A finales de Marzo del año 2004 el conflicto bélico entre las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de Norteamérica y el entonces Frente de Liberación Mundial estaba en su punto máximo, con un sorpresivo equilibrio de poderes entre ambos bandos. Utilizando tácticas militares de guerrilla y el enorme descontento social provocado por la invasión de tropas estadounidenses a territorios soberanos, los del Frente habían dado la batalla a las tropas invasoras en cada punto del continente sudamericano, haciéndolos replegarse en sus posiciones hasta Centroamérica y más allá.
Era en este punto donde el ejército rebelde se quedaba sin el empuje que había encontrado en el Hemisferio Sur, debajo del antiguo canal de Panamá, pues los escasos habitantes nativos de esas latitudes que habían sobrevivido al Segundo Impacto carecían de la arraigada tradición nacionalista de sus vecinos sureños, por lo que el apoyo a las fuerzas libertadoras por parte de ellos era casi nulo.
Por tanto, el FLM había tenido que hacer uso del grueso de sus tropas estacionadas en el continente sudamericano para forzar su avance a través de las fronteras centroamericanas y así poder empujar a los invasores hasta su punto de origen, por encima del Río Bravo, lo que posteriormente sería calificado por los estudiosos como un capricho de su líder, Antonio Rivera Madrigal, mejor conocido en ese entonces como el Comandante Chuy. En el afán de liberar su tierra natal del dominio extranjero el líder guerrillero había avanzado mucho más de lo que sus recursos materiales y humanos le permitían, eso sin que descuidara las posiciones clave que había ganado en Sudamérica. Lo que inexorablemente sucedería con el paso del tiempo y el estancamiento de sus fuerzas en Centroamérica.
No obstante, los rebeldes confiaban su victoria final en el otro aspecto fundamental que les había permitido librar una contienda de igual a igual con el ejército más poderoso del mundo, que era el impedimento de los estadounidenses de utilizar su poderío atómico. Aquél valioso recurso, que en otras épocas les había bastado para intimidar a todas las demás naciones del orbe, resultaba inútil en esos días. Ya que el propósito de sus incursiones en suelo extranjero era apoderarse de territorio y recursos naturales que el evento de extinción les había arrebatado, convirtiéndolos en una suerte de horda nómada, debían cuidarse precisamente de arruinar esos recursos con la radiación residual de sus bombas atómicas. Así que, sin su paraguas nuclear que en antaño les había hecho prevalecer fácilmente sobre sus enemigos, el ejército estadounidense estaba forzado a entablar una lucha convencional por tierra, mar y aire con las fuerzas nacionalistas combinadas de Sudamérica que integraban el Frente de Liberación Mundial. Eso, hasta antes que ocurrieran los eventos del 23 de Marzo de ese año.
En ese entonces la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, en Bolivia, destacaba como el bastión principal del Frente. Con una superficie de 315 kilómetros cuadrados y una altitud de 3650 metros sobre el nivel del mar la urbe se constituía en una auténtica fortaleza inexpugnable; dadas sus condiciones geográficas previamente descritas es que había logrado salir relativamente bien librada del Segundo Impacto. Rápidamente se erigió como el principal destino de todos los refugiados y desplazados de la región y desde ahí fue que se pudo coordinar la contraofensiva en contra de los invasores anglosajones. Emulando a la Junta Tuitiva formada en 1809 en esa misma ciudad, y que fue el primer gobierno libre de Hispanoamérica, así también fue el primer centro poblacional que repelió exitosamente el avance de las hordas del norte.
En esas fechas el área urbana de La Paz contaba con una población estimada en más de tres millones de habitantes, más de los que tenía previamente a la hecatombe global, lo que era lógico dada su importancia en el esquema del Frente, ya que era donde estaba instalado su bien provisto Centro de Mando. Debido a la improbabilidad de un ataque en esa posición, por demás asegurada, se había decidido mandar la mayor parte de sus recursos humanos y logísticos a la línea de frente, que eran donde más se necesitaban. Con lo que los líderes rebeldes no contaban era la inclusión de una nueva superarma en el vasto arsenal del ejército estadounidense, cuya prueba en situación de combate estaba programada precisamente, el 23 de Marzo del 2004.
En esa funesta jornada, un escuadrón de bombarderos de última generación se abrió paso por cielos sudamericanos despegando desde los portaaviones de la Cuarta Flota estadounidense con base en el Atlántico Sur. No era que anteriormente no hubieran intentado un bombardeo sobre las poblaciones insurgentes, con muy escasos resultados pues aún después de realizarlo tenían que hacer incursiones terrestres, su punto flanco en la ofensiva contra el Cono Sur. Pero esa vez, era diferente. Esa vez, en lugar de sus municiones normales, los bombarderos Spirit llevaban consigo una nueva clase de armamento: la Bomba N2, cuyo uso se extendería rápidamente a partir de entonces. En su incursión, las naves enemigas destruyeron por completo las ciudades de Medellín, Quito, Cuzco y La Paz, con mucho mayor poder de fuego que una bomba atómica y olvidándose por siempre del inconveniente de la radiación residual, gracias al ingenioso principio bajo el cual operaba la novedosa tecnología bélica. En el transcurso que duró el ataque inicial se calculó un saldo final de más de un millón y medio de bajas enemigas, sin hacer distinción entre combatientes y no combatientes. El bombardeo redujo sustancialmente las reservas humanas y logísticas del FLM, dejando a su vanguardia en Centroamérica completamente aislada y sin posibilidad de recibir refuerzos. Al cabo de una semana que se repitió el mismo proceder por parte de las tropas estadounidenses las principales ciudades del continente sudamericano habían sucumbido finalmente a las fuerzas invasoras. Con ello se decretaba el inicio del amasijo de "protectorados" y "estados libres asociados" que un par de años después devendrían en lo que se conocería a la postre como el "Gran Imperio Americano". "América para los americanos" era una frase que nunca antes había tenido tanta validez. Lo que quedaba del ejército rebelde tuvo que refugiarse en el corazón de África, último territorio en disputa en el planeta. Sin lugar a dudas, el uso de la novedosa tecnología bélica N2, la más poderosa hasta entonces, fue la circunstancia que permitió a los estadounidenses y sus aliados contrarrestar la marea de movimientos insurgentes y marcar un importante hito en la Historia.
Fue así que dio comienzo la nueva era, cuyo nacimiento había costado la sangre de millones de nacionalistas que no estaban dispuestos a ceder ni su soberanía ni su identidad a los invasores colonizadores y que al final lo habían perdido todo, inclusive la vida. Los días posteriores a la estrepitosa derrota de las fuerzas sudamericanas la ciudad de Nuestra Señora de La Paz lucía en ruinas, abandonada, con sendos cráteres de más de tres kilómetros de longitud esparcidos a lo largo de su extensión territorial. Para ese entonces gran parte de la población había perecido ó escapado después del bombardeo. Sólo un reducido puñado de sobrevivientes aguardaba resignado el momento que las tropas estadounidenses se dispusieran a sentar pie en el lugar, esperando por una batalla que de antemano sabían perdida.
Mientras tanto, un alma solitaria vagaba errante por las desoladas calles de la derruida metrópoli boliviana. Una pequeña, de unos tres años de edad, deambulaba como alma en pena, sin rumbo fijo, sin un propósito más que el de encontrar consuelo que en ninguna parte había podido encontrar. Llevaba unos dos días sin comer ni beber y casi sin dormir. Sus ropas mostraban las secuelas del intenso bombardeo, rotas, manchadas de hollín y sangre. Sus grandes ojos negros se mostraban hinchados y sus lágrimas permanecían secas, casi petrificadas sobre sus mejillas. Su largo cabello desarreglado parecía el de una anciana debido a los restos de polvo que se acumulaban en él, dándole una tonalidad grisácea. Desde que se quedó sola había estado caminando por casi toda la ciudad, buscando otro ser humano como ella, alguien que pudiera confortarla y cuidar de ella, sin éxito alguno. Por lo que a ella atañía, bien podría ser la única persona que quedara viva en ese cruel y desolado mundo. Finalmente las fuerzas le flaquearon, sus piernas debilitadas fueron incapaces de seguirla sosteniendo y su carita atiborrada de suciedad se encontró con el firme pero derruido suelo bajo sus pies. Permaneció ahí largo rato, tendida boca abajo, pues tampoco le quedaban energías para levantarse. ¿Cuánto tiempo transcurrió en ese lugar? No podía precisarlo con exactitud, pero cuando dejó de sentir el sol sobre su espalda alzó los ojos al cielo, esperando encontrarse con el estrellado firmamento nocturno.
En su lugar se encontró con una enorme figura de apariencia humana, que a ella le parecía tan alta como un edificio, pues con su sola presencia y la sombra que proyectaba había sido capaz de eclipsar al mismo sol. Una vez que se dio a la tarea de examinar detenidamente la extraña aparición ante ella corroboró que se trataba de una persona, espigada y ataviada por completo con ropas oscuras, a no ser por los vendajes ceñidos en su cabeza y que le tapaban la mitad del rostro. Los mechones de su cabello plateado ondeaban a capricho del viento mientras su vista ciclopéa parecía examinar toda el área aledaña. Al estarlo haciendo, su intensa mirada esmeralda se encontró con la de la desvalida chiquilla.
Con la boca seca y los labios completamente partidos debido a los estragos de la deshidratación, la pequeña sobreviviente se las arregló para soltar una sola pregunta que había estado rondando en su cabeza durante todo ese tiempo:
—¿Porqué?— pronunció lastimosamente, casi en un quejido.
El extraño la observó concienzudamente durante algún rato, para entonces responderle con una voz grave y profunda, como si se tratara de un trueno lejano:
—Porque este mundo es un lugar oscuro y terrible que sólo tendrá sentido una vez que nos decidamos a terminar con él y construir algo mejor en su lugar…
De vuelta en el año 2016 la voz de la linda y simpática muchachita a la que todos conocían como Sophia Neuville resonaba por todos los altavoces y sistemas de sonido del Geofrente, aunque no todos lograran entender sus palabras:
—Si no logra romper su cascarón, el polluelo habrá muerto sin haber nacido. Nosotros somos el polluelo, el mundo es nuestro cascarón… debemos romper el cascarón que es nuestro mundo… ¡para poder revolucionar al mundo!
Hachi y Kazuo eran dos jóvenes técnicos en la División de las Naciones Unidas dentro de NERV a los que el peculiar anuncio había sorprendido justo a la mitad de su descanso para almorzar. Ambos se habían quedado con medio bocado sin masticar, pero solamente Hachi tuvo el sentido del humor para comentar algo al respecto:
—¡Vaya con Sophie y sus ocurrencias! No sé como diantres le hizo para acceder al sistema de sonido de todo el cuartel, pero de seguro no se salva de un buen castigo esta vez. Hay un límite para todo, y no por que sea tan bonita le van a permitir que haga lo que le venga en gana, ¿no lo crees así? ¿Kazuo? ¿Kazuo?
Kazuo desde hace rato ya no tenía oídos para cualquier cosa que su acompañante tuviera que decir, solamente para las palabras que la dueña de su voluntad le hacía llegar a través de los altavoces. Con la mirada perdida, vidriosa por no pestañear durante un tiempo, sacó de entre su saco un dispositivo muy parecido a un pequeño control remoto, murmurando para sí mismo mientras presionaba uno de los botones del aparato:
—Hay que romper el cascarón que es nuestro mundo… ¡Para poder revolucionar al mundo!
Ninguno de los dos jóvenes supo jamás que fue lo que sucedió, hechos pedazos por la fuerza de una violenta explosión que acabó con el comedor en el que se encontraban. A aquel estallido inicial le sucedió toda una serie de detonaciones a lo largo de varios corredores del cuartel, ocasionadas por la gran cantidad de material explosivo previamente instalado y bien disimulado en las instalaciones por Sophia y sus secuaces.
La intensidad de las descargas explosivas era tal que incluso en el Centro de Mando se sintió una fuerte sacudida que tiró al piso a más de un desprevenido, aún cuando estuviera relativamente alejado de donde ocurrieron las primeras explosiones.
—¡¿Qué carajo está pasando?!— exclamó la Mayor Katsuragi, poniéndose en pie con dificultad, sin entender todavía las dimensiones de los sucesos que transcurrían vertiginosamente.
—¡Ha habido varias explosiones en casi todos los sectores superiores!— le contestó Makoto al borde de la histeria —¡Y los reportes siguen llegando, al parecer esto aún no termina! ¡Las cifras de heridos y desaparecidos se están disparando!
—¡No puede ser! ¡¿Otro ataque?!— pronunció la Doctora Akagi a viva voz, buscando respuesta en los varios monitores de seguridad a su disposición —¿Pero de quién?
Un nuevo estremecimiento, mucho más intenso que el anterior, ocasionó la caída de varias personas y aparatos dentro del gigantesco componente. Uno de los pocos técnicos que había podido permanecer en pie se abalanzó hasta una placa de metal instalada en una de las paredes del complejo y de su interior sustrajo las piezas de un rifle de asalto que armó con maestría y en tiempo récord, ante la vista atónita de varios de sus compañeros de trabajo que no alcanzaron a reaccionar a tiempo para evitar ser abatidos por su descarga inicial. El traqueteo de la ráfaga de disparos de alto calibre reverberó por todo el lugar, al igual que los gritos de poseído del atacante, quien seguía disparando a diestra y siniestra.
—¡Romper el cascarón que es nuestro mundo! ¡Para poder revolucionar al mundo! ¡Hay que romper el cascarón que es nuestro mundo! ¡Para poder revolucionar al mundo!
—¡¿Pero qué mierda es todo esto?!— Misato y sus colaboradores cercanos apenas si pudieron agacharse, refugiándose en un grueso panel de metal reforzado, escapando así de tener que compartir el destino de muchos otros más que habían caído bajo la inesperada lluvia de balas.
—¡Ese de ahí es Fujimoto!— indicó Shigeru al poder ver con más detenimiento a su agresor —¡¿Pero qué rayos cree que está haciendo, el desgraciado demente?!
—¡Doctora!— gritó Maya horrorizada, tumbada sobre el piso, observando la pantalla de una computadora portátil que había podido salvaguardar —¡El Eva Beta está… el Eva Beta está…!
El terror que le producía la sensación de las balas rozando por encima de su cabeza y las imágenes que en esos momentos le eran transmitidas habían trabado a la joven oficial técnica en un aparente ciclo de repetición, sin atreverse a detallar lo que estaba sucediendo en esos momentos en el hangar bajo resguardo de las Naciones Unidas.
—¡SOPHIA!— exclamó Katsuragi presa del pánico, recordando las palabras de advertencia de Kaji justo antes que toda la locura se desatara y se cortara la comunicación.
Una suerte de violento terremoto cimbró entonces toda la estructura de los cuarteles, haciendo que todo se estremeciera. Varios cristales estallaron, muchos más techos y paredes colapsaron, toda una serie de corredores se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. En las enormes pantallas del asediado centro de mando, pese a los disparos constantes, todos podían apreciar como la Unidad Beta se liberaba de sus amarres y comenzaba a andar libremente por el Geofrente, abriéndose paso fácilmente a través de estructuras de hormigón y acero que destrozaba en su frenético andar. Con sólo utilizar su espada instalada en su antebrazo derecho trazó un círculo en el piso para abrir un boquete lo suficientemente grande para que cupiera su Eva, que comenzó a descender a través de los múltiples niveles utilizando dicho método.
—¡Maldita sea, cómo pude ser tan estúpida!— vociferó la Mayor Katsuragi, sumamente molesta, cuando comenzaba a intercambiar disparos con el trastornado Fujimoto —¡Esa pequeña bruja nos engañó a todos, me vio la cara de imbécil! ¡Aaay, qué rabia me da!
—¿De que estás hablando?— inquirió Akagi, poniéndose a buen resguardo pero sin dejar de tratar de enterarse de lo que ocurría a como diera lugar, aún poniendo en riesgo su propia integridad —¡Dime todo lo que sepas!
En ese mismo momento tres elementos de seguridad interna se adentraron en la sala, abriendo fuego contra el pistolero enloquecido, que aún al ser superado en número se las arreglaba para seguir dando batalla y causando estragos.
—¡Alguien dígame qué demonios está pasando!— exigió el Comandante Ikari, entrando justo después del personal armado, sin dejar que su brazo vendado le impidiera disparar en la misma dirección que su cuerpo de seguridad.
—¡Comandante!— dijo enseguida Misato, tomándose el tiempo para tirar de nueva cuenta hacia donde se resguardaba el escurridizo Fujimoto —¡Sophia Neuville es una espía encubierta del Ejército de la Banda Roja! ¡Fue enviada a NERV para operaciones de sabotaje!
Todos los que la escucharon quedaron boquiabiertos ante semejante revelación, que parecía sacada de un enfermizo sueño. Sin embargo, la cruel realidad y la aplastante evidencia saltaba a la vista, y así todo comenzaba a tener algo de sentido. Lo importante, a partir de ese momento, sería encontrar la forma de neutralizar rápida y eficazmente el ataque de los saboteadores antes que ocasionaran más daño.
Afuera, la intensa tormenta arreciaba, amenazando con convertirse en la peor tempestad de los últimos diez años. Llovía tan fuerte que dolía, las gotas de agua parecían pedruscos que impactaban de lleno en la desprevenida humanidad de todo aquel iluso que se atreviera a estar afuera bajo esas precarias condiciones. Kai Katsuragi debía ser la única persona en kilómetros a la redonda que sufría las inclemencias del clima tan adverso, renqueando para avanzar como podía en la solitaria calle, que comenzaba a transformarse en un vado debido a la enorme cantidad de agua que por ella se deslizaba. Lo bueno de la situación es que la abundante precipitación pluvial actuaba como una ducha natural que lavaba constantemente sus heridas, principalmente la que Demian Hesse le había provocado en la cabeza al hacerle atravesar un parabrisas con el cráneo.
De cuando en cuando volteaba detrás suyo, asegurándose que el maniático no estuviera detrás de sus pasos. Su prioridad era llegar cuanto antes a los cuarteles de NERV para poner sobre aviso a todos acerca de Sophia y Demian, aunque en esos momentos aún no establecía la conexión entre los dos.
Las luces delanteras de un automóvil aproximándose hacia él a toda velocidad lo pusieron en alerta. Al querer ocultarse a su paso dio un traspié y se encontró deslizándose por toda la encharcada acera como si estuviera en un tobogán dentro de un parque acuático. El vehículo se detuvo de improviso a su lado y al abrirse una de sus puertas Rivera pudo entrever en su interior la figura maltrecha de Ryoji Kaji, reducido a un amasijo de moretones y cortadas por todo su cuerpo.
—¡Sube, rápido!— indicó el recién llegado, con una seña.
Sin ánimo para declinar la gentil invitación y desechar la oportunidad de guarecerse de la lluvia torrencial, el muchacho se apuró a proceder como se le indicaba, percatándose del lastimoso estado en el que se encontraba su acompañante, mucho más lastimado de lo que él se encontraba, que ya era mucho decir.
—¡¿Qué carajo te pasó?!— exclamó Rivera casi en cuanto abordó el automotor.
—Lo mismo que a ti— repuso el alicaído conductor, mientras volvía a poner el vehículo en marcha a toda velocidad —Un lunático irlandés me arrojó de una azotea… lo bueno fue que no quiso quedarse a rematarnos…
—¡No sé qué diablos pretende ese hijo de puta, apareciéndose así como así después de tantos años!
