Hola, hola, hola, holita. Soy Noah-chan.

De nuevo habéis superado todas mis expectativas, quiero decir. 172 reviews. ¡Wow!

¿Cuántos tendré al acabar esta historia? No sé, pero aún nos queda muchísimo por delante y hay muchas lectoras fantasmas de las cuales me encantaría recibir comentarios, ya sabéis, para tener su opinión y duplicar los comentarios... bueno también para hacerme feliz. A mi lo que me motiva a escribir es que me digáis que os gusta algo o que no os gusta, que me comentéis. Eso me inspira y me hace querer mejorar, así que, tengamos en cuenta eso y comentad. Aunque sea solo un "sigue".

Gracias a todas, no tengo palabras para describir el agradecimiento.


La encuesta está en mi perfil.

Para seleccionar una opción tenéis que ir a mi perfil y debajo de mi nombre "Noah Akuma" en negrita hay una raya. Debajo mismo, en el centro pone "Poll: Final de Ninfomanía" Vote Now.

Le dais clic en Vote Now, y os aparecerán todas las opciónes. Cuando pulséis UNA sola opción, le dais a vote y los votos me llegarán.

Esto es solo por ordenador. Y tienes que tener una cuenta para responder.

Si eres una Guest, mándame tu voto por comentario.


Disclaimer:

Todos los personajes de corazón de melón y Eldarya pertenecen a ChiNoMiko y a Beemov, yo solo los uso con fines lúdicos y de entretenimiento. Todos los créditos a los respectivos autores de dichos personajes.

Algunos personajes son propiedad del juego, también de origen frances, AnticLove. Todos los créditos a sus respectivos autores, yo solo los uso con fines de entretenimiento y lúdicos.

Los personajes como Leia, Caroline, Ellie y otros OC`s me pertenecen a mí, para cualquier uso de ellos, deberéis contactar conmigo por Mensaje Directo en fanfiction o cualquiera de mis redes visibles en mi perfil.

La trama es únicamente mía y no se permite plagio o cogerla y poner los créditos, cualquier cosa para adaptar o cosas como esas, habladlas conmigo por mensaje.


AYUDA, HELP MEEEEE

Leedme, leedme, leedme.

Meh. Leeme.

¿Queréis ayudarme con un blog de rol de corazón de melón y otras historias propias o mini-shots que no os atrevéis a publicar, colgar vuestros dibujos y teorías para el episodio 29, etc?

Algo donde todas participemos y escribamos.

Hagamos debates. Y esas cosas.

¿Queréis? ¿Me ayudáis?


Porfa porfa

porfa

porfaaaa


Cita

2ª parte

[Como podría exiliarme de aquí cuando todos están a mis pies]

Mis ojos examinaron la escena, Kentin mirando desafiante a la chica que estaba enfrente y yo temblando desde mi interior y rezando para que ella simplemente pillase la atmosfera y se fuese.

Al menos si no quería problemas conmigo.

- Necesito charlar de algo contigo-

Suspiré y fulminé a la chica con los ojos. Parecía que no pillaba la atmosfera y que necesitaba que ajustase su cabeza a golpes.

Kentin miró aun peor a Debrah y se situó delante de mí, como protegiéndome. Su ancha espalda contraída y tensada de la molestia que se había generado en el ambiente. Por los poros de su piel se podía ver salir el enfado tan grande que se acumulaba bajo sus hombros y los convertía en una masa de músculos irritados. Um… que sexy.

- Debrah, ¿qué haces tú aquí?- era más venenoso que con Ámber. Y eso ya era decir.

- No es tu asunto, enano- me mira a mí, de nuevo. –¿Puedes mover tu culo y venir aquí, Sucrette? ¡Es urgente!-

Me hago la remolona y entrelazo mis dedos con aires nerviosos. ¿Es que todo tiene que salir mal en esta vida? Es la primera vez que me despisto tanto en cosas como estas, ¿por qué cojones no ha llamado?

Posiblemente tenga que comenzar a inventar una excusa para cuando Kentin me pregunte, porque estoy segura de que no se quedará calladito. Una pena que todos quieran saber más de lo que saben que no desean.

- ¿Qué demonios quieres?- gruñó Kentin, con su ceño totalmente fruncido.

- Yo no hablo con mocosos- gruñó y me miró a mí de nuevo como indicándome que si no iba ahora perdería los nervios y soltaría todo.

- No te preocupes- coloque mi tranquilizadora mano en los hombros del chico militar y sonreí para calmarlo, pero en el fondo sabía que más bien iba por Debrah que por él.

Se volvió para mirarme y alzo una ceja, curioso, y muchísimo más confuso que curioso, como si no pudiese creerse que yo fuese a ceder y a hablar con ella como si nada hubiese pasado. Kentin, quien había adoptado una pequeña figura protectora se estaba desmoronando en sus preguntas mentales sobre mis palabras hacia Debrah, lo comprendía, pero no pensaba decir nada delante de él.

- Cualquier cosa… avísame-

Es cierto, ella se había empeñado en hacerme la vida imposible, en poner a los demás en mi contra y joderme la moral hasta no poder más. Estaba poniendo por tierra mi tranquilidad y, más de siete veces estuve a punto de intentar matarla o hacer que todos viesen mi verdadero yo. Algo que habría sido fatal para este plan. Vale, me había controlado y, sin necesidad de pensar, haciéndome la santita conseguí que todos se movieran por mí y me salvasen, había sido tan sencillo destruirla, y luego rematar la tarea sucia había sido lo mejor.

Cuando rompí su nariz y la acojonamos hasta hacerla llorar más que lo que le lloro a Castiel para volver con él, excusándose porque todo había salido mal y que yo la había confundido. Demasiado fácil para mí destruirla del todo.

Mis pasos resonaron en el suelo de cemento mientras me acercaba a ella. Me resulto pesado y largo, a pesar de ser unos metros. Cuando mis pies frenaron en seco, volví a ser arrastrada por Debrah, quien me cogió del brazo y me sujeto para comenzar a caminar como si ella fuese la que tuviese la sartén por el mango.

- ¿Me estás intentando tocar los huevos?- pregunté, furiosa, iracunda. Mi rostro comenzaba a estar rojo de la furia.

- No. Tú no cogías el teléfono- gruñó por lo bajo. –Seguramente si no te avisaba antes, me hubieses asesinado tu-

Ruedo los ojos, sé que tiene razón. Me irrita que la tenga y me muevo hacia la derecha, como alejándome un poco, negando con la cabeza. Como si estuviese claramente confundida, claramente esto era para los ojos de Kentin, porque si no ya estaría gritando a esta tía.

