Hola, hola, soy Noah.
Gracias por comentar para mí, tanto los guests como los usuarios de ff, por perder vuestro tiempo escribiendo algo para hacerme feliz y colaborar conmigo, en cierta manera, para que continúe esta historia, apoyándome y diciéndome que soy buena escritora, algunos que me adoráis, me hacéis feliz y quiero más y más seguir mejorando y con esta historia. Me gusta muchísimo recibir vuestros reviews y en serio, cuanto más largos mejor, cuanto más apoyo mejor, me siento querida, gracias. Aunque debo decir que hubo un error en fanfiction y no he podido leer los comentarios grandes de los guests (los leo todos en gmail pero no salen completos si son demasiado largos, así que los leo por aquí), lo bueno es que ya se ha arrgelado.
Avisos:
Lynn Darcy es el nombre de la Sucrette en el manga de ChiNoMiko.
La verdad me gusta mucho Orgullo y Prejuicio, pero no tiene nada que ver el apellido con este libro.
Si buscáis en google imágenes "Lynn Darcy" os aparecerá, solo he tomado el apellido que parece ser oficial para la historia, como Lysandro es Ainsworth, Sucrette es Darcy. Nada más :)
...
AVISO DE ENCUESTA DE PAREJA DE SUCRETTE EN MI PERFIL.
Cita
1ª parte
[Amaba el patinaje más de lo que amaría a nadie en mi vida]
Cuando era pequeña me gustaba corretear por la casa siguiendo a mi madre, diciéndole que de mayor sería una super-heroína como ella. Solía decir que ella era la mejor madre del mundo y que la quería muchísimo. Era mi héroe, la mujer fuerte que siempre sabía lo que me convenía para mi vida y para todo lo demás.
Me gustaba cuando me abrazaba y me consolaba, que fuera constante en su trabajo de mamá y ama de casa, que siempre mirase debajo de mi cama por si había monstruos, sobre todo me gustaban sus regalos y sus sugerencias.
Ella era mi inspiración, mi ejemplo a seguir, mi mamá era la mejor.
El regalo de mi quinto cumpleaños, que recibí de parte de ella, fueron unos patines de hielo. Mi pasión siempre ha sido el patinaje sobre hielo, a cuatro ruedas y en línea, todo lo que tuviese relación con el patinaje. Me apasionaba.
Mamá siempre me animaba a hacer lo que quería, era cariñosa y atenta, jamás se le habría pasado por la cabeza separarse de mí. Un recuerdo que siempre estuvo presente es cuando mamá se fue de vacaciones con papá a una segunda luna de miel, para follar y relajarse del estrés de ser padre. Mamá tuvo que volver a casa porque no aguantaba el separarse de mí, algo bastante exagerado, pero… al ver a mi mamá la felicidad me embargó y deje de llorar como una desquiciada a la que estaban a punto de matar, mi abuela incluso se volvió loca y dijo que no volvería a cuidarme si lloriqueaba tan fuerte, que habían venido cinco vecinos a quejarse por mis gritos.
Un día incluso se pidió vacaciones para venir y apoyarme en mi campeonato de patinaje artístico, sobre hielo, acompañada de mi amigo de la infancia, en ese entonces, Viktor, papá, la tía Agatha y los señores Hale. Todos ahí, por mí, en el centro de entrenamiento de Londres, apoyándome. Todos gritaban y me felicitaban cuando salía de la pista con aquel trajecito ajustado, de hecho, aun guardaba el traje al igual que también guardaba la pancarta que había hecho para mí Viktor, en un inglés perfecto con una caligrafía impecable.
Viktor era un señorito perfecto. Y eso en cierto sentido me gustaba, se parecía a mí y me hacía sentir mejor al saber que yo no era la única que se desenvolvía y peleaba por cumplir sus deseos incluso si tenía que quedar de perfeccionista o pesadísima con su superioridad. Es por eso que siempre me había pegado a él, por eso seguía los consejos de mi madre y, por supuesto, seguía amando el patinaje sobre hielo todo había sido mi apoyo cuando era una niña. Y desde luego, siempre sería una parte importante para mí, de todos mis apoyos de niña se destruyeron, excepto el patinaje.
