre de los que estaban presentes.

—Tanto en ataque cómo en defensa es casi perfecto— observa la militar, sacando el lápiz de sus dientes, sacando así a los caballeros de su excitación —Es cómo una fortaleza aérea inexpugnable, ¿no?

Misato no les dio tiempo de responder.

—¿Y qué hay del taladro percutor?— interroga de inmediato.

—En estos momentos— respondió Makoto una vez más, siempre presto para atender cualquier requerimiento de la Capitana Katsuragi —El gigantesco taladro de 17.5 metros de diámetro perfora directamente hacia el Cuartel General. Se encuentra por alcanzar la segunda plancha de blindaje.

Toda su explicación es ilustrada en el acto por el monitor interactivo del centro de la habitación, mostrando imágenes en vivo, tomadas por las múltiples cámaras que se encontraban distribuidas en toda la ciudad. La mujer, ni tarda ni perezosa, no espera para preguntar de nuevo:

—¿Cuál es el horario previsto para que alcance el Cuartel General?

—Será pasado mañana, a las 0 horas, 6 minutos y 54 segundos— se apresura a contestar el solícito oficial técnico que usaba gafas —A esa hora ya habrá traspasado las 27 capas de blindaje que hay hasta el interior del Geofrente.

—Así que nos quedan 34 horas— pronuncia un poco aliviada su superior, pero sin dejar de estar del todo nerviosa. Una vez más tuvo que hacer uso de la comunicación radial para dirigirse a su compañera —Doctora Akagi, ¿Cuál es el estado de las Unidades Eva?

Ritsuko se encontraba en esos momentos en el muelle de embarque del Eva 01, junto con su subordinada, Maya Ibuki. Examina a simple vista al enorme robot, y después checa el reporte de daños, que se encuentra en su mano, para luego responder a la interrogante.

—Hasta la tercera capa de blindaje del tórax de la Unidad Uno está totalmente fundida. Pero la buena noticia es que la unidad de control central no ha sufrido grandes daños, así que ha sido un mal menor, ¿no? — y sin esperar ningún otro comentario, agregó —En unas seis horas estará cómo nueva.

Misato continúa con su interrogatorio.

—¿Y el prototipo Cero?

La rubia se desconcertó un poco por la pregunta, y extrañada, consulta con su fiel asistente, a lado suyo, y luego de que confirmara algunos datos, finalmente se aventuró a contestar a la inesperada misiva.

—No hay problema para un nuevo arranque, sólo necesita algunos ajustes en su sistema de retroalimentación, ¿pero por qué lo preguntas?

La militar respondió a su pregunta con una nueva, aclarando todo:

—¿Estará listo para la batalla?

—Estás más loca de lo que pensé si es que acaso estás pensado seriamente en...

Katsuragi tuvo que interrumpir de nueva cuenta la comunicación con su comapeñera, sin ánimos de recibir más insultos ó de explicar a nadie, de momento, cuál era su plan. Continuó entonces con el cuestionario, intentando informarse del estado de la situación, haciendo cálculos mentalmente.

—¿Cuál es el estado del piloto de la Unidad Uno?

—El cuerpo del Cuarto Niño no presenta anomalías— responde nuevamente el incansable Hyuga —Su pulso aún es algo precario, pero dentro de lo admisible. Ya ha sido trasladado al Hospital General y aún sigue descansando por indicación médica.

Misato respiró hondamente, apoyando la cabeza en sus manos, descansando un poco de las presiones que se le presentaban. Incluso se da el lujo de bromear un poco con sus subordinados presentes.

—La situación no pinta nada bien, ¿verdad?

—Entonces, ¿Alzamos la bandera blanca?— contestó Hyuga a su vez, de nuevo, en el mismo tono bromista empleado por la capitana.

—¡Buena idea!— contestó ella sarcásticamente —Pero antes de eso... tenemos que intentar todo lo que esté a nuestro alcance.

El lápiz se pasea nerviosamente en su cabello, enrollándose y desenrollándose por algunos instantes.

—Una vez que estemos en el otro barrio ya no habrá nada que hacer— suspiró por último, con una forzada sonrisa en su semblante.

Todo lo que rodea a Shinji es oscuro y pacífico. Apenas si se alcanza a percibir un leve murmullo, semejante a un gorgoteo de agua. El chico no puede ver nada más allá de su nariz, y se mueve entre las penumbras. "¿Dónde estoy?" se permite preguntar mentalmente, tirado en la cama del hospital. "¿Qué lugar es este? ¿Estoy... muerto? Todo está oscuro, y no puedo ver nada." Un destello de luz comienza a vislumbrarse en el horizonte, y se acrecienta cada vez más y más, conforme se acerca. Todo aquello parecía ser un enorme y estrecho túnel oscuro y maloliente. Unas figuras familiares, pero indiferentes para él, empiezan a delinearse en aquel halo de luz intensa. Conforme avanza por el hediondo túnel comienza a reconocer a aquellas personas, poco a poco, hasta que los puede visualizar completamente. Eran sus abuelos paternos, con quienes había pasado un corto período de tiempo, antes que murieran y fuera a vivir con su tío; tal vez si hubiera pasado más tiempo junto a ellos, hubiera aprendido a quererlos, pero no fue así. Ahora, para él eran sólo un par de ancianos, y nada más.

Sin embargo, y pese a todo ello, ambos lo saludan cariñosamente. "Shinji" le llaman ellos, sonriendo y sin mover los labios. El joven penetra al punto de luz en aquella inmensa oscuridad impenetrable, y vuelve a ser un niño de seis, no, de cinco años.

—Mira eso— señala su abuelo un punto en aquella inmensidad insondable, donde aparece un pequeño y rústico cuarto, pintadas las paredes cuidadosamente de un brillante color blanco, y las tejas del techo son rojas. En realidad, la pequeña habitación ofrece un aspecto muy amigable y hospitalario. El viejo continúa hablando —Te he construido un cuarto de estudio. A partir de hoy, podrás estudiar ahí.

Su abuela toma la palabra, dirigiéndole una afectuosa mirada a su nieto.

—El año que viene ya empiezas el primer año en el colegio. Y por eso pensamos que te gustaría tener tu propia habitación para estudiar.

—Por eso la hemos construido especialmente para ti en el jardín— interrumpe su abuelo, con una sonrisa en sus labios.

Ambos lo vuelven a contemplar en silencio, con la imborrable sonrisa en sus rostros. El niño contempla la habitación a lo lejos, para después agradecer el gesto serenamente.

—Abuelo, abuela— les dice con su voz infantil, pero con un tremendo aire de madurez — Muchas gracias... Yo estudiaré muy bien solo...— pronuncia con aire melancólico, mientras se vuelve a internar en la oscuridad, perdiéndose entre las brumas de la inconsciencia.

Camina por la solitaria callejuela, mientras la lluvia lo empapa de pies a cabeza. Sin importarle la incontable cantidad de agua que cae sobre él, se desplaza con sus pies casi arrastrando por la banqueta. Su mochila en la espalda parece una enorme carga sobre su pequeña humanidad, y a cada paso parece pesar más y más. Buscando aliviar la pesada carga que lleva consigo, voltea a ambos lados de la calle. A su derecha sólo se encuentra el terrible y enorme vacío negro, pero a su izquierda, se encuentra un puente, y debajo de éste, un basurero, y en ese tiradero, arrumbada y oxidada por el paso del tiempo y las estaciones, una vieja bicicleta, sucia y deprimente, que se encuentra sobre el sofá abollado, a lado del televisor roto, detrás del montón de tenis sucios y olorosos; no obstante la lastimosa condición del vehículo, logra atraer poderosamente la atención del párvulo.

Él sale de la calle, en busca del artefacto descompuesto. Lo alcanza con facilidad, y se da a la tarea de examinarlo, y aunque las llantas están chuecas y ponchadas, y que aún no aprende a conducir una, y aparte de que esté increíblemente mucho más alta que él, aún así la empuja por el pasto hasta volver a alcanzar la estrecha calle negra.

No ha avanzado mucho, cuando una voz, tosca y grave, le detiene en su camino, paralizándolo en el lugar donde se encontraba, aferrándose a la bicicleta para no caer.

—Oye, tú...— le llama la ruda voz —Deténte ahí...

El infante se voltea hacia donde emerge aquel rugido, como el de una fiera, que hace retumbar todo el ambiente. Un enorme policía, con gabardina e igualmente empapado, se encuentra observándolo, con el rostro contraído. Sus ojos están ocultos por la sombra de su gorra, pero lo que sí está al descubierto son sus dientes, grandes y blancos, amenazando engullirlo de un solo bocado. El chiquillo se estremece con la sola idea de que aquel enorme fulano se lo comiera, cómo parecía que lo iba a hacer, por la manera en que lo estaba viendo.

—¿Esa bicicleta es tuya?— le interrumpe en su examen dental la gruesa voz del agente de la ley.

—Es–estaba tirada por allá...— contesta tímidamente con su pequeña vocecita, incomparable con la del gigante frente a él, mientras se esfuerza en señalar al puente. Se encuentra tan asustado que pareciera que va a orinarse en los pantalones.—No es mía... pero estaba tirada ahí.

—¡No mientas!— ruge el enorme oso que tenía enfrente.

—Es la verdad, no estoy mintiendo...— suplica aterrorizado, mientras observa al robusto sujeto deambular alrededor suyo.

—Ya hablaremos en la comisaría— es lo último que pronuncia el grandulón, antes de que los dos fueran de nuevo engullidos por la densa oscuridad.

Enseguida, Shinji se ve dentro de un compacto cuarto, con una sola lámpara iluminando la habitación. Frente a él, se encuentra ese gran escritorio gris, que era insólito el sólo hecho de que pudiera caber en aquel miserable nicho. Mira hacia abajo y cae en la cuenta que está sentado en una silla altísima; no logra ver el suelo... entonces voltea por encima de su cabeza, sólo para ver cómo el miserable cuarto se va haciendo gigantesco. Se siente atrapado por la enormidad del lugar, siendo él tan pequeño e indefenso.

—¿Tu nombre?— pregunta la mujer que se encuentra al otro lado del escritorio, frente a una rudimentaria máquina de escribir, que parecía tener más años que la existencia misma.

El chiquillo ve a su alrededor, y suspira aliviado que el cuarto ha vuelto a sus minúsculas y ridículas dimensiones.

—¿Tu nombre?— le vuelven a preguntar.

—Shinji Ikari— contesta enfadado, contorsionándose sobre sí mismo, escondiendo el rostro entre las rodillas.

—¿El nombre de tus tutores?

El niño se queda en silencio, con los ojos encendidos y a punto de romper en llanto, sin decidirse que es lo que debe decir.

—¿El nombre de tus tutores?— repite la mujer anónima, con voz cansina.

—Gendo Ikari— respondió entonces el infante, muy seguro y decidido.

—¿Tu domicilio?

Aún no alcanza a decir algo, cuando su abuela irrumpe en la pequeña habitación, abriendo la puerta de golpe. Parece compungida por algún dolor, según se le puede ver en el rostro preocupado que tiene. Se inclina sobre el pequeño, que se puso de pie, y le estrecha por los hombros, sacudiéndolo cuidadosamente, no perdiendo la delicadeza ni un solo instante. La anciana comienza a llorar, surcando las cristalinas lágrimas su arrugada cara.

—¡Shinji!— le reprende, entre sollozos de vieja —¿Pero qué has hecho? ¡Si querías una bicicleta, tan sólo tenías que pedírnosla! ¡Tu padre nos hubiera dado el dinero!

Aquello último le cayó cómo un balde de agua fría. " Tu padre nos hubiera dado el dinero." Por supuesto, cuando de valor monetario se trataba, el hombre que lo había engrendrado nunca lo había dejado desprotegido.

—No es eso...— se intentó defender —No es eso...— suspiró, derrotado, sin saber cómo explicarse e intentando rehusar la acusadora mirada de su abuela.

La sigue a lo lejos en la negrura que los rodea, hacia ese pequeño punto luminoso que se observa a lo lejos, el cual también se va haciendo más y más grande, al igual que el anterior. El chiquillo ve las espaldas de la anciana, y de nuevo voltea hacia el piso.

"¡No es eso!" se repite mentalmente "Abuela... mi papá... ni en una ocasión cómo ésta me ha venido a buscar" siente un estremecimiento en su pequeño cuerpo, intentando contener el océano de lágrimas que siente en sus ojos. "Mamá" pronuncia dulcemente, mientras la llovizna le vuelve a empapar. "Si mamá estuviese viva, ¿me habría venido a buscar?" La luz cada vez más cercana lo encandila, sin importarle, al mismo tiempo que una palabra le queda grabada en lo más profundo de su ser: "Mamá"

El regreso a la cruda realidad se hace de repente, de golpe. Abre de inmediato sus húmedos ojos, envueltos en lágrimas. Al ver aquella visión, se pregunta si aún sigue soñando. Aquellas pupilas rojas, serenas y brillantes cómo rubíes, su cabello azul claro y corto, sus delicados labios entreabiertos. No, no se trataba de un sueño.

