Hola, hola, soy Noah.

Esté capítulo no es tan largo como los anteriores, lo siento Sucrettes, espero que puedan conformarse con esto, pero relajaos. Os doy muchas cosas importantes en está historia, que creo que pueden gustaros.

Muchas gracias a todas por leerme y comentar, sois las que hacéis que siga aquí subiendo capítulos, así que, por favor. ¡Comiencen a leer y lean con atención todo! Y cuando lleguen al final, lean la parte negrita otra vez (la de abajo, no esta).

Gracias, comencemos.


Disclaimer

Los personajes pertenecen a ChiNoMiko. Solo los uso con el fin de lucro y de recibir reviews.

Luego hay algún que otro personaje de aparición leve sacado de Eldarya, un juego de ChiNoMiko, que también deberíais jugar (aunque está en francés hay guías increíbles que han traducido los capítulos).

Yo solo soy dueña de "mi Sucrette" y Leia.


Crisis Nerviosa

[Me gustabas mucho, lo sigues haciendo]

Estrujó la revista y la retuerzo hasta que mi furia expira por los poros de mi piel, estoy demasiado cabreada con todo lo que me rodea, con el estúpido Viktor, con la estúpida Skylar y la horrible sensación de impotencia que me había causado ver esa maldita foto. ¡Quiero destruir a Viktor!

Miro al señor del quiosco que tiene los ojos abiertos desmesuradamente, está lo siguiente a asombrado porque haya destrozado una revista que acabo de comprar.

- ¡¿Y usted que cojones mira, viejo estúpido?!

Frunzo el ceño y me encamino directa a casa, sin esperar respuesta de aquel hombre con cara incrédula, mis pasos resonaban furiosos al estamparlos contra el suelo con violencia. Mi malhumor crecía por todo mi cuerpo, pisoteaba como si tuviese culpa la acera, aceleré mi ritmo y fruncí el ceño. ¡Quiero destruir su relación! ¡No voy a permitirle que se salga con la suya! No va a olvidarse de mi con esa modelo inglesa estúpida, no. No porque yo pienso impedirlo.

Nada más llegar a casa me paró frente a la puerta y en seguida vislumbro a Lysandro y a Castiel salir apresurados de la tienda de ropa de Leigh, Rosalya les sigue y parecen hablar un rato, entorno los ojos al darme cuenta de que están hablando totalmente serios. Sin embargo, me doy la vuelta y camino hacia mi portal. Evadiéndome de sus problemas o discusiones. Introduje las llaves en la cerradura de la puerta principal, y justo cuando me dirigía al interior de mi piso, unos gritos me detienen.

- ¡SUCRETTE!

Mi ceño se halla más que fruncido, no quiero tener que lidiar con Rosalya ahora, veo a Lysandro y a Castiel detrás de ella y alzo una ceja curiosa luego de intentar calmar mi furia.

- ¿Sí?- digo no con mi mejor tono, cosa que los sorprende.

- ¡Lys y Castiel van a tocar el sábado es por eso que no han estado viniendo a casa!- como siempre la que se supone que es mi best friend for ever del Sweet Amoris.

- Ah- digo sin interés.

- ¿Cómo qué ah? ¡Te gusta su música!- dice totalmente sorprendida por mis palabras vacías. -Pensé que estarías saltando por esto- me dice frunciéndome el ceño.

- No estoy de humor- digo. –He tenido ciertos…- pienso la palabra correcta. –Altercados.

No es exactamente la verdad, pero tiene varios toques reales, he discutido y gritado con el vendedor del quiosco, y luego he gritado más de veinte minutos en mi interior enfadada por tales imágenes. Eso es un problema serio para mí, ya que no puedo perder la calma solo por un chico. Eso no cuadra conmigo. Yo debo ser perfecta.

- ¿Qué ha pasado?- Lysandro se acerca a Rosalya con rostro preocupado, y veo a Castiel fruncir el ceño y acercarse también.

- No me apetece hablar de ello- digo. –Pero gracias por preocuparos. Ahora, si me disculpáis…

- ¡Pero no has respondido!- me grita Rosalya.

- No puedo ir, ya tengo el cumpleaños de Laeti, vamos a ir a una fiesta y me matarán si digo que no luego de haber cedido.

