"...

They say that I must learn to kill before I can feel safe

but I, I'd rather kill myself than turn into their slave

and sometimes I feel that I should go and play with the thunder

cause somehow I just don't wanna stay and wait for a wonder...

I've been watching, I've been waiting in the shadows for my time

I've been searching, I've been living for tomorrows all my life...

In the shadows... In the shadows..."

The Rasmus

"In the shadows"

En algún lugar en el tiempo, una reunión profana se llevaba a cabo. ¿Cuál era la localización de aquél sitio? Imposible determinarlo a primera vista. La ausencia de una sola rendija por la que se pudiera escabullir mantenía a la luz desterrada de ese lugar. Todo era oscuridad, por lo que también resultaba difícil suponer siquiera el acomodo y las dimensiones del sitio.

Únicamente se destacaban de la negrura seis grupos de letras rojas, sobre lo que parecían ser un igual número de monitores distribuidos en una hilera de dos, una de tres y al centro se colocaba probablemente el líder de ese extraño grupo, aunque dicha creencia sólo se podía basar en corazonadas y no en pruebas.

"SOUND ONLY" se leía en inglés en cada una de las pantallas, con su respectivo numeral por encima de aquella leyenda. Al parecer, los asistentes a la reunión eran demasiado tímidos como para presentarse en persona, o por lo menos dejar su rostro al descubierto; o quizás aquella era una sociedad tan exclusiva y secreta que ni los mismos miembros conocían las identidades de sus compañeros.

—Caballeros, hasta ahora todo va de acuerdo a lo planeado— pronunciaba el número 1 con su voz cavernosa, haciendo las veces de moderador —Sin embargo, existen dos variantes que no habíamos contemplado en un principio y que pueden alterar los planes de forma drástica si es que lo permitimos.

—Adán y el Evangelion Unidad Z— atajó el 5, adivinando las palabras de su compañero.

—Lilith es indispensable para nuestros propósitos, pero la presencia de Adán es un factor de riesgo innecesario— completó el número 2. Quedaba claro que a aquellas personas les aficionaba el terminar las frases de los otros.

—Si los rumores de nuestras fuentes son ciertos, si el gigante de luz continúa sobre este mundo, debemos eliminarlo inmediatamente— arguyó el 6, sin querer quedarse atrás —Con él aquí, quién sabe lo que podría pasar con la Tierra.

—En todo caso, también debemos apurarnos a tomar partido sobre el asunto del Eva Z. Considero que su intervención es igual de peligrosa que la del Primer Ángel— finalmente intervino el 3, que hasta entonces había permanecido expectante.

—Inclusive más, me aventuraría a decir— terminó el número 4, el último que restaba por tomar parte en la conversación —Ya que su presencia es un hecho, y el problema que representa es bastante real.

—No puedo creer que ese estúpido de Ikari permitiera la creación de semejante monstruo en sus propias narices.

—Tal vez porque, como yo, vio la oportunidad de utilizar todo ese poder en beneficio propio— contestó el número 1 al comentario del 6 —En realidad, no pienso que por el momento atender esa problemática sea tan apremiante. Podemos aprovechar el poderío de Zeta en ventaja nuestra, pues él puede hacer más sencilla la labor de destruir a los ángeles, pese a ser sólo un vano esfuerzo de las Naciones Unidas de convencerse de que aún tienen el control de la operación; Schroëder jugó muy bien sus cartas con dicho proyecto.

—Concuerdo con esa teoría: por el momento Z servirá a nuestros propósitos— apoyó el número 2 —En estos momentos debemos confirmar qué tanto de lo que los espías nos han informado es verdad.

—Así es. Tenemos que averiguar cuanto antes si es cierto que Gendo Ikari mantiene oculto a Adán dentro de las instalaciones de NERV— advirtió el 6 — De nada servirá preocuparnos en estos instantes de ese armatoste de hojalata.

—¿Y cómo saber lo que queremos? ¿Introducimos a otro agente infiltrado a NERV?

Entonces, algo se agita en la oscuridad. De la nada, una enorme figura comienza a tomar forma y emerger del plano para delinear una silueta no muy clara, pero con volumen. Si alguien más hubiera estado en la sala hubiera notado que la atmósfera se hacía rancia y electrizante. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Había estado en ese sitio desde un principio? Quién sabe. El pesado calzado que llevaba puesto la enorme figura de casi dos metros, que cruzaba el salón, retumbaba por todo el recinto. Una larga cabellera plateada empezaba a distinguirse con cierta claridad, así como unos fieros ojos que cortaban la penumbra, pues parecían tener luz propia.

—Yo me haré cargo— pronunció el recién llegado con voz de trueno. Aquello no era una petición, sino una demanda, casi una orden.

—¿Usted? Pero…— en el tono del número 3 podía percibirse cierto dejo de temor, intimidado ante la imponente figura.

—La oportuna y reciente disminución de la flota de acorazados y portaaviones europeos me ha permitido instalar varias bases en diversos puntos del Mediterráneo, que me permitirán emprender el avance hacia el continente occidental— reveló el desconocido, para disipar las dudas de aquellos hombres —Desde cualquiera de esos puntos será relativamente sencillo intervenir en el sistema del Geofrente y obtener lo que queremos.

—Que así sea, entonces— respondió el número 1, sin alterar el tono de su voz. Aparentemente, la presencia del extraño no lo alteraba ni un ápice —Lo dejamos en sus manos, Doctor. Haga lo que sea necesario y utilice todos los recursos disponibles para llevar a cabo su empresa. En lo que a mí respecta, caballeros, me atrevo a dar por concluida esta sesión. Esperemos a los resultados de la investigación que haga nuestro buen amigo, aquí presente.

—De acuerdo— asintieron todos los demás integrantes, acatando las resoluciones de su líder y desconectándose casi al mismo tiempo.

Sólo permaneció en aquél lugar ese sujeto, cuya mirada perforaba la más completa oscuridad, meditando en absoluto silencio y calma sobre el rumbo a seguir, rodeado de monitores apagados. En la negrura, sus blancos y firmes dientes brillaron al mostrarlos al momento de sonreír, en un gesto por demás macabro.

La ciudad se había sumido en un periodo de cierta paz que se estaba prolongando para beneplácito de sus habitantes. Era ya el mes de Septiembre, 19 de Septiembre, para ser exactos. Hacía unas dos semanas que las clases habían comenzado, casi un mes desde la última vez que alguna zona de la ciudad hubo de ser evacuada y unos dos meses que ningún monstruo gigante asomaba sus fauces por allí.

La gente ya se estaba malacostumbrando al sosiego, incluso había quien empezaba a pensar que Tokio 3 era un lugar pacífico y placentero para residir. Esto se hacía evidente al dar un vistazo a sus calles, que comenzaban a presentar indicios de actividad propia de una urbe de tales proporciones. Había un poco más de tráfico, tanto de carros como de gente, sobre todo en el centro. Más comercios se propagaban por la ciudad y abrían sus puertas a la clientela. Los edificios habitacionales se estaban ocupando. Y los niños jugueteaban alegremente por las calles, sin ninguna preocupación en mente, sin temor alguno que se asomara por el horizonte. Sólo la vida, la buena vida que debía ser disfrutada mientras se pudiera.

Dos pequeños párvulos, ataviados en uniforme escolar, pasaron a un lado de Shigeru, rozándolo al momento en que corrían alborozados uno tras de otro en medio de risas entrecortadas; el que iba a la cabeza llevaba fuertemente sujeto en su mano derecha un cordón, en cuyo extremo estaba atado un globo con helio.

Aoba fijó su atención en ellos, por unos instantes, mientras recogía de la máquina expendedora su refresco enlatado. Esbozó una ligera sonrisa, enternecido por la escena.

—¡Vamos, ya es mi turno! ¡Préstamelo!

—¡Sólo si me alcanzas primero, tortuga!

Los pequeñines, con las mochilas en sus espaldas, sus pantalones cortos, su delantal y gorrito de marino sobre la cabeza se perdieron de vista a las dos cuadras. El joven técnico de NERV recogió su largo cabello y lo hizo retroceder, al tiempo que ingresaba a la lavandería a sus espaldas.

Iba de civil, ataviado con camiseta blanca de algodón, sin ningún tipo de imagen en ella, pantalones de mezclilla azules, botas y un chaleco negro sin mangas. Además de que en sus espaldas llevaba cargando el estuche donde estaba guardada su guitarra eléctrica. Ahora tenía más tiempo que nunca para practicar sus habilidades, debido a la calma incierta que reinaba en la metrópoli; aparte, no podía darse el lujo de quedarse a la zaga, sobre todo cuando ese desgraciado de Kai había mejorado tanto en su manejo del instrumento. Por alguna extraña razón, de un día para otro fue capaz de tocar "Imagine" como si de un Beatle se tratara.

La paz que se había adueñado de la ciudad también ocasionaba estragos en el personal de NERV, provocando un cierto estado de relajación en casi todos los empleados. De hecho, desde aquella pelea entre los pilotos de las Unidades 02 y Z, ningún incidente de relevancia había acontecido en el Cuartel General. Tal situación provocaba que el personal se distrajera con algunas tareas calificadas como "de menor relevancia", mientras que los días transcurrían sin traer nada nuevo, aunque siempre con el reflejo predispuesto de aguardar a cualquier circunstancia.

—Vaya, lavar la ropa afuera resulta muy caro— resoplaba la Doctora Akagi en el interior de la lavandería, percatándose del costo total de una carga de dos lavadoras y una secadora, al mismo tiempo que sacaba sus prendas del artefacto, las doblaba e introducía en una bolsa hermética.

—Sí que lo es— asintió Maya a un lado suyo, afanada igualmente en la misma tarea —Me gustaría mucho tener tiempo de poder lavarla en casa, doctora.

Ambas también iban vestidas en ropa de civil. Ritsuko llevaba puesta una blusa rosa de mangas cortas, pantaloncillos blancos que le llegaban a la rodilla y unas sandalias, que aunque cómodas, no combinaban con su conjunto. Por su parte, Maya vestía aún de manera más confortable, con una amplia camiseta amarilla, estampada, que dejaba todo a la imaginación, así como unos shorts deportivos negros y unos tenis blancos calzando sus pies.

—Ah, podría ser peor— comentó Shigeru cuando entraba (había salido cuando las dos mujeres empezaron a sacar a relucir las prendas íntimas) y extendía un par de latas con soda a sus acompañantes —Por lo menos aún podemos ir a dormir ahí.

Los dos técnicos, Shigeru y Maya, además de ser colegas, eran amigos muy íntimos. Solían pasar gran parte del tiempo juntos y salir a distintos lugares de esparcimiento, lo que en muchas ocasiones se prestaba a mal interpretaciones que llevaban a pensar a todos aquellos que en verdad no conocían a Ibuki que los dos eran pareja romántica; así cómo a Allison, la novia de Aoba, que casi enloquecía de los celos.

Ambos habían ido a lavar su ropa, aprovechando uno de los descansos en el trabajo, y por casualidad se habían topado en la lavandería con la Doctora Akagi.

A decir verdad, parecía que al personal del Geofrente le estaba dando por tomar una pose mucho más relajada, pues el grupo también se encontró en el metro al segundo al mando, Kozoh Fuyutski, quien leía el rotativo matutino quitado de la pena, con la pierna cruzada y cómodamente instalado en uno de los asientos del vagón.

—Subcomandante Fuyutski— pronunció Ritsuko con cierta familiaridad, asomándose por encima de su bolsa de lavandería —Qué sorpresa encontrarlo aquí.

Los oficiales de menor rango prefirieron no descuidar las formas y los dos saludaron en tono marcial casi al mismo tiempo, cuadrándose por mero reflejo:

—¡Buenos días, señor!

A su vez, Fuyutski miró con desdén a los recién llegados por encima de su periódico, frunciendo el ceño y refunfuñando tal cual lo haría un anciano malhumorado, para después mascullar entre dientes:

—¿Qué tienen de buenos?— y luego sumergirse de nuevo en el diario, en cuya primera plana anunciaban las ya próximas elecciones para el Concejo Ciudadano.

Enseguida la rubia fue a sentarse como si nada a lado del viejo, mientras que sus acompañantes, intimidados por su presencia optaron por quedarse de pie, en señal de respeto más que otra cosa.

—Se deja usted mostrar más temprano de lo acostumbrado— observó la científica, en tono cargado con un poco de ironía.

—Me dirijo al centro en representación del comandante— confesó con tal de que aquella mujer lo dejara leer en paz.

—Ya veo. La junta del Comité es ahora, si no me equivoco, ¿cierto?

—Es un desperdicio de tiempo— escupió el viejo con sumo desprecio —Ese Ikari siempre me relega los asuntos sin importancia; aunque a decir verdad, no sabría como sobrellevarlos sin la ayuda de MAGI.

—Así que las elecciones para el Concejo Ciudadano están próximas— señaló Akagi, leyendo las letras grandes en el periódico, sin saber la gran cosa acerca de ese asunto. En realidad, al igual que el subcomandante, no prestaba mucha atención a esas trivialidades, pues sabía de antemano quién era el que en realidad llevaba la batuta en esa ciudad.

—Sabes bien que eso es una fachada— la reprochó el anciano, agotada su paciencia —Quien en verdad está a cargo de esta ciudad es MAGI.

—¿Nuestras tres súper computadoras?— exclamó Maya, asombrada.

—Así es— asintió Kozoh, resignado a la compañía por lo que le quedaba del viaje, guardando la prensa —Las tres computadoras deliberan entre sí y deciden por mayoría. De esta manera se siguen exactamente los fundamentos del sistema democrático.

—Entonces, ¿el Concejo solamente se guía por las decisiones de MAGI?

—Eso es correcto. Hasta ahora ha demostrado ser una forma muy efectiva de gobierno, y minimiza los gastos.

—La ciencia sostiene por completo a esta ciudad— notó Ibuki, con aire soñador —Vivimos en una época en la que la ciencia lo es todo.

—Y yo que fui a votar— se lamentó Shigeru, olvidando las formalidades y recargándose en la asidera.

—Por cierto— pronunció Fuyutski, dirigiéndose a la mujer a su lado —Me parece que ahora tienen programado un experimento en la Unidad Cero, ¿no es así?

—Efectivamente— corroboró la oficial, despreocupada —El segundo experimento para extender su período de activación se llevará a cabo el día de hoy a las 10: 30 de la mañana.

—Hum, espero recibir buenas noticias— murmuró el viejo, para luego taparse su apergaminado rostro con el diario, reanudando su lectura.

Claro, que más hubieran querido Akagi y todo su equipo de colaboradores sino entregar buenas cuentas a la comandancia sobre las pruebas que estaban efectuando a encargo expedito del mismo Gendo Ikari. Sólo que a veces las circunstancias, como ocurrió en este caso, no permiten cumplir con lo planeado en el tiempo requerido. Esta situación se acrecentaba aún más al tener como material de trabajo a un Eva tan caprichoso como lo era Cero, que oponía siempre todo tipo de resistencia a colaborar con sus creadores.

La señal de "Emergencia" que surgía en los paneles de la estación, con sus tonos estridentes y sus luces amarillas y rojas, ya comenzaba a sonar monótona, a unas cuantas horas de haber empezado el experimento; el cual, por cierto, realizaban sin la presencia de la piloto.

—¡Aborten la prueba!— ordenó Ritsuko, con continente cansado —¡Apaguen los circuitos! ¡Y de una vez, esa desgraciada alarma también!

—Circuitos apagados— indicó Maya, al tiempo que el hangar donde se encontraba de pie la Unidad 00 se ponía a oscuras.

—Energía restablecida— anunció otro oficial técnico, a la vez que las luces exteriores volvían a encenderse.

—Hay un problema, tal y como me lo suponía— notó la mujer rubia, al observar su panel de control.

— Es verdad— corroboró Maya, al comprobar los datos —La eficiencia de conversión está al 0. 0008 por ciento debajo de lo estimado.

—Está exactamente en el punto de tolerancia. ¿Qué es lo que haremos ahora, Doctora?— preguntó un joven técnico de bajo rango, como su uniforme color naranja lo indicaba.

—Bajen la conversión recíproca al 0.001 por ciento e inténtenlo de nuevo.

—De acuerdo— asintió todo el personal presente, desde sus puestos de trabajo, en su mayoría parte del equipo de oficiales técnicos a las órdenes de Ritsuko.

—Muy bien, empecemos con esto… de nuevo— pronunció con cierto hastío la científica.

Y mientras sus subordinados ponían manos a la obra cuanto antes, Akagi se dio el lujo de sumergirse en sus propias reflexiones, cruzándose de brazos cuando observaba por el grueso cristal frente a ella al monstruo azul que se erguía en toda su extensión allá afuera. ¿Qué era lo que en realidad estaban haciendo allí? Oficialmente, intentar prolongar el período de activación del Prototipo sin el cable umbilical. Sin embargo, la doctora no era ninguna neófita, ni mucho menos ingenua, para no suponer que la ausencia de la piloto obedeciera a un propósito, el verdadero de ese inusual experimento que llevaban a cabo en esos momentos: el comandante estaba tratando de poder activar los Evangelion prescindiendo por completo de los pilotos. ¿Porqué y para qué? De eso no estaba segura, pero una cosa era cierta: No era por la seguridad de los niños que tenían que tripular a aquellas bestias mecánicas.

Existía la posibilidad de que se tratara de una medida desesperada para mantenerse bien parado en el Consejo de Naciones, una vez que el plan de la producción de más Unidades Especiales para el Combate, a cargo de Kai Katsuragi, estaba ya puesto en marcha. Si el experimento tuviera éxito, el encontrar pilotos ya no sería ningún obstáculo y esa ventaja superaría incluso al ambicioso proyecto que tenía entre manos ese mocoso endemoniado.

Quizás en parte se debiera a eso, pero conocía bastante bien a Gendo como para presentir que había un motivo oculto en su proceder. Algo aún más allá de la enorme comodidad que supondría el poder operar a los Eva casi a control remoto.

De nuevo la alerta irrumpió en la sala con estrépito, con sus luces rojas intermitentes.

—¡Les dije que apagaran esa porquería!— rugió Akagi, reincorporándose de lleno a la investigación.

—¡Misato!— Kaji corría desesperadamente por el corredor, en cuyo final estaba el ascensor que toda costa quería alcanzar —¡Por favor, espérame! ¡Misato, haz que se detenga!

La mujer en el interior del elevador pretendió hacer oídos sordos, ignorando las súplicas del pobre hombre que corría hacia el artefacto como alma que lleva el diablo. Las puertas estaban por cerrarse justo en su cara, cuando en cuanto apenas alcanzó a detener el movimiento, poniendo la mano sobre el sensor, lo cual permitió retrasarlo sólo un poco, el tiempo suficiente para introducirse en él pese al evidente enojo de la Capitana Katsuragi.

—Uf, un poco más y no lo lograba— comentó el hombre, recuperando el aliento, una vez que el artefacto se puso en movimiento —Bueno, a decir verdad, tú también te ves de malas el día de hoy, querida Misato.

