"Hello darkness, my old friend,

I've come to talk with you again,

because a vision softly creeping,

left its seeds while I was sleeping,

and the vision that was planted in my brain

still remains

within the sound of silence..."

Simon & Garfunkel

"The sound of silence"

El ajetreo era el propio de un lugar de trabajo tan singular como ese. Numerosas máquinas realizaban en cuestión de milésimas cálculos tan largos como un brazo, mientras que un menor número de personas vigilaban su buen funcionamiento y los resultados que las mismas escupían, para encontrarles utilidad y aplicación inmediata.

El sonido de la maquinaria trabajando se mezclaba arbitrariamente con las voces del personal, el timbre de los teléfonos y las teclas de los tableros siendo oprimidas ágilmente unas tras otra…

—Te estás haciendo bastante rápida, Maya— observó la Doctora Akagi, un tanto complacida al notar el avance de su joven discípula.

Emocionada por escuchar aquel elogio, la oficial técnica observó de reojo, poniendo especial atención a la mano que la científica había apoyado confianzudamente en su hombro. Apenas si pudo disimular su sonrisa, que se escondió tímida entre sus labios. Su mano se sentía tan cálida y gentil sobre su cuerpo. Eran raras las ocasiones en las que aquella fría y distante mujer se permitía tales demostraciones de simpatía. Si tan sólo fueran más seguidas.

—Eso es natural, Doctora— asintió la muchacha, ruborizada —Ya que tengo a la mejor maestra de todas.

—Hmmm… espera un momento— advirtió Ritsuko, pasando del cumplido —Estos comandos también deberían incluir…

La mujer se abalanzó sobre el tablero que sostenía Maya, pasando sus dedos por las teclas tan rápidamente que apenas si se podían ver. Al hacerlo, no pudo evitar apoyarse en la espalda de la joven, quedando su pecho recargado en la espalda de Ibuki, rozándola, desencadenando una deliciosa y a la vez desesperada sensación en ella.

Tan abstraída como estaba en su trabajo, Rikko apenas si notó el bochorno en el rostro encendido de su asistente.

—Así funcionará mejor… asegúrate de ejecutarlos en el programa luego de que concluya el chequeo de rutina— señaló la doctora, volviéndose a poner de pie, ignorando las reacciones de su subordinada, aunque resultaba difícil determinar si era por ignorancia ó indiferencia.

—Sí… como usted diga— contestó apuradamente la joven, haciendo hasta lo imposible por ocultar su emoción.

Al entrar al cuarto, tan entusiasta como siempre, la Mayor Katsuragi interrumpió la escenita sin proponérselo. Iba ataviada con su uniforme, es decir, falda y chamarra rojas, camiseta negra, con un montón de folios que debían ser llenados a la brevedad posible bajo el brazo.

Pero la acumulación de trabajo no podía ser impedimento alguno para que se tomara su tiempo para tomarse un pequeño descanso y visitar a su vieja amiga, quien al verla llegar solamente pudo soltar un hondo suspiro, confundiéndose en él tanto pesadumbre como resignación.

—¡Hola a todos!— saludó Misato, agitando una mano —¿Cómo va todo en nuestro querido departamento de Investigación Científica? Pareciera que la diversión aquí nunca termina— pronunció socarronamente, al notar la expresión en el rostro de Akagi.

—¿Qué es lo que quieres ahora?— respondió ella, sin voltearla a ver, tan ajetreada como estaba en una de las consolas —Te advierto que ya no pienso prestarte ni un quinto más… ni dejarte dormir en mi oficina a escondidas… ni ayudarte con los trámites de control de daños… ni…

—¡Basta! ¡Cualquiera que te escuche pensaría que me la vivo aprovechándome de ti!— reculó la mujer de cabello negro —Además, sólo vine para saber que tal salió el chequeo de rutina de MAGI. Es otro de estos estúpidos reportes que debo llenar— y como para demostrar la veracidad de su argumento, ondeó frente a ella el bonche de hojas que traía cargando.

—Casi está listo— contestó la doctora, sin prestarle mucha atención —Tal y como lo aseguré, estará completo para poder realizar la prueba de hoy.

—¡De veras que eres increíble, Rikko!— exclamó su amiga, expresando su admiración con un gesto un tanto infantil en su rostro, para luego comenzar a servirse con toda confianza una taza de café —Tienes tres de esas cosas de super alta tecnología de las que tienes que cuidar, y aún así puedes hacerlo a tiempo… yo en cuanto apenas puedo ponerle más memoria a mi laptop.

—Ah, si… ya recordé…— dijo la científica, con la mirada fija en el monitor frente a ella —Si venías por café, te advierto que el que teníamos aquí ya se enfrió…

La advertencia llegó muy tarde. La Mayor ya le había dado un buen sorbo a la taza, sacando la lengua en señal de repulsión como única respuesta.

Al cabo de unas cuantas horas, la revisión al sistema había terminado. Luego de tener que lidiar con la presión durante tanto tiempo, la Doctora Akagi se daba el lujo de relajarse unos cuantos momentos. En su trabajo no había lugar para un descanso prolongado; apenas en un rato más daría inicio la prueba que tenían programada con los pilotos para ese día.

Permitió que el agua que salía del lavamanos la refrescara, llevándola hasta su rostro con ambas manos. Permaneció en esa posición unos cuantos instantes, fatigada. El estrés laboral estaba haciendo mella en su ánimo, situación que ocurría cada vez más seguido. Observó su alicaído semblante en el espejo que tenía delante suyo, percatándose de algunas arrugas que ya comenzaban a asomarse en su cutis. El tiempo, y la constante presión a la que siempre se sometía, comenzaban a provocar estragos en su físico, había que admitirlo. Algunos de los comentarios ofensivos que Rivera siempre le dedicaba acudieron a su memoria: "La vieja bruja", era como le decía ó "anciana cascarrabias" cuando se le antojaba. Y esos eran los más suaves, y de los que ella tenía conocimiento.

—Y mientras que yo sigo envejeciendo— pensaba con hastío, secándose —Mi madre continúa en perfectas condiciones, como siempre…

Vas?! ¡¿Qué que dicen?!— exclamó Asuka, en uno de sus habituales desplantes —¡¿Desnudarme?! ¡Tienen que estar locos, para pedirme algo así!— amenazó a la cámara de video que la observaba fría e indiferente desde el techo.

Se encontraba confinada en un pequeño cubículo casi del tamaño de uno de los probadores que usaba cuando compraba ropa en una tienda departamental. Delante suyo tenía una puerta herméticamente sellada, que al parecer no se abriría hasta que accediera a las demandas de sus captores.

Ya la habían hecho quedarse en paños menores y de ninguna manera permitiría que rebajaran aún más su dignidad. Colaborar con las pruebas y con la investigación científica era una cosa, pero de eso a permitir que violaran su intimidad, jamás.

—Desde aquí tendrás que pasar a una habitación completamente esterilizada, linda— se le escuchó decir a Ritsuko desde el intercomunicador, juntando toda la paciencia necesaria para no explotar contra la constante insolencia de la jovencita (que dicho sea de paso, había empezando a manifestarse desde unas cuantas semanas atrás, poco después de que comenzaran a circular los rumores de que ella y Kai ya tenían sus queveres). De ser una piloto voluntariosa y ejemplar en su trato con sus superiores ahora se había vuelto casi tan grosera y arrogante como el mismo Rivera, observaba con pesar la científica. —No basta solo con bañarte y quedarte en ropa interior, entiéndelo de una vez, por favor.

—Aún así, no le veo mucho caso a este experimento, ni porqué tendría que estarlo haciendo— se rehusó una vez más la jovencita alemana —¿Tan sólo por una prueba de piloto automático?

—El tiempo nunca se detiene, preciosa, al igual que la tecnología de los Evas, que se encuentra en constante evolución… siempre necesitaremos nuevos datos. Así que sé buena, y coopera un poco, ¿sí— concluyó la científica, esperando que fuera suficiente para convencer a la chiquilla testaruda.

De mala gana, Langley finalmente accedió, despojándose de sus prendas y dejando completamente al descubierto su físico. Los motivos por los que se requerían su desnudez eran bastantes razonables, y ella lo sabía bien. Y de todas maneras, no evitaba sentirse de alguna manera humillada, viéndose obligada a quitarse la ropa solo porque alguien se lo ordenaba. Eso era algo muy al estilo de Ayanami, no de ella.

Y para colmo de males, ni siquiera podría sacarle un buen provecho a su estado, puesto que Kai ni siquiera se encontraba cerca para que la pudiera ver de pasada. Seguro que se le habría caído la quijada hasta el piso con solo apreciar su juvenil y bien delineada figura en toda su extensión. Pero para su desgracia, el muchacho se había reportado enfermo aquél día. Por muy vergonzoso que se viera, la diarrea que sufría lo salvó de participar en dicho experimento. Y era una lástima, ya que eso implicaba desperdiciar una oportunidad de oro para engancharlo aún más a su relación, sobre todo porque se había estado mostrando un tanto esquivo al respecto.

¿Sería que aún no lograba sacudirse del todo a esa pequeña bruja de ojos rojos? No, aquello era imposible, pensaba la extranjera, meneando su cabeza en gesto negativo. Era imposible que esa flacucha escurrida le pudiera robar el sueño a su chico, teniendo a alguien tan atractiva como ella a su lado. Examinó su cuerpo desnudo cuidadosamente. Por donde quiera que se le viera, superaba con creces al de Ayanami, no cabía la menor duda. Sus formas eran más suaves y curvilíneas, sus pechos más grandes, su piel con mucho mejor talante que el de ese espectro. ¿Entonces porqué no podía dejar de preocuparse por ella? Odiaba admitirlo, pero Rei tenía un algo, un algo que la rodeaba de misterio y era precisamente ese algo el que ejercía cierta fascinación en Kai e incluso en Shinji. No podía permitirse bajar la guardia ni siquiera a esas alturas, cuando ya había llegado tan lejos. No podía permitirse perder. No con ella. No con Rei Ayanami, su acérrima rival.

—Muy bien, aquí me tienen— pronunció envalentonada, cuando la puerta frente a ella se abrió para descubrir un largo e inmaculado corredor que se extendía unos cuantos metros delante suyo —Tal y como querían, me bañé diecisiete veces y estoy como vine al mundo, ¿suficiente?

—Muchas gracias, ahora solo necesitamos que recorran el pasillo para que puedan abordar la cápsula de inserción— ordenó la científica a través del comunicador.

—Rayos— refunfuñó la chiquilla alemana mientras comenzaba su andar, muy a su pesar, pero también sabiendo que cualquier discusión resultaba sobrando. A final de cuentas, mientras más pronto terminara con ese suplicio, mejor para ella.

Era la única de los tres pilotos presentes que se quejaba por las condiciones del experimento. Estaba resultando difícil trabajar con ella.

—No te preocupes, los monitores están apagados— intentó tranquilizarla Ritsuko, para asegurarse su futura cooperación —Tu intimidad está muy bien protegida.

—No se trata de eso, sino de cómo me siento— espetó la jovencita, airada —Esto es de lo más humillante: soy un piloto, no un maldito conejillo de Indias…

—El objetivo del experimento es poder recibir las lecturas armónicas directamente del cuerpo humano, sin intervención del traje de conexión. Es por eso que se requiere la desnudez completa— intentó justificarse la doctora, esperando hacerla entrar en razón antes de seguir con las pruebas.

—Se trata de una orden, Asuka, y es tu deber cumplirla— sentenció Misato, haciendo uso de la palabra. También ella detectaba que la falta de cooperación de la europea a la larga acarrearía problemas al experimento.

—¡Ya lo sé, lo sé muy bien!— respondió la chiquilla, fastidiada —Estoy haciendo todo lo que me han dicho, ¿ó no?

Las dos oficiales decidieron dar por terminada la conversación, apartándose del comunicador para intercambiar puntos de vista mientras que los pilotos completaban el abordaje a sus cápsulas de inserción.

—Últimamente Asuka ha estado muy reacia a recibir órdenes— observó Misato, un tanto preocupada.

—Sí, yo también lo he notado— respondió a su vez Akagi, cruzándose de brazos en su lugar —Supongo que tenía que pasar, tarde ó temprano… la actitud de Rivera ha comenzado a influenciarla.

—¿A qué te refieres?— preguntó Misato a su vez, quien con la sola mención de su hijo adoptivo, como siempre, se le crisparon los nervios, lista para defenderlo a capa y espada.

—Piensa bien en la dinámica grupal que existe entre los pilotos. Son jóvenes, y por lo tanto, es obvio que estas pruebas resulten ser de lo más tediosas para ellos, sin embargo, es su deber llevarlas a cabo. Todos entendemos esto a la perfección, ¿de acuerdo? Entonces, yo me pregunto: ¿qué es lo que sucede cuando uno de ellos se niega a realizar las pruebas? Y lo que es más: ¿qué pasa cuando ese piloto se sale con la suya y no recibe castigo alguno? Es obvio que los demás comenzarán a preguntarse de qué privilegios goza, e intentarán hacer lo mismo, basándose en la experiencia de su compañero.

—Los tres saben que Kai tiene un compromiso muy distinto en su relación con NERV, y que por ello tiene responsabilidades muy diferentes. No creo que ese sea el problema.

—Ah, pero parece que Asuka no lo está viendo de esa manera, Mayor. Parece ser que desde que ha empezado a entenderse tan bien con el joven Doctor Rivera también ella desea gozar de los mismos "privilegios" que él. ¿No lo crees así?

—Ya hablaré después con ella, no te apures, le haré entender como son las cosas— masculló Misato, con un semblante de derrota impregnado en todo su rostro.

—Hum, pues aparte de esta situación, estoy segura de que podría obtener mejores resultados de esta prueba si Kai hubiera estado en ella en lugar de Asuka ó Rei… por cierto, ¿cuál fue su excusa esta vez? ¿Supervisión de la rutina de mantenimiento? ¿Revisión de las teorías acerca del Motor S2 y de los mágicos mundos de fantasía a los que tendrá acceso con él? ¿Junta con algún mandatario? ¿Ó simplemente otro juego de póquer con sus amigos?

