"Somewhere over the rainbow, way up high

there's a land that I heard of once in a lullaby

somewhere over the rainbow, skies are blue,

and the dreams that you dare to dream,

really do come true..."

Judy Garland, en "El Mago de Oz"

"Somewhere, over the rainbow"

El soleado firmamento celeste reina en toda la faz del horizonte, reflejándose con el hermoso tono turquesa de un templado mar que es benévolamente iluminado por los cariñosos rayos del astro rey, sin ninguna nube que ose opacar su claridad. Aquella superficie desierta pareciera que en vez de estar cubierta de agua fueran hermosas pasturas azules, que se movieran al capricho del viento. Un agradable y tibio calor se manifiesta en la zona, deleitando a los escasos afortunados que podían degustar de aquel ambiente tan hermoso y hospitalario.

Absolutamente todo es calma y silencio, la superficie del mar está tranquila y acogedora, el cielo azul sigue ahí, y nada pareciera interrumpir esa calma tan acogedora, aunque semejante a la de una tumba. De pronto aquella pacífica escena es abruptamente arruinada por un girar de hélices y el sonido ensordecedor de un poderoso motor que se acerca cada vez más y más, profanando aquella hipnótica tranquilidad.

Se trata de un helicóptero militar; en él, una carga de pasajeros poco comunes para ese tipo de transporte. Ni más ni menos que la Capitana Misato Katsuragi, quien junto con sus protegidos y sus dos amigos, se dirigen a una flotilla de portaaviones que se encuentran penetrando en estos momentos el Pacífico, oriundos de Alemania, con una carga sumamente especial y que cambiará la vida de los incautos pasajeros de una manera radical.

—¡No puedo creerlo!— estalló de júbilo Kensuke, con su inseparable cámara de vídeo, refiriéndose al paisaje, el cual jamás lo había contemplado en su vida, moviéndose frenéticamente de un lado a otro de la cabina —¡Un helicóptero de transporte MIG 55D! ¡Nunca en mi vida pensé que me subiría a uno de estos! ¡Y todo esto gracias a ustedes, mis queridos amigos!

—¿Quieres dejar de hacer eso, POR FAVOR?— suplicó Kai, sujetándose con ambas manos la boca del estómago y con un semblante algo pálido, sufriendo de náuseas cada vez que Aida pasaba delante de él, haciendo gran escándalo.

—Tal vez si no hubieras tragado tanto antes de venir, no tendrías estos problemas— replicó Katsuragi, a su lado —A ver si así aprendes a moderarte cuando comas.

—Maldita comida japonesa...— maldijo el muchacho, mientras su faz se tornaba verde — Estoy casi seguro que ese tepanyaki estaba contaminado... ¡pero es que sabía tan delicioso!

—Muchas gracias por habernos invitado, señorita Misato— agradece Toji una vez más, un tanto avergonzado del comportamiento de Aida, quien se paseaba cómo párvulo por todo el helicóptero, mientras al mismo tiempo cambiaba de asiento, ya que se encontraba justamente en frente de Rivera. Más vale prevenir que lamentar, cómo dicen por ahí.

—Oh, no fue nada... — la mujer se apresuró a contestar cortésmente. Pensaba que quizás a sus pupilos les hacía falta pasar más tiempo con chicos de su edad, y que mejor ocasión para hacerlo que en aquella misión de paseo, cómo designaba ella a escoltar a la Unidad 02 hasta territorio japonés, más específicamente hasta los cuarteles de NERV —Sólo pensé que sería algo aburrido estar siempre en el mismo lugar, así que los invité a salir para que pudieran ver otros paisajes.

—¡Vaya, de manera que ésta es auténticamente una cita con la señorita Misato!— exclama Toji, sumamente exaltado —Qué bueno que esta vez traje conmigo mi gorra de la suerte— pronuncia con una enorme sonrisa en los labios, mientras se voltea su cachucha.

—¿Y, precisamente, adónde vamos? — interroga Shinji, quien hasta el momento se había quedado expectante, contemplando la belleza de aquellos parajes.

—Daremos un pequeño paseo por el Pacífico en esa pomposa nave de allá— respondió la capitana, al mismo tiempo que señalaba un punto en el océano por la ventanilla.

—¡Sorprendente!— se apresuró a decir Kensuke, haciendo a un lado de un empujón a Ikari, sin perder una sola toma con su mini- cámara, completamente embelesado ante la majestuosidad de la imagen —¡Es la flota completa del Atlántico! ¡Ocho portaaviones y siete acorazados! ¡Es genial!

—¿Esa es una flota?— advierte Suzuhara al divisar las naves —No se ve muy imponente que digamos...

—¡Claro que sí!— replica de inmediato Aida, mirándolo desdeñosamente —Y mira, ésa es la nave insignia, "Over the Rainbow". ¡Un orgullo de las Naciones Unidas!

—¡Es gigantesca!— nota Shinji, asomándose también por un rendijo.

—Lo que yo me pregunto es cómo una reliquia de ésas puede aún flotar— comenta Misato, sin prestarle demasiada atención al asombro de los jóvenes.

—Al contrario, está hecha de muy buen material— afirmó categóricamente Kensuke, erigiéndose en defensor de las Fuerzas Armadas de las Naciones Unidas —Sobrevivió incluso al Segundo Impacto.

—Hemos llegado, señora— se apresuró a comunicar el piloto, impaciente por deshacerse de su molesta carga cuanto antes.

—¡Vaya osadía!— pronunció en alemán el almirante de la flota desde el puente, observando el vehículo que aterrizaba sobre la pista con sus gemelos —¡Mira que traer la batería de su juguete!— musitó, al observar el gigantesco compartimiento de carga de la aeronave, que transportaba un cordón umbilical para Evangelion, de varios kilómetros de longitud enrollados.

—Es un auténtico descaro— corroboró su primer oficial, a su lado, cruzándose de brazos.

Mientras el piloto aterriza la aeronave, Misato alcanza a divisar desde su ventanilla una joven que observaba todo desde el puente, para luego apresurarse a bajar hacia la pista donde aterrizarán, bajando los escalones de la escalinata de dos en dos, firmemente apoyada en el pasamanos.

"Vaya, con que allí está ella" pensó para sí la mujer de cabellera oscura. "Pensé que lo más probable era que ella vendría por avión. Siempre tan enérgica. Estoy segura que esos ímpetus nos ayudarán mucho de ahora en adelante. Bien encauzada será de mucha utilidad para la misión, la pequeña fiera. Quizás ya nos hacía falta un piloto con esa vitalidad, sólo para compensar la parsimonia de Rei, la insolencia de Kai y lo escrupuloso de Shinji."

El helicóptero aterriza, las hélices dejan de girar, se apagan los motores y los pasajeros descienden del vehículo, medio encandilados por el ardiente sol tropical. El constante movimiento del barco no ayuda mucho al desvalido Doctor Rivera con sus náuseas.

— Oh, rayos... no me acordaba que los barcos se movieran tanto— farfullaba, tapándose la boca con las manos, mientras su semblante se hacía todavía más verde.

El incesante vaivén de la nave, mecida inclementemente por las olas del océano por el que se deslizaba, provocan finalmente una reacción explosiva en el estómago del joven, quien se apresuraba a llegar lo más pronto posible a la borda, corriendo lo más veloz que sus piernas le alcanzaban al sentir el alimento a medio digerir subiendo más y más aprisa por su esófago, para pronto alcanzar la boca.

Sus acompañantes sólo lo observaban momentos después, ecuánimes, cuando agachaba un poco la cabeza, apoyándose en el pasamanos y hacía unos ruidos espantosos, repitiendo el proceso varias veces. En esas estaban, cuando de súbito una repentina ráfaga de viento despojó a Toji de su preciada gorra, quien al verla flotar indefensa ante los caprichos del viento se lanzó tras ella.

—¡Oh, no, no!— se lamentaba mientras la perseguía por toda la cubierta —¡Es mi gorra de la suerte, no puedo perderla!

Efectivamente aquella prenda era la que siempre llevaba puesta a los partidos de béisbol en el equipo de la escuela, en donde él gustoso jugaba. Con aquella gorra puesta había dado el batazo que se convirtió en su primer cuadrangular, y también con aquella gorra puesta había hecho la carrera que les había redituado en obtener el campeonato regional de escuelas secundarias, apenas el año pasado. Claro, aquellos tiempos eran mucho más sencillos, eso era antes de que la ciudad fuera abandonada a su suerte por los habitantes, antes de la llegada de los gigantes que la asolaban a cada rato, antes del terror del fin del mundo; debido a esas condiciones, ya no se podían dar el lujo de organizar algo tan trivial, pero a la vez tan anhelado y preciado, como unas competencias deportivas interescolares. Suzuhara lo sabía bien, y era por ello que tenía en tan alta estima aquella prenda.

La cachucha del joven ve interrumpida su parsimoniosa trayectoria al ser pisada violentamente, restregándola con desdén en el piso al mismo tiempo que el muchacho intentaba inútilmente recuperarla, sin prestar demasiada atención a quién pertenecía el pie que había salvado su propiedad de salir volando por la borda del barco.

—Buen día, Misato — saluda la dueña del pie, una deliciosa criatura de unos catorce años, esbelta, de largos y finísimos cabellos rubios y un par de hermosos ojos castaños, posando para los recién llegados como si fueran a sacarle una foto, alisándose los inquietos cabellos mecidos por el viento.

—Hola, Asuka. ¿Cómo has estado?— devolvió el saludo con jovialidad la aludida.

—No tan bien cómo tú, según parece— expresó sarcásticamente, refiriéndose a la compañía que llevaba consigo Katsuragi.

Un niño sin modales obsesionado con su gorra, otro que se comportaba como un preescolar en excursión, corriendo, grabando y señalando todo lo que ocurría a su alrededor, hasta el más minúsculo detalle, y finalmente un muchacho macilento con expresión de idiota, desarrapado; en fin, que no representaban una escena muy marcial ni gallarda, que se acostumbraba tanto en medio de ese ambiente de extrema disciplina militar.

—¡Asuka, linda, has crecido mucho desde la última vez que nos vimos!— pronunció entonces la capitana, pasando del sarcasmo y genuinamente sorprendida al ver a la jovencita delante de ella —Eso fue ya hace bastante tiempo...

—Así es— responde la muchacha con gran orgullo en su tono de voz, levantando el rostro para que pudiera verla bien —Y no sólo he crecido en estatura, también mi figura se ha delineado— y al decir esto giró completamente sobre su eje, para que la capitana y su reducida comitiva pudieran apreciar mejor su grácil cuerpo, y de paso permitió que Toji recuperara su preciada gorra, sacudiéndole el polvo de encima para después terminar dándole un beso —¿Ya lo ves?

—En efecto, estás hecha toda una hermosura— confesó la mujer, divertida por la soberbia de la criatura —De seguro los muchachos se pelean por ti ¿eh? Debes ahuyentarlos a palos.

—Esas cosas no importan mucho para alguien de mi categoría, deberías saberlo— dijo, altiva, cruzándose de brazos —Por cierto, ¿en dónde está ese vago inútil que siempre te acompañaba? ¿Cuál era su nombre? ¿Kyle, Kai, Caín? Me cuesta trabajo recordar cómo es que se hacía llamar, con tantos nombres que usaba— preguntó, peinando todo el lugar con la mirada en busca del mencionado sujeto.

—¡Ja, ja, ja! ¡Qué simpática eres! Mientras estemos en Japón, y sus aguas territoriales, su nombre es Kai. También hoy lo he traído conmigo— responde Misato, para después mirar por el rabillo del ojo al chiquillo, que seguía vaciando el estómago en el vasto mar —Lo que pasa es que él... eh... continúa en el helicóptero, lo puse a buscar un arete que se me cayó durante el vuelo.

—¿En serio?— murmura Asuka, entornando los ojos, extrañada ante aquella respuesta. La mujer con rango militar le tapaba por completo al joven con problemas digestivos —Pero si estoy viendo que traes tus dos aretes puestos...

—Sí... bueno, se trata de otro arete, siempre cargo uno de repuesto... cómo sea— divagó rápidamente la mujer, desviando el curso de la conversación —Shinji— continuó, tomando a Ikari por los hombros y poniéndolo en frente de la jovencita —Es un honor para mí presentarte a la persona que desde hoy será tu nueva compañera, la piloto exclusiva de la Unidad 02, el Tercer Niño Elegido: Asuka Langley Soryu.

La muchacha asiente con una sonrisa altanera, ante la tímida reverencia que le hace el chiquillo, algo intimidado por su porte distinguido, pero arrogante. Verla lo hacía pensar en cierta forma aquellas princesas de reinos muy lejanos que protagonizaban los libros de fábulas e historias que leía cuando niño

—¿Este es el tan mentado Cuarto Niño?— preguntó la jovencita en voz alta, mirando a Shinji con los ojos entornados, un poco incrédula —No se ve que sea la gran cosa...

El susodicho no contestó a la ofensiva, sino que se limitó a encogerse de hombros, mientras desviaba la mirada de aquella chiquilla tan hosca, con el rostro enrojecido, tratando de olvidar aquel ridículo e inoportuno comentario. Se armó de paciencia y finalmente calló. La paciencia y prudencia formaban parte de las cualidades de aquel tímido muchacho. Eso era muy evidente, pensaban sus acompañantes.

De improvisto, una ráfaga de viento (que al parecer estaba muy juguetón en ese día) hace de las suyas nuevamente, levantando la falda del aflojado vestido que traía puesto la niña, revelando así a todos los presentes de qué color era su ropa interior, un tanto recortada y atrevida, por cierto.

Aún sin reponerse de la impresión, con el rostro encendido, Asuka despacha a todos los jóvenes con una sonora bofetada, con la dignidad por los suelos, furiosa y buscando desquitarse con el primero que se le pusiera en frente; esto ante el descontento de Toji, con justificación, ya que ellos no tenían manera de controlar los caprichos del viento.

—¿Porqué diantres hiciste eso?— reclamó Suzuhara con vehemencia, acariciándose la mejilla enrojecida por el golpe.

—¡Por atrevidos! Una joven decente como yo no puede permitir que todos anden viendo su intimidad así cómo así— respondió la chiquilla, aún abochornada —¡Me la debían, cerdos!

—¿Ah sí?— entonó el chiquillo, retador, mientras que, sin nadie que pudiera anticiparlo se bajó sus pantalones deportivos para que también ella pudiera contemplar los calzones de boxeador que llevaba puestos —¡Pues aquí está tu cambio, bruja! ¡Ya estamos a mano! ¡Ja, ja, ja!— e inmediatamente, como poseído por un pérfido demonio, se bajó también los calzoncillos, dejando al aire sus joyas íntimas.

La chiquilla lanzó un atronador grito de horror, al tiempo que sus demás acompañantes quedaban petrificados, aterrorizados por la exhibicionista reacción del chiquillo. Acto seguido, a la velocidad del rayo Asuka volvió a castigarlo con una senda bofetada que por poco lo derriba al piso, en lugar de sólo dejarle la mitad de la cara hinchada y casi inmóvil.

—Siento mucho lo de su camisa, señor— se escucha a lo lejos la voz de Rivera, que venía en dirección al escaso grupo —Si me lo permite yo se la lavo, sé por experiencia propia que el carbonato hace maravillas con ese tipo de manchas... o bien, permítame comprarle una nueva. Lo lamento tanto, no me había dado cuenta que estaba allí— se disculpaba en alemán una y otra vez, alzando los brazos, ante los incesantes reclamos y maldiciones que un marino de aspecto amenazante le profería mientras se alejaba de él.

—¡Allí está él!— exclamó Katsuragi, intentando aligerar la tensión entre los jóvenes al desviar de nuevo el tema —¡Kai! ¡Mira quién está aquí!— pronunciaba levantando la mano para atraer la atención de su protegido.

El muchacho observó detenidamente a donde se le indicaba. Ciertamente, Asuka Langley Soryu no era, por mucho, su persona favorita. De ella sólo tenía el recuerdo de aquella niña flaca y pecosa que en todo el tiempo que estuvieron juntos, allá en Europa, cuando se conocieron en esa reunión de niños prodigio, además de que los dos eran ya pilotos designados de Evangelion, siempre lo sacaba de sus casillas, gritando y pellizcándolo incesantemente, provocando que surgiera en él una aversión instintiva a todo lo que tuviera que ver con ella. Chiquilla odiosa, parecía querer todo el tiempo fastidiarlo a donde quiera que se encontraran. Nunca cerraba el pico, y tenía que soportar su parloteo bastante tiempo sin poder hacer nada, ya que se le había inculcado que "a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa", aunque ya no se acordaba quien lo hizo.

Por lo tanto, le costó trabajo reconocerla mientras avanzaba, buscando en sus recuerdos a una persona que encajara con el físico de la persona que Misato le señalaba. En verdad que había cambiado, pensó cuando al fin se dio cuenta quien era. En primer lugar, lo más lógico era que había aumentado de estatura. Era de suponerse. Pero otras partes de su cuerpo también habían crecido, aumentado. A la par que avanzaba hacia ella, en silencio, se daba a la tarea de examinarla detenidamente, con aquella mirada suya que asustaba. La veía, ataviada en ese ligero vestido amarillo de una sola pieza que el viento ondeaba a capricho, de gran escote que dejaba apreciar parte de sus duros y redondos senos, algo grandes para su edad (¿pero quién se podría quejar? él no, es seguro). Su piel blanca, pero sin mancha alguna, que se antojaba suave al primer vistazo; como le hubiera gustado comprobarlo en ese momento. El vestido, ceñido a la estrecha cintura de avispa, remataba en una holgada falda que le llegaba a las rodillas, pero que en ocasiones, cuando la luz le atravesaba, se transparentaba y permitía distinguir sus torneados y largos muslos, que decir de esas caderas de ensueño.

A cada paso que daba, Rivera comenzaba a sentir una especie de malestar, cómo un vacío en el estómago; pero eso nada tenía que ver con su mareo. No, tenía que ver con algo mucho más profundo, más orientado a las pasiones que cualquier hombre puede tener, y mucho más un muchacho de su edad. Pronto, tres millones de años de instinto se activan en él, despertando hormonas dormidas que de inmediato comienzan a trabajar, preparando al organismo para una posible reproducción. El pulso se acelera, las manos tiemblan y se ponen sudorosas, el cuerpo se entume y el pensamiento racional se desvanece, aunque sólo sea por unos momentos. Un antiquísimo sentimiento, inherente a nuestra parte animal, se apodera del corazón y de la mente. Aquella sensación que suscitaba ver a una hembra tan hermosa y perfecta como ella, ese frenesí loco de tener a toda costa que poseerla, hacerla suya por siempre sin importar los obstáculos. Deseo. Sí, vaya que era una muy baja pasión, una animalesca pasión. Hubiera preferido que fueran perros, para en ese caso poder lanzársele encima sin más.