—Sí, y eso es porque tuve la desgracia de toparme contigo— masculló la susodicha, cuando se cruzaba de brazos y se recargaba sobre una de las paredes.

Ryoji continuó de pie en su sitio, tan largo como era y con esa imborrable sonrisa socarrona que le caracterizaba y que tanto enfurecía a la militar, no obstante que antaño ese era uno de los detalles que tanto le atraían de él. Aquellos dos tenían mucha historia juntos, aunque no quisieran admitirlo directamente. A fuerza de ser sinceros, ambos entrañaban con cierta melancolía y añoranza aquellos días mágicos en los que sólo estaban ellos dos, y el camino libre por delante. Eran como el viento, con la libertad de ir a donde les placiera, hasta que el deber, las obligaciones de una vida atareada los encadenaron. Pero sobre todo, el tener que cuidar a un infante de apenas cuatro años de edad fue lo que se interpuso entre ellos.

Repentinamente el ascensor empezó a vacilar, sin estar muy seguro de querer llegar a su destino, hasta que se detuvo completamente. Por mero acto reflejo los dos voltearon hacia el techo, sólo para atestiguar como las luces se apagaban y la energía de desvanecía por completo.

—Vaya, una falla de energía— suspiró Kaji, resignándose a quedar atrapado en el reducido cubículo.

—Es imposible que eso suceda— le respondió Katsuragi —Esto es algo muy extraño… ¿habrá sucedido algún accidente? ¿Ó no habrás tocado algún botón equivocado?

—¿Yo? Para nada… quizás Ritsuko echó a perder algún experimento.

—El sistema de energía principal no está operando. El voltaje marca cero— comunicó en el acto un técnico del equipo de Akagi, minutos después de que la oscuridad invadiera las instalaciones tan abruptamente.

—No me vean así. Yo no hice nada— pareció disculparse la científica, cuando todo el personal volteó a verla como buscando una respuesta.

La mano sostenía con dificultad el auricular, acalambrada y sudorosa. Había constituido un esfuerzo titánico el introducir la tarjeta con el crédito por la ranura del aparato y marcar en él el número deseado. Mientras que el aparato daba el tono de marcado, Shinji volvió la vista hacia el exterior de la apretujada cabina telefónica, hacia la acera de enfrente en donde Rei aguardaba pacientemente, con su misma actitud parsimoniosa y desinteresada de todos los días.

—Muchas gracias por hablar a los cuarteles generales de NERV: "Con Dios en Su Cielo, todo está bien en el Mundo"— respondió la máquina contestadora con voz fría y mecánica, desde el otro lado de la línea —Si desea pedir informes acerca de nuestra organización, marque el 1, ahora… si desea comunicarse con nuestro departamento de quejas, marque en su teléfono el 2, ahora…

El nerviosismo lo consumía, pero era preferible a tener que soportar un momento más la caminata hacia el cuartel en compañía de Kai y de Asuka. Resultaba repugnante apreciar como al cabo de apenas unas tres semanas su relación parecía mejorar día con día. Las conversaciones tan animadas que sostenían (de las que, por supuesto, era excluido), los jugueteos entre los dos, las miradas tan tiernas que se dirigían, el tono con el que a veces hablaban y se acercaban cada vez más al hacerlo… en una ocasión sus labios casi se rozan. Todo aquello resultaba un golpe muy fuerte para el joven Ikari, que impotente atestiguaba como una vez más volvían a hacerlo a un lado. Justo ahora, hace unos cuantos minutos, mientras los cuatro pilotos caminaban apaciblemente por la calle, de la escuela a sus sesiones de entrenamiento, Langley se tomó la suficiente confianza como para pasarse por encima del hombro el brazo de Rivera, y desde luego, éste no tuvo objeciones al respecto, olvidando convenientemente que días atrás lo único que deseaba era ahorcarla. En ese momento, los una vez rivales a muerte paseaban tranquilamente uno junto al otro, felices de la vida.

—… si desea ser atendido por una de nuestras operadoras, espere en la línea, ó si por el contrario, conoce el número de extensión al que quiere llamar, marque asterisco, ahora…

El muchacho marcó apuradamente la tecla que se le indicaba, temiendo permanecer esperando allí toda su adolescencia.

De nuevo Shinji perdía la carrera por el corazón de una jovencita, debido en gran parte a su actitud timorata y al declararse a sí mismo incapaz de competir seriamente con su compañero para conquistar a Asuka. Así que pretendía eludir la realidad a toda costa, por lo que se las ingenió para excusarse de la compañía de los demás chicos, arguyendo que debía hacer una llamada telefónica. Para su desgracia (o buena fortuna, depende desde donde se le quiera ver) Ayanami se ofreció a esperarlo. Ayanami. Una vez más, miró hacia fuera, a donde ella se encontraba. Hasta ahora pensaba en ella. ¿Cómo se sentiría al ver a su ex novio con otra, enfrente de sus narices? Podría preguntárselo, pero en realidad no era capaz de armarse de tanto valor como para hacerlo tan abiertamente. Una cosa era segura: si aquella circunstancia le molestaba en algo, se lo guardaba muy bien, como lo hacía con el resto de sus sentimientos. En el trayecto no había pronunciado palabra, observándolos distraídamente, como si no estuvieran allí. Ni un gesto de molestia alguna, o inconformidad. Nada. Sólo su máscara habitual de frialdad y ausencia.

Quizá no era tan malo, después de todo. Ya que Kai se había alejado totalmente de ella y disfrutaba de lo lindo con la alemana, eso le dejaba el camino despejado justo hasta con Rei, y hasta se había ahorrado la penosa tarea de decidir a cuál de las dos escoger, cuando las tenía a ambas más o menos al alcance.

Además, ya tenía tiempo queriendo hacer esta llamada y…

—Oficina de Gendo Ikari, ¿en qué podemos servirle?— contesto otra voz femenina, pero esta vez sí era una persona al habla.

—Ah, buenos días… disculpe, habla Shinji Ikari… ¿podría decirme si el Comandante Ikari se encuentra en estos momentos?

—Sí, espere, por favor. En un momento se lo comunico.

El chiquillo tragó saliva, esperando de un momento a otro escuchar la voz gruesa de su padre por el auricular. Se frotó la mano empapada de sudor en su pantalón escolar, al tiempo que seguía esperando.

—¿Qué es lo que quieres?

—Ah… eh… yo…— comenzó a balbucear el infante, sorprendido por lo súbito de la pregunta, sin ninguna formalidad de por medio.

La triste verdad era que, pese a todo lo que intentara, dijera o pensara a solas, confrontar a su padre seguía siendo bastante difícil para él, sino que imposible. Sentía un pavor paralizante con tan solo escuchar su voz.

—Estoy muy ocupado, si quieres algo, dilo de una vez— terció de nuevo su progenitor, cada vez más impaciente.

—Ah… b- bueno… ahora… en la escuela… nos pidieron que informáramos a nuestros padres… de una reunión vocacional que habría con los maestros… es un asunto sobre aprovechamiento académico y…

—Es deber de la Capitana Katsuragi atender todo ese tipo de cuestiones, así que no te atrevas a volver a quitarme el tiempo con tus tonterías, ¿entendido?

Y entonces la línea se cortó. No, para qué hacerse ilusiones, lo más probable es que hubiera colgado. Por su parte, Shinji hizo lo mismo, mirando cabizbajo la punta de sus zapatos tenis mientras retiraba su tarjeta de la máquina. Habían trascurrido ya casi seis meses desde que llegó a Tokio 3 y su objetivo primordial al ir a dicho lugar, la tan anhelada reunión con su padre, aún no se cumplía. Lo cierto es que él se esforzaba y se esforzaba en llamar su atención (tripular un monstruo mecánico sería un claro ejemplo de ello), en crear vínculos entre ellos, en acercársele, pero su padre siempre terminaba por hacerlo a un lado. Para él, sólo era un piloto Eva más, sin ningún mérito propio. Tan sólo una herramienta más para llevar a cabo sus propósitos.

Más desmoralizado que antes de entrar, salió de la cabina, listo para reunirse con Ayanami, quien había estado esperando pacientemente todo ese tiempo. Su padre. Para él, era un perfecto desconocido. Una barrera imponente se alzaba entre ellos dos, y esa barrera había sido levantada por él, por él y su obsesión disparatada hacia el trabajo. Su figura, tan distante y extraña, era un impedimento para poder sincerarse con él y decirle lo que de veras pensaba. Resultaba impotente no poder dirigirse a alguien que supuestamente debería ser tan cercano, como aquél que se encargó de engendrarlo. Hablar con él, eso era lo que más quería en esos momentos. Una oportunidad de estar a solas y entonces desembarazarse de tantos pensamientos ocultos, tantas cosas enterradas entre los recuerdos de la infancia.

Emprendieron de nuevo la marcha, él y Rei. Ella no le hizo pregunta alguna, limitándose a seguirlo mientras caminaba como en trance por la banqueta. Unos cuantos pasos después se detuvo, volteó a verla, como si apenas se percatara de su presencia y luego continuó con su andar. Fue Shinji el que preguntó en ese instante:

—Ayanami, ¿de qué hablas siempre con mi padre?

Más que un reclamo, la interrogante estaba cargada de una curiosidad insaciable, y así fue como lo entendió la jovencita, que, un tanto sorprendida, y aún a sabiendas de que no se debe responder una pregunta con otra, igualmente revirtió, en ese tono tan dulce que usaba:

—¿Porqué quieres saberlo?

—Pensaba que… quizás podría conversar un poco con él, uno de estos días— dijo el joven Ikari, reflexivo —Pero parece que nunca sé qué decirle….

—Entonces… ¿lo que quieres es platicar con tu padre?

El muchacho vaciló un poco, antes de responderle, no tan convencido al respecto:

—Eh… supongo que sí— y después, aclaró, cuando atrapaba una hoja marchita en pleno vuelo —Ya sé que si hablamos nada va a cambiar… pero es sólo que, en estas condiciones, es decir, detestando de esta manera a mi padre… me es bastante difícil seguir siendo un piloto de Eva. Después de todo, él es la razón por la que me metí en todo esto.

—En ese caso, deberías decírselo— le aconsejó la muchachita, plantándose firmemente en su lugar, obligando que Shinji volviera la vista a donde estaba —Sería mejor que le dijeras lo que piensas en verdad.

—¿Tú crees?

—Sí. Si no se lo dices, todo seguirá igual que siempre.

Ambos permanecieron donde se encontraban por un rato, mirándose fijamente el uno al otro. Una brisa refrescante comenzó a silbar sobre sus cabezas. Cuando sus ojos se encontraron, los dos voltearon, apenados, decidiendo continuar con sus andanzas.

Caminando cuesta arriba, sobre una calle empinada, Ikari no podía pensar en otra cosa cuando miraba a escondidas a Rei que: "Dios, cuánto la amo. ¡Simplemente es perfecta! Y ya se está empezando a preocupar por mí".

—Y bueno, ya que estás tan interesado en saberlo— prosiguió la joven japonesa, una vez repuesta de la impresión —Sólo hablamos de trabajo. Nada más de trabajo, pese a lo que puedan pensar tú o tu amigo. Aunque parece que se preocupa por mí, en realidad sé que está pensando en otra persona, no sé quién. Pero, en lo que a mí respecta, ese detalle me tiene sin cuidado.

Acabadas de pronunciar estas palabras, los dos guardaron silencio nuevamente. Caminaban calladamente uno al lado del otro, por las desiertas banquetas, con un montón de pensamientos ocupando sus mentes. Al chiquillo, sobre todo, le desconcertaba eso de "la otra persona" que su padre parecía ver en Ayanami. Era un asunto muy raro todo ése.

—Lo siento— se disculpó Rei, algo avergonzada por haberse explayado de esa manera —No era mi intención contarte todo esto. Creo que sólo te confundí, y para serte sincera, ni yo misma me entiendo; pero, por favor, no vayas a comentarle nada de esto a Kai, ¿sí?

—Claro que sí, pero explícame…

—¡Ah, con que al fin llegan!

El tono burlón de Asuka los atajó desprevenidos. Al instante voltearon a la fuente del sonido, percatándose que tanto ella como Katsuragi se habían quedado esperándolos, sentados en una parada de autobús.

—Ojalá que no estemos interrumpiendo nada íntimo entre los dos— continuó la joven europea, poniéndose de pie, lista para reanudar la marcha —Pero Kai insistió en que los esperáramos, aún cuando sólo se quedaron atrás sin decir nada.

La muchacha se acercó cándidamente a Ikari, guiñándole un ojo en gesto cómplice.

—¡Vaya, vaya! ¿Quién lo hubiera pensado? ¡El pequeño Shinji y la chica maravilla! Y hablando de parejas disparejas…

El japonés se ruborizó con la sola idea de él y Ayanami juntos, quedando indefenso ante las acometidas de su compañera, a la cual sólo le respondía con monosílabos, mientras se rascaba la nuca. ¡Diablos! Sí que era impertinente esa mocosa. Y parecía disfrutarlo. ¿Porqué carajos habrán tenido que esperarse allí? Pues claro, si fue idea del maldito Kai. De seguro Rei ya no se le iba a querer acercar.

—Eh… no… yo… eh… ella… tú…

—Mejor no sigas, Asuka— intervino Rivera por primera vez, cuidando su tono con tal de no ofender a nadie. Observó de reojo a Rei, que se mantenía al margen de la situación, interrogándola con la mirada. La indiferencia fue su única respuesta —Sólo estás poniendo nervioso a Shinji. Además, lo que ellos dos quieran hacer a solas no es asunto que nos incumba. Mejor sigamos adelante.

Y acabadas de pronunciar estas palabras volvió a cargar con su mochila en las espaldas, poniéndose de pie y continuando su camino hacia el cuartel. Todos los demás imitaron su ejemplo, siguiéndolo por la banqueta.

—Supongo que tienes razón— dijo Langley, poniéndose las manos sobre la nuca mientras caminaba —Sería una pérdida de tiempo interesarse por la vida amorosa de estos dos.

—Ya no sean malpensados— se excusó Shinji, agitando los brazos —Lo único que hice fue hablar por teléfono.

—Ah, con que para eso querías saber el número de extensión de la comandancia, ¿eh?— adivinó su compañero, un poco más adelantado que el resto, recordando que Ikaru le había preguntado por ese dato unos días antes —¿Y…? ¿Qué pasó? ¿Pudiste hablar con tu papá?

—Pues… no…

—¡Strike tres!— pronunció Rivera, volteando a verlo, haciendo una seña típica en el argot beisbolero —¡Y estás fuera, tipo! ¿Hasta cuándo vas a entenderlo? Que te atienda por teléfono es algo muy difícil… usualmente, es él el que llama a las personas, y no al revés.

—Bueno, eso es entendible— continuó Asuka, jugueteando con su maletín —Ya que el comandante es un hombre muy ocupado.

—Lo que pasa es que…— el joven Ikari quiso pretextar algo, lo que fuera, con tal de no quedar en ridículo con sus acompañantes —La llamada pareció cortarse antes de que estuviera al habla… eso debió ser.

"Sí, claro" pensó su compañero piloto, guardándose ese pensamiento con tal de no herir todavía más las susceptibilidades de su afligido camarada.

—Siendo hombre no deberías preocuparte tanto por esas pequeñeces, ¿sabes?— comentó la jovencita rubia, sin la misma consideración, avergonzada por el pusilánime comportamiento de su acompañante.

—No me digas— le respondió Shinji, fastidiado de esa conversación.

Los minutos pasaban uno tras otro, y ellos seguían estancados allí, sin poder moverse ni avisar de su situación. Lo bueno es que sus ojos ya se habían acostumbrado a la penumbra, por lo que podían distinguirse fácilmente tanto el uno al otro como donde estaban ubicados todos los controles.

Al parecer de Kaji, la situación no pintaba tan mala, después de todo, pese al innegable malestar de Misato al tener que permanecer encerrada con él por un periodo de tiempo indefinido. La oportunidad bien podría ser aprovechada.

—¿Y? ¿Qué opinas, capitana?— pronunció con su imborrable sonrisa, cruzándose de brazos —¿Qué piensas que deberíamos hacer ahora?

—Nada— respondió apuradamente la mujer con rango militar, adivinando por donde quería ir con aquella pregunta —Es obvio de de un momento a otro se activarán los transformadores de reemplazo, ya lo verás.

"Atrapada en este mugroso elevador con este miserable" refunfuñaba la impaciente mujer, retorciéndose. "¿Qué más puede salir mal?"

Pero, pese a la confianza de Katsuragi en el sistema de energía alterno, en la Sala de Mando Shigeru le tenía malas nuevas, una vez que revisó sus datos. Cosa harto complicada en la oscuridad casi total en la que tenían que desenvolverse los atareados técnicos, indagando las causas del desperfecto y buscando una solución lo más pronto posible.

—Los transformadores de reemplazo tampoco se encuentran operables— le comunicó a su superior, el Subcomandante Fuyutski, que respiraba malhumorado detrás suyo.

—¡No puede ser!— profirió, furioso con el resultado —¿Qué circuitos son los que están funcionando?

—Únicamente el 1.2 por ciento— le contestó una técnica de menor rango que se encontraba en el nivel inferior, por lo que tuvo que hacer bocina con una mano para que la pudiera escuchar —Tan sólo 9 de 2567 circuitos.

—La energía disponible debe ser utilizada para mantener alimentado a MAGI y al Dogma Central, Aoba— decidió inmediatamente el viejo, dando las órdenes pertinentes.

—Señor, eso interferirá con los sistemas de soporte de vida.

—¡Eso no importa!— reclamó al instante, hecho una fiera. La verdad es que estaba muy asustado por la inevitable catástrofe que se avecinaba —Háganlo, es una prioridad.

¿Qué es lo que le estaba sucediendo al Geofrente? ¡Esa situación era imposible! Ni siquiera en el peor escenario de pesadilla se habían imaginado que algo así pudiera acontecer, por lo menos no sin que fuera deliberado.

"Que el Cielo nos ayude" pensó el anciano con la frente perlada de un sudor frío. Aunque después se puso a cuestionar la validez de su súplica. ¿Acaso cualquiera de ellos estaría permitido a pedir un auxilio de esa naturaleza?

El estilo de vida de los ciudadanos de Tokio 3 parecía estar imperturbable. Quizás lo único que interrumpiera aquél trance fuera el ambiente propagandístico propiciado por las próximas elecciones, que se acercaban. Pese a lo que dispusiera MAGI, los participantes en dicha contienda ponían todo su empeño en representar un papel digno en aquella farsa.

Así pues, un innumerable ejército de mantas, carteles y consignas tapizaban las principales avenidas de la metrópoli, queriendo convencer a la gente de votar por el candidato X ó por el contrario, por el candidato Y.

Era curioso poder contemplar de lejos el ambiente casi festivo instaurado en la urbe por dicho proceso electoral. Las campañas traían algo de color a las enormes estructuras grises que decoraban el centro urbano, además de que rompían con lo tediosa monotonía que generalmente reinaba en toda la ciudad.

