Hola, hola, hola, holita. Soy Noah-chan.

Vale, feliz San Valentin atrasadísimo.

Sé que prometi subir el especial San Valentín en San Valentín, pero... las cosas se torcieron lo suficiente como para que no pudiese subir nada. Mi abuela se empeñó en que no debería estar enganchada al ordenador escribiendo, que eso no me daba futuro, que debería estudiar y esas cosas. Por lo que me quitaron el ordenador. Lo siento de manera sobre-humana. Quise subir, pero... dios no podía. Me desanimo mucho que me dijese que era una perdida y que era pésima escribiendo.

Odio que me hagan esto, ahora que se me acabaron casi todos los examenes conseguí exigir mi ordenador y decidí subir lo antes posible.

Lo siento de nuevo.

Bien, creo que debo explicaros unas cuantas cosas. Sé que es demasiado pronto para la encuesta, pero quería ver cuales son vuestros ideales de momento para descubrir un poco sobre vosotras. Pero algunas pedistéis tanto la encuesta que la puse. En fin.

Como aún no han salido todos los chicos y no véis como es cada uno de ellos, pues he puesto esta. Pero volveré a hacer otra más tarde. Pero quiero ver si afecta en algo como se narra la historia con los chicos o si os dejáis llevar por los que os gustan a ti. Bueno, añadamos que, yo soy de la clase de lectoras que no hace shippings, simplemente se deja arrastrar por la elección del escritor y respeto mucho eso y, aunque no me guste la pareja, me enamoro igual después. (Ejemplo, un fanfic de Soul Eater con el shipping Black Star x Maka, me enamoré y odio esa pareja, o Chrona y Kid... que bueno, no me gusta una mierda y al final... tachan)


Disclaimer

Los personajes de Corazón de Melón o Amour Sucré son propiedad de ChiNoMiko y Beemov, todos los créditos reservados a ellos que son sus respectivos autores y nos dan un hermoso juego que distrae a cualquiera. Yo solo uso a estos personajes con fines lúdicos. Hay personajes de Eldarya, otro juego de nuestra amada Chino, que pertenecen a Beemov y ChiNoMiko. créditos a ellos de nuevo.

La historia es mía, cualquier copia o plagio será denunciado, cualquier cosa, para editarlo o cambiar los personajes y adaptarla, deberán hablar conmigo primero para ver si doy el permiso.

La "Sucrette", Leia, Caroline y algún que otro personaje secundario es propiedad mía. Cualquier uso deberá ser notificado a mí por mensaje privado o en alguna de mis redes, e incluso review para esperar mi respuesta.

Algunos personajes pertenecen a AnticLove, propiedad de sus respectivos autores y créditos reservados a ellos.


Fiesta De Nevra

*Especial San Valentín*

[Inesperadamente acabe en tu cama]

Llegué a casa con una pequeña mueca de disgusto, y cuando me despedí de Kentin me quede en el portal.

El suelo estaba demasiado frío y tenía la sensación de que alguien había fregado el portalillo, aun así, mi trasero permaneció sentado firmemente con mis piernas en pose india, estaba agobiada y me sentía increíblemente vulnerable al saber que, hiciese lo que hiciese me estaba ablandando, estaba empezando a volverme una persona considerada.

NO PODÍA SER CONSIDERADA.

Tenía que aplastar y pisotear como habían hecho conmigo, convertir las caras felices en caras tristes, tenía que destruir lo que a mí me habían arrebatado, no sé bien si por envidia o por simple egoísmo propio. Pero era así, y no podía soportar la idea de que los demás fueran felices mientras a mí me lo arrebataban todo.

Suspire cansada y me apoye contra la pared en la que reposaban, pegados, los buzones de todo el edificio, cerré los ojos y me deje arrastrar por todas las sensaciones que me invadían y atacaban a mi piel, cabeza y corazón. Me deje llevar de forma peligrosa hacia el lugar oscuro mientras me planteaba si había quizás algo que me diese indicios para salir de aquí, pero no fui capaz a encontrar ninguno.

