Hola, hola, soy Noah.
Sois maravillosas, no habéis tardado ni 24 horas en llenarme las interacciones del gmail, donde leo todos vuestros comentarios, todos y cada uno de ellos que me llegan a la fibra de mi corazón. En menos de 24 horas ya tenía los comentarios propuestos y estaba inmensamente feliz leyéndolos uno a uno, en serio. Sois maravillosas.
Tengo una pega.
La pondré tanto aquí como abajo. Porque algunas os saltáis esto, quizás deberíais leerme por encima, o dejarme para cuando terminéis de leer porque a veces, solo a veces, digo cosas que son interesantes e importantes.
Bien, ¡he visto un comentario que me ha hecho romperme la cabeza! No es tan malo, o sea, me rompí la cabeza porque una Guest no tenía ni idea de que estaba contando en mi historia, o sea, esto es más bien a lo vulgar, ella no sabía porque Sucrette trataba bien a su padre, porque se rebajó a mostrarse débil con Viktor, porque actuaba así en el capítulo...
Creo que ya lo he dicho. Tanto en el capítulo 12 (en negrita y al final) y por mensajes a muchas. Y ahora lo digo OTRA VEZ, por aquí:
Sucrette es una persona emocionalmente frágil, no se ha rebajado a ponerse así frente a Viktor. Lo odia con todas sus fuerzas, odia ser débil y profundamente herida por sus traumas infantiles, cada vez que algo se sale de su cauce, Sucrette enloquece, tras romper algo, recae y empieza a comportarse como una niña pequeña que busca la atención de su padre (signos de trauma fuerte que perduran), cuando eso sucede ella necesita que le digan que la necesita, y Viktor ayuda con ello, porque cuando Sucrette era niña jugaba con Viktor (como se muestra en el manga) y entonces como que vuelve a esos días en ese periodo de trauma. Además, se ve perfectamente cuando habla con Leia que ella no quería llamarlo y mostrarse así ante él. Normal, ¿quién quiere verse así delante de la persona que terminó de destruirte? Nadie. Aun así, Sucrette sigue adelante y afronta sus traumas, algo admirable, porque sabe que tiene que vivir con ello. Aun así, ella se esfuerza por no recaer. Su padre y su madre siempre han buscado que ella fuera la mejor, por lo cual ella se esfuerza tanto, para complacerlos, porque todos los niños quieren que sus padres los reconozcan, todos queremos que una vez nuestros padres nos digan con sinceridad un "estoy orgullosa de ti". Es por eso que Sucrette los trata medianamente bien y no levanta su voz. Ella quiere ser aceptada porque está sola, eso dice que no quiere que nadie la abandone, como cuando habla de eso con Leia.
En fin, con esto aclarado, que se saca de leer atentamente mis palabras, las del fic, sin sacar conclusiones equivocadas hasta que la historia vaya avanzando y lo de que no quiere estar sola por trazos y lógica, creo que debo la explicación porque quizás no haya hecho las cosas bien. Y bueno, a lo mejor soy peor escritora de lo que pensaba JAJAJA.
En fin, empecemos.
Disclaimer
Los personajes pertenecen a ChiNoMiko. Solo los uso con el fin de lucro y de recibir reviews.
Luego hay algún que otro personaje de aparición leve sacado de Eldarya, un juego de ChiNoMiko, que también deberíais jugar (aunque está en francés hay guías increíbles que han traducido los capítulos).
Yo solo soy dueña de "mi Sucrette", Leia, Ellie, Margie, .
James Palentir, Abdel, Richard y Jared son personajes reales de un juego francés (fatalmente traducido a español pero bastante divertido) llamado AnticLove, a pesar de que el juego es Otome (ligar con chicos) no tiene demasiada variedad, aun así es interesante y aprendes mucho, deberíais pasaros a experimentar la acción.
La abuelita no está de fiesta
[Dale todo lo que puedas]
Lo llamó por teléfono y le digo un simple "estoy fuera", cuelgo sin esperar respuesta, no es como si tuviese demasiadas ganas de lidiar con cursiladas ahora, cada uno de los hombres que han pasado por mi vida me han dado problemas, desde acosadores hasta mal follados que querían superar mi táctica de enamoramiento.
Para mí, los hombres, eran personas que no servían para nada, solo daban dolores de cabeza y me provocaban risa. Ridículo, no solo eso, quiero decir solo sirven para meterla y poco más. No piensan con claridad, maduran más tarde, son los que producen violaciones, menos inteligentes… solo piensan en follar, follar, follar. Y es verdad, hasta el más encantador de los tíos piensa en tener sexo de vez en cuando.
Viktor fue mi primer amor, el único y exclusivo que se encargó de sanar mis heridas, y… finalmente el que las abrió del todo con sus últimas palabras antes de la ruptura. Me destrozó el corazón, ver como la única persona que sabía curar tus heridas, quien consolaba y trataba tus penas te deje de la nada, con estúpidos pretextos y excusas luego de jurar, por lo que más quería, que nunca me dejaría. Promesas vacías.
Ignoro el mensaje, guardándolo en el bolsillo de mi pantalón, Armin abre la puerta de su casa con mucho sigilo, sobresaltándome porque no me esperaba su presencia tan pronto.
- ¿Te he asustado?- me pregunta, a lo que yo asiento suavemente. –Lo siento- se hace a un lado y me sonríe. –Pasa-
Sus susurros son dulces y me encamina adentro, a su sala de estar, luego de pasar el cerrojo otra vez y situar sus manos en mis hombros, dirigiéndome hacia el sofá de tela marrón apagada. Sonrió y le hago un cumplido suave, diciéndole que su casa es hermosa y que me encanta la decoración, dice que su madre adora la decoración del hogar y que se pasó meses diseñándolo cuando se mudaron. Me rió por cortesía y algo desganada, algo que, mi acompañante nota.
Me acerca a él, rodeándome los hombros con su brazo fuerte, apoyándome contra su pecho. No sé porque, pero deseo que no se mueva y me estreche entre sus brazos, que me diga que me quiere. Que me consuele.
- ¿Qué sucede?- me pregunta.
