"Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando los que te rodean

la han perdido y te culpan a ti.

Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,

pero también aceptar que tengan dudas.

Si puedes esperar y no cansarte de la espera;

o si, siendo engañado, no respondes con engaños,

o si, siendo odiado, no dejas lugar al odio.

Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen.

Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo.

Si puedes experimentar el triunfo y la derrota,

y tratar a esos dos impostores exactamente igual.

Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,

tergiversada por villanos para engañar a los necios.

O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,

y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

...

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud,

o caminar junto a reyes, y no perder el buen sentido.

Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.

Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.

Si puedes llenar el inexorable minuto,

con una trayectoria de sesenta valiosos segundos.

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,

y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!"

Sir Rudyard Kipling

"Si..."

—¡Maldito seas, pedazo de imbécil! ¡¿Me oyes?! ¡Te odio, te odio con toda el alma, estúpido Kai! ¡Muérete y púdrete en el infierno! ¡Desgraciado!

El poderoso puñetazo derecho de Asuka fue a incrustarse justo en medio de la sonrisa complaciente del muchacho, partiéndola en dos pedazos cuando la fotografía de Kai que estaba pegada en el saco de boxeo se rompió debido al golpe. La muchacha continuó vociferando presa de la ira, para variar, mientras que entre resoplidos e improperios de tal índole dirigía sendos golpes y patadas al aporreado saco, el cual se mecía violentamente de lado a lado con cada nueva agresión de la chiquilla, que creía ó más bien quería ver en él a la atolondrada humanidad de Kai Katsuragi.

¡El muy idiota! ¡Todavía que ella había tomado la iniciativa, invitándolo a salir toda la tarde a Tokio 2! ¡Toda una tarde junto a ella! Comenzando por una inspiradora película romántica, pasando por alguna discoteca para mover el esqueleto en serio, luego una apacible caminata por algún parque cercano para entonces terminar con broche de oro en algún restaurante italiano con una cena a la luz de las velas. En, conclusión, la cita perfecta. ¿Tenía una idea de cuántos pobres diablos siquiera soñaban con una oportunidad así? ¡Y aún así, se atrevió a rechazarla, el estúpido infeliz! ¡Siendo que era él quien debió habérselo propuesto, en primer lugar! Había sido muy cruel, sin duda alguna; seguramente ni siquiera tomó en cuenta sus sentimientos al momento de rechazar su invitación. Ella tan sólo quería despedirlo de la manera más emotiva posible, ahora que iba a estar tan lejos durante tanto tiempo. Mañana a primera hora el joven Katsuragi tomaría su vuelo con destino a la fortaleza de Nueva York, sede de las Naciones Unidas, a rendir su informe semestral al Secretario General de dicho organismo. Estaría fuera del país durante tres días. Tres días sin ver a la persona amada es toda una eternidad para cualquier enamorado. ¡Pero aquello no parecía importarle en lo absoluto a ese perfecto imbécil! Setenta y dos largas horas en las que no podrían verse ni estar juntos y Kai estaba tan tranquilo, como si fuera cosa de chiste. Quizás... tal vez quizás... él no la quería tanto como ella a él.

Cuando ese pensamiento cruzó su cabeza la jovencita europea lanzó un hondo grito de desesperación para luego desquitar su ansiedad con una patada tan fuerte que terminó por romper el saco frente a ella. El relleno de éste se desplomó rápidamente al piso mientras que Langley se encargaba de recuperar el aliento, sin importarle la gran cosa haber roto equipo del gimnasio, tan inmersa como estaba en sus propios pensamientos. Eso no podía ser verdad... simplemente no podía ser cierto... ¿ó sí? Pero eso explicaría muchas cosas, entre otras porque Kai se mostraba tan evasivo y distante cuando estaban los dos solos.

—¡Ay, caramba!— masculló Rivera asombrado, al entrar al gimnasio y contemplar la escena —¡No quisiera estar en el lugar de ese pobre saco de boxeo!

Más oportuno no podía haber sido. El que el joven llegara en esos momentos era justo un regalo de los dioses para la muchachita, quien, en cuanto lo vio llegar, se le lanzó encima como una tigresa, derribándolo en el piso tal y cómo lo hubiera hecho con una pobre gacela. La joven rubia se trepó encima de él, maniatándolo de brazos y piernas.

—Maldito imbécil— gruñó Asuka en tono amenazante cuando chocaba su frente contra la de él —Mira que atreverte a venir así nomás, cómo si nada hubiera pasado. Dime, ¿qué me impide romperte tu estúpido cuello en este mismo instante?

A pesar del aterrador semblante de la chiquilla, que demostraba la veracidad de sus palabras, Katsuragi no se amedrentó en lo absoluto; de hecho, incluso parecía bastante divertido, para estar en una posición tan peligrosa.

—Que si lo haces, no podría darte la sorpresa que tengo para ti— en cuanto terminó su frase aprovechó la enorme cercanía de los labios de la muchacha para poder robarles un beso cándido y travieso.

La joven alemana retrocedió enseguida, con el rostro encendido, sumamente abochornada. Nunca se hubiera esperado un gesto así, no tan de repente. Era muy raro que Kai se permitiera ese tipo de comportamiento con ella. Pero de todos modos, ese detalle había sido... podría decirse que muy placentero... y sobre todo, reconfortante, pues despejaba con suma claridad las dudas que tan sólo un momento atrás aquejaban a su adolorido corazón, el cual ahora saltaba de emoción dentro de su pecho.

—Ni... ni creas que con tus trucos baratos me vas a comprar— musitó la muchachita para luego darle la espalda, todavía en el piso. No quería que se diera cuenta de la reacción que le había provocado. Podría sacarle ventaja después.

Por su parte, Rivera aprovechó la confusión de su captora para liberarse y entonces ponerse de pie, reponiéndose del fuerte golpe que se había sacado cuando Langley lo derribó. ¡Qué fiera era la que tenía entre manos! Había olvidado lo dañino para la salud que podía ser hacerla enfadar.

—No me digas que todavía estás enojada conmigo. En serio me hubiera encantado escaparme contigo toda la tarde a Tokio 2, pero ya te dije que tenía que atender muchos asuntos aquí antes de irme. Además, tenía que prepararte tu sorpresita... ¿no te da ni un poquitín de curiosidad saber de qué se trata?

—Me tiene sin cuidado lo que te traigas entre manos— respondió la jovencita rubia haciendo un puchero y cruzándose de brazos —Ya te dije que a mí no me vas a poder comprar con trucos baratos.

Antes de contestarle, Kai se concedió unos momentos para poder contemplar con más detenimiento a la hermosa joven que tenía junto a él. Su piel, fresca y tersa estaba perlada de pequeñas gotas de sudor, producto del intenso ejercicio que había estado haciendo que a su vez había torneado ese cuerpo juvenil y arrebatador con el paso de los años. Llevaba puesto encima un top negro que dejaba muy poco a la imaginación, tan ajustado como estaba a su torso, lo cual le permitía apreciar casi en su totalidad sus formas tan curvilíneas, tan torneadas para alguien de su edad, ni qué decir de esa cinturita de avispa y el abdomen tan bien trabajado que se cargaba. Y aunque en esos momentos no podía verlas tan bien como en otras veces, sabía que debajo de ese pants rojo y blanco que traía puesto estaban unas piernas muy bien formadas en toda su extensión. A diferencia de la mayor parte del tiempo, sus cabellos dorados estaban bien acomodados en una coqueta cola de caballo, sin duda para que su larga cabellera no le estorbara en sus ejercicios. Mientras tanto, sus ojos castaños lo interrogaban ansiosamente con la mirada a la vez que sus labios, tan dulces y suaves, que apenas acababa de probar, permanecían trémulos ante la creciente expectación que se iba apoderando de ella. ¡Simplemente era bellísima! Las palabras no alcanzaban a describir la visión de aquel ejemplar tan magnífico del género femenino, en el cual se conjugaban juventud y algo de inocencia, pero también algo de candidez y de lujuria, de muchas pasiones prohibidas.

Pero además de todo, era endemoniadamente lista, ocurrente, simpática, atrevida, encantadora. Una persona en cuya compañía podía sentirse a gusto, sabiéndose comprendido por alguien tan similar a él. Definitivamente, tenía que estar haciendo lo correcto. Todo le apuntaba a que los dos debían estar juntos, era lo más natural. Ya no había más razones para vacilar.

—Entonces creo que no habrá problema alguno, preciosa, porque conseguirte este permiso de tres días no me salió para nada barato— dijo finalmente, sacando un sobre de su chamarra verde oscuro de algodón —Sólo necesita que lo firmes...

Los ojos castaños de la muchacha resplandecieron con un brillo poco usual en ellos al mirar fijamente el sobre en las manos del muchacho, a la vez que sus labios comenzaban a esbozar una enorme sonrisa.

—No me digas que...— apenas si atinó a decir, sumamente emocionada, mientras de un brinco se ponía de pie para tomar el mencionado sobre y revisar con avidez su contenido.

—Espero que tu visa esté vigente todavía... porque me gustaría muchísimo que fueras mañana conmigo a América. Bueno, eso si quie...

No pudo terminar bien su enunciado pues ya tenía nuevamente encima a Langley, aunque de una manera muy diferente a la vez anterior, pues le había saltado encima colgándosele del cuello y sujetándose de su espalda con las piernas cruzadas.

—¡América! ¡No puede ser, voy a ir a América contigo!— gritaba emocionada, casi histérica, la linda jovencita rubia mientras que lo besaba repetidamente en todo el rostro — ¡Kai, mi amor! ¡Ay, qué emoción! ¡Te amo, te amo, te adoro, eres lo máximoooo!

Fuera de balance, tomado completamente por sorpresa por la eufórica reacción de la chiquilla, el muchacho una vez más fue a derrumbarse sobre del suelo en una posición casi idéntica a la vez anterior, es decir, de espaldas al piso y con Asuka encima, sólo que en esta ocasión en lugar de amenazarlo no dejaba de besarlo un solo momento.

Para él se trataba de toda una nueva experiencia, ser tratado con tanta efusividad y sin reserva alguna, tal y cómo lo hacía aquella joven europea. A diferencia de otra persona, ella no tenía problema en demostrarle su afecto sin tapujos, en cualquier momento, en cualquier lugar. Pese a que lo disfrutaba en cierto modo, aún no terminaba de acostumbrarse a semejante trato. Esperaba lograrlo durante el viaje que les esperaba a ambos.

—Hmmmm— carraspeó la Mayor Katsuragi desde la entrada del gimnasio, sorprendiendo a los dos muchachos en el acto —Quizás cometí un grave error al darle ese permiso a Asuka después de todo— su rostro estaba contraído en un gesto entre malhumorado y desconfiado, con su ceja izquierda visiblemente arqueada —Todavía ni se han subido al avión y ya están encima el uno del otro...

Sin moverse de su lugar ambos dirigieron la mirada hacia donde se encontraba su guardiana, percatándose de que Shinji también estaba allí, viendo desconsolado como la jovencita europea tenía abrazado a Kai, en esa pose tan comprometedora. No dijo palabra, pero su expresión lo decía todo. Aún así, ninguno de los dos quiso darle importancia a los sentimientos de su compañero. Ya estaban hartos de su actitud timorata, sumisa y hasta cobarde podría decirse, y sobre todo, ya estaban cansados de sentir lástima por él y que precisamente eso les impidiera disfrutar a tope de su creciente relación. Tanto Asuka cómo el mismo Kai le habían dado bastantes oportunidades para que actuara, pero por su carácter indeciso aquél pusilánime las había desperdiciado todas. Así que ya era tiempo de que dejaran de preocuparse por ese pelmazo y empezar a ocuparse más de ellos mismos.

"Ni modo, viejo, te dormiste, y muy feamente" pensaba Rivera cuando observaba el semblante alicaído de su compañero de cuarto. Había hecho cuanto estaba en sus manos para ayudarlo, pero aparentemente Ikari estaba más allá de toda ayuda.

—¡Asuka!— pronunció la Mayor en voz alta, pues al parecer nadie estaba dispuesto a moverse de su sitio. Había detectado atinadamente lo tirante de la situación entre los tres jóvenes pilotos —¡Su avión sale mañana temprano y tú ni siquiera has empacado! Así que sugiero que te apures a cambiarte para poder irnos a casa y puedas empezar a hacer tus maletas…

—¡Sí!— respondió la jovencita, tan entusiasmada como una niña pequeña.

De inmediato se puso en pie y dando brinquitos de felicidad salió disparada hacia las regaderas, silbando una alegre melodía. También Shinji, cabizbajo y con los hombros caídos, emprendió la marcha hacia el estacionamiento donde estaba el automóvil de Misato. Seguramente el viaje de regreso a casa sería un infierno para él. La Mayor Katsuragi pronto lo siguió, no sin antes dirigirle una mirada escrutadora a su hijo adoptivo, no muy convencida de lo que estaba permitiendo. Fue un diálogo sólo de gestos, sin palabra de por medio. "¿Estás seguro de lo que estás haciendo?" parecía preguntar la mujer al verlo de esa manera. "Absolutamente" contestó el muchacho del mismo modo, asintiendo con la cabeza "Así es como las cosas deben de ser". Resignada, Misato se dio la vuelta para seguirle el rastro a Shinji, quien ya iba muy adelante.

Por su parte Kai permaneció a la entrada del gimnasio a disposición de los empleados de NERV, esperando a que su novia saliera del baño. Ocurrió entonces que en una desafortunada coincidencia Rei Ayanami caminara por ese pasillo en específico, justo cuando Asuka salía al encuentro del muchacho y lo tomaba por el brazo. Langley no se percató del hecho, ni siquiera de la presencia de su odiada rival. Quizás fue mejor que no lo hiciera, pues de haber sido así lo más seguro es que hubiera aprovechado la ocasión para ufanarse de su viaje con Kai.

Éste se encontró con la mirada de Rei por un solo y fugaz momento, que no obstante pareció durar días enteros. Al verlo partir del brazo con otra mujer el rostro de ella no reflejaba emoción alguna, tan bello pero tan frío como una estatua de hielo. Tampoco el semblante de Kai sufrió cambio alguno en presencia de su antiguo amor. Sin embargo, ambos parecieron decir lo mismo, al tiempo que los dos comenzaban a tomar rumbos separados y los engranes del destino que también los apartaba comenzaban a girar lenta y torpemente: "Adiós".

Se yergue tan alto como es en una tierra devastada por la guerra y las inclemencias del clima. No parece experimentar alguna clase de incomodidad en aquél ambiente hostil, pese a su ropaje negro y los fuertes rayos solares, que calcinaban todo lo que tuvieran a su alcance, sin otorgar cualquier clase de refugio en ese desierto desolado y sin vida.

El viento levantaba grandes cantidades de arena que amenazaban con tragarlo entero, pero aún así él no manifestaba molestia alguna, inmóvil en su sitio como si se tratara de una estatua de un ídolo profano.

Ni una gota de sudor, ni un solo gesto de malestar. Su larga cabellera plateada era mecida a merced del viento junto con su enorme gabardina, que en esos momentos parecía ser una especie de capa ceñida a sus espaldas cómo enormes alas negras de cuero que nacían en éstas. Su enmarañada barba atrapaba cuanto grano de arena tuviera a su alcance, pero sus ojos de lobo solitario no eran molestados al respecto, con la mirada fija enfrente de él.

Viento, arena y sol, los tres parecían estar protestando por su sola presencia en ese pasaje inhóspito, no obstante el visitante se mantenía indiferente a sus reclamos, con la vista clavada en la ciudad que se extendía a la lejanía, en el horizonte.

Las ruinas de lo que alguna vez fue la capital del país conocido como Irak. Bagdad. Una y otra vez devastada por la guerra y las ambiciones humanas. Y en esos tiempos presentes tampoco era la excepción, sólo que en aquella ocasión parecía que la ciudad había tomado mucho más daño del que podía soportar.

Había sucedido hace diez años. Poco después del Segundo Impacto, el naciente Imperio Americano puso sus ojos en aquél país, tan rico en recursos petrolíferos siendo la segunda reserva mundial en este preciado combustible; así que bajo pretexto de combatir el terrorismo alentado por su déspota dictador, el ejército americano no tardó en invadir territorio iraquí, por tierra, mar y aire.

El tirano tampoco tardó mucho en caer, no así los habitantes de aquél país, que como en todas partes del globo se resistieron al voraz imperialismo al que las naciones del así llamado "Primer Mundo" se habían lanzado vertiginosamente. Aprovechando el caos y la confusión causados por el desastre, territorios enteros eran invadidos y anexados indiscriminadamente, lo que desencadenaba cruentas guerras de exterminio, de purga racial que terminó por consumir a más de mil millones de personas en todo el mundo.

En aquél "Nuevo Orden Mundial" regido por las Naciones Unidas, curiosamente los miembros sobrevivientes del Consejo de Seguridad de esta organización, Estados Unidos, Alemania, China y Rusia, eran quienes se repartían entre sí todo el pastel del poder global.

Bueno, pues tras cinco largos años de resistencia civil de parte de los iraquíes, en lo que se había consolidado como una guerra de guerrillas, finalmente sucedió lo inevitable. Enfurecido por la destrucción de sus preciados oleoductos y de la aún más apreciada reserva de petróleo de parte de las milicias guerrilleras, el Imperio Americano decidió lanzar un ataque decisivo contra Bagdad, refugio de la mayor parte de las guerrillas. Para tal propósito utilizó las flamantes y previamente probadas Minas N2. Una sola bastó para reducir en cenizas la ciudad y todo lo que estuviera en ella, poniéndole punto final al conflicto, por lo menos en esa región.

Hoy en día aquellos parajes no eran considerados, en absoluto, de importancia, por lo que las tropas de las Naciones Unidas no opusieron resistencia cuando el Ejército de la Banda Roja decidió tomarlos como suyos. Y es que, a no ser que se le pudiera tomar como ruta de paso hacia Israel y Europa, ese territorio, y en especial la devastada Bagdad no tenían valor alguno. ¿O sí?

Él parecía saber algo que todos los demás no, ni siquiera sus allegados, que se sorprendieron en sobremanera cuando decidió tomar aquél desierto sin vida. Una amplia, pero siniestra sonrisa se dibujó en su rostro, enseñando aquella dentadura que semejaba a la de un tiburón, al tiempo que un tenue movimiento comenzaba a registrarse en el suelo en el que posaba sus pies. Movimiento que cada vez se iba haciendo más y más notorio, a la vez que violento. Ante su vista la tierra se iba abriendo en enormes grietas que se iban extendiendo desde la ciudad hasta poco antes de donde se encontraba. La arena inexorablemente iba cayendo en ellas, formando espectaculares cascadas de color ocre.

El Medio Oriente, aquél lugar en el que las siempre antagónicas culturas occidental y oriental se encontraban, chocaban y establecían violentamente sus fronteras, siempre había sido un terreno propicio para ellos. Tantos conflictos, tantas guerras, tantas muertes y tanto odio, acumulados en aquella región durante todo ese tiempo, tanto como la Historia misma. ¿Y aún así había quien se atrevía a decir que en esa porción de tierra había sólo la nada? Por supuesto que no. Quedaban las cicatrices. Y con ella los recuerdos, los fantasmas, el rencor y sobre todo, el odio. El odio que era su sustento, el odio del cual se alimentaban y el odio que ellos mismos sembraban y cosechaban. El odio que los hacía tan fuertes en este mundo. El odio que los colocaba como los dueños de este mundo.

La tierra se sacudía frenéticamente cómo aquel que busca afanosamente expulsar de su garganta aquello que lo está asfixiando. Y pese a la conmoción, él seguía firme en su lugar, inmóvil con aquella tétrica sonrisa en el rostro. ¿Por qué tendría que estar asustado? Presenciaba el nacimiento de nueva vida en ese sitio de muerte y destrucción. ¿No se le podría considerar como algo bello, acaso? De aquél agujero pestilente, que tan sólo había servido como abono, emergería triunfante un nuevo soberano para gobernar este planeta de condenados. Algo magnífico, soberbio. Poderoso. Así que, ¿qué estás esperando para romper esa cáscara que te aprisiona y salir a este mundo que te aguarda para que lo hagas tuyo? ¡Vamos! ¡Empuja con más fuerza! Derriba todo aquello que te estorba, que te impide salir a contemplar tus dominios, todo aquello que tu vista alcance a divisar. Sé fuerte, sé orgulloso. Sé soberbio, al saber que aquí tenemos más poder que cualquiera. Nada puede dañarnos, todo nos pertenece. ¡Sal de tu prisión y prepárate a sembrar el terror y la muerte por todo el globo! ¡Únete a mí, mi hermano, en esta vida que nos aguarda para conquistarla! ¡Ahora es el momento! ¡El mundo nos pertenece, así que levántate y anda!

Al momento una cruenta explosión abatió lo que quedaba de las ruinas, lanzando por el aire enormes cascajos de escombros que fueron a estrellarse como proyectiles al suelo, mientras que los cielos se tornaban rojos como la sangre. Un aterrador rugido se entremezclaba con el estruendo del estallido mientras una gigantesca figura parecía emerger dentro de la nube de polvo que no terminaba por asentarse, justo en el centro de la ciudad. El piso se estremecía de nueva cuenta, pero ésta vez no por movimientos telúricos, sino por las pisadas de un coloso alzándose. Seis en total. De entre la nube de escombros pulverizados apenas si se alcanzaba a percibir una sombra dispersa moviéndose serpenteante, amenazadora. Algo como una cola oscilaba en el aire, mientras un nuevo rugir se escuchaba en medio del barullo.

—Muy bien, te tomó algo de tiempo, pero ya estás aquí— pronunció ese extraño individuo con voz grave y portentosa, admirando el macabro espectáculo de destrucción que tenía delante de sí —Contigo ya somos cinco, y sólo nos falta un Jinete más.

El gigante recién emergido pareció responder con otro bramido, mucho más fuerte que los demás, que sin embargo no consiguió amedrentar un poco al personaje que se dirigía tan irrespetuosamente a él.

—¡Deja de quejarte tanto y apúrate!— dijo dándole la espalda a la devastación, observando el reloj en su muñeca —Ya me has entretenido bastante tiempo, y empieza a hacérseme tarde para mi pequeña reunión en Japón.

Y mientras esa persona se preparaba a visitar el Japón, dos residentes ya lo habían dejado atrás, a bordo de un avión de primera clase de las Naciones Unidas, destinado sólo para los más altos dignatarios, lo que le daba una idea muy general a la emocionada Asuka del alcance de las influencias de su novio.

Tras un muy placentero vuelo de unas seis horas cruzando el Pacífico de lado a lado ahora se encontraba pisando suelo norteamericano, lo que la llenaba de una emoción inmensa, rayando en lo infantil. Aspiró profundamente el aire invernal que comenzaba a llegar a sus pulmones, satisfecha. Observó cuidadosamente el moderno aeropuerto de la ciudad de Phoenix, en el Estado de Arizona, siempre tan bullicioso y activo, tan lleno de vida aún a esas horas de la noche. Desde que se había mudado a Tokio 3 hacía bastante tiempo que no apreciaba una escena urbana de ese tipo. Sonrió satisfecha al saberse visitando una sociedad cosmopolita tan activa como lo era la estadounidense, por la cual sentía muchos vínculos y simpatía.

América, tierra de las oportunidades, pero también del consumismo indiscriminado. Cadenas de restaurantes, cines y demás centros de esparcimiento la aguardaban por donde quiera que posara la mirada. Casi salivaba de pensar en todo lo que había que visitar en ese país tan vasto, el cual se extendía por todo el continente desde la franja polar justo encima del meridiano 55 hasta lo que quedaba de la cordillera de los Andes, en el extremo sur. Pero sobre todo, las tiendas por visitar. Erigida como el templo del capitalismo en el mundo, en aquella nación se encontraban ubicadas las matrices de las mejores tiendas de ropa y accesorios, y era precisamente desde allí donde se marcaba el rumbo de la moda en todo el globo.

¡Y el ambiente de Primer Mundo que allí se vivía! Con todas las galerías, museos y discotecas. Tantos lugares por visitar hacían que se lamentara del poco tiempo del que disponían y de su itinerario tan apretado. Pasarían aquella noche en Phoenix, para al día siguiente partir al Geofrente de NERV en Norteamérica, justo en medio del desierto de Nevada. Lo más seguro es que se llevarían todo el día en ese lugar, pues Kai debía ponerse al tanto de los avances de la construcción del nuevo Modelo Especial para Combate. Solamente dispondrían del día siguiente para gastarlo en recreación y para tal efecto ambos habían escogido de común acuerdo San Antonio, Texas. Allí, ella se quedaría a esperarlo mientras su amado partía por fin a la fortaleza de Nueva York, el único lugar del recorrido al que ni siquiera su privilegiada posición como piloto de Eva le permitía acceso. De todos modos no había mucho que ver en aquél cubo de hielo y concreto flotando en el Atlántico, a no ser montón de barricadas y de tropas armadas hasta los dientes.

Apenas si podía esperar para continuar el viaje, lo que se demostró en la manera tan apurada en la que bajó la escalerilla del avión, queriendo aprovechar al máximo aquella experiencia tan especial que apenas daba comienzo: un viaje por esa tierra de ensueño en compañía de su galante y apuesto novio. ¿Qué más podía pedir?

Por el contrario, Kai no compartía del todo su entusiasmo, tomándose su tiempo apara abandonar el vehículo y encontrar lo primero de lo cual quejarse.

—¡Maldita sea, siempre tiene que hacer tanto frío en este país!— masculló cuando el aire gélido del norte lo golpeaba en pleno rostro.

Su reacción instintiva fue cubrirse con los brazos y castañear los dientes, pese a que iba bien abrigado con una enorme chamarra y dos suéteres debajo de ésta, un gorro de lana cubriéndole la cabeza, guantes, y la obligatoria bufanda.

—¡Vamos, no seas tan chillón!— lo alentó Asuka, tomándolo por el brazo, quien, como era esperarse dada su ascendencia sajona, se sentía como pez en el agua en ese ambiente de baja temperatura —¿Pues qué esperabas? ¿Clima cálido y tropical?

—Es que odio el estúpido frío— respondió el muchacho cuando empezaban a andar al autobús que los llevaría a la terminal, rodeados siempre de un ejército de guardaespaldas desde que llegaron, aunque éstos mantenían su debida distancia de la joven pareja —Me siento mucho mejor en climas calurosos…

—Me parece que deberías estar un poquito más animado… es decir: ¡Míranos! ¡Estamos en la nación líder del mundo! Aquí se produce lo mejor que la humanidad tiene que ofrecer. ¿No hace que se te enchine aunque sea un poquito la piel?

—Sí, de lo congelado que me estoy poniendo en este inmundo refrigerador…— repuso el muchacho de nuevo, frotando sus manos.

—Velo por el lado positivo, allá en Japón sería muy difícil que me vieras vestida así, ¿no te parece?— y para que pudiera apreciarla mejor la jovencita le hizo el favor de dar una vuelta sobre sus tacones, modelándole su bonito conjunto de ropa invernal.

Rivera asintió sonriendo con complacencia. Ella tenía razón. A no ser que fueran hasta el extremo norte en la provincia de Hokkaido, allá en casa sería muy difícil que Asuka tuviera la oportunidad de ponerse aquellas prendas invernales que se le veían tan bien, como esa chamarra café de cuero con relleno afelpado y sus botas de gamuza pintadas de rojo. Unos ajustados pantalones negros de tela térmica completaban su atuendo. Simplemente estaba espléndida. Había hecho bien en traerla.

—¿Lo ves? ¡Te quedaste con la boca abierta!— observó Langley, complacida, mientras ambos subían al camión —Aunque se me hace extraño…— continuó una vez que los dos tomaron asiento y el vehículo emprendía el camino a la terminal —¿No tendrías que sentirte a tus anchas en este país? Después de todo eres mitad norteamericano.

Se interrumpió a sí misma al terminar esa observación, al hacerla recordar el penoso incidente acecido apenas unos meses atrás, cuándo insultó a la madre de Kai, lo que desencadenó el salvaje enfrentamiento entre los dos con sus Evas.

Su acompañante se dio cuenta de lo apenada que se puso, pues también él había recordado la pelea con su comentario. Suspiró, desganado, sin estar seguro de qué hacer o decir en esos momentos. También él se avergonzaba de su comportamiento en el pasado, sobre todo en esa ocasión en específico. ¿Pero qué se le iba a hacer? Lo pasado ya había quedado muy atrás y ninguno de los dos podía hacer algo para remediarlo.

—Pues… creo que sí debería… ¿verdad?— pronunció torpemente, mirando de reojo por la ventana detrás de él. Finalmente se decidió y pasó su brazo derecho por los hombros de la muchacha, atrayéndola hacia él.

Asuka, un tanto sorprendida al principio, luego se dejó llevar por la situación, aliviada por el repentino gesto de afecto que le decía que había sido perdonada, descansando sobre el cuerpo de su novio mientras lo abrazaba con ternura.

—Es muy raro cómo me siento al respecto, ¿sabes?— continuó Kai, más en confianza. La calidez del cuerpo de la jovencita había ahuyentado el frío que momentos antes le calaba hasta los huesos —Pese a que siempre tuve una mejor relación con mi madre no me siento muy identificado con el lugar en el que nació. Siempre que vengo no dejo de sentirme fuera de lugar. Mi corazón siempre busca el sur… hacia la tierra de mi padre… quien no era precisamente mi persona favorita en todo el mundo…

—Tienes razón, es muy raro… aunque puedo imaginarme por qué te sientes de esa manera.

—Yo he estado pensando un poco al respecto, últimamente. ¿Será porque en realidad soy una persona sin patria? Tú eres alemana, todos los demás son japoneses, pero yo, que he vivido en tantos lugares, en realidad no pertenezco a ninguno. No soy japonés, ni americano, ni siquiera mexicano… En resumidas cuentas, podría decirse que soy, cómo dice una canción, el hombre de ningún lugar.

—En realidad lo que yo iba a decir es que aún buscas acercarte a tu padre de cualquier manera… comprenderlo para poder llegar a quererlo… es por eso que sigues afanosamente cualquier cosa que pueda ayudarte a sentir que estás cerca de él. Además, no creo que sea del todo cierto eso de que seas un paria, es sólo que aún no te has dado cuenta de tu verdadera nacionalidad.