Cerré los ojos contrariada y me quedé dormida, hasta no poder más con mis fuerzas, conmigo y con todo lo que me atrapaba el corazón y me enganchaba de una forma estrepitosa que me encerraba y encarcelaba en el dolor de no saber qué hacer, de no saber a dónde voy.

[…]

Una dulce y suave mano me toco la mejilla, estaba fría. Me acarició suavemente mientras una varonil, suave y tranquila voz me acariciaba y me llamaba, haciendo a mi cuerpo estremecerse en una pequeña pulsación en mi piel cálida.

- Um…

Me removí incomoda porque me tocaba demasiado y cada vez era más consciente de su llamado y la forma en la que, la persona de manos frías, pronunciaba mi nombre de forma profunda.

- Sucrette…

Abrí los ojos poco a poco, encontrando unos ojos conocidos.

Los preciosos ojos bicolores de Lysandro me hicieron sentir fuera de lugar por un momento. ¿Me había ligado a Lysandro y no me había despertado? Eso no era posible, ¿verdad?

- ¿Lysandro? ¿Qué haces aquí?

El victoriano me observo, rojo hasta las orejas y bastante avergonzado, ¿cómo había entrado en el piso, me miró fijamente y chasqueé la lengua delante de él para incorporarme.

Nada más colocarme, sentí un fuerte dolor lumbar, que me hizo maldecir interna y externamente. Al ver mi cara extraña, el de ojos bicolores, se preocupó y me ayudo a incorporarme bien.

- ¿Estás bien?

Asentí, frotándome la espalda con insistencia para que los pinchazos de dolor se acabasen, o al menos se calmasen.

- Bueno… ¿qué haces aquí?

Sin hacer caso omiso a mis dolores de espalda, por dormirme en lugares inimaginables, lo miré atenta. Esperando seriamente su respuesta, pero solo se ruborizo más que antes y yo simplemente negué con la cabeza.

- Bueno… Rosalya ha insistido mucho en que venga a verte y, una vez que reuní mis fuerzas, vine enseguida.

- Entonces… ¿sucede algo?- pregunté.

- Um, muchas cosas.

Vale, no soy imbécil.

Notaba a Lysandro raro desde hacía unos días. Más alejado de mí, casi ni lo veía y, si lo veía estaba con su libreta, aislándose del mundo e impidiendo que yo intentase hacer amago de estar con él un poco. Estaba perdido y en las nubes. Y eso, me molestaba mucho, mucho era decir poco. Me gustaba que la gente que fichaba me prestase atención. Ser el centro de todo es bastante interesante y me gustaba el hecho de tenerlos a todos viviendo para mí.

- ¿Y para qué quería Rosa que vinieras?-

- Um… me parece que necesito decirte algo-

- ¿Qué podría ser…?-

Sonreí, intuyendo que el nerviosismo podía favorecerme bastante y que, quizás, la noticia que me traía fuese agradable o me hiciese acercarme más a él hasta el punto de poder besarle y acostarme con él. Aunque no tenía pinta de tener mucha experiencia sobre el tema.

Me incorporé, otra vez, está vez sentándome hacia él con una sonrisa suave y conciliadora que le indicaba que podía hablarme de cualquier tema posible. Esté gesto pareció calmarle un poco, pero no lo suficiente como para disipar esa tormenta de nervios que se le veía alrededor.

- Lys-

Coloque mi mano en la suya, haciendo pequeños círculos en ella, con una lentitud media que era relajante, al menos a mí me relajaba y a él debía relajarle porque lo decía yo y no tenía una explicación muy lógica. El silencio en el lugar era otro factor a favor, Lysandro agradecía la calma con la que yo me tomaba el asunto y el silencio que había era bastante confortable para él y para su "problema".

Mis ojos se enternecieron y mi sonrisa se amplió con dulzura. Fingía que lo entendía y que lo apoyaba, cuando yo no podía apoyar a nadie, había perdido todo rastro de humanidad, mi sonrisa siguió ahí.