—Ayanami— suspiró Shinji apenas con un hilo de voz, sorprendido por su presencia.

Al verlo ahí, tendido y desvalido en la cama, cubierto sólo con esa delgada sábana y llorando, Rei no puede evitar compadecerse por aquel desdichado. Pero en el asunto también había algo más que lástima. No podía explicarlo con certeza, se trataba de una especie de extraño sentimiento que la embargaba, algo así cómo un sentido del deber, de tener que encargarse de él, de cuidar que nada malo le volviera a ocurrir, pero motivada por una causa que aún no entendía. Trataba de oponerse lo más que podía. Pero en cada ocasión que se topaba con el escuálido muchachito aquella sensación la dominaba sin que pudiera resistirlo. Era por tal razón que trataba de evitar a aquél joven en la medida de lo posible.

—Tu comida— señaló la chiquilla a la bandeja repleta de alimentos que sostenía entre sus manos, la cual luego depositó sobre la mesita ajustable de la cama —Me dijeron que comieras en cuanto te despertaras...— dijo ella de nuevo, en el mismo frío tono de voz que siempre usaba para dirigirse a Ikari, a la vez que vaciaba el contenido de un cartón de leche sobre un vaso.

—No quiero comer nada...— dice Shinji, algo apenado por su carencia de ropas.

—Deberías comer algo— responde de inmediato la muchacha —Sería lo mejor.

Ambos se observan de reojo un buen rato, en silencio. Ni el uno ni el otro puede tener una idea de que es lo que está pensando cada quién, pero de cualquier manera ninguno podía negar la incierta emoción que les provocaba su mutua contemplación. Un sentimiento raramente familiar, como cuando uno conoce a un extraño al cual está seguro de haber visto antes, pero sin poder recordar dónde ó cuándo.

Rei rompe la unión, repentinamente dándose media vuelta hacia el ingreso del cuarto. La puerta metálica se desliza y se abre; en el marco de la puerta, la niña le recomienda una última vez, en un tono casi... maternal:

—Trata de comer algo, ¿quieres?— dijo sin más, para luego desaparecer por el umbral.

El joven se siente confundido nuevamente por la actitud de la singular chiquilla y se queda pensando en qué fue exactamente todo eso. Después de algunos momentos, se inclina para tomar sus alimentos, meditando todavía mientras masticaba lentamente los bocados, inconscientemente sólo para darle gusto a la jovencita que recién se acababa de ir.

Por su parte, al salir del cuarto de Ikari, Ayanami encaminó sus pasos a lo largo del corredor que le agurdaba hasta llegar a la sala donde yacía el insconsciente Kai Rivera, quien permanecía en el mismo estado en el que lo había dejado. El único sonido que emergía de aquella estancia era el constante pitido del instrumental médico que monitoreaba los signos del paciente. La jovencita reparó en lo desconcertante que le resultaba aquella pasmosa calma cuando estaba junto a Rivera, a quien normalmente lo díficil era hacerlo callar. En esos momentos se daba cuenta la falta que le hacía escuchar su parloteo incesante, aún cuando fueran sus sinsentidos acostumbrados.

Apesadumbrada, volvió a tomar asiento al lado de la cama, sin dejar de mirar el semblante desvanecido, indiferente, de su compañero. Era la primera vez que lo veía tan tranquilo, lo que lo hacía parecer una persona completamente distinta. Sin duda se había quedado acostumbrada a su típica locuacidad ó "alegría desbordada", como le decía en ocasiones a los constantes exabruptos que aquél muchacho tenía para con ella.

Verlo en semejante estado le oprimía el corazón como pocas cosas lo habían hecho, pero a la vez le daban la oportunidad de cuidar y velar por él, lo que la hacía sentirse mucho más conectada con ese joven. Tomó su mano inerte y deslizó sus dedos entre los suyos, que le parecieron demasiado fríos al tacto. Fue en ese momento que creyó ver que sus labios se contraían en una mueca de aspecto confuso que a ella le pareció una sonrisa, pero como los monitores no mostraron alteración alguna la descartó de inmediato, considerándola como sólo un producto desu imaginación.

—He vuelto— dijo la muchachita, con su voz calma de siempre —Espero no haber tardado demasiado... la Capitana Katsuragi me llamó hace rato y me pidió que también la enterara del estado del Cuarto Niño, Shinji Ikari. Cuando fui a su cuarto a preguntar acababan de servirle la comida y justo en eso se despertó. Me hubiera gustado evitar cualquier encuentro con él, siempre que estoy en su compañía me siento... no sabría decirlo... ¿confundida? ¿Incómoda? Además sé muy bien que tú y él han tenido desacuerdos, supongo que eso me predispone a tenerle cierta antipatía. De cualquier modo, procuré que la entrevista fuera lo más corta posible para no dejarte solo tanto tiempo. Sucede que pronto tendré que irme, por lo que tengo entendido. Aún cuando no me dio detalles específicos, la Capitana Katsuragi tiene ya planeada una operación en contra de la criatura y al parecer piensa incluir a la Unidad Cero en ella. Sé que ya no quieres que suba a esa máquina, pero aún así me siento ansiosa de finalmente poder ser de alguna utilidad en esta guerra en la que todos estamos envueltos. No voy mentirte, dentro de toda esa ansiedad puede que exista algo de miedo, pero la satisfacción que me otorga cumplir mi propósito en esta vida sobrepasa cualquier temor que pueda llegar a tener...

Al sentir una clase de leve opresión en la mano que estrechaba la de su pareja, una vez más la joven de cabello celeste dirgió su atención a los monitores del instrumental médico, pero de nueva cuenta éstos no mostraban cambio alguno. Quizás, pensaba, anhelaba tanto el despertar del muchacho que eso la ponía bastante sensible, tanto como para tomar cualquier clase de movimiento, por minúsculo que fuera, como un signo positivo. De cualquier modo, encontraba que en ese estado le resultaba más fácil expresarse y se sentía en plena libertad para compartirle algunos de sus pensamientos más íntimos.

—Yo no soy como tú, ó como la Capitana Katsuragi ó el Comandante Ikari— continuó su monólogo —No tengo habilidades sobresalientes ó cualquier talento en sí, ni puedo relacionarme abiertamente con todos aquellos que me rodean. Lo único que soy capaz de hacer, él único valor que tengo para los demás es que puedo hacer funcionar un monstruoso aparato tan grande como una torre de varios pisos. Y no pude lograrlo sino hasta hace poco. En definitiva, es lo que me mantiene conectada en cierta manera con las personas. Si me quedo sin eso, entonces sólamente sería... yo... es decir: nada... y en ese caso... en ese caso... ¿qué sentido tendría la vida para mí? ¿Cuál sería el significado de mi existencia en este mundo?

El silencio al que ya estaba acostumbrada en esos instantes le pareció abrumador, el pitido de las máquinas en funcionamiento le resultó insoportable. Siempre que se ponía así, usualmente Kai alegraba su día con alguna ocurrencia absurda ó algún gesto cariñoso. Pero en esa ocasión el muchacho no podía hacer otra cosa más que ser un bulto echado sobre la cama, sin que ella pudiera tener garantías de que volvería a escuchar su voz.

—Hablando de otra cosa— añadió, luego de haber aclarado su garganta —Por fin pude obtener un ejemplar del Quijote, he estado leyéndolo toda esta semana. Admito que me encuentro bastante interesada en su lectura porque el protagonista me recuerda bastante a ti. Espero que no tomes a mal que te relacione con un anciano demente que se cree justiciero, pero es algo que no puedo evitar. Además, yo no lo considero como algo malo. Más que su lenguaje literario ó el contexto histórico en el que se ubica, lo que encuentro más fascinante de la obra es la caracterización de sus personajes. Aún cuando se trate de una parodia, una burla, El Quijote es ante todo, un ser humano de carne y hueso. Un simple hombre, pero un hombre bueno, noble, que lucha por preservar sus ideales en una época oscura y cruel, en la que ya no tiene cabida un espíritu aventurero como el suyo, encontrando en la locura la única manera cuerda de poder actúar conforme a sus convicciones... ¿aún sigues sin encontrar algún parecido contigo?... pero fue de tal modo absurdo que pudo forjar su leyenda, fue de esa manera que consiguió la inmortalidad. No como Alonso Quijano, el ilustre hidalgo, sino como el personaje que adoptó en su delirio... pienso que eso hizo que valiera la pena todas las burlas y afrentas que sufrió a lo largo de su camino como aventurero errante... aunque quizás alguien más pueda decir que eso es solamente masoquismo... no lo sé... deja que te lea algunos extractos, para que sepas bien de lo que te estoy hablando...

Tomando el grueso tomo entre sus manos, Rei lo abrió donde había colocado su separador de páginas, un simple listón azul, para luego empezar a leer con su dulce y melodiosa voz:

"—Eso no puede ser— respondió Don Quijote —: Digo que no puede ser que haya caballero andante sin dama, porque tan propio y natural les es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia donde se halle caballero andante sin amores..."

Literalmente sintiendo pasos en la azotea, ó en su defecto, un enorme taladro que perforaba las planchas de blindaje sobre sus cabezas, los altos mandos de NERV sostenían una reunión crucial para definir el rumbo que tomarían las hostilidades a partir de entonces. Era la Capitana Misato Katsuragi, encargada del Departamento de Tácticas y Estrategias, quien llevaba la voz cantante en ese momento:

—...así pues, a grandes rasgos, esos son los elementos principales que constituyen la operación que propongo a la dirigencia— dijo ella, en el tono respetuoso que siempre empleaba para dirigirse con sus jefes, una vez que había terminado de explicarles detalladamente cada parte de su plan.

—¿Un ataque directo a larga distancia, fuera del rango de alcance del enemigo?— preguntó el Profesor Fuyutski, incrédulo, sintetizando todo el plan de ataque que se le había ocurrido a la capitana —¿Se refiere, acaso, a una táctica de francotirador?

—Así es, señor— respondió la mujer enseguida —Un solo punto de ataque utilizando una unidad generadora de energía convergente, después que el Eva neutralice el Campo A.T. del objetivo... es la única manera de acabar con esta amenaza...

—¿Y qué es lo que dice MAGI al respecto?— inquirió el subcomandante de nueva cuenta, sin dejar de lado su tono escéptico.

—El plan que he propuesto obtuvo del sistema MAGI dos respuestas afirmativas y una respuesta afirmativa condicionada.

—Dos de nuestras supercomputadoras dicen que la operación funcionará, mientras que la otra dice que tal vez podría funcionar— caviló un poco al respecto el experimentado individuo, cruzándose de brazos —Así que no podemos tener una certeza absoluta al respecto...

—Aún así, nuestras probabilidades de éxito siguen siendo bastante altas, señor...

—En dado caso, no hay razón por la cual debamos oponernos a su plan, Capitana— pronunció Gendo, interviniendo al fin en dicha junta —Proceda a discreción...

—Gracias, Comandante...

—Sabes que todo este plan que has ideado no es otra cosa que una completa locura, ¿cierto, Capitana Katsuragi?— soltó sin más Ritsuko en cuanto su compañera salió de la sala donde se llevó a cabo la reunión, uniéndosele en su andar por los corredores del cuartel.

—¡Qué grosera, como siempre!— se defendió en el acto —¡Por supuesto que no es una locura! Es una magnífica y genial operación, cuyo cada minúsculo detalle ha sido cuidadosamente planeado y tiene la probabilidad de éxito más alta que cualquier otra opción que tengamos de momento...

—¿Realmente crees que todo este disparate va a funcionar, genio de las estrategias?— repuso Akagi sarcásticamente —Creo que has olvidado un pequeño inconveniente en tu mente maestra, y eso es que nuestro rifle de positrones experimental no posee la potencia de fuego necesaria para acabar de un solo tiro a ese monigote. Así que, ¿qué piensas hacer al respecto, oh, gran estratega?

—Eso es fácil de resolver— contestó Misato sin mayor problema —Voy a pedir prestado uno más grande...

—¿Más grande? Diablos, no querrás decir...

—Sip, ese mismo: el prototipo de cañón de positrones que se encuentra en el laboratorio de las Fuerzas de Auto Defensa de Japón. ¿Recuerdas que le dijiste a Kai, cuando lo desarrolló, que no era más que un armatoste inútil y una pérdida de tiempo, sin una aplicación práctica? ¡Vaya vueltas que da la vida!

