"Look at us, we're beautiful,
all the people push and pull but
they'll never get inside,
we've got too much to hide..."
Moby
"Beautiful"
La tierra se estremecía con violencia, aullando casi al punto de llegar a un lamento, en tanto escupía de su interior incontables columnas de fuego, que insolentes se alzaban hasta acariciar el cielo, el que se teñía con el color de la sangre. La creación entera caía hecha pedazos, derrotada, dejando libre al terror para que instalara su dominio en todo lo existente. El gozo había sido desterrado para toda una eternidad mientras que el llanto y la desesperación eran ahora la constante que regía el orden universal.
Allí, donde sólo era la oscuridad y el rechinar de dientes, el Eva Z se estrellaba contra el piso como una estrella caída de los cielos, dejando en su trayecto toda una estela de destrucción. En medio del cráter producido por el impacto, su joven piloto apenas si podía escapar de la inconsciencia, mucho menos de su agresor, aquél esquelético gigante envuelto en llamas que fue a caerle encima, con las piernas extendidas como una lanza.
El robot se hundió más en el terreno mientras que el ser flamígero lo asía de los hombros, clavando en ellos sus afiladas garras que penetraron su coraza como un cuchillo caliente a la mantequilla. Las cuencas vacías en el cráneo del monstruo quedaban justo frente a sus ojos, únicamente con llamas en su interior, y cuando abrió sus fauces no fue para rugir ni atacarlo:
—Adoraron al Monstruo porque había entregado el imperio a la Bestia, y también adoraron a la Bestia...— aquella voz, si acaso se le podría llamar así a ese espantoso sonido que salía de su boca, pero que a la vez parecía emerger de todos lados y de ningún lugar en específico, no hablaba en cualquier idioma que él conociera y sin embargo podía entenderlo con toda claridad.
—¿Quién como la Bestia? ¿Quién podrá competir contra ella?
El coloso en llamas lo levantó por encima de su cabeza cornada y lo arrojó con saña contra el suelo, no una sola vez, sino varias. Al final colocó la planta del pie encima del Eva, que yacía boca arriba, para seguir recitando:
—Se le permitió hacer proyectos orgullosos y blasfemar contra Dios, y pudo actuar como quería...
Una artera patada en la cabeza del Evangelion la clavó en el suelo, que cedió bajo su peso. Por su parte, una bocanada de fuego infernal disipó cualquier espíritu de lucha que aún permaneciera en el piloto.
—Se le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio poder sobre toda raza, pueblo, lengua y nación...
Sin más aquél monstruo de pesadilla se abocó a desgarrar lo que quedaba de lo que alguna vez fue una poderosa armadura, ahora reducida a simples cascajos humeantes. Quitaba las enormes y gruesas placas de metal tan fácilmente como se le quita sus capas a una cebolla.
—Y todos la adoraron, todos los habitantes de la tierra...
El titán atravesó por completo el pecho de Zeta utilizando su garra, para luego sacar de su interior al piloto, el cual se retorcía presa del dolor en el puño del monstruo, convertido más en una pulpa sanguinolenta que en un ser humano. Y para su desgracia, aún permanecía vivo mientras que el gigante lo sostenía en el puño como a un muñeco. Fue en esos últimos, agónicos momentos que pudo apreciar la transfiguración de su enemigo, el que empezó a cubrirse de la carne de la que hasta entonces había estado despojado; de entre las lenguas de fuego pudo reconocer, con horror, un rostro barbado, con cabello cano... y ojos verdes... tan fríos, tan crueles y tan despiadados como los recordaba, desde la última vez que los vio.
Una última llamarada, expulsada por la boca del monstruo, puso fin a toda la locura y el sufrimiento. Ya no había más dolor. Sólo el vacío de una oscuridad inconmensurable.
Kai despertaba sobresaltado, bañado en sudor. El dolor que acusó en el pecho y su cabeza lo devolvió a la realidad, aunque le costó algunos momentos poder ubicarse en el tiempo y el espacio, pero finalmente pudo recordar que se encontraba volando a bordo del gigantesco Equipo F, el avión de carga que transportaba a su Evangelion.
Empapado como estaba, el vendaje que cubría la mayor parte de su torso y su frente le resultaba todavía más incómodo, qué decir del yeso en su pierna derecha. Respiraba profundamente, buscando tranquilizarse y recuperar el equilibrio. Por ahora todo el avión parecía dar vueltas como una lavadora.
—¿Otra pesadilla, muchacho?— observó su acompañante, un joven oficial de las Naciones Unidas —Ahora que lo veo, tal parece que tienes fiebre, chico. Lo más seguro es que alguna de tus heridas se haya infectado. Parece ser que no te administraron suficiente antibiótico, ¿eh?
Rivera asintió con la cabeza, aunque no haya entendido ni una palabra de lo que aquél hombre dijo, y no porque no hablara su idioma.
—Pero, ¡oye!— continuó el tipo, aparentemente sin reparar en aquél hecho —Hay que ser un poco más optimistas y verle el lado bueno a las cosas... por lo menos éste fue tu boleto de regreso, ¿no crees? Estarás en casa para Navidad, muchacho...
El joven volvió a asentir de la misma manera, y el oficial a su vez siguió parloteando:
—¡Eso sí que es ser afortunado! En cambio yo tendré que estar de guardia en alguna región asiática cuyo nombre apenas y puedo deletrear... y hablando de suerte, ¡vaya suerte la tuya, amigo! No tengo que repetirte que es un auténtico milagro que puedas estar aquí, frente a mí... ¡ese sí que fue todo un rescate!
Y así fue como continuó aquel viaje, con los engorrosos pormenores de su milagroso rescate relatados en boca de aquél parlanchín oficial. Mientras tanto el avión continuaba su pesado andar por los cielos, rumbo a Japón.
Era precisamente allí, en la tierra donde nace el sol, que un pequeño contingente ya aguardaba a la llegada del hijo pródigo, en una de las terminales aéreas del Geofrente. El pequeño, pero nutrido grupo, estaba formado casi exclusivamente de féminas de muy buen ver, entre las que se encontraban la Mayor Katsuragi y Asuka Langley, quienes eran las más ansiosas de todas, naturalmente. A su lado, apartada como siempre, Rei esperaba sentada, con la serenidad que le caracterizaba y tratando de no ponerle mucha atención al par que la acompañaba.
—Si te maquillas un poquito más sólo te faltará la nariz roja y los zapatos grandes para trabajar en un circo, preciosa— observó Misato, cuando Langley sacaba su espejo de bolsillo por tercera vez en diez minutos.
—Perdóname si quiero verme bonita para mi hombre— repuso la muchacha, atajando el tono hostil en las palabras de la Mayor —A diferencia de otras personas, que parece que nunca se cambian de ropa…
—¡Por favor! ¿De veras crees que Kai va a notar tu ridícula faldita nueva, ó ese cochino perfume que te echaste antes de venir? ¡Sueña, nena!
—Seguramente que lo hará, cuando esté acurrucada en sus brazos…
—¿Quieres apostar?
—¿Qué tienes que ofrecer… señora?
Las dos estaban muy emocionadas, era cierto, pero también, cada una a su manera, estaban celosas la una de la otra. Ninguna de ellas estaba segura de a quién saludaría primero Kai a su llegada, y era eso en gran parte lo que propiciaba la disputa. Pero había otra razón que hacía actuar de tal manera a Misato, bastante bien oculta, pero no lo suficiente como para que Asuka no pudiera intuirla en cierta forma.
Por otra parte, Shinji, sentado una hilera de butacas detrás de ella, no estaba al tanto de aquellas dobles intenciones y significados escondidos en las palabras de aquél hermoso par. Tan despistado como era siempre, no había manera en que pudiera percatarse de aquel ínfimo detalle. Solamente suspiraba al verlas, apesadumbrado. Ansiosas, emocionadas. Incluso Ayanami parecía algo inquieta. Ninguna de ellas se había puesto así por él, jamás. Pero con ese desgraciado era punto y aparte. ¡Maldito! El protagonismo que había ido ganándose entre sus bellas acompañantes, debido en parte a la ausencia de Rivera, se esfumaba tan pronto como el susodicho se iba acercando. De nuevo volvía al lugar que le correspondía, atrás, en las sombras. Donde nadie pudiera notar su presencia.
Una lata bastante fría de refresco y bien colocada en su mejilla lo sacó de inmediato de aquel estado de autocompasión, en tanto que Sophia se sentaba a su lado, divirtiéndose de lo lindo con la reacción del muchacho.
—¡Perdóname, pero tenía que hacerlo!— se excusaba, entre risas, tendiéndole la bebida —¡No podía dejar escapar la oportunidad! Ahí estabas tú, completamente en la luna… ¿en qué rayos estabas pensando?
—Nada de importancia— respondió el chiquillo al abrir su refresco.
Sin lugar a dudas el gesto de su compañera resultó ser una muy grata sorpresa, aunque no lo suficiente como para sacarlo de ese estado de depresión al que era tan adicto.
—Mira nomás a esas tipas— masculló Neuville luego de darle un sorbo a su bebida, sentada a su lado con las piernas extendidas —¿Porqué rayos se ponen así? Parece como si fueran alguno de esos estúpidos club de fans esperando a una estrella de rock, o algo así… ¿qué tiene de especial el dichoso Kai?
Ikari permaneció callado, pensativo. Él mismo se había hecho esa pregunta ya tantas veces...
—Él… él es una excelente persona… y un gran amigo… por eso todos lo tienen en tanta estima…
—¿De veras? A mí no me lo pareció, cuando lo conocí… de inmediato supe que no era más que un pelmazo arrogante… y no sé tú, pero esa sonrisa de super estrella que pone se me hace muy sospechosa…
—Bueno, a veces es un poco pesado, no lo niego. Tampoco quise decir que era perfecto… en muchas ocasiones he sentido que me mira por debajo del hombro… de hecho, casi siempre. Además se la pasa recriminándome por las cosas que hago, las que dejo de hacer, las que digo o no digo… puede llegar a ser bastante molesto, la mayor parte del tiempo…
El muchacho calló de súbito, al darse cuenta que se había explayado más de la cuenta y dejado al descubierto una parte de sus verdaderos sentimientos hacia su compañero. ¿Por qué lo había hecho, si siempre era tan cuidadoso al respecto? Si los demás se enteraban de lo que verdaderamente pensaba de Kai sin duda que su opinión respecto a él decaería bastante, tan popular como era aquél chico. Quizás la cercanía que por momentos experimentaba con Sophia lo hizo sentirse lo suficientemente cómodo como para sincerarse con ella.
—¡Qué persona tan insoportable!— exclamó la jovencita —Parece de esa gente que sólo están esperando a que cometas un pequeño error para echártelo en cara… se creen perfectos, y esperan que todo mundo entre en su estándar…
—No es así… eso no fue lo que quise decir— intervino Ikari, algo apurado —Kai es… es especial… tendrías que conocerlo para saber porqué…
— Tal vez, pero también lo que yo no entiendo es porqué te empeñas tanto en defenderlo. Dudo que él tenga una atención de ese tipo hacia ti.
—Pues… pues yo le debo mucho, a decir verdad… él siempre se está preocupando por mí, por todos nosotros… me ha dado muchos consejos… sí, es un buen amigo. Quizás el mejor que he tenido…
—¿A quién estás tratando de convencer de eso, Shinji? ¿A mí… ó a ti?
El chiquillo se quedó sin palabras, desarmado. Su acompañante podía ver a través de él como en un cristal. ¿Cómo podía defenderse de eso? ¿De sí mismo?
Misato lo salvó sin saberlo, al llegar con los chiquillos para hacerles la indicación de que la siguieran:
—El vuelo ya está llegando… ¡Vengan! Conseguí permiso para estar en la pista de aterrizaje.
—Cómo si me importara— masculló Neuville al ponerse en pie, sin que la Mayor la hubiera escuchado.
Shinji, por su parte tardó algunos momentos en reaccionar, tan ensimismado como estaba. Pero al cabo de unos momentos fue a unirse con sus compañeras, quienes ya estaban bastante adelantadas.
El aire que soplaba en la pista era inusualmente frío para aquellas latitudes. Hasta ahora Asuka pensaba que hubiera sido mejor traer un abrigo consigo y un atuendo menos corto, una vez que sus piernas desnudas empezaban a sentir los estragos de la temperatura.
Sin embargo, tales pensamientos rápidamente se disiparon al ver llegar a lo lejos al Equipo F, primero como un punto indeterminado en el cielo azul, que fue haciéndose más grueso hasta que pudo reconocer las toscas formas del avión gigante, así como el sonido de sus motores al descender lenta y torpemente, como eran todos sus movimientos. La pesada ave tocó tierra y poco a poco fue deteniéndose hasta quedar inmóvil por completo.
El ansia por ver de nuevo al ser amado se apoderaba de algunas de las féminas en tanto la escalerilla de pasajeros se acercaba a la compuerta y ésta se iba abriendo. Por fin, por fin luego de tanta desesperación y sufrimiento llegaba el anhelado momento de la reunión. Pero al abrirse la compuerta para develar la maltratada estampa de Kai, los temores de Misato se habían vuelto realidad. Desde que había escuchado la noticia de que el muchacho regresaba a tierras niponas para que el Eva Z fuera reparado, un sentimiento de incomodidad se había apoderado de ella. Si es que Zeta necesitaba ser reparado precisamente en el Geofrente y en ningún otro lugar, ello quería decir que había sufrido de daños mayores. Y si eso realmente había sucedido, entonces no podía dejar de preguntarse por el estado de su piloto. Y hela allí, su respuesta, en la forma de aquél muchacho bajando las escaleras en muletas, con bastante dificultad. En ese yeso sobre su pierna izquierda. En aquél vendaje sobre la cabeza, el que todavía conservaba manchas de sangre. En la evidente pérdida de peso y la apariencia descuidada del muchacho. Y sobre todo en aquellos ojos hundidos en semejantes bolsas. Esos ojos apagados, sin brillo, sin vida. Sin nada. Vacíos.
Asuka no pudo fijarse en tan ínfimos detalles, tan emocionada como estaba, luego de haberse lanzado al encuentro del recién llegado, corriendo. El júbilo que provocó en ella volver a ver a su novio pareció cegarla y despojarla de todo sentido común y no fue hasta que se lanzó a sus brazos, estrujándolo fuertemente, que se percató de los vendajes debajo de la camisa del muchacho y en todo su cuerpo. Rivera simplemente aulló adolorido en brazos de la chiquilla para entonces desvanecerse sobre de ella.