—¿De veras? ¿Y se puede saber cuál es?— preguntó el muchacho, sumamente intrigado.

—Bueno, naciste en la Antártica, ¿no es así? Entonces, ¡felicidades! Eres un orgulloso ciudadano antártico. Quizás el único en todo el mundo. ¿No te da emoción?

Enseguida ambos se echaron a reír a bocajarro, aliviados de la incómoda tensión de unos cuantos momentos atrás.

—Qué honor, pero en ese caso— añadió Kai —¿No debería sentirme más a gusto en este ambiente bajo cero? ¡Y aún así me estoy haciendo una paleta en este lugar!

—Ya no te apures por eso— le dijo la muchacha, estrechándolo más en sus brazos —Que yo me voy a encargar de mantenerte calientito todo el tiempo que estemos aquí.

—¡Genial! Precisamente eso era lo que quería escuchar…

—¡Tonto! ¡No me refería de esa manera!

—¡Ah! ¿Pero es que hay otra?

El mundo parecía un lugar tan vacío y deprimente en esos días. Sin control, sin dirección, sin un propósito bien definido. Un horrible sitio gris al cual le era indiferente, plagado de un montón de personas sin rostro a las cuales les importaba un comino lo que pasara con su vida. Ya no quedaba esperanza alguna, no desde que ella se fue. Sin ella ya nada en esta pinche vida valdría la pena. Sin ella, en definitiva el mundo entero era una reverenda y auténtica mierda, a fuerza de ser sinceros.

O por lo menos eso era lo que pensaba Shinji Ikari de su mundo por aquellos días. Deambulando como un fantasma por los pasillos del Geofrente, el buen Shinji, siempre tan proclive a la depresión y maniático de la autocompasión, gastaba afanosamente su tiempo en sumirse en su propia inmundicia, tan inmerso en sus mezquinos pensamientos que el mundo, ese mundo real que le rodeaba, le era indiferente o en caso contrario le parecía sumamente hostil hacia su afligida persona.

Por lo tanto no quiso responder al animoso saludo de Misato cuando ésta pasaba a unos cuantos metros de él, junto con Hyuga, Maya y Shigeru. Ella también lo había traicionado, permitiendo que aquellos dos se fueran así nada más. De hecho estaba casi seguro del lado de quien estaba, pues obviamente le había estado ayudando todo ese tiempo y ahora le quedaba más claro que nunca. Haberle dado ese permiso a Asuka de tres días, justo a tiempo para que pudiera irse a otro continente con ese desgraciado de Kai. Que coincidencia, ¿no es así? Además, si le importara en algo su situación hubiera hecho algo más que saludarlo de manera tan hipócrita. Una amiga de verdad se hubiera detenido a conversar con él, a buscar alguna forma de aliviar su dolor. Pero no. Ella ni siquiera le dio importancia al asunto, siguiendo su camino y dejándolo atrás en el olvido, como siempre.

Qué importaba. De todas maneras no podía culparla por actuar de esa manera, después de todo así era como lo trataban todos. Para ellos el único valor que tenía como persona era ser un piloto Eva. No había nada más aparte de eso en su persona que mereciera alguna clase de reconocimiento o de aprecio. ¿Verdad? En todo este ancho, vasto y tan cruel y despiadado mundo no había una sola persona que se preocupara sinceramente por él. ¿En serio era una persona tan despreciable? Sin darse cuenta ya estaba llorando de amargura, con las lágrimas recorriendo raudas sus mejillas.

—Asuka— musitó lastimeramente, con la voz toda quebrada —¿Porqué? ¡Ni siquiera me diste una oportunidad!

—¿Qué te pasa, Ikari?

Como casi siempre que era ella quien le dirigía primero la palabra, en esos momentos tan oscuros y de necesidad la voz de Ayanami le pareció dulce y celestial. Una luz casi divina rasgó entonces las tinieblas en las que él mismo se había envuelto a manera de capullo protector, tan solo con observar su encantador rostro que tenía toda su atención puesta en él.

—Nada, nada— respondió el muchacho de prisa, apenado de que Rei lo hubiera visto llorar como un bebé —Me empezó a doler el estómago un poco, es todo…

—Entonces deberías tener más cuidado con lo que comes. Podría tratarse de una infección intestinal o algo peor.

—Seguro— respondió Shinji, extrañado. La manera en que la jovencita le dijo que se cuidara… puede que fuera tan sólo un desvarío de su confundida mente, pero le pareció tener un tono algo… maternal.

—Nos vemos entonces— agregó la muchacha, queriendo seguir su camino.

El alivio momentáneo que sintió con su llegada comenzó a desvanecerse rápidamente mientras la veía darle la espalda y alejarse. Sus palabras salieron de su boca casi sin pensarlo, intentando que se quedara junto a él todo el tiempo que fuera posible.

—A… ¡Ayanami, por favor, espera!— pronunció casi gritando de desesperación, dándose tan solo una idea de lo suplicante y hasta patético que se escuchaba al hablar de esa manera.

No obstante consiguió lo que quería. Rei se había detenido en su displicente andar y en esos momentos lo observaba de reojo, interrogándolo con su silencio.

—¿Tú… ya te vas?— murmuró Shinji, cabizbajo, deshaciéndose de la vergüenza —¿Ya te vas a tu casa?

—Sí— respondió la jovencita, intrigada por la extraña actitud de su compañero.

—¿Podría… crees que podría… acompañarte?

Aquello tomó completamente por sorpresa a la joven piloto. Ikari debería tener algo más que un simple dolor de estómago para estarse comportando de esa manera. Aunque no era la primera vez que actuaba así, ya antes lo había hecho y siempre había sido por sus constantes episodios depresivos. Lo que a veces le hacía preguntarse qué era lo que él parecía buscar tan afanosamente en ella. ¿Comprensión? ¿Consuelo? ¿Cariño?

—¿No piensas irte con la Mayor Katsuragi, como siempre?

—Lo que pasa es que… bueno, preferiría no estar cerca de ella, por el momento. No estoy de humor.

—De acuerdo— asintió Ayanami. Después de todo, no era que Shinji le cayera mal o algo por el estilo. Muchas veces su compañía podía ser agradable, inclusive —Si así lo quieres, entonces puedes venir conmigo.

Enseguida el muchacho se levantó de su lugar, recobrado y con muchos mejores ánimos, y se aprestó a seguirle el paso a su bella compañera, quien ya se encontraba caminando un par de metros delante de él.

Pese a los encomiables esfuerzos del muchacho por llamar su atención lo cierto es que ambos no habían conversado la gran cosa durante el corto trayecto a pie a la casa de Rei. Como siempre, la linda pero a la vez extraña jovencita se encontraba enfrascada en sus pensamientos, abstraída del mundo externo. No era para extrañarse, pero la muchacha sí detectó lo inusual de la actitud de Ikari, a quien tan sólo le hacía falta ponerse un anuncio luminoso para hacerse notar y así se lo hizo saber:

—Hoy estás muy parlanchín, Ikari.

—Oh— masculló Shinji, apenado —Perdona… no era mi intención molestarte. Tan sólo quería conversar un rato, es todo.

—¿Te sientes solo? No creí que fueras a extrañar tanto a Kai. Después de todo sólo se fue por tres días…

El muchacho apretó tanto los dientes como los puños apenas escuchó ese mil veces maldito y odiado nombre. De labios de ella sonaba aún peor.

—He notado algo, ¿sabes? Llamas a todas las personas por su apellido… excepto a él…

Rei no contestó, y aunque no pudiera ver su rostro al caminar detrás de ella, el joven estaba casi seguro que se había sonrojado.

—Creí que estarías molesta con él, por lo de Asuka, pero no lo pareces

—¿Debería estarlo? Lo siento, pero no comprendo muy bien esa clase de sentimientos a la que te refieres. Lo nuestro hace mucho que terminó y ahora él y yo tan sólo somos compañeros, al igual que tú o la otra. No veo porqué deba afectarme lo que haga o deje de hacer en su tiempo libre.

—Lo querías mucho, ¿verdad?— Ikari continuó con el asedio. "Quizás todavía lo haga" pensó "No llamó a Asuka ni siquiera por su apellido o su puesto, la llamó "la otra" —¿Me puedes decir qué fue lo que le viste? Es que… no me lo tomes a mal, pero ustedes dos tienen nada en común. Y sin embargo… tú lo amabas… o todavía…

—Primero dime algo— lo interrumpió Rei, deteniéndose en su camino para quedar cara a cara con él —Yo también he tenido mucha curiosidad al respecto, últimamente. Dime… ¿qué es lo que crees ver en mí? ¿Qué es lo que en realidad buscas, cuando estás conmigo?

—No te entiendo…— musitó su acompañante, estupefacto.

Su cara estaba muy cerca de la de él. Lo más cerca que había estado desde que se conocían. Ahora era él quien estaba nervioso. No era que estuviera enojada ó algo por el estilo. La actitud de Ayanami, indiferente, lejana, no había cambiado. Pero de todos modos temblaba como gelatina al estar tan cerca de ella, casi sintiendo su respiración encima de él.

—Ikari… tú… ¿tú me quieres? ¿Crees que me amas?

Shinji se quedó mudo al momento, sin poder conectar su cerebro con la lengua. Un montón de pensamientos se arremolinaban en su cabeza, atorándose unos contra otros al querer salir. Atónito como estaba, las palabras no atinaban a salir de su boca. ¿La amaba? No lo sabía con precisión. De alguna forma se sentía atraído a ella, pero, ¿en realidad la amaba? ¿Ó es que tan sólo buscaba consuelo en ella? Apenas hace un rato lloraba desconsolado por Asuka. Hasta entonces comprendía la pregunta que le había hecho con anterioridad. ¿Qué buscaba en ella? ¿A quién creía ver en ella? ¿Acaso a una chica triste y solitaria, cómo él, a quien le habían roto el corazón? ¿A ese alguien que le ayudaría a recuperarse de la caída, juntos? No lo sabía, por más que lo intentara no podía saberlo.

—Ayúdame a salir de la duda, por favor— pronunció Rei, ella tan tranquila ante la creciente indecisión del muchacho —¿Puedo…? ¿Puedo tocarte?

Con el rostro encendido, el muchacho asintió con la cabeza, al ser incapaz de hablar. Entonces la jovencita, lenta y cautelosamente, estrechó su mano con la suya. Algo como un escalofrío reptó por la columna de Shinji, al sentir el contacto con la delicada piel de su bella compañera. Y por si no fuera suficiente con eso, ahora Ayanami acariciaba su rostro con su mano libre y antes de que lo supiera ya estaba siendo besado por ella.

Sus ojos, abiertos de par en par, no daban crédito a lo que estaban viendo, a lo que todos sus sentidos le decían. Ayanami lo estaba besando. ¡Rei Ayanami lo estaba besando! Su corazón parecía querer salir de su pecho, dándole de tumbos en él. Aquél era su primer beso. ¡Y había sido justo con Rei! Esa dulce sensación en los labios era lo mejor que había probado en su joven vida. ¡Felicidad! ¡Cuánto te tardaste, pero al fin tocas a la puerta! ¡Gracias! ¡Gracias, Dios, por haberme dejado vivir hasta este día! ¡Muchas gracias!

Pero, por alguna razón, muy dentro de él, sentía que algo estaba mal con todo eso. Que no era lo correcto. ¿Pero porqué? ¿Qué había de malo en ser feliz?

Por su parte, habiendo terminado con "la prueba" Rei volvió a tomar su distancia. No, definitivamente no era lo mismo. Hacía falta algo…

—Ahora puedo responderte con certeza— hundida de nuevo en sus reflexiones, la jovencita de cabello azul volteaba de lado, viendo a la nada —Tienes razón: quise mucho a Kai. Lo amé como nunca lo había hecho con nadie más. Y eso fue porque sus sentimientos hacia mí eran auténticos. Cuando él me veía, yo sabía que no estaba viendo a nadie más en mí, no me usaba para remplazar a nadie. Él… él me quería justo como soy… y por eso es que yo lo amaba tanto.

Una vez aclarado el punto no les quedó de otra que seguir con su camino, en silencio, cada quien en sus propios pensamientos. Ella tenía razón, Shinji lo sabía, y se sentía avergonzado al respecto. Tan sólo la había visto como un premio de consolación, la segunda opción que le quedaba luego del rechazo de Asuka. Había creído ver en ella a alguien que, como él, buscaba con desesperación el cariño y comprensión de las personas que le rodeaban. Creyó ver en ella un reflejo de su propia situación, pero ahora sabía que no era así. Ahora sabía que si Rei se la pasaba siempre sola, es porque así es como ella quería estar. ¡Había sido tan estúpido! Tan estúpido y egoísta…

Pronto ya estaban a la puerta del departamento de la muchacha. Los dos se detuvieron en ese momento, justo frente a la entrada. En lo que restaba del trayecto no se habían dirigido la palabra, por lo que ahora Ikari no sabía bien qué decir.

—Lo lamento, pero no soy la persona que buscas— pronunció la muchacha, finalmente, cuando parecía que ninguno de los dos estaba dispuesto a hablar —Y también sé que esa rubia gritona tampoco lo es. Puede que quizás algún día la encuentres. A esa persona que será sólo para ti… esa mitad que te hace falta para estar completo.

—Ayanami… yo…

—Rei.

—¿Qué?

—Puedes llamarme Rei… Shinji— pronunció la joven luego de un momento de vacilación volviendo a sorprender a su acompañante —Quiero que me llames así. Después de todo, eres lo más parecido que tengo a un amigo.

—Muchas gracias… Rei— el muchacho estaba sumamente conmovido. Pensaba que estaría enojada con él, pero era todo lo contrario —No sé que decir…

—No importa. Cuando tengas algo que decir ven conmigo, y yo te escucharé.

—Muy bien, entonces así lo haré— respondió el chiquillo, con una plácida sonrisa, sonriendo como tenía tiempo que no lo hacía.

La muchacha lo miraba atentamente mientras abría la puerta.

—Muchas gracias por tus palabras, me ayudaste muchísimo, en verdad— se empezó a despedir entonces el joven Ikari —Buenas noches, que descanses.

—¿Quieres…?— dijo la muchacha cuando Shinji ya estaba agarrando camino —¿Quieres quedarte un rato? Aunque no tengo mucho que ofrecerte. Creo que tengo guardado té por algún lugar… pero podemos ir a comprar algo, si quieres…

En ese momento Shinji se hubiera puesto a llorar de buena gana, de no ser porque ya había derramado muchas lágrimas ese día. Únicamente sonrió, agradeciendo la oportunidad que su nueva amiga le daba para compartir sus penas.

—El té estará bien, gracias.

—Ese muchacho me está empezando a preocupar, y bastante— afirmó la Mayor Katsuragi, luego de haber visto el deplorable estado en el que se encontraba Shinji.

Daba lástima el pobre. Parecía una piltrafa humana, ahí, derrumbado sobre la mesa del comedor de empleados. Ni siquiera había notado que lo saludó cuando pasaron a su lado. Tal vez pudiera animarlo de alguna forma, pero por el momento no se le ocurría alguna que fuera buena.

—Ha estado así desde que esos dos se fueron, ¿verdad?— dijo Makoto, mirando de reojo al joven Ikari y su lastimero estado.

—¡Pobrecito, debe sentirse muy solo!— observó Maya —¿Quién diría que iba a extrañar tanto a Kai?

—No creo que sea a Kai a quien extrañe tanto— dijo Shigeru entonces, riéndose burlonamente.

—¿Quieres decir que…? ¡No puede ser!— Maya se tapó la boca como si hubiere dicho algo indebido —¿Shinji está enamorado de Asuka?

—No estoy seguro, pero casi puedo afirmarlo. He visto muchas veces esa mirada antes, y siempre ha sido por lo mismo— contestó su compañero, muy seguro de sí mismo.

—¿Será verdad eso, Mayor?— preguntó Hyuga, intrigado por el asunto —Si alguien aquí puede decírnoslo, esa es usted.

—Todo parece indicar que sí, por desgracia— respondió Misato, apesadumbrada —Vivir con esos tres chiquillos últimamente ha sido como estar en una telenovela barata, y créanme que no es tan divertido estar en una que tan sólo verla en la tele…

—¡Qué tiernos!— suspiró Ibuki, imaginándose como debía ser aquello —El primer amor siempre es el mejor… los demás son sólo para olvidar…

—Hoy vienes inspirada, Maya— acuñó Makoto.

—Tal vez no deberíamos preocuparnos tanto por el que se quedó, sino por el que se fue— comentó Shigeru en un tono mucho más serio —¿No han escuchado los rumores?

—¿Qué rumores?— inquirió Katsuragi, escuchando atentamente.

—Son sólo rumores, por lo que no deberíamos tomarlos muy en serio— respondió Makoto, adoptando también la tónica de la conversación —Pero he escuchado que Kai llevaba consigo evidencia que comprometía a los altos mandos de la agencia. Que incluso podría costarle el puesto al Comandante Ikari.

—Esas son sólo estupideces— afirmó Maya —¿Qué clase de evidencia podría ser esa? Y lo que es más, ¿cómo pudo haberla conseguido? Siempre es lo mismo cada vez que Kai va a rendir su informe semestral. Con este van a ser ya tres veces que lo hace y ya ven, hasta ahora no ha pasado nada.

—Tienes razón— asintió Katsuragi a su vez —Pero tratándose de Kai, todo puede pasar con ese muchacho. ¡Que si lo sabré! ¡Estoy segura que ese mocoso va a terminar sacándome canas verdes!

—De todos modos, no creo que nosotros tengamos que preocuparnos, ¿ó sí?— Makoto hablaba despreocupado, como lo hace quien tiene la conciencia tranquila — Incluso si hay una reestructuración en la agencia, estoy seguro que Kai se encargará de que mantengamos nuestros puestos.

—Ó incluso que nos asciendan, ¿no crees?— completó Shigeru, para luego chocar las manos con su compañero en gesto cómplice.

—¡Sólo piensan en ustedes! ¿Pero qué pasará con el Subcomandante Fuyutski… ó la Doctora Akagi? Estoy casi segura que ella sería la primera a la que Kai haría que despidieran…— se lamentó la dulce Maya, al contemplar siquiera la posibilidad.

—No es tan fácil— respondió la Mayor —Si acaso los rumores fueran ciertos, estoy segura que el comandante no se quedará tranquilo con los brazos cruzados… ni tampoco esos intereses ocultos que lo mantienen al frente de NERV. Y eso es lo que más me preocupa.

Los cuatro siguieron caminando, en silencio, contemplando cada quien sus posibilidades en caso de que sucediera lo peor. Todos sabían que el comandante no era precisamente lo que llamaríamos un tierno corderito. Si acaso llegara a sentir sus intereses amenazados no dudaría un solo instante en utilizar los cuantiosos recursos a su alcance para neutralizar por completo a sus enemigos.

"Kai, no vayas a hacer algo tan estúpido, por favor" suplicó mentalmente la Mayor Katsuragi, temiendo por la seguridad de su hijo adoptivo. "Por una vez en tu vida, piensa antes de actuar".

—Bueno, muchachos, los veré mañana— les dijo a los tres oficiales técnicos al momento de dar vuelta en otro pasillo —Aún tengo que arreglar unos cuantos detalles acerca del dispositivo de seguridad para los VIP's que vendrán…

—Debe ser todo un fastidio, Mayor— exclamó Shigeru al ver la expresión cansada de su superior.

—¡Tú lo has dicho! Pareciera que ese montón de viejitos creen que no pueden dar un solo paso sin que alguien atente contra su vida… ¡Son nefastos a más no poder! Sobre todo ese general… perdón: General de División de cinco estrellas Lorenz.

—¡¿El General Lorenz también vendrá?! Ojalá no tenga que toparme con él, ese anciano se ve muy siniestro— pronunció Maya atemorizada, abrazándose a sí misma.

—Descuida, que no estarán mucho tiempo aquí— Misato la tranquilizó —Por lo que sé no están interesados en un recorrido por las instalaciones, sólo llegarán y se encerrarán en el cuarto de conferencias con el comandante… de seguro tendrán muchas cosas de qué hablar, con lo divertidos que son todos ellos…— pronunció sarcásticamente, para luego lamentarse, sujetándose la frente —¡Dios, pero yo tendré que estar en la comitiva que los recibirá! ¡Qué horror! Estaré en primera fila para el espectáculo de las momias vivientes…

—Pues buena suerte entonces, Mayor— dijo Makoto a manera de despedida, mientras seguía caminando con sus otros compañeros, agradecidos de no tener que compartir la suerte de Katsuragi.

Si bien el Geofrente de la rama de NERV de Estados Unidos no era tan extenso como su homólogo en Japón, no por eso dejaba de ser impresionante. Enclavada justo en el corazón del desierto de Nevada, cubierta tan sólo por llanuras áridas y estériles, se trataba de una instalación subterránea completamente militarizada, la cual había sido utilizada desde mucho antes del Segundo Impacto. Todo un logro de la ingeniería, bastante adelantado a su tiempo.

"El Área 51". Así es como la llamaban algunas personas cuando la existencia de dicho complejo militar tan sólo se trataba de una clase de mito urbano sin comprobar. Por ende, toda clase de historias se desarrollaban en torno a ella, la mayoría de ellas con artefactos y seres de otros mundos, circulando en casi todos los medios de comunicación.

Anteriormente había sido utilizada para vuelos de prueba para todos los aviones nuevos que el ejército norteamericano desarrollaba, y durante el Segundo Impacto incluso le sirvió de búnker a los miembros de la cúpula política y militar de los Estados Unidos que alcanzaron a refugiarse en el lugar. Ahora, aprovechando la estructura tan práctica y resistente ya disponible, además de la generosidad del gobierno americano, NERV podía tener allí una de sus sucursales distribuidas a lo ancho de todo el globo.

En el transcurso de tantos años una enorme cantidad de armamento había sido desarrollado, probado y aprobado en aquella instalación. Así que continuando con la larga tradición, los presentes tiempos no podían ser la excepción, tal y cómo podían constatarlo Kai Katsuragi y sus acompañantes.

—¿Y bien?— preguntaba con ansiedad el Director Miller, detrás suyo —¿Qué te parece?

—¿Qué puedo decirte, Bob?— suspiró el muchacho, mirando hacia arriba —Se me hace que autorizaste turnos extras sin consultármelo…

—¡No seas envidioso, y mejor admite que es una preciosidad!— pronunció entusiasmado su interlocutor, contemplando orgulloso el arduo trabajo de tantos meses.

Frente a sus ojos se encontraba casi terminado el nuevo Modelo Especial para Combate: el Evangelion Unidad Beta. Se trataba de un espectáculo impresionante, el cual Kai ya casi había olvidado: la construcción de un titán que comenzaba a cobrar vida. La vista le quitaba el aliento a cualquiera. Acomodado boca arriba sobre una plataforma, el gigante parecía estar aprisionado entre tantos puentes que tenía encima, los cuales le servían al personal para trasladarse a sus distintas áreas de trabajo en el armado de su colosal cuerpo, el cual los hacía verse a la lejanía como unas muy industriosas hormigas, en comparación del robot.

La estructura principal ya estaba casi terminada y tan sólo hacía falta armar y montar algunas piezas en la armadura, además del Entry Plug, observó Rivera haciendo el diagnóstico de los avances en el trabajo de construcción. Era mucho más de lo que esperaba, de hecho estaban adelantados por tres meses respecto al plan original. ¿Cuál era la prisa de esos tipos por terminar tan rápido? A ese paso completarían la construcción en unas cuantas semanas más.

—¿Envidia, yo?— preguntó, divertido —¿De qué? Te recuerdo que fui yo quien diseñó este armatoste y todas las especificaciones de construcción. Es mucho más mío que tuyo, si nos ponemos a verlo con frialdad.

"Pues a mí no me parece tan impresionante" pensó Asuka, harta de tener que estar en ese lugar tan hosco y aburrido, plagado de nerds y demás tipos raros que no dejaban de desnudarla con la mirada. Cuanto más rápido se fueran de ese agujero del demonio, mucho mejor. Olvidaba que nadie, ni siquiera Kai, la había obligado a ir.

—Vamos, vamos, ¿porqué no nos puedes dar algo de crédito, muchacho?— siguió el Director Miller con su mismo tono emocionado —Si seguimos a este ritmo, terminaremos en la mitad de tiempo que te tomó armar a Zeta.

—Aún no entiendo porqué tienen tanta prisa en terminar… se supone que Alfa sería el primero en terminarse, pero ustedes ya les llevan mucha ventaja a los chicos de por allá…

—Nos gustan los retos, es todo— fue lo único que obtuvo por respuesta de aquél sujeto tan pálido, macilento y desaliñado, el cual parecía que no había visto la luz del sol en mucho tiempo, al igual que un peine para su cabello rojizo que hirsuto se revolvía sobre su cabeza. El Doctor Robert Miller encajaba perfectamente con el estereotipo del científico de cualquier película: ensimismado, descuidado en su apariencia personal y abocado completamente a su trabajo —Sólo tuvimos un pequeño inconveniente con una de las partes, pero ya está solucionado. Permíteme mostrarte de que te estoy hablando, síganme por aquí, por favor— les indicó a los dos muchachos, tomando una banda transportadora que los condujo a otra sección del complejo.

—Ay… mamá…— fue lo único que se le ocurrió decir al joven Katsuragi al momento de toparse con esa hoja en forma de espada de veinticinco metros de altura, la cual casi topaba con el techo.

—Hubieras visto por todo lo que tuvimos que pasar para poder moverla— Miller comenzó con las explicaciones —Rebanó dos grúas, un camión oruga y parte del tercer piso antes de que pudiéramos encontrar un procedimiento adecuado de transportación.

—Diablos, nunca pensé en eso— admitió Rivera —¿Se lastimó alguien?

—No, por fortuna, tan sólo fueron unos cuantos sustos. Nos dio muchos dolores de cabeza, pero ya la hemos terminado. Tan sólo falta el dispositivo de activación y podremos montarla a más tardar en una semana… ¿porqué no te quedas hasta entonces, para que puedas verla en su lugar? Todos aquí lo apreciarían bastante.

La mirada fulminante de Langley fue lo único que necesitó el muchacho para hacerlo desistir de cualquier intento por aceptar la invitación.

—Perdona, pero vamos con mucha prisa— se disculpó a duras penas —Tan sólo nos dieron tres días de permiso y todavía me falta reunirme con el Secretario…

—Entiendo. Supongo que el deber es lo primero, ¿cierto? Es una lástima que te lo perderás: yo apenas si puedo dormir pensando en como se verá esta hermosura montada y lista para rebanar ángeles.

—Ya tendré muchas oportunidades de verlo en vivo y a todo color allá en Japón— dijo Kai, un poco intimidado por la manera en que los inquietos ojos azules de Miller brillaban cuando observaban la enorme hoja de metal —Por cierto, ¿es verdad lo que me escribiste en el último reporte?

—Así es. La veta en Yucatán está completamente agotada. Utilizamos lo que quedaba para construir esta espada que tienes frente a ti.

—Es una lástima— suspiró Rivera —Esperaba que quedaría lo suficiente para armar algunas partes de repuesto para Zeta… aunque bueno, por lo que hemos visto a últimas fechas parece que la posibilidad de necesitar alguna es muy remota.

—Tienes razón— asintió Bob —Vimos el video de Zeta contra el último ángel, fue muy inspirador. ¡No puedo creer que haya salido de esa explosión con tan sólo rasguños! ¡Qué poder tiene esa máquina! ¡Si tan sólo…!— su celular timbrando lo interrumpió cuando parecía que iba a empezar a babear —Un segundo, por favor— se disculpó mientras atendía al aparato —¿Sí? Ah, ¿en serio? Bien, voy para allá. Me disculparán unos momentos chicos, hay unas personas que quiero que conozcan antes de que se vayan… ¿Porqué no me esperan por aquí? Enseguida regreso…

—Claro, aquí estaremos— consintió el muchacho para que entonces el Director Miller los dejara solos.

—¿Estaban hablando de ese metal súper resistente con el que está construido el Eva Z?— preguntó Asuka cuando se fue aquél hombrecillo enfermizo, haciendo uso de la palabra por primera vez desde que llegaron —Pensé que tú habías hecho esa aleación…

—Soy un chico muy listo, lo admito— comentó Kai, divertido —Pero eso no me hace un mago ó alquimista, linda. A menos de que tuviera una especie de piedra filosofal, no hay forma de que pueda hacer esa cosa de la nada. Se trata de una aleación, en efecto, pero el componente principal fue un metal muy extraño que fue descubierto en la península de Yucatán hará no más de veinte años… y al parecer era tan extraño debido a lo escaso que era. Nos acabamos toda la veta en la armadura de Zeta y en esta espada de aquí.

—Así que sin ese metal, ya no habrá más aleación para los demás Modelos Especiales, ¿eh?

—Eso creo. Aunque por una parte me siento mucho más seguro de esa manera— confesó Katsuragi cuando los dos volvían a tomar la banda transportadora que los llevaría de regreso —Así me aseguro de que ningún geniecillo se aproveche del poder de los Evas, teniendo conmigo al más fuerte.

—¡Qué modesto!— pronunció con sorna la muchacha, advirtiendo la arrogancia en las palabras de su compañero, si bien no podía rebatir sus argumentos al haber experimentado en carne propia el poderío de dicho Eva —Pero tengo que admitir que esa espada de allá se veía bastante peligrosa, más ahora que sé que está construida con ese metal irrompible.

—Y eso que aún no la has visto montada, va a ser genial. Estará enfundada en un dispositivo en el brazo derecho que cuando la saque la hará vibrar a una determinada frecuencia, justo como nuestros cuchillos progresivos y entonces: ¡zas!— pronunció el muchacho cuando cortaba el aire con la mano —Rebanará como mantequilla todo lo que se le ponga enfrente. Va a ser todo un show, ya verás, parecerá como si estuviera hecha de fuego o de luz pura…

—Te oyes muy emocionado, guapo— observó Langley, sonriendo pícaramente.

—¿De veras? Puede que tengas razón. Debe ser porque me he involucrado mucho con este proyecto, mucho más que cuando construimos a Zeta. De hecho estos pueden considerarse que son los primeros Evas de mi propia creación…

—¿Qué quieres decir? ¿Qué no fuiste tú quien hizo el Eva Z?