Los positrones son partículas de antimateria, las primeras de este tipo en ser creadas en un laboratorio. Aunque fueron postuladas por el eminente físico Paul Dirac, en el siglo 20, alrededor más o menos de la década de 1930, su manufactura , aún en unas cualidades diminutas, no fue realizada sino hasta la década de los 70`s , cuando el acontecimiento ocurrió en el acelerador gigante del CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear. Los positrones son la contra parte en la antimateria de los electrones, los cuales rodean el núcleo de la materia ordinaria.

Son potenciales cómo un arma, esto es claro cuando uno se da cuenta que igualan a la potencia de las bombas nucleares, únicamente liberando un poco del porcentaje de su energía; la intersección de materia y antimateria resulta en la conversión total de la energía de ambas, en una reacción eficiente de un 200%.

De tal suerte, una numerosa cantidad de personal científico y técnico, perteneciente a las fuerzas japonesas, había puesto todo su empeño en ensamblar un modelo operacional de cierto tipo de cañón diseñado por el Doctor Kai Rivera, que aprovechaba toda ese potencial de energía con fines de defensa. En un principio se había planteado que fuera una alternativa a los Evangelions en la ofensiva contra las entidades de destrucción masiva conocidas como ángeles.

Era por eso que la gran mayoría de aquellas personas viera con sumo recelo que la Capitana Katsuragi, precisamente de NERV, se apersonara en sus instalaciones con esa hoja de requisición que mostraba a todo mundo como si fuera una bandera, con la que pretendía llevarse el fruto de su laborioso trabajo de casi un año, sin otorgar cualquier clase de garantía en el colmo permisible de su soberbia.

—...por tal motivo, en representación de la agencia especial NERV, estoy aquí para tomar custodia de su cañón automático de positrones a partir de las once horas del día de hoy, Lunes 08 de Junio del 2015.

—Esto no es posible— musitó el intimidado director del proyecto, tratando de mantener una postura firme frente a aquella arrogante mujer, que parecía sacada más bien de un concurso de modelaje que de una agencia de investigación científica —Usted... ¡Usted no puede venir aquí, así nada más, tan sólo diciendo que piensa llevarse nuestro trabajo de meses! ¡Esto no tiene sentido alguno! ¡Nadie me habló de este asunto!

—¡Oh, pobrecillos, cuánto lo siento! ¡Seguramente la notificación aún no les ha llegado debido a todos esos engorrosos trámites burocráticos!— Misato fingió compadecerse de todos ellos, para luego ver la hora en su reloj de muñeca —Lástima que ese no sea mi problema... además miren la hora que es: ¡las once en punto! ¡Todo listo, Rei, ya te lo puedes llevar! Recuerda que es una maquinaria de precisión, así que ten mucho cuidado...

Antes que cualquiera de los presentes pudiera juzgarla como una maniática que hablaba con personas invisibles, un estremecimiento que cimbró todas las instalaciones los sacó de balance. Horrorizados, los empleados gubernamentales tuvieron que retroceder a buscar cobijo, mientras que contemplaban estipefactos como el Eva 00 levantaba todo el techo entero de una sola pieza solamente con su mano, introduciendo su brazo restante para levantar el pesado artefacto en disputa.

—Les aseguro que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para regresarles su prototipo en las mismas condiciones en las que nos los llevamos— decía por su parte Katsuragi, tan tranquila y campante como lo estaría cualquiera que presenciara todos los días el funcionamiento de aquellos grotescos titanes de acero —Todos nosotros agradecemos muchísimo su cooperación...

—Aún así, hemos calculado que la potencia que se requiere utilizar para que el plan funcione es mayor a los 180 gigawatts— anunció Makoto Hyuga, acudiendo solícito a su lado —¿De donde piensa sacar tanto fluido eléctrico?

—¡Eso ya está arreglado!— contestó Katsuragi, despreocupada, aprestándose para salir de ahí y dirigirse al siguiente punto donde su presencia era requerida —¡Para derrotar a este enemigo, utilizaremos todo el poder de Japón!

"Este es un aviso de emergencia para toda la población: un corte total de suministro de energía eléctrica será realizado a través de todo el territorio japonés a partir de las 11:30 de esta noche, hasta las primeras horas del día de mañana. Pedimos cortésmente su valiosa cooperación y comprensión. Repito: este es un aviso de emergencia para..."

El mismo sonsonete era transmitido a todos los civiles ininterrumpidamente, ya fuera a través de la televisión, radio, redes sociales y hasta el rústico uso de altavoces en distintos tipos de vehículos, ya fuera aéreos ó terrestres, todo con el afán de asegurarse que no habría nadie que se quedara sin enterarse acerca del apagón programado.

Faltaban sólo unas cuantas horas para que el ángel penetrara todas las capas de blindaje y alcanzara el Cuartel General, y en el interior de éste, la actividad no cesaba aún.

Misato seguía en la sala de estrategias, esperando el informe del ensamblaje del rifle de positrones, el arreglo de las unidades Eva y el estado de los pilotos. Con su desesperación característica, iba de un lado a otro de la sala, sorbiendo su taza de café, anhelando una lata de cerveza, haciéndole muecas al líquido caliente.

Volvió a tomar el intercomunicador, hacia el taller de ensamblado, donde en esos momentos todos los integrantes de la Tercera Sección del Departamento de Investigación y Desarrollo adaptaban el cañón japonés a un arma que pudiera ser utilizada por los Evangelions.

—¿Cómo sigue la operación?— preguntó Katsuragi al técnico que tomó la bocina.

—Dentro de lo esperado— comunicó éste— Lo tendremos listo en un par de horas. ¡En ello va nuestro orgullo! ¡Confíe en nosotros!

A pesar del ruido que entorpecía la comunicación, la mujer con rango militar comprendió a la perfección el mensaje, colgando el auricular sólamente para volver a utilizarlo otra vez, marcando un nuevo número de extensión.

—Doctora Akagi, ¿qué puede decirme acerca del sistema defensivo que le solicité?

—Lo único que se puede hacer en las presentes circunstancias, a falta de tiempo y de recursos adecuados, es utilizar un simple escudo protector— señaló su compañera al otro lado de la línea, examinando junto con su asistente una imponente pieza de metal que tenían delante, recién acabada de entregar.

—¿Esto es un escudo?— pronunció Maya, un tanto desconfiada por la apariencia tosca y rudimentaria de la pieza en cuestión.

—Era el blindaje inferior de un transbordador espacial— confesó Ritsuko —La Segunda Sección nos asegura que su cubierta blindada electromagnéticamente puede resistir el ataque del cañón de partículas enemigo por 17 segundos, que debería ser más que suficiente en caso de cualquier eventualidad.

—El único problema restante siguen siendo los pilotos— murmuró la capitana, luego de dar por terminada la comunicación con la oficial científica.

—El piloto de la Unidad Uno ha recuperado la conciencia, y todos sus signos no muestran problema, ya ha recibido su alta médica— informó de inmediato Makoto, tratando de disipar sus temores.

—Sólo espero que esté de humor para volver a jugarse el pellejo contra esa cosa— expresó la mujer de cabellera oscura, con justa razón, conociendo de sobra el carácter precavido de su joven inquilino —¡Escuchen bien, todos ustedes! Considerando todos los aspectos geográficos y técnicos de esta misión, he previsto que el punto de ataque será en la cima del Monte Futago. La operación comenzará a partir de las doce de la noche y será llamada "Operación Yashima". Comiencen con el traslado de personal y equipo a la locación, todo debe estar listo paar entonces.

—¡Sí, señora!— contestaron todos a su alrededor en una sola voz.

Todos los elementos necesarios para el acontecer de su plan ya estaban reunidos. Ahora, lo único que había por hacer, era esperar, por difícil que eso resultara.

Las horas pasaron cómo segundos, que se diluyeron de inmediato en las aguas del tiempo. Eran casi las cinco de la tarde cuando Rei entró al cuarto de Shinji, llevando con ella la última comida que quizás degustaría en su vida. Sin la intención de decir más que lo necesario, la muchacha volvió a servir la charola de porcelana blanca sobre la pequeña mesa que la cama traía incluida con ella, y al terminar, sacó de entre sus ropas una pequeña hoja de papel blanca, membretada con el escudo de NERV.

—Este... ¿buenas tardes?— pronunció el joven Ikari, un tanto desconcertado por la taciturna presencia de su compañera, como siempre, y por que no había dicho palabra desde su arribo. Como siempre.

La muchacha lo observó ajenamente, aunque con cierta deferencia.

—Estoy aquí para informarte del horario de la operación de esta noche— la chiquilla comenzó entonces la lectura del papel que sostenía entre sus manos— " A las 1730 horas"— decía— "Los pilotos Ikari y Ayanami se reportarán en el Muelle de Embarque de sus respectivas Unidades Eva. A las 1800 horas las Unidades 01 y 00 serán activadas, y a las 1805, lanzadas. A las 1830 deben estar ya en la base temporal en Monte Futago. Esperarán por órdenes. La operación dará comienzo a medianoche"— concluyó, doblando la hoja y entregándosela al joven para que la consultara.

—Un momento... ¡un momento!— exclamó el chiquillo, releyendo con sumo cuidado cada renglón de aquél oficio —¿Qué hay de Kai? ¡Aquí no viene nada que lo involucre a él ó al Eva Z en la misión! ¿Acaso ese payaso ridículo cree que va a poder librarse de todo este asunto, así nada más? ¡La Unidad Zeta podría acabar fácilmente con ese monstruo, con uno de esos rayos que saca de los ojos, ó con cualquier otro disparate que luego se le ocurra hacer! ¡Es el colmo! ¿Qué se está creyendo ese infeliz, dejándonos toda la responsabilidad? Oh, lo lamento...— se detuvo en su coloquio, una vez que se dio cuenta del gesto aprehensivo de Ayanami —Olvidé que tú y él... bueno, pero es que él... perdón...

—El piloto del Eva Z, Kai Katsuragi, sufrió ayer un atentado contra su vida, al ser expulsado por la fuerza desde un vehículo en movimiento— detalló la muchacha, inexpresiva como estatua. Si acaso el exabrupto de su compañero la había molestado, no lo reflejaba en absoluto —Desde entonces no ha recuperado la conciencia, por lo que no está en condiciones de entrar en combate. Se encuentra internado en este mismo hospital, en un aparente estado de coma...

—Lo siento... yo... no tenía idea— se excusó Ikari, de manera torpe y vacilante. La verdad, muy en el fondo estaba molesto porque a fin de cuentas Rivera se las había ingeniado para eludir todo ese sinsentido que Misato había tramado, y del que forzosamente él debía formar parte.

En esas estaba, cuando de improviso Rei le alcanzó una bolsa plástica cerrada, cuyo contenido de inmediato reveló:

—Tu nuevo traje de conexión. Póntelo. Si sales como estás, sólo te pondrás más en ridículo.

Al percatarse que la jovencita hacía referencia a su desnudez, oculta solo por la delgada sábana que llevaba encima, el mozalbete se sintió expuesto y rápidamente quiso remediar la situación amontonando los pliegues de la tela sobre su entrepierna.

—¡No puede ser, qué vergüenza, lo siento tanto!— sólo cuando se sintió tapado, y a salvo de miradas indiscretas, Shinji pudo calmarse —Últimamente sólo me la paso disculpándome contigo... parece ser que nada me sale bien cuando estás cerca...

—Será mejor que comas y te vistas. Tendremos que entrar en acción dentro de 60 minutos.

—No puedo creerlo...— murmuró el chico, con el suficiente volumen para que la muchacha lo oyera, abriendo sus penas a la persona menos indicada para tal efecto —No puedo creer que tenga que volver a pilotear tan pronto, después de lo que me pasó...

—Tienes que hacerlo... ese es nuestro trabajo, es lo que nos toca hacer— le dijo ella.

—Puedes decir eso así como si nada, pero es sólo porque no has pasado por todo lo que yo, dentro de esa horrible cosa. Cada vez que subo a ese armatoste termino al borde la muerte ó del colapso nervioso total. Es demasiado sufrimiento para que lo soporte cualquier persona... estoy harto de todo esto...

—Quédate en la cama, entonces— espetó Ayanami sin mayores miramientos —Yo pilotearé la Unidad Uno. La Doctora Akagi está preparada para reconfigurarla para mi uso, en caso de ser necesario.

—¿Ritsuko? ¿Ella puede hacer eso?— mientras preguntaba eso, el joven Ikari se internaba en la absorbente mirada escarlata de su acompañante, sin encontrar en ella cualquier clase de reproche ó por el contrario, compasión. Solamente había en ella una esquiva y distante calma. Era cierto que a ella no le importaba tomar su lugar, arriesgando su propia vida.

