Hola, hola, soy Noah.
Son las 23:51 de este jueves 31 de diciembre de 2015, a punto de terminar el año. Un año bueno para mí donde todas me distéis vuestro apoyo con mis historias y donde creo que he madurado un poco, gracias por estar aquí leyendo mi historia, bueno, mis historias y sonriendo para mí a través de la pantalla. Por vuestros reviews.
Gracias.
FELIZ AÑO, ESPERO QUE SEA EL MEJOR PARA VOSOTRAS.
Eres una dama
[No creo en ti, no puedo creerte]
"Me cansó ese viejo amor, esa mierda me mató, me cansó ese viejo amor, mi cuerpo se hartó, oooh, ohhh, ese viejo amor, oh, oh, oh…".
La música inunda mis oídos, la canción que habla de desamor, sigue sonando e invadiendo mis tímpanos con una enorme sonrisa, para que unos segundos después la canción se termine y yo desconecte todo, tanto la música como la aplicación de descargas de más canciones.
Me apoyo en mi cama y frunzo el ceño, aburrida.
No he ido a clase y he recibido varias fotografías por Whats App de los apuntes y ejercicios que tenemos de hacer. Melody me ha escrito en estos momentos para decirme todo lo que me he perdido y las páginas que debería mirar para ponerme al día, estoy faltando demasiado a clase. Sonrió con sorna al darme cuenta de que tan fácil es para mí manipular a los demás y como los tengo a todos de "preocupados", me divierte jugar con sus mentes sin que se enteren.
Agradezco los mensajes con simples palabras "Gracias, Mel" y deje el teléfono encima de la cama, sin siquiera preocuparme por los demás mensajes, como los de Rosalya. Me quedo mirando hacia la pared, estoy ensimismada en la nada y no puedo apartar la mirada, mientras en mi mente, sigo escuchando la letra de la canción… "no creo en ti, no quiero creerte. Te fuiste de aquí y así me dejaste, es tan difícil, seguir respirando así… así…" La maldita letra pega también conmigo que me asusta.
Las puertas se abren, sobresaltándome de mi ensoñación e interrumpiéndola. Mi abuela entra en mí cuarto, frunce el ceño como si quisiera matarme y se sitúa frente a mí.
No entiendo porque siempre está de mal humor cuando nos vemos en mi casa, se enfurruña y se esmera por hacerme parecer la atracción de circo en la normalidad, con ropa o demasiado femenina o demasiado estirada de la que muchos se ríen, sobre todo cuando se trata de sus trajes a juego. Mis ojos se fijan en sus facciones, parece molesta a más no poder y nunca entiendo que es lo que se le pasa por la mente al verme a mí con tanta "normalidad" a mí alrededor.
- Esta casa es un desastre- gruñe, con sus brazos cruzados por debajo de su pecho, con sus ojos desaprobatorios exacerbando mi ambiente relajante. -¿Qué mierda de habitación es esta?
- La mía, abu…Caroline- me corrijo.
Generalmente, cuando se trata de llamarla, siempre había sido "abuela" para mí, no Caroline, mi madre era y sigue siendo muy tradicional con las relaciones afectivas y de sangre. Mamá quería que yo me llevase bien con toda la familia y quería a mi abuela o bueno la apreciaba a su manera, a pesar de que ahora se odian a muerte y en el divorcio casi se pegaron, ella decía que, si la llamaba Caroline en vez de abuela, estaría rechazando nuestro vínculo sanguíneo.
Nunca he negado a mi abuela como alguien de mi familia, de hecho, quiero a mi abuela porque es una de las personas más cercanas a mí, me llama bastante y siempre manda dinero y esas cosas, a veces se pasa sí, no voy a negarlo, pero es atenta con todo lo que tiene que ver conmigo y aunque me irrita, no tengo que tener una máscara tan grande frente a ella, es casi lo mismo que Castiel.
Ella odia a mi madre, odia que yo no viva llena de lujos, que la haga sentir vieja cuando, según ella por supuesto, está en la flor de la vida. Desde que el abuelo apoyo el matrimonio de papá y mamá, siempre ha vivido preocupada porque tuviese todo lo que desease, consideraba que me merecía cualquier cosa que saliese por mi boca, que éramos superiores, tenía que tener toda clase de caprichos y lujos, si no los tenía… mal iba el mundo.
- Deberías hacerme caso- protesta. –Si estuvieras conmigo…
- No sabría lo que es sudar para conseguir algo-
Me levanto de la cama y alzo una ceja, imitando su gesto de cruzarme de brazos por debajo de mi pecho.
- ¿Cómo qué no?- ella parece tomarse un poco de tiempo para buscar una protesta que me deje indefensa. -¡Eres de la familia Darcy, una auténtica señorita! ¡Sudas por ti misma y haces lo mejor de lo mejor! ¿Te quedó clarito, mi querida Sucrette?
Suspiró resignada y me muevo de mi posición, delante de ella encarándola, para encaminarme a mi escritorio. Tras abrir los libros y las libretas, me siento en la silla y giro rápidamente para encarar a mi abuela, quien va vestida con un conjunto de chaqueta, blusa, falda y tacones, del mismo color, con el pelo bien ordenado y bien colocado, perfecta e idónea para todas.
- Mira, me gusta este lugar y mi libertad- aclaro con voz firme, creo que debo darme a respetar. –No tienes que preocuparte tanto, Caroline-
Ella me mira con desaprobación, sé que no le gusta que responda con cierto retintín de superioridad, pero está vez, acaba sonriendo. Ella es una mujer de carácter, le gusta que la reten.
- Con este carácter estoy segura de que podrías ayudar a los Hale, con el puesto de subdirectora, en la empresa-
Ruedo los ojos. Siempre es lo mismo, es una de las pegas de mi abuela, adora a los Hale. Me emparejaba con él constantemente, me llevaba a jugar a su casa una y otra vez, sin apartarme ni un segundo de él, negándome socializar con otros niños. Cuando comencé a salir con Viktor, la abuela me compro un móvil nuevo para que pudiésemos estar en contacto, vestidos caros y de diseñadores increíbles, me dio una tarjeta de crédito para que me pagase todo lo que quisiese, a día de hoy sigo teniéndola, pero es para emergencias. ¿Qué? Realmente soy responsable.