—Más bien fue algo así como un trabajo en conjunto— admitió Kai, con aire soñador —Los planos ya estaban hechos desde mucho antes, grabados en unas ruinas mayas que mi padre descubrió… él se encargó de descifrarlos y yo de encontrar la manera de llevarlos a cabo.

—¡Imposible!

—¡De veras! Fue justo cuando comenzó todo este argüende con los Evas, incluso antes del Segundo Impacto. Aparentemente, según lo que contaban las ruinas, el planeta ha sufrido constantes ciclos de destrucción y renovación, llevándose de corbata civilizaciones enteras. Y según estos fulanos todos ellos han sido originados por un solo culpable. Se refieren a él como "El Gigante de Luz".

—¿"Gigante"?— repitió Asuka, intrigada —¿Crees que se refieran a Adán, el ángel que ocasionó el Segundo Impacto?

—Probablemente, o quizás así era como le llamaban a los meteoros masivos, no estoy seguro— contestó Katsuragi, rascándose la nuca para entonces continuar su conversación donde la había dejado —El caso es que estos muchachos, queriendo prevenir su extinción encontraron la forma de "aprisionar al gigante" y de esa manera crearon lo que podría considerarse como el antepasado de los Evas y el antecedente directo de Zeta: Nimrod.

—Si mal no lo recuerdo, Nimrod era el nombre del gigante que incitó a la humanidad a construir la Torre de Babel, ¿cierto?

—¡Tétrico! ¿No te parece? Todo empieza a encajar… pero lo chistoso del asunto es que el tal Nimrod y el otro fulano se dieron hasta con la cubeta, y su pelea fue tan sangrienta que de todos modos terminaron por devastar la civilización que tanto habían luchado por salvar.

—Qué bonito cuento, sobre todo el final… entonces, los antiguos dejaron los planos de Nimrod para las futuras generaciones…

—Así es, supongo que sabían que el ciclo comenzaría de nuevo y quisieron dejar algo de provecho a sus descendientes…

—Pues de mucho no sirvió, al parecer…

—Es cierto. No fue hasta después del desastre que comenzamos a tener una idea de a qué se referían los planos. Los tomaron como inspiración para el Prototipo Cero, pero sin comprenderlos totalmente. Y ya mucho después fue cuando le di una revisada al trabajo de mi padre y pude más o menos dilucidar la tecnología de los antiguos; así que en lo que respecta al Eva Z no tengo mucho crédito que digamos, yo sólo terminé el trabajo de tantos años. Sí, le agregué unas cuantas modificaciones, pero es todo.

—Quién lo hubiera pensado… la tecnología para construir Evas data de hace tanto tiempo. Vaya que eran modernos los antiguos, ¿eh?

—Pero eso no quiere decir que estas nuevas unidades vayan a ser unos lindos cachorritos— continuó diciendo Rivera, entusiasmado —Ya verás todas las mejoras en las que he pensado, sobre todo para Alfa, con ese muchacho es donde pondré toda la carne en el asador… aunque por lo que veo Beta no está quedando tan mal, después de todo…

—Sí, ya puedo ver a qué te refieres— pronunció la joven europea cuando tenía de nuevo enfrente la construcción del susodicho Eva —Puedo ver que modificaste por completo las hombreras. Si quieres mi opinión como piloto, diría que hiciste muy bien…

—¿Verdad que sí? Los alerones que tenemos en las hombreras tradicionales arrastran consigo un enorme exceso de aire que impide mucho la maniobrabilidad. En cambio con este nuevo diseño incluso se podrá tener un mejor movimiento en los brazos.

—Se parecen bastante a las de una armadura de samurai…— observó Asuka —Te basaste en ese diseño, ¿cierto?

—En efecto… me pareció lo más adecuado… y también en el casco, aunque puedes ver que añadí una rejilla para los ojos. No le vayas a decir esto a nadie— el muchacho le murmuró al oído —Pero precisamente me di cuenta que ese fue un error fatal al momento de diseñar la armadura de Zeta: está cubierto de pies a cabeza, excepto por los ojos. Es su único punto débil.

—¿Y me lo confías a mí? ¡Qué tierno! No sé que decir… que me tengas esa clase de confianza… habla mucho de cuál es el concepto que tienes de mí— le dijo cariñosamente, sujetando sus manos.

—Sólo quería agradecerte que me estés acompañando todo este tiempo— Kai contestó un poco avergonzado, pues todos los estaban viendo —Me imagino lo difícil que es para ti estar en este lugar.

La joven rubia negó vehemente con la cabeza, sin quitarle la mirada de encima.

—Cualquier lugar es grandioso, mientras que esté contigo.

La sangre volvió a agolparse en las mejillas de Katsuragi mientras que la chiquilla comenzaba a levantar los labios para poder besarlo. Preso por completo de su cautivador encanto, el muchacho hizo lo propio para atender el gesto, ya sin importarle en absoluto si tuvieran público ó no.

—Eh… disculpen, chicos— carraspeó el Director Miller a sus espaldas, interrumpiéndolos antes de que sucediera algo más.

Sumamente apenados por la indiscreción, los dos muchachos se soltaron en el acto para al instante voltear a ver a Miller, quien estaba igualmente avergonzado por la situación. A su lado lo acompañaban dos jovencitas más ó menos de su edad, las cuales los observaban con ávida curiosidad. Kai reconoció a una de ellas, lo que hizo mucho más penoso aún el asunto.

—Creí que sería buena idea presentarlos, justo ahora que coincidieron en este lugar, ya que todos ustedes son pilotos— explicó Miller a duras penas —Mana Kirishima, Sophia Neuville, quiero presentarles a Kai Katsuragi y a Asuka Langley, pilotos de las Unidades Z y 02…

—Ya conozco a Mana, Bob— señaló Katsuragi, saludando a la susodicha, una lindura delgada, con un metro sesenta de estatura y cabello castaño oscuro que le llegaba a los hombros —¿Cómo has estado, Mana? ¡Tanto tiempo sin verte! Me dio mucho gusto saber que eras la Quinta Elegida, eso quiere decir que nos podremos ver más seguido.

—Kai… yo… quiero decir… eh…— balbuceó la aludida, cabizbaja, escondiendo el rostro entre las manos, obviamente deshecha de la vergüenza —Lo siento mucho… no sabía que ya tenías novia… digo, supongo que era de esperarse, ¿verdad?— a pesar de sus intentos por esconderlos, los presentes se percataron que sus ojos grises estaban vidriosos, a punto de romper en llanto —Aunque no esperaba que fuera tan de repente… y yo… ¡Perdónenme, soy una tonta!

Mana hizo el intento por salir huyendo del lugar, al borde de las lágrimas, de no ser por que Rivera alzanzó a sujetarla por el brazo izquierdo justo cuando comenzaba a pegar carrera, ante las inquisidoras miradas de Asuka y de la aún ignorada Sophia, que a todas luces le exigían una explicación al muchacho, quien sólo atinaba a disculparse con Kirishima a tontas y a locas:

—¡Espera, Mana! ¡No tienes que sentirte tan apenada, no es tu culpa, en serio!— le decía de forma apurada, forcejeando con ella para que no escapara —¡Que tenga novia no quiere decir que no podamos ser amigos!

Al contemplar la penosa escena que había desencadenado indirectamente, Robert Miller sudaba copiosamente, nervioso de lo que pudiera pasar con esa jauría de chiquillos, por lo que decidió emprender la graciosa huída antes de tener que verse más involucrado en semejante vericueto:

—Ustedes me disculparán, jóvenes, pero aún me quedan por atender varios inconvenientes antes de que termine el turno— pronunció con dificultad a la vez que empezaba a alejarse discretamente —Seguro tienen mucho de qué platicar, así que los dejo a sus anchas, ¿les parece? Y siéntanse en la libertad de visitar nuestro comedor, supe que ahora hicieron costillas a la barbacoa… ¡Nos vemos!

—¡Booooob! ¡Espera un poco, creo que yo debería ir contigo!— suplicó el desesperado muchacho, envuelto en un círculo por sus tres compañeras —¡Después de todo aún no me entregas tu reporte completo! ¡Bob! ¡No me dejes solo, compadre!

—¡Momento, señor Casanova!— lo detuvo Sophia cuando intentaba imitar al Director Miller, sujetándolo por detrás del cuello de la camisa —¡No irás a ningún lado hasta que le des una buena explicación a Mana! ¿Sabes lo emocionada que estaba esperando este día? Durante toda la semana no estuvo hablando de otra cosa más que de ti.

—¿De veras? No me lo imaginé— respondió lastimeramente, al verse atrapado.

—Sophia, no, por favor… no te enojes, no es necesario que me explique nada, en serio…— musitó la acongojada Mana, no queriendo involucrar de más a su amiga.

Por otra parte, en medio de su desesperación, Kai se tomó el tiempo suficiente para observar mejor a Sophia, a quien sólo la había visto de pasada entre la confusión. Desconocía muchas cosas acerca de ella, salvo su nombre y que se trataba de la Sexta Elegida, la piloto asignada al Eva Beta en construcción en ese lugar. Además de que tenía catorce años y era americana, lo cual había leído en el expediente.

Cuando vio su fotografía, y ahora que podía hacerlo en vivo y en directo, había algo en ella que tenía cierto aire familiar. Quizás por sus rasgos que le daban un aire latino, muy parecidos a los suyos, con su piel bronceada y ese largo cabello negro que reposaba en su espalda. Además detectaba un ligero acento sureño en su inglés, lo más probable es que fuera de alguna provincia sudamericana.

Cuestión aparte, se sentía sumamente intimidado por la chiquilla, quien era casi de su estatura. Esos ojos negros transmitían mucha agresividad, bastante para alguien que apenas lo acababa de conocer, además de la forma tan hosca en la que lo seguía sujetando. Agréguenle a eso su vestimenta decorada con camuflaje militar, un ajustado top que traía embarrado en el torso y un pantalón que llevaba puesto de la misma manera, terminando con las pesadas botas que calzaba y entonces podían tener encima a una sensual pero amenazadora jovencita.

Asuka, tan suspicaz como siempre, también notó ese detalle, acudiendo en auxilio del nervioso muchacho:

—¡Ya la oíste, así que déjalo en paz! ¡Además, tampoco es para que me lo maltrates tanto!— pronunció la joven europea, liberando a Katsuragi de un manazo.

—¡¿Cómo te atreves, oxigenada metiche?!— Sophia no tardó en responder airadamente, encarándola —¡Todo esto comenzó por tu culpa, por si no te has dado cuenta!

—¡¿De qué diablos crees que estás hablando?!— Langley hizo lo suyo, por su parte —¿Y a quién le estás diciendo metiche? ¡No te vayas a morder la lengua!

—Muchachas, cálmense, por favor— pronunciaron al mismo tiempo Kai y Mana, sin estar del todo seguros qué hacer con esas dos.

—¡Ah, con que quieres pelea! ¿No es así? Cuidado, nenita, que podrías salir muy lastimada.

—¡No me hagas reír! ¿Crees que le tengo miedo a una marimacho cómo tú? ¡Bestia!

—¡Bruja pelos de paja!

—Muchachas, cálmense, por favor— repitieron Kai y Mana, aunque en un tono cada vez más apagado.

—¡Ustedes dos cállense!— respondieron las otras dos en una misma voz.

Los dos retrocedieron un paso, asustados, abrazándose el uno al otro para ahuyentar el temor, mientras que la refriega de insultos entres las otras dos muchachitas seguía su frenético ritmo, sin vislumbrarse un desenlace próximo.

No fue hasta que Asuka, recobrando un poco la lucidez, pronunció en voz tan fuerte que terminó por imponerse a todos los demás:

—¡Momento! ¿Quisiera alguien explicarme cómo empezó todo esto? ¡Porque yo no tengo la menor idea de que está pasando aquí!

—¿Porqué no se lo preguntas al galanazo de por allá?— le contestó Sophia, refiriéndose a Kai y cruzándose de brazos, cansada por toda la discusión.

Enseguida la atención se centró de nuevo en el indefenso muchacho y la acongojada Mana, a su lado, quien aún continuaba apenada por todo el episodio, sacudiéndose nerviosamente.

—Bueno… verás… ¿cómo empezar? Lo que pasa es que Mana también nació durante el Segundo Impacto, como yo, y nos conocimos hará cosa de dos años en uno de esos estúpidos especiales de televisión… entonces… pueeees… nos entendimos muy bien en el tiempo que estuvimos juntos y…

Tanto él como Kirishima enrojecieron entonces, haciendo que Asuka se preguntara que tan "bien"era que se habían entendido, a la vez que fulminaba con la mirada al muchacho.

—Pero nunca fue nada formal, así que Mana fue la que tuvo que preguntarle si quería ser su novio— completó Sophia a mansalva, cuando Rivera se había callado sin saber cómo explicar la parte que seguía del relato.

—¡Sophia, no!— masculló entonces Mana, con el rostro completamente enrojecido, alcanzando los límites de vergüenza que cualquier persona pudiera soportar.

—¿Y entonces?— preguntó Langley, tratando de tranquilizarse como fuera posible.

—¿Entonces? ¡Nada! Este pelmazo se fue al siguiente día, diciéndole que cuando se volvieran a ver le respondería… ¡el muy cretino!

—¿Y pasaste todo estos dos años…?— le preguntó incrédula la joven alemana a Kirishima, quien se revolvía incómoda en su lugar —¿Esperando volverlo a ver sólo para saber su respuesta? ¿Estás hablando en serio?

—Pues… sí… así fue…— contestó ella casi en un susurro, rehuyendo la mirada de la muchacha rubia —Yo… siempre mantuve mis esperanzas en que este día llegaría, y entonces… pero luego…— su voz comenzó a quebrarse y sus ojos a ponerse vidriosos.

—Calma, Mana, no es para tanto— intentó consolarla Rivera, poniendo sus manos sobre sus hombros —Lamento mucho como se dieron las cosas, sobre todo saber que te hice esperar todo este tiempo, no sé que pueda hacer para que me perdones… en ese entonces aún no estaba preparado para un compromiso y no me puse a pensar en la importancia que podrías darle a mis palabras... eso fue bastante insensible de mi parte, y tengo que admitir que fui un completo estúpido, lo siento mucho... debes estar furiosa, me imagino…

—No, para nada— musitó la jovencita, enjuagando sus lágrimas y haciendo un gran esfuerzo por sonreír, aunque no le costó tanto trabajo al ver el rostro del muchacho —No tienes la culpa de nada, yo fui la que se tomó tan en serio esas palabras, fui muy tonta al no ver entonces que aquello no tenía futuro. Lo siento mucho, creo que les causé muchas molestias a t tu novia…

—¡Cómo crees!—exclamó Asuka, ocultando su verdadero sentir —Qué pena por ti, sobre todo después de saber todo lo que esperaste, pero ahora Kai es sólo para mí— pronunció melosamente, sujetando al susodicho por el brazo —Cuanto lo lamento, pero espero que entiendas que así es esto del amor… a veces se gana, a veces se pierde… y hoy te tocó perder, lindura.

—¡Ay, por favor!— masculló Sophia, cansada.

—No, ella tiene razón, Sophie— Mana intervino antes de que otra discusión estallara —Así es el amor. Además, tienes que admitir que una muchacha tan hermosa como Asuka hace mejor pareja con Kai que yo. ¡Nunca tendría oportunidad, frente a ella! Me da mucho gusto por ti, Kai, que hayas encontrado una novia tan bonita.

Los demás tragaron saliva, al notar la sonrisa tan cálida y afable en el tierno rostro de la jovencita, el cual parecía tener un brillo celestial en esos momentos. Estaba siendo sincera al compartirles aquellos sentimientos, no cabía duda. Los tres estaban maravillados, unos más que otros, pero al fin y al cabo sorprendidos de haberse encontrado a una persona así, mucho más buena que el pan. Nunca lo hubieran creído posible, en ese mundo, en esa época, que existieran personas tan virtuosas como Mana. Pero así era y parecía tratarse de un auténtico milagro.

—Pero estoy seguro que podremos seguir siendo tan buenos amigos como antes, ¿no crees?— le dijo el joven, aún sintiéndose culpable por haberla hecho llorar.

—¡Me encantaría!— respondió enseguida la muchacha —Además, nunca sería capaz de odiarte, siempre seguirás siendo mi primer amor, pase lo que pase. Fue una ilusión muy bella, mientras duró…

—Yo me largo de aquí antes de que me hagan vomitar— refunfuñó Sophia, dándole la espalda a sus acompañantes, no sin antes dirigirle por última vez una furibunda mirada de desprecio a Kai —Además ya me cansé de que todos estos lelos pervertidos se me queden viendo…

—¡Sophia, espérame!— gritó Kirishima mientras Neuville continuaba alejándose —Perdónenla, por favor, no es muy sociable que digamos. Pero una vez que la conozcan se darán cuenta que es una buena persona.

"Se nota" pensaron Asuka y Kai al ver como se marchaba, sin haberse dignado a despedirse apropiadamente, faltando a propósito a las más elementales normas de etiqueta.

—Bueno, será mejor que también me vaya, no quiero estar haciendo mal tercio— repuso Mana, tomándose su tiempo para despedirse cordialmente —Mucho gusto en haberte conocido, Asuka, cuida mucho a Kai, ¿quieres?— le dijo mientras estrechaba sus manos amistosamente, con una cordial y genuina sonrisa en el rostro que hacía sentir muy miserable a la alemana.

—Seguro, tú también cuídate mucho, Mana— apenas si alcanzó a responderle, en medio de su desatino.

—Les deseo la mejor de las suertes, y que disfruten mucho su viaje— terminó diciendo mientras se iba, alzando la mano para despedirse —¡Hasta luego, Kai! ¡Nos veremos pronto!

—¡Adiós!— contestó el muchacho para que entonces la jovencita se apurara a alcanzar a su amiga, quien ya se había perdido de vista.

—Diablos, me siento como si fuera basura— musitó lastimeramente Asuka, una vez que Mana se había ido.

—También yo, me siento horrible… mientras más pronto nos vayamos de este lugar, mejor— confesó Katsuragi, apesadumbrado —Más vale que me apure a recoger ese estúpido reporte para largarnos cuanto antes de aquí. Por cierto, ¿dónde se habrá metido el tarado de Bob?— preguntó para luego ponerse la mano en la frente a modo de visera e inspeccionar los alrededores, buscando al Director Miller.

—Olvídalo, ya volverá. Mejor vayamos a sentarnos un rato, ¿quieres?— propuso la muchacha —¡Ya me cansé de estar parada tanto tiempo! Las piernas me están matando, ese recorrido duró demasiado.

—Lo que digas, mi reina— asintió Kai, tomándola de la mano.

Cuando comenzaron a caminar, Rivera quiso echar un último vistazo al Eva en construcción, fruto directo de su imaginación. ¡En verdad que se veía impresionante! Aunque se sentía un poco incómodo sabiendo que esa loca violenta, Sophia, sería quien lo pilotearía. Seguramente que se convertiría en una espléndida máquina asesina con aquella sociópata a los mandos de esa cosa.

Estaba inmerso en aquellos ociosos pensamientos cuando de repente su visión se tornó roja. Confundido, lo primero que hizo fue llevarse la mano al rostro, sólo para que ésta quedara embarrada de un viscoso líquido carmesí, el cual brotaba copiosamente de su ojo izquierdo. Pronto ya había un charco de esa cosa a sus pies.

—¿Sangre?— pronunció alarmado, sin entender lo que pasaba.

Cuando volvió a mirar al Eva Beta, comprendió que ya no estaba más en el Área 51. Había vuelto a ese extraño lugar en su mente al que a veces iba, del cual no sabía como es que había llegado, ni mucho menos como salir de allí.

Imágenes inconexas se sucedían rápidamente frente a sus ojos, sin que tuvieran algún sentido para él, desorientándolo aún más de la cuenta. A ello se aunaban espantosos gritos de desesperación, de dolor, de terror.

Gigantes inmisericordes se alzaban a su vista, batiéndose en feroz duelo.

—¡NOOOOOO! ¡YA BASTA, DETÉNTE!

Una espada empapada en sangre.

—¡ME VENGARÉ! ¡JURO QUE TE MATARÉ POR ESTO!

Un esqueleto ardiendo se retorcía violentamente, escupiendo bocanadas de fuego incandescente.

—¡TÚ LA MATASTE, MALDITO MONSTRUO!

Enormes, voraces y sofocantes, llamas levantándose como lenguas haciendo gestos obscenos comenzaron a extenderse por todo el sitio, consumiendo todo a su paso. Ante la aterrorizada vista del muchacho, el Eva Beta tampoco fue la excepción, al ser devorado por completo por el fuego implacable. Sus cascajos cayeron como los de una vela derritiéndose, para dejar en su lugar a una nauseabunda criatura reptilesca, la cual no tardó en confundirse en aquel incendio infernal.

Se alzó imponente sobre las cruentas llamaradas, rugiendo. Unos enormes cuernos nacían en su cabeza, haciendo la escena algo dantesca, con los gritos, el fuego y la horripilante criatura con cuernos alzándose sobre todos ellos a la vez que batía unas enormes alas negras de cuero que cubrían todo el firmamento, trayendo consigo una noche profana.

Abrió su boca y de ella comenzó a surgir un destello que fue haciéndose más y más intenso, hasta que ante la impávida vista del muchacho todo se tornó blanco, y luego…

—¿Qué te pasa?— preguntó Asuka viendo como Kai miraba hacia la nada, con los ojos tan abiertos, casi como si estuviera asustado.

—No, nada… nada— musitó Katsuragi, despabilándose. Estaba de vuelta a donde pertenecía. Todo estaba bien ahora —Estaba pensando que mejor le marco al celular de este chango…

Robert Miller entró apresuradamente a su despacho, cerrando la puerta tras de sí. Ni siquiera se preocupó por encender las luces, dejando el cuarto apenas en penumbras. Respiraba aliviado por haber podido escapar a tiempo del pandemonium que él mismo había desatado, aún si había sido sin intención. ¡Condenado Kai! ¿Quién iba a pensar que tenía sus queberes con Mana? Y más aún, si traía consigo a esa hermosura de muchacha. Ni hablar, había tipos con mucha suerte. En cambio él apenas si podía recordar cuando fue la última vez que salió con una mujer, si es que alguna vez lo había hecho. Jodido mundo. Mientras unos tenían tanto, otros, como él, tenían tan poco y debían dedicar su vida a su trabajo. En fin, cada quien tenía lo que se merecía.

—Oh, vamos, Robert— escuchó una voz portentosa que venía de su escritorio, con marcado acento europeo —No seas tan pesimista. Hay un dicho que siempre hay un roto para un descosido, así que anímate. Estoy seguro que allá afuera debe haber alguien para ti… supongo…

—¿Quién está ahí?— preguntó Miller, casi muerto del susto. Su primer reflejo fue pegarse contra la puerta y buscar el interruptor de la luz.

—Déjalo así, director Miller. Me siento mucho más cómodo con las luces apagadas— pronunció el visitante, levantándose. Robert apenas pudo entrever una enorme silueta oscura detrás de su escritorio. Pero pudo distinguir de la oscuridad lo suficiente como para reconocer la identidad de su lúgubre acompañante.

—¿U-Usted?— tartamudeó nervioso, mientras se recargaba aún más en la pared, queriendo alejarse lo más que pudiera de aquella persona. Estaba al borde de un ataque de pánico —¿Qué está haciendo aquí? Creí…

—Tranquilo, Robert, estamos entre amigos, recuérdalo— lo instó aquella sombra siniestra, aunque la manera amenazante en la que se iba acercando a él decía todo lo contrario —¿Ya no te acuerdas de la clave de acceso ilimitado que me dio Lorenz? Me otorga libre entrada a toda instalación científica y militar de este país, incluida esta.

Miller ya no contestó, paralizado por el miedo. Sabía que si hacía cualquier movimiento en falso, cualquier respuesta errónea, cualquier indiscreción, podía darse por muerto.

—Bobby, Bobby…— murmuró la aparición en tono conciliador —No puedo creer que todavía tengas esa imagen de mí. Creí que después de todo este tiempo ya me tendrías más confianza.

Bob comenzó a sudar copiosamente, con cada músculo de su cuerpo rígido, tensados por una fuerza invisible. Todo lo que estaba diciendo… ¿cómo diablos podía saberlo? ¿Quién demonios era en realidad ese sujeto? Se divertía de lo lindo torturándolo de esa manera, en lugar de simplemente matarlo y ya.

—Descuida, hombrecito, no estoy interesado en tu vida— pronunció su acompañante, paseando por el despacho —Y será mejor que no te quiebres esa cabezota tuya tratando de entender lo que soy, no eres tan listo. Simplemente pasaba por aquí en mi trayecto al Japón y quise venir a visitarte, es todo.

—Katsuragi está aquí— musitó el Director Miller con un hilo de voz —Si acaso llegara a verlo, todo el plan se vendría abajo…

—¿Katsuragi? Ah, quieres decir ese chico, Rivera— la sombra comenzó a reírse con aire macabro, semejando a un espíritu chocarrero —¡Vaya coincidencias que da la vida! No, aún es muy pronto para volvernos a encontrar. Y por su bien, más le valdría que eso no sucediera nunca. Confío en que no habrás permitido que se enterara de nuestras pequeñas… modificaciones… ¿verdad?

—¡No! No… claro que no…— respondió de inmediato —Pude disimular algunos aspectos significativos en cuanto a la estructura genética, y por suerte esa chica alemana que trajo consigo lo ha mantenido muy ocupado. Está tan distraído que no se ha dado cuenta de nada. Ahora mismo venía a darle los últimos retoques al reporte final que iba a darle, pero estoy seguro que no le pondrá mucha atención, está con demasiada prisa.

—Perfecto— asintió la aparición, sonriendo satisfecho —Entonces lo dejo todo en tus manos, Robert. Me quedaré un rato por aquí, si te parece, para revisar los avances en el trabajo. Estoy muy complacido por tu desempeño, Director Miller, y estoy seguro que SEELE también lo estará. Nos vemos.

Cuando abrió la puerta y dejó entrar la luz Robert pudo verle mejor las espaldas, cubiertas por ese largo cabello gris y su gabardina negra. Una vez que cerró la puerta y se fue, Miller pudo derrumbarse en el piso, aliviado por haber sobrevivido al encuentro, mas agobiado por el propio peso de la culpa, al haber traicionado a un amigo.

Su teléfono celular timbró en ese momento, haciendo que se sobresaltara como si estuviera sufriendo un infarto.

—¿Sí? Ah, Kai. Sí, precisamente eso vine a buscar a mi despacho, pensaba llevártelo justo ahora. ¡No, no te molestes! Tú quédate donde estás, yo te lo llevo. Sí, está bien. ¡No te muevas de allí! ¿Entendido? Bien, enseguida te veo, entonces.

Miller apagó el aparato, tan sólo para lanzarlo luego por los aires, queriendo desquitar su frustración con cualquier cosa. Después de haberlo hecho aquella frustración se volcó en copioso llanto, el cual se quedó encerrado en aquella oficina, junto con la oscuridad.

Kai nunca se hubiera imaginado que la tan anhelada tarde que Asuka quería compartir sólo con él desde quien sabe cuanto tiempo, la cual había planeado tan minuciosamente, resultara ser tan… ¿cómo decirlo sin sonar ofensivo? Terriblemente aburrida. Desde que llegaron a San Antonio, apenas si se habían instalado bien en el hotel y ya la muchachita lo llevaba casi a rastras por toda la zona comercial de la ciudad, atestada de tiendas de ropa, accesorios y demás cursilerías frívolas que costaban un ojo de la cara. Tan sólo una copa de helado, el cual por cierto estaba muy insípido, le había salido en diez dólares. ¡Váyanse al demonio, cerdos capitalistas! No obstante, a la muchacha no parecía molestarle despilfarrar una parte de su cuantioso salario como piloto en prendas nuevas que pudiera lucir para levantar suspiros y envidias, además de satisfacer su propio ego. Pero no habían gastado sólo dólares en ese lugar. Llevaban allí desde la mañana y la tarde ya estaba muy entrada cuando, atestado de bolsas y paquetes que debía cargar, Rivera sintió que ya no podía soportar más todo aquello.

—¡Ya basta!— pronunció, ahogado en el tumulto de paquetes que venía cargando —¡Juro que si entro a otra tienda más, vomitaré! ¿Me oíste bien? ¡Vo-mi-ta-ré!

—¡No seas así!— refunfuñó Asuka, tironeándolo de un brazo —¡Sólo me faltan dos lugares más a los que quiero ir! Te prometo que son los últimos, así que anda, no te pongas en ese plan… además, todavía quiero comprarte unos lentes que creo se te verían geniales…

—¡Que no!— se rehusó el muchacho, plantándose en su lugar —¡Si quieres, tú ve, pero yo aquí me quedo! ¿Entendido?

Los dos permanecieron en silencio, examinado sus respectivos gestos. Asuka de veras quería que Kai estuviera a su lado todo el tiempo, y el que fuera de compras con ella, actividad que disfrutaba como pocas, realmente significaba mucho para la jovencita. Sin embargo el muchacho ya estaba harto de aquél frenesí desbocado de consumo y no estaba dispuesto a seguir tolerándolo más tiempo. Cinco horas, que para la jovencita de cabello rubio habían pasado como volando, para el joven Katsuragi habían sido eternas e insoportables. Langley examinó muy bien la mirada de su acompañante, la cual le decía mucho acerca de su cansancio y el fastidio que todo aquello le producía.

—Muy bien, como tú quieras— finalmente accedió, al no querer provocar una discusión mayor —Espérame por aquí, no tardaré mucho— le dijo mientras se encaminaba a los locales que ella y su tarjeta de crédito querían visitar con tanto afán.

Al escucharla decir eso, Rivera supo que iba a tener bastante tiempo para descansar y reponerse del extenuante maratón por toda la zona comercial de San Antonio. Abatido, buscó una banca en los alrededores en donde pudo reposar tranquilamente y librarse por un momento de su aparatosa carga, la cual colocó en su mayoría a un lado suyo. Únicamente conservó entre sus manos una suerte de lagarto lanzallamas rojo de peluche, él cual él mismo le había comprado a Asuka. El momento en que se lo obsequió había sido quizás el único que había valido la pena de todas esas cinco horas, casi seis si contamos los últimos cuarenta minutos. Sabía que aquella criatura era su favorita de un popular videojuego.