—Me tengo que ir— anunció la muchita, dirigiéndose al acceso del cuarto —La Capitana Katsuragi y la Doctora Akagi me están esperando, y aún tengo que despedirme de Kai antes de eso. Te veré después... ó tal vez no. Esa es decisión tuya.

Shinji la vio partir entonces, todavía sin juntar ánimos como para seguirla. Se limitaba a sostener su traje de conexión, aferrándose a él como si se aferrara a su vida misma.

Rei volvía a ingresar de nueva cuenta en la oscurecida sala, cuyo único ocupante permanecía en el mismo estado que le dejó. Al verlo inmerso en esa pacífica condición parecía ser una persona completamente distinta a la que conocía y había llegado a querer. Paseó sus dedos por entre sus cabellos, acariciciando su desvanecido rostro, sereno como una tumba.

—Es hora de irme— anunció en voz baja, como si estuviera cuidándose de no perturbar su sueño —El momento de actúar ha llegado y me encuentro dispuesta a todo con tal de demostrar el valor de mi propia existencia, definida por mi labor como piloto de Eva. Por ese motivo es que no pienso retroceder, no tengo más dudas ó temores, así que esta bien puede ser la última vez que estemos juntos. Aunque es una lástima que no hayas podido recuperar el conocimiento antes que me fuera. Quizás de lo único que me arrepiento en este momento es de nunca haber aclarado lo que siento por tí con exactitud, ya sea amor ó cualquier otra clase de emoción que sea capaz de experimentar. Espero tener la oportunidad de averiguarlo después de todo esto... y si no, si algo llegara a suceder... entonces quiero que sepas que lo que tuvimos fue algo muy bueno, mientras duró...

Luego de pronunciar tales palabras fatalistas, que más bien parecían conformar su última voluntad antes de partir al más allá, Ayanami se inclinó para poder posar sus labios sobre la helada boca del muchacho.

—Un regalo de despedida, por si acaso— dijo cuando se alistaba para retirarse, ya casi en el marco de la puerta —Adiós...

"Mi amor", "querido", "amado mío"... fueron sólo algunos de los motes que se le ocurrieron en esos momentos, palabras que quedaron en la punta de su lengua, sin atinar a pronunciar cualquiera de ellas al carecer de cualquier certeza acerca del sentir de su corazón con respecto a aquél joven malherido. Sin respuestas de momento para tal efecto, por ende tuvo que agachar la mirada, saliendo del sanatorio cargando con una despedida inconclusa a cuestas que pesaba sobre sus hombros como una losa.

Alrededor de las 6 de la tarde, horario previsto para el despliegue de los Evas, reinaba en el ambiente un sopor apabullante. El termómetro había marcado 32 grados aquella calurosa jornada. No obstante, una leve esperanza se dejaba ver con unas oscuras nubes de tormenta que había traído la corriente húmeda proveniente del Pacífico, y aquellas nubes comenzaron a tapizar el horizonte, haciéndolo gris y comenzando a atraer una leve brisa húmeda que refrescó a todos por algunos leves momentos. Pero de agua, aún no caía ni una gota en aquel tremendo hervidero en el que se había convertido la ciudad y sus alrededores. Toji reflexionaba en esto, secándose con la mano las abundantes gotas de sudor que le escurrían por la cara. Aún encontrándose en un lugar alto y despejado, sentía tremendo calor, además que se quería alejar lo más pronto posible de aquél sitio. Intentando espantarse el sopor con su camiseta, agitándola sobre su acalorada cabeza, por un momento olvidó que era lo que hacía en aquel horno urbano, hasta que observó a su enajenado compañero cargar con su inseparable cámara, asegurándose de tener amplia memoria disponible y listo para la función, que no debería de tardar. Suzuhara, no obstante, jamás había compartido su entusiasmo para ese tipo de espectáculo, y gustaba de ser un poco más realista al respecto.

—Oye, Kensuke— pronunció abatido por el soporífero calor —¿Estás seguro que va a ser aquí y ahora? Me estoy cansando de esperar

—Revisé los papeles de mi papá en secreto, así que estoy bastante seguro— respondió impasible su cómplice.

Los dos se encontraban solos en la azotea de la escuela, recargados en el barandal y dirigiendo la vista hacia una pequeña colina que se divisaba de lejos. Ambos habían descubierto hasta hace poco el porqué aún no se habían cambiado de ciudad, y eso era por que sus padres trabajaban en NERV. El padre de Kensuke cómo asesor militar en el Departamento de Tácticas y Estrategias, mientras que por otro lado, el padre y el abuelo de Toji eran ingenieros de mantenimiento. El hermetismo en el que se encontraba la organización antes de salir a la luz pública era tal, que hasta los mismos empleados tenían que guardar en secreto en lo que realidad trabajaban inclusive a sus propias familias. Algunos habían faltado al reglamento, y obtuvieron su castigo, a manos de los múltiples criminales que el Comandante Ikari reclutaba explícitamente para eso. Romper unas cuantas piernas aquí, destruir una casa por allá, asesinar unas cuantas personas acullá... después de los primeros avisos, nadie más se atrevió a desobedecer, y callaron hasta que hubiera llegado el momento. Aquellos primeros horrores parecían lejanos, pero en realidad estaban más cerca que antes. Ignorante de tales circunstancias, por supuesto, Toji volvió a consultar su reloj. Cinco después de las seis.

—¡Yo me largo de aquí! ¡Ya deberíamos estar en el refugio!— de golpe, calló sus reclamos, ante esa sensación de la tierra moviéndose. ¿Un terremoto? No. Era cómo el sonido del metro acercándose a la estación, pero aumentado unas mil veces. Su amigo, sin despegarse de la cámara y grabando absolutamente todo lo que estuviera pasando, le indicó donde la colina. Aquella sensación cada vez se hacía más fuerte, y los dos contemplaban en aquella dirección, en espera de lo que antemano sabían que verían.

De repente, la Unidad 01 emerge de las más oscuras profundidades a bordo de su plataforma, y el estremecimiento cesa en los cuerpos de los infantes. La visión del enorme robot a la tenue luz del ocaso opacada por lo nublado, era magnífica y excepcional, algo digno para conservarse para la posteridad. Reposaba cómo un gigantesco guardián milenario de la ciudad, que no había visto la luz del sol en bastante tiempo, y parecía ser parte de todo lo que le rodeaba. De inmediato, da un paso fuera de su transporte, para que ésta se haga para atrás y abrirle paso a una más, de dónde surge el Prototipo Cero, que era la primera vez que abandonaba las instalaciones subterráneas, cargando un escudo semejante a los que la policía utilizaba en revueltas civiles. De nuevo, aquel enorme ser de metal y carne se mantiene inmóvil algunos cuantos instantes, hasta repetir la operación de su predecesor y salir de la plancha donde estaba de pie, para que esta también sea empujada hacia atrás. Aquello había valido tanta espera por parte de sus dos espectadores, quienes sólo esperaban a la Unidad 01, y en cambio habían obtenido dos por el precio de uno.

— ¡Esto es... lo máximo!— la voz emocionada de Kensuke resonó por todo el lugar, sin soltar su aparato de grabación un solo instante —¡También desplegaron la Unidad 00, no lo puedo creer! ¡Asombroso!

—Parece que ahora sí irán todos a la carga, ¿eh?— murmuró Toji, bastante impresionado, para luego ser contagiado por el entusiasmo de su compañero, gritando entonces a los cuatro vientos— ¡Eso es, muchachos! ¡Vayan a patear culos!

Una vez que los colosales hombres mecánicos estuvieron reunidos, emprendieron el corto camino hacia la improvisada base en una falda de un monte cercano. A cada paso de los titanes, todo alrededor temblaba y oscilaba, cómo si las cosas quisieran hacerse hacia un lado para dejar pasar a tan ilustres personajes, ante la impávida vigilancia de sus jóvenes espectadores a quienes habían arrebatado el aliento.

A las seis y media, tal y cómo lo dictaminaba el plan, todo el personal necesario se encontraba en la serie de tiendas de campaña, hechas con lona, que habían denominado cómo "Base temporal". Todo el equipo que pudo conectarse en tan rústicas condiciones había sido llevado hacia allá, dejando al Geofrente solo contra el enemigo que buscaba perforar sus entrañas. Al llegar, las unidades Eva habían sido "estacionadas" por los pilotos, dejando a los entes arrodillados, y en ese momento, tal cómo el horario lo dictaminaba, sus dos pilotos esperaban por órdenes. Empezaba ya a oscurecer, cuando dieron las siete con quince.

Mientras tanto, los oficiales técnicos de más alto rango comenzaban a probar que el equipo de rastreo y medición estuviera en buenas condiciones, después del viaje que tuvo que hacer en helicóptero. Era probable que algunas partes hubieran sido afectadas durante el traslado, ó bien dañadas por la rudimentaria condición en las que trabajaban. Luego de una checada superficial a los aparatos, los tres, Makoto Hyuga, el encargado del sistema de soporte para los pilotos, Maya Ibuki, encargada de monitorear el funcionamiento de los Evas, y finalmente Shigeru Aoba, encargado del análisis de los ataques enemigos, coincidieron que todo el equipo parecía estar en buenas condiciones y que tendría un funcionamiento aceptable. Sin embargo, para salir de dudas completamente, encendieron las máquinas y comenzaron a realizar las pruebas. Los tres se sentaron en sus respectivos puestos, y observaron los datos en las pantallas, para después comunicarlos en voz alta y entendible.

—El taladro enemigo ha perforado hasta la plancha número 20— comunicó Shigeru, observando su pantalla.

—Faltan 5 horas con 45 minutos y 33 segundos para que alcance el Geo Frente— aseguró Hyuga, luego de repasar los datos matemáticos que parecían en su puesto —La transmisión de energía de las áreas Shikoku y Kyushu están completas.

—Todos los sistemas de refrigeración en fase de prueba— terminó por decir Maya.

Afuera, las nubes de la tormenta que se acercaba, se movían hacia la ciudad a paso firme, pero lento, y se iban acumulando cada vez más y más, hasta empezar a oscurecerlo todo. Otro tipo de tormenta se acercaba también a la metrópoli, y los que podían contenerla hablaban de ello.

—Muy bien— pronunció Misato, poniéndose su mano izquierda en la cintura y sosteniendo su carpeta con la derecha —Escuchen cuidadosamente lo que tenemos que decirles, ustedes dos, es muy importante que entiendan a la perfección cada aspecto de esta misión.

Después, apuntó hacia una enorme mole que se veía atrás.

—Eso de allá es un rifle de positrones...— les reveló. La enorme estructura de metal, era un modelo a gran escala de un rifle de francotirador. Aquél tamaño descomunal se debía, por una parte, al colosal espacio que ocupaban sus baterías, y por otro lado, para que un Evangelion pudiera utilizarlo sin mayores contratiempos. La gigantesca arma medía unos 60 metros de largo, y tenía que ser transportada por dos camiones tipo oruga a la vez.

—Es un arma de diseño propio que NERV ha confiscado para su montaje— continuó la mujer de cabellera oscura —Es un instrumento de alta precisión, que se ha tenido que adaptar en forma bastante precipitada, así que su punto débil será, sin duda, la batalla cuerpo a cuerpo, pero...— y señalando hacia la Unidad 00, que aún portaba aquel enorme escudo de granadero, continuó —Tenemos ese escudo. Aunque también es de construcción rápida, ha sido fabricado con la parte inferior de un transbordador espacial. Incorpora unas planchas de blindaje electromagnéticas, que pueden resistir hasta 17 segundos de fuego enemigo. Así que Shinji, en la Unidad 01, será el artillero.

—Bien...— contestó el jovencito, casi resignado y sin ya sorprenderse de que gran peso de la operación recayera sobre sus frágiles hombros.

—¿Quiere decir que mi trabajo será proteger al Eva 01?— inquirió Ayanam, ansiosa por conocer su parte dentro del plan.

—Así es— sentenció Katsuragi, lacónica, notando que, contrario a su proceder habitual Ayanami se mostraba algo inquieta, incluso podría decirse que emocionada.

—Eso es porque en estos momentos la sincronización de Shinji con la Unidad 01 es la mejor. La precisión es absoluta en esta operación— aclaró en ese momento la Doctora Akagi, dando un paso hacia el frente para dirigirse a los jóvenes —Los positrones son afectados por la rotación de la Tierra, el campo magnético y la gravedad del planeta...así que no viajan en una línea recta. No olvides corregir eso, Shinji.

—Pero aún no he entrenado para algo cómo esto...— se excusó de inmediato el susodicho.

—No te preocupes— interrumpió la científica — Sólo hazlo cómo se te indica en el libro. Jalas del gatillo cuando los marcadores estén centrados en el blanco, y la computadora se encargará de lo demás.

