Hola, hola, me llamo Noah.

Después de unos días recibiendo un montón de comentarios, he decidido que era hora de subir un capítulo porque me habéis comentado con devoción así que, aquí tenéis.

Al parecer ha salido por comentarios que Armin va a ser el primero.

Espero que os guste vuestra elección.

¡Muchas gracias por comentar!


A por Armin se ha dicho

[Preparemos el terreno]

Farres continuaba hablando lentamente sobre la revolución industrial y las consecuencias que trajo con ella dicho evento histórico. Cojo los apuntes de lo que el profesor nos está diciendo en alto, cosas como ¿qué es? ¿Por qué se produjo? Y otras preguntas curiosas.

Cuando el atolondrado profesor comienza a repetir una y otra vez las cosas de las que había hablado anteriormente, decido desconectar la antena de atención para centrarme en lo que realmente me importa. ¿Quién será el primero?

El bullicio que invade la clase me impide concentrarme seriamente en lo que quiero saber o lo que más deseo. Ojalá pudiera salir de aquí en este instante y decidirme con calma sobre que chico debería ser el primero en mi lista. Algo de vital importancia en este momento.

- Señorita Sucrette, ¿puede decirme cuando comenzó la revolución industrial?-

- ¿Uh?- alcé la vista, confundida, sorprendiendo a todos, vale no me esperaba para nada que el profesor Farres decidiese preguntarme eso así de sopetón. -Lo siento, no estaba atendiendo, ¿qué decía?-

Todos se alertaron al oírme decir que no estaba atendiendo. Sus caras de asombro e incredibilidad me decían que no se esperaban de mi algo como eso, cosa que realmente tampoco era tan rara. Era humana.

Aunque bueno, ya lo he dicho. Esto va a cambiar rápidamente.

Rodé los ojos suavemente, podían al menos dejar de mirarme como si fuera un allien o algo… Mis ojos se desviaron también a un Farres que permanecía estático y con la boca abierta hasta decir basta. Sin creerse mis palabras. Pero realmente era cierto que no me había enterado de lo que había dicho.

Me sentí un poco molesta y decidí chasquear la lengua en señal de que me dijese de una vez cual había sido dicha pregunta.

- ¿Me lo repite?- pregunto nuevamente. –Estaba un poco distraída.

- Esto… ah, sí…- noto la duda en los ojos rosados del profesor, que no tarda mucho en seguir andando. -¿Cuándo comenzó la revolución industrial?

- En la segunda mitad del siglo XVIII- dije molesta por las caras aliviadas de todos. -Y terminó en los años 1820 y 1840-

Farres pareció verse más relajado al oir mi respuesta. Su alumna estrella debía permanecer siendo una estrella, que molesto. Veo como continua explicando y como se gira para empezar a escribir en la pizarra nuevos datos compuestos en una tabla para enseñarnos el paso de los años.

Es cierto que, el ser una chica estudiosa y sabionda, no impedía que fuese una ninfómana que solo tenía la mente llena de chicos, si eso te tranquiliza Farres, seré estupenda en las asignaturas.

Mis pensamientos se enfocaron de nuevo en la incógnita presente. Sí, la pregunta que me llevaba haciendo desde el inicio de la clase. ¿Con quién me acuesto primero?

Castiel se rió bastante contento porque seguía siendo una empollona, lo que me lleva a pensar lo sencillo de controlar que sería para mí. Podría llevármelo a la cama pronto con solo provocarlo un poquito y él se sentiría como el amo del mundo por haberme llevado a la cama antes que cualquier otro de esos que consideraba inferiores y patéticos.

Los chicos como Lysandro, Nathaniel y Kentin se reprocharían y dirían que me están tratando como un objeto, que ellos no deseaban adelantarse tanto como para hacerme sentir mal, aunque fueran mis deseos, ellos preferían respetarme hasta la muerte a hacer algo que me inferiorizase.

Armin era aparte, dependiendo de cómo moviese mis cartas podría hacerle sentir que lo mejor que podría hacer sería acostarse conmigo, una solución buena y bastante eficaz para conseguir mis objetivos. Además de que se dejaría arrastrar por las oleadas de placer de tenerme ahí bajo su cuerpo, cosa que me facilitaría mucho el trabajo.