Me vuelvo a dar la vuelta para entrar en casa y siento una mano agarrar mi brazo, giro la cabeza para ver a Castiel tomarme tan confiadamente, frunzo el ceño y me deshago del agarre que está ejerciendo en mi brazo.

- ¿Qué?- mi respuesta sale bastante brusca, más de lo que querría.

- ¿Vas a venir igual a vernos?

- Tengo un cumpleaños- repito. –No puedo.

Nos quedamos mirándonos un rato y puedo sentir las miradas de complicidad de Rosalya, seguro que se está imaginando cosas raras, aunque sé por experiencia que le gustaría que acabase en brazos de Lysandro, pero yo no pienso acabar en brazos de ninguno en el plan amoroso.

- ¿Sucrette?- la voz de un chico resonó firmemente en todo el lugar a modo de duda.

- ¿James?- vaya, lo que me faltaba.

- ¿Qué se supone que haces aquí?-

James, uno de los "novios" de Leia, era un multimillonario mimado y rico, asistía a eventos como galas benéficas, reuniones de famosos y salía en varias revistas como una de las mejores opciones para ser un novio potencial. Sinceramente, no es que odiase a James, pero no me gustaba su carácter altanero. Me resultaba irritante y, no solo eso, sería capaz de ahorcarlo si se me presentase la oportunidad.

- Vivo aquí- contesto obvia.

Ignoro la presencia de los espectadores, Castiel, Rosalya y Lysandro, que me miran como si fuésemos lo más interesante del mundo, curiosos, intrigados por mi relación con el panoli rubio que me mira con esa irritante sonrisa.

- Oh…- Parece meditarlo. Y tiene sentido, solo nos vemos en el centro comercial cuando viene a pasear por aquí como si fuera importantísimo con sus estúpidos coches caros. Unos tan poco, otros tanto… -Pensé que Laeti era la que vivía aquí, como casi nunca te veo con Leia-

- Sí, bueno, nos vemos relativamente poco y cuando nos vemos no queda contigo- replico, contestando a su pregunta con cierto retintín de molestia.

Desde que me mude a esta ciudad he perdido, o mejor dicho, me desprendí de todo lo que había a mí alrededor o lo que creía tener. Deje mi popularidad atrás, tanto con los chicos como con las chicas, aunque la popularidad que tenía yo con las chicas era tirando a desastrosa y siempre tenía serios problemas con ellas, al menos con la gran mayoría.

Deje a Alexa, a Laeti, a Leia, ahí, sin más, y perdí comunicación alguna con Alexa, a los chicos del instituto que hacían cola por mí, que se dejaban arrastrar por estes caprichos y por mis deseos. Hacían lo que decía y obedecían en seguida. Si de mis labios salían unas palabras como "me pesan los libros" o "llévalos por mí", lo hacían, sin esperar.

Había dejado todo atrás, como si fuera pasajero, y no me había importado tanto. Las cosas se desvanecen, desaparecen y se escurren entre tus dedos, nada permanece, nada es eterno.

James me mira y parece reírse por dentro. Sabe que su voz me molesta.

- Veo que alguien se levantó con el pie izquierdo- bromea.

- No te hagas el chistoso o tendremos serios problemas- gruñó. –Sube- Tras girar mi cuerpo un poco, giro las llaves introducidas en la cerradura. Una vez la puerta estuvo abierta, miré fijamente al chico. -Iré enseguida, y llévale esto a Leia- le doy la revista y veo su mirada confusa.

Quizás no es mi mejor amigo… bueno, ni mi amigo. Pero me conoce, mucho más de lo que me gustaría…

- Tu odias las revistas, ¿por qué tienes u…?- sonríe. Se acaba de dar cuenta. –Vaya, vaya, vaya, que portada tan interesante.

- James- advierto, con las mejillas rojas y furiosas y un ceño totalmente fruncido.

- Relájate- me dice, levantando sus manos a modo de defensa. –Solo es Skylar.

- James, te lo advierto, vamos a tener problemas.