—Recuerden, en las próximas elecciones voten por su amigo, el candidato Takahashi Nozumo— pregonaba incesantemente un carro de campaña, compacto y vistoso, con un altavoz adaptado en el techo, cuya letanía era recitada por una entusiasta joven contratada para tal efecto —El candidato Takahashi Nozumo, el amigo del pueblo, agradece de antemano su apoyo, sabiendo que con éste se podrá conseguir el triunfo en su propuesta.

Sin hacer gran caso de la constante petición que le hacían, Hyuga salió apuradamente de la misma lavandería a la que Ritsuko y sus alternos habían acudido un par de horas antes. Ya era mediodía y se le comenzaba a hacer tarde para el principio de su turno.

Cargando con sendas bolsas llenas de ropa, esperaba del otro lado de la calle a que el semáforo le diera luz verde para cruzarla y dirigirse cuanto antes a la estación del metro, el medio más rápido y efectivo para llegar a su empleo.

Si estuviera cargando con su propia ropa no estaría tan inquieto, pero no era así.

—Vaya mujer que es la Capitana Katsuragi— suspiró, aunque en esta ocasión no lo hizo con tono de enamorado, como solía hacerlo, sino mas bien como un reclamo a sí mismo por dejarse manipular tan fácilmente —En mi opinión, ella misma debería llevar su ropa a lavar.

Observó con detenimiento el bulto que cargaba en sus brazos, y al reconocer algunas de las prendas de su superior, sintió un tumbo en el corazón. Las oprimió contra su pecho. Pese a todo, aquella resultaba una espléndida forma de tener al objeto de su adoración de alguna manera cerca de él. Después de todo, ella había usado esas vestimentas. Su cuerpo había estado alguna vez dentro de ellas. Aspiró el aroma de las telas limpias, aún impregnadas con la fragancia del detergente. Y en realidad, era muy poca cosa lo que hacía por ella, ahora que lo pensaba. Después de todo, la capitana tenía muchas otras obligaciones que atender, y esos chiquillos haraganes que plagaban su casa no ayudaban mucho.

—Bueno, pues qué se le va a hacer— pronunció abatido, rindiéndose a la confortante sensación que le proporcionaba la ropa de Misato contra su pecho.

Todo fuera con tal de ganarse su valiosísimo afecto, pensaba. Posiblemente, con un poco de esfuerzo y paciencia, algún día ella notaría que existía.

Sin embargo, pasar todo ese tiempo con la cabeza en las nubes le había impedido percatarse hasta ese momento que el semáforo había dejado de funcionar inexplicablemente; eso, y que ya se le habían hecho diez minutos tarde.

—¿Estará descompuesto?— se preguntó a si mismo, ajustándose sus anteojos, para luego voltear a ver su reloj en la muñeca —¡Oh, no! ¡Llegaré tarde!— y entonces salir disparado hacia donde se encontraba el metro, una vez que se aseguró que no había carros a la vista.

Por suerte, Shinji ya no había tenido que soportar más comentarios hirientes durante el recorrido hasta la entrada al cuartel. Una vez dentro, encontraría la forma de volver a escabullirse, así en el entrenamiento ya no habría forma alguna de que lo molestaran.

Pero, ¿acaso podría escapar por siempre de la triste verdad? Su compañero de cuarto acaparaba por completo la atención de la chica a la que quería con desesperación. ¿Cómo evadir aquella realidad, que tenía que sufrir a diario, que lo golpeaba en la cara cada vez que dirigía dolorosamente la mirada hasta donde se encontraban? ¡Y tenía que verlo todos los días!

Era insoportable, pese a ya vivir en un espacio más grande, con cuartos separados (aunque de todos modos, debía seguir compartiendo cuarto con Kai). Su apesadumbrado corazón ya no podía más. Primero Rei, ahora Asuka. ¿Porqué se empeñaba tanto en arrebatarle a toda muchacha en la que pusiera sus ojos? ¿Es que era una especie de entretenimiento cruel para él?

Su afligida alma lloraba muy en su interior, mientras que él observaba impotente como Langley era apartada de su lado, inevitablemente, por alguien con mucha más presencia, talento y carisma que él. ¿Qué podía hacer él para evitarlo? Nada. Tan solo mirar. Mirar impávido como sus sueños se hacían añicos, junto con su corazón. ¡Estaba harto de todo! ¡Tenía tantos deseos de gritar, de desquitar la rabia de su frustración con cualquier cosa! ¿Porqué debía siempre perder en la carrera del amor? ¿Porqué razón debía ser el eterno desafortunado en las cuestiones sentimentales?

Pasó su identificación por la ranura de entrada, listo para escapar y perderse en cuanto la imponente puerta blindada le permitiera el acceso. No obstante, nada ocurrió. Creyendo que había cometido algún error en el procedimiento, volvió a pasar la tarjeta magnética por la ranura, esta vez con mucho más cuidado que la anterior. Y sin embargo, nada sucedió. La imponente pared fortificada con acero de un metro de espesor no se movió ni un ápice. El dispositivo de la entrada ni siquiera se encendió.

Percatándose de su predicamento, sin mediar palabra Ayanami repitió por su parte el proceso, obteniendo los mismos resultados nulos. Aquello comenzaba a tornarse perturbador. Sin encontrar explicación alguna para el desperfecto, Rei solamente observó detenidamente su tarjeta de identificación, que casi siempre le permitía el acceso al complejo de instalaciones secretas. Sin embargo, ahora no era así.

Impaciente como de costumbre, Asuka intervino, haciendo a un lado a su compañera de un empellón, lista para volver a salvar la situación o tan sólo empeorarla aún más.

—¡A un lado! ¿Qué se supone que están haciendo? Llegaremos tarde por su culpa, despistados...— refunfuñaba mientras pasaba violentamente su tarjeta sobre la ranura.

De nuevo, nada. Pero eso no podía dejar satisfecha a la chiquilla europea, quien insistió una y otra vez, desesperada ante su fracaso. Y así se lo hizo notar a sus acompañantes.

—¡Arghhhh!— gruñó hecha una furia, para luego asestarle una patada al aparato —¡Maldita chatarra inservible! ¡De seguro se descompuso!

—No lo creo— pronunció Rivera, frente a otra puerta de a lado —Ninguna de estas otras entradas funciona. Algo debe haber pasado allí adentro. Síganme los buenos, hay que ir a ver qué le pasa a Misato y al barbas de chivo.

Otra vez Kai tomó la punta del grupo, dirigiéndose a otro acceso por donde sería más probable que pudieran entrar. Tenía prisa por llegar, pues de nuevo tenía esa extraña sensación en su interior, aunque pretendía ocultarla tan bien como pudiera con sus comentarios chapuceros.

—¡Kai! ¡Espérame!— gritó la joven alemana a la vez que se apuraba a darle alcance.

—Muy bien, ya escuchaste a Don Perfecto— murmuró Shinji, molesto al observar como la muchacha corría al lado de su compañero.

Rei se limitó a observarlo con esos grandes ojos escarlata, parpadeando varias veces, guardándose cualquier posible comentario.

Las comodidades tecnológicas de las que gozaban, y a las que tan fácilmente se habían acostumbrado los empleados del Geofrente se extrañaban más que nunca en esos agobiantes momentos. Incluso la acción más sencilla, como el abrir una puerta, se tornaba toda una faena en esas condiciones tan precarias, sin suministro alguno de energía.

Así que tenían que arreglárselas como pudieran, a la antigua. Y como siempre, los técnicos de más bajo rango eran los que tenían que ensuciarse las manos. En ese mismo instante una cuadrilla completa de ellos intentaban forzar la puerta que permitía el ingreso al laboratorio, procedimiento que habitualmente era automático, pero sin electricidad...

Los hombres resoplaban, empujando con todas sus fuerzas el extremo de las varas metálicas que sostenían, mientras que la puerta valientemente se resistía. Al final, con un sonido hueco, ésta cedió completamente, abrumada por la fuerza superior que ejercía sobre ella el gran número de técnicos; quienes, por cierto, debido a lo súbito del acto, cayeron derribados unos sobre otros como pinos de boliche al desaparecer el punto de resistencia.

Abriéndose paso dificultosamente sobre los caídos, la Doctora Akagi y Maya se encaminaron al pasillo, sosteniendo la primera una linterna de pilas, lista para desentrañar el misterio que había detrás de la repentina falla de energía.

—Tenemos que llegar cuanto antes a la Sala de Mando, a averiguar qué es lo que está pasando— dijo Ritsuko, encaminándose confianzudamente en la oscuridad —Aún no puedo creer que el sistema alterno aún no se haya activado.

—No, esto no puede ser posible— Misato se puso seria después de un cuarto de hora atrapada, presionando el botón del ascensor varias veces como para sustentar su hipótesis —Esto no es normal. Algo muy malo está pasando.

—¿Qué clase de sistema de respaldo tenemos en NERV?— interrogó su acompañante, no muy enterado en cuanto a esos pequeños detalles.

—Hay tres sistemas de respaldo de energía en estas instalaciones— le contestó la capitana, volteando a verlo con una mirada inquisidora. Aquella repentina curiosidad por los aspectos técnicos del Geofrente era muy conveniente. Mucho más de la cuenta.

Katsuragi no sabía que pensar respecto al sujeto que tenía frente a sí, y sobre todo de sus verdaderas intenciones. Sabía mejor que nadie que Ryoji Kaji era experto en disimular sus objetivos, todo un maestro del engaño y la persuasión. ¿De veras se podría confiar en él?

—De cualquier manera— continuó, haciendo sus dudas a un lado, por el momento —Es imposible que los tres sistemas fallen al mismo tiempo...

Al decir esto lo encaró fieramente, como queriendo dar a entender un significado oculto en sus palabras, significado que iba dirigido precisamente a su persona.

Kaji se sonrió por la ocurrencia de Katsuragi, dándose cuenta que comenzaba a levantar sospechas muy pronto, y eso no le convenía en lo absoluto. Misato era un mujer mordaz, tan brillante como la recordaba. Incluso todavía más.

—Entonces, lo que estás tratando de insinuar es que...

—Que no se trata de un simple desperfecto: esto fue intencional.

Gendo le respondió, aún cuando se encontraban separados por varios pisos de acero y concreto, pero no fue precisamente a Ryoji para quien iba dirigido el comentario. De hecho, todavía nadie sabía de la situación en la que se encontraban la Capitana Katsuragi y Kaji. Muy probablemente su situación era compartida por muchos otros empleados del complejo.

El comandante reflexionaba sentado sobre su puesto, en su ya inmortalizada pose, esto es, con el mentón ligeramente recargado sobre sus manos entrelazadas a la altura de su rostro, apoyando los codos sobre su escritorio. Posiblemente en esa posición la sangre le circulaba mejor al cerebro.

Sea como fuera, sus instintos le permitieron no tardarse demasiado en deducir qué era lo que en realidad pasaba en el cuartel, minutos después de su arribo al centro de mando, no sin uno que otro traspié en la oscuridad profunda.

Y, una vez llegado a dicha conclusión, así se la hizo saber a su socio, el enjuto Profesor Fuyutski, quizás la persona en la que más confiaba en todo el planeta.

—¿Te imaginas si acaso a un Ángel se le ocurriera aparecerse por aquí en este preciso momento?— planteó el anciano, más en tono de chanza que otra cosa, al tiempo que sacaba su viejo encendedor del bolsillo de su chaqueta gris y prendía una vela, que ya se estaban empezando a repartir por toda la sección —Eso sí que completaría nuestro día.

De todos modos, mofarse de la situación en la que se encontraban era mucho mejor que ponerse a pensar en el daño que sufrían sus preciadas instalaciones, con todos esos secretos que tan bien tenían guardados en ellas.

Y es que si el corte de energía había sido deliberado, era también de suponerse, por consecuencia, que dicha interrupción de energía obedecía a un propósito. ¿A cuál? Era eso lo que restaba por averiguar.

Pobre sensei Fuyutski, si supiera que a veces es mejor quedarse con la boca cerrada para no meter la pata. Ignoraba lo profético que resultaba su despectivo vaticinio. Según parecía, ese fatídico día la ciudad de Tokio 3 y todos sus habitantes tenían la fortuna en su contra, pues por si no fuera poco la falta de electricidad que estaba sufriendo, todavía tenía otra amenaza más con qué lidiar. Los primeros en saberlo fueron los de la Base Aérea Militar en la región de Chubu, en la cercana isla de Honshu, enclavada en el sistema montañoso típico de esa región, una de las pocas cosas en el territorio que no había cambiado con el Segundo Impacto.

A partir del ataque del Tercer Ángel, y una vez que NERV asumió completamente las acciones hostiles en contra de esta clase de seres, las labores del ejército japonés al respecto eran más bien ociosas, pese a que dichos monstruos amenazaban directamente su territorio nacional. Precisamente una de dichas labores consistía en tan sólo monitorear el avance enemigo y mantenerse al margen. Aquello les ahorraba muchos recursos, tanto económicos como humanos, sin embargo la milicia japonesa no podía hacer a un lado su orgullo propio tan fácilmente, por lo que aún quedaban ciertos rastros de resentimiento en contra de NERV y su comandancia en algunos de los altos mandos de los castrenses nipones.

No era, por tanto, de extrañarse la actitud que tomaron los generales una vez que fueron notificados de la novedad, a la par que tomaban sus respectivos puestos en la Sala de Guerra, en donde de inmediato se desplegó una pantalla donde se mostraba un mapa de la zona circundante a Tokio.

—Un objeto no identificado ha sido detectado por el radar, ingresando a tierras japonesas.

El diagrama ubicaba, por medio del satélite, la posición exacta del objetivo y su continuo avance por el Japón. Lo que apenas hace unos años antes hubiera significado poner en alerta roja a todas las fuerzas armadas, debido a un peligro inminente a la soberanía nacional, ahora sólo era motivo de hastío y recelo, tal y como se reflejaba en aquellos hoscos generales.

—Debe tratarse del Noveno Ángel— masculló uno de ellos, ajustando el nudo de su corbata.

—Sin ninguna duda— aseveró el que estaba a su lado, recargando la mejilla izquierda sobre su puño cerrado.

—¿Qué se supone que deberíamos hacer?— preguntó con sarcasmo y hasta con algo de enfado un tercero, sin poder disimular su molestia.

—Lo normal sería ponernos en alerta y desplegar gente, pero en una situación de este tipo...

—De cualquier manera, es evidente que su destino es Tokio 3.

—Eso significa que no hay mucho que podamos hacer, en este caso— carraspeó uno de ellos, como queriendo dar a entender algo.

—Es una verdadera lástima— respondieron los demás, casi suspirando, en gesto burlón.

Los tres volvieron a resignarse, tragándose todo su orgullo, honor y valor en el campo de batalla, dispuestos una vez más a seguir sus órdenes y solamente presenciar el encuentro por los monitores, sin hacer algún intento por defender a su patria.

Ciertamente, las relaciones entre la agencia de las Naciones Unidas y las fuerzas armadas de aquél país no eran, para nada, muy cordiales que digamos, si el ánimo de aquellos generales reflejaba en mayor ó menor medida el pensamiento predominante entre los militares japoneses con respecto a NERV.

Justo en esos momentos, el Noveno Ángel paseaba tranquilamente por los frondosos bosques al sureste de la capital, sin que nada ni alguien o molestara, a unos cuantos kilómetros de la costa (por donde había arribado, imitando el ejemplo de todos sus antecesores) y unas vez que sorteara una serie de cerros y colinas de pequeña altitud que se interponían en su camino estaría justo enfrente de Tokio 2, que parecía estar en medio de la ruta que lo conduciría hasta su verdadero destino.

Un lago cristalino de unos cuantos metros de profundidad, ubicado en lo que antiguamente era una central hidroeléctrica, definitivamente no representaba contratiempo alguno en el itinerario para una criatura de las dimensiones colosales de aquél monstruo, que se desplazaba a lo largo de su recorrido auxiliado por sus dos pares de largas y estrechas patas, que representaban por sí solas casi la totalidad de su tamaño. Una sola de sus articulaciones fácilmente podía medir unos cuarenta metros de alto.

Si alguien lo hubiera visto en ese momento, la comparación con una araña normal hubiera sido inevitable, debido a la enorme semejanza del ser con el arácnido. Sin embargo, al primero le faltaban un par más de extremidades para caminar con la gracia del bicho, por lo que su avance resultaba algo torpe.

Otro aspecto que cabe resaltar a propósito de su apariencia, era el de que a la primera impresión todo su ser transmitía una sensación de suma fragilidad en su estructura; a diferencia de la mayoría de sus hermanos, todos ellos bien constituidos en su singular forma, este nuevo titán parecía no poder mantenerse en pie sin un gran esfuerzo, mucho menos constituir una seria amenaza en una lucha cuerpo a cuerpo.

¿Cómo es que aquella ridícula criatura podría lanzar un ataque? Por lo menos su arsenal no estaba a la vista en su raquítico cuerpo de color negro ubicado justo en el centro donde convergían sus delgadas y trémulas patas del mismo tono. Sólo se distinguía que estaba dotado de un buen número de ojos, que cubrían casi por completo la pequeña extensión de su cuerpo, en comparación a sus larguísimas patas. Éstos abrían y cerraban a destiempo, y se movían de manera independiente a los demás en un efecto por lo demás nauseabundo. Esa cosa sí que tenía ojos en la espalda, pero de todos modos no parecía representar un oponente de respeto, por lo menos no para un Evangelion en buenas condiciones.

Conforme transcurría el tiempo, el desinterés de los altos mandos militares en el asunto se iba transformando lentamente en preocupación, casi en una angustia desesperante. El monstruo seguía internándose cada vez más y más en el país, y a ese paso muy pronto alcanzaría Tokio 2. A esa altura ya debía haber sido interceptado por alguna Unidad Eva, pero aún no había rastro a la vista de cualquiera de ellas, ni siquiera de la presencia de NERV ni de algo, lo que sea que pudiera indicar que ya estaban trabajando en el caso.

—El Ángel continúa avanzando hacia Tokio 2— anunció fatídicamente una joven oficial en el altavoz, ilustrándose con el inamovible mapa que ubicaba la posición enemiga y su creciente avance.

—¿Qué sabemos del personal en Tokio 3?— quiso preguntar uno de los generales, el más viejo y condecorado de los tres, poniéndose de pie; evidentemente, estaba muy inquieto, percatándose de lo extraño de la situación.

—Sigue sin haber respuesta— contestó de inmediato la voz de la oficial por el enlace.

—¡Maldición! ¿Qué demonios creen que están haciendo esos cretinos de NERV?— espetó por su parte otro general, restregando con fuerza la colilla de su cigarro en el cenicero, provocado por su desesperación y sobre todo por la impotencia de tener las manos atadas para evitar la catástrofe que se avecinaba a paso veloz.

Por su parte, los jóvenes pilotos también hacían todo lo que estuviera de su parte para llegar al cuartel, pese a que aún no estaban enterados completamente de los eventos que estaban transcurriendo en distintas partes. Quizás era lo mejor, ya que el estar previamente informados de las actuales circunstancias los hubiera presionado aún más. Por ahora, su única preocupación en mente era que llegarían tarde a su entrenamiento y que Misato los reprendería.