Con estos razonamientos la mejor opción sería empezar por Castiel… Pero… lo fácil es aburrido…

Los gemelos estaban al frente, justo delante de Rosalya y yo, si yo tiraba un papelito en este instante, Armin lo recibiría sin problemas. Sentí una voz en mi cabeza gritar "a por él, chica" pero me negué a decidir sin hablar primero con mi contacto. Bien. Todo dependía de la llamada. Levante la mano. Llamando la atención de todos, fingí una mueca de malestar y suspiré con cansancio. Finge encontrarte mal, finge encontrarte mal.

- Señor Farres, no me encuentro bien, ¿puedo ir a la enfermería?

El oji-rosado me miró con preocupación y se aventuró a asentir rápidamente con muchísima preocupación. Soy una buena actriz.

- ¿Quiere que la acompañe alguien?-

Negué con la cabeza.

- No, iré rápido y volveré-

Me levante del asiento en el que me encontraba, Rosalya me susurró que si estaba bien, un leve asentimiento de mi parte hizo que suspirase un poco más tranquila. Decidí caminar hacia la puerta, bajo los ojos de todos los chicos, menos Castiel, llenos del sentimiento conocido como preocupación. Un sentimiento estúpido. Me sentí aún más deseada y más querida que de costumbre por todas esas miradas de deseo contenido, de preocupación por mi salud, esas miradas que también se mezclaban con un montón de sentimientos de amor y cariño hacía mí. Cuando llegué a la puerta y puse mi mano en el picaporte, las palabras del profesor me interrumpieron.

- Si la enfermera le dice que se quede durante mi hora, por favor, quédese, tiene mala cara.

Asentí con suavidad.

- Por supuesto.

Salí disparada una vez la puerta se cerró, corriendo hacia el lavabo. Nada más entrar y cerrar la puerta, escurriéndome por toda la superficie, busque su número y lo marque. Realizando así la llamada que me daría por fin la decisión final.

Pitó durante unos minutos.

La respuesta parecía no querer llegar y comencé a desesperarme de verdad. Al cuarto pitido mis nervios se contagiaron del saber que, posiblemente, habría ido a clase y yo me quedaría sin su opinión. Se iba a colgar…

- ¿Diga?-

Mis nervios se terminaron. La voz al otro lado de la línea me hizo sentir más aliviada, estaba en casa, durmiendo, eso era una buena señal pues podríamos hablar relajadas y no recibiría ninguna bronca por llamarla en clases. Incluso a sabiendas de que Leia era una marmota y adoraba dormir.

- ¿Qué se supone que haces en casa a estas horas y durmiendo?- replique sonriendo.

- ¿Y qué se supone que hace la alumna estrella hablando por teléfono en horario de clase?-

- -Touché- Me reí burlonamente al saber que me conocía mejor que nadie.

Leia era mi mejor amiga en el mundo, ella me comprendía de todas las maneras posibles. Sabía ponerse en mi lugar y tenía gustos demasiado similares a los míos. Es más, era demasiado agradable tener a alguien que con solo mirarte era capaz a entender todo lo que pensabas. Leia me comprendía al cien por cien.

- De igual modo, necesito ayuda, voy a iniciar un harem en mayúsculas, de grado uno- mi voz sonó algo asombrada.

- -Wow…- La oigo murmurar con su voz cansada. Sé que el sueño le puede. -Entonces no te asesinaré por despertarme a estas horas de la mañana- esa es la prueba.

- Es la una y media- Replico yo con una pequeña sonrisa y un tono respondón que le hace reír.

Me siento en el suelo del baño mientras que estiro mis piernas, aún con el móvil entre el hombro y la oreja. Estaba entusiasmada, hacía bastante que no oía la voz de Leia y, poder charlar de nuevo después de tanto tiempo, me hacía feliz.

- -Muy temprano- su voz suena demasiado apagada. Sigue medio dormida. -Dale de una vez y explícate- me dice molesta.

Casi puedo jurar que está rodando los ojos exasperada.