- Que todo es una mierda- susurro. –Todo está saliendo tan mal…
Me inclino y apoyo mis labios contra su cuello, suspirando suavemente contra él, me acurruca más cerca. Me apretuja aún más cerca de él, busco su protección y su calor como si nunca hubiese sido capaz de sobrevivir sin él.
- ¿Ha pasado algo que yo no sepa?-
Me encontraba tan relajada, sintiendo el calor de su cuerpo, me sentía tan cómoda por primera vez en mi vida que me deje arrastrar por sus caricias en mi cabello. Era tan dulce y tan bueno en estos momentos que no importó lo mal que me sentía conmigo misma en esos momentos.
- No tengo buena relación con mis padres… y me han llamado hoy…- me abrazó más fuerte. –Son tan capullos…-
Reacciono tras soltar estás líneas. ¿Qué estoy haciendo? mis ojos se abren llenos de asombro, acabo de decirle la verdad a Armin, acabo de decirle algo real y no combinado con mentiras. Me he dejado llevar por la comodidad que me brinda, soy una ilusa, es solo un hombre. Mis labios se convierten en una línea fina y recta, no voy a decirle nada más. He venido a lo que he venido, a utilizarle.
- No sé cómo son- me dice. –No vinieron a la obra, pero seguro que tú puedes vencerlos-
Sonrió, es tan friki que a veces me sorprendo.
- ¿Cómo que vencerlos?- mi voz suena melosa y no la finjo. –No soy una superhéroe.
- ¿Ah no? Pues a mí me parece que sí- dice, besando mi frente con sus labios.
- Eres tan cursi- me rió. Y él sonríe, lo puedo ver claramente.
- Nah-
Ambos nos quedamos quietos tras esta conversación, es cómodo estar así con él. Parecemos, realmente, una pareja de enamorados. Parece que nos amamos con locura, que somos novios de verdad, incluso a mis ojos. Me separo, dejando de reposar mi cabeza en su hombro y mis labios en su cuello largo y encantador.
Miro sus labios y voy sonriendo poco a poco, él también está mirando los míos, fijo, es imposible que no lo esté haciendo. Todos lo hacen, pero…, al levantar la vista veo claramente sus ojos enfocados en mí, con una mirada dulce. Por un momento retrocedo.
- Armin… tengo una excusa- cambio de tema, incómoda por esos ojos llenos de amor.
Nadie me había mirado así en mucho tiempo. No recuerdo la última vez que lo hicieron con tanta dulzura como lo hacía él.
- ¿Excusa? ¿Para qué?
- Si tus padres bajan, si lo hace Alexy, tengo una excusa buena para estar aquí, pero debes prometerme que no interrumpirás, o que dirás algo como "no te preocupes, se lo explico yo después", como si yo no pudiese hablar más-
- Está bien- me dice, sonriendo. Y justo en esos momentos, lo beso.
Lo beso con muchísima dulzura, intentando ser melosa e intentando aparentar enamorada. Nuestros labios pegándose con suavidad y nuestras lenguas conectándose con muchísimo cariño. Me gustaba tanto saber que se moría por mis labios, que mentiría por mí. Se sacrificaba para tener todo lo que yo quería. Oh sí, me gustaba muchísimo que se volviese tan sumiso a mis deseos.
Me quita la camiseta y observa mi sujetador, mirando mis tetas y observando el estampado de lacitos y pequeñas estrellitas de color blanco, bastante llamativos a los ojos del gamer quien jadeo en sorpresa.
- Joder- levanta la vista. –Tu ropa interior es…
Sonrió. Ha abierto sus ojos mucho y su mirada es lo siguiente a intensa, está encendiéndose.
- ¿Es?- pregunto entre risas vacías.
- Sexy…-
- Gracias, me la compre por ti- miento totalmente convincente, consiguiendo que mi aspecto sonase incluso más dulce de lo que nunca pensase.
- Joder-
- Eso ya lo has dicho- Me rió dulcemente.
- Siempre estás increíble- me dice. –Eres preciosa… muy preciosa…-
La luz de los ojos de Armin me ciega y me produce un cosquilleo en la piel, me halaga con mucho cariño y al mismo tiempo cegado por sus emociones, me desea, me encanta que me desee.
Con la boca seca miró el bulto que crece en el bóxer de Armin, tapado por el pantalón.
- Tú sí que eres precioso.
- Hmm- musita, con la voz demasiado ronca.
Está claro que ni siquiera acaba de ponerme atención, sus manos se pasean por mis pechos y me los palpa con cierto toque de atrevimiento, ya no duda. Coge confianza y me gusta.
Se pone encima de mí, aguantando su peso con sus rodillas, a cada lado de mi cadera, y me apoya la espalda contra el sofá.
Armin sabe a patatas fritas de bolsa, las patatas de marca Campesinas, y a coca cola. Una combinación que no me sorprende de un amante de la comida basura. Nuestros besos son tiernos e incitantes, nuestros labios se acercan, se separan y se vuelven a acercar. Su lengua baila de forma juguetona con la mía, cogiéndome el pelo para apartarlo hacía atrás, como si le molestase que estuviese ahí bajo mis hombros y estorbase su tacto.
Sonrió contra mis labios una vez nos separamos para mirarnos, mis manos se situaron en su cara y volví a besarlo con fiereza, quería que se acabase el cariño sofocante, quería acción, quería olvidarme de lo cómoda que me hacía sentir y lo mucho que me asustaba eso.
Siento su erección en mi vientre y gimo suave, para que nadie nos oiga. Al saber que esa polla pronto estará en mí, deseo que entre de una vez, no puedo esperar por ello y suplico en mi interior porque él noto mis ganas. Sus largos dedos, que hacen que me sobresalte por la sorpresa, recorren las costuras de mi sujetador, se meten dentro y vuelven a salir. Nos besamos una vez más y sonreímos al darnos cuenta de que esto da morbo.
- Me siento muy encendida- le confieso.
Sus dedos maravillosos sobre mi piel me tienen totalmente fascinada, me da igual lo que haga con tal de que no deje de tocarme, incluso aunque diga que no está de acuerdo, yo sonreiré y le pediré que siga de una vez y que no se pare.