—Amaneció con diarrea— murmuró la mujer, visiblemente apenada —Parece que ayer volvió a comer en la calle y agarró una fuerte infección… cuando nos fuimos todavía no salía del baño…

—¿Diarrea? Bueno…— comentó Akagi, también contrariada y hasta con asco en su tono de voz —Supongo que eso hubiera sido bastante inconveniente para el experimento…— sentenció, dispuesta a dejar de lado el tema.

El súbito y estruendoso estornudo del muchacho encontró eco muy fácilmente en aquel lugar desolado, poniendo en alerta inmediata a su cauteloso acompañante, quien se puso el dedo índice en los labios a la vez que le reclamaba en voz baja, temiendo que alguien pudieras escucharlos.

—¡No hagas tanto ruido!— murmuró Kaji, luego de haber esperado unos momentos para confirmar que nadie los había escuchado —Me tomó mucho trabajo poder meterte a escondidas, y sería el colmo que alguien te descubriera de esa manera...

—Perdón— respondió Kai, avergonzado por su descuido mientras se frotaba la nariz con el dedo —Creo que alguien se estaba acordando de mí… me pasa muy a menudo…

—Vaya que eres un joven genio muy modesto, ¿verdad?— el sujeto no pudo hacer más que sonreír por el ingenio del chico, reanudando su marcha a través de los recovecos de aquellas instalaciones, unos cuantos niveles más debajo de donde se encontraban los demás realizando el experimento.

Se trataba de un lugar húmedo y solitario en el que personal de mantenimiento sólo se aventuraban de vez en cuando para mantener funcionando las enormes líneas de corriente eléctrica que abastecían de energía a toda la increíble maquinaria que se alojaba en los piso superiores. Tubos, cableado y conexiones se extendían por donde quiera que se mirara, hasta que se perdían de vista cuando eran engullidas con avidez por la vasta penumbra que se encontraba más adelante. Un lugar poco adecuado si se buscaba estar cómodo y seguro, pero lo suficientemente útil para permanecer inadvertido cuando se intentaba una invasión física en el sistema operativo de una de las computadoras más modernas del mundo.

—¿Estás seguro que funcionará?— preguntó Ryoji, comenzando a sentirse inseguro al confiarle todo el peso de la operación a un chiquillo, aún cuando se tratara de Rivera.

—Funcionará, sólo si colocaste el dispositivo remoto justo en el lugar en el que te indiqué— aclaró el muchacho mientras intentaba recordar el camino, iluminando sus pasos a través de la oscuridad con una práctica lámpara de bolsillo —Relájate, camarada, que te aseguro que no es tan difícil como parece. De hecho, ya lo he hecho antes, no es nada de otro mundo…

Los dos habían estado planeando todo desde hace unas semanas. El informe de actividades que el joven Katsuragi debía rendir al Secretario General de las Naciones Unidas estaba casi a la vuelta de la esquina, y el muchacho estaba más que decidido para aprovechar la oportunidad y extirpar de una vez la presencia de Ikari y sus secuaces de la dirigencia de NERV. Sólo necesitaba algo lo suficientemente grande y explosivo para lograrlo, y para tal propósito ya tenía en mente el incidente con el Jet Alone, la fallida incursión del gobierno japonés en el campo de los robots gigantes. Si podía encontrar la suficiente evidencia para demostrar la participación directa del comandante y sus allegados en el suceso, podía entonces culparlos por espionaje y sabotaje industrial y lo que era más, la muerte de 120 personas, entre ellas oficiales militares de muy alto rango de diversos países. No era cosa de risa, ni algo que se pudiera ignorar con un simple "lo siento". Esta vez, sin importar qué, Ikari iba a caer, y entonces podría ser procesado por todos sus demás crímenes de los cuales su posición privilegiada lo habían absuelto.

Pero entonces las palabras de Rei retumbaban en los recovecos de su mente, casi como el sonido de sus pisadas en ese estrecho pasillo oscuro. De manera bastante explícita, le había anunciado, quizás hasta advertido, que en caso de que Gendo Ikari fuera enviado a prisión ella se terminaría quitando la vida. Sonaba como una amenaza barata de quinceañera caprichosa, sin embargo no podía sacudírsela de encima aquella sensación de desconcierto y malestar, al no estar seguro de lo que Ayanami haría entonces. ¿Cumpliría su promesa? Ya antes lo había intentado, y lo hubiera conseguido de no ser que un golpe de suerte le permitió impedírselo en el momento justo. ¿Cómo iba a hacer para detenerla ahora? ¿Acaso iba a tener que vigilarla todo el tiempo, como a una paciente mental, para impedir que cometiera aquella locura? Y en caso de que así tuviera que hacerlo: ¿cómo lograrlo sin que a Asuka le diera un infarto?

El chiquillo estaba por invadir el sistema informático mejor protegido del globo con un plan muy bien elaborado, seguro de su éxito; no obstante, cuando intentaba dar con una solución para su problema de amores su mente se ponía en blanco y se bloqueaba. Decepcionado, pasó sus dedos por encima de su cabello, para luego soltar un hondo suspiro, con la cabeza gacha.

Por su parte, detrás de sus pasos, Kaji lo observaba cuidadosamente, atento a cualquier movimiento del chiquillo. Lo había sorprendido bastante cuando le reveló que había descubierto su "otro cargo". Aún no estaba seguro qué tanto sabía, pero de lo que sí lo estaba es que no se trataba de una trampa. Ambos tenían mucho que ganar si tenían éxito, pero sobre todo él. Además, los dos se necesitaban el uno al otro. Por eso es que Rivera lo había contactado, pues lo necesitaba para que se encargara de la parte "física" de la operación, esto es, utilizar sus recursos para poder instalar en MAGI un dispositivo de alcance remoto sin que nadie lo notara, además de encargarse de poder meterlo al Geofrente de incógnito y sin ningún registro de su presencia en ese día, pues se había reportado enfermo. Reconocía que no había sido sencillo eludir a los agentes de Seguridad Interna que siempre custodiaban de lejos a los pilotos, y sobre todo de aparentar que el muchacho no había abandonado su apacible hogar, burlar los numerosos retenes que hasta él tenía que pasar y finalmente cuidar de que ningún dispositivo electrónico registrara su presencia dentro del cuartel. Pero todo valdría la pena si podían alcanzar su objetivo y tener acceso a toda la información dentro de la súper computadora.

—Llegamos. Aquí estará bien— pronunció el muchacho, deteniendo su andar. De la mochila que traía colgando a sus espaldas comenzó a sacar una terminal portátil y un montón de conexiones y cableados que le servirían en su intromisión, además de varias herramientas para poder adaptar los puertos de entrada.

Ante la escasa iluminación del sitio, la típica sonrisa socarrona de Kaji adquiría un vago aspecto siniestro, con la vista clavada en el laborioso chiquillo.

—¿Cómo se siente?— preguntó Ritsuko, atenta a cualquier observación que pudieran hacer los pilotos, una vez que entraron en la cápsula de simulación.

Delante del personal científico se hallaba una enorme cámara inundada por solución estéril de donde colgaba el sistema de simulación, el cual constaba de tres torsos de Evangelions, con sus respectivos brazos, sólo que sin la costosa armadura que los recubría normalmente. Sólo unos cuantos paneles de acrílico, eso sí, bastante impresionantes, impedían que las personas en el cuarto de pruebas fueran abatidas por millones de metros cúbicos de solución esterilizada.

—Me siento extraña— Rei fue la primera en contestar.

—Es cierto— secundó Shinji, observando nervioso en todas direcciones, cómo si alguien pudiera verlo sentado desnudo en aquella cabina —Es muy diferente de otras veces… no sabría como explicarlo…

—Algo le sucede a mi sentido de ubicación y equilibrio— describió Asuka, sumamente desconcertada ante tan peculiar situación. Miraba fijamente su cuerpo, asegurándose que en verdad se encontraba allí —Sólo puedo sentir mi brazo derecho, todo lo demás es muy confuso… no sé que está pasando aquí…

—Muy bien— pronunció Ritsuko, tomando nota del suceso a la vez que verificaba la gran cantidad de datos que inundaban las pantallas de su equipo —Rei, ahora quiero que muevas el brazo izquierdo, ¿de acuerdo?

La jovencita asintió, como siempre, ejecutando sus órdenes casi de inmediato. Con tan sólo presionar la palanca que sostenía en su mano izquierda el brazo izquierdo del titán se movió justo de la manera en que lo había imaginado en su mente.

—No hay problema con la recolección de datos, doctora— anunció un joven técnico a su lado, luego de revisar el buen funcionamiento de las maquinarias —Todas las consolas operan a su máximo.

—Excelente. Siendo así, reestablezcan el sistema a la normalidad y que MAGI se encargue de hacer los cálculos correspondientes.

Cómo una niña perdida en una compleja fábrica industrial Misato observaba casi boquiabierta el trabajo que realizaba el personal científico dentro de ese cuarto. Estaba de pie, con los brazos cruzados, cuidándose de hacer cualquier movimiento brusco por temor a estropear alguno de esos equipos informáticos tan complejos.

Si bien entendía más ó menos la labor de todas aquellas personas, le resultaba imposible comprender cabalmente todos los complicados procesos que conllevaba una investigación de la magnitud de la que estaban haciendo en ese momento, con todos esos cálculos que debían hacerse para sacar datos provechosos que pudieran utilizarse en una aplicación práctica inmediata. Por lo tanto, únicamente podía contemplar a todo el personal en esa sala, incluida Ritsuko, cómo se deslizaban ágilmente de consola en consola, apurados, pero en una perfecta sincronía que les permitía esquivarse unos a otros en su veloz movimiento. Era otra de las razones por las que permanecía inmóvil en su lugar, para así no estorbar y evitar ser atropellada en ese barullo de técnicos y oficiales científicos.

Le disgustaba sobremanera estar presente en toda clase de experimentos, sobre todo porque como Jefa del Departamento de Tácticas y Estrategias no tenía una función específica a realizar dentro de ellos, si acaso supervisar el desarrollo de éstos y detectar cualquier posible anomalía. Cada vez que la obligaban a pararse por esos rumbos, mientras todos a su alrededor se ocupaban afanosamente en sus labores, ella por su parte se sentía como una completa estúpida, allí, de pie, sin poder mover un solo músculo, temiendo que cualquier movimiento pudiera arruinar ese equipo tan avanzado y costoso.

Justo entonces, un chillido electrónico surgió de la consola que tenía más cerca, provocando el subsecuente sobresalto de la Mayor, quien de inmediato se puso en guardia, crispada, lista para utilizar sus mejores excusas con tal de justificar su inocencia en la descompostura de la máquina.

Sin embargo, tal no era el caso en esa ocasión. Al echar un vistazo a la pantalla de aquella terminal pudo comprobar su perfecto funcionamiento, al parecer simplemente se había activado una función en específico que avisaba a los usuarios que las tres supercomputadoras estaban debatiendo, al desplegar la palabra "DILEMA" con letras rojas mayúsculas sobre un fondo negro.

La Doctora Akagi se acercó risueña, al haber presenciado de lejos toda la escena. Misato aún se encontraba algo nerviosa cuando la oficial científica se acercó a su lado:

—A veces unos puede llegar a pensar que se tratan de personas reales, al verlas discutir de esa manera— pronunció con un tono entre socarrón y de desprecio. Cualquiera pudo haber detectado el dejo de amargura en aquellas palabras —La personalidad de su creador está implícita en cada una de ellas.

—¿De qué estás hablando?— contestó Katsuragi, confundida por la extraña actitud de su amiga. A decir verdad, los últimos días había estado mucho más deprimida y distante que otras veces —¿Que no fuiste tú quien las hizo?

La mujer rubia soltó un hondo suspiro, como si la estuviera compadeciendo. Incluso después soltó una risita burlona, la cual provocó que la Mayor se ofuscara.

—No sabes nada de nada, ¿verdad?

—Eso es porque a diferencia mía, tú no eres muy abierta que digamos cuando se trata de hablar de cosas personales— Misato respondió haciendo uno de sus pucheros, tan característico en ella.

Aún cuando no hubiera sido la intención, el reproche inherente en ese comentario provocó que al instante Rikko quedara inmóvil en su lugar, estupefacta. Ella decía la verdad, pero hasta ahora jamás hubiera supuesto que a su amiga le molestara tanto ese detalle como para venir a restregárselo hasta ahora.

Su "amistad", si así se le podía llamar a ese tipo de relación, siempre había transcurrido de esa manera. Entre la cálida fraternidad, pasando por la falsa cordialidad hasta caer en la malintencionada agresividad. Se trataba de un constante e interminable jaloneo entre ambas, durante el cual muchos de sus sentimientos más profundos habían resultado lastimados. Dos personas tan diferentes la una de la otra, y que no obstante se empecinaban en permanecer juntas. Su relación hubiera podido mejorar bastante si tan sólo se hubieran limitado al trato laboral. Pero no fue así. Por razones inexplicables, desconocidas, que ni ellas mismas alcanzaban a entender, ellas realmente querían estar cerca la una de la otra, necesitaban estarlo, y por lo tanto el círculo vicioso de afecto y agresión continuaba su marcha. Pero últimamente el frágil balance de dicho círculo había comenzado a inclinarse desfavorablemente a un solo lado, sin que al parecer a ninguna de las dos le interesara hacer algo para arreglarlo. Hasta ahora.

—Yo sólo completé el trabajo— carraspeó la doctora, un tanto avergonzada —La teoría general y los planos fueron obra de mi madre.

Katsuragi sonrió para sus adentros, luego de comprobar que Akagi realmente quería poner algo de su parte para que las cosas dejaran de ser así entre ellas. Era la primera vez que le escuchaba mencionar a su madre.

Mientras tanto, en la Sala de Controles, el Subcomandante Fuyutski, junto con sus alternos, se encargaba de lidiar con todas aquellas minucias que Ikari se afanaba tanto en relegarle, como siempre. Si tal situación le molestaba en algo, su rostro enjuto como el de una piedra apenas si lo reflejaba.

—¿Revisaron bien esta anomalía?— preguntó mientras observaba los datos sobre la pantalla que se le mostraba.