- Skylar posiblemente solo se haya fijado en su fama-

- ¡Pero es que eres imbécil pedazo de crío de mierda mimado!- chillo. –No es por esa modelo atontada que se agarra de su brazo para alcanzar a tener más flashes en su jodida cara y mucho menos por ese imbécil que se cree capaz a pasar por encima de quien sea y de mí. Ellos no tienen que ver en mi malhumor- Grito. –Es la última vez que te lo repito, o subes ahora, o terminaré tu relación con Leia más rápido que un chasquido de dedos.

Veo la enorme sonrisa de James, sé que está pensando y veo que por primera vez en mucho tiempo he perdido la compostura delante de gente que no se podía permitir ver esto. Había perdido todas mis fuerzas con esta discusión y con la revista.

Oigo la puerta abrirse y siento dos brazos alrededor de mi cuello, son delgados, con un montón de pulseras de mierda en sus muñecas, es Leia.

- James- la voz de Leia resuena en la estadía. –Me importa una mierda lo mal que os llevéis, pero que sea la última vez que te metes en lo del ex novio de Sucrette cuando su padre la llamó por la mañana.

- Oh…- su voz parece perder fuerza. –No pensé en lo de tus padres, Sucrette, lo siento.

- Ya- mi voz se relaja, un fallo más y puedo perder esta imagen perfecta.

- Llámalo lo antes posible, ya sé que te lo dije en el móvil, pero como no contestaste- me dice Leia besando mi mejilla.

- Sí…-

Salta y tira del brazo de James con fuerza lejos de mí. Leia revisa a los chicos y a Rosa cuando se queda abrazada al brazo de su follamigo.

- Lo siento por el espectáculo, James saca lo peor de Su- su sonrisa dulce inunda a cada uno de ellos, Rosalya alza una ceja un poco confundida. –Estos dos se odian-

- No diría que tanto- dice James. –Solo nos llevamos un poco mal, pero podemos estar juntos-

- No podéis- se ríe Leia. Ahora se gira sin demorarse mucho y me mira fijamente. –Llámalo, lo digo en serio, nunca he hablado tan en serio, tienes que llamarlo.

No era broma. No era una excusa. Mi padre ha llamado. Miro hacia la puerta con los ojos muy abiertos, no quiero aceptar esa llamada, no quiero coger el teléfono y enfrentarme a eso, no quiero, no quiero.

- Hablamos después- mi voz se queda un poco vacía. Abro la puerta con rapidez antes de que digan nada y entro aún más rápido de lo esperado.

Corro escaleras arriba, hacía mi casa, donde deberé enfrentarme a la llamada más desagradable de mi vida. Tras llegar a mi piso, camino directamente al teléfono fijo, sin cerrar la puerta ni hacer nada. Mis labios se aprietan en el momento que marco el número de mi padre, me lo sé de memoria y sé también de memoria la conversación que vamos a tener, excepto la novedad que siempre me suelta como si fuera normal.

Un pitido.

Estoy acostumbrada a saber que recibiré una llamada cada, como poco, dos meses. Mi mano izquierda, se aprieta en un puño con fuerza, dejándome los nudillos realmente blancos, no quiero enfrentarme a esta llamada, no quiero lidiar con su asquerosa voz.

Dos pitidos.

Echo la cabeza hacia atrás y reviso el papelito colgado en el espejo en la cuerdecita superior. "Llama a Felipe, te llamo a las 12 de la mañana – Leia xx".

Tres pitidos.

Mentalizarme para ser más dulce que un corderito es realmente difícil, aunque cuando estoy por llamarle, solo me invade una enorme cantidad de nervios que me dejan paralizada en mi sitio, con la concentración evaporándose a mi alrededor. Pierdo mi firmeza y me convierto en un flan.

- ¿Sucrette? ¿Estás ahí?

- Oh lo siento- respondo, ruborizándome de verdad. Ni siquiera me había dado cuenta que había contestado. –Hola papá.

- Hola cariño- su voz dulzona me hace estremecer. -¿Qué tal en el colegio?

- Instituto, papá- repongo. –Bien, he sacado un veinte en el último examen.

- Nunca decepcionas, enhorabuena cariñito-

Esto es un cliché, constantemente repetimos esta conversación, casualmente varía un poco si se me acercan los finales, como ahora.

- Voy a tener los finales en nada.

- Seguro que los tienes muy preparados.