La brisa de viento alborota los cabellos de Debrah, quien los coloca mejor con las manos, con una suave sonrisa llena de malicia, sabe que me interesa y no va a ceder hasta que lo reconozca.

- Acabemos con esto- digo. –Quiero saberlo, ¿qué quieres?

- Tengo las cosas embarazosas que me pediste de Peggy-

Sonrió maliciosa y me acercó un poco a ella, susurro en su oído las indicaciones que quiero que siga y la dejo marchar como buena chica que ha sido. Debrah se gira y me pide unos días de libertad luego de mandarme todo lo que le he pedido.

Valorar estas situaciones no me es agradable, es como que me pide descansar de mí. ¿Y si se acostumbra? No quiero que lo haga, no quiero que piense que voy a librarla… a pesar de que últimamente haya estado llamándola mucho y utilizándola mucho para averiguar sobre la exnovia de Nathaniel, de Castiel y de algunas otras chicas del Sweet Amoris.

Resoplo.

- Por esta vez, tienes dos semanas. No molestes y no interfieras.

Sonríe aliviada y se va, dejándome allí, conjeturo cualquier cosa que sea incierta pero creíble sobre la llegada repentina de Debrah, mis ojos miran hacia el suelo y siento la mano de Kentin situarse sobre mi cadera. ¿Cuándo ha llegado tan cerca?

Su mano acaricia mi cintura mientras siento como sus ojos me acarician silenciosamente de arriba abajo, su tacto dulce y sus dedos moviéndose lentamente sobre mi ropa, sin despegar ni mover la mano, me trasmite muchas sensaciones que me indican que me desea, que me quiere, que no puede con la preocupación y, sobre todo y más importante, que soy lo único que importa.

- ¿Qué te ha dicho?

Cuanto más te apegues, cuanto más me quieras, más horrible para ti será descubrir que eres un objeto, una simple pieza de ajedrez, para mí.

La tranquilidad que se respira en mi calle inunda completamente nuestro entorno, ambos solos, parados en medio de la carretera, con sus manos suavemente colocadas, acariciando y deseando rozar más. Piel con piel. Extasiados por el deseo de necesitar ir más allá.

Kentin me mira, me vuelve a mirar, con un anhelo que no entiendo y entonces recuerdo que él era una persona importante para mí. Un amigo que jamás ha traicionado mi corazón, incluso viendo como los hombres eran destruidos uno a uno ante sus ojos. O se hacía el tonto, o el amor es ciego de verdad. Aunque no pueda contarle esto, si puedo decirle media verdad.

- ¿Qué te ha dicho?- me pregunta.

- No te preocupes- respondo con una amplia sonrisa. –No fue malo, um, solo me pide perdón a su manera-

Lo veo alzar una ceja desconfiado.

Vale, es cierto que me pide perdón a su manera, ¿por qué sino me haría estos favores, aparte de tenerme miedo?

Tomo la mano del militar, y tironeo de él mientras caminamos a la parada del bus, recibiendo una mirada extrañada y aun intentando saciar su curiosidad. Mis dientes se muestran ipso-facto, me gusta el modo en el que suplica silenciosamente y, sé que, si le pido que se detenga que no quiero hablar de ello, parará. Porque así de fiel y bueno es Kentin. Un solecillo de primavera que quiere hacerme feliz. Y esta vez sin agobios y tampoco acosos.

- Digamos que me la encontré un tiempo después de eso y… me pidió perdón, creo que quiere que la ayude a volver con Castiel-

- ¿No la habrás perdonado, no?-

Es una pregunta difícil.

Ni aunque me diese mil euros podría desear perdonar la humillación que no se me curo. Pero como al mismo tiempo no soy rencorosa y me he vengado, no tengo que perdurar con el enfado. Sin embargo, la fachada tonta que he creado si la perdonaría.

Mi fachada de chica buena se haría la linda, sería dulce y amable, intentaría no preocuparle quitando hierro al asunto. Me parecía que a veces podía pasar por una bipolar.

- Digamos que estamos en términos medios-

- No sé cómo puedes hacerlo si quiera.

Porque soy una manipuladora.

Sonrío tranquilizadoramente. Acercándome con pasos lentos y sugerentes, mientras con melifluo cariño le beso en la mejilla, tras ponerme de puntillas. Me estaba sintiendo bastante ridícula, pero una ridiculez cómoda, jamás había tenido una relación seria con nadie que me quisiese y que yo no lo correspondiese. Todos me utilizaban de la misma forma que yo hacía con ellos. Era demasiado sencillo.

- Supongo que de buena que soy, soy tonta-

Su sonrisa es pegajosa y comenzamos a caminar hacia la parada del bus. Ambos nos observamos de reojo y puedo vislumbrar un atisbo pulcro de perfección, nunca me he dado cuenta de que él llegaría hasta aquí.

Constantemente solía pensar que nadie puede avanzar o llegar hacia arriba del todo, que cuando llegas a los últimos escalones de la subida, retrocedes o porque estás cansado, o te rindes al no poder ver la cima. Te ciegas y pierdes la esperanza, cayendo estrepitosamente.

Aunque su caso no era así, entre las soleadas y brillantes escaleras que subía ahora, alcanzando la cima de su felicidad, se distinguía toda su esperanza por encima de las nubes, sabiendo que puede y confiando en sí mismo. Me sorprendía la forma en la que las putrefactas escaleras, con zarzas, que antes subía se hubiesen convertido en algo tan asombroso como escaleras de oro.

Cuando enfoco mis ojos en él y lo observo sonreírme me doy cuenta de que yo le estoy aportando sentimientos lindos, ¿cómo es posible que sea tan falsa? Casi tanto como un billete de tres euros. Una persona que miente y engaña por propia conveniencia… aunque me sintiese medianamente mal, no iba a retirar mis palabras y mis acciones.

Soy demasiado egoísta como para separar mi vista de un once, aunque yo sea un veinte, claro.

- Sucrette- su suave voz, siendo amable y despertándome con cuidado de mis pensamientos me avisa de que el bus ya ha llegado.

Pago mi trayecto, a regañadientes para Kentin quien declara que quería pagar él, que era la clave para ello, pero yo argumento, muy defensora y con dientes y uñas que no es momento de que se ponga gallito del siglo diecinueve cuando estamos en una época en la que las mujeres por fin han conseguido la "igualdad soñada".

Nos sentamos al fondo y miro emocionada por la ventanilla, a pesar de todos los accidentes que parecen haber aparecido, quiero dejar claro que sigo totalmente emocionada por el patinaje.