Estupefacta, Langley no acertó a reaccionar sino hasta que Katsuragi la hizo a un lado sin mayores miramientos, arrebatándoselo:
—¡Aléjate de él!— gritó fuera de sí, sosteniendo a su hijo adoptivo —¡Lo estás lastimando! ¡Santo Dios!— exclamó luego de pasarle la mano por la frente —¡Está ardiendo! ¡Pronto, traigan un doctor!
Pese a lo que les había ordenado al personal técnico a su alrededor, la Mayor no quiso esperar a que la obedecieran y ella misma, cargando al muchacho, fue quien corrió al puesto de socorros de la terminal.
En tanto los demás pilotos permanecieron en su sitio, desconcertados, tan sólo observando a la asustada mujer cuando se alejaba. Todo había pasado tan rápido que aún no terminaban de asimilarlo por completo. Una de las más sorprendidas era Rei, quien había notado que las heridas de su compañero eran las mismas que le había visto en uno de sus sueños. Semejante casualidad no podía ser pasada por alto, ni siquiera por ella, cuya indolencia era de sobra conocida.
Asuka, por otro lado, seguía congelada en su lugar, sin dar crédito a lo que acababa de suceder. Shinji no pudo evitar sentir lástima de la desdichada. Después de todo, Misato había sido muy tosca con ella. Además que aquello distaba bastante de la reunión de ensueño que había estado imaginando desde hace días.
—Asuka...
En su afán por confortarla Ikari pretendió poner su mano sobre el hombro de la chiquilla, a lo que ésta respondió con un fuerte manotazo.
—¡No me toques!— explotó, desquitando su rabia en el desprevenido muchacho —¡Y déjame en paz! ¡Ocúpate de tus asuntos, metiche!
Sin más la joven rubia se retiró apresuradamente, sin siquiera voltear a ver a su compungido compañero, quien solo se acariciaba la mano sin comprender qué es lo que había hecho mal.
—Shinji...
Ahora era el muchacho quien salía corriendo, apenas Sophia lo llamó por su nombre. Con los ojos empañados de lágrimas, lo único que le importaba en aquellos momentos era en escapar lo más rápido y lejos posible, con tal de que sus compañeras no lo vieran llorar.
Neuville suspiró, resignándose a seguir el curso de los acontecimientos.
—Vaya reunión tan emotiva, ¿no?— le dijo a Ayanami, a su lado, al no tener a nadie más con quien hablar —¿Tú también piensas que a ese chico no le conviene tener una noviecita tan egoísta cómo esa? ¡La bruja sólo piensa en sí misma! Ni siquiera se dio cuenta que estaba lastimando al pobre diablo… la verdad es que al ver las cosas de esa manera, no me queda de otra más que compadecer al infeliz… no me cabe la menor duda que va a sufrir muchísimo en esa relación… ¿ó tú qué piensas, Rei-chan?
La única respuesta que recibió de parte de "Rei-chan" fue el silencio. Nada raro tratándose de ella. Más teniendo en cuenta la sonrisa burlona en el rostro de Sophia, quien parecía que tan sólo la estaba provocando.
—¡Está bien, olvida lo que dije! Fue mi culpa, desde un principio… rayos, es cierto que dirigirle la palabra es como hablar con uno mismo…— murmuraba la joven americana emprendiendo el camino de regreso.
Rei fue dejada atrás por el grupo. Y no es que se le viera muy apurada por ello. En cambio permaneció serena, de pie en la pista de aterrizaje, volteando a ver el azul del cielo sobre su cabeza en tanto el viento mecía el azul de su cabello recortado a la altura de los hombros.
En otro lugar de ubicación indeterminada una junta de personajes por demás interesantes se llevaba a cabo. De hecho no era en un solo lugar, sino en varios a la vez. No había duda de la gran bendición que resultaba ser la moderna tecnología en comunicaciones, la que ahora mismo permitía que personas separadas entre sí por miles de kilómetros y diferentes horarios pudieran sostener una conferencia en tiempo real sin tener que estar presentes físicamente en ella. A no ser por la luz que proyectaba parte de su figura en la forma de un holograma que reproducía fielmente movimientos y expresiones.
Sin embargo, los miembros de SEELE no tenían tiempo que perder para admirar las cualidades de su nuevo juguete, tan ocupados como estaban en su reunión privada con marcado tinte elitista.
—Y no deja de resultar bastante extraño que todo el Mediterráneo esté de nuevo bajo control de las Naciones Unidas— comentaba el rojizo holograma de Johan Schneider —Pese a que el buen Doctor Hesse parecía estar muy confiado de sus recursos…
—Les dije que ese Merkatz era un tipo de cuidado— acotó la amarillenta representación lumínica del Almirante Ferguson —Demian no quiso escuchar mi oportuna advertencia y ahora se encuentra completamente rodeado…
—Lo que me intriga es saber por qué razón el Doctor no utilizó a los Jinetes para impedir la toma del Mediterráneo... con su intervención la victoria hubiera sido cosa de niños…— pronunció meditabundo el haz luminoso con la corpulenta figura de Mijail Dolojov.
—Me parece que el chico Rivera los tenía bastante ocupados— puntualizó a su vez el pálido reflejo del líder chino, Ju Chin Tao —Prueba de ello es que Zeta ya haya destruido a uno, aún cuando se requirió de dos de ellos para tan sólo derribarlo.
Era muy obvio hasta qué punto quería llegar la junta, pero como en casi todas sus deliberaciones era el lúgubre General Lorenz quien tenía la última palabra:
—Caballeros, no nos apresuremos en nuestros juicios. Me parece que están sobreestimando en demasía a ese muchacho, y por el contrario, desmeritan la excelente labor que hasta ahora ha hecho para nosotros nuestro buen amigo Demian— por el tono con el que hablaba y la manera en la que intervino parecía que estuviera abogando por el susodicho, cosa que no resultaba rara, puesto que era él quien gozaba de mayor cercanía con Hesse. Era tal el contacto que sostenían que no en pocas ocasiones los demás miembros de SEELE sospechaban que aquellos dos tenían su propia agenda al margen de los planes aprobados en concejo —Me parece que simplemente la reciente derrota fue algo que lo tomó por sorpresa, por lo que está tomándose su tiempo para reajustar la estrategia y sus líneas. Las posiciones en el Mediterráneo pueden ser fácilmente retomadas, en cualquier momento. No olvidemos que dichas ciudades constituyen tan sólo una pequeña franja en el bastión de la Banda Roja en el Medio Oriente. Por otro lado, el asunto de Zeta me parece que es cuestión de enfoques: es cierto que resistió los ataques de los Jinetes, pero vean en qué condiciones lo ha hecho. En el primer encuentro estuvo perdido en acción durante cuatro días. Y en éste último el daño que recibió fue tal que tuvo que regresar a Japón para su reparación.
—Tiene usted razón, Presidente Lorenz— pronunció el impertinente y rollizo Herr Schneider, quien era una de las pocas personas en el planeta que se atrevían a responderle al General —Pero hasta usted tendrá que admitir que el nivel de poder que maneja Kai Rivera en ese robot es muy grande como para pasarse por alto… está llegando al punto en que de ser una simple curiosidad podría convertirse en un auténtico peligro para el éxito de nuestros planes.
—Entonces lo que está sugiriendo es…— Keel divagó un poco, aún a sabiendas de a donde quería llegar. Sólo que esperaba que alguien más lo dijera.
—Exacto— respondió De la Crouix, erigiéndose en vocero del sentir del resto de los integrantes de la junta —Es tiempo de tomar una auténtica determinación en cuanto a este chiquillo. Ye se ha estipulado que en el futuro podría convertirse en una grave amenaza, por lo que a mi parecer aquí surgen dos interrogantes: ¿se le debe eliminar, cómo el riesgo potencial que representa? Ó tal vez…
—Ó tal vez podríamos utilizar todo ese poder en nuestro favor, tal como lo ha estado haciendo Ikari hasta ahora— completó Dolojov —Arreglar que el muchacho trabaje para nosotros nos podría reportar un gran avance en el desarrollo del plan. Y de paso nos ayudaría a deshacernos de una buena vez de esa molestia de Ikari. Ya antes habíamos planteado esta posibilidad…
—¿Revelarle al fin la existencia de SEELE al joven Rivera? Suena arriesgado… ¿Y qué si nos niega?— preguntó Lorenz, fingiéndose contrariado.
—Entonces nuestro dilema terminaría y él mismo habría marcado su destino, ahorrándonos el problema de tomar nosotros mismos la decisión...— acotó el Almirante Ferguson, lacónico.
—De momento, es imperativo que el Doctor Hesse cese las hostilidades contra el Eva Z y su piloto— arguyó el honorable Ju Chin Tao —En tanto le hacemos llegar nuestra generosa oferta y recibimos respuesta.
—Bien, en ese caso, que así sea— finalmente consintió Lorenz, más por la presión ejercida sobre él que por cualquier otra cosa —Es hora de que Kai Rivera sepa que los ojos de SEELE están puestos sobre él… y que si no se nos une, entonces morirá.
Hay algo de intrigante en las relaciones humanas. Dicha tesis surge en el momento que se observa el trato entre individuos tan dispares en apariencia y comportamiento, tal y como lo eran aquellas jovencitas. La una hacendosa, menudita y hasta cierto punto simpática. Pero nada destacada, perdida en el promedio de atributos característicos a la población de su sexo y edad. La otra, por el contrario resaltaba de su entorno por naturaleza propia. Alta, rubia y bien proporcionada. Y con un carácter de los mil demonios. Una completa extranjera, en toda la extensión de la palabra. Y pese a ser tan disímiles, aquellas dos eran grandes amigas, de las mejores. Muy probablemente Hikari era la única amiga que Asuka tenía, a decir verdad. ¿Y porqué? ¿Quizás por que al estar juntas colaba a una de ellas entre los reflectores de la atención que por tanto tiempo le habían sido negados? O puede que fuera la dependencia que tenía alguna de las dos a los halagos y atenciones de la otra, a la imperiosa necesidad que sentía de estar junto a alguien que le permitiera destacar aún más al hacerle sombra. Ó tal vez se tratara de un sentimiento auténtico de amistad, fraternidad pura en su máxima expresión, que rompía las barreras entre ambas y colocaba al dispar en condiciones de igualdad. Quien sabe.
El caso es que las dos se llevaban de lo lindo, y por increíble que fuera la muchachita japonesa se había vuelto una suerte de confidente para la joven rubia, durante el transcurso del tiempo que llevaban de conocerse. Langley no tenía a nadie más a quien contarle sus penas ni con quien desahogarse cuando el desencanto la abrumaba. Y pese a que en aquellos momentos en particular su amiguita lucía despreocupada, bailoteando de un lado a otro de la cocina con gesto complacido, Hikari era muy buena para escuchar y de vez en cuando proporcionar algún consejo, cuando estaba a su alcance el hacerlo.
—No puedo creer que de veras estés haciendo esto— pronunció la joven europea, quien a diferencia de su compañera lucía terriblemente abatida, recargada sin decoro alguno sobre la silla de la cocina —Creí que sólo las muchachas de las caricaturas les hacían galletitas y esas porquerías a los fulanos que les gustan…
—¡Por supuesto que no!— acotó Hikari, reuniendo los moldes que necesitaba una vez que la masa estaba lista —Puede que no sea muy original, pero de que es un muy buen detalle, lo es. Además, recuerda que por el estómago se llega al corazón…
—Sí, pero… ¿con galletas de arroz?
—¡Son las favoritas de él y de su hermana!— contestó la chiquilla sonriendo, en tanto cortaba la masa extendida sobre la mesa con la figura de los moldes —De hecho las galletas son más para la hermanita… a él le compre el nuevo disco de Home Made Kazoku… le encantan, ¿sabías?
—¡¿Qué?!— pronunció Asuka, levantándose de su asiento, bastante sorprendida —¿Me quieres decir que fue por eso que nos quedamos a acampar en ese apestoso centro comercial donde iba a ser la venta especial? ¿Para que ese cretino pudiera tener su CD autografiado? ¡Creí que me habías dicho que era para ti!
—¡Porque si te hubiera dicho para quién era no hubieras querido ir!— contestó su amiga, entre molesta y divertida —Además yo ya tenía planeado ir desde hace tiempo, y pues como me caíste tan de repente aquí a la casa no tuve más opción que llevarte… lo siento, pero era eso o que durmieras en la calle…
Langley se limitó a encogerse en su asiento, taciturna.
—Perdón, no quise que sonara tan feo— la abrazó Hikari, luego que puso las galletas en el horno y se percató del estado de su huésped —Sé lo que pasó y cómo te sientes, pero tienes que darte cuenta que con huir no se arregla nada y algún día tienes que volver a casa… y mientras más esperes más difícil será… mira, si quieres antes de ir a esa cena navideña puedo acompañarte hasta el hospital. Puede que Kai ya haya recuperado la conciencia y así podrás pasar la Nochebuena con él. Suena bien, ¿no?
—No, no quiero— repuso la joven rubia como si tuviera diez años menos, escondiéndose entre los brazos de su amiga —Esa mujer estará allí, y no quiero volver a verla… ella y esa bruja de cabellos azules y ojos rojos están conspirando para quitarme a Kai… jamás me había sentido tan humillada en toda mi vida… ¡Y frente a Shinji y Sophia, por si fuera poco!
—Amiga, en serio que eres todo un caso— arguyó Hikari, soltándola para entonces mirarla con aire de reproche —¡Tu novio está hecho talco en una cama de hospital y lo único que te preocupa son tus estúpidos celos! ¿Qué rayos sucede contigo, en esa cabeza tuya? Cuando te pones a hablar de esa manera a veces pienso que sólo andas con Kai para molestar a Ayanami… cualquiera diría eso, al escucharte…
Tal y como una colegiala regañada lo haría, Asuka mantenía la cabeza gacha, avergonzada. Pero también meditabunda. No obstante se vio interrumpida al momento de que su amiga le aventara un delantal en la cabeza. Desconcertada, la alemana recogió la prenda del piso e interrogó con la mirada a la chiquilla que se lo había arrojado.