- Dime- mi voz se suavizó. -¿Qué es lo que te preocupa tanto?

- Um… ¿te has dado cuenta de qué hay algo que me preocupa?

Asentí y miré fijamente su cara, era esa mirada que usaba siempre que se sentía cómodo o feliz por algo, intuyendo las cosas que a Lysandro se le pasaban por la cabeza, tenía clara una cosa y era que se alegraba de que yo fuese capaz de leer a través de él. Pero no era que pudiese leerlo bien, era que yo observaba y me aprovechaba de lo que ellos me enseñaban, era el porqué de que la confianza diese tanto asco.

Cuando confías en alguien, muestras tus debilidades y tu forma de ser, te vuelves débil y vulnerable frente a la otra persona, porque confías en que nada de lo que haga irá en tu contra y no te das cuenta de que, hagas lo que hagas, pierdes.

- No es por eso… aún no me siento preparado para hablar de ello… no aún.

Asiento comprensiva.

Por supuesto que esperaré, tampoco es que me interese muchísimo las cosas que va a decirme o que le preocupa. Tengo demasiadas cosas en las que pensar ya sin añadir una tontería más que le preocupa al bebé victoriano. Seguramente sea una tontería y me muero por reírme de él sin que se dé cuenta.

- Está bien. Lo comprendo-

- Yo… tengo algo que decirte.

- Te escucho.

Trago saliva fuertemente. No parecía muy cómodo con la situación. No parecía atreverse. Dudaba.

La curiosidad estaba pudiendo conmigo, quería saber que era lo que lo preocupaba tanto, tenía demasiadas ansias por conocer aquello que me ocultaba, utilizarlo contra él y ganar puntos para poder acostarme con él. Para convertirlo en otra pieza más manipulable en mi tablero, con la que jugar y jugar sin dejarme atrapar.

Sus mejillas rojas, sus ojos mirándome con mucha intensidad y tímidamente tiritando de vergüenza o timidez, no podría describirlo bien, hasta que, tomó mi mentón con su mano derecha y ahí, lo supe, iba a besarme.

- ¿Puedo… besarte?

No respondí, cerré mis ojos y entreabrí los labios poco a poco, dejándole espacio para venir a por mí, sorprendiéndole, pues al parecer no se lo esperaba y siguió dudando hasta que, su aliento chocó contra mi piel.

Un escalofrío me hizo estremecer con suavidad y cuando los labios de Lysandro rozaron los míos con una caricia sugerente y ahí, supe que iba a ser un beso inocente y que además él se comportaría como un caballero. Un caballero dulce que no introduciría su lengua en mi cavidad bucal, así que, con tesón, sujete su cabeza y abrí mi boca más para introducir mi lengua dentro de su boca.

El beso fue intenso, mi lengua recorrió toda la superficie interna de su boca, cálida y húmeda, con movimientos bastante sugerentes y lentos que hechizaban de una manera excitante, intentando que me siguiese y que nuestras lenguas jugasen entre ellas con fuerza intensa.

Cuando me separé de él para dejarle espacio para respirar, me miró con los ojos como platos, sorprendido por mis acciones y mi atrevimiento tan fugaz. Estaba asombrado de que alguien a quien etiquetaban de chica tímida y perfecta fuese tan directa y tan pasional en un beso.

Las caras más bonitas esconden más mentiras.

Sonreí internamente con malicia, sabiendo claramente lo que venía ahora, lo que él iba a decirme, sabía que se confesaría y que yo me haría la tonta o algo, bueno, al menos esperaba que él tomase algo de iniciativa y que al menos no quedase tan experta en el tema del amor.

- Esto… um… no he salido con nadie antes-

Su confesión me deja patidifusa, increíblemente sorprendida por el hecho de que nunca ha salido con nadie, eso es un poco difícil de creer, podía asegurar que no tenía mucha experiencia, pero no pensaba que fuese para tanto. Lo miré a los ojos y en mi cabeza le colgué un papel que ponía "virgen" en el cuello, sonreí tímidamente.