El patinaje estaba ahí siempre que quería escapar, me gustaba como me sentía cuando deslizaba las cuchillas sobre el hielo, como giraba y lo buena que era imitando las coreografías, como me sentía cuando la música sonaba y bailoteaba deslizándome con toda la rapidez del mundo.
Cuando patinaba mis padres gritándose desaparecían, papá con otras mujeres se esfumaba, mi mamá seguía conmigo apoyándome, a mi vera, diciéndome que siguiese mi corazón y que hiciese lo que realmente me gustaba.
El patinaje nunca me fallaba, siempre había una pista cerca en la que podía desfogarme. Cuando necesitaba huir de la realidad, el patinaje me aislaba a un mundo de fantasía en el que todo se desvanecía. Me convertía de nuevo en una niña pequeña e inocente, una niña feliz. Me deslizaba como si fuera una mariposa y me sentía como un pez que había regresado al agua después de unos segundos, eternos, en la tierra al haber sido pescada.
El frío, el hielo al rozarlo con las manos, la forma en la que las piruetas realizadas me hacían sentir por fin con propósitos en la vida. Como si fuera hecha para esto. Era feliz cuando patinaba. Una salvación para este corazón tan horrible y contaminado.
Mis ojos se aguaron un poco y sacudí mi cabeza ahuyentándolas. Estaba increíblemente feliz. Sostuve los boletos en mis manos y temblé involuntariamente, no podía ser cierto…
- Dios…- jadee. –Esto es maravilloso-
No estaba fingiendo la emoción. Realmente estaba feliz, mis ojos fijo que estaban brillando en un intenso color lleno de emoción. Aun sin creérmelo abrace los boletos en mi pecho y sentí la emoción destilar por mi corazón y bombear rápidamente la sangre en un latido continuo que hace que me estremezca del todo.
- ¿Te… te gusta?- parece inseguro.
Pero yo simplemente asiento sin parar de emoción. Ha sido astuto, tan astuto, que si me hubiese descuidado un pelín, estaría sintiendo un cariño por él.
Estoy sin palabras, no puedo creerme que haya hecho algo así por mí, que aún se acuerde de que amo patinar desde el fondo de mi corazón. Han pasado años desde que yo he hablado con él sobre eso, de hecho incluso puedo arriesgarme a decir que jamás me ha visto patinar o que nunca le he hablado de lo mucho que adoraba la sensación y adrenalina que me producía el patinar y que todos los estilos me hacían sentir libre de estrés. ¿Cómo es posible que lo sepa?
- ¿Cómo… cómo lo sabías, Kentin? ¿Cómo?- Estaba asombrada, incrédula.
- Llame a Laeti, no estaba seguro de que siguieras enamorada del patinaje como lo estabas antes… como ocurrieron tantas cosas.
Había llamado a Laeti, a quien odiaba hasta la muerte, para averiguar si seguía gustándome el patinaje. Había hecho muchísimo más de lo que me hubiese esperado para esta cita que al principio me pintaba de aburrida.
- Gracias, Kentin…-
Él parece feliz y ahí, sin poder contenerme, lo abrazo en un enorme apretón que indica todo mi agradecimiento. Tras separarme de él y ponerle unos ojos de felicidad real, lo beso en los labios con muchísima dulzura, no puedo creerme lo que ha hecho por mí, lo que debe de habérselo currado para conseguir boletos y la pista para nosotros solos.
Mis labios lo devoran con cariño y dulzura y él decide situar sus manos en mis caderas y corresponder al beso con mucho más amor que yo, queriendo demostrarme que no había sido nada.
Es la primera vez que hacen algo así, solo por mí.
- De nada… quería que fuera especial-
- ¿Cómo has conseguido que sea solo para nosotros?
Me acaricia la cara con sus suaves y grandes manos. Lleva sus típicos guantes y la tela de ellos choca con muchísima suavidad provocando un cosquilleo en diversas partes de mí cara. Sus yemas rozan mi cuello y también mis sienes con muchísima suavidad, haciéndome estremecer con unas hermosas cosquillas que me ponen la piel de gallina. Coloco mis brazos en sus caderas mientras lo acerco un poquito más a mi cuerpo.