Pero no era así. La cosa es que no eran bestias, sino seres humanos con, supuestamente, raciocinio e intelecto superior al de los demás animales; por lo tanto, atados a una sociedad que les imponía reglas morales y legales que les impedían perder el control de esa manera. De tal suerte, prefirió conducirse con cierta mesura. No era gran problema, tenía gran práctica en aquellos menesteres de la cortesía y compostura. Además, no sería gran cosa conquistar después a aquella chica bonita y de cabeza hueca, tal y cómo lo había hecho con tantas otras antes... antes de... antes de.. de Rei.

Curioso, pero en esos momentos la efigie de la muchacha, siempre tan presente en todos sus pensamientos, se le antojaba lejana, semejante a un mal sueño. No se acordaba ni de su nombre ni de cómo lo había despreciado con anterioridad teniendo a Asuka enfrente, finalmente la había podido extirpar de su conciencia; por un breve momento, el fantasma de su recuerdo lo dejó de asolar. Total, si ella ya había tomado su decisión y quiso elegir al delicado Shinji, allá ella, se lo pierde, pero no por eso él tenía que vivir en celibato por el resto de su vida. Quizás no había sido tan malo venir, después de todo.

Por su parte, también la joven alemana había quedado un poco impresionada de ver el paso del tiempo en su viejo conocido, al que tenía ocho años que no veía. De alguna manera, al recordar fugazmente al chiquillo engreído e insoportable, además de majadero y de escasos modales que había conocido en ese entonces, se imaginaba que lo más probable era que hubiera crecido para ser un adefesio, uno de esos inadaptados sociales que se apartaban de todo mundo; en primera estancia lo había confundido con Ikari, pero ahora se percataba de su error, al observar algo desconcertada al joven bien parecido que se acercaba hacia donde ella estaba. Lo había reconocido por sus ojos. Esos ojos tan bellos que tenía, lo único que le había gustado de él cuando era niña. Verdes, brillantes, penetrantes, que ahora mismo parecían ver a través de ella y desnudar todos sus sentimientos, temores y deseos. De no ser quien era ella, hubiera caído desmayada en ese segundo, rendida a sus pies. Pero reponiéndose, consiguió mantenerse entera, aunque no podía negar que su presencia en primera instancia la llegó a estremecer, aunque fuera un poco.

Caminaba con el sigilo y la elegancia de un lobo en el bosque, acechando a su presa. Casi todo en él parecía emanar del poder de la naturaleza. Poder. El poder encarnado por el que había estado soñando tanto tiempo. Se remojó los labios, mientras que su mirada continuaba clavada en el joven.

A pesar de haber sido educada bajo la más estricta disciplina, digna de una princesa heredera al trono, de sus modales refinados y de su título universitario conseguido a una muy corta edad, muy dentro de Asuka bullía un instinto de salvaje pasión que buscaba de manera constante ser libre y que en ocasiones se lo permitía. Una rebeldía desenfrenada que representaba a su verdadero yo, y no esa fachada de buenos modales y de etiqueta que le habían enseñado a proyectar. Toji ya lo había comprobado, y no sería la última vez que lo hiciera.

La holgada y corta ropa que traía puesta Rivera, que se había previsto contra el calor del Trópico poniéndose una camiseta ligera sin mangas de color azul complementada con unos pantaloncillos cortos blancos y unas sandalias, permitían que la muchacha pudiera apreciar la fortaleza de sus brazos y de sus piernas, además de sus músculos pectorales que se marcaban tenuemente a través de su prenda. Además de esa piel oscurecida, bronceada por el sol, que emanaba un cierto aire de sensualidad, de candencia. Según su criterio, aquello con lo que venía vestido era una auténtica facha, indigna de la posición y del lugar en donde se encontraban. No obstante ignoró ese detalle, dada la oportunidad de observar detenidamente aquél cuerpo, pero no cómo se miraría a una persona de carne y hueso, con sentimientos, emociones y anhelos propios, sino más bien a un objeto que se pudiera desear, cómo un convertible rojo con asientos de cuero y 8 caballos de fuerza.

Los dos tenían más en común de lo que pudieran pensar.

"No es tan mal partido, después de todo" pensaba a la par que se volvía a humedecer los labios, una vez que lo tuve enfrente. "Sí, este salvaje, esta criatura incivilizada bien podría mantenerme entretenida, aunque sea por un corto rato".

—Asuka, mi querida y vieja amiga, es un placer volver a verte— pronunció Kai con exagerada lisonjería cuando estuvo delante a ella, inclinándose ligeramente para hacerle una reverencia —Debes disculparme por mi atuendo, créeme que de haber sabido que te encontraría aquí me habría arreglado adecuadamente para la ocasión— continuó mientras aparentaba que se alisaba la camisa, para después besar suavemente la mano que la joven le ofrecía, al responder a su saludo.

"¿Pero qué demonios le pasa a este sujeto?" pensaron todos los demás casi al mismo tiempo, mirándole con los ojos entornados casi como a un desconocido, al mismo tiempo que un sudor frío les recorría la frente. Definitivamente, ése no era el Kai que todos ellos conocían.

—Al contrario, Kai, querido, me parece que tu ropaje es el indicado para soportar este sofocante calor— contestó la muchacha, apartando discretamente la mano para después abanicarse el rostro con ella, en una fingida actitud de bochorno —¡Este clima es insoportable! Pero aún así, ¡cuánto has cambiado, cariño! Ahora eres mucho más apuesto.

—No tanto como tú, chu...— se detuvo en seco, al percatarse que iba a decirle "chula" y con eso desbaratar la ilusión de caballerosidad que había tejido a su alrededor —Quiero decir— rectificó, meneando la cabeza —Que tú estás mas bella que nunca, amiga mía.

—Me halagas— respondió ella, notando su contrariedad "De seguro iba a decir una barbaridad, cómo es la costumbre de este salvaje. A pesar de todo, finge muy bien ser una persona civilizada" pensó, mientras añadía —¡Aún así, ha sido tanto tiempo sin saber de ti! Ven, ¿por qué no me das un abrazo?

Y diciendo esto, extendió sus brazos para abalanzarse sobre él, que había hecho lo mismo, estrechándose ambos entre brazos, en lo que, se suponía, era un gesto amistoso. Empero, Langley no dejó escapar la oportunidad para, con sus delicados dedos, tentar y pasearlos por la fuerte espalda del muchacho.

De la misma manera, Rivera aprovechó la ocasión, al sentir esos firmes y redondos senos apretados contra su pecho, de recorrer con su mano la finísima curva de la espalda de la jovencita, y sin poder contenerse un segundo más detrás de aquella fachada de buenas costumbres, finalmente posarla delicadamente en su firme y delineado trasero.

—¡Óyeme, tú, pervertido inmundo!— prorrumpió en insultos la chiquilla rubia al sentir que sus partes estaban siendo profanadas. Al instante se zafó del muchacho y lo sujetó por la muñeca, tirándola de tal modo que Rivera tuvo que ponerse de puntas para evitar que se la rompiera —¡Ya decía yo que perro viejo no aprende trucos nuevos! ¡Imbécil!— entonces lo jaló hacia sí, y apoyándose en su cadera lo mandó a volar, unos dos metros lejos.

Los espectadores enmudecieron ante el asombro que les embargaba. En los infantes, fue temor lo que se apoderó de ellos después, al ponerse a reflexionar sobre su situación. Y es que, si el mismísimo Kai había sido tratado de ese modo por aquella fiera, ¿qué podían esperar ellos, entonces?

—¿Ah, sí? ¡Perdóname por no ser tan hábil como tú al fingir!— replicó el joven, todavía tirado en el suelo, doliéndose de la manera tan violenta en la que cayó —¡Pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda! ¡Ahora ya recuerdo porqué no se te puede tratar como a una persona! ¡Y eso es porque no eres una muchacha, sino una maldita bruja, perra psicópata!

—¡¿Qué dijiste, pedazo de mierda?!— exclamó Langley fuera de sí, enfurecida en niveles insospechados —¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera, grandísimo idiota?! ¡Toma esto!— dijo al terminar dándole un soberano puntapié en el abdomen.

El muchacho ya no contestó. Solamente pensó: "Oh, no. Aquí viene lo que quedaba del tepanyaki. La que se me va a armar."

Tal y como comprobaría posteriormente, su presagio fue bastante atinado. Apenas había terminado de formular ese pensamiento y en el acto el precioso vestido de la jovencita se vio arruinado por una gran mancha de mariscos y arroz a medio digerir.

¡AHHHHHHHHHHHH!

Asuka gruñó, pataleó y sacó a relucir una amplia gama de gestos amenazantes, para finalmente perseguir al muchacho por toda la cubierta, el cual, al adivinar las intenciones de su nueva compañera, la prudencia y su sentido de auto conservación le habían indicado que permanecer en el mismo lugar era peligroso; dando por resultado una agobiante persecución, para burla y alegría de los marinos presentes.

Pasada la confusión, y luego de un cambio de atuendo obligado, los visitantes reportaban su llegada al puente de mando, encontrándose a cargo a un almirante alemán, de baja estatura y amplia talla. Con una mirada severa y agria, que salía por debajo de sus abundantes cejas, mientras que su amplia y ancha nariz poseía un igualmente abundante mostacho. De entre su gorra de marino, sus plateados y despeinados cabellos salían por entre sus sienes.

Después de examinar la orden que traía Misato consigo, el viejo marino maldijo algo en alemán, y finalmente prorrumpió, obviamente molesto, en inglés:

—Válgame, y yo que creía que era el jefe de tropa scout de estos niños, pero ya veo que me equivoqué— expresó sarcásticamente, refiriéndose a la cantidad de jóvenes que se encontraba presente, poniendo especial atención en Kensuke, quién no dejaba de gritar de júbilo y grabar todo con su cámara, emocionado, ante la vergüenza de sus tres compañeros.

—Gracias por su comprensión, Almirante— dijo la mujer, pasando del comentario anterior.

—Oh, no, no, de ninguna manera: muchas gracias por traerme a más niños que cuidar, después de todo este tiempo— y después, mirando de soslayo a Asuka, que también se encontraba presente, continuó —Cómo si no fuera suficiente aguantar a Langley todo el camino desde Alemania...

La muchacha correspondió al comentario sacándole groseramente la lengua al viejo marino, para después darle la espalda. Los hoscos modales del veterano habían propiciado numerosas rencillas entre él y la piloto durante el viaje. Por su parte, Rivera aplaudió la actitud del oficial, riéndose a costillas de la chiquilla.

—¡Ja, ja ja ja! ¡Ay, mi Almirante, que ingenioso es usted!— decía, entre risa y risa, para luego ser callado de súbito por un fuerte pisotón de la alemana.

—Apreciamos mucho su cooperación para el traslado por mar de la Unidad 02 prosiguió la mujer, ignorando por el momento los berridos que Kai hacía, saltando por todo el puente en un pie, pues se estaba sujetando el que la muchacha le había pisado—Aquí están las especificaciones para el suministro de energía de emergencia...

Y deslizó una carpeta repleta que hasta ese momento traía en sus manos.

—¡Ja!— se mofó el Almirante, regresándole de inmediato los papeles, sin siquiera haberlos visto primero —En primer lugar, yo nunca aceptaría una orden para activar a ese muñeco de hojalata en el mar.

—Sólo piense en ello como un respaldo en caso de emergencia, señor— alegó respetuosamente Katsuragi, aunque ya le estaba colmando la paciencia la negativa actitud de aquél oficial.

—¡Es para dichas emergencias que se supone la flota del Atlántico debe estar!— añadió molesto el viejo, dirigiéndose a su Primer Oficial —¿Desde cuando la O.N.U. nos convirtió en una maldita agencia de mensajería?

Aguardó un poco por la respuesta, pues en eso Kensuke pasó por en medio de la conversación grabando todo lo que se encontraba en el puente, saltando y gritando emocionado como niño en dulcería, mientras que el veterano le dirigía una mirada asesina a la Capitana Katsuragi.

—Me parece que fue desde que cierta organización fue creadale respondió con premura el oficial a su lado.

—¡Cuidar de un juguete!refunfuñó molesto su superior, agitando su espeso bigote de una manera bastante curiosa —¡Qué gran tarea para toda la flota del Atlántico!

—Considerando la importancia del Eva, me parece que la flota es insuficiente repuso con tranquilidad la mujer.

—¡Un momento!rugió repentinamente Rivera, sumamente indignado, irrumpiendo en la conversación —¡Este tipo tiene toda la razón! ¡¿Alguien me puede explicar porqué cuando traje a Zeta desde América sólo me asignaron un jodido portaaviones como escolta, pero para transportar a toda esta euro-basura oxidada Ikari emplea una flota entera?! ¡Eso no tiene sentido alguno!

—¿Será acaso por que a nadie le importa lo que pueda suceder contigo y la chatarra extraña a la que te atreves a llamar Evangelion?— respondió enseguida Asuka, retadora.

—¡Uy, qué cruel eres! Me sentiría ofendido, si ese comentario no viniera de una mocosa cobarde que se estuvo escondiendo cómodamente todo este tiempo para no tener que despeinarse en un combate real...

—¡Cierra el pico, imbécil! ¡No me estaba escondiendo, tenía que esperar a que mi Eva estuviera listo para pelear!

—De cualquier modo— dijo Misato, luego de carraspear, queriendo ignorar el intercambio verbal de sus jóvenes pilotos —Hágame el favor de llenar estas formas, si no es mucha molestia para usted, Almirante.

—Todavía nocontestó el marino, negándose rotundamente a cooperar de cualquier modo con aquella irrespetuosa mujer —Tal cómo la orden de la Tercera División en Alemania lo estipula, tanto como el Eva 02 como su piloto están a cargo de la flota. ¡En ese caso, no voy a hacer nada de lo que usted me pide!

—¿Entonces cuando relevará el mando?

—Luego de anclar en Shin-Yokosuka contestó con toda calma el Primer Oficial.

—Nos encargaremos de cualquier cosa mientras estemos en el mar aclaró el Almirante, dándole la espalda a la capitana —Sólo siga las órdenes sin preguntar.

Al final, Katsuragi se resignó a las exigencias del veterano, viéndose imposibilitada para oponérsele, además que no le veía mucho al caso el perder tiempo discutiendo con ese anciano testarudo.

—Está bien, entiendo suspiró, para después recuperar la compostura —Cómo sea, sólo recuerde que en caso de emergencia la autoridad de NERV rebasa a la suya.

—¡Vaya que es genial!— admitió Suzuhara, embelesado con Misato, aunque no hubiera entendido ni jota de todo lo que hablaron ese vejete y ella todo ese tiempo.

—Hm, a mi me parece que está actuando cómo la Doctora Ritsuko— hizo notar Shinji, al observar detenidamente el comportamiento de su tutora.

—¡Ja! ¡Misato, ahora sí que te fregaron!— exclamó alegremente Kai frente a ella, refiriéndose a la sumisión de su guardiana ante el almirante de la flota.

—¡Tú, cállate, no te pedí tu opinión!— refunfuñó la mujer, molesta de la burla de la que era objeto, ante la risa entrecortada del muchacho.

Al parecer, éste había logrado captar poderosamente la atención del viejo almirante desde su primera intervención en la discusión, ya que no le había quitado la vista de encima ni un segundo, como extrañado. Lo observaba en silencio, concentrado totalmente en buscar en sus recuerdos el porqué ese chiquillo de tez morena le era tan familiar.

Después de vario rato de deliberación interna, jubiloso encontró la causa de esa sensación, haciendo uso otra vez de la palabra, sólo que en esta ocasión se dirigió al jovenzuelo.

—¡Pero claro! exclamó, acercándosele para encararlo —Oye, tú: ¿Por casualidad no serás algún pariente del Capitán de Navío Salvador Rivera?

—¿Eh?— pronunció el muchacho, un tanto desconcertado —S-Sí... Salvador Rivera era el nombre de mi abuelo... ¿Acaso usted lo conoció?

—¡Por supuesto! respondió entusiasmado el hosco marino, al mismo tiempo que lo estrujaba entre sus brazos, en medio de expresiones de alegría —¡Con razón te pareces tanto a él, si eres su nieto! ¡Tu abuelo y yo fuimos dos de los mejores amigos! ¡Ah, viejo loco, si él pudiera verte en estos momentos!

—Vaya, por fin sucedió— murmuró Asuka, un tanto avergonzada por la escena, cruzada de brazos —Al fin a este viejo senil se le perdió el último tornillo que le quedaba...

—Salvador Rivera...— repitió Katsuragi en su lugar, murmurando, con la mirada perdida —Están hablando del padre de José...

Ante la sorpresa de todos los que se encontraban en el puente, el veterano oficial volvió a colocar a Rivera en su lugar, mientras que éste recuperaba el aire. Nadie pensaría que aquel duro viejo lobo de mar pudiera ser capaz de tales demostraciones de sentimientos. Ni siquiera sus allegados, que llevaban algo de tiempo conociéndolo, le habían visto antes un gesto de esa naturaleza para con nadie. El viejo adelantó sus gruesos y velludos brazos hacia el niño, depositando las manos amistosamente en sus hombros.

—Conocí a tu abuelo durante una misión de paz de las Naciones Unidas en el Medio Oriente— le reveló, con un timbre de emoción en su voz —Allí fue dónde él salvó mi vida. Nunca pude pagarle con la misma moneda, pero desde entonces mi amistad fue lo único que pude ofrecerle.

—Sí sabía que el abuelo fue en su momento algo célebre, pero de ahí a que..— repuso Rivera, todavía más confundido por aquella extraña casualidad.

—¡Célebre es poco para un hombre de su talla!lo interrumpió de tajo el Almirante, al recordar viejos tiempos —Fue el único aporte de su ejército, en toda su historia, para integrar una misión de los Cascos Azules... ¿Entiendes lo que digo? ¡El primero y el único de toda su nación! Eso no es poca cosa. Era un oficial muy sagaz, astuto a más no poder, un genio militar como nunca he visto... y totalmente desperdiciado. Es una lástima que haya nacido en ese país sub-desarrollado, fue lo único que le impidió destacar en el ámbito mundial con una carrera militar brillante.

