Hola chicas. ¿Qué tal?
Yo estoy a punto de entrar en la ducha, porque voy a salir a tomar algo con unas amigas y alimentar mis ideas para hacer este fic más candente, hasta el punto de que no os resistáis a leerlo. JAJAJA, soy cruel.
A parte de troll.
En fin, que aquí va el capítulo, espero que os guste.
Disclaimer
Los personajes pertenecen a ChiNoMiko. Solo los uso con el fin de lucro y de recibir reviews.
Luego hay algún que otro personaje de aparición leve sacado de Eldarya, un juego de ChiNoMiko, que también deberíais jugar (aunque está en francés hay guías increíbles que han traducido los capítulos).
Yo solo soy dueña de "mi Sucrette" y Leia.
No me abandonarán.
[Te comeré despacio, hasta el final]
Leia tosió para hacerme reaccionar. Me gire a verla, para verla haciendo muecas de "¡Qué guapo!" y me gire, ignorándolas para ver atentamente al chico de ojos verdes, alcé una ceja llena de curiosidad y sonreí, aun con mi mejor cara de "no me encuentro bien".
- Hola Kentin- tosí lo menos exagerado posible y mostré una "débil" sonrisa.
- Hola…- su sonrisa me mostró que estaba alegre de verme. Y yo me sentí bien al saber que Kentin se dejaría seducir por mí porque, en el fondo, el antiguo chico de gafas patoso seguía insistiendo en sus sentimientos por mí.
- ¿Quieres pasar?
- Eh… gracias- sus mejillas se ruborizaron, al darse cuenta de que aún estaba en pijama, y aunque fuera un pijama, casi, de monja, se sentía avergonzado.
Me hice a un lado, permitiéndole acceso a mi domicilio, con una Leia sonriente con picardía y muchas sonrisas. Me adelante a él, sentándonos en los sofás del salón, mi mejor amiga también nos acompañó.
- ¿Y quién vienes siendo tú?- preguntó. –Sabes que estás en cuarentena, ¿no?- se giró a verme a mí al decir eso último.
- Lo sé- dije gruñéndole por intentar picar en la situación.
- Soy Kentin…- tragó saliva. –Un compañero de clases de Sucrette- afirmó con un pequeño deje de desilusión en su voz. -Siento molestar e importunar-
- ¿Solo un compañero?- dijo mi mejor amiga, sonriendo pícaramente.
- ¡Leia!- chille, lanzándole un cojín. -¡No hagas tu numerito de intimidación!
- ¿Qué? ¡Esperas que me quede de brazos cruzados luego de decir lo que te gusta el tal Kentin y que ahora se presente aquí diciendo que solo sois compañeros! Solo quiero saber porque no se lanza a ti como una bestia en celo.- Bueno, al menos me estaba ayudando. -¿Te parece fea o algo? ¿No es tu tipo? ¿Tú te besaste en sus narices con esa bruja de Amber no? ¿Es algún truquito? ¡¿Cómo no te puedes dar cuenta de cómo babea ella por ti?!-
- ¡Leia! ¡Vete!- pensé en cosas bochornosas para hacer mi perfecta actuación de chica avergonzada.
- ¿Por qué?- se hizo la tonta. –Oh… claro, he dicho esto con el delante… ¡lo siento!
Y una mierda lo sientes. Pensé, taladrándola con la mirada por fuera, y agradeciéndole todo por dentro.
Me levanté y la empujé hacia mi habitación, chillando un "dame un minuto, Kentin", sin reparar en sus mejillas completamente rojas, casi matándome de su intenso color, bueno, al menos lo de Kentin estaba hecho.
Entramos en mi habitación y aproveche para cambiarme, mientras Leia me observaba.
- Intenta gritar algo improvisado como si te estuviese echando la bronca.