- No quiero- me niego y ahora sí que me estoy cabreando. –No quiero verlo nunca más- mi voz va subiendo de tono. -Me van a obligar a asistir a ese estúpido baile, para el próximo mes, pero no quiero, no quiero verlo y no voy a trabajar para ellos en mi jodida vida-
Me levanto de mi silla del escritorio, tras dar un sonoro golpe a la mesa donde estaban mis útiles escolares y me muevo hacia la puerta. Esquivando la figura de mi abuela, quien ya estaba totalmente cruzada de brazos con un ceño más que fruncido.
- Sucrette, es una buena oportunidad, si vienes conmigo ya tendrías un futuro garantizado.
Me doy la vuelta. Ya estoy en la puerta de mi habitación, es increíble que ahora tenga que irme yo, pero no puedo faltarle tanto al respeto a mi abuela. Cruzo mis brazos sobre mi pecho, mirándola con mí mejor mirada de irritación, pero al mismo tiempo, la irritación siendo medio substituida por una mirada de cansancio que se comprendía como si estuviese cansada y necesitase dormir. Y no me importaba quedar como una niña que necesita dormir sus horitas de sueño.
- ¿Alguna vez os habéis parado a preguntarme lo que realmente quiero?- es la primera vez que soy sincera con estos temas, pero estoy irritada.
Mi abuela, quien siempre permanece serena, esta vez acoge un semblante de sorpresa, jamás había respondido ante sus gruñidos con la verdad, como si realmente notase la falsedad y la realidad ella se da cuenta de que jamás me han pedido algo así. La he pillado de sorpresa, pero aunque lo valore, se centrará en su egoísmo.
No contesta. Ahí está mi respuesta.
Cojo mi bolso, que está situado en la puerta de la habitación y lo coloco sobre mi hombro derecho, la miro intensamente y sonrió de forma sádica.
- Me voy a dar un paseo, "abuelita"-
Ella sonríe. Acabo de darle en la llaga. Sabe que ha sido una buena manera de salirme con la mía, justo antes de comenzar la tercera guerra mundial. Doy un portazo dejándola en mi habitación y caminó hacia la puerta.
Salgo del apartamento y me quedo en el pasillo durante unos breves momentos, cojo el móvil del bolsillo de mi pantalón para mandarle a Leia un mensaje de, "sigue en tu habitación hasta que vaya a buscarte, lo siento abuela en casa xx".
Comienzo a bajar las escaleras y es ahí cuando siento una mano en mi cintura, paseándose suavemente de arriba abajo sobre ella y ahí me tensó. Salto hacia un lado, tras golpear esa mano intrusa y cuando me giro para golpear y usar las tácticas de defensa personal que me aprendieron de pequeña, visualizo al pervertido idiota que me ha tocado.
Solo es Ryo.
Frunzo el ceño y bajo las manos.
Ryo, un japonés de cabello grisáceo y ojos azules oscuros, me observa con una sonrisa petulante esperando a que yo le sonría a él de vuelta. Mi mirada recorre su cuerpo torneado, es mi vecino de arriba, que probablemente está bajando a por las cartas, pues va sin ropa y con una toalla atada a su cintura. Paso la lengua por los labios, en un gesto que indica lo delicioso que es su cuerpo, está horriblemente buenísimo. Ryo amplía su sonrisa.
- Ey- su voz grave y varonil resuena por toda la escalera, llenando mis sentidos.
- Ey- que casual para estar desnudo.
- ¿Qué haces por los rellanos tan a la defensiva?- me pregunta él, con una sonrisa pícara que suplica por mi atención.
- ¿Y tú que haces desnudo y húmedo?- mi sonrisa inunda mi rostro.
Ryo sonríe y observa su torso al darse cuenta de lo que digo. Yo también decido echar el ojo, otra vez, a su torneado y musculado cuerpo, con esa buena formación de gimnasio, la cual seguro que está dura y al pasar tus dedos debe de ser jodidamente delicioso. Sonrió ampliamente y me muevo hacia abajo, un escalón, dos escalones, comenzando a bajar para salir de la casa, por fin.
- Touché-
Era obvio que respondería así, tan obvio que me duele no poder llevarme una sorpresa tan agradable como un cambio de su personalidad o su estándar de respuestas. Ryo es elocuente e interesante, a veces sagaz y un poco extravagante, me encanta su forma de ser, porque es interesante. Pero su patrón de respuestas a veces es repetitivo.
- ¿Vas a salir?- me pregunta.
Sonrió. ¿Te interesas por una depredadora, en serio?
- ¿Desde cuándo te intereso?- pregunto con una sonrisa mordaz, y él amplia la suya por todo su rostro. Lo acabo de provocar.
- Uh, que dura ha sido esa- me dice.
Si me pongo a pensar soy capaz a recordar claramente, con todos los detalles, como si tuviese memoria eidética, de cómo rechazó mi invitación, de forma cortes, llamándome depredadora de hombres, estábamos en las escaleras, me pillo despidiéndome de Nevra, lo mire de arriba abajo y sonreí hacia él. Le coquetee totalmente, y use mis mejores armas, pero él solo sonrió y pronunció un discurso en el que decía que jamás estaría conmigo por ser una devora hombres, una mujer sucia y que solo pensaba en sí misma, una depredadora de hombres que hechizaba con sus mentiras burdas y absurdas se extinguían, que no era convincente, que mejorase esa fachada de perfecta cuando en el fondo era una víbora.
Me lleve tal impresión que me dejo sin palabras. Subió a su piso, dejándome allí, sin ofrecerme consuelo o una disculpa. El primero en resistirse a mí.
- Siempre podemos ser amigos, ¿no?-
- ¿Qué quieres Ryo? Más virgen tú y no naces, debes de querer algo para ser tan… idóneo y amistoso- mis ojos lo miran a él, centrándose en sus detalles y me arriesgo a preguntar lo que debe querer de mí. -¿Qué?
Ryo parece estar complacido de que sepa que quiere algo.