—Que yo sepa intervino Kai, serio por primera vez desde que subió a ese barco —Mi abuelo estaba muy orgulloso de ser mexicano. Todos sus antepasados lo estaban, y por eso lucharon con tanta vehemencia por ese país "sub-desarrollado" aclaró el joven, para después lanzar un hondo suspiro —Por eso me parece tan triste que México, como país, ya no exista más...

—Lo sé, lo sé continuó el viejo oficial —Otra más de sus virtudes, ese amor exacerbado que le tenía a su patria. ¡Ese tipo de fortaleza ya no se ve mucho en estos días! Por un lado, es un alivio que el pobre no pueda ya ver que su amado país fue anexado por esa nación que tanto aborrecía. El pobre se hubiera desecho de la tristeza.

—Me imagino respondió el chiquillo, mientras pensaba: "Aunque también le hubiera dado el patatús si se llega a enterar que su hijo se casó con una mujer norteamericana, y lo que es más, de Texas".

—Es una verdadera pena que no lo hayas conocidoreveló el veterano marino, con la mirada perdida en el firmamento —Hubieras podido aprender tantas cosas de él...

—Créame, que a pesar de que cuando yo nací él ya tenía quince años de muerto, he aprendido mucho de él...aclaró el chico, compartiendo el estado de ánimo del viejo guerrero —Papá siempre me contaba de él, de su sentido del deber, su honor, su responsabilidad...

—Sí, ya lo creo. Fue una auténtica lástima, enterarme de su muerte, y más de las circunstancias en las que ésta se dio. Fue un final muy trágico para un hombre de esa talla. Jamás me dolió tanto la pérdida de un amigo... honor, coraje y compromiso, esas eran las máximas por las que se regía tu abuelo, muchacho, y harías muy bien en tratar de seguir su ejemplo. Aunque al parecer, hoy en día esos son valores en desuso, que a muchas personas parece no importarles y mirando de reojo a Misato con cierto halo de reproche, siguió con su monólogo —Ahora ser marino es un trabajo cualquiera... ¡Estos tiempos son tan oscuros, tan bizarros! Quién sabe quéhorrores podrían fraguarse mientras que la flota del Atlántico está tan ocupada cuidando un juguete. Dios quiera que nuestra ausencia no resulte ser perjudicial.

En esos momentos, nadie, ni siquiera él mismo, podían imaginarse la certeza de sus aseveraciones. A miles de kilómetros de su posición, cerca del continente derretido de la Antártida, en el Atlántico algo ocurre. Algo insólito, nunca antes visto en en este mundo.

Minutos antes, no parecía que nada fuera de lo común ocurriría en esas tranquilas aguas, llenas de vida marina. El ecosistema del planeta poco a poco comenzaba a reconstruirse, a sanar sus heridas. Dentro de unos años volvería a su forma original, de no haber sido por una intervención externa.

Pero desgraciadamente, aquello no iba a ser ya posible. Un nuevo desastre se estaba fraguando en las insondables profundidades marinas. El lecho rocoso de las profundidades se agitaba con estruendo, ante la presión que se ejercía debajo de él. Varias columnas de fuego incandescente, aún debajo del agua, comienzan a chisporrotear y a abrirse paso, liberando su furia y varios gases venenosos. Sin soportar más la fuerza que lo obligaba a retroceder, finalmente el lecho se parte en dos y en medio de una colosal explosión libera a dos objetos de dimensiones titánicas, que se apresuran a emerger hacia la superficie. Pronto la alcanzan; impulsados en parte por la fuerza de la explosión que también los había liberado aunque fuera por unos momentos, de la fuerza de gravedad.

Las corrientes marinas se detienen por una fuerza invisible que se ejercía sobre ellas, tomando poco a poco un pigmento rojo, ocasionado por las fuertes temperaturas que se desataban allá abajo, a medida que esas cosas se iban acercando. Las ondas de expansión alcanzaban kilómetros y kilómetros, mientras todas las aguas se revolvían unas contra otras con estrépito, para que entonces emergieran de las profundidades aquellas dos enormes moles, retando al brillante sol, eclipsándole aunque fuera por unos segundos, para después volver a caer entre las turbias aguas del agitado Atlántico.

Al cabo de un rato, es posible distinguir un aterrador rastro de cadáveres de peces y otras formas de vida marina, que flotaban inertes sobre las olas del corrompido océano, dirigiéndose en posición opuesta a la flota, es decir, hacia el Océano Índico.

Un terrible horror más estaba por desatarse en el mundo entero.

Ignorantes todos ellos de aquél suceso, una voz familiar para Misato se escuchó entonces a lo lejos. Hacía años que no escuchaba aquella garganta y hubiera preferido no volver a hacerlo, pero en cuanto lo hizo, sólo pudo quedarse petrificada en su lugar, totalmente sorprendida y molesta a la vez.

—¡Eh, Katsuragi!— saludó aquella voz, en japonés. —¡Dichosos los ojos que te pueden ver! ¿Qué estás haciendo por estos rumbos?

Los ojos de la chiquilla alemana se abrieron de par en par, mientras sus pupilas se ensanchaban y una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro, para de inmediato pronunciar emocionada y alegre el nombre de aquel sujeto: —¡Kaji!

—¡Hey, si es nada menos que el Doctor Rivera! ¿Cómo has estado, amiguito?— saludó efusivamente el recién llegado al muchacho, dándole de paso una amistosa, pero fuerte palmada en la desprevenida espalda del joven, quien por poco cae de boca al piso.

—A decir verdad... estoy bastante mareado— respondió lastimosamente el chiquillo, cuyo semblante volvía a tonarse verdoso —Y si sigues pegándome así vas a sacarme todo el relleno, amigo...

—Gracias por la advertencia— contestó aquél hombre, que en todo ese rato no le había quitados los ojos de encima a Misato, y fue de esa forma que dio un paso al costado —En ese caso, procuraré mantenerme lejos de la zona de salpicaduras...

—¡Señor Kaji, no recuerdo haberlo invitado a mi puente!— aseveró el Almirante, molesto de igual forma por la intromisión de su más reciente visitante.

—Lamento mucho mi intrusión, señor— se disculpó el sujeto alzando una mano y guiñándole un ojo, con la jovencita rubia ya colgándole de un brazo —Pero en cuanto escuché esa dulce voz, de inmediato supe que se trataba de la Capitana Katsuragi y tuve que venir a saludarla...

Como respuesta lo que obtiene es una mirada asesina de parte de la mujer, mientras le daba la espalda con mucha prisa e indignación.

—En ese caso, y si me disculpa, Almirante, lo dejo continuar con su trabajo— dijo al mismo tiempo que tomaba por el brazo a Rivera para arrastrarlo lejos de allí —Haga su mejor esfuerzo para transportar todo entero y a salvo a Shin-Yokosuka.

Y sin más salió del cuarto, seguida por Shinji y sus invitados, y después por Kaji y Asuka, dejando solos a la tripulación del puente con sus labores.

—¡Mierda!— farfulló el viejo marino, viendo a sus indeseables huéspedes partir —¿Y se supone que el destino del mundo entero está a cargo de esos mocosos?

—Los tiempos cambian— asintió su subordinado, inclinando la cabeza —Escuché que el Consejo de Seguridad ya les aprobó un aumento en su presupuesto. Han puesto todas sus esperanzas en ese robot.

—¡¿Ese juguete?!— reclamó iracundo el viejo lobo de mar, alzando los brazos —¡Imbéciles! Si tienen dinero para esas idioteces, entonces también deberían pagarnos más...

—¿Sabe, Almirante?— asomó Kai su cara desde la puerta —Creo que tiene todo la razón, y yo podría hacer que...— en el acto fue interrumpido por Misato, quien asiéndole de una oreja lo obligó a retirarse, ante los quejidos entrecortados del muchacho.

—Ni hablar— sentenció el almirante, mirando atónito el vacío umbral a su puente.

Aquel hombre de unos treinta años de edad cuya presencia tanto molestaba a la Capitana Katsuragi era Ryoji Kaji, enlace entre NERV y la ONU, oficialmente. Sin embargo, su verdadera función era la de fungir como una clase de espía de NERV en las Naciones Unidas, además de realizar de vez en cuando algunos "encargos". Podría decirse que era la contraparte del cargo que desempeñaba Kai.

En esos momentos vestía una arrugada camisa azul, con una desajustada corbata, obviamente por el calor de aquella zona; un pantalón de vestir negro y unos zapatos del mismo color. Tenía una barba de tres días y una cola de caballo acomodaba su peinado.

El pequeño elevador que los estaba llevando hacia el comedor de la nave de guerra era, evidentemente, insuficiente para la cantidad de personas que estaban en ese momento allí. Apretujados unos contra otros, se las ingeniaron para acomodarse y así lograr que todos cupieran en el reducido espacio.

"Mejor hubiera tomado las escaleras" pensaba Toji de cara a la pared del ascensor, un tanto incómodo de la situación.

—¿Y qué se supone que estás haciendo aquí?— preguntó Misato con hastío, aplastada contra una de las paredes, ante la inquisidora mirada de Ryoji.

—Estoy acompañando a Asuka desde Alemania, qué más...— contestó dificultosamente el sujeto —Además, de todos modos tenía que ir a Japón por cuestiones de negocios, tú sabes...

—Sí, ya me imagino qué clase de negocios— repuso la mujer, sabedora de antemano de la clase de cargo que desempeñaba su conocido —Me estoy volviendo descuidada— se lamentó, suspirando y agachando la cabeza ligeramente —Debí haber previsto que algo así sucedería... no sé porque no lo hice...

De improviso, al mismo tiempo Langley y Katsuragi reclaman al unísono, con cara de muy pocos amigos:

—¡Óyeme, desgraciado, no me toques!

Y de la misma manera, haciendo gala de una impecable e involuntaria coordinación, Kaji y Rivera responden a la vez:

—¡No puedo evitarlo! ¡No lo estoy haciendo a propósito!

En cuanto se abrió la puerta, haciendo que Suzuhara por poco y se estampara de cara contra el piso, pareció como una bendición el poder respirar aire fresco de nuevo, y nadie se tardó para salir de aquél espacio tan reducido.

Kai y Shinji se habían quedado en la parte de atrás de la excursión, y mientras los demás se apresuraban a llegar al comedor, ellos caminaban tranquilamente.

— Kai— dijo Shinji, interrumpiendo el breve silencio que se había desatado— ¿Quién es ese tipo? ¿ Y porqué Misato está tan molesta?

—Su nombre es Ryoji Kaji— respondió Kai, sujetándose la boca de su alborotado estómago —Él, junto con la Doctora Akagi, fue compañero de Misato en la universidad. Y además de eso, él y Misato fueron... algo más... tú sabes— pronunció aquello al mismo tiempo que juntaba sus labios y hacía ruidos con ellos, imitando el sonido de un beso.

—Ah, ya comprendo— dijo sagazmente su compañero.

—Maldita sea...— prosiguió Rivera, encongiéndose, adolorido del estómago —Ahora estoy seguro que esos camarones estaban contaminados con algo... en cuanto le ponga las manos encima al pelmazo que me los preparó... ¡Puta madre, tengo que ir al baño!

Fue así que el infortunado muchacho se adelantó al contingente con paso veloz, en búsqueda de algún sanitario, mientras el silencio se volvió a imponer entre todos sus acompañantes hasta que llegaron al comedor de la nave.

Cuando por fin llegaron al comedor no hubo gran problema para poder acomodarse, ya que aquel salón era algo grande para poder albergar a toda la tripulación del barco, por lo que había mesas distribuidas a lo largo de todo el lugar. Hasta tenían mucho espacio de sobra, a diferencia del pequeño elevador en el que habían bajado. Las ventanillas dejaban colar la luz de afuera, por lo que el cuarto estaba muy bien iluminado en esos momentos.

Los demás ya se habían servido e instalado cómodamente en una de las mesas, y al llegar quien hacía falta, tuvieron que apretujarse los unos a los otros para que se pudieran instalar. En cuanto se hubieron sentado todos, la conversación continuó.

—¿No piensas comer algo, Kai?— preguntó Katsuragi al notar que su muchacho no se había servido nada ni llevaba una charola consigo, a diferencia de ellos —¿Todavía te sientes mal?

—Eh... no... no, lo que pasa es que no tengo mucho apetito que digamos en estos momentos— contestó evasivamente el joven —Me parece que mejor me espero a llegar a tierra para comer algo...

—Muy bien— respondió Asuka, dándole una mordida a su sándwich de atún —Así tal vez pueda llegar a Japón con este vestido limpio.

—No me presiones, muchachita, ó no podré responder de mis actos...— amenazó Rivera con volver a ensuciarla, ante aquella burla.

Lo cierto era que el chiquillo no se sentía muy bien y ese malestar había empezado y aumentado a medida que se habían acercado al barco donde se encontraban. Sentía como una especie de mareo, de bochorno, una sensación bastante sofocante a bordo del barco.

Y parecía que, aunque pareciera algo raro, todo indicaba que la presencia de Ryoji agravaba su situación, pues la molestia se había intensificado desde que él llegó. ¿A qué se debería aquél extraño fenómeno?

"Que cosa tan rara, tan curiosa" reflexionaba Kai, sintiéndose cada vez más débil "No, no, debe ser sólo mi imaginación. No hay nada de malo con Kaji, sino con esos malditos camarones echados a perder que ese cretino me puso en mi comida" Sí, eso debería ser, trataba de convencerse mientras hacia acopio de fuerzas para mantenerse indemne.

—Y dime...— se dirigió Ryoji a Katsuragi, jugueteando con una cuchara —¿Estás saliendo en estos momentos con alguien?

—No creo que eso sea de tu incumbencia— repuso serenamente la mujer, sorbeando su bebida.

—No, no está saliendo con nadie— agregó Rivera, intentando sobreponerse —Pero un fulano, Makoto Hyuga, le ha estado haciendo ojitos de borrego desde hace un buen rato...

—¡¿Hyuga?!— exclamó sorprendida Misato, dejando de comer —¡¿Hyuga?! ¿Quieres decir nuestro Hyuga? ¿Ese mismo Hyuga?

"¿Quién demonios es ese tal Hyuga?" pensaron al mismo tiempo Toji y Kensuke, sumamente enfadados.

—Ay, ni te hagas que la Virgen te habla— respondió el muchacho, cruzándose de brazos —Ya todo mundo en el cuartel sabe que lo traes suspirando al pobre tipo...

—Misato nunca ha sido muy perceptiva que digamos— añadió Kaji, en tono burlón, apoyando la barbilla entre las manos.

—¡Es que ella es tan bonita, que no puede contar a tantos admiradores que tiene por todas partes!— salió a su defensa Kai, agazapándosele del brazo y dándole un afectuoso beso en la mejilla.

—Así que, Kai... — pronunció muy seriamente Kaji —Entiendo que sigues viviendo con Misato, ¿no es así?

—Es mucho mejor que vivir en la calle, o es lo que me han dicho...

—Y dime... ¿sigue sin dejar de dar vueltas en la cama?

El último comentario explotó como una detonación nuclear entre el auditorio, dejando a todos atónitos en su lugar y enrojeciendo de vergüenza a cada instante, sobre todo a Katsuragi; nadie se esperaba aquella atrevida interrogante, inclusive el cuestionado, quien aunque seguía calmado, no pudo evitar extrañarse ante la inusual pregunta, volteando los ojos al cielo, y apoyando su barbilla en la mano, como si estuviera reflexionando. Mantuvo esa pose algunos momentos, hasta que finalmente respondió:

—Uy, ni te imaginas, camarada. Una vez me tocó dormir con ella cuando nomás nos dieron una sola habitación en un hotel de por allá en Europa y parecía un torbellino; me dejó sin nada de cobija, además de que tuve que aguantar sus incesantes manotazos y patadas por toda la noche. Aquello parecía más un ring que una cama. Pero todo eso tú ya lo sabías ¿o no?— preguntó maliciosamente el chiquillo.

Misato, en el momento de oír aquella respuesta, dejó su aparente inmovilidad, y con su cara hecha una máscara de ira, al contraste de sus mejillas que adquirieron un acalorado color carmesí, arremetió contra su protegido, hundiendo su puño en el cráneo del niño, adquiriendo con esto su rostro una expresión desvalida, casi deforme.

—¡Tarado, no tienes porqué andar contando nuestras intimidades a todo mundo! — rugió la mujer luego de haber administrado el justo castigo, mientras el regañado tocaba con sus dedos su cabeza, lanzando un lastimero quejido —¡Y tú!— se dirigió a Kaji, amenazándolo con el dedo índice —¡¿Cómo te atreves a insinuar algo así, y aún más, delante de los niños?! ¡Sigues siendo un desvergonzado!

Esa situación tan chusca no pudo más que sacar una enorme sonrisa en el rostro de los presentes, mientras la militar seguía con su sesión de regaños e insultos, sin advertir el divertido efecto que causaba en los demás.

—Y dime, Shinji Ikari— pronunció Kaji, una vez que los ánimos se hubieran calmado un poco —¿Qué tal ha sido vivir con un par de personajes cómo éstos?

—Algo interesante, me supongo— contestó Shinji, acabando con lo que había en su plato —¿Pero cómo sabe mi nombre?

—No es muy raro que yo sepa tu nombre, joven Ikari— repuso el sujeto —En mi círculo, tú y el amigo Kai gozan de cierta fama. Todos hablan de ustedes dos, del Segundo y Cuarto Niño que lograron pilotear un Eva sin ningún entrenamiento previo. Algo sorprendente, si me permiten agregar...

Al escuchar aquellas palabras, y todavía más cuando venían de Ryoji, la joven alemana, desde su lugar, no pudo evitar lanzarles una mirada asesina a los dos muchachos, molesta de que ese par de imbéciles se estuvieran llevando todo el crédito y el reconocimiento de las personas.

—No fue la gran cosa— contestó por su parte Ikari, algo apenado —Tuve algo de suerte...

"No lo niego" pensó para sí Rivera, entornando la mirada.

—Qué modesto eres. La suerte también es una cualidad— prosiguió el sujeto —Es parte de tu destino, del talento innato que posees...— luego, se puso de pie, acompañado por la chiquilla, y terminó despidiéndose —Piensa en eso, ¿quieres? Nos veremos después— acabó, alzando una mano mientras le daba la espalda al grupo.

—Esto tiene que ser una broma pesada— se lamentó Misato, escondiendo el rostro entre las manos —No, más bien es cómo una pesadilla...