—Sí, señor— Shigeru le respondió enseguida, en ese tono desenfadado que tanto exasperaba a su superior —Hemos comprobado que se tratan de las partes que trajeron de reemplazo hace tres días. Son las partes en donde se han encontrado los cambios que se describen en la gráfica.

—Con que se trata del Muro Proteínico 87…— susurró Kozoh, elevando la vista hasta el techo, cómo si estuviera buscando ahí la respuesta al dilema que se le presentaba.

—Cuando agrandé la imagen me percaté de esta serie de numerosas manchas blancas… hasta ahora no he podido determinar su naturaleza— el joven técnico se apuró a concluir su informe, para poder quitarse al viejo de encima lo más pronto que se pudiera. Aparentemente, a ninguno de los dos les agradaba trabajar tan de cerca el uno con el otro. El entusiasmo y la sorna un tanto juvenil de Shigeru chocaba de frente con las maneras rígidas y tradicionalistas de Fuyutski, su superior inmediato.

Empero, hasta entonces ambos habían conseguido colaborar de manera satisfactoria al aplicar exitosamente la fórmula que Ritsuko y Misato se negaban a utilizar: limitar la relación personal únicamente al ámbito laboral. Poniendo en práctica un principio tan sencillo, pero efectivo, aquellos dos se habían ahorrado bastante energía en discusiones fútiles que a nada los hubieran llevado.

—Debe tratarse de la corrosión— Makoto se aventuró a indagar el origen de las anomalías en el muro de proteínas —Tiene que serlo, puesto que hay ligeros cambios en su temperatura y conductividad. La deterioración de un espacio esterilizado pasa mucho más seguido de lo que se cree.

—Puede ser— asintió Shigeru —Los plazos de reconstrucción fueron acortados a sesenta días, así que puede que hayan pasado desapercibidas algunas burbujas de aire. Recientemente ha habido muchas fallas en los trabajos de reconstrucción, sobre todo en esa parte.

No era que el joven técnico estuviera denunciando la falta de calidad en el área de construcción del cuartel, pero a últimas fechas resultaba innegable que dado el plazo tan corto que se les daba, dichos trabajos eran bastante deficientes, muy por debajo de los estándares de calidad que un complejo del tamaño y la importancia del Geofrente requerían. Aunque también era de todos sabido que dicha circunstancia era debida en gran parte al continuo asedio de los Ángeles, que habían demostrado ser criaturas impredecibles y caprichosas, al no tener un periodo de tiempo ni condiciones establecidas para que hicieran su aparición. Y así lo hizo notar Kozoh:

—Esa área fue la más afectada durante el último ataque, ¿cierto?

—Es verdad. No creo que debamos culpar a los chicos de construcción. Últimamente han tenido bastante trabajo y deben estar cansados— dijo Makoto por su parte.

—Da igual si están cansados ó no— sentenció el subcomandante, emprendiendo la marcha para que tanto él como Shigeru pudieran respirar aliviados —Quiero que ustedes dos se encarguen de ver que ese inconveniente esté resuelto a más tardar mañana. De lo contrario, Ikari se va a enfurecer.

Una gota de agua fría sobre su cabeza fue todo lo que Ritsuko necesitó para volver a exasperarse, reclamando a todos y a ninguno de sus subordinados al levantar la voz, irritada:

— ¡No puede ser! ¡No me digan que tenemos otra gotera, por favor!

—No es así, Doctora— se apuró a contestar Maya, con tal de tranquilizarla —Tengo un reporte de corrosión en el nivel superior. Debe tratarse de eso.

—Ah, qué bien, lo que nos faltaba— musitó Akagi, quien oficialmente ya se encontraba de mal humor por el poco éxito obtenido en el experimento que llevaban a cabo.

A decir verdad fue ella quien lo había propuesto al comandante, esperando obtener algún resultado que pudiera respaldar el sistema del Dummy Plug, la pretendida pero aún no materializada innovación a los Evas en la que los dos estaban trabajando en secreto. Pero hasta ahora toda la prueba había resultado un completo fracaso. Faltarían muchos más años de investigación para que pudieran obtener un resultado concreto, y tiempo era un lujo que no podían darse en ese negocio. Por lo menos no en esos momentos, cuando la construcción de más Unidades Especiales para el Combate a cargo de las Naciones Unidas estaba ya en marcha.

—Corrosión. Fantástico. ¿Crees que represente algún inconveniente para el desarrollo de la prueba?— el rostro rubicundo del comandante pasó en su imaginación por algunos instantes.

—Por el momento, no.

—Muy bien, entonces continuemos con este relajo— ordenó, dispuesta a sacar algún resultado provechoso del experimento, aunque fuera necesario a la fuerza —No podemos abortar esta prueba así de fácil. De lo contrario, el Comandante Ikari se va enfurecer.

Al igual que muchas otras personas, Ryoji Kaji no podía hacer otra cosa más que sorprenderse por la inaudita habilidad mental del joven que tenía delante de él. Hasta ahora, le estaba resultando endemoniadamente fácil ingresar al sistema informático más avanzado del mundo, superando una tras otra las barreras que se le interponían para adentrarse en su interior. De haber intentado él algo parecido, seguramente le hubiera llevado varios meses de peligrosa investigación.

Pero este muchacho parecía venir de una dimensión completamente diferente a la de los demás mortales. Hubiera querido sacarle mucho más provecho, pero no quería exponerse a que Misato lo descubriera. Además, si algo llegara a pasarle a ese chiquillo ella jamás se lo perdonaría. Por no mencionar de que algo así la destrozaría por completo. Desde hacía once años ese muchacho era su completa adoración. Y ya antes habían tenido problemas al respecto.

—Tengo que admitir que me está tomando más tiempo del que pensé— confesó Kai, deslizando sus dedos sobre el teclado tan rápido como podía —Las cosas han cambiado bastante desde la última vez que estuve aquí. Parece que Ritsuko ha estado trabajando turnos extras.

—Quizás no deberías arriesgarte tanto. Si el Comandante Ikari se enterara…

—Ese bastardo puede comerse mis calzones. De todos modos, en estos momentos debe sentirse muy tranquilo, seguro de dónde me encuentro. El maldito se la pasa subestimándome, pero gracias a eso he podido darle unos cuantos golpes. Y ahora pienso asestarle la estocada final.

—Parece que no te has puesto a pensar en el montón de gente que se preocupa por ti. Personas que se derrumbarían si llegara a sucederte algo… lo sé porque conozco muy bien a varias de ellas.

Imposibilitado a fumar por los detectores de humo, Kaji tuvo que mascar chicle para suplir la sensación tranquilizante que el tabaco le proporcionaba.

—Desde hace mucho tiempo quería decirte— musitó el muchacho, a todas luces incómodo —Que me perdonaras… sé que lo que pasó esa vez fue todo por mi culpa. En ese tiempo no podía imaginármelo, pero aún así nunca fue mi intención que las cosas entre ustedes dos terminaran de esa manera. Ambos merecían lo mejor, pero yo…

—No te atormentes de esa manera— lo interrumpió su acompañante —Yo también he tenido bastante tiempo para pensar al respecto… y llegué a la conclusión de que aún si tú no hubieras estado, las cosas hubieran acabado de la misma manera. Nunca fue tu culpa, si no mía y de Katsuragi… ambos te utilizamos como excusa, pero no debió haber sido así. Yo también lamento mucho como fue que pasó todo ese asunto.

—Vaya… creo que te va a resultar hasta chistoso… pero Misato ya me había dicho algo así… los dos son tan parecidos… me parece que sí están hechos el uno para el otro.

—Por cierto, ¿cómo va todo con Asuka?

En el momento en que a Ryoji la conversación comenzó a parecerle inadecuada, lo único que tuvo que hacer para evitar el tópico fue precisamente cambiarlo a su plena conveniencia, lo que pareció entender el muchacho, el cual, al no tener otra salida, tuvo que responder apesadumbrado:

—No tengo idea… no tengo una maldita idea de lo que está pasando…

—Caray, y yo que había escuchado que ambos se llevaban de maravilla. Su tórrido romance está en boca de todos, no sé si sepas.

—¿Tórrido? Demonios, eres el quinto en esta semana que me lo dice. Pero que yo sepa, aún no hay nada formal entre los dos. Al parecer es ella la que piensa que sólo por besarnos ya nos vamos a casar.

—¿Y tú que piensas?

—No he tenido mucho tiempo para pensar en ello, ¿sabes? Bueno, más bien no he querido. Todo se me hace tan raro, sobre todo lo rápido que se dieron las cosas. Hace tan sólo un par de meses la odiaba como a nadie, y ahora… bueno, no sé… ya me simpatiza más, y de hecho siempre me ha atraído físicamente, pero… aún no estoy del todo seguro que sea lo correcto. Tengo esta extraña sensación. Cómo una especie de presentimiento, advirtiéndome que nada bueno saldrá de todo esto… ¡Oh, vaya! ¡Por fin logré el acceso!— Rivera dio gracias en secreto por la oportuna interrupción de parte de la computadora frente a él, cuando apenas se daba cuenta que estaba revelando asuntos muy íntimos.

—¡Ay, no puede ser!— gruñó enseguida, sujetándose desesperado las sienes —¡No otro programa de protección, maldita sea!

Ambos lanzaron un hondo suspiro de resignación. En definitiva, aquello les iba a llevar mucho más tiempo del que tenían planeado en un principio.

Inexorablemente, la engañosa tranquilidad con la que el experimento se llevaba a cabo se vino abajo en cuanto la sirena de alarma apareció en todos los monitores del sistema, alertando al personal científico de contingencias inesperadas que ponían en riesgo el éxito de la prueba. Impávidos, todos ellos se encaramaron en sus puestos para entre todos poder deducir el problema que tenían entre manos.

—¿Qué está pasando?— inquirió Ritsuko de inmediato con voz de trueno, tratando de conservar la calma y no hacer una rabieta monumental frente a todos sus subordinados.

—Hay una alerta de contaminación en la Unidad Sigma, en el Piso A, señora— se apuró a responder uno de los técnicos.

—El Muro 87 se está deteriorando y por ende está liberando una gran cantidad de calor— dijo por su parte otra de las empleadas desde su consola.

—Hay una anormalidad encontrada en la tubería 6.

Uno a uno, todos aquellos que tuvieran algo que reportar, casi la mayoría de ellos, le hizo saber a la Doctora Akagi las fallas suscitadas, pero todo parecía derivarse de una sola razón en general, tal y cómo se lo hizo saber la fiel y confiable Maya, desde su puesto de trabajo:

—La corrosión en el Muro de Proteínas. ¡Está incrementándose a una velocidad endemoniada!

Rikko no necesitó de más información para proceder firme y decisivamente, girando órdenes a diestra y siniestra para salvar aquella explosiva situación.

—¡Aborten de inmediato la prueba! ¡Sellen la tubería 6! ¡Preparen de inmediato los polisomas!

Así dijo y así fue como se hizo. Atentos a seguir las órdenes de su oficial superior, todos los técnicos y oficiales científicos a su mando se apuraron a cumplirlas en el menor tiempo posible. Palancas y dispositivos eran activados con presteza y soltura para activar mecanismos que accionarían enorme maquinaria cómo la que se requería para sellar una tubería completa, por ejemplo.

Sin embargo, y pese a todo su encomiable esfuerzo, parecía que nada podían hacer para solucionar el problema de la corrosión expandiéndose por todo el Muro Proteínico. El nerviosismo se hacía cada vez más evidente mientras los polisomas, pequeñas naves robots dirigidas a control remoto con un dispositivo de rayo láser integrado que emulaban a los anticuerpos de un organismo para deshacerse de la contaminación, se acercaban a su objetivo, la corrosión en el muro.

—Láser a la máxima potencia. Quiero que no quede una sola de esas condenadas partículas— gruñó Akagi, resignándose a ver su preciada prueba de piloto automático yéndose por el caño debido a dificultades técnicas de menor grado.

Todos guardaron silencio hasta no saber el resultado de la operación, por lo que el lamento de Rei pudo escucharse claramente por el sistema de sonido. Era un gesto de dolor, sin duda, sólo que apagado; como siempre, la jovencita hacía hasta lo imposible por reprimir cualquier manifestación emocional, aún cuando se tratara de algún dolor que la aquejara.

Dentro de la gigantesca cámara "esterilizada" el simulador de Ayanami comenzó a contorsionarse violentamente, sufriendo una serie de espasmos a intervalos iguales de tiempo, casi como un ataque epiléptico; cualquiera pudo haber hecho la comparación al observar todos esos movimientos que sin duda eran involuntarios.

—¡Rei!— alcanzó a decir Akagi, entre la confusión que se apoderó rápidamente de la sala.

—¡La corrosión ha logrado penetrar hasta este nivel!— a su vez reportó Maya, con voz asustada —¡Consiguió invadir el sistema activo del simulador!

Por fin Misato sentía que encajaba en aquel lugar. En medio del caos y la confusión ya nadie sabía que hacer en esos momentos, justo como ella. Aunque claro que no era para sentirse a gusto y mucho menos aliviada. Si bien no entendía cabalmente lo que allí estaba transcurriendo comprendía a la perfección que la prueba se había salido por completo de control y que la situación estaba alcanzando niveles peligrosos. Pero de forma extraña era la única en la sala que aún conservaba un dejo de calma en su rostro, esperando el momento donde se requiriera de su intervención.

No se alteró siquiera un poco cuando observó aquella mano gigante, que trémula se acercaba hacia ella del otro lado del grueso acrílico, como suplicando por una respuesta, por un alivio al dolor que la invadía. Entre todo el barullo, alguien, al percatarse de la peligrosa cercanía del simulador, sin perder más tiempo activó una palanca que a su vez accionó un dispositivo que en el acto cercenó todo el brazo desde el hombro de aquella maquinaria orgánica que tenían frente a ellos, luego de una cruenta explosión de conexiones y cables. La fuerza del estallido provocó una serie de fisuras en las paredes de acrílico, desde las cuales ya comenzaba a fugarse una peligrosa cantidad de solución estéril.