- Da un poco de emoción esto… pero sinceramente- dice, haciendo una pausa y soltando mis pechos, para colar las manos detrás de mi espalda y buscar el broche del sujetador. –Prefiero que no nos cojan.
- No lo harán, solo hay que controlar el volumen.
Ríe entre dientes y gruñe, noto que anda a tientas para desabrochar mi sujetador por lo cual yo arqueo mi espalda para dejarle más espacio para encontrar el broche y desabrocharlo del todo, cuando me separo del sofá, nuestras entrepiernas chocan bajo la tela.
Una vez el sujetador cae en el sofá, encima del cojín a juego con la habitación, procedo a imitar su gesto y le quito la camiseta, sin mucho esfuerzo, solo llevaba una y ha sido fácil retirarla. Sus músculos brillan y llaman mi atención, tengo hambre de él.
No hago esperarme mucho, lo quiero sin nada. Sus pantalones caen al suelo, en vez de empezar con los míos vamos a por los de él, sonrió cuando mis ojos se enfocan en su miembro oculto bajo la tela del boxer. Arqueo mis caderas, después de mirar con deseo sus gallumbos, para comenzar a bajar mis pantalones con muchísima rapidez y quedar en igualdad de condiciones. Armin me ayuda sin esperar mucho de mí parte, le doy un suave abrazo cuando estamos en ropa interior y él se queda estático unos momentos para rodearme con los brazos.
- Te quiero- susurra. –Estoy aquí, ¿bien?-
Debe de pensar que estoy siendo una floja que se deja arrastrar por sus sentimientos, pero necesitaba sentirme cálida unos segundos y su cuerpo me dio la sensación de compañía que me faltaba justo hoy.
- Lo sé- aseguro yo, besando su pecho y noto como se ríe entre dientes.
Cuela sus manos en mis bragas y comienza a frotar un poco, pero ya estoy muy húmeda, por lo que penetra, con dos dedos, de golpe. Sin avisar. El vaivén comienza, dentro-fuera, dentro-fuera, es constante. Rápido y me hace sentir viva y atendida. Caliente.
Me hierve el cuerpo.
Gimoteo y aprovecha para besarme el cuello y, más tarde, cerrar la boca sobre mi pecho derecho, acariciándolo con la lengua y haciendo que mi cuerpo se estremeciese, una y otra vez, de ganas de continuar con esta tediosa y coqueta lengua.
Sus dedos seguían moviéndose y sus labios iban bajando cada vez más, era injusto que yo no pudiese tocarle.
- Armin quiero tocarte…-
- Ahora no- me frena. –Me toca a mí, si hay Game Over y te corres pronto te tocará a ti-
Me rió entre dientes y acepto, sus dedos siguen moviéndose y, justo cuando estoy por separarme, para decirle que me corro, Armin se agacha y se baja del sofá, arrodillándose frente a mí y separando mis piernas del todo, colocándolas sobre sus hombros.
- Armin…- digo, al saber lo que quiere hacerme.
Me besa en el coño húmedo.
Gimoteo en respuesta a sus labios pegados sobre mis bragas. Se da cuenta de que todo el placer que me da no es suficiente, así que baja mis piernas de sus hombros y me va bajando las bragas por las piernas, mientras las acaricia en señal de bajada, dulcemente y con rapidez, sus labios se pegan a mi tobillo justo cuando retira de un lado y luego hace lo mismo con el otro. Está siendo decidido, debe haber visto porno.
Su boca vuelve a mi sexo húmedo, sopla suavemente, haciendo que mi cuerpo se arquee de sorpresa. Joder. Y coloca mis piernas, de nuevo en sus hombros, se agacha mientras su boca se mueve y su lengua hace círculos en mi interior. Aprieto los cojines con mi mano derecha y suspiro, intentando callar mis gemidos que estaban resonando sobre todas las fibras de mi piel.
- Me encanta…- gimo.
De mis labios no paran de escapar sonidos guturales, intento decir algo coherente, algo más en respuesta al placer que me produce, pero no puedo. Me lame con mucha pasión, es un ritmo exquisito, me tiemblan las piernas y estiro los pies, sin calcetines hacia atrás. Cuando recupero el conocimiento del placer, y del comienzo de orgasmo, se inclina para mirar mis ojos y ahí, me vengo. Y el aprovecha para lamer la especia que he soltado.
- Joder.
Sube y sitúa su rostro enfrente del mío.
Me besa en la boca, sabe a mí. Gruñó en respuesta y, se coloca entre mis piernas, su bóxer está demasiado apretado y enroscó mis piernas alrededor de su cintura, bajo la tela con los pies y con práctica, pero me ayudo un poco con las manos, con la mano que no acaricia el abdomen del gamer.
Nuestras pieles entran en contacto, gemimos con suavidad y nos besamos de nuevo. Dios, estoy cachonda. Cojo su erección y la acarició, es largo. Él cierra los ojos y suspira. El instinto, la práctica, todo toma el control de mi pasión y le paso el pulgar por la punta para limpiar la gota que se acumula allí y al sentirla palpitar en la mano me estremezco de ganas de hacerlo gritar.
-Sucrette- gime en mi oído. –Eso ha sido…
-Sh…- lo silenció.
Mis manos circulan por su suave polla palpitante, que espera completamente mi atención, arriba abajo, arriba, abajo. Siento como se endurece a medida que mi mano circula, pero la posición es incómoda, no puedo chuparla y tampoco besarla o lamerla, así que, invierto la posición y me agachó yo entre sus piernas. Su palpitante miembro espera que mi boca se cierna sobre él.
Cuando entra, comienzo a mover la lengua y a succionar lo que puedo, su longitud, sus gemidos intentando callarse y mis manos apretando sus huevos con una suavidad que sorprendería a cualquiera. Quería que disfrutase de un buen sexo oral por hacerme sentir tan bien con su lengua en mi coño y danzando.