Parece que nosotros vivimos en un juego en donde ambos jugamos a las adivinanzas, al tira y afloja, como si fuésemos en una montaña rusa que nos hiciese perder y ganar con cada subida y bajada, nos provocábamos constantemente. Éramos los jefes de nuestros territorios, lanzando bombas y ofrendas de paz, no se sabía cómo podíamos sonreír como idiotas y llevarnos bien, no había idea de cómo nos aguantábamos y como nos odiábamos por dentro. Al menos él a mí. A mí me gustaba su forma de rechazarme, que me hubiese calado, porque así cuando cayese a mis pies iba a disfrutarlo más. Al haber sido rechazada más de siete veces, el atractivo de la idea de que siguiese resistiéndoseme me gustaba más que nunca, los juegos difíciles siempre son los mejores por su complicación. Y me encendía la idea de que fuese tan perceptivo y hubiese sido capaz de detectar mi máscara de mentiras, ¿soy rara por ello? No lo creo.
- Ha sido justo eso, increíble que seas tan sagaz.
- Al grano, Ryo- rodé los ojos.
Seguimos bajando las escaleras, en un ambiente entre burlesco y divertido. Mis ojos se desvían a los suyos, mirando lo que me trasmiten, lo que me dice con sus ojos. Los observo fijamente para sonsacar el sentimiento de diversión. ¿Me estará tomando el pelo?
- Verás, mi madre va a venir de visita, me preguntaba si tú, maestra de las mentiras y las caras falsas- me pincha. –Podría venir y hacerse pasar por mi novia-
Alzo una ceja curiosa. ¿Está pidiéndome un favor? ¿A mí? ¿Cómo puede fiarse de mí para eso? Debe de haberse vuelto loco, o está demasiado desesperado por culpa de que su madre debe ser una persona seria o algo así, no logro ponerle cara.
- ¿Por qué debería?- pregunto, curiosa por saber lo que me va a decir.
- Oh, claro, no tienes por qué hacerlo, pero siempre puedo aparecer a las puertas de tu instituto y… oh, ya sabes, gritar que te acuestas con el friki y que me pusiste los cuernos en nuestra relación y que eres una depreda…
- Callate ya, lo pillo.
Frunzo el ceño y hago una mueca de odio, ¿cómo sabe el de Armin? ¿A caso me ha espiado o algo? Esto es un vacile… Ahora mismo estoy deseando estrangularlo de la peor de las formas por hacerme chantaje. ¡Coño para el chaval sí que es imaginativo!
- ¿Me estás haciendo chantaje?- inquiero molesta.
- Claro que no- dice, como ofendiéndose. -Digamos que es un intercambio justo-
Intercambio justo mis ovarios.
- ¿Y por qué debemos fingir que somos pareja?- ya que estoy… me informo.
- Sencillo- dice, mostrando sus perlados dientes. -Mi madre está paranoica con que consiga una novia, así que le dije que tenía una- ¿tan simple como eso? -Estaba comenzando a creer que era gay o algo- ruedo los ojos, ya decía yo. –Y bueno, pensé que tú serías perfecta para fingir algo como eso.
Proceso la información y me planteo que tan divertida puede ser la situación, seducir a Ryo, jugar con él a espaldas de su madre, besarlo, fingir ser alguien que no eres... Oh desde luego que no puedo esperar para ver la amenaza que puede representar esa mujer para que Ryo se ponga tan a la defensiva y venga a suplicar-amenazar a mí.
- Claro, sin embargo, necesito que me mandes detalles y que hablemos un poco de cómo vamos a organizar esto- ya me he puesto de buen humor, fíjate tú.
- ¿Organizar?
Seguimos bajando la escalera, hasta que los escalones se acaban. Nos encontramos delante de los buzones y entonces sonrió cínicamente al darme cuenta de que nuestra entrañable charla casi ha terminado, a ver como juega sus cartas ante mi respuesta, suponiendo que aceptara, que es lo más obvio, puedo intentar seducirle.
- Habrá que inventar una historia creíble que coincida con las aptitudes de ambos, si improvisamos será fatal y no sería para nada verosímil-
- Sabía que hice bien en pedírtelo a ti- me haces chantaje, pequeño.
- Ya, ya, ahórratelo- sonrió.
Me acerco a él, colocando mis manos en sus anchos hombros y empezando a moverlas por su espalda. Ancha y fuerte, el parece aceptar mi contacto ya que no me apartan. Examino toqueteando su musculatura dura y terriblemente suave, haciendo que mis manos terminen su recorrido hasta su trasero, bueno, un poco por encima del trasero donde él no se alertará al sentirme.
Pero como dije antes, yo soy una víbora.
Hago caer su toalla al suelo, objetivo cumplido, su polla, que está comenzando a excitarse ahí abajo me capta totalmente. JODER.
- Buen punto- mis ojos ya han recorrido todo lo que deseaban recorrer, pero mi lengua no, lastima. Mi sonrisa se extiende por toda la cara, satisfecha. -Quizás me dejes jugar con él como recompensa-
Subo la cabeza y aparto la mirada de su exquisita polla para ver claramente su mirada clavada en mí, sonriendo con orgullo. Le guiñó un ojo coqueta, para salir de allí con toda la normalidad posible, contoneando mis caderas e intentando provocar una reacción mayor en él. Que aunque no pueda verla del todo dará igual, se derretirá por mí en casa y se matará a pajas.
Tras el asunto finalizado de Ryo. Salgo del portal y atravieso andando rápido mi calle. Alejándome de mi edificio para despejar un poco la mente.
Mi cuerpo comienza a sentirse ligero y más relajado a cada paso que doy. Me siento como si flotase en una nube con el suave y frío viento chocando contra mi cuerpo con total caos y meneando mis cabellos con muchísima brutalidad. Bailan y se mueven al compás como si estuviesen bailando con sensualidad una pieza excitante. Me gusta mucho que pase eso, porque generalmente nunca se me mete el pelo delante de los ojos.
Las calles están un poco transitadas y recibo un silbido de esos que hacen los obreros cuando paso el parque.
Sigo caminando.