- Últimamente he recibido el triple de acoso, entre comillas, por culpa de las super chachis del instituto-

Mi voz estaba cargada de ironía y al parecer, mi comentario, hizo reir a Leia porque estaba completamente adormilada, saliéndole una risa con algún ronquido extraño. Riéndose más por lo avergonzada que se encontraba.

- Como ya sabes, no me había fijado en nadie porque Laeti me recomendó que no lo hiciese, bueno…- dije intentando rectificar. -Fijar sí que me fije- aclaro. ¿Y quién no? Hasta Laeti quiso invadir mi territorio. -Me harte de que me tomen por niña buena, quiero joderlos, quiero joderlos en el buen sentido a ellos y bueno, enloquecerlos, tu sabes que lo necesito…-

Es cierto. Necesito que me necesiten como el aire al que respirar, que me deseen seriamente aunque ellos no lo tienen claro. Deseo firmemente que se mueran por mí. Los necesito tanto, necesito su atención ahora. Y es algo que no puedo evitar desear.

- Ajá… y si lo tienes claro…- sus palabras van frenando seriamente. -¿En qué necesitas que te ayude?- pronunció suavemente, mientras se oía como se movía entre las sabanas buscando una posición cómoda.

- -No sé por quién empezar- confieso.

Tengo demasiadas opciones y tengo que jugar con las situaciones, no puedo cometer errores y quiero comenzar a jugar con mis piezas. Jugar de verdad.

- Por el primero.

- Muy graciosa- replico. –Ayúdame- supliqué, lloriqueando falsamente.

- Ni siquiera conozco a esos chicos. ¿Cómo quieres que lo haga?

- Armin, Kentin, Nathaniel, Lysandro y Castiel.

- ¡Cuidado!- exclama burlesca y la siento levantarse. –La magnífica Sucrette viene con todos los detalles del mundo.

Ruedo los ojos.

- Armin es un friki empedernido, competimos en juegos y tengo posibilidades medias de llevármelo a la cama- le contestó con bastante suavidad, intentando pensar en datos concisos que la lleven a una imagen gráfica. -Es demasiado lindo, de cabello azabache y ojos azules, y no te engañes, cuerpo super marcado- confesé.

- -Um… un friki cachas… me gusta.

Es algo increíble que esté cachondo y que no haga mucho ejercicio. Me preguntó como lo ha conseguido…

- Continua.

- Kentin, bueno, tu sabes quién es- digo, oigo una exclamación curiosa. -Es Ken-

- ¿Te quieres llevar a Ken a la cama?- pregunta confusa.

Leia iba a la misma secundaria que Ken y yo, al igual que con Laeti y Alexa, así que conocen la antigua vida de ese chico, al igual que su voz. Por eso estoy segura de que se siente confundida, contrariada, no puede creerse que haya dicho tal cosa.

- Sí que quiero.

- ¿Por qué?- me pregunta, visiblemente asombrada.

- Ha ido a una academia militar, modifico su peinado, sus gafas pasaron a ser sustituidas por lentillas que nos muestran sus ojos verdes, creció y está cachas. Además está increíblemente guapo.

Oigo un chillido de alegría.

- Necesito ver eso.

- Oh, te enseñaré una foto, tranquila- me rió dulcemente.

- Supongo que con él tienes varias probabilidades- se ríe. –Estaba patéticamente enamorado de ti.

- Pocas posibilidades tengo ahora. El seguro no quiere infravalorarme ahora, pero caerá en mis redes.

- Continua entonces, mentalmente estoy tomando nota, espero que me pases una foto del nuevo Kentin ahora, repito.

Es cierto, si Laeti gritó al ver a Kentin era obvio que Leia chillaría como una burrada al ver el cambio drástico que había pegado.

A diferencia de Laeti, Leia era muchísimo más discreta y más pasota, no le importaba demasiado el aspecto de los demás, si no le atraías físicamente simplemente te ignoraba a menos que la situación fuese importante o sintiese lastima o pena por ti. Aun así, ella no se relacionaba con Kentin, de hecho, creo que se habían visto en contadas ocasiones.

- -Claro- afirmo.

- Tengo curiosidad por verlo- la oigo como más despierta. –Continua por favor.