- Yo tampoco- baje el volumen. –Si he tenido algún rollo pasajero, pero jamás me he enamorado… como lo estoy de ti.

Sonrió para mí.

Bien, debía reconocer que era lindo y que, con sus sonrisas tiernas y cálidas, te daban ganas de estamparlo contra la pared y besarlo hasta que la cordura se le escapase de los poros de la piel y perdiese todo indicio de amor para demostrarme salvajemente que podía hacerme ver las estrellas de forma ruda.

- Yo también estoy enamorado de ti-

Era dulce, cariñoso y con sus mejillas sonrosadas le daba un aspecto increíblemente hermoso, angelical. Aunque buena, ya había comprobado una y otra vez lo hermoso que era. No solo eso, quiero decir, su cuerpo también era impresionante y lo comprobé justo cuando me mostró el tatuaje.

Seguramente el espectáculo que me daría cuando nos acostásemos, sería fabuloso.

- ¿Y qué hacemos ahora?- pregunté, acariciando su rostro.

- ¿Salir?

- Eso suena bien- sonreí con amor para él.

Use mi voz más melosa y entrecerré los ojos para volver a inclinarme y besarle. Él hizo lo mismo conmigo, se inclinó y rozamos nuestros labios, solo que esta vez fue él quien interfirió con su lengua para juguetear con la mía. Besaba increíblemente bien, y aprendía deprisa, más deprisa de lo que estaba pensando.

Entusiasmada me lance a sus brazos y me acurruque en su pecho con muchísimo cariño. Quería demostrarle que estaba enamorada de él, aunque mis sentimientos no se correspondían con el amor que estaba procesando a Lysandro y con el que me proporcionaba él. Eran míseros sentimientos fingidos que se creían por miedo a ser heridos.

- Lysandro- me separé de él como si acabase de recordar algo increíble. –Tengo… tengo una petición…

- Dime- su sonrisa se extendió ladinamente y con ternura retiro uno de esos mechones rebeldes que se había colado en mi rostro.

- Me gustaría muchísimo que… lo mantuviésemos en secreto… ya sabes… de todos… incluida Rosa- musité con suavidad y timidez. –Para… bueno, ver cómo va.

Realmente no es que quisiese probar como iba la relación. Solo quería disfrutar de todo lo que sucedía a mí alrededor sin mojarme en el agua de la seriedad, porque yo jamás haría algo estúpido como encadenarme o dejar que mis piezas me gobernasen.

Manipulaba todo lo que se ponía a mi paso y Lysandro no sería la excepción.

- Lo entiendo, te asustan los rumores.

Si estuviese de pie me caería. Era imposible que me asustasen los rumores, podría disiparlos con la cantidad de alumnos que estaban ahí confiaban y me querían, a excepción del grupo de arpías con Karla y Peggy.

Sería difícil que entre todos los alumnos del instituto, por cuatro personas los rumores me afectaran.

- Absolutamente no- negué con la cabeza. –Solo creo que debemos ver cómo va nuestra relación, incumbiéndonos solo a nosotros dos.

- Lo entiendo, quieres tomártelo con calma.

Ahora sí que se acercaba a lo que yo intentaba decirle, asentí muchas veces y él sonrió de nuevo haciendo que yo me hiciese la loca y tonta enamorada, estaba enternecida por el hecho de que ambos estábamos en la misma sintonía.

Cada día creía merecerme más un Óscar o un Goya.

- Te lo agradezco.

Negó con la cabeza como quitándole importancia, una sonrisa dulce se posó en su rostro y sus ojos me miraban con ese cariño innato que me hacía sentir descolocada, era demasiado amor para alguien como yo y bastante difícil de aguantar.

El amor era efímero, un sentimiento que a la larga no duraba, desaparecía y se convertía en algo desechable y que se destruía. El amor acababa destruyéndonos a todos, por idiotas, por tontos.

Nunca creeré las palabras de alguien como él. Nunca volveré a confiar en un hombre.