- ¡¿QUÉ?! ¡O sea me gritas por intentar ayudarte!- gritó mi mejor amiga con una sonrisa de "esto es divertido". -¡Venga ya! ¡Fijo que él solo se hace el tonto! ¡ES IMPOSIBLE QUE NO SEPA QUE ESTÁS ENAMORADA DE ÉL DESDE HACE SIGLOS!
- ¡LEIA! ¡CÁLLATE! ¡NO AYUDAS!- Chille, mientras me colocaba unos legguings y me quitaba los calcetines gordos.
- ¿Y tú sí?- Alzo la voz. -¡Déjate de tonterías! ¡Eres tan tímida a veces! ¡Él fijo que ya lo sabía!
- Leia- me quite la parte superior del pijama y cogí mi sudadera térmica. -¡No tenías que decir nada! ¡La próxima vez cierra la boca!- chille, saliendo de ahí, agradeciendo intensamente que me hubiese ayudado.
Camine hacia el chico militar, que seguía sentado con las mejillas totalmente adornadas de un color carmesí que gritaba un "¡SÍ!" alucinante y grabado por toda su cara. Me senté, enfrente de él, con mis mejillas totalmente rojas. Desviando la vista.
- Lo siento- me disculpe. –Y-yo- tartamudee a posta e intente mantener eso en mi mente. –No quiero que te sientas obligado a responder a lo que Leia dijo…- me tape la cara para poder sonreír con pura maldad. –Es tan vergonzoso, quiero decir, no quería decírtelo, es probable que te guste Priya, pues tú le hiciste caso a ella cuando fue lo de las gafas… yo… me siento tan idiota en estos momentos, tuve mi oportunidad y…- solloce, haciendo amago de empezar a llorar. –Por favor, dime a que has venido… o ríete de una vez de lo ilusa que soy.
Sentí sus manos acariciar las mías, desvíe mi vista a él, sabiendo lo que venía a continuación y sonriendo en mi interior. Lo vi justo delante de mí, arrodillado en el suelo, casi llegado a mi altura, con sus mejillas poco ruborizadas y el ceño fruncido.
- ¿De qué hablas?- me preguntó, con voz firme. –Eres tú… tú eres la que me gusta. Quiero decir, me hubiera lanzado sobre ti y a declararte mi amor en el momento que regrese, pero no quería asfixiarte como el antiguo Ken. Desde luego que eres mi tipo, eres preciosa, amable y siempre me has aceptado, sin embargo yo no me aceptaba a mí mismo para ti, ni siquiera sabía que te gustaba, fui tan insensible al no percatarme, sin embargo tú no eres mejor que yo- declaró. Frunciendo el ceño. -¿Cuándo te vas a dar cuenta de qué tú eres la única para mí?- preguntó. –Yo… claro que me voy a sentir obligado a responderle a la chica de mis sueños, a excusarme por todo lo que te hizo daño sin yo quererlo, como besar a Amber, yo… dios, es tan difícil, solo quería venganza, venganza por su humillación, y por pagarle todas las que nos hizo a ambos, me gustaría poder protegerte de todo eso… ¿sabes? Y lo de Priya, de verdad lo siento, ella es amable, tan amable como tú y yo no quería mostrarme otra vez con esa faceta tan patética y con esas horribles gafas…-
Por un segundo, en mi vida, mi corazón pareció acelerarse ante tales palabras. La primera vez en mucho tiempo que algo como esto pasaba, anonadada, de verdad, no fingiendo, me quede pasmada en mi lugar, buscando la coherencia en mí y aprovechar su confesión ridículamente cursi, pero hermosa…, contra él.
Aunque, sin éxito alguno, decidí que lo mejor que podía hacer era, si, besarle, lo mejor que sabía hacer. Me encogí y posé mis labios sobre el impaciente Kentin, en un beso desesperado, celoso de que esos carnosos labios hubiesen sido probados antes por Amber y no por mí.