- El siguiente es Nathaniel, el delegado principal, rubio, ojos ámbares que vive solo- la oigo ronronear, sí ella también ha pensado mal. Ignoro su comentario y continuó. -Le ayude con un problema con sus padres.

- Eso te da puntos- me dice.

- Lo sé, pero siempre los pierdo por culpa de su hermana, Amber, tu sabes, ella es insoportable y quiero vengarme de ella haciéndole ver que su hermano está a mis pies.

- Eres una perra

Leia se ríe y yo me rió con ella.

- Nath es guapísimo, inteligente, le gusta leer y tiene también un cuerpo de escándalo, ah, de vez en cuando boxea, me gustan los deportistas.

- -Uf… justo tu tipo.

Es cierto, tengo un tipo de chico. Me gustan los chicos como Nathaniel, responsables y tímidos, los fáciles de manejar, es como… más sencillo para mi entrar en ellos y comprender todo lo que sienten. Por extraño que parezca, me gustan así. Inteligentes y a mi nivel…

- Lo sé. Pero…- resoplo, evitando cualquier indicio de debilidad o recuerdos, para, posteriormente, seguir hablando. -Definitivamente he perdido mi tipo al entrar en este instituto lleno de tíos lindos.

La oigo reír.

- Sí, espero que me enseñes fotos, repito.

- Lo haré, lo juro- mis promesas no se cumplen, pero las que juro con ella sí lo hacen y siempre lo harán. -Continuaré con Nath, lo malo de este chico es que es muy respetuoso y tendré que incitarle y enseñarle que realmente no me molesta acostarme con él…

- -Otro al que te tendrás que currar- se burla de mis ansias. -Aunque está bien, currarte algo siempre hace que sea más divertido.

- -Lo sé- sonrió aunque no pueda verme.

Mis ojos se enfocan en mi muñeca, han pasado unos minutos, parece que avanzan con lentitud a pesar de que tengo la sensación de haber estado aquí durante mucho tiempo.

- Ahora hablaré de Lysandro, un caballero de pelo albino con las puntas grises, ojos bicolores, verde y amarillo, lindo y super alto- el físico es descrito con precisión, pero no muy gráfico. -Un misterio con un cuerpo torneado y bien formado, aunque amante del estilo victoriano que le oculta un poco su figura, cosa que me incita a querer ver su ropa interior- Mi instinto de pervertida quiere salir. -Tiene un gusto por la poesía como yo y un excelente gusto para la moda, además Rosalya adoraría que yo saliese con él. Aunque, también es muy respetuoso y eso tampoco me la haría fácil.

Leia parece querer imaginarse a alguien como él, empiezo a pensar que es normal pues, mi descripción, parece de un tipo totalmente irreal sacado de un mundo de cuentos o algo. No parece creíble.

- Eso suena interesante, seguro que sacaría su lado salvaje, los reservados suelen ser los más rudos.

Me rió. Acabo de imaginarme a Lysandro azotando mi culo mientras me penetra una y otra y otra vez, dios… me estoy mojando.

- Lo sé, esa ley también se aplica a las mujeres- digo, haciéndole ver que recuerdo bastante bien todo lo que he visto por el mundo.

- Es raro, pero no consigo imaginarme a ese tío.

- Ni tu ni nadie.

Si algún día viene a Amoris planeo enseñarle a esos jóvenes del siglo pasado.

- Y por último, Castiel, pelirrojo teñido, rebelde, va al gimnasio, vive solo, padres con dinero, algo tsundere, nos llevamos bien, es ardiente, provocador y lascivo, me muero por decirle "está tabla de planchar va a hacerte gritar por más". Es el que menos cordura tiene, si comienzo yo, él me seguirá.

- Me quedo con el friki.

- ¿Qué? ¿No vas a comentar nada?- preguntó asombrada, sin poder creer como ha resuelto mi problema tan fácilmente.

Ella siempre ha tenido un don para la decisión, siempre acierta y siempre sabe lo que me conviene, es por eso que, de vez en cuando y no siempre, decido escuchar sus consejos y seguirlos, pues no soy tampoco muy receptiva la mayoría de las veces. Sé reconocer mis defectos.