—¿Tú qué piensas, Charmander? ¿Esta relación va viento en popa o qué?— le preguntó al juguete, obviamente sin recibir respuesta alguna.

—¿Qué puede saber un pelmazo como tú?— pronunció abatido, haciéndolo a un lado para pasar las manos detrás de su cabeza —Mejor espérate a que evoluciones y luego te pones a darle consejos a la gente, ¿de acuerdo?

Suspiró profundamente, con la mirada clavada en la lejanía. Tenía ganas de un cigarrillo, pero Langley lo mataría si acaso se enteraba que había estado fumando en su ausencia. Él sabía que no debía darle tanta importancia al asunto, después de todo es muy común que las parejas tengan sus desacuerdos y no siempre comparten los mismos gustos. Además, si se ponía a pensarlo, la gran mayoría de los hombres detestaba tener que acompañar a sus mujeres cuando éstas iban de compras. Era algo así como una ley natural o algo por el estilo, nada como para ponerse a rasgarse las vestiduras. No, lo que lo hacía sentir tan incómodo era algo muy distinto. Pero no quería admitirlo. Asuka, sin lugar a dudas, era la joven más hermosa que se había encontrado hasta ese entonces, incluso más que Rei, en algunos aspectos. Y sí, era muy simpática, alegre, extrovertida, vivaz, elocuente… se divertía bastante a su lado… pero…

Terminó por lanzar un hondo suspiro, abatido. Después de un rato quiso sustituir su ansiedad con el hambre que traía desde hace un buen rato. A la hora de almorzar él había querido pasar por un establecimiento de comida rápida, pero Langley no lo permitió y acabaron en un elegante restaurante francés por el centro de la ciudad. No era que le disgustara la cocina francesa, pero los someros platillos, aunque eso sí, exquisitos, no le bastaban para llenarle una muela al apetito juvenil de Rivera.

Además, ese aroma de hot-dogs en la plancha llevaba tentándolo desde que había tomado asiento. Así que, ingeniándoselas para volver a cargar los paquetes de su novia sin que ninguno se le cayera en el trayecto, cruzó la calle hacia la banqueta en la que el carrito de los hot-dogs estaba acomodado.

—Tres con todo, por favor— pidió al encargado mientras su olfato se deleitaba con el aroma que expedía la salchicha enrollada con tocino al ser cocinada en la plancha.

Con gesto complaciente el cocinero se prestó a atender el pedido, poniendo manos a la obra para preparar el alimento de su cliente. Mientras lo hacía el muchacho pudo detectar cierto gesto de satisfacción en aquel hombre al estarle atendiendo. Parecía que estaba disfrutando bastante al estar sirviéndole comida. "Seguramente soy el primer cliente en todo el día" pensó en sus adentros al examinar más detenidamente al sujeto frente a él. "No lo dudo. Debe ser bastante difícil venderle unos simples hot-dogs a la bola de estirados que se la pasa rondando por aquí".

Pero la razón por la que ese tipo bonachón de escuálida presencia y ojillos adormilados se jactaba era otra muy diferente a la que el chiquillo suponía, tal y cómo se lo reveló momentos después:

—Sabía que no ibas a poder resistirte a la comida chatarra— pronunció casi en un susurro, pero con tono divertido —Te conozco muy bien, Kai Rivera.

—¿Ah, sí?— pronunció el muchacho, extrañado, a la vez que comenzaba a buscar en los registros de su memoria en el rostro de aquella persona, sin un resultado positivo, por lo que tuvo que pedir más señas —¿Y de dónde, si se puede saber?

—Fui compañero de tu padre, allá en los tiempos de GEHIRN.

—¡Oh, sí!— asintió Kai al mismo tiempo que pensaba "Pobre hombre, qué tan mal le habrá ido después de eso que terminó vendiendo hot-dogs en un carrito" —Ya recuerdo… lo siento mucho, ya hace tanto tiempo de eso, Profesor Owen…

—Es cierto… ¡cómo pasa el tiempo! Llegué a cargarte en mis brazos, y ahora… ¡Mírate, nada más! Cada vez te pareces más a tu padre— le dijo cuando le hacía entrega de su pedido, sin darse cuenta del disgusto que provocó en su acompañante con su último comentario.

—Están buenos— dijo el muchacho, saboreando la comida en su boca —¿Puede darme algún refresco de limón, por favor?

—No fue fácil llegar hasta ti, ¿sabes?— continuó el Profesor Owen al hacerle entrega de la bebida requerida —Kaji me dijo que estarías este día en San Antonio, pero no me imaginé que la seguridad a tu alrededor iba a ser tanta— dijo refiriéndose a una flotilla de guardaespaldas bien disimulados en el gentilicio que los rodeaba.

—Yo tampoco estoy contento con eso, pero los del gobierno americano insistieron bastante al respecto… me da miedo inclusive ir al baño, no sea que estos fulanos también vean por las paredes… pero, ¿acaso me dijo que habló con Kaji?

—Así es, somos colaboradores muy cercanos en un negocio particular…

—¿Quiere decir que anda en los mismos pasos que él?

—Efectivamente… ¡no me digas que de veras creíste que me dedico a vender hot-dogs! No me fue muy bien cuando GEHIRN se disolvió, pero tampoco tan mal, muchacho… únicamente fue un artilugio que se me ocurrió para burlar a esos gorilas que tienes de sombra y acercarme lo suficiente a ti para poder conversar a gusto…

—Caramba, profesor, me siento muy halagado por sus atenciones. Pero si tanto quería verme bien pudo marcar mi teléfono y con todo el gusto lo hubiera atendido.

—No, imposible— recalcó el ansioso sujeto, cambiando su actitud despreocupada a severa en un solo instante, lo que llegó a confundir más al muchacho —Tenía que ser aquí, lejos de Gendo, donde él no pudiera saber que nos encontramos…

—Mire, si es por lo de su negocio yo ya le había dejado muy en claro a Kaji que a mí no me gusta andar en esos mitotes políticos y estupideces de esas. Cooperé con él para que los dos obtuviéramos lo que cada quien necesitaba, y allí acabó toda colaboración con él y su organización, tan sencillo como que se rompió una taza y cada quien para su casa.

—Si, estoy enterado al respecto— pronunció resignado el hombre, con la decepción asomando a sus ojillos medio cerrados —Y aunque quisiera que reflexionaras un poco más al respecto, no estoy aquí contigo en estos momentos para eso. Se trata más bien… de un favor que le hago a un viejo amigo…

—¿Favor?— replicó el joven Katsuragi, habiendo terminado con su comida, limpiándose con una servilleta de papel los restos de catsup y mostaza en sus labios.

—Así es… específicamente a tu padre— confesó el profesor, como aquejado por una pena pues no pudo ver a los ojos al muchacho —No soy tonto, Kai, estaba muy bien enterado que José... Joe... no era, para nada, un padre modelo. Sé por todo lo que les hizo sufrir a tu madre y a ti— murmuró apesadumbrado —Aún así, unos cuantos días antes de que ocurriera… aquello… puede que lo esté imaginando, pero a mí me parece que él de alguna manera presentía lo que le iba a pasar… pues me hizo jurar por la tumba de mi padre que, cuando tuvieras la edad suficiente, te daría esto…

Las manos de ambos temblaban de emoción al momento en que el Profesor Owen le hacía entrega al muchacho de una pequeña valija rectangular de cuero, ya algo desgastada por el paso del tiempo en ella.

—¿Qué… qué es esto?— preguntó vacilante el joven Rivera, aturdido por el inesperado suceder de los acontecimientos. Tenía en sus manos una pieza de un pasado que creía ya olvidado, legada por su finado padre. ¿Qué pretendía al hacérsela llegar de esa manera, después de tanto tiempo?

—Ni yo mismo lo sé, a pesar de haberla guardado todo este tiempo— confesó el falso vendedor de comida chatarra —José también me hizo prometer que no vería el interior de esta valija… dijo que lo que contenía era algo que sólo le incumbía a él y a los miembros de su familia… varias veces estuve tentado a averiguar su contenido, pero aunque no lo creas soy muy supersticioso como para romper la promesa que le hice a un hombre que ya está muerto. Tu padre lo sabía, y creo que precisamente por eso fue a mí a quien le encargó esta tarea. ¡El muy bastardo!

Kai ya no le respondió, quedándose sin habla al seguir contemplando su "herencia" entre sus manos. Esa valija no había sido abierta en más de diez años, guardando celosamente el secreto en su interior. Una ansiedad indescriptible le recorría todo el espinazo, y esa horrible sensación era la que le impedía reaccionar de alguna forma que no fuera quedarse inmóvil y enmudecido, con la mirada clavada en aquella pequeña valija que desde hacía cinco minutos se había convertido en todo su mundo.

—¿Y bien?— preguntó Owen al cabo de unos instantes, a todas luces impaciente pero igual de emocionado que el chiquillo —¿No piensas abrirla?

—¿Eh?— masculló confundido el muchacho al salir de su estupefacción —¿Ya, ahorita? Creo que mejor debería abrirlo cuando esté solo, ¿no le parece?

—¡Olvídate de eso, muchacho! ¡He guardado esta cosa por once años y, maldita sea, tengo todo el derecho a saber qué estaba dentro de esa desgraciada valija!

—Pues… ya que lo pone de ese modo, supongo que tiene razón— al momento de decir estas palabras el muchacho retrocedió dos pasos, por precaución, al ser testigo de la explosiva exasperación en la que se encontraba su acompañante —Muy bien, entonces veamos que tenemos entre manos…

Lentamente, como si quisiera hacer ese momento aún más lento y dramático de lo que ya era, el muchacho recorrió el cierre de la valija para abrirlo y revelar el misterio de toda una década. De la misma manera, sus dedos, torpes y vacilantes, se introdujeron en el interior para entonces sacar un recopilador con un montón de notas y apuntes sueltos.

—¿Pero qué diablos…?— fue lo que exclamó el Profesor Owen cuando también tuvo la oportunidad de revisar el contenido de aquél tesoro que había guardado tan celosamente por tanto tiempo.

—Son varios extractos de distintas publicaciones… parece ser que era una investigación que mi padre estaba haciendo y que dejó inconclusa— dijo el muchacho al revisar muy de pasada algunas de aquellas hojas redactadas en español.

Únicamente detuvo su vista en un pasaje resaltado con marcador, lo cual consiguió llamar su atención, y que rezaba así:

"¡Profano invasor, asesino de mi gente! No te maldigo solamente a ti, sino que por tus actos has condenado también a toda tu estirpe. Te maldigo aquí, sobre esta tierra manchada por la sangre querida que te atreviste a derramar, y pongo a los dioses como testigos de esta afrenta e intercedan en mi favor, a la vez que te lo aseguro: Ninguno de ustedes, los de la familia maldita, podrá gozar de una larga vida ni de una muerte dulce. Y yo, por mi parte, obtendré mi venganza anunciando con flores tu muerte, y la de todos tus hijos, hasta la de tu último descendiente…"

—Esas sí que son palabras mayores— observó el chiquillo, un poco inquieto —Quien haya dicho eso, debió estar muy enojado…

—Hum, después de todo, el contenido sólo le concernía al dueño y a su hijo— refunfuñó Owen, dejando el bonche de hojas que había tomado en paz de una buena vez, pues no entendía nadita de español.

—¿Qué pretendía mi padre al dejarme todo esto? No lo entiendo…

—Tal vez quería que terminaras el trabajo por él, o algo así. A José nunca le gustaba dejar las cosas inconclusas.

—Claro, como tengo tanto tiempo libre— bufó el muchacho, volviendo a guardar todos los papeles. Ya tendría tiempo más tarde de revisarlos con mayor detenimiento —¡Miserable! Por un momento pensé que sería algo así como una disculpa o alguna clase de explicación… y tan sólo se trataba de más de su basura de historiador.

—No deberías hablar de los muertos de esa manera, muchacho— advirtió el profesor, incómodo —Pueden influir en nuestras vidas de maneras que ni siquiera te puedes imaginar— continuó, casi susurrándole al oído, como si temiera que alguien pudiera escucharlos.

—Seguro— respondió Kai, aburrido y hasta algo avergonzado de la atemorizada actitud del Profesor Owen, lo cual le permitió dilucidar parte de su naturaleza supersticiosa. Eso debió haber influido bastante para que no le dieran cabida en NERV.

—Como sea, lo mejor será que no tomes las cosas tan a la ligera y examines muy bien esos documentos en tus manos— le aconsejó, reponiéndose de inmediato —Tu padre te dejó todo esto por alguna razón, y el saber porqué es lo que te corresponde averiguar.

—Así lo haré, Profesor Owen. Y disculpe las molestias que debió haberle causado guardar y entregarme esta valija después de tantos años. Aprecio mucho su esfuerzo.

—Descuida, que lo hice con mucho gusto. No fue nada. Además, fue bueno volver a verte, y asegurarme que te encuentras bien. Pude notar que estás en muy buena compañía, ¿no es así?

—No siga, por favor, va a hacer que me apene— repuso el joven, risueño.

—Por cierto, una hermosa jovencita rubia se dirige aquí a toda velocidad— advirtió el profesor al observar a la distancia —Y parece ser que no está contenta, por alguna razón…

—¡Ay, no! ¡Me va a matar!— exclamó el joven Katsuragi, apurándose a ocultar la valija en una de las tantas bolsas que llevaba consigo.

—¡No puedo creerlo!— le reprochó Langley en cuanto lo tuvo a tiro —¡No puedo dejarte solo ni un momento sin que te pongas a tragar porquerías!

—Perdón, es que no pude resistir el antojo— se excusaba torpemente el muchacho, mientras volvía a su penoso andar con todos esos paquetes encima, agregándoles los nuevos que Asuka había traído consigo.

Entre regaños y paquetes, Rivera apenas si pudo voltear disimuladamente hacia atrás, para poder despedirse de alguna manera de aquél viejo compañero de su padre, el guardián de aquél legado que ahora estaba en su poder. El Profesor Owen asintió con la cabeza, sonriendo complacido al saber que su trabajo estaba hecho, mientras veía a la joven y adorable parejita perderse entre la muchedumbre.

Aún después de tanto rato transcurrido, Mana seguía siendo un paño de lágrimas, lo que constituía una conmovedora imagen que enternecía incluso el duro corazón de alguien tan hosca como Sophia. Pese a todo, ver a Mana en ese estado le causaba un nudo en la garganta, sin saber qué decir o hacer para reconfortarla aunque fuese un poco.

—Vamos, Mana, no te pongas así— masculló al buscar palabras de aliento para la muchacha —Las dos sabíamos que tarde ó temprano tendría que pasar, no sé porqué estás llorando de esa manera…

—¡Aún así es muy difícil, Sophie!— protestó Kirishima, ahogada por el llanto —Separarte de tu mejor amiga, justo ahora que más la necesito…

—¡Pero sí no será por tanto tiempo, chillona! Cuando tu Eva esté terminado tú también tendrás que ir a Tokio 3 y entonces podremos volver a estar juntas. No creo que se tome más de tres meses para eso, y si te pones a pensarlo bien no es tanto tiempo.

—¡¿Y qué se supone qué voy a hacer todo este tiempo, sin ti, mensa?!— en un arrebato de emoción la chiquilla se le colgó del cuello a su amiga, queriendo de esta manera retenerla a su lado para siempre —¿Con quién diablos voy a hablar, entonces, si no es contigo? ¿Te das cuenta que estaré sola todo ese tiempo? ¡Sola, completamente sola! ¡Todo mundo me ha abandonado!

—¡Mana! ¿Quieres dejar de ser tan melodramática, con un demonio? ¡Ya te he dicho que odio cuando haces eso!

Sí, había sido un poco brusca al momento de decir aquellas palabras, liberándose de un empujón del abrazo de su amiga. Pero ya era algo tarde y estaba cansada, y lo último que necesitaba era que su compañera de cuarto se pusiera tan sensible y fuera a lloriquearle en su cama, justo cuando pretendía dormir.

—Pero... pero...

—¡Pero nada! Escúchame con atención, seso hueco, la situación es esta: las dos somos pilotos de Eva. En cuanto terminen de ensamblar mi Eva lo mandan hasta Japón, conmigo incluida. Y cuando terminen tu Eva, harán lo mismo contigo. Sólo serán un par de meses, a lo sumo, el tiempo que estemos separadas, tarada, no es para que te pongas a sollozar como si fuera el fin del mundo. ¡Además, todavía faltan tres semanas para que me vaya!

—Es que el saber que te irás hará más difícil el tiempo que nos queda juntas...— dijo la jovencita de los ojos grises, enjuagando sus lágrimas mientras que hacía un puchero —Es muy triste. Además... ¿porqué la urgencia de mandarte a Japón? ¡Ya hay cuatro Evas allá! ¿Y quieren otros dos? ¿Cuál es la necesidad de que nos amontonen a todos juntos en ese horrendo país?

—¿Me viste cara de alto funcionario de las Naciones Unidas ó qué fregados? ¡No tengo idea! Lo único que sé es que en los próximos días mandarán al estúpido de Rivera a pelear contra el Ejército de la Banda Roja y esos fulanos japoneses quieren a su reemplazo cuanto antes... ¡Y allí es donde yo entro! Es por eso que en parte no quiero ir... pensar que voy a ser una especie de sustituto para ese imbécil bueno para nada... ¡Me revuelve el estómago!

—¿Dices que contra el Ejército de la Banda Roja? ¡Pobre Kai! Será terrible para él… una cosa es pelear contra monstruos gigantes, pero contra personas… Yo no podría soportarlo.

—¿Porqué tendría que ser "terrible", cómo dices?— preguntó su amiga con hastío, con una chispa de rencor centelleando en sus ojos —¡Se supone que será mucho más fácil, tripulando un Eva! Además, no veo porqué deba haber una maldita diferencia para ese asesino de masas, si ya ha matado gente antes…

—¿Lo dices por lo de las Minas N2? Él me dijo una vez que las creó casi por accidente cuando era niño, que en ese entonces no podía imaginarse para lo que serían utilizadas. Dios mío, ¿cómo un niño de tres años podría saberlo?

—Deberías ir a decírselo a toda esas personas muertas, Mana— repuso Neuville con fastidio, volteándole el rostro —Que fueron asesinadas por culpa de un estúpido parvulito.

Kirishima guardó silencio por algún tiempo, observando la espalda de su amiga tendida en la cama, mirando fijamente la pared de a lado. Sus airadas reacciones y el desprecio con el que siempre se dirigía al muchacho le hacían suponer que había sufrido la pérdida de algún ser querido por culpa de aquellas endemoniadas bombas, las cuales habían segado tantas vidas alrededor del globo por ya varios años.

—Perdóname si dije algo imprudente, Sophie— se excusó empleando el tono más dócil y humilde que pudo ocurrírsele —Pero aún así, no creo que debas echarle toda la culpa a Kai. Si te hace sentir más cómoda, y si quieres, podríamos hablar al respecto. ¿No te parece?

A su vez, Sophia permaneció callada. De alguna manera le conmovía que aquella amiga tan querida, tan sincera, quisiera ayudarla. Después de tantos años, había tenido suerte de haber encontrado a una persona como Mana. Tal vez, si allá afuera hubiera más como ella, el mundo no estaría tan jodido como ella lo pensaba. Sin embargo, ya era muy tarde para todo eso. Para ella y para el mundo. Al cabo de unos momentos de vacilar, por fin le respondió:

—Te diré qué, tontuela: déjame que me duerma de una vez y mañana te acompañaré a la ciudad para tomarnos un helado, como has estado fastidiando todos estos días. ¿Te parece? Es más, ¡yo te invito!

Mana sonrió, aunque su gesto era mucho más de tristeza que de alegría. Esa era la forma de su amiga de salir al paso amablemente. "No gracias, prefiero no tocar el tema. Es muy difícil para mí". Fue lo que ella entendió que le respondía. Pese a todo, seguía sin poder abrir aquella dura concha de agresividad en la que la muchacha se había refugiado, excluyendo a todos a su alrededor.

—Muy bien— le contestó, levantándose para ir a su cama al otro extremo de la habitación, resignándose —Pero recuerda que es una promesa, ¿entendido?

Sophia ya no respondió, haciéndose la dormida, aunque debajo de las sábanas con las que se había cubierto sus ojos continuaran abiertos de par en par. Si alguien hubiera podido ver su semblante se hubiera percatado del sufrimiento de aquella jovencita de catorce años, por no poder sincerarse con su mejor amiga.

"Lo siento, Mana, lo siento muchísimo. No merezco una amiga como tú" suplicaba en sus pensamientos, sin permitirle a la persona de la cama de a lado que los conociera.

—¿Y bien? No estuvo tan mal, ¿verdad?

Asuka fue a sentarse junto a Kai, satisfecha, aunque un poco extenuada por el ejercicio. Frente a ellos se encontraba una de las pistas de patinaje sobre hielo más hermosas del planeta, uno más de los tantos atractivos turísticos de San Antonio.

Se encontraba al aire libre, como la antigua pista en Rockefeller Center en Nueva York, circundada por un pintoresco parque con puentecitos y riachuelos, y aunque en esa época del año no podía apreciarse, repleto de verdes y frondosos abedules y pinos de distintos tamaños.

—Tienes razón, linda— pronunció el muchacho, recuperando el aliento —¡Estuvo bastante bien! No sabía que patinar sobre hielo fuera tan estimulante… por fin le veo un aspecto positivo a este frío del demonio.

Langley volvió a sonreír, complacida de escuchar eso. Aunque si bien se había mostrado renuente al principio, como siempre, no tardó mucho en enseñarle a Rivera los pormenores del patinaje sobre hielo. Ayudó bastante a que ya tuviera experiencia con los patines de ruedas en línea, además de sus dotes atléticas. Fue una buena idea lo de la pista de patinaje, después de todo. Les estaba yendo mucho mejor de lo que les habría ido si hubieran ido a bailar, dada la torpeza de Rivera en ese campo.

La muchacha se recargó sobre su hombro, para que él pudiera abrazarla con ternura. Varias parejitas cerca de ellos hacían lo mismo, pues el ambiente se estaba prestando para ello. En aquella noche despejada con las estrellas tan claras como anuncios luminosos, una enorme luna llena reinaba en el firmamento, brindándole una romántica iluminación a todos los enamorados que pudieran disfrutar de aquél paisaje de fotografía.

Siguiendo sus impulsos y dejándose llevar por el ambiente de ensueño Kai depositó un dulce beso que se alojó en los labios de su amada, quien le correspondió de la misma manera, quedando trenzados de esa manera por un buen rato.

—Perdóname por ponerme tan terco hace rato— murmuró Rivera cuando se entretenía en acariciar el rostro de la jovencita europea —Aunque no lo creas, no tengo mucha experiencia en este tipo de cosas.

—No, está bien. Yo fui la que debió ser más considerada y no obligarte a hacer algo que no te gustara. ¡Pero es que quiero estar contigo siempre! Aprovechar cada momento a tu lado, que nunca se acaben. ¿Puedes creerlo? ¡Me traes toda loquita!

—Sí, bueno, tengo ese efecto en las chicas hermosas— dijo en tono de chanza, rascándose la nuca —No es algo que pueda evitar.

—¡A veces puedes ser tan tonto!— le respondió la chiquilla, riendo por la ocurrencia.

Silencio de nuevo entre los dos, pero la cercanía entre sus cuerpos permitía que las caricias se sucedieran por más tiempo, transcurriendo éste sin que los jóvenes amantes pudieran sentir su avance, tan concentrados como estaban.

—Mana es muy bonita— pronunció Asuka en un susurro, después de un rato —Aunque me cueste un poquito admitirlo. Quizás tú y ella no harían tan mala pareja.

Kai, inusualmente atento a las indirectas, para su fortuna pudo detectar el anzuelo oculto en aquella perniciosa observación de la muchacha, lo que le permitió responder justo de la manera en que ella quería que lo hiciera:

—Sí, es linda, pero nadie es tan hermosa como tú. Contigo me saqué la lotería.

Langley, con las mejillas enrojecidas, ya no respondió, pero sí lo estrechó fuertemente entre sus brazos. "Rivera burla a la defensa, se perfila para disparar y… ¡GOOOOOL!" pensó en aquellos momento el joven, satisfecho por su actuación.

—Ojalá que esa pobre muchacha pueda encontrar a alguien, se lo merece. ¿Sabes quién sí haría una excelente pareja con ella? ¡Shinji! ¡A cual más de timoratos los dos! ¡Ay, qué risa me da, nomás de imaginármelos! Si hasta puedo ver la cara que pondría el tonto de Shinji, cuando quisiera darle un beso…

—Quizás sean parecidos en ese aspecto— señaló el joven Katsuragi, sin compartir del todo el ánimo de su acompañante —Pero hay entre ellos una enorme diferencia: Mana es dulce y honesta, es de sentimientos más positivos y puros; en cambio Shinji es de una naturaleza negativa, cobarde e incluso podría decir que ruin en su egoísmo.

—¡Quién iba a creer que pensaras así de él!— exclamó sorprendida Asuka —Tan amigos que se ven, los dos juntos…

Y en efecto, mucha gente que conocía a ambos pilotos era de la opinión que de los dos eran grandes amigos, pues era muy frecuente que se les viera andar juntos, tanto en la escuela como en el trabajo, sin sospechar la incipiente, casi secreta animadversión que existía entre esos chiquillos.

—No me malentiendas, no quiere decir que lo odie o algo parecido. A decir verdad, hay veces en que siento mucha compasión por el pobre diablo y me consta que he querido ayudarlo. Pero desgraciadamente él es una de esas personas que si le tiendes la mano te arrastrarán con ellos a su inmundicia. Además, déjame decirte que nunca he confiado en él, desde que lo conocí. Nunca.

—¿Es verdad que una vez te arrojó un ladrillo a la cabeza? No podía creerlo cuando Hikari me lo contó. Shinji, que parece que no quiebra un plato.

—¡Ah, sí, ya recuerdo! Se me había olvidado, tan estúpido que fue todo aquello. Otra de las veces que quise ayudarlo y el muy ingrato por poco y me parte la cabeza. Es por eso que ya no le doy la espalda a ese orate desgraciado. Mucho más a últimas fechas. ¿Has visto la manera como me mira? Tiene envidia, lo sé, y también sé que está muy enojado conmigo. Quien sabe qué se le ocurra hacer, un día de estos.

—¿Sabes? Incluso antes de llegar a Japón todo lo que escuchaba eran las hazañas del piloto de la Unidad Uno. "Shinji Ikari esto, Shinji Ikari aquello". Ahora tampoco puedo decir que me caiga mal, a veces siento cierta simpatía por el kinder, tan bobalicón que es. Pero sé muy bien que un día, pese a lo bien que lo ha estado haciendo como piloto, sé que un día, en el momento más inoportuno le saldrá lo debilucho y nos fastidiará a todos. Es una especie de presentimiento que tengo, cada vez que lo veo en el Eva 01.

Ya después ninguno dijo nada. Un viento helado sopló de nuevo sobre sus cabezas. Kai comenzó a sentirse mal. Un simple comentario burlón había derivado en toda una charla criticando a Shinji a sus espaldas, cosa que no le gustaba hacer con nadie, pese a que creía firmemente en todo lo que habían dicho. Además, lo último que Asuka dijo tuvo cierto tono profético que le incomodó. Él ya había pensado en algo parecido, pero la muchacha consiguió puntualizar mucho mejor su sentir con respecto a Ikari.

—Patinemos un poco más, antes de que cierren— sugirió, poniéndose de pie y tendiéndole la mano a la jovencita rubia —¿Quieres?

La alemana aceptó de buen grado, tomando la mano que el muchacho le ofrecía para que la condujera hasta la pista de hielo, donde duraron otro buen rato deslizándose sobre la superficie congelada.

—¿Sabes?— preguntó la muchachita, luego de un tiempo, cuidando afanosamente cada una de sus palabras, temiendo ser imprudente —He notado que eres muy condescendiente cuando se trata de Mana. Pude verlo ayer que la conocí, y ahorita que hablábamos de ella.

—¿Celosa?— reviró Katsuragi, aunque la pícara sonrisa que le dedicó le hizo entender a Asuka que su observación no lo había molestado.

—¡Por supuesto que no!— replicó enseguida, para de inmediato corregirse —Bueno, sí, tal vez un poquito… es que no hablas así de nadie más…

—Mana es una personita muy especial, la estimo mucho. La veo como la pequeña hermana que nunca pude tener. Y siempre ha sido así, si de hecho tuvimos nuestros arrumacos hace dos años fue porque no tuve valor para decirle "no".

Langley se quedó callada, pensativa y para evitar que malentendiera las cosas otra vez, Rivera continuó explicándole lo que pensaba de ello.

—Pero para ser sinceros, en el fondo no es más que simpatía y a lo mejor un poco de conmiseración lo que siento por ella. Es un verdadero ángel, por eso se me hace tan triste que le quede tan poco tiempo en esta tierra. Aunque quizás sea lo mejor. Una persona como ella no es apta para un mundo tan podrido como en el que vivimos.

—¿Qué quieres decir? ¿Acaso ella…?

—Sí— contestó el muchacho, sin ocultar el profundo pesar que sentía —¡El maldito cáncer! Aún ahora, que clonamos monstruos gigantes, no hemos podido encontrar una cura definitiva para esa plaga. ¡Me da tanta rabia!

—¡Pobre!— se lamentó Asuka, cubriéndose los labios con la mano. Ahora se sentía mucho más apenada con ella —Nunca me lo hubiera imaginado. Se le ve tan vivaz…

—Haber nacido durante el Segundo Impacto tiene su precio, linda. Ese día, de todos los millares de almas que vinieron al mundo, tan sólo sobrevivimos siete. Y para ahora ya sólo quedamos tres, y dentro de poco tan sólo seremos dos.

Una vez más, el silencio. Ese silencio que permite reordenar ideas y sentimientos en la mente y en el corazón, así pues también les permitió hacer lo mismo a los dos jóvenes, que continuaban patinando uno a lado de otro. Al notar la atmósfera deprimente que había propiciado, Kai quiso cambiar el tema de conversación, intentando aliviar la tensión. Después de todo ese día era única y exclusivamente para el deleite de ambos.