En otro tiempo y lugar muy distantes, corría el año de 1985 en la Ciudad de México, capital de aquél país latinoamericano. Era mediados de la década de los 80's, época extravagante y turbulenta en casi todos los ámbitos, tanto sociales, culturales, políticos y económicos. Era sobre todo en este sensible último rubro donde la nación mexicana más adolecía en aquellas fechas. Muy atrás habían quedado los años del así llamado "Milagro Mexicano", durante los cuales se había alcanzado un crecimiento sostenido de hasta el 7% en sus mejores momentos. La época de la "administración de la abundancia", tal como le había llamado uno de sus gobernantes, había concluido y daba comienzo un prolongado periodo de incertidumbre financiera, donde las crisis y devaluaciones de la moneda serían la única constante para la república mexicana. Eran los tiempos de la "Renovación Moral de la Sociedad" y novedosos términos como "neoliberalismo" y "globalización" apenas iban entrando en uso.

Ese año también había dado comienzo el segundo periodo de Ronald Reagan como presidente de los Estados Unidos de América, y en contrapartida Mijail Gorbachov había sido elegido líder de la Unión Soviética, el último antes de la venidera caída de la superpotencia comunista, aunque eso aún no se sabía entonces. El terrorismo era el tema de boga, corriendo rampante en países como Irlanda, Israel, España y Colombia, entre muchos otros. Artistas como Michael Jackson y Madonna reinaban en todas las listas de popularidad en las radios del mundo entero, y asimismo era el año de estreno de la primer película de la trilogía que se convertiría en éxito taquillero, "Volver al Futuro", protagonizada por Michael J. Fox y Christopher Lloyd.

La numerología, ese artificio metafísico al que en varias ocasiones se le otorgan cualidades casi mágicas para predecir el futuro, había señalado 1985 como el año en que el mundo llegaría a su fin. Otra vez. Pero, y si acaso el cálculo volvía a probar ser erróneo, había también a su disposición más fechas venideras en las que el inevitable apocalipsis se abatiría sobre la indefensa humanidad, como los años 1994, 2000 e incluso el 2012. Quizás alguna de ellas sería la correcta, por mera estadística. Probablemente.

La única calamidad que le preocupaba en ese entonces a Salvador Rivera Sandoval, Capitán de Navío de la Armada de México, era el largo y penoso proceso de baja deshonrosa que enfrentaba desde hacía ya varios meses, por lo que tenía que estar viajando constantemente a la capital mexicana, donde se encontraba el tribunal militar que lo juzgaba. Se le imputaban los cargos de insubordinación y traición a la patria, de los cuales era bastante seguro de que no podría salir indemne, y puede que hasta tuviera que pasar algunos años dentro de prisión. La causa del conflicto residía en la breve misión de los Cascos Azules de las Naciones Unidas en la que había formado parte hace un par de años. Y aunque había acudido a dicha operación con el consentimiento expreso de su gobierno, aparentemente ser el único efectivo mexicano en participar en una misión de ese tipo le había atraído atenciones indeseadas entre los líderes de las fuerzas armadas de su país, quienes por alguna razón sintieron su posición amenazada por la repentina celebridad que obtuvo a su regreso entre la prensa nacional. Así que, gracias a un tecnicismo burocrático, se acusaba al Capitán Rivera de ausentarse de sus deberes por varios meses y de haber colaborado con gobiernos extranjeros como una especie de sanguinario mercenario, espía y saboteador.

Pese a ser una familia dedicada enteramente al servicio de las armas, parecía que durante el transcurso de la Historia los altos mandos castrenses no se cansaban de ensañarse con los Rivera, tal y como había sucedido con su abuelo, el Teniente José Antonio Rivera Nuñez, miembro destacado del famoso Escuadrón 201 que se formó durante la Segunda Guerra Mundial. Y es que por algún motivo, solamente por ellos conocido, el comandante de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana había reportado fallecido al Teniente Rivera durante un simple entrenamiento, en lugar de la gloriosa muerte que había encontrado en combate contra pilotos japoneses, surcando los cielos filipinos ocupados por fuerzas niponas. Por dicha razón, absurda e incomprensible por donde se le viera, fue que aquél valeroso hombre había sido despojado de su lugar en la Historia y de cualquier otro reconocimiento posterior. ¡Pinches japoneses! ¡Pinche comandante!

Había sido a ese héroe de su infancia al que había querido emular cuando aceptó ser parte de aquella misión en tierras extranjeras, la que después le acarrearía tantos problemas. Sabiéndose condenado desde muy temprana edad, bien consciente de lo inevitable de su destino final, Salvador supo que debía hacer lo posible porque su recuerdo subsistiera al paso del tiempo, encontrando en el ejemplo de su ancestro el mejor medio para lograrlo. Sin embargo, al final reconocía, amargamente, que en lo único en lo que se parecía a su difunto abuelo era en la forma en la que sus superiores los habían tratado como basura, masticada y escupida. ¡Pinches almirantes!

En dicho estado, ánimo y circunstancias se encontraba la mañana de ese Jueves 19 Septiembre de 1985. Desde muy temprano se hallaba a la mesa de la cafetería del prestigioso Hotel Regis, donde se hospedaba siempre que visitaba el Distrito Federal, o "Chilangolandia" como le llamaba despectivamente él y muchos más habitantes de las provincias mexicanas, que denostaban con sumo recelo a los habitantes de su ciudad capital. Quién sabe otras personas, pero por lo menos él tenía bastantes motivos para sentirse incómodo en aquél monstruo de ciudad. Quizás la más importante era de índole personal, pues a unos cuantos kilómetros de su ubicación se encontraba la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, donde su padre, el Capitán Jesús Rivera Lemus, había sido abatido a tiros la noche del 2 de Octubre de 1968, mientras resguardaba una protesta de estudiantes en contra del régimen establecido. Fue su asesinato, junto con el otros oficiales, lo que desencadenó una confusión que derivó en un tiroteo masivo, una auténtica matanza que cobró la vida un número indeterminado de personas. Algunos dicen que sólo fueron 20, otros que unas 1500, pero la masacre se volvió un evento significativo para la sociedad mexicana, una cicatriz profunda y vergonzosa que quizás nunca terminaría por cerrar. Ese hecho, aunado de que sus visitas cada vez más frecuentes eran para ser juzgado por un tribunal militar que terminaría por quitarle su libertad, eran lo que hacía que odiara esa ciudad más que cualquier otra.

Sentado a la mesa, con un cigarrillo encendido en la mano y una taza de café a medio consumir frente a él, su mirada se encontraba perdida en el vacío en tanto sus pensamientos revoloteaban entre la divagación y una angustia trepidante que picoteaba incansable su vapuleado temple. Pensaba en la razón que lo había llevado a estar ahí, en ese día y a esa hora. Tenía que estar muy temprano en la sala del tribunal, donde en sólo unas cuantas horas se le dictaría sentencia y se procedería al periodo ordinario de apelaciones. Pero de antemano el Capitán Rivera tenía la certeza de saber el resultado de toda esa farsa montada en su contra. Las personas que lo habían colocado en esa posición no descansarían hasta verlo tras las rejas, con su reputación completamente arruinada. No hacía más que pensar en su familia, a quienes había dejado en casa, en Puerto Vallarta. Su mujer y sus gemelos, los "cuatitos" Rivera, como los apodaba cariñosamente, quienes tendrían que crecer con su padre guardado a la sombra y en la deshonra absoluta, con los últimos remanentes de una fortuna familiar agotada desde hacía ya muchas generaciones. Sabía perfectamente que sin él aquellas infortunadas criaturas quedarían desamparadas, rayando en la miseria. Era por ellos, más que por cualquier otra cosa, que estaba tentado a aceptar la oferta de su amigo, el alemán, quien le había ofrecido hacer gestiones para que su gobierno lo recibiera como refugiado político. Pero ello implicaba tantas cosas: dejar atrás todo lo que él y su familia conocían, llegar a un lugar completamente ajeno y desconocido al que quien sabe si alguna vez podrían adaptarse... ¿Huir como un cobarde sin honor y despojado de su patria, ó quedarse a sufrir el destino que la envidia y recelo le habían tendido como mortaja? Esa era la cuestión en la que se debatía aquellos penosos días. Lo que para cualquiera hubiera sido una elección obvia, para una persona con la marcialidad y rectitud de Salvador, en cambio se trataba de un dilema moral de varias aristas. El temblor que sacudía la mano con la que sostenía su cigarro evidenciaba el conflicto que se desenvolvía en su interior, en espera de una resolución que pudiera dictarle qué rumbo tomar.

Eran pasadas las 7 de la mañana, y en solo unos momentos más debía tomar el taxi que lo llevaría hasta el tribunal. Pero antes que pudiera levantarse de su asiento, una suerte de conmoción publica, de la que no se había dado cuenta hasta entonces, lo sacó abruptamente de sus cavilaciones. Afuera del café, un hombre con aspecto indigente había montado guardia a la entrada, vociferando incoherencias a todo aquél que se cruzara por su camino.

—¡Hermanos míos, el final se acerca!— decía aquél sujeto de barba frondosa, a todas luces trastornado, alzando la voz y los brazos al cielo, para luego amagar a las personas con sus ojos de loco, casi desorbitados —¡Arrepiéntanse y crean en el Evangelio! ¡La hora se aproxima! ¡El Reino de los Cielos está mucho más cerca de lo que creen!

Los transeúntes, visiblemente incómodos por los irracionales desplantes del pordiosero, empezaban a rodearlo para evitar cualquier clase de contacto visual, muy semejante a la corriente de un río bordeando una roca en su camino.

Cosa distinta sucedía con los clientes de la cafetería, ya que a pesar de que los alaridos de aquel trastornado sujeto lo molestaban de igual manera, ellos tenían que resignarse a escucharlo o bien abandonar el local con su refrigerio a medio consumir. La situación se tensó al límite cuando, no contento con estar gritando a los cuatro vientos su delirante anuncio acerca del fin del mundo, el vagabundo comenzó a golpear los cristales del establecimiento, buscando llamar la atención de los comensales.

—¡Lloren por su sangre, y la sangre de los hijos de sus hijos!— instaba mientras seguía dando de manotazos al cristal que daba hacia la banqueta —¡Yo lo he visto todo, los ángeles me lo han mostrado en mis sueños! ¡Y puedo asegurarles que cuando lleguen los tiempos oscuros, los vivos envidiarán a los muertos! ¡Gigantes con fuego en los ojos y monstruos que no se pueden tocar lucharán sobre las ruinas de este pobre, indigno mundo! ¡Será el Infierno sobre la Tierra, y el General Negro por fin será libre para vencer a los justos y devorar las almas de los impíos! ¡Ay, pesar, pesar para nosotros, los pecadores!

Si bien estaba prácticamente fuera del servicio público, y ya ni siquiera le tenían permitido utilizar su uniforme, el irrestricto apego al deber que el Capitán Rivera llevaba grabado en todo su ser lo instó a actuar para preservar el orden, para lo cual se levantó de su asiento para salir a encontrar al andrajoso alborotador con ínfulas de profeta urbano.

—¡Sólo aquellos que crean en el Evangelio, aunque mueran, serán salvados!— seguía gritando aquél alucinante alarmista a los cuatro vientos, sin siquiera darse cuenta de que Salvador se había colocado detrás de él —¡Aún no es muy tarde, mis hermanos! ¡Arrepiéntanse y crean! ¡Crean en el Evangelio!

—Ya fue mucho relajo por hoy, padrecito— intervino Rivera, colocando una mano sobre su hombro para llamar su atención —Esas cosas déjelas para el templo, ahorita mejor ya váyase a gritar a su casa, que aquí hay mujeres y niños que se están asustando...

En cuanto el profeta de las calles entrevió con el rabillo del ojo al recién llegado, un súbito ataque de pánico lo tiró de espaldas al piso, causado también por sus frenéticos intentos por alejarse del capitán.

—¡Tu sangre! ¡Tu sangre está maldita!— gritó aterrorizado, aún postrado en el piso, equivocándose en sus repetidos intentos por ponerse en pie —¡Maldito! ¡Estás maldito, tú y toda tu sangre! ¡Aléjate! ¡Aléjate de mí, sangre maldita! ¡No me toques! ¡No me toqueees!

Finalmente el histérico desamparado pudo ponerse en pie, y en su afán por poner distancia de por medio cruzó corriendo todos los carriles de la vecina avenida Juárez. El que ningún automóvil llegara a impactarlo constituía un auténtico milagro en sí, pese a que muchos conductores tuvieron que derrapar y quemar llanta para la consecución de dicho portento.

Mientras tanto, en la acera de enfrente, Salvador Rivera continuaba boquiabierto contemplando a aquel hombre, ya entrado en años, cruzando una de las avenidas más grandes de todo México como ágil gacela escapando de su depredador. Asimismo, las personas que lo rodeaban lo miraban con sumo recelo, inquiriendo el motivo por el cual aquél vagabundo había escapado con tanta premura de él.

—Yo... apenas si lo toqué...— masculló el capitán como excusándose, al sentir el escrutinio de todas las miradas que tenía encima.

Más impresionado estaba por las palabras del mendigo, teniendo éstas gran repercusión en su sentir. No porque las haya tomado como una ofensa, como cabría suponer, sino por que hacían referencia a una peculiar condición familiar que era transmitida de generación en generación. El modo en que aquel aprendiz de profeta le había hablado hacía referencia a que, de alguna manera, aquel desdichado supo de tal circunstancia. ¿Pero cómo era eso posible si era algo tan celosamente guardado? A no ser que...

Sus pensamientos se vieron interrumpidos de tajo por otra voz que se iba alzando sobre el barullo matutino de la capital mexicana. Primero como un eco lejano, que se continuaba acercando hasta donde estaba conforme los instantes transcurrían, aumentando la claridad con la que se escuchaba. No obstante, desde la primera vez que oyó aquella voz, voz de mujer, sintió un helado escalofrío deslizándose por todo su espinazo. Sus músculos se paralizaron al momento, como si una rara toxina circulara dentro de su torrente sanguíneo. Sin embargo, lo único que había en sus venas en aquellos aciagos momentos era una emoción muy palpable, que por poco escapaba por su garganta: terror. Terror absoluto.

—¡Flores! ¡Flores para los muertos!— anunciaba a la distancia una mujer, perdida entre la muchedumbre de capitalinos que se apresuraban a sus centros de trabajo —¡Para los muertos! ¡Floooreees para los muertos!

Como pudo, Rivera venció su temor para darse vuelta y buscar a la dueña de aquella voz que lo tenía sufriendo un auténtico colapso nervioso, presa de temblores constantes, bañado en sudor frío y sus dientes chocando unos contra otros en un impulso involuntario.

—¡Flores! ¡Flooorees para los muertos! ¡Para los muertos! ¡Flooorees para los muertos!— continuó recitando una mujer que se iba abriendo paso entre la multitud, vestida de negro de pies a cabeza y un oscuro velo cubriendo su rostro.

—Xóchitl...— pronunció el marino como si fuera un último aliento, casi sin atisbo de voz, como a quien le falta la respiración.

Habiendo temido aquél encuentro desde que tenía uso de razón, el semblante del Capitán Rivera se decoloró al punto de que su tono se volvió tan pálido como el de un cadáver. Sus rodillas temblaban y su cabeza daba vueltas, sientiéndose desfallecer en tanto que cuando pasaba a su lado la florista ambulante, cuya presencia tantos estragos producía en su otrora temple de acero, aquella aparición se despojó de su velo y le hizo ver su rostro, frío, distante, como el de una estatua que a él le pareció una horrible máscara de muerte. Los grandes ojos oscuros de la mujer penetraron y desgarraron todo su ser, a la vez que de su canasto, con sólo seis flores dentro, sustraía una de ellas para arrojarla sin más a los pies del trémulo capitán.

La flor ceremonial usada para el culto a los muertos en el México antiguo cayó al suelo sobre el que Salvador Rivera sentía que se iba a desplomar, sus brillantes pétalos color naranja contrastando con el frío gris del sucio pavimento a sus pies.

—¡Flooorees! ¡Floooreees para los mueeertooos! ¡Para los mueeertoos! ¡Floooreees para los mueeertooos!— la lúgubre vendedora callejera continuaba ofreciendo su mercancía sin que nadie más pareciera estar interesado en ella, perdiéndose de vista una vez más al ser absorbida por el tumulto de personas que iban de aquí para allá sin siquiera reparar en su existencia. Su canto fue debilitándose hasta extinguirse por completo al cabo de unos momentos, sin dejar rastro.

El aturdido Capitán Rivera no sabía bien como es que había logrado permanecer en pie luego de aquél estremecedor encuentro. Aunque siempre supo que llegaría ese momento, nada en la vida pudo haberlo preparado para una experiencia de ese tipo. Se encontraba estupefacto, y como pocas veces, un inexorable sentimiento de indefensión hacía presa de su voluntad, dejándolo sin una idea de qué hacer, mas que permanecer de pie en ese sitio como algún monumento a la desolación que un solo hombre era capaz de experimentar.

Su fin estaba próximo y nada podría hacer por demorarlo ó evitarlo, era la única certeza que le quedaba entre las ruinas que quedaban de su raciocinio. Aquella sensación de fatalidad era una emoción espantosa que no se la hubiera querido desear ni siquiera su peor enemigo. El miedo se había enganchado en él y nunca más volvería a soltarlo. Ahora lo único que pensaba era en la forma en la que encontraría su destino final. Llegó al punto de temer siquiera dar un solo paso, pues bien pudiera ser su último. Por si fuera poco, sus pies se encontraron tambaleándose repentinamente, sintiendo como si la tierra misma se estremeciera, amenazando con abrirse y tragarlo. Fue hasta el cabo de unos segundos que, gracias al pánico masivo y los gritos de terror generalizado, pudo darse cuenta que se trataba de un auténtico terremoto y no solamente su percepción alterada de la realidad.

Eran exactamente las 7:19 del tiempo local. Adentro, en una televisión encendida se transmitían las imágenes de estudio, donde Lourdes Guerrero, presentadora del noticiero matutino nacional, se levantaba enseguida de su asiento y trataba de ponerse a buen resguardo, a la vez que buscaba alertar a su audiencia, con el miedo impregnando cada una de sus palabras:

—¡Un terremoto! ¡Es un terremoto!

Un violento sismo de 8.1 grados escala Ritcher azotaba la Ciudad de México y algunas otras partes de la república mexicana. La gente escapaba del interior de los edificios en aterrorizado tropel, y en las calles las personas corrían desorientadas de un lado a otro sin saber bien qué hacer, como protegerse de aquél desastre natural, algunos dirían que un acto de Dios en toda la extensión de la palabra.