—Póntelo— le ordenó en su característico tono de "representante de la clase" (ó "inn-cho", cómo se les conoce en el Japón) —Tú también le vas a obsequiar algo hecho por ti misma a esa persona tan especial para ti, en esta Navidad…
Como tantas otras veces lo había hecho, Misato quiso hacerse la disimulada y fingir que no había visto a Kaji una vez que pasó incidentalmente a su lado por uno de los largos corredores del Geofrente. Y como tantas otras veces, Ryoji no quiso que aquello lo desalentara y se apuró a darle alcance a la Mayor Katsuragi, quien hacía una rabieta interna por la mala suerte que tenía al habérselo topado.
—Vaya, vaya— musitó el sujeto a manera de saludo, luchando por llamar la atención de aquella hermosa mujer que apuraba el paso —Parece que alguien me ha estado evitando las últimas semanas… ¿me pregunto porqué será?
Y en efecto, si antes sus tratos no eran del todo cordiales, a raíz del descubrimiento que ambos hicieron tras "La Puerta del Cielo" éstos se habían vuelto del todo nulos, situación propiciada en gran parte por Katsuragi.
—Será porque alguien no quiere tener nada que ver contigo ni tus negocios turbios— puntualizó la Mayor, sin siquiera voltear a verlo.
—Al escuchar eso, de ti, se rompe mi corazón— contestó él, tan socarrón como siempre, y más aún, satisfecho al notar que aún había cierta posibilidad de diálogo —Y yo que compré esta botella tan cara de champagne para poder pasar juntos la Nochebuena…
—Pues que te aproveche, tendrás que conseguir a alguien más para compartirla. Tratándose de ti, no creo que sea mucho problema— dijo Misato, tajante, sin ceder un ápice. Ó por lo menos eso era lo que creía —Yo ahorita no estoy de humor para fiestas… y si me disculpas, me dirigía al hospital, así que con tu permiso…
—Por más que lo intentes, no puedes protegerlo de lo que no conoces, Mayor— pronunció Kaji a sus espaldas, al momento en que la mujer tomaba su elevador, despojando a sus palabras de todo cinismo y toda charlatanería.
—¿De qué estás hablando?— preguntó entonces Katsuragi, deteniendo el elevador. Lo que la alarmaba más era la seriedad de su acompañante, la cual sabía muy bien era rara en él y sólo se presentaba cuando algo de veras le preocupaba —¿Qué es lo que sabes tú?
—No mucho, casi lo mismo que tú— admitió el sujeto, en parte contento porque Misato volviera a interesarse en lo que tuviera que decir —Averiguarlo es parte de mis "negocios turbios"… pero lo que sí está comprobado es que hay ciertos poderes… personas muy peligrosas… que tienen puesta su atención en Zeta y en su piloto… y algunas de sus facciones más radicales no lo contemplan con muy buenos ojos…
—¿Porqué estás diciéndome todo esto? ¿Qué estás pensando hacer?
—Porque quiero que tengas cuidado. Porque es tu deber cuidar a ese muchacho, Misato— aclaró Ryoji, con la vista perdida —Y mi deber es cuidarlos a ambos… no dejaré que nada los lastime, te lo prometo… pase lo que pase, cuidaré a tu familia… a tu felicidad. Es una promesa.
—Kaji… no entiendo— pronunció dificultosamente la mujer, casi balbuceando.
—Conserva la botella, es tu regalo— una sonrisa melancólica se asomó al rostro de su antiguo amante en tanto que ponía en sus brazos el vino y la empujaba al interior del elevador, para despedirse de ella mientras que las puertas se cerraban —Feliz Navidad…
Las puertas cerraron y ahora, sola en el elevador que ascendía la superficie, Misato lidiaba con el nudo en su garganta y en su estómago. ¿Qué había sido todo eso? ¿Sobre qué la había querido advertir? ¡Maldito Kaji! ¡Cuánto lo detestaba! Si sabía algo, ¿porqué no podía decírselo simple y llanamente, sin rodeos ni misterios? Por si no fuera suficiente con Kai, ahora aquél desgraciado se sumaba a la lista de sus preocupaciones. ¡Maldito sea! Aunque lo presentía de cierta manera, ella no podía saber en esos momentos que pasaría algún tiempo hasta que volviera a saber de aquél sujeto.
Sus reflexiones fueron cortadas de tajo por el tono de su celular llamando. Haciendo malabares con la botella y su bolsa fue que consiguió contestar el aparato:
—¿Bueno? Sí, soy yo… ¡¿Qué?! ¿Está hablando en serio? ¡¿Cómo es eso posible?! ¡Bastardos inútiles, buenos para nada! ¡Enseguida voy para allá!
Colgó rabiosa, para entonces jalar de sus cabellos, desesperada.
—¡Ese maldito chiquillo endemoniado! ¡Juro que lo mataré en cuanto lo encuentre! Así por lo menos sabré donde está todo el tiempo…
—Brrrrr… no sé porqué, pero de un de repente sentí un escalofrío canijo por toda la espina— musitó Kai, frotándose con ambos brazos.
—Te digo que es mejor que te regreses al hospital— contestó Kenji, a su lado —Dudo que a la Mayor Katsuragi le vaya a hacer mucha gracia que te hayas salido antes de que te dieran de alta… además, sólo falta verte para saber que necesitas descansar… ¡Estás hecho un asco, tipo!
En efecto, Rivera ya tan sólo era una ruina de sí mismo. Cansado, ojeroso, delgado y desarrapado, se sostenía difícilmente en sus muletas y con tanto vendaje encima parecía ser parte de alguna exhibición del antiguo Egipto.
—No tengo tiempo que perder— masculló el joven Katsuragi, sumergiéndose en una montaña de hojas con datos y reportes, desentendiéndose del asunto —Los tres días que estuve noqueado fueron todo el descanso que me puedo permitir. Las posiciones al sur del Mediterráneo están sostenidas con alfileres y se requiere de mucho poder para mantenerlas en su lugar…
—¡Quién lo fuera a pensar! ¡Tan sólo escúchate!— exclamo su subordinado, entre atónito y divertido —¡Ya suenas como todo un soldadito, Teniente!
—No me estés jodiendo— repuso el muchacho de mala gana, avergonzado pues Takashi tenía toda la razón —Muchas vidas dependen de que Zeta vuelva a estar en pie cuanto antes.
—Daremos lo mejor de nosotros, pero aún así está difícil— acotó el técnico japonés con la seriedad inherente en él en lo que al trabajo se refería, observando a lo lejos el arduo proceso de reparación del vapuleado Eva Z, en el que todos los empleados de la División trabajaban afanosamente —Por lo pronto es seguro que pasaremos aquí Navidad y Año Nuevo…
—Lamento escuchar eso— contestó el chiquillo, apesadumbrado. Últimamente sólo le causaba molestias a la gente que lo rodeaba.
—El trabajo es el trabajo, no te apures— Kenji se apresuró a responder —No siempre nos la podemos pasar de fiesta… que por cierto, hubo varias mientras no estabas, ¿lo sabías?
—No…— musitó, desinflándose aún más de lo que ya estaba.
—Ah… de todos modos… no fueron la gran cosa, a decir verdad… además— Takashi divagaba en su intento por enmendar los rumbos de la conversación —¡Eso no importa! La verdad es que la primera vez que vi a Zeta cuando llegó, casi me muero del susto. Nunca me imaginé que lo vería en ese estado. Y es que, ¿qué poder en la Tierra podría ser capaz de dañar semejante máquina de esa manera?
—Es una de las cosas que tengo que averiguar antes de volver a irme…
—Lo bueno es que parece ser que lo peor ya pasó, ¿no crees?
Obviamente Kenji hablaba sólo por hablar, o por hacerlo sentir mejor, pero de cualquier manera Kai estaba muy consciente de que lejos de haber terminado, lo peor apenas estaba por llegar. Fue por eso que decidió pasar por alto semejante impertinencia y concentrarse en el trabajo.
No obstante, vio interrumpida su labor por el ruido que provocaba un par de risas femeninas un nivel más debajo de donde estaba. Al asomarse un poco por el barandal frente a él pudo ver que se trataba de Sakura y la nueva piloto, Sophia, quienes parecían enfrascadas en una conversación bastante entretenida dado el tono y los gestos que compartían. Pese a que no podía escuchar la plática ésta pareció interesarle en sobremasía, pero particularmente Sophia era quien llamaba su atención.
—Mira a esas dos— comentó Kenji, a sus espaldas —¿A poco no se ven tiernas platicando de esa manera?
—A mí me cuesta trabajo creer que esa muchacha sea la misma Sophia Neuville que conocí en Nevada— respondió Katsuragi —¿Y qué se supone que está haciendo aquí?
—Vino a pedirle a Sakura una receta para un pastel de Navidad… esas dos se llevan de maravilla, ¿sabías? Bueno, de hecho Sophie-chan se lleva muy bien con todo mundo, la chiquilla es un derroche de simpatía…
—No me refería a eso… quiero decir que si acaso le permiten que esté husmeando en este lugar cuando le plazca, donde se le antoje…
—Pues… ¡por supuesto!— Takashi lucía contrariado por tal cuestionamiento —Igual que todos los demás pilotos, cuenta con autorización para estar en esta área… ¿es que acaso no debería tenerla?
Mientras tanto, ignorantes de la expectación que provocaban un piso más arriba, las dos féminas parecieron dar por terminada su conversación, despidiéndose ambas con un afectuoso abrazo para que entonces cada quien tomara su camino. Mientras Sakura se dirigía al interior del hangar Neuville se encaminaba en dirección contraria para salir de allí, cuando aparentemente se percató de que era vigilada. Las miradas de los dos jóvenes chocaron en ese instante, y fue entonces que Rivera pudo reconocer cierto rasgo de la muchacha en sus recuerdos, al sentir su fiera mirada atravesarlo como un cuchillo bien afilado. Dicha hostilidad, inexplicable para una jovencita de su edad, era el atributo con el que más la identificaba.
—No, está bien… es sólo que… no me siento muy cómodo sabiendo que puede ir y venir cuando le pegue la gana— musitó Kai —No sé por qué, pero hay algo en ella que me da mala espina…
Estaban en esas cuando Maya arribó a cobrarles una visita. En cuanto la vio cruzar por el umbral de la puerta, Kenji se fue alejando de manera discreta y casual, aunque no lo suficiente como para que la joven técnica se percatara de sus intenciones. No le quedó más remedio que suspirar, resignada, abrazando el legajo de documentos y discos de datos que llevaba consigo. Ya se había hecho a la idea de que algo así sucedería cuando llegara. Era por eso que la mayor parte del tiempo evitaba ir a esa parte en específico del complejo de NERV.
—¡Hola Kai! Aquí te manda la Doctora Akagi el resultado de los análisis que MAGI hizo a las muestras que trajiste— Ibuki no perdió tiempo en formalidades y fue directo al grano desde un principio. Así podría irse de ese sitio lo antes posible, pues la situación también era bastante incómoda para ella.
—¡Eso fue rápido!— observó el muchacho cuando le hacían entrega de todos los documentos, ávido por devorar su contenido —Muchas gracias, Maya, y también por la molestia de traerlos hasta acá… pudiste mandarlos por la red, de cualquier forma…— nada tonto, Rivera estaba al tanto de lo que sucedía en su entorno.
—La doctora insistió en que trajera los resultados personalmente, estaba muy intrigada con ellos y quería saber de inmediato tu impresión sobre ellos— aclaró a la vez que parecía estar excusándolo —Todas estas muestras con las que llegaste son un material bastante peculiar. Al principio no teníamos idea, pero los análisis que les hicimos han abierto todo un nuevo horizonte en nuestra investigación. Nunca imaginé que pudieran estar vinculados a nuestro trabajo de alguna manera, pero así fue… supongo que eso hizo que las cosas fueran un poco más fáciles…
Pese a que el cadáver de la criatura que había derrotado fue convenientemente reducido a la nada por el ser en llamas que después lo atacó, Kai había descubierto que algunos tejidos habían quedado entre los nudillos del Eva Z, los suficientes como para tomar unas muestras y aplicarles los consecuentes análisis, además de todas las mediciones y datos que había recabado con el equipo de cabina.
—Ya me lo sospechaba, con lo poco que pude dilucidar mientras estaba en la Fuerza Expedicionaria— añadió el joven Katsuragi, ojeando los resultados en sus manos —¿Qué es esto del "Código Rojo"?
—Fue de esa manera que MAGI designó al padrón genético de la criatura, para su identificación— señaló Ibuki —Dado que todas las lecturas resultaron ser diametralmente opuestas a la de los Ángeles… pero observa esto, es lo más interesante de todo lo que descubrimos… apenas si podíamos creerlo, allí en el laboratorio… una longitud de onda que anula el Campo A.T. ¿Puedes creerlo? ¡Una especie de Anti-Campo A.T.! ¡Esto era lo que todo mundo buscaba hace quince años! ¡Y ahora nos llega justo en las narices, cuando hemos dejado de buscarlo! Irónico, ¿no crees? Todos estamos muy emocionados con estos datos, tenemos a nuestras mejores mentes trabajando en una forma de duplicar el efecto…
Rivera ya no estaba escuchándola, sin importarle estar siendo descortés. Aquél descubrimiento también lo había dejado atónito, pero al mismo tiempo aclaraba muchas cosas para él. ¡Un Anti-Campo A.T.! ¡Pero por supuesto! ¡Por eso ninguno de sus ataques con Campo A.T. funcionó en esos bichos! ¡Diablos!
—Ahora que lo pienso— Maya continuaba hablando, sólo que para entonces el chiquillo volvía a prestarle atención —Es bastante curioso… todo nos indica que lo que sea con lo que te hayas enfrentado en el Mediterráneo, es todo lo contrario a un Ángel, ¿cierto? Pero entonces, y según recuerdo, en la tradición religiosa lo contrario a los ángeles eran…
—¿Demonios?— completó Katsuragi, palideciendo.
—Suena lógico, ¿verdad?— por su parte Ibuki lucía despreocupada, interesada en cuestiones más prácticas del asunto —Yo también creo que así es como deberíamos llamarles de ahora en adelante… algún día tendremos que ponerles un nombre, y no puedo pensar en uno mejor que ese…
—Puedes quedarte con el crédito si quieres, Maya— respondió Kai mientras le pasaba otro legajo de documentos —Aquí tienes mis primeras observaciones, puedes decirle a la Doctora Akagi que le mandaré un reporte más completo una vez que revise los resultados con más detenimiento. Mientras tanto, señalé algunos puntos que quisiera que MAGI se enfocara a determinar…
—De acuerdo, entonces lo mejor será que vuelva a mi puesto cuanto antes, aún queda mucho por hacer antes de que se acabe el turno— pronunció la joven técnica, aprestándose a retirarse del lugar —Por cierto, Kai, ¿no crees que deberías tomarte la noche libre para ir a casa? Así como estás, una ducha no te caería nada mal. No es por ofender, amigo, pero la verdad es que… apestas…— sentenció ella, tapándose la nariz para dar mayor realce a sus palabras.