- Mi padre me ha ayudado un poco.
Sonrió y vuelvo a besarle con suavidad y con un toque de picardía. Entrecierro los ojos y muerdo su labio inferior, pegándome más a él, más de lo que antes estaba. Dejó que lo mordiese y siguió deleitándose con mis suaves besos y mordidas.
- Es fantástico…-
Me separó un poco de él. Y observo mi atuendo, no es acertado para ir a patinar con toda la movilidad que yo quiero, si es una pista enorme para nosotros solos, debería ponerme unos legguings en vez de unos vaqueros ajustadísimos que casi ni me permitían moverme o sentarme sin sentirme comprimida.
- Entra, voy a cambiarme… y bueno, esta mi abuela, pero creo que en su cuarto, si viene solo sé super-mega-educado.
- Um… sí, pero estás bien así… o sea… estás muy linda-
Sonrió ampliamente y doy una vuelta delante de él para que vea mi trasero resaltar en esos apretados vaqueros, llamando plenamente su atención y haciéndolo ruborizar un poquito más de lo que normalmente s e ponía.
- ¿Te gusta? Me lo puse pensando en que quizás te encantaría.
Él sonríe dulcemente, como halagado de lo que he dicho, como si realmente se sintiese enternecido por mis palabras.
- Me encanta…
Cuando estamos por besarnos de nuevo, un ruido interrumpe cualquier contacto, separándonos con brusquedad. Mi abuela fulmina con la mirada a Kentin.
- ¿Y este joven?- pregunta, con un tono mordaz.
Me golpeo la cara con fuerza al darme cuenta de que mi abuela está en la puerta observándonos con un semblante furioso, seguramente estaría esperando para verlo y hacerse la sorprendida pero al oir tantos silencios debió perder la paciencia.
- Caroline, este es Kentin, mi novio- digo en un suspiro de resignación. –¿Estabas espiando tras la puerta?
Se pone roja, no sé si de furia o de vergüenza, así que solo resoplo hondo y tomo la mano del militar para arrastrarlo dentro, lo llevo hasta mi habitación y miro a mi abuela, va a darle un infarto y realmente quise ver su cara al salir, perderé un poco el tiempo, tentaré a Ken a salir de nuevo de Kentin y, más tarde caminaré hacia la puerta cambiada, con los labios hinchados y la comodidad de mi nueva ropa.
Aunque sabe perfectamente que no soy estúpida y que no haría nada con ella en casa. Sabe que soy respetuosa con esas cosas y tiene la esperanza de que siga siendo casta y pura por mi posición o que al menos reserve mi virginidad para el prodigio de la familia Hale.
Caroline Murf, la mujer más estricta y casada con Harrison Darcy, siempre había estado orgullosa de mí, y se fiaba de mí, es por eso que sabía que yo no traicionaría su confianza y que sería inteligente. Una dama.
- ¿Uh?- Kentin entra en mi cuarto y lo empujo a la cama.
- Ponte cómodo- digo, sacándome la chaqueta y dejándola a su lado en la cama. -Iba a dejarte en el salón, pero no quiero que mi abuela te diga que eres poco para mí o te haga sentir incompetente. Siempre es así y no sería personal, pero igualmente.
Kentin me observa atentamente y resopla, un poco incómodo. Quizás esté recordando su pasado, este pensando en todo lo que era antes, en Ken. En su otra parte. Frunzo el ceño y me arrodillo ante él, dejándole ver un poco canalillo y acaricio sus rodillas en un tacto suave.
- Si no te quieres tú, te querré yo- voy a pronunciar un discurso que jamás pensé decirlo en voz alta, el discurso que siempre he deseado oir de parte de Viktor. –No importa cuál sea tu aspecto, tu personalidad o tú forma de moverte, yo voy a aceptar todo lo que tú pongas sobre la mesa y voy a abrazarlo como si fuera algo mío. No pienso dejarte solo porque todas las partes y cosas de Kentin son hermosas- acaricie su rostro y lo observe fijamente. –Kentin, no te sientas menos, siéntete más, con tus gafas o sin ellas. Me gusta que sigas creciendo y volviéndote más y más fuerte… siempre y cuando solo sea yo la que te vea crecer o caer, y la que te ayude a seguir o levantarte-
Kentin se acerca a mí y besa mis labios.