Pare de succionar y de mover mi cabeza para coger más superficie de piel, para lamer el tallo de arriba abajo y esparcir pequeños besitos por su superficie. Armin gime, de vez en cuando aprieta mi cabello y me pide con movimientos que lo chupe hasta que no pueda más. Cuando vuelvo a la carga, siendo sujetada por las manos de Armin, siento como se tensa todo su glande, deseando que siga mis movimientos, aunque él chico tiene otros planes.
Me aparta de él y me hace subir, sujetándome de nuevo por las axilas, aupándome para volver a besarnos de forma voraz.
- Um… tengo un condón en el pantalón- me informa.
Lo miro sorprendida una vez que me encuentro encima de sus piernas, sentada. No me esperaba que tuviese un condón, no encaja en él.
- ¡¿Tú?!- exclamo en susurros.
- Sí… decidí comprarlos para… bueno, para cuando estuviésemos juntos. Fue embarazoso ir a la farmacia y lidiar con los farmacéuticos cotillas.
No puedo evitarlo, pero eso me parece super tierno y vergonzoso, me rió y lo beso aún más fuerte. Eso ha sido un gesto bastante considerado por su parte. Y me hace sentir más que bien.
- Pudiste pedírmelo a mí, te acompañaría sin dudar.
- Lo sé.
Nos sonreímos y lo abre para mí. El condón es de un plastiquito medio amarillento medio transparente, me siento ridículamente sonriente por saber que ha ido por mí y se ha enfrentado a los tíos y tías para que no tuviese que comprarlos yo. Por su querido gesto, decido ponérselo yo, así que se lo comunicó y le voy explicando cómo ponerlo para otras veces, porque yo se lo he puesto la anterior vez. Lo desenrollo para colocárselo en la punta de la polla, lo bajo con suavidad con cuidado de no se rompa, y siento como Armin me observa fijamente.
- ¿Qué? ¿Sucede algo?
- Me preguntaba cuanto tiempo podría pasarme haciendo esto contigo sin cansarme.
- Mucho. Te prometo que algún día los contaremos-
- Es un trato- sonríe y yo lo hago con él.
Ahora que el condón está puesto se acabó el calentar y el hablar. Es el turno de follar. Me pongo encima y abro las piernas un poco más, es la señal, Armin se sitúa bien y agarra su palpitante miembro para introducirlo en mi entrada, antes de que me penetre del todo nos miramos a los ojos y nos besamos.
La estocada que me da es firme y nuestros labios se enfrascan en la pelea de a ver quien domina y que lengua vence, es fantástico. Sus músculos se contraen en el momento que yo comienzo a saltar y él a mover sus caderas a mí son. Ambos estamos combinando. Su respiración comienza a acelerarse, caliente y salvaje contra mi piel, mientras mis pechos bailotean al estar yo cabalgándolo.
El sonido que hacen nuestros cuerpos al chocar violentamente me hace sentir en las nubes, la diosa del mundo, creo que podría hacer lo que me propusiera al sentir como mis paredes vaginales aprietan el tenso y caliente miembro del gamer, quien sigue con los ojos abiertos y fijos en los míos, no quita su mirada azul de mí y me gusta que me observe, que me indique que no puede evitar mirarme.
Besa mi cuello y, va subiendo hacia mi mentón para, finalmente probar de nuevo mis labios, silencio un gemido gracias a un beso que me da el chico de cabello azabache. El tiempo transcurre con rapidez, no sé cuánto tiempo llevo sintiendo como mis caderas chocan contra sus piernas, como su polla alcanza el máximo de mi interior, no puedo parar de desear que se corra en mi interior, pero él no sabe que tomo la píldora y no puedo decírselo porque puede preguntarme si fue por mi supuesto exnovio que me enseño todo lo que se. No quiero que se coma la cabeza con cosas que no importan.
Nuestros cuerpos siguen chocando y él continúa metiéndola hasta el fondo y rozando con mi punto de placer extremo.
Llegamos. Llegamos juntos, con un sofocado beso que calla nuestros gritos a oídos de los que duermen en esta casa, entre sus paredes. Los humanos y el hurón que siguen haciendo ruiditos. Nunca pensé que disfrutaría tanto.
[…]
Armin y yo ya estamos vestidos, es la una y media de la mañana, me insiste mucho en acompañarme hasta mi casa, pero niego violentamente al decirle que puedo irme sola, que debe descansar.
Sigue insistiendo y le digo que se rinda, que yo no necesito que me acompañe si no que se duerma porque mañana tiene clase. La expresión de "mañana tienes clase" le llama la atención y contrataca con un "tú también", pero en seguida le digo que mañana no voy a ir, que mi abuela vendrá a pasar unos días y que por eso no podré asistir, ya que tengo que buscarla al aeropuerto. El parece comprenderlo, pero continúa insistiendo. Le amenazó seriamente con no volver a tocarle y ahí parece molestarse con mi decisión, pero me dice que mientras vaya caminando que iremos hablando por teléfono no tardo en aceptar porque me parece justo.
Por eso nos despedimos con un apasionado beso y nos decimos hasta ahora.
La conversación es concisa y concreta, hablamos un poco de cómo es eso de las indeterminaciones de L'Hôpital, que son bastante fáciles si las practicas una y otra vez, pero Armin no es partidario del estudio, tiene notas bastante malas, nada que me moleste, pero debería esforzarse. Me pide que estudiemos juntos, pero en seguida se acuerda que Nath le dijo que le iba a ayudar él. Me rió y le digo que si realmente quiere, podemos estudiar otro día que no esté Nath y que me esforzaré por rematar con sus dudas y que pille los trucos que el delegado no consiga aclararle. Acepta. Normal, solo desea estar conmigo.
Hablamos un poco sobre que Peggy se había puesto muy nerviosa al hablarle sobre él, cosa que lo hizo sentir incómodo, me dijo que no le interesaba y que como ya había dicho solo era yo, que me miraba solo a mí y que no le interesaban ni Iris, ni Peggy y menos otra chica del instituto. Ni siquiera se me ocurrió hablarle del enamoramiento que tiene de repente por él la tímida Violeta.