Guiados por Kai, al poco tiempo pudieron llegar a otra serie de accesos que llevaban a una sección distinta de la suya, pero que igual podrían servir a su propósito de ingresar al Geofrente por cualquier ruta posible.

Mientras sus compañeros perdían el tiempo probando las puertas al lado del corredor en el que se encontraban, Rivera aprovechó la pausa para marcar varios números con su teléfono celular, haciendo caso omiso de los esfuerzos de sus colegas.

—Esta tampoco funciona— suspiró Asuka, decepcionada, luego de varios intentos por abrir el ingreso. Incluso su tarjeta de acceso se había arrugado en uno de esos desesperados intentos por forzar la cerradura electrónica. Aquellas puertas, aunque no eran tan imponentes como las de la entrada principal, también se mostraban reacias a ser abiertas.

—Ninguna de las instalaciones parece funcionar— señaló Rei, luego de haber hecho lo mismo con otra puerta, obteniendo los mismos resultados —Qué extraño.

—Ya no le hagan al cuento— intervino Rivera, desde el otro extremo del corredor, sin dejar de marcar en su aparato —A estas alturas, y por lo que hemos descubierto, es obvio que se trata de una falla de energía. Ningún mecanismo eléctrico funcionará en tales condiciones.

—¿Falla de energía?— repitió Langley, extrañada —Pensé que era imposible que algo así sucediera... ¿Habrá pasado algo en el Geofrente?

—Suena lógico, para mí— contestó a su vez Ayanami.

—¿Qué pudo haber pasado?— preguntó Shinji, inquieto por no saber lo que estaba ocurriendo allí dentro ni si era seguro intentar entrar ó permanecer afuera —¿Se tratará de otra invasión?

—Lo dudo. No hay rastros de violencia— lo tranquilizó su compañero, guardando por fin su celular luego de haber fracasado en todos sus intentos por comunicarse vía telefónica —Las líneas telefónicas tampoco sirven, ni siquiera el servicio celular. En verdad que esto resulta muy, muy raro. Es como si alguien, deliberadamente, hubiera cortado toda conexión con el Geofrente para aislarlo del mundo exterior. Perturbador, ¿no les parece?— pronunció burlonamente cuando vio la expresión mortificada en el rostro de todos sus acompañantes, una vez que escucharon su teoría. La verdad es que no quería que el grupo entrara en pánico, pese a que resultaba evidente que estaban en medio de una crisis.

—Como sea, debemos encontrar algún modo de entrar— sugirió Ikari, tragando saliva.

—Es exactamente lo que indica el manual para emergencias— explicó la joven japonesa, quien se sabía el librito de cabo a rabo —Dice que en caso de una situación de este tipo es imperativo que encontremos la manera de llegar hasta el cuartel.

—Si es lo que viene en el manual...— murmuró la alemana, resignada, colocándose las manos en la nuca y mirando hacia el firmamento. Se estaba reprochando no haberlo podido recordar antes que la chica maravilla.

—Hum, pues me parece que en este caso en particular, la ruta de acceso número 7 podría sernos de utilidad. ¿Tú que opinas... Rei?

Aquella era la primera vez que Kai le dirigía directamente la palabra luego del altercado que tuvieron un mes atrás. El muchacho no podía ocultar su bochorno, pues sus mejillas de inmediato se encendieron tan sólo con pronunciar su nombre y voltear hacia donde ella estaba. La chica también experimentaba una sensación similar, clavando la vista en el piso, sonrojada después de que sus miradas se cruzaron.

—Supongo... supongo que podría ser de utilidad— contestó con dificultad, evitando sus ojos a toda costa.

Shinji y Asuka permanecieron a la expectativa, ésta última analizando con más detenimiento e interés la situación. La relación entre la Primera Elegida y Rivera resultaba aún una incógnita para ella, por lo que quería despejarla lo más pronto posible. Existía una atracción mutua entre ambos, eso era obvio. Pero, ¿hasta qué grado llegaba dicho sentimiento? ¿Alguna vez habían tenido un contacto más cercano? ¿En qué términos se conducía su relación? Y quizá lo más importante, lo que era de mayor interés para los propósitos de la joven europea: ¿debía considerar a Ayanami como una auténtica rival por el corazón del codiciado muchacho? De ser así, estropearía todos los avances que había conseguido, ahora que todo marchaba tan bien entre los dos. ¡Maldita entrometida! Además, el tarado de Shinji parecía saber algo que ella no. Ya hallaría el momento oportuno para sacarle la verdad.

Mientras tanto, había que moverse rápido, y concentrarse en la meta inmediata.

—Me parece muy bien— intervino Langley con tono severo —Pero antes que nada, tenemos que nombrar a un líder entre nosotros. No podemos estar vagando de aquí por allá así nada más...

—Déjame adivinar— atajó Ikari, poniéndose el dedo índice en la barbilla —Y ese líder... ¿acaso serás tú?

—No lo había pensado. Pero ya que insistes, será todo un honor guiarlos— dijo para de inmediato asumir el mando del reducido grupo, utilizando en su propio beneficio el endeble sarcasmo de Shinji —¡En marcha! ¡Síganme!

La joven rubia señaló al extremo del corredor y enseguida comenzó a andar hacia esa dirección. No había dado ni tres pasos siquiera cuando fue interrumpida por Kai, quien todavía se preguntaba que tan buena idea era contravenirla:

—Pues... Asuka, no es por llevarte la contra pero, de hecho, ese camino no es...

—Lo que él quiere decir es que la ruta de acceso número 7 queda hacia el otro lado— completó Rei, decidida, en un timbre mucho más frío y cortante de lo acostumbrado.

Al percibir dicho tono, la muchachita rubia se volteó como de rayo hacia donde se encontraba su compañera, tan imperturbable como siempre, de pie a sus espaldas. Le lanzó una funesta mirada, frunciendo el ceño, gesto que rebotó en la pared de hielo en la que se había convertido Ayanami. La alemana sólo se encogió de hombros ante lo que consideraba un acobardamiento por parte de la muchacha, para luego corregir el rumbo como si nada hubiera pasado.

—Por eso digo, que es mejor ir hacia el otro lado— contestó, juguetona, colgándose del brazo de Rivera mientras comenzaban a caminar —Después de todo, yo no tengo aquí tanto tiempo como ustedes. ¿Sabes, Katsuragi? Si te portas bien, quizás te deje ser mi segundo al mando. ¿No te gustaría?— le dijo al muchacho, al que le llegaba un poco encima del hombro, al tiempo que pellizcaba mimosamente su mejilla.

—Ah, sí, claro— por su parte, Kai le daba por su lado, aunque también algo perturbado, por así decirlo, por la actitud de su acompañante —Me encantaría...

Los dos continuaron por el estrecho pasillo, trenzados como estaban, a lo mejor sin suponer los recelos que provocaban en aquellos a los que dejaban a la zaga, cuando los veían alejarse tan cerca uno del otro. Por un momento, los ojos color escarlata de Rei se avisparon, y su semblante pareció transmitir algún tipo de emoción, algo que parecía ser, muy probablemente, rencor. ¿Hacia quien iba dirigido? Quién sabe. Tal vez a los dos.

De cualquier modo, tanto a Ikari como a Ayanami no les quedaba más remedio que seguirlos, y así lo hicieron, aunque fuera de mala gana. Pronto llegaron al final del pasaje, en donde nuevamente una puerta les impedía el paso. Y si no habían podido abrir ninguna de las puertas anteriores, ¿qué les hacía pensar que podían hacerlo con esta? Y así se los hizo saber Shinji a sus compañeras, evidenciando la fragilidad de la idea que en primer lugar había propuesto Kai.

—¿Y cómo se supone que entraremos por aquí? De seguro esta puerta también está cerrada.

El otro chico no dijo palabra, limitándose a señalar con el dedo una manivela que estaba instalada justo a un lado de la puerta gris de metal.

—Ya veo... tiene un cerrojo manual— observó Asuka, asombrada de que en el Geofrente pudiera existir un acceso tan inseguro y primitivo —¿No es eso peligroso? Con eso, cualquier hijo de vecino podría entrar.

—En realidad, sólo funciona cuando no hay suministro eléctrico— aclaró Rivera —En las medidas de emergencia ya se tenía contemplada una situación de este tipo, aunque en ese caso solamente se planteaba un corte de energía en una sola sección del complejo, no en su totalidad. Es por eso que se decidió por instalar esta clase de mecanismos. Aunque se supone que deberían estar vigilados...

—Pues si es así, creo que por fin encontramos una tarea que hasta el buen Shinji podría realizar— sugirió la muchacha en tono mordaz, poniéndose ambas manos en la cintura y mirando por el rabillo del ojo al susodicho, en forma despectiva.

El joven Ikari no pudo negarse, aunque quisiera, a tan amable petición, por lo que al cabo de unos minutos se encontraba a sí mismo forcejeando con la dura y oxidada palanca a la que debía darle vueltas. La operación resultaba más complicada de lo que se pudiera pensar, si tomamos en cuenta el escaso poderío físico con el que contaba el muchacho japonés. Estaba comenzando a desesperarse, y así se lo hizo saber a sus colegas, cuando se quejó amargamente en frente de todos:

—Quieres ser la líder... pero siempre me... andas dejando... los trabajos pesados...— le espetó a la alemana, entre pujido y pujido. Ésta ni se inmutó, haciendo caso omiso de los reproches que le dirigían.

—A ver, flaco, deja que te ayude— respondió Kai, tomando entre sus manos la manivela, impaciente debido a su lentitud. Además de que se había conmiserado al constatar el enorme esfuerzo que le requería a su compañero el tan solo darle vuelta al mecanismo. Ya entre los dos resultó mucho más sencillo girar completamente la palanca y, por fin, lograr abrir la puerta, que se deslizó hacia arriba, permitiéndoles el ingreso a su interior.

También los militares habían decidido tomar cartas en el asunto, pese a que el Noveno Ángel había pasado tranquilamente por Tokio 2 sin hacer un daño considerable, y de nuevo se encontraba en despoblado, rumbo a Tokio 3. Sus órdenes les prohibían tomar acciones ofensivas en contra del objetivo, pero nada les impedía el poder tomar un pequeño aeroplano de propaganda y advertir a la población en general del ataque que se avecinaba. Y así fue como lo hicieron, pues al cabo de un rato dicho aeroplano surcaba los cielos de la metrópolis, previniendo a propios y extraños, y de paso a uno que otro empleado de NERV que pudiera avisar de la situación a sus superiores.

—Les habla la Fuerza de Defensa Aérea del Tercer Distrito Japonés— se escuchaba incesantemente por medio del aparato, a donde quiera que fuera —Un objeto no identificado se aproxima a esta posición. Los residentes de esta ciudad deben acudir de inmediato a los refugios designados. Repito: todos los residentes de la ciudad, por favor vayan hasta donde se encuentran sus refugios designados de inmediato.

Sin hacer caso de las instrucciones que los castrenses le giraban, Hyuga se quedó congelado en su lugar en ese momento, mirando fijamente a la aeronave que revoloteaba muy por encima de su cabeza, todavía con la bolsa repleta de ropa entre sus brazos. Si eso era cierto, y si la reciente falla de energía en toda la ciudad se había extendido también hasta el Cuartel General, lo cual era bastante probable pues ninguno de los accesos funcionaba y no respondían a sus llamadas, significaba que estaban en bastantes problemas.

—¡Debo avisarles cuanto antes a los del cuartel!— como siempre se trataba en su caso, el sentido del deber se impuso al de supervivencia —Pero, ¿cómo?

Y casi respondiendo a su pregunta, en esos momentos pasaba oportunamente, por la calle contigua, el mismo carro de propaganda electoral que se había topado al salir de la lavandería, con ese sistema de sonido que sería tan útil para alertar a todos en el Geofrente.

—Recuerden votar por nuestro candidato, el señor Takahashi Nozumo— decía la jovencita por medio de dicho sistema, fiel a su labor —Takahashi Nozumo es capaz de conservar la calma aún en situaciones como ésta.

—¡Eso es!— pronunció entusiasmado, agradeciendo su buena suerte, cuando se apuraba para dar alcance al automóvil.

Después de tanto tiempo sumidos en la penumbra, al fin sus ojos se habían acostumbrado a ella. Cansado de tanto esperar, y notando que la situación pintaba para rato en resolverse, Kaji había optado por sentarse despreocupadamente en el piso del ascensor, olvidando las formas. Poco después se le unió su bella acompañante, agotada también de estar tanto tiempo de pie. Ambos tenían la espalda recargada sobre la misma pared, y hasta su expresión de fastidio se parecía bastante.

—¿Porqué el teléfono de emergencia tampoco funciona?— murmuró desesperanzada la mujer, con la vista perdida. En realidad, no esperaba que le respondieran —No logro explicármelo...

—Ya ha pasado más de una hora desde que estamos aquí— pronunció su compañero prisionero, en el mismo tono.

—¡No es justo! ¿Hasta cuando tendremos que estar aquí?— comenzó a berrear la beldad de cabello negro, pataleando en el piso —¡Y encima de todo, hace tanto calor!— remató, tironeando su abultada chamarra con el dedo.

—Según parece, también el aire acondicionado no sirve— respondió Ryoji, mirando hacia el techo, donde estaba dicho dispositivo —Y si tanto calor tienes, ¿porqué no te quitas esa enorme chaqueta? Con sólo verte me da más calor...

Misato se estremeció con sus palabras, dándoles un significado completamente diferente al que Kaji había pretendido darle. Se alejó aún más de él, mientras que se apuraba a abrocharse la prenda hasta el cuello. Después de todo, aquél era el ambiente y las circunstancias perfectas para que ese tipo quisiera volver a aprovecharse de ella.

—¡Oh, vamos!— exclamó el sujeto, divertido por la reacción de su ex amante —¡No hay necesidad de ser tímida hasta ahora!

—Pues de una vez te advierto que más te vale no pensar en cosas indebidas, aún en una situación tan desesperante como ésta... si lo haces, te pesará— para darle un mayor realce a sus palabras, desde la esquina contraria Katsuragi lo amenazó colocando el puño cerrado frente a su rostro —¿Has entendido?

—De acuerdo, lo que tú digas— asintió Kaji, levantando sus brazos en señal de rendición —Tampoco hay que ponerse violentos, ¿sabes?

El silencio volvió hacerse entre los dos, cada cual sumido en sus pensamientos. Ryoji observaba a la mujer en el otro extremo del elevador, haciendo todo lo posible por evitarlo. Empezó a recordar con cierta nostalgia los días en que la situación era a la inversa, que con tan sólo verlo sus ojos se iluminaban y en su rostro se dibujaba una hermosa sonrisa, mientras se apresuraba a llegar a su lado. Aquellos días se habían esfumado ya, y nunca más volverían. Ya nada era como antes. Y así se lo hizo saber a su acompañante.

—Misato... ¿alguna vez has vuelto a pensar en el pasado? ¿En cómo eran las cosas antes, entre nosotros?

—Seguro que sí. Todavía me reprocho de haber tomado la decisión más estúpida en toda mi vida— contestó casi al instante la mujer, sin ser completamente sincera, queriendo evadir la pregunta —Pero no volverá a pasar, créeme. Ya no soy esa niña tonta que se impresionaba tan fácilmente.

—¿En serio? En lo que mí respecta... no me arrepiento de haber salido contigo— confesó el sujeto, queriendo disimular su tono apesadumbrado —Es de lo único que no me he arrepentido, en toda mi vida.

Mientras pronunciaba estas palabras se recargó aún más sobre la pared, casi recostándose, al mismo tiempo que cerraba los ojos para fijar mejor los recuerdos, cuando su voz comenzó a adquirir un aire melancólico, abandonando su habitual socarronería.

—¿Te acuerdas como era todo aquello?— prosiguió, captando completamente la atención de la atractiva mujer —Pasarnos el día entero desnudos, en la cama, sin hacer nada... sólo holgazaneando... sin ir siquiera a la universidad... salir juntos a todas partes... esas noches interminables en las que nos íbamos de parranda, hasta que el sol saliera... cuando pasábamos la noche entera en la calle, sin que nos importara el frío o la oscuridad. ¿Recuerdas esa disco donde rompiste un lavabo? Yo me acuerdo que me encantaba esa expresión tuya, a la mañana siguiente luego de irnos a emborrachar. Adoraba ese aspecto tuyo, tan relajado, tan desvanecido. Aún sin maquillaje ni arreglarte lucías hermosa, Misato.

—Pero también siempre nos estábamos peleando— intervino ésta, cortando la atmósfera del recuerdo y la nostalgia.

—Por tonterías, lo sé. Aún así, esos dos años que vivimos juntos... no los cambiaría por nada. Esos dos años son los únicos de mi vida que resplandecen como si hubieran pasado en otro mundo.

La sangre se agolpó en las mejillas de Katsuragi, quien de inmediato se encogió sobre sí misma, abrazando sus piernas y ocultando el rostro en ellas.

—Vaya, parece que hoy andas inspirado, ¿no?— señaló burlonamente, para luego completar —Pero si mal no recuerdo, precisamente fuiste tú el que echó a perder todo ese tiempo que pasamos juntos. Espero que también te acuerdes de eso...

—Es lo que nunca has querido entender: no estaba listo, lo sabes bien... ninguno de los dos estaba preparado para algo así. Y lo que tú me proponías... no, resultaba imposible en esos momentos.

—Y entonces escapaste, como siempre lo haces, ¿no es así? Descuida, que ahora ya no me trago tus porquerías tan fácilmente como antes.

—Me da igual si me crees ó no— arguyó Ryoji, volviendo a su pose desinteresada —Pero esos dos años los guardo en el corazón. Aunque me pasara algo en un futuro próximo, podría morir satisfecho, pues tengo esos años conmigo... eso es lo que pienso...

La mujer con rango militar se sobresaltó con ese último comentario. Sobre todo por la posibilidad que mencionaba de una muerte próxima. Parecía hablar muy en serio. ¿En qué se encontraba metido ese sujeto esta vez? Desconcertada, lo interrogó con la mirada. Su semblante palideció mientras le preguntaba, con la voz entrecortada:

—¿De qué estás hablando? ¿Qué significan todas esas sandeces?

—Nada— respondió lacónico en el acto —No me hagas caso.

Ahora se encontraba mucho más convencida que antes que Kaji no era lo que aparentaba ser, de que le estaba ocultando algo. Debería comenzar a vigilar mejor sus movimientos, más adelante, solo para estar segura de qué era lo que se proponía.

—Hum, bueno, al fin y al cabo, me da igual— murmuró, como si aquella respuesta no le importara —Por cierto, lamento mucho interrumpirte ahora que estás hablando de cosas serias, pero la verdad es que... desde hace rato... tengo un montón de ganas de hacer pipí... — le reveló, con la cara compungida, mientras se mordía el labio inferior de la desesperación y las puntas de sus pies bailoteaban en el piso.

—No me jodas— musitó incómodo su acompañante, pensando en la gran dificultad que aquello les traería. No sería nada sencillo solucionar dicho problema.