Un suave roce de sus suaves labios, una caricia que significaba más que amor. Con este beso Kentin trataba de expresar todo lo que sentía por mí. Sus cálidos sentimientos mostrándose a mí como si fuesen imposibles de expresar con palabras. En estos momentos me sentía algo vulnerable.
- Se supone que algo tan genial como eso debería decirlo yo-
Sonrió ampliamente, esta vez soy yo quien lo besa a él, devorando poco a poco sus labios, besos cálidos y llenos de emoción. Y en estos momentos recuerdo que tenemos boletos para patinar y que seguramente haya planeado más cosas a parte de patinar.
Corto la conexión de nuestros labios y me separo un poco.
- Voy a cambiarme- Afirmo, sonriendo dulcemente. –Sino… No llegaremos a tiempo.
- Oh, sí… tengo más cosas a parte del patinaje-
Me levanto rápidamente de la posición de rodillas. Camino hacia al armario y lo abro, buscando un jersey calentito y unos legguings para moverme con comodidad, una vez que encuentro todo lo necesario, cierro las puertas del armario y me quito la camiseta.
Los ojos de Kentin se abren como platos y me mira asombrado, lleno de vergüenza, ruborizado totalmente hasta las orejas.
- ¿Q-qué?- su gritito confundido, avergonzado me hace sonreír.
- ¿Qué pasa?-
Mi pregunta está normalizada, no estoy agitada y tampoco avergonzada, me muestro a él con ropa interior, un conjunto atrevido y muy verde, su color.
- Te-te estás desnudando…-
Alzó una ceja como si no entendiese y me rió aún más fuerte. Supongo que la novedad de ver a la chica que te gusta quitarse la ropa deja asi de aturdidos a los tíos como él. Porque si fuera alguien como Castiel estaría ayudándome él… bueno, lo dudo. Se va de machito y todo eso, pero seguro que si me quito la ropa de sopetón se quedaría helado y tendría que empezar yo o ponerlo celoso con otro. Se mueve por impulsos y Kentin… no se mueve.
- ¿Y? Tengo que cambiarme si quiero patinar con todas mis fuerzas.
- Pe-pero…
- Eres mi novio…- digo. -¿Algún día ibas a verlo… no?
Asiente y casi puedo ver que suelta algo de baba de felicidad.
Bueno, eso más bien fue mi imaginación, Kentin no babearía aunque lo estuviese deseando, preferiría encerrarse en el baño antes que hacer algún acto que recordase a Ken. A pesar de que he intentado entender porque tiene tanto pavor a ser o mostrar algo de Ken, aunque fuese porque era débil, cuando ahora está irresistible, puede presumir de haberse mejorado a sí mismo y si fuera yo estaría orgullosa.
No importa como lo mires, no lo trate mal en el pasado, su inocencia me frenaba a hacer algo que pudiese dañarlo, incluso le grite a varios chicos y les prometí que jamás volverían a verme sin ropa o a tocarme si le decían algo a Ken, es por ello que dejo de ser tan molestado como antes, a ser ignorado o tratado como alguien del montón.
Al menos hasta que llegó Amber a nuestras vidas y estropeo todo lo que había conseguido, como aquí no tenía tantas influencias por seguir los consejos de Laeti, decidí consolarle con palabras, pero por lo visto su padre-militar-que-puede-decirse-me-intimido-un-poco le vio cara de nenaza y lo cambio de escuela, ahora puede consolarse solo y el que parece asumir mi expapel de consoladora o paño de lágrimas es él.
En cierto sentido es bueno que su padre haya tomado esa decisión, en otro no sé qué decirte… Ken era encantador en cierta medida. Aunque me gusta su cambio, más bien, me pone.
- No te pongas nervioso- soy suave.
Me coloco una básica tapando mi sujetador verde y rosa, que llama más que nunca la atención del militar, que traga saliva más fuerte de lo que lo había hecho antes. Su rostro me muestra todas sus emociones saliendo a flor de piel, tiene vergüenza o mejor dicho, se está controlando.