—¿Cómo está Rei?— preguntó la Mayor Kasuragi, anteponiendo la seguridad de los pilotos a la suya.

—Estable, aunque inconsciente— respondió Maya, después de checar los signos vitales de la piloto.

—¡Rápido, expulsen las cápsulas de inserción y activen el láser!

Ritsuko aún no terminaba de pronunciar aquellas palabras cuando las tres cápsulas en donde estaban los pilotos salieron disparadas a gran velocidad, escabulléndose por una compuerta superior que se cerró con estrépito apenas las engulló.

Con los jóvenes fuera de peligro los polisomas podían abrir fuego a discreción sobre el invasor, lo cual hicieron con la fría precisión característica de las máquinas, escupiendo sus rayos incandescentes sobre la indefensa corrosión cuyo único crimen era expandirse por terreno apto para ello.

No obstante, todos en la sala palidecieron al presenciar cómo los tres rayos impactaban centímetros antes de su blanco, aparentemente sobre una barrera transparente que era capaz de repeler cualquier ataque. Sospechosamente muy familiar.

—¡Un Campo A.T.!— se apuró a decir Misato, con el color escapando de su rostro.

—Imposible…— murmuró Akagi, desfallecida.

Imposible, pero cierto. Un Ángel había logrado lo que ninguno de sus predecesores: invadir el Geofrente. Y lo había conseguido utilizando una apariencia y estrategias no tan llamativas, yéndose abruptamente desde lo gigantesco hasta proporciones diminutas. Al final, un enano había triunfado en donde un gigante no pudo hacerlo. A nivel microscópico la infección se extendía rápidamente por los sistemas que había invadido, causando que el muro y el simulador corporal adquirieran una extraña tonalidad rojiza en las áreas afectadas, las cuales crecían de manera voraz.

—Está confirmado. Se trata de un Código Azul. Un Ángel, señor.

Fuyutski se aferró al auricular, intentando mantener la compostura al escuchar las malas nuevas. Pero no era el peligro al que se enfrentaban el que lo alteraba tanto, sino el hecho de que hubieran permitido que la criatura se infiltrara al cuartel justo en sus narices, sin nadie que se percatara a tiempo.

—¡¿Un Ángel?! ¡¿Dejaron entrar AQUÍ a un Ángel?!— por si fuera poco, con el rabillo del ojo observó como Ikari entraba a la sala, justo cuando pronunciaba aquellas palabras, ahorrándose la explicación pero no la mirada de soslayo que el comandante le lanzó cuando tomó asiento detrás de él—¡Maldita sea!— bramó entonces el anciano.

—Lo siento mucho, señor, fue un descuido de mi parte— Ritsuko intentó disculparse como pudo, metida hasta el cuello en tan penosa situación.

—Las excusas son innecesarias, Doctora— gruñó el viejo para luego interrumpir abruptamente el enlace al colgar violentamente el teléfono.

Gendo no había dicho palabra alguna desde que llegó. Tan sólo se limitó a recargarse en su escritorio, apoyando la barbilla entre sus manos entrelazadas, como era su hábito. Al parecer quería ver cómo iba a desenvolverse su socio ante semejante predicamento. Por lo menos así fue como lo entendió Kozoh, quien luego de apretar los dientes, tragándose su coraje, comenzó a blandir órdenes a diestra y siniestra.

—¡Sellen completamente la Unidad Sigma del resto del Dogma Central! ¡Rápido!

Hyuga apenas si alcanzó a avisarle a Misato de las medidas que se estaban tomando, vía celular. Sin más tiempo que perder, siendo la preocupación primordial de la Mayor poner a salvo a todas esas personas, por fin cumplió con su función dentro del experimento, al ordenarle a todo el personal evacuar el área de inmediato:

—¡Rápido, salgan todos de aquí! ¡Muévanse!

Sin importar nada más todos los técnicos y oficiales presentes salieron en tropel, escapando tan pronto como pudieran, abandonando sus estaciones de trabajo sin alguna objeción, mientras que los procedimientos de contención comenzaban a activarse. Las luces adquirieron el tono rojo de advertencia, mientras que una grabación en el sistema de altavoces indicaba a los empleados por donde debían desalojar el lugar.

Katsuragi se quedó en la puerta, esperando a que el último de ellos saliera, asegurándose que nadie se hubiera quedado. Cuál fue su sorpresa al observar a su amiga de pie en medio de la sala, inmóvil, con la vista clavada en los microorganismos de color rojo que proliferaban detrás de las agrietadas paredes de acrílico. Aunque con aquella actitud taciturna no lo reflejara exteriormente, la verdad era que estaba destrozada. A esas alturas, podía considerarse oficial: su experimento había sido un rotundo fracaso. No pudo conseguir datos que valieran la pena, y por si fuera poco, había dejado la puerta abierta para que un Ángel invadiera el cuartel. Un completo y absoluto fracaso. Lo que le dolía más de todo es que le había fallado. Le había fallado al hombre que amaba, ese que había puesto toda su confianza en ella, tan sólo para esto. Para que un monstruo diminuto la devorara y consumiera como si fuese una termita hambrienta. Y no conforme aún, quería más. Continuaba allí, devorando todo a su paso, todo aquello por lo que había trabajado tan duro. Tanto tiempo y tanto esfuerzo, todo para que ese desgraciado acabara comiéndoselo todo. ¡Maldito! ¡Maldito seas! ¡Cómo me gustaría destruirte con mis propias manos, estúpido engrendro! ¡Lo arruinaste todo! ¡TODO!

Las ventanas de acrílico finalmente cedieron a la presión, dejando libres miles de litros de líquido contaminado que no tardarían mucho en arrasar todo lo que encontraran a su paso, incluso también a la Doctora Akagi, de no ser por que Katsuragi se tomó la molestia de sacarla antes de que eso sucediera, jalándola del cuello de su bata para obligarla a moverse.

—¿Qué estás esperando, tarada?— le espetó cuando la empujaba, haciéndola reaccionar por fin —¡Vámonos de aquí!

Las dos mujeres corrieron por la ruta de evacuación, desesperadas, ya que a su paso enormes compuertas metálicas se cerraban como mandíbulas afiladas detrás de ellas, sellando cualquier entrada o salida del lugar. Si acaso alguna de ellas las alcanzaba, se quedarían atrapadas con la infección un muy buen tiempo.

Afortunadamente para ambas ese no fue el caso, pudiendo completar el procedimiento de evacuación justo a tiempo, aunque muy apenas. A salvo, ya afuera de la Unidad Sigma, completamente sellada, las dos mujeres se dieron el lujo de reposar unos momentos para recuperar el aliento, jadeando lastimeramente mientras se recargaban pesadamente sobre la compuerta metálica a sus espadas.

—Muy bien, encárguese de ello cuanto antes.

Ikari colgó la bocina, satisfecho de la conversación que había sostenido con Takashi, el segundo de Rivera. ¡Qué hombre tan práctico era ese Takashi! Si en lugar de ese mocoso insoportable él fuera el encargado de la División de las Naciones Unidas, las cosas no le resultarían tan difíciles. Había sido un buen día, hasta entonces, sin ese chiquillo engreído rondando por ahí.

—¡Apaguen esa alarma!— ordenó con aguardentosa voz, haciendo su entrada para adueñarse de la situación y retomando el lugar que por derecho le correspondía, relegando al viejo Fuyutski, quien quedó en segundo plano, como siempre —Llamen al Comité y díganles que fue una falla en el sistema de alarma.

Todos reconocían que el Comandante Ikari era un astuto estratega, rayando en la genialidad. También le reconocían su don de mando. Gendo Ikari tenía madera de líder, había nacido expresamente para dirigir a sus prójimos bajo su mandato. Pero ante todo, Gendo Ikari era un político consumado. Gracias a sus movimientos y conexiones en aquel ambiente es que había escalado hasta la posición tan envidiable en la que se encontraba. Gracias a su hábil manejo en la política es que ahora controlaba la agencia que ocupaba más de un tercio del producto neto de la economía mundial. Y si algo le había quedado claro en todos esos años es que en la política lo que más importaba eran las apariencias. Sus detractores bien podían aprovechar aquel incidente, (¡un Ángel había logrado invadir el Geofrente sin que se diera cuenta!) para acusarlo de incompetencia al mando e iniciar un proceso para destituirlo. Por lo tanto, pondría todos los cuantiosos recursos de los que disponía para disimular lo mejor posible la situación, sin dejar saberle al exterior lo que en verdad estaba ocurriendo en esos momentos dentro de aquellas instalaciones.

—La zona contaminada sigue extendiéndose— anunció Hyuga desde su puesto, un nivel debajo de donde se encontraba el comandante, en una especie de balcón desde donde podía dominar la enorme sala de controles que se extendía bajo sus pies —Está invadiendo todos los bloques Sigma.

—Está en un lugar muy, muy peligroso— Fuyutski le susurró discretamente al comandante, cuidándose de no llamar mucho la atención.

—Es verdad. Está muy cerca de donde se encuentra… esa criatura… descuida, ahí lo detendremos, justo donde está. Si es necesario, sacrificaremos todo el Geofrente— Ikari le contestó en el mismo tono, pero luego recobró su volumen habitual para preguntar: —¿Cómo están los Evas?

—Listos y esperando lanzamiento en la Séptima Lanzadera. Tan sólo estamos esperando a que los pilotos estén disponibles— respondió Makoto enseguida.

—No hay necesidad de esperarlos. Láncenlos tan pronto terminen con los preparativos.

Shigeru y Hyuga se miraron con desconfianza entre sí, sin tener la menor idea de lo que se proponía ahora ese hombre.

—La Unidad 01 tiene prioridad— Gendo continuó dando instrucciones, sin importarle la gran cosa la confusión que provocaba en sus subordinados —Ya he contactado a la División de las Naciones Unidas para que hagan lo propio con la Unidad Z. Los demás no tienen importancia, pueden abandonarlos.

—Pero señor, con todo el respeto— Shigeru se armó de valor para hablar, poniéndose de pie —¿Cómo espera destruir al Ángel, sin los Evas?

—Si cualquiera de esas dos Unidades llegara a contaminarse, todos podríamos darnos por muertos. Así que hagan lo que les digo. ¡Ahora!— fue la respuesta que obtuvo, clara y concisa.

Apenados, ambos oficiales asintieron y se apuraron a cumplir con sus órdenes y bajo su supervisión los gigantes de carne y acero salieron disparados hacia la superficie como de rayo, además en tiempo récord.

Ikari y Fuyutski los vieron partir, sin que ninguna emoción se reflejara en sus rostros de piedra.

Solamente el viejo profesor alcanzó a murmurar, suspicaz, como de costumbre:

—Muy bien… y ahora, ¿cómo se supone que vamos a derrotar al Ángel, sin los Evas?

Hubo que reunir a todos los mandos de NERV para tal efecto, es decir, además del comandante y el subcomandante, también a la Mayor Katsuragi, Jefa del Dapartamento de Tácticas y Estrategiae incluso a la Doctora Akagi, Jefa del Departamento de Desarrollo e Innovación Científica. Junto con los oficiales técnicos de más alto rango (Makoto, Shigeru y Maya) se encargaban de analizar la situación y definir el camino a seguir para darle una pronta solución.

—Miren esto— señaló Akagi, cuando observaba las gráficas en la pantalla —Se está concentrando justo aquí, en el límite del agua pesada. Donde se encuentra una mayor cantidad de oxígeno.

—Me parece que sus preferencias son muy claras— acotó Maya de inmediato.

—Puede que tenga razón, Doctora— intervino Shigeru —Los lugares donde hemos suministrado ozono para mantener las condiciones de esterilidad aún no han sido infectados.

—¿Entonces podemos suponer que el ozono es la debilidad de este bicho?— inquirió Katsuragi, harta de tantos rodeos.

—Es probable, pero no podemos estar seguros hasta intentarlo...

Una vez que Ritsuko pronunció esas palabras, la atención de todos en la sala se dirigió hacia la persona de Gendo Ikari. Era él quien siempre tenía la última palabra en la toma de dichas decisiones.

—Muy bien. Háganlo— respondió el comandante, tan lacónico como siempre.

Al poco tiempo, la medida estaba llevándose a cabo con resultados positivos, pues la zona contaminada había dejado de extenderse, para satisfacción de algunos optimistas que ya comenzaban a ver el vaso medio lleno. Sin embargo, la batalla estaba aún lejos de ganarse, y eso lo sabían bien los mandos de la agencia.

El liberar ozono en las zonas aledañas a la infección había detenido su voraz avance y eso era bueno, no obstante que el ozono no podía hacer mucho para despejar el área contaminada, por lo que aún tenían que soportar la presencia de ese visitante tan indeseable. Ambas partes se habían atorado en todo ese embrollo, sin una salida a la vista: el diminuto ángel no podía avanzar más, pero sus enemigos tampoco encontraban la manera de poder deshacerse de él. Sin poder erradicarlo, debían conformarse con siquiera contenerlo, por el momento. Seguro que a alguien se le ocurriría algo con el paso del tiempo.

—Si tan solo Kai estuviera aquí— murmuró Misato, observando atentamente en los monitores el inalterable estado de la situación, como todos los demás. Entonces, al recordar a su pupilo una idea le vino a la mente y entusiasmada quiso compartirla con todos —¡Eso es! ¡Podríamos llamar a Kai por teléfono y...!

—¡Nada de llamadas al exterior, Mayor Katsuragi!— Gendo explotó ante la sola idea de tener que pedirle ayuda a ese mocoso arrogante —Nadie más debe saber lo que está ocurriendo en el Geofrente en estos momentos, ¿entendido?

La mujer se encogió de hombros, agachando la cabeza como una colegiala a la que su profesor acaba de reprender.

—Entendido, señor— musitó, aún sin reponerse de la violenta reacción de su superior.

Irónicamente, el humor del comandante habría empeorado mucho más si hubiera estado bien consciente de lo que acababa de hacer. Sin saberlo, le había salvado el pellejo al muchacho, al impedir la llamada telefónica que hubiera delatado su ausencia del departamento en el que supuestamente se encontraba en esos momentos. Cosas del destino, el joven tampoco tenía idea del enorme favor que su archienemigo le había hecho. Empero, estaba mejor enterado de otros asuntos, sobre todo de la situación tan desesperada en la que se encontraban en ese mismo instante las instalaciones de NERV.