Nos reímos y hacemos bromas, me dice que me echará de menos en clases mañana, le quito importancia y le digo que si tanto me echa de menos deberá llamarme por la tarde y que, si tiene suerte, podría escaparme de mi abuela, a verle, lo que lo hace feliz. Tan sencillos.
Mi camino se acaba, estoy frente a mi piso, le aviso de que ya estoy subiendo las escaleras y que colgaré pues ya es tarde y debe dormir, me dice que me quiere y que descanse, le digo que yo también lo hago y que duerma bien. Nuestra conversación se acaba con mentiras reciprocas. ¿Quién podría quererme?
Espero que mi piso esté en silencio, que todo esté apagado y que Leia esté durmiendo, pero al entrar me encuentro una grata sorpresa. Encima de mi sofá se encuentra un Jared desnudo y una Leia debajo en las mismas condiciones que el anterior mencionado.
Alzo una ceja y me burló.
- La verdad es que no me esperaba este recibimiento, ¿me estáis mandando indirectas para un trío?
- Sucrette…- Jared está sin palabras. –L-lo-lo siento-
Jared es un chico guapísimo, que en serio está enamorado de Leia, siempre está preparando cosas hermosas para ella, le regala cosas lindas y la trata como su princesa. Un caballero tímido que en su vida se plantearía tocar a otra mujer sin Leia delante, y muchísimo menos con Leia al lado.
- Oh ni te disculpes- Gruñe Leia. –Ignórala. Te dice eso para joderme.
- Oh… pero aun así estamos en su sofá- dice, avergonzado.
Es demasiado lindo con estás cosas, un chico atrevido pero tímido, una contradicción bastante exquisita a mis ojos. Voy a quitarle hierro al asunto antes de que a Jared le dé un chungo. Está lo siguiente a ruborizado, posiblemente se quede mal si me voy sin decirle unas palabras de ánimo.
- Con tal de que te largues antes de las seis de la mañana, me vale- me encaminó a mi habitación. –Y no hagáis ruido, algunas quieren dormir-
- ¡Qué te den!- grita Leia, justo antes de que cierre la puerta en sus narices.
[…]
Al día siguiente me despierto medianamente temprano. Son las ocho de la mañana y ya estoy en el baño peinando el cabello de la forma más ordenada posible. Seguramente mi abuela esté a punto de llamar a la puerta o de aparecer, no me extrañaría, esa mujer es peor que yo.
Leia sigue durmiendo en su cama, con suerte no la llamará vaga e intentará ser cortés delante de ella, aunque luego la critique demasiado a sus espaldas con sus amigas del pueblo.
Estoy perfectamente vestida, llevo ropa elegante que no muestra nada, una camisa blanca lisa que cae perfectamente sobre el comienzo de mis piernas. Mis vaqueros son lisos y jaspeados, con pequeñas manchitas de cambio de tonalidad vaquera y unas botas negras tipo militar que me quedan bastante bien. Añado un collar de bolas negras que destaque mi atuendo, con algunas bolitas rojas.
Estoy perfectamente presentable. No va a encontrar pegas. Cojo mi americana y caminó hacia la salida, para dirigirme a la parada de taxis y buses, parará del otro lado del parque, así que, aprovecho y salto la verja para no dar tantas vueltas.
Me situó en la entrada del parque y escribo un mensaje a mi tía Agatha para avisarle que no venga está semana si quiere sobrevivir a los gritos de mi abuela. No tarda en contestar, un simple y preciso "OK". Me muevo de un lado a otro, con los cascos en los oídos y pensando que tendré que avisar a mi madre para que no le dé un ataque porque no le he contado la bomba.
Ni siquiera me acorde de llamarla con la recaída de mi crisis nerviosa, por ese momento, en esos instantes luego de recuperarme al aceptar mi situación, me olvidó de todo lo que digo o hago, solo sé que me convierto en alguien completamente diferente. Como si fuese una niña pequeña que no tiene ni idea de lo que pasa a su alrededor. Me vuelvo débil y dependiente.
Alzo la vista al cielo, mis ojos empiezan a escocer por el sol que me da de lleno, pero no quiero apartar los ojos. La música choca contra mis tímpanos a un volumen superior, me encanta que me invada hasta que vaya perdiendo facultad de oído. A veces es mejor no oir nada.
Cierro los ojos y siento como la suave brisa choca contra mis cabellos, suave y meciéndolos de una forma que no puedo evitar pensar que alguna vez se me escaparan las fuerzas como se escapa el aire entre el pelo. Muevo mi cabeza hasta donde se encuentra la parada de taxis y veo como sigue vacío. ¿No habrá venido en bus, no? Le dará un infarto.
Espero que no haya ido en autobús, una vez se sube, una vez que arma un espolio y que se enfada por la inutilidad del conductor, de la gente que se sube, se queja constantemente de los medios de transporte. Ella cree que es demasiado buena como para ir en bus.
Me quito un casquito del oído y reviso como unas cuantas adolescentes se bajan del bus, huyendo despavoridas. ¿Qué?
- ¡Qué maleducadas sois las jóvenes del instituto!- gruñe una señora de cabello castaño tirando a rubio. –No tenéis respeto- les dice un poco más alto. -¡Deberíais estar en clase!
Mi abuela está gritando a pleno pulmón a unas desconocidas, que posiblemente tengan mi edad y que deberían estar en clase. Se me cae la cara de la vergüenza y niego en forma de desacuerdo. Mi abuela es demasiado molesta con lo que es correcto y lo que no. Llama maleducados a los demás cuando ella es la maleduca anciana mordaz. Ella sí que no tiene respeto, pienso.
- Hola abuela- digo con una suave sonrisa, intentando aparentar feliz de verla.
Mi abuela me mira con el ceño fruncido y niega con la cabeza.
- Es Caroline- aclara con soberbia. -Soy demasiado joven como para que me llames abuela- dice. Y yo ya no me sorprendo. -¡Conductor! ¡Apúrese! ¡Mi sobrina está esperándome tenemos que ir a casa! ¡Abra el "maletero"!- hace comillas en el maletero y a mí, sinceramente me dará un ataque de vergüenza como siga así.