No es como si fuera la primera vez que recibo esas llamadas de atención, además, siempre voy guapa y lo tengo bastante claro, si se es guapa se es guapa, creerse un poco la realidad es una buena señal, además por fuera finjo mucha modestia, asi que, ¿qué más da lo que mi podrida mente piense?
- ¡Pero quieres parar!-
La voz que suena me hace voltear, como no, es Castiel. Quien se apresura corriendo hacia mí, vaya, así que ahora tiene complejo de obrero salido que silba a chicas guapas porque todas pasan de su culo, pobre.
- ¿No te has dado cuenta de que yo no tengo cara de perro?- me cruzó de brazos con una sonrisa ladeada.
- Oh, perdona, claro que no me había dado cuenta.
Me rió entre dientes y niego con la cabeza. Tan bromista y estúpido como siempre. Es por eso que quiero aplastar sus sentimientos, por estúpido, creído, idiota y, no solo eso, por humillarme como me humillo con Debrah.
- ¿Necesitas algo, señor "necesito gafas por no darme cuenta de que la chica que me tiene loco no es un perro"? ¿O mejor pido que te manden a infantil para que te enseñemos la diferencia?
Castiel se ríe está vez, mientras que yo enfoco mi mirada en él.
- ¿No será al revés?
- Claro que sí, campeón, no niegues lo evidente.
Niega con la cabeza y se sitúa a mi lado, está muy cerca. Continuamos caminando, ahora juntos, mientras el silencio nos invade.
No es incómodo. Me gusta que Castiel no se tome todo a mal ahora que tenemos confianza, es como un escape para mí, aunque sigue siendo estúpido y yo rencorosa, aún recuerdo cuando me hizo pagarle a veinte euros las puta galletitas y sus cojones, puto Kiki. Menos mal que lo persuadí con mis encantos.
- ¿Y bien?- pregunto. Me gustaría oir de sus labios un "me gustas".
Él me mira, sus ojos grises me observan con un brillo especial y sensual. Sus manos están totalmente libres y en vez de tener los brazos cruzados, como siempre los tiene, estaba caminando rozando mi mano con la suya mientras la otra bailaba al compás de sus pasos. Así que quiere que nos tomemos de las manos. Que cursi el rebelducho.
- ¿Y bien qué?
Sonrió. Por fuera con sorna, por dentro de irritación al no oir un me gustas, pero en cierto sentido ya tenía asumido que no fuese a soltarlo, es Castiel, un orgulloso de mierda.
Me está tomando el pelo ahora o más bien haciéndose el loco, como si no supiera de qué le hablo. No me molesto ni en enfadarme, prefiero ser directa y dejarle claro que tengo cosas que hacer o que no tengo tiempo para él. Algo así servirá.
- Tú sabes de lo que hablo- insisto. -¿Necesitas algo de mí o puedo irme ya?-
Mi pregunta es concisa y corta, me refiero a todo lo que necesito saber para continuar esta conversación. Coloca sus manos en mis hombros justo cuando me paro a mirarlo, me hace chocar contra él con brutalidad y. Sin esperar más.
Sus labios rozan los míos.
Es un beso salvaje y lleno de necesidad, lo sé me echabas de menos pelirrojito. Deseándome hasta la médula y perdiéndose entre el sabor de mi boca y sus caricias deseosas de seguir avanzando hasta el final. Sus labios me devoran la boca, con pasión y con intensidad, es caliente y experto en besos, le doy un 9.5.
Me empieza a empujar entre el beso, haciendo que retrocedamos poco a poco, hasta que mi cuerpo impactase con la pared. Siento como sus manos descienden desde mi espalda a mi trasero.
Su toque caluroso. Sus labios pegándose y adhiriéndose a mí como si fuera inevitable poder vivir sin rozarlos. Sus besos ardientes.
Me estaba excitando.
Me gustaba su sensación, la agresividad con la que se pegaba a mí, la forma en que derretía mi temperatura normal y como la encendía de golpe sobrepasando los límites. Me sentía como un volcán.
Me encantaba la dependencia que le estaba creando.
Nos separamos con la respiración agitada y ambos nos observamos fijamente a los ojos, como si fuéramos los únicos en este mundo. Como si no estuviésemos en la calle y, que si lo estábamos, no hubiese nadie. En estos momentos solo éramos él y yo. No había nada más que eso.
Me encantaba Castiel, me encantaba la forma en la que qué me miraba, como me trataba y me tenía sumamente loca su posesividad. Como se aferraba a mí con todas sus fuerzas como si fuese yo lo que le daba la vida. Como si yo fuese una droga que necesitaba consumir constantemente para seguir en este mundo.
Castiel me necesitaba y a mí me gustaba demasiado saber que la causante de sus ataques amorosos-pasionales eran solo por mí.
- Sucrette…- murmuró mi nombre. Haciendo que un escalofrío de placer me recorriese el cuerpo.
- Castiel- respondí, con una suave sonrisa de complicidad en mi rostro.
- ¿Seguimos esto en mi casa?- una buena oferta. La tomo.
Sonrió y busco su mano, que se encuentra en mi trasero, y salgo de allí arrastrándolo gracias a que ya lo tengo sujeto de su enorme mano. Nos embarcamos en un viaje andando a paso muy rápido hacia su casa, con una enorme sonrisa de cariño.
Nuestros dedos se entrelazan y se sitúa a mi lado, caminando lo más rápido que podamos, no es que quisiésemos que el viaje terminase ya, pero el calentón gana al romanticismo, y como yo no tengo romanticismo pues… a tomar por culo.
No vive muy lejos. Una desgracia para mí es que vive en la otra dirección, casi como Armin y tengo que caminar o tomar un bus para ir a visitarlos. Aunque si soy sincera, caminando llegamos bien y sin cansancio, tampoco es que esté en una pésima forma física, ¿sabes? Castiel me mira y lo veo de reojo sonriendo con suavidad, sin esos toques de burla que generalmente lo adornan. Qué bonito es el amor que hace manipulables a las personas, y ciegas claro.