- -Es un nivel intermedio- me dice, como preparándome. -Comienza por él, sigue por otro cuando te acuestes con el friki y con suerte consigues otros dos chicos y te llegan uno para cada día de la semana- se burla.

Me rió.

- Bien, entonces Armin- digo, la verdad es que tiene razón.

- Mantenme informada- se la oye bostezar profundamente.

- Lo haré, y mañana tendrás tus fotos- le digo.

Me pongo de pie, sacudiendo mi pantalón, aun con el teléfono en la oreja. Me miro al espejo para comprobar cómo está mi cabello largo y sonrió. Estoy perfecta como siempre.

- Ok, ahora seguiré durmiendo- Me informa. -Nos vemos, linda-

- Igualmente, Lei-

Primer objetivo, fijado.

[...]

Pase por la enfermería y fingí encontrarme mal, Anette me dio una pastilla y regrese a clase con la pastilla en la mano. Pero justo, cuando llegué a la clase del señor Farres tocó el timbre que indicaba que la clase había terminado. Espere a que todos saliesen, conocía al oji-azul y sabía que Armin sacaría su psp e intentaría saltarse la hora pues el deporte no era lo suyo. ¿Cómo tenía tales abdominales entonces?

Ahora teníamos educación física y sabía que estaríamos solos, pues Alexy se negaba a perderse a Kentin en el vestuario, por eso siempre me quedaba yo para convencer al pelinegro de que fuese a clase, lo que me facilitaba mucho las cosas hoy.

- Armin, guapo…-

Me senté a su lado, mi voz sonó seductora, llamando su atención y viéndole abrir mucho los ojos. Sé que no podía creerse dichas palabras que salían de mis labios.

- ¿G-guapo?-

Alce una ceja, confusa. Como si realmente yo no hubiese hecho nada.

Primer paso:

Jugar con su mente y hacerle creer que tengo interés por él y luego aplastarlo. Para que me desee aún más.

Fingí que se había imaginado cosas y que mi tono era normal. -¿Guapo? ¿Qué dices?- me reí tontamente, fingiendo claramente, cosa que él no notó.

- Oh, nada…- sus mejillas se ruborizaron un poco.

- ¿Por qué no vas a gimnasia?- le pregunto, interesada, apoyándome contra su mesa.

- No me apetece- recobró su estabilidad al tener la psp en sus manos y continuó jugando. –Quiero quedarme jugando con mi nuevo juego.

- Pero si la clase es genial- comencé.

Segundo paso:

Calentarle, subirle la temperatura, hacerle sentir que me desea más de lo que yo lo hago.

- Haces ejercicio- mi voz iba cada vez más lenta y yo me acercaba más a él, suavemente y muy sensualmente. –Deportes en los que todo se mueve al pegar saltos…- mis manos se situaron a cada lado de su cadera. –La ropa ajustada que se pega gracias al buen tiempo y el sudor del ejercicio discurriendo por tu cuerpo con lentitud.

Los ojos de Armin se abrieron de golpe totalmente. Nuestras narices estaban tocándose y las mejillas del gamer estaban totalmente ruborizado que podría jurar que iba a morirse de las ganas de besarme.

- Y cuando estás totalmente encharcado en sudor, ves que está a punto de tocar y nos vamos a duchar, con el agua corriendo a través de tu cuerpo, relajándote y pasando las manos por los lugares que limpias…

Mi mano circula hasta su pierna derecha y la acaricio. Su cara no tiene precio, está nervioso y completamente ruborizado. Se notaba que quería que siguiera hablando.

- Deseando salir de allí para ir al vestuario y entrar en la ducha del otro, yo entrando en tu ducha… ¿no sería fantástico?

No dice nada, solo me mira, está temblando de emoción, no sé cree que he dicho eso. Yo tampoco me creo que esto esté saliendo tan bien. Que esté prácticamente babeando por mí.

- Imagínate lo que sería… ducharnos juntos…

Armin traga saliva de nuevo, en shock y mi mano sube hacia su zona intima un pelín más, haciéndole dar un pequeño saltito, bajo la mano de nuevo a la rodilla, y vuelvo al primer paso.