—Buscaba distraerte y permitirle abordar el Eva Beta a Sophia Neuville— reveló Ryoji, escupiendo un diente que finalmente se le había caído —Demian Hesse es el líder del Ejército de la Banda Roja y Neuville trabaja directamente para él…
La quijada de Kai por poco llegaba a sus talones y su semblante empeoró aún más con aquella noticia. Si bien anteriormente creyó haber descubierto los secretos de Neuville, el que Hesse estuviera involucrado complicaba aún más las cosas. Sintió un enorme agujero en la boca del estómago y su corazón detenerse al pensar en todo el tiempo que había sido descuidada la presencia de fuerzas hostiles en el Geofrente, y todo lo que habían podido ejecutar durante tan largo periodo.
—¡Debemos llegar cuanto antes al cuartel! ¡Hay que avisar a todos, tenemos que…!
—Ya es muy tarde. Sophia ya está a bordo de Beta y el ataque contra el Geofrente ha comenzado. Ahora lo más importante será asegurarnos que puedas subir a Zeta y detengas a esa tipa antes que complete su misión…
—¿Y qué misión es esa?
—¡Agáchate!— gritó Kaji a viva voz, cuando aceleraba a fondo para sortear el primer retén de ingreso a las instalaciones de NERV, destrozando la pluma de acceso a la entrada, sin quedarle tiempo para formalismos. La luz de los numerosos incendios provocados por las explosiones, que seguían en curso, comenzaban a ser visibles desde ese punto.
En el Centro de Mando, aún cuando la situación no había sido controlada pues el tiroteo con una de las marionetas de Sophia continuaba, los altos mandos se las habían ingeniado para delimitar un área segura donde podrían elucubrar el curso de las acciones a seguir, aún cuando tuvieran que hacerlo agachados como infantes de preescolar.
—La Unidad Beta está descendiendo en línea recta por todos los niveles inferiores del Geofrente, Comandante— señalaba Ritsuko a un mapa de las instalaciones en la pantalla de la computadora portátil que Maya había salvaguardado, la única de la que podían disponer en esos momentos —Si sigue su descenso por la misma ruta llegará directamente a la entrada del Dogma Terminal… claramente ese es su objetivo principal…
—El estúpido de Demian no sabe donde está lo que está buscando— respondió Ikari, enseñando los dientes en mueca de disgusto —Se llevará un chasco, pero aún así debemos impedirles el acceso a toda costa…
—La prioridad debe ser asegurar el ingreso de nuestros pilotos a sus Unidades Eva y despacharlos para interceptar a la agente enemiga, en tanto recobramos el control de los puestos de mando— musitó el Profesor Fuyutski, tratando de ignorar el dolor en su entumecida espalda baja. Definitivamente, ya estaba viejo para tales lindes —¿Hemos sabido algo del centro de mando de las Naciones Unidas?
—No hemos podido restablecer las comunicaciones todavía, señor, ni interna ni externa— repuso la Mayor Katsuragi —Y no estoy segura qué tan buena idea sería mandar más Evas a intervenir sin saber qué tan comprometidos se encuentran nuestros recursos logísticos y humanos. Hasta ahora tenemos los reportes de diecinueve explosiones a lo largo de todas las instalaciones y más de una treintena de atacantes distribuidos en puntos estratégicos… pienso que deberíamos avocarnos a solucionar esta problemática primero, una vez que recuperemos el control de nuestras estaciones desactivar remotamente al Eva Beta será posible…
—Eso tomará mucho tiempo, Mayor, tiempo del que no podemos darnos el lujo de disponer— terció de nueva cuenta Gendo Ikari —Lo apremiante en estos instantes es detener a como dé lugar el paso de Beta… ¿cuál es el estado de nuestros pilotos?
—Las pilotos de las Unidades Cero y Dos están listas para abordar— informó Akagi, al tanto de la situación gracias al sistema de vigilancia interna —Sólo que el acceso al hangar de los Evas está impedido por tres agresores armados con rifles de asalto. Al igual que aquí, aún no se les ha podido someter y cualquier intento de negociación ha fracasado. Aún no hemos sabido nada de los pilotos del Eva 01 y Z, al parecer no se encontraban dentro de las instalaciones cuando comenzó el ataque.
—En ese caso, nuestros esfuerzos deben estar enfocados en abrirles paso a las dos pilotos que de momento disponemos— concluyó el comandante, alzando la voz para ser escuchado por encima de las ráfagas de disparos —Mayor Katsuragi, envíe a toda la Sección 3 del cuerpo de Seguridad Interna a asegurar el hangar de nuestros Evas y escoltar a las pilotos hasta su abordaje. Profesor Fuyutski, comience a coordinar las tareas de evacuación de todo el personal, debemos asumir que quienes permanezcan dentro son elementos hostiles de los que hay que disponer.
Aunque Shinji desconocía el motivo por el cual el transporte subterráneo que conducía hasta el ingreso del Geofrente se había detenido antes de llegar a su destino, eso no fue excusa para que su ánimo decayera. Como solo faltaba media estación de camino se decidió a recorrer dicha distancia caminando, ya que sería algo que no le tomaría mucho tiempo. Andaba con paso ligero, pese a que de nueva cuenta su enamorado corazón ansiaba reunirse con su amada. Con la cabeza en las nubes, había olvidado que esa mañana Sophie debía asistir a una prueba de sincronía, por lo que pronto se repuso de la decepción inicial de no haberla encontrado en su departamento al regreso de su antigua morada; y aunque él no había sido requerido quiso ir para poder sorprenderla y estar a su lado la mayor cantidad de tiempo posible.
"Sólo espero que después no se aburra de mí" pensaba el joven Ikari, preguntándose si no estaba sobrepasando sus límites debido a su inexperiencia en los asuntos del amor.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un súbito movimiento que cimbró el piso y las paredes a su alrededor, fue una sacudida tan fuerte que por poco lo tira de cara al piso. Su corazón dio un vuelco cuando al dirigir la vista al final de pasillo, al ingreso a los cuarteles vislumbró una luz mortecina, nada habitual y que no podía indicar otra cosa que no fuera un incendio. En lugar de actuar conforme a la lógica y escapar del peligro, el incauto jovencito se precipitó hacia él, apurando sus pasos en una alocada carrera por llegar lo antes posible al Geofrente, temiendo que su novia estuviera en peligro.
Minutos después se encontraba sudando y resoplando en el interior de las instalaciones, dentro del estrecho corredor de ingreso, donde habitualmente había varios elementos de seguridad revisando a todo aquel que entrara y donde ahora sólo había sangre y llamas. Como pudo, sorteó todos los obstáculos en su camino, a veces teniendo que tomar desviaciones al ser imposible seguir adelante, con el camino completamente bloqueado, adentrándose cada vez más al interior de aquél manicomio, estremecido de cuando en cuando por el tremor de los estallidos distantes y la repercusión de las constantes detonaciones de armas de fuego. Un escenario muy parecido al que le había tocado vivir durante la breve incursión del Frente de Liberación Mundial al Geofrente, aunque no tan de cerca. Y aunque estaba muerto de miedo, la necesidad por saber de su pareja y estar a su lado era aún más fuerte que cualquier temor que sintiera, por lo que el escuálido muchachito seguía arrojándose temerariamente en cualquier situación de peligro que se encontrara, con tal de llegar hasta con Sophia.
Fue en una de esas ocasiones que por poco es arrollado por un vehículo que pasó zumbando justo a su lado, en su frenético andar por ese pasillo adecuado para el tránsito de personas, mas no de automóviles. Dentro de dicho carro, sus ocupantes apenas si notaron ese desprevenido manchón que dejaban atrás, más enfocados en llegar lo antes posible al Dogma Central que en apreciar el paisaje y saludar a los viejos amigos. Quizás, de haber reconocido a Shinji, hubieran detenido su vertiginosa marcha y lo hubieran llevado con ellos. Quizás, sólo quizás, los eventos que a continuación acontecerían hubieran resultado de una manera bastante distinta.
"Atención a todo el personal, atención: diríjanse a la ruta de evacuación más cercana y despejen sus estaciones de trabajo lo antes posible. Al encontrarse con elementos de seguridad tírense al piso y coloquen las manos sobre la cabeza. Cualquiera que no siga estas instrucciones será considerado un agente hostil y será tratado como tal. Atención a todo el personal…" repetía Maya una y otra vez a través del sistema de altavoces, haciendo lo posible por alejar a sus compañeros de trabajo del peligro.
Tres de ellos no le habían hecho gran caso, bloqueando el ingreso al hangar de las Unidades Eva de NERV. Armados hasta los dientes, repetían incesantemente su mantra mientras que disparaban a todo aquello que se les pusiera enfrente, justo como su ama les había ordenado. Dos de ellos ya habían sido abatidos por un numeroso contingente de elementos armados, resguardados por placas de acero antimotines. El último individuo resultaba algo obstinado, pues a pesar de estar herido en hombro y pierna en ningún momento había soltado su rifle, rociando su ráfaga de balas sin descanso.
—¡Para poder revolucionar al mundo! ¡Hay que romper el cascarón que es nuestro mundo! ¡Para poder revolucionar al mundo!
—¡¿Pero qué putas le pasa a ese loco desgraciado?!— preguntó Asuka, enfundada en su traje de conexión, agachada por detrás de las barreras como todos los demás, lista para subir a su Eva lo antes posible —¿Qué no sabe que lo van a matar si sigue con esta estupidez?
—Parece estar bajo los efectos de alguna droga ó sustancia química de algún tipo— pronunció Rei a sus espaldas, preparada al igual que ella.
—¡Malditos drogadictos, por eso los odio tanto!— vociferó la jovencita alemana, asustada al escuchar como las balas rebotaban encima de su barrera —¡No tienen nadita de fuerza de voluntad!
—¡Hay que romper el cascarón…!— el sonido del cartucho vacío de su arma había interrumpido al joven técnico dopado, haciéndole saber que su parque se había terminado.
Antes que pudiera abalanzarse sobre alguna de las armas de sus compañeros caídos, un acertado disparo en la frente lo disuadió de cualquier intento por reanudar las hostilidades, cayendo muerto al instante en vez de eso.
—¡El ingreso al hangar está asegurado!— comunicó al instante uno de los guardias a través de su radio.
—Procedan al interior con suma precaución. Salvaguarden a las pilotos en todo momento y asegúrense que aborden sus unidades— le respondieron enseguida del otro lado de la línea.
—Enterado. ¡Avancen! Permanezcan detrás de las barreras y cierren formación en torno de las niñas.
El escuadrón procedió como le era indicado y por suerte para ellos ya no encontraron resistencia dentro del hangar. Rápidamente el séquito de pistoleros se dividió en dos grupos para llevar a las dos jovencitas hasta la escalinata de ingreso a sus respectivos robots.
—¡Las pilotos están a bordo de los Evas, repito: las pilotos ya están a bordo!
—¡Unidades 00 y 02, tienen permiso para activarse! ¡Procedan cuanto antes a interceptar al Eva Beta!— pronunció Misato a través de la radio de las máquinas gigantes, inhabilitada para utilizar el comunicador audiovisual como de costumbre.
—¡Entendido!— asintieron ambas a la vez, sintiéndose más seguras dentro de los Evas, a salvo de las balas.
Luego de trece niveles que había atravesado cuesta abajo "Sophia" comenzaba dar muestras de cansancio. Le hubiera gustado desde un principio activar el mecanismo que disparaba su espada irrompible como un misil, pero temía perderla a sabiendas que seguramente la necesitaría para después. Por lo tanto, de momento continuaba utilizando su método probado de descenso, trazar con su navaja un semicírculo en el piso donde luego abría un boquete de una patada por donde bajara su Eva hasta el siguiente nivel. Era un proceso sencillo, pero repetitivo y agotador.
—¡Mierda! ¡De haber sabido que me iba a tardar tanto hubiera mandado hacer un elevador para esta cosa!— masculló la chiquilla, desesperada. En sus cálculos más optimistas a esas alturas debía estar casi llegando a su objetivo, sin embargo aún se encontraba por llegar a la mitad del trayecto.
Se mostraba aún más ansiosa pues sabía que el tiempo se le acababa y podía sentir como los otros Evas comenzaban a pisarle los talones, consciente que sus seguidores serían incapaces de resistir en sus posiciones por siempre.
Una andanada de proyectiles que impactaron en su armadura pareció confirmar sus temores. Al voltear hacia arriba, la dirección de donde provenían los disparos, se topó con el Eva 00 y 02 avanzando hacia ella a gran velocidad aprovechando el camino de agujeros que había dejado tras de sí. Ni bien se había percatado de su presencia cuando sus dos compañeras ya le habían dado alcance, situándose a sus costados, rodeándola.
—¡Piloto de la Unidad Beta!— pronunció Rei a viva voz, apuntándole con el enorme rifle de su Eva, amenazante —¡Desiste de tus intenciones y abandona tu Eva en este mismo momento!
—Ya empezó esta tipa a sentirse jefa otra vez— musitó Asuka para sí misma, sin bajar la guardia. Le preocupaba mucho la ventaja que le daba a Sophie su espada y el hecho que no estaba limitada por un cordón umbilical, como sus robots.
—¡Desiste esto, pendeja!— respondió enseguida Neuville, blandiendo su filosa arma en contra de Ayanami.
La Unidad Cero apenas si pudo esquivar el mandoble, aunque para hacerlo tuvo que hacer barrera con su arma de fuego, la que quedó rebanada por mitad. Antes que pudiera asimilar lo que estaba sucediendo, los rápidos reflejos de Sophia le permitieron aprovechar su impulso para asestarle una poderosa patada en pleno abdomen, por lo que el robot azul salió disparado en dirección contraria, destrozando varios corredores en su vuelo.
Cayendo en cuenta que estaba siendo ignorada en esos momentos Langley sacó provecho de la situación, barriendo las piernas de Beta para sacarlo de balance y de un bien colocado codazo en la nuca mandarlo a besar el piso. Sin querer darle oportunidad para reponerse, utilizó sus piernas extendidas como una lanza para caerle encima de la espalda, sentándose posteriormente sobre ella y estirando los brazos de Beta hacia atrás, aplicándole fuerte castigo.
—¡Hasta aquí llegaste, ramera mentirosa!— gruñó Asuka, disfrutando la satisfacción de poder desquitarse de largos meses de asedio y fastidio por parte de la americana —¡Eres una imbécil, no sabes en la que te metiste!
En el juego de fuerzas que se suscitó entre ambas, una por liberarse y otra por retenerla, la piloto de la Unidad Dos salió perdiendo. Haciendo uso de una fuerza descomunal la joven de cabello oscuro logró zafarse del fuerte agarre para entonces sujetar de la cabeza al robot rojo para estrellarlo a su vez de cara en el suelo.
—¡Vaca estúpida, yo te enseñaré quién es la que no sabe en la que se metió!— vociferó Neuville, dándole un fuerte pisotón a su cráneo, que se hundió aún más sobre la maltrecha superficie en la que cayó.
Mientras estaba en eso Rei quiso sorprenderla al atacarla de costado, no obstante que Neuville alcanzó a divisar la intentona con el rabillo del ojo. Sujetándola por el cuello, levantó del piso a la Unidad Dos y la arrojó como un bulto muerto contra su furtiva atacante. Ambas máquinas sufrieron un fuerte encontronazo que las hizo desplomarse de nueva cuenta.
—¡Escúchame bien, Asuka!— pronunció Sophia a través de su comunicador, antes que cualquiera de las dos pudiera incorporarse —¡El momento ha llegado! ¡Debes obedecerme: mata ahora mismo a la desgraciada infeliz de Rei Ayanami! ¡Yo te lo ordeno!
Al escuchar aquellas palabras dirigidas a una parte de su subconsciente, la expresión de la jovencita europea se congeló, adoptando el serio semblante de una estatua. Inmediatamente, en un acto reflejo, sus ojos comenzaron a tornearse hacia atrás, poniéndose casi completamente en blanco. El cambio que operó entonces en ella fue súbito, instantáneo. Su efigie, anteriormente apacible e inmóvil, devino en una espantosa amalgama de locura y rabia, que deformaba su atractivo rostro en una horrible fachada que parecía pertenecer a una paciente psiquiátrica.
—¡Maldita perraaa, te asesinareeé!— rugió Langley cuando se abalanzaba sobre Ayanami como una bestia furiosa —¡Voy a sacarte los ojos y arrancarte las tripas!
La incauta piloto de la Unidad Cero nada pudo hacer para evitar la feroz embestida, más que recibirla de lleno y quedar a merced del salvaje ataque del que era objeto. El Eva 02 atacaba con la saña de un asesino demente, todos sus puñetazos, patadas y mordiscos llevaban consigo la clara intención de acabar con la vida de su víctima.
—No… no puede ser…— musitaba lastimeramente la Mayor Katsuragi, en la sala de controles, sin dar crédito a las imágenes en pantalla —También Asuka… no… no es posible… ¡Santo Dios!
—¡¿Es que hay alguien en este lugar que no se haya vuelto loco?!— preguntó el Profesor Fuyutski, desesperado, dando un puñetazo en el piso.
Y es que, si una de los pilotos Eva había sucumbido a aquél festín de la demencia, eso quería decir que nadie estaba a salvo. En ese mismo momento todos comenzaron a verse con recelo, temiendo que en cualquier momento la persona que tenían al lado enloquecería y trataría de matarlos. Nadie podía asegurarles que eso no sucedería, lo que acrecentaba la desconfianza entre compañeros como un voraz incendio que iba en aumento, precisamente una de las principales intenciones del artífice de ese inesperado ataque.
—¡¿Qué estás haciendo?!— preguntaba la desconcertada Rei, tratando de hacer entrar en razón a su enloquecida agresora, forcejeando con ella para mantenerla apartada, aunque no por ello la joven de cabello rubio dejaba de asestarle toda clase de puñetazos en su anatomía —¡Basta ya, détente! ¡Estás dejando que Neuville se escape!
En efecto, libre del asedio del que hasta hace poco había sido objeto, Sophia había optado por dejar que sus compañeras dirimieran sus diferencias y reanudar su tarea de perforación dentro de los cuarteles, descendiendo desde entonces varios niveles más de donde transcurría la batalla a la que había dado origen.
—¡Cállate, puta, cállate!— gritaba Langley con todas sus fuerzas, casi echando espuma por la boca, en tanto que colocaba sendos puñetazos justo en el cráneo de su desvalida oponente —¡Te odio, te odio más que a nada en este mundo y no descansaré hasta mataaarteee!
—¡Estás… loca!— Ayanami hizo acopio de todas sus fuerzas y consiguió empujar hacia atrás a la agresora, pudiendo respirar tranquila por lo menos un instante —¡Aléjate de mí!
—¡Rei, escúchame!— se oyó de nueva cuenta la voz de Misato a través de su radio —¡Debes tener mucho cuidado, Asuka también está bajo las órdenes de Sophia! ¡Igual que los demás, no entenderá razones! ¡Tienes que defenderte ó terminará matándote! ¿Me entiendes? ¡Defiéndete como sea, esto ya es cosa de vida ó muerte!
El momento que la jovencita de mirada escarlata tanto temía, que tanto había postergado y evitado desde que había conocido a Langley desde meses atrás, finalmente había llegado. Tendría que enfrentársele directamente, aunque no por las razones que originalmente había previsto. Y aunque le quedaba claro que en una confrontación física ella sería siempre la que tuviera ventaja, eso no significaba que se la dejaría fácil. Si en realidad esa bruja desquiciada quería matarla, le costaría sudor y sangre cumplir su cometido.