- No pensé estar así contigo tabla-
Encaro a Castiel alzando una ceja, ahora lo hace por joder, sabe perfectamente que no estoy plana, vale, podría tener mucho más o con una o dos tallas más conformarme, pero no soy una tabla, no soy una chica sin pechos, tengo pechos, bonitos y redonditos. Me paro y alzo una ceja curiosa, cruzando mis brazos sobre mis pechos y mi actitud desafiante lo hace reir.
- ¿Necesito enseñarte de nuevo si soy plana o no?-
Propuesta indecente, con toques burlescos que harán que Castiel me vea como la Sucrette normal, sin que se piense que voy a hacerle algo o cualquier cosa que se le pase por la mente.
- Sí, creo que voy a necesitarlo-
Me rió a carcajadas, y no estoy fingiendo, me gusta que sea directo que me diga exactamente lo que quiero oir. Que desee mi cuerpo y que sea un pervertido como yo, lo dejaré pasar por esta vez.
Nuestros pasos son rápidos, queremos llegar pronto, tocarnos, desnudarnos y hacer cosas salvajes que nos hagan quedar de pervertidos o adictos al sexo de por vida. No me importaba lo que pensasen de mí una vez que cumplía mis propósitos.
No importaba a cuanta gente tuviese que aplastar con tal de conseguir lo que me propusiese, a cuantos tuviese que aplastar. No importaba una mierda cuantos llorasen por mí y cuantos quedasen tirados por el camino agarrando y pegando, o tratando de pegar, su corazón. No me importaba nada cuantos me despreciasen al final. La única persona que importaba en el mundo era yo. La persona que debía ser lo más importante del mundo, soy yo, única y exclusivamente yo. Nadie más.
Caminamos más rápido y siento a Castiel apretar mi mano, nos estamos tomando de las manos, ¿es una broma?
- ¿Qué significa esto?- me pregunta.
- ¿Perdón?-
No lo estoy siguiendo, ¿qué quiere decir con qué significa? Pensé que era el más espabilado, que se daría cuenta de que vamos a follar, ¿por qué pregunta que qué significa? ¿A caso es virgen? Lo dudo. Lo dudo tanto que puedo poner la mano en el fuego y no quemarme diciendo que se tiró a Debrah.
- Nosotros.
No sé qué quiere decir, no sé qué quiere que responda. Aunque ahora entiendo su seriedad y su pregunta.
Quiero decirle lo mismo que a todos, pero Castiel no es idiota, Castiel me deja un poco más de libertad en mi ser oscuro y malhumorado, le gusta mi rebeldía y le gusta que realmente no sea tan perfecta.
- ¿Tú qué quieres?- pregunto yo.
Soy concisa y clara.
Quiero saber lo que busca el de mí, quiero comprobar hasta donde pueden ir sus sentimientos, si sería capaz a renunciar a su estúpido e inútil orgullo por mí. Conocer los puntos de Castiel solo son cartas a mi favor, muevo los peones con calma y no presiono, preguntas sencillas que le ofrecen salidas fáciles.
- Todo.
- Todo…- parece que me lo pienso. -¿Todo lo qué?
Sonríe fijamente hacia mí y, vuelve a sujetar mis brazos, me besa con muchísima ferocidad más que la de nuestro primer beso, el de ambos los dos juntos claro. Me clava contra una valla y siento mi trasero un poco adolorido, pero un dolor placentero que acabo por mitigarse con sus labios cayendo rápidamente contra los míos, de una forma rápida y dulce que me hacía enloquecer de un enorme placer. Si sabe besar así no quiero pensar en cuando me haga sexo oral, joder.
Gemí entre el beso su nombre, con palabras entrecortadas y, tras sentir un brusco ruido, nos giramos ambos para observar la persona que se haya parada justo enfrente de nosotros. Karla.
MIERDA.
[…]
Marco el número con el contacto agendado como "Esclava" y sostengo fuertemente a Karla por el brazo.
El simple hecho de que ella se haya enterado de que Castiel y yo nos besamos puede llegar a ser fatal, conociendo a esa mocosa se encargara de contárselo a Amber, Amber hará un espectáculo y se lo contará a su hermano o algo así, al final Peggy se enterará y lo sabrá todo el mundo, entonces me despediré de acostarme con Lysandro que es el mejor amigo de Castiel y no lo traicionara, de Nathaniel quien se sentirá dolido y no me aceptará y por supuesto puedo despedirme de volver a usar a Armin y de la relación que estaba construyendo con Kentin.
Por ello, Karla temerá por su vida tranquila en el instituto. Haré que temblé también mientras babea detrás del culo de Amber ahora que ha visto esos fogosos besos y esa pasión rezumar a nuestro alrededor. No se atreverá a revelar nada de mí, no me traicionará, porque se convertirá en un alfil que moveré a mi antojo y el que tranquilamente usaré para mis horribles propósitos. Y nos pilla a dos metros de la puerta de la casa de Castiel.
- Déjame ahora mismo- replica con esa voz irritante suya.
- Callate mocosa si no quieres morir- Mi voz suena tétrica y apagada. Quizás más de lo que intencionadamente pretendía.
Siento como un escalofrío la recorre, ¿una grata sorpresa, no? Vas a descubrir mi horrible personalidad.
Mi ceño esta fruncido y tengo una sonrisa maquiavélica adornando mis labios. Quiero destruir a esta lameculos, hundirle la vida y demostrarle quien tiene la sartén cogida por el mango, quien es la que mueve las fichas o la reina a la que alaba tanto, destruiré su amistad con Amber, destruiré su vida familiar y pasaré al amor secreto de la castaña para aniquilarlo por completo.
- ¿Sucrette?- su voz suena a través del aparato. -¿Estás ahí? Si no colgaré, es la cuarta vez que digo tu nombre.
Parece que me ha cogido el teléfono y que dado a mis pensamientos he estado ausente del mundo que me rodeaba durante unos momentos, me ajusto bien el bolso, coloco bien el móvil en mi oreja y aprieto un poco más el brazo de la molesta Karla.
- Necesito que vengas, ahora mismo-
A la mierda los saludos educados, no necesito decirle hola, ella es mi esclava, le permití tener una vida tranquila y le proporcione un hombro al cual lloriquear y donde hacer su maldad sin tener que tomar las represalias. Ella ahora es mi sirviente, otro jugador que se atrevió a retarme a un juego y perdió. Y ni siquiera la partida la inicie yo.