El chiquillo lucía contrariado con la revelación, y apenas si atinó a decir torpemente:
—¿De veras?— pronunció avergonzado, a la vez que levantaba su camisola del hospital para olfatear su rancio hedor corporal.
"¿Qué es lo que estoy haciendo?"
Se preguntaba Rei a sí misma, sin dejar de lado su labor por aquella incógnita. Sola en aquella ratonera en la que vivía, como siempre, se sorprendía a sí misma en una tarea cuyo propósito ó utilidad le eran desconocidos. Y pese a ello, aún no cesaba en su inexplicable afán. Seguía trabajando, inmersa en una especie de trance, tal y como hacía muchas otras actividades durante el día. Gran parte de su vida había transcurrido en dicho estado, actuando por mero reflejo.
Cosía. Algo que había aprendido desde su infancia temprana, en la época que vivía enclaustrada, rodeada de veladoras, crucifijos y demás imágenes religiosas. Una de las tantas otras cosas que las monjas le habían enseñado, pero que no realizaba desde hace mucho tiempo. Desde que había regresado al Japón con el Comandante Ikari, sepultando su asfixiante pasado. Renegaba de las creencias que le fueron impuestas, así como de todo lo demás que pertenecía a aquella antigua vida a la que había decidido olvidar, darle la espalda. Y aún así, hela allí, cosiendo afanosamente a mano como si aún tuviera a la Madre Dolores a sus espaldas, supervisando su labor; y sin siquiera darse cuenta cuándo o porqué había comenzado.
Ya desde aquél entonces sus "hermanas" le habían advertido de lo débil que era el lazo que unía su alma a su cuerpo, comparándolo con el del resto de las demás personas. Puede que su presencia física estuviera a salvo dentro de los muros del convento, cumpliendo puntualmente sus deberes. Pero su alma flotaba allá a lo lejos, vagando libremente por territorios ajenos e inexplorados. Temían que llegaría el día en que ésta ya no volvería, perdiéndose en el infinito para siempre mientras que dejaba atrás, olvidada, su cáscara terrenal. Así pues, entre punto y punto, sin detenerse jamás, la pregunta seguía siendo la misma de hace varias horas:
¿Qué estoy haciendo…? ¿Pues qué mas? Escuchando a la voz de tu corazón. ¿Mi corazón? Así es, atiendes sus anhelos más profundos. ¿Por qué? Porque de esa manera encontrarás aquello que has perdido, aquello que tanto has buscado. ¿Qué estoy buscando? Aquello sin lo cual eres un ser incompleto, imperfecto. Llamas por él en un grito ahogado, esperando a que alguien responda, esperando poder encontrarlo. Esperando, siempre esperando… ¿Por qué siempre estoy esperando? Por encontrar la respuesta… Respuesta… ¿Respuesta a qué? Al significado de tu existencia…
Con más de treinta niveles de profundidad en su haber, el elevador sencillamente se convertía en una herramienta primordial en el Geofrente, sin la cual colapsaría. Pero su importancia no radicaba solamente en el transporte de personal. También constituía un punto de encuentro bastante común entre los empleados. Aunque en muchas ocasiones, dichos encuentros no resultaban del todo agradables, tal y como lo constató Sophia al abrirse sus puertas y encontrarse cara a cara con Kai Rivera.
El sentimiento de repulsión mutua fue instantáneo, al sólo contacto de la mirada. Estuvo muy tentada a no subir y esperar al siguiente, pero a fin de cuentas la prisa que llevaba le impidió hacerlo, lo cual hubiera sido lo más prudente. Terminó por subir al condenado elevador, optando por ignorar a su acompañante y pensar en cosas felices para hacer el trayecto más llevadero.
No había transcurrido ni un minuto cuando se percató que aquello resultaría imposible. El silencio en sí mismo constituía una fuente más de abundante incomodidad. Eso sin contar la horripilante, nauseabunda sensación que le daba el tener los ojos de ese bicho fijos en su espalda, recorriéndola de pies a cabeza, deteniéndose en su trasero… ¡Qué horror!
—Y… ¿qué te ha parecido Japón, hasta ahora?— preguntó el joven Katsuragi con mucha dificultad, tanto por el esfuerzo que tenía que hacer para mantenerse en pie y porque el silencio también le estaba resultando terriblemente incómodo. Baste aclarar que su vista estaba fija en el techo del elevador y que jamás se había posado en las posaderas de su compañera.
—De maravilla, hasta hace poco…— respondió la joven de largo cabello negro, sin voltear a verlo —Supongo que siempre debe haber algo malo con cualquier lugar…
—Ya lo creo— contestó Rivera, cansado, pasando de la indirecta —Pero así es esta vida, muchas veces se tiene que aprender a lidiar con situaciones en las que no se está a gusto, cuando no hay más remedio.
—Supongo que las personas a tu alrededor saben de eso, ¿no?
—Puede que sí— una vez más volvía a esquivar la embestida —¿Y cómo está Mana, por cierto? ¿Has tenido noticias suyas?
—Se encuentra mucho mejor ahora que no tiene que estar pensando a todas horas en un patán insensible…
Al volver a escuchar otra agresión en su contra Kai suspiró profundamente. En su expresión no había otra cosa que cansancio.
—No es sólo por eso que estás tan enojada conmigo, ¿cierto? Por más que lo intento, no puedo recordar haberte hecho algo que justifique el resentimiento que me tienes…
La jovencita calló, luchando por contenerse, para no asestarle un buen puñetazo en pleno rostro a ese farsante. Lo consiguió. Pudo más la buena voluntad de la época y que en tales momentos y circunstancias no podía darse el lujo de pelear con aquella bestia.
—La verdad es que tú tampoco eres mi persona favorita— continuó Rivera —Pero tal parece que de ahora en adelante tendremos que pasar bastante tiempo juntos, así que lo mejor será tratar de llevar la fiesta en paz, ¿de acuerdo?
—¿Qué quieres decir?
—¿Aún no has recibido tus órdenes?— preguntó consternado, para luego responderse a sí mismo: —Ah, es cierto, soy yo quien debe dártelas… pues resulta que en cuanto Zeta esté completamente reparado tendré que volver al frente… y tú y Beta vendrán conmigo…
Neuville volvió a quedarse callada, con la cabeza gacha.
—Allá afuera la cosa está muy difícil y te guste ó no sólo nos tendremos a nosotros mismos… no habrá nadie más en quien puedas confiar, créeme… por eso, si es que queremos sobrevivir a toda esta locura lo mejor es que nos empecemos a llevar mejor, ¿no crees?— le dijo mientras le tendía su mano.
—A diferencia tuya, yo sí soy una soldado bien entrenada y también sé lo que tengo que hacer— por primera vez en toda la conversación Sophia se volvía para encararlo, con aquella mirada tan hostil que siempre le dedicaba al muchacho —Cumpliré con todos mis deberes, aún si implica que tenga que pelear a tu lado… pero lo que nunca haré será darle la mano a un bastardo apestoso como tú…
Nunca antes Rivera había agradecido tanto la intervención del destino como aquella vez en la que las puertas del ascensor se abrieron de par en par, habiendo concluido su largo y angustiante trayecto. Por fin estaban en el primer nivel. La joven no tuvo la atención de esperar a que su lastimado acompañante saliera del cubículo, tan sólo despidiéndose con un sarcasmo más:
—Hasta luego, Teniente… tenga cuidado en el camino a casa…
Y sin más, se fue. Kai en cambio tardó un poco más en salir del aparato, pero una vez fuera, se hizo una observación:
—Apestoso… hasta ella lo notó… tal parece que sí necesito ese baño, después de todo… y encima de todo la condenada ni siquiera me deseó feliz Navidad…
Ya para esas horas, en aquella Víspera de Navidad, no había mucha actividad en el Geofrente, con la consabida excepción de la División de las Naciones Unidas. Dado el prolongado tiempo de paz que se había adueñado de la ciudad desde hace un par de meses, los altos mando de la agencia no tuvieron mayor empacho en permitir que gran parte del personal, salvo el verdaderamente indispensable, se tomara el día libre para disfrutarlo con los seres queridos. Y era por ello que Gendo y Ritsuko podían trabajar tranquilamente, tal y como lo estaban haciendo en aquellos momentos.
—En verdad le agradezco mucho su ayuda en esto, Doctora— le decía el comandante a sus espaldas, estando ella sentada frente a una consola, programando comandos a gran velocidad —A pesar de la fecha que es hoy… espero no estar interrumpiendo nada importante…
—Para nada— se apuró a contestar Akagi —Lo único que me espera en casa son un par de gatos, Comandante Ikari, y se las arreglarán bien sin mí… usted, por otra parte…
—Tiene toda la razón… no sé que haría si no estuviera aquí— respondió Ikari, sardónico.
—Está listo— anunció cuando se hacía a un lado para dejarle ver a su acompañante la pantalla del aparato —Con esto debería ser suficiente…
—Quedará perfecto con esto— pronunció Gendo, sumamente satisfecho con la labor de la científica —Su ayuda me ha sido de mucha utilidad, doctora…
—Si acaso usted me lo permitiera, podría ayudarle en muchas otras cosas… Comandante Ikari…
Gendo tan sólo arqueó una ceja ante aquellas palabras de la mujer, para luego sonreír con malicia mientras se cruzaba de brazos.
Sola en casa con el pingüino. Aquella Navidad no podía ser más deprimente. Asuka había sido llevada al hospital casi a rastras, tan sólo para encontrarse que Kai se había fugado de allí. Quiso creer que estaría descansando en casa, pero tampoco fue así. Seguramente que estaría en el cuartel, en ese caso. Zeta necesitaba ser reparado con urgencia, así que lo más probable es que estaría en el hangar, trabajando en ello. ¿Verdad? No es como si estuviera pasando ese día tan especial con alguien más, ¿cierto? Sobre todo con cierta flacucha mosca muerta de ojos rojos. No, claro que no. Pero… ¿y qué tal si…? ¡Basta! Hikari tenía razón. Esos celos suyos estaban fuera de control. No había razón alguna para desconfiar de Kai ni para temerle a cualquier otra pelafustana que quisiera arrebatárselo. Mucho menos a la lela de Ayanami. Ahora por lo único que se tenía que preocupar era por confortar a su novio y ayudarlo en esos momentos tan difíciles. Estar a su lado para que nunca se sintiera desamparado. Eso era lo que tenía que hacer.
Mientras tanto, Pen-Pen, su única compañía en la casa, la observaba desde el otro extremo del departamento, confundido. Al darse cuenta de que era vigilada, la joven rubia se decidió por distraerse un rato mientras se daba ánimos para ir al Geofrente, para lo que llamó al ave para jugar con él, cosa rara en ella:
—¡Ven, Pen-Pen!— dijo al ponerse en cuclillas, aplaudiendo para llamar la atención del animal —¡Aquí, pingüinito! ¿No quieres jugar?
El pajarraco titubeó por momentos, indeciso, pero finalmente optó por escapar aterrorizado, refugiándose en su nevera. Aquello fue el colmo para la muchachita europea. Hasta ese estúpido bodoque relleno de plumas la dejaba sola.
No pudo seguir compadeciéndose pues el timbre de la puerta, presionado varias veces, la interrumpió. ¡Maldito Shinji! ¿Por qué carajos nunca se llevaba las llaves?
—¡¿Acaso crees que soy tu portera ó por qué siempre tengo que estarte abriendo, tarado?!— rugió la muchacha apenas abrió la puerta, viendo una vez más en el joven Ikari algo en lo cual desquitar su frustración.
—Ah… perdón por eso… es que no me llevé las llaves cuando me fui y…— balbuceó Kai en el quicio de la puerta, aturdido por el regaño —No pensé que…
Langley palideció al ver la maltrecha figura de su novio en lugar de la de su atolondrado compañero, sintiéndose todavía más avergonzada al contemplar su expresión fatigada.
—…¡Kai!...— apenas si acertó a exclamar, haciéndose a un lado para dejarlo pasar al interior del apartamento —¡Perdón, perdón! ¡Pensé que era el inútil de Shinji, tienes que perdonarme! Yo… yo…
Por su parte Rivera estaba más entretenido en echar un vistazo, recorriendo con mirada nostálgica su hogar. El añorado hogar, del que había estado ausente apenas un mes. Pero para él cada día lejos fue como un año transcurrido.
—La casa se ve más grande— observó el muchacho, que de haber podido de buena gana se hubiera tirado al piso a llorar de felicidad. Pero no podía —Cambiaron el acomodo de los muebles en la sala, ¿verdad?
—Sí… Hikari me prestó el otro día una revista donde salían consejos de feng-shui para acomodar los interiores… últimamente no he tenido mucho que hacer…
Si acaso alguien los hubiera visto de lejos jamás hubiera pensado que aquellos dos fueran pareja, dado el trato ajeno con el que se dirigían, además de la tirantez de la situación.
—Y… ¿cómo han estado las cosas por aquí?
—Muy aburridas, más que de costumbre… pero… ¿tú cómo te sientes? ¿No crees que deberías pasar unos días más en el hospital?
—No, no le veo el caso. Me siento mucho mejor ahora. Además hay mucho por hacer, no tengo tiempo para estar echadote en una cama de hospital. De hecho tan sólo vine para echarme un regaderazo y por un cambio de ropa…
El eco que hacían sus muletas al dirigirse a su cuarto fue el único sonido que pudo escucharse entonces. Asuka permanecía de pie en su lugar, vacilante, observando un envoltorio debajo del arbolito navideño de plástico que estaba debajo de la mesita de centro. También quería ofrecerle su ayuda… pero algo se lo impedía. Por otro lado, Kai se detuvo en seco antes de abrir la puerta del cuarto.