Mis ojos se enfocan en él, deseosa de que me diga donde tenemos que ir, en donde pararemos, cuando llegaremos.

- ¿Cuánto tardaremos en llegar?

Su risa gutural suena por todo el bus, llamando la atención de dos perras, de más o menos nuestra edad, mirándolo fijamente como si quisiesen comérselo, me acerco un poco más y lo estampo contra el cristal, sobresaltándolo e impidiendo contestar, estampo mis labios ferozmente contra los de él, deseosa de que esas chicas estúpidas dejen de mirarlo como si fuera un mísero objeto, como si ellas tuviesen derecho a solo mirar.

Las oigo murmurar algo como, tiene novia, con desilusión, pero parecen querer mirar igualmente, me separo de Kentin, ruborizado hasta las orejas y consigo que se quede estático, incapaz de mirar a otra persona que no sea yo. Sus ojos me observan como si fuera la maravilla preciada para todo el mundo.

- Vamos a tardar mucho- susurro sonriente, mirándole con toda la seducción que tengo encima.

Y él niega con la cabeza. Incapaz de decir ni una sola palabra.

Mis ojos se enfocan en él de nuevo, y pongo una mirada sugerente que le incite a besarme, le veo ponerse rojo, pero accede y se acerca, acariciando primero mi mejilla, con sus yemas y casi sin rozarme, como si tuviera miedo de romperme.

Que delicadeza.

Sus labios hacen lo mismo que sus dedos, se inclina lentamente y roza suavemente como si fueran a marchitarse al tocarlos. Me besa con lentitud cuando ya roza tres veces sus dulces y húmedos labios. Me besa con demasiada ternura y sintiendo la forma en la que conectan como si fuera algo especial.

Pobre.

Sonrió dulcemente y me dejo caer en el asiento.

- ¿Falta mucho?

- No…- se rió suavemente, apoyando su frente contra mi sien. –Eres impaciente.

- Hace demasiado que no patino.

Mis ojos se desvían hacia la ventana. Cuanto tiempo hacía que no tenía las botas puestas, tanto que no colocaba las cuchillas en la suela mientras deslizaba mis pies por el frío y duro hielo. Cuando patinaba todo se esfumaba y el mejor regalo que podría haberme hecho Kentin era llevarme al agua de nuevo, como si fuera un pez.

El cielo tiene un color claro hermoso y sus nubes se deslizan, hace buen clima, aunque de vez en cuando se podían sentir brisas fuertes de aire que te hacía tener escalofríos, mucho frío. Veo como el bus hace unas cuantas paradas y me imagino cómo es posible que la gente salga a la calle en manga de sisa. Yo estaría helándome.

- ¿Falta mucho?

Vuelve a reírse.

- Solo un poco. Que impaciente.

Sonrió dulcemente y me rió entre dientes. Moviéndome hacia la derecha para alejarme un poquito y encontrar a las chicas que, desde el beso, no habían dejado de mirarnos. Fruncí el ceño.

- Estoy cabreándome-

Kentin me mira preocupado. Como si pensase que es culpa suya la forma en la que me he cabreado como un idiota. Intento mostrarme molesta hacia esas chicas. Siento el escalofrío que baja por su espalda.

- ¿He hecho o dicho algo malo?

- No. Solo ser guapo- frunzo el ceño.

Soy un veinte. Ellas son un tres. ¿A caso se piensan que ellas tienen oportunidad con él? Deberían callarse, cerrar la boca y no mirar como si ellas pudiesen captar la atención de alguien como él. No me gusta que se mire lo que es mío durante tanto tiempo. Si con envidia y siendo consciente del lugar del que ocupas. Es molesto.

Su ceño se frunce sin comprenderme.

- ¿Qué?-

- Es fácil. Esas chicas llevan mirándote desde que subimos. ¡No me gusta una mierda!- susurro un poco más alto.

Kentin desvió la mirada a esas chicas, observando minuciosamente cada detalle de ellas. Me molesto un poco, pero cuando vi su ceño fruncido y como devolvía la vista hacia mí. Mis ojos se volvieron curiosos a los suyos, esperando alguna reacción.

Miro dos segundos hacia ellas y volvió a mí. Otra vez.

- Eres mil veces más bonita que esas dos.-

Mi sonrisa fue increíblemente hermosa.

Hacia tanto que un tío no me decía algo así, generalmente solo hablaban de lo mucho que los ponía. De las mil cosas que me harían en la cama y que, posteriormente, hacíamos. Por variar.

Flashback

Me incline sobre la silla de escritorio en la que se había sentado. Mi cabeza estaba entre su oído y su hombro, aparte un mechón de mi cabello y lo observe fijamente. Los ruidos de las teclas sonaban cuando sus largos y finos dedos chocaban contra ellas, de forma trabajosa intentando completar el informe que tendría que entregar mañana.

Su cara de concentración, sus ojos observando atentamente la pantalla. Sin mostrar absolutamente nada de distracciones. Quería que me prestase atención.

- Si te tengo tan cerca es un poco difícil concentrarse en el informe- su sonrisa se ensanchó por su cara.

Yo también sonreí, feliz de que fuera consciente de mí. Me incline más y bese su mejilla sonoramente, retumbando en aquella habitación poco decorada, con armarios y sofás de cuero. Su despacho era lujoso y elegante, pero soso. Lo único que había en la mesa, aparte del ordenador, era una foto mía y los regalitos que le había traído para adornar. Menuda decoración…

Se separó del ordenador y estallo sus dedos, para hacerme una seña de que iba a separarse de la mesa. Cuando se apartó rápidamente me sujeto de la cintura para acercarme a él, indicándome que me sentase en sus piernas. Así lo hice.

Con él no me hacía falta dudar, mi corazón latía con toda la intensidad cuando estábamos juntos, me gustaban, profundamente en mi alma, sus manos y su tacto al rozarme delicadamente como si fuera lo único que pudiera ver y sentir, como si fuera una hermosa muñequita de porcelana.

- ¿Te queda mucho?

- Um… si sigues mirándome con esa cara, me temó que sí.

- ¿No necesitas un descanso…?

Niega con la cabeza, pero sigue sin echarme de sus piernas, pasando su enorme mano por mi mejilla y acariciándola con demasiada suavidad, su dulzura me sorprende. Entrecierro los ojos y abro un poquito mi boca, mis labios despegados y suplicando por atención.

Una atención que me concede.

Sus besos son cálidos, sus labios acarician los míos de una forma suave y dulce, me roza y me incita a continuar el beso más pasional que jamás había sentido. Me gusta la forma en la que su lengua explora delicadamente mi interior, mezclándose con la mía y besándome como si fuera aún mejor que el aire necesario para la respiración.