El conductor del bus me mira con los ojos muy abiertos, está irritado. Cuando pienso en que me ha hecho pasar por su sobrina me siento ridícula, sé que se cuida demasiado y que se ha hecho varias cirugías con la intención de aparentar ser más joven, pero aun así… la llame abuela. Es obvio que ya lo saben todos.
Mi abuela regaña al pobre hombre, que sinceramente empieza a darme pena, para que le saque la maleta ya que ella no piensa meter las manos ahí. El conductor lo hace, un poco a regañadientes. Y cuando tiene la maleta, me acerco a cogerla con ambas manos. Mi abuela gruñe un poco lo maleducado que es y, cuando echa a andar, yo me giro hacia el conductor y me disculpo por el comportamiento de mi abuela con una simple reverencia. A la cual el hombre suspira y le quita importancia como diciendo "podía ser peor". Y sonrió, para echar a andar tras ella con su maleta de Dolce & Gabbana. Nada que no sea de marca es bueno.
- ¿Qué tal el viaje, Caroline?- preguntó.
- ¿En esa cosa que llaman transporte público?- me dice. –Horrible-
- ¿Y en el avión?
- ¿Ahí? mejor- sube sus humos. –Siempre es bueno viajar en primera clase.
Como no.
Me situó a su lado, arrastrando la maleta de ella, es bastante pesada, debería dejar de traer cincuenta mil modelitos.
- He tenido a un hombre mayor, que olía realmente a pueblo- la finura con la que dice que olía mal se me hace chistosa, casi cómica. –Y no solo eso, se apoyaba en mi hombro y babeaba. ¡Deberían meterlo en un asilo!
Intento aguantar la risa, se enfadaría como un demonio si me rió de ella en estos momentos, estoy segura de que le parecería horriblemente mal que me alegrase de que tuviese que usar el transporte público en vez de usar un taxi o una limusina qué sé yo.
- ¡Me ha dejado saliva en mi carísimo abrigo de Gucci!- me dice con mucha furia.
- ¿Y por qué no fuiste en taxi si odias tanto el transporte público?- Me vuelvo osada por unos segundos. Cosa que la hace fruncir el ceño.
- No había taxis, y quería llegar lo antes posible. ¡Deberías tener coche ya!-
Niego con la cabeza y le sonrió, mientras caminamos por la calle de las tiendas, observó el quiosco, caminamos lentamente, mi abuela comienza a quejarse de la poca calidad que tienen las tiendas, diciendo que no hay tiendas caras y buenas en la zona tan pobre y "rustica" en la que vivo. Parece realmente molesta, esperemos que se le pase eso cuando lleguemos a casa y vea que es un ático bastante caro.
- Tu madre tiene un gusto horrible para escoger los lugares-
- No creas que está tan mal, abu… Caroline- digo, corrigiéndome rápidamente. –A mí me gusta-
- Sé sincera, querida, sabes que preferías Paris antes que…- mira a su alrededor. –Esto-
Ni siquiera tiene una cosa dulce que decir de Amoris, es cierto que nada más llegar yo también odiaba este lugar, no quería alejarme de la comodidad de Paris, independientemente del tráfico y la acumulación de gente. Me gustaba relajarme, mirando al ventanal y como los coches circulaban rápidamente por las calles pobladas, pero la tranquilidad de Amoris me hacía sentir cómoda, me hacía sonreír, el sonido del silencio de noche porque no había coches moviéndose, en una época lo había echado de menos, pero ahora agradecía la paz que me daba.
Me conocían todos, me adoraban y me amaban, me rebajaban los precios y pensaban en mí a la hora de las compras, apartando algunos artículos pensando en si me gustaba o no. En fin, era un pueblecito pequeño y poco concurrido.
- Quizás al principio sí, cuando me mude a este pueblo sola- aclaro. –Pero me acostumbre.
- No deberías, en serio, no sé ni que sigues haciendo aquí. Deberías vivir conmigo y alejarte de esta chusma- su voz estaba cargada de un resentimiento oscuro, seguro que estaba pensando en mi madre.
- No te preocupes, estoy bien-
Mi abuela me mira fijamente, y niega con la cabeza, creo que no quiere creerme, o que seguramente está pensando en que estoy ciega o que me hago la indiferente hasta estes temas. Pero me gusta este lugar una vez le cogí el gusto.
- Sucrette, cariño, realmente solo tienes que hacer una llamada y tendrás a todos mis criados y a todos los de la mudanza preparados para venir a casa conmigo. Eres mayor, legalmente puedes decidir con quién vives, y estás independizada- me aclara.
Sé que puedo largarme avisando a mis padres, que puedo marcharme con la abuela, que no estaría haciendo nada malo y que nadie podría quejarse de ello, pero quiero mi propia libertad y realmente está bien así como estoy. Mientras me dejen sola, mientras no me agobien, mientras no controlen todo lo que hago, estaré bien.
Y tampoco quiero vivir contigo y la presión que ejerce.
- Sucrette, puedo hablar con la zorra de tu madre-
Mis ojos se desvían hacia el frente, Castiel y Rosalya nos observan, sus ojos están realmente abiertos, no pueden creerse que hayan llamado zorra a mi madre, y con ese tono despectivo que podría helar hasta el infierno.
- Abuela…-
Jadeo, mierda. Mierda. Mierda. Nos miran demasiado, no hay forma que no lo hayan oído.
- Caroline- me corrige, con el ceño fruncido. –Te lo he dicho, ¡no me llames abuela!
- Caroline- me corrijo en voz alta. -Acabas de llamar zorra a mamá delante de mis amigos- susurró a su oído. Intentando mostrar mi incomodidad.
Mi abuela se gira y observa a los jóvenes con una cara inquisitiva, intentando evaluarlos y, seguramente, estén suspensos. Sus ojos expresan su molestia notable. Seguramente está pensando cosas horribles al ver a Castiel, como si realmente lo odiase de todas las maneras posibles. Y Rosalya… no quiero saber lo que dirá de su ropa.
- ¿Tus amigos?- inquiere. –En serio voy a hablar con tu padre.