—Perdón por lo que pasó cuando llegué— musitó el muchacho, cabizbajo —No recuerdo muy bien qué fue lo que pasó, pero sí sé que debiste desilusionarte… perdóname por ser tan debilucho… no pude regresar de una pieza…
—¡No! No digas eso, nada fue tu culpa— contestó Langley con la voz quebrada —Fui una tonta, me emocioné de más. No me di cuenta de lo lastimado que estabas… en ese momento sólo pensé en mí y por eso terminé lastimándote más… es sólo que yo… yo te extrañé muchísimo, todo este tiempo… ¿porqué nunca llamaste, tonto? Ni siquiera un maldito e-mail para saludar… nada… me empecé a imaginar cosas…
—Lo siento. No tenía permitido comunicarme al exterior. Asuntos de Inteligencia Militar ó algo por el estilo, qué se yo— respondió Katsuragi, rascándose la nuca —Pero… yo también te extrañé mucho…
Con pasos torpes e inseguros la jovencita fue a su encuentro, para al cabo de unos momentos ser recibida con los brazos abiertos, igual de temerosos y vacilantes que ella. El abrazo pudo ser cualquier cosa, menos afectuoso. La pareja parecían dos absolutos desconocidos a los que las circunstancias obligaban a acercarse de aquella manera. Después de tanto tiempo sin haberse visto, sin haber hablado… ¿y era todo lo que podían hacer ahora que finalmente estaban juntos? ¿Qué había entre los dos que les impedía estar del todo juntos? Aunque había una muy buena razón para que, por lo menos Asuka, guardara cierta distancia. Y así se lo hizo saber su acompañante:
—Ya lo sé, ya lo sé— masculló Kai, haciéndose a un lado —Apesto, no tienes que decírmelo… por eso necesito tanto ese baño…
El muchacho entró sin más al cuarto de baño, dejando afuera a la adorable rubia. Ella volvió la mirada una vez más hacia el raquítico árbol de Navidad que Misato se había sacado en una rifa. Se hizo del envoltorio adornado con un listón que había bajo sus ramas plastificadas, mientras renegaba de su indecisión pateando el piso.
—¡Pero qué estúpida soy!
Por otro lado, mientras que lidiaba con los pormenores esperados de tener que desvestirse y bañarse con tanto vendaje encima, el semblante de Rivera lucía todavía más abatido, y no tanto por el esfuerzo físico:
—Así que tú tampoco pudiste entenderlo— murmuró apesadumbrado, una vez que completó la faena de quitarse la camisa de encima —Esto que traigo en mí, que me está devorando por dentro…
En lo que ya se le había hecho un hábito (ó vicio) a lo largo de su corta vida, Shinji estaba desorientado, indeciso sobre su proceder. ¿Había hecho bien en ir a ese lugar? ¿Qué esperaba lograr ahí, de cualquier manera? Además no había que olvidar qué día era ese. Si acaso había algo que odiara más que la Navidad, eso era tener que salir en Navidad. La festividad hacía algo con la gente, embriagaba de felicidad a todo mundo. Tantas personas bienintencionadas, todas luciendo esos estúpidos rostros alegres en compañía de aquellos a los que amaban, y deseándole lo mejor a cualquier hijo de vecino con el que se cruzaran, tan sólo le recordaban lo desdichado que era en comparación. Y no había modo en que necesitara que alguien se lo restregara en la cara. Para eso se tenía a sí mismo.
Miraba con ojos de envidia a toda aquella linda gente desfilando a su alrededor, todos tan felices, todos con su expresión idiota que parecía ser indeleble de sus caras… todos lo evitaban. Hacían hasta lo imposible por no voltear a ver a aquél desdichado paria antisocial, a aquél enfermizo chiquillo introvertido que con su semblante depresivo ensuciaba la brillantez de la fiesta. Para ellos era mejor hacer de cuenta que no existía. ¡Malditos! ¡Cuánto los detestaba! ¿Qué carajos estaba haciendo en ese condenado lugar, de cualquier manera? Mejor irse antes de que…
—¡SHIIIIIIIN-CHAAAAN!
Aquel grito ensordecedor, aderezado con un tono meloso, lo detuvo en seco cuando pretendía abandonar el sitio. Eso y también la forma tan brusca en que había sido tacleado, lo cual había provocado que ahora estuviera tirado en el piso.
—So… ¡¿Sophia?!— pronunció aturdido por el golpe que se llevó, teniendo a la susodicha colgada del cuello —¿Estás loca ó qué? ¡Por poquito y me matas!
—Eso te sacas por pretender dejarme plantada, gruñoncito— le contestó la chiquilla entre risas, sin soltarlo por un solo momento.
—¿Y se puede saber qué es lo que tanto te divierte?— inquirió Ikari, intrigado pero a la vez irritado por la expresión de la muchacha, pensando que estaba siendo objeto de alguna pulla.
—¡Pues que por fin pude verte enojado!— respondió ella de buena gana —¡Y te ves tan lindo cómo me lo imaginé!
El chiquillo quedó enmudecido por semejante respuesta. En efecto, era rara la ocasión en la que se permitía ese tipo de desplantes en público. La mayor parte del tiempo se la pasaba reprimiendo esas manifestaciones de sentimientos, mal vistos por los demás, precisamente por temor a despertar el rechazo de quienes lo rodeaban y con ello, sin darse cuenta, mendigar por algunos mendrugos de simpatía ajena. Era debido a eso que se le hacía tan difícil de creer que pudiera seguirle simpatizando a alguien aún estando enfadado. Pero entonces llegaba aquella chica y soltaba eso, así nada más…
—¿De veras lo piensas?— volvió a preguntarle, sin dar crédito a lo que había escuchado.
—¡Claro que sí! ¿Me estás llamando mentirosa?
—Bueno… en ese caso… muchas gracias… es la primera vez que alguien me dice algo como eso— musitó Shinji, feliz y nervioso a la vez.
Hasta entonces se daba cuenta que tenían todas las miradas de alrededor fijas sobre sí. Y cómo no iba a ser eso posible, pues los dos seguían tan tranquilamente echados en el piso del andador, en pleno centro de la ciudad, el que de forma insólita lucía bullicioso, casi como el de una ciudad de verdad. Algunos los reconocieron, pues la mayor parte de la gente que pasaba eran empleados de NERV. Otros no, pero de cualquier forma no era impedimento para que tan singular parejita fuera el blanco de su atención.
—…la juventud de estos tiempos…
—…¡qué descaro!...
—…parece que alguien va a tener una muy feliz Navidad, esta noche…
—…se gustan y no son novios, se gustan y no son novios…
—…se ven bastante cómodos, a decir verdad…
—… ¡No los veas, Kana-chan!...
—… ¿qué no son…?
—…sí, sí son…
—… ¡no lo sabía!...
—…ni yo…
—… ¿desde cuando?...
—… ¿tan pronto?...
—…no tiene ni un mes que llegó y ya anda en esos pasos…
—…así son los jóvenes de ahora…
—…tienen que vivir con toda clase de excesos…
—… ¿qué tiene ese flacucho que no tenga yo?...
—…pues quién fuera ellos…
—… ¡sinvergüenzas!...
—…tener otra vez esa edad…
—…yo no lo creo…
—…sí, tener quince es un asco…
Sophia pasaba de semejantes comentarios con relativa facilidad. Los cuchicheos de gente ociosa no podían alcanzarla jamás. Pero con Shinji era punto y aparte, tan sólo bastaba con ver su expresión para saberlo.
—¿Quizás deberíamos ir a un lugar con menos gente?— propuso ella gentilmente.
—Conozco el lugar perfecto— respondió Ikari al cabo de unos momentos.
El crepúsculo se dibujaba en todo el horizonte, pintando el lienzo del firmamento con cálidos tonos anaranjados y rojizos. Completaba la composición, haciéndola casi perfecta, la sombra que proyectaban los edificios y las lucecitas que se iban encendiendo de una en una, salpicando las moles de concreto y metal como un enjambre de luciérnagas, en una ciudad enfiestada que se preparaba para la noche. Semejante vista invitaba al descanso, a la reflexión. Y también al asombro.
—¡Qué hermoso!— pronunció Sophia, extasiada.
—La mejor vista de la ciudad, te lo aseguro— dijo Shinji por su parte —Aunque es mucho mejor cuando los edificios comienzan a levantarse del piso… es algo increíble… pero sólo pasa justo después de un ataque, cuando se revoca el estado de emergencia en la ciudad.
—Me gustaría mucho poder verlo… contigo…
—A mí también— contestó el muchacho, sonriéndole.
Miraban embelesados el panorama a la vez que degustaban el pastel de Navidad que Sophia había hecho para la ocasión, tendidos en el mismo mirador a donde Misato lo había llevado recién que había llegado a la ciudad. Era la ciudad que él mismo había salvado, le había dicho. La ciudad que tanto luchaba por defender. Pero para ser sinceros, nunca tomó esas palabras en serio. Sólo un estúpido como Kai tomaría en serio semejante cursilería. No, si Shinji pilotaba, y a esas alturas podía reconocerlo cabalmente, era por ganarse la aceptación de las personas, aún cuando fuera su pellejo de por medio. Ya fuera la de su padre, la de Misato, Ayanami, Asuka e inclusive la del mismo Kai, en cierto nivel, cada vez que se trepaba en ese robot monstruoso a jugarse la vida lo hacía buscando la aceptación de todos ellos. Ser piloto de Eva era la única manera en la que podía obtener aprecio y reconocimiento de los demás. Aparentemente era lo único que podía hacer bien. Tales eran sus convicciones para acceder a participar en ese juego demente por la supervivencia de la raza humana. Y por un tiempo le había bastado con eso. Pero aún así… aún así…
"…ella sigue rechazándome…"
¿Por qué? ¿Por qué nunca podría ser lo suficientemente bueno para ella? Por más que tratara y tratara nunca podía alcanzar su corazón. ¿Qué tengo que hacer para que por fin me aceptes? ¿Ó es que nunca lo harás? El mundo entero podría irse al demonio, y aún así tú seguirías…
—¿Sigues pensando en lo que pasó con Langley?
Aquella pregunta salida de la nada lo tomó por sorpresa, tanto por lo repentina como por lo acertada que era. El muchacho se trabó, sin encontrar palabras para contestar.
—Ya no te tortures— siguió ella —Tú hiciste lo correcto. No hay nada malo contigo. Ella es la del problema, no tú…
—Es sólo que… yo… yo siempre me preocupo tanto por ella…— finalmente Shinji pudo articular enunciados, aún cuando fuera de manera entrecortado —Y aún así, ella continúa despreciándome… ¡ya no lo soporto!
—Entonces deja de permitirlo. Deja de permitir que esa persona te siga lastimando. Tan sólo déjala ir… de esa manera ya no podrá hacerte daño…
—No lo entiendo… creo que nunca lo entenderé… ¿qué fue lo que hice mal?
—Nada. Tan sólo fijarte en una persona que no valía la pena. Una persona ciega y estúpida que no pudo ver la maravillosa persona que tenía frente a sí…
—Todo es su culpa… siempre ha sido su culpa…
—¿Quién?
—Todo sería tan diferente, de no ser por él… ¡Si tan sólo él no estuviera por aquí! ¡Si tan sólo él no existiera…!
—¿Quién?
—¡Kai! ¡Siempre ha sido él! ¡Humillándome frente a todos! ¡Haciéndome lucir como un idiota! Todo estaba tan bien sin él, pero en cuanto llega todo vuelve a ser "Kai esto, Kai lo otro…" ¡Me enferma la manera en la que todo siempre tiene que girar en torno a él! Cómo… Cómo…
—Vamos, ya casi lo logras. Sólo dilo. Di lo que sientes… ¡Dilo!
—¡Cómo lo detesto! ¡Lo odio! ¡Tan sólo quiero que se muera! ¡El desgraciado hijo de perra! ¡QUIERO QUE SE MUERA!
Bueno, aquello había sido perturbador… horriblemente perturbador. Pero también resultó ser un ejercicio por demás estimulante, desembarazarse de esos sentimientos que llevaba cargando desde hace tanto tiempo. El muchacho jadeaba, eufórico. Se sentía liberado y extrañamente ligero. No estaba del todo seguro si debía reír o llorar por aquella emoción que llenaba su ser como una maravillosa droga corriendo por sus venas.
—Se siente bien, ¿verdad?— preguntó Sophia, a su lado —Dejarte de poses y sacar a la luz tus verdaderos sentimientos…
Ikari simplemente asintió con la cabeza, demasiado aturdido como para hablar.
—Así es mejor… ser sincero con uno mismo— continuó Neuville en tanto su compañero se reponía de la impresión —Todos tenemos algo de oscuridad en nuestro interior, supongo… nada de lo que debamos asustarnos… por el contrario, se debe aceptar esta parte de nosotros mismos… abrazarla con gusto, y sobre todo, encontrar alguna manera de desahogarla, de enfocarla. Por que si no, terminaremos siendo consumidos por ella, destruidos en el proceso…
—Nunca dejas de sorprenderme, Sophie— pronunció su compañero cuando pudo hacer uso del habla de nuevo —¿Cómo es que sabes tantas cosas?
—Puedes llamarlo mi experiencia personal… aunque la verdad es que también aprendí mucho de una gran persona que siempre ha estado a mi lado… ¡Y vaya que sus consejos me han servido! Así que de ahora en adelante, procuremos aceptarnos a nosotros mismos, con todos nuestros defectos… incluso lo malo y lo feo que haya dentro de nosotros… no demos la espalda a nuestros sentimientos, seamos sinceros con ellos… ¿te parece?
—Pero…¿qué si las personas llegan a temerme precisamente por esa oscuridad dentro de mí? No creo que pueda soportar esa clase de rechazo…
—¡Al diablo las personas!— repuso ella firmemente —¿Te digo algo? Desde que te vi por primera vez, con sólo mirarte a los ojos supe que eras parecido a mí… porque tú también tenías una parte mala, oculta dentro de ti… fue esa oscuridad escondida la que hizo que me gustaras tanto…
Pese a la seguridad con que hablaba, la chiquilla no pudo evitar sonrojarse al pronunciar aquellas últimas palabras, más al percatarse que tenía fija la mirada de Shinji sobre ella. En efecto, el muchacho la miraba embelesado al fragor del frenesí de emociones que experimentaba su acelerado corazón. Todo le parecía un sueño: el fantástico paisaje frente a sí, el dulce sabor en su boca del pastel del que ahora tan sólo quedaban migajas, el cielo anaranjado encima de su cabeza y aquella hermosa muchacha a su lado, que parecía ser una con el todo, con esa adorable expresión avergonzada en su rostro mientras le sonreía… aquella misma jovencita que se le acababa de declarar… era demasiado perfecto para ser verdad… como para comprobarlo, Ikari posó su mano sobre la de ella, asegurándose que no se trataba de una alucinación. Y entonces, dándole rienda suelta a sus deseos, la tomó entre sus brazos para poder besarla detenida y apasionadamente. Era un beso típico de quinceañeros. Ansioso, desenfrenado, salvaje, pero a la vez inocente, lleno de la pureza y ensueño propios del primer amor. Ya no era más una prueba, un juego. A diferencia de sus dos primeros besos, ése definitivamente era el primero que tenía con alguien que correspondía a sus sentimientos. El primero que tenía por amor. Y era precisamente eso lo que lo hacía el mejor de cuantos había tenido. Por un instante casi divino, todo el mundo, la creación entera fue borrada por completo para darles cabida tan sólo a ellos dos, para que fueran lo único que pudiera existir en ese entonces. Y era así que todo estaba bien en el mundo.