Delicadamente se separó, apoyando su frente contra la mía, haciéndome ruborizar como una estúpida y sintiendo como mi corazón palpitaba a gran velocidad.

- Te quiero- musito, solo para mí. –No hay nadie en este mundo que sea como tú.

- ¿Cómo yo?- preguntó. Dándole un beso esquimal para volver a nuestra posición anterior.

- Tan especial, tan hermosa, tan importante. Tan… perfecta.

Me separo un poco como si retrocediese de sus brazos tan anchos. Me observa fijamente y me sonríe con dulzura, volviendo a acercarme a él y estrechándome entre sus fuertes brazos.

Cuando estoy con él, todo parece volar. El tiempo, mis temores, mis sentimientos negativos, soy una persona distinta. Puedo sonreír de verdad.

- No soy perfecta.

- Si- declara. –Si lo eres. Eres perfecta. Si pudieses verte como yo te veo, jamás conocerías el complejo.

Mis mejillas toman color carmesí, pareciéndome a un tomate. Un tomate más rojo que nunca. Estaba incrédula y no soy capaz a pensar en nada de lo que hay en la habitación.

- Te quiero, te quiero, te quiero- repite. –Eres lo único que necesito.

Me besa de nuevo, haciéndome sentir en la nube de felicidad más enorme que jamás había sentido. Estoy prácticamente sorprendida. Yo ya no sé cómo vivir sin él.

Fin del Flashback.

- ¿Sucrette?-

Me sobresaltó.

No quería recordar más. Me acurruque con él al lado. Y desperté de mi ensoñación como si pudiese reaccionar ante todo lo que había sucedido en mi mente. Ya no era capaz a continuar en este mundo de caos. Debía volver en mí y no emocionarme por esos cursis discursitos que me darían y me daban ellos.

Yo no podía querer. Ya no.

- Oh… Kentin… ¿sí?- Pregunté.

- Es esta parada.

- Genial.

Me separé un poco. Gruñí por lo bajo y me levante al ver que el autobús comenzaba a frenar, Kentin me siguió como sorprendido por mi cambio de actitud. No estaba contenta con todo lo que se había pasado por mi mente.

Cuando alcance la calle y mis pies tocaron el suelo de la carretera sonreí inconscientemente al ver a lo lejos la pista de patinaje de hielo. Era grande desde fuera, imaginándome su tamaño me emocioné. Estaba deseando probarla.

Siento la mano de Kentin tomar la mía.

- ¿Ha sucedido algo malo?

Niego con la cabeza.

No quiero hablar de nada que tenga que ver con Viktor, que tenga que ver con mi pasado. A él no le debería importar, es algo que decido yo por mi misma y algo que tiene que ver única y exclusivamente conmigo. Que no meta su nariz en lo que no lo concierne.

- Es que, te has puesto seria de repente.

Finjo felicidad, y en seguida se parece calmar.

Fingir.

Fingir es lo que mejor se me da. Engañar a los demás sobre cualquier aspecto que me concierna a mí. Las cosas que digo siempre cuelan, siempre se hacen reales aunque no tengan ni pizca de verdad. Los atisbos de pequeñas falsedades se convierten pulcramente en ciertos fenómenos que se paralizan suavemente.

Asépticamente me vuelvo estúpida y sonrió como si fuera real. Nadie me coge, no se aplican dichos estúpidos como "se coge antes a un mentiroso que un cojo". No me podían calar aunque quisieran.

La experiencia hace al maestro.

- Oh… ¿estás segura?-

- Sí. No te preocupes, pensaba en patinaje- dije dulcemente.

El tono meloso que uso le resulta bastante estimulante, consiguiendo que se muestre más alegre y cariñoso.

Cuando por fin llegamos a la entrada de la cancha, Kentin habla con el encargado. No presto demasiada atención, solo sé que el hombre mayor conoce a su padre y se pone muy contento de hacerle un favor al hijo de su amigo más cercano y bueno.

Me cuesta imaginarme al padre de Kentin sonriendo y hablando en un tono de voz suave, el primer día que me vio, preguntó que si era Amber y comenzó a gritar como un loco. Apercibí el suave olor del hielo como si pudiera rastrearlo, el hielo en el que me había caído una y otra vez, el hielo que me trasportaba a otra dimensión al recorrerlo.

Cuando la charla terminó entre ellos, nos dejó pasar y ahí nos colocamos nuestros patines. Me coloqué las cuchillas con rapidez y comencé a patinar como una loca mientras Kentin me observaba sonriendo.

- ¿No patinas conmigo?- grité, consciente de que diría que no y que además era una cita.

- Primero observaré- dijo. –Estamos aquí por ti, me encantaría verte patinar por primera vez.

- Entonces haré una coreografía especial- sonrió suavemente y me balanceó sobre las cuchillas, pasando en frente de él. -Y solo para ti.

A pesar de que me hubiese gustado que fuese con aires sexuales, hablaba de verdad.

Comencé a balancear mi cuerpo, haciendo pequeñas piruetas y giros. Sé que estaba maravillado, con mi forma de moverme como si fuera un grácil ángel empecé a danzar lentamente realizando un layback que lo dejó incrédulo para comenzar a girar sobre mi misma y estirar la pierna dejándolo más alucinado todavía.

La pirueta de techo atrapada dejó que Kentin abriese la boca como si fuera algo fuera de lo normal, para continuar con mis movimientos. Pocos minutos después, a sabiendas de que llevaba no sé cuánto tiempo patinando y danzando como si todo fuese mío, terminé con una pirueta invertida y, para finalizar el espectáculo baile con la pirueta atrapada hasta girar una y otra y otra vez y frenar con una pose final como en mis antiguos entrenamientos.

Patiné hacia el chico y me acerque a él, sonriendo y con la respiración y el corazón un poco agitados.

- Lo siento, cuando patino se me olvida todo.

- Eres impresionante-

Ignoro mi comentario. Lo había dejado sin palabras, supongo que le sorprendía que no hubiese seguido dando clases, que no tuviese las agallas de ir a los regionales o a saber porque seguía sin hacer una mierda al respeto de esto.

- Gracias- respondo. Y sonrió de forma sincera. -¿Alguna vez has patinado sobre hielo?-

- No- responde. –Es más, creo que me estoy resbalando constantemente.

Me rió por lo bajo y me acerco un poco a él.

Cuando estoy en las pistas ya no recuerdo que es lo que me come la cabeza, fijarme en los detalles de lo que estoy haciendo, los fallos que hago inclusive aunque los demás no lo noten, impresionando a quien me mire por mi confianza.