- Estás siendo irreverente- le digo. –Por favor, hazlo por mí y sé educada-
Rueda los ojos y gruñe con cierto aire de fastidio, no está contenta. Y entonces me mira de nuevo a mí, centrando sus ojos en mí.
- Iba a ser educada- me dice, esto solo para mí. –Es un placer conoceros. Mi nombre es Caroline-
Rosalya y Castiel se acercan, rápido hacia mí y saludan a la señora que se supone que es mi abuela, le dan la mano. Resopló hondo, se nota que estoy aliviada. Sé que sabe comportarse como un encanto de mujer y que puede llegar a ser la persona más dulce del mundo, tiene muchas caras, pero acaba de revelar su lengua viperina. Es por eso que es peor que yo en todos los sentidos.
- Soy Rosalya, la mejor amiga de Sucrette- sonríe. -
- Yo soy Castiel- dice, simplemente. Así es como me gusta, maleducado y borde. Sonrió ante lo que supondrá eso para mi abuela cuando lleguemos a casa.
- Encantados, sois encantadores- se nota que está fingiendo pero Rosalya sonríe, se lo ha tragado.
Ellos asienten y comienzan una conversación trivial, hablando de la ropa de Leigh y de si hay alguna tienda cara y muy "fashion y chic" que merezca la pena, a parte de la suya, claramente es un halago para ganarse la confianza de Rosa, que al oir ese cumplido sonríe ampliamente.
Castiel me dedica una mirada de sugerencia y yo le incitó a acercarse a mí con la cabeza, se mueve lento, haciéndose desear y haciéndose esperar. Suspiró hondo y dejo que se acerque finalmente a donde me encuentro, nos miramos a los ojos y comenzamos a charlar de forma tranquila, como si Rosalya y mi abuela no estuviesen aquí.
- Entonces… ¿por qué no has ido a clase, chica rebelde?- se burla de mí.
Suelto un "pff" y niego con la cabeza, llamarme chica rebelde a mí es peor que decir que, 4 por 2 por 0 más1 es igual a 0.
- Mi abuela venía y tuve que ordenar y colocar todo como a ella le gusta antes de que consiguiese un castigo de por vida- le aclaro, sonriendo.
- Um…- se queda en silencio.
Lo miro atentamente. Castiel es bastante atrevido, su cabello rojo cae por encima de sus hombros y un mechón rebelde cae por encima de su ojo, lo retiro con suavidad y él me observa en silencio, con una mueca de desagrado. No sé cómo tomarme eso.
- ¿Sucede algo? ¿He hecho algo mal o tal vez dicho?
Tarda unos segundos en contestarme, mostrando su lado atractivo y esos ojos me miran a mí y solo a mí, examinándome.
- Me parece que me debes explicaciones- me dice.
Me quedo pensando de qué habla, caigo en la cuenta de que, posiblemente, se deba a mi espectáculo del otro día cuando alce mi voz por encima de lo normal y le plante cara a James con mis palabras más mordaces de todas.
- Oh… te refieres a lo de James-
Asiente.
- ¿Debería decirte que no te metas en mis asuntos?- preguntó sonriente. –Quizás debería para que pudiésemos estar en paz.
Recuerda el asunto de Debrah y niega con la cabeza, dándome un suave golpecito en la cadera, y yo, en respuesta choco mi pierna contra la suya. Tensó el ambiente y lo relajó al mismo tiempo, casi me sorprendo de lo genial que se me dan estás cosas.
- Es extraño que tu respondas así- se burla. –No pensé que sacarás tus uñas.
- No lo hago- respondo. –Es solo que James saca lo peor de mí.
Él me mira, como haciendo memoria y me gruñe en respuesta al darse cuenta de que desconoce demasiado de mí. Sé que quiere saber cosas y comprenderlas, pero yo no pienso contárselo.
- El rubito de ayer, ¿no?
Asiento en respuesta, James es rubio, ojos azules, un cliché, siempre vestido elegantemente, con una especie de traje azul y un jersey de cuello alto y negro. Es tan creído y arrogante que sientes la necesidad de comprarle una corbata a su traje para luego usarla para estrangularlo.
- Es el novio de Leia, o bueno, no tengo claro lo que son. Ellos son raros- ruedo los ojos ante mis pensamientos. –En fin, él y yo no nos llevamos bien, y digamos que no eres el único que tiene amiguitas famosas.
Castiel frunce el ceño, curioso por saber más, pero solo pasa su mano por mis hombros y acaricia tenuemente la zona, no sé qué hace pero me sienta bien.
- No saques temas como esos. Me haces sentir imbécil- le ha sentado mal.
- Oh, venga, Cassy, sabes que te quiero- digo con voz chistosa. Le golpeo suavemente, a forma de broma.
- No hace falta que me lo digas- parece animarle y se burla de mí. –Ya lo sé. Se te nota mucho, ¿quizás debería traerte el cubo para la baba?
Doy un gritito de sorpresa por lo creído que es, también lo ingenuo que es pensando que consigue hacerme sentir algo. Niego con la cabeza y le golpeo suavemente.
- En tal caso es al revés.
- Lo dudo- sonríe de forma ladeada, sí que es sexy.
Nos quedamos mirándonos a los ojos, me gustan sus ojos grises, destacan con su nuevo corte y son realmente profundos, me gusta quedarme perdida entre ellos y salir ipso-facto como si realmente todo estuviese bien, mi sonrisa se extiende por el rostro, de igual manera que la suya y cuando parece que estamos solos, un carraspeo suena en nuestros oídos.
- ¿Interrumpimos?- Rosalya está sonriendo de forma pícara.
- La verdad sí, piérdete mocosa- Castiel le replica de forma burlesca y Rosalya frunce el ceño.
Mi abuela no parece muy feliz con mi "elección de chico" y me mira con un semblante de te enterarás cuando lleguemos a casa y de repente tira de mí con su mano, agarro la maleta y me quedó mirando a mis "amigos", mientras mi abuela se despide.
- Os invitaría a tomar algo con nosotras y escuchar que tal os va con mi querida Sucrette, pero… lamentablemente acabo de llegar del aeropuerto y bueno, necesito descansar.