De tal modo que antes de ser embestida nuevamente por el Eva 02, que se le acercaba como toro desenfrenado, propinó a su atacante un soberbio puñetazo en la base de la mandíbula, que la hizo precipitarse al suelo una vez más. Sin darle un momento de respiro, la sujetó de la pantorrilla para levantarla por los aires y estrellarla del lado contrario contra la resquebrajada superficie, que terminó por fracturarse por completo y devorarla al colapsarse sobre sí misma, provocando que el robot rojo cayera varios niveles por debajo.
Rei no consiguió evitar sentir una suerte de catarsis liberadora al ver descender de ese modo a Langley, quien iba dando tumbos con cada nueva caída. De poder expresar sus sentimientos de una forma normal, como cualquier otra persona lo hubiera hecho, habría sonreído con sorna. En su lugar, una mueca de aspecto incierto decoraba su rostro.
En el Dogma Central, el nombre rimbombante que se le daba a la sala de controles del Geofrente, la situación permanecía penosamente en un punto muerto, tan muerto como varios de los oficiales y técnicos que yacían regados en el piso, sin que el bien abastecido agresor les permitiera recogerlos.
—¡No puedo creer el aguante de este imbécil mal parido!— refunfuñó Misato al vaciar de nueva cuenta el cartucho de su arma de cargo en la dirección donde se encontraba resguardado Fujimoto —¡Es imposible!
—¡Tenemos que someterlo como sea!— indicó el Comandante Ikari, haciendo lo propio —¡Hay que retomar el control para poder desactivar a las Unidades Dos y Beta, antes que pase cualquier otra cosa! ¡Acaben con él, no me importa si después tenemos que recoger sus restos esparcidos con espátula!
El puñado de guardias a sus órdenes actuó como se les indicaba, forzando su avance disparando sin descanso todo el contenido de sus armas automáticas de alto calibre. Equipo de cómputo y demás enseres de oficina se desvanecían al violento paso de las balas, quedando reducidos a polvo. De seguir así seguramente el desquiciado Fujimoto quedaría igual, sin importar donde se escondiera.
Una nueva lluvia de disparos que salió escupida desde el ingreso principal abatió a los guardias que la custodiaban. Pasando por encima de sus cuerpos, un cuarteto de atacantes con uniformes de oficial se unía a su acorralado compañero, disparándole por la espalda a los desprevenidos elementos de seguridad que buscaban acabar con él.
—¡Hay que romper el cascarón que es nuestro mundo! ¡Para poder revolucionar al mundo!— proferían el mismo cántico cansino que todos los demás bajo el poder de Neuville, revelando su calidad de hostiles —¡Hay que romper el cascarón que es nuestro mundo! ¡Para poder revolucionar al mundo!
Libre de sus acosadores, Fujimoto, el agresor inicial, se vio en condiciones de reanudar su ataque, atrapando a Misato y a todos los demás justo en medio de dos frentes, cerrando una pinza que se iba apretando peligrosamente sobre de ellos.
—¡Estamos acabados!— exclamó Hyuga al tomar nota de su precaria situación, sintiendo como las balas que se acercaban comenzaban a rozarlo —¡Mayor Katsuragi, sólo quiero que sepa que…!
—¡Ahora no, Makoto! ¡¿Qué no ves que estoy ocupada?!
Misato se las ingenió para perforar de un tiro la garganta de uno de los hostiles que avanzaba por la retaguardia, no sin antes recibir un disparo que rozó su hombro derecho, haciéndola soltar su pistola.
—¡Maldición!— se lamentó, sujetando su herida que parecía arder en llamas, viendo a sus manipulados atacantes cada vez más cerca.
Antes que pudieran acabar con la plana mayor de NERV, uno a uno los dominados sujetos fueron abatidos al recibir un certero disparo justo en medio los ojos. Nunca antes como en ese momento todos se alegraban de ver a Ryoji Kaji, quien entraba como todo un operativo de comando, fulminando a sus enemigos de un solo tiro. El último en caer fue Fujimoto, quien había salido de su refugio con la confianza que la llegada de sus refuerzos le había otorgado y la seguridad de que juntos podrían darle fin a sus blancos.
—¡Oh, Dios mío!— musitó horrorizado Kai, entrando detrás de Kaji, al ver todos los cadáveres que había sobre el piso —¡Ese era el señor Fujimoto, lo mataste como a un perro! ¡Y estos eran Chiba, Goto, Ichimaru y Kono! ¡Están todos fríos!
—Créeme, no existe otra solución— pronunció Ryoji en tono severo, recargando su arma de fuego —Todas las personas que se encuentran atacándonos están bajo los efectos de una droga de control mental utilizada por el Ejército de la Banda Roja para someter a poblaciones enteras a su dominio. Las Naciones Unidas están teniendo muchas dificultades en el frente de Medio Oriente debido a esta cosa e incluso yo ya he tenido muy malas experiencias a causa de sus efectos, que son permanentes.
—¿Quieres decir que…?
—No hay vuelta atrás ni posibilidad de desintoxicación ó rehabilitación, una vez que los síntomas se hacen presentes. La personalidad del individuo es borrada por completo para ser llenada sólo con odio y fanatismo. No se puede revertir ese estado…
—Bien, ahora que lo sabemos será más fácil lidiar con nuestros atacantes— carraspeó Gendo, poniéndose en pie.
—¡Ryo-chan, que alegría verte de nuevo!— pronunció la Doctora Akagi al borde de las lágrimas, abalanzándose a los brazos del recién llegado para estrecharlo en un fuerte abrazo —¡Nos has salvado a todos, estamos agradecidos!
—Debo admitir que fuiste bastante oportuno, pero bien pudiste llegar antes— masculló Misato, reparando en el lastimoso estado que se encontraban tanto él como Kai —¿Qué rayos les pasó a ustedes dos?
—Un loco irlandés hijo de puta— contestaron los dos al mismo tiempo, luego solamente Rivera continuó —Nos hizo como quiso, sólo para darle tiempo a la zorra desgraciada de Neuville de hacer estallar toda esta locura… ¡¿Pero qué diablos?!— dijo sobresaltado al poner atención a los monitores de todas las estaciones —¡¿Esas son Rei y Asuka, dándose hasta con la cubeta?! ¿Qué putas tienen en la cabeza esas dos?
Aún cuando en muchas de sus fantasías las muchachas trababan feroz combate, casi siempre era en escenarios tales como una tina de lodo ó gelatina, usando solamente diminutos bikinis, jamás piloteando sus Evas ó reduciendo los cuarteles a escombro.
—Asuka está manifestando la misma psicosis que todos los otros pistoleros— comunicó Maya con gesto compungido —Bastó que Sophie… Sophia… se lo ordenara para que quisiera matar a Rei…
—Oh, no…— se lamentó Rivera, tapándose la cara —Yo… desde antes sabía que algo estaba mal… Hikari me lo advirtió… y no hice caso… y ahora… ahora…
—Ahora no tenemos más remedio que matarla también— murmuró Kaji, apesadumbrado y cabizbajo, luego de que pasó vario rato sin que nadie se atreviera a decirlo en voz alta.
—¡Cierra tu sucia boca, estamos hablando de Asuka!— lo increpó el muchacho, asiéndolo por el cuello de su camisa —¡Todos nosotros la conocemos, aún debe haber algo que podamos hacer!
—¡Suéltame, imbécil! ¡¿Te crees que es muy fácil para mí decir algo así?! ¡Conozco a esa pobre muchacha desde que era una niñita flacucha, yo la vi crecer todo este tiempo! ¡Pero también sé todo el horror que vi en Medio Oriente, por eso te digo que no hay otra solución! ¡Ó es ella, ó nosotros, no hay más!
Mientras se liberaba del agarre de Rivera todos los demás guardaban silencio, reflexionando en sus palabras y la horrible situación por la que estaban atravesando, pero por sobre todo, la terrible decisión que alguien debería tomar tarde ó temprano.
—¡Todos dejen de hacerse los idiotas y vuelvan a sus estaciones!— bramó el Comandante Ikari —¡Lo importante en estos momentos es retomar el control para poder desactivar remotamente al Eva 02 y Beta! ¡Muevan sus traseros y pónganse a trabajar cuanto antes en ello! ¡Mayor Katsuragi, quiero todo un pelotón cuidando todos los accesos a esta sala!
—¡Oh sí, de eso estamos hablando! ¡Miren todos a nuestro valiente y temerario líder dando órdenes a sus lacayos!— exclamó furibundo el joven Rivera, encarándolo al punto de casi colocar su frente sobre la de él —¡Déjenme adivinar de quién fue la brillante idea de despachar Evas a tontas y locas sin saber quien estaba dopado y quien no!
—¡Basta ya, chiquillo estúpido, no había modo de saber todo eso en ese entonces! ¡¿Es más, quien nos puede asegurar que tú tampoco vas a enloquecer de repente y empezar a matarnos a todos?!
—¡A ti será al único que voy a matar, manco de pacotilla!
—La vía de administración es por ingesta oral, generalmente disuelta en cualquier medio líquido— expuso Kaji, haciendo caso omiso de la escena y alistando su armamento para una muy probable nueva ola de ataques.
—Ahora entiendo por que a esa malnacida le daba por estar hidratando a todo mundo en últimas fechas— repuso Akagi con aire meditabundo.
—¡NO! ¡NO PUEDE SER!— gritó Maya, histérica, jalándose del cabello —¡Yo bebí de esa agua! ¡Me tomé una botella entera, apenas hace unos días!
—¡Arréstenla de inmediato y sáquenla de aquí cuanto antes!— ordenó a viva voz el Subcomandante Fuyutski, señalándola como si le estuviera disparando en ese momento —¡Aíslenla por completo, a la menor señal de agresión dispongan de ella!
—¡Maya! ¿Cómo pudiste?— pronunció Shigeru, mirando desconsolado como un par de guardias fuertemente armados se llevaban a su mejor amiga.
—Yonolosabíayonolosabía…— repetía la aterrada oficial técnica, blanca como sábana.
—Hagamos una relación de las personas que sabemos estuvieron en contacto directo con la sustancia— señaló Kai, recobrando la compostura —Creo que para todos fue muy evidente quien estuvo tomando del agua embotellada que Neuville estaba ofreciendo, además podemos buscar en los videos de vigilancia de los últimos meses. Cotejemos esos nombres con la lista de agresores identificados que se tiene hasta el momento y tendremos entonces otro inventario de probables atacantes que podremos aislar antes de que causen cualquier daño. Si hasta este momento no han manifestado síntomas es probable que la dosis que hayan tomado sea insuficiente para surtir efecto y aún podamos hacer algo por todos ellos.
—Bien pensado— admitió Rikko —Puedo correr un programa en el sistema de vigilancia de MAGI para el aislamiento de esos datos y la pronta identificación de todo el personal que ingirió la droga de la Banda Roja… aunque sin Maya por aquí, tomará algo de tiempo.
—Deje que alguien más se encargue de eso, Doctora— pronunció Gendo, tomando asiento en su lugar —Enfóquese en la tarea más importante, desactivar de forma remota a la Unidad Dos. Rivera, haz lo propio con la Unidad Beta…
—¿Qué sabemos del hangar de las Naciones Unidas?— preguntó enseguida el muchacho, dirigiéndose a Makoto, antes que salir corriendo a cumplir las órdenes de Ikari como un completo idiota.
—Apenas en estos momentos estamos restableciendo las comunicaciones internas— respondió el oficial técnico, con la mirada fija en su monitor —Aún no hemos sabido nada de ellos, pero puedo utilizar las cámaras de vigilancia para… ¡Mierda, miren eso!
Las imágenes en pantalla revelaban que la División de las Naciones Unidas era el área donde sin dudas habían sido colocada la mayor cantidad de explosivos, al ser la que había sufrido el mayor daño en todo el cuartel. Las pocas paredes que quedaban en pie aparecían salpicadas del rojo de la sangre de todos aquellos cuerpos y miembros regados en los escombros como confeti.
Rivera trataba de mantenerse ecuánime al observar en pantalla las ruinas de lo que hasta hace apenas unas horas había sido su área de trabajo, reconociendo a varios de sus empleados y amigos tirados como un montón de trapos sucios, sabiendo que en nada les ayudaría a todas esas personas el que estallara e hiciera una escena al respecto. De cualquier modo, para todos fue evidente el modo en que apretaba la quijada y sus ojos centelleaban con furia.
—Hubo un derrumbe justo al ingreso del hangar de Zeta— señaló Hyuga, pasando rápidamente las filas de cadáveres y tratando de no mirar al joven a sus espaldas —Está completamente colapsado, no hay forma de entrar… tomará un tiempo quitar los escombros con maquinaria pesada…
—La sala de controles está completamente destruida— pronunció Kai, mirando fijamente a Gendo Ikari —Será imposible desactivar a Beta desde ahí, deberé hacerlo desde el Eva Z…
—¿Cómo piensas hacer eso?— inquirió Ritsuko.
—Instalé una serie de comandos verbales en las Unidades Especiales— admitió el muchacho luego de reflexionar por un momento qué tan buena idea era revelar uno de sus ases escondidos —Se activan sólo con mi voz… si Neuville se niega a abrir cualquier canal de comunicación con nosotros necesito estar lo suficientemente cerca para que los altavoces de Zeta se encarguen de transmitir los comandos…
—¡Pero el hangar de Zeta está bloqueado por los escombros, no hay manera que logres llegar a él!— repuso Misato, visiblemente mortificada —Será mejor seguir intentando por la radio y…
—Eso no será problema… conozco otro pasaje que conduce al hangar… será sólo cosa de trepar y ensuciarse un poco…
El Comandante Ikari y el Profesor Fuyutski se miraron entre sí de soslayo, sin mediar palabra pero sabedores ambos que tal acceso no existía. Si acaso el chiquillo pretendía subir a bordo de su Evangelion debería estar pensando en usar algún otro método que no quería revelarles.
—Haz lo que te venga en gana, pero asegúrate de bajar a esa loca desgraciada de ese robot a como dé lugar— pronunció Gendo, volviendo a tomar asiento en su puesto de mando.
El jovencito solamente asintió con la cabeza y sin más demora tomó rumbo al derruido hangar donde se encontraba su máquina de combate. Tan ocupados como estaban todos, nadie se tomó la molestia de despedirse de él, más apremiados por la urgencia que tenían entre manos que por el protocolo de buenos modales. Solamente la Mayor Katsuragi salió tras él, antes que se adentrara en el extenso laberinto de largos corredores que conformaban el cuartel.
—¡Kai, espera!— pronunció la mujer, dándole alcance en los vestidores.
—¡Nada de espera, tengo mucha prisa!— dijo el muchacho, sacando apuradamente de un casillero uno de sus trajes de conexión.
—¡Ya sé, sólo quiero que sepas algo antes de que te vayas y pase no sé que diablos!
—Muy bien, ¿qué es lo que necesitas con tanta urgencia, que no puede esperar?— queriendo aprovechar cada segundo disponible sin mayores miramientos el joven Rivera comenzó a desnudarse frente a sus ojos para enfundarse en su vestimenta especial.
—Yo… yo sólo quería decirte… quiero decirte que…— la resolución de Katsuragi y toda su concentración se perdieron, distraída por lo que presenciaban sus ojos. No tuvo más remedio que voltearse, dándole la espalda para que no pudiera ver su cara completamente enrojecida. ¡Dios, pero qué estúpida era! Como si se tratara de un talismán que le otorgaba fuerza, acariciaba constantemente el envoltorio de papel que guardaba en la bolsa de su chamarra —Hay algo que desde hace mucho tiempo he querido que sepas…
—Okeeey— dijo el chiquillo, arrastrando la voz y trotando sin moverse de su lugar, desesperado por el extraño nerviosismo de su tutora —Sigo esperaaando…
—¡Maldita sea, lárgate de una vez, todo está aquí!— vociferó la mujer, extendiendo la mano para entregarle el sobre que con tanto esmero había guardado —Puedes leerlo una vez que acabe toda esta locura y… y entonces… podrás darme tu respuesta…
—¡Válgame, tanto rollo para esto! ¡Estás irreconocible, pareces una colegiala entregando una carta de amor!— musitó el muchacho, enfadado, en tanto que guardaba el sobre dentro de un aditamento de su traje y se encarreraba hacia lo que quedaba de su división.
Por su parte, Misato lo veía partir a toda marcha con el temor de que aquella bien pudo haber sido su última conversación, pues no sabía bien lo que sucedería con ellos dos una vez que él leyera el contenido de la reveladora carta que llevaba. Ni tampoco lo que el destino les deparaba a ambos.
—¡Muérete, maldita, muereee!— berreaba Asuka, enloquecida, encajando su cuchillo una y otra vez en las coyunturas de la armadura de Cero, de donde comenzaba a brotar copiosamente el extraño líquido con el que parecían estar rellenos los Evas.
Langley tenía sometida a su presa arrodillada sobre ella, que estaba de espaldas planas sobre el piso. Como pudo Ayanami consiguió liberar su brazo y con él trató de detener el camino de una nueva cuchillada, que terminó por alojarse en la palma de la mano del robot azul que tripulaba, deshaciéndola casi en su totalidad. Movida por la desesperación y el dolor, la jovencita de ojos rojos consiguió asestar un cabezazo sobre el cráneo de su oponente, que retrocedió aturdida. Viéndose liberada momentáneamente, Rei aprovechó la ocasión para recetarle un poderoso puntapié en la base del abdomen que la arrojó de espaldas y le permitió ganar mucho más espacio y sobre todo, tiempo, el suficiente para reincorporarse y esperar su nueva embestida de pie.
A diferencia de su rival, la jovencita japonesa trataba de mantener la cabeza fría, y sobre todo ser muy analítica, queriendo ganar así una ventaja sobre de ella al poder anticipar sus movimientos de esta manera. Consciente que si trataba combate directo cuerpo a cuerpo la que llevaba las de perder era ella, su estrategia era clara entonces: mantener distancia con su atacante y aprovechar algún descuido para despojarla del cordón umbilical que suministraba energía a su Evangelion. Después de eso sólo sería cuestión de esperar a que la energía interna del Eva 02 se agotara para que la trastornada chiquilla quedara atrapada dentro y ella a su vez pudiera enfocarse en lo más importante, detener el avance de Sophia Neuville por el Geofrente.
Impulsándose con sus cuatro miembros, la Unidad Dos se lanzó sobre ella como una bestia al ataque. La piloto del Eva 00 al ver sus intenciones le bastó con hacerse a un lado para esquivar el embate y empujarla de nueva cuenta para estrellarla contra el piso, que se volvió a abrir para tragarse a ambas contendientes, algo que Ayanami no había previsto. Las dos jóvenes cayeron varios niveles abajo, sepultadas bajo toneladas de escombro que comenzaba a acumularse.
—Todos los sistemas están nuevamente en línea, Comandante— comunicó Shigeru, quien ahora debía ocuparse también de las funciones que desempeñaba Maya —Ya estamos operacionales en un 90%.
—Procederemos como lo hicimos la vez anterior que se enfrentaron dos Evas— indicó Ikari, recordando la pasada pelea del Eva 02 y Zeta —Si incapacitamos al piloto, la máquina quedará inservible.
—Enseguida, señor— asintió Ritsuko, sentada en la estación en la que normalmente estaría su asistente, teniendo que teclear ella misma la serie de comandos informáticos para acceder al sistema de control del Evangelion —Bastará con elevar unos cuantos pascales la presión del LCL en la cabina de la piloto para dejarla inconsciente…
Una estruendosa alarma y varias pantallas que se iluminaron en color rojo le avisaron a la científica que algo estaba mal y que sería incapaz de cumplir su cometido, de momento.