—¿Pero qué pasará si mi primer disparo llegara a fallar?— insistió el muchacho, quien quería estar seguro que todas las posibilidades estuvieran contempladas.

—Podría tomar hasta 20 segundos el enfriar, recargar y disparar un segundo disparo— le respondió Misato, tajante —Nosotros calculamos un conteo sin ese tiempo. Si tú fallas, todo se acabó. En última instancia el escudo de Rei te protegerá.

Todos quedaron en silencio por algunos momentos, cada quien metido en sus asuntos personales. "Si el escudo aguanta sólo 17 segundos" pensaba Shinji "Creo que no habrá oportunidad para un segundo tiro".

—Ya casi es hora— pronunció con voz de mando la Capitana Katsuragi —Será mejor que comiencen a alistarse.

—Sí, señora— fue la unísona respuesta de ambos jovencitos.

Hitomi Amano era una flamante profesionista recién graduada de la Escuela de Enfermería, una vivaz jovencita de 22 años con muchos ímpetus, agradable al trato con las personas y dedicada a su trabajo, aunque un poco robusta para su corta estatura. De cualquier modo, su carácter afable la colocaba en muy alta estima con todos sus amigos y compañeros de trabajo, aunque todos ellos bien podían coincidir en señalar el defecto más evidente de aquella muchacha, y por lo que todos la conocían: en ocasiones, más de las que le convenía, podía ser bastante distraída, por no decir que despistada.

Para alguien que se desempeñaba dentro de ese campo laboral, cualquier distracción podía ser riesgosa, incluso fatal. Afortunadamente, en una ciudad despoblada como Tokio 3 incluso los servicios de salud allí ofertados rebasaban por mucho a la demanda poblacional, por lo que durante largo tiempo Hitomi pudo apoyarse en sus colegas para suplir a conformidad aquella flaqueza y poder optimizar sus muchas otras virtudes, como la calidez en el trato a sus pacientes.

El turno nocturno siempre le había parecido un suplicio, sobre todo porque gustaba de dormir a sus horas sin interrupción, pero la ventaja es que a esas horas no había jefes que pudieran percatarse de sus múltiples descuidos, por lo que se sentía más segura y confiada en el desempeño de sus labores. Además, esa noche había un solo paciente en todo el piso que le había sido asignado: el muchacho Rivera, y en realidad los monitores eran quienes se encargaban de su cuidado. Ella solamente debía pasar visita antes del cambio de turno para poder hacer su reporte a tiempo.

Fueron tales motivos los que condujeron a sus compañeros de trabajo a confiarle toda la guardia por un rato, en lo que ellos subían a la azotea del edificio, desde donde podrían presenciar, en un rato más, el espectáculo irrepetible de ver a su ciudad siendo engullida por las tinieblas gracias al apagón total programado para esa noche. Como Hitomi sufría de vértigo, ocasionado por su temor a las alturas, no tuvo mayor empacho en aceptar quedarse sola, asumiendo toda la responsabilidad del piso por un tiempo que no debería prolongarse demasiado a fin de cuentas.

A sabiendas de la larga noche que le aguardaba, la joven profesionista hacía uso de su reproductor de video personal para poder mantenerse despabilada y alerta lo que restara de su turno, y para tal efecto es que miraba en la central de enfermeras una vieja película americana de horror, "El amanecer de los muertos", cuyas grotescas escenas de carnicería a granel se encargarían de ahuyentarle el sueño y aumentar sus descargas de adrenalina, que le eran inyectadas cada cinco minutos con cada nueva estampa sangrienta que veía en pantalla y los gritos agónicos de las víctimas de aquella producción, que escuchaba a través de sus audífonos. Las vísceras, miembros mutilados y chorros de sangre parecían ser los verdaderos protagonistas de ese filme de culto que la había tenido comiéndose las uñas durante los últimos veinte minutos. Hasta entonces, en un recoveco de su mente, se ponía a pensar que en un remoto caso que se desatara una epidemia como la descrita en dicha cinta, donde los muertos recientes regresaban a la vida para alimentarse de los vivos, el personal de salud, como ella misma, serían los más vulnerables durante el periodo inicial, los primeros en ser afectados y sucumbir a dicha plaga. Y los hospitales como en el que ella trabajaba se convertirían en auténticos focos de infección. "Eso nunca podría suceder", se dijo a ella misma, tratando que la razón imperara sobre el miedo sin fundamentos que comenzaba a aquejarla, pero en otro rincón de su cabeza, como suele ser en tales casos, una pequeña voz susurrante permanecía diciendo, inquieta: "Pero, ¿que tal si sí... que tal si algo así llegara a suceder?".

Debido a su abstraimiento, Hitomi no dio cuenta de los múltiples chillidos que lanzaba el diverso instrumental médico de su paciente, detonando todo tipo de alarmas que no fueron atendidas a su debido tiempo. Fue hasta que escuchó caer toda una estantería de ropa, ubicada un poco más cerca de su lugar, que pudo percatarse que algo no estaba bien. De inmediato detuvo el funcionamiento de su aparato para ponerse en pie como de rayo y averiguar la causa de semejante estrépito. Sin embargo, la gruesa capa de oscuridad proveniente de aquél rincón la detuvo en su sitio, impidiéndole poder avanzar siquiera un paso más, conforme el ritmo de su respiración iba en aumento.

—¿Ho-Hola? ¿Hay... hay alguien ahí?— no fue hasta que pronunció tales palabras que se percató y reprochó a si misma por el cliché que estaba perpetrando.

Convencida de que ella era mejor y mucho más lista que cualquiera de los personajes de películas de horror que haya visto, la joven enfermera arrojó un grueso y pesado rollo de cinta médica hacia el oscurecido rincón, en tanto que empezaba a encender cada uno de los interruptores de luz que tenía a mano, sin lograr dar con el que encendía ese pasillo en particular. Mientras estaba en eso, el rollo de cinta que momentos antes había lanzado a la oscuridad regresaba de ella, rodando por el suelo hasta caer cuando chocó con el módulo de madera detrás del cual se refugiaba. Un sonido hueco y repetitivo, como el de alguien arrastrando una pesada carga, se fue escuchando cada vez más nítidamente, seguido de una especie de lamento gutural.

—¡Ay, mi Dios! ¡Ay, mi Dios!— empezó a santiguarse la muchacha, en tanto veía salir de entre las tinieblas un trémulo brazo que se abalanzaba en su dirección, y un pálido rostro, como el de un espectro, seguido de un cuerpo maltrecho que se movía lentamente, arrastrando su pierna izquierda.

Aquella terrorífica visión la hizo pegar tremendo grito, digno de cualquier scream queen de la actuación, que reverberó por todos los muros del desolado piso. Al parecer desorientada por semejante ataque sónico, la aparición que acosaba a la desfallecida Hitomi se desplomó en el piso, a la vez que la enfermera recuperaba sus sentidos y gracias a eso fue que pudo reconocer a Kai Rivera, su joven paciente hasta entonces comatoso.

—¡Me lleva el diablo! ¡No puede ser!— exclamó, llevándose las manos al rostro, para luego apurarse en ayudar al chiquillo a ponerse en pie nuevamente —¿Rivera-san? ¿Es usted? ¡No me lo puedo creer, esto es imposible! ¿Pero qué cuernos crees que estás haciendo, cariño?

El piloto Eva desfallecía para tratar de incorporarse, aún cuando lo hiciera auxiliado de Hitomi. Sus piernas y rodillas tambaleantes no le respondían, y más bien parecía un cervatillo recién parido, que corría el riesgo inminente de desplomarse y convertirse en carroña para los depredadores. De su boca no salía otra cosa que fuera un balbuceo incoherente y sonidos que sólo un neonato podría articular, por mucho que esto le pareciera desesperar, en tanto que su acompañante comenzaba a reprenderlo severamente:

—¡Estuviste en coma más de 24 horas, insensato, no puedes ponerte en pie así nada más! ¡¿Cómo se ocurre ponerte a deambular por el pasillo y sacarme el susto de la vida?!— en el acto, al ver la incapacidad del paciente por comunicarse, se compadeció del chico —¡Ay, ternurita! ¡Seguro que pensaste que era como en las películas, donde un tipo despierta de repente de su coma y enseguida ya está corriendo por la calle y atravesando ventanas! ¡No deberías creer todo lo que ves en la tele, corazón! Aunque admito que debes ser bastante fuerte, si es que pudiste llegar hasta aquí desde tu cuarto— la joven profesionista lo hizo que se apoyara firmemente contra el mostrador, asegurándose que quedara bien sujetado, lo suficiente como para poder dejarlo solo unos momentos —A ver, quédate aquí, trata de no caerte mientras traigo una silla de ruedas para ti, así será más fácil llevarte de regreso a tu cama y que yo pueda hablarle al médico de guardia, sin que alguien se tenga que enterar de todo esto y me despidan...

La enfermera entonces se apuró en llegar hasta el armario donde guardaban las sillas de ruedas, muletas y otro equipo ortopédico, comenzando a buscar entre la penumbra una que estuviera disponible. Había varias cosas apiladas, por lo que debido a su baja complexión batallaba para despejarse el camino. Entre la estridencia que hacía quitando bultos, y el esfuerzo que ello le tomaba, solamente se percató de la presencia de Kai, quien la había seguido, hasta que éste la empujó por la espalda hasta el fondo del cuarto y cerró la puerta abruptamente sin que ella pudiera hacer algo por evitarlo, dejándola encerrada en el interior de ese oscuro compartimiento.

—¡Rivera-san! ¡¿Qué cree que está haciendo?! ¡Deje de jugar y sáqueme de aquí cuanto antes!— mientras que Hitomi comenzaba a girar la manija de la puerta y a golpearla con tal de liberarse, el paciente rebelde cerraba dicho ingreso con llave, la que luego arrojó a lo largo del corredor. Había sido toda una suerte que las llaves vinieran rotuladas según el cuarto que abrían. La pobre joven aprisionada no lo veía de esa manera, insistiendo en que su captor la liberara —¡Déjame salir ya, muchacho! ¡Vas a meternos a los dos en muchos problemas! ¡Rivera-saaan!

Por su parte, Kai ya había logrado llegar hasta el vestíbulo de aquél piso, esperando por el elevador jadeando y sin aliento. Ya de por sí hubiera sido difícil moverse con las varias contusiones, esguinces y fracturas que portaba en diversas partes de su cuerpo, pero hacerlo bajo tales condiciones y recién recuperado de un coma era cosa más que imposible. Sin embargo, ahí estaba, casi arrastrándose pero dispuesto a salir de ese lugar a como diera lugar. Su cerebro, inmerso en un cúmulo de confusión y delirio, luchaba por recobrar el dominio de sus funciones motrices y lingüisticas. En lo que lo hacía, un solo propósito guiaba su terca determinación en escapar del sanatorio: llegar cuanto antes al Geofrente y subir a bordo del Eva Zeta. Un solo pensamiento estaba impreso en su resolución inquebrantable: "Tengo que salvarla... ¡Tengo que salvarla!"

Ya comenzaban a dar las once y media, treinta minutos antes de medianoche, cuando las luces en toda la ciudad, y en todo el país, comenzaron apagarse, dejando a Tokio 3 en una oscuridad total, gracias a las gruesas nubes de lluvia que no dejaban entrar los rayos de luz lunar. Aquello fue todo un espectáculo para todos los que tuvieron la fortuna de observarlo: el poder ver a una ciudad entera, llena de luz y de vida, aún de noche, el extinguir su luminosidad al mismo tiempo, y que sólo quedara aquella gran masa negra extendida. Era una visión hermosa en cierto sentido, aunque también macabra. El joven Ikari reflexionaba en todo esto sentado sobre la enorme plataforma que tendieron a los pilotos para que pudieran ingresar con facilidad a los Evas, llegado el momento de la batalla. A su lado se encontraba Rei, quien también contemplaba la ciudad en tinieblas. Luego de dar un profundo suspiro de melancolía, el joven Ikari se dirigió a su compañera:

—Creo que nos vamos a morir muy pronto— expresó como lo hubiera hecho un enfermo terminal ó algún preso condenado a la pena de muerte.

—¿Porqué crees eso?— le preguntó pacientemente con su gesto despreocupado y sereno, dándole una oportunidad para que se justificara.

—¿Cómo es que puedes estar tan tranquila, en una situación cómo esta?— interrogó el muchacho a su vez —Has estado expuesta al peligro varias veces...

—Lo digo porque mi trabajo es protegerte— contestó la jovencita, mirándolo con sus pupilas escarlata de manera tan intensa que Shinji bien pudiera haber empezado a arder en llamas —Así que puedo asegurarte que hoy no te vas a morir...