A sus espaldas, Kaji se revolvía un tanto inquieto. La invasión de un ángel no estaba en ninguno de los escenarios que había previsto en caso de una contingencia.

—Tendremos que dejarlo hasta aquí, por ahora. No creo que podamos trabajar bajo estas condiciones.

—Relájate, aquí estamos a salvo. La infección ha sido contenida a varios niveles encima de nosotros— el muchacho tuvo que tranquilizarlo de nuevo, enterado de los acontecimientos gracias a la conexión con la red interna y analizando detenidamente todas sus posibilidades.

—Pues disculpa si estoy algo nervioso, pero nunca imaginé que un ángel se iba a reducir a tamaño microscópico para poder infiltrarse en el Geofrente. La sola idea de tenerlo tan cerca de nosotros, aún de ese tamaño, me da escalofríos.

—Hum— musitó Rivera, sin tomar muy en cuenta el bien fundado temor de su acompañante. Él, que en cambio había peleado cara a cara con aquellos monstruos en tantas ocasiones, parecía que por fin les había perdido cualquier clase de temor ó incluso de respeto —Cada vez esos fenómenos desgraciados se están haciendo más mariquitas. Reducirse a tamaño microscópico... ¡cobardes! Saben bien que si se les ocurriera aparecer en persona, más tardarían en llegar hasta aquí que yo en partirles la cara. Aunque debo reconocerles que no son tan estúpidos como parecen...

—Te oyes confiado, y con justa razón. Después de todo lo que pasó durante el último ataque, parece que el Eva Z es invencible.

—No, no, en eso te equivocas, Kaji. Zeta no parece, ES invencible. Es por eso que el enemigo prefiere esconderse y arrastrarse por el piso en lugar de venir y enfrentarme directamente.

—Lo dicho: te oyes muy confiado— sonrió Kaji al detectar la arrogante soberbia en las palabras del chiquillo, algo que nunca había escuchado en él. Por fin todo el poderío de su Evangelion se le estaba subiendo a la cabeza —Quizás más de lo que te conviene.

Si Kai escuchó esas últimas palabras, que sonaban ligeramente más a una advertencia que un consejo, no dio muestra alguna de haberlo hecho, sino todo lo contrario, las ignoró completa y hasta deliberadamente.

—Estos tarados sólo pueden contener al ángel a punta de ozono, pero no pueden restaurar las zonas afectadas. El bicho está acorralado y atrapado, pero con ese Campo A.T. nada de lo que hagan surtirá efecto. Todos están atrapados en un callejón sin salida... salida... podría ser... aunque...— el joven guardó silencio por unos instantes, dejando a su increíble poder mental funcionar a toda su capacidad —Espera un poco. Tal vez podemos hacer de esta ambigüedad una oportunidad— pronunció el chiquillo, emocionado, mientras sacaba presuroso varias conexiones más de su mochila y una libreta en la que comenzó a hacer apuntes rápidos.

—¿A qué te refieres?— preguntó un poco confundido su acompañante, aunque no tanto, pues tenía la certeza que algo se le había ocurrido al joven genio.

—Digo que podremos sacar provecho de toda la confusión y matar dos pájaros con una misma pedrada. Tú sólo espera y lo verás...

Y así, sin más, el niño prodigio volvió a poner manos a la obra, con la impetuosidad que caracteriza a la juventud despreocupada. Pero mientras ésta rindiera resultados, no había porqué quejarse al respecto. Por lo menos eso era lo que Ryoji Kaji se repetía a sí mismo, buscando tranquilizarse.

Aquella situación tan engorrosa se había prolongado por mucho más tiempo del previsto y no podían esperar que se pasara todo ese rato allí, de pie, como si fuera alguna estatua ó algo parecido. Bueno, quizás el tiempo y el lugar no le permitían tomar un cómodo asiento para simplemente seguir esperando, pero nadie se quejaría si sólo se recargaba un poco en una de las consolas. ¿Qué daño podría hacer?

O eso es lo que pensaba la Mayor Katsuragi, solo que en cuanto decidió recargarse un poco en una de las consolas a su lado, un fuerte chillido salió de ésta, como protestando y de inmediato una señal de alarma se desplegó en todas las pantallas.

—¡Yo no toqué nada, en serio!— Misato se quiso excusar por su torpeza, temiendo haber descompuesto el equipo, pero no era el caso.

—¿Qué está pasando?— preguntó Fuyutski, haciendo caso omiso de las atolondradas disculpas de la Mayor.

—Estamos siendo hackeados, señor— respondió Aoba en el acto, sin darle crédito a sus propias palabras —Aún no se puede identificar al agresor.

—No es posible— mascullaron algunos cuantos, casi todos ellos muy familiarizados con el sistema. Que alguien sin permiso lograra introducirse en él era algo virtualmente imposible, no con MAGI cuidándoles las espaldas.

—Levantaré otro firewall y desplegaré una falsa entrada... eso debe darnos algún tiempo para determinar la ruta de salida del invasor— informó Shigeru al tomar medidas preventivas contra el ataque.

Para su sorpresa, la cual fue compartida por todos los demás en el cuarto de controles, el hacker no sólo evitó con facilidad la entrada de señuelo, sino que también superó rápidamente la barrera que le pusieron, e incluso otra más que siguió a la primera.

—Ningún ser humano podría hacer esto— musitó Makoto, anonadado por la escalofriante habilidad desplegada por ese misterioso atacante.

—El rastreo ha sido completado. El invasor se encuentra dentro de estas instalaciones— comunicó un joven técnico en cuanto tuvo los datos a la mano.

¿El hacker había tenido el descaro de estar en el Geofrente justo en el momento de la invasión? ¿Pero quién diablos se atrevería a cometer semejante disparate?

—Justo debajo del Ala B... ese lugar es...— continuó el técnico, cuando fue interrumpido por la Doctora Akagi.

—¡Es donde se encuentra el ángel!

En efecto, en cuanto volvieron su atención a monitorear de nuevo la actividad del ángel, todos pudieron darse cuenta que era él el perpetrador de la invasión al sistema computarizado del Geofrente.

—Miren eso...— acotó Maya, indicando la estructura visible de la criatura —Su patrón óptico está cambiando...

—Esas líneas alargándose... parecen circuitos eléctricos. Cómo si fuera alguna clase de computadora— también Shigeru compartió su punto de vista al contemplar el inusitado desarrollo de tan extraña criatura.

Pero mientras ellos perdían tiempo en admirar su capacidad de transformación y adaptabilidad, el enemigo continuaba eficazmente su avance por las redes computarizadas que utilizaban. Aún cuando los técnicos volvieron a desplegar una falsa entrada, de nuevo resultó inútil. El nada gentil invasor seguía reventando muros de protección como si fueran pañuelos desechables, uno tras otro y no había gran cosa que pudieran hacer para evitarlo, muy a su pesar.

Tanto la frustración como la desesperación iban en aumento, y finalmente, sucedió lo inevitable, luego de que la ahora criatura cibernética entrara al servidor principal como si estuviera en su casa e hiciera y deshiciera a su entero capricho una vez allí dentro. Su objetivo, según su modo de proceder y las rutas de acceso que había estado tomando, ahora resultaba muy claro, pero por si las dudas Maya quiso hacérselo saber a todos a su alrededor.

—¡Está buscando ingresar a MAGI!

—Apaguen todo el sistema— ordenó entonces Gendo, queriendo tomar las riendas de la situación. No le permitiría a ese bicho malintencionado apoderarse de su Cuartel General. Lo dejaría encerrado en las redes y luego decidiría que hacer.

Makoto y Shigeru sacaron sus llaves de acceso, siguiendo cada cual los protocolos establecidos. Ellos dos eran los encargados de apagar el sistema, y ya habían hecho varios simulacros para tal efecto, por lo que la coordinación entre ambos no resultaba mucho problema. Aún cuando antes se pensaba que un ataque de esa manera contra MAGI era prácticamente imposible, el manual manejaba de todos modos una situación semejante. Ahora ambos oficiales daban gracias por todos esos estúpidos simulacros que tuvieron que realizar muy a su pesar, mientras se ponían de acuerdo una vez que habían insertado las llaves de acceso.

—A la cuenta de tres, ¿quieres?— le dijo Shigeru a su compañero desde el otro lado del dispositivo —Cuenta tú, amigo...

—Muy bien, entonces...— con una sonrisa confiada, Makoto comenzó la cuenta regresiva —3... 2... 1... ¡AHORA!

En el acto, el par de oficiales giró las llaves que sostenían en sus manos, con lo que el sistema debió haberse apagado. Sin embargo, todo el equipo seguía funcionando con todo y el pequeño usurpador ahí dentro, pese a que el procedimiento de apagado de emergencia había sido el correcto.

—¡Maldita sea!— exclamó Makoto, desencajado por la angustia —¡Ya debe controlar el dispositivo de apagado! ¡Así nunca podremos lograrlo!

—El enemigo ha logrado alcanzar a Melchor... es muy rápido— indicó la afligida Maya desde su estación —¡Ha tomado el control de Melchor!

Una vez que lo hizo, una de las grabaciones del sistema se escuchó por todas las bocinas y altavoces del cuartel. Una grabación poco alentadora, que nadie hubiera esperado escuchar jamás.

—Auto destrucción de los cuarteles sugerida por Melchor...— la fría e indiferente voz que se escuchaba parecía no prestar atención a la calamidad que anunciaba a todos los que la oyeran —Denegada... Auto destrucción de los cuarteles sugerida por Melchor... denegada...

Continuó con su parloteo, para alivio de todos los demás. Por lo menos el desastre no había sido inmediato, pero aún así...

—Melchor ahora esta invadiendo a Baltazar... falta poco para que logre invadirlo por completo— Maya detestaba ser la portadora de las malas noticias, pero la gráfica en sus pantallas no mentían. Mediante un sencillo diagrama que representaba a las tres supercomputadoras podía observar el avance del ocupante, representando en color rojo las zonas de las que se había apoderado. En esos momentos Melchor estaba completamente cubierto de rojo mientras que Baltazar, a su lado, comenzaba a ser engullido por la hambrienta mancha de dicho color.

Esas sí que eran muy malas noticias. Cómo ya se había explicado con anterioridad, el sistema MAGI operaba de una forma muy parecida a la democracia, es decir, las decisiones se tomaban por los designios de la mayoría, es por eso que eran tres super computadoras, y no dos o una sola. Las tres deliberaban cuando se les presentaba algún dilema y luego "votaban" para elegir la solución adecuada. La autodestrucción había sido abortada por que sólo Melchor, bajo el control del ángel, la había propuesto. Pero si lograba apoderarse también de Baltazar, el enemigo conseguiría la mayoría que necesitaba para iniciar dicho proceso que acabaría con las instalaciones de NERV de una vez por todas.

Harta de tan sólo observar mientras esa descarada criatura se salía con la suya, violando como un salvaje demente a las computadoras que estaban bajo su cuidado, Ritsuko se abalanzó sobre una consola para comenzar a tomar las medidas del contraataque. Sus dedos se desplazaban ágilmente por el teclado mientras que su cerebro realizaba complejos cálculos de programación, los cuales eran traducidos al tablero y de allí al sistema informático.

Los oficiales científicos a su cargo únicamente podían maravillarse al verla trabajar a toda su capacidad, sin poder ayudarle en gran cosa por temor a estorbarle, por lo que sólo se dedicaron a elogiarla.

—¡Qué rápida es!

—Déjate de eso, mira con qué facilidad rescribe los códigos de programación...

—No cabe duda que la Doctora Akagi es una dotada— puntualizó Maya, con la misma admiración que su superior siempre le despertaba.

Después de unos cuantos minutos angustiantes, en los que Ritsuko se había enfrascado en algo así como una especie de duelo personal contra el invasor, por fin había logrado detenerlo, justo cuando estaba a la mitad de engullirse a Baltazar, tal y como indicaba el diagrama en la consola de Ibuki. Cuando la doctora por fin se tomó el lujo de lanzar un hondo suspiro y recuperar la calma, todos en NERV también podían respirar aliviados, con la certeza de que no serían traicionados por su avanzado sistema informático y vaporizados en átomos. Por el momento. Y así se los hizo notar Kozoh, antes de que toda esa parvada de incompetentes comenzara a aplaudir y a festejar cómo los completos imbéciles que eran.

—¿Cuánto tiempo nos consiguió, Doctora?

—No mucho... yo diría que como unas dos horas, máximo...

—Es tiempo suficiente para decidir que haremos. Doctora, Mayor, acompáñenos a la Sala de Estrategias, por favor— pronunció el ajado y macilento profesor, poniéndose de pie y encaminándose a la puerta.

Las mujeres obedecieron la indicación, siguiendo al subcomandante a la salida. Gendo permaneció en su asiento un poco más, en aquella actitud y postura reflexiva que parecía ser inherente en él.

—MAGI, utilizado en nuestra contra— murmuró cuando finalmente se puso en pie para alcanzar a los demás —Me pregunto que diría Naoko de todo esto.

Todas las imágenes, gráficas y cualquier dato concerniente a este nuevo y esquivo ángel estaban allí, reunidos para su disposición y minucioso estudio. Luego de un rápido, pero concienzudo análisis, el equipo de Investigación Científica había logrado englobar las propiedades más esenciales del diminuto invasor, tanto sus fortalezas como sus debilidades. Ritsuko era la encargada de dar a conocer los resultados a los asistentes a esa reunión de élite, en la que sólo estaban Ikari, Fuyutski, Katsuragi y ella misma.

—El ángel ha convertido toda su estructura en algo parecido a las nanomáquinas... tan pequeñas como un virus... cada una de ellas se reúne hasta que forman una colonia en muy poco tiempo, y exponencialmente evolucionan, lo suficiente para conformar un circuito inteligente... fue así como lograron infiltrarse al sistema... aunque aún no estoy segura de cómo dieron el salto de entidades casi orgánicas a toda una compleja red de circuitos...