—¿Qué está pasando?— pronunció el Subcomandante Fuyutski, mirando confuso en rededor, inundado de pantallas de advertencia.
—¡No! ¡Es imposible!— masculló Akagi, atónita, revisando los datos que le llegaban a granel —¡Los accesos a nuestros Evas están bloqueados! ¡Están funcionando casi por su cuenta, ninguna función de conexión remota está disponible!
—Nuestros sistemas informáticos también fueron saboteados— sentenció Misato, severa, cruzada de brazos.
—Demian Hesse se aseguró de tenernos bien agarrados de las bolas para cuando llegara el momento de poner en marcha sus planes— aseguró Kaji, a quien no le quedaba más remedio que admirar el ingenio del autor intelectual de la crisis que estaban enfrentando.
—Aún no tengo la información suficiente para determinar la clase de daño que recibió el sistema… puede ser algo físico, corrupción ó un virus, deberé correr programas de prueba y revisar las funciones una por una… sólo entonces podremos implementar una medida para hacer las correcciones pertinentes…
—Hágalo cuanto antes, Doctora— indicó Gendo, fustigándola con la mirada —Y recuerde que las vidas de todos los que estamos aquí dependen de su velocidad al hacerlo…recibirá toda la ayuda que necesite, instruya al personal que tiene disponible para proceder como a usted le convenga.
Akagi puso entonces manos a la obra, tragando saliva al sentir el enorme peso de la responsabilidad que el comandante acaba de depositar en ella. Definitivamente, la ausencia de Maya Ibuki y su extenso repertorio de habilidades pesaría muy hondo en el transcurrir de las incidencias de ese fatídico día. Sobre todo cuando aquella menuda, pero eficiente jovencita era capaz de desempeñar el trabajo de cinco técnicos a la vez.
Rei fue la primera que pudo liberarse del montón de cascajos bajo el cual habían quedado atrapados los dos Evas en disputa. Al hacerlo, muy a su pesar cayó en la cuenta que su suministro de energía había sido interrumpido al quedar trozado su cordón umbilical entre la confusión del derrumbe. Ahora el contador interno de su robot le avisaba de los pocos minutos que le quedaban de energía antes de apagarse por completo. Desesperada por su predicamento, volteaba hacia todas partes tratando de ubicar a donde precisamente había ido a parar y cuál era la toma de corriente que más cerca le quedaba.
—Yo te conozco— la imagen de una trastornada Asuka apareció de súbito en la pantalla de su comunicador, si bien ni ella ni el Eva 02 estaban a la vista. La joven estaba tan de mal talante que en ocasiones sus ojos parecían no apuntar en la misma dirección, como es natural —¡Te conozco! Vistes de blanco, pero tu corazón es negro como un pozo. ¡Usas la cara de una persona muerta! Lo que no sabes es que, aunque te ocultes detrás de un rostro que no es el tuyo, el rojo de tus ojos revela tus intenciones… ¡Es el rojo de la sangre, la sangre que quieres derramar!
—Lo que sea que te hayas metido, te está haciendo desvariar— observó Ayanami, tratando de mantener la calma y no dejarse intimidar por el aterrador semblante de su oponente —Si estuvieras en tus cinco sentidos te darías cuenta que te oyes como una loca…
La Unidad Dos emergió desde las profundidades del derrumbe, haciendo volar gran cantidad de rocas y escombro que salieron volando como en un estallido. La boca del robot rojo estaba completamente abierta, revelando un apéndice orgánico que parecía ser una lengua y largas hileras de afilados dientes.
—¡No es una locura aferrarme a mi vida, bruja estúpida!— Langley se lanzó directamente a morder la tráquea de su rival, sujetándose a ella de un fuerte mordisco —¡Quieres mi sangre, pero en cambio será la tuya la que será consumida! ¡Ahora el cazador se ha vuelto mi presa y serán todos tus fluidos los que me alimentarán!
Sin balance alguno Rei se revolvía, indefensa, sin poder escapar, sintiendo un montón de agujas imaginarias clavándose en su garganta y cerrándole el paso al aire que respiraba.
—¡Tu tiempo se te acabó, puta!
El constante eco de detonaciones lejanas y los intermitentes tremores que de vez en cuando cimbraban la estructura por la que se movía daban aviso a Kai que las hostilidades estaban lejos de haber terminado. Eso, sin contar los tres Evangelions sueltos que se estaban encargando de derribar el Geofrente como si fuera un frágil castillo de arena. Mientras apuraba su andar por los pasillos, a veces oscurecidos por cortes de suministro eléctrico, trataba como podía de alejar el horrible escalofrío que sentía trepar por su espinazo. Aunque no lo admitiera abiertamente, muy en el fondo sabía que era miedo lo que experimentaba en aquellos aciagos momentos. Y no era en balde, tomando en cuenta que en las últimas ocasiones que había subido a su Eva había estado a punto de morir. Y, tal como había aprendido por experiencia propia, estar al borde de la muerte era en verdad bastante doloroso y nada grato. Además estaba ese asunto sobrenatural con Xóchitl, aquél vengativo espíritu que maldijo a toda su familia hace tantos años. Si la leyenda era cierta, y tenía bastantes motivos para suponerlo así, aquél encuentro sólo podía significar que su muerte estaba próxima. Cuando se topó de nuevo frente a frente con Demian Hesse incluso pensó que ese momento había llegado. Sus piernas parecían fallarle a veces en su largo trayecto, haciéndolo trastabillar en varias ocasiones, estando a nada de estrellarse de cara contra el piso. No obstante, como casi siempre que se enfrentaba al temor, su propio orgullo lo motivaba a hacerlo de lado, ignorando toda precaución para seguir adelante. A veces obtenía cosas buenas de ello, otras tantas no.
Como fuera, con miedo ó sin él, había llegado ya al final de su camino, señalado por el impresionante derrumbe que bloqueaba por completo el ingreso al hangar del Eva Z. Solamente unas cuantas toneladas de roca, concreto, hormigón y acero retorcido era lo que lo separaban de su robot, que aguardaba su arribo detrás de semejante obstáculo.
Tal como lo habían previsto Ikari y Fuyutski, no existía pasaje alguno por el que un ser humano pudiera escabullirse al interior de ese recinto clausurado de ese modo deliberadamente. No obstante, el joven Katsuragi no tenía intención alguna de entrar al hangar, por lo que dicho inconveniente no le detenía en absoluto.
Lo que estaba a punto de hacer no lo había intentado desde aquella vez que lo utilizó como último recurso cuando los guerrilleros del FLM lo mantenían de prisionero a punta de pistola, o también aquella vez que quiso impresionar a Rei, unos días después de haber terminado la construcción del primer Modelo Especial para el Combate. En aquellos ya lejanos días, su estado de salud era óptimo, a diferencia de la lastimera condición en la que se encontraba actualmente, sin olvidar que muy probablemente tenía una fractura de cráneo sin ser atendida. De tal cuenta no estaba seguro de poder repetir el exitoso resultado de antaño, pero aún así no tenía más opción que hacer el intento, con todas sus alternativas ya agotadas. Con la precariedad que las circunstancias a las que se enfrentaba se lo permitieron, trató de despejar su mente de toda clase de pensamiento ocioso, concentrándose única y exclusivamente en la sensación que le provocaba tripular al Eva Z. Una rara combinación entre furia y serenidad se apoderó de su ser, en tanto comenzaba a sentir de nueva cuenta los miembros de su robot como propios y despertaba al gigante de acero dormido. No había forma en que pudiera describir el procedimiento que llevaba a cabo, a todas luces resultaba imposible activar una máquina, cualquiera que fuera, sólo con el pensamiento, pero eso era precisamente lo que estaba haciendo. Semejante artilugio le costaba tanto esfuerzo como estar levantando una enorme lavadora él solo. Una cantidad abundante de sudor comenzaba a escurrirle del rostro, acompañada de hilillos de sangre que salían de sus fosas nasales y oídos.
—Mué…ve…teee…— masculló apenas con un hilo de voz, suplicante, a punto del colapso.
Un repentino vértigo que lo sacudió lo hizo tambalearse y caer con una rodilla al piso, apoyándose en el charco de sudor y sangre a sus pies. Aún así, seguía pelando los dientes y cerrando los ojos, sin cesar en su empeño.
El crujir de las enormes rocas enfrente suyo y el estremecimiento que sacudió los alrededores le pusieron sobre aviso para retroceder a una distancia prudente y que la enorme mano de Zeta pudiera atravesar sin problema la pila de escombro que hasta hace poco lo mantenía aprisionado. Entre la espesa nube de polvo producida por los cascajos desintegrados y el estruendo de la gigantesca maquinaria moviéndose apenas si se podía distinguir la sonrisa complacida de Rivera.
—¡No puede ser, esto es increíble!— Hyuga lanzó un alarido desde su estación, poniéndose en pie como si tratara de escapar a lo que estaba presenciando —¡El Eva Z se ha activado solo! ¡No lo puedo creer!
Todos en el centro de mando observaban atónitos las imágenes transmitidas por los numerosos monitores dando cuenta del movimiento autónomo del Evangelion, sin que su piloto estuviera en su interior.
—¿Cómo… cómo es eso posible?— pronunció la Doctora Akagi, estupefacta.
Si ella, quien era la eminencia en cuanto al funcionamiento de los Evas se refería, no podía comprender cabalmente lo que estaba sucediendo, mucho menos todo el demás personal que atestiguaba el insólito hecho.
—No sabía que el muchacho pudiera hacer eso— musitó el Profesor Fuyutski, al lado de Gendo —En ese caso, impedir por cualquier medio físico que el piloto aborde a Zeta no sirve de gran cosa…
—Seguramente Demian ya tenía prevista una eventualidad así— Gendo carraspeó antes de contestar, ajustándose sus anteojos, que resbalaban por su nariz lubricada por el sudor.
—Tal vez Demian sí, pero dime: ¿y tú, Ikari?
—Después de esto, ya la tengo— sentenció el comandante, lacónico, con cierto dejo funesto en su voz.
La pantalla de la televisión que tenían enfrente los dos chiquillos seguía transmitiendo imágenes a gran velocidad sin importar la poca atención que los muchachitos le prestaran, estando más entretenidos en otros menesteres.
A sólo unos cuantos días de haber iniciado su relación amorosa, Toji Suzuhara aún se mostraba bastante novato en los diversos pormenores inherentes a tener pareja, cómo era lógico suponer al ser su primera vez. La parte que más disfrutaba eran los besos, claro, y los arrumacos y caricias, pero aún no contaba con la suficiente habilidad para llegar hasta esa situación con sutileza, aunque no se podía negar que hacía el intento.
Aprovechando los comerciales en su programación y la relativa cercanía con Hikari, sentada a su lado sobre el mullido sofá de su sala, fingió dar un prolongado bostezo que lo hizo estirar brazos y piernas. Cuando la espiración terminó, en lugar de retornar a su pose original colocó gentilmente su brazo sobre los hombros de la jovencita. Ésta, al sentir el nuevo peso colocado sobre sus espaldas enseguida volteó hacia su novio, reparando en el gesto delator de su rostro sonrojado y su sonrisa torpemente disimulada.
—Me encanta que seas tan despistado— confesó Hokkari, recargando su frente sobre el pecho del joven, acortando aún más la distancia que los separaba —Tu ternura es una de las cosas que más me gustan de ti…
—Oye, oye, ¿quién dice que soy tierno?— aún cuando quisiera demostrar enfado con sus palabras, lo cierto es que la sensación que le provocaba la cercanía de la muchacha lo abrumaba.
—Lo digo yo… eres como un enorme oso de montaña que al final resulta ser un tierno osito de felpa… cuando estoy así, abrazada contigo— dijo, estrechándolo aún más en sus brazos —Me siento a salvo y protegida…
—En ese caso supongo que está bien ser un poco tierno— admitió Suzuhara —Sólo no lo andes divulgando por ahí, tengo una reputación que mantener, ¿sabes?
—Descuida, guapetón, será nuestro secreto. Nadie más tiene que enterarse que el temible Toji Suzuhara es en realidad un dulce cachorrito — sonrió la chiquilla de manera cómplice, poniendo su rostro justo delante suyo para que ambos pudieran sellar su promesa con un beso cálido y sincero.
—¡Guau!— exclamó el muchacho luego del largo beso —¡Sentí como que el mundo se me movía!
—A decir verdad— susurró su acompañante, sin compartir del todo su entusiasmo, más precavida que nada —Yo también… no estoy segura si…
—¡Hermanooo!— se escuchó gritar a la pequeña Sakura desde su pieza —¿Eso fue un temblor ó uno de esos monstruos horribles? ¿Tenemos que ir a los refugios?
Luego de casi perder la vida sepultada bajo un edificio que se le vino encima, resultado directo del ataque de un ángel, el temor de la menor de los Suzuhara a cualquier indicio de problemas estaba más que justificado. También ponía sobre aviso a los jóvenes que el movimiento que habían sentido no había sido producto de su romance. Una nueva sacudida, mucho más fuerte que la anterior, que hacía temblar todos los muebles del apartamento, despejó cualquier duda que pudieran haber albergado al respecto.
—¡Rápido, salgamos de aquí!— indicó Toji cuando el estremecimiento concluyó, sin querer esperar a un tercer tremor, haciendo salir cuanto antes a su novia y a su hermanita, a quien iba cargando en brazos.
Una vez afuera, al igual que muchos de sus vecinos, se percataron con extrañeza que no había enemigo visible a la vista. Solamente una gruesa columna de humo que se levantaba por el horizonte, proveniente al parecer del Geofrente debajo de ellos.
—¿Es un ataque? ¿Será seguro estar afuera?— se preguntaba Hikari, desconcertada como todos, mirando a todas partes en busca de cualquier indicio que pudiera darle una explicación a lo que pasaba.
—No lo sé— admitió Toji, clavando la mirada en la densa torre de humo negro que se elevaba a la lejanía y soportando el grueso chaparrón que los azotaba inmisericorde desde los cielos —¡Quién sabe qué diablos está pasando ahí abajo, en el laboratorio del Doctor Frankenstein!
A casi mil metros de profundidad el Eva Beta seguía haciéndose camino laboriosamente recta abajo, en busca de sabe qué. A "Sophia" ya poco le importaba el que sus compañeras pudieran darle alcance, habiéndolas dejado varios niveles por encima de su posición. Además estaba bastante segura que su títere no pararía hasta haber privado de la vida a Rei Ayanami, lo que le daba a ella un amplio margen de maniobra. Según sus proyecciones, a esas alturas de su incursión lo que debería apurarla era la inminente intervención de Zeta… ó del Eva 01. Hasta ahora, Shinji permanecía como el único cabo suelto en su esquema, sin estar segura de cuál sería su reacción al enterarse de todos los hechos. No es que no estuviera preparada para una eventual confrontación con él, pero la sola posibilidad de tener que enfrentar al gran amor de su vida le apuraba y oprimía el corazón más que cualquier otra cosa. Incluso mucho más que el súbito torrente de energía carmesí que pasó rozando justo a su lado, que apenas pudo esquivar antes de ser achicharrada en su camino.
—Con que por fin llegaste— la jovencita gruñó al mirar arriba, hacia la dirección de donde provino aquella ráfaga y observar al Eva Z con los ojos aún centelleando, listo para la batalla.
—¡Maldito imbécil, ten más cuidado!— bramó Gendo Ikari desde el centro de mando, reclamándole airadamente su proceder al piloto de Zeta —¡En un segundo hiciste más daño que esa mocosa durante todo este tiempo!
Una vez a bordo de su robot, le bastó una de sus ráfagas ópticas para hacerse camino a través de los múltiples niveles inferiores que su objetivo le aventajaba, lo que ocasionó los temblores que la población de Tokio 3 sentía en la superficie y que parte de la infraestructura del cuartel quedara vaporizada.
—Chupa mis bolas, cretino— contestó Rivera para enseguida precipitarse al profundo abismo que él mismo había creado.
La gravedad hizo lo suyo y en menos de un parpadeo el Evangelion color verde aterrizaba tan pesado como era en el último nivel que se encontraba el Eva Beta, encontrándose frente a frente finalmente.
—Tienes una sola oportunidad de salir ilesa de todo esto, zorra inmunda— señaló el recién llegado —Abandona el Eva Beta y ponte en el piso hasta que llegue personal militar a ponerte bajo arresto…
Ni bien había terminado de formular las condiciones de su ultimátum cuando Neuville se abalanzó hacia él buscando atravesarlo con la punta de su espada. En lugar de eso, la navaja chocó con los espolones del antebrazo derecho de Zeta, construidos de la misma aleación indestructible que su hoja, por lo que en lugar de rebanarlos la espada quedó atorada en el espacio entre ellos. Una gran cantidad de chispas salieron de aquel choque, que concluyó con ambos robots trenzados.
—¿En realidad creías que eso iba a funcionar?— preguntó burlonamente la muchacha.
—Por lo menos tenía que intentarlo— admitió el chiquillo, forcejeando con ella.
Un fuerte empellón dado por su contrincante lo hizo retroceder, dando fin a su breve medición de fuerzas. Pese a todo, ambos se mostraban cautelosos, como dos boxeadores al comienzo de la pelea, midiendo el alcance y velocidad de su rival. En un súbito arranque, la jovencita conectó varios puñetazos en la cabeza de Zeta, que en primera instancia recibió todo el castigo, volteando de un lado a otro conforme a la dirección de los golpes que le daban. Cuando consideró que era suficiente, Rivera atajó con la palma de la mano el puño izquierdo de su adversaria para entonces propinarle un potente recto en pleno rostro que la mandó de espaldas al suelo.
—No sé qué diablos tengas en esa cabezota tuya en estos momentos ó qué pretendas sacar de todo esto— ante todo, el muchacho prefería tratar de disuadirla que confrontarla directamente —Pero esta fue una idea estúpida, desde un principio… tal vez pensaste que impedir que subiera a Zeta te permitiría salirte con la tuya, pero a estas alturas ya debiste darte cuenta que tu plan no funcionó. ¡Así que ríndete de una jodida vez! ¡No hay forma que puedas pasar sobre mí!
Sin contestarle, Sophia se puso de pie y corrió hacia donde se encontraba. Rápidamente hizo la finta de una patada, lo que le permitió entonces colar un fuerte golpe con ambos brazos extendidos que derribó al desprevenido Eva Zeta. El robot color plata buscó entonces asestarle una feroz patada para rematarlo en el piso, agresión que fue bloqueada por el aún postrado Katsuragi, sujetando con ambas manos el pie que buscaba hundirse en su pecho. Haciendo acopio de fuerzas empujó a su atacante de espaldas, quien evitó caer nuevamente haciendo una pirueta de gimnasta en el aire, aterrizando con ambas piernas extendidas.
—¡Ya estuvo bueno de tanta estupidez!— sentenció Kai, exasperado —¡No tengo ningún interés en pelear con una chiquilla desquiciada! ¡Habla Kai Rivera, habilitando comandos verbales! ¡Autorizar códigos de desactivación DG61: Benito, Cucho, Panza, Espanto y Demóstenes!
Justo en ese momento la cabina de Sophia se vio iluminada con una luz rojiza y un fuerte rumor de maquinaria se escuchó por todas partes. Sin embargo, dicho efecto se desvaneció fugazmente, tan rápidamente como se había manifestado.