- Sí, Ezrael me ha ayudado un poco con biología.

- Un buen chico…- le oigo suspirar. Ahora me hablará de su mujercita.

- Sí- afirmo.

- Ellie y yo vamos a tener un viaje por las Islas Caimán- me dice entusiasmado. –¿Te gustaría venir pastelito?

- No creo que sea una buena idea, papá-

- ¿Por qué no?- Porque vais a follar mucho y no quiero veros juntos.

- Es un viaje de parejas.

No hace falta que me digas que puedo ir con calma, date cuenta tu solo. Es obvio que insistirá un poquito más, para hacerme ver que realmente quiere verme, que le importo. Pero no me importa nada el que no me lo pregunte, tengo asumido que no le importo.

Sus insistencias cesan. Es hora de que me diga porque ha llamado.

- Bueno, cariño- me dice con mucha dulzura. –Tengo noticias para ti.

- ¿Cuáles son?-

- La abuela va a ir a pasar unos días contigo-

El teléfono se me cae de las manos, no, la abuela no puede venir. No puede hacerlo. En el momento que entre por esa puerta se acabó mi libertad.

- ¿Cómo? ¡La tía Agatha ya vive prácticamente aquí!- me doy cuenta de que he alzado la voz, carraspeo y sigo hablando. –No necesito que me vigile, estoy bien.

- Lo sé mi cielito- dice con voz consternada. –Pero la abuelita insiste, dice que te echa de menos.

- Papá, iba a ir a un fiesta el sábado, si ella está aquí seguro que no me deja quedarme hasta la madrugada. Y es el cumpleaños de Leia.

- Oh mi bollito de crema, tranquila, no habrá problemas con eso, solo dile que tienes mi permiso por sacar esas notas tan altas en el examen.

Gruño un poco por lo bajo. ¿De dónde demonios saca apodos tan ridículos? Niego con la cabeza al saber que Ellie es una mujer estúpida e irritante amante de los motes. Aunque no puedo culparla, es joven y engancharía a cualquiera con esas curvas quilométricas y ese vientre plano totalmente y su trasero bien puesto. Incluso sus dichosos pechos eran ideales, malditos sean todos y sus estúpidas "vamos a joder a Sucrette", vamos que ella podía hacer que un hombre se volviese imbécil, como lo estaba mi padre ahora vamos.

- Está bien. ¿Cuándo llega?

- Mañana-

Lo hace aposta. Estoy segura de que lo hace para fastidiarme todo. Ruedo los ojos de manera agotada pero me guardo las palabras de crítica a su mal juicio. Ahora tendré que pasarme la tarde ordenando y tendré que enfrentarme a otra llamada. A mamá.

- Genial…- digo, con un tono lo bastante neutro. –Ahora llamaré a mamá para avisarla.

- No sé para qué vas a llamarla, seguro que está muy ocupada con sus cincuenta amantes.

¿Y de quién es la culpa eso? Ahogo esos pensamientos y carraspeo, intentando hacerle ver que esas palabras, delante de su hija, no son adecuadas. Parece pensar a que viene mi silencio y la tos fingida, cuando le oigo expresar una exclamación de sorpresa.

- Oh lo siento mi pichoncito, no debo hablar mal de tu madre contigo- me dice como si realmente se sintiese apenado. –Pero esa sosa mujer se cree que follar con desconocidos de forma esporádica va a ponerla a mi nivel. ¿Una respuesta infantil verdad, bollito?

Eso también es culpa tuya, además, mira quien fue a hablar, el que se folló a toda su empresa luego del divorcio y a casi media población de Paris… Suspiró profundamente, siempre es lo mismo, llamo a mis padres porque me llaman sin preocuparse de la hora

- No lo sé- digo. Y tampoco es como que quiera saber cuántos tíos se tira a mi madre, me basto con verte a ti cuando era pequeña con otra.

- Bueno bollito, y tú que tal, ¿algun novio a la vista?

- No.

- Vaya, ¿no hay nadie que llame tu atención?

- Em… si no te molesta, no me es cómodo hablar de esto contigo, papá.

- Oh, vaya… que lástima- su voz ni siquiera tiene ápice de decepción.