[…]

Para ser realistas, me esperaba que Castiel fuera el primero en declararse, no Lysandro. A pesar de que Castiel había hecho su movimiento, no habíamos hablado de sentimientos románticos ni nada por el estilo.

No me esperaba que Lysandro, por palabras de Rosalya, fuese capaz a declarárseme y darme buenas noticias. Buenas noticias porque ahora yo no tenía que planear nada, sonreí felizmente y me dedique a buscar en mi teléfono el número de Leia y Laeti para hacer una llamada en conjunto.

Mi abuela me dijo que había llamado a un restaurante de lujo y que cenaríamos ambas, aunque yo, cortésmente rechace su oferta alegando que comería con las chicas. Un dato falso, el alcohol subía más deprisa sin nada en el estómago, se molestó bastante por pedirla y que me negase a cenar con ella, pero luego argumento con las palabras de que hoy era mi día y que podía faltar a donde quisiese y llegar a la hora que quisiese solo porque era el cumpleaños de Laeti y me lo gane.

Sonreí confiada de mi misma y me asegure de saber que, hasta las cuatro de la tarde no volvería a casa y argumentaría cualquier cosa con respecto a Laeti y su casa. Aunque mi abuela no se lo creyese, daba igual, después de todo, lo importante es que mi padre se lo creería.

- ¿Sí?

- Hola-

Ambas lo hicieron al mismo tiempo, contestaron con rapidez y con mucha emoción en la voz.

- Hola chicas- dije. –Os llamo para saber cómo os vestiréis hoy.

- Universitarias putón- respondieron ambas al mismo tiempo, haciéndome dar una carcajada sonora que seguramente había sido oída por los vecinos.

En ese mismo instante, yo también me dirigí al armario, donde empecé a rebuscar entre toda la ropa las cosas que podría ponerme, adornos, pendientes, lo que hiciese falta para que mi aspecto fuese impresionante.

Lucirme como nunca antes. Iba a triunfar.

[…]

Mi conversación con las chicas había terminado en el momento en el que salí de la bañera y me sequé con la toalla, había dejado el móvil en el suelo con el altavoz hacia arriba, mientras que las chicas comentaban sus modelitos ya preparados y hablaban del chico que le gustaba a Laeti, el tal Eric, con suerte podríamos descubrir hoy por Ezarel si lo conocía.

Y yo podría evaluarlo.

Una vez que terminamos de hablar, como ya había dicho, me vestí, maquille y peine con mucha rapidez pero eficazmente. Estaba perfecta.

Me dispuse a salir de aquella habitación, ya preparada y totalmente arreglada, de forma sexy y segura, arriesgándome y con seguridad en mi misma reflejándose en mi mirada. Mis pasos resonaron por todo mi piso y mi abuela salió de su cuarto solo para revisar mi aspecto. Sonreí de forma superior y me di una vuelta, agitando mi trasero en aquel ajustado vestido negro.

- ¿Vas a salir así?

- Obvio- respondí mirándome al espejo para observar el maquillaje. -¿No estoy guapa?

- Te exhibes demasiado- me dijo. -Es vulgar.

Sonreí. Visualmente alegre de sus palabras, intentaba provocarme para darme una lección y que ella ganase y me fuese a cambiar, me la conocía como la palma de mi mano, era ridículo, no iba a perder contra alguien como ella.

- Me parece que me gusta así- el retintín de mi voz sonaba provocador y burlesco. -Volveré tarde, no me esperes despierta.

Le guiñé un ojo atrevidamente y camine más rápido de lo habitual, intentando salir de allí para comenzar la fiesta lo más pronto posible. En cualquier otro momento hubiese deseado quedarme a fastidiar más o a charlar con mi abuela de X temas, pero, después de la tarde que había pasado, tenía que celebrarlo. Celebrar como cualquier adolescente loca que buscaba escaparse de su casa.

Quería que todos y cada uno de ellos me deseasen por mi cuerpo, por mi forma de bailar y que el alcohol inundase mis venas hasta perder el control, como una adolescente.

Iba a emborracharme hasta que no recordase nada.