—¿Y entonces qué carajos se supone que tenía que pasar?— inquirió Neuville en tono de chanza, fingiendo asombro.
—¡¿Qué putas…?!
—Oh, ya veo lo que pasa… al parecer tu amiguito, el Director Robert Miller, olvidó informarte de los cambios que realizamos en el Eva Beta. Deshabilitar tus ridículos comandos verbales fue casi la primera cosa de la que nos encargamos… es una lástima que el pobre diablo se haya arrojado de una ventana, seguro que hubiera estado muy orgulloso de ver completado su trabajo…
—¡¿De qué rayos estás hablando, orate?!— preguntó el muchacho en tono demandante, pero además de enojo había otra cosa que comenzaba a oírse en su voz: desesperación.
—¡Contempla la forma mejorada de Beta, imbécil!— al decir estas palabras a viva voz el robot plateado se sacudió en una serie de violentos espasmos y dando un portentoso rugido como de fiera salvaje.
Varias placas de su coraza salieron volando, descartadas, en tanto que nuevas estructuras aparentemente orgánicas crecían abruptamente y tomaban su lugar, casi todas ellas espolones y cuernos. La estructura del cuello se alargó y se hizo más gruesa, tomando una posición perpendicular al pecho, causando una especie de joroba. Una prominente quijada repleta de agudos dientes se asomó por debajo de lo que quedaba de su casco, atravesado a ambos lados por enormes cuernos semejantes a los de un bovino.
Rivera aún no podía recobrarse de la impresión producida por tal transformación cuando el nuevo ser ya lo había embestido, moviéndose a mayor velocidad que antes. Impulsado por la fuerza del impacto Zeta se vio a si mismo convertido en un ariete que destrozó pisos enteros a sus espaldas.
—¡Caíste directo en la trampa, grandísimo idiota!— espetó Sophia desde el interior de esa aberración —¡Esta misión tiene dos objetivos, y uno de ellos es destruir tu armatoste y matarte en el proceso, pedazo de mierda! ¡Así lo ha dispuesto el Doctor Demian Hesse, amo y señor de toda la raza humana!
Como perro rabioso, el Eva 02 continuaba mordiendo a su presa, a quien tenía muy bien sujeta de la garganta. De cuando en cuando movía la cabeza de lado a lado, buscando darle más presión a su mordisco para que sus fauces se cerraran por completo y destrozar la tráquea de su odiado enemigo. A punto del desmayo por la falta de oxígeno, aún cuando fuera producido por un mero síntoma psicosomático, Rei Ayanami luchaba infructuosamente por liberarse, empujando el rostro de su atacante sin ningún resultado. No fue hasta que deslizó ambos pulgares en dos de los cuatro visores del robot rojo que consiguió liberarse, al atravesarlos con los dedos y hacer estallar los globos oculares en su interior.
La Unidad Dos y su piloto dieron un fuerte alarido, retorciéndose frenéticamente al ser consumidos por un sufrimiento apabullante. Cero, en cambio, aprovechó la ocasión para liberarse y retroceder, permitiéndole a Ayanami recuperar el aliento mientras acariciaba su lastimada garganta.
—¡Eso me dolió, desgraciada! ¡Vas a pagar por eso!— advirtió Langley, enloquecida.
—¡Rei, hay disponible un suministro de energía justo a tu flanco izquierdo!— indicó la Mayor Katsuragi a través de su comunicador —¡Reemplaza tu cordón trozado cuanto antes, de prisa!
—¡Sin importar quién trate de ayudarte, nadie me impedirá que te arranque la maldita cabeza, perra miserable!— bramó la chiquilla rubia, lanzándosele encima, lista para cumplir su promesa.
La jovencita japonesa estaba en pleno proceso de reconexión eléctrica, el ataque de Asuka la sorprendió sosteniendo el cable cortado en sus manos, listo para ser reemplazado por uno entero. Utilizándolo como si se tratara de un látigo ó un chicote, Ayanami azotó a su agresora en pleno rostro, deteniendo de tajo su violento avance. Antes que el robot rojo pudiera reponerse del golpe, Cero se colocó a sus espaldas para luego rodearle el cuello con el cable en sus manos, formando una especie de correa con la que empezó a asfixiarla.
—¡Ya estoy harta de ti!— confesó la jovencita de cabello corto tirando de ambos extremos del cable, visiblemente exasperada para su templado carácter y una saña nunca antes vista en ella —¡Si alguien se tiene que morir aquí, esa eres tú!
—Te mataré… te... mataré…— jadeaba Langley dificultosamente, sacando la lengua y manoteando en al aire en un frenético intento por ser libre.
Aprovechando su posición y su cercanía, Rei quiso alcanzar el enchufe del cordón umbilical de la Unidad Dos para despojarla de su abastecimiento eléctrico. En el intento tuvo que soltar una de las puntas de su horca improvisada, lo que le sirvió a su prisionera para juntar fuerzas y azotarla de espaldas contra la formación más próxima.
Antes que pudiera recuperar el aliento del todo Ayanami colocó un puntapié sobre el pecho del Eva 02, lo que le hizo ganar el tiempo suficiente para abalanzarse sobre el tomacorriente disponible y conectarlo en el enchufe de la espalda de su robot, reponiendo así su contador interno de energía a tope.
—¡Soy el ángel de la muerte, pequeña bastarda!— vociferó la trastornada muchachita europea, lanzándose sobre ella como leona —¡Te llegó la hora!
Una vez más ambas jóvenes caían en las profundidades, a través de la serie de agujeros que marcaban el recorrido de la Unidad Beta, ensanchados aún más por la ráfaga energética del Eva Z.
—¡¿Matarme?! ¡Ya estoy harto de promesas!— dijo Kai Rivera, haciendo a un lado las nauseas que le provocaba la visión del repugnante ser en el que se había transformado el robot que él mismo diseñó y enfocándose mejor en molerlo a golpes —¡Inténtalo si quieres, puta asquerosa!
La mutación que había obrado en Beta lo había dejado deforme y desproporcionado, con un brazo mucho más largo que el otro, donde unas zarpas parecidas a las de un reptil habían reemplazado sus manos y dedos. Fue con este brazo que sujetó la cabeza del robot verde y con relativa facilidad la estrelló contra el piso.
—¡Estúpido!— espetó Neuville, mientras repetía la operación varias veces —¡Cada detalle de esta operación fue cuidadosamente planeado! ¡Si el Doctor Hesse dice que morirás, que no te quede duda que así será!
—¡Ya dejaste muy en claro tus intenciones!— el muchacho consiguió zafarse del agarre colocando un puñetazo en el abdomen de la criatura —¡Si trabajas para ese cabrón entonces no pienso tenerte consideración alguna!
Una patada bien posicionada en el rostro de la abominación puso distancia entre los dos. Sophia volvió a la carga blandiendo la espada en su brazo derecho, que había conservado su forma original. La cuchilla quedó atrapada entre las palmas de Zeta, en una demostración de buenos reflejos y coordinación encomiable. Un giro de muñecas le bastó al robot verde para maniatar ese brazo y a la vez aplicar presión al cuello de su adversario haciéndole una llave de candado.
—¡Sabía que estabas loca, pero no tanto como para ser la perra de ese asesino bastardo! ¡Ese hijo de puta mató a mis padres y va a pagar por eso!
—¡Idiota redomado! ¡Demian Hesse es el salvador de la Humanidad, está muy por encima de la ley de los hombres! ¡Todos los patéticos seres humanos debemos obedecerlo y servirlo!
Sin poder contenerse más y perdiendo la cabeza, el piloto de Zeta conectó un poderoso puñetazo que hundió lo que quedaba del casco del Eva Beta sobre el cráneo de la criatura debajo de él.
—¡Eso es, enójate!— pese al daño recibido, Sophia lo animaba a seguir —¡Injurias al Doctor, lo tachas de asesino, cuando tú eres el psicópata violento que se esconde detrás de una falsa sonrisa de galancete! ¡Pero ni creas que voy a dejar que me mates, como mataste a mis padres!
—¡¿Qué demonios…?!
Antes que pudiera reponerse del impacto que le había causado semejante comentario, Katsuragi tuvo que soltar a su presa cuando su cuello se ensanchó aún más y ya no fue capaz de aprisionarla. Un potente chorro de una espesa materia ambarina salió regurgitado de las fauces de la monstruosidad, con la que cubrió casi la mayor parte de la armadura de Zeta.
—¡Puerca asquerosa!— exclamó Rivera al verse bañado de aquella sustancia salida de las entrañas del ser híbrido, dándole un nuevo puñetazo en el rostro —¡Eso fue repugnante! ¿Se puede saber qué diablos estabas intentando?
—Es sólo resultado de la sensación que me produce tu cercanía— pronunció la chiquilla, reponiéndose del fuerte golpe —Y también un pequeño regalito de parte del gran Demian Hesse… una sustancia química de su propia creación que funciona como un acelerador de corrosión en todos los metales…
El Eva Z sujetó a su oponente del brazo para catapultarlo por los aires y estrellarlo con violencia contra el piso. Sacando ventaja de su postración se le dejó ir a puñetazos sin dejar que se levantara.
—¡Se necesita mucho más que cualquier porquería inventada por ese lunático para atrofiar la armadura de mi Evangelion! ¡El pequeño cerebrito demente de chícharo de Hesse nunca podría hallar la forma de romper esta aleación IN-DES-TRUC-TI-BLE, ramera ignorante!
Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que a todos tomó por sorpresa. Mientras soportaba el castigo, tendida en el suelo, Sophia se hizo de lo que quedaba de una columna de apoyo que yacía en las proximidades.
—¡Espero que tus ojos también sean IN-DES-TRUC-TI-BLES!
Empuñándola como una pequeña daga, Neuville clavó el afilado escombro justo en el ojo izquierdo de su adversario, reventándolo por completo.
Presa del dolor más agudo e intenso que jamás hubiera experimentado, Rivera lanzó un profundo, largo alarido en tanto se revolvía virulentamente tapándose el rostro.
—Maldición— musitó la joven, poniéndose en pie —No llegó hasta el cerebro…
—¡MI OJO! ¡ME REVENTASTE EL PUTO OJO!— aullaba el joven casi en shock, sintiendo como su cabeza estallaba en llamas y una horrible punzada atravesaba todo su cráneo, mientras aún asimilaba el espantoso hecho de saberse mutilado, con una profusa herida donde antes se encontraba su globo ocular manando sangre como fuente en un parque —¡PUTA MADRE, CÓMO DUELE!
Todos en la sala de mando palidecieron ante la escena, a sabiendas que dado el elevado nivel de sincronía del piloto de Zeta con su Unidad Eva, cualquier daño recibido por el robot era igualmente sufrido por su tripulante en carne propia. Además, ese último ataque subía de tono la pelea, que pasaba de ser una mera gresca entre pilotos a ser un combate a muerte. Cualquier esperanza de resolver el conflicto de manera disuasiva y pacífica había desaparecido, igual que el ojo izquierdo del desafortunado Kai.
—¡¿Pero qué has hecho, Sophia?!— tratando de ignorar aquella aplastante verdad, una desconsolada Misato intentaba fútilmente de hacer entrar en razón a la jovencita traidora, una vez que consiguieron reanudar el enlace con la cabina de Beta —¡¿Qué es lo que tienes en la cabeza, te das cuenta de todo lo que estás haciendo?! ¡Todas esas personas que están muertas por tu culpa eran tus compañeros y amigos, Sophia!
—¡Basta ya de llamarme así, vaca idiota!— bramó la muchacha, sujetando del tobillo al Eva Z para comenzar a azotarlo contra el piso y las paredes a diestra y siniestra, haciéndolo atravesar al nivel debajo de ellos —¡"Sophia, Sophia, Sophia"! ¡Estoy harta de ese maldito nombre! ¡Para que lo sepan todos, me llamo Luna! ¡Escúchenlo bien, montón de imbéciles, mi nombre es Luna! ¡Luna Rivera Quispe!
Una nueva bomba caía de nueva cuenta sobre todo sus escuchas, incluso sobre su desvalida víctima, que no atinaba a reponerse del fuerte trauma que le había sido provocado. ¡Rivera! ¿Podría ser acaso…? ¿Pero cómo?
Entretanto la persona que anteriormente se había hecho llamar Sophia Neuville continuaba flagelando a Zeta, que parecía haberse reducido a un simple muñeco de trapo en sus manos.
—¡Hija de mi amada y santa madre, Samara Quispe y el cerdo desgraciado de Antonio Rivera! ¡Ó como ustedes lo conocen mejor, el Comandante Chuy! ¡Los dos muertos, a causa de este infeliz al que hoy mismo mataré como el perro miserable que es!
—¡No…! ¡No puede ser!— pronunció torpemente el joven malherido, atónito por la revelación, el daño recibido y el rápido acontecer de los sucesos en general.
Si aquella muchacha decía la verdad, eso quería decir que eran primos. ¡Tenía una prima, y apenas se venía a enterar! Justo cuando pensaba que era el último de su linaje. Y tenía que ser ella, precisamente su propia sangre, quien buscaba afanosamente poner fin a sus días.
Con excepción de Rei y Asuka, bastante ocupadas en sus propios asuntos como para atender otras cosas, no había persona alguna dentro de los cuarteles que no estuviera siguiendo atentamente aquella trama que parecía ser sacada de cualquier telenovela vespertina, comiéndose las uñas con cada giro inesperado.
Y aún cuando era asiduo espectador de los melodramas televisivos, el semblante severo del joven Shinji Ikari dentro de la cabina de su Eva hacía entrever que no le parecía tan entretenido el desarrollo de la presente historia.
Cero levantó por encima de su cabeza un enorme trozo de escombro que antes había sido un módulo completo de laboratorios, que acabó estrellando sobre el cráneo de la Unidad Dos, reduciéndolo a polvo.
Si bien el apacible carácter de la piloto del Eva 00 hacía pensar en la tranquila superficie de un cristalino estanque, en aquellos momentos el estanque estaría en plena ebullición y la superficie completamente alborotada, picada. Conforme iba transcurriendo la confrontación con Langley la animadversión que naturalmente sentía por ella iba saliendo a flor de piel, cuando normalmente la disimulaba, al igual que cualquier otra clase de sentimiento intenso. La belicosidad de su oponente comenzaba también a serle contagiada, entregándose sin decoro al ágape de violencia que se había suscitado entre ambas.
Muy atrás habían quedado los estériles intentos por hacer entrar en razón a su contrincante, por lo que se encontraba en plena libertad de darle rienda suelta a su oculta necesidad de destrozar a aquella muchachita que tantos disgustos le había causado con su aguerrido carácter y orgulloso talante.
Uno tras otro, como veloces meteoros los puños de la Unidad Cero se estrellaban contra la estructura del robot rojo, siendo la cabeza y el tronco las áreas más castigadas. Un salvaje cabezazo puso fin a la tanda de embates por parte de la ciclópea máquina azul.
—¡¿Eso es todo lo que tienes, flacucha insípida?!— dijo retadoramente la jovencita europea, sin reparar en el hilillo de sangre que se deslizaba por su frente —¡Fíjate bien como se hace!
Como un brioso carnero disputando el territorio y las hembras, así fue el tope que Asuka le propinó a su rival, fracturando la mayor parte del blindaje que le proporcionaba su casco. Cero retrocedió, aturdido, lo que su oponente aprovechó para recetarle varios ganchos a la parte baja de su abdomen. Luego tomó impulso con una voltereta para asestarle una fuerte patada de tae-kwon-do que hizo caer de lado al robot de un solo ojo. Una nueva estocada con el talón en la cima del cráneo provocó su derrumbe, hundiéndole la cara por completo contra el piso. Sacando ventaja de su posición, la alemana comenzó a patear repetidamente en la cabeza a su contrincante caída, sin dar visos de dejarla levantarse.
—¡Voy a romperte el cráneo como si fuera un huevo y me comeré tus sesos como botana!— anunció la enardecida chiquilla, quien no cesaría hasta haber privado de la vida a su desvalida víctima.
Antes que pudiera conseguir su objetivo, Ayanami atajó su pie antes que impactara de nuevo contra su testa. Ello derivó a una nueva medición de fuerzas entre ambas máquinas, que permanecieron inmóviles unos cuantos instantes, una tratando de clavar el píe sobre el rostro de la otra, mientras ésta forcejeaba para sacar de balance a su atacante.
—¡Vete… al diablo!— exclamó Rei, en uno de los tonos más fuertes que jamás hubiera empleado, pelando los dientes al hacer acopio de fuerzas para lograr quitarse la planta del pie de su oponente de la cara.
Al hacerlo, un solo pensamiento la motivaba: destruir a esa bruja psicópata y borrarla de la faz de la tierra. Un rayo carmesí de energía calórica salió disparado entonces por el ojo de su robot, muy similar al que usaba Zeta en sus ataques, pero de mucha menor intensidad. Así fue que en lugar de carbonizar al Eva 02 no obstante la sorpresiva descarga tuvo la fuerza suficiente para proyectar al gigante rojo varios cientos de metros lejos de ella y mandarlo a la lona por un rato.
Mientras que el vapuleado robot de cuatro ojos no atinaba a levantarse, Rei contemplaba la escena, perpleja, mirando sus manos sin dar crédito a lo que acababa de experimentar. Pero sobre todas las cosas, aterrada.
—¿P-Pero qué he hecho?
—Tengo que darle crédito en una cosa, Teniente— comentaba Luna casualmente, como si estuviera conversando plácidamente en alguna mesita de café, en lugar de usar la cabeza del Eva Z como un marro para despedazar toda la estructura que les rodeaba —Cualquier otro pelagatos a estas alturas ya se habría desmayado del dolor… al parecer, es mucho más resistente de lo que creí. Le ofrezco mi más sinceras disculpas por haberlo subestimado, ahora tenga usted la bondad de morirse de una vez por todas…
—¡Jódete, maldita loca!— repuso Kai, liberándose y conectando un soberbio puñetazo en la quijada de su agresora.
Ambos contendientes retrocedieron, recuperando el aliento. El joven Katsuragi aún estaba digiriendo la impresión de saber que estaba combatiendo a su prima, aunque sin creer del todo las palabras de la muchacha. Si ya antes había mentido en otras cosas, nadie la aseguraba que esa vez no fuera el caso. Además, la terrible punzada en su ojo extinto lo estaba matando de dolor. Necesitaba atención médica, y pronto, pero lo prioritario en esos momentos era evitar ser rebanado por la espada de Beta, que pasó rozando su costado con un lúgubre silbido. De haber sabido que terminaría peleando contra ese Eva nunca hubiera incluido esa arma al momento de concebir su diseño. Ahora se maldecía mentalmente por haberlo hecho, en tanto que sujetaba el brazo de la monstruosidad en la que había devenido dicho robot, buscando poner un remedio a la apremiante situación en la que se encontraba.
Con un rodillazo bien colocado justo en la articulación del codo, el brazo del Eva Beta se fracturó por completo con el consiguiente alarido de su piloto.
—¡Bastardo infeliz, eso me dolió!
—¡Cállate estúpida, tú me sacaste el ojo!
—¡Y tú mataste a mi mamá, hijo de perra!
—¡Ya deja de decir eso, lunática desgraciada!— el Eva Z lanzó una ráfaga óptica buscando incinerar las piernas de su oponente, que lo impidió al ejecutar una pirueta hacia atrás. El rayo calórico la siguió en su empeño por acabarla, destruyendo todo a su paso menos a su objetivo. Aquél arranque de furia intempestiva le estaba provocando un intenso dolor al piloto, que terminó en ceder en su devastador empeño —¡No te conozco ni a ti ni a tu puta madre! ¡Jamás les he hecho algo! ¡Y ni pienses que creo una sola palabra de lo que dices, perra embustera!