Los dos pilotos volvieron a guardar silencio, y sólo se podía percibir el rápido movimiento de las nubes acercándose a la escena, para vaciar su contenido explícitamente sobre el caldero hirviente en el que se había convertido la urbe y todos sus alrededores. Dándose cuenta que Ayanami estaba de humor para conversar, quiso hacerle una pregunta que tenía para ella desde que la conoció:

—¿Porqué piloteas, Ayanami?

Rei reflexionó un poco, antes de responderle.

—Es cosa de vínculos— se limitó a decir.

—¿Vínculos con mi padre?— cuestionó de nuevo, ya que la respuesta que le dio no le había quedado muy clara —¿Con Kai? ¿Ó a quién te refieres?

—Me refiero a que pilotear el Eva es lo único que me conecta con todo el mundo. Con esta vida. Yo no tengo nada más que esto— confesó tranquilamente la joven— Es cómo si sólo hubiera nacido para pilotear. Si no fuera un piloto Eva, jamás hubiera conocido al Comadante Ikari, ó a Rivera... ni siquiera a ti... si por algo dejara de ser piloto, entonces no me quedaría nada que me vinculara con otras personas. Sería lo mismo que no existir, que estar muerta...— concluyó, y todo volvió a quedar en silencio, a excepción de los cantos de los grillos y demás insectos nocturnos, que reaccionan a la aproximada humedad.

Ikari volvió a quebrantar el silencio que se interponía entre ambos.

— "Estar muerto"— repitió Shinji —Pues a mí tal vez me pasaba lo mismo antes de venir a este lugar — Odiaba todo y a todos... Era totalmente apático, y nada me importaba. Pero puse un frente quieto, apaciguado, jugando al niñito bueno. Tal vez hasta antes que me hiciera piloto, sólo haya aparentado estar vivo. Así que de cierto modo, puedo entender como te sientes. Las personas sólo nos dan un valor por que somos capaces de mover un Evangelion... pero aún así, el que sólo te aprecien por eso... me parece algo muy triste...

Con tales palabras finalmente el chico se había callado, hundiéndose de nuevo en una profunda meditación. No entendía el porqué le decía todas esas cosas a Rei. Una parte de él se sentía confiada en su presencia, como si estuviera cubierto con una deliciosa manta abrigadora y agradable al tacto.

La muchacha, por su parte, observó el reloj que traía en su traje de conexión, y se dio cuenta de la hora que era: 11:45 PM, un cuarto para la medianoche.

—Ya es hora— le indicó a su compañero sin más preámbulo.

—Ikari...— pronunció la jovencita antes de que ambos subieran a sus máquinas de guerra.

—¿Qué?— preguntó el muchacho, deteniéndose en vilo.

—Adiós— y sin decir nada más, Ayanami se internó en la Cápsula de Inserción de la Unidad 00, dejando a Shinji bastante confundido por aquél simple gesto protocolario, pero que en labios de aquella singular chiquilla le había sonado a un mal presagio.

Los Evas fueron a acomodarse a las faldas del monte, a sus respectivos puestos. Shinji, con la Unidad 01, se acomodó a la cabeza, tirándose pecho a tierra con el rifle de positrones. A sus espaldas se encontraba la Unidad 00 con su escudo electromagnético. Una distancia de 35 kilómetros, algunos cubiertos por las aguas del mar, era lo que les separaba del ángel, que continuaba despreocupado su excavación hacia el interior del Cuartel General de NERV, sin saber el ardid que se planeaba en contra suya.

Por fin, después de varias horas de espera, la lluvia comenzó a hacer acto de presencia tímidamente, con una ligera llovizna que amenazaba con acrecentarse. La medianoche había llegado, junto con el agua caída del cielo.

Al comenzar el nuevo día, también había empezado la Operación Yashima.

—Estamos listos...— comunicó Hyuga al dar las 12 de la noche exactas.

—Bien— dijo Misato, mientras tomaba el radio para comunicarse con sus jóvenes subordinados —Shinji, todo el poder de Japón está en tus manos... ¡Contamos contigo para que le des un buen uso!

El chiquillo sólo asintió con la cabeza, tragando saliva, mientras que sus manos sosteniendo el gatillo del arma comenzaban a sudar debido a su acechante nerviosismo.

En esos momentos todos los transformadores eléctricos en todo el país comenzaban a encenderse y a cargar el enorme cañón que el muchacho traía en las manos, al tiempo que comenzaban a zumbar al irle transmitiendo electricidad y la lluvia recrudecía a cada momento que pasaba.

—Comenzando conexiones primarias— decían los operadores, observando atentos en sus consolas el avance de dicho procedimiento —Empezando transmisión de energía de los bloques 1 al 803.

—¡Empiecen la Operación Yashima!— ordenó la Capitana Katsuragi, mientras lejanos gruñidos de relámpagos y truenos se escuchaban claramente. Esperaban que la improvisada lluvia no tuviera demasiadas repercusiones en el plan.

Shinji acomodó su Eva en posición de disparo, recostado casi totalmente boca abajo en el suelo, y con la mirada al frente, justo dónde el coloso se encontraba taladrando, sobre una de las principales avenidas de la ciudad.

En esos momentos, todo el mundo se detuvo, esperando el resultado de los preparativos. Los evacuados en los refugios la pudieron sentir, mientras veían las constantes gotas de lluvia estrellarse y derramarse en las ventanas superiores. También los que aún se encontraban en el Geo Frente, cómo el Comandante Ikari, aún con un monstruo taladrando y perforando el techo de la instalación subterránea y buscando irrumpir en ella de un momento a otro. Incluso todos los técnicos y oficiales en la serie de tiendas de lona en el Monte Futago, mientras terminaban los preparativos. E igualmente los pilotos de los robots, que se encontraban afuera, bañándose en la lluvia, a la espera de una sola palabra para lanzarse al ataque. Todas las partes involucradas pudieron sentir esa desesperación y nerviosismo que nacían de la terrible espera antes de que todo se resolviera. Esa incertidumbre de que era lo que iba a pasar. El espacio abierto de 35 kilómetros era lo que les separaba de la vida ó de la muerte, al igual que una sola indicación, una sola palabrita, para que se disparara el arma y se decidiera su destino final.

Al encontrarse inmerso en la misma tensa, angustiante espera que todos los demás, Gendo Ikari no tenía intención alguna de contestar el teléfono a su lado, que comenzó a llamar con insistencia. Pero en cuanto observó de reojo a Fuyustki, a su lado, éste sentenció, inflexible:

—Ya te he dicho que no soy tu secretaria. Atiende tus malditas llamadas tú mismo, ó no lo hagas, me da lo mismo. Pero no volveré a levantar esa bocina por ti...

Entonces el comandante alzó el auricular hasta colocarlo sobre su oído, sin mediar palabra con su acompañante, derrotado al final. Y tampoco es que fuera necesario. Su mirada lo decía todo, en tanto que pronunciaba, malhumorado:

—Habla Ikari... estoy bastante ocupado en estos momentos, diga rápido qué es lo que quiere y deje de hacerme perder el tiempo.

—¡Señor, lamento mucho molestarlo, pero se trata de una auténtica emergencia!— le escuchó decir a uno de sus oficiales técnicos, del otro lado de la línea —¡Se trata del Doctor Rivera! ¡De alguna forma recuperó el conocimiento y escapó del hospital!

—¿Qué ese imbécil hizo qué cosa? ¡No es posible! ¡Impídanle el ingreso a estas instalaciones, a toda costa! ¡Lo último que necesitamos en estos instantes es que ese maniático llegue e interfiera con toda la operación!

—¡De eso se trata, señor! ¡Lo que pasa es que... es que el Doctor Rivera pudo eludir los retenes de acceso y ahora está a bordo del Eva Z, solicitando permiso para su despliegue!

—¡¿Qué?!— los ojos del hombre barbado parecieron salir entonces de sus órbitas, amenazando con romper los cristales de sus lentes, en tanto se ponía en pie como si su asiento le quemara.

—¡No les estoy pidiendo permiso, para nada, atajo de brutos descerebrados!— intervino de súbito el mencionado muchacho, apareciendo en las pantallas del centro de mando —¡Soy Director de mi propia División, y como tal tengo toda la autoridad para desplegar al Eva bajo mi mando en el momento y circunstancias en que considere es necesario! ¡Así que quiten todos sus armatostes de mi camino ó lo haré yo mismo! ¡Ustedes decidan!

—¡¿Se puede saber en qué diablos estás pensando, mocoso idiota?!— repuso en el acto el Comandante Ikari, mostrándole el puño —¡Sólo mírate como estás, apenas si puedes hablar, mucho menos manejar un Eva! ¡No permitiré que te entrometas en una operación tan delicada como ésta, en condiciones como ésas! ¡Vas a arruinarlo todo por tu estupidez!

—¡Cierra el pico, anciano! ¡Hago esto para salvarles sus penosos traseros, por si no te has dado cuenta! ¡Ese ángel es sólo una cosa rara que se la pasa ahí, flotando nada más y disparando a capricho! ¡Zeta es más que suficiente para mandar al infierno a ese malnacido, y si todavía no te has dado cuenta de eso, pues entonces eres mucho más tarado de lo que pensaba!— al percatarse como su enojo comenzaba a nublarle el juicio, y a despojarlo también del aliento debido a tantos gritos, Kai hubo de calmarse como pudo, para argumentar en un tono mucho más mesurado: —En cualquier caso, puedes contarme como un recurso de último momento, sólo por si algo sale mal... si todo sale conforme a lo planeado, entonces no hará falta que intervenga y toda esta discusión habrá estado de más. Me disculparé contigo, si eso es lo que quieres. Pero si algo, por cualquier cosa, llegara a salir mal, entonces podría ser muy tarde para todos nosotros si haces que me quede atorado aquí adentro... piénsalo sólo un momento, y sabrás que tenemos mucho en juego como para que tomes ese riesgo, Ikari...

—Puede que no te guste, pero el chico tiene la razón— terció el Profesor Fuyutski, a sabiendas de que su socio necesitaría un empujón para tomar la decisión correcta —Desde un principio sabíamos que las cualidades ofensivas y defensivas del Eva Z eran lo que se requería para acabar con este enemigo sin tantas complicaciones...

—Comiencen todos los preparativos para el lanzamiento de la Unidad Z— masculló Ikari finalmente, de mala gana, volviendo a tomar asiento —Tracen una ruta para que termine en el punto más cercano posible a la base temporal del Monte Futago.

—¡Sí, señor!— asintieron enseguida varios técnicos que acudieron prestos a cumplir con sus órdenes lo antes posible.

Rivera ya no dijo nada más, compartiendo el mismo semblante malhumorado del comandante, haciendo una especie de bufido antes de cortar la comunicación con la sala de controles y poder alistarse para su despliegue en el campo de batalla, en la superficie.

"Incrementando la presión del voltaje" decían en esos mismos instantes los técnicos apostados en el Monte Futago, mientras un sudor frío los recorría, no sólo a ellos, sino a casi todo mundo. "Sistema de enfriamiento a máxima potencia", "Flujo de entrada de positrones: correcto". Mientras más se acercaba el momento, más ansiosos se sentían todos. Queriendo aparentar rigidez frente a sus subordinados, Misato se cruzó de brazos y apretó los dientes, en espera de la señal. De una palabra, para dar la orden de atacar. "Segunda conexión. Enciendan el acelerador. Acelerador funcionando." Afuera, la lluvia arreciaba, trayendo consigo un fuerte y frío viento. Al principio, las gotas de lluvia se evaporaban al contacto con el candente pavimento. Ahora, el sistema de drenaje comenzaba a llegar a su tope y amenazaba con desbordarse. La tormenta continuó con su camino, hasta quedarse estancada justo en el centro de la urbe, cómo si quisiera encubrir al monstruo, y entorpecer los aparatos eléctricos de sus enemigos. Sin embargo, era demasiado tarde para retroceder, era el ahora ó nunca, se jugaban el todo por el todo, y ni la naturaleza misma los podría detener. "Toda la energía a la sub estación transformadora, en Monte Futago" volvieron a pronunciar los operadores. El momento se acercaba, poco a poco.

—Supriman el último dispositivo de seguridad— ordenó Misato.

"Tercera conexión sin problemas." Fue lo que obtuvo por respuesta inmediata. La transferencia de energía ya estaba lista, ahora sólo había que esperar el momento idóneo para disparar.

—¡Carga el arma!— le indicó Hyuga a Shinji, mediante la radio.

El chiquillo, obedeció de inmediato, jalando el dispositivo en el rifle, para que toda la energía acumulada se fuera directo al disparo. De inmediato, el visor que le serviría para apuntar se ajustó a sus ojos automáticamente. En la pantalla apareció la gráfica del blanco, y los cálculos los comenzó a hacer la máquina. "Margen de error por rotación terrestre de 0.0009%" comunicó Hyuga. Comenzaba el conteo final.