—Oye, he estado pensándolo todo este rato… ¿sabes quien sí haría una excelente pareja con Shinji? ¡Sophia! ¡Ay, Dios, apuesto a que esa tipa sí sabría mantenerlo a raya!

El muchacho rió de buena gana con aquella visión y Langley quiso imitarlo también, aunque no pudo ser muy convincente. Pensamientos mucho más importantes que los amoríos de Ikari la mantenían ocupada. "Haber nacido durante el Segundo Impacto tiene su precio" dijo él. Otros ya habían muerto, y Mana estaba desahuciada. En ese caso, ¿qué clase de precio tendría que pagar Kai? ¿Ó acaso lo estaría pagando ya?

"Una vez más, me encuentro en este Trono de las Almas.

Un lugar único y apartado, que existe en mí.

Estar aquí me permite ser uno con el todo…

Pero a la vez colocarme sobre encima del todo.

Desde aquí se puede ver Su mano en toda la obra.

Cómo en las montañas. Montañas. Pesadas son las montañas, algo que cambia a través de las eras. ¿Cuánto tiempo habrán visto pasar esas montañas, inamovibles bajo este enorme cielo azul?

Este firmamento, este cielo azul. Tan azul, iluminado por este cálido sol.

Sol. Sólo hay uno solo. Algo único, algo precioso. Sin él no podríamos existir, es fuente de vida. Al igual que el agua.

El agua, tan tranquila, tan calmada, tan hermosa. Tú también nos das vida, a todas las criaturas en este planeta que es azul gracias a ti y a tus océanos. Nos alimentas, nos otorgas el sustento necesario para vivir. A todos. Personas, animales, plantas de todos colores y tamaños, cómo árboles y flores.

Las flores. También hay muchas de ellas. Todas hermosas, pero todas inútiles. Las hay de todos los colores, incluso rojas. Rojas.

El color rojo. El color que tanto odio. Es el color de la sangre.

¿Cómo lo puede saber una mujer que no sangra?

Una mujer que no sangra, una mujer que no puede engendrar vida.

Hechos por un hombre y una mujer, así son los humanos.

Los humanos pueden crear bastantes cosas. Cómo una ciudad.

¿Qué es una ciudad? Algo hecho por los humanos. Al igual que Eva.

¿Pero qué es Eva? Algo hecho por los humanos.

¿Y qué son los humanos? Algo hecho por Dios.

¿Y qué es Dios?

¿Qué es Dios?"

Rei, tan distante y ensimismada, tenía esta clase de pensamientos y sensaciones todo el tiempo. Las inmersiones en su alma duraban horas enteras, ejercitando sus habilidades para la reflexión. A veces, como en aquella ocasión, presa de un inusual arrebato de sensibilidad, le daba la gana plasmar todo aquello en palabras sobre del papel.

Si bien no se trataba de una obra maestra, el mérito de aquél conjunto de versos maltrechos sin métrica ni ritmo radicaba en ser precisamente un intento de su autora por expresarse, es decir, compartir de alguna manera sus pensamientos con alguien más que ella; aún cuando todavía no se los enseñara a nadie, los escritos revelaban ya en su mera existencia una inquietud artística que comenzaba a crecer en la muchacha, lo cual en sí ya era algo plausible, dado el carácter introvertido de la chiquilla.

Por supuesto, Ayanami no se daba cuenta de ello en esos momentos, sino quizás hubiese abandonado de inmediato aquella actividad, sumamente avergonzada. En cambio, al leer una y otra vez las líneas sobre el papel en su mano, mientras caminaba distraídamente por los corredores del cuartel, la jovencita estaba convencida, con cierto orgullo, que sus "poemas" iban siendo cada vez mejores. Aún le faltaba bastante para poder alcanzar el grado de expresión que requería para retratar fielmente todo lo que tenía dentro de esa linda cabecita suya, pero quizás un par de intentos más y entonces lograría llegar a ese nivel en que no le apenaría enseñárselos a alguien para que los leyera.

No había pensado en ello hasta entonces. ¿A quién enseñárselos primero? Sabía de antemano que el Comandante Ikari no se interesaría al respecto, por lo que ni siquiera consideró la posibilidad, si bien fue la primera persona en que pensó. Quizás a Shinji. Con Shinji no habría problema alguno, seguramente accedería gustoso y tratándose de él no temía burla alguna. Sin duda sólo recibiría elogios de su parte. ¿Pero realmente los entendería? No obstante, parecía que no tenía opción. Tenía que ser Shinji o nadie. Tristemente se percató de que aquellas dos personas eran las únicas con las que mantenía lo que podría llamarse relaciones en un plano personal, los dos seres más cercanos a ella, los únicos con los que podría compartir su incipiente trabajo literario.

Bueno, eso no era precisamente cierto. Había alguien más. Lo recordó entonces, al contemplar la baraja de posibilidades. Y estaba segura de que ese alguien sería completamente sincero con ella, como lo era siempre, y que podía confiar en su juicio. Sí, esa persona resultó ser la mejor opción de entre todas. ¿Pero sería buena idea? ¿Y porqué no? Leer unos cuantos poemas no significaba que le estuviera proponiendo matrimonio o algo parecido. Tan sólo quería saber su opinión, eso era todo. No veía inconveniente alguno en ello, ni porqué tendría que tratarse de algo embarazoso. Sí, por fin se había convencido a sí misma: nadie mejor que Kai para que fuera su primer lector. ¿Cómo lo tomaría, cuando se lo pidiera? Seguro que se sorprendería, pero no se negaría, por supuesto. Si acaso primero lograba vencer la vergüenza que le daba el tan sólo pensarlo, en cuanto llegara de su viaje iría con él y se lo pediría. Empezó a imaginarse la escena y sin darse cuenta de repente enrojeció, con una tímida sonrisa soñadora asomándose en sus labios.

Tan distraída como iba, además de pasar todo ese tiempo cabizbaja, inmersa de nuevo en su mundo interno, no se percató de la presencia delante de ella sino hasta que casi tropieza con ella. Desconcertada, al volver a la realidad y levantar su mirada se encontró a las espaldas de un sujeto de enorme estatura y apariencia sombría. Al igual que ella unos momentos atrás se encontraba distraído, al parecer absorto en la contemplación de la biosfera dentro del Geofrente, un pequeño terreno boscoso que inclusive tenía un lago de agua dulce en su interior. Al verlo resultaba difícil pensar que esa clase de ecosistema pudiera conservarse en el interior de una instalación subterránea, pero así era.

Al advertir que tenía compañía, el extraño se dio la vuelta para poder encarar a la jovencita. Sus aproximadamente dos metros de estatura hacían ver insignificante a la criatura, quien retrocedió un par de pasos, confundida por el encuentro. Desde el primer momento había algo en aquella persona que incomodaba a la chiquilla, e inclusive le resultaba repulsivo. No era su vestimenta, pues aquella larga gabardina negra, la camisa con cuello de tortuga, pantalones e intimidantes botas del mismo color eran más ó menos de su propio estilo. Su piel tan pálida igualmente le hizo recordar la suya.

Se trataba de esa expresión, escondida en medio de una tupida barba y una larga cabellera plateada que le llegaba poco después de los hombros. ¿Cómo describir aquella enigmática, contradictoria expresión? Era algo así entre adusta, cínica, desesperanzada y finalmente de un odio indescriptible por la vida en sí misma, por todo cuanto existía. Puede que sea imposible imaginarse algo así, sin embargo la expresión, los movimientos e incluso la actitud de aquella persona transmitían dichas sensaciones.

Mientras que aquellos siniestros ojos verdes irradiaban rencor a donde quiera que se posaran, por el contrario sus labios esbozaban una mueca, casi una sonrisa, despreocupada, incluso podría decirse que altanera. Pero había también en su postura, algo encorvada, además de su rostro, plagado de arrugas y zurcado por una horrorosa cicatriz en su mejilla izquierda, algo que evocaba una gran tristeza, dándole a él y a los gestos de ese peculiar personaje cierta especie de aire melancólico.

Asimismo, aquella persona despertaba reacciones encontradas en la muchacha delante de sí, a la que miraba detenidamente, pero a la vez mirando a la nada. Su primera reacción fue de temor ante la imponente y sombría figura del extraño. Después, cuando le volvió el rostro sintió aversión al contemplar su gesto lleno de contradicciones, sólo por no decir que una completa repugnancia, sobre todo cuando comenzó a sonreír de esa manera arrogante. No obstante, al verle con mayor cuidado no pudo evitar compadecerse del pobre diablo, tan abatido se le veía.

—Tienes razón en compadecerte de mí, pequeña Rei… ¡Cuanta razón tienes!— dijo el gigante al cabo de unos momentos de sostenerle la mirada, observando de nuevo el bosquecillo en la lejanía. La muchacha se quedó petrificada en su sitio, mientras que su acompañante, con voz grave pero en tono bajo, casi susurrante, continuaba: —Una vez pude disfrutar teniéndolo todo, pero ahora sufro como nadie al haber perdido ese todo. Es de lo que nadie se ha dado cuenta aún. Incluso yo mismo lo había olvidado hace mucho. Sólo un corazón como el tuyo podía ver a través de este hosco exterior para descubrirme la verdad de mi existencia: que soy el alma más atormentada en todo este universo… ¡Cuánto desprecio a los demás por no darse cuenta de ello!

—Perdóneme usted— requirió la jovencita, sobreponiéndose a la impresión y a la desconfianza que aún le inspiraba aquella persona —¿Cómo es que sabe mi nombre? ¿Acaso usted me conoce?

—¡Que preguntas! ¿Cómo no habría de conocerte?— se jactó el grandulón, casi burlándose de su ingenuidad —Eres Rei Ayanami. Fui yo quien te dio tu nombre. No quisiera sonar como un viejo imbécil, pero: ¡Mírate, nada más! Quien iba a pensar que ese bebé anormal fuera a convertirse en una criatura tan deliciosa… ahora que te veo, lamento no haberte conservado. En verdad que, pese a todos tus defectos, eres un auténtico regalo del Cielo. Dos naturalezas fundidas en una sola. Tan hermosa, pero a la vez tentadora…

Al pronunciar tales palabras el extraño paseó su mano confianzudamente por el acongojado rostro de la muchachita. Ciertamente que no había sido muy considerado con sus sentimientos al referirse a ella como "bebé anormal" o hacer alusión a "todos sus defectos", aspectos por los que incluso ella misma se había reprochado más de una vez. Al percatarse de la forma lasciva en la que le hablaba y la tocaba recobró el miedo que inicialmente le inspiraba aquella persona y quiso correr, escapar de ese lugar tan pronto como se pudiera. Sólo que adelantándose a sus intenciones el gigante la asió firmemente de un brazo, sin dejar de verla veleidosamente, con su otra mano debajo de la barbilla de la muchacha, para levantarle el rostro y apreciar mejor su belleza.

—¡Encantadora! Si tan sólo no hubieras sido un fracaso, serías mil veces más hermosa de lo que ya eres… ¡En fin! ¿Y qué es lo que tienes aquí, si se puede saber?— le preguntó al notar el papel doblado en la mano que le tenía aprisionada, aprovechando este detalle para quitárselo sin mayor resistencia de su joven cautiva —¡Un poema! Ó por lo menos parece un poema. Qué cosa tan interesante. Ten la bondad de permitirme leerlo.

Aunque Rei hubiese tenido el valor de decirle "no", ya era muy tarde para negarse, puesto que aquél desconsiderado ya se encontraba muy ocupado leyendo el contenido del papel en sus manos; sin embargo, cuando lo hacía soltó a la muchacha, quien entonces pudo volver a poner distancia segura entre los dos, si bien aún estaba tan confundida como para atinar a escapar cuanto antes de aquél lugar. Además aún estaba el hecho de que ese desgraciado tenía su poema, en el cual había trabajado tanto y el cual quería recuperar a toda costa. Si no lo tenía a la mano, ¿cómo le iba a hacer para mejorar sus versos? ¿Qué iba poder enseñarle a Kai, a su regreso?

Puede que el extraño, de algún modo tan misterioso como él, estuviera al tanto de todo ello, pues se le veía bastante confiado a sabiendas de que Rei no haría un solo movimiento en tanto él tuviera esa miserable hoja de papel en su poder.

—Una visión particular del Universo, a través de los ojos de una jovencita contemplativa, quien a la vez parece explorar también su Universo interior— pronunció una vez que terminó, dando a conocer su opinión sin que se la hubiesen pedido —Un texto plagado de misticismo, arrítmico y bastante descuidado. El lenguaje y las metáforas también son muy básicas, por no decir que malas. Espero que sea de tus primeros trabajos, porque si no, lamento decirte que no tienes talento para esto— mientras la destrozaba con su crítica tendió la hoja a una atribulada Rei, quien no terminaba de digerir esos comentarios tan crudos y groseros, pero aún así, honestos.

Pero antes de que el papel estuviera de nuevo en manos de su dueña, aquél sujeto de pronto frunció el ceño, como acordándose de algo y repentinamente lo quitó de su alcance, para seguir divagando de modo que parecía hablar solo:

—¡Qué diablos! Aún si lo tuvieras, ¿qué más da? No deberías desperdiciar tiempo y esfuerzo en estas estupideces. ¡Escribir es para imbéciles!— dijo de mala gana y sin mayor detenimientos empezó a romper en pedazos aquella hoja de papel ante la atónita y desconsolada mirada de Rei —Y no sólo los poetas y escritores, todos los artistas son imbéciles. ¡Reniego de todas las artes! No se tratan más que de patéticos intentos de la humanidad para poder crear algo, a semejanza de su creador, queriendo imitarlo, como si fueran niños pequeños. ¡Estúpidos arrogantes! Me jacto de todas estas creaciones humanas, me resultan ofensivas de tan sólo pensar en ellas. Como quisiera arrancarlas de la superficie del planeta, como las costras purulentas que son y poner a los seres humanos en el lugar que les corresponde. Miro alrededor mío y no veo más que odiosos insectos que se creen dioses, envanecidos por su supuesto conocimiento y su "avanzada civilización". ¡Ja! ¡Escupo en su civilización y en todos ellos! No se han dado cuenta que sus creaciones no son más que excusas, sombras de lo que verdaderamente podrían llegar a ser. ¡Sólo que son tan cobardes! Es por eso que a veces deseo destruir todo su mundo, arrasar con todo lo que conocen, con tal de despertarlos. Pero aun así, ¡cómo los odio! ¡Los odio a todos!

Efectivamente, otra vez sus palabras eran dichas de corazón, tal como pudo constatarlo Ayanami al presenciar el comportamiento errático de aquél sujeto tan perturbado, lo que a su vez le ocasionó sentirse más alterada de lo que ya estaba. En el momento que ese infeliz rompió en pedazos su poema se hubiera puesto a llorar de buena gana, si tan sólo tuviera la más mínima idea de como hacerlo.

—Cómo sea— refunfuñó el extraño, retomando la compostura —Me temo que he llegado un poco tarde a mi cita, así que me gustaría que me guiaras hasta la Sala de Conferencias, mi dulce Rei— enseguida parecía que la jovencita ahora sí se escaparía, de no ser porque hábilmente el gigante le pasó el brazo por el hombro para retenerla a su lado, pero teniendo la suficiente pericia como para que la acción no se viera violenta —Si no tienes inconveniente, claro está.

Rei nunca se había sentido tan miserable como en ese día, que tuvo la desdicha de toparse con ese sujeto. Otros días también habían sido un asco, claro está, pero definitivamente el presente se llevaba de calle a los demás. Y pensar que era tan sólo por haber tenido la desgracia de haber conocido a esa persona no grata. Pero qué persona. No conforme con haberle echado en cara que era una especie de fenómeno de la naturaleza, le había hecho pedazos cualquier ilusión que tuviera con respecto a su vacilante poesía. ¡Era tan desagradable! Le molestaba, sobre todo, la forma en que la tenía sujeta del hombro, clavando sus dedos sobre ella como si fueran garras aferrándose a una presa. Apuraba el paso a la Sala de Conferencias para poder deshacerse de aquél infeliz cuanto antes. ¿Aunque ya qué caso tenía apresurarse? Su poema estaba hecho pedazos, al igual que su interés por la poesía. Lo que secretamente no quería admitir es que lo que más le pesaba era que ya nunca podría enseñarle a Kai su trabajo. Si tan sólo no se hubiera encontrado con ese malnacido…

—No veo porque tengas que estar tan enojada conmigo, chiquilla— le dijo el extraño, volviendo a dejarla estupefacta. Era cómo si pudiera leer sus pensamientos o algo por el estilo —Sé que quizás te cueste comprenderlo en estos momentos, pero créeme que lo hice por tu bien. Ya verás, después me lo agradecerás. Además, ¿porqué preocuparse tanto por un montón de frases incoherentes escritas en papel? ¿Para enseñárselas a ese estúpido de Rivera? ¡Olvídalo ya, no es más que un mocoso imbécil! Ese chiquillo idiota no se merece tantas atenciones de tu parte. Él ya tuvo su oportunidad y no supo apreciarte, y te aseguro que jamás lo hará. Por lo menos no de la manera en que yo lo hago…

Al decir esto acercó su rostro al de la jovencita, mostrando una perniciosa sonrisa que enseñaba sus dientes. Asustada, con el corazón dándole de tumbos en el pecho, Rei intentó desesperadamente alejarse lo más que pudiera del desconocido, lo cual no podía hacer debido al fuerte agarre que éste mantenía sobre ella. Aquella situación ya era insoportable. ¿Qué hacer?

Para su suerte, la Mayor Katsuragi estaba allí para entrar al rescate. Ya le parecía bastante extraña aquella persona, sobre todo el hecho de que estuviera en compañía de Rei, por lo que se decidió a seguirlos cuando los vio de lejos; pero en esos momentos le quedaba bastante claro que la muchachita pasaba por un mal rato, al ver su semblante afligido y asqueado, sino es que se encontraba en grave peligro. Nunca había visto a tan peculiar personaje, y cómo no tenía uniforme de empleado era obvio que no pertenecía a ese lugar.

—Rei, te estaba buscando— pronunció la mujer a sus espaldas, haciendo que ambos detuvieran su andar y voltearan a verla. Misato se dio cuenta que hacía lo correcto al notar el enorme gesto de alivio en el rostro de Ayanami al verla —¿Hay algún problema aquí?

—Para nada— se apuró a contestar el extraño, sin soltar un solo momento a la muchacha, de lo que también tomó nota Katsuragi —Mi amiguita tan sólo me estaba guiando a la Sala de Conferencias, es todo. No hay por qué alarmarse.

—Lo siento mucho, señor, pero Rei no tiene tiempo para servir de guía de turistas. Justo en estos momentos se le requiere en su sesión de entrenamiento— salió al paso la Mayor, quien estaba resuelta a no permitir que aquella persona continuara en compañía de Ayanami —Además, déjeme informarle que la Sala de Conferencias está cerrada, se está llevando en ella una reunión muy importante…

—Lo sé— respondió el visitante de forma áspera, cansado de tener que lidiar con la mujer.

Hubo entonces un momento por lo demás tenso, cuando se llevó la mano a uno de los bolsillos de su gabardina, indudablemente para sacar algo de ahí. ¿Un arma, quizás? Katsuragi hizo lo propio para sustraer su pistola en caso de que ese desgraciado salido de quién sabe donde quisiera dar problemas.

—Soy un invitado del Presidente Lorenz, aquí está mi pase— le dijo enseñándole la credencial que lo acreditaba como tal.

—La recepción hace tiempo que se terminó— le anunció Misato con aire desconfiado, pero a la vez respirando aliviada.

—Eso tengo entendido, me parece que he llegado un poco tarde. Así que, si nos permite, me gustaría arribar a la reunión lo antes posible. Con su permiso.

—Espere un momento— la Mayor lo interrumpió de nuevo, deteniéndolo cuando parecía que se saldría con la suya y se llevaría consigo a Rei —Ya le he dicho que la presencia de Rei es requerida en otro lugar. No me haga tener que repetírselo por tercera vez. Siga los señalamientos en los pasillos y no tardará más de cinco minutos en dar con la Sala de Conferencias. ¿Le quedó claro, señor?

Finalmente el momento más difícil para todos había llegado. De inmediato el visitante avispó con la mirada a Katsuragi, al verla en aquella actitud tan retadora. Sus ojos verdes chispearon de rencor, provocando el temor de la mujer, quien entonces empezó a mostrarse cauta, avispado por aquél gesto amenazador. ¡Cuánto odio despedían aquellos ojos! Era algo que paralizaría a cualquiera.

Sin embargo, Misato Katsuragi no era "cualquiera", por lo que pronto se repuso, haciendo ademán de estar a punto de desenfundar su arma, luego que el extraño le enseñara la suya, la cual tenía guardada en un cinto oculto por su gabardina.

Los dos permanecieron en aquella pose por varios segundos, que se le hicieron interminables a la mujer. Esperaba que el visitante indeseado no se diera cuenta que sólo pretendía estar cargando un arma. Pretendía despistarlo con su actitud desafiante. Las cosas se pondrían muy feas en caso contrario.

De repente el extraño pareció rendirse, sonriendo altaneramente mientras soltaba a Ayanami, quien enseguida se lanzó a brazos de Katsuragi, cosa muy rara en ella. La Mayor sintió como un gran peso le era quitado de encima, para que entonces aquél sujeto pronunciara aburrido, dándoles la espalda:

—No hay porqué amenazar con pistolas imaginarias, Mayor. Por otro lado, no quisiera que esta adorable jovencita presenciara un acto tan violento como el que usted me estaba empujando a cometer. Lamento mucho los inconvenientes que ocasioné, les suplico me dispensen. Con su permiso. ¡Ah! Y Adiós, Rei. Fue un placer volverte a ver… espero que nos encontremos pronto…

Y así, sin más, se fue, dejando a la perturbada chiquilla temblando como un conejito asustado en brazos de la Mayor Katsuragi. Ésta no sabía qué decir, tan impactada como estaba. Jamás en toda su vida había visto a Ayanami en un estado semejante, frágil y temerosa, escondiendo su rostro sobre su regazo. Incluso ella misma aún estaba temblando inquieta. Aún creía tener encima aquellos ojos verdes iracundos, tan escalofriantes. Y aún así… tenía la vaga sensación de haber visto aquella fría, terrible mirada antes. Además de esa voz rencorosa, y ese marcado acento. Aquellas señas la habían transportado de nuevo a tiempos pasados, que se había afanado en mantener olvidados. ¿Pero quién diablos podía ser ese tipejo? No había forma alguna que fuera aquel a quien en un principio le hizo recordar. No, eso era imposible.

Por fin, después de tanto esperar, el momento de la verdad había llegado. Aquél sin lugar a dudas era el Día D para el joven Kai Katsuragi. Era el día que debía rendir su informe semestral al Secretario General de las Naciones Unidas. El día que comenzaría la ofensiva final que terminaría por hundir a su enemigo de una vez por todas, pensaba con orgullo mientras se alistaba, asegurándose de tener todos sus documentos a la mano.

Una vez que se cercioró que todo estaba en su lugar continuó con sus vestimentas, acomodando cualquier desavenencia más por ocio que por esmero en su cuidado personal. Ya llevaba algún tiempo esperando la llegada del Secretario en su oficina. Se asomó por las ventanas, observando el espectáculo que le ofrecía la vista desde el trigésimo octavo piso. Desde allí podía dominarse el helado islote de lo que quedaba de Nueva York casi por completo. Ahí estaba la explanada de unos quinientos metros cuadrados y circundándola estaban erigidos unos imponentes muros que hacían ver a los del antiguo Muro de Berlín como escandalosamente frágiles. Y si esa intimidante muralla no bastaba para disuadir a cualquiera que fuera lo suficientemente estúpido como para intentar un asalto contra aquella fortaleza inexpugnable, entonces allí estaban las tropas de choque, instaladas en sus puestos de vigilancia con sendas ametralladoras asomándose por las rendijas.

Incluso él, que era personal autorizado, tuvo que demorar más de cuarenta minutos en exhaustivas revisiones de seguridad, y otra media hora más aparte del procedimiento habitual, teniendo en cuenta que se entrevistaría con Herr Schroëder.

¿Y todo para qué? Para seguir esperando. No es que fuera impaciente, pero ese día en particular se mostraba bastante inquieto, ansioso. Y es que no se trataba de cualquier día. Había estado planeando esto desde hacía ya bastante tiempo. El día en que libraría al mundo de la plaga conocida como Gendo Ikari. ¡Cuánto había esperado por que llegara ese día! Se sentía nervioso, pero a la vez feliz, como una colegiala en su baile de graduación. Bueno, pues sí había esperado tantos años para ver caer a Ikari, bien podía esperar algunos cuantos minutos más. Pero había otra cosa que lo incomodaba, una sensación inquietante que no lo dejaba en paz, por más que se esforzara en ignorarla.

Quien sabe por qué, justo en esos momentos Rei se le vino a la mente. ¿Pero porqué? Él ya había tomado su decisión, cerrando ese capítulo de su vida. Ahora estaba con Asuka, y era feliz así. ¿Entonces porqué seguía pensando en Rei? Un sentimiento de angustia le oprimía el pecho cuando pensaba en ella. Algo así como un presentimiento, una certeza de que algo estaba mal con ella, que se encontraba sufriendo. ¿Le habría sucedido algo? ¿Estaría lastimada ó en peligro? Tal vez debería llamar a Japón para cerciorarse y… ¡Oh, pero qué estupidez! ¿Cómo ponerse a imaginar todo eso justo ahora? Ya era demasiado tarde para arrepentirse. De un momento a otro el Secretario General cruzaría ese umbral, y luego…

Y hablando del rey de Roma, mira quién se asoma. Justo en ese momento el Secretario General de las Naciones Unidas, el hombre a cargo de la organización que llevaba las riendas del mundo entero, se dignaba a aparecer en persona.

—¡Querido muchacho!— canturreó el viejecillo apenas si cruzó el umbral, con los brazos abiertos —¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo te ha ido?

Josef Schroëder era un viejecito algo regordete, aunque de buena presencia con su más de uno ochenta de estatura. De su cabellera canosa ya sólo quedaban un par de mechones que le nacían en las sienes en contraste con un espeso mostacho bastante bien cuidado que le salía por debajo de su nariz chata picada por viruelas. Unos ojillos de color azul se escondían tímidos detrás de los cristales de sus lentes y sus cejas tan tupidas. A pesar de su posición tan elevada, cualquiera diría que tan sólo parecía un dulce abuelito salido de algún cuento infantil, y no el personaje tan importante del que se trataba.

—Muy bien, señor, gracias— se apuró a contestar Rivera de la manera más sobria y correcta que se le pudo ocurrir, tendiéndole una mano para saludarlo —Es un honor volverlo a ver…

—¡Vamos, siempre tienes que ser tan formal! Déjate de payasadas y ven aquí para darte un enorme abrazo— refunfuñó el viejo a la vez que tomaba entre sus brazos al desprevenido Kai, envolviéndolo con ellos como si fuera un enorme oso de felpa —¡Cuánto te estimo, mi muchacho! ¿Lo sabes?

—Puedo darme una idea— contestó dificultosamente, aún en brazos de aquél viejecillo tan efusivo. Cualquier intento de otorgarle a esa entrevista un ambiente de formalidad y profesionalismo había salido volando por la ventana.

La razón de aquél inusual afecto tenía su origen hará cosa ya de unos trece años, cuando José Rivera Madrigal, el padre de Kai, salvara al recién nombrado Secretario General de un atentado en contra de su vida. A partir de entonces Schroëder le tomó un cariño muy especial al Doctor Rivera, la persona que había salvado su vida, y también a su adorable familia, su hermosa esposa Mary y su pequeño hijo, Kyle. Y cuando los padres murieron el viejo se las ingenió para tener bajo cuidado al niño, dándole su custodia a Misato Katsuragi, una amiga de la familia. De esa manera se aseguraba de tenerlo bajo constante supervisión y siempre a la mano.

Claro que aquél interés por el chiquillo no era tan sólo por simpatía. Cabe recordar que con la "ayuda", aunque fuera un tanto involuntaria, de aquél fenómeno de la naturaleza, la Armada de las Naciones Unidas había podido desarrollar toda una nueva generación en armamento de alta tecnología; entre ellas quizás la más efectiva y redituable era la ya tan famosa tecnología N2.

Y siempre estaban seguros de poder sacarle más provecho al mocoso conforme al paso del tiempo, prueba de ello era el mismísimo Eva Z. Así que, teniendo en cuenta todo esto, ¿cómo no mostrarse interesado por el bienestar del niño?

—Disculpa la tardanza, mi muchacho— se excusó el anciano cuando tomaba asiento en su confortable sillón y con un gesto le indicaba al joven doctor que hiciera lo mismo —Pero al parecer nuestro querídisimo amigo, el Presidente Lorenz, no se tomó la molestia de avisar con anterioridad que no podría unírsenos en este día… tuve que hacerle una llamada a su Secretario de Estado para enterarme que anda de viaje por Japón. ¡Ese viejo es un fastidio! Él es quien siempre insiste en estar presente en estos informes, después de todo.

—Sí que es un problema, pero supongo que sus razones debe tener— contestó Rivera, aliviado de no tener que lidiar también con Lorenz. Un peso menos de encima.

"Menos mal que no está por aquí" pensaba satisfecho. El día estaba pintando muy bien. "Ese viejo pedorro siempre me pone los pelos de punta".

El General de División de cinco estrellas, Keel Lorenz, presidente de los Estados Unidos Americanos, o como ya se les llamaba en el año 2015, "Imperio Americano", parecía sacado de alguna película de ciencia ficción.

Aquél hombre, ya algo entrado en años, era una fantástica quimera entre máquina y hombre, cuya sola existencia daba cuenta tanto de la fabulosa tecnología en prótesis e implantes que se estaba desarrollando así como también de lo aparatosa y accidentada que era su vida.

Pero también muy interesante, con bastante kilometraje recorrido. Vietnam, Nicaragua, El Salvador, Afganistán, Irán, Irak, Kosovo y quién sabe dónde más; en fin, Lorenz había aprovechado su estadía en cada uno de esos placenteros lugares para ir escalando posiciones y hacer una brillante carrera militar que le permitiera acceder al poder que ahora ostentaba, cómo líder de la nación más poderosa del mundo.