Mis tacones eran altos, pero no demasiado, no llevaba nada para cambiarme porque era una estupidez horrible, si llevas tacones los aguantas, si no es mejor que vayas en zapato plano y no te luzcas.

Con rapidez y elegancia bajé todas las escaleras hasta llegar al final, y cuando ya estuve abajo del todo, me observe en la puerta de cristal. Mis curvas y mi pecho apretados en aquella tela negra ajustada que realzaba demasiado mis atributos más preciados, los tacones altos y de aguja estilizando mis piernas, mi cabello rizado y con mucho estilo cayendo en cascada sobre mis hombros. Estaba despampanante y lo sabía.

Cuando coloque mi mano en el picaporte, unos brazos rodearon mi cintura con bastante fuerza, apretujándome contra un fornido cuerpo masculino.

- ¿Hm?-

- Hola, Sucrette-

- ¿Ryo? ¿Qué quieres?-

Lo alejé de mí, inclinando mi cuerpo hacia atrás para que retrocediese. Y con las manos me libre de su agarre, que era más suave de lo que a mí me había parecido.

Me gire hacia él y coloque las manos en mis caderas. Nos miramos a los ojos fijamente, su pupila azul me dejaba conmocionada, eran bastante grandes y hermosos, pero constantemente me rechazaba, así que, como símbolo de buen humor iba a imaginarlo como un ser sin pene, para que viese que yo sí puedo tener amigos y no agobiarlo con mis insinuaciones aplastantes que no tenían ningún efecto.

- ¿Vas a salir?

Sonreí suavemente y volví a colocar en el picaporte.

- Claro- sonreí. -Estoy atareada, así que, si me disculpas, mi caballero de brillante armadura me espera-

- Muy graciosa- se mofó. -Princesa, me gustaría comunicarle que mañana es el día en el que debemos ensayar, mi madre regresará el lunes.

- Por mi bien- le di la vuelta al picaporte. –Hasta mañana-

Salí de casa y me encontré con el chico de cabello negro de ojos grises. Nevra estaba ahí, sonriendo y apoyado contra su impecable coche, me miro de arriba abajo cuando entre en su campo de visión y, con una sonrisa, le correspondí a su mirada abrasadora.

Estaba admirando mi cuerpo con bastante apego, intentando devorarme con la mirada o imaginar que era lo que llevaba debajo de aquella ropa tan ajustada y dejando a la imaginación algunas cosas y otras no.

Era lujuria lo que veía en sus ojos. Me gustaba porque me hacía sentir deseada, quería que siguiese devorándome con esa extraña mirada llena de deseo, perversión y lujuria. Cualquier chica, con mi forma de ser se sentiría más que halagada por mí.

Silbó y piropeó en italiano mi figura, con una pequeña sonrisa pervertida que me dio un escalofrío de atracción prominente y sin dudarlo, me acerque a besarlo con mucha pasión. Oh sí. Iba a ser un digno espectáculo.

[…]

Llegamos a la fiesta con el sonido a tope, los invitados de honor llegaban tarde.

Mi sonrisa se extendió por el rostro cuando Laeti me vio y se contoneo en aquel top diminuto por el cual, sus pechos, sobresalían y destacaban mucho. Se había tomado muy a pecho eso de putón, la falda tubo alta que llevaba se ajustaba a sus caderas y, los taconazos anchos negros le quedaban genial, resaltando sus piernas.

Nevra se inclinó en mi oído y dijo que se iría a buscar a sus amigos y quizás una chica para juguetear, asentí y me dirigí a abrazar a Laeti.

- Hola-

- Tú también estás muy putón- me guiñó un ojo.

- No más que tú- la golpee con mi cadera. Sonriendo de forma ladeada.

Vi como varios tíos nos devoraban con la mirada. Era agradable ver como muchos deseaban tocar pero solo podían mirar. Nunca entenderían porque me gusta tanto ser retorcida y porque adoro tanto ver a los hombres caer una y otra vez en mis garras.

Era increíble.

- Vamos a pedir algo- me instó Laeti.