—Shinji… eso fue…— balbuceó Neuville una vez que se separaron, en tanto recuperaba el aliento —¿Qué fue… eso?
—¿No eras tú la que decía que fuera más sincero con mis sentimientos?— le contestó mientras sujetaba su mano.
La jovencita sonreía a la vez que lágrimas cristalinas rodaban por sus mejillas, sosteniendo fuertemente la mano que la sujetaba. Pese a todo, ¡finalmente sus sentimientos lo habían alcanzado! Ahora era ella quien se abalanzaba sobre su compañero para poder depositar en sus labios un tierno y prolongado beso.
—Feliz Navidad, Shinji— dijo ella una vez que terminó, con la frente recargada en la suya, sus narices rozando, sonriéndole con aire soñador.
—Feliz Navidad, Sophia…— contestó él de la misma manera.
—¡Salud!
Las tres copas chocaron entre sí al unísono, produciendo un sonido casi melódico, para que enseguida su contenido fuera descontado de un sorbo por sus portadores.
—¿Así que ese cretino no tuvo los pantalones para enfrentarte, luego de todo lo que anduvo diciendo de ti por todo el cuartel?— preguntó Makoto en tanto se servía otra tanda de cognac —No me sorprende de ese imbécil…
—¡El muy cobarde!— Shigeru estrelló su rencoroso puño en la palma de su mano, en gesto amenazante —La próxima vez que lo vea deberé darle una o dos lecciones de cómo se comporta un verdadero hombre.
—¡No, por favor, muchachos!— decía Maya por su parte, avergonzada y suplicante —No vale la pena, en serio… eso ya quedó en el pasado, tengo mejores cosas en qué preocuparme… y ustedes también, así que no quiero que anden peleando por ahí por mi culpa, ¿entienden?
Los tres técnicos compartían la mesa en casa de Ibuki, en una cena especial a la que sólo ellos estaban invitados. Al no tener familia ni pareja sentimental de momento, encontraban en sus mejores amigos la compañía idónea para pasar aquella Navidad. El pavo relleno de importación que Maya preparó con tanto esfuerzo hacía mucho que había sido despojado, así que la reunión entraba a la etapa que era animada al calor de las copas.
—¡Tú no te apures, Maya querida!— exclamó Aoba, pasándole el brazo por los hombros para sujetarla —Estoy seguro que una mujercita tan linda y simpática como tú pronto encontrará a alguien que la haga feliz…
—¡Shigeru, pero qué cosas dices! Y apenas una semana después de que rompiste con Allison— respondió la joven, un tanto aturdida por el gesto de su amigo —Si no me conocieras tanto, diría que me estás coqueteando, señor…
—Se hace lo que se puede, chaparra— le dijo en tanto paseaba su mano sobre su cabello para despeinarla.
—¿Y cuando fuiste a ese lugar pudiste ver como estaba el Eva Z?— preguntó Makoto, interrumpiendo sin querer el ambiente fraternal. Hacía ya unos días que se le veía alejado y meditabundo.
—La armadura no sufrió mayores daños, como era de esperarse— contestó Ibuki de buena gana, pero intrigada por la actitud de su amigo —Pero según supe, todos los sistemas internos se fastidiaron en el combate y deben ser reemplazados… además tú mismo viste cómo quedó el pobre Kai…
—Hablando de eso, ¿qué es lo que te sucede, cuatro ojos?— inquirió Shigeru a su vez, decidido a aclarar las cosas —Has estado muy raro desde que Kai llegó…
Hyuga vaciló por unos momentos, quedándose callado y reflexionando sus palabras antes de responderles:
—Con los Ángeles de vacaciones, últimamente he tenido mucho tiempo para pensar… en las señales que parece que el mundo nos está dando… lo que quiero decir es que… ¡tan sólo fíjense en lo que pasa a nuestro alrededor! Todos los monstruos a los que nos hemos enfrentado, todas las veces que nos hemos salvado por un pelo de la aniquilación total, todas estas guerras… y ahora, por si no fuera suficiente, el Eva Z, que se suponía era el máximo poder sobre la Tierra, es vencido y aplastado por estos nuevos bichos…
—Demonios— aclaró Maya, buscando extender el uso del nombre que les había puesto.
—¿A dónde quieres llegar, Makoto?— volvió a preguntar Aoba, para luego apurar su copa de un sorbo.
—Muchas cosas están pasando… y lo que yo me pregunto es, al ritmo al que transcurren esta clase de eventos… ¿acaso estaremos aquí el próximo año para celebrar Navidad? ¿Han pensado que ésta podría ser la última Navidad para todo mundo?
Listo. Estaba dicho. Las cartas fueron puestas sobre la mesa y ahora los tres jóvenes permanecían callados, cada quien sumergido en sus pensamientos. Hasta que Shigeru volvió a tomar la palabra:
—¡Vaya! Tal parece que nunca cambiarás, mi buen Makoto… siempre has sido así, desde que te conocí en la universidad…
—Siempre pensando en el futuro, angustiándote por un mañana que no estás seguro si llegará, ¿verdad?— dijo Ibuki por su parte.
—Pero…
—¡Todo está bien, amigo!— lo interrumpió su compañero, tomándolo por el cuello —Éste es el presente, y vivirlo y disfrutarlo al máximo es lo que en realidad importa… acerca de lo que sucederá después, sólo tienes que saber que pase lo que pase, estaremos juntos hasta el final… eso tenlo por seguro…
—Así es… de ahora en adelante vivamos todos los días cómo si fueran el último día… sin arrepentimientos, sin dejar nada inconcluso… aún tienes algo qué decirle a la Mayor Katsuragi, ¿recuerdas?
—¿Ah, sí?— pronunció Hyuga, más repuesto y con mejor semblante —¿Y qué hay con la Doctora Akagi?
—¡Por favor, no sigan ó me van a hacer llorar!— y en efecto, tal y como estaba no hubiera sido raro que Aoba comenzara a derramar lágrimas —Justo ahora que estoy solo cómo un perro…
—Eso no es cierto… tú mismo lo dijiste: nos tenemos a nosotros. Y estaremos juntos hasta el final, ¿recuerdas?— le contestó Maya de inmediato, tomándolo de las manos.
—Es cierto— masculló él —Juntos hasta el final…
—¿Qué tal otro brindis?— propuso Ibuki, llenando su copa y la de los demás —Por una muy feliz navidad…
Los tres chocaron sus copas en tanto se deseaban de todo corazón el uno al otro una:
—¡Feliz Navidad!
Reposó plácidamente la cabeza sobre la suave almohada, recuperando el aliento. La tersa sábana contra su piel desnuda se sentía de maravilla. Y el agotamiento físico, lejos de abatirla, la hacía sentirse eufórica. ¡Aquello era el paraíso, sin lugar a dudas!
No habían transcurrido ni cinco minutos cuando una vez más ese hombre volvía a ponerse encima de su cuerpo desnudo, que yacía siempre disponible a acceder a todos sus deseos. Era voraz e incontenible. Un dios de la masculinidad encarnado, eso es lo que era para ella. Volvió a arremeter y ella volvía a aceptar gustosa su embestida. Sus piernas alzadas rodeaban la cintura de su dios, mientras sus uñas se clavaban en su espalda. En el tumultuoso caos de dos cuerpos fundiéndose en uno solo, él susurró dulcemente a su oído:
—Feliz Navidad, Doctora Akagi…
—Feliz Navidad… Comandante Ikari…
Últimamente parecía que la vida no era más que una sucesión constante e ininterrumpida de dolor. Hasta tomar un maldito baño constituía todo un suplicio tal y cómo se encontraba, masticado y escupido. En aquellos momentos hasta un muñeco de trapo tenía mejor apariencia que él. Y mejor humor, sin lugar a dudas.
Adolorido y recostado sobre su cama, pero eso, limpio y fragante, Kai luchaba por vencer su cansancio y no caer dormido… había tanto por hacer y tan poco tiempo disponible… además no era justo que él descansara plácidamente mientras los demás trabajaban a marchas forzadas en un día tan especial como ese. Tan sólo… tan sólo descansaría, por un pequeño momento, los párpados que sentía tan pesados. No más de dos minutos. Únicamente quería sentir, aunque fuera por poco tiempo, la sensación de la cama en la que hacía semanas que no dormía. Era tan suave, tan cómoda, nada comparada al sucio catre en el que tuvo que dormir mientras era parte de la Fuerza Expedicionaria. Además, olía a Misato… tal vez podría esperar hasta que ella llegara… tenía tantas ganas de verla… tal vez… tal vez ella sí entendería… pero por ningún motivo… bajo ninguna… circunstancia… tenía que… caer… dormido…
El tono de su teléfono celular al ser marcado lo sacó del país de los sueños justo cuando comenzaba a roncar. De una manera nada considerada ni amable. Con el desconcierto y la premura típica en alguien que es despertado de improviso, así fue cómo el muchacho se levantó para contestar el llamado. Con algo de dificultad, teniendo en cuenta su condición. Se apuraba en contestar pues suponía que algo habría pasado en el hangar durante su ausencia. Pero al averiguar en la pantalla de su aparato quien hacía la llamada, la prisa que tenía se duplicó.
—¿Sí? ¿Diga?— respondió al aparato.
Al otro lado de la línea la persona llamando permaneció en silencio, vacilante. Nerviosa.
—¿Rei? ¿Rei, eres tú? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—…Sí…sí— le contestó Ayanami —Sólo… sólo quería saber si puedes salir… sólo un momento, prometo no tardar demasiado…
Eso sí que era una sorpresa para el muchacho. Una sorpresa bastante inoportuna.
—No lo sé… así tan de repente— decía de forma atropellada —Estaba por ir al cuartel… no tengo mucho tiempo… tal vez mañana…
—…sólo tienes que bajar unos minutos… estoy frente a la entrada de tu edificio…
Katsuragi entonces se asomó por el balcón del cuarto, constatando la presencia de la jovencita en el referido lugar. Allí estaba ella, sola al amparo de la noche, aguardando a que bajara. Al momento en que se vieron los dos alzaron la mano, saludando. La hubiera invitado a subir, pero luego recordó que Asuka estaba en la casa.
—De acuerdo— por fin asintió el joven —Enseguida estoy contigo… no tardo…
—Bien…
Y así, sin más, ambos colgaron. Rivera apenas si podía creerlo, mientras se ponía una chamarra de algodón para salir. Rei. Justo ahora. ¿Qué estaba pasando? Pronto lo tenía que averiguar, aún si para ello tenía que hacerse de cualquier excusa para salir del departamento sin levantar sospechas:
—¡Ahorita vengo, voy por unas fresas con crema!— anunció, fingiéndose despreocupado mientras se apuraba a salir tan rápido como su condición se lo permitía.
—¿Fresas con crema?— inquirió Langley, obviamente desconcertada por el aviso.
—Eh… sí… de un de repente tuve este antojo loco y no me quiero quedar con las ganas… ¿quieres que te traiga unas?
—No, gracias… es más, sería mejor que yo te las trajera, ¿no crees? Así cómo estás no es muy prudente que salgas a la calle… más a estas horas…
Kai quedó anonadado por varios instantes luego de oír esas palabras. ¿Había escuchado bien? ¿Asuka Langley se estaba ofreciendo para traerle comida? Definitivamente las cosas habían cambiado bastante en su ausencia.
—Podré estar en muletas, pero eso no me convierte en un inválido, ¿sabes? Creo que aún puedo tomar el maldito elevador para bajar a la tienda y enfrentarme al refrigerador para arrebatarle unas estúpidas fresas con crema… no es nada del otro mundo, en serio…
—Sólo trataba de ayudarte, es todo— le contestó la muchacha, contrariada por su actitud.
—Lo sé… y te lo agradezco… perdón por hablarte así, es sólo la frustración que traigo— dijo Rivera por su parte, frente a la puerta, un poco antes de salir, con la conciencia remordiéndole —Enseguida vuelvo, no tardaré mucho…
Y sin más, se fue. Y de tal manera Langley volvía a experimentar la soledad en carne propia y toda una marejada de sentimientos hostiles que la llevaban a aferrarse al envoltorio que había estado escondiendo de Kai, a sus espaldas, buscando alguna clase de refugio y consuelo en él.
Por su parte luego de algunos minutos de espera el muchacho se reunía con Rei, como estaba previsto. Pese a lo que había dicho la verdad es que sí le había costado algo de trabajo trasladarse hasta ese sitio. De cualquier modo la curiosidad que le consumía era mayor que el malestar que sentía en toda su anatomía. A esas horas los postes de alumbrado en la calle ya estaban encendidos y la jovencita se resguardaba al amparo de una de esas luces. Sin percatarse de hacerlo, Kai sonreía al mirarla a lo lejos. Llevaba encima una gabardina que apenas si dejaba asomarse la falda plegada a cuadros que llevaba puesta ó inclusive su rostro, pues traía puesto también el gorro de la gruesa prenda. Él no lo sabía pero se había vestido así para no darse a notar, si es que acaso era posible, y quizás sin darse cuenta que de esa manera llamaba más la atención. Aún así el corazón del joven Katsuragi se llenaba de una tranquilizante sensación con tan sólo verla. Todavía seguía asociando su imagen, aunque sólo había sido en un sueño, con su milagrosa victoria en el abismo del Mediterráneo (ó como solía llamarla él: "mi victoria a lo Shinji"). De una manera u otra, era gracias a Rei que seguía respirando, y eso no lo podía negar.