A primera vista resaltaba el dispositivo óptico en forma de anteojos de un solo lente que portaba, los cuales se acoplaban en enchufes dispuestos en sus dos sienes, los que a su vez estaban directamente conectados a su cerebro. El aparato reproducía fielmente la función de sus ojos extintos, percibir los estímulos luminosos del exterior y convertirlos en señales eléctricas que su cerebro pudiera interpretar, otorgándole de nuevo el fabuloso don de la vista aún cuando sus pupilas fueran ya inservibles.

Ello, además de su expresión adusta y su continente altivo, le proporcionaban a ese viejo una apariencia un tanto cuanto siniestra, por no decir que macabra, haciendo que toda clase de leyendas circulara alrededor de su extravagante persona. Puede que todas ellas no fueran más que mentiras alimentadas por la imaginería popular, pero los hechos concretos, aquellos que circulaban en los diarios de todo el mundo, bastaban para darse una idea del carácter de aquél anciano. Derechista. Republicano. Ultraconservador. ¿Bastaba decir algo más?

Toda su plataforma política la había basado en la mano dura que le mostró a los "enemigos de América", mote que se adjudicaba todo aquél individuo que mostrara cierto recelo a la aparentemente insaciable necesidad de los Estados Unidos de anexarse los territorios aledaños para apoderarse de más recursos naturales, y a la vez para ensamblar un único bloque económico continental de libre comercio que ponía en franca desventaja a sus competidores europeos o asiáticos. Desde rebeldes nacionalistas, guerrilleros, activistas e inclusive algunos políticos moderados tanto extranjeros como de su propio país habían recibido aquél fatal epíteto, el cual era casi como una sentencia de muerte, pues en el acto todo el aparato represivo del poder estadounidense perseguía a aquellos desdichados hasta borrarlos de la escena, anulando cualquier peligro que pudieran representar para la libertad y la democracia.

Keel Lorenz, el hombre que había llevado la infame Doctrina Monroe, "América para los americanos", a sus últimas instancias, era quien hacía uso de la palabra en aquél momento, dando por iniciada la reunión:

—Ha pasado mucho tiempo desde que nos reunimos en persona. Es un placer volver a verlos a todos ustedes caballeros. Me complace ver que gocen de tan buena salud…— pronunció muy cortésmente con su voz cavernosa, mientras tomaba asiento a la cabeza de la mesa.

—Y no somos los únicos, según parece— respondió enseguida Johan Schneider, eminente empresario de origen alemán, quien era dueño de varias compañías automotrices y de armamento. De corta estatura y rechoncho, pero al contrario dotado de larguísimo entendimiento tal cómo lo indicaba su mirada suspicaz y curiosa, además de una cuantiosa fortuna que lo colocaba en el top ten de los hombres más influyentes del planeta —¿Es mi imaginación, ó acaso ha ganado algo de peso, Mister Lorenz?

—Me gusta alimentarme bien, no lo niego, Herr Schneider. En cambio, parece que su frente cada día es más grande, pese a todos esos injertos de cabello a los que supe que se somete.

Todos los demás rieron al unísono, aplaudiendo la ocurrencia de Lorenz, con el subsecuente bochorno de Schneider, quien se resignó a sonreír de mala gana. Era muy difícil ganarle una a Lorenz.

—No te pongas así, Schneider, tú te lo buscaste— repuso de mala gana Pierre de La Crouix, un irascible señor de unos sesenta años, eminente político en el Parlamento Europeo, anteriormente presidente electo de la Unión Europea. Su canoso cabello rizado y abundante bigote del mismo tono contrastaban con su piel de color ébano y sus ojos grises que lucían opacos a través de sus bifocales —Ahora, ¿podríamos, por favor, dejar de fingir que ésta es una reunión social e ir directo al grano? Hay quienes sí tenemos asuntos pendientes que atender.

—Estoy de acuerdo— consintió a su vez Mijail Dolojov, un exitoso capitalista ruso de unos cincuenta años, el más joven del grupo, un sujeto alto y robusto, de rasgos firmes y bastante bien parecido; y también inteligente, pues su fortuna la había amasado con la oportuna compra de varias compañías paraestatales cuando el régimen comunista cayó en su país. "El gran capital", tal y cómo lo apodaban en su país debido a su complexión, era un sujeto que sabía buscar y sobre todo aprovechar las oportunidades —Dejémonos de vanas cordialidades y atendamos nuestro negocio, gente. O podrían confundirnos con algún club de La Vieja Guardia.

—Tan jocoso como siempre, camarada— añadió en tono sarcástico Ju Chin Tao, el venerable presidente del Partido Comunista Chino, una persona cuya apariencia era un tanto insignificante como para la importancia del cargo y posición que ocupaba. Delgado, de semblante enfermizo, con los ojos hundidos en sus cadavéricas facciones y una prominente nariz que hacía que su rostro se pareciera al de un pájaro —Tal vez seas el que tiene menor edad aquí, mi buen amigo, pero eso no te hace, para nada, un muchachito, ¿sabes? Además, deberían tener más en consideración a nuestro querido amigo Ferguson, tiene varias anécdotas muy curiosas que nos trae expresamente desde el frente… seguro podríamos pasar un buen rato escuchándolas…

—¡Pero pueden esperar, no hay prisa alguna!— comentó muy divertido el Almirante Henry Ferguson III, destacado militar de origen británico, quien era el líder de las Fuerzas Armadas de la Unión Europea, un tipo flemático y calculador, y al igual que la mayoría de los allí presentes, ya algo entrado en años —Creo que primero deberíamos atender la razón por la que tan distinguidos personajes nos encontramos aquí reunidos, ¿no les parece?

—Muy bien, estamos todos de acuerdo entonces— asintió Lorenz, con voz solemne para poder captar la atención de todos los allí congregados, lo que no le costó mucho trabajo de conseguir —Ahora que los Seis Ojos restantes de Lilith se encuentran reunidos, doy por iniciada esta reunión. Ikari, puede comenzar con el informe cuando guste…

Todas las miradas en esa lóbrega habitación escasamente iluminada se dirigieron entonces hacia el otro extremo de la mesa, en donde de pie se encontraba aguardando Gendo Ikari, listo para rendir cuentas a sus patrones.

En esa sala, cuya única fuente de iluminación era la que despedían los monitores instalados en las paredes, se encontraban reunida la crema y nata de las esferas política, económica y militar del planeta; los seis hombres más poderosos del mundo, aquellos en cuyas decisiones residía el destino de todo el globo y sus habitantes. El poder tras el poder. La cúpula directiva y suprema de NERV. Ellos eran SEELE, la organización secreta que llevaba controlando el destino del mundo desde quien sabe cuánto tiempo.

—De acuerdo. Comencemos, entonces— consintió Gendo, sin demostrar ni por asomo una pizca de nerviosismo por encontrarse ante tan ilustres personajes. Lo único que se limitó a hacer fue ajustarse sus lentes mientras comenzaba a dar lectura al informe que todos los miembros de la junta ahora tenían en sus manos.

Igualmente, cumpliendo con el protocolo reglamentario y buscando de manera casi desesperada infundirle algo de protocolo a aquella entrevista, el joven Kai Rivera hizo entrega al Secretario de un grueso volumen que contenía reportes detallados de las actividades propias y de NERV durante los últimos seis meses. Schroëder no pudo disimular su displicencia, al exclamar de manera socarrona:

—¡Caramba, parece que cada vez te esmeras en hacer estas cosas más largas, muchacho! ¿Estás seguro de que es tu informe, ó te trajiste el directorio telefónico por equivocación?

—Han sido seis meses muy largos, señor— suspiró el chiquillo. Volvía a quedarle claro que por más que lo intentara, ese viejo jamás terminaría por tomarlo muy en serio.

—No lo dudo— repuso el líder de las Naciones Unidas, dejando de lado el enorme tomo en sus manos —Me temo que no dispongo de mucho tiempo para una lectura prolongada, hijito. ¿Así que podrías hacerme el favor de resumírmelo? Así tendremos más tiempo para conversar de unos asuntos que me interesa muchísimo discutir contigo.

—Como usted guste, señor— contestó el muchacho, sacando un compendio mucho más delgado que había preparado con anterioridad, previendo la reacción del viejo.

"Diablos, ¿ahora con qué cuernos me va a salir este vejete?" pensó con hastío Rivera. Antes de comenzar volvió la vista hacia la montaña de papeles que había llevado consigo, mirando detenidamente aquel sobre de papel manila que estaba encima de todos ellos, en cuyo interior se encontraban los documentos y demás evidencia que implicaba a la dirigencia de NERV en la muerte de más de un centenar de personas. "Pero el momento se acerca, sólo hay que esperar un poco más", se dijo interiormente, alentándose para ser paciente y aguardar por el momento idóneo.

—Muy bien, entonces comencemos donde nos quedamos la última vez— pronunció al abrir el libro en sus manos, dando comienzo a su lectura —En Abril del año 2015… después del… accidente en el que lamentablemente se vio involucrada la Primer Elegida, el cual recordará usted ya me había referido en un apartado especial de mi anterior informe, las tareas en el Geofrente siguieron su curso normal, tal como podrá constatar en los itinerarios que anexo en la versión detallada de este informe. Los avances en la Unidad Zeta, por su parte, en ese entonces estaban completados en un 75% tal como se tenía previsto conforme al plan. Igualmente, añado copia del mismo en el volumen completo. Fue hasta el 18 de Abril del año en curso, que, aproximadamente a las diez y cuarto de la mañana, en el área de las ruinas de Yokohama, se tuvo el primer avistamiento del Tercer Ángel… las fuerzas destacadas de las Naciones Unidas en Japón se unieron a las unidades Iruma, Komatsu, Misawa y Kyushu del gobierno japonés…

—Tal y como estaba previsto, el despliegue de armamento convencional en contra de los Ángeles resultó ser inefectivo— pareció completar Gendo Ikari al otro lado del mundo, rindiendo su propio informe —Noventa y cinco minutos después de iniciadas las acciones contra Zaquiel, esto es, a las doce del día con veintitrés minutos, el destacamento de la O.N.U. decidió hacer empleo de una Mina N2 en contra del objetivo, con escasos resultados. El objetivo únicamente fue contenido, por lo que a las doce y media no tuvieron más remedio que transferir toda la autoridad con relación al ataque a NERV. Ese mismo día, faltando veinte minutos para la medianoche, Zaquiel arribó a Tokio 3.

—Ese día no fue sólo el Tercer Ángel quien hizo su llegada a la ciudad— continuó el joven Rivera —Por órdenes expresas del Comandante Gendo Ikari, la Jefa de la Sección de Tácticas y Estrategias en NERV, la entonces Capitana Misato Katsuragi, se encargó de trasladar hasta las instalaciones del Geofrente al Cuarto Niño elegido por el Instituto Marduk para ser piloto Evangelion: Shinji Ikari, el hijo del comandante. Pese a su total inexperiencia tanto en entrenamiento como en combate real, de inmediato se le fue asignada la Unidad 01 y, en punto de la media noche, lanzado a combatir al enemigo. Sin duda, el Comandante Ikari no estaba en sus cabales, pues antes de eso solicitó mi emplazamientio extemporáneo a Tokio 3, cuando aún me encontraba a bordo del S.S. Rampage junto con las piezas de la armadura del Eva Z, y hasta pretendió hacer uso de la Primer Elegida, Rei Ayanami, quien todavía se encontraba hospitalizada, recobrándose de sus heridas. A final de cuentas, Shinji Ikari cumplió con su deber como piloto y salió al combate en la Unidad Uno.

—El piloto del Eva 01 entonces salió a la batalla. En primera instancia tuvo un desempeño bastante mediocre, dada su falta de experiencia, lo que repercutió en severos daños a la infraestructura de los alrededores y al propio Evangelion, quien recibió un fuerte impacto en el componente de la cabeza. La Unidad Uno permaneció inmóvil por unos momentos, pero entonces entró en estado Berserker y pese al peligro que esto supuso, consiguió destruir rápidamente al blanco, lo que logró faltando quince minutos para la una de la madrugada del 19 de Abril.

—Lo que me recuerda cuestionar el porqué fue tan buena idea asignarle a tu hijo desequilibrado el control de una parte tan vital de nuestro plan, como lo es el Eva 01— inquirió algo enfadado Pierre de la Crouix, avispando con la mirada al impasible Gendo.

—Yo también tengo mis dudas— secundó Schneider.

—Señores, por favor, no interrumpan de esa manera el curso del informe— solicitó el Presidente Lorenz —Haremos nuestras observaciones al final de éste, ¿quedó claro?

Todos permanecieron en silencio entonces, dándole a entender que así era.

—El Tercer Ángel fue aniquilado, dejando como resultado daños considerables a calles y edificios aledaños a la zona de combate, así como también a la integridad del Eva 01— prosiguió Rivera, por su parte —Tal y cómo fue ordenado, el número real de bajas y heridos fue ocultado al conocimiento público, pero estoy seguro que no es necesario que me extienda sobre esto último…

El chiquillo volteó hacia donde estaba el Secretario, para encontrarse con su expresión severa. Muy bien. No había nada más que agregar al respecto.

—Lo que nos lleva al 3 de Mayo del 2015— pese a todo, Ikari aún tenía toda la atención de aquellos pérfidos ancianos —Y al enfrentamiento contra el Cuarto Ángel, Shamusiel. Llegó al área conurbada de Tokio 3 en punto de las once de la mañana. Pese a que las incidencias en la batalla incluyeron la ruptura del cordón umbilical del Evangelion, el piloto se las arregló como pudo para destruir el objetivo. Cómo resultado, se pudo obtener el cuerpo del Ángel casi completo en su estructura principal para su posterior y minucioso estudio, cuyos resultados entrego en este documento.

—En un golpe por demás fortuito, el Eva 01 consiguió derrotar al Cuarto Ángel, a pesar de haberse mostrado errático en su desempeño y que el piloto hubiera ignorado órdenes de su superior inmediato. Sólo puedo clasificar a semejante acción como un golpe de suerte bastante afortunado, el cual puso en riesgo la seguridad de todos en el Geofrente y la ciudad.

—Qué curioso que lo menciones, Kai, porque también quiero preguntarte desde hace tiempo…— pronunció pensativo el señor Secretario, rascándose su barbilla con aspecto meditabundo —Ese muchachito, el hijo del Comandante Ikari… ¿cuál es tu opinión de él? Tengo entendido que llevan viviendo juntos por un tiempo, ¿no es así?

—Está en todo lo correcto, señor— asintió Rivera, para luego ponerse a pensar en su respuesta —Shinji es…— soltó un hondo suspiro y continuó —¿Cómo decirlo? Inestable, vamos. Incluyo en el informe un análisis muy detallado de su personalidad y del riesgo que implica para el proyecto. No soy psicólogo ni nada por el estilo, pero me parece que manifiesta una condición eutímica con cierta tendencia maniaco-depresiva. Y de cualquier manera no necesito de credenciales para poder distinguir a una persona que representa un peligro para sí mismo y todos los que lo rodean. Tiene bastantes complejos que necesitan atenderse con un especialista, necesita ayuda, pero en ese caso me temo que no está listo para una responsabilidad de este tamaño. Él mismo ha querido evadirla un par de veces. Y alguien en ese estado, cada vez que sube a esa clase de máquina, simplemente es un riesgo que no deberíamos correr. Por lo tanto, en mi informe sugiero la remoción inmediata de su puesto, hasta que se encuentre en condiciones más aptas para desempeñarlo.

—Ya veo— pronunció Schroëder, entrelazando sus arrugados dedos —Por desgracia, está fuera de mi alcance tomar esa decisión. Hace mucho que transferimos la completa responsabilidad de todo lo concerniente a los pilotos al Instituto Marduk, y no tengo injerencia alguna en ese aspecto, lo sabes bien. Lo único que puedo hacer es una recomendación a través de un comité, y entonces ellos verán el caso. Aunque eso podría tomar meses.

—Qué remedio. En ese caso sólo quiero que quede bien constatado que hice la recomendación a tiempo, antes de que otra cosa sucediera.

—Por otra parte, finalmente recibimos reporte que el 14 de Mayo del 2015 la construcción del Modelo Especial para Combate, a cargo exclusivamente por personal científico de las Naciones Unidas, se completó dentro de las instalaciones del Geofrente, pese a los esfuerzos de nuestra parte por evitarlo o por lo menos retrasarlo un poco. Lo cual, a la larga, nos supuso un beneficio— observó Ikari —Puesto que dos días después, el 16 de Mayo, Gaghiel, el Quinto Ángel, hizo su aparición en las costas de Fujisawa. Antes de mandar a la Unidad Uno a combatirlo, el blanco destruyó toda una unidad de helicópteros de reconocimiento y hundió un par de buques acorazados. Al llegar el Eva 01 al lugar el objetivo prefirió evadir todo tipo de lucha y continuó su marcha a Tokio 3, por lo que se tuvo que lanzar al recién terminado Evangelion Unidad Zeta, transfiriendo así, una vez más, la completa autoridad referente a las hostilidades contra el Ángel a las Naciones Unidas. Es para notarse que esa fue la primer ocasión que el Segundo Niño subió a un Eva, y que no obstante, consiguió un nivel de sincronía perfecto, es decir de un total de 100%. Así pues, pese a algunas dificultades experimentadas a lo largo de la pelea, el Eva Z no tuvo mayor problema en aniquilar a Gaghiel dándole un nuevo uso, hasta entonces desconocido, al Campo A.T. de su Evangelion. Pero de eso, estoy seguro que todos ustedes ya están enterados.

Pese a que los asistentes a la junta habían acordado guardar sus comentarios hasta el final del informe, sus murmullos y cuchicheos llenaron la sala, señal de su inquietud e incluso podría decirse que algo parecido a temor.

—Creo necesario detenernos en este punto para discutir varios aspectos, señores, Comandante Ikari— terció Lorenz, imponiendo el orden una vez más —En primer lugar, y creo que es lo que todos nos hemos estado preguntando desde ese entonces, señor Ikari: ¿qué demonios es ese chiquillo imbécil? ¡No puede tratarse de un ser humano normal, eso nos queda claro a todos!

—Por desgracia, dado su alto puesto dentro de las Naciones Unidas, hasta ahora ha sido imposible para nuestro departamento de Tecnología y Desarrollo Científico el practicarle estudios más profundos como a los que hemos sometido a los demás pilotos, lo que nos permitiría encontrar una respuesta precisa a nuestras preguntas. En dado caso, sólo podemos hacer conjeturas, y nada más. Una de ellas la proporcionó la Doctora Akagi, quien tiene la hipótesis que la condición tan especial del joven Rivera, de la cual ya todos estamos enterados desde hace tiempo, y la cual es responsable directa de sus asombrosas capacidades cognoscitivas, es la misma que le permite manipular de ese modo a su Eva.

—Pero cómo usted lo ha dicho, Ikari, se tratan solamente de conjeturas, y nada más— refunfuñó el Almirante Ferguson, bastante inquieto, alisándose su barba —Supongo que no tengo que advertirles del peligro que representa a nuestros planes permitir que un monstruo semejante, del que podemos imaginarnos cualquier cosa, pilotee el arma más poderosa hasta ahora construida.

—Calma, Almirante, ya nos ocuparemos de ello más tarde— intervino Dolojov, quien hasta entonces había estado muy callado y pensativo —Otra cosa, señor Ikari. ¿Es verdad que la supuesta aleación indestructible con la que está construida Zeta es el mismo metal que el de la Lanza de Longinus? Y si es así, ¿qué tanto sabe Rivera de la Lanza?

Un silencio sepulcral se apoderó de inmediato de la reunión. Aquello era un asunto, muy, muy delicado. La Lanza de Longinus era otro elemento importante dentro de los planes futuros de SEELE, cuya existencia sólo era conocida por muy pocas personas, casi todas ellas en ese cuarto, o bien, muertas. Pero eso podría cambiar de un momento a otro, dependiendo de la respuesta de Ikari.

—Nuestra investigación en encubierto nos ha revelado que dichos materiales son muy semejantes, en un estimado de 98%, sin embargo no puede decirse que sean el mismo. La aleación del Eva Z se encuentra en un estado crudo e imperfecto. Por lo tanto, estoy completamente seguro que el mocoso no sabe nada de la Lanza de Longinus ni de Lilith. Pueden respirar aliviados, caballeros, su secreto está a salvo.

Y así lo hicieron, todos ellos. Una vez aclarado el punto, el informe continuó su curso.

—Ese día, el reporte de daños a la Unidad Zeta, tras la batalla contra el Quinto Ángel, fue positivo. Tan sólo algunos desperfectos menores que no requirieron de mayor reparación, y ningún daño estructural para el Evangelion— Kai terminó de relatar su primera experiencia como piloto un tanto apenado. Todo aquello había sonado un poco a auto alabanza, y no quería pasar como un presuntuoso.

—Sí, me enteré de todo— asintió el Secretario con una gran sonrisa, retomando su aspecto de abuelito —¡Qué orgulloso estuve ese día! Demostraste estar a la altura de tu puesto y de las circunstancias. Callamos muchas bocas que pusieron el grito en el cielo cuando te di tu nombramiento. Sabía que no me defraudarías.

—Gracias por el comentario, señor. Por desgracia, los eventos que siguieron a continuación no fueron tan satisfactorios— pronunció el muchacho, endureciendo su tono de voz. Había llegado a una de las partes escabrosas del informe —Quisiera que pusiera mucha atención a todas las copias de las quejas que le envié expresamente a su persona con respecto al destacamento de tropas de las Naciones Unidas para resguardar los cuarteles en Tokio 3 sin que se me avisara, las cuales anexo en el tomo completo, y de las cuales no recibí respuesta alguna…

—Sí, bueno… referente a ese caso, yo quisiera…

—Una semana después, el 29 de Mayo, tropas del entonces llamado Frente de Liberación Mundial invadieron el Geofrente, causando pérdidas humanas de aproximadamente doscientas bajas, entre empleados de NERV y soldados de infantería. Ese mismo día, exactamente a las cuatro de la tarde con trece minutos, un comando encubierto de las Naciones Unidas, de cuya presencia tampoco se me hizo conocimiento, asesinó de forma criminal al líder del movimiento rebelde, conocido por los medios como el Comandante Chuy, un alias…

—Ya sé todos los detalles, no necesito que me informes de ello. Quisiera asegurarte…

—Un alias para Antonio Rivera Madrigal, quien resultó ser mi tío, y de cuyo cuerpo sigo sin conocer aún su paradero, pese a todas las misivas que le he enviado por los conductos correspondientes— concluyó el muchacho, ignorando los esfuerzos del Secretario para desviar la atención del asunto.

El tono que había empleado fue severo, sin dar lugar a tristes excusas, pese a estar tratando con alguien de la posición de Schroëder. Kai quería respuestas, y las quería ya. El único pariente vivo que le quedaba, cuya existencia desconoció por mucho tiempo, había sido cobardemente asesinado, y lo que era peor, ni siquiera le habían permitido darle una sepultura decente. Y le gustaría saber mucho el porqué.

—Bueno— vaciló al principio el señor Secretario General de las Naciones Unidas, sin saber exactamente qué decir. Se trataba de un asunto muy delicado y aunque se imaginaba cómo sería aquello, nunca hubiera supuesto que el muchacho lo confrontara de esa manera. Esperaba que el acontecimiento no le hubiera afectado mucho, pero ahora podía constatar que era justamente lo contrario. Por suerte, uno no llega a un puesto como el suyo por carecer de diplomacia —Antes que nada, quiero que sepas que estoy terriblemente apenado por lo que sucedió, en serio. Habíamos dado órdenes precisas de que se le capturara con vida para su posterior enjuiciamiento en los tribunales internacionales, pero ya sabes cómo son estos cretinos militares y sus cadenas de mando, parece como si jugaran al teléfono descompuesto. Lamento mucho que te hayas involucrado de esa manera, créeme que quise decírtelo desde antes pero razones de seguridad no me lo permitieron; aún así, no te merecías volver a pasar por algo así, lo lamento tanto. En cuanto a tus quejas, te aseguro que aquí rodarán cabezas, pues nunca me llegó una sola de ellas.

Kai ya no objetó nada más, limitándose a contemplar a su acompañante con un cierto aire de incredulidad. ¿Para qué seguir insistiendo? Así era como se las gastaban esos mequetrefes desgraciados que estaban en el poder, disponiendo de las vidas de los demás a su antojo, embaucando a la gente con sus discursos moralistas e hipócritas. La verdad es que su tío estaba muerto, y ya nada se podía hacer para remediarlo. Nada.

—Y fue así que el 29 de Mayo, a las 4:13 PM se logró exitosamente la ejecución del reconocido líder guerrillero, el reconocido Comandante Chuy, y de todos sus seguidores, con tan sólo doscientas bajas, la mayoría de ellas tropas de las Naciones Unidas que habían servido como señuelo, tal y como estaba previsto en el plan— concluyó Gendo Ikari a ese engorroso respecto.

—¡He allí a un auténtico hijo de puta!— añadió entonces Lorenz en tono juguetón, uno que jamás se le había escuchado, con una sonrisa de oreja a oreja —Perdonen mi lenguaje, caballeros, pero es la verdad: un auténtico hijo de puta. Durante los últimos quince años siempre fue un constante dolor en el culo. Cómo ustedes sabrán, le debo a él y a sus acciones el que tenga que usar este dispositivo electrónico para poder ver, y esta nueva columna vertebral compuesta de varillas de acero reforzadas. Podría decirse que el Comandante Chuy, ese infeliz mono sarnoso y socialista, me hizo el hombre que soy ahora. ¡Cuanto disfruté presenciar cómo mis perros daban cuenta de su apestoso cadáver! Llámenme excéntrico resentido, si es lo que quieren, pero creo que me lo merecía. ¿No les parece?

La mayoría de los allí reunidos calló ante tal efusividad, algo inusitado en Keel Lorenz, quien la mayor parte del tiempo era tan expresivo como una roca. Ahora, en sus palabras se entremezclaban el odio, miedo y alegría. Emociones que muchos nunca hubieran creído poder ver en él.

—Aún así… ¡vaya que era listo el mono socialista!— observó el Almirante Ferguson, el único que se atrevió a hablar entonces —Tienen que reconocerle su inteligencia, señores, después de todo logró descubrir nuestra existencia, lo que es más, la identidad de todos nosotros y de nuestro amadísimo líder. Todos los demás inconformes se iban con la finta de Schroëder y el Consejo de Seguridad, pero ese desgraciado infeliz supo ver quienes eran los que en realidad tiraban de los hilos.

—Lo que es más— comentó por su parte Ju Chin Tao, el dirigente chino —Parece olvidárseles que fue él quien nos proporcionó los medios necesarios para afianzar nuestro dominio global. Gracias a su existencia tuvimos todas las excusas necesarias para recrudecer nuestras políticas de suspensión de los derechos humanos y control de los medios de comunicación; y ahora que controlamos la organización que él creo, controlamos también a las fuerzas rebeldes, quienes eran los únicos que se oponían a nuestros planes. Manejamos ambos bandos en disputa, lo que es igual a: ¡dominio total, señores, dominio total! No importa quien gane o pierda, nosotros siempre ganamos…

—¿Qué quieren decir?— preguntó sobresaltado Ikari, quien hasta entonces se había mantenido al margen. Se dio cuenta, para su subsecuente bochorno, que su repentino gesto había causado malestar en algunos asistentes pero aún así continuó —Entonces… mis sospechas eran correctas… el Ejército de la Banda Roja… ustedes…

—Así es, señor Ikari— respondió Herr Schneider, quien parecía ser el menos enojado de todos —Nosotros lo controlamos, suministrándole recursos y a través de su líder, un hombre que trabaja con nosotros. Me parece que es alguien que usted conoce muy bien… aunque creo que en los últimos años se han distanciado un poco…

Gendo entonces guardó silencio, pálido como el mármol mientras los recuerdos acudían a su memoria. Por primera vez en mucho tiempo, sintió temor en su corazón. Sus manos se pusieron frías y temblorosas. Sólo había alguien capaz de cometer semejantes actos.

—Demian— susurró, con la vista clavada en el vacío.

—Por cierto, no sé si alguien más se habrá dado cuenta de ello— pronunció Dolojov a la audiencia, ignorando el estado de incertidumbre en el que se había sumido Ikari —¡Pero vaya familia, la de esos Rivera! ¡Y de cuanta utilidad nos han sido!

—Es cierto— contestó de la Crouix —Gracias a José pudimos salvar nuestros pellejos, al descifrar los textos en las ruinas de los antiguos, predecir el Segundo Impacto para ponernos a buen resguardo y desarrollar la tecnología de los Evas. Gracias a Antonio y a sus estúpidos revolucionarios ahora controlamos el mundo entero. ¿Y qué decir del pequeño Kai? ¿Qué sería de nuestros ejércitos sin la bendita tecnología N2?

—Tienes razón, Pierre. ¡Tienes toda la maldita razón!— exclamó fuera de sí Lorenz, aplaudiendo tan feliz como un chiquillo emocionado —Ya no puedo concebir la vida sin reducir a cenizas con una bomba N2 toda una ciudad repleta de rebeldes piojosos. Caballeros, sé que aún no estamos bebiendo, pero quisiera proponer un brindis simbólico por los Rivera, esos hijos de puta que tan felizmente nos han entregado el mundo en bandeja de plata.

Los demás miembros de SEELE asintieron de buena gana, poniéndose de pie al igual que su líder, a la cabeza de la mesa, y de la misma manera levantando su brazo derecho, sosteniendo una copa imaginaria.

—¡Por los Rivera!— exclamaron al unísono —¡Esos hijos de puta!

Las risas estruendosas, casi vulgares, que se sucedieron a continuación, taladraron tanto los oídos como la poca conciencia que aún le quedaba al hombre llamado Gendo Ikari.