Solo habla por hablar, para fingir que realmente importa algo mi vida en la suya. Para demostrar que se preocupa por su única hija y quedar bien de vez en cuando. No sé con quién presumirá de ello, pero estoy completamente convencida que un fantoche como mi padre haría lo que fuera por quedar bien, por demostrar que era un buen padre, un buen esposo y un buen trabajador. No importa como tuviera que hacerlo, todo sería por el bien de su apariencia, por el bien de ser mejor que los demás… no importaba como. Él siempre tenía que ser mejor que los demás.

Permanecí en silencio, esperando algunas palabras de mi padre, algo que indicase que realmente no teníamos motivos para seguir está conversación. Había durado más de lo normal, y me asustaba realmente que hubiese un motivo más para llamar. Baraje las posibilidades que podían ser, por mi mente pasando millones de situaciones que se hiciesen presentes en mi vida real. Me comí la cabeza por un rato, hasta que su voz despertó mi interés de todo.

- Tengo otra cosa importante que pedirte.

- ¿Qué podría ser?- preguntó.

- Dentro de un mes, viajaré a casa- me avisa. –Hay una cena de negocios de vital importancia y… bueno es la compañía Hale quien la celebra-

Me tensó y aprieto mis puños al saber de qué se trata, sé que quiere pedirme.

- No quiero ir, papá- me adelanto.

- Hija, es realmente importante, los señores Hale y el señorito Viktor desean que acudas-

- Cosa que yo no deseo- replicó de la mejor de las maneras.

- Sucrette…- vale, esto me resulta alarmante en vez de alegrarme. Y eso que odio que me llame con eses apodos tan horribles.

- Vale. ¡Iré a la fiesta!- digo, evitando la palabra "puta" entre el articulo determinado la y el sustantivo común fiesta.

- Bien, eso me tranquiliza mucho- puedo sentir su sonrisa. –Bueno, mi bollito, tengo que colgar, disfruta de tu tiempo y tu fiesta, ya avisaré a la abuela. ¡Portarte bien! ¡Papá te ama!

Ni siquiera digo que yo también lo amo. No me despido, tampoco digo nada en cuestión a lo que me ha dicho en sus últimas frases. Solo cierro los ojos y cuelgo violentamente. No sé en qué momento he caído al suelo, y cuando he empezado a sentir la ansiedad correr por mis venas. Tampoco sé cuándo mis ojos se han aguado tanto y cuando he roto la figura de cristal con una foto mía y de mi padre. No sé cuando empecé a perder el control.

Menudo día de mierda.

[…]

Permanezco todo el día tirada en la cama. Con los ojos abiertos y fijos en algún punto del techo, ni siquiera me preguntó qué tan miserable puede llegar a ser mi día hasta que Leia entra en mi habitación con la revista que he comprado a mediodía.

- ¿Has estado toda la tarde así?

No digo nada, doy un leve asentimiento y sigo mirando fijo al techo.

- ¿Qué te ha dicho Felipe?

No creo ser capaz a articular algo con mi voz, solo miro de forma vacía a la nada. No puedo creerme que me haya vuelto a dar tan fuerte. Hacía tanto que no tenía un ataque de pánico que no recordaba lo mierda que me sentía conmigo misma.

Me percató de que Leia se mueve hacía mí y que me acaricia con mucha dulzura el cabello, eso es relajante, hasta el punto de que sé que estoy horriblemente mal en estos momentos.

- Te amo, Sucrette, ¿lo sabes, no?

Doy un leve asentimiento.

- No voy a dejarte, yo no te abandonaré-

Mis ojos escuecen y los cierro de golpe. Duele de forma que nunca podríais imaginaros, me duele tanto que siento como se me deshace toda mi seguridad. Me siento profundamente herida.

- Escala de uno al diez, ¿qué tan mal estás?

- Estoy bien.

Respuesta no satisfactoria, estoy consciente, si no soy capaz a deshacerme yo misma de él, permaneceré en la cama mucho tiempo esperando a que las manos que añoro me acaricien la cabeza.

- Sucrette, te amo, eres importante para mí. ¿Lo soy para ti?

Asiento con la cabeza y comienzo a morderme el puño. Besa mi frente y sigue acariciando mi cabello con mucha amabilidad, me da fuerzas, me da ánimo, pero todo se desmorona.