—Hola— musitó ella, con la vista gacha, cuando lo tuvo de frente.
—Hola— respondió él, inusitadamente nervioso —Cuánto tiempo sin vernos… ¿verdad?
Ayanami asintió con la cabeza y luego de eso los dos permanecieron callados por un rato. No era que no quisieran hablar, sino que tenían tanto por decirse el uno al otro que las palabras se atropellaban las unas con las otras en su intento por salir de sus gargantas.
—Cómo… ¿cómo te ha ido?— finalmente pronunció Rivera, no muy convencido, pero por algo se tenía que empezar la conversación.
—No me quejo— contestó la chiquilla, apenas con un hilo de voz, encogiéndose más sobre sí misma —Sólo he estado… un poco preocupada por ti… como todos— se apuró a aclarar al momento de decir eso —Es bueno que por fin hayas regresado…
El semblante timorato de Kai se transformó de súbito mientras parecía alejarse, sumergiéndose en el abismo de su tormento personal. Sus facciones se endurecieron y su mirada perdida hacía suponer que sus pensamientos estaban muy lejos de allí. Así fue como lo percibió su acompañante, quien murmuró entonces:
—Debió ser terrible… todo por lo que tuviste que pasar allá afuera…fue… ¿fue tan difícil como me lo imagino?
Ahora los ojos de Rivera la miraban de nuevo, sorprendidos, abiertos de par en par. Su expresión de roca no tardó en desmoronarse para acabar siendo una mueca compungida, de cansancio y tristeza absoluta.
—Peor— contestó el muchacho, suspirando —Mucho, mucho peor… todo lo que pasó… con cada misión… con cada día… sentía que iba muriendo una parte de mí… junto con todas esas personas que murieron, por mi culpa. Y yo aún no puedo de dejar de pensar en cada una de ellas. No puedo dejar de pensar en eso, de recordar… ¡Dios mío, el olor! ¡Ese horrible olor a carne chamuscada! Aún sigue impregnado en mi nariz. Y después regreso a este lugar y me doy cuenta que el ritmo de la vida siguió transcurriendo igual que siempre, sólo que ahora ya no puedo encajar en él, por más que lo intente… todos parecen creer que me fui de vacaciones o algo por el estilo… me dicen que descanse y que reponga fuerzas, como si tan sólo hubiera sufrido un simple accidente… y lo que más me molesta es que ninguno de ellos parece darse cuenta, o simplemente no quieren admitirlo, todo el daño que causé… todas las muertes con las que tengo que cargar en mi conciencia… nadie se pone a pensar como me hace sentir eso… ellos… ellos tan sólo quieren que continúe con mi vida, y que haga de cuenta como si nada hubiera pasado… por que así es más conveniente para todos… por que ya tienen una imagen preconcebida de mí, a la que están acostumbrados, y si acaso me comporto de una manera distinta, eso les molesta. ¡Ya estoy harto! Si me lastiman, claro que me duele, claro que sangraré… claro que yo también puedo afligirme… sentir dolor… ¡No pueden esperar en serio que me mantenga siempre en lo alto de sus expectativas! ¡No soy tan fuerte! ¡Maldita sea, nadie lo es!
En el clímax de su monologo se interrumpió a sí mismo, percatándose de la facilidad con la que se había sincerado con la jovencita de cabello azul y ojos rojos frente a sí, quien lo observaba ávidamente, su mirada encendida en un gesto comprensivo. Al verla a los ojos supo que ella sí comprendía a plenitud todo lo que pasaba en su interior, y así lo constató cuando bajó la capucha que cubría su cabeza y lo estrechó gentilmente entre sus brazos, confortándolo con su cálida cercanía, con su corazón que parecía latir al unísono del suyo:
—Tú… tú sí lo entiendes, ¿verdad?— musitó, abandonándose a tan placentera sensación mientras de la misma manera la rodeaba con sus brazos —Todo lo que traigo por dentro… este vacío en mi corazón que me está aplastando…
—Sí— respondió Ayanami con la frente recargada sobre su pecho —Pero también sé que no todo es cómo lo crees… sólo estás desorientado… ¿acaso no recuerdas la conversación que tuvimos?
Una vez más Rivera quedó estupefacto ante las palabras de la joven. No estaba seguro a qué charla en específico se estaba refiriendo, por que en la que él estaba pensando había sucedido dentro de un sueño, ¿no es así? ¿Ó es que por fin se había vuelto loco?
—Nada se puede hacer por una persona que ha muerto— aclaró ella, anonadando todavía más a su acompañante —Pero en cambio, hay mucho que podemos hacer por los vivos… ¿ahora te acuerdas cuál fue la razón por la que querías regresar? ¿Qué fue lo que te hizo seguir adelante?
—Las personas… las personas a las que amo— contestó él.
—Así es… todos aquellos que sólo esperaban que volvieras, que sólo deseaban que estuvieras con bien… en quienes encontraste la fuerza para continuar. Tu familia. Son ellos quienes también pueden, quieren comprenderte. Sólo tienes que darles la oportunidad. Así que por favor, no los alejes. No después de todo lo que les hiciste pasar.
Kai ya no supo qué más decir. Ella estaba en lo cierto, en todo. Como siempre. Aún era capaz de confortarlo, de apaciguarlo con la serenidad que tanto la distinguía.
—Esta fecha, sobre todo, es la más indicada para pasar el tiempo con la familia… puede que aún sea difícil, pero no dejes pasar la ocasión… hazlo por ti, y por ellos… tus seres queridos…
Fue entonces que interrumpió el abrazo en el que parecían estar fundidos para poder sacar de una de las bolsas de su gruesa chaqueta una muñeca de unos treinta centímetros. Una muñeca de trapo, cosida magistralmente a mano, con estambres de color azul como cabello y usando como ojos un par de botones rojos. Un simple vestido de paño negro de una sola pieza era su único atuendo.
—Toma… quiero que tengas esto— dijo Rei, haciéndole entrega de la muñeca.
—Eh… ¿y esto es…?— preguntó Kai examinando el juguete, sin fijarse en lo descortés de su atolondrada pregunta.
—Tu regalo de Navidad— contestó la jovencita, volviéndose a esconder en el interior de su capucha, ocultando sus mejillas sonrojadas —Ya que pronto volverás a irte, quiero que la lleves contigo. La hice especialmente para ti. Se encargará de hacerte compañía y cuidarte en mi lugar…
—Ya veo… ¡qué hermoso detalle, muchas gracias!— pronunció Katsuragi, gratamente sorprendido por la atención y gentileza de su compañera —¡Este sí que es un muy buen trabajo! Digo, no es que sepa mucho de estas cosas, pero sí sé distinguir cuando alguien tiene talento…
La naturaleza silenciosa y reservada de Ayanami volvía a salir a flote, aunque en aquellos momentos era más por vergüenza que por cualquier otra cosa.
—Qué pena, de veras lo siento, pero no pude comprar algo para obsequiarte… apenas ahora salí del hospital y yo…
—No importa— pronunció ella, meneando la cabeza —Simplemente fue algo que se me ocurrió de un de repente… no estoy muy segura por qué razón… pero con que la aceptes es suficiente para mí…
—Gracias, Rei… por todo… puede que no lo sepas, pero fuiste tú quien de veras me salvó de ese abismo en el Mediterráneo… es gracias a ti que puedo estar aquí, de vuelta en mi hogar… ¿y sabes qué más? Cuando estaba lejos, una de las cosas que más deseaba era poder volver a verte…
Posó gentilmente su mano sobre su cabeza encapuchada, enternecido con la jovencita. Por su parte ella lo miró fijamente, tal y cómo soliera hacerlo en aquellos días cuando los dos se amaban. Actuando casi por reflejo, sin reflexión de por medio, los dos fueron acercando sus rostros lentamente. Sólo unas cuantas pulgadas separaban sus labios cuando Ayanami se detuvo en vilo, regresando al tiempo presente. Volviendo a la realidad, igual que su acompañante.
—Feliz Navidad, Kai— le dijo, con esa sonrisa suya tan especial, tan valiosa por su escasez.
—Feliz Navidad, Rei— contestó él del mismo modo.
Mientras estaban en eso no se daban cuenta que a sólo unos pisos de distancia alguien había seguido con interés el curso de su conversación, no tanto el contenido de ésta dadas las limitantes técnicas y físicas. No obstante, con sólo haber visto aquél último gesto bastaba para saber los términos en los cuales se había conducido.
Asuka observaba a través de su ventana el encuentro entre aquellos dos. Su ánimo se debatía entre la cólera sin tregua de la que su corazón era capaz y la satisfacción que le producía saber que sus sospechas eran correctas. Hubo un momento en que había llegado a cuestionarse la validez de aquellos celos, los que todo mundo insistía en decirle que no tenían fundamentos, pero ahora, después de ver semejante escena con sus propios ojos no había lugar a dudas dentro de sí. Podía afirmarlo con toda seguridad: Rei Ayanami buscaba, por todos los medios que fueran necesarios, quitarle a su novio. Lo que esa zorra desgraciada no sabía es que no le sería tan fácil como pensaba, pues ahora ella estaba al tanto de sus intenciones y en guardia. Caro le saldría el haberse metido con su chico.
—Toc, toc, ¿hay alguien en casa?— preguntó Misato al momento de entrar al departamento.
—Sólo yo— contestó Langley, saliendo de su cuarto a la sala —Kai salió un momento, pero dijo que no tardaba…
—¡Ese condenado muchacho! ¡No puede quedarse quieto en un solo lugar, ni con una pierna rota!— refunfuñó la Mayor Katsuragi mientras que abrazaba a Pen-Pen, quien había salido gustoso a su encuentro con tan sólo escuchar su voz —¡Por su culpa me la pasé dando vueltas por toda la maldita ciudad! Primero del cuartel al hospital, del hospital hasta acá, de aquí de nuevo al cuartel y de allí OTRA VEZ hasta aquí… pero algún día deberá volver, y cuando lo haga…
Calló cuando se percató de la evidente incomodidad en la muchacha frente a sí, quien no podía atinar verla de frente ni a dirigirle la palabra. Y ella sabía muy bien la razón.
—Oye… lamento haber sido tan grosera, allá en la pista…— se disculpó, algo avergonzada por su conducta anterior. Haberla tomado en serio contra una chiquilla de quince años… —Creo que lo que hice no fue muy maduro de mi parte… la emoción me ganó por completo, igual que a ti… en realidad no fue culpa de nadie. Pero igual te debo una disculpa por cómo me comporté. Y sé que también has estado molesta por cómo últimamente consiento tanto a Rei… pero quiero que sepas que estoy muy contenta por lo que tú y Kai tienen. Para serte sincera, desde el momento en que te conocí supe que los dos terminarían juntos algún día… y estoy muy feliz por ustedes… así que: ¿me perdonas? ¿Amigas de nuevo?— le dijo tendiéndole la mano.
Asuka lanzó un resoplido para luego acomodar su cabello y entonces devolver el gesto.
—Lo que sea, con tal de no seguir escuchando tus cursilerías… no entiendo porqué tienes que dar tanto rodeo para pedir una simple disculpa… ¡sí que te das vuelo, Misato!
—Así somos todos en esta casa, ya deberías haberte acostumbrado— se excusó ella, abriendo sobre la mesa un par de bolsas que había traído consigo del centro comercial —Y ahora que volvemos a ser amigas, quiero pedirte un favor… no para mí, sino para Kai… estoy segura que esto se encargará de levantarle el ánimo.
—VAS IST?!— exclamó la chiquilla rubia en su lengua materna, atónita al observar el contenido de aquellas bolsas.
Llevaba ya varios días encerrado en su estudio, haciendo Dios sabe qué. Las luces ahí adentro no se habían encendido en todo ese tiempo. Cuando uno prestaba atención de vez en cuando podían escucharse sonidos apagados, ruidos aislados cómo de golpes y murmullos en distintos idiomas, algunos reconocibles, otros no tanto.
No era la primera vez que se comportaba de esa manera, es decir, aislándose de todo a su alrededor. Y una vez que salía lo hacía con alguna genialidad en mente. Era, pues, su procedimiento normal de inspiración. Pero aquella sí era la primera vez que llevaba tanto tiempo encerrado. Justo después que observara en vivo y en pantalla gigante al Eva Z derrotando a "Hambruna", cómo le gustaba llamar a ese monstruo, fue y comenzó su claustro y aún era hora que todavía no salía de allí.
Aún a sabiendas de que en tales condiciones el Doctor no debía ser interrumpido por cualquier motivo, el Mariscal Angeliori creyó prudente cerciorarse si aún seguía con vida ahí dentro, pues desde hacía rato que ya nada se escuchaba. Así entonces, utilizando la siempre conveniente excusa de llevarle los alimentos, Genaro llamó a la puerta, con el corazón en la boca.
—¿Doctor? Le traje algo de comer…
No hubo respuesta ni cualquier otra clase de reacción dentro, por lo que el Mariscal hubo de hacer un segundo intento, pegando la oreja a la puerta aún más:
—¿Doctor? Soy yo… le traje comida…
Nada de nuevo.
—¿Doctor? ¿Se encuentra usted bien? Voy a entrar…
Con mano trémula Angeliori pulsó en la cerradura electrónica el código de emergencia. Fue así que la puerta se corrió hacia un lado, revelándole al Mariscal su interior en la absoluta oscuridad. Un rendijo de luz del pasillo fue a internarse tímidamente en la penumbra antes que el propio Genaro lo hiciera. En ese momento algo se movió entre las tinieblas, algo grande que respiraba profusamente. Aún en tales condiciones Angeliori pudo distinguir en medio de la oscuridad los fieros ojos verdes de Hesse fijos sobre de él, acuchillándolo con la mirada.
—Su… supuse que tendría hambre, así que le traje algo de la cocina…— masculló en el acto, justificando su presencia —Es Nochebuena, así que…
—Deja el plato sobre aquella mesa y lárgate de inmediato— contestó Demian, dándole la espalda para reanudar su labor, sea cual fuere ésta —Estoy trabajando…
Con las luces apagadas y tan nervioso como se encontraba, al Mariscal le costó algo de trabajo dar con la mesa que le habían señalado, pero al cabo de unos intentos pudo hacerlo. Mientras tanto pudo cachar al vuelo frases inconexas que el Doctor murmuraba para sí, tales cómo "debilitamiento de la cohesión entre moléculas", ó "oxidación acelerada de los metales", "corrosión inducida" y demás otras que poco ó nada podían decirle acerca de los propósitos de su jefe.