—Seguimos con el ataque del Sexto Ángel, el cual sucedió el 7 de Junio en filo de las once de la mañana. Durante la primera incursión contra el objetivo el Eva 01 sufrió severos daños en su placa pectoral, anulando de esta manera a su piloto, mientras que por otra parte el Eva Z no pudo ser desplegado a la lucha debido a que en esos momentos mi persona sufría un atentado perpetrado por fuerzas remanentes del Frente de Liberación Mundial en Japón, incidente en el cual perdió la vida Kazuo Yamazaki, Delegado de las Naciones Unidas en ese país...— Kai tomó un segundo para tomar aire y recordar aquél penoso suceso, durante el cual había sido expulsado de un vehículo en movimiento. No era algo muy grato de rememorar —El primer combate contra la criatura arrojó como resultado una derrota contundente de nuestras fuerzas, por tal motivo, haciendo muestra de una gran habilidad para la estrategia, la Capitana Katsuragi ideó la Operación Yashima para destruir al enemigo, para la cual se hubo de echar mano de la Unidad Cero y de toda la corriente eléctrica del Japón. Fue así que la madrugada del 9 de Junio, en una operación conjunta, a la que el Eva Z se unió de último momento a los dos Evas entonces desplegados, que se logró la destrucción total del objetivo, una vez que éste había conseguido llegar hasta el Geofrente con uno de sus componentes orgánicos. Cómo resultado, NERV consiguió adquirir otro cuerpo más para estudiar. El Eva 00, sin embargo, resultó severamente dañado, lo que significó su reconstrucción casi total. No obstante, la piloto del mismo, Rei Ayanami, el Primer Niño Elegido, consiguió sobrevivir al ataque. Por cierto que, días más tarde, el 12 de Junio, solicité se me abrieran los expedientes de esta persona, los cuales permanecen cerrados bajo clave de material ultra secreto, y hasta el presente día tampoco he recibido respuesta a dicha solicitud.

—¡No, no y no!— repuso cándidamente el viejo funcionario, guiñándole un ojo en gesto cómplice al muchacho, quien sobra decirlo comenzaba a exasperarse porque aquél anciano no lo tomaba del todo en serio —No está bien eso de que un jovencito como tú ande indagando sobre la intimidad de una muchachita. No es algo que sea de caballeros, hijito.

—¿Puedo entender con eso que Inteligencia tampoco le permite concederme acceso a esa información?— inquirió el joven, haciendo caso omiso de las bromas del viejo payaso. Nunca le había caído muy bien que digamos, pero ahora ya estaba comenzando a fastidiarlo. Si era incapaz de tomarlo con la seriedad debida, entonces, ¿por qué diablos lo había nombrado en ese puesto, en primer lugar?

Advirtiendo entonces el creciente, y justificado además, enojo en su joven colaborador, Herr Schoëder se recargó aún más en el asiento del cómodo sillón en el que estaba acomodado, soltando entonces un hondo suspiro de resignación. Odiaba admitirlo, pero Kai ya no era más un simpático niñito de mejillas coloradas al que se le podía manipular fácilmente con el papel de abuelito bonachón, al que ya se había acostumbrado luego de tanto tiempo de conocerlo y al que, admitía, disfrutaba de representarlo.

—Ya te lo he dicho, todo eso está a cargo del Instituto Marduk, no hay nada que incluso yo pueda hacer, fue una de las primeras cosas que se acordaron al momento de su creación. Lo único que sé de esa muchacha es que su tutor legal es el Comandante Ikari, y es todo. En lo que a mí y muchos respecta, Rei Ayanami parece haber salido de la nada.

Rivera entonces ya no insistió más, sumiéndose en sus propios pensamientos.

—Después de la destrucción del Sexto Ángel, Ramiel, en los siguientes días el gobierno japonés, en conjunto con la iniciativa privada, lanzó una feroz campaña para hacerse de fondos y realizar su propio proyecto en el campo de armamento multifuncional de destrucción masiva, por lo que desarrollaron su batería nuclear denominada "Jet Alone". El 10 de Junio confirmamos el contacto entre representantes de ese proyecto con Kai Rivera, en otro intento por atraer capital de la O.N.U. a su causa. Sin embargo, gracias a nuestra pronta intervención pudimos evitar tanto la incorporación del muchacho a dicho proyecto, así como el desarrollo completo del así llamado Jet Alone.

—Bien hecho, Ikari— comentó Lorenz al respecto —Sólo esperamos que hayas cubierto muy bien tus huellas. Sería un problema si alguien descubriera tu conexión con el incidente del 14 de Junio. Mucha gente murió ese día, y no solamente peones sin importancia, estoy hablando de personas muy importantes. Yo mismo estuve invitado a ese evento, y me hubiera tomado la molestia de asistir si no es que me lo adviertes antes. Además, jugar con esas jergas nucleares nunca ha sido muy buena idea.

—Descuide, Presidente Lorenz, me aseguré de que nada se saliera de control. Nada.

—Por petición de la Capitana Katsuragi el Eva Z fue desplegado el 14 de Junio en el desierto del antiguo Tokio, para ayudar en la contención de la batería nuclear desbocada, el Jet Alone. Según parece, gracias a la pronta y oportuna intervención de la capitana se pudo evitar una catástrofe mayúscula.

—Te entiendo, lo menos que Japón o cualquier otro país necesita es un desastre nuclear. ¡Qué terrible fue ese suceso! De no haber tenido mi agenda reservada para ese día, lo más probable es que yo también hubiera asistido a ese evento. Varios amigos míos lo hicieron. Es una lástima.

—Sí, una lástima— pronunció Kai, como ausente, mirando de nuevo el sobre de papel manila con todas las pruebas que necesitaba para refundir a Ikari y a toda su pandilla en prisión. "Pero aún no, hacerlo en este momento le quitaría toda la emoción al asunto. Pero pronto" se decía mentalmente a sí mismo.

Pero lo cierto es que recordar a Rei, y a la especie de promesa que le hizo de quitarse la vida, volvió a inquietarlo. Se estaba acobardando en el último momento, con la duda apoderándose de él.

—¿Algo más que tengas que agregar en ese asunto? ¿Quizás alguna hipótesis de qué fue lo que lo originó?

—No… no, por el momento…

—El 29 de Junio del presente año, escoltada por la flota del Atlántico de las Naciones Unidas, la Unidad Dos llegó a aguas japonesas. Inexplicablemente fue atacada por una criatura marina de gran tamaño la cual ha sido llamada Leviatán, hasta entonces desconocida. Pero a partir de esa fecha los avistamientos de esta especie en los diferentes océanos del mundo han sido bastante frecuentes— al soltar este dato inútil junto con toda la información, Gendo buscaba distraer la atención de los viejos de un asunto mucho más importante relativo a ese incidente.

Con gran satisfacción de su parte, constató que no había sido tan difícil como lo pensó en primera instancia. Tal y cómo lo esperaba, el primero en morder el anzuelo fue el Almirante Ferguson:

—¡Ni qué lo digas! En ese primer avistamiento la flota perdió algunos de nuestros mejores barcos. Afortunadamente, ya hemos desarrollado una técnica para exterminar esa molesta plaga, utilizando Minas N2. ¡Dios bendiga a esas bombas!

—Sin embargo, el suceso se salió bastante de nuestro escenario previsto— observó el honorable Ju Chin Tao, acariciando su barbilla —Peligrosamente innecesario, si me lo preguntan.

—¿Qué tienes que decir al respecto, Ikari?— preguntó Lorenz, tan mordaz como siempre.

—No deberían preocuparse tanto por cosas sin importancia— Gendo se apuró a contestar, disipando cualquier recelo que los viejos pudieran albergar. El momento que tanto temía había llegado, pues era la hora de mantener a salvo el secreto de su as bajo la manga, aquella carta que le permitiría robarse la victoria al final de la partida —La criatura fue eliminada por el Eva 02, que era lo único de valor que llevaba esa flota. Hasta podría decirse que fue un incidente sin importancia, y si es que decidí incluirlo en el informe fue porque quería hacer que éste se viera más grueso, es todo.

—El 29 de Junio del 2015 la flota del Atlántico perteneciente a las Fuerzas Armadas de las Naciones Unidas, la cual transportaba a territorio japonés a la Unidad Dos desde Alemania, fue atacada por una de las criaturas hoy conocidas como Leviatanes. La piloto asignada al Eva 02, también oriunda de Alemania, Asuka Langley Soryuu, el Tercer Niño Elegido, entonces quiso responder al ataque del animal tripulando su Evangelion, en una decisión por demás estúpida y arriesgada. Después de los contratiempos propios de alguien inexperto en combate, el Eva 02 consiguió hacerse cargo del monstruo marino, cuyos restos aún se encuentran bajo minucioso estudio, buscando indagar la naturaleza de su origen, y si es que nos encontramos ante una nueva especie o alguna otra clase de armamento biológico como nunca antes se ha visto. Hasta ahora, los tejidos que tomamos como muestra han revelado que...

—Escuché decir por aquellos días que no fue solamente la señorita Langley, sino también Shinji Ikari y tú mismo, quienes tripularon la Unidad Dos en esa ocasión— observó Herr Schroëder con cierto dejo de malicia en su voz —Incluso hay numerosos testigos que dicen haberte visto usando un traje de conexión femenino... ¿Hay algo que quieras decirme?

—¡Calumnias, no son más qué eso!— objetó el chiquillo de inmediato, con el rostro encendido —¡Si alguien tiene pruebas que demuestren ese absurdo, entonces que las muestren! No quieren más que arruinar mi reputación. ¿Qué fregados estaría haciendo yo vistiendo un traje de conexión femenino? ¡Por favor!

—El 7 de Julio en punto de las dos de la tarde las fuerzas de NERV entraron en combate contra Israfel, el Séptimo Ángel. Sin embargo esta demostró ser una pelea más compleja de lo anticipado, dada la capacidad del enemigo para separar tanto su masa como su núcleo en tres entidades autónomas, lo cual en un principio tomó desprevenidos tanto a los pilotos de los Evas como a sus superiores.

—Así parece— interrumpió Ju Chin Tao, quien apenas se podía aguantar la risa —Todos vimos como entonces el Eva Z le salvaba el trasero a tus armatostes de juguete, Ikari. No fue una visión muy halagüeña, que digamos.

Todos los demás miembros de la junta rieron de buena gana al recordar aquella vergonzosa escena, provocando el disgusto y la impotencia del Comandante Ikari, quien sólo podía esperar a que se les pasara las ganas de burlarse de él y de sus Evas, apretando furioso los dientes y sus puños. Ya encontraría la manera de hacerles pagar a sus pilotos aquella afrenta tan humillante.

—Cuatro días después de ese primer enfrentamiento, el 11 de Julio, en un ataque sincronizado entre las Unidades Uno, Dos y Zeta, el Séptimo Ángel finalmente pudo ser aniquilado— puntualizó Rivera, quien ya quería acelerar el ritmo del informe. Había asuntos más importantes que atender que recordar peleas pasadas.

—Otra ocasión más que sirvió para demostrar la superioridad de Zeta frente a los demás Evas, si me permites decirlo— aplaudió el señor Secretario, quien al parecer no compartía el apuro del joven.

—Me halaga, señor, pero creo que es un poco injusto para los otros pilotos. Lo que sucedió en el primer combate fue que quizás salí más avispado que ellos en ese día, es todo, pero fui incapaz de acabar con el enemigo por mi propia cuenta. A final de cuentas sólo pudimos derrotar al Ángel cuando trabajamos los tres en equipo.

—Sandalphon, el Octavo Ángel, fue descubierto el 25 de Julio dentro del cráter volcánico del Monte Asamayama, en su estado inicial de embrión— Gendo se había tragado por fin su enorme orgullo y continuaba leyendo su informe de la manera más respetuosa que se le podía imaginar —Por tal motivo, la dirigencia de NERV hubo de requerir de este comité la aprobación de la orden especial A17, para la captura y estudio de la criatura, cuya operación fue realizada bajo las más estrictas y absolutas condiciones de seguridad. Para tal efecto la Unidad Dos, equipada con el Equipo D especial para inmersión, fue desplegada en el interior de dicho volcán, mientras que se solicitó el apoyo de la Unidad Zeta, quien permaneció a la espera.

—El blanco fue momentáneamente capturado en el interior de una jaula de ondas electromagnéticas— continuaba Rivera con la narración del combate —Sin embargo la criatura despertó de su letargo y se liberó con relativa facilidad, abortando por completo toda la misión, la cual cambió entonces de la captura a la destrucción del objetivo, de lo cual se encargó exitosamente la Unidad Dos.

—Creo que ahora viene una de las partes escabrosas de este informe— advirtió entonces Schroëder, quien estaba ansioso por escuchar qué clase de justificación le pondría el muchacho para explicar su comportamiento de aquella vez.

—No tanto como lo parece, señor— fue la respuesta que obtuvo, cuando Kai llegaba a esa parte tan delicada de su informe.

—El 11 de Agosto los trabajos de reparación y mejoras a la Unidad Cero fueron terminados, por lo que el Eva se presentó operable y listo para el combate, para lo cual tuvo su oportunidad el 21 del mismo mes, cuando se detectó un Código Naranja en las inmediaciones del Geofrente— Ikari apenas si podía disimular la sonrisa que luchaba por asomarse en sus labios. Estaba llegando a una de sus partes favoritas —Por lo que quince minutos después de detectado dicho código, a la una de la tarde con diecisiete minutos, se mandó a establecer contacto a las cuatro Unidades Eva a nuestra disposición. Los Evangelion peinaron la ciudad en busca de señales de un posible enemigo durante más de dos horas, sin haber obtenido resultado alguno. Alentada por sus propias rencillas personales, las cuales no pudieron dejar de lado ni un solo momento, la desesperación en dos de los jóvenes pilotos fue tal que, en lo que sólo se puede denominar como un acto de irresponsabilidad absoluta, propio de un retrasado mental, cuando daban las tres y media ya se estaban trenzando a golpes, a bordo del Eva 02 y Z, respectivamente. Cabe mencionar que el iniciador del altercado no fue otro que Kai Katsuragi, el piloto de la Unidad Zeta. La piloto del Eva 02 únicamente se defendió de la agresión.

Ya estaba hecho. De haberse encontrado solo, Ikari se hubiera echado a reír como un lunático desenfrenado. Pero como no era así, únicamente frunció los labios en un extraño gesto de complacencia y satisfacción personal. Había dejado tan mal parado a ese mocoso frente a la junta, la cual momentos antes parecía estar muy impresionada con él, que ni siquiera con la ayuda de muletas se hubiera podido volver a poner de pie.

—¡Qué pelea tan magnífica fue esa!— admitió Ferguson con aire soñador, como si se estuviera refiriendo a un evento deportivo.

—¡Vaya que lo fue!— completó Dolojov, compartiendo su entusiasmo —Hubiera jurado que el Eva Z trapearía el piso con ese monigote, ¿pero quién se hubiera imaginado que se defendería tanto?

—¡Esa Langley sí que es un hueso duro de roer!— exclamó Schneider con cierto orgullo en su voz —Después de todo, no hay que olvidar que es una alemana.

—Se defendió bien, y eso tiene su mérito— admitió Lorenz, también animado por la conversación —Pero estoy seguro que de seguir la pelea Zeta se hubiera impuesto... eso claro, si alguien no hubiera detenido la pelea...

Enseguida todos los ancianos fustigaron con la mirada a Ikari, quien de pie apenas si podía dar crédito a lo que estaba presenciando. Aún cuando él ganaba, ese chiquillo odioso se las arreglaba para que de todos modos perdiera. No era justo. Simplemente, para nada era justo. Hubiera querido tirar todo el maldito informe al piso y hacer un berrinche de escalas monumentales. Pero no podía hacerlo, por mucho que quisiera.

—¿Así que lo que quieres decir es que el Eva Z se salió de control por desperfectos en el dispositivo de mando con la interfase de la conexión mental en la cabina?— volvió a preguntar el Secretario General, un poco confundido y tratando de recordar todos los términos de los que el muchacho le hablaba —Tenme un poco de paciencia, hijito, toda esta monserga científica siempre me marea...

—No se preocupe señor, que no es tan difícil de entender. Todo lo que necesita saber al respecto lo incluí de manera más explícita en el reporte de mantenimiento que se le practicó a la Unidad Zeta después del incidente. Estoy seguro que una vez que lo lea con más calma y detenimiento todo le quedará más claro.

—No hay necesidad de eso, muchacho, confío plenamente en tu palabra— repuso el viejo funcionario con dificultad, un tanto acalorado —No dudé ni un solo segundo de ti, créemelo. Pero tú sabes, la gente comienza a hablar, y a veces resulta tan molesto...

—Lo entiendo perfectamente, señor— asintió Kai, sabiéndose con la partida ganada, y de manera muy ingeniosa, por cierto —Y quisiera que me disculpara por cualquier inconveniente que pude haberle ocasionado en ese entonces.

—El Noveno Ángel, Matarael, fue avistado y destruido la misma fecha del 19 de Septiembre del 2015, lo cual se logró gracias a la operación conjunta de los cuatro Evas, la primera vez que NERV demostró todo su poder. Pese a ello, las causas que originaron el inoportuno apagón durante el recorrido del Ángel por Tokio 3 aún siguen siendo desconocidas. Afortunadamente aquello no tuvo mayores consecuencias.

A Gendo no le sorprendió que el aire festivo que habían adoptado aquellos viejos se desvaneciera tan rápido, al mencionar ese incidente. Los miembros de SEELE se limitaron a encogerse de hombros y adoptar una expresión severa, esperando a que continuara con su lectura, tan callados y tan expresivos como una tumba.

"Desgraciados, entonces ustedes sí saben algo" pensó Ikari una vez que constató la conveniente actitud de los ancianos. "Sabía que estarían involucrados de alguna manera".

—Estoy muy intrigado con respecto a ese apagón, sobre todo luego de escuchar las condiciones en las que se dio— musitó Herr Schroëder, pensativo —¿No te parece que pudo ser intencional?

—Tiene toda la pinta, lo admito— respondió Rivera de la misma forma —Pero vamos, seamos sinceros: ninguna persona tiene los recursos y alcances necesarios para hacer algo semejante sin que se le detecte. Sencillamente es algo imposible. Y aún si el corto de energía hubiera sido intencional, ¿con qué propósito lo habrían hecho?

—Pasemos entonces al que hasta ahora ha sido el enemigo más poderoso al que NERV se haya enfrentado— pronunció el Comandante Ikari, ya no tan entusiasmado, pues sabía que dicho suceso sería utilizado para volver a mofarse de sus Evas —Zahaquiel, el Décimo Ángel, quien refugiándose al borde de la atmósfera, lejos del rango de alcance de cualquier Evangelion, utilizaba su propia masa corporal para realizar sus ataques. El último y definitivo de ellos sucedió el 3 de Octubre pasado, cuando precipitó por completo toda su masa hacia el Geofrente, el cual hubiera sufrido la devastación total de no haber sido por la intervención de los Evas desplegados para detenerlo, quienes...

—Quienes sufrieron mucho al echarle porras a la Unidad Zeta para que destruyera a ese monstruo— comentó Pierre de la Crouix con su carácter habitual, aunque también ya estaba algo cansado de escuchar todo aquello que de antemano ya sabía, lo cual lo desesperaba aún más —Lo sabemos, Ikari, no tienes qué preocuparte en explicárnoslo.

—¿Alguien podría explicarme porqué es que gastamos tanto dinero en tres robots cuyo trabajo lo puede realizar sin mayor problema uno solo?— preguntó de mala fe Herr Schneider, con la misma cara de hastío que su compañero que acababa de hablar —Ah, y el cual, por cierto, no nos pertenece.

—Modérense en sus comentarios, señores, por favor— repuso Lorenz, un poco molesto por la actitud de sus colegas —Ya llegaremos después a eso, recuerden que se trata de un asunto muy delicado que hemos de discutir a fondo. Mientras tanto, el señor Ikari aquí presente nos merece todo nuestro respeto como empleado y ser humano. Así que por favor, absténgase de esas actitudes tan negativas, estoy de acuerdo que hubo algunos motivos para divertirnos, pero todo tiene su límite y creo que aquí ya nos estamos pasando de la raya. Compórtense a la altura de su posición. Por lo tanto, y hasta que se termine este informe, guárdense sus opiniones. ¿Quedó claro?

Tanto el empresario alemán como de la Crouix bajaron la mirada como si fuesen dos escolares reprendidos, pero pese a ello, ambos habían expresado muy bien lo que rondaba en la cabeza de muchos miembros de la junta en aquellos momentos. Gendo tomó nota de ello, no sin cierta inquietud.

Schroëder aplaudió emocionado apenas Kai terminó de rendir su reporte de aquél glorioso día para él y su Evangelion. Aquella era la prueba final, concisa y aplastante, que necesitaron todos aquellos que habían dudado hasta ese entonces de la capacidad del Modelo Especial para el Combate.

—¡Destruir a semejante monstruo, sin sufrir un solo rasguño!— exclamó el viejo, sumamente orgulloso —¡Ahí sí que estamos hablando de poder! Seguro que los otros Evas nunca hubieran podido detenerlo solos...

—No estoy tan seguro de eso, señor— repuso Rivera. Oh, pero interiormente sí que lo estaba, pese a sus vanos intentos por ocultarlo y parecer modesto.

—Dime, muchacho, aquí entre tú y yo... ¿qué se siente el tener semejante poder en tus manos? ¿Qué se siente ser invencible?

El jovencito bien hubiera querido salir por la tangente y seguir con su farsa de la falsa modestia. Empero, al cabo de unos instantes se rindió a sus impulsos y decidió por fin ser sincero consigo mismo y con aquél viejo.

—Genial, señor. Sencillamente genial.

—Me alegre oírte decir eso— respondió entre dientes el viejo funcionario, como si hubiera alguna intención oculta en sus palabras.

—Finalmente, sé que ha llegado hasta este comité un absurdo rumor de que el día 22 de Octubre el Onceavo Ángel invadió directamente el Dogma Central del Geofrente. Dicha información, lamento decírselos, es errónea y completamente falsa. Tal ataque a nuestras instalaciones nunca se llevó ni se llevará a cabo. El Onceavo Ángel aún sigue sin aparecer.

—Deberías cuidar mejor tus palabras, Ikari— advirtió el venerable Ju Chin Tao, recrudeciendo el tono de las suyas —Cualquiera que se atreva a mentirle a este comité debe pagarlo con su vida…

—Si así lo desean, pueden revisar con toda libertad en los registros de MAGI— contestó Gendo sin dejarse intimidar por la amenaza —No hay nada en ellos ni remotamente parecido a la supuesta invasión que tanto les preocupa.

—¡No me hagas reír!— objetó enseguida Pierre de la Crouix —Todos nosotros sabemos que esconder basura debajo del tapete siempre ha sido una de tus especialidades, Ikari.

—No veo porqué deban estar tan alterados por un evento ficticio— repuso de nuevo el comandante, sin responder a la acusación —Sobre todo cuando nuestro itinerario va de acuerdo a lo establecido en las predicciones de los Rollos del Mar Muerto.

SEELE guardó silencio entonces, despojado de argumentos válidos para seguir cuestionando la autoridad de Gendo Ikari al mando de NERV. Lo que él decía era verdad, el plan seguía en marcha según lo previsto, pese a algunos inconvenientes que no eran infranqueables. Por lo tanto, podría decirse que hasta ahora Ikari estaba manejando las cosas de manera aceptable. De momento.

—Muy bien, entonces que así sea— sentenció Lorenz, dando por concluida aquella discusión —Esta vez no te acusaremos formalmente, Ikari. Pero te advierto que no permitiremos que hagas lo que te plazca a nuestras espaldas.

—Y así debe ser— consintió Gendo, dándoles por su lado —Dejemos que los eventos continúen su curso conforme al escenario que SEELE ha preparado.

—En definitiva… ¿es cierto ó falso el rumor que corre acerca de que NERV fue invadido por un ángel?— preguntó el Secretario General a quemarropa, agilizando aquella cuestión, a la que Rivera tan sólo le daba vueltas en su informe.

—Tampoco lo sé a ciencia cierta, señor— contestó éste, muy a su pesar. "Maldita sea, claro que es cierto. ¿Pero cómo decírselo a este viejo imbécil sin echarme de cabeza?" —El 22 de Octubre, fecha en la que dicho rumor establece se llevó a cabo la supuesta invasión, yo me encontraba indispuesto en mi domicilio por cuestiones de salud, así que no supe nada de lo que sucedió ese día, a no ser por el reporte que recibí de mi subordinado directo, en el que se me especifica que ese día no hubo incidentes de relevancia.

"El desgraciado infeliz de Kenji, cada vez parece que se está yendo más y más para el bando del barbas de chivo" pensó Kai, teniendo razones para empezar a dudar de la lealtad de Takashi y algunos otros de sus empleados que le habían ocultado aquél suceso. "¡Mira que querer engañarme de esa forma! ¿Qué me creerá tan pendejo? Lo peor es que si no hubiera estado allí ese día, le hubiera creído. Con que no me salga con alguna babosada, el muy bastardo. Parece estarse olvidando de quién es el que firma sus cheques".

—Supongo que la respuesta quedará en el misterio, ¿eh? En fin, como seguimos aquí, y vivos, me parece una buena señal. Quizás en verdad no haya pasado nada, después de todo.

—Es lo más probable, señor…

—¡Bien!— musitó Herr Schroëder, frotándose las manos. Aún se encontraba pensando la forma adecuada de abordar el otro asunto que lo había llevado a citar a Rivera en aquella ocasión. No era algo muy sencillo de hacer —Supongo que hemos terminado, ¿no es así? ¿Ó acaso hay algo más que quieras agregar a tu informe, hijo?

Finalmente, el momento que Kai había estado anhelando durante tanto tiempo, había llegado. El momento de la verdad, el evento que había estado planeando meticulosamente, hasta el más minúsculo detalle, durante los últimos tres meses. Miraba detrás de sus pasos, como aquél que ha subido toda una montaña y observa su trayecto desde la cima de ésta. ¡De veras, cuánto trabajo le había costado llegar hasta allí, a ese momento en específico! Sin duda que era uno de los más importantes de su joven vida. Pero por alguna razón, se descubrió a si mismo vacilando. Parecía estar tan emocionado que no acertaba a moverse ó a pronunciar palabra. Observaba insistentemente el tan mentado sobre de color amarillo, sin atreverse a tomarlo en sus manos y mostrar de una vez su contenido. ¿Tan pronto le había llegado la hora de actuar? ¡Aún era demasiado temprano! ¿Acaso no estaría precipitando las cosas? Quizás debería tomar las cosas con más calma… después de todo, tal como lo había dicho Kaji, podría desencadenar una serie de eventos completamente fuera de control. ¿En realidad ésta es la decisión correcta? Quizás Ikari sí sea el menor de los males, en el mejor de los casos un mal necesario. ¡Pero qué sarta de estupideces estás pensando! ¡Oh, con una maldita chingada! ¿Qué estás esperando para tomar ese jodido sobre y hundir de una vez por todas a ese hijo de puta, maldito mariquita? ¡Mira que venir a acobardarse a estas alturas! ¡Y todo por una hembra sin chiste, a la que por cierto, ya no le interesas! ¡De veras que das asco! ¿Me oyes? ¡ASCO! Estúpido imbécil sin agallas. Cobarde. Busca la palabra "patético" en el diccionario y ahí encontrarás tu fotografía. ¿Qué temes perder a Rei? ¡Estúpido! Ya la perdiste desde hace tiempo. ¿Qué aún sientes algo por ella? ¡¿Y eso qué?! Aquí estamos hablando de algo mucho más importante que tu torpe amor de colegial, pedazo de mierda. Se trata del destino de todo el mundo. ¿Oíste bien? ¡De todo el mundo! ¿O qué, dejarás que ese bastardo infeliz de Ikari se salga con la suya, y todo por que aún no te puedes quitar de la cabeza a esa mocosa buena para nada? ¡Ya basta! ¡No le digas así, imbécil! La pobre ya ha sufrido bastante, y yo sólo quiero asegurarme que no sea por mi culpa. ¿Qué de malo hay con eso? No quiero que termine en alguna institución mental o peor aún, muerta. Y es que, ¿qué será de ella si despiden a Ikari? Ya este viejito lo ha dicho: Gendo es su tutor legal. Y estoy seguro que es así sólo por que la necesita para lo que sea que esté planeando hacer. ¿Qué será de ella entonces, cuando metan al bote al barbas de chivo? Se quedará sola como perro en la calle, sin un lugar a donde ir. ¿Ah, de veras? Yo que tú, mejor me preocuparía más de que Asuka no se entere en lo que andas pensando. ¿Sí recuerdas a Asuka, no? Esa preciosa rubia de ensueño que trajiste contigo, y con la que, por cierto, aún no te has revolcado, marica de mierda. Y te diré el porqué aún no lo has hecho, y eso es por seguir recordando a aquella ingrata, que por si no lo notaste, te botó para seguir meneándole el culo al desgraciado infeliz al que ahora parece quieres salvarle el trabajo a cualquier precio, incluso si eso les cuesta el pellejo a todos los habitantes del planeta. ¡Ya no la idealices tanto! Rei no es ninguna santa que digamos. ¡Cállate, maldición, cállate! ¡Sólo dices barbaridades! Es la verdad, crees que la conoces, pero admitámoslo, viejo... ¿qué tanto sabes de ella? ¡Sólo su nombre y su fecha de nacimiento! ¿Y eso qué tiene qué ver? ¡Todo! ¡Date cuenta que no es la persona que tú crees que es! ¡Déjame en paz, yo quiero creer en ella! ¿En serio? Sólo dime como se llaman sus padres. Dónde nació. ¿Qué diablos hacía encerrada en un convento, cómo demonios llegó allí? ¿Por qué todo parece indicar que salió de la nada? ¡Cierra el hocico, idiota! ¿Crees que eso me importa? ¡Ella es Rei, y es todo lo que necesito saber de ella! ¿Me entiendes? ¡Nada más me importa! Oh, sí, eso sí que fue de todo un genio, muchachón. Sólo piensa, imbécil, piensa un poco aunque te cueste tanto trabajo. Los hechos están allí, a la luz. Ya hace un año que llegó al Proyecto Eva. Todo un año, bajo el "cuidado" de Gendo, viviendo sola en esa ratonera que tiene como departamento. Me pregunto cuántas veces ha ido a visitarla Ikari, a mitad de la noche, cuando nadie pueda molestarlos. ¡Ninguna! Apuesto a que ya le han de haber dado hasta por las orejas, a la muy zorra. ¡No es cierto! Tiene de pura e inocente lo que Shinji de osado y valiente. ¡Cállate, cállate! Es hora de afrontar los hechos, amigo, por tu propio bien. La Rei que crees conocer no existe, no es más que un producto de tu imaginación, hecha a la medida de tus necesidades y deseos. Una chiquilla incomprendida, desamparada y triste en este mundo oscuro y cruel, pero dulce en su interior, tan sólo esperando a su galante caballero en armadura que llegará a rescatarla de las garras de su malévolo guardián. Un muy bonito cuento de hadas, muy a lo Disney, si me permites decirlo. Pero vamos, hay que ser realistas: esa muchacha no existe, la verdadera Rei no quiere ser rescatada ni por ti ni por nadie. Lo que es más: hace mucho que ella dejó de ser virgen. ¡No es verdad! ¡NO ES VERDAD! ¡QUE SÍ LO ES! ¡Todo este tiempo te has estado engañando, pero ya estuvo suave de tanta pendejez! ¡Llegó la hora de que dejes de comportarte como un estúpido chiquillo de quince años y te comportes a la altura! ¡Afronta tu responsabilidad como hombre, abre de una vez por todas ese condenado sobre y salva al mundo! ¡Es ahora, ó nunca! ¡Sé un hombre, niño idiota!