Cuando estoy encima de los patines no hay nadie que pueda hundirme.

- Bueno eso es normal- me rió suavemente. –La primera vez que patine me di de morros contra el suelo.

- Pero seguro que pillaste el tranquillo pronto-

- Obvio, porque no me gusta hacer algo mal, por ello pelee sola hasta que lo conseguí.

Doy un giro sobre mi misma y estiro la pierna en el aire, como si fuera a realizar un camel, demostrándole el equilibrio que era capaz a tener sobre estas cuchillas tan puras.

- Es cuestión de confianza y práctica. Por el momento, te llevaré yo.

Extiendo mi mano con una pequeña sonrisa. Me la da al momento y comienzo a moverme lentamente mientras el sigue sujetándose al borde de la barandilla de la pista de hielo.

Es normal que se agarre. Yo tampoco confiaría en una chica con poca fuerza y que no puede sostener no sé cuántos quilos, es más, creo que si tuviera que alzarlo durante unos segundos no sería capaz a sostenerlo para alzarlo.

En ese aspecto sí que no tengo fuerza.

- Cuando sientas que confías en mí o hayas buscado el equilibrio suéltate lentamente, iremos a tu ritmo.

- Confió en ti.

Me rió de forma amplia. Es obvio que no confía en mi fuerza. Niego con la cabeza restándole importancia y veo que se va soltando.

Puedo ver que el amor provoca reacciones ilógicas y contradictorias en el ser humano. He observado seriamente sus reacciones y me he convencido de que nada puede ser real en lo que concierne a todos los que nos rodean. Yo no lo sé. La última vez que entregue mi corazón lo pisotearon como si fuera un simple pitillo apagado contra la acera o tirado bruscamente contra una charca o un cenicero relleno de agua. Me volví desconfiada con el resto de la gente, egoísta, mezquina, una persona cruel que era consciente de que nadie podía conseguir abrir después de cerrar y enterrar la caja de mi verdadera personalidad, de mis sentimientos, de mis dolores. Ya nadie podría abrirla y yo ya no era consciente de lo mucho que odiaba el mundo y a los que me rodeaban.

Cuando mis cuchillas se deslizan sobre el hielo, cuando Kentin se va soltando, empezamos suave. Tan suave como llega la pequeña y cálida brisa de primavera, tan suave como el terciopelo o la seda, como los cabellos de Kentin y las caricias que me ofrece. Soy consciente de lo que tengo y lo que rechazo y, puedo decir sin miedo, que ya no hay marcha atrás, que sigo avanzando en un camino lleno de cristales que desgarran mis pies, que frenan mi avance y me vuelven día a día más insensible a las sensaciones de suavidad, contradiciéndome a mí misma al desearlas y sentir como me relajo con cada suave momento en el que suprimo de mis recuerdos el dolor que algún día me dejó la herida más grande de mi alma.

- ¿Te suelto?- preguntó.

- Prefiero que no lo hagas.

- Pues yo creo que deberías deslizarte tú mismo, te lo pasarás mejor-

Su cabello cae un poco por encima de sus ojos.

Hace demasiado que no me fijaba en pequeños detalles como esos. Su pelo tapa un poco aquellos ojos verdes que deslumbraron a los míos cuando volvió de la escuela militar. Sus músculos se marcan en su camiseta y su chaqueta apretada, su aspecto deportivo tan característico que demuestra que se ejercita día tras día, enseñando y a la vez no.

Kentin sigue su camino como si no fuera duro, inclusive si todo el mundo ve como sigue esforzándose hasta la muerte. Su camino de oro que se hace cada día más deslumbrante con sus portentosos esfuerzos de mejorar y superarse a sí mismo.

- Yo creo que es mejor si seguimos así- dice.

- ¿Ah sí?- pregunto sonriendo, sin soltar su mano ancha y cubierta de guantes de lana.

- Sí- me dice sonriendo graciosamente y con las mejillas un poco rojas.

Ahora me sería difícil decir si está empezando a morirse de frío o simplemente está rojo porque nos estamos tomando de las manos y aun no es capaz a mantener la calma, aunque bueno, me parece linda esa parte que se empeña en ocultar como un tonto.

- ¿Y por qué?- pregunto.

Las necesidades que surgen en mí me asustan, debería dejar de tomarles constancia a cada uno de sus intentos de acercamiento romántico.

No deberían importarme una mierda, tengo que destruir cualquier indicio de dulzura y romanticismo que pueda surgir, al fin y al cabo nada es para siempre, el matrimonio, el amor, el cariño de la familia, la vida… Nada puede durar y mi fe, que decían que era lo último que se pierde junto a la esperanza fue destruida como si no pudiera quedarse en mí para apoyar mi confianza rápidamente.

- Porque si me sueltas no podré seguir manteniendo tu mano entre las mías.

Freno mis patines, haciendo que Kentin se sorprenda y se caiga al suelo.

Claramente, ¿a quién ha arrastrado? Sí, a mí. Que tonta soy, al menos pude avisarle, pero quería besarle por algun extraño impulso surgiendo del interior de mi interior. Ambos en el suelo, conmigo encima de Kentin, nos miramos a los ojos. Saltando pequeñas carcajadas de nuestros labios, imposibles de callar.

Si, la situación es estúpida.

- Lo siento debía haberte avisado de que iba a frenar tan repentinamente-

- No es culpa tuya- dice riendo aun.

- Me voy a levantar ya, porque si no vas a tener el culo empapado todo el día.

Kentin asiente y se levanta, dejando que tome su mano para "impulsarle" un poco, aunque ambos sabemos que él sí sabe patinar un poco. Porque seguramente se haya interesado por mis aficiones y esas cosas. Al menos acosador Ken si lo hacía.

Nos dirigimos hasta la barandilla de la pista, donde ambos nos apoyamos mientras Kentin se soba el trasero, al caer yo encima de él es normal que el haya sido empapado de esa forma. El impulso que recoge mi cuerpo me hace tener ganas de tocar su trasero, pero me controlo.

- Entonces, porque no sigues patinando un rato mientras yo me recupero.

Llevábamos aquí más de una hora y media, podíamos echar aquí otra media hora más, pero se suponía que era una cita, asi que no podía pensar tanto en mí misma, si no en ambos, y sabía que lo correcto era besarle y darle las gracias, para acto siguiente irnos a los otros sitios que tenía planeado.

Estoy segura de que Kentin tenía demasiados planes reprimidos y que querría hacer más que esto.