Siendo mudo testigo de uno de los desastres más grandes que sufriera su país, Salvador continuaba sin poder moverse de su sitio. La brusca sacudida lo había tirado al piso, donde la muchedumbre que escapaba lo habían pisoteado como en una salvaje estampida. Por tal motivo, aún si hubiera sido capaz de recuperar la templanza, cosa que aún no sucedía, de cualquier modo se veía físicamente impedido a huir de la avalancha de escombros que se cernía sobre su indefensa humanidad. Con un grito ahogado, el cual nunca tuvo tiempo suficiente siquiera para pronunciar, el Capitán Rivera dejaba de existir en tanto las enormes letras amarillas que anunciaban el nombre del hotel donde se hospedaba caían sobre él y varias personas más. Ese día no fue el temido Día del Juicio Final, y el mundo seguiría su curso aún después de tamaña tragedia. Pero ese fue el día que el mundo de Salvador Rivera llegó a su fin, junto con otras decenas de miles de mundos más, sin que profeta o adivino alguno se hubiera encargado de anunciarlo. Sólo una humilde vendedora de flores, que continuaría su errante camino por muchos años más, de la mano de un futuro siempre incierto en varios aspectos, pero inmutable en uno solo: todo llega a su fin.

De regreso al año 2015, después del pequeño y breve almuerzo que pudieron degustar en el comedor de la nave donde viajaban, la Capitana Katsuragi y sus seguidores se dispersaron en diferentes direcciones. Así fue que mientras Kensuke seguía filmando los alrededores sin darse cuenta de las molestias que en ocasiones causaba, Toji acompañaba a Misato a donde quiera que ésta fuera. Kai y Shinji, aunque un tanto renuentes al principio, tuvieron que conformarse con la compañía del otro, por lo que con una gran carga de incomodidad a cuestas, salieron a conocer un poco más las instalaciones del lugar. Y mientras, por su parte Kaji y Asuka respiraban la suave brisa del océano en cubierta.

—Dime Asuka— dijo Kaji, mientras su compañera se divertía en balancearse en el barandal del mirador —¿Qué tal te parecieron tus compañeros pilotos?

—¿El flacucho con cara de lelo y el maniático pervertido?— preguntó a su vez Asuka, para después responderse a ella misma —Los dos no son más que un par de idiotas... Estoy algo decepcionada, si es a lo que te refieres. Esperaba algo más de los famosos Segundo y Cuarto Niño.

—Pero con todo— continuó el sujeto, prendiendo un cigarrillo a hurtadillas —Ambos excedieron el 95 por ciento de nivel de sincronización la primera vez que subieron a sus Evas, sin ninguna clase de entrenamiento previo; ¿no te parece algo sorprendente?

Mein Gott!— contestó la chiquilla, estupefacta —¿Superaron el 95%? ¡Eso es imposible!

Cuando subían la escalera que los llevaría a cubierta (habían decidido no usar ya el ascensor), una vez terminado su tour por el inmenso barco, Shinji observaba atento cómo Kai se quejaba del golpe que su tutora le había propinado en la cabeza, no pudiendo contener una sonrisa que se dibujó en su rostro.

—Te juro que casi me desacomoda todas las neuronas... qué tosca es...— seguía diciendo su compañero, tentándose la zona del impacto para percatarse si se le había hecho alguna contusión u otra lesión.

Aún persistía su malestar, no obstante que había disminuido considerablemente desde que se había alejado del ex–amante de su tutora. Pero de todas maneras, la molestia continuaba. ¿Qué diantres tenía ese endemoniado barco que lo hacía sentirse tan débil?

En ese momento Asuka entró en la escena, interrumpiendo los quejidos de Kai.

— Ey, niños... ustedes dos vendrán conmigo— pronunció mientras una viva determinación iluminaba su rostro y estremeció a los otros dos.

Asuka era la Tercer Niño elegida por el Instituto Marduk, organización encargada supuestamente de monitorear todo el globo en busca de nuevos pilotos Evangelion. Hasta esos momentos, sólo cuatro jóvenes habían sido los elegidos. Langley estaba encargada de pilotear la Unidad 02, el Modelo de Producción Eva, por lo que viajaba junto con ella a tierras niponas, donde extrañamente, convergían todos los ángeles que hasta ese momento habían aparecido.

Los niños dieron un largo paseo por todo el barco, hasta que llegaron a la sección de carga, donde una lona amarilla la cubría en su totalidad; la niña introdujo al espacio cubierto a sus acompañantes, sin disimular una pequeña sonrisa de satisfacción y de orgullo que adornaba su encantador rostro. Con gran placer para ella, develó a los muchachos la Unidad 02 que en ese momento viajaba en el barco, esperando poder impresionarlos.

—Vaya, el Eva 02 es rojo...— murmuró Shinji, observando detenidamente al robot, por lo menos la parte que se alcanzaba a distinguir —No sabía eso.

—Y ésa no es la única diferencia, muchachito— contestó la joven alemana, mirándolo con el rabillo del ojo.

—Después de todo, las Unidades 01 y 00 no son más que prototipos, ó modelos de prueba en el departamento de proceso— pronunció mientras subía por la enorme pierna del robot, que en esos momentos se encontraba recostado boca arriba en una posición horizontal, y continuó —Prueba de ello es que cretinos como ustedes puedan sincronizarse con ellas tan fácilmente. Sin embargo, la Unidad 02 sí que es un verdadero Evangelion, construido específicamente para el combate. Esto que están viendo ante sus ojos, mis niños, es el modelo definitivo, el más innovador, o dicho en otras palabras: es un Eva perfecto.

Pronunciando "perfecto" con un fuerte énfasis en la palabra, la jovencita buscaba despertar la envidia de sus condiscípulos, ver aquella humillación que se produciría en ellos al darse cuenta que estaban frente a su superior, que ya eran anticuados y obsoletos.

Sin embargo, y pese a todos sus esfuerzos, Asuka no pudo conseguir el resultado deseado. Shinji miraba con curiosidad aquel artefacto, pero sin llegar al asombro que ella esperaba, mientras Kai lo veía con cierta indiferencia y daba vueltas alrededor, para terminar dándole una ligera patada a la armadura del artefacto, cómo para tantear su integridad. Al final, con cierto aire displicente, pronunció:

—Ciertamente, es un modelo práctico y compacto, es por eso que es el modelo de producción en masa. Pero no tiene nada de sobresaliente, y sus mejores cualidades están ligadas al desempeño de su piloto. Habría que aclararte que los modelos de producción no siempre son los mejores, sino los menos costosos de hacer, es por eso que son de producción, por que no son tan complicados como sus antecesores, en este caso específico.

Asuka frunció el ceño frente a aquel discurso mercadotécnico, y sonrió para sí misma al darse cuenta de que al fin volvía a encontrarse con ese rival de su infancia temprana, alguien con quien finalmente pudiera antagonizar en su propio nivel. Cerró los ojos por unos instantes y respiró profundo, ante el desconcierto de sus dos compañeros y luego de unos cuantos momentos irrumpió entre risas y escándalo:

—¡Ja! ¡Lo sabía! ¡ No ibas a quedarte contento al saber que yo iba a ser el piloto de esta máquina tan genial, así que no te quedaba de otra que tratar de criticarla sin cualquier clase de argumento válido! ¡Eres patético!

Kai no pudo hacer más que extrañarse ante aquella reacción tan particular.

—¡Claro, no pudiste soportar el que YO, una mujer te desplazara de tu posición privilegiada, y es por eso que tienes que recurrir a sucias mentiras! ¿Porqué te cuesta tanto trabajo admitir que estás acabado, "Doctor Rivera"? — sin querer, Asuka representaba su propia situación, y siguió —¡Eres despreciable! ¡ Tus engaños no funcionaron, así que búscate a otra tonta que embaucar!

— Pero eso no era lo que yo...— intentó defenderse el joven ante la repentina arremetida.

Asuka hubiera podido seguir con sus reclamos, más la inesperada señal de alarma que se pudo escuchar en toda la flota la interrumpió.

Durante su pequeña charla, en el sonar del barco apareció un objeto demasiado grande para ser una ballena, incluso un submarino nuclear, e iba a toda velocidad a arremeter en contra de ellos.

Primero fue un ligero levantamiento, luego un roce con el casco del barco vecino y segundos después la enorme nave era engullida por el mar. Fue cuando sonó la alarma.

Shinji fue el primero en asomarse fuera de la lona para averiguar que sucedía, seguido por los otros dos niños, una vez que los tres estaban fuera, fue cuando pudieron observar aquella cosa arremeter contra la pequeña flota de barcos que había sobre ella.

—¿Qué es lo que está pasando?— preguntó Ikari, desconcertado, observando un montón de agua salir de la superficie.

—Onda de choque— contestó Kai, aguzando su vista.

—Algo explotó por allá...— complementó la chiquilla, imitando a sus dos acompañantes.

En eso, una extraña criatura gigantesca emerge de las profundidades marinas, saltando a la superficie por unos momentos para que sus presas pudieran identificarlo y al instante regresar bajo del agua.

—¿Qué fue todo eso?— exclamó Rivera, sorprendido del tamaño de esa cosa.

—¿Crees que se trate de un ángel?— dijo a su vez Shinji.

—¿Un ángel? Quieres decir: ¿Uno de verdad?— pronunció Asuka sin ocultar ese tono de emoción que apareció en su tono de voz, el cual de inmediato devino en una perspicaz malicia cuando susurraba para sí misma: —¡Qué gran oportunidad!

Viendo en la oportuna aparición de aquella criatura una ocasión inmejorable para demostrar sus habilidades como piloto, la determinada jovencita procedió a sujetar férreamente a Shinji y arrastrarlo consigo hasta donde lo creyera conveniente.

—¿Un ángel?— preguntó a su vez Kai, descreído, todavía mucho más sorprendido que sus otros dos congéneres.

Aún cuando tenía a esa horrible abominación pavoneándose frente a sus ojos, de todos modos no podía sentir aquel escalofrío que recorría su cuerpo cada vez que se enfrentaba a aquellos monstruos, esa energía de muerte que siempre infectaba el aire adónde quiera que iban los gigantes. No podía sentir que aquello fuera un ángel, simplemente no estaban presentes todos esos pequeños detalles perceptibles que había observado en sus encuentros previos con aquellos monstruos.

¿Sería que su percepción no era la misma en la tierra que en el mar? ¿O es que acaso eso que estaba enfrente de él no era un ángel? ¿Ó era que su nauseabundo estado actual afectaba a su aparente percepción? No entendía muy bien qué era lo que le pasaba en esos momentos y el joven en su desesperación sólo atinó a sujetarse su cabeza sintiendo que le iba a reventar, cuando de pronto siente un jalón en el brazo.

—¿Qué estás esperando, imbécil? ¡Tú también vendrás conmigo!— dijo Asuka mientras tiraba de su brazo y lo llevaba consigo, de la misma manera que lo había hecho con Shinji.

En esos momentos el muchacho estaba tan confundido que no pudo menos que dejarse llevar por aquella hermosa criatura, a donde quiera que ella tuviera pensado.

Mientras los tres se dirigían a un punto indeterminado con un propósito que solo la explosiva chiquilla conocía, en el puente de la nave insignia había cierta conmoción al verse atacados por un enemigo desconocido. La tripulación sólo contemplaba impasible cuando una de sus naves era atacada por la criatura, sin que la artillería convencional pudiera hacerle la gran cosa.

—A toda la flota, vigilen su distancia con las otras naves y eviten cualquier movimiento hasta nueva orden...

—¡Reporte de la situación!— exige de inmediato el Primer Oficial, imponiéndose al tumulto.

—Sumergiéndose— contestaba un operador a la par que lanzaban un torpedo, que fue a explotar unos doscientos metros después de su lanzamiento —Titus Andronicus no puede confirmar el blanco...

—¡Maldita sea!— ruge el viejo almirante, dándole un fuerte golpe a una de las consolas, impotente ante las circunstancias —¿Qué está pasando?

Y por si su desesperación no fuera suficiente, para completar el cuadro justo en ese momento Misato hace su llegada triunfal al puente, recargándose confiadamente en el marco de la escotilla sólo para aumentar la frustración del veterano.

—¡Hola, entrega inmediata de parte de NERV!— pronunció la mujer, emulando a un repartidor de comestibles, con una gran sonrisa dibujada en los labios —¿Alguien pidió estatutos de emergencia y tácticas de contraofensiva en contra del enemigo invisible?

—¡En batalla sólo se permite personal autorizado!— refunfuñó el vejete, tratando de defenderse de las acometidas de Katsuragi.

—Echando mano a mi experiencia, yo más bien diría que se trata de un ataque de Ángel.

—¡Todas las naves, fuego a discreción!— el almirante la ignoró rotundamente, tomando violentamente la radio entre sus manos para dirigirse a su flota.

—Será inútil— vaticinó la oficial japonesa, cruzándose de brazos al tiempo que observaba por la ventana a los acorazados abriendo fuego.

Asuka entró a su camarote por una pequeña valija, la cual sacó de su habitación rápidamente; en el corredor, sacó de la mochila lo que había ido a buscar : un traje de piloto Eva. En el acto, empezó a desnudarse para ponérselo, no sin antes dejar a sus dos compañeros fuera de la vista, a un lado del pasillo que cruzaba a su estribo izquierdo, ocultando el mismo cuarto a las intimidades de la niña.

Shinji, en ocasiones no tan vivo cómo sus semejantes, se desconcertó ante aquella situación, y movido por la curiosidad, quiso echar una ojeada a lo que estaba haciendo la muchacha. En cuanto asomó su cabeza del muro, un grito de reclamo se oyó, y Shinji, con su cara envuelta en rojo, volvió a su lugar anterior.

—¡Mierda! ¿Es que todos los chicos en este país son unos cerdos pervertidos?— espeto la molesta jovencita, apenas cuando ya se había puesto el traje.

Oprimiendo el dispositivo en su muñeca, el aire en su interior fue desalojado, y la tela inteligente del traje se ajustó a su cuerpo. Cada traje era distintivo de su piloto, por lo que no existía uniformidad, por lo menos en el color. El de Rei era de un color blanco, mientras que Kai ocupaba uno verde a la par que Shinji vestía uno azul. El traje de Asuka era rojo, al igual que la Unidad 02.

Ya vestida, la niña salió de su escondite y se dirigió hacia los muchachos, arrojándoles una prenda a cada uno, que recogieron en el aire los dos.

—¡Pónganse eso, rápido, que ustedes dos vendrán conmigo!— rugió la muchacha.

Shinji mira aquel trapo en sus manos y al mismo tiempo se da cuenta de lo que es.

—Pero es que... esto es... para...— balbuceaba, indeciso si obedecer o no.

—¡No discutas, y haz lo que te digo!— sentenció Asuka, enojada por los retrasos.

En contraste con ella, la única privacidad que Langley les otorgó a sus compañeros para efectuar su cambio de vestuario fue ponerse de espaldas a ellos, cruzándose de brazos y golpeando el piso repetidamente con la planta del pie, impaciente por que terminaran ahí lo antes posible.

—En serio que nunca voy a poder entenderte— masculló el joven Ikari a su acompañante, en tanto éste se iba quitando la ropa —Te la pasas todo el tiempo desafiando a mi padre y a la Doctora Akagi por cualquier estupidez que se te ocurra, ¿y aún así piensas hacer todo lo que te dice esta tipa, así nada más? ¡Tienes que estar demente!

—Pues yo no creo que tengas los diplomas competentes o que ni siquiera estés calificado para dar una certificación de ese tipo, así que eso solamente quedará asentada como una opinión tuya— respondió Kai mientras que seguía enfundándose el traje que se le había suministrado —Y sé que muy probablemente tus preferencias sexuales no sean las mismas que las mías, Shinji, y aunque no lo creas te respeto tal y como eres, pero así también te pido que tú respetes las mías. Me encantan las mujeres, amigo, y no sé si te diste cuenta de lo buena que está esta zorra. Créeme, seguiría un par de tetas como esas al mismo infierno, así es como soy y no lo puedo remediar... Además, ¿viste lo lejos que me mandó a volar, con un solo movimiento de su brazo? Lo que tiene de ardiente esta fulana lo tiene de orate, y si me hizo algo como eso, a mí, ponte a pensar en lo que le haría a un alfeñique como tú... es sólo un consejo, pero yo en tu lugar lo pensaría muy bien antes de contrariar en cualquier cosa a alguien como ella. Sería una lástima que quedaras lisiado o parapléjico por una pequeña discusión.

Resignado a su suerte, el joven Ikari solamente pudo tragar saliva antes de rendirse ante aquellos demoledores argumentos y unirse a su compañero en aquél improvisado vestidor.

Momentos después Shinji andaba entrecruzando las piernas, al mismo tiempo que su cara adquiría un rojo vivo y Asuka lo impelía a apresurarse. Los niños iban vestidos con el mismo traje que la muchachita, y obviamente, aquellas vestiduras eran para un portador femenino. Nuevamente habían regresado a donde estaba la Unidad 02, incluso ya Langley trepaba por la pierna del robot gigante para alcanzar la cabina.

La cara de Shinji se tornaba cada vez más y más roja, mientras que Kai, por el contrario, se expresaba más en términos de diseñador de modas.

—No sé— decía, mientras se observaba a sí mismo —¿Crees que con esta cosa me veo gordo? Además, el rojo no es mi color, en definitiva... o sea, que no creo que combine con el color de mi cabello o el de mis ojos— pronunciaba mientras se daba una vuelta sobre su eje —Pero, por otro lado, mira esto, amigo: ¡Tengo pechos, qué genial!

El muchacho sujetó entonces los protectores para senos que venían incorporados en cada traje de piloto femenino, que por obvias razones habían quedado vacíos cuando la compresión de aquella prenda tuvo lugar. Por tal motivo, tales adminículos colgaban flácidos desde sus pectorales, lo que Kai aprovechaba para entretenerse, con una sonrisa maliciosa pintada en el rostro. Shinji y Asuka lo miraron desconcertados, con una expresión de sorpresa que los dejó boquiabiertos a ambos.

Finalmente, Kai los sacó de su taciturnidad:

—¡¿Qué tanto me están viendo?! ¡¿ Tan raro se les hace un hombre tan seguro de su masculinidad, que no le perturba explorar sus pechos falsos?!

—Yo aún no entiendo por que nos ponemos los trajes de conexión— suspiró Ikari, haciendo lo posible por ignorar los desfiguros de su compañero, que solo le causaban pena ajena —Y sobre todo estos trajes de conexión— musitó al último, esperando que nadie lo viera con ese ridículo atuendo puesto.