- ¿¡Me estás escuchando!?- gritó. –Te estoy diciendo que es hora de ir a educación física. ¿Si quiera estabas prestándome atención cuando te dije que hoy teníamos escalada y cuenta para la nota?

Armin modifica su cara y niega con la cabeza.

- Yo… esto, no sé, lo siento, creo que… estoy… es como… no tengo palabras.

Me siento satisfecha con mi trabajo y continúo.

- ¿Nos vamos a la cama entonces?- pregunto muy cerca de él. Haciendo que sus ojos vuelvan a abrirse, si sigue así le saldrán de las orbitas.

- ¿A la cama?-

Frunzo el ceño.

- He dicho que si nos vamos al gimnasio, ¿qué te pasa hoy?-

- Creo que mis sueños intentan hacerse realidad…- masculla, levantándose de la silla, pensó que no lo escucharía, pero si lo hice y eso me hace saber que estoy un pasito más cerca de ello.

Cuando deja la consola me mira atentamente y me sigue mirando.

- Bueno, entonces… ¿te apetece que como compensación de venir a gimnasia sin oponer resistencia u obligarme a quitarte la consola nos vamos a los recreativos?- le veo sonreír y asiente.

- Claro, con premios así, ¿quién no acepta? ¡Es lo mejor que has propuesto!

- Lo mejor sería que me quitase la ropa y te la quitases tú-

Vuelve a mirarme pasmado y lo veo negar a la cabeza.

- ¿Pu-puedes repetir eso?-

- Lo mejor sería incluir un McDonals y un montón de apuestas en las que te machaco.

Armin se vio aliviado, extrañado y sobre todo desilusionado, pero yo me sentía genial, mostraba más interés en mí del que yo me imagine a simple vista, Armin iba a desear más de mí.

[…]

La clase de gimnasia había comenzado como cualquier otra, estábamos haciendo escalada. Boris explicaba cómo subir y asegurar a una persona que escalaba por el rocódromo.

Como yo sabía escalar, me usaron como ejemplo.

La desgracia es que Amber tuvo que ser quien me asegurase, no me gusto ver a Amber controlando la cuerda que me enganchaba, pero, con suerte, podría aprovechar este giro para marearme y pedir que Armin me acompañe a la enfermería porque "me encuentro muy mal". Boris explicó que el peso de quien asegura tiene que ser equivalente al de la persona que subía y viceversa. Y como Amber y yo éramos equivalentes, me tocaba y punto.

Subí como de costumbre, rápido, sin miedo y sin dudar, las piezas serían pequeñas, pero era algo que podría superar, era alta y flexible, podía con un rocódromo como si nada. Incluso a pesar de que tuviera un poco de miedo, no tenía tanta altura y era bastante sencillo una vez que comenzabas.

Deje que Amber me bajase, no intento nada muy raro, solo me dejo caer rápido pero Boris lo considero un fallo de principiante al bajar sentí que era el momento. Me maree dos veces haciendo preocupar a algunos de los chicos y a algunas de mis amigas, hasta que, caí en los brazos de Armin, o más bien espalda por accidente.

En seguida Boris se alertó, pidiéndole a Armin, quien me tenía agarrada, que me llevase a la enfermería. Claro que su alumna estrella no se sienta mal.

El azabache ni siquiera lo dudó. Me agarró por los hombros y yo pase un brazo por su espalda, abrazando su cintura, para, con la otra mano, sujetar la suya que se encontraba descansando en mis hombros.

Uno de sus dedos, rozo un poco mi pecho, pude ver un rubor en sus mejillas al darse cuenta de la posición de su mano y que yo no parecía estar molesta hacia eso, estaba perdiendo el control, sus dedos temblaron.

- Armin- mi voz suena melosa. -Siento que tengas que cargarme- me disculpe.

Fingiendo arrepentimiento, me apegue un poco más con mi cuerpo. Sintiendo como se tensaba de nervios.

- N-no pasa nada. ¿Estás me-mejor?- su tartamudeo me pareció adorable.

- Me siento muy mareada…- Hice temblar a mis piernas, y frené, Armin también lo hizo, esperando a que me moviese.

- Su, ¿estás segura de que estás bien?- ahora estaba preocupado.