Alce la cabeza, para mirar al chico que me había "alquilado" una pista de patinaje para nosotros dos solos, viendo como fijaba únicamente su mirada en mí, como si fuera la más hermosa de todas las que había conocido. Cerré mis ojos y abrí un poco mis labios. Tardó unos segundos en besarme, me suponía que estaba un poco tímido aun, pero no tardo en posar sus labios y deleitarme con sus besos tiernos y cariñosos.

Sí. Kentin era un romántico.

[…]

Juro por todos mis muertos, por mi orgullo y mi belleza que nunca había tenido que insistir tanto para conseguir algo de un hombre. Cuando le dije que podíamos irnos al resto de la cita se puso a discutir conmigo y a decir que teníamos tiempo y que disfrutase del patinaje, sin preocuparme con él.

Obviamente estoy haciendo mi rol de novia. ¿Podrías cerrar el pico y obedecer antes de que te castigue?

Y si, estuve a punto de soltarle eso tras darle una buena bofetada para dejarle claro que, aquí o en cualquier lugar de nuestra relación, yo mandaba sin ningún reproche. Al final accedió, agradecimos infinitamente al señor que nos abrió la pista y nos deseó buena suerte en nuestra cita, tras añadir que hacíamos linda pareja.

Obviamente me hice la sonrojada y tímida chica que se avergonzaba con esta estupidez de comentarios sin sentido, haciendo que el señor me adulase un poco más. No me molestaban los halagos, me encantaba quedar bien, que me dijesen lo hermosa y perfecta que era. Estaba acostumbrada a que todo el mundo elogiase mi belleza, mi inteligencia, mi forma de llevar las cosas. Era prácticamente imposible que alguien pudiese llegarme a la suela del zapato.

Cuando el señor por fin nos dejó ir, Kentin rodeo mi cuello y mis hombros con su brazo, acercándome más a él. Podría oir su corazón latir increíblemente rápido por mi cercanía. Independientemente de cómo se sentía él, yo sentía que mi corazón no se aceleraba, que mi coño era el que se aceleraba pensando en lo delicioso que podría ser tener sexo con él. Pero tenía que tener paciencia.

Tenía que ser paciente, no cagarla y follármelo una y otra vez.

- ¿A dónde vamos ahora?- pregunte.

- Había pensado en un picnic.

Así vagamente recordé el picnic que tuve con los chicos y luego que celebre con Castiel para hablar de diversos temas y en el que acabo encima de mí y yo tremendamente cachonda. Sonreí de forma ladeada recordando cómo había disfrutado luego del sexo con mi querido Leiftan de forma brutal y por todos los lugares de la casa sin cortarnos un pelo.

Joder, quería follar.

- Está bien, pero… podías haberme avisado y traía yo algo…

- No te preocupes- me guiña un ojo y se inclina un poco, para susurrarme al oído. –He preparado yo todo-

Vaya… esto tengo que verlo.

Caminamos de la mano, hablando de trivialidades de nuestro antiguo instituto, me habla un poco de que no recordaba a Leia muy bien y yo le explico que ella estaba siempre en la biblioteca y de acá para allá y que solo nos reuníamos en el consejo de estudiantes al ser ella la tesorera y que estaba en el equipo de atletismo por lo cual se tomaba las cosas a su manera y nunca pasaba tiempo con nosotras a excepción de algunos recreos cuando yo no comía con él o cuando regresábamos a casa y quedábamos en cualquier lugar para tomar algo.

Nuestras conversaciones se desvían y, ding-ding-ding, un tema que no me gusta un pelo. Los chicos.

- Ahora que lo pienso… tu siempre estabas rodeada de chicos, los novios de Laeti-

- Tú sabes…- divago un poco. –Ellos eran los chicos que mi mejor amiga escogía, debía probar si eran buenos para ella.

- Sí… pero… no recuerdo exactamente, ¿no habías besado a uno?- su tono de voz ha cambiado al darle vueltas al asunto. No me gusta esto.

Respiro hondo y aprieto su mano.

Tengo que cambiar de tema, o ponerme de víctima, cortar sus recuerdos, ¿cómo es posible que le venga esto, precisamente ahora, en nuestra cita?

- Me besó él- No sé ni siquiera de cuál de ellos está hablando. –Visiblemente todos se acercaban a Laeti para acercarse a mí-

Es cierto. La mayoría de las veces resultaba que era por mí y no por ella. Usaban a Laeti como si fuera un trapo, solo para obtener mi atención, la tenían y luego eran desechados como míseras basuras, porque ni siquiera valían para el sexo por ser tales despojos humanos.

- Odiaba la cara que ponía Laeti cuando le decía lo horribles que eran, cuando tenía que romperle el corazón yo porque esos idiotas se acercaban así a la enamoradiza y confiada chica del amor-

Kentin me observa y me escucha atentamente.

En este momento agradezco que no intervenga, que con su mano me dé una caricia singular que me haga sentir escuchada, es cierto que un hombre que sabe escuchar gana mucho, se está preocupando por un pasado oscuro lleno de tinieblas en el que no está listo para entrar, pero aun así, cerraré mis puertas de nuevo pronto, lo único que pueden querer de mí, para no hacerme daño, es mi cuerpo.

No pienso entregar a nadie más lo que queda de mi corazón, de mi amor propio, se terminó.

- Los hombres que son así, más despreciables y no nacen-

- Laeti cambiaba más de novio que otra cosa… ¿por eso?-

- Y porque sigue creyendo que algún día encontrará a alguien- digo suavemente. –Ahora mismo estamos buscando a su nuevo capricho, un tal Eric, universitario de medicina, le pedí a un amigo que lo busque.

Kentin asiente y nos quedamos en silencio, supongo que ya no hay más que decir.

Es un silencio cómodo y más, después de la conversación, supongo que estará un poco cabreado consigo mismo por no haberse dado cuenta de que los hombres me acosaban, o más bien en realidad de que yo los seducía, pero eso es algo que tiene que quedar para mí sola. Ni siquiera Leia lo sabe, supongo que se lo imagina, pero nunca se lo confirme por lo que me parece que no va a ser capaz a aclararlo o acusarme sin pruebas congruentes.

Llegamos a un parque en el cual nunca he estado, esta hacia el lado de mi casa, solo que bastante más lejos que de costumbre, más o menos a una hora, y digo una hora porque el trayecto del viaje duró cuarenta y cinco minutos, quizás por tráfico y esas cosas, pero duró bastante y entre caminar de la pista a él, podemos decir que una hora es bastante para caminarla y sin tomar buses.

Aquí nadie nos verá.

Preparamos el mantel para sentarnos y saca diversas cosas, trae comida saludable, bocadillos, zumos, agua, obviamente las galletas a pesar de no ser muy saludables le encantan. Había traído fruta y algun fiambre para picotear. Se lo había currado bastante a su manera.