Cada vez que mi boca, experta, se movía sobre la de él, se intensificaba el beso, volviéndose más exigente, hasta que decidí proceder a algo más, la lengua. Mordí los labios del ruborizado Kentin, quien había cerrado los ojos en gesto de timidez, permitiéndome a mí comprobar sus lindas reacciones, unas reacciones que solo serían mías. ¿Por qué está ansia de poder con Castiel, Armin y Kentin? ¿Por qué solo deseaba que me mirasen a mí y a nadie más?
No lo comprendía.
Ni nadie lo hacía.
Definitivamente ignoraré eso, y me centraré en saborear la chocolateada boca de Kentin, con sabor a Galletas Príncipe, sus favoritas, mientras tomaba con mi lengua su esencia, recorriéndola con mucha pasión, exigiendo rapidez y lo mismo por su parte. Deseoso de más y deseoso de mis labios, abría la boca un poquito más, dejándome a mí, un fogoso beso lleno de emociones que Kentin no pensó jamás experimentar.
El aire comenzó a faltarnos, por lo que, a regañadientes, me separé del chico militar, observando como lentamente abría sus ojos para observarme, con mis manos, después de encogerme un poco, toque su fino y delicado rostro de hombre "hecho y derecho" como decía su padre.
- ¿Estás enamorado de mí?- pregunté.
- Sí-
- ¿Por qué? ¿Por qué no pasaste página? ¿Por qué sigues siendo tan adorable y queriéndome a mí? Fui cruel al no ser capaz a corresponder-
Empecé a llorar, falsamente, la práctica hace al maestro, de hecho, aun me preguntaba porque no era actriz, seguro que ganaría millones por mis fuertes actuaciones de chica inocente que llora, incluso en los papeles de mala, sería… impresionante.
- Sucrette, solo puedes ser tú- susurró, avergonzado de sus propias palabras.
- Entonces… quizás deba advertirte- musite, picoteando sus labios, robándole una vez más sus ganas de hablarme y preguntarme cuales eran mis advertencias.
- Soy prostituta
Si me dieran una moneda cada vez que los tíos se lo toman en serio, realmente estaría viviendo debajo de un puente, pero hoy, tendría una moneda, Kentin se lo había tragado. Me sentí un poco mal al ver su rostro entre confundido, incrédulo y asustado. Solté un pff, antes de echarme a reir.
- Lo siento. Lo siento- me reí aún más fuerte. –Eso no es cierto, pero ha sido demasiado gracioso.
- ¡Eso no fue gracioso!- chilló Kentin. –Creí que me lo decías en serio, estabas tan fija y con un rostro lleno de seriedad que… lo eras aunque por una parte eso podría ser imposible… quiero decir…
- Relaja, Ken…tin- me reí. –Lo siento, casi te llamo Ken- puse rostro apenado y suspire.
- No pasa nada… supongo que puedo perdonarte si…- se ruborizo. –Vuelves a besarme.
Asentí, sonriendo alegremente para lanzarme de nuevo a besar sus labios.
Los besos siempre me habían parecido poca cosa, no entendía porque la gente decía que eran tan maravillosos, a mi si me dieran a escoger entre sexo duro y mimos, escogería el sexo, es más placentero, más genial, más activo y quemas calorías. Sin embargo, estos días, con esos chicos del Sweet Amoris empezaban a gustarme.
Aunque este solo era un terrible juego de seducción…
Nos separamos, con las mejillas sonrojadas, empezando a sentir calor en nuestras zonas, se notaba por lo tenso que estaba él y lo mojada que me sentía yo. Resople hondo para encarar a Kentin, una vez más.
- De todas formas, si tengo que avisarte de cosas mías…- afirme.
- ¿Qué quieres decir? ¡Por favor, sé seria está vez!- pidió.