- Claro lo comprendemos- dice Rosalya. –Además voy a trabajar ahora, solo quería consultar con Castiel sobre las entradas-
- Claro, bueno, un placer chicos- mi abuela sonríe. Arpía. –Adiós-
Tira de mí, alejándonos de ellos, sin dejarme decir adiós yo también, realmente no es que me moleste, pero siento que mis alas empiezan a cortarse y se quedarán sin plumas durante la estadía de mi abuela, tendré que mandarle un mensaje a papá para que hable con ella sobre lo de la fiesta, ya.
- Y por encima te buscas amigos peligrosos- sus pasos se detienen al ver mi piso.
Alzo una ceja, curiosa justo al parar frente a mi casa.
- ¿Perdón?
No puedo dar crédito a lo que está insinuando, mi abuela está diciendo que Castiel y Rosalya son peligrosos, bueno, seguramente se refiera más a Castiel que a Rosa, pero me sorprende que no haya hecho buenas migas con la albina, independientemente de que vista así. Pensé que le gustaría su forma de pensar y sus consejos de tiendas.
- Esa chica, viste horrible, parece sacada de otra época, ¿qué se cree interesante o algo?
- Caroline…
- Y ese chico, ni de lejos volverás a verlo, ni de lejos- gruñe. –Es un rebelde, tiene pinta de hacer de todo por las noches. Seguro que ya ha tenido problemas con la policía.
Está mujer ve demasiados culebrones, ¿Castiel? ¿Con la policía? El máximo problema que ha tenido ha sido intentar picar a Nathaniel en el instituto o la pelea con Kiki, dudo que pueda ser menos inofensivo, además, perro ladrador poco mordedor.
- Caroline…-
- ¿Qué? ¿Vas a replicarme?-
- Lo voy a hacer. Debes controlar esa boca…- digo. –En serio, me estoy sintiendo ofendida.
Parece considerar lo que acaba de decirme y lo maleducado y desconsiderado que es hacía mí, gruñe un poco y niega con la cabeza, sabe que tengo razón.
- No quiero ofenderte- dice con voz suave. –Tú eres mi nieta, eres hermosa, superior a estos chicos- me dice. –Te mereces a alguien como Viktor Hale.
- Él y yo terminamos- repito, por millonésima vez. –Supéralo- eso ya no lo digo, lo escupo como si fuera veneno.
Pero no parece tomárselo a mal.
- No puedo, él es tu mejor opción. Y puedes ponerte a su nivel, eres inteligente, hermosa y además de buena familia- dice, obvia, entrando al piso. –Ordenada y responsable. Quiero que hagas tu vida acorde a tu estatus social- me dice. -En esta semana que esté aquí, te enseñaré lo que es ser una auténtica señorita. Tanta chusma ha contaminado tu porte rico.
Lo que me faltaba y solo a un día de la cita con Kentin y a dos de la fiesta.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
¡¿Qué os ha parecido?! Este capítulo ha tenido 13 páginas, me ha salido bien y como dije en varios mensajes respondiendo a vuestros reviews, iba a subirlo sobre el jueves o miércoles.
Espero que lo hayáis disfrutado, ¿qué? La abuelita buena, ¿no? JAJAJAJA. Después de esto, voy a incluir de nuevo mi pega (puesta también arriba, por favor, leedla.
Tengo una pega.
La pondré tanto aquí como abajo. Porque algunas os saltáis esto, quizás deberíais leerme por encima, o dejarme para cuando terminéis de leer porque a veces, solo a veces, digo cosas que son interesantes e importantes.
Bien, ¡he visto un comentario que me ha hecho romperme la cabeza! No es tan malo, o sea, me rompí la cabeza porque una Guest no tenía ni idea de que estaba contando en mi historia, o sea, esto es más bien a lo vulgar, ella no sabía porque Sucrette trataba bien a su padre, porque se rebajó a mostrarse débil con Viktor, porque actuaba así en el capítulo...
Creo que ya lo he dicho. Tanto en el capítulo 12 (en negrita y al final) y por mensajes a muchas. Y ahora lo digo OTRA VEZ, por aquí:
Sucrette es una persona emocionalmente frágil, no se ha rebajado a ponerse así frente a Viktor. Lo odia con todas sus fuerzas, odia ser débil y profundamente herida por sus traumas infantiles, cada vez que algo se sale de su cauce, Sucrette enloquece, tras romper algo, recae y empieza a comportarse como una niña pequeña que busca la atención de su padre (signos de trauma fuerte que perduran), cuando eso sucede ella necesita que le digan que la necesita, y Viktor ayuda con ello, porque cuando Sucrette era niña jugaba con Viktor (como se muestra en el manga) y entonces como que vuelve a esos días en ese periodo de trauma. Además, se ve perfectamente cuando habla con Leia que ella no quería llamarlo y mostrarse así ante él. Normal, ¿quién quiere verse así delante de la persona que terminó de destruirte? Nadie. Aun así, Sucrette sigue adelante y afronta sus traumas, algo admirable, porque sabe que tiene que vivir con ello. Aun así, ella se esfuerza por no recaer. Su padre y su madre siempre han buscado que ella fuera la mejor, por lo cual ella se esfuerza tanto, para complacerlos, porque todos los niños quieren que sus padres los reconozcan, todos queremos que una vez nuestros padres nos digan con sinceridad un "estoy orgullosa de ti". Es por eso que Sucrette los trata medianamente bien y no levanta su voz. Ella quiere ser aceptada porque está sola, eso dice que no quiere que nadie la abandone, como cuando habla de eso con Leia.
Con esto explicado, espero que os haya quedado claro todo.
¡Gracias por leerme!
En serio, gracias. Espero haber despejado vuestras dudas y haber estado a la altura.
Tengo un pequeño aviso,
Debéis leer la parte de arriba de negrita desde "tengo una pega" o la parte de abajo donde pone "tengo una pega" (es lo mismo y es importante.
Subo el siguiente capítulo si pasamos de 132 o así. Venga, ánimo, que vosotras podéis, aprovechad que vienen las Navidades para comentarme mucho y que suba casi todo el tiempo.
Os amo Sucrettes.