—¡Eres tonto, o qué?— preguntó la muchacha, sumamente enfadada por la lentitud del chiquillo —Voy a aplastar a ese monstruo con mi Eva 02, eso es lo que voy a hacer.

—Esa acción es muy arriesgada— pronunció Rivera, plantándose bien en su lugar —¿Qué hay con el permiso de Misato?

—Se lo pediré después de que haya obtenido mi victoria— confesó la jovencita sin ningún tapujo, deslizándose por la cabina e instando a sus acompañantes a que se le unieran, o bien que se quedaran allí donde estaban, una vez que hubiera despegado, expuestos al escrutinio de todos los marinos que se encontraban en cubierta.

No necesitó de más argumentos para disuadir a los dos muchachos para que hicieran lo que se les estaba pidiendo.

—Aquí vamos— dijo la muchacha sosteniendo los controles, mientras sus compañeros se le unían —Ahora verán a un verdadero piloto en acción. Sólo apártense de mi camino, y no me molesten.

"Hipócrita" pensaba Kai, admirando el contorno de la cabina "Si no quiere que le estorbemos, en primer lugar ¿porqué nos trajo aquí? Vaya, y de veras que soy muy fregón, definitivamente mi cabina está mejor equipada que este tugurio... ¡Esta hojalata ni siquiera tiene un giroscopio direccional!"

—Qué curioso— hizo notar la Capitana Katsuragi a Toji, quien se encontraba a su lado, acerca de la conducta del monstruo, que se concentraba más en circundar los alrededores que contestar a los ataques de los que era objeto —Pareciera cómo si estuviera buscando algo, ¿no te parece?

—¿Usted cree?— fue lo único que atinó a decir el joven, pelando los ojos para observar mejor las acciones.

"¿Acaso estará tras la Unidad 02?" se preguntaba Misato, intentando dar con una explicación del porqué del peculiar comportamiento del monstruo.

Desde que el ataque había comenzado, Ryoji Kaji había ido rápidamente a su camarote para empacar lo esencial para su misión, ante la inminencia de abandonar el barco cuanto antes con su preciosa carga.

Al mismo tiempo que lo hacía, miraba con sus gemelos por una ventanilla de su cuarto, observando a la flota entera del Atlántico atacar a aquella extraña criatura mientras hablaba por teléfono, colocándose el auricular entre el oído y su hombro, debido a que en esos momentos ocupaba ambas manos.

—Hum, artillería convencional no debería ser capaz de penetrar su Campo A.T.— notó el sujeto, creyendo ver en el cuerpo del monstruo lo que en primera instancia parecían algo así como heridas —Nunca me esperé un ataque en este lugar. Esto no es cómo usted me dijo que resultaría.

—La Unidad 02 estaba allí para un caso cómo éste— contestó el hombre del otro lado de la línea: era Gendo Ikari —Además, mandé a dos pilotos como reserva. Aún así, si lo peor sucede no dudes en escapar por tus propios medios.

—Lo sé, lo sé, no necesita repetírmelo— contestaba Kaji de manera apurada, metiendo sus corbatas en su equipaje.

Además de su pequeña y discreta maleta donde cargaba su ropa y enseres personales, llevaba consigo también un maletín de alguna especie de metal, de buen tamaño, sellado, que reposaba junto a su equipaje sobre la cama. Parecía muy importante.

Asuka comienza los preparativos para el despegue, haciendo las indicaciones competentes a la computadora de la máquina, las que iba enunciando una por una en alemán, su lengua nativa:

Erst Erfu llung, Anfang der Bewegung, Anfang des Nervenanschlusses, se sie es von links kleidung. Single start!

Todo parecía marchar a la perfección y la mayoría de los sistemas estaban por principiarse cuando de repente todas las pantallas de enfrente se tornaron de un color rojo, y la vez empezaba a aparecer indefinidamente la palabra FEHLER, error, en alemán. Una alarma sonaba incesante en toda la cabina, indicando una anomalía en el proceso de arranque.

Ikari, que no atinaba a entender lo que sucedía, pronunció espontáneamente:

—¿Qué está pasando?

Asuka enfurece por esto y sin demorarse empieza a reprender a Shinji.

—¡Argh, eres un torpe inútil! ¡Estás pensando en japonés! ¿No es así?— le recriminó, con una desesperación insana —¡Escúchame bien, mientras estés aquí sólo piensa en alemán! ¿Comprendes?

Temeroso por lo que pudiera ocurrirle en caso de no obedecer, Shinji acató de inmediato la orden, así que luego de un gran esfuerzo para recordar lo escaso que sabía de la cultura alemana, empezó a recitar cada palabra que flotaba en su joven mente, faltándole poco para empezar a balbucear incoherencias.

— Bien, O.K, hmm... veamos... Berlín, Mozart, Hitler... ehhh...Beethoven...Lutero... ahhh... Munich...

—¡Ayyy!— renegó la chiquilla rubia, ocultando el rostro en las manos —¡Olvídalo! ¿Quieres?— una vez concluida su rabieta se dirigió a la computadora —Ajustar la base del pensamiento al lenguaje japonés.

La pantalla en la cabina cambia de color y desaparecen los letreros de error, al mismo tiempo que la alarma se deja de escuchar en el interior de la cabina.

—¡Guau, qué genial está todo eso!— pronunció Kai —¡Miren todos esos bonitos colores!¿Y qué tal si pienso en español? Averigüémoslo...— sin decir más, empezó a entonar un viejo corrido mexicano, muy popular —La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque no tiene, porque le falta...

Nuevamente la pantalla se vuelve roja, para de inmediato llenarse de la advertencia con la palabra ERROR desplegada en todas partes, con la chillante alarma resonando de nuevo sobre los lastimados tímpanos de los jóvenes.

Los dientes de Asuka rechinan de rabia, y acto seguido, golpea en la cabeza al muchacho.

—¡Deja de hacer eso! ¡¿Qué se supone qué eres?! ¡¿Un payaso?!— reclamó la europea.

Ay, perdón— se disculpó el jovenzuelo, aún en español, mientras reía entre dientes y la notificación de error invadía de nueva cuenta todos los monitores de la cabina.

El error es corregido y al final, después de constantes interrupciones, la Unidad 02 estaba preparada para pelear.

—¡Evangelion Unidad 02, lista para despegar!— exclama llena de júbilo la joven alemana, asiendo férreamente los controles de su máquina.

Asuka piensa, y su pensamiento se convierte en acción. Lentamente, el robot comienza a levantarse sobre el barco, sosteniendo la lona que lo cubría, haciendo ésta de túnica para la máquina. Asumió una pose bastante impresionante, eso sí. Había que admitirlo: la chica tenía estilo.

—¡La Unidad 02 está arrancando!— informa otro operador en el puente, apenas al recibir los datos.

—¿Qué diablos? ¿Qué es lo que se propone Langley esta vez?— pronunció el almirante, entre una mezcla de asombro y rabia —¡No, tienen que detenerla! ¡Aborten todo el proceso de arranque, impidan que esa chatarra se active! ¿Me oyen?

—¡No me interesa su opinión!— declaró decidida Misato, arrancándole de las manos el radio al viejo marino —¡Asuka, despega cuanto antes!

—¿Qué se propone hacer?— refunfuña el veterano marino arrancándole de la misma manera el artefacto —¡Tanto el Eva 02 como su piloto están bajo nuestra protección! ¡Y de ninguna manera le entregaré a usted el mando!

—¿De qué diablos está hablando?— renegó la mujer, forcejeando con el fornido anciano para quitarle la radio —¡Esto es una emergencia! ¡Sus dichosos acuerdos ya no importan!

—¡Deje mi radio en paz!

—¡Usted déjelo!

—¡Démelo!

—¡Suelte!

Sin importarle en demasía los protocolos necesarios para que pueda entrar en acción, el robot mira hacia el infinito azul, y a la velocidad del rayo, salta entre las naves, quitándose la manta justo en el aire y aterriza en la embarcación más cercana; al causar su enorme peso que ésta se hundiera ligeramente de un lado, cómo si fuera una tabla de surf el Eva 02 intenta equilibrarse en la nave, causando que ésta se mueva de un estribo a otro.

—Si esta porquería se cae al agua, todo estará perdido— declaró Kai, mientras estaban en el aire —El enemigo tiene allí la ventaja.

—¿Y qué?— le contestó Asuka, equilibrando al gigante de acero sobre el barco —No tengo planeado darme un chapuzón.

—Eh... muchachos, odio decirlo, pero el tiempo corre y nos quedamos sin energía— pronunció Shinji, un tanto apartado, mirando el contador interno de poder.

—Eso ya lo sabía, no necesito que me lo digas, mocoso— y activando la radio en su cabina, continuó —¿Misato? ¿Puedes oírme? Prepara el cordón umbilical, por favor.

—¡Muy bien, Asuka, confía en mí!— dijo dificultosamente Katsuragi, aún forcejeando con el Almirante.

—¿Qué cree que es lo que está haciendo?— gruñó el marino en medio del forcejeo.

De improvisto, el monstruo de las profundidades ataca de nuevo, saltando sobre la superficie del mar para impactar al robot, que apenas si lo alcanzó a esquivar, debido en gran parte a los ágiles reflejos de su piloto. La bestia brinca sobre la enorme nave sólo para volver a internarse en el agua, levantando una gran cantidad de ella.

Aprovechando el tiempo que le quedaba, el Eva se lanza sobre la siguiente nave de la misma manera que lo hizo con la anterior, y así sucesivamente hasta que alcanza la que llevaba a bordo el enorme cable que le suministraba de energía. Obviamente, en el transcurso de la acción era inevitable que la flota sufriera unos cuantos daños superficiales, producto del gran peso de la máquina bélica; como el aplastar o hundir unas cuantas decenas de aviones de millones de dólares, o estropear la coraza de las naves guerreras, romper todo lo de cristal, etcétera.

—¡Idiota!— le espetó Rivera, al presenciar los destrozos que su impetuosa acción provocaba —¡Estás haciéndole más daño a la flota que ese otro malnacido!

—¡Cierra el pico, imbécil!— rezongó en el acto la europea.

Al fin logra estabilizar la superficie del barco en donde había aterrizado, y dándose vuelta, toma cuanto antes el rollo de cable que estaba ya preparado pese a la oposición que Katsuragi había encontrado y lo conecta en el enchufe de su espalda.

Dándose cuenta que ese extraño levantamiento de olas se dirigía a ella, Asuka adivina la presencia del monstruo, y en el acto, saca un enorme cuchillo de la hombrera que tenía a su lado izquierdo, y lo empuña mientras su respiración se hace más profunda.

La acción es observada con diferentes puntos de vista en el puente del barco donde originalmente viajaba el Eva. Mientras que Kensuke continúa grabando todo lo que pasa, Misato grita llena de emoción e intenta controlar la situación y el viejo marino por su parte hace lo mismo, chocando los propósitos de ambos, dominando al puente una falta de organización total, ya que todos querían hacer todo y se daban órdenes los unos a los otros. Únicamente Toji era el que observaba aquella pelea de un modo normal, lo más normal posible que se puede cuando se admira un espectáculo de tal magnitud, claro está.

De entre las agitadas aguas, la enorme bestia salta hacia la nave, de improviso y causando sorpresa en todo el mundo. El monstruo logra desplazar a la Unidad 02 hacia atrás, sin embargo, Asuka logra dar un buen navajazo en el costado de su atacante.

Aquella cosa era una aberración surgida de una terrible pesadilla de cualquier pescador. Su cuerpo extendido, de un blanco pálido en su mayoría, fácilmente rebasaba los 150 metros de largo, de los cuales una tercera parte lo ocupaba su enorme boca, enseñando dos largas hileras de grandes dientes agudos que alcanzaban hasta los 18 metros de longitud. Tenía atributos tanto de tiburón como de un cetáceo, y hasta varios apéndices que parecían tentáculos de un enorme cefalópodo, entremezclados con sus múltiples aletas y colas. Y al igual que varios habitantes de las profundas y oscuras fosas marinas, dicha abominación carecía de cualquier órgano ocular.

El coloso marino logró subir al barco, causando con su enorme peso que la nave se inclinara en su totalidad hacia la superficie del mar, comenzando a sumergirse, mientras máquinas y hombres caían hacia las aguas por igual.

—¡Qué desperdicio!— se lamentó Kensuke al contemplar numerosos cazas de combate precipitarse al fondo del mar.

En medio de tal acción, Kai logró ver las múltiples heridas que portaba la bestia. ¿Cómo era posible que las armas convencionales, entiéndase por esto torpedos, minas acuáticas y demás, pudieran traspasar el Campo A.T. del ángel? Conclusión: lo que tenían en frente no era un ángel, si no una... cosa, alguna especie de quimera mutante de la naturaleza. Como una legendaria serpiente marina que asustaba a los marinos en la edad media.

Dicha hipótesis no sonaba tan descabellada: nadie sabía cómo pudo haber afectado el Segundo Impacto en la fauna del planeta. Se hablaba de mutaciones en todos lados de los continentes, de chupacabras que asolaban a el ganado dejándolo sin una gota de sangre. También se sabía que varias clases de insectos habían cambiado genéticamente, haciéndose inmunes a los pesticidas más fuertes, convirtiéndose en una auténtica plaga bíblica que asolaba los cultivos.

Así pues, nadie sabía como pudo afectar este cataclismo a la fauna de las profundidades del mar, de la que aún desde antes del desastre se sabía tan poco.

El niño recordó un libro que leyó cuando tenía tres años, ¿cómo era? Ah, sí, "20 000 leguas de viaje submarino", del célebre Julio Verne. Se retrató en su mente al valeroso Ned Land intentando arponear a esta bestia, lleno de gozo en su corazón de cazador, y claro, como con el Nautilus, el mortal filo tampoco traspasaría a este animal. Kai sonrió a sí mismo mientras reconstruía la escena en su mente.

De vuelta a la realidad, con la gravedad en su contra, la bestia es jalada hacia abajo, hacia el agua, no sin antes prensar al Eva con su enorme hocico, remolcándolo hacia las profundidades. El tronco del robot queda trenzado entre los enormes dientes del monstruo, por lo que el Eva 02 a duras penas logró asirse a la superficie del barco. Debido a la sincronización que mantenía con la máquina que tripulaba, Asuka experimentó un dolor tremendo en su costado, como si realmente la estuvieran mordiendo. De golpe, Kai logra salir de su mundo de fantasías personal, al darse cuenta que la mano que sujetaba el arma se iba abriendo, resbalándose el cuchillo entre los dedos; sabedor de que esa arma sería su única oportunidad de sobrevivir si eran arrastrados al interior de las aguas profundas, gritó como poseído:

—¡Que no se te ocurra soltar ese cuchillo! ¡Agárralo bien, tarada!

La advertencia, bien intencionada a pesar al tono hostil con el que era formulada, llegó tardía, ya que la navaja se escurrió entre los dedos del Evangelion rojo, para luego terminar siendo engullido por las insaciables aguas debajo de ellos, no sin antes rebanar por la mitad a un avión caza que caía hacia el mismo destino.

Los niños ven sus posibilidades de sobrevivir hundirse en el océano junto con el arma, mientras el esfuerzo sobrehumano que hacía Asuka por permanecer en la superficie se agota, sucumbiendo ante la descomunal bestia, quien los jala hacia las corrientes marítimas.

Libre del enorme tonelaje del monstruo, el barco logra enderezarse normalmente y consigue seguir a flote, no compartiendo su suerte la Unidad 02, quien junto con el animal, se sumerge rápidamente en el abismo marítimo.

Al hacerlo, el monstruo deja de ejercer presión sobre el robot, liberándolo de sus fauces. A merced de las corrientes y rodeados completamente de agua, Asuka intenta remontarse hacia la superficie, sin éxito alguno. La Unidad 02 no se mueve ni un ápice. La cándida muchachita alemana se extraña de la situación.

—¿Qué es lo que está ocurriendo?— interroga furiosa Langley a sus compañeros.

—Eh... ¿Será que el hecho de que estemos tres personas al mismo tiempo aquí, afecte la sincronización entre Asuka y la Unidad 02?— interroga Shinji a Kai.

—¡Por supuesto que sí, chico listo!— asintió éste, mientras su rostro enrojecía, hecho una furia y empieza a golpear el tablero —¡Y por si eso no fuera suficiente... este armatoste... no fue pensando ni diseñado... … para combates acuáticos... así que la sal de mar... y la presión marina... fastidiaron los sistemas internos de esta... maldita chatarra, pedazo de porquería buena para nada!— decía el enajenado muchacho, quien desquitaba su aplastante frustración mientras golpeaba cada consola que se le ponía enfrente, por lo que sus dos compañeros de cabina tuvieron que detenerlo, sujetándolo.

—Bueno, sí es así, ¿qué piensan hacer entonces, genios?— preguntaba la joven rubia mientras forcejeaba con Rivera.

—¿Y nosotros porqué deberíamos hacer algo?— preguntó a su vez Shinji, a la par que sujetaba al temporalmente enloquecido chico.

—¡Porqué ustedes son los jodidos expertos en pilotear un Eva! ¿O no es así? ¡Los únicos cabezones que han logrado sincronizarse con sus Evas sin cualquier clase de entrenamiento previo! ¡Así que pónganse a trabajar y sáquennos de aquí cuanto antes!

—Sabía que toda esa basura que dijo el señor Kaji sobre mí no iba a traer nada bueno— se quejó el joven Ikari suspirando. Empero, casi al instante, como si una idea cruzara por su cerebro, sus ojos se abrieron de par en par y sujetó a la chiquilla por los hombros —¡Un momento! ¿Quieres decir que sólo nos presumiste la Unidad 02 y nos trajiste a morir aquí porque creías que éramos mejores pilotos que tú?

—B-Bueno,— balbuceó la jovencita, mientras sus mejillas se tornaban carmesí, embelleciendo su lindo rostro, a la par que intentaba reponerse de la impresión —Podrías decir que... de cierto modo... sí... así es...

Los ojos de Shinji brillaron con un resplandor de alegría y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, mientras miraba fijamente a la muchacha europea

—¡Genial! ¡Gracias!— expresó radiante el chico.

—¡Un momento, flaco!— interrumpió Kai, con su demencia desvanecida por completo y absorto en aquella conversación —¿Porqué tendrías que agradecerle a esta fulana que nos haya arrastrado hasta nuestra muerte?