- Lo voy a ser…- respiré hondo. –Verás… yo soy… muy posesiva. Si, vamos a estar juntos, quiero que sepas que odio que otras chicas toquen lo que me pertenece. Y más si eres tú… odiaría que Amber se te acercase un poco más. Y aun mejor, odiaría profundamente que Iris o Priya…- toque sus hombros, bajando hasta su pecho, en una caricia suave y sugerente, consiguiendo que se ruborizase totalmente. –Se acercasen de más a ti… me volvería una persona colérica que ardiese en celos… por supuesto que puedes hablar con chicas, pero no me gustaría que se acercasen tanto como hasta el punto de invadir como… digamos tu espacio.
- Eres… ¿celosa?- preguntó.
- Sí. Mucho- dije. Con mis ojos totalmente fijos en los de él. –Podría molestarme tanto por ser tan insegura y pensar que yo no soy ni la mitad de buena que tú.
- Pero si eres buena, eres… perfecta.
- Kentin- me incline, para rozar sus labios una vez más, solo que esta vez de modo suave. –También hay otra cosa… no puedes decirle a nadie que… vamos a salir…
- ¿Qué?- frunció el ceño. -¿Por qué?-
- Hay… hay alguien que…- resople. –Que está hasta las trancas por ti- digo. –Y es una persona importante para mí.- confieso, sin decir o dar indicios de que se trate de Alexy. –Si se entera de que yo no he hablado con él sobre mis sentimientos hacia ti y que, tu y yo…- sonreí, como haciendo que fuese inconscientemente. –Nos gustamos… se destrozará.
- Entiendo…
- Por el momento, mantengámoslo en secreto- sonreí, picando sus labios.
- Vale- suspiró.
- Y… A riesgo de estropear el momento, ¿a qué has venido?-
- Tus deberes y… nuestra cita…
[…]
- Eso ha sido jodidamente cursi-
- Leia, cállate.
- ¡Venga ya! ¡Casi vomito arcoíris!
- Lo siento pero, los arcoíris son demasiado bonitos para ser vomitados por ti-
- Ja-ja-ja-ja-ja, me parto y me mondo- dijo con ironía.- Ahora en serio, ¿a cuántas bandas estás jugando?
- De momento a tres- dije. –Sin contar los que me tiró sin relaciones o sin mentiras, solo con verdad.
- Sí, bueno, pues espero que todo salga bien- suspiró y se sentó.
La observe, tenía razón. ¿Cómo acabaría todo esto? Es cierto que solo quedaba un año, un único año para que acabase, si en ese año aguantaba sin revelar mis relaciones podría irme de rositas de la incomodidad y los reproches.
Y claro. No perdería.
La última vez que me enamoré, caí en la desgracia de los adolescentes, un juego peligroso en el que siempre uno acaba herido, acabe depresiva y en gran desconfianza con todos los hombres. Incluso más que cuando empecé con ese inepto.
Anteriormente era desconfianza rechazaba a los tíos sin siquiera ponerme a pensar en porque o si podría interesarme en un futuro. Los cortaba sin siquiera pestañear, porque para mí los hombres eran meros seres cuya existencia se basaba en abandonar y dejar tiradas a las mujeres. Un trauma causado por el abandono de mi padre, luego de tirarse a su secretaría en mi habitación de niña de 6 años, justo en la hora que estaba en patinaje artístico. Sin darse cuenta de la presencia y la de mi madre una media hora después por una caída tonta en la que mi brazo se rompió.
Jamás olvidaré esas caras. La mujer de rizos rojos que se encontraba debajo de mi padre, completamente desnuda, y jamás olvidare el rostro asustado de mi padre.
No olvidaré los gritos de mi madre mientras me cubría la cara, ni tampoco los tramites del divorcio. Como papá se alejaba una y otra vez de mí, con diferentes y numerosas mujeres, como prefería quedarse con ellas cuando iba a su casa por la custodia compartida, como me abandonaba con juguetes y películas mientras las mujeres se amontonaban en sus puertas cada fin de semana. Diferentes y cada vez más jóvenes… yo estando sola en una habitación.