- ¿Es demasiado urgente?- pregunta, algo incómoda.
Por supuesto que lo es, so-imbécil. Ni siquiera deberías preguntarme, deberías decirme que sí y que estás encantada de ayudarme, te juro que si te tuviera enfrente te haría suplicar.
- Parece ser que tenemos una mosca cotilla aquí, necesito que vengas, vamos a callarla hasta que no quede más que aplastar-
Oigo un suspiro en ese aparato. Estará haciendo sus cosas de zorra, o quizás esté con otro tipo al que se folla porque su "gatito" ya no le hace caso y la odia a muerte.
- Bien estaré ahí en seguida- la oigo susurrar algo luego de unos ruidos extraños. No presto demasiada atención y la escucho de nuevo en unos segundos. -¿Dónde descuartizas a tus víctimas?
Me rió.
- Es obvio que no hay otro sitio mejor para partir ilusiones.
- Bien, ahora mismo estaré ahí.
Corto el teléfono sin despedirme de ella. Sus saludos, las molestias que ocasionan, para mí es una pérdida de tiempo y más si se trata de dárselos a una persona que solo me sirve para jugar y que me ayuda, o más bien obedece, en mis propósitos malvados.
Enfoco mi atención en Karla, la estúpida chica que estaba entre molesta y asustada me observaba también con un semblante lleno de dudas, totalmente turbio por el cual estaba segura que podría atravesar y dominarlo sin ninguna complicación.
Yo era más precavida de lo que cualquiera pudiese pensar de mí.
Karla era una niña mimada y caprichosa que se dedicaba a halagar a Amber y molestarse cuando los planes de Amber no salían bien, probablemente su única amiga real-real-real, fuese la mosquita muerta de Melody. Es por sus aires de superioridad, creyéndose superior por tener de amiga a Amber que yo quería destrozarla, siempre interfiriendo y llamándome fea o mejor dicho "orco", no me importaba cuánto intentase rebajar mi autoestima, ya que no lo conseguiría, lo que sí que me importaba era la forma en la que se pensaba que podría superarme.
Qué patética mosca.
Quería destrozar esos aires de superioridad, no solo eso, quería aplastarla como la vil mosca que era esa estúpida ilusa que se creía mejor que yo.
Nadie. Nadie que no fuese yo, ganaba en el juego de ajedrez que había creado.
La lleve a aquel parque al fondo de la ciudad, abandonado y entre unos edificios bastante viejos y desquebrajados casi a punto de deshacerse, como si fuesen a caerse encima de mí, me encantaba la sensación que producía al ser yo la matona que acorralaba, eso les daba a un más miedo que otra cosa.
La arrastre con fuerza hacia aquel árbol y la aprese allí con mi mano en su cuello, parecía que iba a estrangularla pero era la estrategia perfecta para acojonarla hasta que temblase de miedo y a lo mejor, la niña de mami hasta se hacía pipí encima, JAJAJAJAJAJA.
- Bien, mocosa sin tetas, vamos a charlar tú y yo un rato- mi voz sonó oscura y aún más que fría. Y suelto su cuello que ni siquiera tenía presión ejercida. –Ese beso con Castiel, más te vale que quede entre tú y yo, porque si no, esa "linda cara" tuya va a ser deformada hasta la muerte- avise.
La chica pareció tragar saliva asustada, me crucé de brazos observando su rostro detalladamente, ¿qué tenía de linda? Absolutamente nada, facciones aniñadas y se notaba que había usado corrector para disimular las pequeñas espinillas que había en su frente, seguramente ocultase más espinillas, y más grandes, debajo de ese flequillo de lado.
Mi atención se desvió de nuevo al oírla hablar.
- Ni de broma, voy a llamar a mis padres y a decirles lo que estás haciendo- su voz tembló, casi tanto como cuando se produjo la explosión en el laboratorio de Doña Delanay. –Esto es agresión, violencia.
Me reí con una fuerte carcajada, asombrada por su estupidez, por sus excusas, por ser una niña rica y mimada que se consideraba superior, una simple llamada y su "burguesía" se esfumaría como su dinero.
Ella pensaba que sus "papis" podrían hacer algo contra mí. Que la salvarían y solucionarían siempre su vida, tan errónea era su visión que no habría modo de que consiguiese vencerme alguna vez.
- ¿Te refieres a Gerald O'Donell y Wendollyn Muse?- sonrió cínicamente.
- ¿C-cóm-mo?- Un tartamudeo iluso lleno de miedo.
- Una llamada a mi ex, una llamada a mi abuela y la compañía de tus papás, sus trabajos exitosos y el maravilloso dinero se extinguirán- siento los ruidos de unos pasos. -Si no… pregúntale a Debrah.
Me aparto un poco para que Karla visualice a Debrah, y su boca se abre.
Yo también me giro, su aspecto ha cambiado muchísimo, la niñita que se creía la diva del pueblo es completamente diferente ahora, no tiene nada que ver con esa chica que se subía a cantar con su voz de pito a los escenarios y se creía especial mostrando piel.
Ahora no tiene tanto dinero como antes y de vez en cuando se mete mierdas al cuerpo, está más pálida y ha engordado un poco, aunque eso no se nota demasiado, solo en el volumen de las caderas, y un poco en las piernas, pero su vientre sigue siendo bastante recto, como antes. Es por eso que cualquiera podría creer que simplemente sus caderas se han formado de todo, yo me he dado cuenta porque he visto el cambio de número en la báscula.
Debrah no se mueve y yo frunzo el ceño. Emito un gruñido y camino hacia ella.
Deposito dos besos hipócritas en las mejillas de Debrah, a modo de saludo. Debrah y yo podríamos haber sido grandes amigas. Creo que si no hubiese intentado mediar sus fuerzas conmigo yo no hubiese hecho nada contra ella. Pero es tan estúpida… que se metió en la boca del lobo.