—¡Es que jamás, nunca nadie había pensado que yo fuera mejor que alguien en cualquier cosa!— contestó inmediatamente el aludido con el mismo entusiasmo que lo dominaba tan repentinamente —¡Mucho menos alguien tan impresionante como ella!

Kai quedó callado ante aquella respuesta, entornando los ojos mientras veía a su compañero seguir sujetando con tanta familiaridad a la linda jovencita rubia, situación que lo extrañó demasiado, pues conocía muy bien el carácter pusilánime de Shinji. Era tal vez, y sin temor a equivocarse, el muchacho más tímido que haya conocido.

Y en efecto, en cuanto Ikari se percató del tiempo que estuvo sujetando a la chica, con la expresión envuelta en rojo, la apartó tan rápidamente como pudo. Justo después de eso ambos se encontraban volteando a lados opuestos el uno del otro, con las mejillas rojas y los ojos bajos. Rivera tomó nota de los cambios que la presencia de Langley producía en los ánimos de Shinji, que casi siempre estaban alicaídos.

"Vaya, vaya, vaya..." pensó para sus adentros con una sonrisa suspicaz "Así que también ya estás tras los huesitos de esta jirafona energúmena, tipejo... ¿No te bastaba quedarte con Rei, ahora quieres más? ¡No cabe duda, le tiras a todo lo que se deje! Admiraría tu persistencia, si es que no fueras tan patético..."

La enorme bestia submarina había olvidado por completo a la Unidad 02, concentrada en tragar los pedazos pequeños que habían caído al agua, tales como aviones o seres humanos, semejante a un pez en su pecera, cuando le arrojan su comida.

Una vez acabados los bocados chicos, el monstruo decidió ir por el plato fuerte, así que dio media vuelta completa a su curso y se dirigió a arremeter contra el Evangelion sumergido.

—¡Allí viene de nuevo!— advirtió Shinji, señalando ese punto en la pantalla que se abalanzaba sobre de ellos.

—¡Sujétense!— hizo lo mismo por su parte Rivera, al percatarse de la cualidad ineludible del impacto.

Los niños sintieron ese repentino y violento jalón, logrando que se golpearan contra los controles enfrente de ellos, mientras observaban impotentes cómo aquella cosa mordía nuevamente el tronco del robot, quedando atrapados de la cintura para arriba dentro del hocico del animal, quien buscaba despedazarlos en dos. Se esforzaba mucho en ello, y para tal propósito, sujetándolos férreamente entre los dientes los arrastraba tan rápido cómo su velocidad se lo permitía, a unos quinientos kilómetros por hora, más o menos.

—¡Lo sabía!— declaró Kai, tronando los dedos índice, pulgar y medio.

—¿Qué?— le preguntó su compañero —¿Qué vamos a morir?

—¡No, aparte!— contestó —¡Que esta cosa no es un ángel! Y me doy cuenta de eso porque no posee un núcleo. No es visible exteriormente ni dentro de su cuerpo. Simplemente no se puede ver porque no tiene uno.

Al mismo tiempo, el cable que provee de energía al artefacto sigue corriendo en la misma dirección en la que el monstruo remolca a los niños.

Desde el puente, los demás observaban impotentes tal acción, observando cómo poco a poco la extensión del cable se iba acabando. Muy pronto llegaría a su final: ¿qué pasaría cuando eso sucediera?

—El Eva 02 se ha introducido en el cuerpo del blanco— comunicó sin un tono de emoción el operador frente a su consola.

—¿Eso quiere decir que el Eva ha sido comido?— pronunció Toji, sin saber que tal vez eso significaba la perdición de todos.

Toji era quizás la única persona que no reflexionaba acerca de aquél hecho, sino que sus pensamientos se remontaban a añejos días de su infancia, haría ya unos diez o siete años. Le parecía que el suministro de energía era el carrete por donde se deslizaba la línea a la cual estaba sujeta el anzuelo. Esa vez, en ese caso, habían atrapado a un pez muy grande. Ojalá el abuelo hubiera estado allí, de seguro se habría alegrado de que picara uno tan grande. Si tan sólo pudiera llevárselo para que lo viera...

— Guau, es cómo si estuviéramos de pesca...— pensó Suzuhara en voz alta.

—¿De pesca?— repitió Misato, mirando dubitativamente al muchacho a su lado mientras sus ojos se ensanchaban y destellaban con cierta malicia —¡Sí, claro, de pesca!— sin habérselo propuesto, el chiquillo le acababa de dar una excelente idea para acabar con el blanco de una vez por todas.

Con nervios de acero, la mujer lograr imponer un orden en ese barullo a base de órdenes y gritos; era de admirarse en Katsuragi esa singular cualidad de surgir de entre en medio del pánico y confusión, y lograr imponer orden y calma.

—¿Cuánta extensión le queda al cordón umbilical?— preguntó a uno de los operadores en el puente.

—Apenas unos mil doscientos metros.

—¡Asuka, el cable se acabó!— advirtió la Capitana Katsuragi al Eva 02; aún no sabía que tanto Ikari como su protegido se encontraban a bordo —¡Prepárate para el impacto!

Y apenas cuando terminó de proferir esto, la profecía se cumplió y al no tener más línea ya, la bestia se paró en seco, incapaz de remolcar la enorme mole de metal que flotaba en la superficie. Quizás sí podría, pero requeriría un poco más de esfuerzo. Por lo pronto, nada en el mundo lo hubiera hecho soltar al señuelo, como era de esperarse, zarandeándolo bruscamente de un lado hacia otro, queriendo partirlo.

—¡Maldición!— masculló Langley.

La conexión con su monstruo de metal le hacía sentir un dolor psicosomático en su abdomen, justo donde la criatura le había hincado el diente al Evangelion.

En ese entonces, en el puente de mando Misato se alistaba para llevar a cabo su plan, ultimando los últimos detalles mentalmente antes de darlo a conocer. Por su parte, a Kensuke se le había acabado la capacidad de su disco de grabación, por lo que haciendo malabares alcanzó una bolsa de su chaleco donde guardaba los repuestos para reemplazar el otro. Cuando la hacía, una plataforma emergió del portaaviones, llevando consigo, listo para despegar una máquina tipo:

—¡Un Forge 38 Avanzado!— exclamó Aida, con los ojos desorbitados, sujetando el disco viejo entre los dientes —¡Increíble! ¡Tengo que grabarlo!— decía mientras se apuraba a introducir el disco nuevo en su cámara, apoyándola en su muslo.

En el interior de la moderna aeronave, además de su piloto, en el asiento de copiloto de atrás se encontraba cómodamente instalado Kaji, sujetando entre sus brazos el maletín de metal como una de sus más preciadas posesiones.

—¡Eh, Katsuragi!— pronunció haciendo uso del radio en el aparato.

—¡Kaji!— profirió la beldad de cabello negro, sorprendida. Pensaba que su otrora amante iba a emplear ese moderno avión para batirse con el monstruo, arriesgando su propia vida. ¡Qué muestra de valentía! Quizá no era tan cínico como ella creía, después de todo.

—Me quedaría, ¿sabes?— continuó por la radio el hombre —Pero tengo que hacer entrega de algo muy importante.

—¡Lo sabía!— se reprochó Misato a sí misma por haber confiado en aquel sujeto aunque fuera por unos instantes, golpeándose la frente.

—Muy bien— añadió Ryoji al mismo tiempo que la soberbia aeronave despegaba verticalmente, impulsada por sus poderosas turbinas y motores —Lo dejo entonces todo en tus manos. ¡Cuídate!

Una vez que acabó de decir todo esto, cortó la comunicación y de inmediato el avión se alejó a toda máquina del lugar, perdiéndose en el extenso firmamento.

—No puedo creerlo— musitó Suzuhara, con la vista clavada donde segundos antes había estado el avión —Escapó...

—¡Ese infeliz no ha cambiado en nada!— masculló molesta la mujer —Sigue siendo un descarado de lo peor. ¡Desvergonzado!

Asuka volvió a sentir aquel dolor en sus costillas, y mientras se retorcía trataba vanamente de ocultar su situación a sus congéneres.

—¿Estás bien?— la interrogó Shinji, preocupado, a lo que la chiquilla respondió con un lacónico y poco cordial "Déjame en paz"

—Oficialmente estamos fastidiados y sin más opciones— les hizo saber Kai a sus compañeros en general, para luego dirigirse solo a Asuka —Lo mejor será que te desconectes antes de que este cabrón destripe a la Unidad 02. Escaparemos mientras se entretiene con ella... creo que nos dará unos cuantos minutos. Ojalá podamos llegar a Japón antes de que vuelva a alcanzar a la flota— pronunciaba el muchacho mientras de un rápido vistazo exploraba la cabina, en búsqueda de los implementos necesarios para un rescate de emergencia en altamar.

Sin embargo la joven piloto no cambió su posición, y sin voltear siquiera a verlo sólo se limitó a decir un escueto: "Vete al diablo".

El muchacho se preparaba para reprenderla, cuando vio con increíble asombro en la pantalla de enfrente cómo el robot se movía conforme los movimientos de la chica.

Shinji volvió su vista a lo que ocupaba la atención de su camarada y al darse cuenta de la situación, exclama lleno de alegría:

—¡Se mueve! ¡La Unidad 02 se está moviendo!

A su vez, Langley también volvió su vista al monitor, y vio con tremendo regocijo lo que sucedía afuera.

—¡Estamos salvados!— exclamaron los tres al unísono.

Fue hasta en ese momento cuando la voz de Misato se escuchó en la radio de la Unidad 02, ante la alegría de los chiquillos, quienes divisaban un rayo de esperanza en aquel oscuro corredor.

—Asuka, ¿puedes oírme? ¿Estás bien?— preguntó la mujer.

—¡Aquí estamos, Misato! ¡Estamos bien! — dijo Shinji.

—¿Eh? ¡Shinji? ¿Estás también ahí? ¿Y Kai?

—Aquí estoy, a sus órdenes, mi capitana— respondió éste.

—Esto ciertamente es algo inesperado, pero tendremos que trabajar como estamos... la situación es esta: en estos momentos los estamos remolcando por medio del cable umbilical del Eva 02. Se me ha ocurrido que podemos evacuar dos de los acorazados y hundirlos a través de la línea axial del Cordón Umbilical para de ese modo formar una trampa— tomó un poco de aire (¡vaya que estaba muy completo su plan!) y prosiguió —Mientras tanto, la Unidad 02 abrirá la boca del objetivo. Las naves hundidas se introducirán entonces en la apertura, abriendo fuego con todo su arsenal, para después autodestruirse. De esa manera, el Ángel será totalmente destruido. Muy fácil, ¿no lo creen?

—¡Eso es absurdo!— admitió el viejo almirante a su lado, sin ningún tipo de consideración. Jamás en toda su carrera militar había escuchado semejante disparate de estrategia. Y eso era porque los conservadores de alguna manera no apreciaban el genio de los nuevos valores, tal cómo lo era la Capitana Katsuragi.

—Absurdo, tal vez, pero no imposible— le respondió ésta observándolo de reojo —Por favor, Almirante, le ruego su cooperación.

Eso último había sido una revelación. Quizás aquella muchacha no estaba tan orate cómo el almirante había pensado desde un principio. Al fin y al cabo, por muy disparatado y poco ortodoxo que resultara su plan, era la única carta que les quedaba. Y detestaba admitirlo.

—Muy bien— pronunció abatido, suspirando —Entiendo a la perfección.

Por su lado, Ikari intentaba recordar todo el plan, cuando súbitamente Kai dijo:

—Muy bonito, y apuesto a que te tomaste tu tiempo para idear todo ese embrollo, pero por suerte no habrá necesidad de hacer todo eso.

—¡¿Qué?!— fue lo que recibió cómo respuesta unánime de parte de todos aquellos que pudieron escucharlo.

—Lo que sugieres es un procedimiento muy costoso, demasiado como para gastarlo con esta criatura. Te aseguro que esto no es un ángel, preciosa— siguió el muchacho, pasando de la confusión general —Además, si hacemos lo que nos pides, la Flota del Atlántico se vería bastante disminuida, ya de por sí. No podemos permitir que un instrumento para la paz mundial como ése se pierda así cómo así. ¿Ó me equivoco, Almirante Kurtz? Ustedes nada más sigan remolcándonos como hasta ahora. ¿Entendido? Nosotros nos encargaremos del resto.

Misato no tuvo tiempo de contestarle, ya que en el acto Rivera cerró el canal de comunicación, dejando a la mujer toda confusa.

—Kai, ¿puedes oírme?— repetía una y otra vez por el aparato sin recibir respuesta alguna —¿Kai, estas allí? ¡Kai! ¡Kai! ¡Ay, maldita sea!— refunfuñó, dejando caer violentamente al suelo el aparato, para luego volcar su desesperación sobre el almirante —¡Usted, miserable reaccionario, usted es el que tiene la culpa de todo! ¡Le llenó al pobrecito la cabeza de porquería y media! ¡Lo sugestionó con sus estupideces, y ahora todos ellos se van a morir! ¡Por su culpa, malvado anciano!

En medio de su rabia, sujetó por el cuello al viejo, rodeando completamente su ancho cuello con sus delicadas manos, asfixiándolo momentáneamente.

—No... era... lo que pretendía... se... lo juro...— pronunciaba dificultosamente el viejo lobo de mar, tratando de jalar un poco de aire, poniéndose rojo a cada instante que pasaba.

Por otro lado, después de colgar a su guardiana, Rivera se ocupó en darles las indicaciones pertinentes a sus compañeros:

—Muy bien chicos y chicas, tenemos un nuevo plan, que implica no producir más daños materiales innecesarios a la Armada de las Naciones Unidas... el que esta cafetera oxidada pueda moverse nos ofrece una oportunidad única, que no podemos desperdiciar. Procederemos con el plan de mamá Katsuragi hasta la parte donde somos remolcados entre los acorazados. Sólo que en lugar de que ellos disparen sobre el blanco, seremos nosotros los que la partiremos la madre a este ojete. Creo que podemos ser capaces de romperle el cuello al animal. Cómo esa pelea entre King Kong y el tiranosaurio rex de plastilina, ¿si vieron esa película?

—Así que vamos a romperle el jodido cuello a esta alimaña de porquería... ¿y ese es todo tu grandioso plan?— replicó Langley, quien se sintió humillada de que el muchacho intentara explicarle todo cómo si fuera una retrasada mental —¿Es lo mejor que se le pudo ocurrir a un inigualable genio táctico como tú?

—En efecto... casi siempre, lo más sencillo es lo que permite que se haga un trabajo bien hecho— contestó sin más —La genialidad está en la simpleza, ¿no lo sabías? Por supuesto, si crees que es demasiado pedirle a una delicada señorita como tú, puedo comprenderlo. Estoy dispuesto a tomar el mando de este armatoste en el momento que así me lo pidas...

—¡Eso sucederá sólo esto en tus sueños, cretino!— respondió Asuka en el acto —¡Ninguna tarea es demasiado para mí, y solamente yo seré la encargada de pilotear esta fina pieza de maquinaria precisa! ¡Un primitivo como tú no tiene el seso suficiente para manejar esta clase de artefacto de avanzada tecnología!

Una vez aclarado el punto, la jovencita dirigió los brazos del robot al paladar y la base de la lengua del monstruo, hasta que sus manos pudieron quedar bien sujetas para empezar a empujar. La niña empujó de aquello lo más fuerte que pudo, pero no lograba moverlo la gran cosa. Shinji se dio cuenta de ello y entonces asió también de las palancas, ayudando a su compañera. Casi enseguida Kai siguió su ejemplo, y al cabo de unos instantes ambos chicos estaban apoyados en el regazo de la niña, quien no se puso nada contenta con la penosa situación.

—¡Ey, par de pervertidos, no me toquen!— reclamó la chiquilla.

—¡Shhh, a callar!— reclamó Kai, haciendo un esfuerzo al jalar de la palanca.

—¡Empujen con más fuerza!— dijo a su vez Shinji.

El enorme hocico del monstruo comenzó a moverse, lentamente, pero se movía conforme se acercaban a la superficie. Aún así, las fuerzas estaban muy parejas, y nadie podía asegurar qué era lo que iba a pasar primero: o el monstruo partía en dos al robot, o la entidad mecánica le rompería el cuello a la criatura.

Varios minutos pasaron forcejeando entre sí, al borde de reventar, hasta que finalmente la balanza se inclinó a favor de los niños. Primero fue un tirón, retrocediendo la boca y dientes de la criatura hasta que el Eva pudo incorporarse por completo dentro de ella y después sólo fue cuestión de hacer fuerza con las rodillas y las piernas para que finalmente de un violento y abrupto jalón la base del cráneo del monstruo se dobló hasta conseguir tocar su espalda. Derrotada, la bestia liberó a la Unidad 02 mientras emanaba una gran cantidad de sangre, la cual se esparcía rápidamente en el agua, que se tornó roja.

Poco a poco la vida fue abandonando a la criatura y luego de un breve instante de agonía vino la calma, y la bestia dejó de moverse. Primero cayó lentamente hacia los abismos marinos y después de unos minutos, el cadáver emergió a la superficie.

Los jóvenes se permitieron dar un largo suspiro mientras los iban remolcando hasta el barco. Fueron demasiadas emociones por los breves pero angustiosos minutos que pasaron bajo el agua.

—Pero lo que no entiendo es cómo fue que logramos movernos, después de haberlo intentado tanto tiempo— cuestionó Shinji —Tal vez fue porque nuestros corazones y espíritus se unieron en un mismo deseo por vivir y eso nos permitió vencer al final...

—¡Qué poético! Es un pensamiento muy bonito, y tal vez puede que sea cierto. Pero me inclino a creer, por muy ridículo que parezca, que fue esa misma cosa la que nos salvó— respondió el otro muchacho, y prosiguió —Al parecer el hocico de "Flipper" segregaba una sustancia viscosa que auxiliaba a la ingesta de alimento, y por suerte para nosotros actuó como lubricante, lo que nos permitió movernos por unos instantes, siquiera para poder acabar con el pobre bastardo.

—¡Yiiugh! ¡Eso es asqueroso!— expresó Asuka, a quien le repugnaba la sola idea de verse cubierta por cualquier sustancia viscosa que fuera lubricante.

—Ahora veo que somos muy diferentes, tú y yo— observó Rivera, a quien en cambio la sola idea de ver cubierta a la muchacha con una sustancia de esas características le parecía excitante, por algún bizarro motivo que solamente él alcanzaba a comprender.