—¡Ciudad de La Paz, Bolivia! ¡23 de Marzo del 2004!— vociferó escuetamente la chiquilla, dándole un poderoso puñetazo en pleno rostro. Pero quizás lo que más daño le causaba era que una vez más le volvieran a recordar aquel funesto lugar y fecha que por tanto tiempo lo acosaban —¿Significan algo para ti, cerdo miserable? ¡Nosotras estábamos ahí, justo cuando se te ocurrió probar tu chistecito N2! ¡Ella murió calcinada para poder salvarme! ¡¿Sabes lo que es ver a la persona que más amas en la vida morir y convertirse en cenizas ante tus propios ojos?! ¡¿LO SABES?!
Uno a uno, toda una tanda de golpes impactaron de lleno sobre Zeta, quien se derrumbó en el piso a causa de los embates a los que era sometido. Antes que su agresora lo rematara logró colar un puntapié en el pecho de la criatura que tripulaba, lo que la hizo retroceder y a él le concedió tiempo para incorporarse y reponerse del castigo. Al hacerlo cayó en la cuenta de la existencia de una enorme fractura en la placa pectoral de su robot. Estupefacto, se percató de varias grietas más que se estaban formando a lo largo de toda su armadura.
—¡Im-Imposible!— masculló, atónito.
Aquella era una visión que jamás creería ver en su vida. Lo inquebrantable se había roto.
—¿Olvidé mencionar que el regalito del Doctor Hesse es de acción retardada?— preguntó burlonamente la joven a bordo de Beta —La sustancia actúa una vez seca, desestabilizando la cohesión entre las moléculas de los metales… ¡Tonta de mí, creo que no te lo dije! ¡Ups!
—¡Esto no está pasando! ¡No es posible!— más que su armadura, la confianza y seguridad del piloto del Eva Z era la que se estaba resquebrajando —¡Se supone que nada en este mundo podría romper esta aleación!
—Quizás así sea, de no ser que el metal que utilizaste para tu Eva se encuentra en un estado crudo, imperfecto— la enorme y grotesca garra de la quimera se enroscó sobre el cuello del robot verde, levantándolo en el aire para poder azotarlo a su antojo —Se necesitaría de un proceso de refinación bastante específico al que no tienes acceso para que la aleación adquiriera todas sus propiedades en forma… por supuesto, es algo que nunca sabrás cómo hacer porque hoy mismo te mueres…
Luna entonces lo arrojó contra una de las pocas estructuras que aún quedaban en pie en aquél nivel, para enseguida hacer que el monstruo que comandaba volviera a empaparlo con un chorro a presión de la sustancia corrosiva que expelía por la boca.
—¡Nooo!— gritó el muchacho, despavorido, abalanzándose contra su oponente sin importarle nada, propinándole varios puñetazos en su rostro deforme a la vez que varios dientes suyos salieron volando.
Los puños de Zeta se estrellaban contra el cráneo de la criatura, en rápida sucesión. Cada vez que lo hacían fragmentos de mayor tamaño se desprendían de la coraza metálica del Evangelion atacante. Las columnas de vapor que comenzaban a manar de la armadura eran más evidentes con el transcurrir de los segundos.
—¡No necesito de ninguna protección para ponerte a ti y a tu jefe en su lugar!— espetó el enfurecido joven, con la firme intención de incapacitar lo antes posible a su agresora antes que las placas de Zeta se destrozaran por completo —¿Me escuchaste? ¡Y de ningún modo voy a permitir que una loca como tú me culpe por las muertes en Bolivia! ¡Yo no di las órdenes de bombardear ni de invadir Sudamérica! ¡Yo no iba en ninguno de esos aviones que soltaron todas esas bombas! ¡Ese fue Lorenz! ¡Lorenz! ¿Entiendes? ¡¿Entiendes?!
—¡Cállate ya, imbécil!— una patada bien colocada en la quijada puso final a su monólogo, proyectándolo de espaldas contra el suelo, haciendo un enorme surco en su camino.
Antes que la muchacha pudiera alcanzar nuevamente su objetivo, una mole de gran tamaño cayó justo en medio de los dos contendientes, ocasionando un fuerte derrumbe que hizo llover escombro y levantó una gruesa cortina de polvo. Una vez que se disipó los dos jóvenes pudieron divisar como se erigía entre ellos la estampa violeta del Eva 01.
—¡Shinji!— exclamaron los dos Rivera, casi al mismo tiempo.
—¿Me pueden explicar como diablos le siguen haciendo estos mocosos para subirse a sus Evas y activarlos así como si nada?— exclamó a viva voz el Profesor Fuyutski, bastante irritado por el nulo control que tenían sobre la situación.
—¡Seguridad Interna continúa enfrentándose a tiros con nuestros atacantes internos, Subcomandante!— se apresuró a contestar Shigeru, su subordinado inmediato —¡Es por eso que la contingencia aún no está controlada del todo! Seguramente Shinji debió abrirse paso hasta el Modelo de Pruebas entre toda la confusión…
—¡Pues ya estoy harto de tanta incompetencia! ¡Asegúrense que no vuelva a suceder!— sentenció el ajado oficial.
—¡No se preocupe, señor!— respondió Aoba, para de inmediato musitar entre dientes —Claro que no volverá a suceder, ya se nos acabaron todos los pilotos…
—¡Pobre chico!— comentó uno de los técnicos que presenciaban el inusitado arribo del joven Ikari al campo de batalla —¡Debe estar destrozado por tener que luchar contra su novia!
—Eso, si es que no está drogado también, idiota— espetó la Mayor Katsuragi, a quien la inclusión de Shinji en el conflicto lejos de calmarla le ponía los nervios de punta, debido en gran parte a una terrible sensación de angustia que oprimía su pecho, cosa que sólo podía serle achacada al misterioso sentido de intuición inherente al género femenino.
—Shinji… yo… yo sólo…— mascullaba confusamente la joven piloto del Eva Beta, transformándose de nueva cuenta en una dulce colegiala con la sola presencia de aquél a quien había decidido entregar su corazón.
—¡Ya era hora de que se te ocurriera aparecer, enclenque!— reclamó Kai al recién llegado, aprovechando la vacilación que demostraba su oponente para sujetarla fuertemente por la espalda, inmovilizándola —¡Un poco de ayuda aquí no estaría mal! ¡Deja de estar nomás parado como un idiota, y ayúdame a someter a esta loca desgraciada!
—Shinji— continuaba la jovencita con su balbuceo, ignorando por completo al otro muchacho que la tenía férreamente maniatada, avocada solo en tratar de justificarse con el amor de su vida —Shinji, no creas que yo… yo en verdad… la verdad es que… puedo explicarte…
—No necesitas explicación alguna— sentenció Ikari, caminando firme y decididamente hacia donde se encontraba —Lo escuché todo, mientras me hacía camino hasta aquí… ahora todo es muy claro para mí…
—¡Deja los melodramas para después y apúrate a noquearla mientras aún podemos!— apresuró el joven Rivera, desesperado por la parsimonia del proceder de su compañero.
—Lo siento— comenzó a llorar Luna, desconsolada, observando la resolución de su novio mientras avanzaba hacia ella y comenzaba a alzar su brazo derecho, su mano comprimida en un fuerte puño que utilizaría como una bola de demolición —Lo siento, en serio lo siento… yo no quería… nunca hubiera querido… ¡Perdóname, por favor! ¡Shinji!
El devastador puñetazo del Eva 01 se impactó de lleno en pleno rostro de Zeta, que salió despedido hacia atrás debido a la fuerza del golpe, dibujando una parábola en su vuelo que culminó varios centenares de metros después.
Todos quedaron boquiabiertos por el inusitado devenir de los acontecimientos, incluso la misma joven que con anterioridad había utilizado el alias de Sophia. Por un largo rato el mundo entero pareció callar anonadado, ningún sonido se podía escuchar en las inmediaciones.
—Pe-pero… pero… no entiendo… ¿qué?— trastabilló una vez más la jovencita de cabellera oscura, igual de confundida que todos los demás espectadores de aquella historia, con la vista aún anegada por el llanto.
—¿Qué hay que entender?— repuso Ikari, sonriéndole cálidamente a través de su comunicador audiovisual, como si estuvieran charlando en sus laptops —Tú eres mi chica y te amo más que a nada en este mundo… Sophia ó Luna, te llames como te llames, es mi deber cuidarte y protegerte de todo mal. No sé bien qué es lo que estés buscando, pero haré todo de mi parte para que puedas encontrarlo y si también quieres vengar la muerte de tu madre con mucha más razón te ayudaré a hacerlo… sin importar nada…
Las lágrimas que ahora se deslizaban por el rostro de la joven espía ya no tenían su origen en la culpa y el arrepentimiento, sino en la felicidad de saberse tan amada y comprendida.
—Shinji… estoy tan feliz… muchas gracias… ¡Gracias! muy en el fondo siempre lo supe… que tú… que tú…
—¡Eres un completo imbécil!— las amonestaciones por su decisión no se hicieron esperar, empezando en primer lugar por la de la Mayor Katsuragi, quien aparecía colérica en la pantalla que se desplegó en su cabina —¿Qué mierda tienes en la cabeza que te hace creer que esto es una buena idea? ¿Te das cuenta de todas las repercusiones que tendrá lo que has hecho? ¡Estás bajo los efectos de una droga, no puedes pensar con claridad, lucha por recuperar el control de tus acciones!
—¡Ninguna droga ni nada por el estilo!— aseveró el joven Ikari, mostrándose lúcido y seguro de si mismo, con una resolución nunca antes vista en su atolondrado proceder —¡Todo lo que hago es decisión propia y por mi libre voluntad! ¡Amo a esta mujer y haré todo lo que esté a mi alcance porque alcance su felicidad! ¡Y si para eso nos tenemos que deshacer de la basura humana a la que adoptaste como hijo, peor para él!
—¡Ten un poco de sensatez, Shinji!— intervino Kaji, apartando a Katsuragi para hacer uso del comunicador —¡Reacciona! ¡Si lo que dices es cierto, si en verdad tanto amas a esa muchacha, debes saber que ésta no es forma de ayudarla! ¡Si en realidad quieres protegerla, haz que pare toda esta locura, es el único modo! ¡Nada bueno saldrá de todo esto, sólo provocarás más muerte y destrucción! ¡Sé muy bien que odias a Kai, pero así no se deben resolver sus diferencias, no es el momento ni el lugar! ¡Piensa, por favor, en todos tus compañeros a los que les estás dando la espalda, muchos de ellos muertos por causa directa de Luna!
—¡Me importan un carajo todos ellos! ¡Mi única lealtad es hacia mi mismo y a mi felicidad! ¿Me entendieron? ¿Creen que estoy loco por ayudar a la única persona en la vida que en realidad me ha amado? ¿La única que me ha aceptado tal y como soy, que nunca me ha mirado con lástima ó desprecio? ¡Entonces todos ustedes son los que están mal de la cabeza! ¿Qué diablos esperaban que hiciera, si todo el tiempo me han tratado con la punta del pie? ¡Jódanse todos!
—¡Deja ya de ser tan idiota y comienza a comportarte a la altura de tu puesto!— rugió entonces el Comandante Ikari, poniéndose en pie y dando un fuerte manotazo en su escritorio —¡Si tu madre pudiera verte en estos momentos volvería a morir de la vergüenza! ¡Yo soy tu padre y harás lo que te diga! ¡Dejarás de balbucear incoherencias que te comprometen y abandonarás y desactivarás el Eva 01 antes que le provoques un daño mayor con tus estupideces!
—¡Eso sí que da gracia, padre!— contestó Shinji enseguida —¡Llevas catorce años ignorándome y de un de repente esperas que te vea como una figura paterna, te tenga respeto y te obedezca! ¡Estás loco de remate! ¡Aún cuando sólo lo he visto un par de veces, Demian Hesse ha sido más un padre para mí de lo que tú jamás lo serás! El respeto se gana, nunca se exige, y esto es justo lo que obtienes cuando has pisoteado y ninguneado a alguien durante tanto tiempo…
Gendo sentía hervir su sangre conforme transcurría la discusión con su hijo, alcanzando su punto máximo al momento que hizo mención de Hesse y la forma como él lo veía.
—¡Niño estúpido, debería…!
Su furibunda amenaza fue cortada de tajo por la violenta descarga del rayo calórico que emanaba del ojo restante de la Unidad Z, un rabioso caudal de energía carmesí que deshizo el piso superior que había sobre Shinji, sepultándolo bajo una cantidad considerable de escombro y cascajos.
—Ese es el buen Shinji— pronunció el joven Rivera mientras se incorporaba, preso de una terrible agonía que amenazaba con dejarlo inconsciente —Una rata cobarde la mayor parte del tiempo, pero ponle a su disposición un trasero que fornicar y una entidad biomecánica de 100 metros de alto, y ya se siente el rey del mundo… busca patético en el diccionario…
—¡Sí, ya sé!— lo interrumpió la joven piloto del Eva renegado al colocarle un soberbio puñetazo justo en medio de la cara y rematarlo con un par de patadas de voltereta —¡Seguramente vendría una foto tuya!
—Claro que no— Kai atajó oportunamente la última patada que iba dirigida a sus costillas, y aprovechando el impulso de su agresora la mandó volar lejos —Encontrarías la definición de patético, que es precisamente lo que ustedes dos son, estúpida….
Zeta maniobró un salto para darle alcance a su contrincante mientras aún continuaba tirada. No obstante, la mano del Eva 01 que emergió de improvisto de su prisión de escombro le impidió cumplir su cometido, atajándolo en el aire al sostenerlo del tobillo, provocando de nuevo su caída.
—¿Qué no entendiste?— inquirió Ikari, liberándose de su aprisionamiento —Tu pelea ahora es conmigo. Veamos qué tan macho eres cuando no tienes que luchar con una chica y sin que te puedas esconder detrás de tu chisme irrompible…
—¡No necesito demostrar nada, mucho menos a un mierda como tú!— contestó el piloto del robot verde, derribándolo al barrer sus piernas, aún tumbado en el suelo.
—¡Aguanta, Shinji! ¡Yo te ayudaré!— pronunció Luna, alistándose para intervenir en la batalla una vez que los dos muchachos ya se habían vuelto a levantar y se trenzaban en feroz forcejeo, como un par de leones en disputa.
—¡No lo hagas!— bramó Ikari, empujando hacia atrás al Eva Z en medio del jaloneo entre ambos —¡Tú ve a donde tengas que ir y no te preocupes por nada! ¡Yo me encargaré que este bastardo ni nadie más te estorben!
Un puñetazo bien colocado en la mandíbula puso final a la intentona de Zeta por alzarse contra Luna, cayendo desplomado de espaldas en lugar de eso. En todo momento el Eva 01 se interponía entre los dos Modelos Especiales, constituyéndose en una muralla infranqueable que su enemigo tendría que derribar si quería alcanzar su objetivo.
—Está bien, así lo haré— dijo la jovencita, mucho más tranquila al ver por cuenta propia que su pareja podía encargarse solo de mantener a raya a su detestable primo —Muchas gracias, amor… sólo procura dejar lo suficiente de este tipejo para cuando vuelva , quiero estar aquí para que podamos acabarlo juntos…
—¡Cuenta con eso!
Un fuerte puntapié que cimbró todo su cráneo borró la sonrisa de la cara del joven Ikari, haciendo que se colapsara de costado. Casi inmediatamente después de eso, como si estuviera hecho de goma, el Evangelion morado se reincorporó para asestarle otro salvaje puñetazo a su oponente justo en el esternón, ocasionando que varios fragmentos más de su armadura otrora invencible salieran volando. Para esas alturas la tonalidad esmeralda del gigantesco artefacto ya estaba dando paso al color metálico de los cables y diversos mecanismos expuestos, los que normalmente se mantenían ocultos bajo la coraza del robot.
Mientras los otros dos Evas se avocaban a tundirse el uno al otro, Beta por su parte reanudó sus labores de excavación. Al verse impedida de utilizar su espada para perforar, por su brazo roto, hubo de recurrir al método del vómito corrosivo que salía expelido de la garganta de la bestia que tripulaba. Al ser mucho menos resistente que la armadura del Eva Z, la placa que protegía el piso se disolvió rápidamente, bastando sólo un golpe de talón de la jovencita para que la superficie se resquebrajara por completo, abriendo un boquete lo bastante grande para que la Unidad Beta bajara por él.
—Doctora Akagi— pronunció Gendo en un tono casi susurrante, no obstante que todos sus ademanes hacían indicar que estaba a punto de estallar en cólera —¿Acaso tampoco tenemos acceso a los controles de la Unidad Uno?
—Es… es correcto, Comandante— respondió la susodicha, vacilante —Aún así mi equipo y yo estamos trabajando en reparar el daño a nuestro sistema y le daremos solución en un estimado de…
—Lo antes posible— interrumpió Ikari, rojo como un pimiento y clavando su mirada en la enorme pantalla frente a ellos, conteniéndose —Hágalo lo antes posible… tenemos que sacar de circulación a Langley y al imbécil de mi hijo antes de que esa maldita llegue a la Puerta del Cielo…
—¡Así será, Comandante!— pronunció apuradamente la mujer de ciencia, sumergiéndose una vez más en el batidillo de cables de sus supercomputadoras, más por ocultarse de la rabiosa mirada de su jefe que por otra cosa.
"Por más que lo pienso, no logro entender… ¿qué carajos quieren obtener Luna ó Hesse de Lilith? ¡No tiene sentido!" pensaba en sus adentros la Mayor Katsuragi, al recordar la presencia del Primer Ángel con la sola mención del lugar donde lo mantenían en cautiverio.
Desde hacía bastante tiempo que Rei no sentía un temor parecido. No era un miedo provocado por el talante desquiciado de su adversaria ni sus constantes amenazas de muerte, que eran bastante convincentes. Tampoco por la posibilidad, cada vez más latente, que Langley cumpliera su palabra y la despojara de la vida. Lo que aterraba tanto a la jovencita era el descubrirse a sí misma perdiendo el control y sucumbir a sus emociones, y de lo que era capaz de hacer una vez que así sucediera. La sorpresiva ráfaga de energía que salió despedida de su Evangelion era prueba de ello.
Ella, que durante toda su vida se le había inculcado la humildad y el autocontrol como máxima de vida, creía ver en todos los sentimientos intensos la causa de la perdición humana, el origen de todo mal y pecado.
La pelea con la piloto del Eva 02 estaba resultando ser, sin embargo, una muy difícil prueba para ella, mucho más mental que física. Cada insulto, cada golpe que recibía de parte de su oponente atizaba más y más la llama de la cólera en su interior, una llama que de no cuidarse desataría una reacción en cadena prendiendo toda clase de sentimientos ocultos, que devendrían en un enorme infierno que se extendería hasta consumir su alma entera. ¿Qué quedaría de ella, una vez que abrazara abiertamente todos aquellos oscuros deseos? ¿En qué se convertiría? La respuesta a eso era lo que la mantenía tan inquieta y no le permitía concentrarse como era debido.
Por tal motivo Asuka se daba vuelo castigándola con toda una serie de rápidos puñetazos que colocó en su totalidad sobre la cabeza de Cero, sin que éste pudiera hacer gran cosa para defenderse.