Sonrió hacia Karla, me siento tan fría y horrible que es maravilloso. Me guardo las manos en los bolsillos, con un aire despreocupado, realmente no tengo ni una pizca de temor porque mis amenazas y gestos no funcionen, tengo clarito que puedo destrozarla y ella comienza a darse cuenta.
- Eso es cierto- Interfiere la mayor. -Me hundió sin siquiera poner esfuerzo.
- La verdad es que ni siquiera me esforcé en pensar, pensaron por mí, así que imagínate lo que podría haberte hecho.
Su semblante se desfigura, creo que se está imaginando la escena. Sacude la cabeza como para alejar los pensamientos desagradables sobre una venganza que la haga sentir peor de lo que me sentí yo al ser retada por una inútil y avergonzada.
Karla nos mira asombradas, y sus ojos parecen salirse de sus orbitas en el momento en el que Debrah pasa su brazo por encima de mis hombros con un gesto amigable, más bien que me indica que realmente no quiere que me ponga contra ella y se apretuja más contra mí.
- Es una manipuladora y va a hundirte- sonríe.
- Solo será un poquito de hundimiento, una advertencia-
Debrah parece ignorar mis palabras, como si no se las creyese, aunque hace bien, después de todo casi la mando al hospital.
- Luego te llamará cuando te necesite y te utilizará más que una de las muñecas con las que tú, mosca incompetente, jugabas de pequeñas.
Karla parece quedarse sin palabras, me siento realmente afortunada, es imposible que ella esté haciendo esa carita preocupada en estos momentos, me incita a querer continuar con todo esto.
- Voy a destruirte Karla- mi discurso comienza.
- Quizás tú no entiendas la gravedad de la situación- Debrah me respalda.
- Es imposible que tu hagas eso-
Su voz suena contrariada y parece cerrarse en banda a creer lo que le digo. Pero… ¿por qué tendría que mentirle?
En estos momentos me siento poderosa y avanzo un paso, haciendo que se encoja un poco, hace bien en comenzar a tener miedo y que esa mueca desafiante de ella cuando le contesto algo que la mosquea, me gusta tener este poder en mis manos.
- Tengo una grabación tuya admitiéndole a Amber que te gusta alguien del instituto- Mi voz suena totalmente burlesca y superior.
- No me lo creo- gruñe ella, escudándose en su fe de "Sucrette es una niña tonta e inocente", un pensamiento inútil.
Saco el móvil del bolsillo al oir eso, por mucho que intentase cubrirse yo era precavida e inteligente, nunca hacía nada en vano, sabía todo o casi todo lo oscuro que podía hacer que ellos sucumbiesen, los conocía porque ellos me habían abierto las puertas y una vez el paso es permitido, la responsabilidad recae en sus hombros. Por confiar. Nunca confíes en nadie.
- Bien, reuní pruebas-
La grabación empieza a sonar con una brillante tonalidad en las que se la oye a ella y a Amber hablar sobre el misterioso chico. Karla le confiesa, a su best friend for ever, que está enamorada de él desde hace poco, aunque no entiende porque le gusta él si es un poco arrastrado y patético. Amber le dice que mientras no sea Castiel o Nathaniel está bien, entonces parece recordar a Kentin y lo añade también. La cara de la chica palidece, y ahí todos podemos darnos cuenta de quién es.
- Menuda sorpresa, no pensé que tus gustos fuesen tan parecidos a los de Amber, debes estar muriéndote de envidia luego de ver a Kentin besarla- la sorna con la que la estoy hiriendo me gusta.
- No, ¡no es así! ¿Cómo sabes eso? ¡ESTABAS ESPIANDO COTILLA SIN VIDA!
- Que patética-
Además, Kentin está patética e irremediablemente enamorado de mí, una mocosa como tú no tiene oportunidad con ella, jamás la tendría.
- Tan enamorada de alguien que solo me ve a mí.
Avanzo un paso y crujo mis dedos, estallándolos y deshaciendo los nudos de ellos y la apunto suavemente con el puño. Ella retrocede un poco y siento como las pequeñas lágrimas recorren sus ojos.
- ¿Qué quieres?
Sonrió dulcemente y pongo la cara que me pone Nina cada vez que me acerco a Lysandro. Eso es un gestazo, me alegro de que hubiese podido copiarlo.
- ¿Hacemos un trato… o… entrego esto a Kentin?-
Salgo de la galería de videos del móvil y le enseño las fotos, obviamente luego de localizar la carpeta con contraseña que pone K.O.M.
Las cartas que confisque de su mochila, dirigidas a Kentin, están fotografiadas y claramente se ve que eso que hay debajo es una cama, por si acaso me hice más con ellas en la mano y en mi habitación, eso le enseñara.
- Diré que me humillaste, que me hiciste llorar- pongo la voz de, "estoy depre" y me doy cuenta de que soy una actriz genial. -¿A quién crees que salvará?
Ella sabe la respuesta, su cara me indica que no está feliz con todo lo que le estoy aclarando, dejándole ver mi cara oscura y destapando mi descarado rostro.
- Oh, me encantaría publicar las poesías tan hermosas que hiciste para él… ¿y si se las paso a Peggy…?
- No te atreverías…- su voz tiembla y sus inocentes lágrimas se deslizan por sus ojitos verdes.
Es una suerte que yo sea lista y precavida, aunque esta vez fue culpa mía que me pillaran, dejando que Castiel se dejase llevar por los impulsos, por suerte solo es Karla, la chica de la que más sé en todo el Sweet Amoris tirando para mal.
- Oh cariño, claro que me atreveré y mañana recibirás una advertencia, los sueldos de tus padres se reducirán… un 5%, y luego, si te niegas a mí…
- Se encargará de que tu vida sea una mierda- repone Debrah, con una sonrisa agotada. –Así como consiguió joder la mía, destruirá la tuya.
Y así es como yo, gano siempre.
[…]
Llamo a Viktor por teléfono, bueno, realmente llamaría a su secretaría, seguramente esté en una reunión importante y no cogerá el teléfono aunque sea yo. Las llamadas se desvían al teléfono fijo que hay en la mesa del ordenador de la fiesta.
- Está usted llamando a la oficina central de Viktor Hale- la voz de una chica pija suena al otro lado.