- ¿Lo de siempre?- dije, ya aceptando su proposición de buena gana.

- No, para eso vamos a esperar a que Leia venga.

Asentí y nos encaminamos a la barra, los universitarios haciéndonos espacio y dejándonos pasar, me sentía mejor que nunca. En la cima de una montaña, gritando a pleno pulmón que yo mandaba. Liberando estrés. El alcohol. Los chicos observándome y deseándome con cada paso que daba.

Me incline sobre la barra una vez llegamos, haciendo destacar mi trasero respingón y mis piernas largas en aquellos tacones. Los tíos me miraban con deseo oculto y mi sonrisa se extendía por mis labios.

El barman, un chico alto y fornido se acercó con seguridad, era Jamon, quien no tardó en acercarse a tomarnos nota, era un chico responsable y amante del dinero, trabajaba y no se distraía con nada.

- ¿Qué queréis tomar, Laeti, Sucrette?-

- Quiero un cubalitro de vodka con coca cola- dije yo, pegándome a la barra.

- Yo quiero un cubata de ron con coca cola-

Cuando Jamon asintió, y fue a coger las botellas de alcohol y las latas de coca cola para preparar nuestro cubata y cubalitro delante de nuestros ojos.

- Empiezas fuerte, ¿ha pasado algo, tal vez?

- Sí. Lysandro se ha declarado-

- Eso es bueno, así no tienes que hacer nada para engatusarlo.

Asentí y vi a Jamón traer un vaso gigante para mi bebida, mientras que a Laeti le situaba un pequeño vaso de tubo, rellenó con alcohol bastante más y aumentando con los hielos y luego nos tendió las coca colas abiertas para que se las echásemos nosotras, sonriéndonos con esa sonrisa tímida que siempre portaba cuando le agradabas.

- ¿Entonces que te apetece hacer primero?

- Acabarnos las copas, y volver a pedir otro de estos antes de buscar a Lele.

Aparte de una buena fiesta, era el alcohol gratis porque todo estaba ya pagado por los padres de Nevra. Tenía demasiada suerte ese chico y que sus padres costeasen todos sus gastos estúpidos. Como fiestas sin sentido, donde nosotras siempre estábamos invitadas por mi enchufe con el guapísimo Nevra.

[…]

La cabeza me daba vueltas.

Me levante de aquella blanda superficie y observe atenta mi cuerpo, desnudo.

- ¿Qué?- musite con voz ronca y deteriorada.

Gire mi cabeza para comprobar que, en efecto, como había sospechado. No estaba sola, a mi lado se encontraba una figura inesperada… wow.


Bueno, sé que el capítulo es corto. Pero, os prometo que el siguiente va a ser largo y va a tener una explicación muy buena y divertida para vosotras sobre que pasó en la fiesta y con quien está en la cama nuestra diabólica protagonista.

En fin, de nuevo pido perdón.

Sé que prometí subir el especial San Valentín en San Valentín, pero... las cosas se torcieron lo suficiente como para que no pudiese subir nada. Mi abuela se empeñó en que no debería estar enganchada al ordenador escribiendo, que eso no me daba futuro, que debería estudiar y esas cosas. Por lo que me quitaron el ordenador. Lo siento de manera sobre-humana. Quise subir, pero... dios no podía. Me desanimo mucho que me dijese que era una perdida y que era pésima escribiendo.

Odio que me hagan esto, ahora que se me acabaron casi todos los examenes conseguí exigir mi ordenador y decidí subir lo antes posible.

Lo siento de nuevo.

Y bueno. Vocabulario:

Cubalitro: Un cubalitro es lo mismo que un cubata solo que en un vaso de plástico, grande y enorme más ancho y alto de lo normal que se hace aquí de donde yo soy.


Dejen reviews.

Está vez, os juro que subiré al lío, porque ya tengo el capítulo escrito.

¿205 REVIEWS O MÁS PARA EL SIGUIENTE?

OS AMO.


Decidme vuestra opinión del episodio 29.

Y, bueno, 205 reviews o más.