—¡Te mandaré al infierno, ramera!— un rodillazo bien colocado sobre el rostro terminó por fulminar al vapuleado robot que se derrumbó de espaldas con la pasmosa indecisión de su piloto por actuar.
Ayanami respiraba con dificultad, agobiada, mientras veía como la Unidad Dos recogía un gigantesco pedazo de escombro y lo levantaba encima de sus hombros, dejando ver con toda claridad su intención de estrellarlo sobre su cráneo. Con todo el castigo recibido, no estaba segura que la máquina que operaba resistiría semejante nivel de daño. Asimismo, se percataba cabalmente que se encontraba peleando en dos frentes, uno externo contra aquella orate y otro interno contra sus propias ansias de sangre. Si acaso quería sobrevivir, tendría que abandonar uno de ellos y era evidente a todas luces cuál debía ser.
El cascajo del tamaño de una glorieta se estrelló contra el piso, fragmentándose en miles de pedazos que salieron despedidos por la fuerza del impacto, abriendo un gran hueco frente a sí. No obstante, Cero había rodado hacia un costado momentos antes del choque, esquivando así un embate que sin duda hubiera resultado ser fatal.
—¡Maldita cobarde, deja de moverte para que pueda asesinarte a gusto!— reclamó una enardecida Asuka que se daba vuelta rápidamente.
—¡No es mi culpa que seas tan lenta, vaca asquerosa!— repuso Ayanami cuando volvió a encontrarse frente a frente con ella, a tiempo para asestarle un golpe simultáneo en el cuello, con ambos brazos extendidos como hojas de tijera y derribarla de una fuerte patada en la boca del estómago —¡Seguramente si fuera un postre ya habrías acabado conmigo!
—¡¿Qué me dijiste?!— pronunció Asuka en un dejo de lucidez, sin duda provocado por lo extraño que le resultaba recibir un insulto de parte de aquella discreta muchacha.
—¿Qué, ahora además de ser una obesa descerebrada también eres sorda? Te dije vaca, por que así es como todos los demás te ven: una vaca lechera, un par de enormes tetas grasientas que hoy quizás parezcan atractivas pero que mañana estarán flácidas y asquerosas, como tú… disfrútalas mientras puedas, culona…
Aún cuando con sus palabras pareciera tratarse de una persona completamente distinta a su habitual modo de ser, eso no fue impedimento para que las ansias asesinas de Langley se incrementaran exponencialmente, abalanzándose sobre ella como un huracán.
—¡Desgraciada, haré que te arrepientas de tu boca floja!
Coordinándose a la perfección Ayanami se agachó a tiempo para evitar ser embestida por la bestia roja, que con el empuje adecuado se precipitó a las profundidades del boquete dejado por el Eva Beta en su excavación hacia las entrañas del Geofrente.
Antes de seguirla al fondo del abismo Rei observó la escena con aire complacido. Su estratagema de provocación había funcionado, aunque para ello hubiera tenido que rebajarse al nivel de Langley aunque fuera por unos momentos. Le quedaba claro que de seguir peleando con aquella fiera estaba en grave peligro de que su barbarie le fuera contagiada. Por tal motivo había decidido retomar su propósito inicial, que era detener el libre avance de Beta por las instalaciones, por lo que tenía que darle alcance aún cuando para ello tuviera que arrastrar al Eva 02 durante todo el trayecto.
Así pues, decidida y con un plan de acción bastante bien definido dio un salto al vacío, alistándose para un aterrizaje que nunca llegó. En medio de tanta confusión jamás se percató que su cordón umbilical, tan necesario para el funcionamiento de su Evangelion, ya le estaba quedando bastante corto, llegando al final de su extensión a mitad de la caída. La Unidad Cero colgaba ahora inerte, suspendida en el aire solamente por el cable que le suministraba de energía.
—¡Pero qué linda piñata!— exclamó Asuka al ver a su rival en tan indefenso estado, sacando de entre una pila de escombros una enorme viga de acero que terminaba en un extremo afilado —¡Veamos que sorpresa tiene en su interior!
Sin darle oportunidad a Ayanami de reaccionar, con una rápida estocada el Eva rojo atravesó con su improvisada arma el abdomen de su oponente, hundiéndola cada vez más profundamente en tanto que una cantidad considerable de materia viscosa salía de las entrañas de Cero. Su joven piloto gritaba y se retorcía adolorida ante la maniática sonrisa de su atacante, a quien los gritos de su víctima la alentaban a poner aún más empeño en su tarea carnicera.
—Ya no eres tan hocicona, ¿cierto?
Hasta esos momentos, Kai nunca se había dado cuenta de la enorme fuerza bruta a disposición del Eva 01, hasta ahora que se le enfrentaba directamente. Había sido su costumbre subestimar la capacidad del aparato debido a su piloto, pero estaba claro que Shinji y la Unidad Uno eran muy diferentes el uno del otro. Al sentir en carne propia cada uno de los embates del robot violeta le parecía más que se enfrentaba a un perro rabioso que a su pusilánime compañero de cuarto.
—Odio admitirlo, pero voy a tener que felicitar a tus padres por el excelente trabajo que hicieron al construir esta cosa— pronunció Rivera en medio de uno de sus constantes forcejos con el Modelo de Pruebas —Nunca hubiera creído que aguantaría tanto tiempo en una pelea cuerpo a cuerpo con Zeta…
Su estrategia hasta ahora se había centrado en alcanzar y desconectar el enchufe en la espalda del robot violeta, que no contaba con los aditamentos para funcionar autónomamente como lo hacían los Modelos Especiales. No obstante, cada intento había sido frustrado por la necedad de Shinji a ser descartado de la pelea sin dar mayor batalla.
—¡Y es por eso que eres un idiota arrogante!— repuso éste cuando con una certera patada en la mandíbula le hizo ver las estrellas al piloto del Eva Z, para luego volver a embestirlo como gorila enloquecido.
Bloqueando los frenéticos golpes como podía, Zeta aprovechó un pequeño resquicio que le permitió asir el cuerno del casco de la Unidad Uno, de donde se sujetó para estrellar un poderoso puñetazo que le despejó las ideas a su adversario.
—¡Te vas a ir al demonio!— musitaba el joven Katsuragi cada vez que volvía a impactar su puño sobre el cráneo del robot púrpura, que fueron varias.
Empero, su último golpe fue a alojarse sobre la palma abierta de su oponente, que capturó su mano con un solo movimiento y con su otra mano rápidamente lo sujetó del cuello, comenzando a asfixiarlo.
—¡Tú eres el que se va a morir, miserable!— sentenció Ikari, apretando la garganta de su enemigo como lo haría una tenaza —Deberías agradecernos que te vamos a ahorrar quien sabe cuanta agonía en una cama de hospital, cuando ese tumor en tu cabeza termine de comerte el cerebro…
Un largo golpe lateral que se colocó justo en la sien del Eva 01 bastó para liberar a Zeta del agarre, pero no conforme con eso el Modelo Especial continuó aplicando castigo sobre la cabeza y costados de su adversario, sacándolo de balance y sin darle espacio para defenderse. Un rodillazo sobre la cara puso fin a la tanda de golpes.
—¡Gracias por anunciarlo a los cuatro vientos, imbécil de mal agüero!— vociferó al final un enardecido Kai —¡Pero haz de saber que con todo y tumor aún soy muy capaz de patearte el culo, maricón infeliz!
—¡Maldito desgraciado! ¡Voy a…!
—¡¿Vas a qué, Shinji?!— lo interrumpió Rivera, asiéndolo de los hombros para estrellarlo en cuanta estructura quedara en pie a su alrededor —¡¿Vas a matarme, dices?! ¡¿Tú?! ¡Estúpido mocoso cagón! ¿Sabes en realidad de lo que estás hablando? ¿Sabes lo que es matar a una persona, todo lo que implica? ¡Yo sí lo sé, idiota! ¿Ó no te lo dijo tu novia? ¡He matado a miles de personas! ¿Crees que es algo fácil, como matar una mosca, una cucaracha? ¿Qué no te vas a ensuciar? ¡Pues déjame decirte algo, muchacho, no es nada bonito! ¡Así que será mejor que cierres el maldito pico si no sabes de lo que estás hablando!
El Evangelion morado fue violentamente azotado contra el frágil piso, que terminó cediendo a todo el daño sufrido y colapsó por completo, engullendo a los dos combatientes para transportarlos unos cuantos niveles debajo de su posición original.
Fue así que los dos jóvenes en batalla dieron alcance nuevamente al Eva Beta, que seguía labrando su camino hasta su objetivo final. Entre una lluvia de cascajo y otros despojos el Evangelion morado colapsó abatido a sus pies, en tanto que Zeta (ó lo que quedaba de él) se erguía al fondo, amenazante, colérico.
—¡Tu noviecito no me duró ni para el arranque, ramera barata! ¡Y ahora sigues tú! ¡Ya estoy cansado de todo este mitote!
El Eva Z se adelantó hacia donde permanecía la aberración que antes era Beta, listo para asestarle un puñetazo en el cráneo. Su carrera fue abruptamente interrumpida por la Unidad Uno, que se había levantado de improviso, clavando su cuchillo progresivo en el abdomen casi descubierto del Evangelion que piloteaba Rivera. Una nueva y abundante hemorragia se sumaba a la que el piloto tenía ya donde antes estaba su ojo.
—¡Desgraciado infeliz!— rugió el infortunado muchacho enseguida de soltar un hondo alarido —¡¿Cómo… pudiste…?!
—¿Sorprendido? ¡Y tú que decías que no me atrevería a ensuciarme! ¡Para que te quede bien claro, por el amor de mi vida soy capaz de esto y mucho más!
—¡Loco bastardo, me estás colmando la paciencia!
Para demostrar su punto, el rubicundo jovencito comenzó a forcejear con él para sacar la navaja que tenía fuertemente empuñada, queriendo quitársela. En el clímax de la pugna con un rápido y acertado movimiento sobre la muñeca del Eva violeta el piloto del modelo Especial terminó por quebrarle la mano, haciéndolo retroceder adolorido. Una patada en el rostro mandó de espaldas a Ikari lejos de su oponente, para que entonces Rivera pudiera sustraer el arma punzocortante de su costado. Justo a tiempo para recibir de lleno un poderoso golpe en el pecho por parte del Eva Beta, que le hizo volar varias placas de blindaje que cayeron regadas en el terreno. La criatura deforme entonces lo sujetó del cráneo y lo estrelló de cara en el suelo, acción que fue repetida algunas veces más para bajarle al muchacho los ánimos combativos.
Aún tirado en el piso, el piloto del Eva Z logró colar una patada sobre la rodilla de su contrincante, lo que le hizo perder equilibrio y darle a él tiempo para reincorporarse. Shinji lo recibió entonces con un recto directo a la mandíbula, que lo hizo tambalearse varios pasos. Listo para derribarlo el joven japonés alistó un nuevo puñetazo, sólo que este último fue oportunamente atajado por el otro chiquillo. Teniéndolo bien sujeto del brazo, Zeta tomó impulso para estrellarlo en contra de la quimera astada que corría a su encuentro, frustrando así sus intenciones de intervenir en la pelea. Ambos cayeron, rodando sobre el campo de batalla, dándole tiempo al defensor del Geofrente de recuperar aliento. Y para darse cuenta del grave error que estaba cometiendo, al forzar el combate con dos oponentes a la vez. Mientras estos se incorporaban, casi a la par, se percataba demasiado tarde que en sus precarias condiciones, herido y sin blindaje, lo mejor hubiera sido enfrentarlos por separado. Fue su ira y la prisa por darle alcance a su supuesta pariente lo que le hicieron precipitarse en aquella nada ventajosa situación. Por lo menos para él, porque sus enemigos parecían congratularse por el hecho, acercándose a su contrincante por los costados como lobos en cacería.
El primero en actuar fue Shinji abalanzándose sobre él como bestia carnicera. Zeta se encargó de contenerlo como pudo, pero mientras lo hacía descuidó su retaguardia, lo que aprovechó la joven piloto del Eva Beta para darle un fuerte empellón que lo derribó. Acto seguido, los dos amantes, en su papel de guerreros, se avocaron a flagelar a su víctima a punta de pisotones. Varios manchones de sangre comenzaban a adornar las inmediaciones, todos ellos provenientes del abatido Eva Z. Cansada, ó mejor dicho, aburrida de usar el mismo método de castigo, Luna optó por sujetar con su enorme garra el cráneo de su aturdido oponente y levantarlo sin que sus pies tocaran el piso, mostrando toda la magnitud del daño que su víctima había recibido.
—Todo tuyo, amor— pronunció la joven con tono malicioso —Desquita toda la frustración que te hizo pasar este despojo…
Ni tardo, ni perezoso, Ikari de inmediato lanzó un poderoso puñetazo que se plantó sobre las costillas del cautivo, cimbrándolo al igual que un saco de boxeo. Enseguida un nuevo cañonazo en forma de puño se alojó en el casco de aquel desvalido monigote. Cómo ráfaga de metralla, así se sucedieron uno al otro los embates de la Unidad Uno sobre su rehén, imposibilitado para defenderse y resignado a recibir de lleno todo el castigo que se le aplicaba, sazonado con el odio y resentimiento embotellados por quien sabe cuanto tiempo.
—¡Muere, maldito, muere!— repetía Shinji como poseído, en tanto golpeaba con una saña asesina a su antiguo compañero de cuarto —¡Muérete y líbranos de tu presencia de una buena vez!
En tanto, en el Dogma Central todos los espectadores atendían impotentes al sádico espectáculo de la inmolación de Zeta y de su piloto, Kai Rivera. No podían hacer otra cosa más que atestiguar como cada golpe del Eva 01 impactaba de lleno contra la inerme figura del Modelo Especial, tiñendo de rojo todo el campo de batalla con la sangre que salpicaba, como si se tratara ya sólo de un pedazo de carne.
Las lágrimas rodaban por las mejillas de Misato ante tan funesta visión, sintiendo como si cada puñetazo se lo estuvieran dando a ella también.
—¿Porqué, Shinji? ¿Porqué?
Resoplando de manera casi orgásmica, el joven Ikari se alistaba para descargar su colérico puño sobre la vapuleada anatomía de Zeta. Coordinándose de forma impecable, el piloto de dicho robot aprovechó el cansancio del que comenzaba a hacer visos su ensañado oponente para liberarse dando un fuerte punterazo sobre la ingle del desprevenido Beta, con lo que consiguió hacerse a un lado a tiempo para que el fuerte puñetazo del Eva 01 se estrellara contra el cráneo del monstruo, en lugar del suyo. El casco de la abominación se fracturó por completo en tanto que su portador salía disparado hacia atrás con tal fuerza que terminó azotando contra uno de los muros limítrofes que marcaba el final de la extensión del cuartel y el inicio del subsuelo terrestre.
—¡Sophie!— exclamó Shinji, despavorido.
—¡Vaya que eres lento, muchacho! ¿Qué no recuerdas? ¡Su nombre es Luna!— pronunció Kai, haciendo acopio de fuerzas para descargar un severo recto sobre el rostro del Eva 01.
Aprovechando la inercia del momento Zeta continuó con el asedio al Evangelion púrpura, sin darle espacio ni tiempo para recuperarse. Buscaba ponerlo fuera de combate antes que Beta se recobrara e interviniera de nuevo en la pelea. Para tal efecto cada golpe, cada patada llevaba consigo las fuerzas restantes del desvencijado Evangelion y la tambaleante voluntad de su piloto por mantenerse consciente.
—¡Desgraciado hijo de puta!— bramó Ikari, rebelándose a sus designios cuando se le encaramaba como un simio rabioso —¡Hiciste que la lastimara! ¡Nunca te lo perdonaré!
—¿De qué te extrañas?— preguntó Rivera, esforzándose por quitárselo de encima —Según las estadísticas, la violencia se presenta en 6 de cada 10 noviazgos entre personas de 15 y 39 años de edad… ¿te creías que eras algo especial ó qué?
Sin tener éxito en sus intentos, el Eva Z cayó de espaldas con un enloquecido animal sobre de él, sediento de sangre. Los puños de la Unidad Uno ahora eran usados como garras que se aferraban y rasgaban los miembros de su adversario. Sus dientes eran todas las cuchillas que necesitaba para perforar y atravesar a su presa. La mente de Rivera, aún cuando estaba enfocada en encontrar la forma de quitarse de encima a su agresor, tuvo la desfachatez de remitirse hasta 1968, a la obra maestra del cineasta George A. Romero, "La noche de los muertos vivientes". A eso es a lo que se había reducido su anterior compañero de armas: una entidad movida sólo por puro instinto y rabia, salvajismo en su más pura esencia, mucho más animal que humano.
Sin tener intención de terminar como almuerzo de un monstruo caníbal sin alma, Kai sacó ventaja de que el Eva 01 estuviera entretenido encajándole el diente a su antebrazo derecho para recetarle un buen zurdazo sobre su sien desprotegida, que lo obligó a soltarlo. Acto seguido un rodillazo que de nuevo castigó su cráneo hizo retroceder aún más al desenfrenado pero aturdido Modelo de Prueba, dejándole espacio suficiente a Zeta para incorporarse.
El contraataque fue casi instantáneo. En lugar de amilanarse y lamer sus heridas, el Eva 01 se volvió a lanzar sobre el enemigo como una fiera sanguinaria, sin importarle otra cosa que no fuera acabar y destripar a su adversario de la forma más dolorosa posible. Ningún proceso de pensamiento coherente determinaba entonces el rumbo de las acciones del robot púrpura, de lo que tomó nota Rivera y aprovechando que su atacante se le aproximaba sin guardia alguna juntó todas sus fuerzas para descargar un poderoso obús en forma de puño que arrancó de tajo la mandíbula completa de su agresor, que se desmayó en el acto. La quijada mecánica salió disparada como disco volador. El impacto fue tal que produjo una explosión sónica que se propagó por toda el área, ocasionando un nuevo derrumbe bajo sus pies que transportó al trío de artefactos hacia una profunda caverna de forma esférica.
—Por fin lo logró— masculló el Profesor Fuyutski, resignado —Ha llegado a La Puerta del Cielo…
El primero en ponerse de pie fue Zeta, quien mostraba las repercusiones de aquél último golpe al tener la mano completamente rota, casi deshecha, poniendo en evidencia el precio que tuvo que pagar para sacar de circulación al Eva 01. Nervioso, pero sobre todo agotado, echó un rápido vistazo a sus alrededores en busca de oposición, para encontrarse solo con una gigantesca pared de metal que se levantaba frente a él, mucho más alta e imponente que el mismo robot gigante, que en comparación se apreciaba insignificante.
—¿Qué diablos esconden aquí?— preguntó el piloto, anonadado por la vista —¿A la mamá del Comandante Ikari?
—¡Niño idiota!— contestó de inmediato el susodicho, levantándose de su asiento —¡Más te vale que no hayas dañado a la Unidad Uno, sino…!
—¡Descuida imbécil, tu juguete no se rompió mucho y ya puse a dormir a tu bebé berrinchudo! Traté que no les pasara gran cosa, que es más de lo que puedo decir de mi persona— contestó Rivera, mostrando en pantalla todos los dedos de su mano derecha rotos y ensangrentados, además de todas sus otras heridas visibles a través del rango de alcance del monitor. La más sobresaliente, por supuesto, la cuenca expuesta que marcaba el lugar donde antes estaba su ojo.