- ¿Qué tal ha estado el día de la personita más importante de sus padres?

Hipó de forma desastrosa y me encojó en la cama, mientras le doy la espalda, evitando mirar los ojos de esa persona que ya ni sé quién es.

- Mal.

- ¿Qué paso, cariño mío?

- Viktor me está dejando atrás.

- No lo hace, ¿quieres que lo llamemos?

Niego con la cabeza y pateo la pared.

- Me odia, va a abandonarme, me deja, no me quiere.

- Si te quiere- me dice, conciliadoramente. –Vamos a llamarlo.

No digo nada, quiero oir su voz, quiero oírle decir que me ama, quiero que me diga que sí que soy necesaria, que no va a dejarme como mamá y papá. Que me diga la verdad.

Oigo como teclea un número de teléfono y como parece quedarse en silencio todo, hasta que los sonidos de pitidos comienzan a sonar. Está marcando, va a coger, ¿va a quererme?

- ¿Leia? ¿Sucede algo?- su voz es tan preocupada.

¿He hecho que Viktor se preocupe? ¿Me dejará si lloro? ¿Me alejará si le digo que lo necesito? ¿Si le digo que quiero que mamá y papá se queden… se enfadará como ellos?

- Hola, nosotras estamos bien, ¿verdad Sucrette?

Hipo. Y sollozo desgarradamente.

Solo tienes que callarte, callate, callate, callate, callate, Viktor va a dejarte como seas débil.

- Lo ves, estamos bien, ¿verdad mi querida Su-chan?- dice con voz suave y demasiado dulzona. Se parece a la voz de mamá cuando me arrullaba al caerme o al tener un mal sueño. -¿Quieres decirle algo a Viktor?

- Eso, amor, dime, ¿de la escala del uno al diez que tan mal estás cariño?

- Bien-

Sueno desgarrada. Por favor, no me dejéis.

- Oh, cariño, entonces, ¿cuándo quieres salir?- me dice la voz amorosa de Viktor.

- Skylar…

- ¿Skylar?- pregunta. –Oh, las revistas… amor, tú me importas más que ella, lo sabes, ¿no?

- Me quieres… ¿a mí?

- Claro, amor, ¿estás bien?

- No. No estoy bien-

- Estupendo. Porque todo va a salir bien. Yo jamás voy a dejarte.

[…]

Abro los ojos desconcertada por el dolor que siento al abrirlos.

Me encuentro hecha un ovillo en la cama, abrazando al osito Bubble con fuerza y totalmente tapada por el lado derecho y por el izquierdo no. Sé lo que eso significa. Sé lo que estas pautas me dicen, sé leer entre líneas que no puedo recordar. Sé que ha pasado incluso aunque esté en blanco.

Estrangulo al oso una vez que me encuentro totalmente sentada y sin sujetarme con los brazos, estoy bien. Ahora sí.

Odio este oso. Odio lo que hago cuando estoy con esta mierda en las manos.

Eso solo significa que he vuelto a tener una crisis. Que he vuelto a estar como una mierda por unos minutos, lo que significa que Viktor ha estado en contacto con mi lamentable ser lloroso. Eso significa que le he dicho otra vez que lo amo…

Grito en molestia y comienzo a golpearme la cabeza contra el oso estúpido, dios, odio ser tan estúpidamente defectuosa, soy una idiota. Me siento patética en estos momentos, me retuerzo el pelo mientras chillo de rabia.

- JODER- grito. Furiosa.

¡Odio a Viktor! ¡No lo quiero! ¡No necesito a nadie! Mi mente no para de repetirse eso, eso es la verdad, una verdad inamovible. Eso es y será siempre así. Tiene que serlo, no importa cómo me ponga, va a ser así.

- ¿Qué tal te encuentras?- Leia habla con voz suave.

Frunzo el ceño. Y le tiro el peluche a la cabeza. Sé que lo hace por mí, pero no quiero tener que volver a recurrir a aquel hombre que me abandonó a la primera de cambio.

- Veo que bien.

Oculto mi cabeza entre las piernas y las aprisiono muy cerca de mí con los brazos.

- ¿Por qué lo has llamado?