Me siento a su lado y le tiro mis legguings a sus piernas, se tensa, como si supiera lo que iba a hacer, aunque fuese obvio.
- ¿Qué vas a…?- pregunta.
Me acuesto hacia atrás y desabrocho los tres botones de mis vaqueros, me vuelvo a sentar derecha y levanto mi trasero un poco para bajarlos hasta debajo del culo. De reojo veo a Kentin, mirando mis piernas y mis acciones, lentamente comienzo a hacer descender mis vaqueros, lo más lento que puedo para llamar su atención y, otra vez, traga saliva con fuerza.
Una vez que mis pantalones, más ajustados que las camisetas de Amber, salen de mis largas piernas, me mira a los ojos, totalmente ruborizado, he ido lo más lenta posible para disfrutar de su cara completamente ruborizada, de sus ojos saliéndose de sus orbitas y el sudor comienza a notársele caer por el cuello. Sonrió pícaramente.
- ¿Quieres ponérmelos tú?- bromeo.
Y Kentin salta hacia atrás con las mejillas completamente ruborizadas.
- ¡¿Qué?! ¡N-No!-
Ya no es que su rostro estuviese más rojo que el pelo de Castiel, no, sus manos, su cuello, sus orejas y puedo asegurar que seguramente todo él esté rojo, incluyendo debajo de su pelo. Me rió y me incorporo en la cama, cruzando mis piernas, aun desnudas y sin nada, poniendo mi mano en su pecho.
- Era broma tonto- me rió con mucha suavidad.
Coloco mi otra mano al otro lado de su pecho, él me observa tragando saliva. Y ahí me inclino para besarle, mientras veo que Kentin tarda en reaccionar.
No creo que sea extraño, me gusta ver las reacciones de los hombres cuando estoy a medio vestir o a medio desvestir, tenga o no tenga esas intenciones, me gusta verlos con su cara de perversión o leer de sus rostros los pervertidos deseos que quieren realizar con mi cuerpo. Sin embargo puedo asegurar que Kentin no pone más que un semblante de vergüenza acogido en un rostro convertido en tomate. Que aburrido.
- Kentin… sabes, no tienes que contenerte. No me enfadaré, pues es culpa mía al estar desnudándome delante de ti. Ni siquiera estoy pensando en probarte, puedes, tocarme sin permanecer estático.
No dice nada, me mira con una ceja alzada, como si realmente estuviese probando a ver si ha oído o no ha oído bien, saco la lengua y hago una mueca graciosa para que se ría, cosa que logro en unos segundos.
- ¿Qué haces?- pregunta, aun partiéndose el culo.
- Relajarte, estás tenso-
- Mi novia se ha quitado la ropa delante de mí… ¿sabes?
Me rió entre dientes y niego con la cabeza, está loco si cree que voy a no hacer eso nunca más delante de sus narices.
- Oh venga, no seas tonto- entrecierro los ojos. –Sabes que te gusta-
- Yo no he dicho que no me guste- murmura, casi soy incapaz a escucharlo, pero sé perfectamente que lo ha dicho. Estoy convencida –Es solo que es repentino-
- Habla más alto cielo, no me gusta forzar el oído- bromeo.
Kentin solo bufa como si fuera un niño pequeño y yo sonrió ampliamente ante sus gestos infantiles que resultan un poco encantadores.
Me remuevo un poco y consigo ponerle un poco más nervioso de lo que estaba quitándole los legguings de encima de sus piernas. Pero no os confundáis, no por el hecho de que me voy a poner ropa, se ha puesto así. Desde luego que no. Sino por el lugar donde estaban mis pantalones, tan cerca de mini-Kentin, o Ken a secas. Sus mejillas se ruborizaron y yo cogí los legguings para colocarlos directamente en mi regazo, con una pequeña sonrisa.
Me siento bien de nuevo y comienzo a vestirlos, pasando mis dedos por mis piernas mientras el observa atento mis movimientos. Se trata de seducirle hasta que caiga y luego cortarle el rollo por cortármelo él a mí.
Traga saliva cuando ya he vestido una pierna y cuando procedo con la segunda freno un momento para comprobar algo, realmente no es nada, pero él no tiene que saberlo, ¿no? Estiro la pierna en alto y de reojo veo como el chico me observa atento.