—Kai— insistió el Secretario, al pensar que el muchacho no le escuchaba, luego de tanto tiempo sin recibir respuesta de su parte —¿Hay algo más que quieras añadir a tu informe?

—Ahora que lo pregunta, sí señor, tengo algo más que añadir. Y es precisamente el contenido de este sobre, veálo por usted mismo. Llegó hasta mi poder de manera anónima, quizás por temor a la vida de mi informante secreto, como sea, he podido establecer que la información contenida en él es fidedigna, verídica. Se trata de documentos que sirven como pruebas irrefutables de que la dirigencia de NERV, explícitamente la persona de su comandante, Gendo Ikari, es responsable directo del incidente con el Jet Alone el 14 de Junio del año 2015, suceso en el que murieron 127 personas según el conteo final de la Cruz Roja, entre ellos personalidades internacionales del ámbito político, militar y económico. Todo está allí, bastante bien documentado: fechas, nombres, contactos, planes para infiltrar las instalaciones japonesas y sabotear la prueba de arranque de la batería nuclear. A eso comúnmente se le llama espionaje y sabotaje industrial, agréguele a eso los cargos de homicidio imprudencial y creo que tenemos entre manos muy buenas razones para destituir de su cargo al señor Gendo Ikari y someterlo a un proceso judicial.

Ya estaba. Lo había dicho. Por fin había podido decirlo. Ó por lo menos era lo que al joven Kai Rivera, de quince años de edad, le hubiera gustado haber dicho. Pero el caso es que no lo hizo, y al obrar de ese modo tan negligente, aunque puede que comprensible dada su edad, quizás estaba poniendo al mundo entero en un gran peligro.

—No, señor— musitó el muchacho con la mirada perdida en el vacío, poniendo final a su escenario contrafactual interno —No tengo nada más que decir. He terminado.

—Muy bien— respondió el Secretario Schroëder, un poco desconcertado por la taciturna actitud tan repentina del joven —Entonces, si me lo permites, hay algo que quiero discutir contigo, algo de extrema importancia...

—Hasta ahora lo has estado haciendo bien, señor Ikari— admitió el Presidente Lorenz, apoyando sus manos entrelazadas sobre la mesa frente a él —Ó por lo menos es lo que parece, según el informe que nos acabas de entregar.

—Sin embargo— interrumpió el honorable Ju Chin Tao, aunque completando lo que su compañero quería decir —Se habrá dado cuenta que en dicho informe quedaron algunos cabos sueltos, dos en particular, que son la principal razón de que los miembros de SEELE hayan decidido reunirse aquí, en persona, luego de más de diez años sin hacerlo.

—Nos estamos refiriendo a la existencia del Ev cierta información que ha llegado hasta nosotros, la cual afirma que tienes en tu poder a Adán, el Segundo Ángel— sentenció Pierre de la Crouix, fiel a su temperamento, que lo instaba a no andarse por las ramas.

—¿Qué tiene que decir al respecto, Comandante Ikari?— inquirió Dolojov, avispándolo con la mirada —¿Tal información es cierta ó falsa?

—Falsa, por supuesto. Pero no me crean a mí: ya se los he dicho antes— respondió Gendo, esforzándose al máximo por ocultarle a esos chacales su nerviosismo —Los registros de MAGI están abiertos a los miembros de este comité para que los revisen a su gusto.

—Esta será tu última oportunidad para que te sinceres, Ikari— afirmó Lorenz, amenazante, harto de toparse con el callejón sin salida que Gendo les ponía enfrente —Aún estás a tiempo para informarnos el paradero del Segundo Ángel.

Todos callaron por un breve lapso de tiempo, aguardando por la respuesta que les diera el comandante, quien tan sereno y altivo como lo era siempre, contestó sin un ápice de temor en su voz:

—Adán está en la Antártica desde hace quince años, muerto. Eso es todo lo que sé referente a esa criatura.

Los integrantes de SEELE cambiaron entre sí miradas de recelo. Si bien tenían indicios bastante sólidos como para sospechar que Gendo les estaba ocultando algo, carecían de pruebas concretas para acusarlo de traición. Y como siempre, los registros en MAGI hablarían a su favor.

—¿Esa es tu última respuesta? Pues que así sea— masculló el Presidente Lorenz, sin abandonar el empleo de un tono amenazador en sus palabras.

—Por otra parte— prosiguió Johan Schneider —Habrá podido notar que estamos bastante impresionados con el desempeño de la Unidad Zeta, Comandante Ikari.

—Una y otra vez ha superado con creces al de sus juguetes, Ikari. ¿Pueden verlo? Un solo Evangelion haciendo el trabajo de tres con mejores resultados— contempló el Almirante Ferguson, quien hasta ese entonces había permanecido pensativo —Es bastante conveniente, si me lo preguntan. Y barato.

—Cierto— asintió Dolojov, "el gran capital" —Aún cuando su existencia no estaba prevista dentro de nuestro plan original, es una inconveniencia menor que estoy dispuesto a ignorar. Estoy seguro que con su poder podremos exterminar a todos los ángeles antes de lo previsto.

—Por si no lo has notado, comandante, estamos muy tentados a ofrecerle su puesto al joven Doctor Rivera— aclaró de una vez por todas el dirigente chino, con una sonrisa burlona en su macilento rostro. Era de todos bien sabido la aversión que el chico producía en Gendo y seguramente la posibilidad de que le quitara el empleo era humillante para él —No nos vendría mal un poco de sangre nueva por aquí… ¿no lo creen así, camaradas?

—Sangre nueva… y maleable, para moldearla a nuestro antojo y conveniencia— afirmó entonces Schneider, soñando despierto —No veo porqué debemos permitir que sólo ese lameculos de Schroëder le saque provecho a ese mocoso. Apuesto a que él no ocultaría nada a nuestra vista, ni haría planes a escondidas.

—Precisamente porque sólo se trata de un niño— Ikari intervino por fin en el debate —No tiene la sangre fría que se necesita para el puesto. Y aún si le hicieran semejante ofrecimiento, estoy seguro que no accederá. No es tan listo como todos piensan. Estoy de acuerdo que podemos aprovechar el poder de Zeta a nuestro favor, de momento. ¿Pero qué sucederá después de que destruyamos a los ángeles? Para llevar a cabo el Plan de Instrumentalización será necesario destruir al Eva Z y eso es algo que sólo yo puedo lograr. Pero hagan como quieran, estoy en la mejor disposición de acatar las decisiones que se tomen en este comité.

—Váyase ya, Ikari, hemos terminado— terció Lorenz con amargura y cansancio —Aún tenemos mucho que discutir sin su presencia. Además, estoy harto de tanta insolencia suya.

Sabiéndose con la batalla a medio ganar, el comandante no tuvo más empacho en acatar la orden, dirigiéndose a la salida del salón, satisfecho con el resultado de su enfrentamiento con aquellos viejos, del cual había salido bien parado.

—Sólo un último favor comandante— requirió el presidente de la junta, sin siquiera voltear a verlo —Tenga la bondad de hacer pasar a nuestro invitado que espera afuera. Gracias.

Aquello sí que extrañó a Ikari. ¿Un invitado? No estaba al tanto de otra persona atendiendo a aquella junta. ¿De quién podría tratarse?

—Estoy seguro que has visto las noticias y sabes de la difícil situación por la que estamos atravesando— arguyó Herr Schroëder, poniéndose de pie —Por lo tanto, no creo necesario extenderme en muchos detalles, salvo decirte que la realidad es mucho peor que la que escuchas en los noticieros. Esta guerra ya está tomando dimensiones incomprensibles, por lo que nos vemos en la necesidad de recurrir a medidas drásticas para alterar su curso. Muchacho, es mi deber informarte que la junta del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha tomado la decisión de utilizar al Eva Z en la ofensiva contra el Ejército de la Banda Roja. Por lo tanto, te remuevo de tu puesto actual para asignarte un rango militar dentro de la Armada y te puedas unir lo antes posible a las hostilidades.

El joven Rivera se quedó petrificado en su lugar. Había escuchado y comprendido cabalmente cada palabra del Secretario, pero aún así no podía tomarlas en serio. Se sentía en una especie de sueño delirante, del que intentaba despertar con desesperación. ¿Él, un militar? Eso iba en contra de todos sus principios y no tardó en hacérselo saber a su superior:

—¡Perdóneme, señor, pero no creo que eso sea correcto! ¿Utilizar a Zeta para combatir a un ejército humano? ¡Eso va contra su propósito, y usted bien lo sabe! Me rehúso a acatar una orden semejante, aún cuando venga directamente del Consejo de Seguridad.

—¿Ejército humano, dices? ¿Crees tú que un "ejército humano" podría enfrentarnos a esta magnitud? Si contra lo que luchamos se tratara de simples seres humanos, te aseguro que en estos momentos el Ejército de la Banda Roja no tendría de rodillas a las Naciones Unidas; ni tampoco nos arriesgaríamos a dejar desprotegido al Geofrente, de ser así.

Hábilmente el viejo funcionario dedujo que de nada serviría confrontar directamente a Rivera, quien tan sólo hubiera reforzado su convicción de negarse a ir al frente, de haber procedido de aquella manera. En cambio, prefirió no llevarle la contra tan abiertamente, respondiendo únicamente con vagas insinuaciones y soltando pedacitos clave de información que deberían despertar la curiosidad del muchacho, para generarle un interés en el asunto. Con gran satisfacción de su parte se percató del resultado positivo de su proceder, cuando el jovencito pronunció sumamente intrigado:

—¿A qué se refiere? ¿Entonces contra quién están peleando en esta guerra?

—No podemos saberlo con certeza— continuó el viejo con su estrategia, que tan buenos dividendos le estaba dando —Hemos perdido divisiones enteras en cada enfrentamiento, sin encontrar un solo sobreviviente que nos pueda contar lo sucedido. Al parecer, han encontrado la forma de bloquear nuestros equipos de comunicaciones durante los combates, aislando por completo a las tropas que mandamos en su contra. Y cuando mandamos equipos de rescate, lo único que encuentran son montones de chatarra despedazada, sin ningún vestigio de vida humana a la vista. Ni siquiera cuerpos para sepultar.

—¿Cómo dice? ¿No hay cadáveres?

—Así es, pero míralo por ti mismo. Estas fotografías fueron tomadas recientemente por uno de esos equipos de rescate. En el campo de batalla sólo quedaron fierros chamuscados... y las armas, equipo y los uniformes de los soldados tirados en el piso, incluso dentro de sus tanques, como lo puedes apreciar en esta. Es como si... como si tan sólo se hubieran desvanecido en el aire, así nomás...

—Imposible— masculló el muchacho con el rostro desencajado, mientras observaba las fotografías. Allí estaban las pruebas retratadas en ellas, testimonios de personas que habían existido, que habían utilizado aquellas máquinas, tripulado esos tanques y aviones, vestido aquellas prendas que ahora volaban al capricho del viento en el desierto, personas que sin mayor explicación desaparecieron repentinamente —Un momento... ¿qué es esto?— dijo mientras señalaba algo parecido a un cráter impreso en la superficie árida.

—Eso... es esto…— contestó el señor Secretario, tendiéndole una ampliación de dicha fotografía, en la que se podía distinguir mejor aquel hundimiento, el cual sin lugar a dudas tenía la forma de una pisada. Sólo que con tres largos dedos bastante separados, con una envergadura total de unos veinte metros de largo —Creemos que la dejó nuestro verdadero enemigo… también tenemos estas imágenes que rescatamos de la computadora de uno de nuestros acorazados hundidos en el Mar Rojo. Aunque están tomadas en visión nocturna y no son tan claras, creo que hablan muy bien por sí mismas.

Efectivamente, pese a su pésima nitidez, en aquellas fotos podían distinguirse muy bien formas gigantescas que se erigían imponentes en la toma, en algunas ocasiones iluminadas difusamente por alguna clase de energía lumínica.

—Esto… esto no puede estar pasando— musitó el jovencito sin dar crédito a las pruebas que se le presentaban —¿Me está diciendo que el Ejército de la Banda Roja tiene ángeles a su servicio?

—No podemos saberlo con certeza— pronunció con pesadumbre el viejo funcionario, mirando por los ventanales de su oficina —Es por eso que ya no podemos permitirnos correr más riesgos, y utilizar todo el poder a nuestra disposición. Y tú también. Tú mismo lo has dicho en bastantes ocasiones: por tus grandes dones, tienes una gran responsabilidad con la humanidad. No hay otra alternativa: el Eva Z debe ir a la guerra.

—Pero… en las guerras, la gente se muere…— murmuró el jovencito, abatido.

—Volverás a Tokio 3 y harás todos los arreglos que sean necesarios para que la Unidad Zeta pueda viajar esa distancia— sentenció Herr Schroëder sin prestarle atención —Tienes ocho días para tal efecto; el Equipo F los recogerá en el Geofrente, a ti y a Zeta, el 10 de Noviembre, partiendo de inmediato hacia el Mediterráneo. Una vez que te reportes a tu nueva posición en la milicia se te darán más instrucciones.

El silencio se hizo entre ambas personas, mientras la distancia entre ellos iba creciendo. Rivera no podía negarse, pues sabía que si bien estaba bajo la custodia legal de Misato, a final de cuentas quien tenía la última palabra en cuanto a su destino era la Organización de las Naciones Unidas. Si acaso llegaba a desobedecerlos se asegurarían de apartarlo del lado de Misato y encerrarlo en algún laboratorio hasta el último de sus días.

Además, estaban esas misteriosas criaturas, cuya naturaleza y origen permanecían ocultos. Su sola presencia en dicho conflicto armado alteraba todo el equilibrio de poder, además del escenario mundial. ¿Ángeles ó robots? No podía saber la respuesta, pero para hacerlo debía ir a enfrentarlas cara a cara. Aún cuando ello implicara convertirse en lo que más odiaba. Escondió el rostro entre sus manos, como si estuviera avergonzado por algo y no se atreviera a dar la cara. Había ido a esa reunión con la intención de quitar de su puesto a Ikari, sin embargo fue él quien había perdido el suyo, y no sólo eso, ahora se convertía en un instrumento más de destrucción. ¿Cuándo fue que el mundo se volteó de cabeza?

La vida parecía abandonar el cuerpo de Gendo Ikari apenas se percató de la identidad del misterioso invitado de SEELE, el cual estaba caminando a su encuentro en esos momentos. Parecía una aparición de ultratumba y de haberlo sido entonces no hubiera sido tan terrible; pero la cruel realidad es que allí estaba él, el gigante de apariencia lúgubre, en carne y hueso, y su presencia no podía presagiar nada bueno.

—Demian— susurró de nuevo aquél nombre, cuando ya tenía frente a sí a ese sujeto tan peculiar, quien lo miraba con deferencia.

—¡Pero miren nada más!— pronunció el visitante, animoso —¡Si se trata de mi viejo amigo, Gendo Rikunbugi!

—Ahora mi nombre es Ikari, Demian, y bien lo sabes— le contestó entre dientes, tratando de no perder la calma.

—Ah, es cierto… lo había olvidado— repuso tranquilamente su acompañante, casi sin prestarle importancia a ese detalle.

—¿Cómo... cómo pudiste entrar a este país?— inquirió Gendo, manteniendo a toda costa su temple pese a la marejada de emociones que lo acosaba —¿Cómo pudiste llegar hasta este lugar, sin que nadie te reconociera?

—Ese es mi secreto, amigo mío— respondió el visitante, en ese tono ceremonioso que hacía difícil precisar su estado de ánimo —Cuando se tiene inventiva, existen muchas formas de pasar desapercibido, aún si eres un muerto que regresa a la vida... ¿Puedes creer que así como me veo en estos momentos, ni siquiera la hija del Doctor Katsuragi fue capaz de reconocerme?— entonces soltó un profundo suspiro, para soltar casualmente: —¡Eso sí que me trajo recuerdos! ¡Cómo ha pasado el tiempo! Casi no podía distinguir este lugar, se ha vuelto enorme, inextricable con el paso de los años... te hace ponerte melancólico por el pasado, ¿no crees? ¿Hace cuanto no nos vemos?

—Hará ya once años, creo.

—¡Once años! Eso es mucho tiempo… y sin embargo, no hay día en que no piense en ti, ¿sabes? Cada vez que veo mi reflejo en el espejo, esta marca en mi rostro siempre me hace recordarte…— señaló a la cicatriz que le atravesaba gran parte del lado izquierdo de su rostro —A ti, y a ese chiquillo Rivera.

—Lo que pasó aquella vez no fue mi culpa, y lo sabes…

—¡Claro que fue tu culpa, imbécil! ¡Fue tu culpa por ser tan cobarde y no terminar el trabajo, por mandarme a mí a ensuciarme las manos en tu lugar!

—Piensa lo que te dé la gana— respondió Ikari, dispuesto a no continuar con aquella infructuosa conversación al darle la espalda y empezar a andar —Los viejos están esperándote, así que será mejor que no los hagas esperar.

—Lo olvidaba— pronunció Demian distraídamente, abandonando de golpe su explosiva rabieta anterior —Yui te manda saludos, ¿sabes? Hemos estado platicando mucho últimamente. Puede que estemos en un contacto incluso mucho más íntimo que antes. Ella espera que puedas unírtele lo antes posible, pero yo no estoy tan convencido de que tengas lo que se requiere para hacerlo...

Gendo se detuvo en el acto, volteando para mirarlo con una expresión llena de ira, fuera de sí. Cualquiera que lo conociera diría que semejante reacción no era propia de su naturaleza, y no obstante, el Comandante Ikari era preso de una cólera infernal que por poco lo obliga a dejársele ir a golpes a aquella persona.

—¡Eres un maldito mentiroso hijo de puta! ¡Eso no es cierto, y lo sabes! ¡Sólo lo dices por estarme jodiendo! ¡No hay manera alguna de que ella esté con ustedes! ¡¿Me oyes?! ¡NO LA HAY!

—¿En serio? ¿Y a quién quieres convencer, pedazo de mierda?— repuso su acompañante, sin amedrentarse ni un poco por su furibunda reacción. Es más, hasta estaba complacido, sonriendo descaradamente en su cara —¿Acaso no es por eso que lloras todas las noches hasta quedarte dormido? ¿No es por eso que quieres devolverle la vida, a cualquier precio? Me parece que sería más fácil unirte a ella… yo podría ayudarte, si así lo deseas…

Por respuesta obtuvo un escupitajo que certero fue a darle en el ojo derecho, pese a que aventajaba a Gendo en estatura por más de veinte centímetros.

—¡Ah, eso sí que fue imbécil, Rikunbugi!— el agredido fingió reclamarle, pese a que casi estaba muerto de la risa, mientras Ikari se marchaba de ese sitio sin demora —¡Puedes jugar a ser el comandante todo lo que quieras, al fin y al cabo el vago bueno para nada que siempre has sido y serás saldrá a la luz! ¡Uno no puede negar la cruz de su parroquia, Rikunbugi!

Rió de buena gana por un rato más, luego de haberse limpiado oportunamente la escupida, y entonces accedió a la entrada principal de la Sala de Conferencias, la cual estaba en las penumbras y en donde los ancianos parecían muy entretenidos poniéndose de acuerdo en tales y cuales asuntos.

—Doctor Hesse, pase por favor— lo instó Lorenz apenas lo vio ingresar —Lo estábamos esperando, amigo mío. Confío en que su viaje haya sido placentero.

—Si no logra romper su cascarón, el polluelo habrá muerto sin haber nacido— comenzó a recitar el recién llegado mientras caminaba, sin ponerle mucha atención. Todas las demás personas en la sala, a excepción del Presidente Lorenz, enmudecían con la sola presencia de esa persona. Era temor lo que sentían, no lo podían ocultar —Nosotros somos el polluelo, el mundo es nuestro cascarón… romper el cascarón que es nuestro mundo… ¡para poder revolucionar al mundo!

—¿Qué diablos fue todo eso?— inquirió Lorenz, aunque no tan enojado como pretendía estarlo. Comprendía bien que el buen doctor tan sólo quería mofarse de la atmósfera melodramática de aquella reunión.

—Nada, nada— contestó Hesse, sin darle importancia al asunto —Olvidaba que ustedes nunca han visto una caricatura en su vida… se trata de un pequeño fragmento que me gusta recitarle a mis tropas, hasta hago que lo memoricen y lo repitan… Lo chistoso del asunto es que hay quienes de veras se lo creen.

—Pues bien, si ya terminó, nos gustaría mucho hablar con usted de varios asuntos que requieren su punto de vista— comenzó diciendo el honorable Ju Chin Tao con suma cautela, como lo hacía siempre que se dirigía a ese personaje —Hace unos momentos estábamos fijando los territorios que deberemos cederle para que fortalezca su presencia en el continente europeo, además del precio al que nos deberá vender el barril de petróleo una vez que disolvamos a las Naciones Unidas…

—Esta guerra aún no termina, ¿y ustedes ya están decidiendo esas cosas? Me impresionan, señores. ¡Eso sí que es previsión!

—Siempre nos aseguramos de estar del lado del ganador, Doctor Hesse…— contestó Schneider, altanero pero a la vez lambiscón —Siempre…

—En ese caso, hablemos de negocios, señores miembros del comité— contestó complacido el doctor, integrándose a la discusión, en la cual duraron poco más de dos horas arreglando los detalles que les permitirían borrar del mapa a las Naciones Unidas y hacerse de un poder mucho más directo, lo cual les permitiría poner en marcha su plan secreto…

—¡El Plan de Instrumentalización Humana debe estar concluido para entonces!— puntualizó por último el Presidente Lorenz, entusiasta —La humanidad podrá dar su siguiente salto evolutivo…

—En la dirección que nosotros le indiquemos— completó Demian en complicidad con el viejo. Era obvio a todas luces que esos dos se entendían mucho mejor de lo que aparentaban en primera instancia.

—Ahora que comienza la siguiente fase del plan necesitaremos crear más distracción, algo tan grande que desvíe la atención mundial de nuestros intereses y nos otorgue un margen más amplio de operación— vaticinó Ju Chin Tao.

—En resumen, necesitamos que haga mucho más ruido, doctor, que se involucre mucho más en esta guerra— dijo a su vez Johan Schneider.

—Es cierto, hasta ahora su participación ha sido muy vaga— pronunció al respecto Ferguson —Lo que necesitamos en la presente coyuntura es un villano, darles algo tangible contra lo que puedan luchar; una persona que asuma el rol de enemigo de la humanidad para que ésta pueda concentrar sus esfuerzos y atenciones en ella, mientras que nos dejan el campo libre para actuar. En resumidas cuentas, nuestro famosísimo Doctor Infierno, el líder del Ejército de la Banda Roja, que tenemos el honor de tener hoy entre nosotros.

Las atentas miradas de los miembros de la junta se fijaron entonces en Demian Hesse, el larguirucho y corpulento sujeto de largo cabello canoso que se encontraba de pie en el centro de la sala.

—¿Porqué no? Después de todo, siempre me ha quedado el papel de villano— observó a ese respecto, un tanto distante —¿Saben? Cuando era niño y salía en las pastorelas de la iglesia lo que más quería era salir de ángel… pero siempre me tocaba ser el diablo. Jugaba a Batman con otros niños y siempre tenía que ser el Guasón…

—Y me imagino que usted quería ser Batman, ¿no es así?— comentó el siempre curioso e inquisitivo Herr Schneider.

—No, en realidad quería ser Superman… pero eso no viene al caso, ¿verdad?

Aún cuando ya estaban cansados, los asistentes a la junta rieron de buena gana ante la ocurrencia del invitado, quien, a pesar de las apariencias, tenía un extraño sentido del humor que sin embargo podía ser admirado y celebrado, como en aquella ocasión.

—De acuerdo, no tengo problema alguno en representar para ustedes el papel de su "Doctor Infierno", si es que así lo desean— prosiguió Hesse cuando aún los viejecillos estaban riéndose —A cambio, tengo un solo favor que quisiera pedir a sus señorías.

—¿Y ése es...?— preguntó intrigado el General Lorenz, arqueando una ceja.

—La anuencia de este comité para que se me permita hacerme de la custodia de Rei Ayanami, si no es mucho pedir.

Todos, incluso Lorenz, guardaron silencio, estupefactos. Era lo menos que esperaban oírle decir a alguien como Demian. Aunque pensándolo mejor, y esto es, pensando muy mal, su petición no era tan rara.

—¿Acaso tengo que recordarle que usted se negó en primera instancia a realizar dicha encomienda, doctor?— volvió a preguntar Keel Lorenz, muy interesado en el asunto.

—Eso fue entonces, y esto es ahora, son dos cosas muy distintas— señaló el Doctor Hesse, tratando de explicarse —Lo que yo no quería era tener que cambiar pañales, pero ahora no tengo inconveniente en hacerme cargo del cuidado de una criatura tan primorosa.

—La custodia legal es de Ikari, ya no hay nada que nosotros podamos hacer— admitió el señor de la Crouix, lamentando la suerte de la chiquilla, quien tuvo la desgracia de que aquél individuo posara sus ojos en ella.

—Pero tampoco podemos hacer algo para evitar que usted… se haga, por así decirlo, de la custodia de la niña— repuso a su vez Dolojov, quien sabía que lo mejor que podían hacer era tener contento a Hesse.

—Pero tenga bien presente, mi buen doctor, que Rei Ayanami es una pieza indispensable para llevar a cabo nuestros planes— advirtió Lorenz, aunque también dándole su consentimiento —Así que será mejor que se encargue de que llegue entera al Día Final.

—Gracias, señores— pronunció Demian haciendo una breve inclinación con su cabeza en señal de respeto —Su anuencia es todo lo que mi torpe y egoísta corazón anhelaba escuchar.

—En ese caso, ya tan sólo nos queda solucionar esos pequeños inconvenientes que ponen en riesgo el éxito de nuestros planes— comentó Pierre de la Crouix, algo ya cansado por el trajín de la emoción.

—Una vez más, Adán y el Eva Z salen a relucir en nuestras conversaciones— observó Mijail Dolojov, un poco más entero que su colega, pero con semblante preocupado.

—Ya habíamos acordado que utilizaremos a Zeta en la medida que nos sea útil— recordó Schneider —Además, yo no creo que sea tan necesario destruirlo; podríamos controlarlo para que sirva a nuestros propósitos si controlamos a su piloto y creador, el joven Kai Rivera, lo cual conseguiríamos si se une a nosotros.

—Y de paso podremos deshacernos de ese Ikari— añadió el venerable Ju Chin Tao —Se ha estado convirtiendo en una molestia, últimamente…

—Por cierto, doctor, ¿cuál fue el resultado de su investigación del Geofrente?— inquirió el Almirante Ferguson —El Comandante Gendo Ikari asegura que Adán permanece hecho polvo en la Antártida. ¿Usted qué dice al respecto?

—Que obviamente está mintiendo— respondió con suma tranquilidad —He averiguado que, tal como lo suponíamos, mantiene al Segundo Ángel en NERV, en algún lugar de esta instalación… sin embargo, la intervención de esa mujerzuela, Akagi, me impidió averiguar en qué preciso lugar. Puedo sentir unos leves rastros de su presencia aquí, pero el lugar es enorme, no podría distinguir con exactitud en dónde está.

—¡Esa criatura es un gran peligro para nuestros planes, más si está en poder de Ikari!— advirtió de inmediato Herr Schneider, poniéndose de pie —¡Hay que localizarla y destruirla cuanto antes!

—También debemos estar preparados para disponer del Eva Z en caso de obtener una negativa de Rivera— comentó Dolojov en tono reflexivo, cruzándose de brazos y apoyándose por completo en el respaldo de su sillón —Ya todos hemos visto de lo que ese monstruoso fenómeno de la naturaleza es capaz de hacer. Podría llegar a ser un gran estorbo, si se lo permitimos.

—No creo que ese chiquillo sea tan tonto, pero tienes razón— consintió Lorenz —Además, no podemos permitir que se sigan produciendo los Modelos Especiales para Combate… están frenando el nacimiento de nuestros Modelos en Serie… Muy bien, en dado caso, tal acción deberá realizarse de manera conjunta con la eliminación definitiva de Adán. No quiero tener que volver a preocuparme de esas dos piedras en el zapato. ¿Doctor?

—Ya me he preparado para dicha eventualidad— respondió el Doctor Hesse, muy confiado de sí mismo —Pronto desplegaré a uno de mis agentes, quien se encargará de llevar a cabo mis planes. Adán volverá a ser historia antigua, y si no se nos une, también lo será ese estúpido muñeco de hojalata…

El "Doctor Infierno" sacó a relucir entonces sus dientes en su para ahora ya típica sonrisa siniestra, llena de seguridad, pero también cargada con malicia. La junta de SEELE estaba llegando a su fin, pero él ya no estaba poniendo atención, sumergido en sus propios pensamientos, sus pensamientos en un futuro muy, muy cercano.

"Kai Rivera. Nuestros caminos vuelven a cruzarse, hijo mío. Pronto nos volveremos a ver. Y cuando eso suceda, no me importa lo que estos viejos opinen… me encargaré de terminar lo que empecé hace once años."