- Tú sabes porque lo he hecho-

Si lo sé. Sé perfectamente lo mucho que te preocupas por mí, lo difícil que debe ser tratar conmigo cuando estoy sumida en el propio caos de mi mundo negro y totalmente destruido. Sé que es difícil tener que ser cuidadosa con todo lo que dices. Seguramente es complicado tener que medir las palabras, el tono y la lentitud al hablar, adoptar una posición relajada en una situación en la que se rezuma pánico por todos lados. Leia es muy fuerte.

- ¿Qué dijo?- preguntó, guardando el rencor.

- Que te ama- me dice.

- Tan falso…

- Sucrette, sabes que Viktor si te ama, no miente.

- No vengas con esas mierdas, eso no es verdad.

Ella no dice nada. Solo resopla con mucha fuerza, como si estuviera harta de escucharme hablar así, acaricia mi pelo con mucha suavidad y le aparto la mano bruscamente.

- Estoy bien, vale, ahora sí.

- Lo sé. Es solo que te ves demasiado vulnerable.

- Muchas gracias- digo sarcásticamente. –Amo verme así y que me lo digan, ¿sabes?

No sé cómo me aguanta, si yo fuera ella me habría mandado a la mierda hace mucho, soy una desagradecida, debería estar dándole las gracias por sacarme, por hacer lo posible para ayudarme, aprieto los puños y levanto la cabeza, pero ella está sonriendo.

- Lo sé. Sé lo que quieres decirme, tranquila, te lo dije ya, ¿no? Yo no voy a abandonarte.

- Sí…

- ¿Quieres contarme?

Asiento, y carraspeo, intentando dominar todo mi cuerpo para que salga bien.

- Supongo que ya no pude aguantar más- digo, de forma relajada.

- ¿Qué pasó?

- La foto, el artículo, mi padre obligándome a ver a Viktor, la abuela mañana de visita, tener que llamar a mi padre, su te amo final… el tener que enfrentarme también a mi madre…- todo yo está gritando por dentro. Quiero dejar todo atrás. –Todo me pesa, Leia.

- ¿Quieres que pida cita con Cristinne?

- No- niego. –No necesito a esa loquera. Estoy bien, puedo superarlo.

Leia sonríe con fe en mí. Ella cree en mí, o al menos ella me da fuerzas y me inspira eso mismo. Ella siempre ha estado ahí, por eso la quiero tanto.

- De todas formas, vamos a limpiar- me dice. Levantándose de todo de la cama. –Tu abuela es una señora demasiado eh…

- Dejémoslo en que es demasiado- digo, poniendo final a sus palabras. No quiero pensarlo ahora. –Vamos a limpiar-

- No lo dudes, pedazo de guarra-

Nos reímos y salimos de aquella habitación pegándonos suaves golpecitos cada vez que una pulla sale de nuestros labios. A veces me preguntó qué haría yo sin Leia.

[…]

Hemos acabado de limpiar toda la casa. Incluso preparé el cuarto de invitados para cuando la abuela llegué mañana. No iré a la escuela, estaré pendiente de ayudarla a subir las maletas al ático y a ayudarla en lo que sea que quiere hacer.

Como he acabado, todas las tareas posibles y hemos dejado todo como los chorros del oro, incluido la figurita con la foto que rompí, decido marcar el número de Armin, mi primer novio del Amoris, que no tarda en contestar con mucha rapidez. La voz de Armin sale de aquel aparato sobresaltando y alterando todos mis sentidos.

- Hola- me dice, oigo la musiquita del Mario Bross de fondo, automáticamente sonrió.

- Hola, ¿estás demasiado ocupado?-

- No, podemos hablar.

- No sé trataba de hablar solo, quiero verte-

Puedo sentirle tragar saliva, sabe que acabaremos tirados en la cama, teniendo sexo o masturbándonos, lo que sea. Empieza a pillar mis formas sutiles de pedirle que se arrastre ahora hasta aquí.

- Esto… mis padres no van a dejarme salir.

Es por eso que me gustan más los mayores. Ruedo los ojos. No quiero quedarme sin sexo solo porque sus padres tengan tanto sentido de la protección hacia su hijo. No es para tanto, solo saldrá unas dos horitas, y tampoco es tan tarde, solo son las diez.