Al fin se había logrado instaurar un cierto orden en las tareas de prioridad. Quien sabe porqué, pero en la Sala de Controles alterna se habían encontrado varios paquetes de velas de cera, mismas que ya habían sido distribuidas en las secciones más importantes del complejo, por lo que ahora ya podían gozar de una cantidad limitada de luz, además de las escasas lámparas de mano que tenían en su poder. Y también los altos mandos se encontraban sesionando, analizando a fondo la situación y buscando una pronta solución al problema. Gendo, Fuyutski y Ritsuko se encontraban frente a frente, apartados del resto del personal lo suficiente para que nadie se inmiscuyera en su conversación.

—El Geofrente fue diseñado para ser una colonia autosuficiente aún si fuera aislado del mundo exterior. Teóricamente, es imposible que esto esté pasando— observó en primera instancia el subcomandante.

—Eso nos indica que alguien lo está haciendo intencionalmente— señaló Akagi, acariciándose la barbilla a la vez que volteaba hacia donde se encontraba Gendo.

—Apostaría a que su propósito final es investigar la estructura de este lugar— indagó el comandante, tan mordaz como siempre.

—Posiblemente se trate de eso— asintió la doctora —Con la ruta reestablecida, se puede deducir la estructura completa del cuartel.

—Es un verdadero fastidio— carraspeó Kozoh —¿Porqué diablos alguien querría hacerlo?

—No lo sé— confesó la científica, encogiéndose de hombros —Pero podría correr programas fantasmas en MAGI, para que les sea más difícil entenderlo del todo.

—Hágalo— consintió Gendo —Lo dejo todo en sus manos. Asegúrese de mantener a salvo la información confidencial.

—Lo intentaré— admitió Ritsuko, no muy segura de poder lograrlo, mientras se dirigía al circuito central.

Una vez que la mujer se hubo retirado, los que daban las órdenes se permitieron usar otra vez ese tono que casi rozaba en lo amistoso entre ellos, una especie de mezcla entre tolerancia y respeto.

—Resulta bastante vergonzoso que la primera vez que el cuartel es dañado de verdad sea cosa de humanos, y no de ángeles— comentó Fuyutski, desabotonando un poco su saco, al comenzar a sentir los estragos del calor —¿Tú qué crees, Ikari?

Homo, hómini lupus— el comandante le contestó, parafraseando en latín. ("El hombre es el lobo del hombre")

No obstante, ¿quién les aseguraba que se encontraban enfrentando a seres humanos? Era evidente que se las estaban viendo con una inteligencia espantosamente astuta, por la forma en que los había dejado indefensos en su propio terreno, pero no necesariamente tenía que tratarse de humanos. De hecho, ningún ser humano normal sería capaz de producirles tan tremendo daño, ¿ó sí?

Al mismo tiempo, el cuarteto de pilotos continuaba con su travesía por las instalaciones a oscuras del cuartel. Sobra decir que algunos de ellos estaban muy inquietos con aquella situación, completamente nueva para ellos. Pasajes que antes les eran tan familiares, a falta de luz se habían tornado en auténticos laberintos en los que parecían estar atrapados sin remedio. Eso, sin contar que había mucho de la estructura completa que aún desconocían, simplemente porque nunca antes hubo necesidad de utilizarlas. Para ser sinceros, ¿porqué habrían de preocuparse los pilotos de saber donde estaban los corredores de mantenimiento, las líneas de energía, la central eléctrica, la planta de tratamiento de aguas residuales, los ductos de aire y demás enseres? Ellos sólo se preocupaban siempre por saber las rutas más cómodas y rápidas hacia los muelles de embarque de los Eva, el laboratorio donde realizaban sus pruebas y quizás a la Sala de Controles.

Pero ahora que caminaba a tientas, sin poder distinguir un palmo más allá de su nariz, Shinji se prometía solemnemente una y otra vez que en cuanto estuviera a salvo comenzaría a aprenderse el mapa completo de todo el estúpido complejo. Ubicaba su posición guiándose por las voces de sus compañeros, además de que la excéntrica coloración del cabello de Rei parecía brillar en la oscuridad, en un efecto por demás raro. Y aún así, bastante atractivo.

De no haber sido por ella, y algunas intervenciones aisladas de Rivera, los demás se hubieran perdido irremediablemente en la inmensidad del cuartel. Ni siquiera hubieran podido entrar a éste. Ayanami se movía en la penumbra con una naturalidad sobrenatural, sorteando pasajes y corredores como si no le importara no poder distinguirlos del todo, pues ya los conocía de sobra; era casi como si su cuerpo estuviera acostumbrado a todas las condiciones del lugar.

Langley, la menos familiarizada con el entorno, mucho menos en dichas condiciones, era la que permanecía más inquieta, aún más que Shinji. Le producía cierto temor soltar la mano de Kai, pues creía que se perdería inmediatamente de hacerlo. Eso sería terrible, en medio de toda esa espantosa oscuridad. ¡Por todos los cielos! ¿Cómo se sentiría aquello, el estar sola, rodeada nada más de una impenetrable negrura, sin nada a la vista? Sintió un escalofrío recorrerle la columna, por lo que se afianzó aún más al muchacho.

—¡No vayas tan rápido!— le dijo, mientras se aferraba por entero a su brazo, recargándose en él —¿No ves que no estoy tan acostumbrada a este sitio?

—Eh... lo siento— masculló Rivera, quien agradeció en secreto que todo estuviera a oscuras, así nadie notaría su bochorno —Sólo intentaba llegar lo más rápido posible al hangar, ¿sabes?

—Normalmente nos toma tan sólo dos minutos llegar hasta allá— señaló Ikari, animado por la voz de sus compañeros. A él también le estaba incomodando el no poder ver por donde pisaba —¿Están seguros que éste camino es el correcto?

—¡No seas tan rezongón!— le replicó la alemana, tampoco sin verlo, pese a que volvió la mirada. Se encontraba al frente del grupo, junto con Kai, como su auto nombrada posición de líder lo requería —Te la vives preocupándote por los pequeños detalles. No deberías ser tan fijado en cosas tan insignificantes... ¿Qué, no eres hombre?..

—Shhhh— la silenció su acompañante, cuando le pareció que la chiquilla iba demasiado lejos en sus comentarios.

—Perdón— musitó ella, casi a la fuerza, sin lamentarse verdaderamente de lo cruel de sus palabras e intenciones.

Distraído por lo que había escuchado, Shinji no evitó volver a tropezar en la oscuridad. Los demás tan sólo oyeron el golpe sordo de su pie al chocar con el piso, y una corta lamentación, seguida de una ininteligible maldición. Ayanami retrocedió hasta donde se encontraba, todavía doliéndose de su pie, para ofrecerle ayuda:

—Toma mi mano— le dijo, mientras le estrechaba la suya. La piel del muchacho se puso de gallina al sentir el frío, pero suave tacto de la jovencita —Así te será más fácil guiarte en las sombras.

—¡Ay, pero qué niña tan buena!— pronunció burlonamente la joven europea, quien por más que volteaba, no lograba distinguir la silueta de sus compañeros; cosa que no le impidió mofarse de las buenas intenciones de Rei.

—Shhhh— volvió a callarla Rivera.

—¡Perdón, pues!— replicó Asuka en el acto, cansada de que se la pasara regañándola.

—No, no es por eso— pareció disculparse el joven, por su parte, aclarando —¿Qué no escucharon? Parece como una...

—Una voz— confirmó la muchacha japonesa, aguzando el oído.

Enseguida, vieron una timorata luz que pretendía ahuyentar a las sombras, mientras avanzaba rápidamente sobre un camino para carros, muy por encima de donde se encontraban. El ruido del motor confirmó que se trataba de un automóvil a toda velocidad, y luego los cuatro experimentaron un alivio momentáneo al reconocer aquella voz.

—¡Oigan, es Hyuga!— señaló Shinji, creyéndose salvado.

—¿Pero porqué está conduciendo un auto de propaganda electoral?— se preguntó Kai, preocupado más por aspectos más mundanos que lo que verdaderamente les apuraba, y era llegar cuanto antes al cuartel —No me lo explico...

—¡Hey, Hyuga! ¡Estamos aquí!— gritó Langley a todo pulmón, agitando los brazos para llamar su atención —¡Vuelve aquí! ¡Hyuuuuugaaaaaa!

Pese al alto volumen de sus alaridos, Makoto era incapaz de escucharla, tan retirado como estaba, además de ir muy concentrado en conducir de prisa y con el micrófono del vehículo ir advirtiendo a todo mundo en su loca correría:

—¡Se aproxima un Ángel! ¡Repito: se aproxima un Ángel, justo en estos momentos! ¡Todos alerta! ¡Un Ángel viene!

El puntito de luz fue perdiéndose en la lejanía, al igual que la voz del joven oficial fue apagándose poco a poco hasta que todo fue nuevamente silencio y tinieblas. Además de haber alertado a todos en el cuartel, Hyuga había tenido la oportunidad de salvar completamente el día llevando consigo a los pilotos; pasó a un lado de ellos, y no obstante, ni siquiera se dio cuenta de ello. Resignados, éstos permanecieron por un momento donde estaban, pensando en el mejor curso a seguir ante tal emergencia.

—¡Un Ángel viene hacia acá!— exclamó la chiquilla rubia, conteniéndose lo más que podía para no hacer una monumental rabieta —¡Lo que faltaba!

—Pero qué raro— pronunció el joven Katsuragi, meditando profundamente —¿Porqué Hyuga estaría manejando un auto con propaganda de Takahashi Nozumo? Pensé que era partidario de Kobayashi Hiragizawa, de la Derecha Conservadora...

"Ay, pero qué simplón es este muchacho" pensaron sus tres acompañantes al mismo tiempo, mientras que lo miraban despectivamente y una especie de sudor frío les recorría la sien.

—No deberías preocuparte por eso en estos momentos— le dijo Rei, un poco enfadada por su falta de seriedad y dedicación. Aunque no había mucho que podía hacer, después de todo, así es como era Kai, y nada ni nadie podría cambiarlo —Ya no podemos perder más el tiempo, hay que tomar un atajo hacia el muelle de embarque.

—¡Para el tren, jovencita!— replicó la alemana en el acto, que si bien, estaba igualmente disgustada por actitud de Kai, justo ahora que se había estado portando tan serio y maduro, tampoco permitiría que socavaran su recién instaurada autoridad —¡No olvides que la líder aquí, soy yo! ¡No te atrevas a tomar la iniciativa sin mi consentimiento!

—Aún así, debemos llegar lo más pronto a reportarnos. Nos necesitan— intervino Shinji, suavizando las cosas y haciendo que todos se avocaran a lo más apremiante.

—Sí, estoy de acuerdo con eso, Shinji, no me malentiendas— contestó la extranjera, cruzándose de brazos —Lo que tenemos que resolver aquí es el cómo podremos llegar tan rápido hasta allá...

Shinji, Rei y Asuka se quedaron pensando un poco, y al cabo de un rato los tres voltearon hacia donde se encontraba Rivera, como buscando que les diera la respuesta. Entendiéndolo de esta manera, el muchacho se llevó un dedo al mentón, al tiempo que entornaba los ojos y murmuraba:

—Pues... veamos... en una situación cómo esta... lo que podríamos hacer es...

—¡Maldición!— volvió a renegar Langley, como por enésima vez en los últimos quince minutos —Podrá ser un atajo y todo lo que quieras, pero aún así resulta muy vergonzoso...

Y no era para menos. En esos momentos, el cuarteto se encontraba arrastrándose por entre los ductos de ventilación, y como era de suponerse, éstos no estaban muy limpios por dentro. Así que el recién lavado y planchado uniforme escolar de la joven rubia se estaba ensuciando irremediablemente, además de que su lindo rostro se estaba manchando con hollín. La cosa no podía ser peor.

—Saben— pronunció Ikari, buscando distraerse y no pensar en las horas que emplearía para quitarle las manchas a su camisa de la escuela —Últimamente me he puesto a pensar muy profundamente sobre este asunto... sobre los Evas y todo eso... arriesgar la vida por salvar al mundo y esas tonterías... pero me he dado cuenta que en realidad no sabemos el porqué ni contra qué estamos luchando. Quiero decir, ¿ustedes saben qué son los Ángeles? ¿En verdad alguien lo sabe?

—¿Pero qué rayos estás balbuceando esta vez? Y justo en estos momentos tan desesperantes— lo amonestó la joven rubia, quien iba detrás suyo —¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?

—Se supone que los Ángeles son mensajeros de Dios, ¿no es así?— continuó el chico japonés, pese a la negativa de su compañera —Son los encargados de hacer cumplir Su voluntad. En ese caso, ¿porqué los estamos combatiendo? Si ellos son nuestros enemigos... ¿acaso también Dios es nuestro enemigo?

—¡Idiota!— espetó la muchacha europea, olvidándose por completo de lo sucia que se estaba poniendo su ropa —¡No es que se trate de ángeles de verdad! La cosa es así de simple: seres desconocidos llegan a este mundo y comienzan a atacar sin razón a la humanidad. Es lógico y natural que debamos defendernos y contraatacar, ¿no lo crees?

—Supongo... suena algo razonable— contestó el joven japonés, no muy convencido del todo con aquella explicación. Aún había algo que lo inquietaba —Pero entonces, ¿porqué razón llamarlos ángeles? ¿Porqué no demonios, bestias mecánicas ó cualquier otra cosa?

Harta de escuchar sobre el asunto, la alemana prefirió ya no responder, haciendo caso omiso de las inquietudes de su colega. Pero lo cierto es que también le habían comenzado a surgir interrogantes parecidas. "Es cierto, ¿porqué será?"

En esos momentos resultaba evidente que los jóvenes pilotos Eva no pasaban mucho de su tiempo reflexionando acerca de aspectos tan desconcertantes como aquél, que podrían ser fundamentales para el desempeño de su trabajo y también para hacerlos comprender la verdadera razón por la cual peleaban.

—Ayanami— insistió Ikari, cuando se percató que Langley lo ignoraba a propósito, dirigiéndose a su compañera que reptaba por detrás suyo, abriéndoles el camino —Tú creciste en un convento, ¿no es así? Rodeada de monjas y todo eso... Y además, me parece que estás mejor informada acerca de todo esto, así que: ¿tú qué opinas al respecto?

—Por parte de la fe, se suponía que Dios ya no volvería a castigar a la humanidad con catástrofes, una vez concluido el Diluvio Universal— respondió enseguida la jovencita, quien con el tono frío y mecánico que empleaba no daba muestras de que aquella conversación le incomodara —Todo esto está asentado en la Biblia. Sin embargo, existe otra parte de ésta que nos habla del Juicio de Dios y de Sus Ángeles encargados de ejecutarlo: el Apocalipsis... así que tampoco resulta descabellado pensar que nos enfrentamos al Juicio Divino.

—En ese caso, ¿en realidad luchamos en contra de Dios?— continuó Shinji, mientras que él y la misma Asuka se ponían cada vez más inquietos con aquella posibilidad.

—El universo en el que vivimos es un lugar muy grande y fascinante, con maravillas que dejan perplejo al poco conocimiento que tenemos de él— acotó Rivera, arrastrándose delante de todos ellos, sacando a relucir su lado científico —Pero sólo te diré que he tenido la oportunidad de poder estudiar de cerca a esas criaturas, y su composición y la manera que su propia existencia desafía las leyes naturales nos hacen suponer que son visitantes de otro plano dimensional, un universo completamente distinto al nuestro. ¿Quieres llamar Cielo ó Infierno al lugar de dónde provienen? A mí me da igual, pero pienso que debe ser una elección personal. Así que... ¡ah, aquí bajamos nosotros!— se interrumpió a sí mismo cuando se les terminó el estrecho recorrido y tuvieron que volver a usar el corredor. Aquello ponía fin a la charla, dejando la interrogante de Ikari en suspenso, aún flotando en el aire. Nadie se opuso, pues todos se estaban poniendo nerviosos con el tema, y comenzando a imaginarse cosas raras.

Los jóvenes pilotos, pues, se encontraban ante una nueva disyuntiva: un acceso que se bifurcaba en dos senderos, cuya dirección era desconocida. Con tantos pasillos, accesos y rutas por recordar, resultaba algo comprensible que Rivera olvidara algunos cuantos, como los que tenía frente a sí. No obstante, aquello no era tolerable, puesto que había sido él quien los había conducido hasta allí. Apenado, el muchacho intentaba por todos los medios cuál camino era el correcto; para su desgracia, la escasa luminosidad no le ayudaba a ubicar bien su posición.

Rei estaba segura que debían ir por la izquierda, sin embargo Langley ya había tomado una decisión, casi sólo por contrariarla, y estaba obstinada en que todos la siguieran hacia el lado contrario del que indicaba su compañera. Shinji hacía lo posible por mantenerse al margen de la discusión, ateniéndose a que los otros resolvieran el problema.

—¡Soy la que manda aquí, y si yo digo que iremos por la derecha, entonces iremos por la derecha!— exclamó la jovencita rubia, ante la terquedad de Ayanami, cegándose a la vez a la suya.

—Te digo que el camino correcto es hacia la izquierda...— contestó una vez más la joven misteriosa de los ojos escarlatas.

—¡Ya te dije que no me contradigas! ¿Tú que opinas, Shinji?— preguntó la extranjera, buscando apoyo ante la indecisión de Kai. Y también le daba algo de miedo averiguar del lado de quién se pondría —¿Hacia donde deberíamos ir?

—¿Y a mí que me preguntas?— pronunció Shinji, desenfadado, sin querer involucrarse —No tengo idea de en donde nos encontramos, así que me da igual hacia donde vayamos...

—¡Diablos!— prorrumpió al final la chiquilla, imponiéndose a fin de cuentas —¡La responsabilidad de tomar las decisiones aquí es mía, pues yo soy la líder! ¡Así que síganme de una vez por todas!

La joven alemana se había logrado imponer, al fin y a cabo, y el reducido grupo ahora caminaba por el estrecho pasillo de la derecha, aún a oscuras. Para no tropezar en la oscuridad continuamente apoyaban un brazo en el muro que tenían a lado, para más ó menos ubicarse en el espacio. Además de eso, Rivera y Asuka tenían la otra mano ocupada, ya que al frente de la fila la muchachita no deseaba por ningún motivo soltar la mano de su compañero, ahuyentando un poco su temor a perderse. Por su parte, el chico no perdía oportunidad para acariciar la piel tan tersa de su acompañante ni de sujetar firmemente su mano tan delicada. Su pulso se agitó cuando el gesto le fue correspondido, formando parte del proceso de un extraño cortejo. Resultaba muy conveniente, pues en esas condiciones tan especiales, con tan poca luminosidad, no podían ser vistos por los otros dos. Quién sabe qué más podrían hacer sin que ni Rei ni Shinji se dieran cuenta.

—Como que se siente una corriente de aire, ¿no?— dijo Kai, intentando alejar esos pensamientos de su cabeza.

—Parece que estamos subiendo— indicó Ayanami, quien, por más que hurgara entre las sombras, no alcanzaba a distinguir que estaban haciendo los dos que iban adelante.