Entre la comida comenzamos a charlar de diversos temas sin importancia para mí, pero si para arcoíris Sucrette.

- ¿Cómo está Cookie?- preguntó sonriendo suavemente.

- Muy bien, es todo un rebelde, todos los días le saco a correr conmigo.

- Si el otro día viniste por mi casa y no estaba Cookie…-

Kentin ríe entre dientes y niega con su cabeza como diciéndome que estoy loca por pensar que correría a esa hora con su pastor alemán.

- ¿Qué?- gruñó.

- Voy directo a clase, ¿quieres que lleve a mi perro? A la directora le dará un chungo enorme si lo traigo a clases.

Bueno, la verdad es que eso tiene lógica, mordisqueo mi bocadillo y mastico con muchísima lentitud el sabroso pan y fiambre que me ha traído, está más que delicioso y no puedo evitar deleitarme con lo bueno que es el pan.

En serio, nunca había probado un pan tanto de mi estilo, tan pálido y tan… dios.

- ¿Y tú no tienes mascotas?- me pregunta.

Decirle que tengo 12 perros de caza, un gato gordo que era mío pero tuvo que quedárselo mi abuela –que adora a ese dichoso gato e inclusive cambio su precioso nombre por otro- porque mis padres no querían animales en casa. Puedo hablarle de todos los pájaros de diversas razas que hay en el enorme jardín tipo invernadero en el cual se conservan un montón de especies de plantas por capricho de mi tía Lolet, la hermana de papá. Incluso si quiero puedo contarle del hámster que tengo en casa de Viktor porque mi madre odiaba a esa "rata asquerosa", ¿cómo estará bolita?

Mi otra opción sobre las mascotas es más que simple. La mejor.

Puedo decirle que no tengo ninguno y no fardar del dinero o preocuparle por todas las mascotas que algun día en mi vida han sido mías y me han arrebatado.

- Absolutamente no, no puedo tener animales aunque quiera- afirmo yo.

Estoy completamente segura de que si me hubiese comprado un perrito o un gato, incluso una tortuga o un pez, Caroline en su visita se lo hubiese llevado con la excusa de que su corazón estaba solo. Y sí. Se refiere al dichoso gato.

- ¿Y eso?

- Bueno, mis padres no quieren "bichos" en casa-

- Ya veo, pues deberían dejarte tener uno, hacen mucha compañía.

- En cierto sentido yo tampoco necesito compañía de nadie, estoy mejor sin tener que cuidar de algo… no sé, por mucha responsabilidad que tengo, es más sencillo.

- Pues yo creo que lo harías bien.

Sonrió y le beso con dulzura mientras mis manos se colocan en sus piernas sugerentemente pero sin avanzar demasiado, quizás debería calentarle y dejarle reaccionar de alguna forma para que él se lanzase a mí sin necesidad de presionarle de ninguna forma.

¿Pero cómo puedo hacerlo?

El beso, que era más un roce que otra cosa, continuo como si nada y tras separarnos, volvimos a besarnos como si necesitásemos del otro para continuar viviendo, aunque fuera solo por parte de él, claro. Era demasiado buena actriz.

La comida avanzó después de aquellos besos y tras terminar comenzamos a charlar un poco sobre todo lo que había ocurrido en Sweet Amoris, hablamos de todos los problemas, háblese de Debrah, donde sacó de nuevo el tema de si de verdad iba a perdonarla, no era que me importase seguir mintiendo, pero no creía que se lo mereciese hasta ese punto, así que… Esquive el tema hablando de los gemelos.

Cuando mencione el nombre de Armin, mi otro novio y Alexy, su rostro cambió, a pesar de la forma en la que se quejaba diciendo que eran unos pesados e inaguantables, se notaba que procesaba mucho cariño y que eran personas muy importantes en su vida, inclusive aunque no supiese que Alexy sentía por él un cariño más fuerte que él que sentía el mismo por él. Igual que él que sentía Kentin por mí.

Y no se daba cuenta porque era ciego o idiota.

Terminamos la comida toda, Kentin comenzó con las galletas y fue pasándome algunas, hasta que me vi obligada a parar, ya estaba demasiado llena entre fresas, manzanas, plátanos y bocadillos. Ya no podía más.

Tras charlar un poco y sentir la brisilla recorrernos, nos recostamos en la hierba-mantel, en un silencio cómodo que nos hizo relajarnos. Nos pusimos a observar el cielo aun sin hablar y nuestras manos se buscaron, entrelazándose entre sí, buscando tacto y cariño dulce transformado en desesperación de contacto.

Entonces Kentin habló, rompiendo el silencio que se había forjado, haciéndome mover la cabeza para encararlo.

- ¿A qué hora tienes que estar en casa?

Miro el reloj cuando me doy cuenta de que, entre pitos y flautas, ya son las seis.

- Nos quedamos hasta las 7, vamos en bus y volvemos a casa, ¿te parece?

- Es un buen plan. ¿No te dirá nada tu abuela?

No creo. Es mi invitada, estoy independizada y llamará a papá y él mismo le dirá que he tenido buenos resultados académicos y que haga lo que quiera, si no, discutirá conmigo, ganaré sin perder tiempo y se acabara con una mirada hipócrita de ambas antes de decirme que me comporte como una dama y no me conforme con tan poco como Kentin.

- Nah- las imágenes de nuestra bronca pasan por mi mente, sep, es probable que pase algo como eso.

- Entonces… mejor, porque sería una pena que tuviésemos que irnos ahora- La voz de Kentin, aunque es profunda y dulzona, me estremece.

- Sí, me lo estoy pasando bien- digo, apartando la mirada al cielo. No soy capaz a seguir mirándolo con la misma cara que ahora. Ya no.

- Y yo-

Sé que sonríe y yo devuelvo la sonrisa pero sin mirarlo.

Me siento expuesta a todo, sé que me conoce y que siempre me protege con toda su fuerza cuando sabe que me pasa algo. Mueve el culo por mí y me justifica, ¿se cela? Por supuesto que lo hace y me gusta y al mismo tiempo no. Ahora lo hace del todo, pero me complica las cosas un poco para tontear con los demás chicos.

Su respiración suave, su mano agarrando la mía, mis pensamientos yendo y viniendo. Esto es tan irreal.

- Sucrette.

- ¿Hm?

- Dime algo que nadie más sepa, algo curioso-

Que nadie más sepa… que nadie más sepa… algo curioso… ¿sobre qué?