Asentí.

- Creo. No sé, me siento aún más mareada cuando estoy a tu lado… quizás es por lo mucho que me gustas…-

Armin suspiró.

- ¿Puedes repetírmelo?-

Vaya, ahora estaba pensando que era producto de su imaginación.

- Que estoy mareada, pero que estoy bien, que quizás siento este mareo y estas emociones tan avasalladoras por estar pegada al chico que me gusta.

Armin abrió la boca sin creérselo y yo alce una ceja.

- -¿Armin? ¿Pasa algo?-

- -¿H-has dicho que te-te gusto?-

Sonreí internamente, sus mejillas estaban completamente rojas y decidí, acercarme a él para dar mis primeros pasos.

Tomé sus manos y colocándolas en mis caderas, luego de asegurarme de bajar la camiseta para fijar un escote prominente, que dejase a la vista mi sujetador un poco. Armin aún seguía en shock, miró hacia abajo, para verme mejor y se fijó en mis pechos, observé satisfecha como apartaba la mirada lleno de timidez.

Benditas camisetas básicas.

- Claro que me gustas, pensé que ya lo sabías y que por eso me mirabas raro.

- N-NO TENÍA IDEA- Alzo la voz en un claro acto de nerviosismo.

Cerré los ojos, haciéndome la víctima.

- Recházame.

Lo vi debatirse entre que debía decir. Era obvio lo que estaba pensando, me adelantaba a él y a sus nervios, él quería decirme como se sentía, como supuestamente yo. Así que espere pacientemente por su respuesta temblorosa. Qué fáciles son los hombres.

- B-bueno, tú también me gustas.

Lo miré asombrada, fingiendo lo mejor que pude y salte abrazándole y propinándole un enorme beso en los labios, devorándolos, jugando con los suyos estáticos.

No correspondió aun.

Quizás porque no estaba acostumbrado. Cosa que me hizo sentir poderosa. Lo tenía totalmente en shock y desbordado de emociones, de amor, lo tenía controladísimo. Hasta que abrió la boca de sorpresa al sentir mi mordisco que pedía acceso, a gritos, a su boca. Gesto que aproveché para colar mi lengua salvajemente en su boca, enseguida sentí sus labios moverse con timidez y sin saber qué hacer. Enseñándome su inexperiencia, deseando tirarlo al suelo y enseñarle yo misma todo lo que podía hacerle sentir justo en estos momentos. Pero decidí que mejor cortar el beso con rapidez, para sonreírle y no hacerle tener demasiadas emociones seguidas.

- Armin, me haces muy feliz- masculle con voz dulzona. –No sabes cuánto.

El azabache, ruborizado hasta en la frente desvió la vista a otro lado.

- Podríamos decir que yo me siento como si hubiera ganado el nivel más difícil del videojuego, o que he ganado la senda arcoíris a la primera y sin caer ninguna vez.

Sonreí. Estaba en mi bote.

- Me gustas tanto, Armin-

Y volví a besarlo, colando mis manos por debajo de su camiseta deportiva. Pero solo colocándolas allí, rozando su piel, cosa que no pareció molestarle. Ya que, esta vez el me siguió mi beso y me acarició las caderas por encima de la camiseta.

El terreno estaba preparado en un 30%.


Hasta aquí el primer capítulo de Armin, Sucrette comienza fuerte. ¿Qué os ha parecido?

Vosotras que opináis añadimos a dos chicos más para que tenga completo su harem, ya sabéis, un chico por día...

Claro que, sería más adelante.

¿Qué os parece si metemos al hermano de Iris, Thales y a Dake? ¿O preferís a otros? Viktor estará reservado para el futuro del fic, así que no contéis con él... jejeje.


Cordialmente os invito a leer mis fics:

´-Mi pesadilla roja y caliente [Sexo Explícito de Castiel y Sucrette] capítulo 4 subido recientemente.

y

-La Rosa de la Discordia [Harem de chicos por Sucrette]


Dejen comentarios y respondan a mi pregunta de los chicos, puesta en negrita.

GRACIAS POR LEER.

COMENTEN


Editado el 9 de diciembre de 2015.