Las falsas palabras que me decía todas las veces cuando me abrazaba al verme, solo al verme y al marcharme. "Papá te ama", ¿tanto me amaba? ¿Entonces por qué me dejaba así sin más por esas otras mujeres? Nunca me había amado si me había abandonado a la primera de cambio.
Me abandonó como casi todos.
Mi padre fue el primero, mudándose a Iowa Arizona, con una mujer quince años más joven, a trabajar en una compañía estadounidense bastante conocida, donde se forraba y luego, después de comprar lujos a su nueva mujer, Ellie, me compraba cosas caras a mí, como cámaras réflex, ordenadores portátiles, nuevos teléfonos y me mandaba una buena paga mensual.
Comprando mi afecto con palabras y regalos vacíos. Tras abandonarme constantemente y sustituirme… "amo a mamá y a Sucrette más que a nadie" que vil mentira y que falsedad tan amplia.
No solo me abandonó él. Mamá se fue también. Quizás ella esté más justificada, la pensión que papá le pasaba casi no nos llegaba, para pagar las deudas, al menos al principio, entonces se metió en un trabajo a las afueras de Francia, en Lyon, donde apenas podía verme, dejándome con Agatha, mi tía. Y de tanto acostumbrarse a ese lugar se quedó allí, con los argumentos de "te llevaría conmigo, pero creo que tú estarás mejor aquí, con tus amigos".
Y sola me quede.
Cuando comencé en el instituto, mi carácter se había amoldado perfectamente a mi forma de ser actual, jugando con todos los seres que existían tanto hombres como mujeres, fichas manejables y fáciles de usar con solo mover y echar bien tus cartas. Aprovechándome de mi falsa cara y mostrándola en el exterior, donde todos me miraban y me admiraban, rindiéndose ante una falsa y perfecta fachada.
Hasta que llegó él.
Descubrió todos mis esquemas, y me recordó todo lo que habíamos vivido, el "principesco" chico que acostumbraba a protegerme de los niños malos en prescolar, el hermoso y valiente niño que consolaba mis ahogadas lágrimas en frente de la puerta de Agatha.
Él consiguió descubrir mis fachadas tan falsas, casi tanto como el amor de mis padres, demostró conocerme y entró en mi corazón cubierto de una fuerte capa de hielo. Donde claramente descubrió que era una humana normal y tenía sentimientos. Enterrados en el fondo bien, pero enterrados.
Llevándome al principio de una hermosa relación. Que terminó, como todo lo bueno que hay en mi vida, y me abandonó como hacen todos.
Mis ojos se entornaron ante tales pensamientos y negué con mi cabeza. Como si ese inútil de Viktor mereciese mi atención y mis pensamientos.
- ¿Qué estás pensando?-
Negué con la cabeza y camine hacia mi habitación, no era el momento de seguir hablando de todo lo que había sucedido en mi vida. Era quizás la hora de comenzar a manipular a la gente, y seguir construyendo un sitio mejor. Un sitio donde nadie me abandonaría, porque yo soy la única y su protagonista.
Yo me encargaría personalmente de que nadie de mí se pudiese olvidar. Mi adictiva presencia era mejor que la de cualquier otra persona, atraía como si fuese un hada mágica y fuese algo fuera de lo común. Todos deseaban acercarse pensando en que era perfecta, Mery Sue, la que siempre mantenía una sobrecarga de virtudes, y que llegaba hasta saturar, una flor inalcanzable y que cautiva con sus vivos colores. ¿A caso alguien se resistiría a mí?
[...]
Entregué el justificante al señor Farrés, todos los ojos de la clase fijos en mí, otros atentos a saber que me había sucedido, otros preocupados, unos criticando fijamente mis pasos, y tras ser examinada, sonreí de manera prepotente hacia las tres arpías, para sentarme en mi asiento.