—Sabía que este no era el camino— completó Shinji, cansado de tanto caminar —No sé porqué razón te escuchamos, en primer lugar.

—Ya es un poco tarde para arrepentirse, ¿no crees?— se defendió la jovencita rubia de los ataques, arrastrando la voz —Y si ya sabías que por aquí no era, debiste haberlo dicho en ese entonces, no hasta ahora...

En eso tenía la razón, por lo que Ikari le concedió ese punto, acallando de momento sus numerosos reclamos.

El final del pasillo, que ya se vislumbraba, marcado por una puerta de acceso que se les interponía parecía ser la salvación de la líder improvisada de los pilotos. Confiando en ello, la europea apuró el paso al tiempo que pronunciaba llena de orgullo:

—¡Allí está! ¿Lo ven? Esta vez, gracias a mi sabia guía, logramos llegar hasta nuestro destino, estoy segura.

Cuando llegaron hasta ese punto, percatándose de que se trataba de una delgada compuerta y confiando sobremanera en su fuerza, a Langley no le costó mucho trabajo abrirla con una de sus poderosas patadas. La hoja de lámina se desprendió de su pasador y salió volando por los aires, impulsado por la fuerza de la patada, para después caer estrepitosamente y rodar en el suelo.

La primera sensación que dicha acción produjo, la de encandilamiento por luz solar, les dejó a todos muy en claro que definitivamente habían equivocado el camino. Luego de unos momentos, y con los ojos ya algo acostumbrados a la repentina luz que los invadía se percataron que habían regresado a la superficie, pues aquél acceso daba a una de las calles de la metrópoli. El día tan soleado y el azul tan despejado del firmamento, sin una sola nube a la vista, parecían mofarse de la frustrada chiquilla.

Súbitamente, la piel de Kai se avispó por alguna extraña razón, haciéndole reaccionar de inmediato, por puro instinto.

—¡CUIDADO!— gritó tan fuerte como pudo, jalando del brazo a Asuka para empujarla hacia adentro, para luego pegarse a la pared e indicarles a sus otros dos compañeros —¡Escóndanse, rápido!

Los dos muchachos, aunque confundidos, pronto lo imitaron, saltando hacia adentro y pegándose lo más que podían a la pared. ¿Qué estaba pasando? Se preguntaban todos al ver a Rivera tan alarmado.

Al instante, el enorme aracnoide que se arrastraba dificultosamente por entre las calles y avenidas de la ciudad, ocultándose como podía con los rascacielos, pareció responderles. Justo enfrente de ellos, a unos cuantos cientos de metros, se encontraba el Noveno Ángel, paseándose cómodamente por Tokio 3, sin que nadie se le interpusiera.

A la vista de sus múltiples miradas, esconderse resultaba inútil. Sin embargo, aquella entrada en la que se intentaban ocultar los jóvenes pilotos resultaba muy pequeña para que el coloso pudiera darle algún uso, por lo que simplemente pasó de lado, ignorando a los pequeños humanos que tenía frente a sí y siguió buscando algo más acorde a sus monumentales necesidades.

Los cuatro niños respiraron aliviados por la decisión que había tomado el gigante, la cual les había salvado la vida y les ganaba algo de tiempo todavía.

La joven alemana permaneció algún tiempo estrechando el cuerpo de su compañero, con la frente recargada sobre su hombro, tal y cómo la había dejado cuando la jaló hacia él. Dándose cuenta que tenía la mano sobre su nuca, Katsuragi pronto la retiró, avergonzado. Entonces la muchacha levantó la mirada, y con los ojos brillando con algún tipo de luz especial, pronunció entrecortadamente, con una expresión de ensueño:

—Tú... tú... ¡me protegiste!

—¿Lo hice?— masculló el chiquillo, entornando los ojos y rascándose la nuca, con el rostro encendido —¿Qué te parece? ¡De veras lo hice! ¡Ja!

—Pero la situación ni siquiera era tan peligrosa— acotó Ayanami, lanzándole una fría mirada de reojo al muchacho.

—Además, lo único que hiciste fue gritar y jalarla— continuó Ikari, haciendo lo mismo.

El jovenzuelo se había quedado momentáneamente sin habla, permaneciendo inmóvil donde estaba, intimidado por los gestos amenazantes de sus dos camaradas. Tragó saliva y quiso sonreír socarronamente, en espera de que algo pasara.

Fue la propia Asuka quien acudió en su auxilio.

—Bueno, hemos podido hacer contacto visual con el enemigo— señaló muy seriamente, como queriendo imitar a Misato cuando se ponía a hablar de esa manera, levantando el dedo índice —Así que diría que lo mejor es que nos apuremos, ¿no les parece?

Sin saber que había pasado de largo a los niños, por fin la prolongada carrera de Hyuga había llegado a su fin, llegando finalmente al Centro de Mando utilizando un pasillo lo suficientemente ancho como para que el carro compacto que había tomado prestado cupiera por allí. Un par de técnicos, desprevenidos, apenas si habían podido salvarse de ser atropellados por el apurado vehículo que irrumpió de la nada desde las pacíficas sombras, frenando abruptamente justo cuando se topó con Maya, quien subía al nivel superior por una escalerilla de emergencia.

—¡Se aproxima un Ángel!— se apuró a poner sobre aviso a todo mundo, apenas bajó del coche —¡Debemos mandar un Eva cuanto antes, Maya!

—Oh, no— exclamó la joven oficial, desde donde estaba —Esto está muy mal...

Como un incendio voraz que engulle todo a su paso, así de rápido corrió la noticia en la Sala de Controles. ¿Qué hacer, dada la precaria de la situación? Sin energía eléctrica, difícilmente podrían hacer algo para defenderse de cualquier ataque, ¿o no era así?

La atención de todos los allí presentes estaba fija en la presencia del comandante, esperando que como siempre, pensara en algo para remediar la situación. Después de todo, ése era su trabajo, tomar las decisiones importantes por los demás. Inclusive su segundo al mando parecía inquirirlo con la mirada, de pie, a su lado.

Y sin querer decepcionar a alguien, Ikari se levantó de su lugar con presteza, comenzando a girar instrucciones.

—Fuyutski, hazte cargo de todo en este lugar— le dijo mientras comenzaba a descender por la escalerilla que estaba a un costado de la pared.

—¿Y tú qué harás?

—Voy al muelle, a preparar todo para el lanzamiento.

—¿Puede hacerse, dadas las condiciones en las que nos encontramos?— pronunció un tanto escéptico el viejo.

—Tenemos un generador diesel ¿no es cierto?— el tono que empleaba para responder era un poco insolente, quizás por la prisa o puede que no le gustara que pusieran en tela de juicio sus designios —Supongo que con eso bastará— y sin más, Gendo se apuró a desvanecerse con el auxilio de la oscuridad, mientras bajaba más y más.

—Yo me refería a que no tenemos pilotos— acotó Kozoh, sin que le escucharan.

Y los pilotos no se encontraban ni siquiera cerca de su destino. Una enorme muralla parecía separarlos de éste, en más de un sentido. La sola contemplación de esa imponente barricada de acero y concreto que obstruía su paso bastaba para hacerlos sentir insignificantes.

—No podremos abrir esta cosa manualmente— comentó Shinji, haciendo uso de su don para resaltar lo obvio.

Resultaba un tanto extraño que en medio del Geofrente existiera un acceso de ese tamaño, y más que estuviera bloqueado de esa manera, un tanto exagerada. Parecía haber sido construido a toda prisa y sin miramientos. Incluso aún había algunas cuantas herramientas de construcción desperdigadas por todo el lugar. De hecho, no tenían la certeza de saber en qué parte del cuartel se encontraban. Podían estar en cualquier lugar.

—De nada servirá quedarnos aquí, contemplando el paisaje— pronunció Ayanami, emprendida a continuar con su camino.

—Lo mejor sería que buscáramos otro ducto de ventilación para seguirlo— completó Kai, aunque un poco más distraído que lo usual. Otros pensamientos parecían ocupar su mente, mientras miraba fijamente el acceso sellado frente a él.

Caminó lentamente, con una mano sobre la pared, haciendo ademán de que deseaba estar solo en aquellos momentos. Y así lo entendieron sus compañeros, no obstante que Ayanami, en uno de esos impulsivos arranques de emoción que se suscitaban inexplicablemente en ella, decidió acompañarlo en su búsqueda. Era casi como si supiera lo que en realidad pasaba en la cabeza del muchacho en aquél momento.

—Espera un poco, te acompañaré— pronunció la muchacha japonesa sin importarle la reacción que causaría en los demás pilotos.

En el rostro del joven no hubo cambio alguno ante la proposición. Tan sólo miró de reojo a la jovencita que se apuraba a alcanzarlo, sin que ningún cambio de ánimo se reflejara en él. Aparentemente, cosas más importantes mantenían su atención que la posibilidad de encontrarse a solas con Rei después de quien sabe cuanto tiempo.

Así pues, ambos se perdieron en la oscuridad, con la excusa de encontrar el dichoso ducto por el que pudieran continuar su camino.

Por su parte, Shinji y Asuka permanecieron a la zaga, un tanto recelosos de la posición en la que se encontraban. A nadie le gustaba que lo hicieran parecer como estorbo, justo como Ayanami acababa de hacerlo con ellos dos. Sin más, la joven europea se dejó caer sobre el piso con un resoplido, aprovechando para descansar de la larga caminata, apoyando la cabeza contra uno de los muros.

—Pues me parece demasiado conveniente que los dos vayan tan solitos, y mucho más con esta condenada oscuridad— advirtió Langley, temiendo que en esos instantes su rival se le estuviera insinuando de alguna forma a Rivera —¿No lo crees así, niñato?

—No deberías pensar en esas cosas— le respondió Ikari con aire displicente, imitándola al sentarse en el suelo también, a su lado.

—¿Pero es que piensas dejar las cosas así nada más?— a diferencia de otras ocasiones, en el tono de la muchachita rubia ya no se notaba reproche alguno. Ahora tan solo había curiosidad en su voz —Tú estás detrás de la chica maravilla, ¿o me equivoco? Entonces, ¿porqué dejas que se vaya con Kai, así como así? Deberías hacer algo para impedirlo...

—Es lo que tú quisieras hacer, ¿verdad?— reviró el chiquillo la pregunta, dejando sin palabras a la alemana —Yo no me comporto de esa manera. No soy tan fuerte de carácter como tú. Si Rei quiere irse, no puedo impedírselo de modo alguno.

—No cabe duda que eres todo un galán, Shinji— se mofó la extranjera, sin siquiera voltear a verlo —No puedo creer que aún no tengas novia.

—Tú tampoco tienes novio, a pesar de todo lo que digas— intentó defenderse Ikari, como podía. Lo curioso es que en ninguno de los dos podía percibirse ira, a pesar de las intenciones de sus palabras. Aquella era una conversación desenfadada —Supongo que es porque nadie es capaz de llenarte el ojo. Eres mucha cosa para cualquiera...

—Como sea— Langley cambió de tema drásticamente. Eso último le había calado —Creo que debería andarme con más cuidado con la Primera Elegida... es de esas personas que no se detienen por nada con tal de obtener lo que desea... es muy egoísta, pese a su apariencia. ¡No puedo creer su descaro, al correr de esa manera tras Kai!

—Ayanami no es como piensas— confesó el muchacho, quien pensaba que sólo eran suposiciones de Asuka. También le incomodaba que fuese cierto —Es muy especial, uno nunca sabe qué es en lo que está pensando.

—Aún así me intriga su relación con Kai. He notado la manera en la que se miran. Parece que hubo algo entre esos dos, pero no sé qué— pronunció finalmente, llevando la plática hasta donde ella quería —Tú debes saberlo, Shinji, pues llegaste aquí mucho antes que yo. ¿Qué tipo de relación existe entre ellos? ¿Acaso él y ella eran...?

—No lo sé— interrumpió el joven, encogiéndose sobre sí mismo —Parece que sí hubo alguna clase de acercamiento romántico entre ambos. Por lo menos se llevaban muy bien. Pero según parece, se disgustaron un poco antes de que tú llegaras... y ya tú sabes que ahora difícilmente se dirigen la palabra... tu estabas allí cuando Kai le gritó, en medio de todos.

—Me parece insólito todo esto— reflexionó la muchacha, con la mirada perdida en el techo —¡Es que son dos personas tan diferentes! Simplemente no me los puedo imaginar... tú sabes... juntos... Mein Gott! Me pregunto como se comportará la niña modelo cuando esté cachonda...

—No digas eso...

—Aún así, me preocupa que Ayanami nos haya apartado de esta manera... por algo debió haber sido: están solos, y quien sabe qué es lo que puedan hacer... eso resultaría muy perjudicial para mis planes— rió coquetamente la muchacha, ruborizándose un poco.

—¿Eh? ¿A qué te refieres?— preguntó el chiquillo nipón, que no entendía lo que quería decir.

—Ay, Shinji— se lamentó la jovencita, compadeciéndose de él, poniendo una mano sobre su hombro —Es por eso que la gente todavía te ve como un niño. No has crecido aún.

—Discúlpame— cortó el silencio Rivera, luego de un largo rato de recorrer la gigantesca barrera en penumbras, sin dirigirle la palabra.

—¿Porqué?— preguntó Rei, sobresaltada por lo súbito de la expresión. Sus extraños ojos de color rojo centelleaban en la oscuridad.

—No había tenido oportunidad de pedirte perdón— aclaró Katsuragi, mientras se detenía un poco —Por lo de... esa vez... aquella última vez... ya sabes cuál... y por lo del otro día, en la Sala de Estrategias... no estaba precisamente en mis cabales... pero si en algo sirve, eras tú con la que menos enfadado estaba en ese momento... de hecho, nunca estuve enojado contigo... nunca...

—Está bien— pronunció tímidamente la chica del cabello azul, deteniéndose a su vez, inclinando la cabeza —Supe que sufrías esa jaqueca que tienes de vez en cuando... pero de todos modos, a partir de esa fecha noté que ha mejorado tu estado de salud.

—Bueno, en parte— admitió Kai, algo confundido —Es difícil de explicar... me topé con una persona muy extraña, conversamos un rato y...

—Y no solamente eso...— parecía que a Ayanami no le interesaban los pormenores del asunto, sólo los resultados —También has estado mucho más relajado... tranquilo... justo como eras antes... cuando estaba enamorada de ti...

Admitir eso le había costado mucho trabajo, pero era algo que debía ser dicho, para que no la molestara más. Ahora que lo había hecho, se sentía mucho más tranquila consigo misma.

Por su parte, el muchacho se inquietó en sobremanera con la revelación. Sentía el corazón dando de tumbos en su pecho.

—¿A qué te refieres? Es que acaso tú...

—No— respondió tajantemente, adoptando de nuevo su postura distante —Ni siquiera pienses en eso. Terminó.

Aquello le había caído como balde de agua fría a su ánimo. Sin embargo, se esforzó por conservar la ecuanimidad.

—Es bueno saberlo— dijo —Estaba algo confundido con respecto a nosotros.

—No te preocupes, ya puedes arrojarte sobre esa rubia escandalosa sin ningún remordimiento— pronunció la chiquilla, continuando su camino —A mí no me importa en lo absoluto.

—¿De veras? ¿Entonces porqué noto celos en tu manera de hablar?— señaló mordazmente el muchacho, sonriendo socarronamente —Y me parece curioso que seas tú la que me lo diga, cuando ni siquiera había pensado en ello...

—No sé de lo que me estás hablando. Sólo sé que eres muy amigable con ella. Demasiado.

—Trato de hacer las paces, nada más. Como contigo en estos momentos. Después de todo, todos somos un equipo, y debemos cuidarnos las espaldas los unos a los otros, y si no tenemos una buena relación, ¿cómo diablos se supone que lo haremos?

— Qué noble. Siempre estás preocupándote por el bienestar de los demás.

—Y aparentemente, tu sólo te ocupas del bienestar de Shinji, ¿verdad?

—Lo que yo haga por Ikari es asunto únicamente mío, ¿me has entendido?

—De acuerdo, lamento haberlo mencionado...— asintió el joven, un poco avergonzado por su actitud, mientras murmuraba entre dientes —¿Dónde carajos estará ese ducto?

Los dos continuaron su recorrido a tientas por un rato más, en absoluto silencio. Al parecer, la observación del muchacho había logrado herir unas cuantas susceptibilidades; sin embargo, no podía detenerse a pensar mucho en ello ni menos en como ponerle una solución al inconveniente, pues otro asunto lo distraía en ese instante. A través del colosal muro de concreto y acero que recorría con una de sus manos, lograba percibir nítidamente un sonido que semejaba bastante a una respiración. Más que eso, era casi como un susurro. Parecía que la corriente de aire tomaba voz propia y se dirigía precisamente a él, murmurando frases inconexas en su oído. Era una sensación muy rara, y no conseguiría guardarla para él.

—Qué cosa tan extraña— pronunció, capturando la atención de su acompañante nuevamente —Conozco casi todo el Geofrente de palmo a palmo, y sin embargo, nunca he sabido hacia donde conduce este acceso y porqué está bloqueado de esta manera. Siempre que paso por aquí me da la impresión de escuchar algo. Como si alguien estuviera llamándome detrás de este muro— confesó el muchacho en tono soñador, pegando un oído en la pared, mientras su compañera, aún a través de las sombras que los separaban, lo observaba detenidamente —¿Tú crees que detrás de esta puerta haya espíritus chocarreros, ó algo así?— preguntó, intentado quitar la solemnidad entre ellos —¿Ó quizás un invasor extraterrestre que capturó Ikari?

—Quién sabe— respondió Ayanami, divertida por la ocurrencia y tratando de no reírse.

—Entonces... no sabes lo que hay detrás de esta barrera...

Aquella no era una pregunta. Era una afirmación contundente. Otra vez tenía que arruinarlo todo. Definitivamente, no sabía cuando parar.

—No— asintió, lacónica, recogiendo un tubo de cobre tirado en el piso, para derribar una ventila y se pudieran escabullir por allí.

—Claro que no. Por supuesto que no te lo ha dicho. Ikari no confía tanto en ti como para empezar a revelarte sus secretos. Y es que, para él, no eres más que una herramienta que sirve a sus propósitos, por el momento. ¿Lo sabías?

—Sí.

—Y aún así... ¿persistes en tu empeño? ¿No piensas hacer algo al respecto?

—No. No por ahora— Rei usaba el mismo tono hosco, inclusive hasta desafiante a la vez que comenzaba a golpear una rendija en una de las paredes, queriendo forzarla.

—De ser así, te aconsejo entonces que te vayas despidiendo de tu querido comandante. En cuanto entregue mi informe al Secretario General, en un par de meses, al bastardo no le quedará de otra más que empacar sus cosas— cuando conjuraba su amenaza decidió reemplazar a la muchacha, tomando el tubo entre sus manos y golpeando con mucha más fuerza, queriendo darle énfasis a sus palabras —Ten por seguro que no voy a dejar títere con cabeza en este sitio, una vez que haya hecho el informe de todo lo que pasa en este lugar y con su líder.