"10 segundos para el disparo" comunicaron los operadores, mientras hacían un conteo regresivo. "9. 8. 7. 6..."

Antes que pudieran llegar a 5, un fulgor azul iluminó la lluviosa noche, mientras el estruendo del relámpago que cortó el firmamento apabullaba a todos, al punto de llegar algunos a brincar de su asiento. Aprovechando tal coyuntura el ángel también comenzó a cargar su cañón, con un zumbidito cómo de miles de enjambres de abejas reunidos en un solo lugar. El movimiento no pasó desapercibido para sus adversarios.

—¡Registro una fuerte lectura de energía, proveniente del enemigo!— dio cuenta de inmediato Shigeru.

"¡Maldición!" pensó Misato "Ya se dio cuenta. Pero si conseguimos disparar antes, podremos vencerlo"... sus pensamientos fueron interrumpidos por el fin de la cuenta, al haber llegado a 0. Una pequeña alarma les hizo darse cuenta, para poder decir aquella palabra que daría comienzo al ataque.

—¡Dispara!— le ordenó de inmediato Katsuragi al piloto del Eva 01.

Ni tardo ni perezoso, el muchacho jaló del gatillo, para que el disparo de energía saliera a toda potencia del cañón del rifle, produciendo un estruendo aún mayor que el de los relámpagos. No obstante, la acción llegó demasiado tarde, ya que el titán no necesitaba de tanto tiempo para cargar su arma, a diferencia de la enorme máquina, disparando su propia descarga, cómo una protesta al ataque, con un tronido de igual potencia, que hizo que los cristales de los edificios cercanos se rompieran debido a la onda de sonido.

Los dos disparos surcan el oscurecido cielo con todo y aguacero, sin ninguna dificultad. Una vez que estuvieron frente a frente, las ráfagas de energía se repelieron la una a la otra, fallando ambas en sus objetivos. La de Shinji fue a estrellarse justo a un lado del ángel, haciendo explotar un rascacielos entero, mientras que la de la bestia fue a estrellarse directamente a la montaña, en el espacio que estaba entre los Evas y el campamento. La explosión resultante los sacudió a todos, al campamento y a los robots; esto ocasionó que algunos aparatos fueran destruidos ó dañados, sin contar a la gente, que los tomó por sorpresa, ya que no se lo esperaban. El chiquillo, con horror contempló que había fallado, mientras todas sus esperanzas parecían esfumarse en el aire.

El taladro del monstruo al fin había acabado de penetrar todas las planchas de blindaje que protegían al Cuartel General, y seguía avanzando más allá de éstas, haciéndose visible a través de la cúpula superior de aquellas instalaciones subterráneas. Las alarmas se encendieron por doquier, y al mismo tiempo la evacuación del personal daba comienzo.

—¡El taladro enemigo ha penetrado al interior del Geofrente!— dijo Hyuga, al contemplar los incontables reportes y alarmas que inundaban su estación.

Misato se incorporó rápido de dónde estaba tirada, en el suelo, e indicó de inmediato:

—¡Alista el segundo disparo, rápido!— gritó desesperada por la radio.

Shinji la obedeció de inmediato, volviendo a cargar el arma, expulsando el fusible vacío que anteriormente contuvo la energía para el tiro, y poniendo uno nuevo.

"¡Cambio de fusible!" decían los técnicos en sus consolas, casi al borde de sus asientos "¡Comenzando la nueva carga! ¡Inicio del enfriamiento del cañón del fusil!"

Dándose cuenta que aquel no sería tiempo suficiente, la astuta estratega encargada de la misión buscó distraer al enemigo, mientras la energía se iba acumulando en el gigantesco rifle que empuñaba el robot morado.

—¡Shinji!— le indicó a su piloto —¡Muévete! ¡Tenemos que ganar tiempo!

—¡Entendido!— aceptó el chiquillo, mientras se ponía de pie y jalaba los enormes cables que suministraban de energía al arma.

Una vez que los tuvo todos en la mano, se deslizó por la empinada colina, hacia abajo, buscando una nueva posición, seguido muy de cerca por Rei. Una vez que se acomodó en otra ubicación, volvió a apuntar hacia el blanco desde ese lugar.

Al parecer, el ángel no se olvidó tan fácilmente de ellos, y de nueva cuenta quería emprender en su contra, cargando su cañón integrado, con el zumbido característico de los insectos. No le tomó bastante tiempo el volver a detectar el peligro, para corregir la mira de inmediato y apuntar hacia el nuevo punto donde los robots se habían apostado.

—¡Tengo otra lectura de energía proveniente del objetivo!— volvió a advertir Shigeru.

"Maldita sea" sudó frío la Capitana Katsuragi "¡Es muy pronto!"

La desesperación de todo mundo se hizo evidente al desbordarse como un torrente furioso en esos angustiosos segundos, entre el tumulto del pánico y el caos; todos se daban órdenes los unos a los otros ó comenzaban a escapar aterrorizados del campamento.

Y entre todo aquello, y sin previo aviso, sin que nada los pudiera alertar, el monstruo volvió a atacar, disparando su potente cañón; sin embargo, en esta ocasión no había respuesta todavía de su blanco, por lo que de seguro ahora sí acertaría sin ningún otro contratiempo.

La ráfaga cortó de nuevo la tromba que se había establecido en la metrópoli, inundando sus calles y algunas casas, arrancando con sus ventarrones árboles de raíz entera, y en medio de los desastres, el destino viajaba velozmente sobre el disparo de energía, buscando alcanzar a la Unidad 01 y desaparecerla por completo.

Todo mundo observó con mudo terror el funesto resplandor del ataque, hasta el mismo Shinji, mirando impávido la vorágine de destrucción que avanzaba directo hacia él, sin poder hacer la gran cosa, más que gritar despavorido con todas las fuerzas que sus pulmones pudieron darle. En aquellos instantes nada parecía que pudiera salvarlo de una muerte inminente. Nada, excepto un escudo fabricado con la parte inferior de un transbordador espacial.

Sorprendido por no ser cenizas flotando entre el aguacero diluviano, absolutamente seguro que estaba completo, y vivo, el chiquillo abrió los ojos buscando la razón del porqué seguía en este mundo. Rei, con el escudo, se había puesto frente a él momentos antes del impacto, cubriéndolo de éste, aguantando lo más que podía. El titán oriundo del cielo, molesto de tantos estorbos, seguía con la descarga, atravesando los 35 kilómetros que lo separaban de sus adversarios, buscando desesperadamente el liquidarlos, ó por lo menos entretenerlos el mayor tiempo posible, hasta que terminara su perforación y diera con el objeto de su búsqueda. En contraste, la muchacha luchaba lo más que podía contra la fuerza del tiro, plantando sus piernas en el piso con toda la fortaleza de la que hizo acopio, resistiendo para no ser lanzada hacia atrás. Mientras tanto la coraza que sostenía comenzaba a arder y a deshacerse paulatinamente. La Doctora Akagi se dio cuenta del predicamento de la joven Ayanami, pero sólo pudo advertírselo a sus compañeros:

—¡El escudo no va a aguantar!— gritó a todo aquel que pudiera oírla.

—¿Estamos listos para un segundo disparo?— fue la respuesta de Misato.

—¡Aún no! ¡No hay algo que podamos hacer!— contestó Hyuga, observando su pantalla.

Observando aquella masa negra delante suyo, su compañera aguantando el disparo del coloso, siendo consumida paulatinamente por el intenso resplandor del que lo cubría, el joven Ikari se desesperaba a cada segundo que transcurría, apurando al contador que le indicaba el nivel de energía almacenado en su arma:

"Apúrate" le suplicaba al aparato, "¡Por favor!"

En ese mismo instante el escudo se disolvió por completo, dejando a su portador a merced de la inclemente descarga enemiga. El Eva 00 comenzó a retorcerse, víctima de las altas temperaturas a las que era sujeto, en tanto que una gran cantidad de humo producido por las placas de su armadura que comenzaban a derretirse como cera caliente.

Fue en tales circunstancias que sobrevino una atronadora explosión que barrió con todo a su paso, levantando por los aires gran cantidad de escombro y una densa nube de polvo que dificultó la visibilidad por unos instantes. Lo raro fue que en lugar de volarlo en pedazos calcinados, la fuerza del estallido arrojó de espaldas a Cero, alejándolo del peligro aunque para entonces ya estaba fuera de combate. Ello que indicaba que la explosión había tenido lugar delante suyo, y no en su interior, como hubiera pasado si la detonación hubiera sido producto de la descarga enemiga. Una vez que las partículas restantes se dispersaron, para sorpresa de propios y extraños Zeta hizo su aparición, de pie sobre el cráter que había hecho al aterrizar justo en medio del fuego enemigo y la Unidad Cero, impactándose contra el terreno como si se hubiera tratado de un misil al utilizar sus prolongados saltos de altura impulsado por su propio Campo A.T. Hasta la lluvia pareció calmarse en ese claridoso, inesperado momento, justo cuando todo parecía haberse perdido.

—¡¿Cómo demonios llegó el Eva Z hasta aquí?!— pronunció Ritsuko, anonadada ante la vista de dicho Evangelion resistiendo de lleno el grueso de la ráfaga como si se tratara sólo de un chorro de agua a presión. Aún cuando cálculos anteriores lo hubieran proyectado, presenciarlo en carne propia era una cosa muy distinta.

—¡No puede ser! ¡¿Ese de ahí es Kai!?— añadió Misato en el mismo temor, sin poder despegar los ojos de aquella estampa, toda una auténtica Deux ex Machina —¡Maldito loco desgraciado! ¡Debería estar en el hospital! ¡Si salimos vivos de esta, me las va a pagar!

Sintiendo cómo la persistente ráfaga a la que hacía frente pretendía tumbarlo de espaldas, Rivera clavó los pies en la tierra, y comenzó a empujar el disparo hacia adelante con el cuerpo; el ángel, que no iba a desistir hasta atravesar a ese nuevo, inoportuno y desconcertante enemigo, aumentó la agudeza de la fuerza de su disparo, en un último esfuerzo por seguir distrayendo a sus adversarios y acabarlos, de paso.

El muchacho percibió el aumento de la embestida, y en medio de la desesperación de la que empezaba a ser presa, junto con la ira y la impotencia, colocó su mano derecha por delante quitándose aquél caudal destructivo del pecho. El repentino choque de la palma de la mano del Eva Z con el disparo de energía del monstruo, provocó un fuerte y agudo chillido, semejante a una garra metálica deslizándose en un pizarrón, pero cómo si lo hubieran aumentado con un potente altavoz. Fue de tal modo que, por puro instinto, todo mundo se tapó los oídos, buscando protegerlos. Después, todos en el campamento quedaron boquiabiertos e inertes, más bien hipnotizados frente a la escalofriante visión ante ellos. Por lo tanto, nadie se había dado cuenta que la energía para el segundo disparo estaba reunida, y que éste ya podía ser realizado. Sólo Ritsuko pudo reaccionar en ese momento, musitando casi para sí misma:

—Está deteniendo el disparo... sólo con su mano... concentrando su campo A.T en un solo punto, al igual que las otras veces... ¿De qué...? ¡¿De qué dimensión salió este mocoso?!

El titán cada vez se sentía más frustrado, y había detenido la excavación para concentrarse en dar más potencia a la descarga que se encargaría de fulminar al chiquillo, mientras que éste, en cambio, se esforzaba en empujar lo más fuerte que pudiera la energía frente a él. Se había convertido en una prueba de fuerzas, de ver quién era quien aguantaría más: el ángel ó el niño, una dualidad muy interesante y más simbólica de lo que en esos momentos alguien se pudiera imaginar. Aunque la bestia no pudiera mover al chiquillo ni un solo centímetro más, y viceversa, Kai sentía cómo la fuerza lo abandonaba poco a poco, y si la cosa seguía así, era por demás seguro que perdería. Sintiéndose abatido y derrotado, buscó en lo más recóndito de sus límites, y con increíble frialdad, puso la otra mano en la descarga, comenzando a empujarla con ambas; aquello que parecía no tener fin, poco a poco comenzó a terminar, mientras el muchacho seguía empujando hacia el frente, sin importarle nada más que el ganar ese encuentro. Apretando los dientes, desesperado y enojado, gritó desaforado a los cuatro vientos:

—¡MUÉRETEEEEEE!— profirió a todo pulmón al coloso.