Los ojos de Kentin fijos en mí en cada momento, con las mejillas un poco ruborizadas, hoy era el momento de comenzar, nada me haría arrepentirme de impedir que me abandonasen. Oh querido, bienvenido al harem.
- Sucrette, ¿has hecho los deberes de historia?- Priya se gira a mirarme con sus ojos azules completamente ilusionados.
- Sí. Como siempre, ¿por qué?-
- ¿Me dejas leer tu comentario?- pregunta sonriente.
- Claro. Solo dame un minuto- sonreí de manera dulce. Y saque la libreta.
Por supuesto que lo había hecho. ¿Quién en mi situación se permitiría tener un fallo tan pequeño en una apariencia tan brillante y perfecta? Ni siquiera sabía porque me era tan natural ahora tener esta sonrisita dulce y ser más dulce que el caramelo, intento demostrarles que soy inocente y que merece la pena acercarse a mi olor. Siendo peor que una planta carnívora que con sus vivos y hermosos colores y olores atraía a sus presas. Todos se dejaban arrastrar, presos de mí, y se quedaban allí, admirándome, sin darse cuenta de que ya han caído bajo mis pies.
- Aquí tienes-
Priya me sonríe. Hemos hablado un poco, me alertó al principio el pensar que alejaría a los chicos de mí, obviamente sienta bien el saber que chicos guapos te adoran hasta el punto de enamorarse hasta los huesos. Y eso era obvio, no solo por sus comportamientos conmigo cerca, si no por sus miraditas y sus conversaciones ajenas de mi presencia. Sin siquiera darme cuenta, comenzaron a alejarse unos milímetros de mí, preocupándome por su cercanía con esa víbora roba-hombres, hasta que vi que ella solo quería ser agradable y ellos se sentían fascinados por las nuevas esencias.
Con mi comportamiento "inocente", los atrape en mis redes de nuevo, impidiendo que sus ojos se fueran a esa chica. Cierto es que soy agradable, pero... tarde o temprano tendré que utilizarla, y cuando eso pase, seguramente vaya a enredarla entre mis pétalos para que obedezca sin siquiera darse cuenta.
- Muchas gracias, Su- sonríe ampliamente. -Siempre tan amable.
Sí, claro.
[...]
Hice unas señas extrañas a Kentin para que me siguiera a los vestuarios, hoy era martes, Dajan no estaba. Por lo que, luego de clases el gimnasio sería todo nuestro.
- ¿Su?-
Tan adorable. Sus mejillas sonrojadas, sus manos temblando y ahí, parado delante de mí, casi temblando de la emoción de verme, haciéndome sentir que no podía resistirse a mí siendo suya, ¿o quizás era al revés?
- Kentin- sonreí, caminando hacía él. Abrazándolo, con mis brazos delgados, y sintiendo dentro de su pecho fornido pecho, su corazón acelerarse en una danza de aceleración. -Estarás libre, quizás... ¿para ver una película mañana en mi casa?
Asintió rápidamente, como si la oferta fuese de tiempo limitado. Y sonrió tétricamente, aun abrazando al chico y sintiendo como tímidamente ponía las manos sobre sus caderas.
Esto era un juego de niños.
Ellos habían caído.
Este es el final del capítulo de hoy.
Espero que os guste muchísimo. Casi tanto como me gusta a mí recibir vuestros reviews, que es lo que me da ánimo a seguir. Además he hecho este capítulo, a parte de por vosotras, porque tengo demasiados exámenes y me parece que os lo merecéis.
Gracias por responder a las preguntas, la verdad es que, quería saber si os molestaba, aun no sé si incluirlo, porque se me fue todo. Pero en fin, muchas gracias. ¡Os quiero muchísimo!
En fin. ¿Qué os pareció el capítulo? ¿Y la historia de Sucrette?
Bueno, ¡dejen reviews!
Gracias por leerme.