—Conque evolución, ¿eh?— pronunció Fuyutski casi susurrante, poniendo atención a toda la información que le era desplegada por diversos medios audiovisuales.

—Así es, señor— continuó Akagi —Evoluciona constantemente, buscando la mejor manera para adaptarse a cada nueva situación.

—Evolución. El sistema de la vida misma.

—A mi parecer, y después de analizar toda esta información— Misato tomó la palabra, con ese tono frío y seco que utilizaba en todo lo que tuviera que ver con eliminar ángeles y que tanto desconcertaba a todos aquellos que la conocían como la simpática mujercita que era —La única manera de lidiar con este enemigo tan adaptable es no darle oportunidad siquiera de reaccionar y acabarlo de un solo golpe. Para tal efecto, sugiero la destrucción física de MAGI.

A la Doctora Akagi por poco le da un ataque de histeria con tan sólo escuchar las palabras de la Mayor, sobre todo al escucharla hablar de ese modo, cómo si se tratase de cualquier cosa. Sabía que esa loca estaba dispuesta a todo con tal de destruir a todos los ángeles, pero no permitiría que su tonta sed de venganza destruyera todo por lo que su madre e incluso ella misma habían trabajado tanto.

—¡Eso es inaudito! ¡Destruir MAGI significaría tanto como abandonar por completo el cuartel!

—Pues bien, como Jefa del Departamento de Tácticas y Estrategias, sugiero hacerlo, en ese caso...

—Esto le compete únicamente a la sección de Investigación Científica, Mayor, usted no tiene autoridad para decidir sobre esto.

—¡¿Porqué siempre tienes que ser tan necia?!— olvidando donde y con quienes se encontraba, Misato manoteó sobre el escritorio, encarando desafiante a Rikko.

—Porque todo esto comenzó por un error mío... me parece que es mi deber solucionarlo, entonces— pronunció firmemente la doctora, sin dejarse intimidar un ápice por su amiga.

Ella la observó por unos momentos más, interesada, cómo si estuviera reflexionando sus palabras, buscando alguna manera de responderle. Por fin se dio por vencida, cruzándose de brazos y dándole la espalda.

—Siempre has sido así: queriendo hacer todo tú sola, sin depender de los demás.

A pesar de que muchos entenderían ese gesto cómo un berrinche infantil y fuera de lugar, Ritsuko sabía que aquella era la manera de Katsuragi de darle su apoyo y dejarle espacio abierto para actuar a su conveniencia. Le hubiera querido agradecer el voto de confianza, sin embargo no podía olvidar que los comandantes seguían ahí.

—Si ya terminaron, señoritas— carraspeó Fuyutski, exasperado por la escena —Quizás podamos decidir cómo vamos a deshacernos de esta alimaña tan molesta.

—Tenemos una oportunidad, si logramos que el ángel evolucione de la manera que nos conviene— sentenció Akagi, hablando con la seguridad de quien tiene un plan muy bien elaborado.

—¿Controlar su evolución?— inquirió Gendo, curioso al respecto.

—Así es. Podríamos lograrlo utilizando el blanco principal del enemigo, Gaspar mismo. Podría subir en su sistema un código de autodestrucción que se acople al sistema del enemigo cuando Gaspar sea infectado, y para que se active en el momento en que el invasor logre su objetivo, es decir, cuando logre apoderarse por completo de MAGI.

—Guiar su evolución hacia la destrucción absoluta... me parece un plan un tanto maquiavélico, pero un muy buen plan a fin de cuentas— por alguna razón, Ikari parecía bastante complacido con la idea, mucho más de lo que debería estar —Lo apruebo, aunque espero que esté consciente que al hacerlo le estamos dejando la puerta abierta al enemigo. En ese instante todo dependerá de quien sea más rápido al atacar, si Gaspar ó el ángel.

—¿Crees poder terminar el programa a tiempo?— preguntó Misato, queriéndole advertir los riesgos de su plan —Si Gaspar cae antes de tiempo, todos estamos fritos...

—No te apures, estoy acostumbrada a cumplir mis promesas...

Así fue cómo se tomó la resolución. La Doctora Akagi, junto con su confiable (y podría decirse que inseparable) asistente, la oficial científica Maya Ibuki, se encargarían de hacer lo necesario para instalar el así llamado señuelo o "Caballo de Troya" (nada que ver con el vulgar virus informático usado en la red por algunas compañías de publicidad) dentro del sistema operativo de Gaspar.

Para ello, ambas debían entrar al enorme hardware de la computadora y hacer los arreglos necesarios, por no decir que iban a entrar a destripar el interior de Gaspar. Como era de esperarse, la Mayor Katsuragi se ofreció voluntariosamente a ayudarlas, así que mientras los procedimientos de evacuación de todo el personal en el Geofrente comenzaban, las tres mujeres comenzaban su odisea fantástica en las entrañas de una de las computadoras más avanzadas sobre la faz de la tierra, la cual estaba contenida en un espacio de aproximadamente diez metros de ancho por veinte de largo y unos ocho de alto, de los cuales cinco eran mantenidos por debajo del nivel del piso, para cuestiones de ahorro de espacio y ventilación. Los otros dos hermanos de Gaspar eran estructuras idénticas, las cuales también eran albergadas en el nivel inferior de la sala de controles.

Sin perder más tiempo Ritsuko tomó la delantera, abriendo la compuerta que les permitiría adentrarse en las tripas computarizadas de Gaspar. Al momento de abrirse, aquella parecía la entrada al inframundo, el cual se extendía inexorablemente dentro de ella: frío y oscuro, con el lejano murmullo de mecanismos electrónicos trabajando y con cientos de conexiones y cables extendiéndose por todos los rincones de aquel inhóspito espacio. No era lugar apto para la vida humana, y aún así las tres mujeres no dudaron al entrar a su interior. Rikko iba a la cabeza, seguida por Misato y finalmente con Maya detrás de ellas.

Al observar ese nuevo mundo que se abría a sus ojos, lo primero que notó la linda oficial científica fue la curiosa decoración del lugar. En cantidades que parecían de cientos, los manuscritos en hojas de papel estaban pegados por donde quiera que se dirigiera la mirada.

—Pero… pero…— masculló Ibuki, sin encontrar las palabras adecuadas para expresar la sorpresa que le produjo el curioso papel tapiz —¿Qué es todo esto?

—Supongo que deben ser las notas dejadas por la creadora del sistema— respondió Akagi, admirando a su vez el minucioso trabajo que debió haber sido dejar todas esas instrucciones.

—¡Es cómo si fuera un mapa a la puerta trasera de MAGI!— exclamó Misato sorprendida, leyendo de soslayo algunos de los apuntes.

—Esto debe ser información clasificada— repuso Maya al tomar entre sus manos una de las notas, observando su contenido —No puedo creer que tenga la oportunidad de verla de primera mano. Sin duda que con todos estos datos podremos programar mucho más rápido de lo que esperábamos…

Ritsuko ya no dijo más. Poniendo cuanto antes manos a la obra, mientras se acomodaba apara tal efecto se concedió el tiempo suficiente para agradecer la ayuda inesperada.

"Gracias, madre" pensó en sus adentros al contemplar el trabajo de su progenitora "Con tu ayuda, de seguro lo conseguiremos".

El tiempo se iba como agua mientras las tres se entregaban afanosamente a su labor. Aunque a decir verdad, Maya y la Doctora Akagi eran quienes hacían la mayor parte del trabajo, la Mayor Katsuragi sólo podía ayudarles muy de vez en cuando, pero aún así conservaba el buen ánimo, emocionada como muchachita por poder ser de alguna utilidad.

—Pásame el taladro, por favor— pronunció Rikko boca arriba, extendiéndole la mano.

Misato se apuró a cumplir con su función, facilitando en el acto la herramienta que le era solicitada. Y mientras su amiga continuaba con su entretenida labor, adaptando nuevas conexiones y dispositivos, la Mayor se entretenía en recordar viejos tiempos.

—Todo esto me recuerda cuándo estábamos en la Facultad— suspiró con aire de ensueño —¿Recuerdas aquella vez que…?

—El tablero 25, por favor— musitó Akagi, tajante. Al parecer, no estaba de humor ó no tenía el tiempo suficiente para ponerse a revivir el pasado.

Un poco avergonzada por su descuido, Katsuragi cumplió cuanto antes el encargo. Observó detenidamente la extenuante labor de su amiga, y cómo al parecer la desesperación tomaba presa de ella con el transcurrir de los minutos.

Quizás no podía ofrecerle tanto apoyo técnico como Maya, pero por lo menos podía intentar aliviar un poco la presión que la comenzaba a embargar; así que corriendo el riesgo de volver a ser imprudente, la mujer volvió a hacer uso de palabra, buscando relajar un poco a su compañera.

—Rikko— Misato empleó ese tono lisonjero que sabía tanto la divertía —¿Podrías contarme un poquito acerca del sistema MAGI? Nomás poquito, por favor, ¿sí?

La Doctora Akagi era una mujer muy capaz, nadie podía negarlo. Y prueba de ello es que podía seguir tan concentrada en su tarea al mismo tiempo que se esforzaba por no estallar en carcajadas al escuchar las ocurrencias de su mejor amiga. Adivinando sus intenciones, decidió seguirle el juego, sin soltar ni un momento su trabajo.

—No es una historia muy interesante que digamos— pronunció a la vez que utilizaba el taladro para hacer perforaciones sobre una estructura metálica en forma de esfera —¿Has escuchado acerca de la transferencia de personalidad?

—Un poco— la Mayor agradeció en secreto la disposición de la doctora a conversar y no hacerle pasar otro ridículo —Según tengo entendido, es un sistema informático que permite transferir la personalidad de alguien a una computadora orgánica de séptima generación para poder hacerla capaz de pensar por sí misma… es el principio mediante el cual funcionan los Eva, ¿verdad?

—Así es… MAGI fue la primera en su tipo en usarlo… mi madre fue quien desarrolló todo el proceso hasta sus últimas instancias…

—No querrás decir que…

Por fin Ritsuko había logrado, siempre con la ayuda de su práctico y útil taladro industrial, abrir aquella estructura que tenía frente a sí. Duro como una nuez en su exterior, por otra parte el interior se presentaba extrañamente blando, con cierto color grisáceo. Era un cerebro, sin lugar a dudas, un cerebro humano.

—¿La personalidad de tu madre fue transferida a esta computadora? ¿Ése cerebro es el de tu mamá?

—Bueno, no es precisamente su cerebro— aclaró Akagi cuando comenzaba a enchufar varios cables en la corteza del órgano —Pero sí, la personalidad de mi madre ha sido transferida al sistema MAGI.

—¿Es por eso que quería protegerla tanto?

—¡Claro que no! Fue más por mi vocación científica que por otra cosa. A decir verdad, nunca me llevé bien con mi madre…

Antes de que las cosas se tornaran más sentimentales y aquello se convirtiera en la hora de las confesiones fraternales, la alarma de advertencia las interrumpió abruptamente. Por fin el pequeño ángel había podido sortear el obstáculo que le habían puesto enfrente, e iba por el carro completo. La invasión seguía su curso, y pronto una muralla más era derribada, en pos del objetivo principal.

—¡Baltazar ha caído bajo el control del ángel!— pronunció Makoto al observar sus pantallas, anunciando con ello el principio del fin.

—Autodestrucción aprobada…— dijo a su vez la grabación en los altavoces, fría e indiferente, como siempre, a las penurias de todo aquél que la escuchara —La autodestrucción será ejecutada dentro de un minuto, una vez que la mayoría del sistema ha dado su consentimiento…

Impasibles, a todos los demás en la sala de controles sólo les quedaba contemplar como aquella mancha roja, implacable y hambrienta, luego de haberse engullido a Melchor y Baltazar comenzaba a comerse también a Gaspar, mientras que por otro lado, aquella que podía evitar el trágico desenlace del suceso estaba trabajando a marchas forzadas, con el tiempo pisándole los talones.

—¿Tan pronto? ¡No puede ser!— se lamentó la Mayor Katsuragi —¡El muy cerdo nos está comiendo el mandado! Ritsuko…

—Descuida, estamos un segundo adelante de él— aclaró Rikko, bastante confiada con aquella cifra.

—¿Un segundo? ¿Escuché bien?

—Es más que cero, y me conformo con eso— parafraseó la científica, recordándole la expresión que ella misma había usado cuando se enfrentaron al último ángel, y al igual que la presente ocasión, las probabilidades tampoco eran alentadoras. Mientras tanto la información que descargaba corría a raudales por los enlaces informáticos. Sus dedos se movían por el tablero a una velocidad casi imposible para un ser humano normal.

—Estoy de acuerdo— secundó Maya, poniendo el mismo entusiasmo que su oficial superior en su labor, afanada con su propio tablero —Podemos lograrlo…

No obstante, el reloj seguía su imparable marcha. Treinta segundos se habían desvanecido rápidamente entre la desesperación y en un instante más ya sólo faltaban quince segundos para el final de la cuenta regresiva… luego fueron diez… nueve… cómo una vela extinguiéndose, así se acababa el tiempo para todos los infelices que aún permanecían en el geofrente… cinco… cuatro… tres…

—¡Muy bien, ya está listo! ¡Corre el programa!— indicó Akagi a su asistente.

Maya no desperdició un solo momento y antes de que la cuenta terminara el programa ya estaba ejecutándose en el software de MAGI.

Dos…

¿Habrá sido tiempo suficiente para que el plan de la Doctora Akagi funcionara?

Uno…

El momento de la verdad. La tenue línea que separaba la vida de la muerte estaba separada por tan sólo un ínfimo segundo, una insignificante y fútil cantidad de tiempo que sin embargo fue el momento más largo y angustiante que muchos de los allí presentes, casi todos acostumbrados a un gran estrés laboral y a trabajar bajo presión, les pareció angustiosamente eterno. Para casi todos, salvo dos personas.