—Por cierto, Doctor— Angeliori quiso presionar más su suerte en un acto que podría tildarse de muy valiente ó muy estúpido, según como se quiera ver —Antes de irme… quiero desearle una feliz Navidad…
No hubo ni bien terminado de hablar que sintió como si fuera empujado hacia atrás mientras algo lo golpeaba en el pecho. Pero tan sólo fueron los ojos de Hesse que nuevamente se posaban sobre él. El primer impulso de Genaro fue salir corriendo del lugar, pero el temor lo dejó paralizado en su sitio. Por su parte Demian comenzó a contorsionarse, como si estuviera luchando consigo mismo para entonces dejar escapar a bocajarro esa risa suya que helaba de miedo a cualquiera que lo escuchara. Las piernas de Angeliori por fin le respondieron pero aún en el pasillo los ecos de aquella risa siniestra lo perseguían.
"¿En qué diablos me he metido?" se preguntaba a sí mismo mientras escapaba, presa del pánico.
Con su ánimo más repuesto para aquél entonces al joven Katsuragi ya no le pesaba tanto la idea de tener que subir hasta el penthouse de su edificio en muletas. El esfuerzo que tendría que hacer bien había valido la pena. Apenas se dirigía a la entrada del edificio cuando pudo reconocer a una figura bastante familiar que se acercaba a paso lento a unos cuantos metros de donde estaba. Luego de unos momentos de espera finalmente Shinji lo alcanzó. Al verlo un poco más de cerca el desconcierto volvió a apoderarse de Rivera. ¿En verdad ése era Shinji? ¡Qué si las cosas habían cambiado en su ausencia! Seguía siendo el mismo flacucho endeble de siempre, por supuesto. Pero había algo diferente en su actitud, un algo que lo hacía verse como una persona completamente distinta. Se notaba sobre todo en su mirada.
—Hola— lo saludó Kai pues Ikari apenas si lo había volteado a ver.
—Hola, ¿cómo te va?— respondió el chiquillo de manera muy casual, teniendo en cuenta que tenían varias semanas sin verse —¿Qué tal estuvo el hospital?
Al encontrarse con su mirada, Rivera pudo entonces identificar lo que había de diferente en él: seguridad. La seguridad con la que caminaba, con la que hablaba, con la que lo veía. La mayor parte de las veces que conversaban Shinji miraba hacia el piso o hacia un lado, evitando toda clase de contacto visual. Pero en aquellos instantes Ikari le hablaba con la frente bien en alto, viéndolo a los ojos, finalmente considerándose como su igual.
—Bien, de maravilla— contestó Kai, pensando para sí al respecto de semejante transformación "¿Qué te dije? Te vas unas semanas y todo se pone de cabeza… algo muy bueno le ha de haber pasado a este payaso para que se comporte de este modo" —Mejor que nunca…
El elevador llegó hasta la planta baja, donde se encontraban, y sus puertas se abrieron para recibir a sus ocupantes. Shinji entró primero sin alguna clase de miramientos y ni siquiera se tomó la molestia de ofrecerle ayuda a su compañero ó de detener las puertas del aparato, por lo que Kai hubo de apurarse para meterse, en lo que resultó ser toda una peripecia en un solo pie. Ya dentro, Kai seguía resoplando debido al esfuerzo, clavándole la mirada a su despreocupado acompañante.
—¿Te sigue doliendo?— le preguntó, sin mostrarse muy interesado al respecto.
—A veces— masculló su compañero, recobrando el aliento.
—Tal vez de esa forma dejes de estar jugando a ser siempre el héroe…
Resultaba obvio que lo que estaba buscando era sacarlo de sus casillas. Y lo estaba logrando, aparentemente. Si hubiera estado en condiciones de hacerlo Kai lo habría estampado contra una de las paredes del cubículo. Pero las muletas y el dolor de sus huesos rotos le impedían hacer otra cosa que no fuera asesinarlo con la mirada y callar para sus adentros. También le intrigaba saber qué pretendía lograr provocándolo, además de ganarse la paliza de su vida.
—Es mucho más divertido que pasarse todo el tiempo lloriqueando por un poco de atención, ¿no crees?— contraatacó el muchacho. No sabía qué mierda se había metido el idiota ese, pero aún le faltaba bastante para poder meterse con él.
Así lo constató al ver cómo la máscara de seguridad resbalaba fácilmente del rostro de su acompañante para dejar al descubierto una expresión furibunda en su cara. El ambiente en el reducido espacio de ese elevador se tensó tanto que hubiera bastado cualquier gesto insignificante para hacer estallar el zafarrancho entre los dos. Así cómo estaba, puede que Shinji tuviera una oportunidad, pensaba Rivera al examinar la situación. Tal vez.
Una vez más la intervención del destino impidió que ambos averiguaran la veracidad de dicha teoría, al abrirse las puertas detrás de Kai, liberándolos de su tirante encierro y permitiéndoles respirar de nuevo un aire que no estuviera cargado de hostilidad. Ahora era Katsuragi quien se adelantaba, dispuesto a llegar cuanto antes a su cuarto para poder echarse en la cama y olvidarse de todo.
Sólo que al abrir la puerta del apartamento ambos se llevaron tamaña sorpresa, que por poco y hace que los dos cayeran de espaldas al piso, al momento en que Misato y Asuka les salieron al paso con la alegría navideña a flor de piel, soplando sendos espantasuegras en sus labios. Ambas, la Mayor Katsuragi con un gorrito de Santa Claus sobre su cabeza, y Langley (quien no mostraba el mismo entusiasmo que su compañera) por su parte con un gorro con cuernos de reno (de felpa, claro está) sobre la suya, los recibieron con un enérgico grito de:
—¡FELIZ NAVIDAD!
—¿Qué es todo esto?— apenas si pudo decir Shinji en medio de la confusión, mientras seguía preguntando —¿Y qué significan esos cuernos de reno?
—Todo fue idea de Misato…— refunfuñó la jovencita europea, quitándose enseguida el artilugio de su cabeza, avergonzada. Sólo esperaba a Kai, no al bobalicón de Shinji. El que la hubiera visto de esa manera lo hacía el doble de humillante para ella.
—¡Arriba ese ánimo, niños!— pronunció Misato, brincoteando —Parecen un trío de viejecillos cascarrabias. ¡Hay que gozar de nuestra juventud! Después de todo, es Navidad… y Navidad significa pasarla todos juntos en familia… nuestra familia… Así que, ¡fiesta toda la noche, se ha dicho! El vino y los juegos corren de mi parte, y Shinji se encarga de hacer la cena…
—¿Eh? ¡¿YO?!
—Bueno, supongo que podremos comer curry instantáneo… ahora que lo pienso, no parece tan mala idea…
—Está bien, creo que mejor yo preparo la cena…
—¿Te sientes bien, Kai?— preguntó Asuka, ignorando a los otros dos.
Aquella pregunta venía a cuento debido a que el muchacho se había mantenido todo ese tiempo con la cabeza gacha y sin moverse, salvo por los pequeños espasmos que parecía estar sufriendo. Al verlo en dicho estado incluso Misato y Shinji se callaron para estar atentos a la condición de Rivera, consternados.
—¡Es que me duele canijo cuando me da risa!— por fin contestó el chiquillo, en medio de estrepitosas carcajadas —¡No puede ser, qué ocurrencia de ustedes, de veras! ¡Tienes que volver a ponerte ese gorrito de reno, por favor!
El joven Katsuragi continuó riéndose, ante el beneplácito de su tutora quien sonreía satisfecha de su trabajo. Tenía tanto tiempo que no lo escuchaba reírse así. Langley, por su parte, no tuvo otro remedio que darle gusto, resignada a hacer lo que fuera con tal de hacerlo feliz, lo cual a su vez levantaba su propia moral. Ikari había decidido ignorar la escena y adentrarse de una vez en la cocina, revisando el contenido del refrigerador y sacando sartenes y demás utensilios.
—Toma— musitó Asuka cuando le tendía a Kai el envoltorio que había estado paseando por toda la casa, una vez que estuvieron sentados en la sala —Mi regalo de Navidad… te lo hice yo solita…
Más regalos hechos a mano. Tal parece que se estaba haciendo una costumbre en las personas más insospechadas. Si acaso a Misato se le llegara a ocurrir regalarle una bufanda o un sueter, ó algo tejido por sí misma sería prueba innegable de que el mundo estaba llegando a su fin. Mientras tanto se apuró a descubrir el contenido de su regalo, que resultó ser un puñado de galletas de nuez espolvoreadas con azúcar. Según parece tenía cierta debilidad con ese tipo de detalles, pues su corazón le había vuelto a dar un tumbo en el pecho.
—Oye, qué buenas están— pronunció el chiquillo, engolosinado, apurándose a reducir con afán el volumen de galletas —Y con el hambre que traía… muchas gracias…
—¿Y qué pasó con tus fresas con crema?— le inquirió la muchacha, suspicaz.
—Olvidé que era Nochebuena y la tienda ya había cerrado— Kai se apuró a contestar —Qué estúpido, ¿no? Pero eso no importa, que yo también te tengo un regalo… traído para ti directamente desde Medio Oriente… espera un poco mientras lo traigo, lo tengo en el cuarto…
En ese entonces, más que nunca, Rivera daba gracias al Cielo por el increíble don de su rapidez mental. Por supuesto que no le había traído nada a Asuka desde aquellas tierras lejanas y no se tomó la molestia de comprarle algo ya de vuelta en Tokio-3, pero por fortuna pudo recordar en tan breve lapso de tiempo algo que pudiera obsequiarle de entre sus pertenencias y a la vez desviar su atención. Y así fue que entró al cuarto tan rápido como pudo, escondió en un rincón la muñeca que Rei le había regalado, la cual a su vez había estado escondiendo bajo su chamarra todo ese tiempo y buscó por su parte el regalo de su novia para poder regresar a su lado con el mencionado objeto bajo el brazo.
—Listo— le dijo al sentarse de nuevo a su lado y extendiéndole un estuche de color negro —Esto es para ti. No es muy espectacular, pero…
Al abrirlo la muchacha se topó con una medalla brillante como una gema, grabada con la insignia de las Fuerzas Armadas de las Naciones Unidas.
—Esto… esto es…
—Mi medalla al mérito por un servicio sobresaliente ó algo así— carraspeó el muchacho, nervioso —Es lo que obtuve por quedar hecho pulpa… al parecer mientras más herido quedes, más grande es la medalla que ganas… deberías ver el tamaño de la que te dan cuando te mueres… sé que no es mucho, pero… me gustaría mucho que la tengas porque…
Le fue imposible continuar con su letanía de justificaciones debido a que sus labios fueron sellados por el beso más apasionado de cuantos había tenido con Asuka, quien se aferraba a él como si fuera la última botella de agua en el desierto, con lágrimas escapando de sus ojos. Sólo que esta vez se cuidaba de no lastimarlo con sus ímpetus. Por su parte Kai simplemente se dejó querer. Luego del trato recibido en su pequeña aventura en la milicia, gestos así resultaban un auténtico bálsamo para su alicaída autoestima. Pero también había algo en la actitud de la jovencita, la manera en cómo lo abrazaba desesperadamente, como si no quisiera dejarlo ir jamás, que lo hizo sentirse por demás culpable. Como todo un canalla.
—Feliz Navidad, mi héroe…— pronunció Langley con una tierna sonrisa en el rostro, los ojos fijos sobre él como si nada más existiera.
—Feliz Navidad… mi princesa…— dijo Rivera a su vez, acariciando su sedoso cabello rubio.
—¡Oigan tórtolos, déjense un momento siquiera!— los interrumpió Katsuragi, colocándose entre ambos —Yo también le tengo un regalo al hijo pródigo que regresa… y también lo hice con mis propias manitas— repuso, risueña.
Enseguida la mujer le hizo entrega de una caja envuelta y adornada con un listón y moño rojo. Sin más su joven protegido optó por abrirlo, dada la ansiedad reflejada en el rostro de Misato, quien aguardaba como un niño aguarda por una golosina.
—¡Pero qué bonita…!— Kai se quedó sin palabras al extender el extraño amasijo de hilos de estambre de diferentes colores que había dentro de la caja —Eh… ¿red de pescar?
—¡Es una bufanda, zoquete!— respondió la Mayor bastante molesta, dejando los golpes para mejor ocasión en tanto se la acomodaba al chiquillo en torno al cuello.
—Oh, por Dios…— musitó el joven Katsuragi, angustiado al recordar su anterior predicción —Ahora sí que nos llevó la fregada…
—Bienvenido a casa, mocoso— le dijo su madre adoptiva, ignorando su comentario al momento que lo estrechaba en sus brazos —Y Feliz Navidad…
—Feliz Navidad, mamacita…— contestó el muchacho, para luego añadir: —FELIZ NAVIDAD A TODOS…
Ello para incluir a Shinji, con quien momentos antes por poco y se lía a golpes y ahora rechinaba los dientes al verse ignorado y marginado de aquella escena con marcado ambiente familiar, escondiéndose en la cocina entre ollas y sartenes.
—Es cierto, Shinji— continuó Misato, avergonzada por haber olvidado al chiquillo entre toda la emoción —Olvídate de la cena, encargaremos pizza… mejor ven porque ya voy a comenzar a repartir las cartas para el póker… ¡De lo contrario todos vamos a ver tu juego!
Aunque fuera a regañadientes y arrastrando los pies Ikari por fin fue a sentarse junto a los demás, y aunque tomó un poco de tiempo ya después se había integrado por completo al grupo.
Kai lo observaba de vez en cuando. Seguramente que daría problemas en un futuro inmediato, dada su actitud de confrontación que aún no abandonaba. Pero al igual que todos los demás en aquella noche, noche de paz y noche de amor, con todo brillando alrededor, procuraba ser feliz y divertirse lo más que pudiera en compañía de aquellos a quienes amaba. Porque en un rincón muy profundo de su corazón, sabía que semejante felicidad no duraría por mucho tiempo. Que más temprano que tarde tendría que partir de nuevo del hogar, con rumbo a lo desconocido. Y que los tiempos oscuros volverían a dejar caer su mortaja sobre su vida, y quizás sobre la de todo el mundo, si es que acaso llegaba a fallar en su batalla. Su batalla contra la oscuridad, voraz, temible, lista para engullir todo a su paso. Todo.