Entonces, con todo lo que pudo reunir de fortaleza, cómo si hubiera sido una pelota de voleibol, golpeó la ráfaga congelada con las dos manos juntas y empuñadas, para que ésta fuera lanzada hacia arriba. Semejante a un dragón ascendiente, el disparo de la bestia fue a los cielos, y por breves momentos, iluminó intensamente la negrura de la madrugada, convirtiéndola en día aunque sólo fuera por algunos momentos. Atravesó los nubarrones para desaparecer por completo, explotando muy por encima del nivel del suelo, sin causar mayores daños. Cómo había llegado, la depresión pluvial se deshizo repentinamente, dejando espacio de inmediato a la enorme luna blanca y azul que se había estado ocultando hasta entonces, libre para que resplandeciera en todo su esplendor desde las alturas, trayendo un poco de luz a la oscura ciudad.

Todos quedaron mudos ante el resultado, contemplando al vencedor, erguido sobre la montaña, majestuoso, imponente e inmóvil, con las dos manos al frente, mientras pequeños hilos de un humo blanco salían de éstas.

—¿Eso... eso es todo lo que tienes... puta?— murmuró entonces el piloto de la Unidad Z, con gesto contraído por la ira. Luego de un breve momento, en el que recuperó su aliento, sentenció sin más: —Arde, infeliz...

En el acto los ojos del robot esmeralda comenzaron a destellar con un brillo intenso, para casi de inmediato expulsar un torrente de energía carmesí que surcó rampante el espacio aéreo de Tokio 3, hasta pegar de lleno sobre la desprevenida criatura en forma de dodecaedro, atravesando de lado a lado la extensión total de su cuerpo, semejante a un problema matemático.

El haz luminoso había dejado un orificio de entrada y otro de salida al perforar a la entidad, de donde surgieron sendas llamaradas que despedían una gran cantidad de humo violáceo. No obstante la magnitud del daño recibido, el coloso permaneció a flote, aunque a duras penas, de lo que tomó nota Rivera, en tanto que su oponente se alistaba para volver a atacar, adquiriendo esa peculiar luminoscencia que siempre mostraba antes de efectuar sus disparos.

—Vaya que eres un cabrón persistente, ¿no?— observó el chiquillo, haciendo lo propio para prepararse al nuevo embate del que sería objeto.

Aún así, su prudente precaución resultó ser innecesaria, tal como lo demostró el propio Sexto Ángel cuando estalló carbonizado en una gran bola de fuego, mucho antes de siquiera lanzar su acometida. Semejante a una aeronave estrellándose, tambaleante y pausadamente, así fue como el cadáver en llamas del monstruo fue arrastrado hacia el suelo por la gravedad que ya no podía negar más. Como si se tratara de un mal chiste, el cuerpo jamás llegó a tocar el piso, quedando atorado en el espacio que había entre dos edificios, hasta donde fue a dar, sostenido a la vez por su taladro, reducido a cumplir la función de un mero pilar de soporte.

Mientras que tales sucesos transcurrían, Shinji aprovechó la intromisión de su compañero para desentenderse de todo, arrojando su rifle ya cargado para un nuevo disparo a un lado. Así que en lo que Zeta despachaba a su oponente, Ikari se precipitó a atender el asunto que le era más urgente desde hacía vario rato: la condición en la que se encontraba Ayanami, quien se había sacrificado a sí misma para cubrirlo del ataque enemigo, y que había quedado expuesta a semejante castigo sin protección alguna por varios segundos.

—¡Ayanami! ¿Estás bien? ¡Ayanami!

Ante las negativas de existencia de la chiquilla por la radio, el joven arrancó la cubierta de la Cápsula de Inserción en la espalda del yaciente Eva 00, cuyo sistema de expulsión automático arrojó enseguida dicha cápsula, que Ikari depositó cuidadosamente sobre el piso, antes de salir él mismo a toda prisa de su propia cabina, apremiado por conocer el estado de salud de su compañera. Corriendo lo más rápido que le dieron sus piernas, el joven llegó de inmediato a la cápsula.

—¡Ayanami!— le gritó desesperado a la ocupante de la cabina, golpeando uno de sus costados — ¿Estás bien ahí dentro?

Pero el resultado fue cómo con la radio, no hubo respuesta alguna del interior, así que decidió forzar su ingreso por él mismo, temiendo lo peor. Para tal efecto hubo de valerse del sistema de apertura manual, dispositivo consistente en una simple palanca a la que debía dar varias vueltas. Para fortuna del muchacho, el grueso y resistente material sintético con el que estaba hecho su traje de conexión lo salvó de sufrir graves quemaduras en las manos, dada la alta temperatura a la que aún se encontraba aquél enorme cilindro metálico.

Al ingresar al interior de la cabina del Eva 00, Shinji no sabía que era lo que iba a hacer, ni siquieralo que iba a encontrar dentro. Poseído hasta entonces por su impulsivo arrebato de llegar hasta su compañera, hasta en ese momento que lo lograba cayó en la cuenta que no poseía conocimiento alguno que le permitiera proporcionar cualquier clase de primeros auxilios a una persona malherida. Se asomó por la escotilla, y desde ahí la pudo divisar, recostada sobre su asiento, y tranquila y tan bella cómo una magnífica escultura del periodo clásico. El sólo verla provocaba torpeza e indecisión. ¿Y ahora? Se preguntó de nuevo el chiquillo ante el embriagante y seductor espejismo; no se le ocurría en esos momentos qué es lo que debía hacer. Pero el tiempo pasaba y ella continuaba desmayada. Tragando saliva, el muchacho se animó a sacudirla un poco, para ver si despertaba, ya que fue lo primero que se le ocurrió. De haber sido un poco más instruido en tales menesteres, habría sabido lo peligroso que podía ser mover de ese modo a una persona herida. Afortunadamente, en esa ocasión la jovencita no estaba lastimada de gravedad, por lo que la imprudente acción no tuvo mayores consecuencias.

La muchacha comenzó a reaccionar de mala gana ante el terrible estremecimiento del queera objeto, abriendo lentamente los párpados. Entre brumas, observó al individuo que la estaba sacudiendo fuerte e incesantemente, y a primera vista, lo reconoció cariñosamente como a su pareja, dirigiéndole una tierna mirada.

—¿K- Kai?— preguntó susurrando.

Pero al aclararse su vista, por fin vio con claridad al sujeto frente a sí. Al ver de nuevo a Shinji, fue más sorpresa que otra cosa lo que sintió. "Ikari" pronunció con un hilo de voz, desconcertada por su presencia. Lo último que recordaba era cuando Kai la estaba empujando hacia atrás, quitándola de la línea de fuego. Y después despertaba con Shinji agitándola cómo si fuera una vil sonaja, pero aunque hubiera querido estar furiosa, se encontraba bastante cansada y atontada para eso. Ni ella entendía bien todavía el porqué había cubierto al joven de la ráfaga. Si bien había establecido con anterioridad que lo haría porque ese era su trabajo, llegado el momento de actuar no pensó jamás, ni en un solo momento, que lo estaba haciendo por cumplir su parte dentro de la misión. No había sido el sentido del deber lo que la había impelido a la acción, ni un oscuro secreto deseo suicida que algunos creían ver en su proceder. Al parecer, simplemente se arrojó sobre la descarga motivada por un instinto inexplicable, poseída por una parte de sí misma que no pensaba en otra cosa más que en salvar a toda costa y librar de cualquier peligro a aquél joven, el cual despertaba emociones sumamente confusas e intrigantes dentro de ella, sin que pudiera hacer gran cosa por evitarlo, salvo reaccionar como lo había hecho. Pero ya no quería pensar en eso, estaba harta y sumamente agotada. Así que pretendió ignorar al muchacho, cerrando de nuevo sus párpados para volver a dormir y descansar, pero su propósito se vio truncado cuando escuchó llorar abruptamente a su compañero.

—Ayer también estabas llorando, en tu sueño...— le dijo entonces la jovencita, sin quitarle la mirada de encima —¿Porqué estás tan triste?

—No es eso...— le respondió, interrumpido por sus propias lágrimas —No lloro por dolor ó tristeza... lo que pasa es que estoy feliz... feliz de qué estés viva... pensé que te habías muerto— pronunció mientras se enjugaba el llanto y las mucosidades de su nariz.

—Así que lloras porque estás contento...— observó la muchacha, al parecer bastante intrigada por su emotiva reacción —Lo siento... pero yo no creo ser capaz de hacer una expresión cómo esa...— después pronunció con pesadumbre —En realidad no sé como reaccionar en una situación como esta... ojalá también pudiera estar contenta, pero no puedo llorar, como tú...

—Bueno...— le respondió Shinji, con su torrente de lágrimas ya agotado —Cuando uno está contento... lo más usual es sonreír— le contestó mientras le demostraba cómo hacerlo, esbozando una timorata sonrisa con los labios.

—¿Puedes ponerte de pie?— preguntó luego el chiquillo, ofreciéndole su mano para ayudarle a incorporarse.

La muchacha accedió al gesto, apoyando su mano en la de él. Cerró entonces los ojos, como si acaso estuviera reflexionando a conciencia, y luego volvió a abrirlos, observándolo detenidamente con un semblante ajeno por unos cuantos segundos. Cuando el joven Ikari empezaba a preguntarse qué era lo que le pasaba, la jovencita sonrió de improviso, y su sonrisa tan hermosa, tan cálida y sincera, pareció iluminar todo el pequeño escondrijo donde se encontraban.

Ante semejante visión Shinji pareció desvanecerse, siendo trasnportado de súbito a un lugar mágico, lleno de música y de color. Su cuerpo perdió todo su peso y se sintió flotando entre la luna y las estrellas que en esos momentos tapizaban todo el firmamento nocturno.

—¿Qué sucede?— inquirió la joven, alarmada por el intenso rubor que se asomó entonces a las mejillas de su compañero, temiendo que fuera producto de algún padecimiento que aquejara a su compañero.

—No es nada, discúlpame...— se apresuró en contestar Ikari, interrumpiendo el contacto visual con la preciosa joven agachando la mirada, mientras la ayudaba a incorporarse y salir de la cabina.

—Ayanami— le dijo cuando ambos emprendían el camino de regreso al campamento en el Monte Futago —Deberías dejar de decir "Adiós" cada vez que partamos a una misión. Eso siempre suena demasiado triste... Tal vez ahora pensemos otra cosa, pero después de muchos años, estoy seguro que nos podremos alegrar de estar vivos...

La joven no quiso responderle, sin pronunciar otra palabra hasta que el equipo de rescate y salvamento los encontró. Pero estaba bastante consciente que ya veía a su compañero bajo otra luz, ahora que lo había tratado más y conocía otra faceta de su carácter, independientemente de los problemas que pudiera tener con Rivera. Sin proponérselo, había creado un nuevo vínculo, que la conectaría con otra persona que hasta entonces le había sido extraña. Se preguntaba cuántos más llegaría a hacer, con cuantas otras personas más se podría enlazar mientras desempeñara su rol como piloto.

Por otra parte, desde el interior de la cabina del Eva Z, Kai no había perdido detalle de aquél peculiar encuentro. Una vez que reventó a Ramiel, su preocupación inmediata fue asegurar el bienestar de su pareja, pero entonces se dio cuenta que Shinji ya le había sacado ventaja a ese respecto, al haber sustraído la Cápsula de Inserción de Cero y abierto la escotilla para asegurarse que Rei estuviera bien. Gracias al sistema de cámaras de su Evangelion pudo cerciorarse de que su amada había salido avante de la difícil situación en la que se había metido, lo que le produjo un gran alivio, pero también tomó nota de la cálida sonrisa que la joven le había dedicado a su compañero de cuarto. ¡Maldito sea el zoom óptico de alta resoluición! Si bien no había podido escuchar la conversación, era innegable el carácter amistoso de tal gesto. Y el saber que Rei ya comenzaba a ver con buenos ojos al hijo del Comandante Ikari era, por algún extraño motivo que sólo él podía entender, algo que llenaba de rabia su corazón.

De haber estado en condiciones para hacerlo, hubiera bajado de su robot gigante para separarlos de inmediato y patearle el trasero al cerdo ingrato de Shinji. Para su desgracia, todo su cuerpo adolorido le pedía a gritos reposo y volver al hospital por urgente atención médica que necesitaba. Por lo tanto, solamente se limitó a gruñir como perro malhumorado, a la vez que unos gruesos hilos de sangre le salían por los orificios nasales y oídos, con sus ojos esmeralda centelleando con el fulgor de todo el rencor que su alebrestado corazón era capaz de experimentar, sentenciando lacónicamente:

—Esa... es MI sonrisa...

"Fly me to the moon,

And let me play among the stars,

Let me see what Spring is like

On Jupiter and Mars,

In other words, hold my hand!

In other words, darling, kiss me!"

"Llévame a la luna,

Y déjame jugar entre las estrellas,

Déjame ver cómo es el Invierno

En Júpiter y Marte,

En otras palabras,¡ tómame de la mano!

En otras palabras, ¡bésame!

Frank Sinatra

"Fly me to the moon"