—Autodestrucción cancelada… sistema MAGI vuelve a la normalidad… la autodestrucción de los cuarteles ha sido cancelada…

Cosa tan curiosa. La misma voz de mujer tan indiferente que momentos antes se escuchaba en el sistema sonido, la cual había sembrado la incertidumbre y confusión total entre los presentes, las palabras de esa misma voz ahora traían consigo paz y una reconfortante seguridad a todo el personal de NERV.

Mucho más rápido de lo que había entrado a las computadoras y luego de hacerle la vida imposible a todo el personal científico, así de pronto la infección desapareció sin dejar rastro alguno de su existencia, desapareciendo como una horrenda pesadilla al alba, un mal sueño que se disipa al momento de abrir los ojos.

Las expresiones de alivio y júbilo no se hicieron de esperar, sobre todo en la sala de controles, que fue el lugar donde con más angustia se vivió el transcurrir de los acontecimientos.

—La alerta roja ha sido despejada… todas las operaciones volviendo a la normalidad…

Ahora, en lugar de provocarles pánico y desconcierto, aquella frígida voz en la grabación les parecía a todos los empleados tersa, suave, llena de seguridad y confort. Escucharla pronunciar aquellas palabras los llenaba de alivio, de un sosiego que parecía años que no habían podido disfrutar.

Y en el centro de todo el alboroto, las mujeres que habían salvado la situación tan sólo se limitaron a verse las unas a las otras para luego recargarse donde pudieran, liberando un largo y hondo suspiro de alivio luego de que lo peor había pasado. Lo que importaba es que estaban vivas para poder contarlo. Lo habían logrado. Habían defendido el castillo y repelido al invasor con éxito. Ahora podían darse el lujo de relajarse y descansar.

Unas cuantas horas después y los cuarteles poco a poco volvían a la normalidad. Ciertamente que la batalla de ese día no había sido tan espectacular como tantas otras, pero aún así había sido de las que más daño habían causado al Geofrente. Aún así, sólo se requería de un poco de esfuerzo y un par de turnos dobles, y todos los sistemas volverían a funcionar a tope.

Al contrario de la Doctora Akagi, quien para esos momentos ya se encontraba completamente exhausta. Ella fue la que quizás más se había esforzado por resolver la crisis y quien más presión recibió durante el transcurso de ésta, así que Maya no se molestó cuando la rubia soltaba un hondo bostezo mientras daba el reporte de daños y el avance de los trabajos de reconstrucción. Y aún si no hubiera sido así, era bastante improbable que pudiese enojarse de alguna manera con ella.

"Pues parece que ya estoy bastante vieja para esta clase de chismes" pensaba desanimada, al darse cuenta de lo agotada que todo el ajetreo la había dejado. Maya había pasado casi por la misma presión, y sin embargo ella aún se las podía arreglar para lucir sino fresca, por lo menos presentable, a diferencia suya que parecía un espantajo a esas horas de la noche. Quién pudiera volver a ser joven…

—Felicidades— Misato le extendió una taza de café caliente, sacándola de su autocompasión tan adictiva —Creo que te debo una disculpa por desconfiar de ti, después de todo lo conseguiste. Cumpliste con tu promesa.

—Cómo siempre lo hago, pero de todos modos, gracias— Rikko sonreía satisfecha mientras tomaba la taza entre sus manos cómo si le hubieran entregado alguna especie de trofeo ó reconocimiento. De buena gana le dio un buen sorbo a su contenido —¿Sabe, Mayor? Me parece que ésta es la primera vez que la horrible mezcla a la que usted llama café me sabe deliciosa…

—"Ja, ja, ja"… muy graciosa, Doctora Akagi.

—Para serte sincera… meterme dentro de MAGI y encontrar las notas de mi madre y todo eso…— Ritsuko apaciguó el tono de su voz mientras se dejaba caer sobre una silla, inclinando el cuerpo hacia delante —Me hizo recordar bastantes cosas acerca de ella…una noche en particular. La noche antes de su muerte.

Pese al semblante despreocupado y lejano que pretendía aparentar, Katsuragi pudo percatarse del ligero temblor en sus manos, que sostenían la taza de café. Hablar de ello no era tan fácil cómo su amiga le quería hacer creer, por lo que apreció aún más el hecho de que le estuviera compartiendo sus pensamientos.

—Fue mi primera visita a NERV, un poco después de haberte conocido. Diablos, parece que fue hace tanto… en ese entonces la agencia ni siquiera se llamaba NERV.

—También recuerdo esos días… fue justo una semana antes de que asesinaran a los padres de Kai— repuso la Mayor con sumo pesar, con la vista gacha. No era un recuerdo muy placentero, por lo que no pensaba en ello muy a menudo.

No obstante, ahora que relacionaba ambos eventos, tanto la muerte de la madre de Ritsuko así cómo la de los padres de Kai, se sorprendía del poco tiempo transcurrido entre una y otra. Además, esas tres personas habían sido piezas clave para la fundación de NERV. ¿Sus muertes, tan repentinas y las cuales se sucedieron en tan poco tiempo, podrían estar relacionadas de alguna manera? Los engranes de la mordaz inteligencia de la Mayor Katsuragi se echaron a andar enseguida. Eran demasiadas coincidencias, las suficientes para empezar a sospechar. Y en ese justo momento también recordó que la madre de Shinji…

—Mi madre me mostró las instalaciones, las cuales aún no eran tan profundas— Ritsuko prosiguió su relato, sacando a su compañera de sus conjeturas, por el momento —Pero de todos modos la tecnología era bastante impresionante en esa época. Y fue así que me llevó a conocer el recién instalado sistema MAGI. En ese entonces me explicó que el sistema entero representaban sus tres distintas facetas: como madre, como científica y como mujer. Eso es a todo lo que se reduce MAGI: tres distintas entidades, discutiendo entre ellas, en un conflicto constante que asegura el justo equilibrio. Deliberadamente quiso dejar impreso en ellas el dilema que representa el ser humano. Cada uno de los programas es ligeramente diferente al otro, aunque en esencia sean el mismo. Y creo que eso es lo que más me exaspera. Al parecer, no tendré la oportunidad de tener hijos— confesó, dando un hondo suspiro cómo si se estuviera resignando mientras pensaba en alguien —Por lo que nunca podré comprenderla como una madre… sin embargo, como científica, la respeto muchísimo, sobre todo a su trabajo… pero como mujer, incluso podría decir que la odio…

Las dos callaron en esos instantes, cada cual inmersa en sus pensamientos. Una vez más Misato volvía a relacionar los conflictos que cada quien sostenía con sus padres, aún si estos ya estuviesen muertos: Rikko, Kai, Asuka e incluso Shinji… y por supuesto, ella misma. Cada uno de ellos habían tenido (ó tenían, en el caso de Shinji) relaciones problemáticas con las personas que los habían traído al mundo y aún entonces, después de tanto tiempo transcurrido, seguían viviendo bajo su sombra, sin lograrse sacudírsela. Queriendo vengarlos, honrarlos, impresionarlos, sobrepasarlos, el papel que sus padres ejercían en sus vidas era sumamente decisivo, definitorio. Si las personas pensaran en todo esto antes de ponerse a hacer una familia, si de veras se pusieran a reflexionar en el enorme impacto que tendrían en sus hijos, en la indeleble influencia que sus acciones ejercerían en ellos aún cuando ya fueran adultos, entonces quizás las personas se la pensarían mejor antes de querer ser padres. Se trataba de una responsabilidad abismal, y eso ella lo sabía muy bien. Ya eran once años dándose cuenta de eso.

—¿Y sabes qué es lo peor?— otra vez, Akagi la volvía a sacar abruptamente de sus reflexiones —Su patrón cómo mujer estaba establecido en Gaspar, la computadora que acabamos de salvar. Fue una mujer ante todo, hasta el último momento. Justo como mi madre…

—Vaya, pues ahora sí que estoy sorprendida— pronunció Katsuragi, terminando con su taza —Hoy estás bastante parlanchina, y eso es raro en ti…

—Y al contrario, tú has estado muy pensativa todo este tiempo— repuso la científica, sonriendo, cuando se ponía en pie y ambas comenzaban a andar —Eso sí que es MUY raro. ¿En qué tanto piensas?

—Nada en particular, sólo divagaba. Tengo esta extraña sensación de que se me está olvidando algo muy importante, pero no sé qué es. ¿Nunca te ha pasado?

—Claro que sí, y es un verdadero fastidio. Pero descuida, ya lo recordarás, tarde ó temprano.

—Eso espero.

En esos instantes, unos cuantos kilómetros de corredores y planchas metálicas encima de ellas, en la superficie, tres cápsulas de inserción permanecían a la deriva, flotando sobre un pequeño estanque.

Incapaces de comunicarse con el mundo exterior, los tres pilotos habían permanecido en ese sitio durante toda la crisis, la cual se había extendido durante horas. Y aún entonces, cuando lo peor ya había pasado y el enemigo había sido vencido, todavía nadie se tomaba la molestia para ir a recogerlos.

—Me pregunto que tanto estará pasando allá abajo— suspiró Shinji para sí mismo, harto de estar esperando por el grupo de rescate.

No es que estuvieran atrapados dentro de las cabinas, pues éstas contaban con un dispositivo para que se pudieran abrir por dentro. Era otro inconveniente el que los mantenía encerrados por su propia conveniencia, cómo se encargó Asuka de puntualizarlo tan claramente:

—¡De ninguna manera pienso salir de aquí completamente desnuda!— gritaba en uno de sus habituales berrinches, pataleando desesperada y jaloneándose el cabello —¡Alguien que venga a ayudarme, por favor! ¡Ya estoy harta de este lugar, quiero irme a mi casa! ¡Por favor!

—Estúpida rubia escandalosa— musitó Rei con sumo desprecio por la persona de la joven europea. Aún afuera se podía escuchar con toda nitidez el coraje que estaba pasando dentro de su cápsula. Pero todo era culpa suya y de nadie más, suya y de sus tontos prejuicios acerca de la desnudez, de la pureza de un cuerpo al descubierto. Ella por su parte, desde hacía un buen rato que había salido a admirar el hermoso paisaje que tenía a su alrededor, en ese bello y cristalino estanque en el que estaban flotando. Si aún no se había ido era precisamente por seguir contemplando la vista, pero ahora que ya había oscurecido no quedaba mucho por ver. Además, comenzaba a hacer frío. Tal vez era hora de reportarse al cuartel.

—¡Victoria!— proclamó Kai, alzando como premio dos discos duros de computadora en su mano. Habían sido horas de extenuante trabajo, todas ellas en esas condiciones tan deplorables, en ese lugar olvidado de Dios. Pero todo su esfuerzo y sacrificio al fin rendían frutos, materializándose en aquél par de dispositivos de almacenamiento de datos que contenían toda la información que tanto él como su acompañante necesitaban.

Allí, de pie en medio de la sala de su apartamento el joven Katsuragi por fin podía proclamar que la operación de infiltración había sido todo un éxito: habían logrado obtener todos los datos que necesitaban del que quizás era el sistema informático más protegido del mundo sin que los atraparan en el intento, lo que era más, sin que nadie se hubiera dado cuenta que lo hicieron. Aquello sí que era para aplaudirse, por lo que no pudiendo soportar más la estremecedora emoción de saberse triunfador comenzó a reírse frenéticamente, en un tono que en esa atmósfera parecía un tanto cuanto macabro. No obstante, al momento en que se percató cómo lo observaba Kaji se detuvo de tajo.

—Sí, sí, ya sé— pronunció apenado, bajando la voz —Reírse como un maldito demente no es muy genial que digamos…

—Para nada— contestó Kaji, tomando uno de los discos —Por mí, puedes hacer lo que te venga en gana para festejar, siempre y cuando este aparato tenga la información que te había solicitado.

—Todos y cada uno de los bits que querías se encuentran allí, amigo: planos, códigos y claves de acceso ocultas. Espero que te diviertas mucho cuando estés armando tu pequeño rompecabezas.

—De todos modos, aún sigo creyendo que te arriesgaste demasiado— confesó Kaji, mucho más repuesto de lo que había estado hace un par de horas, todo nervioso y paranoico —¡Mira que dejar entrar a un ángel al sistema MAGI! ¿Cómo pudo ocurrírsete ese disparate! Imagínate lo que hubiera pasado si las cosas se hubieran salido de tu control…

—En serio que ya ni te reconozco, muchachote— respondió Kai —Pareces una colegiala, preocupándote por cualquier cosa. Todo siempre estuvo bajo control: desde el momento en que "tenté" al bicho ese a convertir su estructura en circuitos, estimulando la actividad eléctrica donde estaba atrapado, así cómo cuando empezó a filtrarse a la red del sistema— el muchacho comenzó a guardar apuradamente todo su equipo, sabiendo que no contaban con mucho tiempo antes de que Misato y los demás volvieran al apartamento —Era un programa tan básico en ese entonces que fue muy susceptible a la programación. Ya te lo he explicado un montón de veces, esa cosa estaba programada para morir en el momento que cumpliera su objetivo al apoderarse por completo de MAGI. En ningún momento estuvimos en peligro, todo fue tan sólo una farsa muy bien montada. Si pasamos por tantos problemas fue precisamente por la cretina de tu amiguita Ritsuko, siempre tan estorbosa.

—Pues será el sereno, pero sí que fueron unos momentos angustiantes los que pasamos allí dentro— completó Kaji, suspirando cuando recordaba lo mortificado que estaba, el miedo que sintió cuando creyó que el muchacho estaba poniendo en evidencia toda la operación. Pero ahora, que ya había visto los resultados, tenía que reconocer que el chiquillo había sido muy astuto, utilizando al ángel para romper todas esas barreras y programas de protección para que ellos pudieran hurgar en los archivos y sacar lo que les era conveniente para su propósito. Lo que es más, se había asegurado de que no quedara un rastro de su existencia, tanto del ángel cómo de su pequeña intrusión.

—¡Asuka, ya te he pedido disculpas un montón de veces! ¿Qué tengo que hacer para que me perdones?

Los dos interrumpieron su conversación al momento de escuchar la voz suplicante de Misato, cuando entraba al apartamento acompañada por Asuka y Shinji. Habían llegado más pronto de lo que esperaban, era eso o eran ellos los que se habían tomado más tiempo del que tenían previsto.