—En dado caso, lo más conveniente sería irme despidiendo de ti, ya que si el comandante Ikari no está, no me quedará más nada en esta insulsa vida que tengo que llevar. Y esta vez me aseguraré que no estés ahí para evitar que complete lo que interrumpiste aquella vez, en el techo de la escuela...

La ventila salió volando por los aires, desprendida por la fuerza del golpe. El estrépito que produjo al chocar con el piso resonó por todo el lugar, gracias al eco que producían sus grandes paredes, tan alejadas una de la otra.

A pesar de la negrura que los envolvía, los ojos de Katsuragi se clavaron en los de su compañera, por un momento que duró eternamente para su afligido corazón. Para el de ambos, en realidad. La respectiva coloración de sus ojos, tanto escarlata como esmeralda, destacaba por encima de cualquier oscuridad.

Un cúmulo de emociones desbordadas los embargó, sin saber que hacer para detenerlas. Una madeja de sentimientos, algunos contradictorios entre sí, limitaban en sobremanera su capacidad de reaccionar ante el otro. Pero sus ojos parecían decirlo todo, sin necesidad de que utilizaran la lengua. Kai estaba perplejo, boquiabierto frente a una irreflexiva Rei que volvía a esconderse apuradamente detrás de su máscara autista. Su actitud lo atemorizaba aún más, pues parecía darle validez a sus palabras, palabras muy serias que evocaban una vaga resolución por quitarse la vida.

—¿Hablas... hablas en serio?— articuló a duras penas, sin moverse un ápice —¿De verdad serías capaz de...?

—¡Por fin lo lograron!— la intervención de Asuka, quien emergió de la penumbra acompañada por Shinji, no pudo ser más inoportuna —¿Quién diría que encontrar un ducto de ventilación sería tan difícil? Creo que por eso tardaron tanto tiempo, ¿no es así?

Las miradas de Ayanami y Katsuragi chocaron por última vez, para luego rehuirse el uno al otro, cabizbajos. El chiquillo pronunció una maldición en inglés, entrecortada, inaudible para todos los demás.

—Es correcto— aseveró la japonesa, señalando al susodicho ducto —Pero ahora ya podemos volver a usarlos. Andando.

En cuestión de minutos, Gendo había comenzado la aparatosa tarea de preparar a los Evas manualmente para un eventual lanzamiento. Reunir y dirigir al personal necesario no había sido cosa fácil, pero para su sorpresa Zeta ya había sido preparado para tal contingencia y ahora sólo estaban esperando al piloto. Eso les ahorraba el tiempo que les tomaría preparar un Evangelion, ahora sólo tenían que preocuparse de encargarse de los otros tres. Por suerte, la gente de Rivera se ofreció a prestar ayuda, en un gesto por lo demás solidario con sus camaradas de NERV.

Así que coordinados tanto por el comandante, como por el segundo de Rivera, Takeshi. La monumental tarea se tornaba un poco más sencilla, con la firme voluntad y el trabajo duro de todos los empleados uniendo sus fuerzas.

—¡Tiren, tiren! ¡Tiren, tiren!— se animaban los unos a los otros, entre resoplidos y pujidos, y una que otra blasfemia. El naranja del uniforme del personal de NERV se mezclaba con el gris de uniforme de las empleados de las Naciones Unidas, mientras que todos ellos jalaban de sendas cuerdas para lograr colocar la cápsula de inserción de la Unidad 01 en su lugar, mediante un sencillo mecanismo de polea.

—Muy bien, enterado— pronunció por un walkie talkie uno de los técnicos que supervisaba la operación, siendo informado de los avances de ésta y a su vez comunicándole al comandante de dicho progreso —La compuerta ya ha sido abierta, señor.

—Perfecto. Prepárense para introducir las cápsulas de inserción en los Evas— indicó Ikari, quien desde su puesto estaba vigilando que todo marchara sobre ruedas.

—Pero señor— se atrevió a disentir el sujeto en anaranjado —Aún no tenemos pilotos...

—No se preocupe— intervino la Doctora Akagi, antes de que recibiera una reprimenda por parte del jefe —Algo me dice que ya vienen en camino...

Activar manualmente el mecanismo de inserción de las mentadas cápsulas, que no eran otra cosa sino las cabinas desde las cuales los pilotos tripulaban a los monstruos mecánicos, no era cosa fácil, por lo que el personal tuvo que echar mano de todo el músculo que estuviera disponible, aún el de Takeshi e inclusive el del mismo Comandante Ikari, quien se encontraba en igualdad de condiciones hasta con su más humilde empleado, resoplando y sudando la gota gorda con tal de introducir la pesada cabina en la columna vertebral del robot.

La cabeza de éste se retraía hacía abajo, mientras un dispositivo en su espalda retrocedía facilitando de esta manera el ingreso de la cápsula por la nuca.

—¡Tiren, tiren, tiren!— aquellos hombres continuaban recitando afanosamente su lema, mientras la complicada operación poco a poco era completada —¡Tiren, tiren, tiren!

—La cápsula ya está casi preparada, doctora— notificó Maya a su superiora desde su puesto, espiando a los trabajadores con unos binoculares.

—Vaya. Así que ahora ya tan sólo faltan los chiquillos...

En el acto, casi como si estuvieran respondiéndole, se escucharon algunos gruñidos y demás sonidos raros por encima de sus cabezas, en uno de los ductos de ventilación. Parecía que alguien estuviera forcejeando adentro, ya que tan sólo se alcanzaban a percibir algunos cuantos resoplidos carentes de significado alguno; no fue sino hasta que las mujeres, mirando por encima de sus cabezas y aguzando sus oídos, pudieron reconocer la chillona voz de Langley:

—¡Imbécil! ¡¿Qué parte de "No te atrevas a verme los calzones" no entendiste?! ¡Estúpido, animal! ¡Desgraciado!

—¡Perdóname, Asuka, yo sólo...!— intentaba disculparse Shinji, al parecer sin mucho éxito.

El frágil espacio que los contenía al parecer no pudo soportarlos por más tiempo, sobre todo por el forcejeo que se llevaba a cabo en su interior, por lo que no tuvo más remedio que ceder y desembarazarse de los polizones que escondía dentro de sí.

Tanto la alemana como el joven Ikari se vieron sorprendidos por lo abrupto del rompimiento, cayendo desde una altura no superior a los cinco metros sin poder hacer gran cosa, salvo caer aparatosamente de sentón. Lo que había sucedido es que, por azares del destino, Shinji iba justo detrás de la europea en el ducto, por lo que su vista de frente era algo privilegiada, cosa que no le parecía a la muchacha, que ya le había advertido anteriormente que tuviera cuidado con lo que viera; advertencia que por mucho que intentó, el chiquillo no pudo seguir.

Y mientras que sus compañeros se lamentaban, acariciando sus partes lastimadas, Rei optó por hacer uso del orificio que tan oportunamente habían hecho, saltando desde donde estaba y maniobrando para caer entre ellos con suma gracia, flotando delicadamente como un pétalo de rosa echado al capricho del viento, logrando aterrizar con los brazos extendidos y los pies juntos, tan derechos como una regla, muy semejante a una gimnasta que recién termina de hacer su rutina frente a los jueces.

—Eso sí que es caer con estilo— aplaudió Maya a la jovencita, que seguía frente a ella en esa posición, con Shinji y Asuka a sus pies.

—Ja, si crees que eso fue bueno, espera a que veas mi entrada— le dijo Rivera, quién todavía seguía trepado allá arriba, sin querer quedarse atrás.

Así que al tiempo que se encontraba cayendo al piso, con tal de lucirse ante todos ejecutó una maroma en el aire, ajustándose para un espectacular aterrizaje que opacara al de su compañera. Sólo que por hacerlo calculó mal su impulso, cayendo con todo su peso sobre un solo pie, que por poco y se dobla completamente. El estímulo doloroso recorrió rápidamente sus terminales nerviosas hasta que llegó al cerebro, cuya respuesta no se hizo esperar:

—¡AAAARGH! ¡Mi pie! ¡Ay, ay, ay, mi piececito chulo!— gritaba como loco una y otra vez, mientras daba de saltos por todo el cuarto en un solo pie, sujetándose el lastimado con las manos, ante la mirada despectiva de todos los demás.

—Pues vaya que son oportunos— anunció Ritsuko, tapándose la boca con las manos, intentando no carcajearse de la escena tan patética. Lo que más gracia le causaba es que le había ocurrido precisamente al insolente de Rivera.

—¿Cómo están los Evas?— preguntó el muchacho japonés a la científica, levantándose una vez que se repuso del golpe.

—Funcionando y listos para el lanzamiento— respondió la mujer, con gran orgullo en su voz, señalando con el dedo pulgar al exterior, en donde se realizaban todas las maniobras.

—¿En serio?— preguntó Langley, mientras se asomaba a donde le indicaban, corroborando que efectivamente, aquello era cierto —¿Pero cómo es eso posible, sin electricidad?

—A la antigua: con sudor y mucho esfuerzo— acotó Rikko —En realidad, todo esto fue idea del comandante.

—No me digas— se atrevió a farfullar Kai, todavía doliéndose de su pie —Me parece increíble que a ese tipo se le ocurra algo útil, para variar.

Al momento de pronunciar estas palabras, su mirada se desvió hasta donde estaba Rei, sólo para comprobar que ella lo observaba de disimulo. De todos modos, no le valió siquiera una respuesta.

—El Comandante Ikari tenía mucha confianza en que llegarías— Akagi también optó por ignorar a Kai, dirigiéndose a Shinji, quien estaba, junto con Asuka, mirando embobado todos los preparativos que realizaban en el nivel inferior —Es por eso que quería tener todo preparado para ti...

—Papá...— murmuró el jovencito, pasmado. Ésa era la primera muestra de algo parecido a afecto que le prodigaba su padre. No estaba acostumbrado a tal situación, por lo que no sabía como sentirse.

En ese instante, desde donde estaba, Gendo pudo percatarse de la llegada de su hijo y de los demás pilotos. Si hubiera sido una persona cualquiera una sonrisa de satisfacción hubiera iluminado su rostro. En cambio, la expresión pétrea de su cara no cambió ni un ápice.

—¡Preparen la entrada manual!— ordenó, para que ahora todo mundo se prestara a abrir las cápsulas, lo que le permitiría a los pilotos abordarlas.

—¡Tiren, tiren, tiren!— continuaba la letanía de los empleados, entre resoplidos y el desfallecimiento.

De allí en delante todo fue a prisa. Los pilotos tuvieron que ponerse sus trajes en tiempo récord, abordar sus respectivos Evas y esperar a que les dieran la indicación de lanzamiento. Los cerrojos que mantenían a los Evas en sus hangares también debieron ser abiertos manualmente así como también diversas partes del proceso que involucraba el lanzamiento de un Eva y que requerían de energía eléctrica, debieron ser improvisados con la sola energía motriz que un puñado de fortachones pudiera proporcionar.

—¡El ángel está justo sobre nosotros!— alertó Makoto, quien por alguna extraña razón seguía trepado en el automóvil de campaña y usando sus altavoces.

—¡De prisa, ya no resistiremos!— apremió a su personal la Doctora Akagi, aunque no quedaba claro si se refería al eventual ataque del ángel o a los altavoces de Hyuga, pues se había colocado las manos sobre los oídos, haciendo una mueca de disgusto, al igual que lo hicieron otros que se encontraban demasiado cerca del vehículo.

Al poco tiempo, unos cuatro minutos para ser exactos, los Evas habían sido liberados. Sólo que en lugar de recorrer velozmente en su catapulta los enormes túneles que los conducían a la superficie, los gigantes de acero se vieron forzados a recorrerlos casi a gatas, en una posición que les restaba bastante solemnidad y el respeto que infringía su sola vista.

Asuka era la primera en notarlo.

—¡Maldita sea, esto es tan humillante!— se quejaba amargamente, al tiempo que con gran vergüenza conducía a su Eva 02 por el túnel —Estoy harta de tener que arrastrarme...

—Relájate— intentaba animarla Rivera, al frente del grupo. Zeta apenas si cabía por el pasaje. Algunas veces, los "cuernos" que su casco tenía a cada lado raspaban en la parte superior del túnel. Y sin embargo, trataba de verle el lado positivo al asunto —En unos cuantos momentos estaremos allá arriba, haciendo pedazos a ese miserable. ¡Ya verá, ese bicho inmundo, cuando le ponga las manos encima! ¡Le arrancaré cada una de sus debiluchas piernas!— gruñó, algo molesto cuando de nuevo sus "cuernos" rasparon contra uno de los muros.

—El túnel vertical está al frente— señaló Rei a una compuerta al final de su trayecto, sin poder ocultar su emoción. Aquella ocasión sí sería su regreso al campo de batalla, después de mucho tiempo de estar ausente.

Sin querer hacerla esperar, a Kai sólo le bastó un leve puñetazo para hacer volar la enorme compuerta, lo que les permitió ingresar a un espacio no tan estrecho para sus necesidades. Aquél representaba el último obstáculo para alcanzar la superficie. Al final de dicho túnel ya podía vislumbrarse la luz del día.

—Qué raro— observó el joven Doctor Rivera, quien seguía al frente, mirando fijamente la luz mientras avanzaba. Al igual que sus compañeros, para desafiar la gravedad tenía que hacer uso de ambos brazos y piernas, apoyándose en los costados del conducto para avanzar —¿Porqué estará abierto? Creí que todos los accesos estaban cerrados.

Cuando ya casi alcanzaba la cima, la respuesta a su pregunta vino a él. Primero una colosal figura eclipsó la luz solar y entonces un ojo monstruoso se abrió. Al parecer, la criatura se las había ingeniado para hacerse de una entrada a los cuarteles.

¡Ay, ojón!— pronunció el muchacho en español, sorprendido por lo súbito de la aparición, trastabillando un poco; no obstante, se repuso casi de inmediato, argumentando —¡Ay, por favor, esto es absurdo! ¿Qué se supone que va a hacerme un ojo gigante? ¿Matarme con la mirada? ¡Ja, ja, ja! ¿Entendieron?— les preguntó a sus camaradas, en medio de sus carcajadas —¡Mirada! ¡Ja, ja, ja!

"Pero qué simplón es este muchacho" volvieron a pensar los otros tres al mismo tiempo, avergonzados de su actitud.

El monstruo tampoco parecía captar la broma, aunque quizás sí la intención, la cual era mofarse de su aspecto y habilidades. Pestañeó un par de veces, ocultando ese ojo verde tan plano, el cual parecía casi de caricatura. De hecho, en él no podía distinguirse ninguna estructura familiar al globo ocular, tales como la retina, los conos y los bastones.

Luego, como si la burla hubiera lastimado de alguna manera sus sentimientos, la criatura comenzó a lagrimear un extraño líquido ambarino que empezó a caer sobre ellos en sendas gotas y poco después en grandes chorros a presión.

—¡Cuidado allá arriba!— Ayanami tenía un mal presentimiento acerca de la sustancia, pero para cuando le advirtió, ya era demasiado tarde.

El Eva Z fue el primero en hacer contacto con el líquido, un tanto viscoso al tacto. Éste solamente se deslizó por su regia armadura esmeralda sin mayor problema y tampoco provocando daño alguno. Más que por cualquier efecto que pudiera tener, el joven piloto parecía más interesado en analizar su composición que en suponer que aquello era una especie de ataque, por lo que pasó inadvertida dicha posibilidad.

Sin embargo, sus colegas sí se percataron de lo que en realidad se trataba, aunque muy tarde. Ocurrió cuando, en su trayectoria guiada por la gravedad, el fluido alcanzó a las Unidades 00 y 02, que iban a la zaga de él. Al instante se pudo escuchar claramente un siseo, provocado por las placas de metal de los Evangelions que se estaban derritiendo, además de un humo blanquecino que despedía dicha reacción.

—¡Esto es ácido!— señaló Langley cuando comenzaba a evaluar los daños sufridos.

Por fortuna, la sustancia no había logrado alcanzar partes importantes de los dos robots; tan sólo una placa superior y una hombrera de combate, que no eran indispensables para un buen funcionamiento.

En gran parte, se debía a que la resistente armadura de Zeta estaba recibiendo el baño de ácido casi por completo, sin complicación aparente; construida con un metal que, aunque su nombre y estructura química seguían en un hermético secreto, era evidente a simple vista que una más de sus propiedades era su cualidad de resistencia a cualquier agresión que se le hiciera, superando con creces a las doce mil placas de acero reforzado que cubrían a los otros Evas. Era una ventaja nada despreciable, que aun sin su Campo A. T. el gigante mecánico no estuviera tan desválido del todo.

Así lo comprendía su piloto, que ya consciente del peligro que amenazaba a la misión, se decidió a actuar, cargando ferozmente contra el monstruo, siendo él la vanguardia del grupo; era imperante, pues, salir de ese agujero, ya que con ellos dentro, atrapados como peces en un barril, el monstruo tenía todas las de ganar. .

—¡Maldito insecto, ahorita mismo vas a ver lo que es bueno!— se expresó bravuconamente, alzando el puño cuando consideraba tener al enemigo lo suficientemente cerca como para atacarlo. Dada su complexión tan frágil, pensaba que sólo un buen puñetazo bastaría para alejarlo del agujero.

Quizás tenía razón, y hubiera podido confirmar su hipótesis de no ser que, ya sin el apoyo de su brazo derecho, las lágrimas tan viscosas de la criatura lo hicieron resbalar de los otros puntos donde estaba apoyando su peso y al no poder sostenerse más, irremediablemente la mole de metal se precipitó al fondo del pozo, llevándose consigo a todos los que estaban debajo de él.

Cómo sea, Shinji, quien estaba al final de la fila, se las ingenió para detener con su Eva la estrepitosa caída de los otros tres, afianzándose como pudo de las paredes inseguras. No obstante, la inercia de la caída los había arrastrado hasta el punto de partida, es decir, el túnel horizontal por el que habían gateado para llegar allí.

Sin importar la situación, el tóxico continuaba cayendo sobre ellos, sólo que en esos momentos la Unidad Especial no podía cubrirlos tan bien como antes.

—¡Busquen refugio cuanto antes!— indicó la joven alemana, entrando de nuevo al boquete que habían dejado abierto, esperando que los demás la imitaran.

Dentro del estrecho túnel, con su posición un poco menos comprometida, tenían la oportunidad de evaluar la situación detenidamente, aunque no por un periodo muy prolongado, ya que el tiempo de batería interna seguía corriendo.

—Vaya, aparentemente nosotros no éramos su objetivo principal— apuntó Rivera, mientras que observaba los chorros de ácido desfilar frente a él en su recorrido al fondo del abismo —Al parecer, pretende utilizar esa sustancia para penetrar en el Geofrente.

—Su propósito es lo de menos— señaló por su parte Rei, sin querer quitar la atención del problema primordial; no obstante el peligro, se sentía extasiada por la emoción de la batalla que corría por sus venas. Aunque, como todas aquellas emociones fuertes que experimentaba, la disimulaba con mucho esmero —Lo importante aquí es saber cómo lo vamos a neutralizar. ¿Alguna idea?