- Soy Sucrette, Sucrette Darcy- mi voz suena triste y lastimera.
Se atraganta, supongo que hace demasiado que no oye mi nombre y que no llamo por ahí. Mi sonrisa se extiende por mi rostro y sé que soy una persona retorcida. El simple hecho de que me conozcan hace que
- S-s-señorita Sucrette- tartamudea sorprendida, como si se hubiese atragantado.
- Me gustaría que hablase con Viktor por mí- mi voz suena firme, pero al mismo tiempo abatida y hago un sollozo falso que pasa por creíble. –Esos dos me han…- sollozo como si no pudiese seguir hablando.
- Mándele un e-mail, seguro que estará feliz de que pida su ayuda.
En ese momento su voz suena sonriente, supongo que se alegra de que acuda a su jefe, porque ellos siempre están diciéndome que deberíamos volver que juntos mejor que nunca, que yo era para él y él para mí.
Supongo que somos su pareja de oro…
- ¿está…?- se calla.
- Lo estoy, señorita Fletcher- mejor que nunca.
[…]
Soy retorcida, retorcida, más que retorcida. Soy el mismísimo demonio. A veces pienso que si realmente existe el infierno, iría de cabeza y me quedaría ahí disfrutando de él como si fuese mi paraíso.
El asunto de Karla ha acabado, ella me promete que hará lo que le pida pero que no haga nada de lo que le dije que podía hacer, finalmente triunfo. Era normal que ella se dejase arrastrar por su codicia, pensando que yo sería benevolente, aunque claramente haría lo del sueldo para demostrarle que tan horrible eran mis influencias.
Entro en casa, son las seis ya, he estado fuera unas horitas, pero igualmente he estado feliz de salir de esa casa que ahora se me caía encima al ver a mi abuela al teléfono.
Tras desviar mi vista, veo a Leia con unas maletas gigantescas, la cual me sonríe y me abraza. Se va.
- ¿Desde cuando tienes esas maletas?
Mi pregunta cae en saco roto. Ella continúa abrazándome en un asfixiante dolor de culo que indica lo mucho que me echará de menos y aunque yo lo hago ahora que nos estamos despidiendo, no muestro tanto énfasis. Me mueve de derecha a izquierda y veo a mi abuela negar con la cabeza.
- El divorcio termina- me lo imaginaba. -Pero te juro que voy a venir todo lo que pueda a patear tu trasero para que sigas informándome con tus novedades-
- Prometido-
Esta vez la abrazo yo en un abrazo más fuerte y oigo a mi abuela despedirse de la persona con la que hablaba por teléfono.
- ¿Taxi o madre?- pregunto aun sujetándola fuerte.
- Taxi, mi madre ya lo pidió para mí. ¡Siento que haya estado durmiendo todo el día!
Nos separamos con dos besos y nos sonreímos como si no nos fuésemos a volver a ver, diciéndonos con los ojos lo mucho que nos importamos. Sin que haga falta decirlo en voz alta, creo que me moriría de vergüenza si lo dijo sinceramente. Además, no es mi estilo esto de derrochar amor por los poros de la piel.
- No hay problema, estabas agotada- mi sonrisa se extiende por mi cara y suspiro hondo. –Llámame cuando llegues.
- Por supuesto alumna estrella- me guiña un ojo y sale por la puerta. Luego, claro, de despedirse educadamente de mi abuela.
Voy a echarla de menos.
Leia siempre ha estado para mí y creo que me había acostumbrado a su convivencia, a pesar de ser una vaga empedernida que aprovecho el divorcio para poder dormir ignorando sus clases y todo lo que tenía que hacer.
Me giro hacia mi abuela y frunzo el ceño luego de dejarlo ir.
- ¿Habrás sido amable, no?- preguntó, taladrándola con los ojos.
- Por supuesto, soy una dama-
Me siento a su lado en la cocina, estiro las manos y alcanzo las suyas. Dándoles una caricia llena de afecto. Bueno, empezamos con las cosas para conseguir lo que quiero…
- Necesito un favor- digo con voz suave.
- ¿A quién quieres que intimide la empresa de tu abuelo esta vez?
Mi sonrisa crece a lo largo de mis labios y le explico la situación por encima y sin detalles. Tergiversando la realidad un pelín solo, ella me escucha atentamente y asiente con la cabeza cada vez que hago pausas, claramente tras pedir algo a cambio. Ella era una Darcy, seguramente estuviese deseando chantajear o aprovechar para pedirme algo.
- A cambio, tomarás el curso de baile.
- Ok, pero ya sé bailar casi todos los bailes de salón.
Y es cierto, en las cenas o galas hay que tener un mínimo de cultura de bailes de salón, no solo eso, sino que hay que ser educado y demasiado perfeccionista, es imposible que alguien que no sepa para que valen los nueve o diez cubiertos a cada lado pueda ir a esos sitios sin quedar como paleto de pueblo.
- Eso mismo, casi todos, y quiero que esta vez bailes algo latino, se quedarán de piedra.
- Vale, ¿es un trato, vie…Caroline?
- Por supuesto- sonríe. –Eres una dama y no me llames vieja, niña-
Nos miramos con complicidad, la abuela siempre ha sido una víbora y una vez a mi madre se le escapo llamarle vieja, o mejor dicho hizo lo mismo que yo, aunque mi gesto fue apropósito para putearla por pedirme algo así y para perder mi tiempo.
Empezamos a charlar sobre su estadía aquí y justo cuando le pregunto qué cuánto tiempo se queda al final, una llamada nos interrumpe. Es Debrah.
De nuevo, pasad un buen año. Que disfrutaraís el capítulo y que las que salgáis tengáis una noche mágica, (como yo, al menos eso espero).
En fin, este capítulo es corto y muestra lo agresiva que puede ser Su, he quedado un poco insatisfecha, pero me gusta igualmente. Espero que os guste, más de lo que me gusta a mí, y que me dejéis review.
Siento tardar en subirlo, pero aquí está. Os quiero Sucrettes.
¿Llegamos a 149 reviews está vez y subo?
Os amo, feliz año.