- Um… ¿y si voy yo?

- Ellos están aquí…- me dice, obviamente sabe que quiero tener sexo.

- Te necesito- Sueno desesperada, pero ahora realmente necesito a alguien que me de amor en el ámbito sexual. Necesito sexo suave, y ninguno de los otros tiene esas características.

- Y yo te necesito a ti- murmura. –Pero están todos.

Me planteo el morbo que sentiré con esa experiencia, pero aun así, sigo en desacuerdo con la inseguridad del chico. Puedo buscar alguna forma de tener lo que deseamos ambos. Aunque es normal que dude, él no sabe lo retorcida que puedo llegar a ser.

- Voy a ir, solo avísame cuando todos vayan a la cama, yo te aseguro que no pasará nada.

- Bueno, entonces… nos vemos en veinte minutos- parece que lo he convencido.

Me siento complacida de haber conseguido mis propuestas y el convencer a Armin con facilidad de que ceda a mis peticiones infantiles y que se deje llevar por el deseo que he empezado a extender por su cuerpo.

- Te quiero

- Y yo te quiero a ti.

Que palabras tan falsas, tan falsas como las palabras que Viktor recitó para mí.

[…]

Los veinte minutos pasan, ya estoy llegando a la casa del gamer, me detengo enfrente de la puerta del chico y saco el móvil de mi bolsillo trasero. Cuando empiezo a escribir un mensaje a Armin para que abra la puerta para mí me sobresaltó al sentir el sonido del móvil vibrar.

En concreto del mío. He avisado a los chicos de que estaría muy ocupada con la aparición de mi abuela por no sé cuántos días, que no iba a hacerles caso a ninguno, que no se molestasen en escribirme o intentar convencerme, y todos me contestaron un "ok, avisa tú" ¿entonces… quien podía escribirme y a estas horas? Armin desde luego no, porque quedamos en que yo lo avisaba a él de cuando llegaba y él ya me abría la puerta. ¿Quién sería la persona que me había escrito?

Crucé los dedos porque no fuera mi madre. Y al momento los descrucé.

Me dirigí a la bandeja de entrada, donde encontré el número que me sabía de memoria sin agendar, con el asunto. "Importante". Reacia a lo que estaba por hacer, pulsé el mensaje para leerlo. Seguro que me arrepentiré.

No sé si era mejor que fuese un mensaje de mi madre que de él...

+33600210000

Asunto: Importante

Me gustas, nunca has dejado de hacerlo.

Viktor xx


Hasta aquí el capítulo de hoy.

¡¿Qué os ha parecido?! Este capítulo no ha sido tan largo como los anteriores y se debe a que me queda una semana de clases y estoy bastante atareada, aun así, lo prometido es deuda, 106 o más reviews y subo capítulo. Aquí tenéis, espero que lo hayáis disfrutado muchísimo leyendo. Yo he amado escribirlo.

Sobre todo la parte en la que Sucrette muestra su trauma infantil, los traumas en la infancia pueden llegar a dejar secuelas graves, se pueden superar, pero cuesta mucho y es bastante peligroso en esos aspectos porque a veces puedes acabar de romper a una persona cuando entra en su pequeño trance. En el caso de Sucrette se vuelve como una niña pequeña y vulnerable a la que hay que acariciar y recordar que es importante y que la aman con su corazón.

Bueno, ¿qué os pareció? Siento que es más dramático y eso me pone los pelos de punto por la gran emoción.

Y por cierto, otra cosa, he visto en un review que esperaba sexo con Armin, bueno, quiero decir, hay escenas de sexo, sí. Y os advierto de ello pero... creo que está historia va más allá del sexo (que también es importante) pero, cuenta mucho más que unos simples polvos, es por eso que debes tenerme paciencia, de todas formas, espera un poquito más hasta el próximo capítulo, ¿ok?

¡Gracias por leerme!


Tengo un pequeño aviso,

He editado el capítulo I y II, deberían leerlos porque han cambiado un poco.

Subo el siguiente capítulo si pasamos de 118 o así. Venga, ánimo, que vosotras podéis, aprovechad que vienen las Navidades para comentarme mucho y que suba casi todo el tiempo.

Os amo Sucrettes.