—No puedo hacer mucho— confesó Shinji, un tanto abrumado y algo nervioso por que el contador de energía seguía bajando —Perdí mi arma allá abajo. Supongo que Kai podría destruirlo fácilmente desde aquí con uno de sus rayos...

En su voz se ocultaba un cierto aire de envidia y rencor, resentimientos ocasionados por la certeza que ahora tenía de que nuevamente su compañero pretendía alejar a Ayanami de él, además de Asuka.

—Desde aquí tengo buen ángulo de tiro— indicó Rivera sin haber captado el veneno en aquella última frase, asomando un poco la cabeza para cerciorarse de que aquello era verdad —Creo que puedo romper su Campo A .T. , pero nada más eso, ya que sólo puedo utilizar la ráfaga óptica a su máxima potencia en espacios abiertos, de otra forma no sólo destruiría al ángel, sino también a todos ustedes. Y no puedo trepar hasta arriba. El maldito ha embarrado las paredes y cualquier superficie de apoyo con su mierda esa, no tendría suficiente tracción.

—No se apuren, tengo un plan— salió al encuentro Asuka, quien hasta entonces había permanecido, por increíble que pareciera, reservada y al margen de la situación.

Al momento, los otros tres voltearon hasta donde se encontraba, ansiosos por conocer su idea. Sus palabras y la convicción con la cual las entonaba les inspiraban confianza. Y Langley se aseguraría de no defraudarla.

—Es como una jugada de fútbol— la joven alemana comenzó a exponer su proyecto sin más antelación, teniendo la atención total de sus compañeros —La línea defensiva aguantará los ataques del equipo contrario, mientras que la media de contención se asegurará de recuperar la posesión del balón en un descuido, bajando hasta el fondo del túnel para obtener el rifle perdido; cuando esto ocurra, el volante, que en este caso debe ser Kai, deberá atraer la marca de la defensa rival para entonces dejar el camino libre para que la delantera anote el gol. El clásico efecto de látigo ¿han entendido?

—No puedo creerlo— pronunció el piloto del Eva Z, lleno de asombro —Apenas ayer te expliqué las reglas del fútbol, ¿y ya te has aprendido jugadas como esa?

—¿Impresionado, pequeño saltamontes?— le contestó la chiquilla, con una expresión de orgullo resplandeciendo en su rostro.

A decir verdad, desde un principio la única razón por la que buscó y leyó afanosamente toda fuente bibliográfica a mano acerca de ese deporte que tanto apasionaba a su vecino de cuarto, toda la noche, era precisamente para impresionarlo; cosa que por lo visto, había conseguido.

—Es un buen plan— intervino Ayanami, una vez que más o menos tradujo los desconocidos términos futbolísticos a la situación que tenían entre manos —Yo seré la línea defensiva.

—Mala suerte, Primera Elegida: ya he decidido que yo seré la defensa central— proclamó la alemana casi de inmediato —Pero tú puedes ser la contención, si así lo deseas...

—En realidad, soy yo quien debería ser la defensiva— acotó Rivera —Ya está comprobado que mi armadura soporta mucho mejor el baño de ácido que las de ustedes...

—Eso es correcto, pero también eres el único capaz de romper el Campo A. T. de esa cosa desde aquí— indicó la jovencita rubia, ufanándose de tener cada detalle planeado —Y para hacerlo necesitas de un buen ángulo de tiro, como el que tienes aquí, y de tener algo que te soporte, como este túnel, o de lo contrario te nos vendrías encima de nuevo...

—Ella tiene razón— asintió Rei, muy a su pesar.

—Además, tú y yo aún tenemos una cuenta pendiente— puntualizó Langley, señalándole con el dedo mediante la pantalla que se desplegaba en la cabina y que les permitía ver y entablar comunicación con sus compañeros —Recuerda que me salvaste de ese otro ángel dentro del magma, y no me sentiré tranquila hasta que haya saldado mi deuda...

—Creí que eso ya se te había olvidado— pronunció entre dientes el muchacho, con una cara larga.

—¿Porqué siempre se están peleando por ver quién se mata primero? ¡La energía interna de los Evas se está acabando!— terció el joven Ikari, y de una vez recordarles que todavía estaba allí, pues hablaban como si estuviera ausente.

—Diablos, tienes razón, Shinji. Muy bien, entonces la alineación queda así: Shinji será la delantera, Kai el volante creativo, Ayanami la media de contención y yo seré la defensa, ¿quedó claro?

—¡Muy bien!— contestaron los otros tres al unísono, al mismo tiempo que se lanzaban al vacío, todos menos Rivera, quien permaneció donde estaba, apuntando siempre a su objetivo, listo para cuando recibiera la señal.

El primero en lanzarse fue el Eva 00, seguido de la Unidad 01, mientras que el Modelo de Producción sólo descendió un poco, para entonces bloquear tan bien como podía con su cuerpo la abertura del túnel, recibiendo completamente el baño de ácido que no dejaba de caer sobre ellos.

Sincronizada vía nerviosa con su máquina, la sensación que le produjo aquella acción fue como si fuera ella la que se estaba quemando la espalda, en lugar del robot. A pesar de ser puramente dolor psicosomático, ignorarlo resultaba casi imposible. Así pues, la chiquilla se revolvía en su lugar, aguantando estoicamente el castigo con tal de darles algo de tiempo a sus camaradas pilotos.

Shinji, por su parte se "atoró" en su caída libre a una distancia prudente del fondo del abismo, que era precisamente a donde se dirigía Ayanami. La longitud de aquél túnel había aumentado considerablemente debido a la acción corrosiva del tóxico, que desintegraba las planchas de protección con velocidad inaudita.

Al sentir que la rapidez con la que estaba cayendo era demasiada, Rei quiso amortiguar un poco la caída, activando unos propulsores escondidos en sus hombreras de ataque, que parecían no tener límites en su capacidad para añadir aditamentos que fueran útiles durante las peleas.

En efecto, los propulsores ayudaron a suavizar un poco la caída, deteniéndola un poco en el aire con su máxima potencia, la cual sólo pudo durar unos cuantos instantes antes que agotaran todo su combustible. Pero sin lugar a dudas habían cumplido con su propósito; Rei aterrizó lo mejor que pudo sobre el frágil piso corroído, sin mayor complicación.

De inmediato encontró el objeto que había ido a buscar. Lo revisó cuidadosamente, pues era muy probable que se hubiera estropeado por el efecto del ácido: un defecto quizás fatal en el plan de la alemana que no había podido advertir hasta que ya era muy tarde. Afortunadamente, sólo los mecanismos no esenciales se habían estropeado. El arma aún era funcional y estaba lista para usarse, aunque no en óptimas condiciones. No podrían volver a recargar, eso era seguro, por lo que Ikari tendría que asegurarse de dar en el blanco.

—¡Ayanami!— le gritó éste, arriba de ella, extendiendo el brazo para sujetar el rifle.

—¡Allí va!— anunció ella al tiempo que se lo lanzaba lo mejor que pudo, con una precisión exacta. El chiquillo no tuvo mayor problema para sujetar el arma en pleno vuelo, recortar cartucho (el único que podrían usar) y apuntar hacia el otro extremo del túnel.

—¡Lo tengo!

—¡Kai! ¡Ahora!— indicó la alemana, apretando los dientes. Estaba al borde del colapso.

Sin mediar palabra alguna, el joven piloto de la Unidad Z arremetió contra el enemigo. De los ojos de su casco salió disparado un rayo incandescente de energía, con una trayectoria bien calculada y una potencia bien definida para no provocar mayores daños que el requerido. Y a pesar que no estaba siquiera a la mitad de su capacidad, la ráfaga fue a estrellarse de lleno al coloso, rompiendo en pedazos el escudo invisible que lo protegía y atontándolo un poco a la vez, dejándolo indefenso para la arremetida final.

—¡Hazte a un lado, Asuka!— ordenó Shinji, viendo la oportunidad perfecta para disparar.

—¡Por fin!— respiró aliviada la rubiecita, que ni tarda ni perezosa se colgó de una de las paredes, dejándole espacio suficiente a su compañero para que disparara.

El niño japonés no vaciló un momento más, apretando fuertemente el gatillo de su arma para que de su cañón saliera escupida una descarga completa de misiles, que salieron volando por los aires hasta encontrarse y perforar completamente el cuerpo del objetivo, una y otra vez. Absolutamente todas dieron en el blanco.

Herido de muerte, la extraña criatura permanecía tambaleante en la entrada del orificio. Sus delgadas piernas ya no eran capaces de sostenerlo. Y sin poder retrasar más lo inevitable, terminó por colapsarse, atorándose por un momento por la estrecha boca del túnel para después desvanecerse por completo en una cruenta explosión.

Una explosión en forma de cruz se elevó por los cielos desde el nivel del estallido, a manera de triste despedida de una criatura cuyo origen y propósitos se mantendría en el misterio, al igual que con todos sus predecesores.

El estallido también se extendió a lo largo del agujero, destruyéndolo por completo. Ó haciéndolo aún más grande. Como fuera, en el fondo se encontraban los tres Evangelions que habían descendido, dándose el lujo de descansar plácidamente luego de un trabajo bien hecho, aunque apilados uno encima de otro. Desde arriba los observaba el Modelo Especial y su piloto, sin saber bien si bajar para ayudarlos ó esperar a que los equipos encargados de la limpieza llegaran.

—Muy bien, Katsuragi— se comunicó la europea mediante el monitor en su cabina, esbozando una gran sonrisa de satisfacción —Ahora ya estamos a mano... ¿no te parece?

—Si tú lo dices— dijo por su parte el chico, quien ya se quería olvidar por completo del asunto, diciéndose a sí mismo que tal vez nunca llegaría a entender del todo a Asuka.

Tuvo que cortar el enlace tan pronto como pudo, pues para entonces sabía bien lo que significaba el violento espasmo que sintió sacudir su pecho. Un fuerte y prolongado ataque de tos le sobrevino, y una vez concluido, como siempre terminaba observando horrorizado la gran cantidad de sangre que manchaba sus manos, con las que había cubierto su boca.

—Puta madre...— se lamentó, sin aliento y con apenas un hilo de voz, en tanto se percataba que de sus fosas nasales, oídos y ojos también le brotaban sendos hilos de plasma. Sabedor que aquella anómala condición iba degenerando sin nada que pudiera hacer para revertirla, no le quedaba de otra más que seguir lanzando un quejido lastimero —¡Puta madre!

Y mientras que el enemigo era destruido por sus pupilos, la Capitana Katsuragi se enfrentaba a su propia clase de problemas, con la cabeza de Kaji entre sus piernas, aunque no de la manera como él lo hubiera querido. Trepada sobre sus hombros, la mujer golpeaba desesperadamente el techo del elevador, buscando la salida de emergencia que siempre sale en las películas.

—¡Vamos, con un demonio!— vociferaba sin recibir respuesta alguna —¡Maldita seaaa!

Su vejiga ya no aguantaba más. Unos momentos más y ya no sería capaz de contenerse, provocando una calamidad.

—¡Ahhh! ¡Es inútil!— se lamentó Misato, mordiéndose los labios y balanceándose de un lado a otro como si estuviera bailando —¡Me voy a orinar! ¡Nooo, por favor!

—Sólo te suplico que no vayas a hacerlo mientras aún estés trepada encima de mí— alcanzó a mascullar Kaji, temiendo lo peor.

De repente el cubículo se estremeció violentamente, al mismo tiempo que parecían estar forzando la entrada desde el otro lado. El inesperado movimiento sacó a Ryoji de balance, quien ya de por sí tenía que ingeniárselas para sostener a la capitana por encima de su cabeza, que se la pasaba retorciéndose y contoneándose de un lado a otro.

—¡No te vayas a caer, no te vayas a caer!— le repetía una y otra vez la mujer, sin nada de qué sostenerse y sintiendo la inminente caída.

—¡Pues entonces deja de taparme los ojos!— respondió a su vez su acompañante, manoteando sin sentido en el aire.

Trastabilló un poco antes de derrumbarse violentamente en el piso, con todo y Katsuragi encima. Sin embargo, como pudo se las arregló para que Misato sufriera el menor daño posible, amortiguando el golpe al colocarse debajo de ella.

Antes de que pudieran lamentarse, la puerta se abrió de par en par y una luz les pegó en la cara, encandilándolos luego de varias horas atrapados en la oscuridad. Sólo podían escuchar unos cuantos murmullos y risitas burlonas, entre otras cosas. Luego de unos instantes pudieron distinguir el uniforme de una cuadrilla de técnicos, que al parecer habían sido los que forzaron la puerta, y a la Doctora Ritsuko que sostenía la linterna con la que los apuntaba, además de Maya, que estaba a un lado de ella con la cara encendida:

—¡Pero qué desvergonzados!— les reprochó, tapándose la cara con sus delicadas manos, mientras que los otros técnicos sólo se limitaban a sonreír y murmurarse cosas al oído en tono cómplice.

—¿Porqué es que esto no me sorprende?— dijo por último Akagi, como si estuviera decepcionada, meneando la cabeza —Y yo que estaba preocupada por ustedes, pero debí saber que estarían haciendo este tipo de cosas...

Hasta entonces se percataron de que la posición en la que habían caído resultaba bastante comprometedora, con Misato encima de Ryoji, en la oscuridad, además del aspecto desaliñado y cansado que habían adquirido.

—¡Espera un poco, Rikko, no es lo que tú crees!— se lanzó la mujer con rango militar a su persecución, cuando la doctora se alejaba del lugar junto con su asistente, levantándose de donde estaba sin siquiera despedirse de Kaji, ignorándolo alevosamente.

Por su parte, éste continuó en el suelo, sin nada mejor que hacer, salvo ser asediado por las curiosas miradas de los técnicos que estaban a su alrededor. Incluso en algunos de ellos era respeto lo que se adivinaba en su rostro.

—¿Qué tal, muchachos?— pronunció finalmente el hombre de la cola de caballo, poniéndose de pie y ajustando su corbata —¿Disfrutaron de la función?

Con un movimiento de cabeza y enseñando los dientes mientras se sonreían, todos ellos asintieron, ante el beneplácito de Ryoji.

La noche ya estaba muy entrada y la energía eléctrica aún no podía ser restablecida en la ciudad. El perpetrador de aquél acto siniestro se había asegurado de causar el mayor daño posible, aunque no había podido cumplir del todo su objetivo gracias a la oportuna intervención de la Doctora Akagi. Sin embargo, y pese a los esfuerzos que por ello se hacía, la metrópoli seguía sumida en las tinieblas, ante el desamparo del frío abrazo de la noche. Solamente la luna, y las estrellas, se encargaban de iluminar un poco el negro firmamento. Así pudieron apreciarlo los jóvenes pilotos, tendidos en el pasto sobre de una colina cercana al lugar del encuentro, sin nada que pudieran hacer para ayudar a los equipos de remoción hasta que la energía volviera. Por lo tanto, bien podían tirarse sobre la hierba para disfrutar del paisaje sin que se les reprochara. Aún llevaban puestos su trajes de conexión.

—Nunca me había dado cuenta que sin la luz artificial de la ciudad las estrellas se ven hermosas— murmuró en tono soñador Ikari, mirando fijamente al cielo y a los astros en él. Quizás es que ya estaba cansado, luego de tantas emociones en un solo día, y quería irse a descansar a su casa.

—Sí, pero sin luz todo se ve tan triste y desolado— comentó a su vez Asuka, quien estaba recostada a un costado suyo, con la cabeza recargada en sus brazos y las piernas tentadoramente cruzadas. Su largo cabello rubio reposaba por encima de su cabeza sobre el verde pasto. En eso, como si estuvieran respondiendo a sus deseos, las numerosas luces de la ciudad comenzaron a encenderse, tapizando la gran mancha urbana que se extendía debajo de ellos y que hasta entonces había permanecido a oscuras —¿Lo ven? ¡A eso me refiero! ¡Me gusta mucho más así! ¿A ustedes no?

—Desde aquí se ve como si la ciudad en realidad estuviera habitada— observó Kai, quien a su vez estaba tendido a un lado de Asuka, bastante cerca de ella para ser sinceros —Recuerdo cuando era muy niño y le pedía a Misato que dejara la luz encendida en la noche hasta que me durmiera. Uno nunca sabe los secretos que pueden morar en las profundidades de la oscuridad. Supongo que es por eso que el hombre nunca se ha sentido a gusto en las tinieblas y tiende a refugiarse en la seguridad de la luz.

Ese pensamiento llevaba consigo un significado oculto, que debería ser descifrado por la persona indicada. Y aparentemente, tuvo éxito. Langley lo observó de reojo, y éste a ella. Cuidándose que los demás no la observaran, la muchacha le tendió su mano, sigilosamente. Igualmente, Rivera hizo lo suyo, estrechando y acariciando aquella mano con sumo cuidado, para que entonces las dos quedaran juntas, con los dedos entrelazados. La jovencita de cabello rubio se sumergió en la profunda mirada de su acompañante, con expresión soñadora y el rubor asomándose en sus mejillas. Entreabrió los labios para decir algo, pero Kai no pudo entenderle. A hurtadillas estaba pensando en Rei, al otro extremo de la fila. Ya le había quedado claro que lo suyo había terminado, y que ahora era libre para hacer lo que le viniera en gana. Pero no podía quitarse de encima una sensación de incomodidad, como si algo estuviera mal con la decisión que había tomado. ¿Acaso estaría del todo bien lo que estaba haciendo?

—Los humanos le tememos a la oscuridad— señaló Rei, sentada con la barbilla apoyada en las rodillas, sin saber lo que estaba pasando a unos cuantos pasos de ella. Y no obstante, lo presentía. Las palabras del muchacho también habían sido muy claras para ella y había comprendido del todo su verdadero significado —Es por eso que la perseguimos y la ahuyentamos con las llamas...

—¿Crees que eres una especie de filósofa, chica maravilla?— se mofó Asuka, aún cuando todavía tenía bien sujeta la mano de Katsuragi.

—Me pregunto si es por eso que somos una especie tan singular— continuó Shinji, quien ya empezaba a pestañear. Obviamente, ni siquiera se imaginaba lo que hacían sus compañeros; tan sólo le hubiera bastado alzar un poco la vista para verlo —Y si es por eso que los ángeles nos atacan.

—No seas ridículo— intervino la joven alemana, quien estaba ocultando que el corazón le estaba dando de tumbos en su pecho —¿Cómo podrías saber en lo que están pensando esas cosas?

Después de un rato, sólo Kai y Rei permanecían despiertos. Los otros dos se habían quedado dormidos, sin importarles que fuera sobre el pasto. Langley ni siquiera se molestó en soltar la mano de Rivera. Ambos miraban fijamente a la negrura del cielo, sabedores de que una era había terminado ese día y empezaba otra, igual de oscura e incierta que la noche. Así era como pintaba el futuro. Igualmente, ninguno de ellos podía sospechar los horrores venideros que aguardaban ocultos en las tinieblas inmóviles, buscando una oportunidad para salir a la luz.