—¡Nunca te voy a perdonar! ¿Me oyes? ¡Jamás!

—¿Cómo pudiste habernos olvidado así nomás, cómo si fuéramos cualquier cosa?— completó Shinji en el mismo aire recriminatorio —Ahora sí que te pasaste de la raya…

—¿Sabes cuántas horas me la pasé allí, encerrada, completamente desnuda…?— la jovencita se interrumpió a sí misma cuando se dio cuenta de que tanto Kaji cpmo Kai la habían estado escuchando—¡Kaji!— exclamó sorprendida, poniéndose una mano delante de los labios, roja como un tomate.

—Vaya, vaya, vaya…— pronunció Kai, risueño al dejar volar su imaginación —Parece que se divirtieron a lo grande a mis espaldas, ¿verdad?

—¡Ni pensarlo!— objetó enseguida la muchachita, sin cambiar la coloración de su rostro —¡Ni muerta dejaría que este alfeñique me viera desnuda!— declaró señalando despectivamente al joven Ikari.

—¿No crees que estás exagerando un poquito, amiga?— murmuró Shinji apenado, enfrentando otro desaire más de la joven alemana.

—A mí lo que me gustaría saber— masculló Katsuragi, cruzada de brazos, a todas luces molesta por alguna razón —¿Qué es lo que hace ÉL aquí?— dijo señalando al arrogante Kaji enfrente de ella.

—Bueno… pues verás… sucede que yo…— Ryoji había sido tomado por sorpresa, sin haber preparado una coartada fiable antes, puesto que no tenía previsto un encuentro con la Mayor en esas circunstancias —Lo que pasa es que escuché que Kai estaba enfermo, así que quise venir a traerle un té de hierbas para los intestinos… un viejo remedio de la abuela Kaji, muy efectivo, por cierto…

—Es verdad, lo juro, no estábamos haciendo nada sospechoso— asintió el muchacho, evidentemente nervioso.

—¡Váyanle con ese cuento a su abuela, par de idiotas, a ver si ella se los cree!— estalló Misato al percatarse de que era obvio que ese par le estaba ocultando algo, y estando Kaji involucrado podía esperar cualquier cosa —Remedio de la abuela… ¡Ja! ¿Qué no pudieron pensar en algo más creíble?

—Está bien, creo que ya no tiene caso fingir más— el joven Katsuragi suspiró lastimeramente, bajando los brazos y agachando la mirada, rindiéndose —Hemos sido descubiertos, Kaji, será mejor decirles la verdad.

—Pero… pero… es que tú… no puedes…— el color se había desvanecido del rostro de su compinche, pensando que el chiquillo había perdido por completo la razón. Cierto es que estaban en una situación muy incómoda, pero tampoco era que estuvieran en una sin salida. Había otras muchas maneras, pero ahora ese chiquillo lunático pretendía decirle la verdad a Misato. ¡A Misato, de todas las personas en el mundo!

—La verdad es que Kaji… ¡Kaji vino a recoger unas películas pornográficas que me había prestado desde hace un mes!— todos quedaron estupefactos ante la confesión del muchacho, incluso el mismo Kaji —¡Perdónenme, por favor! ¡Fingí todo lo de la diarrea! ¡Nunca estuve enfermo, lo que quería era quedarme a solas en la casa para poder verlas por última vez!— el muchacho se arrodilló para darle más énfasis a sus palabras, mientras tomaba de un rincón una gran cantidad de discos de video que habían permanecido escondidos y los ponía a sus pies —Creí que nunca me descubrirían, pero ahora que lo han hecho… he traído la deshonra a esta casa, lo siento mucho…

—Bueno, pues…— musitó Misato, sumamente confundida por lo súbito de la revelación. Era mucho más de lo que quería saber —No es que esté en contra de que veas esa clase de películas. Digo, después de todo tan sólo tienes quince años, y todo eso. Sólo que estuvo mal que mintieras y…— tan sólo leer los títulos de aquellos artículos le causaba repulsión: "Las pasiones de la princesita", "Todos contra todos", "Burro en primavera", sin poder resistir más los devolvió con suma repugnancia a su dueño —¡Qué diablos! ¡Háganme el favor de llevarse esa basura obscena de mi casa, ahora mismo! ¡Y si me vuelvo a enterar de que sigues contaminando la mente de mi cachorro con tus cochinas aficiones, me las vas a pagar muy caro!— sentenció, tomándolo por el borde de su corbata hasta ponerlo justo frente a su amenazador rostro —¿Ha quedado claro?

—Más claro, ni el agua— respondió Kaji, temiendo hacer cualquier movimiento.

Por su parte, Asuka se encargaba igualmente de reprender a Kai, pellizcándolo en el brazo a hurtadillas y murmurándole al oído:

—¿Cómo se te ocurre conformarte con unas jodidas películas porno, teniéndome a mí, imbécil? ¿Ó es que no te motivo lo suficiente?

—Perdóname…— se quejaba el joven, aguantándose el dolor —Lo que sucede es que soy una persona muy enferma, lo siento… no sé en que estaba pensando.

A final de cuentas, no sin más contratiempos, ambos lograron salir más ó menos ilesos de aquellas fieras que los acechaban. Por fin Kaji había logrado salir del apartamento, casi completo. Pero lo más importante, el disco aún seguía en su poder, y la Mayor Katsuragi no se había enterado jamás de su existencia.

—Esa sí que fue una jugada maestra, jovencito— arguyó el sujeto cuando se encaminaba a las escaleras más cercanas —Películas porno… ¡Ni siquiera a mí se me habría ocurrido! Una coartada perfecta, incluso escondiste previamente las películas. ¡Eres un maldito genio, muchacho!

—¿Cuál coartada?— contestó apesadumbrado el chiquillo —¡En realidad todas esas películas son mías, y ahí es donde las escondía!

Ryoji reventó en carcajadas al enterarse de la verdad. Ahora todo encajaba.

—No te apures— le dijo enjuagándose las lágrimas que la risa le había provocado y poniéndole una mano en el hombro cómo si quisiera consolarlo—En cuanto termine de verlas procuraré devolvértelas. Es una promesa.

—Cuídalas muy bien, por favor. Son uno de mis mayores tesoros…

—Oye, por cierto— de golpe la conversación se volvió a tornar tensa —No es que sea de mi incumbencia, pero… ¿de veras piensas utilizar tu disco en tu reunión con el Secretario General?

—¡Por supuesto! De no ser así, ¿entonces porqué pasé las últimas siete horas apretujado en un inmundo agujero, contigo?

—Tienes razón, pero sólo quiero que estés completamente consciente del alcance total de tus acciones.

—¡Claro que lo sé!— repuso enseguida el muchacho —¡Mandar al demonio al bastardo de Ikari y toda su pandilla de matones!

—Ah, sí, y ponerle punto final a tu pequeña reyerta con el actual comandante de NERV, ¿no es así?

—No es sólo eso. Se trata de justicia. Ese mugroso ha hecho lo que le viene en gana todos estos años, eliminando a todos aquellos que le estorban a su paso, disponiendo de las vidas de todos a su alrededor a su antojo y nadie puede tocarlo por su posición. Quiero que pague por todas sus culpas, todas y cada una de ellas. Y para eso, debe caer.

Kaji sonrió plácidamente por la increíble ingenuidad del joven, algo no esperado en alguien de su altura. Pero a pesar de todo, seguía siendo tan sólo un quinceañero.

—Es un ideal muy bonito, muchacho, pero por desgracia el mundo real no funciona de esa manera. A como yo lo veo, en estos momentos el Comandante Ikari es el menor de los males, un mal necesario por así decirlo.

—¿De qué cuernos estás hablando? Por una vez en la vida, ¿podrías hablarme claro y directo? Estoy empezando a cansarme de tantas insinuaciones.

—¿Ya lo olvidaste? Todo este tiempo he estado esculcando en las operaciones secretas de la agencia. Aún no puedo darte muchos detalles, no todavía hasta que tenga algo más concreto, pero sí puedo decirte que he descubierto que el Comandante Ikari tan sólo es la parte visible de todo este inmenso movimiento, la punta del iceberg. Un iceberg que se extiende hasta las más altas esferas de los gobiernos más poderosos del planeta.

—¿Tú también me vas a salir con esa jalada de la conspiración secreta? ¡En serio que a ustedes, los de la generación del Segundo Impacto, les gustaba ver los Expedientes Secretos X! Lo siento, pero sin pruebas concretas, no puedo creerte esa idiotez del complot mundial.

—Estás en libertad de creer lo que tú quieras, muchacho, pero sólo ponte a pensar un momento que lo que estoy diciendo es verdad. Ya te he dicho la clase de personas que están detrás de Ikari, sosteniéndolo en esa elevada posición. Lo hacen porque quieren que esté allí. Sólo imagínate lo que estarán dispuestos a hacer para conservarlo en su puesto. No se detendrán por nada, ni siquiera por unas cuantas vidas.

Rivera tragó saliva. Quizás no creía en todo lo que Kaji decía, pero la sola posibilidad bastó para hacerlo vacilar un instante.

—Si sacudes mucho las cosas— continuó el sujeto, encendiendo un cigarrillo, asomándose por el barandal del pasillo en el que charlaban —Todos ellos se pondrán en guardia y actuarán con todos sus recursos, y entonces la verdad se perderá para siempre.

—¿De qué verdad hablas?

—Toda la verdad. ¿Qué es en realidad El Proyecto Eva? ¿Qué son los Ángeles? ¿Por qué sólo atacan Tokio 3 y no cualquier otra ciudad del mundo? Y quizás la pregunta que nos permitiría responder a todas las anteriores, la pregunta por la cual me eché de cabeza en todo este lodazal: ¿Porqué razón tu padre, el Doctor José Rivera fue asesinado?

Kai enmudeció con la sola mención de la muerte de su padre. Sabía que Kaji había sido su asistente algún tiempo, pero ignoraba que su muerte lo hubiera afectado al grado de tomarse la molestia de jugarse el pellejo al ser un doble agente. Aquello debía ser un truco para disuadirlo. Obviamente, el tipo tenía sus propios planes, y para llevarlos a cabo Ikari debía seguir en la comandancia de NERV.

—Lo siento, pero por ese lado no me vas a llegar. Hace mucho que dejé enterrado a mi padre, y allí pienso dejarlo, en el pasado. Lo único que me importa es el ahora y el mañana que vendrá.

—Perdóname— contestó apenado su acompañante, verdaderamente apenado —No quise ponerlo de esa forma. Sólo… sólo piénsalo bien antes de precipitarte, ¿quieres? Piensa bien las cosas, y haz entonces lo que consideres correcto. Pero hagas lo que hagas, hazlo sin ninguna duda, sin ningún temor— Ryoji empezó a andar por las escaleras, bajando al siguiente nivel mientras el muchacho lo veía partir desde arriba —De cualquier forma habrá gente que salga lastimada, hagas lo que hagas. Considera muy bien las posibilidades antes de actuar a tontas y locas. Recuerda que hay personas que son importantes para ti y a las cuáles debes proteger a toda costa. Pero para lograr tu objetivo, es muy posible que tengas que sacrificar a algunas de ellas. ¿Sabes a quién me refiero? Esa jovencita, Ayanami. En verdad seguirá a Gendo a cualquier parte, hará cualquier cosa que le pida. Y sin él por aquí... quién sabe lo que la desesperación la orille a hacer. Así que para conseguir saciar tu afán de justicia deberás sacrificar lo más querido para ti. ¿En verdad puedes hacerlo, sin arrepentirte después?

Por fin el muchacho se había quedado sin palabras. Había dado justo en el clavo, aquello que había estado inquietando a Kai durante todo ese tiempo, la posibilidad de perder a Rei al momento de derrotar a Ikari.

—Bueno, pues creo que ya tengo que irme…— masculló Kaji, tirando la colilla de su cigarro —Piensa bien en todo lo que te dije, pero hay algo más que me gustaría decirte antes de eso— volteó hacia donde estaba el chiquillo, para poder mirarlo fijamente —Ten mucho cuidado de ahora en adelante. Quizás no lo has notado todavía, pero parece que allá afuera se avecina una gran sacudida, un fuerte movimiento en todos los frentes que arrasará con todo lo que se le ponga enfrente, y en gran parte tú te encuentras en el centro de todo. Así que por favor, cuídate mucho. Te deseo buena suerte, en cualquier cosa que decidas hacer. Buenas noches.

Por fin, por fin se había largado, él y todos sus cuentos chinos para asustar niños. Lo único que había conseguido era confundirlo aún más. Ahora el dispositivo de almacenamiento en sus manos le parecía muy, pero muy pesado. ¿Qué hacer con él? ¿Utilizarlo, o dejar todo como hasta ahora, a ver qué sucedía después?

Se dividía entre su irrestricto sentido del deber y la responsabilidad, de entregar al criminal de guerra para que respondiera ante la Justicia, o el fuerte sentimiento en su corazón que aún lo unía con Rei Ayanami. Pero también estaba Asuka. Algo estaba pasando con ella, algo grande, algo con un futuro muy prometedor, si es que le permitían crecer. El dilema, entonces, se reducía a dos opciones muy claras: dejar todo como estaba para que Rei no saliera lastimada, lo cual confirmaría que aún la amaba, o utilizar el disco y quedarse con Asuka, olvidándose por completo de lo que sentía por Ayanami, sin importar lo que le sucediera. Rei o Asuka. Así de simple. No podría tenerlas a ambas, sólo a una de ellas. ¿No es así?

—Maldita sea… y ahora, ¿qué se supone que voy a hacer?— gruñó en la oscuridad del pasillo, cerrando los puños, sabiéndose impotente ante las fuerzas que lo tenían maniatado.

Era triste reconocer que el destino de casi todo el mundo descansaba en los hombros de un chiquillo enamorado de quince años, al cuál tan sólo le quedaban dos alternativas. Era un panorama desolador, para cualquiera que lo viera, desolador y triste, incluso patético. El porvenir de millones de personas se definiría en algo así como un volado. La moneda ya estaba en el aire. O como dirían en la antigua Roma: "Aleum jacta est".

La suerte está echada.