- ¿Sucede algo?
- Mi pierna… creo que me había dado un tirón, ¿la frotarías por mí?
- S-S-Su- oigo su voz tamborilear. –Creo que…
- Olvídalo… de todas formas… estará bien… ¿no?
Kentin traga saliva.
- Yo lo haré…
Cierra los ojos con fuerza, como si estuviera deseando estar en otro lugar que no fuese a mi lado. Y deja caer con muchísimo tacto la mano sobre mi pierna, lo oigo tragar saliva, otra vez, respirando con pesadez y frotando la pierna con la mayor suavidad posible. Como si fuese un pecado tocar mi piel.
Sus caricias eran suaves y muy cuidadosas, ejerciendo presión tras preguntar un "¿duele?" suave, que intentaba mostrar su preocupación y su credibilidad y fe en mí, y las cosas que salían de mi boca claro. Tanteo mi pierna con suavidad y cuando vio que ninguna de las zonas me producía ningún dolor, dejo de tocarme la pierna. Porque sabía que no quería subir de la rodilla hacia arriba.
Lo deje estar y ahí lo beso intensamente, haciéndole retroceder un poco por la intensidad, y casi tirándolo encima del colchón. Mi beso exige demasiado, casi que hasta yo siento como se me acaba el aire, él parece no ser capaz a responder a todas las intensidades y sensaciones que le proporciono, no me importa. Y continuo hasta que no soy capaz yo a continuar y, ahí, en ese momento, corto el beso y me pongo los legguings más rápido de lo que me quite los pantalones, colocándome posteriormente unas Stan Smith para estar completamente lista.
Esta vez, me levanto antes que él y coloco un coletero en la muñeca, es del mismo color que el jersey y lo usaré para atarme el pelo en el momento en que vayamos a patinar. Kentin sigue estático en la cama tirado aun en la posición que lo deje, se está tapando la cara y apuesto cien euros a que sigue más que ruborizado hasta las orejas.
Me incline sobre él y plante un beso en sus manos, lo vi abrir los dedos para mirarme entre ellos y sonreí por inercia, contenta de que por fin me estuviese mirando, aunque no tarda en esconderse y ahí es cuando mi sonrisa se borra ya que no mira. Me pongo recta y dejo mis brazos libres para que él pueda mirarme a mí primero sin asustarse de mi cara seria.
- ¿Nos vamos?- hablo impaciente y, no sonrió.
Él se levanta de la cama y suspira.
- Besas… wow.
Eso me hace reír y niego con la cabeza mientras me acerco a tomar su mano con una enorme sonrisa que me llega casi hasta las orejas. ¡Vamos a patinar! ¡Vamos a patinar!
- Gracias, tú también besas… ¿wow?- pregunto, al no saber bien si lo he dicho tal cual lo ha dicho él.
Es que ha sido un wow raro, ¿vale?
Esta vez se ríe él y afirma nuestro agarre de manos, para abrirnos la puerta de mi cuarto y recoger mi bolso mochila que llevaba antes. Salimos del cuarto sonriéndonos y, veo los labios de Kentin un poco hinchados. Perfecto.
Mi abuela nos mira con una ceja alzada y me dice con la mirada que no lo aprueba, supongo que por su aspecto de chico vulgar.
- -¿Vais a salir hasta muy tarde cariño?
- -Posiblemente, pero no te preocupes, cualquier cosa me llamas- sonrió dulcemente. –Prometo regresar pronto, además he oído que has traído trabajo, así que te viene como anillo al dedo.
Ella sonríe, cínicamente. Y se acerca a darme dos besos como despedida.
-Es un placer conocerte, jovencito- esta vez se inclina hacia Kentin y da dos besos en sus mejillas, Kentin parece desconcertado. –Mi nombre es Caroline, y los dos besos son una costumbre española al conocer a alguien darle dos besos.
- Oh… ¿es española?
- ¡Qué joven tan educado! Pero tráteme de tu, soy muy joven, y llámame Caroline.
- Claro- sonríe con vitalidad.