Una vez que las aguas se habían calmado, literalmente, estudios posteriores realizados someramente sobre el cadáver demostraron que la bestia que atacó a la flota no era un ángel. Cuando remolcaban sus despojos a tierras japonesas tuvieron que ahuyentar a docenas de tiburones que se abalanzaban como aves de rapiña sobre el cadáver, arrancándole grandes pedazos de carne, con los cuales pudieron subsistir satisfechos por varios días. De cualquier modo, la enigmática naturaleza de su atacante no podría ser revelada hasta que pudieran someter sus restos a exámenes más rigurosos en tierra, por lo que una suerte de ansiedad todavía aquejaba el temple del Doctor Rivera, quien se había mostrado extrañamente taciturno desde que bajó del Eva 02.

En aquellos momentos se encontraba de pie sobre la popa del "Over the Rainbow", observando atentamente, pero ajeno a la vez, las maniobras que realizaban las embarcaciones de lo que quedaba de la flota para arribar al puerto.

—Tengo que darte algo de crédito, súper chico— mencionó Asuka cuando se le unía, percatándose de la peculiar actitud de su compañero —Pensé que para ahora sólo estarías alardeando de como todo el tiempo tuviste la razón, parloteando estupideces como "te lo dije, te lo dije..." y que no habría forma de callarte. Pero para mi sorpresa has estado bastante ecuánime al respecto, así que admito que eso demuestra por lo menos un poco de madurez de tu parte. Eso te hace mejorar ante mis ojos, aunque sea muy poquito.

—La verdad es que ya no tengo más necesidad de validarme ante las mentes inferiores que me rodean, incluida tú— pronunció el muchacho sin despegar la vista de la línea de horizonte que se extendía frente a él —De igual forma, tu admiración hacia mi persona es bastante comprensible, las nenas siempre terminan por caer a mis pies, por muy difíciles que se pongan...

La vena en la frente de la jovencita alemana se ensanchó debido a la gran cantidad de sangre que en esos momentos trepaba hasta su cabeza, incitada por la artera agresión de la que había sido objeto. No obstante, antes de que pudiera descargar su rencoroso puño sobre el desprevenido rostro de Rivera, éste continuó hablando sin darle importancia al ánimo de su preciosa acompañante:

—Aún así, y a pesar de que podría decirse que esta fue una victoria completa de nuestra parte, hay aún una cuestión sin resolver que me sigue perturbando. Me molesta dejar esta clase de cabos sueltos, es como un pedazo de carne bien atorado en los dientes... o una flatulencia que no puedes dejar salir, por temor a ensuciarte los calzones. Seguro que sabes de lo que hablo, ¿no?

—¡Qué prosaico, sucio vulgar! ¡Por supuesto que no tengo idea de los disparates que estás escupiendo, pedazo de idiota!

—Soy un genetista, y modestia aparte, de los mejores en mi campo— continuó Kai, impasible —Por lo tanto conozco los organismos de este planeta y comprendo muy bien su fisiología y todo lo que hace funcionar a cualquier ser vivo. Nada en la Naturaleza es dejado al azar, todo tiene una razón de ser, producto de un intrincado proceso de evolución que comprende millones de años, del cual incluso esta clase de mutaciones son parte. Sé distinguir bien los patrones y diseños naturales en cada ser vivo que he analizado. Pero este espécimen lo ha cambiado todo. Nunca había visto algo así. Por separado, todas las partes de su estructura son reconocibles a primera vista, pero jamás las había visto juntas en un solo organismo. Como si algo, o alguien, hubiera tomado distintas partes de animales y las hubiera puesto juntas, a la fuerza, en un solo individuo, como en una especie de rompecabezas diabólico. Es algo espeluznante, después de pensarlo un rato...

—¿A qué te refieres? Tan sólo era un bicho feo, pero lo matamos y resolvimos el problema. Fin del cuento...

—Me parece que en lugar del final, nos encontramos tan sólo al principio de la historia. Toda la biología de este ser me hace pensar no en una mutación producto de las circunstancias ambientales, sino más bien en un origen sintético, artificial, con un propósito bastante específico...

—¿Dices que alguien fabricó a esta cosa horrenda? ¡Estás loco! ¿Quién podría hacer algo como eso, y para qué alguien querría hacerlo?

—Sólo sé de dos personas que serían capaces de algo así, con los recursos suficientes... una de ellas soy yo. Y el otro sujeto... lleva más de diez años muerto...

—¡Oh, ya veo! ¿Así que ahora te dedicas a jugar al científico loco en tus ratos libres, Doctor Rivera? No dudo que en cualquier rato pienses clonarte una novia. Sería la única forma en que un perdedor como tú podría engancharse con alguien...

Asuka dio por terminada la conversación jalando su párpado inferior con el dedo índice y mostrándole la lengua a su compañero, para luego retirarse del lugar sin más, con cosas más importantes en mente que requerían su atención inmediata.

Por su parte, Kai permaneció inamovible perdido en sus reflexiones, e inexpresivo, a no ser por la forma evidente en la que apretaba su quijada, presa de una extraña incertidumbre.

Ritsuko Akagi observaba desde el muelle el lastimero estado en que se encontraban todos los barcos de la flota, al mismo tiempo que se dirige a la recién llegada Misato, cuyo aspecto cansino era similar al de las embarcaciones.

—¿Cómo estuvo el viaje?— preguntó la doctora sarcásticamente, percatándose de las condiciones en las que llegaba la flota.

—Horrible— respondió la capitana, extenuada, mientras subía junto a ella al jeep que las llevaría al Cuartel General.

Mientras, Kensuke y Toji esperan a que bajen sus amigos, a quienes no han vuelto a ver desde su breve almuerzo en el comedor. Primero observan a Asuka bajar, con su vistoso y ajustado traje que revelaba a todos los deslumbrantes atributos de su delineada figura, situación que por supuesto no iba a escapar de su atención, siguiéndola con la mirada hasta que se pierde de vista. Instantes después ven bajar a Shinji y Kai con los mismos trajes. Una expresión de burla no pudo evitar asomarse en su rostro, y por más esfuerzos que hicieron, al último tronaron en carcajadas y en burlas, ante la impotencia de los dos chicos indefensos como estaban.

—¡Pero mira nada más a ese par de raritos!— le dijo Suzuhara a su compañero, señalando a los recién llegados —¡Hasta me dan ganas de vomitar! ¡Ya decía yo que se tiene que estar mal de la cabeza para poder ser piloto de un Eva!

—¡Estoy tan decepcionado!— añadió Aida, divirtiéndose de lo lindo al grabar a sus amigos en aquellas prendas tan vergonzosas a la vez que seguía soltándoles todo tipo de comentarios homofóbicos, tan comunes en los chicos de esa edad —¡Yo solía admirarlos, nunca me imaginé que tenían esa clase de mañas! ¡Sólo espero que no sea contagioso!

—¡Ya cállense los dos, si no quieren que los obligue yo mismo! ¡Su actitud es infantil, y muy discriminatoria y vulnera todos mis derechos humanos! ¡Ni qué decir de mis sentimientos!— se defendió Rivera de inmediato, en tanto su compañero solo se encogía sobre sí mismo, tapándose al sentirse desnudo y expuesto —¡Y tú, Kensuke Aida, será mejor que me des ahora mismo esa maldita cámara! ¡No te permití en ningún momento grabarme en estas condiciones!— amenazó el joven piloto, empuñando su mano y enseñándoselas, amagando con asestarles un fuerte puñetazo.

—¡Oh, vaya! ¡A buena hora veniste a recordar todo mi nombre, pero qué asombrosa coincidencia!— pronunció el chiquillo que usaba gafas, sin soltar su dispositivo de grabación de video —¡Pero estás jodido, tipejo! ¡Todo el tiempo te la pasas diciéndonos que somos unos mariquitas sin calzones y demás basura que sí es homofóbica! ¡Así que por fin llegó el momento de vengarnos, cerdo miserable! ¡Ahora que tengo esta prueba documentada de tus manías no descansaremos hasta que te hayamos expuesto ante todo mundo! ¡Después de todo, tenemos un compromiso moral de hacer que todos sepan la repugnante verdad que ocultas detrás de tu actitud de machito!

—¿Qué te pareció eso, desviado?— preguntó entonces Toji, retórico —¡Te fregamos bien y bonito! ¡Así te la pensarás dos veces antes de volver a meterte con cualquiera de nosotros!

—¡No podrán hacer nada de eso, por que en este mismo momento voy a matarlos a los dos, imbécil!— dijo Kai al ver que su advertencia no surtía efecto, por lo que en el acto se abalanzó sobre los chiquillos, que de inmediato se dieron a la fuga, iniciando así una turbulenta persecución que se extendió por casi todo el muelle —¡Vuelve aquí, sucio buitre amarillista! ¡Voy a meterte esa cámara en donde no te da el sol!

En la fría y oscura oficina de Gendo, en los cuarteles de NERV, Ryoji Kaji entrega el motivo por el cual ha venido a Japón. Allí, sobre el escritorio del comandante se encontraba el contenido del misterioso maletín que cuidaba como a su vida misma.

—Fue un viaje bastante agitado hasta aquí— expresa Kaji, mientras se pasea por el espacioso despacho, casi vacío —¿Quién iba a pensar que un monstruo nos atacaría? Me supongo que debió ser atraído por nuestro amigo aquí presente.

Kaji observa la caja criogénica que se encuentra en el escritorio, y asomándose a su interior, de nuevo pronuncia con ensayado desinterés:

—A pesar de que la baquelita lo ha contenido de esa manera, aún sigue emitiendo esa peculiar radiación electromagnética. Nuestros científicos no lograron concluir en nuestro primer examen en la Antártida si está muerto o solo es una especie de letargo— miró fijamente al prisionero en la caja, pensando en lo difícil que era creer que algo tan pequeño fuera la causa de tantas desgracias —Así que éste es el gigante de luz que ocasionó el Segundo Impacto y que por poco destruye al mundo... cuesta trabajo creerlo...

—Así es, Kaji— responde Gendo, ajustándose sus gafas para también contemplar a su huésped —Sin embargo, no hay duda alguna: este es Adán, el Segundo Ángel... el primer ser humano...

Con suma cautela, quizás más de la cuenta, el Comandante Ikari asoma la vista al interior del artefacto, apreciando con mayor detenimiento aquella pieza no contemplada desde un principio en el tablero de sus designios, que sin embargo, su sola presencia cambiaba todo el escenario que tenía planeado a mediano y largo plazo. Todo un golpe de suerte, como si el Universo mismo estuviera conspirando a favor de la consecución de todas sus metas. Una sonrisa se dibujó discretamente en sus labios, aunque trémula y nerviosa.

La noche estaba ya muy entrada sobre las oscuras aguas del Canal del Sinaí, paso acuífero que se había producido después del Segundo Impacto, el cual ahora conectaba al Mar Rojo con el Mediterráneo, bordeando las costas de Egipto e Israel. Con cautela, una patrulla proveniente de la Flota del Mediterráneo de las Naciones Unidas se deslizaba sobre la tranquila superficie acuática, la densa e impenetrable oscuridad como su única escolta.

La discreta embarcación de reconocimiento se encontraba rodeada por territorio enemigo y las costas que divisaba alojaban una cantidad considerable de tropas hostiles, pertenecientes al recién formado "Ejército de la Banda Roja". Aunque para ese tipo de peligrosas misiones se contaba con sofisticado equipo teledirigido, cada vez que el gobierno mundial enviaba a vigilar los avances de los insurgentes con un avión espía no tripulado, éste sufría curiosos desperfectos, por demás inoportunos, que hicieron prácticamente imposible cualquier incursión de ese tipo sobre territorio ocupado.

De tal suerte, se tuvo que obrar como en los viejos tiempos, enviando esa pequeña fragata a hacer un rápido recorrido del litoral ocupado en esos momentos por fuerzas rebeldes. El buque patrullero iba acondicionado con varias cámaras y equipo de grabación que transmitía todas las imágenes que recopilaba durante su rápido trayecto. Y aunque para su defensa también contaba con un sistema de misiles, todos los ocupantes de la nave entendían a la perfección que en caso de ser detectados bien podrían darse por muertos, por lo que no era raro que la marcha del vehículo fuera un poco más acelerada de lo prevista. Cuestión aparte era que hasta entonces su arriesgado viaje estaba resultando ser improductivo, pues no habían tenido actividad que reportar y no hubo un solo rastro de movimiento enemigo que estuviera al alcance de sus instrumentos. En resumen, todo estaba en calma en aquél frente, y no había evidencia alguna que sustentara el temor de los altos mandos a una próxima e inminente escalada en los combates.

Justo cuando se estaba tomando la determinación de dar por concluido el patrullaje y regresar a su puesto dentro de la Flota del Mediterráneo, el sonar detectando dos objetos de gran tamaño aproximándose hasta su posición puso en alerta a los marinos de las Naciones Unidas. Antes que pudieran reaccionar con cualquier clase de maniobra evasiva, un estentóreo sonido de naturaleza desconocida los hizo postrarse de dolor y aturdimiento. Era una especie de potente vibración semejante a un sirena antiaérea, mucho más fuerte que cualquiera que hubieran escuchado antes, pero también mezclada con un estruendo que parecía un coro de niños desgañitándose la garganta con ruido de cristales rotos de acompañamiento. Era algo que el oído humano jamás había escuchado, y para lo cual estaba difícilmente preparado, tal y como lo estaban comprobando todos los tripulantes del infortunado buque. Aún con la mayoría de ellos todavía postrados, indefensos, dos gruesas columnas de agua empezaron a levantarse a ambos flancos de la fragata, la que casi de inmediato fue levantada en vilo por una de ellas, acaso como si se tratara de un simple juguete de bañera. Entre gritos de pánico y sufrimiento, los aterrados marineros ni siquiera pudieron alcanzar los salvavidas, pues como si estuvieran en una espantosa película de terror tuvieron que atestiguar, al filo de la locura, como cada uno de sus compañeros repentinamente se desintegraban en un charco viscoso, dejando solo sus prendas en el piso, hasta que no quedó uno solo de ellos. El buque sería encontrado mucho después por la Armada de las Naciones Unidas, con sólo pedazos chamuscados como único vestigio de su existencia, pero sin rastro alguno de los marinos que lo tripulaban.

Al día siguiente, Kai podía darse el lujo de volver a respirar aliviado. Su malestar físico había mejorado considerablemente desde que había dejado la nave insignia de la flota del Atlántico, al punto de haber desaparecido ya por completo. Sus preocupaciones en esos momentos se limitaban a acomodarse plácidamente sobre su pupitre, para encontrar la posición perfecta para conciliar el sueño, que era casi siempre lo que hacía durante el transcurso de toda su jornada escolar.

A partir de ese día el tiempo que pasara encerrado dentro de ese salón de clases sería vital para el buen desarrollo de sus actividades cotidianas, pues la escuela se convertiría en su refugio personal para escapar de la nefasta presencia de Langley, que dicho sea de paso, le crispaba los nervios, por muy guapa que ella fuera.

"Es una lástima, eso sí..." pensó con cierto desánimo, en tanto daba un bostezo bastante similar al de un león descansando. "Por que si tan sólo aprendiera a tener el pico cerrado no estaría nada mal... puede que estos lelos tengan razón, cuando dicen que se tiene que estar mal de la cabeza para ser un piloto de Eva..."

Recordó entonces lo que les dijo Toji al principio de la clase a su compañero y a él: "Los compadezco, en serio. Ustedes tienen de compañera de trabajo a esa bruja insoportable." También tenía muy presente aquel tono de chanza y la enorme satisfacción que se dibujó en su rostro cuando pronunció: "Yo, en cambio, NUNCA tendré que volver a verla". Oh, como le envidió en esos momentos, aunque solo fuera unos instantes.

El muchacho disipó su tristeza, resignado, pero dispuesto a disfrutar esos valiosos momentos sin tener que escuchar todo el tiempo ese fastidioso acento alemán. El chico despejó entonces su cabeza y se preparó a entregarse a Morfeo, cuando entre brumas escuchó a sus congéneres hablar de una chica nueva, algo así como una presentación desfiló entonces en sus tímpanos, junto con el quejido lastimero de Suzuhara, a quien parecía le estaba dando un infarto al miocardio.

Muy en el fondo, supo de inmediato de lo que se trataba, por lo que se hubo de aferrar aún más a permanecer en aquel mundo de ensueño y nieblas, donde ELLA no podría molestarlo. Pero la confrontación con la dura realidad era inevitable, e instintivamente, comenzó a abrir sus párpados muy despacio.

Despacio y muy lento, es así cómo se va incorporando a la realidad. Primero fija su distraída mirada en Shinji y sus amigos, quienes están pálidos cómo tumbas y sus quijadas parecen tocar el suelo. Después, se fija en sus demás compañeros de clase, quienes parecen estar más agitados que de costumbre.

"Mierda, mierda, mierda..." se decía una y otra vez el niño a sí mismo, recitando alguna especie de mantra protector. "No puede ser, no puede ser, ¡Puta madre, no puede ser!.

Finalmente, oye aquel sonido que momentos antes trataba de borrar a como diera lugar de su mente. Con la esperanza de que todo aquello no fuera más que una ilusión, voltea al lugar de donde se originó aquella voz, a un lado suyo. Lo único (o todo) lo que encontró fue a Asuka, quien lo volvió a saludar con aquella mirada perversa y esa sonrisa maliciosa siempre indeleble en su rostro:

—¡Mucho gusto, soy tu nueva compañera de estudios! ¡Asuka Langley Soryu, para servirte...!— saludó la niña levantando una mano al darse cuenta que tenía la atención de Kai, para culminar murmurando una escueta e insidiosa observación que fue sólo para sus oídos: —¡...pendejo!

La súbita sorpresa casi lo hace traspasar el techo, cayendo de inmediato al suelo. Paralizado y en el piso cómo estaba, el chico comprendió todo lo que acontecía. La sincronización, la maldita sincronización era la responsable de todo. Era obvio, si a él lo mandaron a la misma escuela y al mismo salón que Rei, fue con el pretexto de hacer que los dos se coordinaran mejor como un equipo. Así pues. lo mismo había sucedido con Shinji, y ahora también, lamentablemente, con Asuka. Cómo si esperara alguna ayuda celestial, el joven levantó los ojos hacia ese azul infinito que se desparramaba allá afuera, en algún lugar sobre del arcoiris, donde todos los problemas se deshacían como amargas gotas de limón.

"Ya, en serio, confiésamelo..." rezó mirando el firmamento a través de la ventana. "Si es que estás ahí, por algún lado, de seguro Tú me odias, ¿verdad?"