¿Qué una persona parpadea más de veinticinco mil veces a la semana? ¿Qué la J es la única letra que no está en la tabla periódica? ¿Qué el material más resistente creado por la naturaleza es la tela de araña? ¿Qué antes de la segunda Guerra Mundial había más o menos 22 Hitlers en el directorio telefónico de Nueva York y que al final no había ninguno?

Podía tirarme horas y horas pensando cosas que nadie sabía, o al menos la gran mayoría y muy curiosas. Pero no sabía exactamente que quería el de mí. Ya no tenía ninguna palabra para decir al respecto a esto.

- ¿A qué te refieres?- susurro. Aun sin mirarlo y cerrando mis ojos

- Algo que nadie conozca de ti… algo-

Algo… algo…

Maldigo mi relajación, maldigo a Kentin y maldigo lo que voy a hacer por adelantado… pero cuando Kentin me mira de ese modo veo y siento que puede atravesarme con su mirada, que si quiere puede averiguar todo de mí, porque es uno de "mis mejores amigos" y sabe demasiado sobre mi pasado y mi presente.

- Nadie sabe cómo soy realmente- digo. –Estoy podrida.

Siento la mirada de Kentin mirarme y lo oigo incorporarse del mantel o de la manta o de lo que sea esto.

- No estás podrida.

- Sí lo estoy, Kentin- mi voz es profunda y suave. No susurro, pero no hablo alto y tampoco normal. Solo hablo de forma baja. – Ya no hay nada puro en mi corazón. Nadie sabe lo mal que estoy, ni siquiera yo, yo no sé cómo soy.

- No estás podrida…- repite.

Y siento ganas de golpearle.

Es obvio que lo estoy, que ya no queda nada en mí que esté cuerdo. Ya no soy pulcra, ya no tengo oportunidad de empezar de cero, de reformarme y de demostrar que soy algo importante y que tengo un corazón puro y de oro. No hay forma de que alguien como yo no esté podrido por dentro. Mi alma es negra y muy oscura, contaminada de la ira, de la infidelidad, de la rabia, de un hogar roto una y otra vez por abuelos, mujeres, hombres, madres, padres y si no fuera poco, por todos los extraños que se metían y por aquellos hombres de servicios sociales.

Yo no soy buena. Y eso lo sé, pero… si me pongo a pensar en cómo soy realmente, como seré yo bajo esta fachada que busca la protección absoluta, me pregunto cómo seré, ¿seré feliz? ¿Seré buena? ¿Tendré objetivos? ¿Antipática? ¿Linda por dentro?

No sé si en el fondo puedo cambiar, porque apoyo ciegamente a la filosofía de la vida que dice "la gente no cambia, solo se muestran como son realmente", si algo bueno me pasara ahora, no me mostraría como soy realmente, no creo que me mostrase buena. Porque después de tantos años he aprendido a traicionar antes de que me traicionen.

Porque este mundo solo está formado de monstruos que destruyen las esperanzas y los sueños de los demás y, si no te conviertes en uno de ellos, sufrirás y te lamentaras toda tu vida pensando ¿y yo habría podido hacer esto que me propuse? Pero es tarde, ya no hay vuelta atrás.

Yo no tengo vuelta atrás.

Giro la cabeza hacia Kentin quien me observa fijamente.

- Este mundo es un caos lleno de desesperación, de caos, de malas personas, ¿cómo soy yo realmente? ¿Podría ser buena en algun momento y mostrar mi real cara? ¿Estará tan podrida como lo estoy yo ahora?

- No lo estás- se acerca a mi rostro, mezclando nuestras respiraciones. –Y si lo estás, retirare la putrefacción, Sucrette, retiraré todo lo malo que te atormenta y curaré esas heridas.

Mi corazón palpita sobresaltado y para durante unos segundos, me dejo arrastrar por lo hermosas que son sus palabras y cierro los ojos con fuerza.

- Si no sabes cómo eres realmente… yo encontraré tu verdadero ser, pero ten por seguro una cosa- frena sus palabras, enfocando su mirada en mí, acariciando mis sienes para que lo mire a los ojos. Así lo hago. –Eres perfecta. Un rayo de sol que brilla fuertemente en la mañana, no estás jodida y si lo estás, te daré mi mano y te sacaré, porque te amé desde el primer momento que te vi en el colegio, te amé desde ese día y no dejo de hacerlo.

Sonrió para relajarle a él.

Y un beso apasionado recae en mis labios. Callando mis palabras antes de que ya sea tarde y no pueda retirar mi notificación marchita ante él.

No confió en ti, Kentin.

Porque cuando alguien te jura amor de esa forma se va, cuando alguien te ama así suele ser mentira. Se va de ahí como si nada y te deja destruirte por las esquinas como si fueras estúpida. Como si fuera tu culpa que se vaya el amor, como si tú fueses condenada a sufrir por enamorarte y entregar todo lo que no podía entregar. Te castigan con sufrimiento tras embaucarte en sus garras, te daña hasta que ya no hay vuelta atrás y finalmente destruye tu fe y tu esperanza…

Ya no puedes avanzar, ya no hay adonde hacerlo, solo oscuridad.

Y los pedazos de mi corazón que aún quedan, totalmente rotos, no quiero que se rompan y se destruyan más hasta convertirlos en polvo.

- Yo también te amo- miento.


8235 palabras.

Wow...

Vale ha sido muy cursi y no hay menciones de sexo, pero me gusta tratar de todo un poco.

Por fin os he traído el capítulo y matices de Viktor y un romántico Kentin que espero que os hayan encantado.

De nuevo me disculpo por haber tardado tanto pero enero para mi ha sido un bufff, clases particulares para matemáticas y física, millones de exámenes y recuperaciones y que mis amigas me arrastren de comprar (odio ir de compras a menos que sea a una librería o me den a mi dinero y me dejen comprar sola)- Así que bueno, no he parado.

Suerte a todas las que estáis de exámenes porque os entiendo.

En fin, gracias por leerme, espero que os guste.


AYUDA, HELP MEEEEE

Leedme, leedme, leedme.

Meh. Leeme.

¿Queréis ayudarme con un blog de rol de corazón de melón y otras historias propias o mini-shots que no os atrevéis a publicar, colgar vuestros dibujos y teorías para el episodio 29, etc?

Algo donde todas participemos y escribamos.

Hagamos debates. Y esas cosas.

¿Queréis? ¿Me ayudáis?

Por faaa

Por faa

por fa

¿por fa?


A ver, ¿llegamos a 190 y algo?

Eso me haría feliz y como se acerca San Valentín os dejaré algo especial.
¿Qué os parece?

Venga 190 y subo especial San Valentín.