Sé que Kentin siempre ha querido conocer a mi familia, de hecho hasta un día me hablo de boda, sí, cuando fue lo de Debrah, aún recuerdo sus mejillas sonrosadas y como intento cubrir sus meteduras de pata. Sonrió un poco un frunzo el ceño al darme cuenta de que estamos perdiendo tiempo.
- Kentin me va a llevar a patinar sobre hielo. Alquilo la pista para nosotros.
- ¡Que jovencito tan encantador! Pues no os entretengo más, disfruta muchísimo tu cita, cariño.
Sonrió como si realmente estuviera agradecida y nos despedimos de ella. No le doy tiempo a Kentin de decir nada al salir ya que troto escaleras abajo con mucha felicidad y al llegar al portal, lo veo negar con la cabeza con una sonrisa hermosa que adorna su rostro. He de reconocerlo, está guapo con unos pantalones de chándal, una camiseta negra y una chaqueta de camuflaje. Realmente lindo.
- No corras más por la escalera, podrías caerte-
- Agradezco la preocupación, señor novio, pero estoy perfectamente bien- sonrió ampliamente. –Además ya quiero llegar, estoy emocionada, hace tanto que no patino, entre estudiar y todo esto… ¡Ha sido todo muy movido!
Lo veo negar con la cabeza y toma mi mano con dulzura y con su brazo se mueve para abrirme de nuevo la puerta, solo que esta vez la puerta del bajo.
Salimos y la suave brisa de viento nos invade, miro al chico que me guía y él me mira a mí, freno mis pasos y suelto su mano con suavidad para envolver mi brazos por su cuello, con una enorme sonrisa.
- Gracias por hacer esto para mí.
- Gracias a ti por ser así-
Juntamos nuestros labios en un suave y delicado beso. Supongo que de vez en cuando un dulce está bien entre el sexo salvaje o apasionado, creo que ya puedo imaginarme a este chico follando con lentitud y siendo cuidadoso. Aunque seguro que tiene una vena dura y quiero encontrarla.
Nos separamos y nos miramos.
- Te amo- me dice.
- Y yo a ti-
Las palabras pueden ser tan vacías, lo que yo amaba era el patinaje, lo amaba más de lo que podría amarme a mí. Y por supuesto, me amaba a mí, al patinaje y al control más de lo que amaba a Kentin, mucho más, porque no lo amaba.
- Te he querido tanto desde que te conocí- me dice.
- Sigo preguntándome como…-
Me sonríe y aun mantengo mis brazos en su cuello. Cuando estamos por besarnos. Oigo una vocecita que pronuncia mi nombre, y mis nervios se crispan.
- Sucrette-
Cuando me giro, no puedo creer lo que estoy viendo. Y mi acompañante menos, abre los ojos desmesuradamente y no puede creerse que ella esté aquí, frente a mi.
- Debrah-
Hasta aquí, he hecho lo que he podido antes de que me empiecen las clases. Sé que quizás es corto para algunas, considerando que generalmente son 15 páginas, pero... hoy solo traigo 10 páginas. Espero que las disfrutéis, y que os guste.
La primera parte de la cita de Kentin empieza. Ahora toca saber que le dijo Debrah, que hace Debrah ahí y porque la llamó. Estoy deseando escribir.
Pero como he dicho, me empiezan las clases, trataré de ser constante igualmente, pero tendré menos tiempo ya que, esta evaluación es muy corta y la más importante, así que tengo que dar lo mejor de mí y abrir los libros de una vez. En fin. Deseadme suerte. Las que empecéis las clases, mi suerte también.
Avisos:
Lynn Darcy es el nombre de la Sucrette en el manga de ChiNoMiko.
La verdad me gusta mucho Orgullo y Prejuicio, pero no tiene nada que ver el apellido con este libro.
Si buscáis en google imágenes "Lynn Darcy" os aparecerá, solo he tomado el apellido que parece ser oficial para la historia, como Lysandro es Ainsworth, Sucrette es Darcy. Nada más :)
...
AVISO DE ENCUESTA DE PAREJA DE SUCRETTE EN MI PERFIL.
¿Llegamos esta vez sobre 168 reviews? ¿170?
Bueno, pasemos de 165.
Muchas gracias por leerme, os amo.