Antes que cualquiera pudiera santiguarse ó hacer algún comentario al respecto, el Eva Beta emergió de su aprisionamiento entre los escombros, incorporándose pesadamente y de igual forma dando muestras de los estragos producidos por la reyerta.
—Maldición— pronunció lastimosamente la jovencita que piloteaba semejante esperpento, dándole también una rápida ojeada al ridículamente gigantesco muro frente a ella —No voy a poder abrir esta cosa yo sola y con el brazo roto…
Al percatarse del desvanecimiento de su novio y en la imposibilidad de pedirle asistencia, no tuvo más remedio que pedir refuerzos a su guardaespaldas personal.
Asuka, por su parte, se mantenía bastante entretenida picoteando con su lanza improvisada toda la región abdominal de la Unidad cero, que permanecía suspendida en el aire colgando del extremo de su cable umbilical que había alcanzado toda su extensión en ese inoportuno punto. Soportando atroces dolores psicosomáticos, que no por eso dejaban de ser dolores, la piloto de corto cabello azulado se esforzaba en alcanzar la clavija en su espalda para liberarse de la cadena en la que se había convertido el cordón que le aseguraba suministro eléctrico. Langley le impedía su propósito cada vez que perforaba su vientre con su desvencijada estaca, atravesándola como se haría con un pedazo de carne a las brasas.
—Tu panza ya quedó como alfiletero— observó la desquiciada piloto del Eva 02 —Ahora, para el gran final, voy a abrir tu armatoste como pavo y sacarle todo su jugoso relleno. Quiero oírte chillar como cerdo cuando tu cuerpo quede destrozado entre los dientes de mi Evangelion…
La afilada punta de su arma se enterró aún más en las entrañas del robot azul y comenzó a hacer palanca con ella, queriendo abrir a Cero como se destaparía a una simple lata de refresco. Ayanami forcejeó vacuamente, tratando de sustraer el objeto punzocortante de su interior, pero sus manos siempre resbalaban a diferencia del firme agarre que su enemiga mantenía sobre el arma. Era solo cosa de segundos para que la placa pectoral del Eva 00 quedara completamente expuesta y siendo así la piloto podría darse por muerta, al quedar al alcance del enloquecido gigante carmesí frente a ella que había amenazado con devorarla.
No obstante, la salvación para la desvalida Rei llegó en la forma menos esperada, pues era la misma persona que en un principio maquinó su asesinato quien ahora intervenía para salvaguardar su vida.
—¡Asuka, deja eso para después!— pronunció Luna apuradamente, cuando el monitor en la cabina de Langley desplegaba su ansiosa imagen —¡Necesito que vengas a ayudarme a abrir esta cosa, ahora mismo! ¿Oíste? ¡Te quiero aquí, en el acto!
Con la sola contemplación de aquella muchacha todo el cuerpo de la jovencita europea quedó paralizado, como congelado en el tiempo. La expresión demente en su rostro se desvaneció en ese mismo instante para volver a mostrar un gesto frío, ajeno, distante. Una suerte de maniquí viviente.
—Sí, Sophia— asintió la manipulada chiquilla con aire ausente y marcado tono mecánico, soltando sin más la lanza a la que se estaba aferrando como a la vida misma apenas unos segundos antes, dando media vuelta para acudir al llamado de su titiritera —Haré lo que me digas…
Aún cuando no alcanzaba a entender del todo lo que había transcurrido para salvarle el pellejo, Ayanami sabía a la perfección que si Langley había desistido en su intento por destruirla y ahora se dirigía al gigantesco hoyo dejado por Neuville en su camino era precisamente para ir al auxilio de la susodicha. Y aún cuando no estaba del todo enterada de todas las incidencias en el otro frente de batalla, comprendía bien que Kai estaría en desventaja al combatir con las dos al mismo tiempo. Con determinación hercúlea hizo de lado todo su dolor y por fin desenchufó el cordón que la había tenido cautiva y a merced de la ansia asesina de Asuka, a quien dio alcance justo en medio de su salto al vacío, sujetándola por la espalda en pleno vuelo.
—¡No vas a ir a ningún lado!— sentenció resueltamente la jovencita que vestía de blanco, mientras las dos caían sin control.
Desesperada, la muchacha rubia se retorcía como pez fuera del agua, tratando de soltarse del agarre de su oponente. Pero por más tumbos y codazos que le diera, Rei no daba visos de querer soltarla.
—¡No! ¡Déjame ir!— gritaba desaforada, pero a la vez casi suplicante —¡Debo regresar con Sophia! ¡Debo servirla y obedecerla!
—¡Sólo escúchate!— le respondió la muchacha de cabello corto, estupefacta al oír esas palabras saliendo de la boca de la persona más arrogante que conocía —¡Esta no eres tú, y lo sabes! ¡Lo que tienes que hacer es recuperar la cordura, cuanto antes!
—¡Cállate y suéltame, estúpida! ¡Sophia me necesita!
Pese a todo el trabuco armado, y aún cuando lo hacían más lentamente, con tumbos y traspiés, ambas continuaban cayendo por el abismo, cada vez más cerca del fondo.
En él, Zeta daba una senda patada en el rostro a su monstruoso oponente, derribándolo de momento.
—¡Ya basta de estarte escondiendo detrás de otros, loca maldita!— reclamó Katsuragi cuando corría a encontrarla, recetándole otro puntapié en el cráneo —¡Esto se termina justo aquí, justo ahora! ¡Contigo y conmigo, sólo nosotros dos!
Un zarpazo se incrustó sobre el costado del robot con la armadura destrozada, desgarrando piezas de metal corroído y tejido orgánico. Con esto Luna pudo ponerse en pie y mantener a raya a su enemigo, resuelto como nunca antes a terminar con su incursión. Un rápido intercambio de agresiones se sucedió al instante, con un rendimiento parejo de ambos contendientes. Al encontrarse ambos despojados de una de sus extremidades superiores, la disputa consistía principalmente en utilizar cabeza, codos y piernas para infligir daño al contrario, cuyo nivel se acrecentaba conforme el devenir de las hostilidades, al punto de llegar al borde del colapso total.
Los dos titanes gladiadores se permitieron un momento de pausa, mirándose mutuamente de un extremo al otro de su arena, entre resoplidos de agotamiento físico y mental.
—Al diablo con esto— repuso la chiquilla, dándole la espalda a la monumental "Puerta del Cielo" —Me cansé de jugar contigo, imbécil… Voy a matarte ahora mismo…
Decidida a cumplir con su palabra, su brazo bueno sujetó su miembro fracturado, que era donde tenía instalada su espada forjada con la misma aleación que antes recubría al Eva Z. Soportando un agudo dolor apuntó la hoja justo en la dirección donde a duras penas se mantenía erguido el otro Modelo Especial, frente a ella.
—Piensa muy bien lo que estás a punto de hacer, idiota— advirtió el joven Rivera, herido, cansado y a poco de entrar en estado de shock. Sabía muy bien lo que la muchacha pretendía y al escuchar el mecanismo de disparo de la navaja sus sospechas se confirmaron —Estás por entrar al punto del no retorno… si amenazas mi vida tenlo por seguro que me voy a defender, cueste lo que cueste, y no seré responsable de lo que suceda…
—Es la historia de tu vida, ¿no, Teniente? Siempre buscando excusas para no hacerte responsable de tus actos, siempre tratando de justificarte por todo lo que haces… pues todo eso se acaba… aquí mismo…
El extremo de la afilada hoja apuntaba directamente al pecho de Zeta, donde se encontraba alojado su piloto. Si el arma lo traspasaba, como seguramente lo haría ahora que ya no contaba con su formidable armadura, sería el final del camino para Kai Rivera. No había forma de alcanzar a Beta a tiempo para evitar el fatídico disparo. Sólo había una forma de detener el trayecto del arma y para lograrlo uno de ellos tendría que perecer. El muchacho peló los dientes, dando entonces un manotazo a los controles delante suyo, resignándose a lo inevitable.
—Nos vemos en el Infierno, hijo de perra— masculló Luna entre dientes para luego hacer que su espada saliera volando por los aires, presta para rebanar a su odiado enemigo.
La respuesta fue instantánea. Actuando meramente por impulso en una fracción de segundo el Eva Z alzó su mano izquierda, la que no estaba deshecha, y enseguida un violento raudal de energía carmesí salió expelido de ella, interceptando la hoja de metal en su vuelo. Una intensa explosión devino al encuentro, tragándose todo a su paso.
El mundo se desdibujo y por un momento todo fue luz. Cuando el espectro lumínico recuperó sus niveles normales la escena revelaba a Zeta tirado boca arriba, con la punta de la espada encajada sobre su pecho, las placas de blindaje que lo recubrían regadas por todo el piso, hechas pedazos. Todos en la sala de controles perdieron el aliento, formándose un hueco en sus estómagos al temer que lo peor había sucedido. No obstante, el trémulo movimiento que empezó a sacudir al Evangelion postrado despejó enseguida cualquier miedo. El piloto, aunque malherido, continuaba con vida.
Que era mucho más de lo que lamentablemente se podía decir de Luna. Quién sabe cómo, el Eva Beta se mantenía en pie en medio de tanta devastación. Pero solamente de la cintura para abajo. Todas las demás partes de su cuerpo, incluida la cápsula que alojaba a la piloto en su interior, habían sido desintegradas por completo, carbonizadas. Los bordes irregulares cauterizados que coronaban aquellos miembros desamparados y el manchón humeante que se formó en el acceso blindado (que aún había resistidoel grueso la descarga) tras de ellos daban cuenta del curso que tomó el torrente destructivo para vaporizar toda la parte superior del infortunado Evangelion. Los integrantes de NERV que presenciaban aquella terrible estampa se quedaron sin habla. Esa vez no había festejos ni suspiros de alivio al alcanzar la victoria. Solamente una horrible sensación de vacío y un amargo sabor de boca. Una jovencita a la que muchos de ellos habían llegado a estimar como una querida amiga había dejado de existir, no sin antes llevarse a varios cientos de compañeros junto con ella, sin ninguna razón aparente más que el caos y la destrucción por sí mismos. Sus verdaderos motivos aún permanecían inciertos.
Afuera, en la superficie, la tormenta no amainaba. La furia de los cielos se desataba en forma de una tempestad atípica que poco le hacía falta para convertirse en tifón, con sendos y continuos relámpagos que estremecían todo a su paso.
Posado en la azotea de uno de los edificios sumergibles de Tokio 3 al Doctor Demian Hesse no le importaba mucho sufrir las inclemencias del mal clima que se abatía impecable sobre él. Se encontraba inmerso en uno de sus típicos lapsos de meditación taciturna. Su atención y pensamientos estaban fijos en un punto indeterminado bajo sus pies, a varios kilómetros por debajo de la superficie. Sabía bien que su leal agente, Luna Rivera, a la que él mismo había entrenado y preparado desde que era una niña pequeñita, había muerto a manos del enemigo. Pero si ello le causaba algún pesar su pétreo rostro no lo demostraba de manera alguna. Por el contrario, su atención continuaba fijamente ininterrumpida sobre el subterráneo campo de batalla, expectante al parecer de algo que todos los demás desconocían.
—"Ser o no ser, esa es la cuestión: Si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro. Morir: dormir, nada más. Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales herencia de la carne, sería una conclusión seriamente deseable. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno ya libres del agobio terrenal, es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia"— recitó a Shakespeare para sí mismo con su distinguido tono en medio del estruendo de la precipitación diluviana —Adiós, mi preciosa Luna… hasta nunca, Eva Z… despídete de tu existencia, Kai Rivera…
—Maldición… maldición…— musitaba una y otra vez Kai lastimosamente, cubiréndose el rostro al querer borrar de su mente la macabra imagen de lo que quedaba de Beta, la prueba de su más reciente asesinato. Aún cuando hubiera sido en defensa propia, sabía que lo que acababa de perpetrar no podía catalogarse de otra manera que no fuera un homicidio. Y si bien ya había matado antes a bordo de su Eva, aquella vez no eran solamente rostros perdidos en una muchedumbre asustada, sino que se trataba de alguien a quien había conocido, con quien había convivido y que pudiera haber sido su última pariente con vida —Maldición… ¡Maldición!
Desconsolado, reunió todas sus fuerzas para quitarse la navaja de encima, arrojándola lejos. Aunque su contraataque tuvo la fuerza suficiente para carbonizar a su contrincante y frenar el impulso de aquella hoja de metal, no pudo impedir que su punta se le clavara, fracturándole el esternón en lugar de atravesarlo por completo. Sin embargo en esos momentos el muchacho parecía hacer caso omiso del tremendo ardor que sentía en el pecho cada vez que respiraba, más preocupado por lidiar con la terrible culpa que lo aquejaba. Era una de esas ocasiones en las que quería desesperadamente romper en llanto, pero por más que lo intentara las lágrimas no acudían a él, negándosele el desahogo que pudieran proporcionarle. Solamente podía dejar escapar de su garganta unos hondos alaridos, amalgamas de pesadumbre, ira y frustración.
—¡Maldita seaaa!
¿Cómo es que podría verse al espejo, de ahora en adelante, a sabiendas que era un asesino? Un asesino horriblemente desfigurado, por cierto. A partir de entonces nada podría volver a ser lo mismo. Y aún cuando siguiera respirando, comprendía que su vida anterior a aquel suceso había llegado a su fin. Tal y como se lo había dicho a su difunta prima, había traspasado el punto de no retorno.
Tan ensimismado se encontraba revolcándose en su miseria que ninguna atención puso a lo que transcurría a sus espaldas. Las solitarias piernas de Beta habían caído al suelo, víctimas de la gravedad y una vez ahí una insólita reacción comenzó a suceder en el muñón que antes era su cintura. Primeramente fue algo imperceptible pero en cuestión de instantes se hizo evidente como los tejidos cercenados empezaban a estirarse como si tuvieran vida propia. Varias delgadas ramificaciones empezaron a emerger de los despojos del Evangelion, formando rápidamente estructuras que devinieron en apéndices, órganos y miembros. Una nueva espina se formó, de donde salió un nuevo par de brazos, cuello y una alargada cola reptilesca. Un par de alas de cuero se desplegaron como velas al viento, originándose en la recién formada espalda encorvada del nuevo ente generado (ó degenerado) espontáneamente. Las placas de metal recubriendo las piernas no resistieron más, estallando en pedazos, revelando unas garras que habían transmutado en lugar de pies, despojándose así del último vestigio que conservaba de su anterior naturaleza robótica. Una cabeza deforme con largos cuernos coronó el extremo superior de la entidad, culminando así la inusitada transformación.
De nueva cuenta, oficiales y técnicos en el Dogma Central observaban perplejos, sin habla, el inusitado suceder de las acciones. Solamente Misato, en su afán de proteger al ser amado del peligro, atinó a lanzar una sonora, pero tardía advertencia al piloto de la Unidad Z.
—¡Cuidado! ¡Detrás de ti!
Sobresaltado, el muchacho salió de su estupor para voltearse tan rápido como pudo y apenas vislumbrar con el rabillo del ojo a la deforme criatura que había emergido a sus espaldas. Eso, y un intenso destello in crescendo que se originaba en el hocico de la abominación fue lo último que pudo ver. Ni el Eva ni el piloto pudieron hacer gran cosa para evitar ser alcanzados de lleno por una cruenta ráfaga despedida desde las fauces de semejante esperpento. El sucesivo estallido volvió a cegar a todos los testigos, quienes recuperaron la visión momentos después de extinguido el fenómeno. Un camino en llamas indicaba el trayecto de la descarga. En medio de éste, regadas por toda la superficie, yacían las pruebas fehacientes de sus consecuencias.
La subsecuente reacción de horror generalizado fue compartida unánimemente por los espectadores. Los ojos abiertos de par en par amenazaban con salir de sus órbitas, las pupilas completamente dilatadas. Paralizados en sus lugares, un grito de terror se mantenía ahogado, expectante, en las gargantas del público, tan impresionados como se encontraban. Y en la ínfima partícula de tiempo que constituía un solo breve instante, la Mayor Misato Katsuragi vio condensada toda su vida al lado de su protegido. Desde la terrible noche que sus padres fallecieron, la batalla legal que tuvo que atravesar por hacerse de la custodia del niño, todos esos años juntos que tuvo que sortear entre la escuela y el trabajo para poder verlo crecer, noches completas en vela sin hacer otra cosa que comer y jugar videojuegos, el abrasante sol bajo el cual se desarrollaban los eventos deportivos en los que el chiquillo tanto gustaba participar, la sonrisa tan cálida en el rostro de aquél niño que empezaba a hacerse hombre, la primera vez que se tuvieron que separar por un largo periodo cuando partió a completar la tarea de su padre y construir al Eva Z, su apresurado regreso a Japón, la primera vez que piloteó a Zeta e hizo uso de sus extraños poderes, las sucesivas peleas con la galería de fenómenos que amenazaban destruir al mundo, el rompimiento con Rei, su pelea con Asuka, su inesperado noviazgo con la misma Asuka, su partida a la guerra en Medio Oriente y su eventual regreso, abatido y derrotado, esa última fiesta en Nochebuena, su agonía al ser vencido por la Segunda Oleada de ángeles, su pelea con Sophia/Luna, su pelea con Shinji… y finalmente la visión que tenía delante suyo… los restos calcinados del Eva Z, esparcidos por todo el chamuscado piso. Pedazos de metal retorcido y materia orgánica quemada regados por doquier, sin guardar un solo rastro de su forma original. El Evangelion más poderoso de todos, el que antes se creía era indestructible ahora sólo era un reguero informe de chatarra humeante. Y su joven piloto, que tantas otras veces había burlado al destino y había logrado lo imposible estaba… estaba… ¡muerto!
Antes de entregarse al escape del dulce abrazo de la inconsciencia la mujer llevó las manos a su rostro, encajándose sus propias uñas sobre las mejillas como para cerciorarse que no se trataba de alguna alucinación, de lo que dieron cuenta los finos hilos de sangre que corrieron a lo largo del recorrido que hicieron sus dedos sobre su rostro. El angustiante grito que dio antes de colapsarse sobre el duro piso, desmayada, fue el único sonido que se escuchó en todo el cuartel durante aquel momento:
—¡KAAAIII!
"O Fortuna, velut luna / Oh, Fortuna, como luna
statu variabilis, / de estado variable,
semper crescis aut decrescis; / siempre creces o decreces,
vita detestabilis / vida detestable.
Nunc obdurat et tunc curat / Ahora ataca, ahora aplaca
ludo mentis aciem; / como juego, la mente;
egestatem, potestatem / la pobreza, el poder
dissolvit ut glaciem. / como el hielo disuelve.
Sors immanis et inanis / Suerte ingente e inerterota
tu volubilis; / tú, rueda voluble;
status malus vana salus, / mal estado, vana salud,
semper dissolubilis. / siempre soluble.
Obumbrata et velata / Ensombrecida y velada
mihi quoque niteris; / también me amenazas;
nunc per ludum dorsum nudum / ahora por tu juego perverso
fero tui sceleris. / el torso desnudo llevo.
Sors salutis et virtutis / La suerte, en la salud y la virtud
mihi nunc contraria, / ahora para mí (es) contraria,
est affectus et defectus / es afecto y carencia
semper in angaria. / siempre dispuesta.
Hac in hora, sine mora / En esta hora sin demora
cordae pulsum tangite, / toquen el latir de la cuerda,
quod per sortem sternit fortem, / pues la suerte derriba al fuerte,
mecum omnes plangite. / conmigo todos lloren."
Carmina Burana
"Fortuna Emperatrix mundi"
